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		<title>Siete claves para leer la Carta Encíclica Laudato si’  - Andrés Ferrada, Pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/06/siete-claves-para-leer-la-carta-enciclica-laudato-si-andres-ferrada-pbro/</link>
		<pubDate>Tue, 05 Jun 2018 08:27:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.187 (JULIO- SEPTIEMBRE 2015)
Autor:Andrés Ferrada M., Facultad de Teología UC
Para citar: Ferrada, Andrés; <em>Siete claves para leer la Carta encíclica Laudato Si'</em>, en La Revista Católica, Nº1.187, julio-septiembre 2015, pp. 233-243.</h6>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/AFERRADA_LRC_1187.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
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<h4 style="text-align: center;"><strong>Siete claves para leer la Carta Encíclica Laudato si’ </strong>
<strong>Andrés Ferrada, Pbro.</strong>
<strong>Facultad de Teología</strong>
<strong>Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
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<h5></h5>
<h5><strong style="text-align: justify;">1. Motivo y ocasión de la carta</strong></h5>
<div style="text-align: justify;">
<h5>Expresamente, la nueva encíclica se engarza a la enseñanza de los últimos Papas, desde San Juan XXIII a Benedicto XVI, acerca de la verdad de la creación y la misión del ser humano en ella. Percibimos así un motivo expreso de preocupación eclesial por el medio ambiente, en una continuidad no sólo teológico-pastoral, sino también a nivel de los aportes recibidos de la reflexión de innumerables científicos, filósofos, teólogos y organizaciones sociales. En efecto, Laudato si’ es una prolongación de un rico acerbo de sabiduría eclesial y humana.</h5>
<h5></h5>
<h5>Además, la encíclica puntualiza que “también fuera de la Iglesia Católica, otras Iglesias y Comunidades cristianas –como también otras religiones– han desarrollado una amplia preocupación y una valiosa reflexión sobre estos temas que nos preocupan a todos” (número 7). En consecuencia, ella refleja también un motivo de comunión íntima de los cristianos, todas las religiones y todos los hombres en una común preocupación por la casa que todos compartimos. Este es quizás el motivo más interior.</h5>
<h5></h5>
<h5>En cuanto a la ocasión, sin duda, se trata de observar de la situación actual, de la grave crisis medioambiental por la que atravesamos y de la esperanza de su superación. En efecto, se argumenta en el número 13:</h5>
<h5></h5>
<h5>El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>2. Autor</strong></h5>
<h5>La carta es obra del Papa Francisco, quien recibió la ayuda de sus colaboradores de la curia romana y de otras personas que le han aportado o inspirado en su reflexión.</h5>
<h5></h5>
<h5>Entre las figuras inspiradoras destaca san Francisco de Asís. En efecto, el Papa cree que “Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad” (número 10). El Santo Padre enfatiza que “su testimonio nos muestra también que una ecología integral requiere apertura hacia categorías que trascienden el lenguaje de las matemáticas o de la biología y nos conectan con la esencia de lo humano” (número 11).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>3. Plan de la encíclica</strong></h5>
<h5>En los primeros párrafos se abordan algunos puntos introductorios: Este mundo nos resulta indiferente; Unidos por una misma preocupación; San Francisco de Asís: Mi llamado.</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo primero: Lo que le está pasando a nuestra casa. Dividido en siete acápites: I. Contaminación y cambio climático; II. La cuestión del agua; III. Pérdida de biodiversidad; IV. Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social; V. Inequidad planetaria; VI. La debilidad de las reacciones; VII. Diversidad de opiniones.</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo segundo: El evangelio de la creación. También subdividido en siete acápites: I. La luz que ofrece la fe; II. La sabiduría de los relatos bíblicos; III. El misterio del universo; IV. El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado; V. Una comunión universal; VI. Destino común de los bienes; VII. La mirada de Jesús.</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo tercero: Raíz humana de la crisis ecológica. Su contenido se distribuye en tres puntos: I. La tecnología: creatividad y poder; II. Globalización del paradigma tecnocrático; III. Crisis y consecuencias del antropocentrismo moderno (contiene sub-acápites: El relativismo práctico; Necesidad de preservar el trabajo; Innovación biológica a partir de la investigación).</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo cuarto: Una ecología integral. Está dividido en cinco acápites: I. Ecología ambiental, económica y social; II. Ecología cultural; III. Ecología de la vida cotidiana; IV. El principio del bien común; V. Justicia entre las generaciones.</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo quinto: Algunas líneas de orientación y acción. Las siguientes cuatro líneas: I. Diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional; II. Diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales; III. Diálogo y transparencia en los procesos decisionales; IV. Política y economía en diálogo para la plenitud humana; V. Las religiones en el diálogo con las ciencias.</h5>
<h5></h5>
<h5>Capítulo sexto: Educación y espiritualidad ecológica. Su contenido se reparte en nueve acápites: I. Apostar por otro estilo de vida; II. Educación para la alianza entre la humanidad y el ambiente; III. Conversión ecológica; IV. Gozo y paz; V. Amor civil y político; VI. Signos sacramentales y descanso celebrativo; VII. La Trinidad y la relación entre las criaturas; VIII. Reina de todo lo creado; IX. Más allá del sol.</h5>
<h5></h5>
<h5>Finalmente se ofrecen dos oraciones: una general, sin referencias directas al misterio cristiano: Oración por nuestra tierra; y otra con dichas referencias: Oración cristiana con la creación.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. Algunas claves para leer los tres primeros capítulos de la encíclica:</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>La realidad primero</h5>
<h5></h5>
<h5>En estos capítulos se llama a tomar conciencia de la grave crisis por la que atravesamos, la casa común está siendo sometida a un deterioro que no podemos desconocer y que requerimos observar mejor, no solo para describirla sino también para que nos comprometamos vitalmente en superarla. Así lo expresa con severo tono en el número 61, conclusivo del capítulo primero “Lo que le está pasando a nuestra casa”:</h5>
<h5></h5>
<h5>Pero basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran deterioro de nuestra casa común. La esperanza nos invita a reconocer que siempre hay una salida, que siempre podemos reorientar el rumbo, que siempre podemos hacer algo para resolver los problemas. Sin embargo, parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación, que se manifiestan tanto en catástrofes naturales regionales como en crisis sociales o incluso financieras, dado que los problemas del mundo no pueden analizarse ni explicarse de forma aislada. Hay regiones que ya están especialmente en riesgo y, más allá de cualquier predicción catastrófica, lo cierto es que el actual sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista, porque hemos dejado de pensar en los fines de la acción humana: «Si la mirada recorre las regiones de nuestro planeta, enseguida nos damos cuenta de que la humanidad ha defraudado las expectativas divinas» [Juan Pablo II, 2001].</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>El cosmos creatura de Dios y el hombre su administrador</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>El universo, el mundo, la naturaleza, el hombre, a la luz de la revelación son obras de Dios, criaturas suyas; siempre están en relación con Él. Las mantiene en el ser y las dirige a su finalidad. El hombre, ha sido amado por Dios para que “labre y custodie” la tierra, no como un dominador sino como un administrador. Por eso, el ser humano debe conocer y respetar la bondad de las demás criaturas. Su dignidad se manifiesta precisamente en el amor con que ha sido creado y al que ha sido destinado. Leamos estas ideas en el número 65, del capítulo segundo “El evangelio de la creación”:</h5>
<h5></h5>
<h5>La Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26). Esta afirmación nos muestra la inmensa dignidad de cada persona humana, que «no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas» [CEC 357]. San Juan Pablo II recordó que el amor especialísimo que el Creador tiene por cada ser humano le confiere una dignidad infinita [Juan Pablo II 1980].</h5>
<h5></h5>
<h5>En ese mismo capítulo se profundiza en la causa de la crisis ecológica que vivimos, precisamente en el misterio de la libertad humana, en el número 66:</h5>
<h5></h5>
<h5>Los relatos de la creación en el libro del Génesis contienen, en su lenguaje simbólico y narrativo, profundas enseñanzas sobre la existencia humana y su realidad histórica. Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas. Este hecho desnaturalizó también el mandato de «dominar» la tierra (cf. Gn 1,28) y de «labrarla y cuidarla» (cf. Gn 2,15). Como resultado, la relación originariamente armoniosa entre el ser humano y la naturaleza se transformó en un conflicto (cf. Gn 3,17-19).</h5>
<h5></h5>
<h5>Pero, sin duda, Jesús, en su persona y en su ministerio, ofrece la solución, pues reconduce toda la realidad creada a su misterio original, sanándola de sus heridas, y la eleva a su fin último en la participación de la gloria del Señor. Esta es la profunda radicación cristológica de la doctrina y la praxis medioambiental de la Iglesia, como lo explica el número 99, del mismo capítulo segundo “El evangelio de la creación”:</h5>
<h5></h5>
<h5>Para la comprensión cristiana de la realidad, el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: «Todo fue creado por él y para él» (Col 1,16) [80]. El prólogo del Evangelio de Juan (1,1-18) muestra la actividad creadora de Cristo como Palabra divina (Logos). Pero este prólogo sorprende por su afirmación de que esta Palabra «se hizo carne» (Jn 1,14). Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz. Desde el inicio del mundo, pero de modo peculiar a partir de la encarnación, el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural, sin por ello afectar su autonomía.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Todo está conectado</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Todo está conectado, relacionado, es una de las convicciones fundamentales del mensaje de la encíclica, de la que se sigue que “el cuidado de la casa común”, la ecología, pone de manifiesto la imperiosa necesidad que tenemos de una comprensión integral de toda la realidad que comprenda la persona humana, la familia, la sociedad y el medio ambiente. Así lo pone de manifiesto el número 117, del capítulo tercero “Raíz humana de la crisis ecológica”:</h5>
<h5></h5>
<h5>La falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es sólo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza. Todo está conectado. Si el ser humano se declara autónomo de la realidad y se constituye en dominador absoluto, la misma base de su existencia se desmorona, porque, «en vez de desempeñar su papel de colaborador de Dios en la obra de la creación, el hombre suplanta a Dios y con ello provoca la rebelión de la naturaleza» [Centesimus annus 37].</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>5. Algunas claves para leer el capítulo cuarto: Una ecología integral.</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Ecología integral: ambiental, económica y social</h5>
<h5></h5>
<h5>El cuidado de la casa común exige tener conciencia de que no se puede aislar este cometido de esfuerzos por instaurar un orden económico y social siempre más justo, para lo cual deben mancomunarse todas las energías vitales desde una aproximación integral que comprende que todo está relacionado. Así lo afirma sin ambages el número 139:</h5>
<h5></h5>
<h5>Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados. Las razones por las cuales un lugar se contamina exigen un análisis del funcionamiento de la sociedad, de su economía, de su comportamiento, de sus maneras de entender la realidad. Dada la magnitud de los cambios, ya no es posible encontrar una respuesta específica e independiente para cada parte del problema. Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza.</h5>
<h5></h5>
<h5>Ecología de la vida cotidiana: Ciertamente, la superación de la grave crisis socio-ambiental por la que atraviesa la humanidad requiere del concurso de todos, no solo de las personas que tienen injerencia en los organismos internacionales, estaduales, científicos e investigativos y/o socio-económicos, especialmente los constructores de la sociedad, sino también a cada persona en su vida cotidiana.</h5>
<h5></h5>
<h5>En el número 148 se lo enfatiza en estos términos:</h5>
<h5></h5>
<h5>Es admirable la creatividad y la generosidad de personas y grupos que son capaces de revertir los límites del ambiente, modificando los efectos adversos de los condicionamientos y aprendiendo a orientar su vida en medio del desorden y la precariedad. Por ejemplo, en algunos lugares, donde las fachadas de los edificios están muy deterioradas, hay personas que cuidan con mucha dignidad el interior de sus viviendas, o se sienten cómodas por la cordialidad y la amistad de la gente. La vida social positiva y benéfica de los habitantes derrama luz sobre un ambiente aparentemente desfavorable. A veces es encomiable la ecología humana que pueden desarrollar los pobres en medio de tantas limitaciones. La sensación de asfixia producida por la aglomeración en residencias y espacios con alta densidad poblacional se contrarresta si se desarrollan relaciones humanas cercanas y cálidas, si se crean comunidades, si los límites del ambiente se compensan en el interior de cada persona, que se siente contenida por una red de comunión y de pertenencia. De ese modo, cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna.</h5>
<h5></h5>
<h5>Ecología humana: Los esfuerzos ecológicos tienen un núcleo moral que se percibe íntimamente en la propia realidad corpóreo-espiritual, en relación consigo mismo y con los demás, en particular en la complementariedad entre el hombre y la mujer. Así se lee con claridad en el número 155:</h5>
<h5></h5>
<h5>La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo» [Benedicto XVI, 2011]. En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma» [Francisco, 2015].</h5>
<h5></h5>
<h5>Principio del bien común: La custodia del medioambiente es un asunto ético-social y, por lo mismo, inseparable de la noción de bien común que implica tanto el respeto de la persona humana como el principio de subsidiaridad, lo anterior particularmente en relación con importante papel que le compete al Estado en dicha materia, y a la consideración de la familia como la célula básica de la sociedad (principios de justicia social y solidaridad, y la opción preferencial por los pobres). Respecto de esta última se afirma en el número 158:</h5>
<h5></h5>
<h5>En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. Esta opción implica sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra, pero, como he intentado expresar en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium [números 186-201], exige contemplar ante todo la inmensa dignidad del pobre a la luz de las más hondas convicciones creyentes. Basta mirar la realidad para entender que esta opción hoy es una exigencia ética fundamental para la realización efectiva del bien común.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>6. Algunas claves para leer los capítulos quinto “Algunas líneas de orientación y acción” y sexto “Educación y espiritualidad ecológica”: Diálogo, del ambiente de las soluciones a la crisis socio-ambiental</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Es imposible encontrar soluciones y trabajar en ellas sin el diálogo de todos, pues la crisis socio-ambiental afecta a todos y su superación compete también a todos, aunque las responsabilidades sean diferenciadas. El diálogo es apertura al otro y a sus posiciones, pero también apertura a la realidad y a los problemas concretos y a sus causas, como asimismo al reconocimiento de la debilidad y fragilidad de algunas instancias, grupos sociales y personas. La palabra “diálogo” está contenida en todos los sub-acápites del capítulo quinto; el número 201 hasta un cierto punto los recapitula:</h5>
<h5></h5>
<h5>La mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad. Es imperioso también un diálogo entre las ciencias mismas, porque cada una suele encerrarse en los límites de su propio lenguaje, y la especialización tiende a convertirse en aislamiento y en absolutización del propio saber. Esto impide afrontar adecuadamente los problemas del medio ambiente. También se vuelve necesario un diálogo abierto y amable entre los diferentes movimientos ecologistas, donde no faltan las luchas ideológicas. La gravedad de la crisis ecológica nos exige a todos pensar en el bien común y avanzar en un camino de diálogo que requiere paciencia, ascesis y generosidad, recordando siempre que «la realidad es superior a la idea» [Evangelii Gaudium, 231].</h5>
<h5></h5>
<h5>Apostar por otro estilo de vida: La crisis socio-ambiental nos lleva a experimentar inestabilidad e inseguridad, sobre todo porque pareciera que nos dominara un círculo vicioso egocéntrico y consumista, del cual nadie podría liberarse, ni personal ni comunitariamente. Pero la fe y la sana razón nos enseñan que el hombre, aunque puede estar altamente condicionado, no está determinado; que no hay un destino fatal, sino al contrario él está llamado a desencadenar su capacidad de reacción y cambio no solo a nivel individual, sino también colectivo. Es lo que reza el número 205:</h5>
<h5></h5>
<h5>Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle.</h5>
<h5></h5>
<h5>Educación ambiental: Por cierto, describir la gravedad de la crisis socio-ambiental que nos aqueja sería infructuoso; lo mismo solo concientizarse de su existencia y repercusiones. Se debe, además, traducir estos discursos y experiencias en hábitos nuevos, especialmente de uso del ambiente y de consumo de bienes que este nos proporciona; como es difícil cambiar los imperantes, estamos ante un desafío educativo, cuyo norte ha de ser la responsabilidad y el compromiso ecológicos en todos los ámbitos, comenzando en la vida cotidiana. El número 211 lo enseña con claridad:</h5>
<h5></h5>
<h5>Sin embargo, esta educación, llamada a crear una «ciudadanía ecológica», a veces se limita a informar y no logra desarrollar hábitos. La existencia de leyes y normas no es suficiente a largo plazo para limitar los malos comportamientos, aun cuando exista un control efectivo. Para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas, y que reaccione desde una transformación personal. Sólo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico. Si una persona, aunque la propia economía le permita consumir y gastar más, habitualmente se abriga un poco en lugar de encender la calefacción, se supone que ha incorporado convicciones y sentimientos favorables al cuidado del ambiente. Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida. La educación en la responsabilidad ambiental puede alentar diversos comportamientos que tienen una incidencia directa e importante en el cuidado del ambiente, como evitar el uso de material plástico y de papel, reducir el consumo de agua, separar los residuos, cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer, tratar con cuidado a los demás seres vivos, utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas, plantar árboles, apagar las luces innecesarias. Todo esto es parte de una generosa y digna creatividad, que muestra lo mejor del ser humano. El hecho de reutilizar algo en lugar de desecharlo rápidamente, a partir de profundas motivaciones, puede ser un acto de amor que exprese nuestra propia dignidad.</h5>
<h5></h5>
<h5>Conversión ecológica: El cuidado de la casa común que requerimos para superar la crisis medio-ambiental del ecosistema mundial requiere una conversión no solo personal, sino también comunitaria y social, en todos los ámbitos territoriales pensables y, por supuesto, también planetario, según leemos en el número 219:</h5>
<h5></h5>
<h5>Sin embargo, no basta que cada uno sea mejor para resolver una situación tan compleja como la que afronta el mundo actual. Los individuos aislados pueden perder su capacidad y su libertad para superar la lógica de la razón instrumental y terminan a merced de un consumismo sin ética y sin sentido social y ambiental. A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales: «Las exigencias de esta tarea van a ser tan enormes, que no hay forma de satisfacerlas con las posibilidades de la iniciativa individual y de la unión de particulares formados en el individualismo. Se requerirán una reunión de fuerzas y una unidad de realización» [Romano Guardini]. La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>7. Aportes de la oración y la fe para una nueva relación del cristiano con el medioambiente</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>La fe es ante todo una relación personal y comunitaria del creyente con su Señor, de modo que las líneas de acción, los proyectos educativos y toda otra iniciativa --incluida la conversión ecológica-- no puede aislarse de una profunda vivencia religiosa, por más humanistas que sean los motivos que las animan. Así lo asevera el número 200:</h5>
<h5></h5>
<h5>Por otra parte, cualquier solución técnica que pretendan aportar las ciencias será impotente para resolver los graves problemas del mundo si la humanidad pierde su rumbo, si se olvidan las grandes motivaciones que hacen posible la convivencia, el sacrificio, la bondad. En todo caso, habrá que interpelar a los creyentes a ser coherentes con su propia fe y a no contradecirla con sus acciones, habrá que reclamarles que vuelvan a abrirse a la gracia de Dios y a beber en lo más hondo de sus propias convicciones sobre el amor, la justicia y la paz. Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar. Muchas veces los límites culturales de diversas épocas han condicionado esa conciencia del propio acervo ético y espiritual, pero es precisamente el regreso a sus fuentes lo que permite a las religiones responder mejor a las necesidades actuales.</h5>
<h5></h5>
<h5>La creación trasluce a su Creador y, al mismo tiempo, el ser humano se encuentra con su Creador a través de las cosas y las personas creadas. Se trata de una relación totalmente gratuita que se prologa en las relaciones con las demás criaturas, como se expresa en el número 221:</h5>
<h5></h5>
<h5>Diversas convicciones de nuestra fe, desarrolladas al comienzo de esta Encíclica, ayudan a enriquecer el sentido de esta conversión, como la conciencia de que cada criatura refleja algo de Dios y tiene un mensaje que enseñarnos, o la seguridad de que Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz. También el reconocimiento de que Dios ha creado el mundo inscribiendo en él un orden y un dinamismo que el ser humano no tiene derecho a ignorar. Cuando uno lee en el Evangelio que Jesús habla de los pájaros, y dice que «ninguno de ellos está olvidado ante Dios» (Lc 12,6), ¿será capaz de maltratarlos o de hacerles daño? Invito a todos los cristianos a explicitar esta dimensión de su conversión, permitiendo que la fuerza y la luz de la gracia recibida se explayen también en su relación con las demás criaturas y con el mundo que los rodea, y provoque esa sublime fraternidad con todo lo creado que tan luminosamente vivió san Francisco de Asís.</h5>
<h5></h5>
<h5>El encuentro con su Hacedor se da también en todas las cosas, según enseña el número 233:</h5>
<h5></h5>
<h5>El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre [refiriéndose al maestro Alí Al-Kawwas]. El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas, como enseñaba san Buenaventura: «La contemplación es tanto más eminente cuanto más siente en sí el hombre el efecto de la divina gracia o también cuanto mejor sabe encontrar a Dios en las criaturas exteriores» [In II. Sent, 23. 2,3].</h5>
<h5></h5>
<h5>Este dinamismo de encuentro íntimo con el Señor, a través de las criaturas y en ellas, tiene su forma sublime en la Eucaristía y, a su vez, ella nos propulsa a comprometernos con el cuidado de la casa común. Es el contenido esencial del número 236:</h5>
<h5></h5>
<h5>En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia, que tiende a manifestarse de modo sensible, logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor, en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él. En la Eucaristía ya está realizada la plenitud, y es el centro vital del universo, el foco desbordante de amor y de vida inagotable. Unido al Hijo encarnado, presente en la Eucaristía, todo el cosmos da gracias a Dios. En efecto, la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico: «¡Sí, cósmico! Porque también cuando se celebra sobre el pequeño altar de una iglesia en el campo, la Eucaristía se celebra, en cierto sentido, sobre el altar del mundo» [166]. La Eucaristía une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia la unificación con el Creador mismo» [Benedicto XVI, 2006]. Por eso, la Eucaristía es también fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Las siete claves propuestas para leer la encíclica Laudato si’ quieren servir de ayuda para profundizar nuestro compromiso con la ecología humana y ambiental que dimana de nuestra fe en Dios, uno y trino. En efecto, al crear toda la realidad, Dios constata que todo es bueno, en especial la humanidad creada a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,26-27). Crea todo para la comunión. Ante el rechazo del don original y sus nefastas consecuencias, Dios deja ver el abismo de su misericordia, tejiendo con la humanidad la historia de la salvación. Pues tanto amó al mundo que, en la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo para que todo el que crea en Él tenga vida, y vida en abundancia (cf. Jn 3,16; 10,10): la participación filial, por gracia, en la comunión de las tres divinas personas. En ella participa también de un modo misterioso toda la creación, aunque espera anhelante la plena consumación de la historia, cuando Dios haga nuevas todas las cosas, “tierra nueva y cielos nuevos”, donde resplandezca eternamente su justicia y su misericordia (cf. Ap 21,1.5).</h5>
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			<wp:comment_author><![CDATA[“Humildad”, ecología y creación. Memoria de los mega incendios en Chile a dos años de Laudato si’ &#8211; Fredy Parra &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_date><![CDATA[2018-12-06 07:16:32]]></wp:comment_date>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] y en el mismo número de La Revista Católica se puede consultar el artículo de Ferrada, A., “Siete claves para leer la Carta Encíclica Laudato si’”, [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>El Espíritu Santo como clave de comprensión de “Llama de Amor Viva” de San Juan de la Cruz - Rodrigo Álvarez, osb</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/06/el-espiritu-santo-como-clave-de-comprension-de-llama-de-amor-viva-de-san-juan-de-la-cruz-rodrigo-alvarez-osb/</link>
		<pubDate>Mon, 04 Jun 2018 11:26:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.185 (ENERO- MARZO 2015)
Autor: Rodrigo Álvarez, osb, Monje Benedictino
Para citar: Álvarez, Rodrigo, <em>El Espíritu Santo como clave de comprensión de "Llama de Amor Viva" de San Juan de la Cruz</em>, en La Revista Católica, Nº1.185, enero-marzo 2015, pp. 41-58.</h6>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/RALVAREZ_LRC_1185.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h4></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">El Espíritu Santo como clave de comprensión
de “Llama de Amor Viva” de San Juan de la Cruz
Rodrigo Álvarez, osb (1), Monje Benedictino</h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>I. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Llama de Amor Viva” es el primer verso de un poema dedicado por San Juan de la Cruz a doña Ana de Peñalosa (2), quien además le solicitó al Santo una explicación del mismo. Nos encontramos en el año 1582, el Doctor de la Iglesia, se presenta en Granada para fundar, acompañado de un grupo de carmelitas descalzas. El Arzobispo de la ciudad se echa atrás en la promesa dada a las monjas; San Juan de la Cruz y las monjas deben buscar asilo en la casa de esta generosa mujer (3), mientras se soluciona el problema. El trato habitual entre ambos se convierte en dirección espiritual. Poco a poca, Doña Ana logra una madurez insospechada. Habiendo ya fallecido San Juan de la Cruz, esta noble señora, hará trasladar el cuerpo a Segovia en 1593.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz “redactó dos veces su comentario a las cuatro canciones de la Llama de Amor Viva. La segunda redacción no supone una reordenación o reelaboración (…) pero si supone una mayor perfección en múltiples detalles: correcciones, añadiduras que mejoran el texto de la primera redacción. Escrita la Llama A, con toda probabilidad, a finales de 1585 en Granada, la Llama B parece haber sido redactada y retocada los años siguientes, antes de trasladarse a Úbeda” (4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo desarrolla en esta obra el tópico de la actuación de las Personas divinas en la sustancia del alma (5). La segunda canción afirmará: “En esta canción da a entender el alma como las tres personas de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, son los que hacen en ella esta divina obra de unión” (Ll 2,1). Ya que no existe progreso en el poema, cada comentario posee una estructura propia y una organización singular. El alma experimenta, no solamente lo que obra el Espíritu en ella, sino el modo en que ella lo hace en el Espíritu (6). La actuación del Espíritu Santo es relevante en este esquema, considerando la perijóresis divina. Por ello, el místico español, utilizará las palabras: mano, cauterio y toque para señalar a las Personas divinas en su singularidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz denomina al Espíritu Santo el Espíritu del Esposo (Ll 1,3). “Al final del Cántico se alude a la “llama que consume y no da penas” y al “aspirar del aire” en evidente referencia al Espíritu. Cántico finaliza suspirando y anhelando la experiencia de ese fuego en la otra vida; pero en el libro de Llama, el autor se detendrá en describir la vivencia del Espíritu Santo aquí en la tierra (…) Llama tendrá en cuenta el amor maduro y pleno, que se manifiesta aquí abajo” (7). Es indudable, que la Tercera Persona de la Trinidad es condición de posibilidad del proceso de divinización del alma. La clave de comprensión teológica “consiste en leer Llama a la luz del misterio central de la fe cristiana. El Dios de la experiencia mística de San Juan de la Cruz es Padre de mano blanda y tendida en abrazo abisal, manifestado de una vez por todas en Jesús el Esposo Amado y actuando ahora y siempre por el Espíritu Santo Señor y dador de vida” (8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura del Espíritu Santo es relevante en la obra de San Juan de la Cruz, revisando las concordancias (9), la palabra Espíritu Santo presenta las siguientes frecuencias: 205 veces aparece en toda la obra de San Juan de la Cruz; de ellas 60 corresponden a Llama B y 48 a Llama A; le siguen Cántico Espiritual B con 31 veces, Subida con 27, Cántico Espiritual A con 26 y Noche Oscura con 6. La voz “Espíritu Divino” se encuentra 25 veces en el corpus completo, 7 veces en Subida, 8 en Cántico Espiritual B, 2 en Llama B, 7 en Cántico Espiritual A y 1 en Llama A.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vemos como el Espíritu Santo aparece reiteradamente en “Llama de Amor Viva”. ¿Cuál será la razón? Esta es una de las interrogantes que surgen de una simple apreciación estadística. Pero, es indispensable revisar la actuación del Espíritu Santo en la obra “Llama de amor viva” de San Juan de La Cruz para descubrir su relevancia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>II. La pneumatología en la obra de san Juan de la Cruz</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aparición expresa del término “Espíritu Santo” (205 veces) es recurrente en la obra sanjuanista. Pese a ello, la palabra “Espíritu” presenta una mayor frecuencia (921 apariciones). Lo cual, ha obligado a los especialistas a detenerse en el significado y el uso que da el Santo a esta palabra. Sobre todo, si se refiere a la Persona divina. Gabriel Castro (10) propone una triple forma de abordar el tema pneumatológico:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">• La experiencia personal del Espíritu Santo.
• Los textos bíblicos interpretados en clave pneumatológica.
• La vida en el Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.1. La experiencia personal del Espíritu Santo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La biografía de San Juan de la Cruz nos ofrece algunos episodios concretos, en los cuales, el santo se ve relacionado con la figura del Espíritu Santo. Cabe recordar su devoción a la Misa de la Santísima Trinidad o la paloma que viene a su ventana en Segovia. Ya como director espiritual, recomendará pedir la venida del Espíritu Santo, sobre todo en el tiempo de Pascua. Así mismo, cada vez que toma la pluma, invocará la ayuda del Paráclito. Vemos “cómo cada verso del Cántico y de la Llama se encuentra recubierta alguna gracia mística que debió tener fecha y lugar precisos en la aventura personal del Santo. Y muchas de ellas son de contenido explícitamente pneumatológico” (11). Es así como, el poeta, utiliza gran cantidad de símbolos para ejemplificar esta experiencia del Espíritu. Claves en este sentido son las figuras del aire (CB 13,4-5), el austro (CB 17,2-9), el silbo (CB 14-15,14), la voz (CB 39,8) y el aposentador (CB 17,8.10) en el Cántico Espiritual. En cambio, en “Llama de Amor viva” el símbolo clave es el fuego: “que purifica (LlA 1, 16.18.19); que hiere y sana (LlA 2,1.2.6), es decir cauterio suave (2, 8.9.10) y dardo de la transverberación (LlA 2, 12); que deleita (LlA 1,1.6.8; 2,3) y que produce la fiesta del ES (1,8; 2,6) que transforma el madero en fuego activo que llamea y que funde (Ll1, 3.6.16; 3, 10) (…) fuego que consume y consuma (LlA 1, 27-28; 2,3;3, 10; CB 39,14; Cf. N2, 10;12,5; 20). El fuego es vertical, ascendente y agitado. Nunca está ocioso. Tiende a llevar hacia lo alto” (12). Así mismo, el Espíritu Santo es fuego y agua sin contradicción, es amparo en el contexto de las obumbraciones (3,12-14) y es unción con óleo (LlA 3,24-30).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.2. Los textos bíblicos interpretados en clave pneumatológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El evangelio de San Juan y los textos paulinos (13) en su gran mayoría son interpretados en clave pneumatológica por San Juan de la Cruz. Guiseppe Ferraro (14) dedica largas páginas a revisar las interpretaciones del santo a las epístolas a los Romanos y a los Corintios. Idea fundamental es la vida en el Espíritu. Esta comienza como un nacimiento por el agua (CB 12,3) y se prolonga como una larga y nocturna lucha contra la carne (Rm 8,14). Los cristianos son ayudados por el gemido y las primicias del Espíritu que ora en ellos (Rm 8, 23- C1,14). En el progreso de esta vida en el Espíritu, sólo se llega a la meta, cuando el alma se introduce en la vida trinitaria por obra del Espíritu (Jn 16,7- Ll pról. 2 y 1,15). El santo construye el tema de la “llama” a partir de las promesas formulada por Cristo en Jn 14,23 (15): “vendremos y haremos morada en él”, y Jn 4,14 más Jn 7, 39. Además la vida en el Espíritu es vida en la fe. Juega un papel importante la original doctrina sobre la 2 Cor 3,4-6: el espíritu y la letra (16); dónde aborda el tema de la interpretación escriturística.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.3. La vida en el Espíritu</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo es el punto de partida en la vida espiritual: “la vida del alma es el Espíritu Santo” (LIB 3,62) y en Él está también la meta de la inhabitación trinitaria (CB 1,6). Sin embargo, el principal guía y acompañante de este proceso es el mismo Espíritu (LIB 3,46). Por ello, su acción no sólo se limita al origen y al fin; sino también al transcurso que debe recorrer el hombre en esta tierra. Ahora bien, ¿Cómo lo hace?</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El santo, por ello, atribuye al Espíritu, la purificación del entendimiento, mediante la interpretación alegórica del “conviene que yo me vaya” (S 2,11,7). También, la memoria sufre la acción del Paráclito (S 3,2,8). Finalmente, la voluntad, es purificada en el amor (S, 3,24,6; 3, 26,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En “Noche Oscura”, el Espíritu es “hipostasiado” con el nombre de contemplación; por ello pareciera desaparecer del plano material de escrito. Aunque continúa actuando. Es en el “Cántico” y en “Llama de Amor Viva”, donde el Consolador se transforma en Unión de amor. Temas como la visita, el amado o la unción cobran vida en esta dinámica amorosa. Por ello, el Espíritu Santo es presentado por el místico como fuerza y habilitación para amar con igualdad de amor a Dios (CB 38,3): “Dos palabras resumen la originalidad de su presentación: reentrega de amor en el Espíritu e igualdad de amor” (17). El libro de la Llama se dedica a cantar la gloria anticipada que el hombre puede alcanzar, si acepta en plenitud la gracia transformante del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de haber revisado el papel del Espíritu Santo sistematizado por los especialistas; aparece un modo de comprensión que no puede ser dejado de lado. Este es, pensar la acción del Espíritu Santo en clave ontológica. La bibliografía sanjuanista insiste en el fuerte contenido teológico-dogmático de la prosa del santo carmelita, la cual se desborda en una semiótica experiencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>III. La actuación del Espíritu Santo en relación con la cuestión del ser</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las primeras líneas de la explicación dada por San Juan de la Cruz a doña Ana de Peñalosa dan cuenta de la presencia del Espíritu Santo en este texto. En primer lugar, desde un enfoque trinitario. Es la ousiadivina la que actúa sobre su creatura y la transforma. Pero cada una de las personas divinas es distinguida desde su particularidad. Se las menciona a las tres, dos veces: Padre, Hijo y Espíritu Santo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Y no hay que maravillar que haga Dios tan altas y extrañas mercedes a las almas que él da en regalar; porque si consideramos que es Dios, y que se las hace como Dios, y con infinito amor y bondad, no nos parecerá fuera de razón; pues él dijo o que en el que le amase vendrían el Padre, Hijo y Espíritu Santo, y harían morada en él; lo cual había de ser haciéndole a El vivir y morar en el Padre, Hijo y Espíritu Santo en vida de Dios, como da a entender el alma en estas canciones” (18).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Doctor de la Iglesia abordará a través de estas páginas el cómo Dios hace morada en el hombre. La Canción 1 presenta 22 veces la expresión “Espíritu Santo”. ¿Cuál es la razón de tanta insistencia en el Espíritu? ¿Cuál es la vinculación entre el Espíritu y el ser? Son interrogantes que intentaremos responder desde el texto mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.1. Canción 1a</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz describe en este apartado con gran plasticidad la actuación del Espíritu en el alma: “Sintiéndose ya el alma toda inflamada en la divina unión”. La califica de “llama delicada de amor”. A la vez, sus acciones parecieran aludir a cierta violencia, pero en verdad no es tal. Pues lo que comunica es vida eterna. Ahora bien, la actuación del Espíritu Santo, es radical. Ya que afecta la sustancia misma del alma. Por ello, el poeta, aludirá a dos tipos de ser: el divino y el humano. Por lo cual, el nexo será el ¿Espíritu Santo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Sintiéndose ya el alma toda inflamada en la divina unión, y ya su paladar todo bañado en gloria y amor, y que hasta lo íntimo de su sustancia está revertiendo no menos que ríos de gloria, abundando en deleites (…) Y como ve que aquella llama delicada de amor, que en ella arde, cada vez que la está embistiendo, la está como glorificando con suave y fuerte gloria, tanto que, cada vez que la absorbe y embiste, le parece que le va a dar la vida eterna, y que va a romper la tela de la vida mortal, y que falta muy poco, y que por esto poco no acaba de ser glorificada esencialmente, dice con gran deseo a la llama, que es el Espíritu Santo (…) Y así, dice: ¡Oh llama de amor viva!” (1,1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">La llama de amor posee una forma de llevar a cabo su obra que la singulariza. ¿Cuál es? Consume como el fuego, pero no ennegrece, sino que baña el alma. Las antítesis son constantes. Un ejemplo de ello es el ardor que produce, pero que refresca en temple de vida divina: “(…) y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina. Y ésta es la operación del Espíritu Santo en el alma transformada en amor(…)” (1,3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El fuego pareciera ser causa de todo; ya que éste destruye hasta lo más hondo del alma. Por lo tanto, afecta la esencia misma del hombre. El Espíritu Santo como amor, todo lo consume y todo lo eleva. Teniendo presente “la voluntad del alma”. De allí que la libertad no se vea truncada por el exceso de amor. Por eso, el Santo, relaciona los actos propios del hombre con la llama: “De donde, el alma que está en estado de transformación de amor, podemos decir que su ordinario hábito es como el madero que siempre está embestido en fuego; y los actos de esta alma son la llama que nace del fuego de amor (…) y absorta en la llama del Espíritu Santo(…) De donde al alma le parece que cada vez que llamea esta llama, haciéndola amar con sabor y temple divino, la está dando vida eterna, pues la levanta a operación de Dios en Dios” (1,4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se puede concluir dos etapas en este proceso pneumatológico. Una dónde el alma es madera que se deja flamear y consumir por entera y otra dónde el alma es parte del fuego. Es llama. Hay una transformación esencial del alma. En ambas etapas actúa el Espíritu. En la primera, embiste. En la segunda, llamea. Ahora bien, en qué consiste ser llama viva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz describe con maestría la divinización del alma. Una palabra es clave: comunicación. Al alma se le da la gracia de la presencia de las tres personas divinas en ella. Por ello, ese proceso es calificado de “vivo”. El alma ha sufrido una transformación que no es caracterizable, sino por los efectos que presenta. San Juan de la Cruz pone en el acento no en la vida misma sino en el gustar del Dios vivo: “Y así, estando esta alma tan cerca de Dios, que está transformada en llama de amor, en que se le comunica el Padre, Hijo y Espíritu Santo, ¿qué increíble cosa se dice que guste un rastro de vida eterna, aunque no perfectamente, porque no lo lleva la condición de esta vida? Mas es tan subido el deleite que aquel llamear del Espíritu Santo hace en ella, que la hace saber a qué sabe la vida eterna. Que por eso llama a la llama ‘viva’” (1,6).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más adelante, el Santo, se abocará en indicar que este proceso es dinámico. Es decir, no se acaba. Lo anterior, se ve relacionado con la pureza lograda en el combate espiritual y por el llamear divino. La pureza no se logra de inmediato, sino es una exigencia propia de la relación con Dios. Cada vez es mayor: “Porque en la sustancia del alma, donde ni el centro del sentido ni el demonio puede llegar, pasa esta fiesta del Espíritu Santo; y, por tanto, tanto más segura, sustancial y deleitable, cuanto más interior el es; porque cuanto más interior es, es más pura; cuanto hay más de pureza, tanto más abundante frecuente y generalmente se comunica Dios” (1,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma posee dimensiones. Una de ellas, es su sustancia. Allí es donde se produce la comunicación divina. El ser de Dios se encuentra con el ser del hombre. Veamos cómo, el Santo, se refiere a este encuentro o deleite: “El cual deleite es tanto mayor y más tierno, cuanto más fuerte y sustancialmente está transformada y reconcentrada en Dios; que, por ser tanto como lo más a que en esta vida se puede llegar (aunque, como decimos, no tan perfecto como en la otra), lo llama el más profundo centro” (1,14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo recapitula las etapas que vive el alma en este acercamiento al encuentro divino. Pero más adelante pasará a profundizar en las operaciones del Espíritu Santo. Este distingue dos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Unión de amor.
2. unión de inflamación de amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una hiere y en la otra sostiene durante la vida. La segunda pareciera ser más perfecta, ya que implica visio pacis “cuanto la llama es más clara y resplandeciente que el fuego en el carbón”. En ambas, el contacto con la sustancia divina, deleita y va purificando. La presencia del Espíritu Santo se hace continua y habitual. Sin embargo, la primera implica el fuego que consume, para luego purificar las potencias del alma. La segunda es producto de la vida en Cristo por el Espíritu: “Que por cuanto el alma, según su sustancia y potencias, memoria, entendimiento y voluntad, está bien purgada, la sustancia divina, que, como dice el Sabio (Sab 7,24), toca en todas las partes por su limpieza, profunda y sutil y subidamente con su divina llama la absorbe en sí, y en aquel absorbimiento del alma en la sabiduría, el Espíritu Santo, ejercita los vibramientos gloriosos de su llama, que, por ser tan suave, dice el alma luego: Pues ya no eres esquiva” (1,17).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El apartado 28 trae un nuevo elemento en la actuación del Espíritu Santo: La esponsalidad. El alma ya es capaz de entrar a la sala nupcial. Por ello es urgida por el Espíritu Santo y las alusiones al Cantar de los Cantares se hacen recurrente. El Espíritu ahora ya no transforma sino incita al alma: “Porque, demás de esto, ve allí el alma que en aquella fuerza deleitable comunicación del Esposo la está el Espíritu Santo provocando y convidando con aquella inmensa gloria que le está proponiendo ante sus ojos, con maravillosos modos y suaves afectos, diciéndole en su espíritu lo que en los Cantares (2, 10-14) a la Esposa (…)”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma sólo puede recurrir a una palabra en este encuentro: “acaba”. Es curioso que después de haber logrado el encuentro por excelencia, dónde la substancia toca la gloria. Esta pida que se “rompa la tela de este dulce encuentro”. Pareciera ser que la naturaleza sólo pudiese atisbar el misterio de Dios y deba retirarse de inmediato a su finitud. Finalmente, en el número 36, San Juan de la Cruz, sintetiza con una oración que nace de lo más profundo de su experiencia esta actuación del Espíritu Santo: “Resumiendo, pues, ahora toda la canción, es como si dijera: ¡Oh llama del Espíritu Santo, que tan íntima y tiernamente traspasas la sustancia de mi alma y la cauterizas con tu glorioso ardor!”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pasemos a la Canción 2a, la cual nos aportará nuevos elementos a nuestra investigación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.2. Canción 2a</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz nos presenta en estas primeras líneas de la Canción 2a la acción de la Santísima Trinidad en el alma. Este delimita el papel de cada una de las personas divinas, pero salvaguardando la unidad. En definitiva, uno es el cauterio, otro es la llaga y el último la mano. Pero “sólo uno habla”. El santo tiene presente la perijóresis divina en su presentación: “En esta canción da a entender el alma cómo las tres personas de la Santísima Trinidad, Padre e Hijo y Espíritu Santo, son los que hacen en ella esta divina obra de unión. Así la mano, y el cauterio, y el toque, en sustancia, son una misma cosa; y póneles estos nombres, por cuanto por el efecto que hace cada una les conviene. El cauterio es el Espíritu Santo, la mano es el Padre, el toque el Hijo” (2,1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Doctor de la Iglesia caracteriza cada una de ellas mediante una misión en el alma. Es decir, la distinción personal es presentada de forma poética: Cauterio suave, toque delicado y mano blanda. La primera tiene una raíz medicinal. La segunda implica intimidad. Finalmente, la tercera responde al servido bueno y fiel de los Evangelios: “La primera es llaga regalada, y ésta atribuye al Espíritu Santo; y por eso le llama cauterio suave. La segunda es gusto de vida eterna, y ésta atribuye al Hijo, y por eso le llama toque delicado. La tercera es haberla transformado en sí, que es la deuda con que queda bien pagada el alma, y ésta atribuye al Padre, y por eso se llama mano blanda. Y aunque aquí nombra las tres, por causa de las propiedades de los efectos, sólo con uno habla, diciendo: En vida la has trocado, porque todos ellos obran en uno, y así todo lo atribuye a uno, y todo a todos” (2,1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo es cauterio suave en palabras del Doctor de la Iglesia. A ¿Qué se debe esto? Utilizando, la Escritura, San Juan nos remite al Deuteronomio (4, 24). El Paráclito es presentado como ardor vehemente: “Y como él sea infinito fuego de amor, cuando él quiere tocar al alma algo apretadamente, es el ardor de ella en tan sumo grado de amor que le parece a ella que está ardiendo sobre todos los ardores del mundo. Que por eso en esta junta llama ella al Espíritu Santo cauterio” (2,1). El fuego actúa de muchas maneras: abrasa, consume, cauteriza, deleita y transforma. La variedad no se debe a la acción sino a la comunicación. Por ello, San Juan de la Cruz, transforma lo literario en trinitario. Utilizando verbos de índole sensorial, los traslada al plano divino. Para luego devolverlos al plano lingüístico: Cauterio suave. Lo explica del siguiente modo: “Porque en estas comunicaciones, como el fin de Dios es engrandecer al alma, no la fatiga y aprieta, sino ensánchala y deléitala; no la oscurece ni enceniza como el fuego hace al carbón, sino clarifícala y enriquécela, que por eso le dice ella cauterio suave” (2,3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo ha dejado su impronta en el alma. Así pues, el poeta se detiene en el efecto de la acción pneumatológica. Ahora el símbolo es la llaga, la cual siendo herida permanece actuando: “¡Oh llaga regalada! ¡Oh, pues, llaga tanto más regalada cuanto es más alto y subido el fuego de su amor que la causó, porque habiéndola hecho el Espíritu Santo sólo a fin de regalar, y como su deseo de regalar sea grande, grande será esta llaga, porque grandemente será regalada!” (2,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura del Espíritu Santo pareciera desaparecer de la canción. Existen quince apartados en los cuales no aparece explícitamente. Pero al hablar del caso de la transverberación, no hace otra cosa que aludir a la acción del Espíritu (2,9-14). Por lo cual, el Hijo y el toque, son quienes focalizan la atención del autor. Sólo en la descripción que realiza de la vida eterna, vuelve a cobrar vida el Consolador. Ahora su actuar es calificado de unción. Por lo cual, comienzan a aparecer los primeros atisbos del deleite pneumatológico: “Y de este bien del alma a veces redunda en el cuerpo la unción del Espíritu Santo, y goza toda la sustancia sensitiva, todos los miembros y huesos y médulas (…) Y siente el cuerpo tanta gloria en la del alma, que en su manera engrandece a Dios, sintiéndole en sus huesos (…)” (2,22). El verbo ungir bíblicamente es asociado al ungüento que embellece y cura. Caber recordar el episodio de la Reina Esther. Además, este tiene una característica fundamental. Su utilización suaviza e impregna toda la realidad. Pero la unción también implica cambio de estado en una persona. Samuel unge a David como rey de Israel. Por ello, la palabra clave es transformación. Ésta es descrita en el apartado 34. Podríamos decir que nos encontramos en una recapitulación de la transformación del hombre animal en espiritual:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Y como quiera que cada viviente viva por su operación, como dicen los filósofos, teniendo el alma sus operaciones en Dios por la unión que tiene con Dios, vive vida de Dios, y así se ha trocado su muerte en vida, que es su vida animal en vida espiritual. Porque el entendimiento, que antes de esta unión entendía naturalmente con la fuerza y vigor de su lumbre natural por la vía de los sentidos corporales, es ya movido e informado de otro más alto principio de lumbre sobrenatural de Dios, dejados aparte los sentidos; y así se ha trocado en divino, porque por la unión su entendimiento y el de Dios todo es uno. Y la voluntad, que antes amaba baja y muertamente sólo con su afecto natural, ahora ya se ha trocado en vida de amor divino, porque ama altamente con afecto divino, movida por la fuerza del Espíritu Santo, en que ya vive vida de amor; porque, por medio de esta unión, la voluntad de él y la de ella ya sólo es una voluntad. Y la memoria, que de suyo sólo percibía las figuras y fantasmas de las criaturas, es trocada por medio de esta unión a tener en la mente los años eternos que David dice (Sal 76,6)”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas líneas llama la atención el tema del movimiento, cuyo autor, es el Espíritu Santo. Pero en ¿Qué sentido? Este constituye la fuerza de cambio tanto del entendimiento, como de la voluntad y de la memoria. Cada una de ellas, es transformada en el amor. Por ello, el autor, finalizará esta canción, señalando: “En este estado de vida tan perfecta siempre el alma anda interior y exteriormente como de fiesta, y trae con gran frecuencia en el paladar de su espíritu un júbilo de Dios grande, como un cantar nuevo, siempre nuevo, envuelto en alegría y amor en conocimiento de su feliz estado” (2,36). La unción grafica no sólo la acción externa de Dios sino también la interna, pues penetra hasta los lugares más recónditos del alma. Además, como el aceite embellece y le da color al cuerpo; lo prepara para la fiesta nupcial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.3. Canción 3a</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz continúa cantando los efectos de la acción de Dios en el alma purificada. Ahora bien, hablando de las lámparas, las cuales luceny producen calor. El tópico central de estas líneas sería Dios y sus atributos. Pero la fuerza de la poesía no se encuentra en las mismas lámparas de fuego, sino en los resplandores que produce en el alma y en la capacidad de ella misma de resplandecer: “Cuanto a lo primero, es de saber que las lámparas tienen dos propiedades, que son lucir y dar calor. Para entender qué lámparas sean éstas que aquí dice el alma y cómo luzcan y ardan en ella dándole calor, es de saber que Dios, en su único y simple ser, es todas las virtudes y grandezas de sus atributos: porque es omnipotente, es sabio, es bueno, es misericordioso, es justo, es fuerte, es amoroso, etc., y otros infinitos atributos y virtudes que no conocemos” (3,2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pareciera que San Juan de la Cruz elaborara un pequeño tratado de teodicea. La unicidad y simpleza divina constituyen el centro de esta descripción. Por ello, no nos encontramos ante una teología natural sino más ante una sistematización del tratado de Deo Uno. El tema de la iluminación también es una constante en la teología del Pseudo-Dionisio. El rayo de sol no sólo da claridad a las cosas. También deslumbra y abraza. Por ello, la teología natural no se entiende sin el actuar divino. Por ello, no olvida la distinción de personas: “Y siendo él todas estas cosas en su simple ser, estando él unido con el alma, cuando él tiene por bien abrirle la noticia, echa de ver distintamente en él todas estas virtudes y grandezas, conviene a saber: omnipotencia, sabiduría, bondad, misericordia, etc. Y como cada una de estas cosas sea el mismo ser de Dios en un solo supuesto suyo, que es el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, siendo cada atributo de éstos el mismo Dios y siendo Dios infinita luz e infinito fuego divino, como arriba queda dicho (…)” (3,2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo aparece unido a las otras dos Personas divinas. Aunque considerando que los atributos son el mismo ser de Dios que se regala a las criaturas. El Paráclito es presentado en un doble juego: fuego y agua. Ya que estas lámparas de fuego son agua viva del Espíritu. Por ello, el Espíritu de Dios constituye una paradoja en sí mismo: (3,8). Ahora bien, cuál es la diferencia entre la acción del fuego y del agua: “Y por cuanto en la comunicación del espíritu de estas lámparas es el alma inflamada y puesta en ejercicio de amar, en acto de amor, antes las llama lámparas que aguas, diciendo: ¡Oh lámparas de fuego! Todo lo que se puede en esta canción decir es menos de lo que hay, porque la transformación del alma en Dios es indecible. Todo se dice en esta palabra: que el alma está hecha Dios de Dios, por participación de él y de sus atributos, que son los que aquí llama lámparas de fuego” (3,8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Palabra clave en las líneas anteriores, es transformación. El Espíritu Santo, ha pasado de cauterio al agua viva. Podríamos afirmar que la acción propia del fuego se convierte en comunicación de gracias por actividad silenciosa del agua:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“A este talle entenderemos que el alma con sus potencias está esclarecida dentro de los resplandores de Dios. Y los movimientos de estas llamas divinas, que son los vibramientos y llamaradas que habemos arriba dicho, no las hace sola el alma transformada en las llamas del Espíritu Santo, ni las hace sólo él, sino él y el alma juntos, moviendo él al alma, como hace el fuego al aire inflamado. Y así, estos movimientos de Dios y el alma juntos, no sólo son resplandores, sino también glorificaciones en el alma. Porque estos movimientos y llamaradas son los juegos y fiestas alegres que en el segundo verso de la primera canción decíamos que hacia el Espíritu Santo en el alma, en los cuales parece que siempre está queriendo acabar de darle la vida eterna y acabarla de trasladar a su perfecta gloria, entrándola ya de veras en sí. Porque todos los bienes primeros y postreros, mayores y menores que Dios hace al alma, siempre se los hace con motivo de llevarla a vida eterna; bien así como la llama todos los movimientos y llamaradas que hace con el aire inflamado son a fin de llevarle consigo al centro de su esfera, y todos aquellos movimientos que hace es porfiar por llevarlo más a sí. Mas como, porque el aire está en su propia esfera, no le lleva, así, aunque estos motivos del Espíritu Santo son eficacísimos en absorber al alma en mucha gloria, todavía no acaba hasta que llegue el tiempo en que salga de la esfera del aire de esta vida de carne y pueda entrar en el centro del espíritu de la vida perfecta en Cristo” (3, 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este mismo sentido, San Juan de la Cruz, nos habla de las sombras de estas lámparas. Las cuales amparan y comunican bienes. Ejemplo de ello es el caso de la Virgen María:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Y por eso aquella merced que hizo Dios a la Virgen María de la concepción del Hijo de Dios la llamó el ángel san Gabriel (Lc 1, 35) obumbración del Espíritu Santo, diciendo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te hará sombra” (3,10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El místico español empieza a desarrollar el tema de la unción. El Espíritu Santo como señalábamos en el Canto 2, ya no sólo es óleo sino ungüento de disposiciones en el Canto 3. El tema de la acción de Dios en el hombre purificado es visto como un embellecimiento. El alma es hermoseada por Dios. El Ser divino prepara el ser del hombre para el desposorio:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En el tiempo, pues, de este desposorio y espera del matrimonio en las unciones del Espíritu Santo, cuando son más altos ungüentos de disposiciones para la unión de Dios, suelen ser las ansias de las cavernas del alma extremadas y delicadas. Porque, como aquellos ungüentos son ya más próximamente dispositivos para la unión de Dios, porque son más allegados a Dios, y por eso saborean al alma y la engolosinan más delicadamente de Dios, es el deseo más delicado y profundo, porque el deseo de Dios es disposición para unirse con Dios” (3,26).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan quiebra el discurso argumentativo para señalar algunas recomendaciones de índole espiritual. Comienza a prevenir al lector sobre aquellos directores espirituales que entorpecen las gracias del Espíritu Santo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“De esta manera muchos maestros espirituales hacen mucho daño a muchas almas, porque, no entendiendo ellos las vías y propiedades del espíritu, de ordinario hacen perder a las almas la unción de estos delicados ungüentos con que el Espíritu Santo les va ungiendo y disponiendo para sí, instruyéndolas por otros modos rateros que ellos han usado o leído por ahí, que no sirven más que para principiantes. 40. Pero los bienes que esta callada comunicación y contemplación deja impresos en el alma, sin ella sentirlo entonces, como digo, son inestimables; porque son unciones secretísimas, y por tanto delicadísimas, del Espíritu Santo, que secretamente llenan el alma de riquezas, dones y gracias espirituales, porque, siendo Dios el que lo hace, hácelo no menos que como Dios” (3,31).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, es el Espíritu Santo, el principal agente, guía y motor de las almas. El santo, llama ciegos a aquellos guías de almas que no permiten el progreso de las almas: “éstos, a la verdad, están puestos en la tranca y tropiezo de la puerta del cielo, impidiendo que no entren los que les piden consejo; sabiendo que les tiene Dios mandado, no sólo que los dejen y ayuden a entrar, sino que aun los compelan a entrar” (3, 62). También el demonio es llamado ciego, pues por envidia de aquellas unciones del Espíritu, distrae al alma de su quietud. San Juan retoma el tema de las cavernas. Los ungüentos del Espíritu van llegando al centro mismo del alma. Los verbos padecer, desfallecer y unir nos aproximan al tópico del matrimonio espiritual:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Volvamos, pues, ahora al propósito de estas profundas cavernas de las potencias del alma en que decíamos que el padecer del alma suele ser grande cuando la anda Dios ungiendo y disponiendo con los más subidos ungüentos del Espíritu Santo para unirla consigo. Los cuales son ya tan sutiles y de tan delicada unción, que, penetrando ellos la íntima sustancia del fondo del alma, la disponen y saborean, de manera que el padecer y desfallecer en deseo con inmenso vacío de estas cavernas es inmenso. Donde habemos de notar que si los ungüentos que disponían a estas cavernas del alma para la unión del matrimonio espiritual con Dios son tan subidos como habemos dicho, ¿cuál pensamos que será la posesión de inteligencia y amor y gloria que tienen ya en la dicha unión con Dios el entendimiento, voluntad y memoria? Cierto que, conforme a la sed y hambre que tenían estas cavernas, será ahora la satisfacción y hartura y deleite de ellas, y conforme a la delicadez de las disposiciones, será el primor de la posesión del alma y fruición de su sentido” (3,68).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma ya se encuentra dispuesta para Dios. Ha sido preparada, ha sido embellecida y ha recibido el ser mismo de Dios en sus gracias particulares. Ahora le toca responder a Dios:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Esta es la gran satisfacción y contento del alma: ver que da a Dios más que ella en sí es y vale, con aquella misma luz divina y calor divino que se lo da; lo cual en la otra vida es por medio de la lumbre de gloria, y en ésta por medio de la fe ilustradísima. De esta manera, las profundas cavernas del sentido, con extraños primores calor y luz dan junto a su Querido. Junto, dice, porque junta es la comunicación del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el alma, que son luz y fuego de amor en ella” (3,80).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan de la Cruz en las últimas líneas de este canto, desarrolla el modo de la respuesta del alma. ¿Cómo se articula la respuesta amorosa de la criatura? Se señalan tres maneras o primores en el apartado n. 82:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El primero es que aquí ama el alma a Dios, no por sí, sino por él mismo; lo cual es admirable primor, porque ama por el Espíritu Santo, como el Padre y el Hijo se aman, como el mismo Hijo lo dice por san Juan (17,26), diciendo: La dilección con que me amaste esté en ellos y yo en ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. El segundo primor es amar a Dios en Dios, porque en esta unión vehemente se absorbe el alma en amor de Dios, y Dios con grande vehemencia se entrega al alma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. El tercer primor de amor principal es amarle allí por quien él es, porque no le ama sólo porque para sí misma es largo bien y glorioso, etc., sino mucho más fuertemente, porque en sí es todo esto esencialmente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En resumen, el alma ya alumbrada (lámparas de fuego), amparada (obumbraciones) y embellecida (ungüentos), se encuentra preparada para dar luz y amor al que la clarificó y la enamoró. Lo cual, nace del lugar más íntimo de ella: la caverna del alma. Lo anterior se realiza por medio del Espíritu Santo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.4. Canción 4a</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Canción 4 presenta cuatro menciones explícitas al Espíritu Santo. El tono del escrito ha cambiado. La viveza ha dado paso al descanso. Nos encontramos en la comunión íntima del alma con el Verbo. Aparece el rostro del Amado con todo su esplendor. No todas las almas llegan a este estado. Aunque, Dios mora en ellas en secreto. Siendo Jesucristo, la figura central de esta canción. El Espíritu Santo no pierde protagonismo. San Juan de la Cruz describe el papel del Paráclito en este estado de pasividad. Para ello, se detiene en el deleite que produce la espiración del Espíritu Santo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En la cual aspiración, llena de bien y gloria y delicado amor de Dios para el alma, yo no querría hablar, ni aun quiero; porque veo claro que no lo tengo de saber decir, y parecería que ello es menos si lo dijese. Porque es una aspiración que hace al alma Dios, en que, por aquel recuerdo del alto conocimiento de la deidad, la aspira el Espíritu Santo con la misma proporción que fue la inteligencia y noticia de Dios, en que la absorbe profundísimamente en el Espíritu Santo, enamorándola con primor y delicadez divina, según aquello que vio en Dios. Porque, siendo la aspiración llena de bien y gloria, en ella llenó el Espíritu Santo al alma de bien y gloria, en que la enamoró de sí sobre toda lengua y sentido en los profundos de Dios. Al cual sea honra y gloria in saecula saeculorum. Amén” (4,17).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma, ya no sólo resplandece, sino que desarrolla una dinámica trinitaria. Las relaciones divinas: la filiación, la paternidad y la aspiración también son compartidas por el alma. Sólo queda el gozo de la muerte, para que el atisbo se convierta en realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">El recorrido realizado nos ha mostrado el rol importantísimo que cumple el Espíritu Santo en este estado del alma purificada. Éste comunica los gozos del Ser divino al alma. Para así, dar inicio a la divinización del hombre en Dios, por medio de las Personas Divinas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>IV. A modo de conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La presencia del Espíritu Santo en “Llama de Amor Viva” (19) es constante y profunda. Su actividad está dotada de una gran plasticidad semántica. Destaca el símbolo del fuego. “Esta se derrama por cursos simbólicos en cinco vertientes, las cuales según los estadios espirituales que reflejan pueden presentarse así (…) fuego que purifica; fuego que sana y hiere; fuego que transforma y une; fuego que regala y deleita; y fuego que eleva” (20). Todos ellos aluden a la acción del Espíritu Santo en el alma purificada. Pero ¿Cómo se da ese movimiento?</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Miguel Ubarri al analizar el signo de la llama, afirma “como símbolo, representa una realidad inefable que luego el comentario reinterpreta en tres planos: el toque de amor (el más sutil y sugerente de la experiencia misma), el Esposo (todavía en el discurso amoroso, aunque personificado en el amado) y Dios o el Espíritu Santo (ya en el discurso racional y teológico). Estos “toques”, entonces transforman la interioridad del ser en un proceso que conlleva iluminación, acaloramiento y ensanchamiento del alma” (21). Otro elemento plástico son “las lámparas de fuego” (22), las cuales reflejan el grado de participación del Ser Divino en el alma. El hombre comienza a dar luz y calor, pues experimenta la divinización: “El alma que ha llegado al centro más profundo desarrolla su ser de tal modo que llega a parecerse a Dios” (23). Finalmente, en las cavernas, nos asomamos a la interioridad del alma, donde mora Dios. Es el lugar del encuentro, del amplexus y de la intimidad. Es el espacio en que el Ser de Dios se une al ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así pues, la dinámica sensorial-simbólica es el medio adecuado para expresar el problema del “Ser” en la prosa sanjuanista. La experiencia de Dios se puede resumir en: “Dios que se autoentrega (Llama); el espacio que liberamos para recibir su don (Subida); el plan que barca desde la idea eterna de Dios hasta su realización en el Cielo (Cántico). A pesar de los diferentes estilos de cada libro, todos ellos usan el mismo lenguaje (…) son lugar de encuentro” (24). Es así, como nos encontramos en un estado y no un progreso espiritual. El santo lo llama "Fiesta del Espíritu". Este repite con vehemencia la actividad del amor. Los dones y gracias recibidas por el espíritu finito del hombre. Lo anterior, se visualiza en aguas rebosantes de vida, recuerdos y obumbraciones. Llegando a su plenitud en la aspiración del Paráclito (25) y en el recuerdo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ello, es importante destacar: “El camino espiritual sanjuanista hunde sus raíces, en primer lugar, no tanto en el posible deseo del hombre de alcanza a Dios cuanto en un designio y llamada de este respecto del hombre. Dios le creó para que viviera en comunión con Él” (26). El alma deificada siente en sí misma la inmensa tranquilidad de Dios en esa unión metafísica del Ser (27). Ha llegado a la plena comunión que perdió en la creación que aspira a poseer por completo en la vida eterna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Monje benedictino de la Abadía de la Santísima Trinidad de las Condes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Ruiz Salvador, F., Introducción a San Juan de la Cruz: el hombre, los escritos, el sistema (BAC Madrid, MCMLXVIII) p. 249 ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Dios habla en la Noche: Vida, palabra y ambiente de San Juan de la Cruz; Dirección: Ruiz Salvador, F., Editorial de Espiritualidad (Madrid, 1990), 222 ss. Ruiz Salvador, F. - Pacho, E., San Juan de la Cruz, en Ephemerides Carmeliticae 19 ... 24 Ruiz Salvador, F., Dios habla en la noche. Vida, palabra, ambiente de San Juan de la Cruz. Madrid, Edit. de Espiritualidad, 1990, xii, 388 p., 29 cm. ... 222 Pacho, E., Del desposorio al matrimonio espiritual</h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. San Juan de la Cruz, Obras completas, 5a edición, revisión textual, Introd. y notas al texto: José Vicente Rodríguez y Federico Ruiz Salvador (Editorial de Espiritualidad, Madrid 1993), 769.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Cf. Huguenin, M. J., “Le contexte historique de l`expérience spirituelle chez Jean de la Croix”, Teresianum 56 (2005) I, 117-159.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Ídem, 782.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Castro, S, Hacia Dios con San Juan de la Cruz, 2 edición, Editorial de Espiritualidad, (Madrid 2002), 111.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. Diccionario de San Juan de la Cruz; director: Eulogio Pacho (Ediciones Monte Carmelo, Burgos 2000), 888.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Astigarraga, J. L., Borrel, A., Martín de Lucas, F. J.; Concordancias de los escritos de San Juan de la Cruz, Teresianum, (Roma 1990), 2086.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. Castro, G., Espíritu Santo, Op. Cit. 557.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. Castro, G., Espíritu Santo, Op. Cit. 559.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Castro, G., Espíritu Santo, Op. Cit. 565.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. “San Juan de la Cruz sabe que los pasajes bíblicos alegados tienen un sentido, determinado por la intervención divina que los inspira y por el hagiógrafo en quien la verdad se encarna culturalmente (…) Fray Juan insiste en la consonancia de “intenciones”, anota el recto sentido de las expresiones, mantiene una prudente reserva cuando el sentido original del Apóstol es susceptible de varias interpretaciones” Cf. Diez, M.; Pablo en Juan de la Cruz, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1990, 53-54.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Cf. Ferraro, G., Lo Spirito Santo nelle opere di S. Giovanni della Croce, Op. Cit., 493 516.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. “La oración sacerdotal, recogida en el capítulo 17, recibe en Juan de la Cruz su genuina realización. Es el mismo Dios, el que entra en la historia para llamar al hombre, que el Dios Trinidad. La experiencia de salvación es siempre una experiencia trinitaria (…) el hombre que actúa en el seno de esa historia está devolviéndole el Espíritu de Dios a Dios”. Cf. de Brändle, F., Biblia en San Juan de La Cruz; Editorial de Espiritualidad, (Madrid, 1990), 111-112.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. Cf. Ferraro, G., Lo Spirito Santo nelle opere di S. Giovanni della Croce, Op. Cit., 512.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. Castro, G., Espíritu Santo, Op. Cit. 579.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. San Juan de la Cruz; Obras Completas, Edición crítica, notas y apéndices por Lucinio Ruano de la Iglesia OCD, (Madrid MCMXCIV), 911-1039. En adelante se citará en el mismo texto entre paréntesis.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. Cf. Peña, R; El Espíritu Santo en la vida cristiana según san Juan de la Cruz, Nova et Vetera 19 (1994), 56-102.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">20. Castro, G., Espíritu Santo, O Cit. 889. “La espacialidad está ligada a la luminosidad no sólo en el sentido estrictamente simbólico, sino en experiencias místicas descritas por el propio Santo”. Cf. Ubarrri, M., Espacio y tiempo en san Juan de la Cruz (Editorial de Espiritualidad, Madrid 2001), 289.Cf. de Longchamp, M., Essai d´antrhropologie mystique, Beauchesne (París 1981), 102-117.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">21. Ubarrri, M., Espacio y tiempo en san Juan de la Cruz (Editorial de Espiritualidad, Madrid 2001), 290.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">22. “A partir de entonces nuestro ser alcanza su plenitud en Diso, pero en un Dios de infinitos atributos que despiden “resplandores” en el seno de los cuales resplandece también el alma unida”. Cf. Baruzi, J.; San Juan de la Cruz y el problema de la experiencia mística (Junta de Castilla y León 2001), 652.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">23. Baruzi, J., San Juan de la Cruz y el problema de la experiencia mística (Junta de Castilla y León 2001), 648.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">24. Matthew, I., El impacto de Dios (Editorial Monte Carmelo, Burgos 2001), 153.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">25. Cf. Goedt, M; l´aspiration de l´Esprit Saint au coeur de l´homme selon saint Jean de la Croix, Lumière et vie 34 (1985) 49-63.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">26. Gaitan, J. D., Negación y plenitud en San Juan de la Cruz(Editorial de Espiritualidad, Madrid 1995), 145 ss. Cf. Casero, J; El Espíritu Santo agente principal y guía de la dirección espiritual del alma, Teología Espiritual 23, (1979), 131- 180.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">27. Cf. Piñero, R., La inefabilidad mística: oráculo para la metafísica; Actas del Congreso Internacional sanjuanista (T. II) (Junta de Castilla y León 1993), 351-363. “Los versos de fray Juan de la Cruz son a un tiempo lucha y tensión entre la manifestación y la ocultación, entre la presencia y la ausencia de alguien al que nos se puede objetivar en su totalidad”.</h5>
<h5></h5>
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		<title>Hipótesis sobre la estructura de la Evangelii Gaudium - Sergio Silva, SS.CC.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/06/hipotesis-sobre-la-estructura-de-la-evangelii-gaudium-sergio-silva-ss-cc/</link>
		<pubDate>Mon, 04 Jun 2018 09:42:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO-MARZO 2014)
Autor: Sergio Silva, ss.cc., Facultad de Teología UC
Para citar: Silva, Sergio; <em>Hipótesis sobre la estructura interna de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco</em>, en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 8-24.</h6>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/SSILVA_LRC_1181.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">"Una conversión pastoral y misionera que no puede dejar las cosas como están" (EG 25)
Hipótesis sobre la estructura interna de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del papa Francisco
Sergio Silva, SS.CC.
Facultad de Teología UC</h4>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium es el primer escrito oficial del papa Francisco en el que expone su pensamiento con bastante amplitud. Este escrito cumple dos objetivos, señalados por él en el n° 16 de la Exhortación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primero es recoger los trabajos de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”, celebrado en Roma en octubre de 2012. Con esto, prolonga una tradición iniciada con la III Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en octubre de 1974, que tuvo como tema también la evangelización. Pero, a mi juicio, el segundo es el que más le importa a él: “expresar las preocupaciones que me mueven en este momento concreto de la obra evangelizadora de la Iglesia” (EG 16). Es, podríamos decir, una especie de programa de gobierno del papa Francisco.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer objetivo le da a la Exhortación la estructura externa, la que está señalada por los capítulos y sus títulos. Las preocupaciones del Papa le dan una estructura interna, diferente de la anterior, que es la que quiero explorar en este artículo. Mi hipótesis es que el papa Francisco ve la necesidad imperiosa de una conversión de la Iglesia (I), orientada a volver a lo esencial, que es el amor misericordioso de Dios manifestado en la Pascua de Cristo (II); y va sacando algunas consecuencias pastorales de esta conversión (III). En lo que sigue, recorreré estos tres puntos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, antes de entrar en materia, voy a señalar algo que me parece una clave muy importante para la interpretación de la Exhortación: su “tono”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una canción hay texto y melodía, palabras y tono. Los franceses dicen, sin embargo: “c’est le ton qui fait la chanson” (es el tono el que hace la canción). En los discursos el tono también es decisivo. Por ejemplo, no da lo mismo hablar en tono profesoral que coloquial, aunque se diga lo mismo, porque los auditores se disponen de diferente manera a la recepción de las palabras que se dicen, de manera que la comunicación puede resultar o fracasar. Lo mismo ocurre con los escritos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que el “tono” de EG es nuevo en los documentos pontificios. No es sólo que usa un lenguaje a ratos coloquial, incluso con argentinismos que darán mucho dolor de cabeza a los traductores a otras lenguas. Si usa este lenguaje es precisamente por la novedad del “tono”. Me parece percibir dos rasgos en esta novedad. Por un lado, el papa Francisco habla de experiencias que todos hacemos (o podemos hacer), de modo que la gente lo comprende. Por otro lado –y este rasgo es el que me parece más importante– no habla desde su rol, sino desde su persona. No es que EG sea una confidencia personal, aunque también hay algunas afirmaciones de ese tipo (1) es que el “hablante”, el sujeto que uno percibe que se está dirigiendo en el texto a mí como lector, es una persona viva, no un funcionario que cumple un papel y que dice lo que tiene que decir en cuanto el funcionario que es. Dicho de otra manera, en EG habla la persona (que ejerce en la Iglesia una función que ha asumido de manera muy personal), no el funcionario (tras el cual se esconde la persona que ejerce la función).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué este tono y no el magisterial, que ha sido el habitual? La respuesta, me parece, es que no quiere enseñar una doctrina sino persuadir a los lectores a que se conviertan. En la introducción el papa Francisco justifica la extensión quizá excesiva de ciertos temas de la Exhortación, diciendo que no lo hizo “con la intención de ofrecer un tratado, sino sólo para mostrar la importante incidencia práctica de esos asuntos en la tarea actual de la Iglesia. Todos ellos ayudan a perfilar un determinado estilo evangelizador que invito a asumir en cualquier actividad que se realice” (EG 18; las cursivas son del texto, aquí como también en todas las demás citas de la Exhortación).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La imperiosa necesidad de conversión de la Iglesia</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el comienzo de la Exhortación, el papa Francisco afirma la necesidad de una conversión de la Iglesia. Lo dice con vehemencia al referirse, en general, a las comunidades: “Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están” (EG 25). Es decir, las “cosas como están” en la Iglesia no están bien, hay que cambiar. ¿Qué es lo que no está bien?</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de la Exhortación van apareciendo señalados muchos males, que el Papa nombra sin rodeos. Algunos son generales, otros son más específicos de diversos actores de la Iglesia. Entre los genéricos, el Papa afirma que “en algunas de nuestras parroquias y comunidades” se da un clima poco acogedor, las estructuras son poco acogedoras, la actitud para responder a los problemas de la gente es burocrática. Peor: “En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización” (EG 63). El tema de lo administrativo vuelve, porque bloquea la actitud misionera: “Ya no nos sirve una «simple administración”. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un «estado permanente de misión»” (EG 25; las citas internas son del documento de Aparecida, respectivamente 201 y 551).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otro pasaje, lo que se opone a la actitud misionera es la autopreservación de la Iglesia: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación” (EG 27). La autopreservación es descrita con más detalle cuando habla del “corazón misionero”: “Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino” (EG 45). El Papa insiste en este punto: “Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37)” (EG 49).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro aspecto del que tenemos que convertirnos en la Iglesia, muy vinculado a los males recién señalados de la administración y la autopreservación, es del afán de poseer el Evangelio, la verdad. “La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. (...). La Iglesia debe aceptar esa libertad inaferrable de la Palabra, que es eficaz a su manera, y de formas muy diversas que suelen superar nuestras previsiones y romper nuestros esquemas” (EG 22). El que evangeliza tiene “conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera” (EG 128). Tampoco se puede soñar “con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices” (EG 40).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta misma línea, pero en el aspecto pastoral: “No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable” (EG 129). En el contexto del llamado a optar por los pobres, dice: “No nos preocupemos sólo por no caer en errores doctrinales, sino también por ser fieles a este camino luminoso de vida y de sabiduría” (EG 194). Incluso no hay que tener miedo de revisar costumbres muy arraigadas en la Iglesia, no ligadas al núcleo del Evangelio, y que ya no lo transmiten. Más aun: “Del mismo modo, hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida” (EG 43). No cabe duda que el papa Francisco ve el peligro de que en la Iglesia nos encerremos en lo doctrinal, dejando de lado lo fundamental que es el seguimiento práctico de Jesús.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre los sacerdotes puede darse la búsqueda de “sí mismo en un carrerismo sediento de reconocimientos, aplausos, premios, puestos” (277). Puede darse también la mundanidad. Una de sus formas “es el neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar” (EG 94).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro mal es el encierro en la propia autonomía, la huida de los demás; es justamente lo contrario de lo que él quisiera, una Iglesia “en salida”. El tema del encierro lo menciona algunas veces en general, sin referencia explícita a los agentes pastorales: “Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos” (EG 87). “Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio” (EG 272). Pero dedica un párrafo entero a los agentes pastorales y no en cuanto se trataría de una tentación posible, sino de algo real; y no en unos pocos, sino en muchos: “Hoy se puede advertir en muchos agentes pastorales, incluso en personas consagradas, una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad. Al mismo tiempo, la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora. Así, pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí” (EG 78).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto de la mujer, el Papa es tajante: “es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia” (EG 103); hay que reflexionar sobre su presencia incluso “allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia” (EG 104).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La necesidad de conversión afecta al mismo Papa. “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización”. El papa Francisco lamenta que el llamado de Juan Pablo II a que lo ayudaran en esto (en Ut unum sint 95) no haya tenido suficiente eco y que el deseo del Concilio referente a una mayor injerencia de las Conferencias Episcopales (Lumen Gentium 23) no haya tenido una realización concreta. Y concluye: “Una excesiva centralización, más que ayudar, complica la vida de la Iglesia y su dinámica misionera” (EG 32). Se refiere expresamente a un aspecto de la centralización: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios” (EG 16).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Volver a lo esencial</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La evangelización, según el papa Francisco, debe centrarse en el “núcleo fundamental” que es “el corazón del Evangelio”; en él resplandece “la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado” (EG 36). Para hablar de un núcleo del Evangelio, el Papa se apoya expresamente en la idea de la “jerarquía de verdades” que afirmó el Concilio (en Unitatis Redintegratio 11). Este núcleo fundamental constituye el kerygma o anuncio primero, “que también en la catequesis tiene un rol fundamental (...), que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial” (EG 164). Y, de inmediato, pone en guardia: “No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es abandonado en pos de una formación supuestamente más «sólida». Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio” (EG 165). Podríamos decir que el kerygma del amor salvífico de Dios es primero no sólo en sentido cronológico sino fundamentalmente en sentido ontológico, porque es lo que funda permanentemente el ser cristiano.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En coherencia con esta afirmación, la Exhortación afirma en muchos lugares la primacía de la gracia: “El principio de la primacía de la gracia debe ser un faro que alumbre permanentemente nuestras reflexiones sobre la evangelización” (EG 112). “La primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido, esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más” (EG 264). Es verdad que el Señor quiere que respondamos a su don, pero “toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia” (EG 142) y nuestro “camino de respuesta y de crecimiento está siempre precedido por el don” (EG 162). Por lo mismo que lo primero es el amor de Dios, la Escritura juega el papel de fundamento: “No sólo la homilía debe alimentarse de la Palabra de Dios. Toda la evangelización está fundada sobre ella, escuchada, meditada, vivida, celebrada y testimoniada. Las Sagradas Escrituras son fuente de la evangelización. Por lo tanto, hace falta formarse continuamente en la escucha de la Palabra” (EG 174). Es más, esta no es una exigencia sólo para el clero: “El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes” (EG 175). Nótese que el Papa no dice que la lectura de la Escritura debe estar abierta a todos, sino su estudio. Hay aquí un desafío pastoral enorme.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Si la primacía la tiene la gracia de Dios, la evangelización no la pueden hacer los cristianos solos; tiene que cooperar con ellos el Espíritu, mejor, ellos son cooperadores de la acción del Espíritu. “Para mantener vivo el ardor misionero hace falta una decidida confianza en el Espíritu Santo, porque Él «viene en ayuda de nuestra debilidad» (Rm 8,26). Pero esa confianza generosa tiene que alimentarse y para eso necesitamos invocarlo constantemente. Él puede sanar todo lo que nos debilita en el empeño misionero. Es verdad que esta confianza en lo invisible puede producirnos cierto vértigo: es como sumergirse en un mar donde no sabemos qué vamos a encontrar. (...). Pero no hay mayor libertad que la de dejarse llevar por el Espíritu, renunciar a calcularlo y controlarlo todo, y permitir que Él nos ilumine, nos guíe, nos oriente, nos impulse hacia donde Él quiera. Él sabe bien lo que hace falta en cada época y en cada momento” (EG 280).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Una consecuencia de volver a lo esencial tiene que ver con poner la doctrina en su justo lugar, que no es el primero. “Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia” (EG 35). Es parte importante de la evangelización llamar a las personas a crecer en su fe, a desarrollarla, a madurar como creyentes. Sin embargo: “No sería correcto interpretar este llamado al crecimiento exclusiva o prioritariamente como una formación doctrinal. Se trata de “observar” (2) lo que el Señor nos ha indicado, como respuesta a su amor” (EG 161), una respuesta centrada en el mandamiento de amarnos como Jesús nos ha amado. El Papa señala algunas características del anuncio evangelizador que le parecen hoy necesarias: “que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas” (EG 165).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Al Papa le preocupa la tendencia “a poner la carreta delante de los bueyes”, como dicen los campesinos; concretamente, a poner la doctrina y más específicamente la moral antes o por encima del kerygma. No se trata de negar algunas verdades, porque “No hay que mutilar la integralidad del mensaje del Evangelio”; pero se trata de manifestar “con claridad la centralidad de algunas verdades”: “El Evangelio invita ante todo a responder al Dios amante que nos salva, reconociéndolo en los demás y saliendo de nosotros mismos para buscar el bien de todos. ¡Esa invitación en ninguna circunstancia se debe ensombrecer! Todas las virtudes están al servicio de esta respuesta de amor. Si esa invitación no brilla con fuerza y atractivo, el edificio moral de la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un castillo de naipes, y allí está nuestro peor peligro. Porque no será propiamente el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas. El mensaje correrá el riesgo de perder su frescura y dejará de tener «olor a Evangelio»” (EG 39).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En el párrafo anterior, ha puesto algunos ejemplos de “desproporción” en la predicación de las virtudes; y añade: “Lo mismo sucede cuando se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios” (EG 38). Es fuerte la expresión del Papa: “nuestro peor peligro” es olvidar que el centro de la vida de la fe y de la tarea de la evangelización es el kerygma del amor primero de Dios.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Lo que hemos visto sobre lo esencial de la evangelización tiene consecuencias también para la Iglesia. ¿Qué es lo esencial en ella? Me parece que la Exhortación señala tres rasgos principales.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El primero es que la Iglesia debe ser misericordiosa y, por ello, estar abierta a todos. Baste con las tres citas siguientes, que no necesitan de mayor comentario. “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114). “Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es «la puerta», el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (EG 47). “Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio” (EG 168).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Un segundo rasgo de la Iglesia lo describe el Papa con la expresión: una Iglesia “en salida”. En cierto sentido, es la otra cara de la moneda respecto del primer rasgo; éste era la apertura para recibir a los que se acercan a la Iglesia, ahora se trata de salir de sí para ir a los de fuera. La salida es un dinamismo que Dios quiere provocar en los creyentes, como vemos en la Escritura. “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hay en esta afirmación una idea que atraviesa toda la Exhortación, la de la necesidad del discernimiento personal y eclesial; en el trasfondo está la convicción de que no se pueden dar recetas de acción válidas universalmente y que, por lo tanto, cada comunidad debe discernir el camino pastoral adecuado de acuerdo con sus propias circunstancias, de modo que no puede haber uniformidad en la Iglesia (3). El llamado a salir se hace insistente: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo. Repito aquí para toda la Iglesia lo que muchas veces he dicho a los sacerdotes y laicos de Buenos Aires: prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos” (EG 49).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Recojo un último texto, que presenta otro aspecto fundamental, en cierto sentido englobante, de la “salida” propuesta: “Esta inseparable conexión entre la recepción del anuncio salvífico y un efectivo amor fraterno está expresada en algunos textos de las Escrituras que conviene considerar y meditar detenidamente para extraer de ellos todas sus consecuencias”; luego de citar Mt 7,2; 25,40 y Lc 6,36-38, concluye: “Lo que expresan estos textos es la absoluta prioridad de la «salida de sí hacia el hermano» como uno de los dos mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual en respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios” (EG 179).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tercer rasgo de la Iglesia es que hace suya la opción de Dios por los pobres. El Papa se pregunta: “Si la Iglesia entera asume este dinamismo misionero, debe llegar a todos, sin excepciones. Pero ¿a quiénes debería privilegiar?”. Y se responde de inmediato: “Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14,14).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro” (EG 48). “La belleza misma del Evangelio no siempre puede ser adecuadamente manifestada por nosotros, pero hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (EG 195). Se trata de una opción en primer lugar de Dios. “Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia»” (EG 198; la cita es de una homilía de Juan Pablo II en Santo Domingo, el 11 de octubre de 1984). “El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo «se hizo pobre» (2Co 8,9). Todo el camino de nuestra redención está signado por los pobres” (EG 197). “Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor de los pobres” (EG 187). El papa Francisco saca la consecuencia obvia: “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres” (EG 198).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la acción de la Iglesia y los cristianos en favor de los pobres, no debe quedar sólo en la misericordia individual, es decir en “los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”, sino que debe incluir también “la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres” (EG 188). El Papa es insistente en este punto: “Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales” (EG 202).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay un párrafo punzante sobre las comunidades de Iglesia: “cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (EG 207). Al final de la larga sección de la Exhortación dedicada a “La inclusión social de los pobres” (EG 186-216), incluye también una reflexión sobre el conjunto de la creación, maltratada igual que los pobres (EG 215-216).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El papa Francisco sabe que el tema de los pobres no es fácil de aceptar y que es más difícil aun asumir valientemente una acción decidida en su favor, que busque resolver “radicalmente” sus problemas, como él propone. Sabe que es fácil buscar excusas; por lo mismo, es muy claro: “Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos. Ésta es una excusa frecuente en ambientes académicos, empresariales o profesionales, e incluso eclesiales” (EG 201).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Poco antes había dicho a propósito de los textos bíblicos sobre los pobres: “Es un mensaje tan claro, tan directo, tan simple y elocuente, que ninguna hermenéutica eclesial tiene derecho a relativizarlo. La reflexión de la Iglesia sobre estos textos no debería oscurecer o debilitar su sentido exhortativo, sino más bien ayudar a asumirlos con valentía y fervor. ¿Para qué complicar lo que es tan simple? Los aparatos conceptuales están para favorecer el contacto con la realidad que pretenden explicar, y no para alejarnos de ella. Esto vale sobre todo para las exhortaciones bíblicas que invitan con tanta contundencia al amor fraterno, al servicio humilde y generoso, a la justicia, a la misericordia con el pobre. Jesús nos enseñó este camino de reconocimiento del otro con sus palabras y con sus gestos. ¿Para qué oscurecer lo que es tan claro?” (EG 194).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Una “pastoral en conversión” (4)</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La actitud pastoral que el Papa quiere inculcar en toda la Iglesia es la del amor misericordioso, que se acerca a las personas sin juzgarlas. Es la actitud que hace posible entender la realidad. Lo dice a propósito de la piedad (o religiosidad) popular, pero, a mi juicio, vale para toda realidad humana. “Para entender esta realidad hace falta acercarse a ella con la mirada del Buen Pastor, que no busca juzgar sino amar. Sólo desde la connaturalidad afectiva que da el amor podemos apreciar la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, especialmente en sus pobres” (EG 125).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En el contexto de la relación con las otras confesiones cristianas añade un matiz nuevo: en el encuentro real con el otro, en el que actúa el Espíritu, aprendemos unos de otros. “No se trata sólo de recibir información sobre los demás para conocerlos mejor, sino de recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros. Sólo para dar un ejemplo, en el diálogo con los hermanos ortodoxos, los católicos tenemos la posibilidad de aprender algo más sobre el sentido de la colegialidad episcopal y sobre su experiencia de la sinodalidad” (EG 246).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Amar de verdad, dice el papa Francisco, implica “correr el riesgo del encuentro con el rostro del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (EG 88). El Papa da un paso más cuando llama a los cristianos, con especial énfasis a los agentes pastorales, a hacerse pueblo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En el contexto de la relación de la Iglesia con el mundo dice: “Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo. Ésta no es la opinión de un Papa ni una opción pastoral entre otras posibles; son indicaciones de la Palabra de Dios tan claras, directas y contundentes que no necesitan interpretaciones que les quiten fuerza interpelante” (EG 271). El papa Francisco se extiende ampliamente sobre el tema de ser pueblo, de no vivir lejos de él, un tema que se vincula estrechamente al de la opción por los pobres, que tocamos más arriba. El papa Francisco afirma que los agentes pastorales deben convertirse en pueblo (EG 220), ser pueblo (EG 273), tener cercanía con el pueblo (EG 135, 268), estar en el corazón del pueblo (EG 269), tener un oído puesto en el pueblo (EG 154), escuchar su fe (EG 139), compartir la vida con el pueblo (EG 269, 271), estar en contacto con él (EG 28, 82), con su realidad sufrida (EG 96), construyendo un mundo nuevo “codo a codo con los demás” (EG 269). Francisco exclama: “Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!” (EG 274).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Exhortación desarrolla dos rasgos del amor pastoral: es un amor paciente, que sabe comunicar. La paciencia se vincula estrechamente con el “arte del acompañamiento” a las personas, en el que tienen que iniciarse “sacerdotes, religiosos y laicos (...), para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana” (EG 169).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un párrafo en que el Papa describe las cinco acciones fundamentales de la comunidad que evangeliza, la tercera es acompañar. Afirma que “la comunidad evangelizadora se dispone a «acompañar». Acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean. Sabe de esperas largas y de aguante apostólico. La evangelización tiene mucho de paciencia, y evita maltratar límites” (EG 24). El Papa sabe que no es fácil compaginar la paciencia con la exigencia del ideal del Evangelio, pero le parece que “sin disminuir el valor del ideal evangélico, hay que acompañar con misericordia y paciencia las etapas posibles de crecimiento de las personas que se van construyendo día a día. A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor que nos estimula a hacer el bien posible. Un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caídas” (EG 44).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El papa Francisco sabe que hace falta “«una pedagogía que lleve a las personas, paso a paso, a la plena asimilación del misterio». Para llegar a un punto de madurez, es decir, para que las personas sean capaces de decisiones verdaderamente libres y responsables, es preciso dar tiempo, con una inmensa paciencia” (EG 171; la cita es de Juan Pablo II, Ecclesia in Asia 20).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta paciencia implica necesariamente incorporar un rasgo de progresividad en los procesos del acompañamiento. El papa lo dice a propósito de la catequesis, pero creo que vale para toda la acción pastoral: “Otra característica de la catequesis, que se ha desarrollado en las últimas décadas, es la de una iniciación mistagógica, que significa básicamente dos cosas: la necesaria progresividad de la experiencia formativa donde interviene toda la comunidad y una renovada valoración de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana. Muchos manuales y planificaciones todavía no se han dejado interpelar por la necesidad de una renovación mistagógica, que podría tomar formas muy diversas de acuerdo con el discernimiento de cada comunidad educativa. El encuentro catequístico es un anuncio de la Palabra y está centrado en ella, pero siempre necesita una adecuada ambientación y una atractiva motivación, el uso de símbolos elocuentes, su inserción en un amplio proceso de crecimiento y la integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta” (EG 166). De nuevo encontramos en este párrafo el llamado al discernimiento que debe hacer la comunidad; no hay recetas de validez universal.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El segundo rasgo del amor pastoral que se subraya en la Exhortación es su capacidad de comunicar. “Ser discípulo es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino” (EG 127). Hemos recordado más arriba que lo que fundamental en la fe es la experiencia de haber recibido el amor de Jesús, “esa experiencia de ser salvados por Él que nos mueve a amarlo siempre más. Pero ¿qué amor es ese que no siente la necesidad de hablar del ser amado, de mostrarlo, de hacerlo conocer?” (EG 264).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero aquí, dice el Papa, se nos presenta un problema, vinculado a la cultura. No sólo a los cambios culturales que nos toca vivir hoy, sino también a la enorme diversidad de culturas. A propósito de lo primero, afirma que “los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad. Pues en el depósito de la doctrina cristiana «una cosa es la substancia […] y otra la manera de formular su expresión»” (la cita es de Juan XXIII; Discurso de apertura del Concilio). El Papa añade de inmediato: “A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo. Con la santa intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que no es verdaderamente cristiano. De ese modo, somos fieles a una formulación, pero no entregamos la substancia. Ése es el riesgo más grave” (EG 41).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fidelidad al Evangelio no se identifica con la repetición fiel de una determinada formulación; y esto es verdad no sólo cuando se trata de la evangelización sino también de la comprensión y comunicación de cualquier texto humano. El fundamentalismo es precisamente el desconocimiento del papel inevitable de la interpretación de los textos cuando se trata de comprenderlos de una manera lo más auténtica posible.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la diversidad de culturas, la Exhortación es igualmente clara. “Este Pueblo de Dios se encarna en los pueblos de la tierra, cada uno de los cuales tiene su cultura propia. La noción de cultura es una valiosa herramienta para entender las diversas expresiones de la vida cristiana que se dan en el Pueblo de Dios. (...). La gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe” (EG 115). Esta diversidad de expresiones de la fe no amenaza la unidad de la Iglesia, que es obra del Espíritu que introduce a los creyentes en la comunión de la Trinidad. Por eso: “La evangelización reconoce gozosamente estas múltiples riquezas que el Espíritu engendra en la Iglesia. No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde” (EG 117).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es verdad que en la historia algunas culturas han estado más íntimamente ligadas con la fe, pero el Evangelio es transcultural. “Por ello, en la evangelización de nuevas culturas o de culturas que no han acogido la predicación cristiana, no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador” (ibid.). La razón de fondo es que “Es indiscutible que una sola cultura no agota el misterio de la redención de Cristo” (EG 118). Como ejemplo de inculturación de la fe el Papa refiere a la piedad popular; en ella “puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo” (EG 123); es, en palabras de Aparecida n° 263, “una verdadera «espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos»” (EG 124). Es más, “Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG 126).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La comunicación verdadera no es nunca un monólogo, sino un diálogo, en que el comunicador sabe también escuchar a su interlocutor. El papa Francisco lo dice a propósito de la predicación, en los largos párrafos que dedica a la homilía y a su preparación (EG 135-159). “El predicador necesita también poner un oído en el pueblo, para descubrir lo que los fieles necesitan escuchar. Un predicador es un contemplativo de la Palabra y también un contemplativo del pueblo” (EG 154). Dice, no sin cierto humor irónico: “Recordemos que nunca hay que responder preguntas que nadie se hace” (EG 155); por lo tanto, es la conclusión lógica, hay que escuchar a la gente para saber cuáles son sus preguntas. En el contexto en que está tratando del acompañamiento a las personas en su crecimiento de fe, vuelve a tocar el tema: “Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo primero, en la comunicación con el otro, es la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores. Sólo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva se pueden encontrar los caminos de un genuino crecimiento, despertar el deseo del ideal cristiano, las ansias de responder plenamente al amor de Dios y el anhelo de desarrollar lo mejor que Dios ha sembrado en la propia vida” (EG 171). Esta escucha atenta del otro permitirá reconocer los valores evangélicos que hay en él y que enriquecerán la vivencia del Evangelio del acompañante, produciéndose una mutua evangelización. Lo dice el papa Francisco a propósito del pueblo judío: “Dios sigue obrando en el pueblo de la Antigua Alianza y provoca tesoros de sabiduría que brotan de su encuentro con la Palabra divina. Por eso, la Iglesia también se enriquece cuando recoge los valores del Judaísmo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien algunas convicciones cristianas son inaceptables para el Judaísmo, y la Iglesia no puede dejar de anunciar a Jesús como Señor y Mesías, existe una rica complementación que nos permite leer juntos los textos de la Biblia hebrea y ayudarnos mutuamente a desentrañar las riquezas de la Palabra, así como compartir muchas convicciones éticas y la común preocupación por la justicia y el desarrollo de los pueblos” (EG 249). Todo lo que ahí se dice en relación con el pueblo judío –Dios sigue actuando en él, hay convicciones cristianas que para él son inaceptables, a pesar de ello podemos complementarnos y ayudarnos a desentrañar juntos nuevas riquezas– vale, me parece, para cualquier ser humano, ateo, agnóstico, indiferente, o de la religión que sea.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sería necesario reflexionar a fondo sobre las condiciones que necesitamos para entrar en diálogo auténtico con los demás, sobre todo cuando son “otros”, muy distintos de nosotros. Teniendo en cuenta, además, la necesidad imprescindible del diálogo con esos otros, dado que –como afirmó Pablo VI en Ecclesiam Suam– el diálogo es el nuevo nombre de la tarea apostólica de la Iglesia. Señalo brevemente cuatro actitudes que me parecen fundamentales para que el diálogo sea verdadero; varias de ellas las hemos encontrado ya en la Exhortación. Para escuchar de verdad, lo primero es poner la expresión (verbal, gestual) o la acción del otro no en nuestro horizonte de comprensión sino en el de la persona que así se expresa y actúa.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, si quiero escuchar de verdad al otro debo reconocer que yo no tengo toda la verdad, ni siquiera la verdad más importante. Si no, ¿qué me podría aportar él? El diálogo sería, a lo más, una táctica para transmitirle lo mío. La Iglesia en su conjunto no tiene toda la verdad, también hay verdad en el mundo; y el clero no tiene toda la verdad, también hay verdad en los fieles. Las dos actitudes anteriores se refieren a la capacidad de la Iglesia para escuchar al mundo; la tercera tiene que ver con la posibilidad de que el mundo escuche a la Iglesia: para que alguien sea escuchado tiene que ser creíble, no sólo en lo que dice, sino en lo que vive. Finalmente, para lograr una actitud dialogal me parece decisivo realizar una auténtica inculturación del Evangelio; de otro modo no habrá comunicación con los interlocutores, los hombres y mujeres de Iglesia estaremos monologando.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera terminar señalando el aire de libertad que recorre la Exhortación de principio a fin. Un aire que nos devuelve a lo mejor del Concilio y de las esperanzas que suscitó. Quiera Dios que no volvamos a tener miedo de la libertad.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">1. Por ejemplo, “Me llena de vida releer este texto: «Tu Dios está en medio de ti, poderoso salvador. Él exulta de gozo por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo» (So 3,17)” (EG 4); “Comprendo a las personas que tienden a la tristeza por las graves dificultades que tienen que sufrir” (EG 6); “Puedo decir que los gozos más bellos y espontáneos que he visto en mis años de vida son los de personas muy pobres que tienen poco a qué aferrarse” (EG 7); “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo” (EG 27); “Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más” (EG 76); “Por ello me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odio, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas” (EG 100); “Ahora quisiera compartir mis inquietudes acerca de la dimensión social de la evangelización” (EG 176); “Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres” (EG 198); “Temo que también estas palabras sólo sean objeto de algunos comentarios sin una verdadera incidencia práctica” (EG 201); “Si alguien se siente ofendido por mis palabras, le digo que las expreso con afecto y con la mejor de las intenciones, lejos de cualquier interés personal o ideología política. Mi palabra no es la de un enemigo ni la de un opositor” (EG 208); “Siempre me angustió la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas” (EG 211); “¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa!” (EG 261); “Es verdad que esta confianza en lo invisible puede producirnos cierto vértigo: es como sumergirse en un mar donde no sabemos qué vamos a encontrar. Yo mismo lo experimenté tantas veces” (EG 280).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Es alusión a Mt 28,20, que ha citado en el párrafo anterior.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Ver EG 16, 20, 30, 33, 45, 119, 154, 166, 179, 195.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Lo que va entre comillas es el título de la segunda sección del capítulo 1° de la Exhortación.</h5>
&nbsp;

&nbsp;

<img class="alignnone size-full wp-image-513" src="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/EVANGELII-GAUDIUM-2.jpg" alt="" width="280" height="280" />
<h5>FOTO: Fotomontaje realizado en la Diócesis de Melipilla para el lanzamiento del material pastoral que acompañó la preparación para la visita del Santo Padre a Chile en 2018.</h5>]]></content:encoded>
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		<title>La Unción de los enfermos, el perdón de los pecados y la confesión previa - Francisco Walker, Pbro.</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jun 2018 17:25:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.193 (ENERO- MARZO 2017)
Autor: Francisco Walker, pbro., Tribunal Eclesiástico de Santiago
Para citar: Walker, Francisco; <em>La Unción de los enfermos, el perdón de los pecados y la confesión previa</em>, en La Revista Católica, Nº1.193, enero-marzo 2017, pp. 69-82.</h6>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/FWALKER_LRC_1193.pdf">DESCARGAR AQUÍ ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;">La Unción de los enfermos, el perdón de los pecados y la confesión previa
Francisco Walker, pbro.
Tribunal Eclesiástico, Arzobispado de Santiago</h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Con la sagrada Unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros, toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios” (LG 11).</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Más allá de las distintas acentuaciones y formas rituales que ha conocido a lo largo de los siglos, el sacramento de la Unción de los enfermos ha sido siempre parte muy importante de la solicitud pastoral de la Iglesia por los enfermos. Instituido por Jesucristo como sacramento de la Nueva Alianza, se encuentra ya insinuado en el evangelio según San Marcos y recomendado y promulgado en la carta del apóstol Santiago (cf. Conc. de Trento: DS 1695 y CCE 1511). El Concilio Vaticano II, a la luz de la renovada visión de la Liturgia y los sacramentos que se plasma en las Constituciones Lumen Gentium y Sacrosanctum Concilium, decretó la revisión del rito de la Unción de los enfermos (cf. SC 73 – 75). La renovación conciliar en lo que respecta a este sacramento, entendida siempre en continuidad y con la Tradición, se encuentra plasmada en diversos documentos posteriores: la Constitución Apostólica Sacram unctionem infirmorum, promulgada por el Papa Pablo VI en 1972 y el nuevo Ordo para la Unción y cuidado pastoral de los enfermos, aprobado conjuntamente por el mismo Pontífice, que contiene el nuevo Rito del sacramento; el Código de Derecho Canónico para la Iglesia latina, de 1983 (cf. cc. 998 – 1007) y el Código de cánones de las Iglesias orientales, de 1990 (cf. cc. 737 – 742); y el Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado el año 1992 (cf. nn. 1499 – 1532).</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de este artículo, no pretendo abordar todos los aspectos de la administración del sacramento que presentan interés o pueden plantear alguna duda, desde el punto de vista canónico y pastoral. Me quiero centrar principalmente en un aspecto, no siempre claro en algunos fieles, cual es el de los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos, y particularmente, la relación del sacramento con el perdón de los pecados. Una recta comprensión de esta relación es importante para establecer las disposiciones que debe tener el fiel que desea recibir el sacramento y la eventual necesidad que éste tiene de recibir previamente el sacramento de la Penitencia o reconciliación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la Penitencia y la Unción de los enfermos son los dos sacramentos de curación mediante los cuales la Iglesia, con la fuerza del Espíritu Santo, continúa la obra de sanación de Cristo que vino a curar y salvar al hombre entero (cf. n. 1421).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bajo esta perspectiva de la curación deben ser entendidos los efectos propios del sacramento de la Unción de los enfermos. Por la enfermedad y la ancianidad, el hombre ve debilitada sus fuerzas, tanto físicas como espirituales, y necesita ser fortalecido y sanado en su alma para poder unirse en su estado de debilidad a la Pasión de Cristo para bien de toda la Iglesia, y eventualmente, prepararse también para la partida a la casa del Padre (1). Y como Cristo vino a salvar al hombre entero, mediante el sacramento de la Unción se implora también para el enfermo el don de la salud corporal, si aprovecha al bien de su alma.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el punto de vista de la historia del sacramento, esta perspectiva de sanación ha estado siempre presente, aunque en alguna época se haya acentuado más algún aspecto de la sanación, y en otra, otros aspectos. De manera muy resumida, se puede señalar que las fuentes de los primeros siglos (fórmulas de bendición del óleo y autores eclesiásticos), hasta la época carolingia, ponen énfasis en la sanación corporal del enfermo. En este período, por tanto, el sacramento tiene una función principalmente terapéutica, aunque de un modo más implícito, dado el nexo bíblico entre enfermedad y pecado que las fuentes tienen presente, está también una dimensión penitencial. A partir de los siglos VII y VIII, época en que surgen los primeros rituales, y a lo largo de todo el medioevo, esta dimensión penitencial se irá paulatinamente explicitando y acentuando, a la vez que el sacramento se va vinculando cada vez más a la preparación inmediata para la muerte. Los efectos del sacramento de la Unción se van asimilando cada vez más a los efectos del sacramento de la Penitencia, pasando a ser una especie de ‘penitencia ad mortem’, adquiriendo así cada vez más una dimensión escatológica (2). El desarrollo de estos siglos, que se evidencia tanto en los rituales como en la reflexión de los grandes teólogos medievales, desembocará en las definiciones del Concilio de Trento y luego en el Ritual Romano de 1614, el cual estará vigente en la Iglesia latina hasta el año 1972, fecha en que fue promulgado el nuevo Ritual fruto de la renovación del Concilio Vaticano II.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Decreto sobre el sacramento de la extremaunción del Concilio de Trento, promulgado el año 1551, en lo que se refiere a los efectos del sacramento, va a desarrollar lo que escuetamente había enseñado el Decreto para los Armenios en el Concilio de Florencia, poco más de un siglo antes: “El efecto es la salud del alma y, en cuanto convenga, también la del cuerpo mismo” (DzS 1324). Enseña el tridentino: “Esta realidad (se refiere al efecto del sacramento) es la gracia del Espíritu Santo, cuya unción limpia las culpas (si queda alguna por expiar) y las reliquias del pecado, y alivia y fortalece el alma del enfermo [canon 2], excitando en él una grande confianza en la divina misericordia. Ayudado el enfermo con ella, soporta con más facilidad las incomodidades y trabajos de la enfermedad, resiste mejor las tentaciones del demonio […] y, a veces, recobra la salud del cuerpo, si es que conviene para la salud del alma” (DzS 1696).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II no trata directamente de los efectos de este sacramento, pero sí da algunas indicaciones que enriquecen la comprensión de los efectos enseñados por el Concilio de Trento, los cuales son sin duda siempre válidos, al ser parte del depósito doctrinal de la Iglesia Católica. Estas indicaciones del Vaticano II van en una doble dirección. Por una parte, se supera una comprensión estricta del peligro de muerte necesario para la recepción del sacramento para señalarse ahora que se trata de un peligro inicial, y por lo mismo el Concilio indica que es más apropiado que a partir de ahora el sacramento se denomine “Unción de los enfermos”, más que “extremaunción” (cf. SC 73). Y, por otra parte, el párrafo de LG 11 citado al inicio de este artículo subraya la dimensión cristológica del sacramento, en cuanto unión a la Pasión de Cristo, y también la dimensión eclesiológica, en cuanto es toda la Iglesia la que encomienda y acompaña al enfermo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II recoge la renovación teológica iniciada en las décadas anteriores, y a la vez suscita la reflexión posterior. El año 1972, como hemos señalado, recogiendo las indicaciones de SC 74 y 75, son promulgados conjuntamente la Const. Ap. Sacram Unctionem infirmorum y el nuevo Ordo o Ritual para la Iglesia latina. Uno de los elementos más significativos de la Const. Ap. del Papa Beato Pablo VI es el cambio de la fórmula sacramental, buscando que “se expresen más claramente los efectos sacramentales”. En efecto, queda superado el carácter predominantemente penitencial de la fórmula del Ritual de 1614 (“…indulgeat tibi Dominus quidquid deliquisti…”) para incorporar una perspectiva más integral de la sanación producida por el sacramento: es la gracia del Espíritu Santo la que libera del pecado, concede la salvación y conforta en la enfermedad. Luego, los praenotandadel nuevo Ritual, mirando la enfermedad a la luz del misterio de la salvación, van a enfatizar que la gracia del sacramento “socorre y salva a la persona humana en su totalidad” (n. 6).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Toda la reflexión suscitada y desarrollada a partir del Vaticano II va a quedar finalmente plasmada en el Catecismo de la Iglesia Católica, el cual recoge de un modo autorizado y seguro la fe de la Iglesia (cf. Const. Ap. Fidei depositum). Los nn. 1520 – 1523 desarrollan los efectos del sacramento de la Unción de los enfermos. Una “síntesis fiel y segura” (3) de los mismos es la que presenta el Compendio del Catecismo: “El sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse. Además, este sacramento concede a veces, si Dios lo quiere, la recuperación de la salud física. En todo caso, esta Unción prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre” (n. 319).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, más allá de los énfasis propios de cada época histórica, la Iglesia ha profesado siempre que el sacramento de la Unción de los enfermos ha sido instituido para la sanación del hombre en su totalidad. Esta sanación es ante todo la del alma, debilitada y enferma por el pecado y sus consecuencias, entre otras, la debilidad que causa la enfermedad en el alma misma; y la del cuerpo, si conviene a la salud espiritual. Administrando el sacramento, la Iglesia continúa la obra de sanación de Cristo, la cual es signo anticipado de la redención realizada por el misterio pascual, redención que alcanza todas las realidades humanas, incluidas la enfermedad y la muerte.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Relación entre el sacramento de la Penitencia y la Unción de los enfermos</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de lo visto en los párrafos anteriores, de modo más o menos explícito, el perdón de los pecados ha sido siempre considerado uno de los efectos del sacramento de la Unción. Por lo demás, así lo dice el texto del Apóstol Santiago (cf. 5, 15) y lo declara solemnemente el Concilio de Trento (cf. DzS 1717: “Si alguno dijere que la santa unción de los enfermos no […] perdona los pecados […] sea anatema”). Sin embargo, la Iglesia ha enseñado y practicado siempre que, en circunstancias ordinarias, la confesión sacramental de los pecados debe preceder a la administración de la Unción de los enfermos. ¿Por qué esta previa necesidad del sacramento de la Penitencia si la Unción perdona los pecados? Es lo que trataré de explicar a continuación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante todo, tanto las fuentes doctrinales como litúrgicas han recordado siempre la previa necesidad de la Reconciliación sacramental, al menos en el caso de que quien vaya a recibir la Unción hubiere cometido pecados graves. El documento magisterial más antiguo conocido sobre el sacramento de la Unción es la carta del Papa Inocencio I al obispo de Gubbio el año 416. Entre otras cosas, el Pontífice señala que “no se puede ungir a los penitentes, porque es éste un género de sacramento. Y a quienes se niegan los otros sacramentos, ¿cómo puede pensarse que se conceda uno de ellos?” (DzS 216). Recordemos que estamos en los siglos de la Penitencia pública; los penitentes son aquellos que, habiendo confesado un pecado grave, normalmente al Obispo, están cumpliendo un período penitencial y todavía no han sido reconciliados. Por tanto, para ser ungido, el fiel tenía que estar previamente reconciliado. Todas las fuentes conocidas del primer milenio concuerdan en esta práctica (4).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si se analizan los rituales que van del s. VIII (aparición de los primeros rituales) hasta fines del período medieval, se pueden distinguir dos fases: hasta el siglo XIII, existe un único ritual, que comprende, en este orden, la visita al enfermo, la reconciliación, la Unción y el viático; a partir del s. XIII se van separando estos pasos, en rituales distintos, pero manteniendo el nexo entre ambos. Lo interesante es que no obstante asemejarse cada vez más los efectos de la Unción a los de la Penitencia, e incluso cuando en algún momento se tiende a integrar ambos sacramentos en un único rito, la Unción supone siempre la previa Reconciliación, entendida ella como un complemento de la obra de purificación iniciada por esta última (5). Más tarde, como ya hemos dicho, el Concilio de Trento va a señalar que la Unción limpia las culpas “si queda alguna por expiar”, lo que supone que ordinariamente ellas han sido ya expiadas por otro medio (6). De hecho, el Catecismo Romano, hablando de las disposiciones necesarias para la Unción, enseña que “fue siempre constante costumbre de la Iglesia anteponer a la extremaunción la administración de la penitencia”. Y lo mismo decía el Ritual de 1614, agregando “si tempus et infirmi conditio permittat” (Praen. 2).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, las fuentes más recientes, posteriores al Concilio Vaticano II, suponen siempre el mismo principio. El Ordo vigente de la Unción prevé, acogiendo la indicación de SC 74, un rito continuo con el cual se auxilia al enfermo con los sacramentos de la Penitencia, la Unción y la Eucaristía como Viático, en este orden. E inmediatamente añade que, en caso de preverse que no habría tiempo de dar todos estos sacramentos, por la urgencia y gravedad de la enfermedad, “debe confesarse primero el enfermo, aunque sea en forma genérica, adminístresele luego el Viático […] Y después, si hay tiempo, se podrá aplicarle la sagrada Unción” (n. 30). Es evidente que el Ordo supone que el enfermo debe estar ordinariamente reconciliado antes de recibir la Unción, y que incluso, en caso de extrema necesidad, se debe priorizar la Confesión a la Unción, en cuanto la primera es más necesaria que la segunda para la salvación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que estos tres sacramentos constituyen, “cuando la vida cristiana toca a su fin, ‘los sacramentos que preparan para entrar en la Patria’” (n. 1525). Y el Compendio señala con toda claridad que “la celebración de este sacramento [la Unción] debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo” (n. 316).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es indudable, por tanto, que la Iglesia ha entendido siempre que la Unción se debe administrar ordinariamente al enfermo que esté previamente reconciliado mediante la Penitencia. La teología sacramental lo ha expresado diciendo que la Unción es un ‘sacramento de vivos’, es decir, supone la vida sobrenatural en el alma, el estado de gracia en quien la recibe. El Bautismo y la Penitencia, en cambio, son los ‘sacramentos de muertos’, que confieren el estado de gracia a quien no lo tenía (el Bautismo), o a quien lo perdió después del Bautismo por el pecado grave (la Penitencia). ¿Cuál es entonces la relación entre la Unción y la Penitencia? El Concilio de Trento lo expresa muy bien con palabras que son siempre válidas: la [extrema]unción “es la consumación no sólo de la Penitencia, sino de toda la vida cristiana, que debe ser una penitencia continua” (DzS 1694).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Santo Tomás de Aquino lo explica diciendo que el hombre, expuesto a la enfermedad del pecado, necesita ser sanado. Jesús le ha dejado un doble remedio: uno de curación, estrictamente entendida, que le restituye la salud perdida: es el sacramento de la Penitencia; el otro, de recuperación de fuerzas, que completa el restablecimiento espiritual iniciado por la Penitencia, y que borra las reliquias del pecado y en general sana la debilidad que el pecado ha dejado en el alma: es la Unción de los enfermos (7). Y en otro lugar señala que si bien la Unción puede también perdonar los pecados actuales, mortales o veniales, que pueda encontrar en el sujeto, lo hace por vía de consecuencia, y ello no excluye que la Penitencia sea necesaria, al menos ‘in voto’ (8).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En síntesis, se puede afirmar que el perdón de los pecados, siendo uno de los efectos propios de la Unción de los enfermos, no es su efecto principal o primero. El Bautismo y la Penitencia fueron primariamente instituidos por Jesucristo para dicha finalidad. Si el perdón de los pecados constituye uno de los efectos de la Unción es para facilitar al máximo el acceso a la salvación, en el caso de que al enfermo no le sea posible realizar la confesión sacramental. De ahí que los autores señalen que el perdón de los pecados es un efecto propio, sí, pero secundario y condicionado de la Unción (9).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuándo confiere el perdón de los pecados? Tanto el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. n. 1532) como su Compendio (cf. n. 319) responden que es en el caso de que el enfermo no haya podido obtener dicho perdón por el sacramento de la Penitencia. La imposibilidad debe entenderse tanto en sentido físico (enfermo inconsciente) o moral (por ejemplo, por peligrar el carácter secreto de la confesión, como podría ser en una sala común de un hospital, o también porque el fiel ignora, sin culpa suya, la necesidad previa de la Confesión, y el ministro negligentemente no se lo advierte). En tales casos, el enfermo podría estar en estado de gracia por haber formulado un acto de contrición perfecta, la cual supone siempre el ‘votum sacramenti’, es decir, la intención de recibir el sacramento de la Penitencia en cuanto sea posible (10).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y si, por imposibilidad física o por ignorancia, tampoco el enfermo ha podido formular este acto de contrición perfecta? Es aquí donde podría la Unción perdonar los pecados graves, pero a condición de que el enfermo esté al menos habitualmente atrito, ya que es de fide que el arrepentimiento, o penitencia interior ha sido siempre necesario para poder obtener la gracia de la justificación (cf. DzS 1669). La ausencia del arrepentimiento es un obstáculo insalvable para que la Unción pueda perdonar los pecados y producir cualquiera de sus otros efectos (11).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es verdad que no existe un precepto positivo de anteponer la Confesión sacramental a la Unción, en el caso de haber cometido pecados graves, como sí lo existe para la Sagrada Comunión (cf. c. 916). La necesidad previa de la Confesión es “ob Ecclesiae consuetudinem” (12), costumbre que está firmemente fundada en todos los argumentos señalados en este artículo. Además, en el ordenamiento canónico, la costumbre puede tener fuerza de ley, y sin duda el caso que estamos estudiando reúne todos los requisitos para ello (cf. cc. 23 – 26). Por lo demás, se debe recordar el precepto tradicional de la confesión de los pecados mortales en peligro de muerte, el cual es recordado por el Catecismo (cf. n. 1457).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como sabemos, el sacramento de la Penitencia, al menos in voto, es necesario, con necesidad de medio, para todos aquellos que han caído en pecado mortal después del bautismo (cf. DzS 1706). Y por lo mismo, en tales casos, la doctrina común enseña que, en peligro, al menos probable, de muerte, la recepción efectiva del sacramento urge por precepto divino (13). Este es un motivo más, además de los ya señalados, para insistir en la necesidad de que el enfermo que hubiere cometido pecados graves se confiese antes de recibir la Unción, ya que los supuestos fácticos para recibir este sacramento y para que urja la obligación de la confesión son muy similares: comienzo de peligro de muerte, en un caso, peligro al menos probable en el otro. Además, incluso en el caso de que un enfermo haya recibido de buena fe la Unción sin confesarse, si después cesa la imposibilidad que había, sigue estando obligado, por precepto divino, a someter sus pecados graves a las llaves de la Iglesia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. El sacerdote y las distintas situaciones que puede encontrar</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El c. 843 señala que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos”. Las debidas disposiciones “son aquellas condiciones del sujeto que hacen posible la recepción válida, lícita y fructuosa de los sacramentos[…]” (14). Estas condiciones son variadas, dependiendo del sacramento, pero en el caso de los ‘sacramentos de vivos’, como es el caso de la Unción de los enfermos, la disposición fundamental es siempre el estado de gracia, el cual es necesario para que el sacramento pueda producir los frutos espirituales que le son propios. Es bueno tener presente que el derecho general que tienen los fieles a los sacramentos, consagrado en el c. 213, no es a la materialidad del signo sacramental, sino al sacramento como signo salvífico, como instrumento eficaz de la gracia (15). De ahí que “el ministro debe constatar, en cuanto le sea posible y siguiendo la praxis que sea habitual en cada caso, que el sujeto reúne las condiciones necesarias para la celebración válida y lícita del sacramento; si no fuera así, debe hacer lo posible para poner al sujeto en condiciones de recibir el sacramento de que se trate. Mas si el sujeto no cambia sus disposiciones, el ministro puede y debe denegarle el sacramento” (16).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La eventual denegación del sacramento – o quizás mejor, la postergación del mismo, en la espera de que el sujeto adquiera las debidas disposiciones – se fundamentará en una doble motivación: velar por la santidad del sacramento y constar una situación en el sujeto incompatible con una lícita y fructuosa recepción del mismo. Apliquemos lo señalado aquí a la administración concreta de la Unción de los enfermos. Distingamos, ante todo, si el enfermo está consciente o no.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el enfermo está inconsciente, no es capaz de confesarse. Con respecto a la Unción, rige la disposición del c. 1006: “Debe administrarse este sacramento a los enfermos que, cuando estaban en posesión de sus facultades, lo hayan pedido al menos de manera implícita”. Este deseo implícito se supone en todo católico, mientras no se demuestre lo contrario. Es decir, mientras no haya habido una voluntad contraria, se puede presumir que todo fiel católico, aun cuando no haya sido muy practicante o no haya llevado una vida muy coherente con la fe, habría querido morir como un buen cristiano.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y si la persona, antes de caer en inconciencia, persistía obstinadamente en un pecado grave manifiesto? A pesar de que el c. 1007 indica que “no se dé la Unción de los enfermos a quienes persisten obstinadamente en un pecado grave manifiesto”, se le debe administrar el sacramento si, no obstante su situación, no había rechazado del todo la fe católica y mantuvo alguna práctica, aunque mínima (p. ej., se lo vio alguna vez rezar). La razón es que en una situación de inconciencia es casi imposible verificar con certeza la persistencia en el pecado; el enfermo podría haber formulado un acto interno de dolor antes de perder la conciencia. Incluso en caso de duda respecto de si conservaba o no un mínimo de fe, se le debe administrar el sacramento, al menos bajo condición. En cambio, si el enfermo no hubiera dado ningún signo de penitencia y había abandonado totalmente la vida cristiana, no se le puede administrar la Unción, tanto por respeto a la santidad del sacramento, como por respeto a la conciencia, aunque errada, del enfermo mismo (17).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bastante similar a la situación del enfermo inconsciente es la del enfermo que tiene sus facultades mentales tan disminuidas que no es capaz de hacer con la debida advertencia una confesión (es el caso de un alzheimer avanzado o alguna otra perturbación mental que lo prive sustancialmente de sus facultades mentales). Valen aquí los mismos criterios arriba señalados. Si se puede entablar un mínimo diálogo con la persona, se la invita, antes de la Unción a que repita con el sacerdote un acto de contrición y se le imparte la absolución, quizás bajo condición. Y lo mismo si el enfermo está consciente pero muy debilitado, de modo que con gran dificultad puede recordar o hablar: el sacerdote lo invita a que se una, en la medida que pueda, al acto de contrición y le imparte la absolución.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el enfermo está consciente y es posible entablar un diálogo con él, el sacerdote debe ofrecerle los sacramentos bajo la perspectiva de la entrega y conversión al Señor, lo que supone la reconciliación y acogida de su misericordia. Lo mismo si es el enfermo quien ha pedido la Unción: con las palabras adecuadas lo invitará a recibir antes la reconciliación sacramental.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué sucede si el enfermo quiere recibir la Unción pero no quiere confesarse? Con prudencia, el sacerdote deberá inquirir el motivo del rechazo de la confesión. Esto es parte del deber del ministro de “formarse un juicio prudente sobre sus disposiciones” (18). Pueden darse dos situaciones diversas. Puede ser, en primer lugar, que el rechazo de la confesión no denote una falta de disposición, ya que el enfermo no quiere confesarse porque lo ha hecho ya en tiempo reciente y no tiene conciencia de pecado grave. En tal caso, por mucho que pueda ser saludable la previa confesión, ya que la Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales (cf. CCE 1458 y c. 988 §2), se puede y debe administrar la Unción.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tampoco denotaría una falta de disposición si el enfermo quisiera confesarse, pero le es muy difícil hacerlo con el sacerdote que lo atiende (por ejemplo, si el sacerdote es un pariente próximo; o si por la amistad o relación que hay con el ministro, al enfermo le da excesiva vergüenza confesarse con él; o alguna otra situación análoga). En estos casos, si es razonablemente posible, se debe llamar a otro sacerdote, pero si por la condición del enfermo, hay urgencia de impartirle los sacramentos, se lo invita a que haga un acto de contrición perfecta, se le imparte la absolución y luego se le administra la Unción.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El mismo criterio se aplica cuando peligra el carácter secreto de la confesión (por ejemplo, en una sala común de un hospital). En ambas situaciones, el enfermo debe ser advertido por el ministro que persiste para él la obligación de hacer una íntegra confesión en cuanto le sea posible. En otros casos, en cambio, el no querer confesarse puede denotar una falta de las disposiciones requeridas para recibir la Unción de los enfermos (y con mayor razón la Comunión). Es el caso, ante todo, de quienes rechazan el sacramento mismo (quienes dicen, por ejemplo, “no creo en la Confesión”; “me confieso directamente con Dios”). Estas personas están rechazando, en la práctica, un aspecto muy importante de la doctrina católica, cual es la enseñanza respecto del perdón de los pecados (y el rechazo a menudo es más amplio, alcanzando, por ejemplo, a la mediación de la Iglesia). Se trata de un pecado contra la fe, que impide recibir unos sacramentos que sólo se entienden dentro de un contexto de fe (cf. CCE 2088) (19).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otros casos, no rechazando el sacramento mismo, algunos no lo ven necesario para ellos o no se sienten todavía preparados. Que la persona diga que no experimenta la necesidad de confesarse no puede bastar para un ministro que busque verdaderamente el bien espiritual del enfermo. En algunos casos, como aludimos en el párrafo anterior, puede ser cierto que la persona no necesite la confesión: es el caso de católicos de práctica habitual y conciencia rectamente formada. Sin embargo, en muchos casos no es así: católicos de escasa práctica religiosa, o por muchos años alejados de la Confesión, necesitan objetivamente abrirse a la gracia del arrepentimiento y del perdón (20). Es un grave deber del sacerdote ayudar a que el enfermo se disponga a la reconciliación, sabiendo que de ello puede depender incluso su salvación. No hacerlo y administrar sin más la Unción sería en el fondo un engaño, infundiendo quizás una falsa paz en el enfermo, transformando el sacramento en un alivio psicológico más que en un signo verdaderamente salvífico, y exponiendo a la persona a un nuevo pecado (21). Si a pesar de todas las exhortaciones del sacerdote, el enfermo persistiera en su negativa de confesarse, se debe posponer la administración de la Unción.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más que denegar se debe hablar de posponer, ya que la experiencia muestra que a menudo un enfermo, que en un comienzo no estaba bien dispuesto, en sucesivas visitas del sacerdote o de otro miembro de la comunidad cristiana, va poco a poco abriéndose a la gracia, y termina teniendo las disposiciones necesarias para recibir los sacramentos con verdadero fruto espiritual (22). Y cuando haya que posponer los sacramentos, no por eso el sacerdote va a dejar de rezar con el enfermo, pudiendo utilizar algún sacramental, como el agua bendita y las bendiciones propias para los ancianos y enfermos que se encuentran en el bendicional (cf. nn. 260 – 324), recordando que los sacramentales tienen justamente por finalidad el disponer a la persona a abrirse a la gracia que se nos da por los sacramentos (Cf. CCE 1667 y 1670).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de estas líneas, he querido iluminar la relación existente entre el sacramento de la Unción de los enfermos y el sacramento de la Penitencia. Lo he hecho desde un punto de vista doctrinal, canónico y pastoral, sabiendo que doctrina, disciplina canónica y pastoral deben ir siempre unidas y se necesitan mutuamente. La pastoral sacramental, como toda acción pastoral, está encaminada a la salus animarum como su finalidad principal, y para poder aprovechar verdaderamente a este fin, debe ser fiel a la verdad de los sacramentos y a la dimensión de justicia inherente a los mismos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es esto lo que he tratado de esclarecer en este artículo. El enfermo necesita ser confortado por la gracia de los sacramentos para poder vivir la enfermedad o la ancianidad en unión a la Cruz de Cristo. Esa necesidad, de la cual puede depender su salvación, se transforma para él en un derecho y en un deber. Un derecho, en relación con los ministros de la Iglesia, a recibir los sacramentos en toda su verdad para que sean verdaderamente salvíficos. Y un deber de recibirlos oportunamente, habiéndose dispuesto adecuadamente para ello.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Aunque hoy día está claro que la Unción no es propiamente el sacramento de los moribundos, tiene que haber sí en el sujeto que lo recibe un comienzo de peligro de muerte, a causa de la enfermedad o la ancianidad (cf. CCE 1514). De ahí que el sacramento tenga siempre una relación eventual con la preparación a la muerte y el paso a la vida eterna.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Lo dicho en este párrafo está tomado de Magnoli, C., Unzione degli infermi, in Celebrare il misterio di Cristo, Vol. II, La celebrazione dei Sacramenti (Ed. Liturgiche, Roma 2001), 319 – 362; y Dalla Mutta, R., Liturgia degli infermi. Studio storico – teologico(Lib. Ed. Vat., Cittá del Vaticano 2012). Estas obras son un estudio muy acucioso de las fuentes litúrgicas, a partir de las cuales se va conociendo el desarrollo de la teología y la práctica pastoral del sacramento de la Unción.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. MP para la aprobación y publicación del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, del Papa Benedicto XVI, año 2005.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Cf. Nicolau, M., La unción de los enfermos. Estudio histórico dogmático (BAC, Madrid 1975), pp. 81; 147 – 148. Los cánones del concilio de Pavía, el año 850, entre otros concilios del primer milenio, reafirman esta enseñanza.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Para lo que se refiere al estudio de los Rituales de los siglos medievales, cf. Dalla Mutta, R., op. cit., pp. 273 – 284. En algunos rituales de fines del primer milenio aparece el rito de la Unción después de la imposición de la penitencia y antes de la Reconciliación; es algo más bien excepcional y que no altera el principio de que la Unción no dispensa del sacramento de la Penitencia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Es obvio que Trento entiende que esta expiación es por el sacramento de la Penitencia, ya que el mismo Concilio enseña que por derecho divino, este sacramento es el medio para el perdón de los pecados cometidos después del bautismo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Cf. Summa Theologica, III, q. 65, arts. 1 y 2.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. Cf. Supplementum, c. 30, art. 1.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Esta síntesis está muy bien expuesta y desarrollada en Cappello, F., De extrema unctionis, (Roma 1932), cap. IV. Y más recientemente, Nicolau, M., op. cit., 139 – 140, llega a conclusiones análogas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña con claridad, siguiendo el Concilio de Trento, que la contrición perfecta así entendida ya perdona los pecados mortales (cf. n. 1452).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. Esta es la doctrina católica. El modo como la Unción puede perdonar los pecados mortales está muy bien expuesto en Cappello, F., op. cit., nn. 139 – 142. Respecto de los veniales, ibid, 144 – 145.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. San Alfonso María de Ligorio, Theologia moralis, Liber sextus, De sacramentis, n. 716.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. Cf. Cappello, F., De poenitentia, Roma, 1929, n. 25 y 347.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Martín de Agar, J.T., Comentario al c. 843, en Comentario Exegético al Código de Derecho Canónico, Vol III/1, Pamplona 2002³, 426.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. Y, además, los sacramentos son sólo un derecho ante el ministro de la Iglesia, no ante Dios, ya que en sí mismos son siempre un don.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. Martín de Agar, J.T., op. cit., 426.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. Para lo dicho en este párrafo, cf. Cappello, F., De extrema unctione, n. 237.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. Ibid., n. 238.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. En la práctica, la experiencia muestra que este rechazo es frecuentemente más superficial de lo que parece y denota muchas veces una desconfianza genérica que fácilmente es superada si el ministro sabe ser acogedor y paciente. A menudo, visitas sucesivas consiguen vencer esa desconfianza.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">20. Y no basta quedarse tranquilo en razón de que el enfermo estaría exculpado por no tener conciencia de pecado, ya que la conciencia errónea puede ser muchas veces culpable. La doctrina católica de la conciencia enseña que el error o la ignorancia no exime siempre de pecado. Cf. GS 16 y CCE 1790 – 1794.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">21. Es doctrina común que es pecado grave recibir un ‘sacramento de vivos’, como es la Unción, en pecado mortal. Cf. San Alfonso María de Ligorio, op. cit., 86.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">22. Y la misma experiencia muestra que cuando el enfermo se dispone finalmente a la reconciliación, la confesión es un verdadero momento de gracia para él que le permite, a menudo al final de la vida, poder confrontar lo que ha sido su vida con la voluntad de Dios.</h5>
&nbsp;

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		<title>La Misericordia de Dios y la Liturgia de la Iglesia - Guillermo Rosas, SS.CC.</title>
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		<pubDate>Sun, 03 Jun 2018 16:22:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.189 (ENERO- MARZO 2016)
Autor: Guillermo Rosas, SS.CC., Director Comisión Nacional de Liturgia
Para citar: Rosas, Guillermo; <em>La Misericordia de Dios y la Liturgia de la Igles</em>ia, en La Revista Católica, Nº1.189, enero-marzo 2016, pp. 20-29.</h6>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/GROSAS_LRC_1189.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La Misericordia de Dios y la Liturgia de la Iglesia
Guillermo Rosas, SS.CC.
Director Comisión Nacional de Liturgia</h4>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia, atributo y obra esencial de Dios, como atestigua profusamente la revelación bíblica y la experiencia creyente, es imposible de describir sin recurrir a otras palabras que, juntas, permiten atisbar mejor su riqueza, hondura y centralidad en la fe cristiana: amor, compasión, ternura, gracia, piedad, perdón, indulgencia. Todo intento por comprender cabalmente la misericordia desde la razón debe rendirse al hecho que ella expresa a Dios mismo, y por eso necesita de la fe para lograrlo.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La mejor descripción de la misericordia está en la experiencia cristiana del Dios encarnado: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre” (1), nos recuerda el Papa Francisco en la bula convocatoria del Jubileo extraordinario de la misericordia. El que “siendo de condición divina no codició el ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo” (Flp 2, 6-7a) y “puso su morada entre nosotros” (Jn 1, 14) es, paradójicamente, el supremo signo de la omnipotencia de Dios que “tanto amó al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). La encarnación y la muerte-resurrección de Jesucristo, ejes litúrgicos en torno a los cuales gira todo el año de las celebraciones de la Iglesia, revelan el extremo de amor a sus criaturas al que Dios llega para librarlas del pecado, de la muerte y de todo lo que las aparte de su designio de vida plena.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Partiendo de una afirmación de Santo Tomás de Aquino: “Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia”; y de la primera parte de la oración Colecta del 26º domingo del Tiempo “Durante el Año”: “Dios nuestro, que manifiestas tu poder sobre todo en la misericordia y el perdón” (2), el Papa hace, en los numerales 6 a 9 de la bula, una breve, pero preciosa síntesis de la misericordia divina en la revelación bíblica.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Misericordia, dice, “es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad… es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro… es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida… es la vía que une a Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado” (3).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La liturgia se sitúa, en la experiencia creyente, en esa “vía que une a Dios y el hombre”. En ella, especialmente en los siete sacramentos y de modo culminante en la Eucaristía, la Iglesia renueva constantemente, en la dinámica dialogal propia de la acción litúrgica, su identidad, su fe y esperanza, y se llena de fuerza para continuar la misión que Jesús le dejó y que la acción del Espíritu Santo fortalece sin descanso. Celebrando el misterio pascual, síntesis y punto focal de la historia de la salvación, la comunidad creyente experimenta permanentemente la misericordia de Dios que gratuitamente regala su salvación, su perdón y su alegría.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia está en el contenido fundamental de todas las celebraciones de la fe cristiana; el misterio pascual, centro de dicho contenido, es el misterio de Dios redentor, que busca incansablemente la conversión y la plenitud de sus creaturas y de su creación, que pese al rechazo de su pueblo siempre vuelve a atraerlo a sí “con lazos de amor” (Os 11, 4), a perdonarlo y a renovar con él su alianza.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde los inicios de la revelación, el creyente responde con su gratitud y su alabanza al favor y a la magnanimidad de Dios. El culto es la expresión ritual de dicha respuesta. Su contenido es siempre, explícita o implícitamente, reconocimiento de la misericordia divina. La oración cultual de los Salmos abunda en ejemplos de ello (4), y lo mismo puede afirmarse de la eucología cristiana. Pero, así como la liturgia invoca a la misericordia como don de Dios, también Dios previene contra el culto que excluya la misericordia como actitud humana. Ya el relato de Caín y Abel aborda la tensión entre el culto y el amor fraterno (5). Por causa de su ofrenda, que no agradó a Yahvé, Caín terminó asesinando a su hermano, cuya ofrenda había agradado a Dios.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El primado de la Misericordia</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Yo quiero misericordia, no sacrificio, conocimiento de Dios, más que holocaustos” (Os 6,6) (6). Esta gran frase bíblica resume en una fórmula mínima la crítica profética del Antiguo Testamento al culto vacío, es decir, exento de una relación consecuente con las actitudes concretas hacia el prójimo, tal como es la voluntad divina (7). Si quienes rinden culto al Dios misericordioso y compasivo, “lento a la cólera y lleno de amor” (Sal 103, 8), al mismo tiempo practican la injusticia, el desdén hacia el pobre e indigente, la insensibilidad para con el débil y el necesitado, tal culto no sirve para nada. Es un culto formal, exterior, que no brota del corazón del hombre. Sin caridad, dirá siglos más tarde san Pablo, el fiel es “como bronce que suena o címbalo que retine” (1Cor 13, 1). Su culto es vacío, no agrada a Dios y no hace su voluntad.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Nuevo Testamento Jesús retoma esta crítica profética. “Si, pues, cuando presentes tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allá, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda” (Mt 5, 23-24). El imperativo del amor al prójimo ocupa para el Señor la cima de su testimonio y de su mensaje. La ofrenda llevada al altar sólo agrada a Dios cuando es signo de una vida que busca hacer su voluntad con los hermanos. ¡Cuántas veces habremos de admirarnos del hecho que en la parábola del juicio final (Mt 25, 31-46) no se halle prueba alguna acerca del culto, sino sola y exclusivamente acerca del amor al prójimo!</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Son, entonces, extraños el culto y la misericordia? ¿Están en contraste nuestra liturgia y la misericordia? Ciertamente no. Es irrefutable que Jesús pone el amor por encima de todo, y la misericordia por encima del culto. O más precisamente, –ya que también el culto es una dimensión esencial de la fe cristiana, tal como lo testimonió y mandó al decir en la última cena: “Hagan esto en recuerdo mío” (Lc 22, 19)– es indudable que el Señor subordina la veracidad del culto (del mismo modo como hace con la Ley) a la ley del amor y la práctica de la misericordia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero la misericordia es, en cierto modo, condición para que la liturgia sea vivida “en Espíritu y en verdad” (Jn 4, 23); es la atmósfera dentro de la cual la liturgia puede respirar y desplegarse en consonancia con el Evangelio, y no como una acción desconectada e incoherente con el resto de las dimensiones de la vida. Decimos “en cierto modo” porque la misericordia de Dios es incondicional; nunca es una retribución debida por determinadas obras del hombre. La crítica profética vapulea no al culto en sí mismo (es decir, su naturaleza: contenidos y formas) sino la contradicción que representa adherir cultualmente a la voluntad de Dios sin adherir a ella interiormente y esforzarse por obrar en consecuencia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el fiel que entra en el tiempo y en el espacio litúrgico no entra con todo su ser en la dinámica del Evangelio, su culto puede ser vano. Se contradice, pues alaba y dialoga con Dios misericordioso, y más aún, se dispone a recibir de Él gracia y misericordia, cuando él mismo no la practica con su prójimo. Afirma en la oración lo que niega en la vida; lleva al altar una ofrenda que lo acusa, que le enrostra su inconsecuencia; realiza un culto formal, pero falto de verdad evangélica; un culto hipócrita, que aparenta piedad, pero no cumple la voluntad de Dios; reduce la liturgia a una acción ritual que no es signo de una vida que busca cumplir el mandato del amor. La liturgia sin misericordia, en vez de ser “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (LG 11), manifestando así la coherencia entre el culto y las demás dimensiones de la vida de los creyentes, muy especialmente la dimensión moral, rompe la continuidad y se yergue en juez que acusa la inconsecuencia de los discípulos. Si “la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” (SC 10), no puede sino reclamar de quienes la celebran la fidelidad al mandato del amor como condición de un culto “en Espíritu y en verdad”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La Misericordia en la Liturgia</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La liturgia, encuentro con Jesucristo de la asamblea para celebrar la fe y acoger la gracia que Dios derrama sobre sus fieles, es un lugar y un momento privilegiado para conocer y recibir la misericordia divina. Dentro del conjunto de la liturgia, los siete sacramentos y algunos sacramentales ocupan un lugar eminente como cauces, cada uno a su manera, de la misericordia divina.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesucristo, “rostro de la misericordia del Padre”, es el centro de la liturgia de la Iglesia. En toda acción celebrativa es posible experimentar la misericordia de Dios porque la liturgia está fundada sobre el misterio pascual, misterio de amor supremo: el de la entrega de Cristo a la muerte por la humanidad entera; el del Padre que no deja a la muerte y al pecado la última palabra, resucitando al Hijo de entre los muertos, y el del Espíritu, beso que une al Padre y al Hijo (8) y efusión de paz, fuerza y valentía para los discípulos de Cristo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia se derrama cada vez que, en la liturgia, los fieles entran en íntima relación con Jesús y de él reciben la gracia propia de los signos sacramentales. “Cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza” (9). La misericordia se derrama sobre la criatura irredenta (bautismo), sobre la fragilidad del bautizado (confirmación), sobre el hambriento y sediento del “pan cotidiano” (eucaristía), sobre el pecador (reconciliación), sobre el enfermo o moribundo (unción de los enfermos), sobre la pareja que se ama e inicia su vida de familia (matrimonio), sobre el hombre o la mujer que consagran su vida al seguimiento radical de Cristo (profesión religiosa) o sobre el bautizado llamado a seguir a Cristo servidor y sacerdote (orden). En cada sacramento, sacramental o acción litúrgica la misericordia adquiere una tonalidad particular, tocando esta o aquella dimensión de la vida del fiel que necesita ser renovada, fortalecida, sanada o alimentada por la gracia de Dios.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, hay tres sacramentos en los que de modo muy especial la misericordia se hace presente como un inclinarse de Dios ante la fragilidad y necesidad del hombre: la eucaristía, la reconciliación y la unción de los enfermos. En ellos la mano del Señor se extiende casi físicamente para dar a comer y beber su Cuerpo y Sangre, para perdonar al pecador arrepentido y para ungir al enfermo o moribundo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Misericordia y Eucaristía</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ser la celebración que actualiza el misterio pascual de Cristo, la eucaristía es el sacramento que nos hace sacramentalmente contemporáneos de la suprema obra de amor de Dios por la humanidad: es el “sacramento de la caridad”, como lo llama el Papa Benedicto (10): “Sacramento de la caridad, la Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por  cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquél que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (cf. Jn 15,13). En efecto, Jesús «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1)”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su carácter de memorial objetivo, no de mero recuerdo subjetivo, introduce a la asamblea y a cada uno de sus fieles en el misterio del sacrificio de Jesús, celebrado en forma de cena convival, en la que él renuncia voluntariamente a su vida por amor a la humanidad. “Hagan esto en conmemoración mía”, dice el propio Cristo por boca del sacerdote que celebra presidiendo in persona Christi Capitis. La eucaristía hace sacramentalmente presente y actual el amor extremo de Jesús crucificado, por medio de los signos que el mismo, pocas horas antes de morir, quiso dejar a sus discípulos como memorial perpetuo de la misericordia divina. La comunión sacramental, propia de la cena, es de cierto modo un “comer” y “beber” ese inmenso amor de Dios en Jesucristo para imitarlo. Por eso, llevar la ofrenda sin esforzarse en la práctica cotidiana de los valores evangélicos la puede hacer vana; no se puede celebrar sin aquella “coherencia eucarística” de la que habla el Papa Benedicto en Sacramentum Caritatis 83.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En la Eucaristía”, dice el Papa emérito en esa misma carta, “Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo. (…) De ese modo, en las personas que encuentro reconozco a hermanos y hermanas por los que el Señor ha dado su vida amándolos «hasta el extremo» (Jn 13, 1). Por consiguiente, nuestras comunidades, cuando celebran la Eucaristía, han de ser cada vez más conscientes de que el sacrificio de Cristo es para todos y que, por eso, la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse «pan partido» para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno. Pensando en la multiplicación de los panes y los peces, hemos de reconocer que Cristo sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona: «dadles vosotros de comer» (Mt 14, 16). En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo” (11).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No sólo los ritos medulares de la eucaristía evocan la misericordia divina. El acto penitencial, al modo del sacramento de la penitencia, observa la dinámica dialogal propia de la liturgia: los fieles piden perdón, reconociendo su pecado con la antigua invocación del “Kyrie, eleison, Christe, eleison, Kyrie, eleison” (Señor, Cristo, ten piedad; es decir: míranos con compasión, regálanos tu favor) y luego el sacerdote pronuncia la absolución con las palabras: “Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna”. La Liturgia de la Palabra, por su parte, es fuente permanente de misericordia al favorecer el contacto vivo de la asamblea con el propio Jesucristo, Palabra de Dios que habla a su pueblo reunido. La bendición con la que toda eucaristía termina, y que en algunos tiempos y ocasiones festivas se hace “solemne”, es la última acción que muestra cómo la liturgia busca ser instrumento y signo de la misericordia de Dios.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Misericordia y Reconciliación</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacramento en el cual la misericordia divina puede hacerse más palpable para el fiel es el de la penitencia o reconciliación. “El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino es un regalo, es don del Espíritu Santo, que nos colma de la abundancia de la misericordia y la gracia que brota incesantemente del corazón abierto del Cristo crucificado y resucitado”, afirma el Papa Francisco en una de sus catequesis. (12)</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia se hace más patente cuando se derrama sobre la fragilidad, la indigencia y la miseria humana. De acuerdo con la etimología, es precisamente a la miseria de la criatura a la que el corazón de Dios de vuelve con entrañas de amor gratuito, sobreabundante, cuando hablamos de su “misericordia”. El pecador arrepentido, dolido y consciente de su falta, dispuesto a la conversión y a la reparación de su pecado, enternece a Dios y desencadena en Él la dinámica de su amor compasivo y misericordioso.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia está presente, como atributo de Dios, en la fórmula sacramental del sacramento de la penitencia: “Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del padre, y del hijo y del Espíritu Santo”. De allí que quien administra este sacramento deba poner tanto cuidado en trasmitir lo mejor que pueda la actitud misericordiosa de Dios, quien es la fuente del perdón que el ministro da en su nombre y en el de la Iglesia. “Los apóstoles y sus sucesores –los obispos y los sacerdotes que son sus colaboradores– se convierten en instrumentos de la misericordia de Dios. Actúan in persona Christi. Esto es muy hermoso”, dice el Papa (13).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La acogida al penitente, la escucha atenta y silenciosa, sin apurar lo que parezca verdaderamente importante de la confesión, las palabras que le dirija luego para orientarlo, consolarlo y animarlo, la serenidad para administrar la absolución, los gestos corporales que acompañen la despedida, todo lo que hace y dice el ministro de la Iglesia debe contribuir a que el pecador arrepentido experimente un encuentro sanador con el propio Dios misericordioso y compasivo. “Celebrar el Sacramento de la Reconciliación”, dice Francisco, “significa estar envueltos en un abrazo caluroso: es el abrazo de la infinita misericordia del Padre” (14).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el sacramento de la reconciliación bien celebrado, la misericordia no tiene por qué estar en contradicción con el juicio ni con la justicia de la reparación por el pecado cometido. “Cuanto más grande es el pecado, mayor debe ser el amor que expresa la Iglesia hacia quienes se convierten”, dice el Papa Francisco (15). Es precisamente la gracia sobreabundante y misericordiosa de Dios, la que hace consciente al hombre perdonado de la necesidad de convertirse, de la justicia de reparar el daño causado si es posible hacerlo, y de responder con su conversión y la santidad de su vida.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Misericordia y Unción de los enfermos</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fragilidad del pecador, la debilidad del enfermo y la extrema miseria del moribundo hallan consuelo en el sacramento de la unción de los enfermos, que en palabras del Papa Francisco “nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre” (16).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El conocido texto de la Carta de Santiago (17) muestra cómo, desde las primeras generaciones de cristianos, los enfermos eran objeto de una particular atención de la Iglesia. En continuidad con toda la historia de la salvación, se revela aquí un Dios que tiene una especial predilección por los más débiles, sufrientes y necesitados, y una Iglesia que se sabe continuadora de esa misma actitud y misión entre los hombres. La institución de un sacramento específico para atender la situación de la enfermedad y la agonía muestra hasta qué punto estas situaciones, habituales en la vida humana, han sido siempre objeto de compasión y asociadas a la misericordia de Dios por sus criaturas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacramento de la unción, que en otras épocas de la historia llegó a ser exclusivo del momento de la agonía, transformándose en un sacramento de los moribundos más que de los enfermos, fue reformado según su contenido y forma más bíblica y tradicional y recobró su carácter de sacramento de los enfermos, que puede ser recibido cuantas veces una persona se halle en dicha situación. El ritual, consciente de que el enfermo sufre una situación que a veces lo postra por largos períodos, y que la enfermedad acarrea una serie de otros sufrimientos asociados, no se limita al rito de la unción propiamente tal, sino que se refiere a una pastoral más amplia de los enfermos y considera la enfermedad humana desde su significación en el misterio de la salvación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También en la fórmula sacramental de la unción de los enfermos está presente la misericordia, enriquecida con el adjetivo de bondadosa, como para reforzar la ternura de Dios que se inclina con su gracia sobre el fiel que experimenta todo el peso de su humana fragilidad: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad” (18).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misericordia de Dios se manifiesta con particular fuerza también en este sacramento, ya que como dice el Papa Francisco, “es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada –ni siquiera el mal y la muerte– podrá jamás separarnos de Él” (19).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Misericordiae Vultus 1.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Oración Colecta que retoma una antigua pieza eucológica del Sacramentario Gelasiano (siglo VIII). La versión latina es: “Deus, qui omnipotentiam tuam parcendo maxime et miserando manifestas, gratiam tuam super nos indesinenter infunde, ut, ad tua promissa currentes, caelestium bonorum facias esse consortes”. En una traducción castellana más directa del original: “Oh Dios que nos das la prueba suprema de tu omnipotencia perdonando y teniendo misericordia, derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando tus promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales.” Cf. “Las Oraciones del Misal. Escuela de Espiritualidad de la Iglesia”, de Cornelio Urtasun, Centre de Pastoral Litúrgica, Biblioteca Litúrgica 5, Barcelona 1995, p.568-572.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Misericordiae Vultus 2.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. “Vuélvete, Yahvé, restablece mi vida, ponme a salvo por tu misericordia” (Sal 6, 5);  “Acuérdate, Yahvé, de tu ternura y de tu amor, que son eternos” (Sal 25, 6); “Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa ternura borra mi delito” (Sal 51, 3); “Misericordia, oh Dios, misericordia, que busco refugio en ti” (Sal 57, 2); “Cantaré por siempre el amor de Yahvé” (Sal 89, 2); “Bueno es Yahvé y eterno su amor, su lealtad perdura de edad en edad” (Sal 100, 5); “Yahvé es clemente y compasivo, lento a la cólera y lleno de amor” (Sal 103, 8); “¡Den gracias a Yahvé porque es bueno, porque es eterna su misericordia!” (Sal 106,1; 107, 1); “Den gracias (ó: Alaben) a Yahvé, porque es bueno” (Sal 118, 1. 29; 135, 3; 136, 1); “Porque es eterno su amor, 26 veces en el Sal 136).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Gén 4, 1-8. La primera acción cultual que relata la Biblia es la ofrenda del pastor y del labrador, que por medio de ella agradecen a Dios el fruto de la tierra y de su trabajo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Citado en Mt 9, 13.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Se trata del culto exterior, formalista, al que se alude también en Am 5, 21-24; en 1Sam 15, 22; en Is 1, 10-17; Is 29, 13 (citado en Mt 15, 8-9); Is 58, 1-8; en Miq 6, 6-8; en Zac 7, 4-10; Sal 40, 7-9; 50, 14-23; 51, 18-19; y en el NT en Mt 7, 21; en Lc 11, 39-42; en Jn 4, 20-24; en Heb 10, 1-10.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. De acuerdo con la sugestiva imagen de San Bernardo de Claraval, en su Sermones sobre el Cantar de los Cantares, 8, i, 1-2.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Sacrosanctum Concilium 7.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis 1 (febrero de 2007).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. Sacramentum Caritatis 88.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Catequesis del Papa Francisco sobre el sacramento de la Reconciliación en la Audiencia general del miércoles 19 de febrero de 2014.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. El nombre de Dios es misericordia, entrevista al Papa Francisco de Andrea Tornielli, Ed. Planeta.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Audiencia general 19 febrero 2014.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. Tweet del Papa Francisco, 18 de marzo de 2016.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. Catequesis del Papa Francisco sobre el sacramento de la Unción de los enfermos en la Audiencia general del 26 de febrero de 2014.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. St 5, 14-15: “¿Está enfermo alguno entre ustedes? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. “Per istam sanctam unctionem et suam piisimam misericordiam adiuvet te dominus gratia Spiritus Sancti ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. Audiencia general 26 febrero 2014.</h5>
&nbsp;

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<h5 style="text-align: justify;">"Mural del Hijo Pródigo" pintado por la hermana Francis Robles, ubicado en el templo ocupado hasta 2013 por la comunidad de religiosas Agustinas de la Conversión, Becerril del Campo, Palencia, España.</h5>]]></content:encoded>
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		<title>Cuarta y última fase del proceso de Nulidad Matrimonial Canónico (4/4)- Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jun 2018 22:55:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.188 (OCTUBRE-DICIEMBRE 2015)
Autor: Jaime Ortiz de Lazcano, Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano
Para citar: Ortiz de Lazcano, Jaime; <em>Cuarta y última fase del proceso de nulidad matrimonial canónico</em>, en La Revista Católica, Nº1.188, octubre-diciembre 2015, pp. 292-299.</h6>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/JORTIZ_LRC_1188.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Cuarta y útlima fase del proceso de nulidad matrimonial canónico
Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.
Vicario Judicial
Tribunal Eclesiástico Metropolitano</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En artículo anterior, pudimos conocer con detalle en qué consisten las fases instructoria y decisoria del proceso de nulidad canónico. La fase instructoria, que es la más extensa, tiene que ver con la recogida de pruebas. Hay que considerar que los Jueces que finalmente se van a pronunciar, lo harán en base al conjunto de pruebas que tendrán en sus manos. Se puede afirmar que, cuando en una causa de nulidad matrimonial, la fase instructoria ha sido bien hecha, entonces los Jueces no tendrán dificultad en acercarse a la certeza moral que el Código de Derecho Canónico exige, y así hacer justicia. Sin embargo, si la fase instructoria, es decir, toda la recogida de pruebas se ha realizado de manera deficiente, entonces difícilmente los Jueces podrán alcanzar la mencionada certeza moral, es decir, acercarse lo más posible a la verdad de los hechos. Tan importante es la fase instructoria, que de cómo ésta se desarrolle, depende el futuro del proceso y por tanto, una sentencia justa o injusta.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Recordamos una vez más que la investigación que el Tribunal Eclesiástico realiza, se centra en el momento del consentimiento, del ‘sí quiero’, para determinar si el consentimiento que el hombre y la mujer emitieron el día de la boda, fue suficiente para hacer nacer el vínculo sacramental, o si por el contrario ése consentimiento, ese ‘sí quiero´, estuvo afectado de manera grave por algún tipo de impedimento, vicio o incapacidad, haciendo entonces que el vínculo sacramental, el sacramento no naciera.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que el Vicario Judicial estima que la cantidad de pruebas que se han recogido son suficientes, entonces luego de haber decretado la publicación de los autos del proceso, y de que tanto las partes a través de sus abogados como el Defensor del Vínculo han revisado los mismos, se decreta la conclusión de la causa, la cual dictamina el final de la fase instructoria y el inicio de la fase discusoria, en la cual las partes, a través de sus abogados y el Defensor del Vínculo tienen la posibilidad de presentar sus argumentos, tesis, etc. Igualmente se da, como el nombre de la fase lo indica, una constructiva discusión, en la que los argumentos y puntos de vista son cotejados y analizados. Es el Vicario Judicial el que por una parte garantiza que todos puedan ejercer su derecho a argumentar, así como a la réplica, y por otra parte decide que la discusión ya se ha agotado y entonces se puede pasar a Sentencia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llegados a este punto, los Jueces reciben una copia del expediente entero y lo estudian acuciosamente antes de reunirse en audiencia privada para sentenciar la causa. El Colegio de Jueces es siempre de tres miembros, de ellos, uno es el Juez Presidente, que siempre es sacerdote, y es el más importante en cuanto a su encargo judicial, experiencia, preparación, etc. El segundo miembro del Colegio de Jueces es el Juez Ponente, es decir, aquel que tendrá que, una vez sentenciada la causa y levantado el acta de la misma, redactar la Sentencia; este Juez puede ser clérigo o laico, pero ha de tener una vasta experiencia, pues tiene que redactar la Sentencia. El tercer miembro del Colegio de Jueces es el Juez Integrante, puede ser clérigo o laico.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Extraordinariamente, y con el permiso especial de la Conferencia Episcopal, se pueden formar Turnos Unipersonales o Monocráticos, es decir, de un solo Juez. El Código de Derecho Canónico reserva esta posibilidad para situaciones extremas, en donde no hay la forma de poder constituir un colegio de tres Jueces, y antes de que en ese lugar no haya justicia, se permite que el Juez sea único.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para casos muy especiales o particularmente difíciles, emblemáticos, etc., el Vicario Judicial puede constituir turnos de cinco o siete Jueces. Esta posibilidad es bastante inusual. Lo normal, como ya hemos tenido ocasión de afirmar es que el Colegio de Jueces esté constituido por tres, de los cuales, luego de las nuevas normas promulgadas por el Papa Francisco a través del Motu Proprio ‘Mitis Iudex Dominus Iesus’, se da la posibilidad de que dos de los Jueces sean laicos, si bien el Juez Presidente siempre tiene que ser Sacerdote.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la formación de los Jueces, el Código de Derecho Canónico exhorta a que todos los Jueces sean Doctores o al menos Licenciados en Derecho Canónico. Excepcionalmente, podrán actuar como Jueces, sacerdotes o laicos que, sin tener el título o grado en derecho canónico, sí que tienen la dispensa de grado otorgada por el Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, la cual después de haber revisado el currículum del candidato y de haber escuchado las razones y motivos del Moderador del Tribunal, decide conceder la dispensa de grado. Hay que decir que aquello que el Código de Derecho Canónico prescribe como una excepción para casos de extrema dificultad y particularidad, sin embargo, en Chile es algo, lamentablemente, demasiado habitual. Y esto en todos los Tribunales del país, ya sean de primera que de segunda instancia. Sirva como ejemplo, que de los trece Jueces que conforman el Tribunal Interdiocesano y Metropolitano de Santiago, sólo menos de la mitad tienen la titulación canónica, y de estos la mitad son Doctores y la otra mitad Licenciados en derecho canónico. Evidentemente que aquí se abre un desafío grande para todos los Obispos del país en lo que se refiere a una mejor formación y capacitación de los agentes judiciales de la Iglesia en Chile.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volviendo al momento de la Sentencia, una vez que los Jueces han estudiado con detalle la copia del expediente que recibieron, se fija la fecha para la Sentencia. Una vez que se reúnen en la fecha prevista, el Juez Presidente hace una oración, que es la misma con la que el Tribunal del Santo Padre inicia sus reuniones, la cual a su vez es un extracto de la oración empleada en las reuniones deliberativas del Concilio Vaticano II:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>“¡Espíritu Santo y Señor!, aquí estamos,</em>
<em>Impedidos por la gravedad del pecado,</em>
<em>pero especialmente congregados en tu Nombre.</em></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Ven y permanece con nosotros;</em>
<em>dígnate descender a nuestros corazones.</em></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Enséñanos qué hemos de hacer,</em>
<em>hacia dónde dirigir nuestros pasos,</em>
<em>y muéstranos lo que hemos de realizar</em>
<em>para poder agradarte en todo con la ayuda de tu gracia;</em>
<em>sé también el único inspirador y realizador de nuestros juicios.</em></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Ya que amas la perfecta justicia,</em>
<em>no permitas que nosotros la perturbemos,</em>
<em>que la ignorancia no nos desvíe de lo que es recto,</em>
<em>ni nos incline la simpatía</em>
<em>ni nos corrompan las dádivas o la acepción de personas.</em></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Únenos eficazmente a Ti por el sólo don de tu gracia,</em>
<em>a fin de que en ti conservemos la unidad</em>
<em>y nunca nos apartemos de la verdad.</em>
<em>Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén”.</em></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recitada la oración, el Juez Presidente concede la palabra al Juez Ponente, el cual expone los elementos fundamentales en la forma y en el fondo sobre cómo se ha desarrollado el proceso. Posteriormente, el Ponente entrega su parecer personal escrito en un Voto. Seguidamente el Juez Presidente concede la palabra al Juez Integrante, el cual también expresa su parecer en un Voto escrito. Finalmente, el Juez Presidente expresa también su parecer personal en un Voto escrito. Emitidos los pareceres de los Jueces, se abre la discusión, siempre y cuando los Jueces no estén de acuerdo. Lo cierto es que son distintos los escenarios que se pueden presentar: Desde la posibilidad que los tres Jueces estén de acuerdo desde el principio, con lo que la sesión será corta (1/2 hora aproximadamente), hasta la posibilidad que los tres Jueces estén de desacuerdo, y en ese caso la discusión será larga (3 horas aproximadamente). Normalmente, en la mayor parte de las ocasiones en las que se da la discusión, finalmente los tres Jueces logran ponerse de acuerdo, acercar posiciones, para lo cual la discusión es fundamental, y así fallar por unanimidad.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En aquellas ocasiones en las que después de la discusión no hay forma de que los Jueces se pongan de acuerdo, pueden ocurrir dos cosas: O bien que el fallo sea por minoría, es decir con un Voto Disidente, o dicho de otra manera, dos a uno; o bien el Juez Presidente decide posponer la decisión, dejando una o dos semanas de tiempo para que los Jueces estudien mejor la causa, y esperando que en la próxima sesión los Jueces se puedan poner de acuerdo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, cuando los Jueces no se pronuncian puesto que les parece que hay pruebas importantes que no se han obtenido, entonces los Jueces pueden decidir la realización de un Suplemento Instructorio, a través del cual se instruyen nuevas diligencias, es decir, la obtención de nuevas pruebas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez, entonces, que los tres Jueces emiten la Sentencia, entonces se levanta Acta de la misma, especificando quienes son los Jueces y el Notario, y la decisión que toman. Hay que recordar, que lo que hacen los Jueces es responder únicamente a la duda que se formuló en la sesión de Concordancia del Dubio. Por lo tanto, los Jueces responden al Dubio planteado (por ejemplo: Si el matrimonio X – Y es nulo por lo que indica la causal Z relativa a una o a ambas partes).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez sentenciada la causa y firmada el acta de la misma, el Juez Ponente tiene que redactar la Sentencia, para lo cual necesita un tiempo prudente, que suele ser entre dos semanas y un mes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Sentencia tiene cinco partes:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a) la primera es el encabezamiento, en donde se ponen los datos fundamentales de las partes y de los agentes judiciales que han intervenido en el proceso, así como del desarrollo del proceso: Decretos, fechas, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b) La segunda es la ‘Facti Species’, es decir, un resumen de la historia, de la contienda, de lo que pasó, desde datos de la infancia, adolescencia y familia de las partes, etc., del pololeo, la decisión de casarse, la preparación y realización de la boda, la luna de miel, y todo el tiempo de convivencia conyugal hasta que se produce la separación definitiva. Finalmente se describe también cuál es la situación actual de las partes, es decir, si están solos o si tienen alguna relación o han formado un nuevo núcleo familiar.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c) La tercera parte es el ‘In Iure’, es decir toda la argumentación en derecho. En este apartado hay que mostrar tanto la doctrina canónica que ilustra precisamente la causal o causales que se invocan, como la Jurisprudencia que existe sobre esas causales, es decir las Sentencias anteriores que tratan situaciones similares. Hay que notar que sólo las Sentencias del Tribunal Apostólico de la Rota Romana generan este tipo de precedente que se llama ‘jurisprudencia’. Este apartado ha de ser concreto, pues no se trata de poner páginas y páginas de doctrina canónica y de jurisprudencia, sino el describir precisamente aquellas que más se asemejan a la situación del presente proceso.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d) La cuarta parte es el ‘In Facto’, es decir, el análisis de todas las pruebas que el proceso recoge, escogiendo y evidenciando aquellas más importantes. Al final de este apartado, se escribe la conclusión, en la que se articula el parecer de los Jueces, es decir, la certeza y verdad a la cual han llegado los Jueces luego de toda la investigación, desarrollando los pasos que se dieron y que llevaron a las partes a tomar una decisión equivocada. Esta es la parte más importante de la Sentencia, pues es donde se descubre el hilo conductor de lo que en realidad ocurrió, entregando una luz especial para entender la contienda conyugal.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">e) La última parte es la Parte Dispositiva, en la que se invoca el Santo Nombre de Dios, y se responde a la Fórmula de Dudas, fallando en favor del vínculo, o fallando en favor de la nulidad. Además de las firmas de los Sres. Jueces y del Notario, se ponen las provisiones canónicas propias del final de una Sentencia: Si se impone Veto o no, el plazo para poder Impugnar la Sentencia, las Costas Judiciales, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay que recordar que el canon 1060 del Código de Derecho Canónico manifiesta que el ‘matrimonio goza del favor del derecho’, lo que significa que en caso de duda los Jueces fallarán a favor del vínculo, y solo en el caso de que tengan certeza de la nulidad, fallarán en favor de ésta.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la Sentencia puede ir anexa la imposición de un Veto para volver a casarse sin la autorización del Tribunal que impuso el Veto. Esta situación que viene tipificada en el canon 1684§1 del Código de Derecho Canónico, hace presente una medida cautelar y, tanto de ayuda a la parte que se le ha impuesto, como de defensa del matrimonio mismo. Evidentemente cuando un matrimonio ha sido declarado nulo por una causal concreta, no es difícil que el Tribunal imponga esta prohibición para volver a casarse, precisamente para asegurarse de que la persona no va a cometer el error de nuevo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Eventualmente, si transcurrido un tiempo la persona que tiene interpuesto un Veto quiere casarse, tendrá que solicitar al Vicario Judicial del Tribunal que le impuso el Veto, su alzamiento. Para esto se sigue un pequeño ‘iter’ o procedimiento: El Vicario Judicial luego de haber estudiado el expediente de nulidad, entrevista a la parte; la parte es enviada a un Perito del Tribunal para que establezca cuál es en la actualidad su madurez psicológica, y si ha superado en todo o en parte la dificultad que tuvo en el momento del consentimiento de su anterior matrimonio. Mientras la parte va al Perito psicólogo, el Vicario Judicial entrevista a la persona con la cual la parte se quiere casar, para verificar que conoce bien la situación de nulidad de su futuro consorte. Incluso en no pocas ocasiones viven ya juntos, con lo que el testimonio de esta persona se hace muy importante.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que el Perito psicólogo entrega al Vicario Judicial el informe pericial, el Vicario Judicial se lo envía al Promotor de Justicia designado para el caso, de manera que presente su parecer personal y manifieste si cree que se puede alzar el Veto o no, así como los motivos. Finalmente, con toda la información recabada de las entrevistas, del informe pericial y de las observaciones del Promotor de Justicia, el Vicario Judicial decide si puede decretar el alzamiento del Veto o no. Si no lo hace, tiene la obligación de explicar el por qué y de proporcionar el acompañamiento psicológico, humano, espiritual, etc. a la parte. Si el Veto es levantado, hay que notificar a la parroquia en la que la persona fue bautizada, para anotar el alzamiento del Veto en el Libro de Bautismo, nota marginal.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que la Sentencia ha sido redactada por el Juez Ponente, entonces los Jueces se reúnen de nuevo para firmar la Sentencia. Seguidamente se decreta la Publicación de la Sentencia y se procede a su Notificación a las partes involucradas. A partir del momento de la publicación y notificación de la Sentencia, entonces comienzan a contar los plazos que las partes tienen para impugnar la Sentencia si es que no están de acuerdo con el fallo, o piensan que el fallo lesiona gravemente sus intereses. El canon 1630 CIC estipula un plazo perentorio de 15 días para impugnar la Sentencia. El método más habitual de impugnación es la Apelación. El otro modo de Impugnación de la Sentencia es la Querella de Nulidad Insanable. Esta última se presenta cuando la Sentencia presente graves fallas o defectos en su redacción y/ó argumentación; o cuando a alguna de las partes se le ha denegado el derecho a la defensa, etc. No obstante, ya hemos afirmado que el método más habitual de impugnación es la Apelación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si hay Apelación, entonces inmediatamente los autos del proceso se elevan al Tribunal de Alzada, en el caso de Chile es el Tribunal Nacional Eclesiástico de Apelación, que es único para todo Chile. El Tribunal de Apelación al recibir la Apelación verá si la Sentencia de primera instancia se puede confirmar por Decreto, o si por el contrario tiene que repetir todo el ‘iter’ procesal que se hizo en el Tribunal de Primera Instancia. Si se sigue la primera posibilidad, entonces el tiempo de espera será más corto, entre cuatro y seis meses. Si hay que repetir de nuevo todo el proceso, entonces los tiempos se alargan, pudiendo demorarse entre uno y dos años, y terminando con una Sentencia de Segunda Instancia, la cual puede o bien confirmar la Sentencia de Primera Instancia o bien contradecirla.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con las nuevas normas promulgadas por el Papa Francisco y que acaban de entrar en vigor el pasado ocho de diciembre, basta una Sentencia para que la misma sea ejecutiva y genere efectos canónicos. Por lo tanto, sólo en el caso de que la Sentencia de Segunda Instancia sea distinta de la emanada por el Tribunal de Primera Instancia, y que se siga el Recurso de Apelación, entonces será necesario una Tercera Instancia, para la cual la competencia la tiene el Tribunal Apostólico de la Rota Romana. Sin perjuicio del derecho que concede el Código de Derecho Canónico así como las nuevas normas de que, también si la parte quiere, después de la Sentencia de Primera Instancia, puede Apelar directamente a la Rota Romana.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dado que el pasado ocho de diciembre han sido promulgadas por el Papa Francisco con el Motu Proprio “Mitis Iudex Dominus Iesus”, las cuales significan cambios sustanciales en el proceso de nulidad matrimonial canónico que he tenido ocasión de explicar y desarrollar en los cuatro artículos de este año 2015, espero tener la oportunidad el año que viene 2016 de poder explicar estas nuevas normas.</h5>
&nbsp;

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&nbsp;
<h5>Autor: Manuel Bruno Usai</h5>]]></content:encoded>
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		<title>La fase instructoria en el proceso de nulidad matrimonial canónico (3/4) - Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/06/la-fase-instructoria-en-el-proceso-de-nulidad-matrimonial-canonico-3-4-jaime-ortiz-de-lazcano-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 02 Jun 2018 22:18:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.187 (JULIO-SEPTIEMBRE 2015)
Autor: Jaime Ortiz de Lazcano, Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano
Para citar: Ortiz de Lazcano, Jaime; <em>La fase instructoria en el proceso de nulidad matrimonial canónico</em>, en La Revista Católica, Nº1.187, julio-septiembre 2015, pp. 244-253.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/JORTIZ_LRC_1187.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La fase instructoria en el proceso de nulidad matrimonial canónico
Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.
Vicario Judicial
Tribunal Eclesiástico Metropolitano</h4>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En el capítulo anterior desarrollamos toda la primera fase del proceso de nulidad matrimonial canónico, en el cual el Vicario Judicial, luego de revisar el Escrito de Demanda redactado por el Procurador de la Parte Actora, es decir, el Abogado Eclesiástico que la patrocinará y representará ante el Tribunal, acoge la Demanda y así redacta el Decreto de Admisión de la Demanda. Junto con esto, el Vicario Judicial constituye el Tribunal que va a conocer este proceso en particular, y a través de un Decreto, nombra al Turno de Jueces que van a conocer y sentenciar la causa, el Defensor del Vínculo, el Auditor y el Notario. Para las causas de nulidad matrimonial, el derecho canónico obliga a que el Colegio de Jueces esté compuesto por tres Jueces, de los cuales uno es el Juez Presidente del Colegio (normalmente el Juez más antiguo, o el que tiene el cargo más importante), otro es el Juez Ponente (es el que Redactará finalmente la Sentencia), y finalmente está el Juez Integrante (es el que integra y completa el Turno Colegial). En ocasiones puede darse que el Juez Presidente sea también el Juez Ponente, siendo los dos Jueces restantes Integrantes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la composición del Turno o Colegio de Jueces, puede ser de dos maneras: O bien tres Sacerdotes, o bien dos Sacerdotes y un Laico. No obstante, el Juez Presidente tiene que ser siempre Sacerdote. Para situaciones extraordinarias, el Código de Derecho Canónico prescribe la posibilidad, con el consentimiento de la Conferencia Episcopal del país, a que el Turno o Colegio pueda ser Unipersonal o Monocrático, es decir, de un solo Juez. En Santiago no se da esta figura, pues como he podido afirmar, se trata de situaciones extremas, no de una ciudad de casi siete millones de habitantes y con una configuración del Clero que supera los 350 Sacerdotes. (Una situación extraordinaria podría ser por ejemplo, una diócesis pequeña, que tiene muy pocos Sacerdotes y en donde es muy difícil encontrar Sacerdotes o Laicos con la preparación suficiente como para conocer y juzgar las causas. En ese caso, antes de que no haya justicia porque no se puede constituir un Turno de tres Jueces, se concede que un solo Juez pueda juzgar y así hacer justicia). No obstante, insisto que el Código de Derecho Canónico, prevé esta posibilidad para situaciones muy especiales y extremas. Para aquellos casos y procesos más contenciosos y difíciles, la ley canónica da la posibilidad de que el Vicario Judicial constituya Turnos de cinco o siete Jueces.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Defensor del Vínculo es aquel que defiende el vínculo sacramental, viene a ser como un Fiscal del Sacramento del Matrimonio. Su cometido es custodiar y vigilar a lo largo de todo el proceso, que no se actúe en contra del vínculo sacramental si éste efectivamente está, pues el Sacramento es indisoluble. Tanto es así, que a lo largo del proceso puede presentar excepciones, observaciones, y finalmente incluso impugnar la Sentencia definitiva de Primera Instancia. Si posteriormente sigue en la Segunda Instancia, sigue vigilando y puede también impugnar la Sentencia de Segunda Instancia. Su rol termina cuando el proceso ha terminado definitivamente. El Defensor del Vínculo puede ser Sacerdote o Laico, si no tiene el grado de Licenciado o Doctor en Derecho Canónico, se deberá pedir la Dispensa de grado al Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Auditor, es la persona a la que el Vicario Judicial le delega para que recoja las pruebas tanto testimoniales cuanto documentales. Así entonces, interrogará y tomará declaración a las Partes (Parte Actora: La que solicita la nulidad al Tribunal; y Parte Convenida: La que ha sido Demandada por su ex – cónyuge). Además, toma declaración a los Testigos que ambas Partes han propuesto, recoge la documentación que sea necesaria, tanto médica como de otro interés, etc. El Auditor puede ser Sacerdote o Laico, no se le exige grado de Licenciado o Doctor en Derecho Canónico, pero se le recomienda que lo posea.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Notario es una persona de trascendental importancia tanto en el proceso como en el Tribunal, pues es el que da fe pública de todos los actos que en el Tribunal se realizan. Sin la firma del Notario, ningún documento tiene validez jurídica. Él tiene que estar presente en cada uno de los momentos del proceso, verificando que lo que en la documentación está escrito es lo que efectivamente ocurrió. Todos los documentos han de llevar su firma. Al igual que en los casos anteriores, el Notario puede ser Sacerdote o Laico, y si no tiene grado de Licenciado o Doctor en Derecho Canónico, se le recomienda que lo posea.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la figura del Abogado de las Partes, no viene en el Decreto, pues el Abogado ha recibido de la Parte el Poder Notarial o Poder Suficiente, a través del cual la Parte le ha facultado para representarla y patrocinarla en el proceso. Es decir, cada vez que el Abogado actúa a lo largo del proceso, es la Parte misma la que está actuando en el mismo. Normalmente, en todos los Tribunales Eclesiásticos, hay Abogados de planta del Tribunal, llamados Patronos Estables, que reciben, según el turno que establece la Cancillería del Tribunal, a las personas que no tienen problema en que las patrocine y represente un Abogado o Patrono del Tribunal (Según las personas van llegando, se les asigna el Abogado que toca según el turno en desarrollo).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, hay también Abogados Eclesiásticos externos, es decir, que cuando alguna persona requiere sus servicios, entonces actúan en el proceso. En el Tribunal Interdiocesano de Santiago, a modo de ejemplo, hay tres Abogados o Patronos Estables, y un Albo de doce Abogados Eclesiásticos Externos. Unos y otros, cuentan con la aprobación y el nombramiento del Moderador del Tribunal, que es el Cardenal Arzobispo de Santiago. La diferencia es que si una persona que llega al Tribunal para que éste investigue su situación matrimonial, si acepta el Abogado o Patrono del Tribunal que le toca por turno, los honorarios del Abogado o Patrono los cancela en Tribunal; sin embargo, si la persona prefiere elegir ella un Abogado del Albo de Abogados Eclesiásticos Externos, entonces los honorarios del Abogado los cancela la persona. Si bien no se exige que el Abogado o Patrono tengan el grado de Licenciado o Doctor en Derecho Canónico, sin embargo, se recomienda vivamente.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez, entonces, en que ya la causa ha sido admitida a proceso (canon 1505 y ss. CIC) y que el Tribunal, es decir, las personas que van a actuar a nombre del Tribunal para conocer esa causa y definirla, ha sido ya constituido a través de Decreto del Vicario Judicial (canon 1501 y ss. CIC), entonces se ha dado inicio formal al proceso de nulidad matrimonial. El paso que sigue entonces, es citar a ambas Partes, tanto a la Parte Actora como a la Parte Convenida para fijar la ‘litis’, es decir, decidir sobre qué causales se va a investigar; a esta sesión se la llama ‘Concordancia del Dubio’ (canon 1513 y ss. CIC), se fija la duda, se fijan los términos de la controversia, se fijan la causal o causales sobre las cuales los Sres. Jueces al final del proceso se van a tener que pronunciar. A este respecto recuerdo e insisto en que el Tribunal tiene competencia únicamente para dilucidar si el ‘si quiero’ emitido por las Partes en el momento del consentimiento, es decir, en el día de la boda, fue suficiente para generar el vínculo sacramental, es decir, para hacer nacer el Sacramento del Matrimonio, o si por el contrario el ‘si quiero’ estuvo afectado de manera grave por un vicio, un impedimento o algún tipo de incapacidad en las Partes, de manera que, aunque la ceremonia se celebrara con solemnidad, en un templo muy bonito, contando con la bendición de las nupcias realizado por un Sacerdote o un Obispo, con la asistencia de numerosos fieles, etc., sin embargo, nunca nació el vínculo sacramental.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta sesión de ‘Concordancia del dubio’, es decir, en la que el Vicario Judicial va a fijar la causal o causales sobre las cuales se va a investigar en el proceso, es normalmente el único momento en el que las Partes se van a encontrar en el Tribunal. Excepcionalmente, podría ocurrir que más adelante el Juez Presidente decidiera citar de nuevo a ambas Partes para realizar un ‘careo’ entre ellas, si es que sus testimonios son muy contradictorios y viera la necesidad de, enfrentándolos, descubrir quién dice la verdad, no obstante, esta posibilidad es bastante rara y extraordinaria como medida tomada por el Juez. Las Partes, suelen acudir a esta sesión acompañadas de sus Abogados. La citación se hace por correo certificado con un mes de antelación, de manera que no haya problemas en que la Parte tenga conocimiento de la misma y pueda preparar su comparecencia para la Audiencia de la sesión de Concordancia del dubio. Es así como en el día y la hora establecidos, las Partes comparecen ante el Vicario Judicial; la presencia de sus Abogados no es obligatoria, pero se recomienda que sí participen a la Audiencia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera misión del Vicario Judicial, luego de acoger amistosamente a las Partes y de saludar a los Abogados que las representan y patrocinan ante el Tribunal, es cerciorarse de que la relación entre las Partes no tiene ninguna posibilidad de reconstruirse o de reconciliarse. El Vicario Judicial ha de recordar a las Partes que ellas mismas decidieron casarse e iniciar un proyecto de vida y amor con la otra Parte, en donde quisieron libre y voluntariamente, vivir con la otra persona hasta que la muerte los separara. Este es el motivo por el cual el Vicario Judicial les pregunta asertivamente si efectivamente no existe, según el parecer de ellos, ninguna posibilidad de enmendar el fracaso vivido. El Vicario Judicial les asegura que de ser así, el Tribunal les puede proporcionar los medios de ayuda, apoyo, consultoría, asesoría espiritual, etc., necesarios. Evidentemente, cuando dos personas llegan a la instancia del proceso de nulidad matrimonial en el Tribunal Eclesiástico, quiere decir que los medios de ayuda se han agotado sin éxito, y que no hay nada que hacer para ‘resucitar’ la relación conyugal. No obstante, hay que decir, que el Código de Derecho Canónico es claro y meridiano en afirmar que si el Juez, durante el proceso entrevé la más mínima posibilidad de que la relación entre las Partes se pueda reconstruir, tendrá que suspender temporalmente el proceso y proponer a las Partes que hagan todo lo posible por salvar el matrimonio.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A este respecto hay necesariamente que decir y constatar como fruto de la experiencia pastoral de tantos Sacerdotes, el hecho de que cuando dos personas casadas frecuentan seriamente la vida de la Iglesia, o participan en algún movimiento apostólico, nueva realidad de la Iglesia, asociación laical, etc., si pasan por momentos de crisis seria de relación matrimonial, sin embargo, la manera de afrontar la misma, de pedir ayuda, de luchar por defender su relación matrimonial y familiar, la vida de oración y el afán por querer vivir el Misterio de la Cruz de Cristo, hace que muchos matrimonios que, en un principio parecían condenados al fracaso y a terminar en separación definitiva, sin embargo, se hayan podido salvar, superando las dificultades por más graves que estas fueran y hayan crecido enormemente en su relación conyugal, en calidad, en amor, en entrega personal etc. Diversamente, con cuánta frecuencia, la experiencia de la Iglesia Madre, percibe que matrimonios con una fe frágil y con una vida sacramental pobre, sucumben ante las dificultades, y sin la ayuda necesaria y sin una vida cristiana de fe y de altura, terminan separados de manera irreconciliable. Aquí, evidentemente se abre un enorme desafío para la pastoral familiar y matrimonial en nuestra Iglesia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Regresando a la sesión de Concordancia del Dubio, una vez que el Vicario Judicial se ha asegurado de que la relación entre ambos no tiene posibilidades de reconciliación, da lectura al Escrito de Demanda. La Parte Convenida, junto con la citación para participar a esta sesión, recibió también una copia del Escrito de Demanda presentado por la Parte Actora ante el Tribunal, escrito en el que fundamenta la petición de nulidad matrimonial. Este escrito ha de ilustrar los momentos más importantes de la contienda matrimonial, así como las dificultades en las que se basa para solicitar la nulidad de su matrimonio.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Sr. Vicario Judicial, después de haber dado lectura al Escrito de Demanda, le pregunta a la Parte Convenida si está de acuerdo con lo expuesto por la Parte Actora en el Escrito de Demanda, y le da la posibilidad de presentar un escrito a modo de respuesta a la Demanda. Igualmente, el Vicario Judicial le explica a la Parte Convenida que la sesión de Concordancia del Dubio, no es la instancia para refutar, si así fuera aquellas afirmaciones del Escrito de Demanda con las que no está de acuerdo, sino que cuando sea citada para declarar, allí tendrá la posibilidad de matizar o desmentir, si fuera el caso, lo afirmado por el Actor en el Escrito de Demanda. Posteriormente, si hasta ese momento la Parte Convenida no se ha constituido con un Abogado que la patrocine ante el Tribunal, el Vicario Judicial le hace presente el derecho que tiene en tanto que Parte Demandada o Convenida a que un Abogado le pueda acompañar a lo largo de todo el proceso. Se le hace saber igualmente, que si bien no es obligatorio, sin embargo es su derecho. Se le recuerda que hay dos posibilidades, una es que se le asigne por turno a uno de los Patronos Estables del Tribunal, y la otra es que ella pueda elegir a uno de los Abogados Eclesiásticos Externos del Tribunal. El Vicario Judicial le recuerda que en el caso de aceptar el Patrono Estable del Tribunal que se le asigne por turno, los honorarios los pagará el Tribunal, sin embargo, si decide elegir a uno de los Abogados Eclesiásticos Externos, ella tendrá que afrontar los honorarios del Abogado.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, el Vicario Judicial le pregunta al Abogado de la Parte Actora cuál es el petitorio que se hace, es decir, cuáles son las causales que se invocan y en qué fundamentos se basa. El Abogado de la Parte Actora, expone las causales y los motivos. El Vicario Judicial puede hacer alguna pregunta, ya sea al Abogado de la Parte Actora que a ambas Partes si lo estima necesario. Seguidamente el Vicario Judicial explica cuidadosamente a las Partes cuál es la causal o causales que tiene sentido proponer y formular en la ‘Fórmula de Dudas’, y describe la tipología canónica de cada una de ellas, de manera que las Partes las puedan entender. El Vicario Judicial puede desestimar alguna de las causales propuestas por el Abogado de la Parte Actora.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, el Vicario Judicial redacta el Decreto de ‘Concordancia del Dubio’ fijando las causales, sobre las que se va a investigar a lo largo del proceso. A modo de ejemplo, la fórmula de dudas queda configurada de la siguiente manera: “Acaso consta la nulidad del matrimonio RODRÍGUEZ – VALDÉS por lo que indica el canon 1095§2 relativo a la Parte Actora, y por lo que indica el canon 1098 relativo a la Parte Convenida”. Al terminar la sesión, el Vicario Judicial recuerda a las Partes el sentido medicinal y redentor del proceso de nulidad matrimonial canónico, y les invita a participar en el proceso haciendo uso de sus derechos y manifestando con sencillez todo lo que han vivido. La sesión se concluye rezando y poniendo el proceso de nulidad matrimonial de las Partes en manos del Amor de Dios, con la asistencia especial de María Santísima, Madre de la Justicia. Evidentemente, que a la sesión asiste el Sr. Notario, para dar fe que todo aquello que ha sido escrito en el decreto de Concordancia del Dubio, es lo que efectivamente ha ocurrido. Primero firman las Partes, posteriormente los Abogados, después el Vicario Judicial, y finalmente el Notario. El Notario, con su firma da publicidad a los actos judiciales, haciendo que por eso mismo sean válidos; sin la firma del Notario, cualquier acto que se realice en el Tribunal es nulo (canon 482 y ss. y 1437 CIC).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que los términos de la controversia, es decir las causales sobre las cuales se va a investigar, ya han sido definidas, el Vicario Judicial Decreta la Instrucción de la Causa (canon 1677§4 CIC), es decir, da el visto bueno para que inicie la investigación y comienza la recogida de pruebas. Emitido este decreto de Instrucción de la Causa, el expediente es entregado al Auditor. El Auditor es el miembro del Tribunal al cual el Vicario Judicial le ha delegado la Facultad para instruir la causa, para recoger las pruebas, para interrogar a las Partes y a los Testigos por ellos presentados, a solicitar otro tipo de documentos, ya sean estos de índole civil, médicos, psicológicos, recuerdos, objetos, fotografías, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, el Auditor cita a las Partes, primero la Parte Actora y después la Parte Convenida. ¿En qué consiste este encuentro? Luego de la presentación y la acogida, se le toma juramento, es decir, poniendo la mano sobre la Sagrada Biblia, recita las siguientes palabras: “Juro decir la verdad, sobre todo aquello que debo responder”. A continuación, el Auditor le comienza a hacer preguntas a la Parte, se trata de un largo interrogatorio, pues se le comienza preguntando desde su nacimiento, infancia y niñez, hasta la situación actual. Las preguntas han sido presentadas al inicio del proceso por el Abogado de la Parte Actora, y han sido revisadas por el Sr. Defensor del Vínculo. En principio, el Auditor hace las preguntas que le han sido presentadas, sin embargo, tiene la facultad de hacer preguntas de oficio, pues en el curso del interrogatorio es normal que surjan preguntas que en un principio no habían sido consideradas ni por el Abogado de la Parte Actora ni por el Sr. Defensor del Vínculo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien es cierto que la investigación se centra sobre el momento preciso del consentimiento, pues como ya sabemos lo que los jueces tienen que sentenciar es si el ‘sí quiero’ fue suficiente para hacer nacer el Sacramento, o si por el contrario el ‘sí quiero’ estaba afectado de manera grave por algún vicio, impedimento o incapacidad, de manera que impidió que naciera el Sacramento; sin embargo, el Auditor pregunta sobre situaciones particulares y relevantes que se pudieron dar en otros períodos de la vida de la Parte. Es importante, por ejemplo, conocer cuál era la estructura y composición familiar, la formación y los valores recibidos en familia, la religiosidad de la misma, etc. Igualmente es importante saber si se produjo alguna situación especial en la vida de la familia: Defunciones, adicciones, enfermedades, suicidios, separaciones, conflictos, etc. Posteriormente se pregunta por la formación académica, sus estudios de enseñanza básica y media, los elementos más importantes de su infancia y adolescencia. Se le pregunta sobre la relación con sus padres y hermanos, sobre su carácter, amistades, etc. Se interroga también sobre los estudios superiores y trabajos realizados. Se le pregunta sobre eventuales pololeos y su duración.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente se pide información sobre el momento en que se conoció con la Parte Convenida, cómo se inició el pololeo, cómo fue la relación, cuánto duró. Se pregunta si tuvieron rupturas en el pololeo, si mantuvieron relaciones sexuales y si estas estuvieron cauteladas con algún método anticonceptivo. Es importante igualmente saber si conversaron sobre los temas más importantes de la vida conyugal, como son: la apertura a la vida y la paternidad, la relación con el dinero, la forma de vivir la sexualidad, la religiosidad y la transmisión de la fe a los hijos, la relación con la familia más cercana, su vida sacramental y compromiso con la sociedad, especialmente los más pobres y necesitados, etc. Posteriormente, se pregunta sobre el momento de la decisión de casarse y los preparativos de la boda; la preparación prematrimonial en la parroquia o capilla. Este punto es muy importante, pues en la preparación inmediata al Sacramento del Matrimonio que se hace en las parroquias, se tocan los elementos y las propiedades esenciales del matrimonio cristiano y Sacramento.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos lo que nos dice el Código de Derecho Canónico al respecto: En el canon 1055 CIC se afirma que: §1 “La alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de Sacramento entre bautizados”. §2 “Por tanto, entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido que no sea por eso mismo Sacramento”. El canon 1056 CIC nos habla sobre las propiedades esenciales del matrimonio: “Las propiedades esenciales del matrimonio son la unidad y la indisolubilidad, que en el matrimonio cristiano alcanzan una particular firmeza por razón del Sacramento”. Finalmente, el canon 1057 CIC nos ilustra las coordenadas en las que el matrimonio Sacramento nace: §1 “El matrimonio lo produce el consentimiento de las partes legítimamente manifestado entre personas jurídicamente hábiles, consentimiento que ningún poder humano puede suplir”. §2 “El consentimiento matrimonial es el acto de la voluntad por el cual el varón y la mujer se entregan y aceptan mutuamente en alianza irrevocable para constituir el matrimonio”. A esto hay que unir los bienes del matrimonio, como son la fidelidad, la sacramentalidad, etc. Me parecía importante reproducir estos cánones porque a través de ellos se nos indica en qué consiste precisamente el matrimonio Sacramento y qué es lo que la Iglesia entiende y quiere cuando se trata de matrimonio Sacramento. En el curso de preparación que hacen los novios, se les explica muy bien estos elementos, de manera de tener la seguridad que en el momento del consentimiento, es decir, del ‘sí quiero’, en su voluntad, de manera libre y capaz, están queriendo lo mismo que la Iglesia quiere.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sobre el día del matrimonio se solicitan y preguntan muchos detalles: desde el ánimo de los contrayentes, hasta cómo fue la celebración litúrgica y posteriormente el banquete y la fiesta. Evidentemente, todo lo que se pueda informar del día del matrimonio es importante. Se le solicita a la Parte si conserva fotografías del día de la boda que pueda entregar como prueba documental ante el Tribunal, etc. También se pregunta con bastante detalle sobre la ‘luna de miel’, cuánto duró, dónde fueron, cómo la vivieron, en qué momento consumaron el matrimonio, si tuvieron algún problema o se produjo algún quiebre, etc. Una vez que regresaron de la luna de miel, se les pregunta dónde pusieron el domicilio o residencia conyugal y se les pide que desarrollen con detalle cómo fue la convivencia matrimonial. Es muy importante verificar si efectivamente se realizó entre las Partes el proyecto de comunión de vida y amor, en donde ambos asumieron los derechos y obligaciones matrimoniales, o si, por el contrario, ya desde el principio se vivió algún tipo de dificultad en ese ámbito.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Evidentemente es importante saber cuánto duró la convivencia matrimonial, cuándo y en qué circunstancias comenzaron los problemas; saber si se produjeron rupturas o si la separación definitiva se produjo sin separaciones anteriores. Se pregunta sobre los motivos del quiebre, también se pregunta si pidieron ayuda para superar las dificultades o no. Si pidieron ayuda es bueno saber qué tipo de ayuda recibieron. Igualmente se pregunta cómo vivieron la vida afectivo – sexual, si la intimidad era abierta a la vida o si era cautelada con algún método anticonceptivo, etc. Se pregunta si tuvieron hijos, cuántos, en qué condiciones, etc. Se pregunta sobre la situación laboral y económica que vivió la familia y si se produjo algún problema a raíz de ello. Es muy importante saber y conocer cómo la familia vivió la religiosidad, su vida sacramental, de oración, si participaron de algún grupo o movimiento de Iglesia, o si ejercían alguna labor pastoral en la parroquia o capilla, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se analiza con detalle el momento de las dificultades conyugales y el quiebre o separación definitiva, instando a la Parte a que pueda contar episodios, ejemplos, situaciones que se dieron. Una vez que se produjo la separación definitiva, se pregunta dónde fueron a vivir y de qué manera, con quién quedaron los hijos, etc. Finalmente, se les pregunta sobre la vida que está conduciendo actualmente, si está pololeando nuevamente o ha constituido otro núcleo familiar, o por lo menos tiene un vínculo afectivo con otra persona, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que se ha tomado declaración tanto a la Parte Actora como a la Parte Convenida, entonces el Auditor cita a los testigos propuestos por ambas Partes; es muy importante la información que ellos puedan entregar al Tribunal, particularmente de lo que han sabido y conocido de las Partes antes del matrimonio, dado que el discernimiento de los Sres. Jueces será sobre el consentimiento. Pero los Testigos han de referir lo que vieron, lo que escucharon, lo que saben a ciencia cierta, y no lo que imaginan, lo que sospechan, lo que intuyen o elucubran.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que se ha recogido la prueba testimonial, entonces se solicitan otro tipo de pruebas; entre las más comunes: Documentos de carácter médico, si alguna de las Partes está enferma o en algún momento ha padecido algún tipo de enfermedad o tratamiento; documentos de carácter psicológico y psiquiátrico, si alguna de las Partes tiene algún diagnóstico o ha seguido algún tipo de terapia o tratamiento, o si ha estado internada, etc. Documentos de carácter económico, pues la mayor parte de las veces la precariedad económica lleva a la inestabilidad matrimonial; así se ve la manera como la familia se administró, etc. Por otra parte, en el mundo actual globalizado y neoliberal, las deudas son el ‘Pan nuestro de cada día’. Documentos de carácter civil, como por ejemplo si hay separación, divorcio o nulidad civil, el Tribunal Eclesiástico solicita la documentación correspondiente de esos procesos para adjuntarlos al expediente matrimonial; igualmente si ha habido demandas por pensión alimenticia, custodia o tutela de los hijos, violencia, etc., se solicitan los antecedentes. Además, otro tipo de documentación importante como son las fotografías, cartas o dedicatorias, regalos, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No siempre, pero en la mayor parte de las causas, particularmente las que invocan como causal el canon 1095 en sus tres variantes, es decir: §1 La falta de uso de razón; §2 La falta grave de discreción de juicio; §3 La incapacidad para asumir las obligaciones y derechos propios del matrimonio por causas de naturaleza psíquica; se deriva a las Partes a un psicólogo o psiquiatra del Tribunal, para que las someta a pericia. El Tribunal Interdiocesano de Santiago, cuenta con un Albo de 12 especialistas entre psicólogos y psiquiatras, los cuales tienen que diagnosticar cuál habría sido la madurez psicológica de las Partes en el momento del consentimiento. Para eso someten a las Partes a entrevista clínica, test psicométricos, y finalmente elaboran y entregan el informe pericial respondiendo a las preguntas que el Juez les ha hecho sobre el caso concreto.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que todos estos elementos de prueba han sido obtenidos por el Tribunal, y el Juez estima que a priori la investigación es suficiente, entonces se Decreta la Publicación de los Autos del proceso (canon 1598 CIC), y se concede a las Partes, a través de sus Abogados, así como al Defensor del Vínculo, diez días para que revisen las actas y expriman su parecer sobre si las pruebas son suficientes o si por el contrario estiman que hay alguna diligencia que ha quedado por hacer. Si alguno de los Abogados de las Partes o el Defensor del Vínculo estiman que falta alguna prueba por recoger, entonces la solicitan en un escrito enviado al Vicario Judicial, y éste determinará si le parece atingente acoger la petición, y así ordenar se realice la diligencia, o si por el contrario sería dilatar el proceso inútilmente pues la cantidad de pruebas es evidentemente suficiente. En el caso de que tanto los Abogados de las Partes como el Defensor del Vínculo estimen que las pruebas son suficientes, entonces solicitan que se Decrete la Conclusión de la Causa (canon 1599 CIC), dando por finalizada la Fase Instructoria, es decir la recogida de pruebas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así culminamos este tercer capítulo sobre el proceso de nulidad matrimonial. Próximamente veremos la última fase del proceso, la Fase Discusoria y Decisoria, en la que primero los Abogados de las Partes y el Defensor del Vínculo presentan sus alegatos y defensas, observaciones, etc. Una vez que el Vicario Judicial estima que la discusión se ha agotado, entonces la causa pasa a Sentencia y los Jueces finalmente decidirán en mérito. Todo esto lo podremos conocer, desarrollar y afrontar en el próximo artículo.</h5>]]></content:encoded>
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		<title>Primera fase del proceso de nulidad matrimonial canónico (2/4) - Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jun 2018 21:37:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.186 (ABRIL-JUNIO 2015)
Autor: Jaime Ortiz de Lazcano, Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano
Para citar: Ortiz de Lazcano, Jaime; <em>Primera fase del proceso de nulidad matrimonial canónico</em>, en La Revista Católica, Nº1.186, abril-junio 2015, pp. 125-135.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/JORTIZ_LRC_1186.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Primera fase del proceso de nulidad matrimonial canónico
Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.
Vicario Judicial
Tribunal Eclesiástico Metropolitano</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En el artículo anterior, que fue el primero de cuatro dedicados al proceso de nulidad matrimonial canónico, se hizo una presentación de los prolegómenos del proceso de nulidad matrimonial canónico, de manera que se pudieran contextualizar bien los tres artículos que siguen ahora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando una persona que quiere solicitar al Tribunal Eclesiástico que indague e investigue sobre si su matrimonio Sacramento fue nulo, al llegar por primera vez a las oficinas del Tribunal Eclesiástico, las cuales están situadas físicamente en Catedral 1063, 7° piso, Santiago Centro, la primera persona que la recibe es el Vicario Judicial Adjunto, en este caso se trata de Mons. Juan Luis Ysern de Arce, Obispo Emérito de Ancud, un hombre de una experiencia pastoral incuestionable. No es menor que al ir por primera vez al Tribunal Eclesiástico, sea un Obispo; es decir, un Sucesor de los Apóstoles, quien te acoja y, en un ambiente cálido, distendido, amistoso y lleno de caridad, te escuche y te dedique el tiempo que sea necesario para que la persona pueda explicar sin prisa lo que le ocurrió. Este primer momento es enormemente importante, pues ya hemos dicho que la persona llega, por una parte, con una suerte de temor reverencial, pues aunque se trate del Tribunal de la Iglesia, sin embargo, es Tribunal, y como tal genera miedo. Por otro lado, la persona llega muy herida, siendo testigo de cómo el sueño y la aventura, la gran construcción y proyecto de su vida se ha venido abajo, y por tanto, es capaz de ver las heridas y dolores que trae, la enorme frustración de que no le haya resultado la decisión más importante de su vida. Esta doble realidad en la que la persona llega al Tribunal, nos hace entender cómo este primer momento de su paso por el Tribunal Eclesiástico es del todo fundamental. La persona necesita experimentar de manera urgente que la Iglesia es su madre y que se va a preocupar por ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este primer encuentro puede durar entre dos y cuatro horas, dependiendo de cómo haya sido la contienda matrimonial. ¡Cuántas lágrimas en esta primera entrevista! ¡Cuánto dolor narrado y heridas mostradas! El Sr. Obispo que recibe por primera vez, hace entrar a la persona en la dimensión justa, aquella que le muestra que ha venido al Tribunal Eclesiástico para experimentar la maternidad de la Iglesia y la Paternidad de Dios. Es cierto que será un itinerario largo el que tendrá que recorrer, con momentos de dificultad no pequeña, porque el proceso requiere que al investigar haya que recordar y revivir situaciones que la persona quisiera no recordar nunca, pero la única manera de que los jueces puedan alcanzar la certeza moral que el Código de Derecho Canónico exige, y la única manera de iniciar el camino de redención y sanación de las heridas, es mostrándolas. ¡Cuánto bien les hace a las personas este primer encuentro! ¡En cuántas ocasiones he tenido ocasión de ver y de constatar cómo las personas entraban tensas, nerviosas, resentidas, con rabia, y salían horas después, con la cara transformada, en paz, serenas, sin rencor! Es cierto que el Tribunal tiene como finalidad hacer justicia; sin embargo, la justicia conlleva y persigue la sanación de la persona y llevarla de nuevo a Cristo Jesús. Ésta es, no la verdadera, sino la única pastoral posible, llevar a las personas a Cristo Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante esta primera entrevista, el Sr. Obispo, con mucha atención, sin prisa, en un ambiente tranquilo, sosegado, sin ningún tipo de amenaza, deja que la persona se exprima, que se desahogue, que cuente lo que le ha ocurrido. Es un momento, éste, enormemente importante, pues tal vez es la primera vez desde que su matrimonio ‘saltó por los aires’, que una autoridad de la Iglesia la escucha con amor, con atención, haciéndole experimentar, que la Iglesia – Madre quiere ayudarla. A ninguna madre le agrada ver sufrir a un hijo, es más, se deshace en amor por él; igualmente la Iglesia, cuando ve que un hijo sufre, y más todavía, un hijo al cual el proyecto más importante de su vida se le ha desintegrado, hará todo cuanto esté en su mano por ayudarlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que el Sr. Obispo ha podido escuchar y conocer con detalle los particulares de la contienda conyugal, y de así poder comenzar a constatar si del relato que la persona hizo emerge algún indicio o sospecha de nulidad, entonces se remite a la persona a la Cancillería del Tribunal, en donde las recibe el Sr. Canciller, el Diácono Permanente César Gómez Acevedo, persona también de muy buena preparación y de una trayectoria pastoral notable. Es él, quien toma los datos de la persona y le explica muy sencilla y claramente cómo funciona el proceso de nulidad matrimonial, la documentación que tiene que presentar, el tiempo que dura aproximadamente, y la colaboración económica que tendría que prestar, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta fase, la persona comienza a entender en qué consiste el proceso de nulidad matrimonial canónico; se trata de una investigación muy exhaustiva en la cual intervienen varias personas, varios profesionales, y en donde además de conocer lo que ocurrió en la contienda conyugal, también es importante saber qué es lo que pasó en el pololeo, el día de la boda, la luna de miel, etc. Si el primer encuentro de la persona con el Sr. Obispo fue imprescindible para que ésta se descomprimiera, se sintiera acogida, tuviera confianza en la Iglesia y en el proceso, o recobrara esta confianza, este segundo encuentro es también de enorme trascendencia, pues la persona tiene la posibilidad de comenzar a entender lo que hace el Tribunal Eclesiástico en este ámbito, y en qué consiste el proceso de nulidad matrimonial canónico. El Sr. Canciller, entrega a la persona un prontuario en el cual se explica con detalle el desarrollo del proceso de nulidad matrimonial canónico, y como he afirmado anteriormente, indica a la persona las diferentes fases de que el proceso está formado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta sede, hay que detenerse de manera obligatoria en, tal vez, el tema que levanta más suspicacias en el ámbito del proceso de nulidad matrimonial canónico, que es el tema de las costas judiciales; es decir, lo que cuesta el proceso. Se suele escuchar con demasiada frecuencia que la Iglesia le hace el proceso de nulidad matrimonial, sólo a aquellas personas que tienen dinero, negando así el derecho a la justicia a todas aquellas personas que no tienen recursos o que no tienen los recursos suficientes. Lo cierto es que esto no deja de ser un ‘tópico típico’, pues nada más lejos de la realidad, esta afirmación. En el Tribunal Eclesiástico de Santiago, de cada tres personas que se presentan para solicitar que puedan tramitar su proceso de nulidad matrimonial, dos no pagan las costas judiciales. En la Cuenta Anual Pública sobre el pasado año 2014, que tuvo lugar en la Inauguración del Año Judicial Eclesiástico 2015, el pasado jueves 26 de marzo, ante la presencia de las más altas autoridades eclesiásticas, como Vicario Judicial de Santiago, tuve la ocasión de manifestar que en relación al tema de las costas judiciales relativos a los procesos de nulidad matrimonial, se seguía manteniendo la misma tónica de los últimos años; es decir, que de cada tres personas, sólo una paga las costas judiciales completas, otra persona no paga absolutamente nada, pues se le concedió patrocinio gratuito total, y la tercera paga sólo parte, pues al concedérsele patrocinio semi gratuito, paga una cantidad pequeña. Ésta es la tónica constante de los últimos años en el Tribunal Interdiocesano de Santiago: En el año 2014, el 37,6% de las personas que tramitó su causa de nulidad en el Tribunal Eclesiástico de Santiago, obtuvo Patrocinio Gratuito total, es decir, no pagó nada; el 23,2% obtuvo Patrocinio Semi Gratuito, es decir, pagó sólo una pequeña cantidad de las costas judiciales, alrededor de 200.000 - 300.000 pesos en cuotas durante un año; y el 39,2% pagaron las costas judiciales completas, las cuales ascienden a 1.200.000 pesos. Esto quiere decir que en la actualidad, como tuve ocasión de afirmar en la Inauguración del Año Eclesiástico Judicial, el pasado 26 de marzo 2015, ya un 63% de los procesos son gratuitos, lo que significa que dos tercios se benefician de esta posibilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿En qué consiste esta posibilidad de acceder a algún tipo de beneficio de no pago? El Sr. Canciller le indica a la persona que el dinero nunca será un impedimento a la hora de tramitar su causa de nulidad matrimonial. Se le informa cuáles son las costas judiciales y se le dice que si no puede afrontar tales gastos no tiene que preocuparse, pues irá derivada al Asistente Social del Arzobispado de Santiago, el cual le elaborará un informe social completo y, de común acuerdo con él, se fijarán las costas judiciales. Esto quiere decir que la persona es la que decide lo que va a pagar. Además, dado que el proceso dura en su primera instancia unos 12 meses, entonces puede cuotear el pago de la cantidad que pagará finalmente. Como se ha ilustrado ya anteriormente, la media de pago de costas judiciales para aquellas personas que reciben el Patrocinio Semi Gratuito, oscila entre 200.000 y 300.000 pesos, lo cual significa una rebaja muy considerable de las costas judiciales completas. Si, además, dividimos esa cantidad en doce cuotas, genera un pago mensual más que asequible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">No tenemos que olvidar que en una cantidad muy importante, el 37,6%, el Asistente Social del Arzobispado de Santiago, constata en el informe social que la persona no tiene cómo hacer frente a las costas judiciales, de manera que se sugiere se le conceda el Patrocinio de Gratuidad total. Para terminar este punto, he de decir que en los cuatro años que llevo como Vicario Judicial de Santiago, nunca he desestimado las indicaciones que el Asistente Social del Arzobispado hizo en el informe social, sino que bien por el contrario he acogido siempre su opinión, concediendo en todo momento lo que se sugería y proponía. Baste decir finalmente, que el tema económico jamás es un problema o un impedimento a la hora de acceder a los procesos de nulidad matrimonial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que el Sr. Canciller, dedicando también el tiempo necesario a cada persona, ha ilustrado el desarrollo del proceso de nulidad matrimonial, de los pasos que tiene, de las personas que intervienen, de las costas judiciales, y del tiempo que se demora aproximadamente y de las instancias que tiene, entonces deriva a la persona a uno de los Patronos Estables del Tribunal. Ha llegado la hora de que la persona, junto con el Abogado Eclesiástico que le va a patrocinar y representar a lo largo del proceso, contándole todos los particulares de lo que ocurrió, comience a elaborar y argumentar el relato que será presentado al Vicario Judicial como Escrito de Demanda, para que al aceptarlo, éste dé inicio al proceso de nulidad en sí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para la asesoría del Abogado Eclesiástico, cosa que se recomienda, particularmente para la Parte Actora, es decir, para la persona que solicita la nulidad, existe una doble posibilidad: O bien acogerse a uno de los Abogados del Tribunal, que son los llamados Patronos Estables, y que se asignan por turno según van llegando las personas al Tribunal; el Patrono Estable es pagado por el Tribunal y no por la persona. O bien se les muestra el Albo de Abogados Eclesiásticos Externos, para que ellos puedan elegir al que quieran, siendo en este caso pagados por la Parte Actora; es decir, por la persona que solicita la nulidad. El Reglamento Interno del Tribunal Interdiocesano de Santiago, establece que la cantidad máxima que podrá ser cancelada a un Abogado Externo será de un millón de pesos. Esto busca evitar que pudiera haber algún tipo de aprovechamiento por parte de los Abogados Externos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien existe esta doble posibilidad, en la práctica, en un porcentaje muy elevado las personas prefieren que se les aplique el Abogado (Patrono) que les toque por turno. El año pasado 2015 los Patronos Estables del Tribunal Interdiocesano de Santiago, patrocinaron el 75% de las causas que fueron tramitadas en el mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que a la Parte ya se le ha asignado el Abogado del Tribunal (Patrono Estable), o que ha elegido el Abogado Externo, entonces con él se reúne en distintas ocasiones y contando con todo detalle, desde los datos más importantes de la constitución y configuración de su familia, pasando por la infancia y adolescencia, hasta todo el tiempo del pololeo con detalle, y posteriormente los preparativos de la boda, la celebración de la misma, para seguir con la luna de miel y todo el tiempo de convivencia conyugal, se va definiendo, puliendo y elaborando el Escrito de Demanda, en el que ya se van identificando las causales que se van a invocar en la futura sesión de Concordancia del Dubio, y que serán las que normarán y dirigirán toda la investigación y recogida de pruebas que se realizará en la Fase Instructoria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la elaboración de este relato es necesario detenerse un poco. El Abogado, después de escuchar a la persona, le pide que, para la siguiente reunión, que suele ser a la semana siguiente, traiga consigo el relato de todo lo que pasó, y que lo ponga por escrito, en orden desarrollando de menos a más y desde su nacimiento hasta la separación definitiva y la situación que vive en la actualidad, todos los datos y elementos más importantes. Además, el Patrono o Abogado le indica a la persona todos los documentos que tiene que presentar en el Tribunal, junto con el relato de los hechos, para así poder dar inicio propiamente al proceso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además del relato de los hechos, que será pulido por el Abogado o Patrono, la persona tiene que presentar el certificado de bautismo suyo y de su ex marido o ex mujer, así como el certificado del matrimonio civil y posterior sentencia de nulidad o divorcio civil, si es que existe. Se requiere igualmente el certificado del matrimonio canónico del cual se está solicitando la nulidad. La Cancillería del Tribunal Interdiocesano solicita a la parroquia en donde se desarrolló y rellenó el expediente matrimonial que se envíe una copia autentificada al Tribunal. Por último, se le pide a la persona, que como ya hemos dicho judicialmente asume el nombre de Parte Actora, que, si conoce a algún Obispo, Sacerdote o Religioso/a, presente una carta de honorabilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este momento es crucial, pues puede demorarse dos semanas o meses; depende de cuánto la persona, la Parte Actora, se dedique seriamente a recolectar y recabar estos documentos y en la elaboración del relato. En justicia, hay que decir que hay personas que apenas una o dos semanas después de haber llegado al Tribunal Eclesiástico, de haber sido recibidas por el Vicario Judicial Adjunto, atendidas por el Sr. Canciller, y acompañadas y asesoradas por el Abogado o Patrono de turno, regresan con toda la documentación requerida; sin embargo, otras personas desaparecen y se demoran varios meses en presentar la documentación que se les ha solicitado. Esta fase que precede el inicio del proceso es fundamental para su celeridad, pues depende de la persona, no del Tribunal. A la pregunta que se nos hace frecuentemente de: ¿cuánto tiempo transcurre entre la primera visita de la persona al Tribunal Eclesiástico, y el inicio propiamente del proceso? La respuesta es clara, si la persona se preocupa y se empeña en la recolección y recopilación de documentos solicitados, en menos de un mes el proceso puede estar ya admitido y tramitándose. Por el contrario, si la persona no se preocupa de entregar y presentar la documentación requerida, pueden pasar meses. En este sentido, hay de enfatizar un elemento, y es que la persona es la que tiene que demostrar su interés, pues no se le puede pedir al Tribunal que asuma o que supla el interés de ella. Una cosa es dar todas las facilidades para que todo bautizado pueda acceder al servicio que la Iglesia - Madre, ofrece a la Justicia a través del Tribunal Eclesiástico, otra cosa bien distinta es ser Juez y Parte, cosa que la legislación canónica prohíbe terminantemente. Para finalizar este punto, con pena tengo que evidenciar que de cada diez personas que llegan al Tribunal Interdiocesano de Santiago, y que recorren esta primera fase, en donde han sido acogidas todas con la misma delicadeza, y escuchadas y atendidas con la misma dedicación; sin embargo, sólo entre tres y cuatro, regresan a los pocos días con la documentación requerida, por tanto, el resto desaparece durante un buen tiempo, mostrando así poco interés, así como una cierta indolencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más allá de la documentación ya mencionada anteriormente, es decir, el certificado de bautismo de ambas partes, el certificado del matrimonio Sacramento así como el certificado del matrimonio civil, y eventualmente, certificado de nulidad o divorcio, la copia autentificada del informe matrimonial, documento éste que solicita la Cancillería del Tribunal a la parroquia donde se realizó, las eventuales cartas de honorabilidad de Obispos, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos o Agentes Pastorales, etc., está el relato que la parte tiene que presentar y que posteriormente, junto con la ayuda, acompañamiento y asesoría del Patrono o Abogado del Tribunal, cristalizará en el Escrito de Demanda, que será presentado al Vicario Judicial, para que, constatando y reconociendo que en el relato de los hechos hay ‘sospecha e indicio’ de nulidad, admita la causa a proceso y se dé inicio formal a la investigación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detengámonos un momento en este relato. Como hemos afirmado anteriormente, según la ley canónica, es suficiente que el Vicario Judicial constate que hay indicio o sospecha de nulidad en los antecedentes que la Parte Actora presenta, para que se tenga que acoger a tramitación la causa y se investigue. No obstante, si bien es cierto que basta la sospecha de nulidad, es necesario canalizar la investigación en algún tipo de dirección concreta, pues tampoco el Tribunal puede analizar e investigar en cada caso, todas las causales que contempla el Código de Derecho Canónico. Es así, como en los sucesivos encuentros entre la Parte Actora y el Patrono o Abogado, se va definiendo a través del relato la causal o causales sobre las que eventualmente se podrá investigar posteriormente. El relato que tiene que redactar la Parte que solicita la nulidad, llamada Parte Actora o Demandante, ha de recoger los elementos más importantes y fundamentales de la contienda conyugal. Con frecuencia se ilustran los datos principales del origen familiar y formación y constitución de la familia, así como de los datos más importantes de la infancia y adolescencia de la Parte Actora y Convenida. Igualmente, si hubiera que destacar en ambas familias situaciones particulares, por ejemplo, enfermedades, defunciones, adicciones, reclusiones, etc., se recogen también. Es importante destacar y evidenciar también, el proceso académico de las partes, así como trabajos sucesivos que han tenido. Si se han producido situaciones de pololeo o noviazgo anterior, también se ponen de manifiesto. Una vez, desarrollados estos elementos que encuadran la contienda conyugal, entonces el relato se centra en el pololeo entre las partes, constatando la duración, el desarrollo, eventuales rupturas, etc. Una vez bien detallado el tiempo del pololeo, el cual se describe con detalle, por ejemplo, si hubo concurso de relaciones sexuales en el mismo, o si se produjeron situaciones de violencia entre las partes, etc., el relato se centra en la preparación de la boda, así como en la celebración misma, la fiesta posterior y la luna de miel, si es que la hubo. Es importante en este punto, dejar claro cómo se sucedieron los acontecimientos, es decir, si la decisión de casarse fue tomada en conjunto, o si por el contrario fue decisión de una de ambas partes; igualmente es fundamental observar lo mismo para la preparación de las nupcias, etc. Una vez descrito con detalle la preparación, celebración de la boda y la luna de miel, manifestando cuándo se produjo la consumación del matrimonio, se comienza a desarrollar el periodo de la convivencia conyugal, tanto en su intensidad, como en la duración, en los problemas que eventualmente se fueron produciendo, describiendo también la vida sexual entre las partes, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Importante describir si tuvieron hijos; cuándo comenzaron los problemas y de qué tenor. De la misma manera, es necesario saber si buscaron ayuda, ya sea espiritual, psicológica, humana, o si por el contrario no quisieron ser ayudados. Una vez que se produjo la separación, si ésta fue definitiva o si se dieron reencuentros. Finalmente, se describe la separación definitiva, así como la situación actual de ambas partes, para saber si están solas o si por el contrario han constituido nuevos núcleos familiares con hijos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">A este respecto, es fundamental recordar lo que afirma el canon 1060 del Código de Derecho Canónico, cuando dice que: “El matrimonio goza del favor del derecho”, es decir, que mientras no se demuestre la nulidad, se presume la validez. Por más que una persona o el Sacerdote que la acompaña, crean que el matrimonio en cuestión es nulo, mientras no se demuestre la nulidad, hay que entender y creer que el matrimonio es válido. Y la única instancia que tiene autoridad para dirimir si el matrimonio es válido o nulo, es el Tribunal Eclesiástico. Aprovecho, este momento para manifestar lo atrevidas de algunas apreciaciones de Párrocos o Sacerdotes, los cuales luego de haber escuchado a las personas que les describen su situación, le dicen apresuradamente que su matrimonio es nulo, creando demasiadas ilusiones o esperanzas en las personas, las cuales, posteriormente y en sede de Tribunal, en ocasiones ven como el Tribunal constata que efectivamente se produjo un fracaso matrimonial, pero no un matrimonio nulo. Precisamente, el Papa Juan Pablo II, en su Discurso al Tribunal Apostólico de la Rota Romana en febrero de 1988, al inaugurar el año judicial de la Iglesia, recordaba que no hay que confundir entre fracaso matrimonial y matrimonio nulo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo este relato, detallado, que la Parte Actora presenta, debe ser pulido y orientado por el Patrono o Abogado del Tribunal, puesto que deberá poner en evidencia los vicios, o impedimentos, o incapacidades que ya emergían antes de emitir el consentimiento, de manera que el Vicario Judicial reconozcan el “fumus boni iuris”, es decir el ‘olor’, sospecha, indicio de nulidad, y así admitir a tramitación la causa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto significa que la Parte Actora tiene que encontrarse con el Patrono o Abogado en varias ocasiones, de manera que el Escrito de Demanda esté lo más pulido y afinado posible. Pues si el Vicario Judicial no tiene la seguridad que del relato se desprenda el indicio de nulidad, rechazará el Escrito de Demanda. El hecho de que la Parte Actora tenga que trabajar y encontrarse junto con el Patrono o Abogado del Tribunal, hacen que tenga la oportunidad de manifestar fehacientemente hasta qué punto le interesa la nulidad. Como he tenido ocasión de poner de manifiesto con anterioridad, no son pocas las ocasiones en las que la Parte Actora se demora mucho tiempo en redactar el relato y trabajarlo y presentarlo con el Patrono o Abogado del Tribunal, o incluso desaparece durante un largo período. No es buen signo, cuando es el Patrono o el Abogado del Tribunal, el que tiene que estar llamando y casi ‘persiguiendo’ a la parte para que se acerque al Tribunal y presente su escrito. Ya hemos dicho con la autoridad propia de la ley de la Iglesia, que el Tribunal no puede sustituirse a la voluntad de la parte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez, entonces, que el Escrito de Demanda ya está definido, el Patrono o Abogado de la Parte Actora, lo presenta al Vicario Judicial, junto con toda la documentación requerida, así como la propuesta de preguntas a hacer tanto a las partes como a los testigos, la lista de testigos, que normalmente suele ser de cuatro, personas que ojalá hayan conocido a las partes ya durante el pololeo, etc., el Vicario Judicial analiza la documentación recibida, así como el Escrito de Demanda, y luego de haber constatado el indicio de nulidad, emana el Decreto de Admisión de la Demanda, a través del cual se da inicio formal al proceso de nulidad matrimonial canónico, así como el Decreto de Constitución del Tribunal, en el que se indican las personas que van a intervenir a nombre del Tribunal en la Primera Instancia, esto es: los Jueces, que son tres, de los cuales uno es el Juez Presidente, otro es el Juez Ponente, que será el encargado de redactar finalmente la sentencia, y el tercero es el Juez Integrante. Además, aparece el Defensor del Vínculo que actuará como Fiscal del Sacramento, el Juez Auditor, que será quien interrogará y tomará declaración a las partes y a los testigos, y que recogerá a nombre del Tribunal las distintas pruebas, y el Notario, que es quien da fe pública a toda la documentación, y que debe estar presente a lo largo de todo el proceso, o por lo menos de hacerse cargo de, todos y cada uno de los pasos que se van dando.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el Vicario Judicial, luego de haber analizado pormenorizadamente el Escrito de Demanda, no tiene la conciencia de que se dan los indicios mínimos de nulidad que la legislación canónica requiere, para que se admita la causa a proceso, entonces a través de un escrito, rechazará la Demanda y justificará el por qué de tal decisión, ante lo cual, la Parte Actora tiene la posibilidad de impugnar tal decisión ante el mismo Vicario Judicial. Éste deberá responder dentro de los 30 días siguientes a la impugnación de la Parte Actora, nuevamente justificando su decisión de rechazar la Demanda. Si transcurridos los 30 días desde la impugnación de la Parte Actora, no hay respuesta del Vicario Judicial, la causa se dará por admitida. En todo caso, esta última figura es bastante rara, pues el trabajo realizado entre el Patrono o Abogado del Tribunal y la Parte Actora, normalmente ya da la posibilidad de evidenciar si aparecen causales de nulidad en el relato o no. En aquellos casos en los que ya en el trabajo conjunto entre la Parte Actora y el Patrono o Abogado, aparece que no hay indicios de nulidad, se le aconseja a la Parte que desista de presentar la causa. Esto es lo que hace que la mayor parte de los Escritos de Demanda que recibe y revisa el Vicario Judicial, sean admitidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta manera, como ya hemos indicado con anterioridad, con la emisión del Decreto de la Admisión de la Causa y de Constitución del Tribunal, el cual indica el personal del Tribunal que actuará y conocerá la causa, se da inicio propiamente al proceso de nulidad matrimonial canónico.</h5>
&nbsp;

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<h5>Autor: Sebastián Correa E.</h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Buenas tardes, soy Rocío León Padial, he vivido la nulidad aqui en Malaga, no tiene nada que ver con lo que explica aqui. Lo unico real es que cuando decides dar este paso tan duro, cuando tienes creencias religiosas cuando tus padres se han querido y has vivido el amor de verdad, y me toco vivir un " infierno " y vas al Obispado con todo tu dolor, no te recibe el obispo, es mas no quiere saber nada de esto, porque te dicen que ya existe el tribunal eclesiastico para ello, solo es verdad que llegas con el corazon destrozado de haber luchado por la familia, estan agotada enferma, de haberte esforzado al limite porque el matrimonio cristiano siga adelante, y tu marido  decide irse para buscar SU FELICIDAD QUE NO SABE QUE LE ENAMORO DE MI, en fin llegué al obispado y el secretario como cualquier funcionario me dio el cuestionario y punto, despues fui a llevarlo rellenado y se lo di al secretario, y el juez y la abogada que era de ellos, ni me escucharon ni se preocuparon si estan¡ba mal, ellos solo se preocuparon de darme los gastos y papaeleo. Aqui en Malaga, con el juez que hay y su equipo solo hay comodidad y rutina, frialdad y sales mucho peor mucho peor...fui a buscar apoyo a los martires y un sacerdote solo me dijo; POSIBLEMENTE TENDRAS QUE SER CASTIGADA POR LA IGLESIA PARA QUE SEAS TESTIMONIO VIVO DE QUE LA NULIDAD NO SE DA ASI COMO ASI..diganme si vivivr siete años este infierno, page¡ar tres mileuros con dos hijos mal y en paro,  hasta llegar a Granada. No, no se equivoque la realidad es otra.Muy dura, un infierno. Soy terapeuta Gestath y se que necesitarian ayuda de la VERDAD.]]></wp:comment_content>
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		<title>Dimensión pastoral del proceso de nulidad matrimonial (1/4) - Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.</title>
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		<pubDate>Sat, 02 Jun 2018 17:07:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.185 (ENERO-MARZO 2015)
Autor: Jaime Ortiz de Lazcano, Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano
Para citar: Ortiz de Lazcano, Jaime; <em>Dimensión pastoral del proceso de nulidad matrimonial</em>, en La Revista Católica, Nº1.185, enero-marzo 2015, pp. 59-67.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/JORTIZ_LRC_1185.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Cuarta y útlima fase del proceso de nulidad matrimonial canónico
Jaime Ortiz de Lazcano, pbro.
Vicario Judicial
Tribunal Eclesiástico Metropolitano</h4>
&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, hay que considerar que justicia en la Iglesia, no se hace sólo en el Tribunal Eclesiástico. Justicia se realiza cuando en el seno del matrimonio y de la familia, por el bien y la armonía conyugal y familiar, se renuncia al bien personal; justicia se hace cuando dos personas que han tenido un problema entre sí, se reconcilian y se abuenan; justicia se hace también en el confesionario, cuando con arrepentimiento y dolor de los pecados, el penitente confiesa sus pecados, proponiéndose no pecar más, y el Señor, a través del Sacerdote, luego de impuesta la penitencia, le perdona los pecados. Sin embargo, en aquellas ocasiones en las que en esas instancias no se ha podido hacer justicia, se hace necesario recurrir al Tribunal Eclesiástico, que viene a ser como la UTI de la Iglesia, en donde, personas especializadas en la administración de la justicia en situaciones contenciosas y de conflicto, profesionalmente preparadas y con la asistencia especial del Espíritu Santo, y en nombre del Señor, son capaces de hacer justicia, es decir, de proporcionar la luz que proporciona la justicia en la vida de la persona.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A este respecto, hay que decir que la JUSTICIA no es algo automático ni fácil, pues es una realidad que necesariamente se construye y va de la mano con la VERDAD y la CARIDAD. Se trata de una tríada en donde, o bien concurren las tres, o por el contrario no se da ninguna. Si falta una de las tres, entonces no se da ninguna. Una Justicia que no se basa y apoya en la verdad de los hechos ocurridos, se corrompe en sí misma y se convierte en una vulgar mentira, en algo falso, y de consecuencia lejos de ser caridad, genera perjuicio a la persona. Así mismo, una caridad que no es fruto de la justicia, se convierte en una decisión inicua, que lesiona a la persona y a la comunidad, desintegrando por ello la verdad. Por último, una verdad que no lleva a la caridad, se desmiente a sí misma, haciendo imposible que proporcione como resultado algo justo. En realidad, estos tres elementos configuran un trípode, en donde o los tres están, se sostienen y se retroalimentan; o por el contrario, faltando alguno de ellos, los otros dos se contaminan de manera inevitable e irreversible y desaparecen.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En relación con el proceso contencioso de nulidad matrimonial, y digo contencioso, por dos motivos, por un lado, porque confluyen intereses distintos y contrapuestos, y por otro lado, porque se ha de regir obligatoriamente por el Derecho Procesal Matrimonial Canónico, tipificado en el Libro VII del Código de Derecho Canónico, hay que distinguir los distintos intereses que concurren.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuáles son los intereses distintos y contrapuestos que confluyen en el proceso de nulidad matrimonial canónico? Son muchos, enumeraremos algunos de ellos:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A) La presunción de que el matrimonio goza del favor del derecho, tal y como estipula el canon 1060 CIC.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">B) La creencia de que las partes en el momento del consentimiento ‘echaron toda la carne en la parrilla’, es decir, la presunción de que ambos sabían lo que estaban haciendo y querían a la hora de consentir, lo mismo que la Iglesia Católica quiere y entiende.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">C) Luego del curso de preparación al matrimonio, y una vez realizado el expediente de la Información Matrimonial con el Sacerdote o la persona autorizada por el Párroco, los contrayentes se supone que están debidamente preparados para prestar el consentimiento matrimonial válidamente.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">D) El fracaso matrimonial, el cual ha derribado por tierra todos los lindos proyectos y todas las buenas intenciones que hicieron que las partes decidieran casarse.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">E) La historia, donde aparecen muchos problemas y desamores, en ocasiones irreparables.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">F) La presencia de los hijos, los cuales, son siempre prueba del amor de los esposos y, por tanto, elemento que defiende el vínculo matrimonial.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">G) La decisión de uno de los esposos, llamado Parte Actora, de iniciar el proceso de nulidad matrimonial canónico, solicitando al Tribunal Eclesiástico que investigue sobre la eventual nulidad de su matrimonio Sacramento.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">H) La posibilidad que tiene la contraparte, llamada Parte Convenida, de oponerse a la nulidad, de presentar excepciones, y de constituirse con un abogado que defienda sus intereses.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">I) La presencia del Defensor del Vínculo, que es el Fiscal que defiende el bien público en la Iglesia, y por tanto en este caso, el vínculo sacramental, etc.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como acabo de exponer y de enumerar, son muchos y distintos los intereses que confluyen y conflictúan en sede de proceso de nulidad matrimonial canónico; sin embargo, el elemento que predomina sobre todo es el dolor, un dolor enorme. Personas que se enamoraron, que llegaron a compenetrarse de tal manera durante el pololeo y posterior noviazgo, que finalmente decidieron unir sus vidas para siempre, renunciando a su vida personal a favor y en pro del bien del otro. Ambos se comprometieron y emitieron su consentimiento con tanta ilusión y con tanta esperanza. En ese momento era como ‘una nave espacial que partía a recorrer el universo, teniendo que navegar por galaxias desconocidas, pero que tenía como combustible el amor’. El matrimonio cristiano, el matrimonio Sacramento, es una verdadera aventura, donde más allá del buen hacer y del compromiso de los esposos, aparece la presencia de Jesucristo que invita a los esposos a hacer Pascua con él; es decir, a morir y a resucitar con él, pues todos los Sacramentos nos unen de manera inseparable al misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La dinámica que se desarrolla pues en el Tribunal Eclesiástico, en el proceso de nulidad matrimonial canónico, es eminentemente pastoral; esto no quiere decir que no se haga justicia, pero cuando la justicia, va de la mano con la verdad y la caridad; es decir, cuando la justicia nace de la verdad y produce como fruto en su aplicación la caridad, tiene como objeto siempre el bien de la persona, que es el fin de la pastoral y el fin de la codificación canónica, tal como reza el último canon del Código de Derecho Canónico, 1752. Toda la codificación canónica tiene como fin y como horizonte la ‘Salus Animarum’, es decir, la salvación de las almas, el bien de las personas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando la persona llega al Tribunal Eclesiástico, siempre concurre en ella una suerte de temor reverencial, pues llegar al Tribunal, por más que este sea de la Iglesia, impone respeto y nerviosismo. Además, la persona llega muy herida, pues aquello que en un principio era el sueño de su vida, aquello que marcaba definitivamente un antes y un después en su vida, se convirtió finalmente y de manera muy traumática, en la peor de las pesadillas, en un sufrimiento enorme, en una herida que le dejará marca y que tendrá consecuencias, seguramente, para siempre. Paradójicamente, aquello que tenía que ser la fuente de la felicidad, de la dicha, del gozo, significó sin embargo la matriz y origen del desamor, del sin sentido. Efectivamente, la persona que se acerca al tribunal llega herida, contrariada, confundida, y además, metida por así decir en su propia trinchera, con una visión demasiado unilateral de lo que pasó, necesitada por tanto de que se le dé mayor luz para poder entender los acontecimientos ocurridos; dicho en lenguaje teológico y cristiano, necesita ver cómo su historia de dolor puede ser redimida, y así, de manera lenta, gradual pero efectiva, convertirse en historia de salvación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vamos a poder ver cómo el paso de la persona por el Tribunal Eclesiástico no genera únicamente una justicia objetiva y aséptica, sino también una sanación interior del corazón de las partes, la obtención de una luz, de una sabiduría que las ayuda a entender mucho mejor qué es lo que pasó y por qué ocurrió. De una manera u otra, siempre hay algún grado de responsabilidad en la persona que discernió mal en todo el proceso de pololeo y noviazgo, y que decidió emitir el consentimiento, cuando en realidad existía algún vicio o vicios que impedían que allí pudiera nacer el Sacramento.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué es lo que ocurrió? A este respecto, es necesario hacer un comentario a nivel de premisa sobre la relación de pololeo y noviazgo. El pololeo y el noviazgo son el tiempo en el que las partes, es decir, el hombre y la mujer, tienen que responderse a sí mismos la pregunta fundamental, la ‘madre’ de todas las preguntas. ¿Es mi pololo/a, mi novio/a, mi prometido/a, el hombre/mujer de mi vida? No basta verificar que se siente cariño, afecto, atracción física, atracción sexual, complicidad, incluso dependencia, sino que los elementos fundamentales para poder tener la seguridad mínima requerida para verificar que la respuesta es sí, se necesita ver en el otro/a, la persona sin la cual, la vida personal no tiene sentido de ser vivida. Con el otro/a, yo me proyecto en una aventura que terminará cuando Dios quiera, y a la que la muerte no pueden destruir; concibo al otro/a como el compañero/a de mi vida, quien quiero que sea el padre/madre de mis hijos, etc. Si efectivamente el pololo/a, novio/a, prometido/a, responde a estos anhelos interiores afirmativamente, entonces quiere decir que es la persona de mi vida y se dan los presupuestos fundamentales para poder emitir el consentimiento. Si por el contrario, no puedo responder de esa manera a las preguntas, pues hay cariño, afecto, atracción, incluso dependencia, pero no me proyecto de la manera requerida con él/ella, entonces será una temeridad emitir el consentimiento, pues el matrimonio nacería con los cimientos demasiado débiles, y seguramente, al primer problema significativo, la sociedad conyugal de vida y amor, se derrumbaría.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto, hace necesario un pequeño comentario sobre la mejor manera de vivir la relación de pololeo y noviazgo. Tiempo, desde luego, tan importante éste; tiempo de conocerse, de acercarse, de ver si salta la chispa del verdadero amor, o por el contrario, se vislumbra que es una relación donde la incompatibilidad hace inviable una relación de mayor calidad y unión. En realidad, el pololeo es un arte, pues generalmente la persona tiene que manejar, cosa nada fácil, una gran cantidad de sentimientos que la otra persona provoca en uno.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pololeo/noviazgo, es el tiempo en donde la relación entre los pololos/novios, va creciendo gradualmente en todas las facetas: conocimiento de la otra persona, de su historia, gustos, afinidad con ella, necesidad mayor a medida que pasa el tiempo de su presencia, de escuchar su voz, etc. Si el pololeo/noviazgo es bien llevado y vivido, se va produciendo de manera natural una complementariedad entre ambos, es algo así como dos piezas distintas, que sin embargo van encajando cada vez mejor, y van proyectando la bella posibilidad de llegar a convertirse en una sola realidad. Igualmente, si tocamos el tema tan importante y necesario de la intimidad en el pololeo/noviazgo, hay que evidenciar que existe una intimidad muy lícita y aconsejable en este tipo de relación: la necesidad de la presencia de la otra persona, de escuchar su voz, de tocarla y sentirla, es tan normal y necesario el caminar tomándose de la mano, el abrazar a la otra persona, el besarla y manifestar así el amor que uno siente.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De la misma manera, el amor, el cual está dotado de dos coordenadas necesarias e insustituibles, que son la verdad y la eternidad, me obliga a que, puesto que todavía la otra persona no me pertenece, entonces la tengo que respetar y todavía no me es lícito apropiarme de ella, precisamente porque todavía no me pertenece. Efectivamente, el amor, si es amor de verdad, incluye el tiempo. No se puede amar por diez minutos, o por un año, etc., sino que el amor es de tal fuerza y magnitud, que implica el tiempo como coordenada, pero un tiempo que no tiene fin. Efectivamente, un amor circunscrito a un tiempo determinado, sería entonces del todo fraudulento. Ciertamente, la condición para verificar que el amor es verdadero, es que nada puede destruirlo, y por lo tanto supera las barreras propias de las dificultades superando incluso la muerte. Si todavía me encuentro en condición de pololo/novio/prometido, entonces todavía la otra persona no me pertenece, y entonces porque la amo de verdad, no puedo poseerla, pues cometería una acción falsa, le haría daño, y ¡quién va a querer dañar a la persona amada! La actitud que corresponde entre los pololos/novios/prometidos desde el punto de vista de la intimidad sexual, no puede ser otra que la del respeto. Hay, por tanto, una intimidad no solo lícita sino muy necesaria y recomendable entre los pololos/novios/prometidos, pero hay otra intimidad, es decir, la que hace referencia a las relaciones sexuales entre los mismos, que no solo es ilícita, sino que es altamente perjudicial para ellos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El participar en la relación de pololeo/noviazgo de bienes que son propios de la vida matrimonial y conyugal, tales como son el vivir juntos o vacacionar juntos, el tener relaciones sexuales, el tener hijos, compartir el dinero y los bienes, etc., lejos de producir un mayor conocimiento de la otra persona y así mejorar el discernimiento del otro/a, generan un vicio en la relación de ambos, y distorsionan su mirada sobre el otro/a, impidiendo así responder a la pregunta que es principal y que hemos formulado anteriormente: ¿Es mi pololo/a, novio/a, prometido/a el hombre/mujer de mi vida? El compartir la vida, el hogar, el cuerpo y la sexualidad, generan vínculos tan potentes que me impiden discernir de manera libre sobre la otra persona. ¡Cuántas veces en el Tribunal Eclesiástico hemos podido verificar, que personas que jamás deberían haberse casado lo hicieron condicionados, precisamente por el vínculo producido por haber vivido una intimidad no adecuada durante su período de pololeo/noviazgo!</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal vez alguno dirá: Pero ¿por qué es necesario el consentimiento matrimonial, solemne, ritual, bajo la forma canónica, para poder tener intimidad sexual con la otra persona, o para poder vivir con ella, etc.? Efectivamente esto parece un contrasentido en un momento de la sociedad en el que se quiere legalizar cualquier tipo de convivencia entre personas, llamando además familia a cualquier tipo de relación. Es muy curioso esto, porque cuando, por un lado, la sociedad cada vez se obliga más a sí misma a manifestar la propia voluntad a través del compromiso público, sin embargo, por otro lado, a la relación matrimonial, familiar, se le quiere quitar lo ritual, lo contractual, lo solemne. En Chile, acabamos de ver cómo personas, ya sean del mismo o de distinto sexo, van a poder vivir en pareja accediendo a una serie de derechos, sin la necesidad de comprometerse entre ellas y por tanto, de tener que casarse. Es totalmente contradictorio, pues resulta que si uno va al supermercado para comprar mercadería, tiene que manifestar que quiere esa mercadería pagando con dinero y manifestando así su voluntad. No digamos si uno quiere comprar un vehículo o una casa, tiene que solemnizar a través del contrato de compraventa, todo lo que la ley estipula para llevar a efecto su voluntad. Y, sin embargo, para algo de primer orden en importancia como es la relación conyugal y familiar, se le trata de cualquier manera, eliminando toda solemnidad y ritualidad, y reduciendo así la relación afectiva entre personas a cualquier cosa.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Evidentemente, no podemos hablar de la situación que las personas viven cuando se acercan al Tribunal Eclesiástico, sin hacer algún tipo de alusión al cómo han vivido y desde qué perspectiva afrontaron todo el período del pololeo, noviazgo. No obstante, luego de haber hecho algún comentario necesario sobre dicho período tan importante a la hora de decidir sobre si se daban los elementos fundamentales para poder casarse o no, ahora hemos de volver al tema que nos ocupa. Como deja claro la codificación canónica, todo bautizado, que ha vivido un fracaso matrimonial, tiene derecho a acercarse al Tribunal Eclesiástico y solicitar que éste verifique si su matrimonio fue válido o no. Si por una parte, como hemos afirmado anteriormente, el matrimonio goza del favor del derecho; es decir, mientras no se prueba la nulidad, se presume la validez del mismo, sin embargo, igualmente la codificación canónica explicita que basta que en la demanda que hace la Parte Actora haya indicio o sospecha de nulidad, para que el Tribunal Eclesiástico tenga que aceptar la causa y tenga que proceder a su análisis siguiendo las normas del derecho procesal matrimonial canónico, tipificadas en el Libro VII del Código de Derecho Canónico.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, no es ni normal ni habitual, que las personas se acerquen directamente a las oficinas del Tribunal Eclesiástico, sino que lo más habitual y normal es que sea a través del párroco o del sacerdote, que se les instruya sobre la posibilidad de recurrir al Tribunal Eclesiástico para dilucidar y verificar si tiene sentido realizar el proceso de nulidad matrimonial o no. La trinchera pastoral más habitual en donde el bautizado abre su corazón y busca ayuda, es en la parroquia o en la conversación con algún sacerdote amigo o de confianza, con el cual el bautizado, que ha vivido la dolorosísima experiencia del fracaso matrimonial, abre el corazón y decodifica todo lo vivido y ocurrido. Este tipo de encuentros se desarrollan generalmente sin prisa, dedicándole el tiempo que se merecen; en muchas ocasiones, se trata más bien de un período largo de acompañamiento, transcurriendo distintas sesiones, y en donde, luego de un acurado discernimiento del sacerdote, se plantea la posibilidad de recurrir al Tribunal Eclesiástico, a la UTI de la Iglesia, para dilucidar si aquella situación vivida, aquella contienda que a ambos ilusionó tanto y que sin embargo después hizo sufrir tanto, era algo querido por Dios o no.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez, que la persona, con el acompañamiento y consejo del sacerdote, discierne que la posibilidad de acudir al Tribunal de la Iglesia para vislumbrar qué es lo que verdaderamente ocurrió, decisión ésta que tiene que tomar la persona, es plausible, entonces hay que ver la manera de acompañarla para que no tenga que presentarse sola en el Tribunal Eclesiástico, sino que se sienta ayudada, protegida, acompañada. Es muy importante, que este paso que físicamente es tan sencillo, pero que existencialmente es tan difícil, no tenga que ser dado por la persona sola, sino que pueda ser acompañada por alguien. Puede ser el sacerdote que la atendió durante ese último tiempo, o una persona de confianza del Sacerdote o de la persona, sea quien vaya con ella al Tribunal Eclesiástico, el hecho es que uno no se sienta solo en una situación como aquella.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el momento en el que la persona se acerca a las oficinas del Tribunal Eclesiástico, que en Santiago están en el Edificio Catedral, Catedral 1063 - 7° Piso, Santiago Centro, luego de acogerla de la mejor manera, pues ya hemos afirmado al principio de este artículo que el hecho de llegar al Tribunal, por más que éste sea de la Iglesia, siempre genera y proporciona una suerte de temor reverencial, de miedo, de respeto, etc. Sin embargo, al llegar la persona al Tribunal Eclesiástico, el cual se encuentra en la dirección indicada, y que atiende de lunes a viernes, de 9.00 a.m. – 18.00 p.m., la persona encontrará la mejor acogida, una Madre que la está esperando con el corazón dispuesto, y un Padre con los brazos abiertos. Si algo tenemos claro en el Tribunal Eclesiástico, es que la persona llega herida, con mucho sufrimiento, con gran confusión, consciente del drama que significa el fracaso matrimonial, pero sin las herramientas para decodificar las causas de lo sucedido.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien, será ya en el próximo artículo cuando entraremos de lleno para ir recorriendo el proceso de nulidad matrimonial canónica; sin embargo, es muy importante dejar bien claro en qué consiste la investigación que se realiza en el Tribunal Eclesiástico. Hay que descartar de frentón, cualquier tipo de explicación que homologue el proceso de nulidad matrimonial canónico, con el divorcio civil u otras formas civiles. El matrimonio Sacramento es indisoluble, es decir, que no hay autoridad en la tierra que pueda disolver el vínculo matrimonial. Si el Sacramento está, entonces es indisoluble. Ahora bien, puede ser que existan situaciones en las cuales, a priori, tengamos serias dudas de que en esa realidad conyugal pueda existir el Sacramento. El proceso de nulidad matrimonial canónico, lo que hace es investigar muy seriamente el momento del consentimiento, y discernir si el “sí quiero” de las partes fue suficiente para hacer nacer el vínculo sacramental, o si, por el contrario, el “sí quiero” de las partes estuvo afectado por un vicio, por un impedimento, por alguna incapacidad, de tal magnitud o gravedad que impidieran que naciera el vínculo sacramental. Si esto fuera así, entonces la Iglesia, tiene la autoridad para dictaminar que en aquella ocasión no nació el vínculo sacramental.</h5>
&nbsp;
<h5><img class="alignnone size-full wp-image-580" src="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/NULIDAD-5.jpg" alt="" width="283" height="318" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El panadero Terencio Neo y su esposa</em>, fresco de Pompeya, actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, Italia.</h5>]]></content:encoded>
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		<title>San Juan de Ávila: apóstol, misionero y doctor de la Iglesia - María Jesús Gualda Munita</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jun 2018 08:31:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.182 (ABRIL-JUNIO 2014)
Autora: María Jesús Gualda Munita, Licenciada en Historia, Universidad de los Andes
Para citar: Gualda, María Jesús; <em>San Juan de Ávila: apóstol, misionero y doctor de la Iglesia</em>, en La Revista Católica, Nº1.182, abril-junio 2014, pp. 143-149.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/MJGUALDA_LRC_1182.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>San Juan de Ávila: apóstol, misionero y doctor de la Iglesia </strong>
<strong>María Jesús Gualda Munita</strong>
<strong>Licenciada en Historia</strong>
<strong>Universidad de los Andes, Chile</strong></h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Juan de Ávila fue un sacerdote y predicador nacido a comienzos del siglo XVI en España, dentro de una familia conversa desde el judaísmo, en una época en que las heridas producidas por la expulsión semita de 1492 aún no habían cerrado.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su primer biógrafo, Fray Luis de Granada, relata que su padre lo envió a estudiar leyes a Salamanca a los 14 años, pero ya para 1517 lo vemos retirarse de su carrera de abogacía para regresar a su hogar como persona ya tocada de Dios. Les pidió a sus padres que le dejasen estar en un aposento apartado de la casa donde comenzó una durísima y áspera vida de purificación (1). En estas circunstancias, un franciscano creyó que la vocación del futuro Apóstol de Andalucía –nombre con el que se le conocerá posteriormente– se estaba malogrando, y logró convencer a su familia de enviarlo a estudiar artes y teología a la joven Universidad de Alcalá para que así pudiera servir mejor a Dios en su Iglesia. El tiempo en que nuestro santo estudió en Alcalá le permitió conocer a personajes fundamentales en su vida, como el regente Maestro Domingo de Soto y el arzobispo de Granada, don Pedro Guerrero.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1526 recibió la ordenación de presbítero y realizó en Almodóvar su primera Misa solemne en honor a los restos de sus padres que habían fallecido antes de terminar sus estudios (2). Para esta ocasión invitó a comer a doce pobres, vendió sus cuantiosos bienes, y los distribuyó entre los necesitados.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el mismo año en que recibió su ordenación, nuestro maestro marchó hacia Sevilla con la intención de embarcarse hacia América, pues su objetivo era llevar el Evangelio al Virreinato de Nueva España (México). Este proyecto giró de rumbo cuando el sacerdote Fernando Contreras vio en san Juan un piadoso clérigo para su arzobispado, y decidió enviarlo como predicador en Andalucía. Pese a que Juan de Ávila se excusó como nuevo en aquel oficio, respondió con suma obediencia a los mandatos de sus superiores y así fue como pronunció su primer sermón en la iglesia de San Salvador en julio de 1526 (3).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el principio de su sacerdocio demostró una extraordinaria elocuencia. El pueblo acudía en gran número a escuchar sus sermones donde quiera que fuera a predicar. Cada predicación la preparaba con cuatro o más horas de oración de rodillas. A veces pasaba la noche entera ante un crucifijo o ante el Santísimo Sacramento, encomendando el mensaje que iba a pronunciar a las gentes. Y los resultados eran formidables. Los pecadores se convertían a montones. Incluso se le adjudica la famosa frase: “Las almas se ganan con las rodillas”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante aquellos tiempos los sermones del maestro eran frecuentes; predicaba en hospitales y atendía la doctrina de los niños. Su predicación bíblica era profunda y apasionada, de estilo directo y atingente a los problemas que sus días enfrentaban. La vida de este doctor de la Iglesia en la ciudad hispalense de Sevilla era sumamente pobre. Vivía con un sacerdote, sin nadie que le sirviese, comiendo lo que pasaba por la calle, y recibiendo a veces limosna (4). Estos años le permitieron acercarse al modo de vida de san Pablo, predicador de gentes y uno de sus autores predilectos, quien dejando atrás su propia persona se esforzaba por mostrar solo la figura de Cristo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan salió pronto a predicar por los pueblos de su diócesis. En este ambiente, el Padre Valtanás lo encaminó a Écija, ciudad rica y comercial. Allí se hospedaba en casa de unos grandes y devotos cristianos, donde comenzó a predicar y leer en público lecciones sagradas, por las que se hizo sumamente popular. Écija fue el lugar donde conoció a su gran amiga, doña Sancha Carrillo, de entonces catorce años, quien estaba a punto de ser ofrecida al servicio de la emperatriz. Nuestro maestro la confesó y, gracias a sus consejos, esta joven decidió retirarse a la vida conventual. A estas alturas su popularidad era extraordinaria y sus predicaciones poblaban las iglesias y las plazas públicas. Su mensaje era fuerte, animaba enormemente a todos los que deseaban salir de su vida de pecado. Un gran número de sacerdotes le seguía para ayudarle a confesar y colaborarle en la catequesis de los niños y en la administración de los sacramentos. Ricos y pobres, jóvenes y viejos, todos acudían con gusto a escucharle.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A pesar del gran cariño que recibió por parte de los devotos, su actividad poco común, la reciedumbre de su predicación y la claridad en la doctrina conjugada con la más dura ascética personal, le valieron el resquemor de algunos miembros de la Iglesia, quienes lo llevaron a un proceso inquisitorial de dos años de duración, tiempo que nuestro santo supo aprovechar para enriquecer su obra espiritual. El desarrollo del proceso comenzó por algunas supuestas proposiciones sospechosas de san Juan. Sus acusadores fueron Leonor Gómez de Montenussó, Andrés Martel y Antonio Dossos. Algunas de las acusaciones contemplaban el presunto dicho de que el santo habría afirmado que podía exponer la Sagrada Escritura mejor que san Agustín; además, se le enjuició el haber mencionado que aquellos que eran juzgados por la Inquisición eran mártires, y que era mejor dar limosnas que dejar capellanías, entre otras falsedades (5).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El proceso se realizó entre 1531 y 1532, fechas dentro de las que el Santo Oficio dictó su orden de prisión. Hubo unas cincuenta y cinco personas que testificaron en favor de san Juan, y la mayoría lo elogió resaltando el celo que demostraba en su predicación, y en la enseñanza de la doctrina y confesiones; por el buen ejemplo que daba en la caridad con los necesitados, en su desinterés y amor a la pobreza. Finalmente, la sentencia de los inquisidores llegó el 16 de junio de 1533: esta fue unánime en absolver a Juan de Ávila. Los inquisidores lo enviaron a predicar en la iglesia del Salvador de Sevilla, donde sus amigos celebraron con aplausos y trompetas su retorno. Cabe señalar que mientras san Juan se encontró prisionero, ocupó su tiempo en estudiar y orar muy fructíferamente, hecho que se plasmó en la redacción de su obra teológica más conocida: Audi, Filia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A principios de 1535 nuestro Maestro partió hacia Córdoba con el espíritu rejuvenecido, arribando a la ciudad de los califas junto a su discípulo Pedro Fernández. El padre Ávila continuó allí con su predicación por muchos días con gran cantidad de oyentes en sus sermones. Su modestia, sus costumbres y buen trato ejercía un gran poder de atracción en quienes lo escuchaban. Su acción apostólica en esta urbe tuvo como fruto la entablación de nuevos discípulos: Juan de Villarás, Alonso de Molina y doña Mencía de Narváez (6).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A fines de 1536 vemos a san Juan partir hacia Granada con el objetivo de predicar la Palabra de Dios en aquellos lugares. En estos tiempos el arzobispo de dicha ciudad era el famoso prelado don Gaspar de Ávalos. El día de san Sebastián de 1537 tuvo lugar una de las conversiones más importantes inspirada por el Apóstol de Andalucía, en la persona de un mercader portugués que en adelante sería conocido bajo el nombre de san Juan de Dios. Su fructífera acción misionera lo llevó a ir poco a poco reuniendo grupos de sacerdotes, a quienes incitaba a la meditación de la Pasión de Jesucristo y de la Santa Eucaristía, al rezo y a la recepción de los sacramentos, hasta que estuvieran lo suficientemente preparados para salir a predicar. Los frutos que conseguía eran inmensos. Unos treinta de esos sacerdotes se hicieron después jesuitas, otros colaboraron con la reforma interna de la Iglesia, y muchos más llenaron de buenas obras las parroquias con su gran fervor.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La acción misionera de san Juan siguió avanzando hacia el norte de la península ibérica, ejerciendo una gran influencia en la formación de la que fue la Universidad de Baeza. Su carrera en ella nació cuando don Rodrigo López –clérigo fundador‒ lo nombró subadministrador, procurador y gestor con plenísimas facultades en todo lo que a esta institución se refería (7). Se cree que lo primero que desarrolló san Juan en Baeza fue el Colegio de Niños, establecido en una casa ‒ que hoy es de capellanes‒, y además algunas salas de claustro que acomodó para clases, con lo que su campo de apostolado se amplió hacia la vecina diócesis de Jaén. En 1544 los Estudios Mayores de Baeza fueron aprobados por la Santa Sede con un gran auge académico, siendo la Teología la disciplina que ocupó el más alto lugar. Esta universidad es un excelente ejemplo de formación sacerdotal anterior a Trento. La enseñanza de la teología, unida a la recepción de los sacramentos y prácticas caritativas, conjugaban la ciencia y la virtud, que eran los dos pilares en los que se asentarían los posteriores seminarios surgidos por el gran Concilio del siglo XVI. Por último, la necesidad de un período de práctica pastoral previo a la graduación universitaria pone de manifiesto el sentido práctico que la formación del centro biacense ofrecía (8). Cabe señalarse que además de esta universidad, san Juan logró la formación de otros dieciséis colegios.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro apóstol recorrió muchos lugares e iglesias, conoció a laicos y eclesiásticos, a jóvenes y viejos, con lo que logró obtener un diagnóstico de la cristiandad de España y de sus días. Él mismo escribe: Saquemos, pues, por estas experiencias en iglesias particulares lo que de estos mandamientos puede resultar en toda la Iglesia, pues que, por una gota de agua, se conoce el sabor de toda el agua de la mar (9). El primer resultado de su análisis fue que la Iglesia se encontraba gravemente enferma; llegó a definirla, incluso, bajo los siguientes términos: con llagas tan afistuladas y con necesidades tan grandes que resultan necesarias de remediar prontamente (10). Ahora bien, resulta necesario recordar que nuestro maestro se enfrentó con un clero cuya formación era a todas luces insuficiente, ante todo, porque no existían instituciones con la misión ‒exclusiva y específica‒ de formar en profundidad y en extensión a los sacerdotes que los tiempos exigían, tanto en lo espiritual como en lo teológico. Puede decirse con propiedad que san Juan de Ávila fue un excelso reformador cristiano, y que su vida fue congruente con las exigencias que en temas doctrinales y espirituales se requerían, llevando una vida pobre y austera, creando escuelas, dirigiendo espiritualmente a todo tipo de personas, y buscando la correcta formación de la clerecía, así como de los feligreses. Se ve a lo largo de toda su actividad la preocupación por purificar y renovar la fe y costumbres del pueblo cristiano que se encontraba en crisis.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los problemas de salud de nuestro santo comenzaron durante 1551 y no lo dejaron hasta el último de sus días, abarcando dieciocho años de su existencia. A causa de su enfermedad, no pudo acompañar a don Pedro Guerrero, Arzobispo de Granada, a la segunda sesión del concilio de Trento, quien lo deseaba llevar como teólogo y consultor. A pesar de esto, san Juan escribió un conjunto de Tratados en los que reflejó su opinión sobre los temas a tratar en el Concilio Tridentino11. El Maestro Ávila aportó una sana doctrina sacerdotal con vistas a una renovación auténtica en sus tiempos conciliares y postconciliares, y se apoyó en la tradición eclesial sobre el seguimiento evangélico de los Apóstoles y de sus sucesores. Su modo de colaborar en la aplicación del Concilio, especialmente en temas sacerdotales, es un referente plenamente actual. Nos atrevemos a decir que la doctrina avilista, unida indisolublemente a sus gestos y testimonio de vida, sigue siendo hoy una llamada profética, y una memoria que alienta a una renovación auténtica y posible que se adapta a todos los tiempos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya para 1554 el santo misionero debió retirarse definitivamente a Montilla, llevando una vida austera de oración, estudio, confesionario y predicación. San Juan entendió la enfermedad en todo su contexto espiritual, tanto como remedio de culpas, prueba de amor, y como campo de batalla de los atribulados. A pesar de todo, siguió escribiendo, dando consejos y predicando; incluso pidió auxilio a “escribientes que le ayudasen en su tarea” (12).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En mayo de 1569 la salud de nuestro santo no lograba sostenerse, y tras las indicaciones de su médico pidió confesarse. Ante tan difícil situación la marquesa de Priego le preguntó qué podía hacer por él, y su respuesta fue: Misas, señora, misas (13). Cuenta Fray Luis de Granada que san Juan tenía en sus manos un crucifijo, el que besaba y abrazaba con devoción, y que luego uno de los discípulos que lo acompañaba le pasó una cuenta de indulgencias que rezó muchas veces.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La agonía fue larga, y en la madrugada del 10 de mayo de 1569 dejaba este mundo para partir al que tanto había deseado. Apenas fallecido nuestro santo, la marquesa de Priego envió a hacer misas en todas las iglesias de la ciudad de Montilla. Respetándose la voluntad del maestro, se le sepultó el mismo día en la iglesia de la Compañía. La conmoción ante su partida fue enorme, los fieles rogaban por tocar sus vestiduras, y muchas de las personas que asistieron a la iglesia no pudieron entrar a causa de la cantidad de seguidores que lo acompañaban. Parte de sus bienes, como unos zapatos viejos y el cáliz con el que celebraba misa, fueron guardados desde el día de su muerte como una reliquia, asimismo, algunas personas guardaron restos del pelo de su barba, de su vestido e incluso una parte pequeña de su dedo y huesos (14).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En julio de 1946 el Apóstol de Andalucía fue nombrado por el Papa Pío XII como patrono y maestro del clero secular español. Luego, el Papa Pablo VI lo canonizó en mayo de 1970, y tras treinta años de arduos estudios y trabajos, Benedicto XVI lo nombró doctor de la Iglesia Universal el 7 octubre de 2012. Su rol como misionero urbano generó grandes frutos en la Iglesia de su tiempo y permitió que su influencia traspasara, incluso, las barreras de los siglos a través de sus escritos y del legado de sus discípulos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Sala Balust, L., “Introducción”, San Juan de Ávila: Obras Completas I (Madrid, 2007) p. 23.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Ibíd., p. 28.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 33.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Fray Luis de Granada, Vida del venerable Maestro Juan de Ávila(Buenos Aires, 1952), p. 16.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 36 y 37.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Cfr., Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 62.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Cfr., Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 74 y 75.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. Martínez Rojas, F.J., San Juan De Ávila y la formación cultural del clero giennense en el inmediato período pretridentino: La Universidad De Baeza, p. 6.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Memorial Primero, p. 487.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. Memorial Primero, p. 493.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. González Rodríguez, María Encarnación, San Juan de Ávila doctor de la Iglesia Universal, (Madrid, 2012), p. 209.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Cfr., Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 292.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. Fray Luis de Granada, Vida del venerable Maestro Juan de Ávila, p. 140.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Sala Balust, L., “Estudio biográfico”, San Juan de Ávila: Obras Completas I, p. 303.</h5>
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		<title>Edith Stein, naturaleza, libertad y gracia. El espíritu infinito y su dramaticidad en el mundo - Anneliese Meis, SSpS</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/06/edith-stein-naturaleza-libertad-y-gracia-el-espiritu-infinito-y-su-dramaticidad-en-el-mundo-anneliese-meis-ssps/</link>
		<pubDate>Fri, 01 Jun 2018 07:44:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.183 (JULIO-SEPTIEMBRE 2014)
Autora: Anneliese Meis, SSpS. Facultad de Teología UC
Para citar: Meis, Anneliese; <em>Edith Stein, naturaleza, libertad y gracia. El espíritu infinito y su dramaticidad en el mundo</em>, en La Revista Católica, Nº1.183, julio-septiembre 2014, pp. 225-234.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/06/AMEIS_LRC_1183.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Edith Stein, naturaleza, libertad y gracia.
El espíritu finito y su dramaticidad en el mundo.
Anneliese Meis, SSpS
Facultad de Teología UC</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Si bien las referencias a la noción “espíritu” en la obra de Edith Stein son numerosas, la constitución y la dramaticidad de su trascendencia recién se están estudiando (1). Sin duda, se puede verificar la noción “espíritu” como clave antropológica teológica de la obra steineana, lo cual aporta una instancia crítica a la búsqueda (2), mientras que permite delimitar la noción del “espíritu” con respecto al alma y su mayor profundidad (3). De hecho, el presente estudio cuenta con el apoyo de otros de gran calidad filosófica teológica, originados, en parte, por las importantes influencias de pensadores como Tomás de Aquino y Agustín sobre la discípula de Husserl (4) , pero al proponerse su dilucidación en la obra-bisagra de Edith Stein, Naturaleza, libertad, y gracia(5), la constitución del “espíritu” adquiere mayor nitidez en lo que se refiere a la propia subsistencia, anticipada por el Espíritu Infinito, siendo aquel más real y libre al comprenderse desde Dios y Su gracia. De ahí que la dramaticidad de su existencia en el mundo se incrementará.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El espíritu, persona espiritual y esfera espiritual</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Edith Stein advierte que “espíritu es una palabra ambigua y es necesarioutilizarla aquí en ese sentido doble. Designa, por un lado, una persona espiritual, y, por otro, una esfera espiritual. Las relaciones que puede guardar una persona espiritual con una esfera espiritual son de doble naturaleza: por un lado, toda esfera espiritual fluye de una persona... y ahí tiene necesariamente su centro; por otra parte, una persona puede estar elevada a una esfera espiritual que fluye de Dios” (6).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Insiste la autora en que es necesario “ponerse al servicio de un espíritu”, ya que si bien el “alma recibe impresiones de fuera, del mundo en el que el sujeto de esa vida está y/ o toma como objeto con el espíritu” (7) y “Al igual que el natural-ingenuo, el sujeto anímico liberado acoge el mundo con el espíritu” (8), lo cual no vale del mismo modo de los ángeles (9), pues, para el ser humano “Ponerse al servicio de un espíritu” tiene “un sentido doble. Significa introducirse en una esfera espiritual y dejarse llenar por ella. Y por lo tanto significa simultáneamente someterse a la persona que es el centro de esa esfera. Ello puede suceder en algunos casos de forma indirecta, sometiéndose a una persona que ya esté elevada a esa esfera y resguardada en ella, pero sin ser su centro. Así, es posible ser llenado con el espíritu de lo alto, es decir, encontrar la forma de unirse al reino de la gracia, siguiendo a un santo sin haberse sometido a Dios directa e inmediatamente” (10).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Explica la autora que hay hombres que parecen forzar que se pongan a su servicio espíritus capaces de dominar la naturaleza. Pero solo lo parece. Pues, “El hombre sólo puede entrar en relación con espíritus situados fuera de su naturaleza poniéndose -implicite- a su servicio y siendo llenado del espíritu de los mismos. Lo único posible es que esa circunstancia permanezca escondida para él a causa del modo en que se conduzcan aquellos espíritus. El señor de la esfera en la que es acogido puede estar a su servicio en casos particulares –por ejemplo, mandando en su favor a las fuerzas de la naturaleza– y al así hacerlo llenarle de improviso con su espíritu. O puede permanecer oculto y enviar desde su reino a espíritus servidores a los que encargue que sirvan al hombre. Entonces el hombre cree ilusoriamente que le están sometidos, mientras que en realidad obedecen a su señor y, por lo tanto, al mismo tiempo hacen que el hombre sirva a ese señor” (11).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Edith Stein cabe distinguir todavía más finamente el hecho: “Cuando el hombre se asienta de esa forma en un reino situado fuera de la naturaleza no gana su alma y no se hace consciente a sí mismo”, porque: “Para el espíritu que lo atrae así a su reino lo importante es precisamente apoderarse de su alma y llenarla con su espíritu. No le deja margen alguno para su propia vida. Se encuentra ahora mucho más en servidumbre que en el estadio de la naturaleza. El hombre ingenuo está falto de libertad solo en cuanto se halla constantemente a merced de impresiones exteriores y su vida se consume en reacciones. Pero son sus reacciones. En cambio, el “poseído” por un espíritu malo ya no reacciona a su manera, está enajenado de sí mismo; en su alma domina aquel espíritu y actúa desde ella. Por esa razón, llegar a un reino cuyo señor desea las almas para dominarlas no significa aquietarse” (12).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muy contrariamente sucede, según la autora, cuando se trata de una persona “que posee no solo alma, sino espiritualidad libre, como en el reino de la naturaleza sucede con el hombre, esa persona tiene la posibilidad de sustraerse a impresiones y de evitar reacciones. El correspondiente logro positivo es que el espíritu no es afectado obtusamente por impresiones, sino que –en su actitud originaria– está abierto a un mundo que se le muestra visible. El espíritu está como tal en la luz. Ahora bien, ningún ser libre y espiritual está completamente cerrado en el reino de la naturaleza. La libertad de sustraerse al juego natural de las reacciones le proporciona un emplazamiento fuera de la naturaleza, o bien, lo que es más correcto, da testimonio de ello. Y la apertura del espíritu es por principio una apertura universal. Todo lo que es visible puede ser visto por él. Todo lo que es objeto puede estar ante él. Sin embargo, no todo espíritu individual tiene fácticamente un campo visual irrestricto” (13).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El espíritu libre y su única tentación</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora para Edith Stein “la cuestión que se plantea es si es solo su libertad quien le pone fuera de la naturaleza”. Pues “Si la apertura originaria del espíritu es circunscrita dentro de los límites por su vinculación a un ser natural y solo se le ofrece ‘sin más’ aquello con lo que está vinculado como ser natural, ¿no es necesario, entonces, que exista una vinculación semejante a la natural a las esferas a las que sólo debe abrirse paso?” (14).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Explica Edith Stein esta cuestión recurriendo a otras esferas posibles que atestiguan que “gracias a la apertura universal del espíritu podrían acercársele también, pero solo en caso de esfuerzo activo por ambas partes. La naturaleza no necesita ese esfuerzo, y no sería capaz de él en modo alguno, pues ella no es una esfera espiritual y no fluye de un centro personal, solo del cual puede salir una actividad. La segunda posibilidad parece plausible. Pero solo en la medida en que se trate de un conquistar espiritual de nuevas esferas, de un tomar noticia de ellas. Y no en el sentido de que ahí deba tener lugar al mismo tiempo una acogida del alma en un reino ajeno. Mientras el hombre acepte la esfera ajena solamente con el espíritu, puede permanecer sustraído anímicamente a ella, exactamente igual puede tomar noticia y conocimiento de la naturaleza mientras se cierra anímicamente a ella. Hacerse visible para el espíritu no significa lo mismo que inundar el alma. Puede que el espíritu vea y que sin embargo el alma permanezca vacía. Pero mientras el espíritu del nuevo reino no llene el alma, esta tampoco tendrá en él emplazamiento alguno. Y la pregunta de cómo es posible esa indagación sigue aún sin respuesta” (15).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto llega a un problema más espinudo, el mal que remonta al corazón del hombre, pues “El mal no podría llegar al hombre si no tuviese en él una morada originaria. El hombre echa mano del mal con libertad cuando sucumbe a la tentación. Pero ese echar mano, que no es un puro asir espiritual, sino entrega anímica, solo es posible si aquello de lo que se echa mano ya ha encontrado entrada en el alma anteriormente. Y en el alma solo encuentra entrada lo que es conforme a ella. No está abierta a todo y todos, como el espíritu” (16).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta entrada difícil del mal en el alma, pero no imposible, debido a la tentación, se torna diferente respecto al alma despierta, pues: “Solo el alma espiritualmente despierta está tan abierta que puede acoger algo en sí. Y lo que puede inundarla es a su vez solamente espíritu. Solo en esferas espirituales puede estar el alma verdaderamente inserta, no en la naturaleza…vida espiritual… Las leyes racionales inciden sobre el contenido de las impresiones y reacciones con entera independencia del sujeto en cuya vida espiritual se realicen. No se necesita un ‘espíritu’ especial, una esfera espiritual peculiarmente cualificada, para que puedan desplegar su dominio. En la medida en que la vida espiritual se desarrolle en la forma de la motivación, es decir, en la forma de la ‘respuesta’ ocasionalmente exigida a impresiones, el sujeto espiritual estará sometido sin más a las leyes racionales, con la misma obviedad con la que todo acontecer natural obedece a las leyes naturales” (17).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí se aprecia cómo Edith Stein percibe con finura la dimensión “espiritual” del alma, que “Al despertar a la libre espiritualidad el sujeto se encuentra a sí mismo en el reino de la razón natural… Precisamente lo que es necesario para entrar en ese reino -la espiritualidad libre- separa al mismo tiempo de él y pone al sujeto sobre sí mismo. El reino de la razón no es una esfera espiritual que fluya desde un centro personal y esté cualificada específicamente por él…” (18). Resalta una significativa diferencia entre el reino de la razón natural y el reino del espíritu que se abre, pues: “Ese abrirse paso es un acto libre en el que el alma afirma el espíritu de la esfera que quiere apoderarse de ella y se entrega a él, de modo que él pueda tomar posesión de ella y ella pueda tomar morada en ese reino” (19).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero con esto se vislumbra lo que significa la tentación, ya que “Solo sigue estando en cuestión, así pues, por qué el alma puede pertenecer a una esfera espiritual de modo más verdadero que a la otra… La tentación no le viene de fuera, sino que ella la encuentra en su interior, necesitada tan solo de la legitimación mediante un acto libre. Hay una sola tentación a la que está expuesto el sujeto libre puramente como tal y con independencia de lo que llene su alma, una tentación que es la única en la que pudieron caer los ángeles y el hombre en estado de integridad y con la que el tentador podía acercarse también a Cristo: la tentación de asentarse en sí mismo, de convertirse a sí mismo en señor. Al mismo tiempo la única que por su naturaleza es rebelión contra Dios, ninguna otra cosa, y de la que tiene que proceder el mal mismo y solamente -implicite o explicite- está dirigida también contra Dios. A una tentación, sea cual sea su tipo, sólo se le puede salir al paso desde el espíritu de lo alto” (20).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Caer en tal tentación tiene serias consecuencias, que Edith Stein explica detenidamente en sus alcances cuando advierte: “…se ha puesto al servicio de su reino, de modo que el espíritu del mal puede hacer su entrada en ella. Hemos dicho que entonces ese espíritu actúa desde ella y ya no es ella misma quien reacciona de su modo natural a las impresiones que recibe… exclusivamente desde el espíritu del mal. El odio es la reacción específica del mal, o, más correctamente el acto espiritual específico en el que el mal puede y tiene necesariamente que irradiarse a sí mismo conforme en su esencia material” (21).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. La dramaticidad del espíritu transformado por el Espíritu Santo Edith Stein contrapone a la tentación y el reino del mal el reino del espíritu de la luz, pues “Y, al igual que el espíritu del mal, también el espíritu de la luz, el Espíritu Santo, obra en el alma de la que toma posesión una transformación de sus reacciones naturales” (22). Pues “Y hay actos espirituales y estados anímicos que son las formas específicas de su vida en cada momento: amor, misericordia, perdón, beatitud, paz… El espíritu de la luz es por su esencia propia plenitud rebosante, riqueza perfectísima que nunca mengua… De hecho, es indudable que en el “renacimiento desde el espíritu” el alma experimenta una transformación radical. La vida en que solía desplegarse y desplegar su modo de ser propio se le corta. De entrada desaparece de ella progresivamente, a medida que la gracia se va difundiendo en ella, lo que ofrecía un punto de ataque al espíritu del mal y sin embargo le pertenecía a ella misma” (23).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto significa que “su individualidad no es expulsada por el espíritu de la luz, sino que se desposa con él y de ese modo experimenta verdaderamente un ‘nuevo nacimiento’” (24). Pues “De hecho se puede decir de toda individualidad que es el centro de una esfera espiritual propia y esa esfera tiene su propia ‘razón’” (25). Pero es cierto que Edith Stein destaca que es difícil distinguir en los diversos aspectos, ya que “de entrada es ya muy difícil distinguir qué es realmente una reacción desde la individualidad y qué es reaccionar solamente con arreglo a la costumbre, y en la mayor parte de las reacciones de una forma que está determinada por el espíritu del entorno al que y desde el que nace el hombre” (26).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay otras reacciones posibles que la autora describe brevemente y con acierto, pues “También puede salirle al encuentro: mediante la ocupación con objetos que le son conocidos como sagrados, aunque el espíritu de lo alto que los llena aún no le sea perceptible y por lo tanto la santidad no le sea visible…” (27). “También el santo conoce épocas de ‘sequedad’ interior en las que tiene que resistir en los desiertos, precisamente las conoce porque destacan sobre el trasfondo de las épocas en las que la luz de la gracia inunda y el fuego del espíritu le abrasa” (28).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La autora reduce, luego, todo al amor como última fuente del actuar del espíritu de la luz al afirmar: “Las obras de amor que -lleno del espíritu- él hace, toda su actitud vital y su conducta vital determinadas por el espíritu, atraen las miradas hacia él sin que él lo quiera. Su santidad resulta patente, aunque solo para aquellos cuyos ojos ya están abiertos, y los atrae al seguimiento. Y quien le sigue se somete con ello al espíritu de la luz, aun cuando todavía no se haya adentrado hasta su autor personal” (29). Hay una diferencia del actuar a nivel de cuerpo y alma, como Edith Stein observa: “Sí, en cambio, se es afectado por las sensaciones y en ellas, sin dirigir a ellas la mirada espiritual o pasarla a través de ellas, se vive en el cuerpo” (30).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cambio, “para un sujeto que tenga alma y espíritu el notar los estados corporales constituye la periferia más externa de su vida interior; cuanto más profundamente descienda dentro de sí, tanto más se distanciará el cuerpo de él… Una persona puede vivir preferentemente en actos espirituales, y sin embargo notar en su periferia los estados corporales” (31). Por ejemplo, el dolor, estados que requieren una cierta independencia del cuerpo: “bien el dolor dirige a sí la mirada espiritual y la aparta del tema intelectual, total o parcialmente, o bien perturba el proceso espiritual sustrayéndole en mayor o menor medida las fuerzas necesarias para su mantenimiento” (32). Y “no en vano de lo que se trata es precisamente de hacerse independiente de esas fuerzas naturales, de asegurar la vida espiritual para casos en los que fallan” (33).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero advierte Edith Stein otro dato, que explica de la siguiente manera cuando afirma: “Desde el mundo espiritual, con el que el alma está en contacto, le afluyen directamente fuerzas, en sí misma ella tiene una fuente originaria que le permite abrirse con independencia de la constitución del cuerpo y de sus cambiantes estados y ser activa espiritualmente y regenerarse desde el espíritu” (34). Para la autora esto significa, sin embargo, tener cuidado, pues afirma insistentemente: “Si lo hace sin asegurarse la conexión con las fuentes espirituales de fuerza el resultado del ascetismo será solamente ‘mortificación’” (35). Lo mismo vale “Si el hombre fuese un ser puramente espiritual, no sería planteable para él ningún otro camino de redención que el puramente interior. Su constitución corporal que -en la corrupción de la misma- le dificulta el ascenso espiritual hace posible, por otro lado, ayudarle con otros medios de gracia” (36).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Edith Stein este camino de la gracia ligado al cuerpo tiene mucha una relevancia singular, pues “Vita spiritualis conformitatem aliquam habet ad vitam corporalem” dice Tomás de Aquino, donde por “vita corporalis” se debe entender toda la vida natural del hombre. Ya el hecho de que la voluntad del Señor se manifestase en la palabra y que la ‘palabra se hiciese carne’ no se debe entender desde el espíritu, sino solo como adaptación a la constitución natural de las criaturas a las que quiere hacerse perceptible… Mediante la palabra y el signo la gracia se dirige a través de lo sensible al espíritu del hombre, a fin de adentrarse en el alma por vía espiritual… Penitencia y perdón de los pecados aparecen como un proceso tan espiritual que no parece haber espacio alguno para un efecto sacramental” (37).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, insiste Edith Stein en otro aspecto cuando afirma con cuidado, recalcando: “Cuando la persona tiende por su espiritualidad a reaccionar conforme a la razón natural, esa tendencia se va solidificando en su estructura psíquica hasta convertirse en disposiciones permanentes. E igualmente el mal, tan pronto la persona le da cabida, se convierte para ella en una ‘costumbre’. Y aunque el arrepentimiento sea eficaz en ella y su ‘espíritu esté dispuesto’, la mala costumbre puede tener por efecto que haga una y otra vez el mal del que se ha apartado interiormente” (38). Pero resalta la autora, siempre de nuevo, que quien actúa es el Espíritu Santo, en sus diversas maneras propias: “Y de la misma manera: conocer a alguien como santo o conocer que es un santo es algo que solo se puede hacer si se nota en él al espíritu ‘qui locutus est per prophetas’” (39), ya que “La fe en el Dios corporalmente presente o la fe en el espíritu que habla desde los santos es después la base para la fe en sus palabras. Tal es la situación para aquellos a quienes los ‘mediadores’ les están presentes directamente desde las palabras y que estas se conviertan para nosotros en revelaciones porque creamos directamente en ellas” (40).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al finalizar Edith Stein su argumentación subraya insistentemente algunos aspectos importantes, pues “Se cierra ahora lo que se dijo sobre la fe y lo que se dijo antes sobre la gracia. La gracia es el espíritu de Dios que viene a nosotros, el amor divino que se abaja a nosotros. En la fe nos apropiamos subjetivamente la gracia de la que hemos sido hechos partícipes objetivamente... Adquirimos conciencia ahí... de algo que es eficaz en nosotros... que toma morada en el alma, se hace visible para el espíritu, es asimilada espiritualmente en la fe. Además, es asida activamente por el alma, recibida como propiedad de esta. Y con ello, al mismo tiempo, el centro personal en el cual y con el cual se recibe el amor divino, se convierte en un nuevo punto de partida desde el que irrumpe a su vez el amor divino: como amor a Dios y como amor al prójimo y a todas las criaturas en Dios” (41).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sintetizando, cabe destacar aportes significativos en NLG que resaltan elementos constitutivos de la dramaticidad del ser finito anticipado por el Espíritu Infinito.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A modo de conclusión</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La argumentación de Edith Stein en NLG verifica, efectivamente, que El ser humano se constituye en cuanto espíritu finito en el mundo de modo dramático a partir de la anticipación por el Espíritu Infinito, siendo aquel más real y auténtico, si se comprende desde Dios (42). Entre los elementos descubiertos destacan los siguientes:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Una visión dinámica muy afinada del espíritu finito en cuanto trascendente al cuerpo, pero profundamente inmerso en la realidad material del mundo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. El deseo connatural de trascender al Espíritu Infinito, siendo anticipado por dicho espíritu a través de la complejidad de su interrelación con el mundo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. La dramaticidad de su situación en el mundo se origina en la finitud de la constitución del espíritu humano, siendo infinitos sus anhelos más profundos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Fondecyt 2013-2014 Anneliese Meis, André Hubert, Juan Francisco Pinilla, Fernando Berríos, “El espíritu finito y su dramaticidad en el mundo. Un estudio histórico sistemático
en Edith Stein, Anselmo, Juan de la Cruz y Karl Rahner”; cf. VRI 2014-215 Anneliese Meis, Ana María Vicuña, Saide Cortés, Agustina Serrano, VRI 2014-2015, “La pedagogía del diálogo amoroso. Un estudio en El Banquete de Platón, El Castillo Interior de Teresa de Ávila y Acto y Potencia de Edith Stein”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Caballero, J. L., Edith Stein (1981-1942) (Biblioteca Filosófica, 120) (Ediciones del Orto, Madrid 2001), 94 pp. El autor ofrece una significativa síntesis respecto a las implicaciones prácticas de la interioridad en el V. Simposio La formación humana en Edith Stein 12-14 de agosto 2014, Santiago de Chile.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Patt, S., El concepto teológico-místico de “fondo del alma” en la obra de Edith Stein (Pamplona 2009), 206 pp.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Gerl-Falkovitz, H.-B., “El impulso cristiano en orden a una filosofía abierta al ser. El caso de Edith Stein (1891-1942)”, Revista Española de Teología 60 (2000), 249-284. Schindler, D., “The embodied person as gift and the cultural task in America: status quaestionis”, Communio35 (2008) 397-431; Calcagno, A., “Being, aevum, and nothingness: Edith Stein on death and dying”, Con Philos Rev 41 (2008) 59-72; Meis, A., “Edith Stein y Tomás de Aquino. Repercusión sobre la pregunta por la mujer”, Teología y Vida, 51 (2010) 9-37. El estudio de Emery, G., La Trinité Créatrice, resulta iluminador para la comprensión intrínseca de la relación de Edith Stein con el Doctor Angélico-relación relevante para la intelección de la dramaticidad del “espíritu”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Stein, E., Naturaleza, libertad y gracia, OC III, 55-128=NLG ; La obra Naturaleza, libertad y gracia, no muy extensa, fue escrita por Edith Stein probablemente en 1930, es una síntesis muy lograda del vasto pensamiento de la autora, que sin embargo, pasa casi desapercibida en la avalancha de los estudios secundarios, lo que probablemente se debe a su título original, Die ontische Struktur der Person und ihre Erkenntnistheoretische Problematik, en Welt und Person (ESW Vi) (1962) 137-197, que se debe a circunstancias casuales y no refleja el contenido propiamente tal de la obra.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. NLG 75.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. NLG 68.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. NLG 69.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. NLG 70: Así también la vida de los ángeles, de los espíritus que sirven a Dios. La voluntad de Dios los atraviesa por el centro y despliega su actividad directamente en las acciones de ellos. Están sometidos sin someterse. Su obediencia no presupone renuncia alguna, uso alguno de la libertad. No presupone un uso de la libertad, pero sí la libertad misma. De la obediencia forma parte la posibilidad de la desobediencia, aun cuando de hecho nunca tengan lugar elección y resistencia. Servidores de Dios solo pueden serlo espíritus libres.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. NLG 75.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. NLG 76.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. NLG 76.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. NLG 77s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. NLG 78.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. NLG 78s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. NLG 79.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. NLG 79s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. NLG 80.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. NLG 81.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">20. NLG 81.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">21. NLG 82.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">22. NLG 82.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">23. NLG 83.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">24. NLG 84.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">25. NLG 85.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">26. NLG 85.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">27. NLG 88.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">28. NLG 89.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">29. NLG 91.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">30. NLG 104.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">31. NLG 104s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">32. NLG 105.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">33. NLG 108.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">34. NLG 108.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">35. NLG 109.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">36. NLG 112.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">37. NLG 112s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">38. NLG 115.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">39. NLG 127.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">40. NLG 127.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">41. NLG 127s.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">42. En este sentido puede observarse la fuerte presencia de Tomás de Aquino en el pensamiento de Edith Stein, quien ofrece una lúcida síntesis al interrelacionar dicha relación con las “misiones, es decir, la del envío de la persona divina del Hijo y del Espíritu Santo al alma del justificado, que de este modo participa gratuitamente de la vida trinitaria, como lo evoca Hans Urs von Balthasar, Gloria 1, Madrid 1960, 263, citando a Tomás, Ia 43, 5 ad 2: “Al igual que el Espíritu Santo nace visiblemente en el espíritu humano a través del don del amor, el Hijo nace mediante el don de la sabiduría, por la cual él se nos revela como la meta final de nuestro retorno a Dios”.</h5>
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		<title>La Plegaria Eucarística: el corazón de la reforma conciliar - Osvaldo Fernández de Castro, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/05/la-plegaria-eucaristica-el-corazon-de-la-reforma-conciliar-osvaldo-fernandez-de-castro-pbro/</link>
		<pubDate>Wed, 30 May 2018 16:28:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.180 (OCTUBRE-DICIEMBRE 2013)
Autor: Osvaldo Fernández de Castro, Presbítero de la Arquidiócesis de Santiago
Para citar: Fernández de Castro, Osvaldo; <em>La Plegaria Eucarística: el corazón de la reforma conciliar</em>, en La Revista Católica, Nº1.180, octubre-diciembre 2013, pp. 271-282.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/DECASTRO_LRC_1180.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La Plegaria Eucarística: el corazón de la reforma conciliar
Osvaldo Fernández de Castro, pbro.</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>I. Introducción</strong></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Por mucho tiempo hemos reducido la reflexión litúrgica a la forma externa de la celebración. La reforma conciliar trajo muchos cambios, pero a veces nos hemos centrado sólo en lo externo de ellos, sin ir a la teología en la que se sostienen. La lengua vernácula y la misa celebrada de cara a la asamblea han pasado a ser los signos más claros de la reforma conciliar, pero hay muchos otros que hoy nos parece que siempre han existido, que en realidad son conquistas del Concilio: el simple hecho de que se escuche la consagración, de que haya homilía u oración universal, la comunión dentro de la misa, la riqueza bíblica de la liturgia de la palabra, la concelebración, la misma distribución del presbiterio.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero sobre todo hay un gran elemento que convierte la renovación del Concilio Vaticano II en la más importante de la historia de la Liturgia: las Plegarias Eucarísticas. Ésta es por lejos la renovación más importante, pues se trata del corazón de la Eucaristía. Y si la liturgia es el corazón de la vida de la Iglesia, y la Eucaristía es el corazón de la liturgia, al hablar de la Plegaria Eucarística estamos hablando del corazón, del corazón del corazón. La Iglesia en su rito romano celebró la eucaristía durante 1500 años sólo con el Canon Romano. Es el Canon que conoció san Ambrosio en su viaje a Roma, es el Canon que enriqueció san León Magno, es el Canon de las misas a las que asistió san Francisco de Asís, con que celebró san Ignacio de Loyola o el mismo san Alberto Hurtado. Es el Canon con que por siglos celebró la Iglesia de occidente y con el que se encontraban los peregrinos venidos del oriente. Hoy la liturgia romana se abre a nuevas plegarias eucarísticas ricas en contenido y variadas en su forma. Creo que nos falta mucho en sacar el verdadero provecho que esto significa. Por una parte en el enriquecimiento de nuestras celebraciones, pero también en el estudio y en la catequesis. Lo que la Iglesia cree está presente en la celebración de la Iglesia. La Plegaria Eucarística es un espacio riquísimo de teología que requiere de nuestra atención.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>II. Breve Historia de la Plegaria Eucarística</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Origen</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda la raíz de la Plegaria Eucarística la encontramos en la Última Cena de Jesús con sus discípulos. Y su prehistoria la encontramos en el esquema de la oración judía. Es en el contexto de la Pascua Judía donde Jesús celebra esta cena. De ella toma los signos, los gestos y las palabras, y algunos los mantiene y otros los transforma.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El texto evangélico dice que “mientras cenaban, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio a sus discípulos diciendo…” (Mt 26,26). Qué ganas de saber cómo fue esa bendición que pronunció. Pues esa es nuestra Plegaria Eucarística… Nuestra liturgia eucarística está formada por estos cuatro momentos: tomó pan (presentación de los dones), pronunció la bendición (Plegaria Eucarística), lo partió (fracción del Pan) y lo dio (comunión).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, algo podemos acercarnos a esas palabras. El mismo hecho que el evangelista no las haya puesto, nos habla de la familiaridad de éstas. Por ejemplo, nosotros hablamos del Padrenuestro sin poner el texto, pues suponemos que todos lo conocen. De igual forma, esa acción de gracias que hace Jesús es conocida por todos, es lo común de la oración judía, en la cual se le agradece a Dios su intervención en la historia del Pueblo. Lo que sí es novedoso es el sentido que Cristo le da, vinculándolo a su muerte. Por eso el evangelista se preocupa de que las palabras sobre el pan y el vino queden escritas: es novedad absoluta.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando intentamos estudiar la celebración eucarística de los primeros siglos, encontramos algunos testimonios importantes: Didaché, san Justino, Tradición de Hipólito de Roma, san Ambrosio, etc. Y en ellos vamos encontrando las primeras pistas de lo que es la Plegaria Eucarística. Desde el principio un estudio de la Eucaristía nos va llevando a un estudio de la Plegaria Eucarística.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De estos testimonios, ocupa un lugar especial la Tradición de Hipólito. Se trata de un esquema de Plegaria Eucarística al parecer usada en occidente y en oriente. Cuando la fe cristiana deja de ser perseguida, se multiplican los lugares de culto, por lo que se hace necesario el fijar los textos de la liturgia. La anterior improvisación que se daba era en base a algunos esquemas, como lo sería la Tradición Apostólica de Hipólito. Ésta será la base de la actual plegaria II. Pero también se reconoce como fuente de inspiración del antiguo Canon Romano y de muchas plegarias orientales.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Canon Romano va a ser la forma de la Plegaria Eucarística que ya encontramos fija en el s. IV. Importante testimonio lo encontramos en san Ambrosio, que describe la liturgia que ve en su viaje a Roma. Sabemos que este Canon, con algunos complementos y adiciones de los tres siguientes siglos, se va a convertir en la única plegaria eucarística del rito romano hasta 1970. Por 26 siglos la iglesia romana rezó así la eucaristía. Esto hace que se trate de un texto de gran importancia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por desgracia hoy se mira un poco como una bandera de lucha de aquellos que añoran la “liturgia de antes”. Así celebrar la misa con el Canon Romano es mal visto por unos y aplaudido por otros. Es la ideología que se refleja en nuestra liturgia. Gracias a Dios hoy vamos dando pasos en donde se va pacificando nuestra celebración litúrgica.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Las Plegarias Eucarísticas del Misal de Pablo VI</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>I. Las Plegarias Mayores</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un importante paso de la reforma conciliar será la publicación de los nuevos libros litúrgicos. Serán muchos años los que se dediquen a esto. Todavía hoy se siguen publicando los últimos libros reformados (1).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las reformas más importantes en toda la historia de la liturgia, es la publicación de las nuevas plegarias eucarísticas el 23 de mayo de 1968. La única fórmula romana desde el s. VI era el Canon Romano, a la cual, en el correr de 16 siglos, solo se le introdujeron cambios mínimos (2). Al principio no se pensó en tocar el Canon Romano, ni siquiera en traducirlo. De hecho, en 1967, no se tradujo el Canon a las lenguas vernáculas. Pero luego se ve la necesidad de hacerlo. Algunos proponen hacer algunos cambios en el Canon (3). La estructura literaria y conceptual del Canon no tenía un hilo conductor unitario y orgánico. También cuenta con algunas repeticiones de temas: la ofrenda, la aceptación y las intercesiones. Muchos consideran que no corresponde a la mentalidad moderna, tiene expresiones arcaicas, incluso se piensa que algunos santos de las listas pueden ser lejanos a la sensibilidad moderna (4). El Consiliumtrabaja en una nueva redacción del Canon Romano, pero en vista a la polémica que esto empezó a causar, el mismo Papa Pablo VI pidió que se mantuviera el Canon Romano sin introducir cambios en él, y que se buscasen dos o tres anáforas para usarlas en tiempos determinados.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El coetus X se puso a trabajar, pidiendo opiniones y propuestas concretas (5). Vagaggini lleva a cabo un profundo trabajo en Mont-Cesar en el verano de 1966 y preparó dos esquemas de nuevas plegarias eucarísticas, que serán las bases para las nuevas plegarias eucarísticas (6). El coetus fue ampliado y participan en él importantes liturgistas como Wagner, Franquesa, Hänggi, Jounel, Gy, Jungmann, Gelineau, Bouyer, Ligier, Botte y Vagaggini entre otros (7). Se crean subcomisiones para cada una de las plegarias y quedan como relatores P. Jounel para la plegaria II, Vagaggini para la plegaria III, Gelineau y Vagaggini para la plegaria IV y L. Bouyer para la plegaria V (8). Se define que las nuevas anáforas deben seguir un esquema idéntico: el prefacio variable para las II, III y fijo para la IV, paso breve al sanctus (en la p. IV es largo), epíclesis consecratoria, narración de la institución, anámnesis, oración de aceptación de la oblación, conmemoración de los santos e intercesiones y doxología final. Este esquema se basa en el genio típico romano, tomado del Canon, en donde considera una única epíclesis consecratoria colocada antes de la narración de la institución (el Quam oblationem del Canon Romano) (9).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de estas plegarias debía ser breve, de líneas sencillas y claras, tomando el modelo de la anáfora de Hipólito, la más antigua que se conserva de la tradición romana. El resultado será la plegaria eucarística II.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se determina que una segunda plegaria debe reflejar con fidelidad el esquema, pasando de una parte a otra con claridad perceptible, a la vez que se pudiera usar con todos los prefacios. Es la plegaria eucarística III.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una tercera plegaria debía exponer, antes de la narración, la economía de la salvación, como lo hace la tradición antioquena. El prefacio debía ser fijo, pues debía narrar el Misterio de Dios en sí mismo y de la creación en general. Es la plegaria eucarística IV.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se elaboró el proyecto de una cuarta plegaria, que era la anáfora alejandrina de san Basilio, siendo un signo de comunión con las Iglesias de Oriente. Era expresión de acción de gracias por toda la economía de la salvación, impregnada de términos bíblicos y adaptada a las exigencias catequéticas. Además, se trata de un texto muy importante para el ecumenismo, pues se utiliza en muchas iglesias orientales. Se le objeta que cuenta con una epíclesis después de la narración de la institución y no antes, como lo hace la tradición romana con el Quam oblationem. Esto no ofrece ninguna dificultad teológica, así sucede en la tradición oriental y también en la tradición galicana e hispánica. El Consilium presentó esta plegaria el 15 de abril de 1967, pero contó con 15 votos a favor y 16 en contra, por lo que se dejó la decisión al Santo Padre. Finalmente no fue aprobada por la Congregación para la Doctrina de la Fe por la cuestión de la epíclesis (10).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El esquema con las nuevas plegarias eucarísticas (11), tras ser aprobados por los Padres del Consilium en abril de 1967, pasó al Santo Padre el 3 de mayo, quien presenta una serie de observaciones, y de ahí a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe y de Ritos, que también hace sus observaciones. La aprobación definitiva se concedió el 27 de abril de 1968. Los nuevos ritos fueron promulgados por decreto de la Congregación de Ritos el 23 de mayo de 1968, entrando en vigor desde el 15 de agosto de ese año. Junto con las tres plegarias eucarísticas nuevas se aprueba el uso de ocho nuevos prefacios: dos de adviento, uno para los domingos de cuaresma, dos para los domingos del tiempo ordinario, uno para la eucaristía y dos prefacios comunes (12).</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>II. Las Plegarias Menores</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Frente al nacimiento de muchas y variadas plegarias eucarísticas en distintas partes, la Congregación para el Culto, asesorada por un importante grupo de peritos, prepara en 1972 una instrucción para poner orden a esto (13). En ella se sostiene que las Conferencias episcopales que deseen elaborar nuevas plegarias eucarísticas deben pedir primero autorización a la Santa Sede, luego elaborarla y finalmente pedir a la Santa Sede su aprobación. Y esto será sólo en casos excepcionales. La Congregación para la Doctrina de la Fe no aprueba esto y decide cerrar el tema instando a poner fin a los experimentos y a utilizar las plegarias contenidas en el misal, fomentando así el respeto a la disciplina común para toda la Iglesia latina. La Congregación para el Culto publica una Carta Circular el 27 de abril de 1973 (14) donde explica que no parece oportuno conceder a las Conferencias Episcopales una facultad general de componer y aprobar nuevas plegarias eucarísticas. La razón de esto es que la tradición litúrgica romana tenía una forma fija del Canon, aunque variable en sus prefacios. La reforma conciliar amplía esa variedad con nuevos prefacios y añade tres plegarias eucarísticas nuevas. En ellas se expresa la unidad de la Iglesia y la objetividad de la oración litúrgica.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Serán varias las peticiones de las Conferencias episcopales para la producción de nuevas plegarias eucarísticas. Entre ellas fueron aprobadas una para el Sínodo de Suiza (15), una para el Coloquio pastoral del 1 de noviembre de 1974 en Holanda (16), y una para el Congreso Eucarístico de Manaos en Brasil. Otras muchas peticiones fueron rechazadas. Ante numerosas peticiones de plegarias eucarísticas para misas con niños, la misma Congregación para el Culto Divino decide tomar la iniciativa y pide autorización al Santo Padre, el 3 de mayo de 1973, para preparar una o dos fórmulas para las misas con niños. El Papa la concede el 23 de octubre de 1973. Igual cosa para la celebración del año santo de 1974. Se forma una comisión especial (17) que decide la composición de tres plegarias eucarísticas para niños y dos para el año santo. La Congregación para la Doctrina de la Fe quiere que se edite sólo una plegaria para la misa de niños y una para el año santo. El Santo Padre decide finalmente que se publiquen las cinco, pero que cada Conferencia Episcopal elija una para niños y una del año santo (18). Como el año santo llegaba a su término en algunas diócesis, se decide publicarlas bajo el nombre de Prex Eucharistica de reconciliatione, y no ponerlas como un apéndice del misal, sino aparte. Quedan ad experimentum por tres años, hasta 1977, luego se concede una prórroga hasta 1980 y después sine die (19).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a) Plegaria para diversas necesidades.</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En abril de 1972 la Conferencia Episcopal Suiza, ante la celebración del Sínodo suizo de 1972-1974, decide que un grupo de responsables de las diversas áreas lingüísticas de Suiza, donde se hablan cuatro idiomas, creara una plegaria eucarística según la sensibilidad lingüística del hombre moderno (20). El 13 de diciembre de 1973 se presenta a la Santa Sede la solicitud de autorización para la elaboración de esta plegaria. La Santa Sede lo autoriza el 14 de febrero de 1974. La redacción final de la nueva plegaria, con sus cuatro variantes, fue aprobada por la Congregación del Culto Divino, por mandato especial del Sumo Pontífice, el 8 de agosto de 1974.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ese mismo año la plegaria pasa de la Iglesia Suiza a la Iglesia de Luxemburgo; en 1975 pasa a Austria y Estrasburgo; en 1978 a Francia, Bélgica, Argelia, Marruecos y Túnez, y así se sigue extendiendo su uso por todas las naciones. Se aprueba su uso no para ser insertado junto a las otras plegarias, sino como un apéndice.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1991 la Congregación del Culto Divino presenta la versión latina de esta plegaria, la cual se debe transformar en la base para las traducciones, a la vez que indica que debe ubicarse en el misal romano en la sección «Misa para diversas necesidades» (21). Se llama «Prex Eucharistica quae in missis pro variis necessitatibus adhiberi potest». Comúnmente se les llamaba plegaria V. En la tercera edición del misal del Vaticano II ya es incluida oficialmente como parte del Misal Romano, incorporándose como un apéndice al Ordo Missae antes del propio de los santos (22).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una plegaria con un lenguaje poético que expresa el memorial eucarístico con una nueva sensibilidad cristológica, eclesiológica y antropológica, de acuerdo al Concilio Vaticano II, sobre todo con Gaudium et Spes (23). Se trata de una plegaria eucarística que sigue el esquema tradicional definido en la Ordenación General del Misal Romano (24). Es una única plegaria que contiene partes fijas y partes variables significativas, según temas particulares. Las partes variables son el prefacio y las intercesiones, que aplican a la situación actual de la Iglesia ese motivo particular aclamado en el prefacio. La parte fija es desde el sanctushasta la epíclesis de comunión y desde el mementode difuntos hasta el final. Las partes variables que se proponen tienen mucha relación con las partes fijas, por lo que los prefacios no pueden ser sustituidos por otros. Principalmente debe ser utilizada con las misas por diversas necesidades.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las variaciones de la plegaria abarcan cuatro temáticas: la Iglesia en camino hacia la unidad; Dios conduce a su Iglesia, Jesús el camino al Padre; Jesús modelo de caridad (25).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gran tema de fondo tiene que ver con el contexto en el que fueron compuestas: el sínodo. Por eso la plegaria proclama cómo el Señor acompaña a su Iglesia peregrina y le abre el camino a través de este mundo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b) Plegarias sobre la Reconciliación I y II</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las plegarias sobre la reconciliación provienen de dos plegarias que se redactaron con motivo del año santo de 1974-1975. La intención de prolongar su uso para celebraciones penitenciales llevó a llamarlas Plegarias eucarísticas sobre la reconciliación. Son dos. Fueron enviadas a las Conferencias Episcopales el 1 de noviembre de 1974 ad experimentum hasta fines de 1977. Luego se da una prórroga hasta fines de 1980. El 15 de diciembre de 1980 ya se autoriza su uso permanentemente.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El esquema de la primera fue compuesto por D. Rimaud, en un estilo bíblico y poético. La segunda es cercana a un texto preparado por la Conferencia Episcopal Alemana. Ambas plegarias buscan que la asamblea asimile con facilidad el texto. Presentan la reconciliación como un evento de la historia de la salvación. En cuanto a la doctrina eucarística son sobrias. Las intercesiones son más simples, como una referencia a la oración de los fieles. En estas plegarias todas sus partes hacen referencia a la reconciliación, y no sólo el prefacio es el que trata el tema más específico. Sobresale el que en estas plegarias se mira la reconciliación a la luz del Misterio Pascual.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c) Plegarias para las misas con niños</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al igual que las plegarias sobre la reconciliación, las tres plegarias para las misas con niños fueron presentadas a las Conferencias Episcopales el 1 de noviembre de 1974. Las preparó la misma comisión que preparó las plegarias sobre la reconciliación. También seguirán el mismo proceso de implantación que las sobre la reconciliación (26). Para la primera se utilizó como base un texto belga-holandés, para la segunda un texto francés y para la tercera un texto alemán (27). Posteriormente viene el texto latino, el cual no se hace para ser utilizado en las celebraciones, sino para servir como base a las posteriores traducciones (28). Estos textos son para ser utilizados en aquellas misas en donde la mayoría de los participantes son preadolescentes (29). Son plegarias que incorporan varias aclamaciones de la asamblea, haciendo la participación más activa y dinámica. La primera es la más apropiada para los niños más pequeños, mientras que la tercera, para los más grandes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>III. Conclusiones</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Lugar de la Plegaria Eucarística en la Eucaristía</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Misal Romano reconoce cuatro partes dentro de la celebración eucarística: ritos iniciales, liturgia de la palabra, liturgia eucarística y ritos conclusivos. Dentro de la liturgia eucarística, que va desde la presentación de las ofrendas hasta después de la comunión, está la Plegaria Eucarística ocupando un lugar central. Toda esta liturgia eucarística sigue los cuatro verbos de la multiplicación de los panes: tomo pan (presentación de los dones), dio gracias (Plegaria Eucarística), lo partió (fracción del Pan) y lo dio (rito de la comunión).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy es importante resaltar la importancia que tiene la Plegaria Eucarística en la celebración. Por mucho tiempo se ha resaltado en demasía la importancia de la comunión, por sobre la Plegaria Eucarística. Por supuesto que es de suma importancia este momento, pues se participa de una manera especial en el sacrificio de Cristo. Pero no debemos olvidar que el sacrificio se realiza en la Plegaria Eucarística. Tendemos a separar la comunión del resto de la eucaristía: damos la comunión fuera de la misa, preparamos para la “primera comunión”. Pero el sacramento no es la comunión, sino la eucaristía, de la cual la comunión es una parte. Hoy tenemos personas que no pueden participar de la Comunión eucarística, pero sí pueden participar de la eucaristía. Tal vez nos ayude seguir una división de la eucaristía que presenta Jean Corbón, al decir que la misa está compuesta por tres momentos: liturgia de la Palabra, Plegaria Eucarística y Comunión. Son tres momentos de presencia del Señor, de anamnesis y epíclesis. Es una mirada más amplia de la celebración, que ayuda a comprender mejor nuestra participación en ella. Sobre todo aquellas personas que no pueden comulgar encuentran aquí una razón para participar de la Eucaristía: a pesar de no poder comulgar, participan de la gran ofrenda de Cristo al Padre. Y no centramos tanto la eucaristía en el intimismo de “mi comunión”, sino que ponemos el centro más bien en lo que Cristo misma hace.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Ars Celebrandi</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La forma de participar en la Plegaria Eucarística debe reflejar la centralidad que ésta tiene en la Eucaristía. Quien preside y los que concelebran deben ayudar a la asamblea a participar del Misterio de Cristo. No se trata de que algunos hacen algunas cosas, sino que todos participan de la Liturgia de Cristo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la orientación, sólo el diálogo inicial del prefacio está dirigido a la asamblea. El resto de la plegaria está dirigida completamente al Padre. Esto debe quedar reflejado en la mirada, que se eleva hacia al Padre. No debe estar fija en el libro, ni tampoco en la asamblea, sino hacia arriba, hacia el Padre. Las manos, cuando van extendidas, profesan nuestra fe en Jesucristo y resaltan el sentido sacrificial de la Plegaria, por lo mismo van con las palmas hacia adelante. En el gesto epiclético las manos cubren con su sombra las ofrendas, siendo signo del Espíritu que fecunda y transforma. También es signo de esto la inclinación del presidente sobre el pan y el vino durante el relato de la institución. Al trazar la cruz sobre los dones, la mano izquierda va sobre el altar, entrando en contacto con Cristo-altar, de quien proviene la fuerza de nuestro ministerio. Esto siempre que el altar esté dedicado.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto a los concelebrantes, ellos participan de la plegaria eucarística sin opacar el rol de la presidencia. Visualmente debe queda claro quién preside. Un poco más atrás estarán los concelebrantes. Todos actúan en persona de Cristo, pero quien preside hace de cabeza. El gesto de en el relato de la institución es con la mano extendida y la palma hacia adentro, no hacia arriba (gesto indicativo) o hacia abajo (gesto epiclético). Fue una discusión entre Vagaggini, quien estuvo a cargo del coetus sobre la concelebración y el profesor Martimort que finalmente fue zanjada por la Sagrada Congregación para el culto y los sacramentos en una nota aclaratoria (30). Desde la epíclesis de consagración hasta la epíclesis de comunión los concelebrantes participan siguiendo las palabras en voz baja, sin opacar la voz de quien preside. Igual cosa en el per ipsum. Incluso si complica por el espacio el que un concelebrante participe en las intercesiones, no hay problema en que lo continúe quien preside, de manera de no romper el ritmo de la celebración.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Notas</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El último es el Martirologio Romano del 2001.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Ya se ha presentado cómo la tradición oriental contó desde siempre con una diversidad de anáforas. La tradición romana, en cambio, contó exclusivamente con el Canon Romano desde el s. VI. Los cambios que sufre en el tiempo son realmente mínimos: algunas palabras que se corrigen, varía en algunas partes la lista de los dípticos de santos, y en 1958 Juan XXIII introduce a san José.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Ya en 1963 Hans Küng, en «Wort und Wahrheit» había propuesto una reducción significativa de éste.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Cf. Raffa, V., Liturgia Eucarística (B. E. L. Subsidia 100), Roma: CLV 1998, 601.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. La historia de cómo se da este trabajo está tomada principalemente siguiendo el relato de Bugninni, A., La reforma litúrgica, 395-428 y Bazurko, X., La historia de la liturgia, 580-585.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Cf. Vagaggini, C., Il canone della mesa e la reforma liturgica. Problemi e progetti, Torino- Leumann 1966. Primero señala los valores del Canon Romano y luego sus defectos, entre los que destaca la falta de una síntesis de la historia de la salvación, la ausencia del Espíritu Santo y la distribución de las intercesiones, tanto antes como después de la narración de la institución. Es importante recordar que Vagaggini había publicado pocos años antes su libro El sentido teológico de la liturgia, donde presenta la dinámica cristológico-trinitaria de la liturgia como un elemento central de ésta. Al elaborar los esquemas de las nuevas plegarias, sin duda que tuvo muy presente la dimensión económica de la acción divina en la historia de la salvación y la dinámica cristológico-trinitaria de la liturgia.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">7. Cf. Bugnini, A., La reforma litúrgica, 397, n. 4.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. Esta última, que se basa en la anáfora alejandrina de san Basilio, finalmente no fue aprobada.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Cf. Jungmann, J. A., El canon romano y las demás formas de la gran plegaria eucarística (CPh 71) (Barcelona: CPL 1996), 3-20 y C. Vagaggini, “Le canon romain et a reforme liturgique”, en La Maison-Dieu 87 (1966/3), 34-140.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. El texto de esta plegaria se encuentra en Enrico Mazza, Le odierne preghiere eucharistiche (Bologna 1991), 120-121.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. Incluía 9 prefacios nuevos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Los textos eucológicos que se analizan a continuación están tomados del Missale Romanum. Ex decreto sacrosancti oecumenici concilii vaticani II instauratum auctoritate Paului PP. VI promulgatum Ioannis Pauli PP. II cura recognitum. (Editio Typica Tertia. Typus Vaticanis 32008 [Reimpressio emendata]).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. Se produce el problema de la creación descontrolada de textos de plegarias eucarísticas que se comienzan a usar sin la debida aprobación eclesiástica. Los obispos holandeses, intentando detener esto, seleccionan once textos y autorizan su uso. Igual cosa hacen los obispos belgas, autorizando el uso de cinco textos. También lo hace el episcopado de Indonesia. La Congregación para el Culto daba algunos permisos para experimentar, como es el caso de la plegaria para las misas de sordomudos o para las misas de primera comunión en Filipinas, la adaptación del canon y de las plegarias suizas, y al Congreso Eucarístico de Melbourne para las plegarias eucarísticas de las misas con niños y con aborígenes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Cf. L’Osservatore Romano, 14 de junio de 1973 y Notitiae 9 (1973) 193-200.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. El permiso lo concede el Santo Padre el 14 de febrero de 1974. Se redactó el texto y fue aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe el 20 de julio d 1974 y luego por el Papa el 5 de agosto de 1974. Se trata de una plegaria con partes variables en el prefacio y en las intercesiones en torno a cuatro temas. Algunos las comprenden como si se tratase de cuatro plegarias distintas, sobre todo por la forma de estar editadas. Es la que más adelante será incorporada en el Misal como la plegaria por las diversas necesidades, con sus cuatro variantes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. El permiso limita su uso sólo para la inauguración del Coloquio.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. Para el año santo el relator es D. Rimaud y el secretario A. Dumas. Para los niños el relator es B. Fischer y el secretario, R. Kaczynski.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. La Conferencia episcopal francesa pide autorización para dejar las cinco plegarias, permiso que les es concedido. Luego se autorizará a otras conferencias.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. Estas plegarias eucarísticas tienen el carácter de menores, por lo que se ubican separadas de las cuatro grandes plegarias eucarísticas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">20. Cf. Giraudo, C., Preghiere eucaristiche per la Chiesa di oggi. Reflessioni in margine al commento del canone svizzero-romano, (Roma: E.P.U.G – Morcellinana 1993), 20. También cf. de Clerck, P., “La révision de la prière eucharistique ‘Suisse’”, La Maison-Dieu 191 (1992) 61-68.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">21. Cf. Notitiae 27 (1991/8), 388-389.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">22. Entre otras cosas, esto ayuda a que ya no se les llame Plegarias V, pues se encuentran después de las Plegarias de la Reconciliación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">23. Cf. López, J. – Carmona, M. (dir.), Comentarios al nuevo Ordinario de la misa y a las plegarias eucarísticas. Orientaciones para la catequesis y el uso litúrgico (Barcelona: Coeditores litúrgicos 1988), 134-135.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">24. OGMR 54-55.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">25. Respecto al orden de estas variantes, es preciso aclarar que en un comienzo el orden que se ofreció era otro, pues la primera variante era «Dios conduce a su Iglesia», y «la Iglesia en camino hacia la unidad» era la cuarta. En 1991 la Santa Sede las propone en este nuevo orden, pasando la última a ser la primera, pues este tema de la Santa Iglesia dice relación más directa con las primeras fórmulas de las misas diversas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">26. Aprobadas como apéndice primero hasta 1977 y luego hasta 1980, donde se da su aprobación definitiva.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">27. Cf. Raffa, V., Liturgia eucarística, 675.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">28. En la tercera edición típica del Misal Romano de Pablo VI, en la edición de 2002, aparecen
estas plegarias como un apéndice al final del Misal (apéndice VI). En la edición enmendada de 2008, se suprime este apéndice, pues la versión latina es para hacer traducciones, y no para ser usada y no se trata de una versión latina oficial. Sin embargo, se pueden agregar como suplemento con las traducciones debidamente aprobadas. Cf. Decretum Prot. N. 652/08/L, en Notitiae, 45 (2008) 176.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">29. Cf. Notitiae 11 (1975), 6.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">30. “Ad n. 39c: Utrum liceat rubricam Ritus concelebrationis Missae n. 39, c: ‘Verba consecrationis, manu dextera... ad panem et ad calicem extensa’ ita interpretari, ut palma manus versa sit ad latus (non ad terram), ut extensio manus intellegatur ut gestus demonstrativus et congruat cum verbis: ‘Hoc, Hic est...?’ Resp.: Affirmative”. Cf. Notitiae 1 (1965) 143.</h5>
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		<title>Siete claves para leer la Carta encíclica Lumen Fidei - Andrés Ferrada M., pbro.</title>
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		<pubDate>Wed, 30 May 2018 10:58:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.179 (JULIO- SEPTIEMBRE 2013)
Autor:Andrés Ferrada M., Facultad de Teología UC
Para citar: Ferrada, Andrés; <em>Siete claves para leer la Carta encíclica Lumen Fidei</em>, en La Revista Católica, Nº1.179, julio-septiembre 2013, pp. 216-223.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/AFERRADA_LRC_1179.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Siete claves para leer la Carta Encíclica Lumen Fidei</strong>
<strong>Andrés Ferrada, Pbro.</strong>
<strong>Facultad de Teología</strong>
<strong>Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
<h5></h5>
<div style="text-align: justify;">
<h5></h5>
<h5><strong>1. Motivo y ocasión de la carta</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Estas consideraciones sobre la fe, en línea con todo lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado sobre esta virtud teologal, pretenden sumarse a lo que el Papa Benedicto XVI ha escrito en las Cartas encíclicas sobre la caridad y la esperanza… En la fe, don de Dios, virtud sobrenatural infusa por él, reconocemos que se nos ha dado un gran Amor, que se nos ha dirigido una Palabra buena, y que, si acogemos esta Palabra, que es Jesucristo, Palabra encarnada, el Espíritu Santo nos transforma, ilumina nuestro camino hacia el futuro, y da alas a nuestra esperanza para recorrerlo con alegría. Fe, esperanza y caridad, en admirable urdimbre, constituyen el dinamismo de la existencia cristiana hacia la comunión plena con Dios. ¿Cuál es la ruta que la fe nos descubre? ¿De dónde procede su luz poderosa que permite iluminar el camino de una vida lograda y fecunda, llena de fruto? (del número 7).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>2. Autor</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>[Benedicto XVI] ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. [Yo, Francisco,]Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones. El Sucesor de Pedro, ayer, hoy y siempre, está llamado a «confirmar a sus hermanos» en el inconmensurable tesoro de la fe, que Dios da como luz sobre el camino de todo hombre (del número 7).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>3. Plan de la encíclica</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Tres puntos introductorios</h5>
<h5>Capítulo I: HEMOS CREÍDO EN EL AMOR (cf. 1 Jn 4,16)</h5>
<h5>Capítulo II: SI NO CREÉIS, NO COMPRENDERÉIS (cf. Is 7,9)</h5>
<h5>Capítulo III: TRANSMITO LO QUE HE RECIBIDO (cf. 1 Co 15,3)</h5>
<h5>Capítulo IV: DIOS PREPARA UNA CIUDAD PARA ELLOS (cf. Hb 11,16)</h5>
<h5>Bienaventurada la que ha creído (Lc 1,45)</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. Algunas claves para leer el capítulo</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>HEMOS CREÍDO EN EL AMOR (cf. 1 Jn 4,16)</h5>
<h5></h5>
<h5>La plenitud de la fe cristiana en relación a la fe de Israel:</h5>
<h5></h5>
<h5>«Abrahán […] saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría» (Jn 8,56). Según estas palabras de Jesús, la fe de Abrahán estaba orientada ya a él; en cierto sentido, era una visión anticipada de su misterio… La fe cristiana está centrada en Cristo, es confesar que Jesús es el Señor, y Dios lo ha resucitado de entre los muertos (cf. Rm 10,9). Todas las líneas del Antiguo Testamento convergen en Cristo; él es el «sí» definitivo a todas las promesas, el fundamento de nuestro «amén» último a Dios (cf. 2 Co 1,20)… La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo. «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último (del número 15).</h5>
<h5></h5>
<h5>Valor y operatividad salvíficos de la fe:</h5>
<h5></h5>
<h5>Así podemos entender la novedad que aporta la fe. El creyente es transformado por el Amor, al que se abre por la fe, y al abrirse a este Amor que se le ofrece, su existencia se dilata más allá de sí mismo. Por eso, san Pablo puede afirmar: «No soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2,20), y exhortar: «Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones» (Ef 3,17). En la fe, el «yo» del creyente se ensancha para ser habitado por Otro, para vivir en Otro, y así su vida se hace más grande en el Amor. En esto consiste la acción propia del Espíritu Santo. El cristiano puede tener los ojos de Jesús, sus sentimientos, su condición filial, porque se le hace partícipe de su Amor, que es el Espíritu. Y en este Amor se recibe en cierto modo la visión propia de Jesús. Sin esta conformación en el Amor, sin la presencia del Espíritu que lo infunde en nuestros corazones (cf. Rm 5,5), es imposible confesar a Jesús como Señor (cf. 1 Co 12,3) (del número 21).</h5>
<h5></h5>
<h5>Forma eclesial de la fe:</h5>
<h5>La fe tiene una configuración necesariamente eclesial, se confiesa dentro del cuerpo de Cristo, como comunión real de los creyentes. Desde este ámbito eclesial, abre al cristiano individual a todos los hombres. La palabra de Cristo, una vez escuchada y por su propio dinamismo, en el cristiano se transforma en respuesta, y se convierte en palabra pronunciada, en confesión de fe. Como dice san Pablo: «Con el corazón se cree […], y con los labios se profesa » (Rm 10,10). La fe no es algo privado, una concepción individualista, una opinión subjetiva, sino que nace de la escucha y está destinada a pronunciarse y a convertirse en anuncio. En efecto, «¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?» (Rm 10,14). La fe se hace entonces operante en el cristiano a partir del don recibido, del Amor que atrae hacia Cristo (cf. Ga 5,6), y le hace partícipe del camino de la Iglesia, peregrina en la historia hasta su cumplimiento. Quien ha sido transformado de este modo adquiere una nueva forma de ver, la fe se convierte en luz para sus ojos (del número 22).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>5. Algunas claves para leer el capítulo II:</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>SI NO CREÉIS, NO COMPRENDERÉIS (cf. Is 7,9)</h5>
<h5></h5>
<h5>Fe y verdad:</h5>
<h5>Leído a esta luz, el texto de Isaías [7,9] lleva a una conclusión: el hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida... (del número 24).</h5>
<h5></h5>
<h5>Recuperar la conexión de la fe con la verdad es hoy aun más necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica… (del número 25)</h5>
<h5></h5>
<h5>Interacción entre fe y amor:</h5>
<h5></h5>
<h5>Pues bien, si el corazón es capaz de mantener unidas estas dimensiones es porque en él es donde nos abrimos a la verdad y al amor, y dejamos que nos toquen y nos transformen en lo más hondo. La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacción de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicción, su capacidad de iluminar nuestros pasos. La fe conoce por estar vinculada al amor, en cuanto el mismo amor trae una luz. La comprensión de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad… (del número 26).</h5>
<h5></h5>
<h5>Si el amor necesita la verdad, también la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve fría, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona. La verdad que buscamos, la que da sentido a nuestros pasos, nos ilumina cuando el amor nos toca. Quien ama comprende que el amor es experiencia de verdad, que él mismo abre nuestros ojos para ver toda la realidad de modo nuevo, en unión con la persona amada… (del número 27).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>6. Algunas claves para leer el capítulo III:</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>TRANSMITO LO QUE HE RECIBIDO (cf. 1 Co 15,3)</h5>
<h5></h5>
<h5>Iglesia y fe, transmisión de la fe:</h5>
<h5></h5>
<h5>Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el «yo» del fiel y el «Tú» divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al «nosotros», se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia… Esta apertura al «nosotros» eclesial refleja la apertura propia del amor de Dios, que no es sólo relación entre el Padre y el Hijo, entre el «yo» y el «tú», sino que en el Espíritu, es también un «nosotros», una comunión de personas. Por eso, quien cree nunca está solo, porque la fe tiende a difundirse, a compartir su alegría con otros… (del número 39).</h5>
<h5></h5>
<h5>Tradición viva de la fe y sacramentos:</h5>
<h5></h5>
<h5>La Iglesia, como toda familia, transmite a sus hijos el contenido de su memoria… Mediante la tradición apostólica, conservada en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, tenemos un contacto vivo con la memoria fundante… En efecto, la fe necesita un ámbito en el que se pueda testimoniar y comunicar, un ámbito adecuado y proporcionado a lo que se comunica… lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradición viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el corazón, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la comunión con Dios y con los otros. Para transmitir esta riqueza hay un medio particular, que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones. Este medio son los sacramentos, celebrados en la liturgia de la Iglesia. En ellos se comunica una memoria encarnada, ligada a los tiempos y lugares de la vida, asociada a todos los sentidos; implican a la persona, como miembro de un sujeto vivo, de un tejido de relaciones comunitarias. Por eso, si bien, por una parte, los sacramentos son sacramentos de la fe, también se debe decir que la fe tiene una estructura sacramental. El despertar de la fe pasa por el despertar de un nuevo sentido sacramental de la vida del hombre y de la existencia cristiana, en el que lo visible y material está abierto al misterio de lo eterno (del número 40).</h5>
<h5></h5>
<h5>Fe y Eucaristía:</h5>
<h5></h5>
<h5>La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su hodie, el «hoy» de los misterios de la salvación. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios (del número 44).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>7. Algunas claves para leer el capítulo IV:</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>DIOS PREPARAUNA CIUDAD PARA ELLOS (cf. Hb 11,16)</h5>
<h5></h5>
<h5>Fe y bien común:</h5>
<h5></h5>
<h5>Precisamente por su conexión con el amor (cf. Ga 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor. La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida común… La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza… (del número 51).</h5>
<h5></h5>
<h5>Fe y familia:</h5>
<h5></h5>
<h5>En la familia, la fe está presente en todas las etapas de la vida, comenzando por la infancia: los niños aprenden a fiarse del amor de sus padres. Por eso, es importante que los padres cultiven prácticas comunes de fe en la familia, que acompañen el crecimiento en la fe de los hijos. Sobre todo los jóvenes, que atraviesan una edad tan compleja, rica e importante para la fe, deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe (del número 53).</h5>
<h5></h5>
<h5>Fe y sufrimiento del mundo:</h5>
<h5></h5>
<h5>La luz de la fe no nos lleva a olvidarnos de los sufrimientos del mundo. ¡Cuántos hombres y mujeres de fe han recibido luz de las personas que sufren! San Francisco de Asís, del leproso; la Beata Madre Teresa de Calcuta, de sus pobres. Han captado el misterio que se esconde en ellos. Acercándose a ellos, no les han quitado todos sus sufrimientos, ni han podido dar razón cumplida de todos los males que los aquejan. La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz. En Cristo, Dios mismo ha querido compartir con nosotros este camino y ofrecernos su mirada para darnos luz. Cristo es aquel que, habiendo soportado el dolor, «inició y completa nuestra fe» (Hb 12,2) (del número 57).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Oración a María, madre de la Iglesia y madre de nuestra fe</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra,
para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos,
saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor,
para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él,
a creer en su amor,
sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz,
cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús,
para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros,
hasta que llegue el día sin ocaso,
que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.</h5>
&nbsp;

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<h5>Autor: Manuel Bruno Usai</h5>
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		<title>San Martín de Braga: Un pastor del siglo VI - Marcelo Aguirre Durán</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/05/san-martin-de-braga-un-pastor-del-siglo-vi-marcelo-aguirre-duran/</link>
		<pubDate>Wed, 30 May 2018 10:16:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.177 (ENERO- MARZO 2013)
Autor:Marcelo Aguirre Durán, Instituto de Historia, Universidad de Los Andes
Para citar: Aguirre, Marcelo; <i>San Martín de Braga: Un Pastor del siglo VI,</i> en La Revista Católica, Nº1.177, enero-marzo 2013, pp. 66-73.</h6>
</div>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/MAGUIRRE_LRC_1177.pdf">DESCARGAR EL ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<div>
<h4 style="text-align: center;"><strong>San Martín de Braga: Un pastor del siglo VI</strong>
<strong>Marcelo Aguirre Durán</strong>
<strong>Instituto de Historia</strong>
<strong>Universidad de Los Andes, Chile</strong></h4>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<div style="text-align: center;"></div>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<div style="text-align: center;"><span style="color: red; font-family: 'georgia' , 'times new roman' , serif;"> </span></div>
</div>
<div style="text-align: justify;">
<h5>San Martín de Braga fue un obispo y monje nacido a comienzos del siglo VI en los márgenes orientales del antiguo Imperio Romano. Al igual que su homónimo de Tours, sus orígenes se remontan a la región de Panonia (actual Hungría), lugar desde el que salió para dirigirse a Palestina y, con posterioridad, al occidente de Europa. Una vez instalado en la antigua provincia hispana de <em>Gallaecia</em>, fundó un monasterio en Dumio y poco tiempo después, alrededor del año 569, fue nombrado obispo de <em>Bracara Augusta</em>(hoy Braga, Portugal), ciudad donde permaneció hasta su muerte, acontecida probablemente en 580 (2). Destacó tanto por su erudición como por su celo pastoral. Su formación en Constantinopla y su conocimiento de los clásicos le permitieron ocupar un lugar fundamental en los concilios bracarenses de los años 561 y 572, donde él mismo redactó los cánones finales.</h5>
<h5></h5>
<h5>El ilustre san Isidoro de Sevilla, gran transmisor de la cultura grecolatina, hace referencia a san Martín reconociéndolo como el hombre más letrado de su tiempo (3). Asimismo, un autor galo-romano de la talla de Venancio Fortunato tiene solo palabras de alabanza hacia las letras del metropolitano de Braga, y el propio Gregorio de Tours da cuenta del amplio conocimiento de las lenguas griega y latina manifestado en la pluma del obispo panonio. Esta última característica puede notarse, por ejemplo, en el estilo senequista de muchos de sus escritos, ya que en ellos se puede observar el valor dado a la herencia clásica −tanto helénica como romana− y a la tradición monástica de Oriente. Todo esto, además, se logra apreciar a través de su orden intelectual y de su labor pastoral.</h5>
<h5></h5>
<h5>En este sentido, resulta especialmente importante la valorización de la labor literaria de este Padre de la Iglesia quien, a mediados del siglo VI, dejó por escrito su amplio bagaje literario y espiritual (4). De este modo, la lectura atenta de la obra del obispo de Braga conduce al lector moderno a un conjunto de tratados morales, ascéticos y catequéticos, los cuales han sido muy poco trabajados durante las últimas décadas. Estos escritos latinos constituyen un <em>corpus</em> de pequeños textos que proponen −en un sentido moral, doctrinal y poético− el carácter heroico de la fe cristiana frente a los acontecimientos del mundo, siempre en favor de la defensa de la ortodoxia católica (5).</h5>
<h5></h5>
<h5>Por otro lado, la figura de san Martín ha sido estudiada principalmente en relación con el proceso de conversión y abandono del arrianismo por parte del reino suevo (6), pueblo de origen germánico que se instaló en la región noroccidental de la Península Ibérica a comienzos del siglo V, y que en el año 585 fue sometido bajo el poder visigodo del arriano rey Leovigildo; de allí el apelativo de «apóstol de los suevos».</h5>
<h5></h5>
<h5>En cuanto a sus obras, la más conocida es <em>De correctione rusticorum</em>, un tratado catequético que propone la evangelización y enseñanza de la doctrina a los hombres sencillos de su pueblo. En esta misma línea se encuentran sus cuatro tratados morales: <em>Pro repellenda iactantia</em>, <em>De superbia</em>, <em>Exhortatio humilitatis</em>, <em>De ira</em>. Este grupo de escritos representan una riquísima fuente para comprender de manera más profunda, en el contexto del siglo VI, el ideal de vida virtuosa como modelo de vida cristiana. Junto a lo anterior, un pequeño texto titulado <em>Formula vitae honestae</em> (probablemente redactado a petición del rey suevo Miro) pone en evidencia el interés del autor por la ética clásica, y en él analiza las virtudes humanas y su puesta en práctica en la vida cotidiana, casi a modo de manual. Éste sería el texto que mayor admiración habría suscitado, por ejemplo, en Isidoro de Sevilla (7).</h5>
<h5>Además de la labor de escritor, resulta necesario mencionar la aportación del obispo de Braga como forjador del monacato hispano (8). Él conoció y admiró la tradición ascético-monacal surgida en el desierto de Tebaida (Egipto), la que le habría servido como un elemento más para el análisis de las virtudes cristianas y para el ideal de vida austera como ideal de la sociedad (9). Así, siguiendo la costumbre de su tiempo, fundó un monasterio masculino en las cercanías de Braga, del que fue el primer abad. En relación a este acontecimiento no hay lugar a dudas, pues las actas del X concilio de Toledo (año 656) recogen el episodio y dan noticias del foco de luz y de cultura que significó este cenobio dentro de una época de tanta confusión. Éste sería el primer caso, además, de un tipo de vida monástica creado y enraizado en la Península Ibérica (10).</h5>
<h5></h5>
<h5>Su labor política, así como su impulso para lograr la consolidación del catolicismo dentro del reino suevo, fueron de una importancia axial. Una vez que este pueblo germánico hubo abandonado la herejía arriana, la labor del obispo Martín se orientó, principalmente, a la erradicación de las costumbres populares desordenadas, y a la necesaria culturización del clero de la región. Años de heterodoxia y rastros de la entonces reciente herejía prisciliana (11) habían dejado huellas de daño moral y superstición por todo el occidente peninsular, las que habían traspasado todos los grupos sociales. En este sentido, podemos entender un posible interés por la ética senequista, pues esta se acomodaba perfectamente a su trabajo pastoral, catequético y moralizador, el que estaba enmarcado dentro de una concepción histórica que entendía y buscaba el «primado de las instituciones religiosas en el orden del mundo» (12). No en vano se puede llegar a afirmar que el único objetivo de la literatura del Bracarense era la evangelización del pueblo de la antigua <em>Gallaecia</em>(13).</h5>
<h5></h5>
<h5>Ahora bien, en cuanto a sus obras antes mencionadas, resulta necesario destacar la fusión que él realiza entre el pensamiento teológico y el humanismo clásico, lo que le permite dar un impulso a la cultura de su época, así como una posteridad a sus escritos. Cabe mencionar que en san Martín de Braga no encontramos un teólogo exhaustivo ni un gran tratadista, sino un hombre preocupado por la correcta formación del pueblo que le había sido encomendado. Sin embargo, su libro más teológico −<em>De correctione rusticorum</em>− es una admirable exposición de una visión trinitaria del mundo a través de una brevísima exposición de la historia de la salvación.</h5>
<h5></h5>
<h5>En él encontramos un recorrido por la historia sagrada, y viene a ser una suerte de manual catequético y pedagógico para el pueblo menos formado. Después de mencionar a Adán y Eva, el texto da cuenta de las consecuencias del pecado en la humanidad y presenta la figura de Noé, a quien define como el justo al que Dios reservó, junto con sus hijos, para la reparación del género humano. Una vez reconocido el mal en el mundo y la acción de los demonios en él, explica cómo los hombres cayeron en la idolatría hasta que, finalmente, fue necesaria la venida del Hijo de Dios para lograr la salvación de la humanidad. De un modo sencillo y con una cristología que recorre el símbolo de la fe, el <em>De correctione</em> pone por escrito todo el carácter de un pastor que habla tanto a sencillos como a cultos, con un lenguaje simple y cercano, pero no por eso degradado y trivial.</h5>
<h5></h5>
<h5>En cuanto al conjunto de su obra, en ella se aprecia una permanente llamada a la búsqueda de una mirada sobrenatural de la vida, dándose a entender que la fe en Cristo es una fe que necesariamente debe poner el acento en la resurrección y en el destino ultramundano de la Iglesia, y no en los avatares del día a día. Al respecto, san Martín escribe: <em>si creísteis y creéis que existe la resurrección de la carne y la vida eterna en el reino de los cielos entre los ángeles de Dios, como ya os dije anteriormente, pensad mucho en estas cosas y no siempre en la miseria de este mundo</em> (14).</h5>
<h5></h5>
<h5>En efecto, en su afán moralizador y eminentemente pastoral, el obispo de Braga pone el acento en el desordenado deseo que tiene el hombre de ser como Dios, tal como lo tuvieron Adán y Eva. En su tratado sobre la soberbia advierte a su pueblo: <em>¡oh, cuánta es la ceguera que hay en el apetito de la vanagloria! Nunca vio el hombre un engaño tan abierto, en el cual contrariamente se le promete la semejanza de Dios, no por obediencia para con Él, sino por desprecio </em>(15).</h5>
<h5></h5>
<h5>Nuestro autor exhorta a los cristianos a meditar y vivir el valor del bautismo, y a reconocer el pacto hecho con Dios a través de la vida y la práctica de los Sacramentos. En este sentido, también invita a un permanente examen de conciencia sobre la propia vida y sobre su sentido trascendente: <em>si tu ánimo es prudente, repártelo en tres tiempos: ordena el presente, prevé el futuro, recuerda el pasado. Porque quien no medita acerca del pasado, pierde la vida, y el que no reflexiona de antemano sobre el futuro, incautamente tropieza en todo</em> (16).</h5>
<h5></h5>
<h5>Por otro lado, san Martín purifica las costumbres de su tiempo y para ello, por ejemplo, insiste en la santificación del domingo, haciendo hincapié en el hecho de que hasta los paganos tienen un día especial de culto para sus ídolos. Asimismo, con el afán de desterrar todo tipo de supersticiones propias de su tiempo, pone el acento en el valor de la Sagrada Escritura y en la confianza en la Providencia de Dios. En esta línea, e intentando dejar en claro que la adivinación iba en contra del Creador, escribe: <em>Dios no mandó conocer las cosas futuras, sino que viviendo siempre en el temor de Dios, esperasen en Él el gobierno y el auxilio de su vida. Es propio de Dios el conocer los acontecimientos antes de que sucedan; sin embargo, los demonios engañan a los hombres vanos con diversos argumentos hasta </em><em>conducirlos a la ofensa de Dios</em> (17).</h5>
<h5></h5>
<h5>Siguiendo la tradición monástica, el modelo del <em>uir Dei</em> presentado en la obra martiniana aparece iluminado a partir de los ejemplos de vida de los monjes egipcios. El conocimiento de la lengua griega le permitió llevar a cabo la traducción de una parte de los <em>Apotegmas de los Padres del desierto </em>bajo el nombre de <em>Sententiae patrum aegyptiorum</em>, texto que se constituye en un testimonio del ideal monástico de abandono del mundo y de seguimiento de Cristo. De esta forma, y de acuerdo a los cánones clásicos de la tipología cristiana, las figuras del Antiguo Testamento aparecen presentadas como personificación y prefiguración del ideal de virtud cristiana: <em>Noé es la figura de la pobreza voluntaria, Job la figura de la tribulación y de la paciencia y Daniel la figura de la discreción. Por consiguiente, si los actos de estos tres santos estuviesen en algún hombre, el Señor está con él, viviendo con él mismo, aceptándolo, y rechazando también de él toda tentación y toda tribulación que le sobrevenga del enemigo</em> (18).</h5>
<h5></h5>
<h5>En relación a la teología del bautismo, esta resulta fundamental para la labor evangelizadora del obispo de Braga. A este sacramento se refiere en reiteradas oportunidades, y en su instrucción pastoral <em>De correctione rusticorum</em> da especial énfasis al valor de la pertenencia a Cristo. A través de un lenguaje sencillo y directo, el Bracarense exhorta a los fieles a considerar el pacto de renuncia al mal hecho en el bautismo. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta la gravedad y pervivencia prolongada del arrianismo, así como su necesaria extirpación de la piedad popular, no duda en insistir en la naturaleza divina del Hijo y en el significado más prístino del sacrificio de la cruz en tanto que sacrificio redentor de la humanidad.</h5>
<h5></h5>
<h5>Su trabajo catequético es una llamada a la valoración del compromiso cristiano adquirido a través de la profesión de fe expresada en el bautismo, y representa la concreción de un esfuerzo formativo que permite atisbar, al mismo tiempo, una sociedad con prácticas populares y supersticiosas que pone en evidencia una escasa instrucción en la fe católica. Para ello, y a modo de introducción a la catequesis del domingo, escribe: <em>no solo os ocupéis de esta vida presente y de la utilidad pasajera de este mundo, sino que penséis más en el símbolo que vosotros prometisteis creer, esto es, la resurrección de la carne y la vida eterna </em>(19).</h5>
<h5></h5>
<h5>Por consiguiente, las enseñanzas de san Martín apuntan, en gran medida, a las bases de una formación en la <em>humanitas</em> clásica y en el ejercicio de las virtudes cardinales, virtudes que él considera como necesarias para la posterior búsqueda sobrenatural del espíritu de un verdadero cristiano. En otras palabras, para el metropolitano de Braga el ideal de hombre cristiano se basa, en primer lugar, en la vivencia de una vida recta y de una conducta moral ordenada según la tradición de los filósofos antiguos, tradición moral particularmente acentuada en el estoicismo pagano (20).</h5>
<h5></h5>
<h5>En definitiva, la personalidad de san Martín pone de manifiesto un celo inagotable por la formación de los fieles, tanto monjes como laicos. Con una actualidad plenamente vigente, las palabras iniciales de su <em>Formula vitae honestae</em> vienen a ser un resumen de su vocación de pastor y, asimismo, una invitación a la vida de virtud a partir de la voluntad humana unida a la acción de Dios (21) pues, de acuerdo a su cosmovisión de hombre clásico y cristiano (22), él entiende la santidad como el heroísmo de la Antigüedad más la acción de la Gracia divina (23): <em>el título de este opúsculo es ‘Formula de una vida honesta’, y la razón de ponerle esta inscripción es porque no enseña aquellas cosas arduas y perfectas, que son para pocos y que las practican los afamados santos; se refiere únicamente a aquellas cosas, que sin tener un precepto de las divinas Escrituras, únicamente por la ley natural de la razón humana pueden cumplirlas incluso los laicos que viven recta y honestamente</em> (24).</h5>
<h5></h5>
<h5>Notas</h5>
<h5></h5>
<h5>1. Profesor del Instituto de Historia de la Universidad de los Andes. Este artículo se enmarca dentro del proyecto Fondecyt n° 11110194.</h5>
<h5></h5>
<h5>2. A modo de referencia biográfica, véanse: Bodelón, S., <em>Literatura latina de la Edad Media en España</em> (Madrid 1989); Domínguez del Val, U., <em>Historia de la antigua literatura latina hispano-cristiana</em>, vol. II (Madrid 1997), 375-430.</h5>
<h5></h5>
<h5>3. San Isidoro de Sevilla, El “<em>De viris illustribus</em>” <em>de Isidoro de Sevilla</em>, Codoñer, C., (ed) (Salamanca 1964), 145-146.</h5>
<h5></h5>
<h5>4. Véase: Fontán, A., «La tradición de las obras morales de Martín de Braga», en <em>Boletín de la Universidad de Granada</em>, n° 91 (1951).</h5>
<h5></h5>
<h5>5. Existen distintas ediciones del <em>De correctione</em>. Sin embargo, la edición crítica más autorizada y que recoge de manera más completa el conjunto de la obra del Bracarense es: Barlow, C. W., <em>Martini episcopi Bracarensis opera omnia</em> (New Haven 1950).</h5>
<h5></h5>
<h5>6. El estudio histórico más actual y panorámico sobre la conversión de los reinos bárbaros occidentales se encuentra en: Dumézil, B., <em>Les racines chrétiennes de l’Europe: conversion et liberté dans les royaumes barbares</em>, <em>Ve-VIIIe siècle</em> (París 2005).</h5>
<h5></h5>
<h5>7. Fontán, A., «San Martín de Braga: una luz en la penumbra», en <em>Cuadernos de filología clásica</em>, vol. XX (1986-1987), 195.</h5>
<h5></h5>
<h5>8. Una aproximación al monacato hispano pre-benedictino se puede encontrar en: Linage Conde, A., <em>Los orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica</em> (León 1973).</h5>
<h5></h5>
<h5>9. Para analizar la influencia de Séneca en el De ira del Bracarense véase: Madoz, J., «Martín de Braga. En el XIV centenario de su advenimiento a la Península (550-1950)», en <em>Estudios eclesiásticos</em>, n° 25 (1951), 226 ss ; Liefooghe, A., «Les idées morales de saint Martin de Braga», en <em>Mélanges de science religieuse</em>, n° 11 (1954).</h5>
<h5></h5>
<h5>10. Cantera Montenegro, S. et Rodríguez de la Peña, M. A., «Conciencia hispana y tradición monástica en la <em>Vita Fructuosi</em>», en <em>Cuadernos de estudios gallegos</em>, vol. LIV, n° 120 (2007), pp. 78 ss.</h5>
<h5></h5>
<h5>11. Herejía ampliamente desconocida en el ámbito doctrinal. Cercana a un tipo de gnosticismo, con orientaciones mágico-esotéricas, fue desarrollada en Hispania por Prisciliano, obispo de Ávila. Fue la primera herejía propiamente occidental. El heresiarca fue condenado a muerte en la ciudad de Tréveris, en el año 385.</h5>
<h5></h5>
<h5>12. Naldini, M., «Introduzione», en <em>Contro le superstizione</em>. <em>Catechesi al popolo. De correctione rusticorum </em>(Florencia 1991), 10.</h5>
<h5></h5>
<h5>13. Domínguez del Val, U., «Introducción», en <em>Martín de Braga. </em><em>Obras completas</em> (Madrid 1990), 16-18; Ferreiro, A., «Martinian veneration in Gaul and Iberia: Martin of Tours and Martin of Braga», en <em>Studia monastica</em>, vol. 51 (2009), 19.</h5>
<h5></h5>
<h5>14. <em>De correctione rusticorum</em>, XVIII.</h5>
<h5></h5>
<h5>15. <em>De superbia</em>, V.</h5>
<h5></h5>
<h5>16. <em>Formula vitae honestae</em>, Prudencia.</h5>
<h5></h5>
<h5>17. <em>De correctione rusticorum</em>, XII.</h5>
<h5></h5>
<h5>18. <em>Sententiae</em>, VIII.</h5>
<h5></h5>
<h5>19. <em>De correctione rusticorum</em>, XVIII.</h5>
<h5></h5>
<h5>20. Liefooghe, A., «Les idées morales de saint Martin de Braga», art. cit., p. 145.</h5>
<h5></h5>
<h5>21. Cf. Fontán, A., «Martín de Braga: proyección histórica de su persona y su obra», en <em>Humanismo romano</em> (Barcelona 1974), 215-216.</h5>
<h5></h5>
<h5>22. <em>Ibid</em>., p. 192.</h5>
<h5></h5>
<h5>23. Freyburger, G. et Pernot, L., (eds), <em>Du héros païen au saint chrétien</em> (Paris 1997), 24.</h5>
<h5></h5>
<h5>24. <em>Formula vitae honestae</em>, Introducción.</h5>
</div>
&nbsp;

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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Imagen: <em>San Martín de Braga</em>, miniatura del Códex Albeldensis, a. 976, Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.</h5>
&nbsp;

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		<title>¿Qué significa decir: &quot;Creo en la Iglesia&quot;? - Fernando Berríos</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/05/que-significa-decir-creo-en-la-iglesia-fernando-berrios/</link>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 16:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO- MARZO 2014)
Autor: Fernando Berríos, Docente Facultad de Teología UC
Para citar: Berríos, Fernando; <i>¿Qué significa decir: "Creo en la Iglesia"?,</i> en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 38-45.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/FBERRIOS_LRC_1181.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>¿Qué significa decir: "Creo en la Iglesia"?</strong>
<strong>Fernando Berríos</strong>
<strong>Docente Facultad de Teología UC</strong></h4>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Cuando los cristianos rezamos el <em>Credo</em>, la Iglesia actúa como <em>sujeto</em> de la fe. Ella se manifiesta ante el mundo como la que testimonia y confiesa: “creo/creemos en Dios” –Padre, Hijo, Espíritu Santo− como fuente de la vida, autor misericordioso de la salvación, Aquel siempre presente y actuante redentoramente en nuestra vida. En los primeros tiempos del cristianismo, esta confesión de fe, en su núcleo esencial, la hacían los conversos en el momento de recibir el bautismo, después de un largo proceso de preparación, para expresar de ese modo su adhesión a Cristo y la radicalidad de su “nuevo nacimiento” a la vida de los discípulos del Señor (Jn 3, 3.5-7).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la forma actual del Credo, luego de que la Iglesia confiesa su fe en Dios, aparece ella misma como <em>objeto</em> de la fe: “Creo/creemos… en la santa Iglesia católica”. En la fórmula extendida del Credo del Concilio de Constantinopla (año 381), se explicitan y se precisan las propiedades o “notas” de la Iglesia en la que los cristianos creemos: “una, santa, católica y apostólica”. ¿Significa esto que debemos creer en la Iglesia exactamente del mismo modo en que creemos en Dios? ¿Se trata de dos formas de fe completamente equivalentes? Claramente no. Solo Dios es Dios. Solo en Dios –Padre, Hijo, Espíritu Santo− podemos y debemos poner nuestra confianza radical en el don de la salvación, de la vida eterna. Y solo en el Señor Jesús, en su proyecto de vida, en su muerte y resurrección, podemos ver realizada la manifestación del Reino de Dios y la obra de la redención, que esperamos llegar a contemplar en su plenitud futura. Esta acción redentora, a la cual estamos invitados a adherirnos libremente, solo puede ser obra de Dios que se ha revelado a Sí mismo en nuestra historia. La fe consiste precisamente en acoger esa autodonación divina y en adherirse a lo que Él desea para nosotros. En este sentido, la fe es un regalo de Dios y no un “mérito” humano. El mismo Señor hace posible en nosotros, por la acción de su Espíritu, esa acogida y esa adhesión, aunque no nos obliga a ello. Más bien, nos lo ofrece como la posibilidad de un encuentro en la amistad y en el amor.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo en la Iglesia = creo en Dios que se manifiesta y actúa en y por una comunidad</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero si solo Dios salva, ¿entonces por qué afirmar que creemos “en la Iglesia”? ¿Qué puede significar ello? Básicamente, dos cosas importantes. La primera y principal: que la fe “en la Iglesia” no es un acto distinto o “complementario” a la fe en Dios, sino una modulación o una dimensión de la misma. Creer en la Iglesia no consiste en creer en algo o alguien distinto de Dios, sino en la convicción de que el designio divino de que “todos los hombres se salven” se ha concretado históricamente en la persona y en la acción de Jesucristo (1Tim 2,4s), que a su vez se prolonga en la Iglesia que es su Cuerpo (1Co 12,13-31; Ef 4,4-16), su Esposa (Ef 5, 26s) y Templo del Espíritu (2Co 6,16).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta perspectiva y como bien lo enseña el Concilio Vaticano II, la Iglesia no puede ser comprendida como una mera institución humana. Si así fuera, perdería su sentido. Hay Iglesia porque hay un Dios que nos ama y desea para nosotros la plenitud de la Vida. La Iglesia, en definitiva, es un “misterio”, porque su verdadera razón de ser y su raíz última no residen en ella misma, sino en el misterio de la salvación, o sea, en el corazón mismo de Dios que se ha volcado fuera de sí mismo, en nuestra búsqueda (Constitución sobre la Iglesia <em>Lumen Gentium</em>, nn. 2 al 4). Por ello, creer en la Iglesia es creer en el Dios de Jesucristo que ha querido seguir actuando en y a través de ella, como su “signo e instrumento”, es decir, “como un sacramento” (<em>Lumen Gentium</em>, n. 1). En cuanto sacramento, la Iglesia debe aspirar siempre a ser transparente, a transparentar a Jesucristo dejándose guiar por el Espíritu Santo; a no estar ella en el centro del escenario del drama de la salvación, sino a servir y a poner siempre en el centro a Dios que salva.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En lo que venimos diciendo hay un punto especialmente importante, que no debe perderse nunca de vista: el Dios de los cristianos es el Dios manifestado plenamente en la persona y en el acontecimiento histórico concreto de Jesucristo. En otras palabras, el Dios de los cristianos es el Dios de la <em>Encarnación</em>: “Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios... se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y verdad” (Jn 1, 1.14).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto no es un dato secundario. Si Dios es un Dios <em>encarnado</em>, un Dios que en Jesús se ha involucrado de manera real y concreta en la existencia históricamente situada de la humanidad, ello marca también el proyecto global del cristianismo. Creer en el Dios de Jesucristo implica la fe en su actuar histórico y por tanto, también en las concretas mediaciones humanas de ese actuar. Creer en la Iglesia no es un acto de fe en una institución humana en cuanto tal, sino fe en que Dios ha querido valerse de una comunidad concreta, con toda su complejidad y sus limitaciones humanas, para revelarse y salvar.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta perspectiva, las “notas” esenciales de la Iglesia en la que estamos llamados a creer, son notas que en estricto rigor tienen que ver con Aquel que ha querido valerse de ella como de Su instrumento. La Iglesia es “una”, porque el mismo Jesús manifestó expresamente su intención y su voluntad de que todos sus discípulos fueran “uno”, así como el Padre y el Hijo están uno en el otro, formando una auténtica unidad (Jn 17,21) en el encuentro interpersonal en el Espíritu Santo que procede de ambos. La Iglesia es “santa” por la santidad de Cristo, su Cabeza, y “al mismo tiempo… necesitada de purificación”, dado que “encierra en su propio seno a pecadores” (<em>Lumen Gentium</em>, n. 8). Es “católica” por el alcance universal intrínseco de la buena nueva de la salvación en Cristo. Y es “apostólica”, porque su fundamento está en el depósito de la fe custodiado y transmitido por los apóstoles en cuanto auténticos testigos del Resucitado.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo en la Iglesia = creo en Dios en comunión con otros</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un segundo aspecto de la confesión “creo/creemos en la Iglesia” se refiere a la indispensable dimensión comunitaria de la fe. La expresión “creer en la Iglesia” indica en este caso que la fe de los cristianos se da en un ambiente de comunión, es decir, que no es un acto aislado ni meramente individual sino solo posible como experiencia compartida. Y esto por tres motivos fundamentales: en primer lugar, porque, como hemos dicho, Dios salva al “hombre y su circunstancia”, es decir, en la historia. Si la salvación es histórica, entonces ello incluye necesariamente el contexto social y cultural del creyente. La fe cristiana es siempre una fe situada.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, porque es por la comunidad que le viene a cada cristiano el testimonio y la experiencia salvífica de Dios. No hay Iglesia sin creyentes, pero tampoco hay creyentes individuales si no hay previamente una comunidad de personas que los han precedido en la fe y han querido compartir esa experiencia fundante. En cierto sentido, el mismo Nuevo Testamento es, como testimonio de fe, “fruto” y expresión de la Iglesia primitiva y, en cuanto tal, Palabra de Dios y acceso privilegiado a Jesucristo para nosotros hoy. De este modo, la fe se recibe como un don necesariamente en la comunidad, aunque por otra parte esta comunidad sólo puede ser comprendida en profundidad desde la experiencia de la fe adquirida, profundizada y confesada por <em>cada creyente</em>. Así como toda persona se constituye como tal en la comunidad y no como mero proyecto individual, del mismo modo la persona creyente se forja en y por la fe de la comunidad y no en la búsqueda solitaria de un “Dios a la medida”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, la fe tiene una fuerte dimensión comunitaria porque para los cristianos, Dios, Aquel que se ha acercado al ser humano, es en sí mismo comunión –del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo− y no un ser solitario. La salvación consistirá, en definitiva, en la experiencia de dejarse acoger en la Vida plena de este Dios-comunión. Cuando confesamos, también en el Credo, nuestra fe “en la comunión de los santos”, estamos expresando nuestra convicción de que Dios ha querido reunir como un solo pueblo, en una red de solidaridad, a todos cuantos han buscado y buscan, de una u otra forma, Su rostro con un corazón sincero. A todos los que componemos la Iglesia que peregrina en medio de este mundo, pero también a nuestros hermanos que nos han precedido en el encuentro con el Padre, nuestros difuntos y, en especial, los santos junto a María, la madre de Jesús y nuestra madre.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo en la Iglesia: una comprensión necesariamente no excluyente</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el pasado y sobre todo a partir de las grandes divisiones que se produjeron al interior del cristianismo, la confesión de fe: “creo/creemos en la santa Iglesia” se interpretó muchas veces en un sentido excluyente. Diversos grupos cristianos se esforzaron por demostrar que eran ellos –y no “los otros”− los que creían en (y, por lo tanto, pertenecían a) la “verdadera Iglesia”. Dado que ello se entendía en el horizonte de una interpretación también excluyente del antiguo axioma “fuera de la Iglesia no hay salvación”, la confesión de fe en “la verdadera Iglesia” se concebía como una garantía de redención y, consecuentemente, como criterio para determinar la inevitable condenación de todos aquellos que no pertenecieran “objetivamente” a ella. En lo que respecta a nosotros los católicos, debemos reconocer que a partir de la Reforma de Martín Lutero en el siglo XVI y por lo menos durante cuatro siglos, la doctrina oficial de la Iglesia y la teología enseñaron que “fuera de la Iglesia <em>católica romana</em>−entendida como la única verdadera Iglesia− no hay salvación”. Según esta manera de entender las cosas, una buena parte de la humanidad quedaba excluida del designio divino de la redención.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II vino a corregir esta visión, al recuperar una comprensión de la salvación y una noción de la Iglesia más acordes con la enseñanza de la Sagrada Escritura. En ella se nos enseña que Dios, desde toda la eternidad, ha querido que “todos los hombres se salven” y eso, precisamente, es lo que Él manifestó en su Hijo Jesús como “único Mediador” (ambas afirmaciones en 1Tim 2, 4 y 5). La Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesucristo, ha recibido la misión de prolongar a través de los siglos ese mensaje universal de salvación, con la luz y la fuerza del Espíritu Santo. Pero Iglesia verdadera hay <em>una sola</em>, la Iglesia sin divisiones que Jesús quiso: “Que todos (los discípulos) sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn 17,21).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio, siguiendo las enseñanzas del mismo Jesús, enseña que la salvación no es un asunto meramente individual sino una experiencia compartida, comunitaria, un acontecimiento para el cual se requiere de una real pertenencia eclesial. Pero también enseña que hay <em>diversas formas</em> o <em>diversos grados de pertenencia</em> a la Iglesia en cuanto pueblo de Dios que camina en medio de la humanidad. En ese sentido el Concilio no duda en afirmar que todos los seres humanos, sin excepciones, pueden salvarse, ya que a la “unidad católica del pueblo de Dios… (es decir, a la Iglesia en su sentido amplio originario) <em>pertenecen</em>o <em>se ordenan</em> de diversos modos… <em>todos</em> los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvación” (<em>Lumen Gentium</em>, 13; los destacados en la cita son míos).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, creer “en la Iglesia” es creer en la bondad de Dios que quiere que todos los seres humanos, por la gracia de Cristo, se salven, y se salven desde la experiencia compartida de pertenecer a la humanidad creada por Él y, en consecuencia, llamada toda ella al bien, a la comunión y a la paz.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo en la Iglesia que es el pueblo de Dios</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como lo anterior permite precisar la relación de la Iglesia católica con todos aquellos que no pertenecen visiblemente a ella, otro aspecto igualmente importante es cómo hay que entender y vivir las relaciones entre los cristianos al interior de la misma. También en este punto el Concilio Vaticano II ha venido a recuperar la enseñanza bíblica en toda su frescura y profundidad: la Iglesia es ante todo la asamblea o el pueblo de Dios (<em>Lumen Gentium</em>, capítulo II). Más exactamente, es el pueblo de <em>todos</em> aquellos que Dios ha convocado para la experiencia compartida de la salvación en Jesús el Cristo. En esta vocación universal, que se sella con el Bautismo como inicio del camino cristiano, somos todos fundamentalmente iguales, porque todos adquirimos o somos hechos conscientes de nuestra dignidad de hijos de Dios en Cristo y además todos somos incorporados a la Iglesia y a su misión de anunciar al mundo el Evangelio de Jesús. Así de claro lo decía el apóstol Pablo en su carta a los gálatas: “Por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios... Ya no hay judío ni griego, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Ga 3,26.28).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta comprensión de la Iglesia como “Pueblo de Dios” nos hace presente el que ella se constituye como tal no desde las distinciones estamentales y jerárquicas que históricamente pudieron subrayarse por una exagerada sacralización de los ministerios ordenados, sino precisamente desde su ser comunidad o pueblo de hermanos iguales. Lo decisivo en ella es <em>lo común compartido</em>: el bautismo y lo que Dios ha operado mediante él en nosotros. La Iglesia es un pueblo, el pueblo de Dios, en que el sacerdocio no está restringido a un “estamento” sino que define al conjunto de sus miembros, en virtud del sacerdocio común de los fieles (cf. 1Pe 2,5). En el Concilio Vaticano II no se trata, por cierto, de hacer “reivindicaciones” de ningún tipo; todo lo contrario: se trata de recuperar <em>para el conjunto de los cristianos </em>la conciencia de su dignidad y responsabilidad de bautizados en y para un mundo que necesita de su aporte. La cuestión no es poner en duda el lugar y el sentido del ministerio jerárquico, sino de situarlo de manera tal que se entienda más claramente en su calidad de “vocación específica” (como diría más tarde el documento de Aparecida), al servicio del Pueblo de Dios. Cuando hablamos de Iglesia, debemos entenderla siempre como lo hacía San Alberto Hurtado: “La Iglesia es nosotros”, no una mera institución ni su sola estructura jerárquica. Habrá verdadera Iglesia donde haya cristianos conscientes de su Bautismo y dispuestos a coexistir y trabajar en comunidad.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo en la Iglesia como comunidad verdaderamente “eucarística”</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, podremos decir con coherencia: “creo/creemos en la Iglesia”, si al menos nos encaminamos a ser una comunidad auténticamente <em>eucarística</em>. Esto quiere decir: una Iglesia que cumpla fielmente el mandato de Cristo: “hagan esto en conmemoración mía” (Lc 22,19; 1 Co 11,24s) no solo en un sentido ritual-litúrgico, sino que además, para ser un signo verdaderamente creíble de la incondicionalidad del amor salvador de Dios y pese a todas las limitaciones humanas de sus miembros, se muestre en el mundo como una comunidad servidora, solidaria y, sobre todo, inclusiva, acogedora de todos aquellos que se sienten excluidos de la Cena del Señor y, probablemente, de tantas otras mesas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La comunidad eclesial, que tiene su “fuente y su culmen” en la mesa eucarística (constitución <em>Lumen Gentium</em>, n. 11), está llamada a ser el espacio por antonomasia para los que no encuentran un lugar en este mundo, los que no tienen las herramientas para ser “exitosos” según los parámetros de una sociedad que alienta más la competencia que la colaboración, los que no tienen nada con qué merecer la admiración de los demás, los que desfallecen en el camino. Todos, en definitiva, necesitamos ser acogidos en la gratuita aceptación que nace del amor; por ello, en cada Eucaristía la comunidad cristiana se reúne para hacer el memorial de la obra salvadora del Resucitado, que permite a sus discípulos reconocerlo en las llagas de su sacrificio (Jn 20,27) y en la fracción del pan (Lc 24, 30s). También nosotros hoy podemos redescubrir en una vida eucarística lo que Dios ha manifestado en Jesús, el nazareno que “pasó haciendo el bien” (Hch 10,38) y que gozó sentándose a la mesa con los pecadores para reconocerlos como hijos de Dios y anunciarles el evangelio, es decir, la gran buena noticia: “hoy ha llegado a esta casa la salvación” (Lc 19,9).</h5>
<div style="text-align: justify;"></div>
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		<title>Jesucristo: Evangelio y Misionero del Padre - Eduardo Pérez-Cotapos, ss.cc.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/05/jesucristo-evangelio-y-misionero-del-padre-eduardo-perez-cotapos-ss-cc/</link>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 10:38:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<div style="mso-layout-grid-align: none; text-align: justify; text-autospace: none;">
<div style="text-align: center;">
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.178 (ABRIL-JUNIO 2013)
Autor: Eduardo Pérez-Cotapos, ss.cc., Facultad de Teología UC
Para citar: Pérez-Cotapos, Eduardo; <em>Jesucristo: Evangelio y Misionero del Padre</em>, en La Revista Católica, Nº1.178, abril-junio 2013, pp. 95-105.</h6>
</div>
</div>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/EPEREZ_LRC_1178.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<div style="mso-layout-grid-align: none; text-align: justify; text-autospace: none;">
<div style="text-align: center;">

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Jesucristo: Evangelio y Misionero del Padre
Eduardo Pérez-Cotapos, SS.CC.
Docente Facultad de Teología UC</h4>
</div>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>En el contexto de esta semana teológico-pastoral dedicada a reflexionar sobre «La transmisión de la fe: desafío de la Nueva Evangelización» hoy queremos poner la mirada en Jesús. Primero nos detendremos en la pregunta ¿quién es Jesús?, quién es ese Señor en quien creemos, nos confiamos y a quien queremos anunciar. Lo haremos desde una perspectiva bíblica, intentando destacar algunos de los rasgos más propios y originales del Jesús de los evangelios. Y en un segundo momento buscaremos contemplar el modo cómo Jesús anunciaba el reinado de Dios; su modo de ser evangelizador, del cual necesitamos aprender a ser mensajeros del evangelio.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>¿Quién es el Señor que anunciamos?</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>La encarnación. Lo primero que llama la atención al leer los evangelios es que Jesús sea presentado como alguien que compartía en todo la condición de sus oyentes. Los que escriben los evangelios son creyentes, que han reconocido a Jesús como el Mesías e Hijo de Dios; son personas que se están jugando su vida por Jesús. Y por eso ponen el acento en un punto esencial de su fe: la encarnación del Hijo de Dios. El Padre nos ha amado tanto, que ha llegado al extremo de enviarnos a su Hijo para salvarnos (cf. Juan3,16). La encarnación del Hijo, en una carne semejante a la nuestra, es decir, sometido a nuestras debilidades, es una de las manifestaciones fundamentales del amor de Dios. Es decir, al hablar de encarnación no estamos hablando de una «estrategia apostólica», sino frente a un elemento esencial de la fe cristiana.</h5>
<h5></h5>
<h5>El acento puesto en la encarnación nos desafía a entender en hondura el sentido de la misión de Jesús. Hay quienes imaginan a Jesús como un juez, que viene a implantar justicia premiando a los buenos y castigando a los malos; o como un líder social, que conduce a las masas; o como un pedagogo que enseña los caminos de la fe y de la vida –de hecho en muchos lugares de los evangelios lo llaman «maestro», rabí–; otros lo han imaginado como profeta, de palabra exigente, que viene a implantar la justicia llamando a conversión a los pecadores; y tantas otras imágenes más. Es posible que cada una de ellas tenga algo de verdad, pero no apuntan a lo esencial; y eso se nota en que no son imágenes usadas por Jesús para referirse a sí mismo. Para explicarnos el sentido profundo de su misión Jesús usa una imagen muy propia: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Marcos 2,17). Él es el médico que se acerca a los enfermos, a los necesitados, a los débiles, a los pecadores; no para enrostrarles sus carencias, sino para sanarles y darles vida plena (cf. Juan 10,10). Y por lo mismo, se acerca a ellos mirándolos con cariño, con atención, con sabiduría humana y espiritual a fin de entender desde dentro su situación y así poder darles vida. La versión de este pasaje que nos ofrece el evangelista san Mateo, intercala entre ambas sentencias de la frase un recurso al Antiguo Testamento, que pone en relación esta actitud de Jesús con toda la historia de la Salvación: «Vayan, pues, a aprender qué significa Misericordia quiero, que no sacrificio» (Mateo 9,13, citando a Oseas 6,6). La encarnación de Jesús, manantial de vida para todos los sufrientes, es obra de la misericordia de Dios, de su condescendencia para con todos nosotros.</h5>
<h5></h5>
<h5>Yendo más a fondo en el tema, la carta a los Hebreos explicita razones profundas de este modo de actuar de Dios en Jesús. Y lo hace empleando el lenguaje del sacerdocio: «Teniendo, pues, un gran sumo sacerdote, que penetró los cielos –Jesús el Hijo de Dios– mantengamos nuestra profesión de fe. Pues no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, ya que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado» (Hebreos 4,14-15). Jesús puede compadecerse de nosotros, porque ha experimentado personalmente nuestra condición de vida, en todos sus matices: la alegría y el dolor de las lágrimas; los momentos de claridad personal y la oscuridad del Huerto de los Olivos y de la cruz; la experiencia de ser acogido y la de ser rechazado; la de sanar y dar vida, y la de no poder hacer milagros por la falta de fe de su propio pueblo (cf. Marcos 6,5-6). Ha experimentado el cansancio, la sed y el hambre, la fatiga y el sueño, el dolor y la muerte. E incluso experimentó la tentación, aunque a diferencia nuestra no experimentó el pecado. La misma carta a los Hebreos explicita esta hondura de la encarnación de Jesús: «Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, por los padecimientos aprendió la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para los que le obedecen» (Hebreos 5,7-9). Porque ha vivido todo lo nuestro, Jesús puede acompañarnos en todos los momentos y dimensiones de nuestra vida; incluso en los oscuros momentos de obediencia a una voluntad de Dios que no logramos entender a cabalidad.</h5>
<h5></h5>
<h5>Jesús se presenta a sí mismo como un hombre «manso y humilde de corazón» (cf. Mateo 11,29) y recurre a la figura profética del «Servidor de Yahveh» para ayudarnos a entender el sentido más hondo de su ministerio profético (cf. Isaías 52,13 – 53,12). Se presenta como el servidor de Dios, que por amor se hace cargo del pecado de su pueblo: lo carga sobre sí mismo, en vistas a expiar con su propia vida el pecado de los suyos. Como el que libremente entrega su propia vida para dar vida a sus hermanos (cf. Mateo 12,15-21). Es en este nivel que la encarnación del Señor encuentra toda su plenitud: compartiendo lo nuestro, por su entrega personal nos da vida y con su palabra y ejemplo nos muestra el camino que conduce a la vida. Es el servidor de Yahveh que nos muestra vitalmente cuál es el único camino que de verdad conduce a la vida. Por eso el evangelista Juan pone en su boca la conocida expresión: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14,6).</h5>
<h5></h5>
<h5>Para comprender rectamente a Jesús necesitamos prestar especial atención a esta dimensión de encarnación, que es obra de amor; y a la vez condición apropiada para experimentar esa compasión que es la causa de nuestra salvación: él ha pagado por nuestros pecados; ha asumido una responsabilidad solidaria por nuestras culpas, que nos salva.</h5>
<h5></h5>
<h5>Relación al Padre. Una segunda dimensión característica de la persona de Jesús es su relación al Padre. Ha venido de Él y vuelve a Él. Vive en una permanente obediencia al Padre, como insistirá tanto san Juan (cf. Juan 3,19; 8,28-29; 8,38; 12,49-50; etc.). No hace sino lo que el Padre le ha mandado hacer; no habla sino de lo que ha oído del Padre. Esta dinámica obediencial nos permite hablar de Jesús como un creyente; como el perfecto creyente.</h5>
<h5></h5>
<h5>Creer es confiarse en otro, de fiarse plenamente en un Dios reconocido como confiable. El Papa Francisco describe la fe señalando: «La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida» (Francisco, Lumen fidei 4). El Padre y el Hijo viven desde toda eternidad en una permanente comunión de amor. Partiendo de este horizonte teológico, el Papa llega a una propuesta muy interesante: «La plenitud a la que Jesús lleva a la fe tiene otro aspecto decisivo. Para la fe, Cristo no es sólo aquel en quien creemos, la manifestación máxima del amor de Dios, sino también aquel con quien nos unimos para poder creer. La fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver» (Francisco, Lumen fidei 18). Y el Papa relaciona expresamente esta experiencia de fe de Jesús con su encarnación: «Para que pudiésemos conocerlo, acogerlo y seguirlo, el Hijo de Dios ha asumido nuestra carne, y así su visión del Padre se ha realizado también al modo humano, mediante un camino y un recorrido temporal. La fe cristiana es fe en la encarnación del Verbo y en su resurrección en la carne; es fe en un Dios que se ha hecho tan cercano, que ha entrado en nuestra historia» (Francisco, Lumen fidei 18).</h5>
<h5></h5>
<h5>Los discípulos del Señor reconocieron con claridad que la referencia esencial y permanente para Jesús era su Padre. El evangelio de Juan pone el acento en esta dimensión, como uno de los rasgos centrales, como la referencia fundamental que nos permite entender en hondura la vida de Jesús: «Yo y el Padre somos uno» (Juan10,30). Los evangelios nos señalan que esta referencia esencial se expresaba privilegiadamente en momentos de intimidad con Dios, a solas, en la oración. De modo especial, antes de los grandes momentos o decisiones, nos dirá San Lucas (cf. Lucas 3,21; 5,16; 6,12; 9,18; 9,28-29; 22,41). La primera tradición teológica puso el acento en la dimensión de «obediencia» de Jesús, como uno de los rasgos que lo dignificaban. Es por obediencia a Dios que llega a la cruz: «¡Abba, Padre!, … no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Marcos14,36); «se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz; por eso Dios lo exaltó…» (Filipenses 2,8).</h5>
<h5></h5>
<h5>Este es el segundo rasgo del Señor en quien creemos, que deseo presentarles hoy: Jesús como el creyente, como quien nos enseña a creer. Jesús se confió totalmente en Dios, y así nos enseña/acompaña a finarnos de Dios de modo ilimitado. Tal como dice hermosamente la carta a los Hebreos: «Fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe» (Hebreos 12,2). Jesús nos muestra un camino para acercarnos al Padre, nos regala unos ojos para ver y un corazón para confiarnos plenamente en Dios. «Tenemos necesidad de alguien que sea fiable y experto en las cosas de Dios. Jesús, su Hijo, se presenta como aquel que nos explica a Dios (cf. Juan 1,18). La vida de Cristo –su modo de conocer al Padre, de vivir totalmente en relación con él– abre un espacio nuevo a la experiencia humana, en el que podemos entrar» (Francisco, Lumen fidei18).</h5>
<h5></h5>
<h5>Un atractivo especial. Los evangelios nos señalan con toda claridad que Jesús poseía un atractivo especial para sus contemporáneos. Actuaba y hablaba de un modo especial, enteramente distinto al de los escribas y fariseos, que en cierto sentido podían parecer más o menos similares a él. Jesús tenía una fuerza interior, que resultaba fascinante, que producía admiración en quienes entraban en contacto con él.</h5>
<h5></h5>
<h5>Para quienes lo siguieron, para sus discípulos, fue un hombre que los conmovió profundamente. El encuentro con él les cambió la vida; les rompió la «normalidad» en la que vivían hasta ese momento. Los hizo dejar todo lo que hasta entonces los afirmaba como personas y comenzar a seguirlo desde un despojo de itinerantes; más aún de seguidores de alguien cuyas razones más profundas no se alcanzan a comprender a cabalidad. No deja de ser fascinante el que con su sola palabra Jesús llame a una docena de hombre a seguirlo, y que éstos dejándolo todo lo sigan. Es de una radicalidad fascinante, incluso aceptando que en los relatos de los evangelios haya una presentación de los hechos desde un punto de vista de fe, y que embellece un poco la historia real.</h5>
<h5></h5>
<h5>Jesús goza de una autoridad que le viene desde su interior, y no de atributos exteriores. No posee «reconocimientos oficiales» de parte de algún tipo de autoridad, ni tampoco se apoya en poderes religiosos o políticos. Su fuerza está en su palabra y en la coherencia interior de su mensaje. Jesús es un hombre que sabe ver la realidad de sus contemporáneos; la mira con hondura, con esa capacidad de penetración que solo puede dar una mirada templada en el amor. Por eso es capaz de entender el corazón de los suyos, con ese lenguaje que va más allá de la simple racionalidad. Jesús tiene una mirada que entiende, y lo hace sin juzgar ni condenar. Es la mirada de un médico que busca entender la situación de la persona para darle indicaciones que le ayuden a mejorar la calidad de su vida. No le habla para «invitarlo a cambiar», sino para enseñarle a recuperar la salud.</h5>
<h5></h5>
<h5>Por estas mismas razones, la palabra de Jesús resuena como «creíble», como «convincente», porque da cuenta con verdad de la realidad que están viviendo sus interlocutores. Es una palabra que tiene fuerza porque tiene raíces en la vida concreta de las personas. Es posiblemente esta fuerza la que hace posible que los pescadores que lo escuchan dejen sus redes y se vayan tras él. Las palabras de Jesús son palabras que develan lo hondo de los corazones, que tocan esa raíz profunda en la cual se anudan nuestras grandes decisiones. Este rasgo impresionó mucho a los contemporáneos de Jesús, y los evangelios nos recogen muchos testimonios de esta admiración: «La gente se asombraba de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas» (Mateo7,28-29), «¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Marcos 4,41).</h5>
<h5></h5>
<h5>La palabra de Jesús posee la capacidad de ayudar a ver la propia realidad personal con ojos nuevos; y por lo mismo pone a cada oyente ante una disyuntiva fundamental: acoger la palabra y entrar en una vida nueva, o cerrarse a ella y mantenerse en su rutina. La palabra de Jesús llama a conversión, no porque se dedique a enrostrarles las faltas a sus oyentes, sino porque los pone ante una nueva mirada de la realidad que exige de ellos una respuesta nueva. Los evangelios señalan, en este sentido, que la palabra de Jesús pone en «crisis» a sus oyentes; los pone ante la urgencia de discernir las consecuencias de lo que están viendo y optar de acuerdo con ello. El que se condena es el que se cierra a la novedad de Jesús; y se salvan todos lo que lo acojan, cualquiera haya sido su condición previa, y aunque sea en el último momento, como el «buen ladrón» (Lucas23,39-43). «Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y el juicio está en que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas» (Juan 3,17-19; cf. 12,46-48).</h5>
<h5></h5>
<h5>Sintetizando. De Jesús se pueden decir muchas cosas más. Pero quizá sea apropiado quedarse en estas tres afirmaciones fundamentales, que nos pueden ayudar a proyectar una luz sobre rasgos de la persona de Jesús que pueden ser más interesantes para nuestra experiencia cristiana hoy:</h5>
<h5></h5>
<h5>–– Jesús encarnado, compartiendo todo lo nuestro, como manifestación plena del amor salvador de Dios. De un Dios que nos salva desde el codo a codo de nuestra vida cotidiana, y no por medio de decretos que vengan de lo alto. «Cristo ha bajado a la tierra y ha resucitado de entre los muertos; con su encarnación y resurrección, el Hijo de Dios ha abrazado todo el camino del hombre y habita en nuestros corazones mediante el Espíritu santo. La fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros» (Francisco, Lumen fidei 20).</h5>
<h5></h5>
<h5>–– Jesús creyente, viviendo una permanente y estrecha relación de amor con su Padre. La vida de Jesús pierde su horizonte sin esta relación transcendente hacia el Padre. Y es precisamente esta relación de confianza plena la que nos da ojos nuevos para acercarnos a Dios. «La fe nace del encuentro con el Dios vivo, que nos llama y nos revela su amor, un amor que nos precede y en el que nos podemos apoyar para estar seguros y construir la vida. Transformados por este amor, recibimos ojos nuevos, experimentamos que en él hay una gran promesa de plenitud y se nos abre la mirada al futuro» (Francisco, Lumen fidei 4).</h5>
<h5></h5>
<h5>–– Jesús atrayente, que predica y actúa de un modo tal que resulta fascinante para sus contemporáneos. Atrae porque habla con amor de la vida real; porque posee una mirada amorosa, compasiva, misericordiosa, capaz de sanar nuestras realidades cotidianas y abrirnos los ojos para mirar nuestra vida de un modo nuevo. Esta es la novedad del Evangelio.</h5>
<h5></h5>
<h5>Como es evidente, cada uno de estos tres rasgos de Jesús se pueden proyectar en nosotros, que intentamos ser sus discípulos. No hace falta insistir en eso. Y, al mismo tiempo, cada uno de estos rasgos es determinante para caracterizar el estilo del ministerio mesiánico de Jesús. Demos ahora un paso más, planteándonos la pregunta por cómo Jesús anuncia el evangelio.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>De qué modo Jesús anunciaba el reinado de Dios; su modo de ser evangelizador</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>La cercanía del reino. Jesús anunciaba el evangelio del reinado de Dios, lo sabemos bien. Pero lo más original de su predicación estaba en anunciar la cercanía de este reinado de Dios. «El reino está cerca de ustedes» es el mensaje fundamental de Jesús (cf. Marcos 1,15); y al mismo tiempo es la consigna que dada a sus discípulos para enviarlos en misión: cuando lleguen a una casa, los reciban o nos reciban, digan «El reino de Dios está cerca de ustedes» (Lucas 10,9 y 10,11). Jesús no se dedica a describir el reino de Dios, enumerando sus características, ni tampoco se dedica a describir el modo en que este reino va a llegar. Lo que de verdad le interesa es señalar que el Reino ya está presente, y que es necesario tener ojos suficientemente nuevos y limpios para poder verlo. «Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: “La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, ni se dirá: ‘Véanlo aquí o allá’, porque, miren, el Reino de Dios ya está entre ustedes”» (Lucas17,20-21). El reinado de Dios ya presente es Jesús mismo, en quien Dios está actuando salvíficamente en favor de la humanidad toda. En Jesús Dios está reconciliando al mundo consigo (cf. 2 Corintios5,19). Por lo mismo, la acogida del reino se juega en la actitud que cada uno tenga frente a Jesús; a la acción de Dios hecha presente en Jesús de Nazaret.</h5>
<h5></h5>
<h5>Hacerse ojos nuevos. Anunciar el reino de Dios es para Jesús ayudar a crear ojos nuevos que permitan salir de la rutina y encontrarse con la novedad de Dios. Con esa novedad llena de vida, pero discreta y silenciosa, como la semilla que va creciendo, como la levadura que está fermentando la masa. Novedad que comienza a desplegarse en la pobreza humilde del niño de Belén, y continúa manifestándose en el carpintero de Nazaret. Para anunciar la cercanía del reino Jesús utiliza un lenguaje muy particular: las parábolas. Sencillos ejemplos tomados de la vida cotidiana, en los cuales se entrecruzan dos horizontes contrapuestos, y que invitan a ponerse en un punto de vista nuevo que permita resolver la tensión y alcanzar una recta comprensión de la realidad. En lugar de ser hijos pensando en que el padre los va retribuir estrictamente de acuerdo a los servicios que cada uno le haya prestado, es necesario reconocer que para el Padre ambos son hijos, y como tales ambos son merecedores de la plenitud de su amor; como señala la «parábola del hijo pródigo» (Lucas 15,11-32); o imaginar que al final del día va a pagar a cada trabajador de acuerdo a las horas trabajadas, y no de acuerdo a su magnanimidad, como la parábola de los «obreros de la viña» (Mateo 20,1-16); o defender que lo correcto es funcionar en un esquema de deudas que deben ser cobradas y pagadas, respetando los compromisos anteriormente contraídos, sin dejarse envolver por la novedad de la compasión y el perdón de Dios que rompe toda lógica, como la parábola del «siervo sin misericordia» (Mateo18,23-35); o continuar imaginando que de lo pequeño y cotidiano solo pueden salir cosas pequeñas e insignificantes, como apuntan las parábolas del grano de mostaza y de la levadura en la masa (Mateo13,31-33); etc. Son muchas las parábolas en las cuales alguno de los personajes, representándonos, clama «injusticia», y en otras estos mismos personajes dejan entrever que el comportamiento de Dios es insensato, propio de alguien que ha perdido la cordura. Hacen falta ojos nuevos para llegar a vislumbrar la lógica del amor de Dios, la insensata locura de su misericordia. Las parábolas son el lenguaje más propio de Jesús, usado para entreabrirnos la mirada del corazón a fin poder entrar en la lógica nueva del reino.</h5>
<h5></h5>
<h5>Una novedad en conflicto. La novedad del reinado de Dios pone a Jesús en conflicto justamente con el grupo de los «mejores» de su tiempo, de los más religiosos, con los fariseos. Ellos son quienes se han tomado la religión en serio, los que han estudiado, los que han sistematizado las leyes de Dios, y que se esfuerzan seriamente por cumplirlas. Son lo que creen ver y entender qué Dios espera de ellos, pero dramáticamente ante la novedad de la acción de Dios son los que terminan actuando como ciegos. La compasión misericordiosa y universal de Dios desbarajusta sus concepciones teológicas y los deja enteramente desconcertados. Incluso los hace entrar en conflicto frontal con Jesús; por ejemplo, en defensa de una de las más sagradas instituciones del judaísmo, como es la observancia del descanso sabático. En la polémica de las espigas arrancadas por los discípulos en un día de sábado, Jesús les responde: «Si ustedes hubiesen comprendido lo que significa Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenarían a los que no tienen culpa» (Mateo12,7). En este tipo de polémicas estamos en el corazón del anuncio del reinado de Dios que se está haciendo presente en el ministerio mesiánico de Jesús. Y allí podemos ver como las inapropiadas imágenes de Dios y de su voluntad terminan dañando y condenando a las personas.</h5>
<h5></h5>
<h5>Misión de los discípulos. Para anunciar y hacer presente el reino de Dios, Jesús llama a discípulos para que lo acompañen: ellos serán los testigos de su acción y los colaboradores de su misión. Los discípulos, los Doce, los setenta y dos, las mujeres que lo sirven, los amigos que lo acogen en sus casas, etc., son ante todos los testigos de las maravillas de Dios. Son los que han llegado a reconocer la obra de Dios en Jesús y por eso han respondido a ella acogiendo el llamado que el Señor les ha dirigido: «ven y sígueme». La sola existencia de este grupo de discípulos es ya una manifestación del reino presente; es testimonio de que al menos un grupo ha logrado ver la obra de Dios y responder apropiadamente, por gracia de Dios. De entre sus discípulos Jesús llamó a algunos y los constituyó como grupo, los Doce, «para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar, con poder de expulsar demonios» (Marcos 3,14-15). Los discípulos son ante todos testigos; creyentes que deben calibrar el valor y la hondura de su fe viviendo en intimidad con el maestro. Y solo después de esta experiencia tiene sentido su envío como mensajeros del reino, con una doble tarea: proclamarlo con la palabra y hacerlo presente venciendo todas las fuerzas del mal. Expulsando el demonio, padre de la mentira, enceguecedor, y destructor de la vida en plenitud. El anuncio de la palabra debe ir acompañada de signos concretos que desde ya vayan haciendo presente la vida nueva del reino, al menos como anticipo y pregusto. Los mensajeros del Reino son aquellos que han reconocido la novedosa acción de Dios, que han ahondado su fe compartiendo la vida con el maestro, y finalmente han sido enviados como portadores de una palabra y de un poder.</h5>
<h5></h5>
<h5>Un poder que se hace servicio. Hemos dicho que los discípulos van a anunciar el evangelio con poder. Se trata de un poder que se inscribe en la misma línea del poder de Jesús. Un poder que se hace servicio, que es la capacidad de ofrecer la propia vida por el bien y la vida de la humanidad toda. Es el poder de lavar los pies a los discípulos. El poder de ofrecer gratuitamente la propia vida (cf. Juan 10,17-18). El poder de la semilla que acepta ser enterrada para germinar y dar vida (cf. Juan 12,24-25). Este es el sentido del paradójico lenguaje de Jesús, tan ampliamente atestiguado en los evangelios: el que quiera salvar su vida la perderá, y en cambio quien entregue su vida por el evangelio la salvará. Un lenguaje que Jesús encarnó en su propia vida: entregando su vida nos dio vida plena, y él mismo fue exaltado por Dios en la resurrección. Aquí hay una hondísima propuesta antropológica, de entender la plenitud de la vida como una donación de sí mismo.</h5>
<h5></h5>
<h5>En anuncio gratuito. El reino que Jesús anuncia es una «Buena noticia», ya que todo el acento está puesto en la acción de Dios que salva a la humanidad. Es acción de Dios, no construcción nuestra. Y en cuanto acción salvífica de Dios, los mayores privilegiados por ella son los que más mal lo están pasando en este mundo: los pobres, los enfermos, los endemoniados, los pecadores. Como señala la parábola de «los dos deudores» (Lucas 7,41-43), la acción de Dios trastorna nuestra escala de valores, y los que parecían estar peor, son precisamente los que quedan mejor situados. En lenguaje del evangelio de Juan, después de sanar al ciego de nacimiento, Jesús proclama: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven se vuelvan ciegos» (Juan 9,39). Es lo que se suele llamar la opción preferencial por los pobres. Y como señaló el Papa Benedicto XVI en el discurso inaugural de Aparecida: «la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Corintios 8,9)» (Benedicto XVI Discurso inaugural de Aparecida 3). Los Fariseos no lograron entender esta dinámica de gratuidad del don de Dios; y por lo mismo, tampoco fueron capaces de madurar en la experiencia de la misericordia. Si la buena noticia anunciada no tiene su centro en la acción de Dios, no logrará ser realmente un mensaje de verdadera compasión y misericordia en favor de toda la humanidad.</h5>
<h5></h5>
<h5>En síntesis. Se pueden decir muchas más cosas del modo usado por Jesús para anunciar el evangelio; y muchos de estos elementos los conocemos bien. Para concluir no es inútil recordar que Jesús en cuanto manifestación del actuar salvífico de Dios es el mensajero y el contenido de evangelio. Y que por lo mismo «En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida. Hoy contemplamos a Jesucristo tal como nos lo transmiten los Evangelios para conocer lo que Él hizo y para discernir lo que nosotros debemos hacer en las actuales circunstancias.» (Aparecida139).</h5>
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<h5>Imagen: <em>Buen Pastor</em>, Sebastián Correa E.</h5>
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		<title>Teresa de Lisieux y Teresa de Los Andes: inspiración mística e influencia espiritual - Alexandrine de la Taille</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/05/teresa-de-lisieux-y-teresa-de-los-andes-inspiracion-mistica-e-influencia-espiritual-alexandrine-de-la-taille/</link>
		<pubDate>Tue, 29 May 2018 08:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[La Revista Catolica]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.194 (ABRIL- JUNIO 2017)
Autora: Alexandrine de la Taille, Instituto de Historia, Universidad de Los Andes, Chile
Para citar: de la Taille, Alexandrine; <em>Teresa de Lisieux y Teresa de Los Andes: inspiración mística e influencia espiritual, </em>en La Revista Católica, Nº1.194, abril-junio 2017, pp. 161-169.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/05/ADELLATAILLE_LRC1194.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
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<h4 style="text-align: center;">Teresa de Lisieux y Teresa de Los Andes: inspiración mística e influencia espiritual
Alexandrine de la Taille
Instituto de Historia, Universidad de Los Andes, Chile</h4>
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<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>Teresa de Los Andes, en el mundo Juanita Fernández Solar, primera santa chilena, nace en Santiago de Chile el 13 de julio de 1900. Proveniente de una familia de élite, se educa en un entorno social, cuyo referente cultural es Francia. Al igual que muchos de sus contemporáneos se vincula desde pequeña con el mundo francófono al recibir su educación en el colegio dirigido por las religiosas del Sagrado Corazón que habían llegado al país en 1853.</h5>
<h5></h5>
<h5>Dichas religiosas traen consigo, además de la enseñanza empapada de la cultura francesa, nuevas prácticas de piedad que en Chile son aceptadas y adoptadas por numerosas familias católicas. Juanita Fernández entra al colegio a los siete años, completando la formación recibida en el hogar, especialmente de parte de su madre. Esta educación “a la francesa” le posibilita comprender y hacerse cargo de la espiritualidad de dos religiosas francesas carmelitas: Teresa de Lisieux e Isabel de la Trinidad, quienes, hijas de su tiempo, encienden en ella las más altas aspiraciones de santidad proyectadas en el refugio del Carmelo, como una posibilidad de misión concreta desde la celda.</h5>
<h5></h5>
<h5>En este artículo proponemos una aproximación histórica a Juanita Fernández Solar, la Teresita chilena, a partir de la influencia recibida por ella del mundo católico francés, específicamente a través de la lectura de la mística carmelita de fines del siglo XIX: Teresa de Lisieux.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Juanita y la cultura francesa</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Juanita permanece diez años en el colegio del Sagrado Corazón. Es la cuarta de seis hermanos (1) y sus primeros años de vida transcurren entre el campo y la ciudad. Su casa contaba con servicio doméstico y las comodidades propias de su medio social. Por lo mismo, para ella, al igual que para las primeras niñas chilenas que asistieron al colegio, no es fácil vivir bajo un régimen de internado de disciplina estricta y ordenada (2). Sin embargo, siendo adulta percibe los efectos positivos que este le produce en la formación de su carácter, su intelecto y su fe.</h5>
<h5></h5>
<h5>Estas religiosas se habían instalado en el país a mediados del siglo anterior, a cargo de la francesa Anna du Rousier. Hijas de Magdalena Sofía Barat, desenvueltas y perseverantes, siendo muy pocas, al principio, se establecieron en el país, percibiendo una pronta respuesta de la lejana sociedad chilena. Ofrecían una educación para niñas con un plan de estudios propio con una base enseñada en francés, que podía eventualmente adaptarse a las costumbres del país. Salvo excepciones, generalmente las lecciones eran en francés, lo mismo la comunicación entre las religiosas y las alumnas, con lo cual la diferencia de lenguas que parecía una dificultad, muy pronto se consideró una de las mayores ventajas de su enseñanza.</h5>
<h5></h5>
<h5>En el Chile decimonónico, así como en la Francia post revolucionaria, la educación femenina adquirió gran relevancia para la Iglesia, que reconocía a la mujer como un agente educativo de primer orden en la familia.</h5>
<h5></h5>
<h5>La escolaridad Juanita Fernández es clave para su trayectoria espiritual, al brindarle más que una simple instrucción, una “educación en la fe”. Su objetivo fundamental era convertir a las alumnas en buenas cristianas, verdaderas “hijas del Sagrado Corazón”, dejando en ellas una huella en el alma que las haría ser reconocidas para siempre como tales. Las principales fuentes que disponemos para estudiar al personaje, su diario íntimo y su correspondencia, son reveladoras de la profunda influencia que ejercieron estas religiosas en ella.</h5>
<h5></h5>
<h5>Hitos clave de su formación cristiana en el colegio son la Primera Comunión, luego de la cual comienza a recibir gracias sobrenaturales, procurando comulgar casi a diario; y su admisión como “Hija de María”, congregación a la usanza francesa que reunía en sus filas a las alumnas que personificaban el ideal del colegio, vinculándolas a los sacramentos y a los pobres, pues contemplaba el apostolado de la visita domiciliaria a los más necesitados.</h5>
<h5></h5>
<h5>Asimismo, la devoción a la Virgen María marca su vida. Propia del mundo francés es su cercanía a Nuestra Señora de Lourdes. Esta tuvo mucha fuerza en Chile, construyéndose en Santiago un santuario dedicado a ella en 1880, en un sector apartado de la ciudad con una gruta copiada a la de Massabielle. Juanita constata en su diario que desde niña tuvo una imagen que la acompañó siempre (3). Por otra parte, como un suceso importante describe su visita a la gruta con su madre a los 16 años para la celebración del 11 de febrero (4).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Lecturas carmelitas: Historia de un alma</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Es este completo sustrato cultural y religioso el que ha preparado a Juanita para leer y aprehender la espiritualidad de las místicas francesas del siglo XIX, Teresa de Lisieux e Isabel de la Trinidad. Incluso lo hace paulatinamente con su formación, es decir, va creciendo con ellas y pasan a ser parte de su vida.</h5>
<h5></h5>
<h5>Menciona en su diario que, cuando a los 14 años se somete a una operación de apendicitis, en la que teme por su vida, su madre le habría rezado a la joven carmelita de Lisieux una novena por su mejoría, de la cual a esas alturas ella ya se consideraba a “muy devota” (5).</h5>
<h5></h5>
<h5>Y más tarde, no solo revela su conocimiento de la francesa, sino su particular proximidad a ella y su propia identificación:</h5>
<h5></h5>
<h5>“[La Madre Ríos] Me recomendó leer la vida de Santa Teresa y de Teresita del Niño Jesús. Yo le dije que la había leído varias veces y saco tanto provecho; pues su alma tiene algunos parecidos a la mía. Y también, porque yo, como ella, he recibido muchos beneficios de Nuestro Señor, que la hicieron que llegara muy luego a la perfección; mientras que yo le pago tan mal a Jesús” (6).</h5>
<h5></h5>
<h5>Formada en un colegio de inspiración francesa, Juanita no solo comprende lo que lee, sino que se hace cargo, haciéndose parte de la “historia efectual” de la misión carmelita del siglo que la precedió. Ella percibe en su persona a través de Teresita, cómo la carmelita logra evangelizar desde el silencio y la soledad de su celda hasta el último rincón del mundo.</h5>
<h5></h5>
<h5>Aunque la beata Isabel de la Trinidad ha sido considerada como la religiosa de su época más semejante a Juanita (7), dado que la propia santa Teresa de Los Andes se verá reflejada en ella: “su alma es parecida a la mía” (8); es clave el influjo de la futura patrona de las misiones.</h5>
<h5></h5>
<h5>La similitud entre esta última y Juanita se manifiesta desde la propia vida hasta la intimidad del alma. Llama la atención que la chilena, aunque señala los parecidos, no se atreve a identificarse totalmente con ella: “su alma tiene algunos puntos parecidos a la mía” (9). Probablemente no se sentía digna de tal concordancia, no obstante, ella siempre pensó que moriría a los 24 años como la santa de Lisieux (10).</h5>
<h5></h5>
<h5>Asumiendo que Juanita ya es devota de Teresita en 1914, no es de extrañar que su figura sea protagónica y modélica en sus escritos. La prosa de ambas es similar y también los aspectos biográficos. Desde el punto de vista histórico, además debe considerarse que la cercanía epocal fue uno de los factores que puede haberlas unido.</h5>
<h5></h5>
<h5>La audacia e incondicionalidad de los escritos de Teresita de Lisieux, casi contemporánea de Juanita y con un lenguaje acorde al suyo, indudablemente la animan para comprender su vocación al Carmelo y sentirse interpretada en su enamoramiento de Cristo. La de Teresita del Niño Jesús es una pluma “enamorada”, las palabras que dirige a Jesús, instan a la joven chilena a proyectar su porvenir:</h5>
<h5></h5>
<h5>“Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor!” (11).</h5>
<h5></h5>
<h5>Juanita Fernández no conocía ningún Carmelo ni tampoco a ninguna religiosa de la Orden, solo tuvo acceso a su carisma por las lecturas realizadas. Dicho acervo cultural y la sintonía que percibe con el alma de la santa francesa, la empujan hacia la clausura teresiana.</h5>
<h5></h5>
<h5>A sus 16 años, Juanita expresa claramente su devota cercanía a Teresa de Lisieux:</h5>
<h5></h5>
<h5>“[…] Cuando salí a la casa por el día, me encontré que la Madre Superiora del Carmen, sin conocerme, me había enviado un retrato de Teresita del Niño Jesús, con mi mamá; lo que me ha proporcionado mucho gusto. Me encomendaré a Teresita para que me sane y pueda ser Carmelita. Pero no quiero, sino que se cumpla la voluntad de Dios. El sabe mejor lo que me conviene. ¡Oh, Jesús, te amo; te adoro con toda mi alma!” (12).</h5>
<h5></h5>
<h5>Juanita se siente interpretada por ella dada la similitud de sus almas, como ya apuntáramos, y a partir de su lectura, idealiza su futuro en la clausura: “Desde entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese Monte santo me llamaba el Señor” (13).</h5>
<h5></h5>
<h5>No obstante, a los 18 años, cuando ya ha dejado el colegio y se plantea su futuro inmediato como “esposa de Cristo”, se confunde sobre el camino a seguir. Hija de su tiempo, en que florecen las congregaciones de vida activa, se debate entre la clausura y la Sociedad del Sagrado Corazón que la ha formado. Así como solo conoce las carmelitas por sus escritos (14), sí tiene con las religiosas francesas un profundo vínculo de cariño, gratitud y admiración. Valora el sacrificio que significaba combinar la oración con la enseñanza, sin “tener ni siquiera una pobre celda, duermen de a cuatro”. Asimismo, la impresiona cómo la hija del Sagrado Corazón debía “llenarse de Dios y darlo a las almas” (15).</h5>
<h5></h5>
<h5>Finalmente, luego de profundas meditaciones para elegir un camino de vida, se resuelve por el Carmelo (16), especialmente por su anhelo de unirse para siempre a Jesús y tenerlo como única prioridad. Convencida de que lo suyo es la entrega total apartada del mundo, afirma: la vida de la carmelita “consiste en amar, contemplar y sufrir. Vive sola con su Dios. Entre ella y Él no hay criaturas, no hay mundo, no hay nada, pues su alma alcanza la plenitud del amor, se funde en la Divinidad, alcanza la contemplación del Dios Amor” (17).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>El Carmelo: “el cielo en la Tierra”</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Al abrazar definitivamente la vocación y su nueva vida en el Carmelo, como ella lo llama “el cielo en la tierra”; su cercanía a Teresita de Lisieux será cada vez mayor. En la misma línea que la religiosa francesa, resume en dos palabras su vida: “sufrir y amar”.</h5>
<h5></h5>
<h5>Esta doble vertiente de su paso por el Carmelo, claramente expresada en su diario y correspondencia; revela la certeza por parte de Juanita –ahora Teresa de Los Andes- de la oración, fundamento del Carmelo, como vehículo eficaz para la salvación de las almas.</h5>
<h5></h5>
<h5>La carta del 25 de marzo de1919, en que Juanita pide autorización a su padre para ingresar a dicha orden religiosa, transmite claramente esta urgencia misionera:</h5>
<h5></h5>
<h5>“A eso iré al Carmen: a asegurar mi salvación y la de todos los míos. Su hija carmelita es la que velará siempre al pie de los altares por los suyos, que se entregan a mil preocupaciones que se necesitan para vivir en el mundo […]” (18).</h5>
<h5></h5>
<h5>El Carmelo, por su esencia, siempre había sido un lugar propicio para la evangelización. Así lo manifestaba Teresa de Ávila, la reformadora de la Orden, en el siglo XVI, al ofrecer continuamente su vida por la conversión de los pecadores y la santificación de los misioneros: “daría mil vidas por salvar una sola alma entre todas las que se pierden” (19).</h5>
<h5></h5>
<h5>Siguiendo sus pasos, Teresa de Lisieux, posteriormente reconocida por el Papa Pío XI al declararla Patrona de las Misiones en 1927, demostraba con su propia vida que el ideal de la santa abulense seguía vivo. Ha señalado al respecto el Papa Benedicto XVI: “Aun viviendo en claustro, tomó tan de veras a su cargo el ser colaboradora de los misioneros que, como en un derecho de adopción, ofreció por ellos a su divino esposo Jesús sus oraciones, las penitencias voluntarias y de regla, y sobre todo los agudos dolores que le originaba su penosa enfermedad” (20).</h5>
<h5></h5>
<h5>Siguiendo el modelo entonces de ambas Teresas, la Teresa chilena se empeña en transformarse en misionera desde la humildad de su celda. Para ello, al igual que sus predecesoras ofrece sus múltiples sufrimientos y aprovecha la correspondencia como medio de apostolado. Por ejemplo, escribe a su hermano Luis:</h5>
<h5></h5>
<h5>“Sí, Lucho. La carmelita da más gloria a Dios que cualquier apóstol. Santa Teresa, con su oración, salvó más almas que San Francisco Javier; y este apostolado lo hizo desconociéndolo ella misma” (21).</h5>
<h5></h5>
<h5>Así, como la santa de Lisieux que en tiempos de Juanita aún no ha subido a los altares, pero cuya fama de santidad ha llegado muy lejos –incluso a Chile-, esta joven novicia se centra en este ideal misionero. Llama la atención cómo la lectura desde niña de la mística francesa ha calado su alma y se reconocerá siempre su influencia en sus escritos, desde el relato de la Primera Comunión, hasta las elevadas reflexiones sobre el amor esponsal.</h5>
<h5></h5>
<h5>Reconocemos en ambas carmelitas, en su afán por la misión, el valor del sufrimiento y el deseo del martirio. “Entre tanto, también puedo ser mártir en el Carmen, muriendo a mí misma en cada instante” (22). Este rasgo de su espiritualidad lo es también de su tiempo, pues si bien el siglo XIX vio incrementarse las devociones a la Virgen María, a los santos patronos y al Sagrado Corazón (23) con mayor fuerza que en los siglos anteriores, mantuvo también una religiosidad marcada por la Pasión de Cristo, propia del Barroco (24), y que puso especial énfasis en los sufrimientos físicos de Jesús por la redención de la humanidad.</h5>
<h5></h5>
<h5>El sufrimiento que ambas padecieron y agradecieron era un medio para la misión y su fin era la salvación de los hombres, especialmente de los sacerdotes. En múltiples ocasiones lo señalarían en sus escritos. Por ejemplo, Teresa de Los Andes también se inmolaba por ellos, antes de entrar al convento apuntaba: “Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes” (25).</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Valor de la correspondencia para evangelizar</strong></h5>
<h5></h5>
<h5>Así como Teresa de Lisieux fue autorizada por las prioras de su monasterio para tener “hermanos espirituales” –específicamente los sacerdotes Maurice Bellière y Adolphe Roulland-, comprometiéndose a inmolarse por su santidad y con quienes mantuvo una cercana y fluida correspondencia; a Teresa de Los Andes también se le permite escribir muchas cartas durante su breve paso por el Carmelo.</h5>
<h5></h5>
<h5>A diferencia de su homónima francesa, Juanita se ha propuesto acercar al cielo a sus seres más próximos, su padre y sus hermanos Miguel y Lucho (26). Antes de ser religiosa, aproximadamente a los 16 años anotaba un diálogo con Cristo:</h5>
<h5></h5>
<h5>“En fin, me abrió su corazón y me mostró que por mis oraciones tenía escrito el nombre de mi papá. Me dijo que me resignara a no ver el fruto de ellas; mas que lo alcanzaría todo. Después me reveló su amor, pero de tal manera que lloré” (27). Meses después, entristecida apuntaría: “Tengo pena porque, a pesar de haber de haber rogado y al mismo tiempo haberme mortificado, no he obtenido que mi papá, Miguel y Lucho entraran a retiro. Pero que se haga la voluntad de Dios” (28).</h5>
<h5></h5>
<h5>Esta realidad familiar será central en sus escritos y con la correspondencia detrás de las rejas conventuales intentará persuadir a estos hombres de acercarse más a Dios. Este apostolado no se detiene solo en ellos, sino que con la misma fuerza se amplía hacia quienes ella siente más cerca de Dios, como su hermana, su madre y sus amigas, sugiriéndoles siempre un “camino de perfección”, a cada cual según su nivel de piedad. Es en estos casos cuando cita continuamente a Isabel de la Trinidad, cuya lectura recomienda, invitando especialmente a su hermana Rebeca y a sus amigas íntimas a hacer de sus almas “una casita” para albergar a Jesús (29).</h5>
<h5></h5>
<h5>Para terminar, podemos concluir que una relectura de la correspondencia y del diario íntimo de Santa Teresa de Los Andes, bajo la pregunta del lugar que ocupa Teresita de Lisieux en la espiritualidad de la primera santa chilena, evidencia la fuerza que ejerció en ella dicha religiosa. Esa cercanía que experimenta desde niña Juanita con la Patrona de las misiones es posible gracias a la formación que ha recibido en su colegio y al ambiente de la sociedad chilena que ve a Francia como el gran referente cultural.</h5>
<h5></h5>
<h5>Sin duda, la amplia circulación que tuvo en Chile a comienzos del siglo XX La historia de un alma, texto sencillo que resume la autobiografía de Teresa Martin, permitió su acceso a Juanita siendo niña. Además de las revelaciones particulares que ella reconoce en sus escritos, fue la vida de esta joven carmelita francesa, semejante a ella, la que le abrió la puerta al Carmelo. Luego de conocerla como mujer, y de comprender a través suyo el significado que tiene en su alma la radicalidad de la clausura carmelita que deja de lado el mundo para entregarse por completo a Cristo como su esposa, Teresa de Los Andes se empapará de la obra de Isabel de la Trinidad y de los padres carmelitas: Teresa de Jesús de Ávila y Juan de la Cruz. A menos de dos meses de morir, en su celda del monasterio del Espíritu Santo en Los Andes, es capaz de sintetizar el significado de su vida resumiendo su paso por la tierra y el legado de los grandes maestros de la orden:</h5>
<h5></h5>
<h5>“[…] He comprendido aquí en el Carmen mi vocación. He comprendido como nunca que había un Corazón al cual yo no conocía ni honraba. Pero Él ahora me ha iluminado. En ese Divino Corazón es donde he encontrado mi centro y mi morada. Mi vocación es el producto de su amor misericordioso” (30).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>NOTAS</h5>
<h5></h5>
<h5>(1) Los hermanos Fernández Solar son: Lucía (1894-1968), Miguel (1895-1953), Luis (1898-1984), Juana (1899, falleció a las pocas horas) Juanita (1900-1920), Rebeca (1902-1942) e Ignacio (1910-1976). Detalles en Risopatrón, Ana María, Teresa de Los Andes. Teresa de Chile, op. cit.</h5>
<h5></h5>
<h5>(2) “Pero estos tristes días de felicidad vendrán a enturbiarse con esos trsites días de colegio, que han de llegar muy luego. Me desespero cuando pienso en ello”, c. 4, a su amiga Herminia Valdés Ossa, Chacabuco, 8 de febrero de 1916. Teresa de Los Andes, Obras Completas, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1995. De ahora en adelante: Diario (D.) o Cartas (C.), p. 215. En otra carta, dirigida a sus padres, expresa lo que sí le gusta del colegio: “Gracias por todas las bondades que he recibido de ustedes, y por haberme puesto en este colegio. Aquí me enseñan a ser buena y piadosa, y sobre todo me han preparado para hacer la Primera Comunión”. Santiago, 10 de septiembre de 1910. C. 1, OC, p. 212. “Te diré que faltan 7 días ¿no piensas? Sólo 7 días para estar en ese calabozo. Se me hiela la sangre de solo pensarlo”, A Carmen de Castro, Chacabuco, 3 de marzo de 1916, c. 5, OC, p. 217. “Estoy loca de gusto de poderte escribir sin estar custodiada por monjas que, aquneu son muy buenas, no dejan mucha libertad”. A Carmen de Castro, sin fecha… c. 9, OC, 224.</h5>
<h5></h5>
<h5>(3) “Cuando fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía Juanita me dio una Virgen de Lourdes de loza que había tenido siempre al lado de mi cama, con tal que me tomara un remedio. Me lo tomé y me la dio. Esta es la Virgen que jamás ha dejado de consolarme y de oírme”. D. 5, OC., p. 74.</h5>
<h5></h5>
<h5>(4) D. 19, p. 112-113.</h5>
<h5></h5>
<h5>(5) “El 8 de diciembre yo me sentí morir. Desde ese día caí en cama para levantarme operada. Mi mamá principió una novena a Teresita del Niño Jesús (carmelita), porque soy muy devota de ella”, Diciembre de 1914. OC, D. 8, p. 82.</h5>
<h5></h5>
<h5>(6) OC, D. 13, p. 94</h5>
<h5></h5>
<h5>(7) Uno de los estudios más completos y novedosos al respecto es el que realiza el sacerdote Alain-Marie de Lassus, op. cit., especialmente en el capítulo “ ‘Son âme est semblable à la mienne’. Présence d’Élisabeth de la Trinité dans la vie de Thérèse des Andes”, pp. 31-47. El autor sistematiza y compara la información a partir de los escritos de ambas carmelitas. Señala que son once las menciones de Isabel de la Trinidad por parte de Juanita en su Diario y Cartas.</h5>
<h5></h5>
<h5>(8) Teresa de Los Andes, Diario 28, Obras Completas, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1995, p. 128 (De ahora en adelante: Diario).</h5>
<h5></h5>
<h5>(9) Diario 13, p. 94.</h5>
<h5></h5>
<h5>(10) Así lo insinúa en Diario, 10, p. 87.</h5>
<h5></h5>
<h5>(11) Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño Jesús), “Manuscrito B”, Obras Completas, Monte Carmelo, Burgos, 1997, traducción Manuel Ordóñez Villarroel, p. 261.</h5>
<h5></h5>
<h5>(12) Diario 11, 91</h5>
<h5></h5>
<h5>(13) C. 14, a la Madre Angélica Teresa, 5 de septiembre de 1917, p. 235.</h5>
<h5></h5>
<h5>(14) Así lo constata ella en su correspondencia: “No conozco ningún Carmen, ni he visto ninguna carmelita”, Carta. 36 a la Madre Angélica Teresa, p. 284.</h5>
<h5></h5>
<h5>(15) Diario 47, p. 177 y ss. También hace partícipe de sus dudas al Padre José Blanch, en Carta 45, 13 de diciembre de 1918.</h5>
<h5></h5>
<h5>(16) La Orden se había establecido en Chile en 1690, Ver: A. de La Taille.</h5>
<h5></h5>
<h5>(17) Diario, 47, p. 178.</h5>
<h5></h5>
<h5>(18) Carta al papá, OC, p. 410.</h5>
<h5></h5>
<h5>(19) Camino de perfección, 1, 2) (Citar: Catherine Marin, “Lúnion apostholique de Thérèse de l’Enfant Jésus et d’Adolphe Rolland, missionnaire en Chine (1896-1897), en: Claude Langlois (dir.), Thérèse de Lisieux et les missions, Histoire et Missions Chrétiennes, Trimestriel septiembre 2010n Nº15, Karthala, Paris, p. 64-65).</h5>
<h5></h5>
<h5>(20)https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2007/documents/hf_ben-xvi_let_20070912_dias-lisieux.html Consulta: 29 de mayo de 2016)</h5>
<h5></h5>
<h5>(21) Carta a Lucho, 14 de abril de 1919, p.431.</h5>
<h5></h5>
<h5>(22) A Padre José Blanch, 28 abril 1919, OC, p 463.</h5>
<h5></h5>
<h5>(23) Martin, op. cit., pp. 221-226.</h5>
<h5></h5>
<h5>(24) Ibid., p. 232</h5>
<h5></h5>
<h5>(25) D. 34, p.148. Otra cita en esta línea: “Le mostré a la M. Izquierdo mi libreta, y le llamó la atención el fin que tenía –por la santificación de los sacerdotes- en mis acciones; pues no sabía que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes, ya que ella también es sacerdote. Siempre al pie del altar ha de recibir la sangre de Jesús y derramarla por sus oraciones a todo el mundo” (D.35, p.149).</h5>
<h5></h5>
<h5>(26) Distinto al caso de Teresa de Lisieux que al principio se ofrece por el delincuente Pranzini.</h5>
<h5></h5>
<h5>(27) D. 37, p. 154.</h5>
<h5></h5>
<h5>(28) D.39, p. 159.</h5>
<h5></h5>
<h5>(29) “He leído varias veces en la vida de Isabel de la Trinidad que esta santita le había dicho a N. Señor hiciera de su alma su casita” (D. 16, p.102).</h5>
<h5></h5>
<h5>(30) Carta 162, a su madre, 18 de febrero de 1920, p. 674.</h5>
</div>
<h5></h5>
</div>
</div>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] francesa Isabel de la Trinidad[4], por la similitud de sus escritos y de su espiritualidad; como con Santa Teresita del Niño Jesús[5], a quien Juanita conoce a temprana edad[6], dejando constancia en su diario: “soy muy devota a [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>&quot;¿Qué tenemos que hacer, hermanos?&quot; (Hch 2,37): Eclesiología en tiempos de Crisis en Chile</title>
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		<pubDate>Sat, 13 Oct 2018 11:00:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL- JUNIO 2018)
Autor:Fernando Berríos M., Facultad de Teología UC
Para citar: Berríos, Fernando; <em>"¿Qué tenemos que hacer, hermanos? (Hch 2,37): Eclesiología en tiempos de crisis en Chile</em>, en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio 2018, pp. 126-141.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/10/009_FBERRIOS_LRC_1198.pdf">DESCARGAR AQUÍ ARTÍCULO PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>"¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" (Hch 2,37): Eclesiología en tiempos de crisis en Chile </strong>
<strong>Fernando Berríos M. [1]</strong>
<strong>Facultad de Teología</strong>
<strong>Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escribo estas reflexiones sin distancia, totalmente involucrado en lo que está aconteciendo en la Iglesia de Chile. Por lo mismo, tengo que partir diciendo que, como teólogo, no tengo la perspectiva necesaria para llegar a conclusiones del todo claras. Por cierto, tampoco tengo la pretensión de ser imparcial. Escribo, además, en medio de un proceso cuyo término aparece, para todos o casi todos, como muy incierto. En otra situación habría agregado otro adjetivo para ese final: no solo incierto, sino además, con toda probabilidad, “lejano”, porque los católicos estamos acostumbrados a que las grandes transformaciones sucedan lentamente en la Iglesia. Pero esta vez no parece ser posible esa parsimonia de la dos veces milenaria institución. Estamos en una situación inédita y urgente. No podemos sopesar todavía su gravedad ni sus alcances y, sin embargo, hay que hacerse cargo de ella ya, sin más demoras, para establecer al menos las condiciones mínimas para seguir caminando como Iglesia y abocarnos a lo que verdaderamente debe importarnos: el anuncio del Evangelio de Jesús.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por añadidura, la Iglesia, en cuanto institución, está siendo interpelada con una intensidad nunca antes vista por la opinión pública chilena. Estamos experimentando de manera descarnada, en medio de intensas convulsiones intraeclesiales, que definitivamente estamos insertos en una sociedad de poscristiandad. Nada de lo que sucede o suceda en la Iglesia podrá ser hoy dado por supuesto. Cada vez más la Iglesia ‒al igual que muchas otras instituciones‒ tiene que dar explicaciones. Ante este panorama, muchas veces, en los últimos años, he oído a obispos y clérigos quejarse del mundo de la poscristiandad, de su descreimiento, de su consumismo, de su hedonismo, etc. En cambio, no recuerdo haber oído en ambientes eclesiales (que no sean académicos) alguna reflexión, aunque sea al pasar en una homilía dominical, referente a <em>la Iglesia de la poscristiandad</em>, sobre todo acerca de sus evidentes dificultades para situarse de modo adecuado en dicho contexto. Una omisión por la cual se nos está pasando hoy la cuenta.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sea como fuere, todo indica que en la Iglesia chilena ya no es posible postergar el momento de la autocrítica. Me corrijo: no solo de la autocrítica; eso sería insuficiente. Se trata más bien del momento de una revisión verdaderamente a fondo del <em>modo de ser Iglesia</em> en Chile. Es cierto, como ha señalado con lucidez un reciente análisis<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, que todo esto se inscribe en una crisis más amplia de la Iglesia a nivel global y que, en sus contornos generales, se debe a las dificultades que se han evidenciado en ella para recibir creativamente, pero en toda su profundidad, la eclesiología del Concilio Vaticano II. Y esto en su triple dimensión de replanteamiento de las relaciones de la Iglesia en su unidad (el tema de la articulación entre primado y colegialidad), de la relación de la Iglesia con el mundo en un plano de mutuo reconocimiento en el dinamismo de la historia y, por último, en el reflejo de esas relaciones al interior de las comunidades cristianas. Estas últimas constituyen la experiencia real y concreta de una Iglesia llamada a redescubrirse y a experimentarse como el pueblo de Dios que se forma y se desarrolla a partir de vínculos entre personas iguales en dignidad y misión, que les vienen dadas por su vocación fundamental. Me parece que, si se parte de esta visión global, el diagnóstico de una profunda “crisis” en la Iglesia chilena no es exagerado, y al mismo tiempo refleja el desconcierto que estamos viviendo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Qué tenemos que hacer? </strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la visita del Papa Francisco a nuestro país (y de las circunstancias concretas que la rodearon) han abundado ‒y creo que eso hay que aplaudirlo y no solo tolerarlo‒ reflexiones críticas, dentro y fuera de la comunidad católica, que han intentado identificar con precisión los puntos neurálgicos de esta crisis. Pero yo no quiero abundar aquí en ello, ni creo poder aportar nuevos elementos de juicio al respecto. Más bien, intento detenerme un instante, pensar un poco en lo que ha de venir, no reaccionar con excesiva rapidez ante los hechos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin pretender eludir el carácter altamente problemático de la situación actual de la Iglesia chilena, creo que no hay que perder de vista que lo central aquí es esclarecer caminos para seguir avanzando. La pregunta decisiva es, entonces, <em>¿Qué hemos de hacer, hermanos?</em> (<em>Hch</em> 2,37). También para nosotros, aquí y ahora, la primera respuesta desde la fe será una invitación urgente a la conversión a Jesús, el Cristo, y a la acción del Espíritu (<em>Hch</em> 2,38); pero eso implicará recorrer un camino (es decir, mediaciones concretas), cuyo trazado no es evidente y que, por lo mismo, tiene que ser discernido. Esto ya plantea un primer gran desafío, porque la misma crisis deja de manifiesto que en la Iglesia, pese a muchas declaraciones de principios en contrario, a menudo no se ha promovido el ejercicio del discernimiento, personal o comunitario, y en cambio sí el camino ‒más fácil, pero de tan profundas y lamentables consecuencias‒ de la heteronomía y de un ejercicio infantilizante de la autoridad. Un laicado con poca o nula formación en este y en otros aspectos de su identidad cristiana y eclesial, no ha hecho más que reforzar esta tendencia, cediendo a tal heteronomía, o actuando sin discernimiento.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Precisamente porque ya se ha insistido suficientemente en el diagnóstico de esta crisis, prefiero seguir ahora un camino distinto, sin por ello caer en un optimismo ingenuo. Este otro camino consiste en un análisis, a grandes rasgos, de la metodología que el Papa ha estado siguiendo en su acompañamiento pastoral al episcopado chileno en el último tiempo, en especial a partir de su visita al país. En el análisis de este itinerario, busco identificar algunos elementos que me parecen especialmente iluminadores para el proceso de reconstitución que deberán experimentar la estructura jerárquica y la comunidad eclesial chilena en su conjunto, a partir de esta crisis declarada. En este empeño, quisiera invitar a lector no a una sistematización de contenidos, sino a una suerte de recorrido que busca resaltar algunas grandes <em>intuiciones</em> del Papa Francisco acerca del modo de ser Iglesia que el mundo de hoy nos está pidiendo. Varias de estas intuiciones, como constataremos, tienen más que ver con una actitud que con contenidos doctrinales o teológicos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Una conversación importante merece ser retomada</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer momento de este recorrido es el encuentro del Santo Padre con los Obispos chilenos en la sacristía de la Catedral de Santiago, el 16 de enero de 2018. El Papa contextualiza este encuentro como una continuación de las conversaciones sostenidas casi un año antes en Roma, durante la visita <em>ad limina.</em> Con ello, además, deja en claro que este no sería un simple saludo protocolar. El Pastor Universal quiere “retomar algún punto” ya tratado antes con los obispos de Chile y, con ello, profundizarlo, insistiendo así en su importancia. En rigor, ese punto no tiene que ver específicamente con los obispos y su ministerio, sino con la autocomprensión de la Iglesia en su conjunto. Pero precisamente en esta perspectiva eclesiológica cobra sentido tratarlo con los pastores. El tema central es “la conciencia de ser pueblo, ser pueblo de Dios”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que sigue en este mensaje del Papa no solo no es un saludo aséptico y meramente formal, como suelen ser los saludos protocolares, sino que pone a los obispos chilenos en la situación de tener que reflexionar, en transmisión directa a través de todos los medios de comunicación, sobre la cruda realidad de estar lejos de aportar como pastores a esa comprensión de la Iglesia. Los obispos (entre los cuales, a estas alturas del mensaje, el mismo Papa se incluye) y el clero no están exentos de experimentar el “sentir post-moderno” de la orfandad, del sentimiento de la no pertenencia: “empezamos a creer que no pertenecemos a nadie, nos olvidamos de que somos parte del santo Pueblo fiel de Dios y que la Iglesia no es ni será nunca de una élite de consagrados, sacerdotes u obispos”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Esta sensación de orfandad sería la verdadera fuente del clericalismo, “que resulta una caricatura de la vocación recibida” y que constituye “una de las tentaciones que más daño le hacen al dinamismo misionero que estamos llamados a impulsar”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aproximación del Papa Francisco al tema es de una especial profundidad. No se queda en el nivel de reprender a los obispos por su eventual autoritarismo, ni siquiera en la aclaración ‒no poco altisonante‒ de que “los laicos no son nuestros peones ni nuestros empleados”. Lo más importante es lo de fondo, y que tiene que ver, precisamente, con la soledad de la autoridad entendida y ejercida como <em>poder</em> en una comunidad, la Iglesia pueblo de Dios, de la que finalmente los pastores pueden llegar (o a menudo han llegado) a sentirse aparte. Es el drama de la no pertenencia. En esta verdadera alienación, los fieles católicos (¿muchos? ¿la mayoría?) se acostumbraron a entender que, efectivamente, los miembros del clero son “una élite”, un grupo aparte, la porción de “unos pocos elegidos e iluminados”.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong><em>A) La formación de los seminaristas</em></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En relación con este tema es que el Papa les confiesa a sus hermanos en el episcopado una inquietud adicional: “… me preocupa la formación de los seminaristas”. Y su preocupación es, precisamente, “que [ellos] tengan esa conciencia de Pueblo”. Este tema nos toca directamente a los que por oficio nos corresponde la responsabilidad de participar en la formación de los futuros presbíteros y, eventualmente, obispos de la Iglesia chilena. El desafío es de gran relevancia: en una Facultad de Teología lo que nos corresponde es entregar una formación académica, sin perjuicio de la dimensión pastoral que los estudios teológicos tienen de por sí. Nuestro primer compromiso es ayudar a los estudiantes a superar un primer nivel afectivo, intuitivo o ingenuo de la fe ‒que es legítimo, pero insuficiente‒, para avanzar hacia la capacidad de “dar razón” de la fe y de la esperanza cristianas (1<em>Pe</em> 3,15) y poder establecer así un diálogo fructífero con las personas y con las comunidades con las que se encuentren en su ministerio. Esto, como lo precisa el mismo Papa Francisco en este mensaje, sucederá concretamente “en un mundo secularizado”, esto es, en un mundo que interpela y que cuestiona cada vez más las convicciones de la fe y de la doctrina católica en sus consecuencias para la comprensión del mundo y del ser humano en los temas más candentes.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta labor de formación teológica de los candidatos al ministerio ordenado, a menudo nos enfrentamos a la dificultad de no pocos estudiantes para solucionar una aparente tensión entre la fidelidad a la doctrina del Magisterio y la necesidad, para la teología como disciplina científica y también como oficio que es parte de la vida eclesial, de abrir horizontes y asumir o plantear preguntas a veces incómodas, en la medida en que presionan los límites de las respuestas contenidas, por ejemplo, en el <em>Catecismo de la Iglesia Católica.</em> Es notoria la dificultad que no pocos estudiantes de teología que son seminaristas manifiestan ante el desafío académico de no contentarse demasiado rápido con las respuestas conocidas de antemano, y de aventurarse, por el contrario, a pensar por sí mismos y no sin audacia, la complejidad de los problemas y de las preguntas que hoy plantea la cultura al cristianismo y a la Iglesia.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero este no es el único desafío implicado en la formación de los futuros ministros ordenados. Hay otros, que afectan –y, por lo mismo, también comprometen‒ a toda la Iglesia y muy especialmente a las concretas comunidades cristianas para cuyo servicio los seminaristas se preparan. No es preocupación exclusiva de los obispos el “discernir cómo prepararlos para desarrollar su misión en este escenario concreto y no en nuestros <em>mundos o estados ideales</em>”, como reflexiona el Papa Francisco en este mensaje. Es también responsabilidad de las comunidades, constituidas fundamentalmente por laicos, el ayudar a los futuros ministros (y también, hay que decirlo, a los ministros ya ordenados) a contribuir, de verdad y no solo con declaraciones, a la configuración de la Iglesia como pueblo de Dios en medio del mundo, “codo a codo […] en un clima de discernimiento y sinodalidad”. Esto llama a una reflexión específica ‒y también más radical‒, que no podemos siquiera bosquejar aquí, acerca de un necesario replanteamiento de la manera de entender la función <em>pastoral</em> en la Iglesia, que supere el clericalismo<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a> del que ha hablado Francisco y su expresión en la proverbial postergación de la mujer en las instancias de decisión y conducción en la vida de la comunidad.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong><em>B) Pastores necesitados de la comunidad</em></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volviendo al núcleo del acento puesto por el Papa, ya sabemos de sobra que un “clero-élite”, un clero apartado de la comunidad y ensimismado en una equivocada comprensión del carácter “sagrado” del Orden, solo puede traer sufrimiento y frustración, tanto para los que, errando el camino, pretenden vivir su sacerdocio ministerial en esa clave de “orfandad”, como para las comunidades, que deben padecer sus consecuencias. En no pocos casos ello desemboca en el fracaso definitivo de un proyecto vocacional, que no solo significa un quiebre en la vida de una persona, sino también en la de un conjunto de cristianos que requiere de un acompañamiento pastoral en torno y a partir de la Eucaristía. La comunidad necesita de sus pastores. Pero con la misma intensidad, los pastores necesitan de la comunidad. Y no como un mero “espacio” o ámbito para el ejercicio de la “sacra potestad”, sino para que su vida y su vocación tengan su verdadero sentido: ser signo y testimonio de Jesús, el único Maestro y buen Pastor, en medio de los suyos y en el mundo.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los fieles laicos necesitamos ministros ordenados que sean más hermanos en la fe que “padres” con una supuesta superioridad ontológica o moral. Es urgente cultivar en nuestras comunidades relaciones sanas, liberadoras, fraternales y horizontales, de respeto y enriquecimiento mutuos, que nos permitan comprender y experimentar que, en definitiva y de verdad, hay, como hemos dicho recién, un solo Señor, Maestro y Pastor. Como podrá percibirse, en esta perspectiva el foco no está puesto en eventuales reivindicaciones de unos en relación con otros en la Iglesia. El llamado es más bien a que todos nos sintamos parte de ella, y a que, por el contrario, nadie se experimente como aparte, por su bien, por el bien de los demás miembros de la Iglesia y, sobre todo, por el bien de la misión que nos convoca a todos y que es más importante que los problemas intraeclesiales.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el mundo de hoy, estas consideraciones son más urgentes que nunca, pues los miembros del clero deben realizar su vocación y su función eclesial en un contexto cultural mucho más desarrollado, en que el acceso a la información y las oportunidades de educación, pese a todos los inconvenientes que hemos conocido en los últimos años en Chile, se han extendido notablemente en la población. El sacerdote hace tiempo ya que tiene que aprender a ser pastor en medio de personas cultivadas e informadas y, por lo mismo, potencialmente más críticas y exigentes de la Iglesia, de su enseñanza y de sus pastores.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Cuánto construye el saber pedir perdón</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la carta del Papa a los obispos reunidos en Punta de Tralca en Asamblea Plenaria (11 abril de 2018), después de su lectura del informe de la comisión Scicluna, creo que hay que rescatar, ante todo, la fuerza testimonial de una autocrítica sincera, del reconocimiento del mal hecho y, sobre todo, del saber pedir perdón.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, el Papa confiesa que tras la lectura del informe, ha sentido “dolor y vergüenza”, porque lo allí relatado lo involucra, no se siente fuera ni aparte del problema. Más concretamente, él sabe muy bien que todo Chile tendría presentes sus palabras de respaldo al obispo Juan Barros en Iquique, durante su visita a nuestro país. Sobre ese concreto trasfondo hay que leer su declaración: “En lo que me toca, reconozco […] que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación…”. Este gesto ha suscitado atención y admiración, porque se trata de una práctica, por decir lo menos, poco frecuente, y no solo en la Iglesia, sino en toda agrupación humana: pedir perdón <em>verdaderamente</em>, dejando en claro que todos podemos equivocarnos, también el Papa, y que es necesario buscar la mejor forma posible de reparar el mal provocado.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con la misma transparencia que se requiere para ese acto de magnanimidad, el Papa no duda en mostrar que en instituciones como la Iglesia católica, centralizadas y jerarquizadas, la información fluye al modo y al ritmo de personas concretas, con sus propios intereses y con su propia visión de las cosas. Pero hoy en día esas personas ya no pueden pretender quedar protegidas (al menos, no siempre o no para siempre) por el anonimato, sino que tienen que asumir su corresponsabilidad en las decisiones que finalmente toma la autoridad máxima. Este principio de corresponsabilidad nos remite a otro aspecto de fondo, que está aquí gravemente comprometido: la colegialidad episcopal. El Papa no está dispuesto a abordar las situaciones descritas por el informe Scicluna de manera personalista, sino solicitando a la respectiva Conferencia Episcopal su “colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas […] para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”. En otras palabras, el Papa convoca a los obispos chilenos a un acto <em>colegial</em> de discernimiento ‒porque las medidas concretas no se podían determinar de antemano‒, y en diálogo ‒porque ya no bastan ni corresponden las decisiones unilaterales y verticales. Queda planteada la pregunta de en qué medida los obispos chilenos han acogido esta dimensión propiamente <em>colegial</em> del llamado del Papa.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo ello, el Santo Padre no se avergüenza de reconocer que él erró “especialmente por falta de información veraz y equilibrada”. En esta declaración no hay rastro de preocupación por la imagen de la Iglesia ni por la suya propia. Lo importante es lo que sigue: “… ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente…”. El Papa no dice, como acostumbran los poderosos en un simulacro de arrepentimiento: “si a alguien ofendí…”, protegiéndose en la elegancia cínica de las formas verbales en condicional. Está claro que hubo una ofensa y, por lo tanto, ofendidos, y él no se demora en pedirles perdón; además, anuncia, para que no queden dudas, que lo hará también personalmente, cara a cara. O sea, esta carta contiene, tácitamente, el preanuncio de una invitación (a representantes de las víctimas) y de una convocatoria (a los obispos de Chile). Dos llamados, cada cual con finalidades muy distintas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Replanteamiento radical de las prioridades</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tercer momento en este itinerario es el comienzo de la reparación. Una vez que se ha reconocido el mal provocado, lo que sigue es un replanteamiento de las prioridades. Por mucho tiempo ‒lo sabemos ya largamente‒, la prioridad fue salvar la imagen de la Iglesia y evitar el escándalo, porque, en la interpretación más bien intencionada, ello sí que era considerado un mal mayor. El modo concreto de salvaguardar esa prioridad ya lo conocemos de sobra. Por lo mismo, es digna de hacer notar la inversión de prioridades que manifiesta el Papa Francisco con su modo de proceder. Lo que hace es privilegiar a las víctimas, dándoles, de la manera más clara posible, auténtica calidad de huéspedes suyos. James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo fueron acogidos, literalmente, en la casa del Papa. No conozco los detalles de esta estadía, pero según comentarios de ellos mismos, su estadía estuvo llena de gestos de acogida, de consideración y, sobre todo, de escucha por parte del anfitrión y de sus colaboradores más cercanos; y fueron muchas las ocasiones en que, de modo grupal o individual, pudieron compartir largamente con el Santo Padre.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como es sabido, estas personas nunca ‒ni antes ni después de este encuentro con el Papa‒ se han sentido ni cercanamente acogidos de ese modo por la jerarquía de la Iglesia chilena. En estos momentos, con todo lo que ha acontecido, es evidente que la relación está muy dañada. Las víctimas no han dudado en manifestar su insatisfacción al respecto, con energía y con escasa o nula autocensura, en los medios de comunicación. Los obispos, que todavía no aprenden (o ya no aprendieron) a situarse en una sociedad de poscristiandad, han tenido grandes dificultades para lidiar con ese tipo de interpelaciones en el espacio público. Tal como se han dado las cosas, para ellos es más difícil que para el Papa relacionarse hoy con las víctimas. Nótese: tanto los obispos como el Papa tienen una historia de desencuentros con estas personas, pero la diferencia la ha puesto el Santo Padre con sus gestos de arrepentimiento sincero y de acercamiento. Algunos conocedores de situaciones como las que estas y otras personas han tenido que vivir, aseguran que todo habría sido mucho más fácil si ante las primeras denuncias hubiera habido más cercanía y acogida hacia los denunciantes aquí en Chile. Ahora se ve que es tarde. El tema está, en cambio, abierto para los nuevos interlocutores que vengan y para la Iglesia chilena en su conjunto.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las prioridades del Papa Francisco han sido, pues, evidentes. En esa clave es que los así llamados “vaticanistas” han insistido en interpretar los gestos o la falta de estos con respecto a los obispos convocados en Roma. Si ello efectivamente ha sido así, me parece coherente y creo que tiene que ver, más que con animosidades personales, con una forma de evidenciar el necesario cambio de prioridades, en la Iglesia, frente a situaciones de abuso y, principalmente, frente a las víctimas de las mismas. Esto representa, finalmente, un gran llamado a toda la Iglesia y no solo a la jerarquía. Tiene un carácter testimonial, cuya acogida sincera sería, además, una demostración de magnanimidad y de madurez por parte de los católicos chilenos, partiendo por sus pastores. Nunca es tarde para pedir, con y como el Papa, “que sea el Espíritu quien nos guíe con su don y no nuestros intereses o, peor aún, nuestro orgullo herido”.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. El valor de decirnos las cosas tal como son</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cuarto momento es el más duro, pero probablemente el más redentor en todo este recorrido. Se trata, en primer lugar, del contenido de un texto “filtrado”, es decir, que la opinión pública no ha recibido formalmente de autoridad alguna de la Iglesia, ni en Roma ni en Chile. Se trata, por otro lado, de un documento cuya autenticidad nadie ha desmentido. ¿Cuál es la gran lección que los miembros de la Iglesia chilena podemos aprender de estas escasas pero contundentes páginas? Intentemos esta mirada positiva, aunque a partir de un discurso evidentemente duro y en absoluto condescendiente.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El contenido central del documento no es el reproche, como podría parecer, sino un llamado urgente, el llamado a volver a ser la Iglesia chilena que brilló ante el mundo entero, hasta hace pocos decenios, por su fuerza profética. Esto es lo importante. Lo triste del momento radica en que para avanzar en esa dirección es necesario reconocer que el modo del ejercicio jerárquico ha ido llevando al resultado de una Iglesia volcada hacia adentro, ensimismada, pendiente de asuntos irrelevantes para el mundo en que estamos insertos y, sobre todo, banales para los mismos fieles en sus afanes cotidianos. Ello sería expresión de haber perdido el “centro”, que es Jesús y su evangelio. La jerarquía y el clero han hipertrofiado, en cambio, un discurso excesivamente moralizante, pero de manera más bien unilateral, en que la inquietud por lo social, si bien no ha estado ausente en las declaraciones del episcopado<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>, ha perdido la fuerza y la centralidad que tuvo en décadas pasadas.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El aspecto negativo de la reflexión del Papa se sintetiza en su condena de la “psicología de élite”, de la que, como hemos visto, ya había hablado antes a los obispos chilenos. Por otro lado, una lectura positiva de este texto, sin eludir su dureza, nos ayuda a ir al tema de fondo. Lo que Francisco caracterizó en su encíclica <em>Evangelii gaudium</em> como el ideal de una “Iglesia en salida” tiene aquí una expresión especialmente clara. Antes que articular llamativas iniciativas misioneras (lo que, por cierto, no está nada mal), tenemos que aprender a ser una Iglesia más empática con el mundo en que estamos insertos y también más respetuosa y acogedora con aquellos cuya vida y opciones no se ajustan a los ideales doctrinales y morales de la cultura católica. Ser Iglesia en salida significa, en primer lugar y antes que cualquier plan pastoral, educar a nuestros niños y jóvenes, y aprender nosotros mismos los adultos, a hacer sentirse al otro, al que no se siente parte de nosotros o al que se ha alejado de la Iglesia o, peor, de la fe, como alguien respetado y valorado, porque nosotros no somos superiores, porque podemos aprender de ellos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solo sobre el fundamento de estas actitudes se podrá construir un cristianismo auténtico y una auténtica Iglesia al servicio de Dios en el mundo. Para decirlo con palabras del Papa en este documento:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Queremos pasar de ser una Iglesia centrada en sí, abatida y desolada por sus pecados, a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado. Una Iglesia capaz de poner en el centro lo importante: el servicio a su Señor en el hambriento, en el preso, en el sediento, en el desalojado, en el desnudo, enfermo, en el abusado… (<em>Mt</em> 25,35) con la conciencia de que ellos tienen la dignidad para sentarse a nuestra mesa, de sentirse ‘en casa’, entre nosotros, de ser considerados familia. Ese es el signo de que el Reino de los Cielos está entre nosotros, es el signo de una Iglesia que fue herida por su pecado, <em>misericordiada</em> por su Señor, y convertida en profética por vocación”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Perspectivas: algunos grandes desafíos</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mientras escribo, no dejan de ocurrir hechos relevantes y llenos de significado para el tema que nos ocupa. Este texto que parece no poder ser concluido se convierte así en un reflejo de la actual situación de la Iglesia chilena: un drama en plena evolución. El Papa invita a un segundo grupo de víctimas de Fernando Karadima a Roma. Por su parte, los obispos chilenos precisan que se han informado de ello por la prensa. Una vez más quedan claras las prioridades de Francisco. Entretanto, no paran de aparecer en los medios de comunicación casos que evidencian que la Iglesia chilena peregrina “necesitada de purificación” (<em>Lumen gentium</em>, 8). Ya nadie osaría dudar de ello. Pese a todo, connotados miembros de la jerarquía siguen actuando sobre la base de viejas prácticas que no favorecen la búsqueda de la verdad ni de la justicia. Piden perdón, yo creo que sinceramente, pero en ese mismo acto parece evidenciarse una gran dificultad para superar males endémicos con suficiente determinación.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todavía no nos recuperábamos del impacto provocado en nosotros por los acontecimientos recientes en Roma, cuando Francisco vuelve a sorprendernos con una carta, esta vez dirigida no ya a los obispos ni al clero, sino “al pueblo de Dios que peregrina en Chile”. Si nos fijamos bien, con esta carta el Papa cierra un círculo en completa coherencia, al volver sobre el tópico central de su mensaje a los obispos en su reciente visita a Chile: la centralidad de la autocomprensión de la Iglesia como pueblo de Dios es el alfa y el omega del camino hacia su auténtico renacer en tierras chilenas. La carta en sí misma es algo realmente inédito: la misiva de un Papa a una iglesia particular, en la que señala su visión y sus proyecciones más personales, auténticas y concretas. Esta carta llama a la reflexión, pero también a la acción, al compromiso, a la creatividad, a la iniciativa, porque lo que está en juego es demasiado importante. La Iglesia chilena está bajo la lupa de todo el resto de la sociedad y también ‒no es exagerado decirlo‒ del mundo entero, de la Iglesia universal. ¿Sabrá responder al desafío?</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recojo de la misma carta del Papa algunos de los principales desafíos que hoy se nos plantean como Iglesia. La situación los hace urgentes, pero en verdad son convicciones que hace mucho tiempo, y sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, están ante nosotros como tareas pendientes o realizadas solo a medias.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong><em>A) Una Iglesia más sinodal</em></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, el llamado a una <em>praxis sinodal</em> de toda la Iglesia. Esta ha sido una tónica de los mensajes del Papa a los obispos chilenos. Recordemos, además, que ese fue el espíritu que Francisco quiso darle a las reuniones a las que los convocó en Roma. Lamentablemente, en las declaraciones de varios de nuestros prelados al regresar a Chile no se ha observado esa conciencia de sinodalidad. Por el contrario, la frase que más se ha oído de ellos es que “todo está en manos del Santo Padre”. Pero lo que en realidad se requiere de todos, partiendo por los pastores, es, como lo dice el mismo Papa en esta carta, citando sus propias palabras a los jóvenes en Maipú, “[que] saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores […] Que nos digan lo que sienten y piensan. Esto es capaz de involucrarnos a todos en una Iglesia con aire sinodal que sabe poner a Jesús en el centro”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Evidentemente, este mensaje está dirigido, aunque a través de los jóvenes, a toda la Iglesia chilena, por lo que resulta lamentable que algunos obispos no hayan sabido dar el ejemplo con su manera de concebir la relación con el Romano Pontífice: una actitud de obediencia poco o nada activa y más bien con fuerte acento en la subordinación. Eso refleja una “eclesiología vivida” (o sea, real) que no ha sabido releer el Concilio Vaticano I a la luz del Concilio Vaticano II o, peor aún, que tal vez ha hecho la lectura a la inversa.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que nuestros pastores todavía están a tiempo para hacer un cambio radical en esto, manifestando, con clara convicción ‒y no solo ante el Papa, sino, en primer lugar, ante el pueblo de Dios‒, una actitud proactiva y propositiva en relación con las transformaciones profundas que hoy necesita la Iglesia de Chile. En otras palabras, que no todo dependa de las decisiones del Papa, ni mucho menos de la curia romana. Los desafíos planteados exigen un alto sentido de la corresponsabilidad a todos los niveles en la Iglesia chilena, partiendo por la colegialidad episcopal. Esta coyuntura, que ha coincidido con la reforma de la curia, puede ser, en concreto, una gran oportunidad para redefinir al menos los principales parámetros de la relación entre las iglesias locales y Roma, incluyendo, por cierto, una profunda revisión del rol del nuncio apostólico.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong><em>B) Superar el clericalismo</em></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar y en estrecha relación con lo recién señalado, la urgencia de pasar a un estilo y a una <em>praxis eclesial que excluya al clericalismo</em> y a todas las formas de abuso de poder que han derivado de él, incluida la terrible “cultura del abuso” y “de encubrimiento” que el Papa ha condenado con fuerza. Como he dicho más arriba, creo que es muy importante que intentemos vivir este empeño no en un ánimo de guerra interna permanente, de reivindicaciones de unos sobre otros, aunque en determinadas circunstancias el conflicto sea inevitable. La guerra interna no es sostenible en el tiempo en ninguna agrupación humana. Por el contrario, hay que acoger este llamado como una oportunidad privilegiada para la construcción de una convivencia más sana, más horizontal, sin visos de “lógica de élite”, para evitar esa sensación de “orfandad” de la que habló el Papa a los obispos en su visita de enero de 2018.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo anterior será posible siguiendo un camino de sanación que, superando el clericalismo, nos obligue a todos a relacionarnos como personas y cristianos adultos, conscientes de nuestra dignidad como personas y como bautizados; con auténtico respeto recíproco, pero no a base de “categorías” ni escalafones que solo se prestan para ambiciones privadas y divisiones entre las personas. Esto debería concretarse en una manera más sinodal de asumir las responsabilidades de conducción en la Iglesia, incorporando más a los laicos y, en especial, a las mujeres en las principales mesas de decisión. Reitero que no lo digo en una perspectiva de mera reivindicación contestataria, sino como algo que me parece hoy en día evidentemente conveniente, necesario, pero además posible a la vista de las transformaciones culturales que estamos experimentando a nivel global.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por cierto, esto implica un cambio de mentalidad y eso siempre toma tiempo. Pero no nos olvidemos de que ya llevamos más de 50 años de aprendizaje desde el Concilio Vaticano II. No podemos seguir excusándonos con la tranquilizadora idea que los proyectos de tal envergadura requieren de mucha paciencia histórica. En este punto, el tema de la formación del pueblo de Dios vuelve a plantearse con toda su relevancia y urgencia. La carta del papa al pueblo de Dios chileno contiene, en esta línea, una explícita interpelación:</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“a todos los centros de formación religiosa, facultades teológicas, institutos terciarios, seminarios, casas de formación y de espiritualidad a promover una reflexión teológica que sea capaz de estar a la altura del tiempo presente, promover una fe madura, adulta y que asuma el humus vital del Pueblo de Dios con sus búsquedas y cuestionamientos”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es de esperar que como Iglesia seamos realmente capaces, en primer lugar, de promover y avivar esta necesidad de formación, y luego que los centros teológicos y de formación cristiana estemos a la altura del desafío. Ya he hablado de la especial demanda que esto nos plantea en nuestra labor como facultad de teología en lo que respecta a la formación de los futuros ministros ordenados. Pero, además, esta coyuntura es un momento privilegiado para plantear y realizar iniciativas concretas tendientes a la formación y al diálogo adulto a nivel de toda la Iglesia, con amplia participación y en especial de los que históricamente han sido los más privados de oportunidades de formación y de participación responsable en la Iglesia y en el mundo, en su condición específica de cristianos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>C) Crecer en la capacidad de escucha y el discernimiento</em></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, quisiera destacar algo que está a la base y, a la vez, es transversal en la mirada del Papa Francisco sobre la problemática de la Iglesia chilena: <em>la importancia de la escucha y del discernimiento.</em> En el lenguaje espiritual, el discernimiento se entiende como una praxis contemplativa, analítica en cierto sentido, del paso o de la acción de Dios en nuestra historia, a la luz del Evangelio.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Discernir implica, primero, reconocer, fijar la mirada, tomar conciencia de lo que nos acontece, en el sufrimiento y la frustración o en la alegría y la paz más profundas. Luego, el que discierne debe hacer una auténtica “lectura” de este acontecer, para dilucidar en él lo que Dios le dice. Francisco nos recuerda que “discernir supone aprender a escuchar lo que el Espíritu quiere decirnos. Y solo lo podremos hacer si somos capaces de escuchar la realidad de lo que pasa”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Precisamente, los católicos chilenos hemos fallado en este punto. El Papa se hace solidario de esta falta: “Con vergüenza debo decir que no supimos escuchar [a las víctimas] y reaccionar a tiempo”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Esa falta de reconocimiento y de escucha nos ha impedido “hacer camino”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, nos ha paralizado. De verdad, el discernimiento ‒personal y comunitario‒ y la capacidad de escucha son condiciones de posibilidad para responder a los dos grandes desafíos anteriormente señalados: promover una praxis sinodal de toda la Iglesia, que a su vez solo podrá construirse con el concurso de cristianos adultos, bien formados y conscientes de su dignidad y responsabilidad bautismales.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este tiempo, en medio de una innegable confusión y de un severo menoscabo de la imagen pública de la Iglesia, somos dramáticamente interpelados a rehacernos y a seguir avanzando, en palabras del Papa, como “el Santo Pueblo de Dios” que no puede darse el lujo de “quedarse rumiando la desolación”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5></h5>
<h5>NOTAS</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Doctor en Teología de la Eberhard-Karls-Universität zu Tübingen, Alemania. Profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> E. Silva, “La visita del Papa a Chile y un posible nuevo comienzo” (comentario nacional), <em>Mensaje</em> 668 (mayo 2018) 8-13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Francisco, <em>Saludo del Santo Padre en el Encuentro con los Obispos en la Sacristía de la Catedral de Santiago</em>, Chile, 16 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. mi artículo, “Sacerdocio y función pastoral en la Iglesia: una reflexión a 50 años del Concilio Vaticano II”, en Parra, F.-Serrano, A. (Eds.), <em>La inteligencia de la esperanza – Homenaje a Juan Noemi Callejas</em>, Anales de la Facultad de Teología 5, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago 2012, 87-102.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Al respecto, cf. mi artículo “Cien declaraciones de las Asambleas Plenarias del Episcopado chileno (1962-2010): Notas para una hermenéutica teológica”, <em>Teología y Vida</em>, Vol. LII/4 (2011) 695-720.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>  Documento entregado por el Papa a los obispos chilenos en Roma, párrafo final, citando su mensaje en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas, en su visita a Chile, Santiago 16 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en el Encuentro con los jóvenes en el Santuario Nacional de Maipú</em>, Santiago de Chile, 17 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Francisco, <em>Carta del Santo Padre al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em>, 31 de mayo de 2018, Nº5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Francisco, <em>Carta del Santo Padre al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em>, 31 de mayo de 2018, Nº3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Ídem</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Ídem, Nº4</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Discurso en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas,</em> Catedral Metropolitana, Santiago de Chile, 16 enero de 2018.</h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Claudio Martínez]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muy bueno, en mi humilde opinión y como un simple ciudadano católico, creo que nuestra iglesia debiera tomar los ejemplos de las recientes Canonizaciones de Monseñor Romero, los ejemplos de nuestro Padre Hurtado, Raul Silva Henriquez, Pierre Dubois, por citar a algunos y hacer de la Iglesia de Cristo un compromiso con los mas vulnerables y pobres de espíritu. 
Reconocer que existen ataques orquestados contra la fé a nivel mundial, SI, pero no excusar en ello, la falta de testimonio de nuestro Señor en los más necesitados, pobres, migrantes, victimas de abusos, de la que dan ejemplo, tantos misioneros laicos y consagrados que trabajan junto al pueblo.
Abrazos fraternos.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Diác. Lyonel Laulié]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente! También los diáconos nos sentimos llamados a esta ardua pero noble tarea. Y es necesario retomar el talante de las antiguas Escuela Nacional de Laicos, donde podemos contribuir. Un pueblo formado es base para una iglesia adulta.]]></wp:comment_content>
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		<title>Nueva edición: Santos Pastores iluminan la renovación eclesial</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Oct 2018 14:28:15 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.ecrm.cl/wp-content/uploads/2018/10/SINOPSIS_LRC_1199.pdf"><span style="color: #000080;">DESCARGAR AQUÍ PDF SINOPSIS 1.199</span></a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En medio de la grave crisis de la Iglesia en Chile, las canonizaciones del Papa Pablo VI y de monseñor Óscar Romero muestran un camino de fidelidad al Evangelio que renueva los anhelos de servir con radicalidad al Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La presente edición, además, ofrece un análisis histórico de la situación eclesial, así como una reflexión desde la espiritualidad para hacer frente a los desafíos. Un canonista explica los alcances de la labor específica de los administradores apostólicos que han asumido labores en diversas diócesis, mientras que la sicóloga experta en acompañamiento a víctimas de abuso sexual, Josefina Martínez, responde contundentemente a una entrevista sobre el tema.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a este número <strong>La Revista Católica</strong> lanza su versión digital en el sitio <span style="color: #000080;"><strong><a style="color: #000080;" href="http://www.revistacatolica.cl">www.revistacatolica.cl</a></strong></span>, poniendo a disposición del Pueblo de Dios los mejores artículos de los últimos años, así como diversos materiales para la reflexión teológico-pastoral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se ofrece también la posibilidad de <strong><span style="color: #000080;"><a style="color: #000080;" href="http://revistacatolica.ecrm.cl/index.php/mirevista/">suscribirse al Boletín Electrónico</a></span></strong>, que una vez por semana entregará contenidos para la formación cristiana y el discernimiento personal y comunitario. A través de sus cuentas de Twitter (<a href="https://twitter.com/LaRevistaCato"><span style="color: #000080;"><strong>@LaRevistaCato</strong></span></a>) y Facebook (<span style="color: #000080;"><strong><a style="color: #000080;" href="https://fb.me/larevistacato">fb.me/larevistacato</a></strong></span>) también podrá accederse a los artículos y compartirlos en línea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este medio de comunicación, con más de ciento setenta años de tradición y que actualmente es editado desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago, aparece cuatro veces al año y llega a personas y comunidades cristianas en diversas partes del Chile y el mundo. Para recibir la versión impresa en su domicilio, puede solicitarla a través del correo electrónico <span style="color: #000080;"><strong><a style="color: #000080;" href="mailto:revistacatolica@seminariopontificio.cl">revistacatolica@seminariopontificio.cl</a></strong></span>, donde le explicarán la modalidad para la adhesión.</h5>]]></content:encoded>
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		<title>Aportes de Edith Stein sobre una fe en salida y en búsqueda de Dios - Haddy Bello</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Oct 2018 06:00:25 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.184 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2014)
Autor: Haddy Bello, Pontificia Universidad Católica de Chile
Para citar: Bello, Haddy; Un<i>a Iglesia "en salida" y en búsqueda de la verdad. Aportes de Edith Stein sobre una fe en salida y en búsqueda de Dios, </i>en La Revista Católica, Nº1.184, octubre-diciembre 2014, pp. 317-333.</h6>
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<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/HBELLO_LRC_1184.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
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<h4 style="text-align: center;"><strong>Una Iglesia "en salida" y en búsqueda de la verdad. Aportes de Edith Stein sobre un fe en salida y en búsqueda de Dios.</strong>
Haddy Bello
Pontificia Universidad Católica de Chile</h4>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Atendiendo a los trabajos y preocupaciones actuales de repensar la fe, de mirar y analizar nuestro entorno, de redescubrir la novedad del Evangelio en tiempos de crisis, de persecución y de diversos cuestionamientos al mensaje de la Iglesia frente al mensaje de Cristo, es misión de cada bautizado hacer propias todas aquellas inquietudes y dificultades, y reflexionar la fe en clave actual. Es el ejercicio de dar razón de nuestra esperanza, sin temor a examinarnos de frente al rostro amoroso de Dios, pues la Palabra revelada en el Hijo es vida y, por tanto, es presencia de Dios en la historia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En este contexto, Evangelii Gaudium habla de la necesidad de “una Iglesia en salida”, argumentando que “en la Palabra de Dios aparece constantemente este dinamismo de «salida» que Dios quiere provocar en los creyentes…”(1). La propuesta del papa Francisco transluce una imagen o idea de Iglesia, que lejos de ser innovadora o progresista (como se le ha calificado a nuestro pontífice), vuelve la mirada hacia la experiencia evangelizadora de los primeros siglos. Una comunidad que adquiere una nueva fuerza a partir de la experiencia salvífica de Dios en Jesucristo (fortaleza recibida de forma plena el día de Pentecostés). Es un Pueblo que, al igual que Jesús, quiere proclamar de ciudad en ciudad “el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios” (2). Es una Iglesia en constante expansión y portadora de esperanza. “Ay de mí si no predicara el Evangelio” expresaba con profunda convicción el apóstol Pablo (1Cor 9, 16). Por tanto, anunciar la Palabra de Dios no era -ni es hoy- una opción, ni tampoco respuesta a una vocación particular, sino que más bien es una condición ontológica del ser cristiano.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">A raíz de esta propuesta, vale preguntarse si acoger la <em>forma mentis</em> de una Iglesia en salida ¿no requerirá de un método o una pedagogía especial? Si bien hay diversos modos de abordar el problema, pienso que más que un método, sería interesante iluminar este asunto con el testimonio de aquellos mártires que han entregado su vida por Cristo, convirtiéndose en expresión viva de una Iglesia “en salida”. Quisiera destacar en particularmente, el aporte de santa Teresa Benedicta de la Cruz como paradigma de una fe en constante búsqueda, una fe que va hacia afuera para dar testimonio de Cristo sin temor a ser crucificada junto a Él.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es por esto por lo que abordaremos el aporte de santa Edith en dos partes:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">“Una fe en salida, en búsqueda de la verdad” (aspectos biográficos de su búsqueda de Dios mediante la búsqueda de la verdad).</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La búsqueda de Dios, una pedagogía cristiana en clave de salida” (aportes de sus escritos en relación con la formación de la persona a la luz de la fe).</h5>
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<h5></h5>
<h5><strong>2. Edith Stein: Una fe en salida, en búsqueda de la verdad</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">“La experiencia de esta mujer, que afrontó los desafíos de un siglo atormentado como el nuestro, es un ejemplo para nosotros” (3). La dramaticidad de su vida nos muestra cómo el deseo insaciable de Dios y la búsqueda de la verdad(4), se transforman en el escenario vital para permitir (una vez realizado el encuentro con el amor de Dios, manifestado en Cristo) el anuncio de la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay quienes aquí podrían juzgar: ¿cómo es posible hablar de una fe en salida cuando nos referimos al testimonio de una monja carmelita de clausura? ¿Podría considerarse su experiencia conventual, como una limitación de una fe en salida? Para responder a estas preguntas, basta con revisar parte de la biografía de Stein:</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Edith nace el 12 de octubre de 1891 en Breslau (hoy Wroclaw, Polonia), en el seno de una familia judía (5). Es la menor de siete hermanos. Desde pequeña, manifiesta gran interés por la historia y la literatura, demostrando un mundo interior enérgico y lleno de interrogantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre los años 1906-1907 ya lee a poetas y dramaturgos como Friedrich Hebbel, Henrik Ibsen y William Shakespeare; se prepara para entrar a la escuela de bachillerato, y a pesar de cultivar activamente su mente creativa, atraviesa un proceso de indiferencia religiosa que marca su búsqueda de la verdad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ingresa a la Universidad de Breslau, donde toma cursos de filosofía, estudia psicología y participa en actividades extraacadémicas de pedagogía y excursionismo. Pese a participar diligentemente en sus clases sólo alcanzó a estudiar dos años de Germánicas e Historia, pues, luego de leer las Investigaciones lógicas de Edmund Husserl decide trasladar su expediente a la Universidad de Gotinga, donde llegará a ser su alumna y ayudante. Encaminada en su itinerario filosófico, realiza varias actividades, entre ellas, servir voluntariamente como enfermera en un hospital militar en Moravia, atendiendo a los heridos de guerra (1915).</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En agosto del año siguiente, presenta en Friburgo de Brisgovia su tesis doctoral, que posteriormente será parcialmente publicada bajo el título Zum Problem der Einfühlung (Sobre el problema de la empatía). Conoce a Martin Heidegger y trabaja como asistente personal de Husserl en Friburgo, labor que en 1918 ella deja de lado, por considerar que su mentor -en la obra sobre las Ideas-, aún no había logrado llegar a las cosas mismas y, por tanto, su investigación seguía encerrada en la conciencia o en la inmanencia(6). Adicionalmente, se ocupa de preparar la publicación de los escritos de su amigo Adolf Reinach, quien sirviendo en la I Guerra Mundial, había muerto en el frente de batalla.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La filosofía como fundamento efectivo y presupuesto de las ciencias positivas(7), particularmente la fenomenología, es durante este tiempo, su gran guía en la fiel búsqueda de la verdad. A su vez, la pregunta por la mujer comienza a cobrar importancia, especialmente cuando en 1919, por el hecho de ser mujer, se le impide ejercer la docencia universitaria. Si bien todavía no desarrolla un pensamiento maduro al respecto, nacen las preguntas que más adelante darán vida a sus escritos sobre la formación de la persona humana, la mujer y su papel en la sociedad.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Edith vive un período de crisis profunda, sin ser capaz de encontrar en la filosofía ni en la fenomenología, el ansiado fundamento vivo de la verdad.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cerca de 1918, por medio de sus amigos Pauline y Adolf Reinach, y Hedwig Conrad-Martius, Edith comienza su acercamiento a la fe cristiana. Durante un tiempo visita tanto la Iglesia católica, como la Iglesia evangélica; es un tiempo de ardiente exploración, pero encuentra su punto de inflexión en 1921, cuando descubre el testimonio de vida de santa Teresa de Jesús. Hay un vuelco, tanto en su forma de concebir la realidad, como en su relación con Dios. Su conversión a Cristo determina este nuevo camino que se abre ante ella: comienza a instruirse en la fe católica, lee el Catecismo, se bautiza; trabaja dando clases de literatura en un Seminario administrado por las hermanas dominicas en Espira (1923); se introduce en la teología de santo Tomás de Aquino e inicia su traducción de las <em>Quaestiones disputatae de Veritate</em>; además, publica su traducción de las cartas y escritos del Cardenal John Henry Newman (1928) y al año siguiente, con motivo de la celebración de los 70 años de Husserl, publica Husserls Phänomenologie und die Philosophie des Hl. Thomas von Aquino. Versuch einer Gegenüberstellung (La fenomenología de Husserl y la filosofía de santo Tomás de Aquino. Ensayo de una confrontación)(8). Definitivamente es el comienzo de un período distinto y destacado, en el que, además, sus conferencias y cursos sobre la mujer, dictados entre 1928 y 1933, comienzan a resonar entre las autoridades académicas y civiles en el rígido contexto del nacional socialismo alemán.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En octubre de 1933 da uno de los pasos más radicales de su vida, ingresa al convento de las Carmelitas descalzas en Colonia (Alemania), donde toma el nombre de <em>Teresia Benedicta a Cruce</em>, nominación que marca la autoconciencia del sentido de su vida y lo que será su muerte. En la cruz de Cristo, Teresa Benedicta encuentra descanso a su larga búsqueda, Dios le revela -mediante su amor, sellado en la cruz-, la Verdad que por años investigó. Y en el Carmelo, en 1936, terminó su obra Endliches und ewiges Sein (Ser finito, ser eterno), que fue publicada de forma póstuma en 1950.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su vida entre las hermanas estuvo lejos de ser una estadía tranquila. En 1939, año en que comienza la II Guerra Mundial, a causa del hostigamiento del poder político, tuvo que ser trasladada al Carmelo de Echt (Países Bajos), donde pasó sus últimos años de vida profundizando en la teología de Dionisio Areopagita y en el conocimiento de la teología mística de san Juan de la Cruz y santa Teresa de Jesús. Dos grandes escritos nacieron de esta época: Wege der Gotteserkenntnis y Kreuzeswissenschaft (Caminos del conocimiento de Dios y Ciencia de la Cruz, respectivamente).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su obra filosófico-teológica y mística, concluye el domingo 2 de agosto de 1942, cuando un camión de la Gestapo la espera a la salida del convento, y junto a varios religiosos, entre ellos, su hermana Rosa, es llevada al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde -según los registros de la Deutsches Rotes Kreuz- el 9 de agosto de ese mismo año, muere en la cámara de gas. “De esta forma sor Benedicta, unida con Cristo y en medio de sus hermanos de raza, se abraza con la más profunda humillación”(9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin lugar a duda, advertimos la riqueza que implica seguir el itinerario de su biografía. Si bien, nos encontramos frente a una persona admirable en sus capacidades académicas, «la grandeza intelectual de Edith Stein no le sobrecoge, porque esa grandeza queda muy por detrás de su vida realmente envidiable, totalmente impregnada por el amor de Dios» (10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su historia ella reúne la atractiva conjunción entre vida, obra y pensamiento. Con el testimonio de su muerte nos dice “No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin la otra se convierte en una mentira destructiva”(11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habiendo hecho un breve recorrido sobre la vida de santa Edith, podemos retomar las interrogantes sobre si ¿es posible hablar de una fe en salida cuando nos referimos al testimonio de una carmelita de clausura? Y si ¿Podría considerarse su experiencia conventual, como una limitación de una fe en salida? Sería un error mirar sólo el final de su vida para dar un veredicto, pues para ello debe considerarse la totalidad de su vida, con sus múltiples etapas y procesos, pues precisamente en esta diversidad radica la riqueza de su testimonio. De este modo se hace más clara la respuesta: sí, es posible hablar de una fe en salida en el caso de nuestra santa; y su experiencia conventual de ninguna manera pudo haber sido un obstáculo para evangelizar y salir al encuentro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Stein, la comprensión y la formación integral de la persona como cuerpo material, como ser vivo, como ser animado y como ser espiritual, se hace vital para alcanzar la madurez humana (12). Solo a partir de esta visión integradora, la evangelización podrá servir de fundamento para articular un anuncio de salvación que sea efectivo y verdaderamente humanizador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A raíz de lo anterior, me gustaría destacar algunos aspectos biográficos de Edith Stein y reconocer en dichas situaciones (o espacios comunes), diversos elementos que componen -directa o indirectamente y de forma paralela (van de la mano)-, el proceso de formación de la persona humana junto al proceso de evangelización, poniéndolos al alcance de todos, lo cual nos permite descubrir lo extraordinario en lo cotidiano y construir una vida de fe “en salida”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando se nombra el “interés por la historia y la literatura”, el “mundo interior lleno de interrogantes” y la participación de Edith en “actividades extraacadémicas”, se pone de manifiesto el carácter actual y encarnado del Evangelio, que se ocupa de las inquietudes humanas más nobles. Stein se hace cargo de esto, se forma, crece, aprende, escribe una tesis doctoral; se pregunta por la mujer (y los problemas que le aquejan), por la enseñanza de la persona y su papel en la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando sirve “voluntariamente como enfermera en un hospital militar en Moravia”, demuestra aquella necesidad de salir al encuentro de los heridos, los necesitados; cuando “trabaja dando clases en un Seminario” se hace cargo también de educación de la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando “vive un período de crisis profunda”, cuando se pregunta y no se conforma con las respuestas recibidas, busca nuevos rumbos, persevera en la “búsqueda de la verdad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y cuando encuentra a Dios no lo deja. Realiza “su acercamiento a la fe” e inicia un “tiempo de ardiente exploración”, transforma su vida “en su forma de concebir la realidad, como en su relación con Dios”, “comienza a instruirse en la fe”, “lee el Catecismo, se bautiza”, “se introduce en la teología” e “ingresa al convento”. Cada paso que ella da, hoy podemos entenderlo en clave de la totalidad de su historia: todo cooperó para su encuentro definitivo en la Cruz de su amado Jesucristo, por ello “toma el nombre de Teresia Benedicta a Cruce” y pone por escrito aquello que ha descubierto. Sus obras, han sido publicadas y ha sido capaz de llegar al corazón y la mente de miles de personas que la leen. Finalmente, al morir en Auschwitz- Birkenau, ella se hace cargo de toda una vida en búsqueda, una vida en salida al encuentro del otro, que se sella en la cámara de gas, unida a Cristo y en medio de sus hermanos.</h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Edith Stein: La búsqueda de Dios, una pedagogía cristiana en clave de salida</strong></h5>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta sección rescataremos tres aportes básicos, en relación con una pedagogía cristiana en clave de salida. Estos puntos nos servirán para ilustrar la necesidad de prepararnos para el servicio de ser testigos y portadores de la Palabra, ya que “hoy, en este «id» de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva «salida» misionera”(13):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5>a) La historia como espacio de sentido para la realización del plan de Dios</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>b) Empatía y reconocimiento de las diversas “experiencias” de mundo</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>c) La imagen de hombre y la comprensión de la fe como llamado individual y colectivo</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>a) La historia como espacio de sentido para la realización del plan de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La religión y la historia se van acercando para mí cada vez más, y me parece que los cronistas medievales, que insertaban la historia del mundo entre la caída en el pecado y el juicio universal, eran más expertos que los modernos especialistas, a los que al considerar los hechos comprobados de una manera científicamente irreprochable se les ha escapado el sentido de la historia”(14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La valoración que hace Stein sobre la historia como espacio y escenario vital de la realización del plan de Dios se hace evidente. No es posible concebir una religión ni una fe a modo humano, si no es en la historia. Ella tiene clara conciencia de que la salvación operada por Dios a través de los primeros padres (Abraham, Isaac, Jacob, Moisés…) y de forma excelente y perfecta en Jesucristo, se realiza históricamente, en un contexto de tensión entre pecado original y juicio universal, entre origen y fin de los tiempos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien, estamos marcados por el pecado de Adán y Eva, no estamos condicionados al sin sentido, porque hay una presencia real de Dios que ha hecho camino con su Pueblo. Ella se reconoce abiertamente como “hija del pueblo judío”(15), lo cual demuestra la herencia cultural y la visión del carácter imborrable de la historia, que poseía todo hebreo en espera de la Promesa. Por lo tanto, cada acción, cada pensamiento, está en tensión escatológica y constituye una búsqueda y un “salir al encuentro” de esta Promesa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>b) Empatía y reconocimiento de las diversas “experiencias” de mundo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La empatía, según Edith Stein, es el conocimiento inmediato de la vivencia del otro, más que, como generalmente se cree, la sintonía con el sentimiento de la otra persona. La empatía es un fenómeno cognoscitivo, no propiamente afectivo. Es decir: puede darse la empatía, el conocimiento inmediato de la vivencia de otro sin que uno mismo se vea afectado por ese sentimiento… El conocimiento de la vivencia ajena contiene la tendencia al sentir-con el otro…”(16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí es de suma importancia considerar la empatía como una forma de conocimiento de nuestra realidad. Labor fundamental al hacer el ejercicio de salir a evangelizar, pues la mayoría de las misiones pierden fuerza a causa de la falta de conocimiento del hermano a quien se le va a hablar de Dios. La misma Edith reconoce las diversas “experiencias” de mundo, que requieren una adecuación del lenguaje para hacerlo efectivo, es decir, “para el hombre con mentalidad naturalista, la realidad es aquello que percibe con sus sentidos y que en base a la percepción sensorial reconoce con la razón”(17), mientras que “para el hombre creyente, el mundo es un mundo de Dios; todo lo que existe ha sido creado por Dios o, al menos, está previsto por Dios e introducido en su plan”(18) (si bien estas son formas extremas de percibir la existencia, no dejan de ser reales). Empatizar requiere la habilidad de buscar conocer los dolores y las necesidades del otro, para mostrarle el rostro vivo de Cristo que se hace uno con aquellos que sufren y carecen. Algo así demostró de forma análoga el apóstol Pablo, cuando comenta “al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba grabada esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que adoráis sin conocer, eso os vengo yo a anunciar” (Hch 17,23). Él presentaría aquel rostro del resucitado que los atenieses desconocían. Dicha actitud demuestra que, cuando se propone una actividad misionera “en salida”, no se debe tener miedo de presentar el Evangelio como una novedad incesante y que puede siempre producir admiración y sorpresa en quien la recibe(19).</h5>
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<h5></h5>
<h5><strong>c) La imagen de hombre y la comprensión de la fe como llamado individual y colectivo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De los 3 elementos planteados (la historia, la empatía y la imagen de hombre), el que merece mayor dedicación para la propuesta actual de una “Iglesia en salida”, pues implica a las anteriores, y a su vez, es reconocer con honestidad cuál es la imagen de hombre que tenemos en frente. Pues ese “hombre” es el fundamento de la experiencia pedagógica de la fe (partiendo por Cristo, imagen del hombre y de todo hombre. Cf. GS 22).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la obra de Edith Stein, “Estructura de la persona humana”, ella propone el estudio antropológico como una verdadera “doctrina sobre el hombre”, o sea, no como un simple modo de interpretar al ser humano, sino como una ciencia capaz de comprender el problema de la individualidad que supone pensar simultáneamente al hombre como individuo y colectividad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una preocupación –no solo de la idea o imagen del hombre– sino también de una comprensión integral, como cuerpo material, como ser vivo, como ser animado y como ser espiritual. Sólo a partir de esta visión integradora, la antropología podrá servir de fundamento para articular una pedagogía(20) y un trabajo evangelizador que sea efectivo y humanizador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c.1) Las diferentes antropologías y su relevancia pedagógica</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera dificultad que se esboza es determinar qué tipo de antropología es la que nos ayudará a encontrar respuesta a la pregunta “¿qué es el hombre?”. La autora hace un camino evolutivo respecto a las diversas consideraciones o abordajes de esta ciencia:</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>i) Antropología “de la ciencia natural”</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquella que estudia al hombre como especie. Es el homo sapiens “que constituye el estadio evolutivo más alto alcanzado hasta ahora. Así se estudia en qué se diferencian la estructura y las funciones del cuerpo humano de las del cuerpo animal”(21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Surge la pregunta: este tipo de conocimiento ¿tiene relevancia pedagógica? Claro que sí, puesto que “es importante para el educador conocer la estructura, las funciones y las leyes evolutivas del cuerpo humano conocer. Sólo así podrá saber qué puede fomentar su desarrollo natural y qué puede perjudicarlo”(22). Otro motivo es que favorece el conocimiento de los grupos humanos. Cada hombre no es sólo un ente aislado, sino que además es miembro de grupos supra-personales(23), tales como el pueblo y la raza. Si bien estos motivos son importantes, no son suficientes(24).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5>ii) Antropología “de las ciencias humanísticas”</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Necesitamos una antropología que sea capaz de: comprender al hombre concreto y proporcionarnos una jerarquía de nuestros objetivos (la ciencia natural no permite desarrollar un criterio valorativo del individuo ni de sus relaciones). “¿Existen ciencias que tengan por objeto al individuo en su individualidad? […] ¿Existe realmente la vía de conocimiento que conduzca a la captación de la individualidad, y existe la posibilidad de exponer ese conocimiento por medio del lenguaje, de manera accesible a otros?”(25). Se postula a la Historia como una ciencia humanística que “trata de investigar y exponer la marcha de la humanidad […], trata de captar lo individual-concreto, la biografía”(26), etc. Pero finalmente, tampoco permite determinar la individualidad más que de modo aproximado, ya que “conocer es captar objetos en conceptos y exponerlos por medio de conceptos, y los conceptos son universales”(27).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Edith, por su parte, considera ilícita esta limitación del saber, puesto que “si el conocimiento es una captación espiritual de un ente, es lícito decir que conocemos el modo de ser propio de un hombre: este modo de ser se nos muestra a través de las múltiples formas expresivas en las que lo «interior» se «exterioriza», y nosotros comprendemos ese lenguaje”(28). Es cierto que en dicha comprensión se dan diferencias interpretativas, pero captar el modo de ser de cada individuo es un arte, y se constituye como parte de la tarea de la pedagogía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Retomando la valoración del lenguaje, ella afirma que: “El modo de ser propio de una persona se expresa también en formas que pueden seguir existiendo separadas de ella: en su letra, en el estilo que se refleja en sus cartas o en otras manifestaciones literarias, en todas sus obras, y también en los efectos que ha producido en otros hombres”(29). Lo que nos permite volver a pensar la Historia (y la labor del historiador) como un proceso que puede ayudar(30) a penetrar en la individualidad por medio del lenguaje de esos signos. Proceso en el cual el historiador debe hacer el trabajo previo de recoger las fuentes y los restos antes nombrados (letra, estilo, etc.). Luego, debe comprenderlos e interpretarlos; para finalmente transmitirlos, es decir, para poner al alcance de otros la individualidad que se ha captado(31).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">iii) Antropología “de la ciencia humanística general” (Hacia una antropología “filosófica”)(32)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Hay una antropología que pueda ayudarnos a comprender la individualidad?</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La individualidad es consustancial al hombre, y no se habrá comprendido a este último hasta que no se haya captado la primera”(33)… es una afirmación sobre el hombre como tal, que nace de lo cotidiano, de la condición humana concreta y que tiene un logos propio. “Partiendo de la vida real concreta y de figuras históricas, capta al hombre como espíritu y con todo lo que le es esencial en su calidad de persona espiritual. Todo lo externo que se someta a consideración es lenguaje del espíritu, o su ser pleno que habla al ser. De esta manera llegamos a una antropología que, a diferencia de la historia y de las creencias a ella afines, es una ciencia humanística dotada de universalidad, una ciencia del hombre como persona espiritual”(34).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, “las preguntas acerca del valor y el deber se suelen asignar a la ética, y la ética pasa por ser una disciplina filosófica. Lo que un objeto vale lo vale en razón de lo que es. La jerarquía de valores es una jerarquía de seres. Por lo tanto, la teoría del valor, de la que se siguen las normas para la conducta práctica, forma parte de la teoría general del ser u ontología, en la cual hemos de ver la doctrina filosófica fundamental, la «filosofía primera». También es parte de la ontología la ciencia general del espíritu, que a su vez tiene como una de sus partes a la antropología general concebida como ciencia humanística. De esta manera, la antropología que solicitamos como fundamento de la pedagogía habrá de ser una antropología filosófica que estudie, en relación viva con el conjunto de la problemática filosófica, la estructura del hombre y su inserción en las distintas modalidades y territorios del ser a los que pertenece”(35).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">iv) Antropología “teológica” – metafísica cristiana</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al inicio de esta presentación, mencionábamos la necesidad de una antropología que propicie una comprensión integral del hombre, es decir, como cuerpo material, como ser vivo, como ser animado y como ser espiritual. Esta última dimensión advierte que la ontología “no debe limitarse al ser creado, sino que debe estudiar la diferencia y la relación existentes entre el ser creado y el increado. Por ello, una antropología que no tuviese en cuenta la relación del hombre con Dios no sería completa, ni podría servir de base para la pedagogía”(36). Es así es que la antropología filosófica necesita de una antropología teológica para completarse (de filosofía y teología se compone el edificio de la metafísica cristiana)(37).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c.2) Análisis preliminar del hombre</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El hombre como cuerpo material, como ser vivo, ser animado, ser espiritual</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuerpo material: Por su constitución corporal el hombre es una cosa material, sometida a las mismas leyes que toda materia. Es lo que tenemos ante nuestros ojos en la experiencia viva, quizás lo primero que nos llama la atención cuando no conocemos a alguien(38).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser vivo: Es propio de lo vivo poder moverse por sí mismo (mediante un impulso interior). Por tanto, el hombre es cuerpo material que está vivo(39).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser animado: Cuando somos capaces de hacer propio el sentir del otro (cuando empatizamos), se nos puede comprender no solo como seres “vivos”, sino también como seres sintientes(40). Podríamos expresarlo todavía mejor, diciendo: como seres animados(41).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser espiritual: Entre seres humanos estamos desde el principio en una relación de intercambio de pensamientos, en un comercio espiritual(42).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El hombre como persona espiritual: en su posición social y en su individualidad, como ser histórico, comunitario y cultural</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hombre se nos presenta como un microcosmos, en el que se unen todos los estadios(43). La forma en que nuestra autora expone estos “estadios” es mediante un desarrollo análogo al de las relaciones humanas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1° En su posición social: Es la primera impresión. Lo que el hombre proyecta con su manera de hablar, de mirar y de moverse, lo que denota cuál es su profesión o su posición social(44).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2° En su individualidad: Luego del primer encuentro, sale al paso lo que él mismo es como persona individual (cuál es su naturaleza y su carácter). También otros rasgos, de su rostro, su mirada, su voz y sus gestos. De acuerdo con esta experiencia que nos afecta interiormente, el hombre: nos repele o nos atrae(45).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3° Como ser histórico: “Si pasamos del encuentro aislado a la convivencia duradera, lo externo y lo universal casi siempre retroceden más y más tras lo interno y personal […] En la idea que nos formamos de él va entrando cada vez más la «historia» del hombre, de su «destino», y en relación con ello una conciencia de la recíproca responsabilidad”(46).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4° Como ser comunitario: “La vida del hombre es una vida en comunidad y un proceso recíprocamente condicionado. Vivir en comunidad con hombres quiere decir, en buena medida, verlos actuar y actuar con ellos”(47).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5° Como ser cultural: “Vivir entre obras del hombre quiere decir verlas aparecer y desaparecer, ser formado por ellas y ayudar a que otros se formen por ellas: la vida del hombre es vida cultural”(48).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>En su apertura hacia dentro y hacia afuera</h5>
</li>
</ul>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La percepción externa del propio cuerpo no es el puente hacia la experiencia del propio yo”(49). Y en todo lo que el hombre experimenta se percibe también a sí mismo (pero dicha experiencia es totalmente distinta a todas las demás). “La existencia del hombre está abierta hacia adentro, es una existencia abierta para sí misma, pero precisamente por eso está también abierta hacia afuera y es una existencia abierta que puede recibir en sí un mundo”(50).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Como buscador de Dios</h5>
</li>
</ul>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Tanto en su interior como en el mundo externo, el hombre halla indicios de algo que está por encima de él y de todo lo demás, y de lo que él y todo lo demás dependen. La pregunta acerca de ese ser, la búsqueda de Dios, pertenece al ser del hombre”(51). Y la fe “no es solamente convencimiento en la existencia de un creador, conservador y gobernador del mundo, sino que es fe en una verdad revelada que nos hace entender lo que somos llamados a hacer en este mundo”(52).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalizando esta sección (“La imagen de hombre y la comprensión de la fe como llamado individual y colectivo”), podemos rescatar la necesidad de conocer con mayor profundidad cuál es la idea del hombre que se construye hoy, para descubrir qué tiene que decir la fe al respecto. “Para quien piensa que el hombre está totalmente corrompido y es incapaz de hacer el bien naturalmente, la educación del hombre por parte del hombre como rendimiento puramente natural, le parece imposible [pues]. El hombre atravesado por el pecado hasta sus más profundas raíces, no puede educar ni ser educado”(53). Pero para como para nosotros, “el objeto de la educación es el hombre en su totalidad… el espíritu unido con el cuerpo en la unidad de la naturaleza, con todas sus facultades naturales y sobrenaturales, tal como lo conocemos por medio de la razón y de la revelación”(54).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos reconocer aquí el gran desafío que constituye ser cristianos auténticos en el servicio evangelizador: “El «cristiano auténtico» no tiene que ser hombre «simplemente» natural (entendiendo por natural la naturaleza reinstaurada en su original condición de perfecta armonía), sino hombre sobrenatural, es decir, hombre que por gracia participa de la vida de Dios, hombre en el que ha iniciado la vida eterna ya durante la existencia terrena”(55).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No nos desanimemos, es el mensaje que santa Edith también nos da con su paso en este mundo. Enseñanza que está en plena concordancia con la propuesta evangelizadora que hoy recibimos de Evangelii Gaudium: no tengamos miedo de salir en búsqueda de la Verdad ni de dar la vida por Cristo, pues en esta entrega evangelizadora no estamos solos, “si bien esta misión nos reclama una entrega generosa, sería un error entenderla como una heroica tarea personal, ya que la obra es ante todo de Él, más allá de lo que podamos descubrir y entender. Jesús es «el primero y el más grande evangelizador»”(56).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Notas</h5>
<h5></h5>
<ol>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“… Abraham aceptó el llamado a salir hacia una tierra nueva (cf. Gn 12,1-3). Moisés escuchó el llamado de Dios: «Ve, yo te envío» (Ex 3,10), e hizo salir al pueblo hacia la tierra de la promesa (cf. Ex 3,17). A Jeremías le dijo: «Adondequiera que yo te envíe irás» (Jr 1,7)”. Cf. S. S. Francisco, Evangelii Gaudium, 20.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“Tal es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio –la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos– forman parte de su actividad evangelizadora”. Cf. S. S. Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, 6.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Acta Apostolicae Sedis 91 [1999] 249, S. S. Juan Pablo II, traducción de la Homilía de la misa de canonización de la beata Teresa Benedicta de la Cruz, Plaza de San Pedro, domingo 11 de octubre de 1998: «Diese Frau hatte die Herausforderungen eines so umwälzenden Jahrhunderts wie des unseren zu bestehen. Ihre Erfahrung wird zum Beispiel für uns».</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente, busca a Dios”. Cf. Acta Apostolicae Sedis 91 [1999] 249, S. S. Juan Pablo II, citando a una religiosa benedictina: “... zurückblickte, schrieb sie an eine Benediktinerin: «Wer die Wahrheit sucht, der sucht Gott, ob es ihm klar ist oder nicht»”.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. La bio-bibliografía presentada en Caballero, J. L., Stein (1891-1942) (Biblioteca Filosófica 120; Ediciones del Orto, Madrid 2001).</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Redmond,W., Estudio introductorio, en Stein, E., Excurso sobre el idealismo trascendental [Opuscula philosophica 20; Encuentro, Madrid 2005] 11.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Introducción a la Filosofía, en Obras Completas. II: Escritos filosóficos. Etapa de fenomenológica: 1915-1920 (Monte Carmelo, Burgos 2002) 680.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>El texto alemán es publicado en el Anuario Fenomenológico, que realizaba una edición especial para conmemorar al fenomenólogo: Festschrift Edmund Husserl zum 70. Geburtstag gewidmet. Ergänzungsband zum Jahrbuch für Philosophie und phänomenologische Forschung.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Theresia a Matre Dei, Edith Stein. En busca de Dios, 301.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Theresia a Matre Dei, Edith Stein. En busca de Dios, 11.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Acta Apostolicae Sedis 91 [1999] 249, Juan Pablo II, traducción de la Homilía de la misa de canonización de la beata Teresa Benedicta de la Cruz, Plaza de San Pedro, domingo 11 de octubre de 1998: «Suor Teresa Benedetta della Croce dice a noi tutti: Non accettate nulla come verità che sia privo di amore. E non accettate nulla come amore che sia privo di verità! L’uno senza l’altra diventa una menzogna distruttiva.»</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana (Obras completas, volumen IV; Ed. Monte Carmelo, Burgos 2003).</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. S. S. Francisco, Evangelii Gaudium, 20.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Caballero, J. L., Las condiciones de una autobiografía, en: Ferrer, U. (ed.), Para comprender a Edith Stein (Ediciones Palabra, Madrid 2008), 165. Citando a Stein, E., Carta a Roman Ingarden de 19-02-1918, en Autorretrato en cartas III, 72.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“Estos son los términos que utiliza Edith Stein para presentarse ante el Papa Pío XI en la carta que le dirige en 1933…: «¡Santo Padre! Como hija del pueblo judío, que, por la gracia de Dios, desde hace 11 años es también hija de la Iglesia católica…»” Cf. Bea Pérez, E., Edith Stein, hija del pueblo judío e hija de la Iglesia, en: Ferrer, U. (ed.), Para comprender a Edith Stein (Ediciones Palabra, Madrid 2008), 95.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Haya, F., Sobre el problema de la empatía, en: Ferrer, U. (ed.), Para comprender a Edith Stein (Ediciones Palabra, Madrid 2008), 204.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, en Obras Completas IV: Formación de la juventud a la luz de la fe católica (Monte Carmelo, Burgos 2003) 422.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, 422.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“Él [Dios] hace a sus fieles siempre nuevos; aunque sean ancianos, «les renovará el vigor, subirán con alas como de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse». Cristo es el «Evangelio eterno», y es «el mismo ayer y hoy y para siempre», pero su riqueza y su hermosura son inagotables. Él es siempre joven y fuente constante de novedad. La Iglesia no deja de asombrarse por «la profundidad de la riqueza, de la sabiduría y del conocimiento de Dios». Cf. S. S. Francisco, Evangelii Gaudium, 11.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“La pedagogía que carezca de respuestas a la pregunta «qué es el hombre» no hará sino construir castillos en el aire.” (Stein, E., La estructura de la persona humana [Obras completas, volumen IV; Ed. Monte Carmelo, Burgos 2003], 579).</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 579.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 580.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 580.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Para fortalecer el argumento de la “insuficiencia”, Edith menciona dos elementos más: 1) “El educador se ocupa de individuos humanos. En la medida en que son ejemplares de un tipo, el conocimiento de este último puede ayudarle a comprender a los individuos. Pero ser ejemplar de un tipo nunca implica ser derivable y explicable por completo a partir del mismo […] Por ello, siempre que se pretenda comprender al individuo exclusivamente desde el tipo, será inevitable malinterpretarlo.” Por lo demás, si el educando nota esta distancia (en la cual se le mira como un modelo y no como un individuo), tendrá motivos para cerrarse y sustraerse, tanto a la mirada de su educador, como a los intentos de éste por influir en él. 2) “El hecho de que existen razas y pueblos, y de que cada hombre concreto pertenece a alguno de ellos, confronta al pedagogo con la pregunta […] si la educación tiene obligaciones no sólo hacia el individuo, sino también hacia esas unidades supra-personales, y qué importancia poseen estas últimas para el individuo y para toda la humanidad. Todas estas son preguntas a las que una antropología que proceda conforme al método de la ciencia natural no puede responder.” (Ambas citas corresponden a EPH 580 y 581 respectivamente).</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 582.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 582.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 582.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 583.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 583.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>No es la Historia, per se, la que da la respuesta sobre la pregunta por el hombre, sino que le proporciona a la antropología herramientas útiles para el conocimiento del hombre.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 583. También aconseja: “Lo importante a la hora de permitir a alguien que capte una individualidad cuando no se le puede proporcionar un encuentro vivo, es señalarle el camino por el que uno mismo ha alcanzado la meta.”</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>El subtítulo original dice: “La investigación general del hombre por las ciencias humanísticas como parte de la ciencia humanística general; ciencia humanística y la doctrina de los valores como partes de una ontología general; antropología como disciplina filosófica.”</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 585.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 585.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 587.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 588.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 588.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 591.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 592.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>“Allí donde captamos un ser de este tipo tiene lugar al mismo tiempo un contacto íntimo con él: nunca lo captamos meramente desde fuera, sino que miramos dentro de él y, en cierto sentido, nos entendemos con él. Sólo en cierto sentido, todavía no «en sentido propio».” (cf. EPH, 592).</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 592.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 592.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 592.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 593.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., La estructura de la persona humana, 593.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 593.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 593.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 593.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 594.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 594.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Stein, E., La estructura de la persona humana, 594.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, en Obras Completas IV: Formación de la juventud a la luz de la fe católica (Monte Carmelo, Burgos 2003) 423.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, 425.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, 425.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>Cf. Stein, E., Escritos antropológicos y pedagógicos, 429.</h5>
</li>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5>S. S. Francisco, Evangelii Gaudium, 12.</h5>
</li>
</ol>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Los desafíos de la familia en la era digital - Juan Camilo Díaz B.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/10/los-desafios-de-la-familia-en-la-era-digital-juan-camilo-diaz-b/</link>
		<pubDate>Sun, 21 Oct 2018 10:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL- JUNIO 2018)
Autor:Juan Camilo Díaz B., Universidad de la Sabana, Colombia
Para citar: Díaz, Juan Camilo; <em>Los desafíos de la familia en la era digital</em>, en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio 2018, pp. 182-194.</h6>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/015_JDIAZ_LRC_1198.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Los desafíos de la familia en la era digital</strong>
<strong>Juan Camilo Díaz B. </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Universidad de la Sabana, Colombia</h4>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #000080;"><strong><a class="ProfileHeaderCard-screennameLink u-linkComplex js-nav" style="color: #000080;" href="https://twitter.com/jcdiazbohorquez"><span class="username u-dir" dir="ltr">@jcdiazbohorquez</span> </a></strong></span></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La tecnología puede traer muchos beneficios si los niños y adolescentes saben usarla. La palabra clave es responsabilidad. Y es uno de los objetivos principales de mis libros <em>“<a href="http://www.lafamilia.info/libros/television-familia-e-infancia-estrategias-y-planes-de-accion"><strong>Televisión, familia e infancia: estrategias y planes de acción</strong></a>” </em>(2014) y  “<a href="https://www.unisabana.edu.co/feria-del-libro-2018/los-desafios-de-la-familia-en-la-era-digital/"><strong><em>Los desafíos de la familia en la era digital</em></strong></a>” (2018), publicados por la Universidad de La Sabana (Colombia) y en donde se plantea que uno de los grandes desafíos educativos que tiene por delante la familia en cabeza de los padres es formar a sus niños para que hagan uso seguro, responsable y constructivo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. No obstante, es una tarea pendiente. ¿Por qué? Durante mucho tiempo se ha arraigado de manera progresiva un concepto: el de chip tecnológico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este mito consiste en creer que los niños y adolescentes manipulan los aparatos tecnológicos más fácil que nosotros gracias a una carga en su ADN especial, superior y diferente. ¡Y realmente lo creemos! Estamos convencidos de que niños y adolescentes, por el simple hecho de serlos, cuentan con una especie de “competencia” digital, una especie de predisposición para el uso más eficiente de la tecnología. Sin embargo, eso no es tan cierto. Y esa convicción es la que abre la puerta a que niños y adolescentes corran riesgos en un entorno que ha traído muchos beneficios, pero también muchos peligros. Y sin dejar de lado que para muchos padres de familia su rol debe ser mínimo, ya sea porque no saben cómo alfabetizar digitalmente, porque no tienen opción ya que sus hijos son “expertos” en el uso de pantallas o, lastimosamente, por desinterés.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tomando como base los libros, desglosaremos el papel educativo de la familia y una descripción de los principales entornos digitales en los cuales se mueven los niños y adolescentes para que finalmente se ofrezcan una serie de recomendaciones. Pero hay que dejar clara una posición desde el principio: la tecnología no es buena ni mala; todo depende del uso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La familia como educadora natural</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Existe una realidad que es imposible de ocultar: vivimos en una sociedad de la información caracterizada por su permanente creación, distribución y socialización, actividades que hacen parte de las dinámicas culturales y sociales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y dentro de esa realidad se encuentra la familia, que es concebida desde todas las ciencias humanas como la institución natural base de la sociedad. Gracias a que ella es el hábitat natural del ser humano, cumple una seria de roles muy importantes (educación, solidaridad, generosidad) y es la educadora natural de sus hijos, derecho – deber que se desprende de la generación de vida. “La familia, al ser la educadora natural del ser humano, debe asumir, como en otros temas, la tarea de educar a sus hijos en los temas del uso seguro, responsable y constructivo de los entornos digitales” (Díaz, 2014). Y esta tarea, como las demás, no la puede delegar en terceros. Se puede apoyar (colegio, universidades, ONGs, Iglesia, Estado), pero jamás entregar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y ese derecho - deber incluye la educación digital? Sí. Al reconocer que la familia es el ecosistema original del ser humano, en donde se ama por lo que se es, sin condicionamientos y en donde se generan unos lazos de amor y comunión, y en donde se debe educar a los más pequeños según los principios y valores que primen, se debe tener en cuenta que los debe educar en todos aquellos aspectos que se requieran, incluyendo los temas digitales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es cierto que los padres de familia no sabemos muchas cosas. Incluso el rol parental es desconocido y solo contamos con la experiencia de nuestra crianza y la buena voluntad. Pero ese desconocimiento de muchos temas (sexualidad, matemáticas, valores, ciencias) no ha sido impedimento para buscar que los infantes se eduquen bien, forjen una personalidad y carácter fuertes, estén preparados para los desafíos propios de la vida. Y uno de ellos son los desafíos que presentan los entornos digitales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y esos desafíos los debemos comprender desde sus aspectos positivos y negativos. Como se mencionó antes, la tecnología no es buena ni mala. Todo depende del uso que se le dé. Lo que sucede es que tenemos un afán de buscar culpables de muchas situaciones (agresividad, anarquía, falta de respeto) y casi siempre nuestras miradas recaen en las tecnologías. Y hemos llegado a un punto en el cual ya miramos con recelo las aplicaciones ("generan dependencia"), las redes sociales ("espacios de grosería y banalidades") y de los videojuegos ("generan adicción"), sin mirar más allá. Debemos ser más ecuánimes: ni todo es malo, adictivo y basura, ni todos los jóvenes son un desastre. Así que generalizar solo lleva a hacer juicios equivocados, y depende del uso que cada uno le dé, tal y como funciona para el resto de cosas. Si escojo buenos contenidos, utilizo las redes sociales y las aplicaciones con responsabilidad y buen juicio, abriendo espacio a otras actividades, no hay problema. Pero si consumo, comparto y publico basura, mi concepto será muy negativo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, debemos reconocer que la tecnología ha traído mucho beneficio: es fuente de información, comunicación, conocimiento e interacción y la generación de una enorme posibilidad de oportunidades de negocio, empleo, riqueza como por ejemplo las aplicaciones que a diario ayuden a que muchas cosas del día a día sean más fáciles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero como en todo, y así como sucede en el mundo real, se debe manejar una serie de criterios de seguridad para que la experiencia sea muy positiva. Podríamos decir que en términos generales la tecnología es segura, ya que existen múltiples acciones que se pueden llevar a cabo para evitar riesgos: aumentar el nivel de privacidad, exigir al proveedor de Internet que configure nuestra cuenta con altos niveles de seguridad, utilizar software y aplicaciones que blinden la información y contenidos, entre otros. Y hay que tomar medidas porque algunas personas realizan actividades y promueven delitos en los entornos digitales. Así, debemos prepararnos para que niños y adolescentes la usen de forma segura, responsable y constructiva. Y la primera responsable de educar para ello es la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, en este punto, tenga en cuenta que, si la familia no educa, otros lo harán. Y no necesariamente dentro de sus principios y valores…</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La familia, una familia digital</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Puede la familia ser digital? ¡Por supuesto! Pero hay que dejar claro que una verdadera familia digital no es aquella que tiene todos los dispositivos o la mejor conexión, sino aquella que sabe utilizar la tecnología adecuadamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así las cosas, una familia digital es aquella que convive con los medios y la tecnología, sabe usarla y que la aprovecha para crecer como familia. Para ello debe explorar permanentemente en busca de buenos contenidos, analizarlos, ser críticos, reflexivos y así transmitir esos valores y criterios a los hijos alcanzando un nivel en el cual los aparatos y sus contenidos se convierten en ayuda para la educación y la vida familiar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Prensky, Islas, Piscitelli, Gaitano, entre otros, los adultos y los niños percibimos la tecnología de forma distinta. Según ellos, las nuevas generaciones tienen mejor disposición y menos prevenciones para acercarse a ella, explorarla, manipularla, por lo que desde tempranas edades aprenden a utilizarla con naturalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y esa naturalidad y rapidez es lo que ha llevado al origen del mito del “chip tecnológico”. ¿De dónde viene esa creencia? Es muy fácil: hoy día vemos, con asombro, cómo niños a edades muy tempranas manipulan dispositivos móviles y videojuegos, y pareciera que lo hacen con una facilidad increíble, y a eso lo hemos denominado el “chip”. Pero tiene una razón evidente: no es que su corazón ahora tenga la forma de la manzana de Apple, sino que simplemente desde muy pequeños, para que no molesten, para que estén distraídos, para que permanezcan callados, les damos el teléfono móvil o una tableta electrónica. Y así, desde muy pequeños, comienzan a interactuar, a explorar, a ensayar y por eso aprenden rápidamente su funcionamiento que, además, es intuitivo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, la familia analógica es cosa del pasado. Ahora debe ser digital, pero para bien, aprovechando las enormes posibilidades que ofrece la tecnología, poniéndolas al servicio de cada miembro y para el núcleo familiar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Inmigrantes digitales criando nativos (o huérfanos) digitales</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como lo vimos antes, las nuevas generaciones aprenden desde muy pequeños a manipular la tecnología. Y lo hacen una forma más veloz y natural que nosotros los adultos. Esa diferencia es la que ha llevado al origen de los “nativos digitales” e “inmigrantes digitales”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los “nativos”, también conocidos como N-GEN (generación en red, “net” en inglés) o D-GEN (generación digital), han nacido y se han formado utilizando la particular “lengua digital” de juegos por ordenador, video e internet. Por el contrario, los “inmigrantes” somos aquellos que por edad no hemos vivido tan intensamente ese aluvión, pero —obligados por la necesidad de estar al día— hemos tenido que formarnos con toda celeridad en ello (Prensky, 2010).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ello, los inmigrantes creemos que la tecnología nos ha tomado ventaja, que no tenemos nada que hacer y estamos lejos de orientar a los nativos en su uso y manejo. Y bajo ese parámetro, creyendo que no hay posibilidades, hemos dado espacio a una brecha digital en la cual se crían los “huérfanos digitales”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero hay que tener claro un aspecto: una cosa es manipular y otra muy distinta comprender. Así, hoy los niños y adolescentes se pueden separar en “competentes” y “dependientes” de la tecnología. Los primeros saben lo que hacen, por qué lo hacen y para qué; los segundos, simplemente, comunican, chatean, envían, descargan, pero como un acto mecánico e inconsciente. De esta manera, afirma Howard Gardner, en su libro La generación APP (2013), “los niños y adolescentes vienen reconfigurando su identidad, su intimidad y su creatividad”. Y esa forma de actuar viene dejando una huella digital.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Diferentes estudios, entre ellos el Foro de Generaciones Interactivas de Iberoamérica (2010), aseguran que el 40% de los niños menores de dos años ya utilizan o han utilizado al menos algún dispositivo electrónico, frecuencia que aumenta con la edad ya que, según el mismo estudio, a los 8 años de edad el 72% ya tiene un celular o tableta, incluso ambos. Y con esos dispositivos retratan y/o graban momentos que después comparten en redes sociales, información que es pública y casi imborrable. Así que, sin darse cuenta, cada uno va produciendo una bitácora de su vida, gustos, amistades, viajes, actividades, amores, odios, alegrías, tristezas, etc. La pregunta es: ¿qué consecuencias traerá a futuro que su vida esté documentada en Internet? Solo el tiempo lo dirá…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Usos que niños y adolescentes hacen de la tecnología</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la actualidad buena parte de las actividades del ser humano están relacionadas con la tecnología y mediadas por una pantalla. Y en el caso de los niños y adolescentes, sí que juega un papel fundamental:</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">1. La usan para comunicarse a través del mail, los mensajes de texto, los videos y los audios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. A través de Internet y de los dispositivos móviles se informan y adquieren saberes por medio de las redes sociales, la web y los buscadores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Les permite compartir y conocer información propia y ajena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Se entretienen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Consumen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como podemos ver, ¡la usan para todo! De allí se deriva la responsabilidad en que la utilicen para bien, de forma segura y responsable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Padres de familia y educadores: hoy día los riesgos para niños y adolescentes no están solo en la calle, el potrero o el transporte público. Hoy, con toda certeza, podemos afirmar que, además de los ya mencionados, nuestros menores de edad corren muchos riesgos en Internet y otros medios, y esos riesgos están en su habitación o incluso en la palma de sus manos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El panorama de Internet y las redes sociales: más que herramientas, lugares</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez dilucidado el panorama general, ha llegado el momento de verlo a través de cada una de las plataformas más relevantes. Internet y las redes sociales han traído grandes beneficios:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Comunicación</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Facilitan la socialización e interacción.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Son una enorme fuente de información y conocimiento.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Estimulan los sentidos, especialmente auditivos y sonoros.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Se encuentran modelos dignos de imitar.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Algunos contenidos incentivan la creatividad, la imaginación y el juego.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Muchos contenidos son educativos.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>En familia, puede llegar a generar lazos de comunicación, conversación e intercambio de ideas.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Ofrecen distracción y entretenimiento.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para nuestro pesar también contiene riesgos. En el caso colombiano, una investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Sabana (2013) indica que el 70% de los adolescentes en Colombia considera que no existe algún tipo de riesgo en Internet y en las redes sociales. Y el panorama es sombrío respecto a los padres de familia: según informes del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia (2016) más del 65% de los padres de familia colombianos no cree que los menores de edad a su cargo están seguros en la web y casi la misma cantidad no emprende ninguna acción de mediación y orientación. Y esto sucede porque reconocen que hay riesgos, pero no saben cuáles son y cómo enfrentarlos (72%). En el caso latinoamericano, los indicadores no son muy diferentes, ya que los diferentes estudios que se han realizado arrojan panoramas similares: niños y adolescentes desconocen riesgos, padres de familia reconocen riesgos, no saben cuáles y por eso no toman acciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos entonces algunos de los riesgos que se corren en Internet y las redes sociales, dejando claro que no son propios de esas plataformas, sino del mal uso que algunos hacen ellas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>-Pornografía infantil en línea: </strong>Es la representación de la imagen de menores de 18 años en actividades sexuales reales o simuladas, explícitas o sugeridas. Hay que prestarle mucha atención porque según INHOPE, organización internacional que reúne a más de 40 líneas de denuncia de este flagelo, se calcula que en Internet hay más de 300 millones de sitios web dedicados a la pornografía, un riesgo que aumenta considerando que la UNICEF afirma que uno de cada tres usuarios de la web es un menor de edad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- Grooming:</strong> Práctica en la cual un adulto se hace pasar por un infante o adolescente para ganarse la confianza de un menor de edad con un propósito sexual. Consta de cuatro (4) fases: enganche (contacto), fidelización (ganarse su confianza, crear hábitos de conexión y conversación), seducción (proponerle exponer su cuerpo) y acoso (ya con el material, lo sextorsiona).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <strong>Sexting</strong>: Intercambio de fotografías o vídeos con contenido erótico entre los propios jóvenes a través de plataformas de mensajes, con las que luego llegan a extorsionarse causando daños psicológicos importantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <strong>Ciberacoso</strong>: Agresión y maltrato que, en Internet por su carácter global, supone un alcance que puede llegar a generar muchos daños emocionales, sicológicos y sociales, tanto al menor como a su familia y amigos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además de los ya arriba mencionados, se relacionan algunos inconvenientes adicionales que se presentan por el mal uso de la tecnología:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Dependencia, sedentarismo, obesidad, malas posturas corporales, problemas de visión, audición, desmotivación para jugar, entre otros.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Los contenidos no siempre son adecuados, y hoy priman contenidos distorsionados de la realidad humana. Por ejemplo, en las series que nuestros niños y adolescentes ven, primero se expone el sexo y después el amor.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Confusión entre la realidad y la ficción.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes este panorama, de beneficios y riesgos, son muchas las acciones de prevención y orientación que los padres de familia y educadores pueden tomar, por ejemplo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Fomentar el uso de responsable, útil y recreativo de estas plataformas.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Promover el uso de Internet como un medio y no como un fin.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Nunca el computador o la tableta debe estar en el cuarto de los niños. Si es así, ¿usted cómo puede supervisar?</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Utilizar aplicaciones de supervisión parental.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Los videojuegos: más allá del realismo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los tiempos han cambiado. A finales de los años 70 y toda la década de los 80 muchos de quienes pueden llegar a leer este documento recordarán que nos divertíamos muy fácil: parque, fútbol, cometas, naturaleza y eventualmente Pac-Man y Marcianitos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues bien, estos dos últimos eran los videojuegos de moda, que se fortalecieron con Mario Bros y Súper Mario Bros y todo el desafío de superar N cantidad de mundos y rescatar a la princesa. No exigíamos mucha calidad ni desarrollo de programación porque nos entretenían y ya, y porque estar con los amigos, jugar, pasear, estar con la familia eran más importantes. ¡Qué tiempos!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero no podemos vivir de la añoranza del pasado. Si bien eran buenos tiempos, hoy día la tecnología también nos ofrece buenas cosas, y en el caso de los videojuegos debemos reconocer que en la actualidad éstos ofrecen:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Alta calidad, desarrollo y realismo</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Un enorme catálogo de temáticas, situaciones y desafíos</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Nos permiten realizar cosas que en la vida real es imposible para nosotros</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Incentiva la persistencia y la perseverancia</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Puede desarrollar un sentido positivo de la competencia</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Algunos juegos promueven el trabajo en equipo (incluyendo a la familia)</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, en ocasiones no sabemos organizarnos, y como padres de familia no colocamos normas de uso (entendiendo que las normas NO coartan la libertad, permiten organizarla, administrarla responsable y adecuadamente), en consecuencia, dejamos la administración de la consola, los videojuegos y el tiempo a los niños y adolescentes, inmaduros muchos de ellos, generando:</h5>
<h5></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Uso indiscriminado de videojuegos</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Uso de videojuegos no aptos para su edad</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Pérdida de tiempo, pérdida de interés por hacer otras actividades</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Inactividad social y por ende debilitamiento de la capacidad de relacionamiento social</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Menoscabo en el rendimiento académico, en los hábitos de sueño y alimenticios</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, es claro que debemos ejecutar un plan de acción que incluya:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Normas de tipo de videojuegos y tiempo (dos a tres horas a la semana es suficiente).</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Revisión por parte de los padres de familia de la clasificación de los videojuegos que se van a adquirir o ya se tienen para determinar su pertinencia (los videojuegos tienen una clasificación que se encuentra en la caratula. Van desde la primera infancia hasta solo adultos. Esta clasificación se encuentra en el sitio web de la International Software Rating Board).</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Creatividad para abrir otros espacios lúdicos y culturales promovidos por la familia</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Alertas en el cambio de actitud y comportamiento de los infantes y adolescentes frente a los videojuegos: es lo primero que hace apenas se levanta, se enfurece sino se le permite jugar, se muestra impaciente cuando no juega, entre otros. Estos síntomas pueden ser fruto de la ludopatía (adicción al juego) y requieren tratamiento especializado.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Niños y celulares: ¿A qué edad?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es un tema sensible y muy delicado ya que desde muy tempranas edades los niños comienzan a pedir un teléfono móvil propio, objeto casi de culto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Realmente no existe unanimidad académica ni científica sobre la edad propicia para que un menor de edad tenga su móvil. Si bien hay una lógica que responde al sentido común, y es no ver la necesidad de que un niño de 3 o 4 años de edad, por ejemplo, tenga un móvil de alta gama y con plan de datos, también se debe considerar que en muchas ocasiones se deben tener en cuenta circunstancias de la familia, sus desplazamientos, tiempos, entre otros, que llevan a que un infante, a los 8 o 9 años ya tenga su propio dispositivo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes de entregarle a un niño un celular, vale la pena que se realicen y respondan las siguientes preguntas:</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>1. ¿Es necesario?</strong> Analice si es vital. ¿Por qué debe el niño tener un móvil? ¿Cuál es la necesidad?</h5>
<h5><strong>2. ¿Es responsable?</strong> Tiene relación directa con la edad del niño: ¿su edad le facilita asumir con responsabilidad el uso, manejo y cuidado del móvil?</h5>
<h5><strong>3. ¿Cumplirá?</strong> Analice si el niño está en capacidad de cumplir con pactos como no usarlo en clase, no descargar o ver cosas inapropiadas, etc.</h5>
<h5><strong>4. ¿Cuál celular?</strong> Uno básico sin internet, por ejemplo, es ideal y seguro para comenzar a probar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya con el análisis interno en cada hogar, con la reflexión derivada de las preguntas y sus repuestas, se puede tomar una decisión responsable. Aunque es claro que antes de los 10 años tal vez no sea tan necesario y vital.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La televisión: el viejo mueble aún reina</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A pesar de la entrada de otras plataformas y pantallas, la televisión sigue ocupando un gran lugar en la vida de las personas. ¿La razón? Recientes estudios indican que se viene incrementando el consumo de contenidos televisivos porque su visualización ya no depende exclusivamente de un aparato denominado televisor: ahora cualquier pantalla es un potencial “televisor”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ejemplo, según informes los hábitos de consumo de televisión se han modificado, entre otras, por las siguientes razones: primero, la funcionalidad de los televisores, la conectividad a internet, el procesamiento de tareas y la reproducción simultánea de contenidos; segundo, la amplia oferta de contenidos, y tercero, que todo lo antes descrito también se puede experimentar en otras pantallas (móviles, tabletas, Pc, portátiles), incluido ver televisión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Usualmente, la televisión ha sido utilizada como “niñera digital” o como premio y castigo para los niños y adolescentes. Y eso solo ha derivado en que le hemos dado a la televisión un rol muy importante, casi un papel educativo, al interior de los hogares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay que tener claro que el origen de la televisión fue puramente de entretenimiento, no educativo, pero que hoy día reconocemos que puede generar procesos de formación como ha sido experimentado en varios países en donde han diseñado e implementado propuestas televisivas educativas, de aprendizaje, de interacción, con grandes resultados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, hoy los principales contenidos televisivos que nuestros niños consumen presentan una alteración de la realidad humana. Por ejemplo, en las series juveniles el mensaje usual es primero sexo, después amor. O que cada uno puede ser lo que quiera ser o que ciertos comportamientos son naturales y que responden a la voluntad de cada cual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues bien, esas situaciones, que incluso se presentan en los programas animados (por lo cual no debemos fiarnos), debe llevarnos a ser más cuidadosos de los canales, contenidos y horarios que los niños y adolescentes consumen. Y es más difícil adelantar una supervisión efectiva si el TV está en la habitación de ellos, por ejemplo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En términos generales, la TV reúne las siguientes características:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Entró a casa para nunca más salir: un televisor por cada persona en los hogares.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Es la reina del entretenimiento.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Niñera electrónica, mueble más influyente, tostadora de cerebros.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Ocupa casi todos los espacios.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Mezcla ideal: imagen + sonido.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, vale la pena ir cerrando y tener en cuenta los planes de acción que facilitaría la acción de supervisión y orientación de padres de familia y educadores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Algunas recomendaciones finales</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5>1. Debemos formarnos en estos temas.</h5>
<h5>2. Ser críticos y menos dóciles al momento de consumir contenidos en los diferentes medios y pantallas.</h5>
<h5>3. Mejor enseñar que prohibir.</h5>
<h5>4. Recordar que las pantallas no son neutras, tienen una intencionalidad comunicativa.</h5>
<h5>5. Vivir en familia, pasar tiempo juntos, hablar de estos temas.</h5>
<h5>6. Las pantallas no son la niñera, ni la educadora de los niños y adolescentes.</h5>
<h5>7. Respetar decisiones y gustos. Para ello hay que formar el carácter.</h5>
<h5>8. Trabajo conjunto de la familia, del sistema educativo, y de la familia con el sistema educativo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Otros valores entran en juego…</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como toda esta tecnología nos ha traído enormes beneficios, también es cierto, como lo vimos, que conlleva riesgos y situaciones que debemos manejar adecuadamente. Incluso se han desarrollado una especie de “pecados digitales”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Pereza – Neflix</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Vanidad – Instagram</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Envidia – Facebook</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Ira – Twitter</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Lujuria – Tinder</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Soberbia – LinkedIn</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Chisme - WhatsApp</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto es una oportunidad. Como en cualquier otra actividad, los seres humanos debemos poner a prueba una serie de valores y virtudes para que el relacionamiento social, incluido el digital, sea positivo y productivo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El respeto</h5>
</li>
 	<li>
<h5>El silencio (es muy útil en la era de la ira…)</h5>
</li>
 	<li>
<h5>La prudencia</h5>
</li>
 	<li>
<h5>La humildad</h5>
</li>
 	<li>
<h5>La generosidad</h5>
</li>
 	<li>
<h5>La templanza</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En conclusión...</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Partiendo del hecho que la familia es la primera educadora del ser humano, y además que, como lo vimos, la tecnología hace parte del ambiente, la socialización, interacción y comunicación de los niños y adolescentes, reconociendo beneficios e identificando riesgos, en conclusión, es recomendable tener en cuenta lo siguiente:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Diga no a los “biberones electrónicos”.</strong>No se debe delegar la educación y la tarea de mantener ocupados a los niños a los dispositivos electrónicos. Se debe abrir espacio a otras actividades: leer, jugar, crear, amar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Formarse</strong>. Una realidad es la existencia de una brecha digital y eso implica que debemos formarnos más, aprender, comprender y aplicar para orientar adecuadamente. Libros, documentos, recurrir a expertos, entre otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Todo a la vista</strong>. Ubicar los dispositivos en un lugar común de la casa. Cuando el computador, por ejemplo, está en la habitación de los niños es muy difícil controlar qué hacen o darse cuenta de un peligro potencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Tecnología útil</strong>. La misma tecnología ofrece software y aplicaciones de gran utilidad para el control parental. Google SafeSearch, Avira Social Shield, K9 Web Protection, McAfee, Norton y otros ofrecen interesantes aplicativos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Todo en su momento y según la edad. </strong>Un menor de 13 años no debe tener redes sociales porque queda expuesto a los riesgos ya descritos. Y cuidado con los contenidos de ciertos videojuegos y aplicaciones. Existen clasificaciones según contenidos y tenemos la responsabilidad de conocerlos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Los valores que buscamos vivir y promulgar en la vida real, deben ser también vividos y expresados en la vida online. No debemos manejar personalidades distintas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Finalmente, el ejemplo es muy valioso. No pida aquello que usted no es capaz de hacer. Al llegar a casa, en la mesa, en familia, en el aula, deje sus dispositivos a un lado y genere espacios de encuentro, abrazo, amor y unión. Nada mejor que eso…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Bibliografía</strong><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bringue, X., Sádaba, Ch. &amp; Tolsá, J. (2010). <em>La generación interactiva en Iberoamérica. Niños y adolescentes ante las pantallas.</em> Madrid: Fundación Telefónica</h5>
<h5 style="text-align: justify;">De la Madrid, A. (2007): “Responsabilidad de los padres”, en: Díaz Bohórquez, J. (2010): Hogares reflexivos: Los padres de familia, sus hijos y la televisión. Tesis de Maestría para optar al Título de Magister en Educación, Facultad de Educación, Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Díaz Bohórquez, J. (2012). La familia y la infancia frente a los contenidos televisivos. <em>Revista Comunicación</em>, 1 (10), 1495-1504.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Díaz Bohórquez, J. (2014). <em>Televisión, familia e infancia: estrategias y planes de acción</em>. Bogotá: Universidad de La Sabana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Díaz Bohórquez, J. (2018). <em>Los desafíos de la familia en la era digital. </em>Bogotá: Universidad de La Sabana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Elpaís.com.co (7 de junio de 2016). Más de 500 páginas web colombianas, bloqueadas por pornografía infantil. El País. Recuperado de<a href="http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/500-paginas-web-colombianas-han-sido-bloqueadas-por-pornografia-infantil-desde-201"> http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/500-paginas-web-colombianas-han-sido-bloqueadas-por-pornografia-infantil-desde-201</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Espinosa, C. (2014, agosto 28). Estudio muestra que uno de cada tres niños aprende a usar teléfono antes de hablar. <em>La Tercera. </em>p. 45. Recuperado de <u><a href="http://diario.latercera.com/2013/10/30/01/contenido/tendencias/16-149656-9-estudio-muestra-que-uno-de-cada-tres-ninos-aprende-a-usar-telefono-antes-de.shtml">http://diario.latercera.com/2013/10/30/01/contenido/tendencias/16-149656-9-estudio-muestra-que-uno-de-cada-tres-ninos-aprende-a-usar-telefono-antes-de.shtml</a></u></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gardner, H. (2013). <em>La generación app: como los jóvenes gestionan su identidad, su privacidad e imaginación en el mundo digital</em>. Madrid: Paídos Iberoamérica</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Investigación revela completa radiografía del uso de Internet de los adolescentes en Bogotá (2016). Universidad de La Sabana - Colombia. Revisada  8 Agosto 2016, de http://www.unisabana.edu.co/nc/la-sabana/campus-20/noticia/articulo/investigacion-revela-completa-radiografia-del-uso-de-internet-de-los-adolescentes-en-bogota/</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Iriarte, F. (2007). Los niños y las familias frente a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (tics). <em>Revista Psicología desde el Caribe, 20, 210-213</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Prensky, M. (2010). Nativos Digitales, Inmigrantes Digitales. <em>On</em><em> 9 (6), </em><em>the</em><em> </em><em>Horizon</em><em>, 1-5</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Rivera, R., Santos, D., Cabrera, V. &amp; Docal, M.C. (2016). Consumo de pornografía on-line y off-line en adolescentes colombianos [Online and Offline Pornography Consumption in Colombian Adolescents]. Comunicar, 46, 37-45.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Rueda, R. &amp; Quintana, A. (2007). <em>Ellos vienen con el chip incorporado: aproximación a una cultura informática escolar. </em>Bogotá: IDEP</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tapscott, D. (1997). <em>Creciendo en un entorno digital</em>. Bogotá: Mc Graw-Hill.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Esposo de Lina Marcela y padre de Juanita, María Paz y Juan José. Comunicador social y periodista. Magíster en Educación y Desarrollo Humano. Estudios en Argentina e Italia en comunicación institucional, análisis de medios y cultura digital. Conferencista y consultor en comunicaciones de instituciones públicas y privadas. Ex Director de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia para la visita del Papa Francisco. Actualmente es profesor investigador y asesor de comunicaciones del Instituto de La Familia de la Universidad de La Sabana (Colombia).</h5>
<p style="text-align: justify;"></p>]]></content:encoded>
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		<title>Pinceladas sobre el pensamiento pastoral del Cardenal Bergoglio - Mons. Víctor Manuel Fernández</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/10/pinceladas-sobre-el-pensamiento-pastoral-del-cardenal-bergoglio-mons-victor-manuel-fernandez/</link>
		<pubDate>Thu, 25 Oct 2018 13:15:40 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.178 (ABRIL- JUNIO 2013)
Autor: Mons. Víctor Manuel Fernández, Rector Pontificia Universidad Católica de Argentina
Para citar: Fernández, Víctor Manuel; <em>Pinceladas sobre el pensamiento pastoral del Cardenal Bergoglio</em><i>, </i>en La Revista Católica, Nº1.178, abril-junio 2013, pp. 106-115.</h6>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/VFERNANDEZ_LRC_1178.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Pinceladas sobre el pensamiento pastoral del Cardenal Bergoglio</strong>
<strong>Mons. Víctor Manuel Fernández *</strong>
Rector de la Pontificia Universidad Católica de Argentina</h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dado que mucho se ha dicho sobre el Papa Francisco, y en orden a aportar algo para la comprensión de sus palabras y gestos, me parece adecuado que nos detengamos a analizar el pensamiento pastoral que transmitía y aplicaba siendo arzobispo, sin pretensión de ser exhaustivos. Lo haré seleccionando cuatro perspectivas, que podrán ser completadas en ulteriores aportes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Eclesiología popular y misionera</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura que él prefiere para hablar de la Iglesia es la de Pueblo de Dios. La palabra “pueblo” es una de las que usa con gusto, porque valora al pueblo como sujeto colectivo, que debería estar en el centro de las preocupaciones de la Iglesia y de cualquier poder. No es poca cosa decir esto, cuando en algunos sectores de la sociedad y de la Iglesia el pueblo es considerado sólo como una masa llena de defectos que deben ser saneados por la acción educativa de los “sabios y prudentes”. Como arzobispo de Buenos Aires, siempre les insistía a los curas no sólo que fueran misericordiosos, sino también que supieran adaptarse a la gente, que no sostuvieran ni una moral ni unas prácticas eclesiales rígidas, que no complicaran la vida de la gente con normas bajadas autoritariamente desde arriba. “Nosotros estamos para dar al pueblo lo que el pueblo necesita”, es una convicción que expresó insistentemente. No es un populismo oportunista, sino la seguridad de que el Espíritu Santo actúa en el pueblo, y lo hace con esquemas y categorías muchas veces poco comprensibles desde los esquemas mentales de los sectores ilustrados o acomodados, que en su incomprensión suelen demostrar el mismo autoritarismo irracional que ellos critican.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La mayor parte del pueblo latinoamericano manifiesta su fe en el modo propio de la “religiosidad popular”, que no siempre coincide con las propuestas de la jerarquía eclesiástica, y que con un dinamismo original crea sus formas propias de expresión. Bergoglio hizo suya esta valoración positiva de la fe popular, entendida como resultado de la libre y misteriosa acción del Espíritu. En Buenos Aires mostró de muchas maneras esta convicción, remarcando que los agentes pastorales están al servicio de esa vida que corre por las entrañas del pueblo, que nadie es dueño de ese dinamismo y que más que aplicarle críticas y límites hay que acompañarlo y ofrecerle cauces.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, esto no implica ignorar que la Iglesia tiene estructuras que pueden facilitar o dificultar la transmisión del Evangelio, la comunicación de la vida, la experiencia fraterna, el crecimiento de los discípulos. Una comprensión de la Iglesia como pueblo, ignorando la dimensión estructural y los engranajes de los procedimientos de los centros de poder eclesial, sería poco realista, y en definitiva configuraría un modo más de dualismo o de monofisismo eclesial. Para el Papa Francisco, la Iglesia oficial con sus ministros y estructuras está para transparentar a Jesucristo. Por eso debe ser pobre, sencilla, generosa, alegre. Sabemos que para avanzar en el estilo de Iglesia que quiere el Papa Francisco hacen falta cambios y reformas. Sabemos que el hecho de que se haya presentado desde el primer momento, e insistentemente, como obispo de Roma, ya está indicando un modo de entender el ejercicio del papado. Es Papa en cuanto es obispo de una porción del mundo, lo cual indica un ejercicio del poder marcadamente descentralizado, que respeta procedimientos, opciones, historias y culturas locales. Esta convicción exige reformas para que pueda manifestarse en la vida concreta de la Iglesia. La primera revolución ya está desatada, y tiene que ver con el lenguaje oral y simbólico. Habla un lenguaje que todos puedan entender, no por carencia de formación ni por falta de luces, sino por una deliberada decisión de volverse accesible y de asegurar que el mensaje del Evangelio pueda llegar a todos. Su opción por una sencilla austeridad tampoco responde a un ideal estoico ni a un mero amor a la pobreza, sino a ese mismo deseo de volverse accesible, de modo que los pobres puedan estar a gusto con su pastor y sentir la Iglesia como su casa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su amor por una Iglesia “pobre y para los pobres” es de toda la vida. Siendo arzobispo orientó su opción por los pobres dando un especial apoyo a los curas que viven en las villas y barrios más miserables. Pero es una opción que se entiende en el marco de lo dicho antes. El pobre no es sólo objeto de un discurso, ni siquiera de una mera asistencia, y tampoco exclusivamente de una “promoción” que lo libere de sus males. La opción por los pobres es todo eso, pero más. Porque es prestarles atención y tratarlos como personas que piensan, tienen sus propios proyectos, e incluso el derecho de expresar la fe a su modo. Son sujetos, activos y creativos desde su propia cultura, no sólo objetos de un discurso, un pensamiento o una acción pastoral. De todos modos, nadie puede decir que él no haya planteado una crítica a las causas estructurales de la pobreza. Lo hizo de distintas maneras y en muchas ocasiones. Pero siempre se resistió a entender al pobre como un mero objeto de promoción o liberación planteada desde arriba o desde afuera, lo cual, para él, sería siempre una forma más de ideología de izquierda o de derecha.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por supuesto, esto tampoco niega la necesidad de propuestas educativas que favorezcan el desarrollo de los pobres y su mayor inclusión social. La educación es uno de los temas que más desarrolló en sus escritos y discursos. Esto tampoco implica un descuido de los sectores medios y profesionales, porque el hecho es que como arzobispo recibía permanentemente en su despacho a intelectuales, profesionales de la cultura, artistas, filósofos, educadores, jueces, etc. Dialogaba con gusto y estaba siempre abierto a escuchar opiniones diversas. Dedicó mucho, muchísimo tiempo a conversar con no católicos. No es frecuente que alguien que esté lleno de compromisos dedique a los “diferentes” tanto tiempo de calidad en encuentros tan gratuitos. El año pasado se pasó varios días encerrado con un grupo de pastores, compartiendo con ellos un retiro. También se mezcló con la gente en el encuentro de grupos pentecostales (CRECES) del Luna Park. Recuerdo, además, por mencionar algo bien conocido, sus prolongadas conversaciones con el rabino Skorka y el gusto con que le confirió el doctorado honoris causa en la UCA a pesar de las críticas que esto le ocasionaba. Es un rostro abierto y dialogante de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto no responde a un mero oportunismo, sino a un principio pastoral que siempre ha enseñado y aplicado en situaciones diversas: “la unidad es superior al conflicto”. Siempre ha dicho que el conflicto no puede ser ignorado o disimulado, sino asumido, pero que al mismo tiempo hay que evitar quedar atrapado en él, con lo cual se pierden perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. La contribución al bien común implica “meterse en el conflicto, sufrirlo, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso”(1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta Iglesia popular y abierta muestra mejor que su naturaleza misma es ser misionera. Esto afecta también al contenido de las propuestas de la Iglesia. Puede advertirse, aun en estos primeros tiempos como Papa, que selecciona cuidadosamente los temas y se concentra en uno por vez, quedándose con lo que conviene destacar. Si bien él no es estrictamente un progresista, y siente un serio respeto por las enseñanzas tradicionales de la Iglesia y de los papas anteriores, tiene claro que hay algunas cosas más centrales y medulares (el amor, la justicia, la fraternidad…) y otras que no dejan de ser secundarias. Sin restar importancia a nada, entiende que en la predicación hay que mantener una sana proporción donde la insistencia en cosas importantes no debería opacar el brillo de las más importantes, de aquellas que más directamente reflejan al Jesús del Evangelio. Esto es esencial para una Iglesia fundamentalmente misionera.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El tiempo, la realidad y el poliedro.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Atrás enuncié uno de los principios pastorales que suelen iluminar sus consejos y sus opciones. Ahora mencionaré otros tres que él utiliza con frecuencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El tiempo es superior al espacio”. Es un principio que le ha permitido trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos, y soportando con paciencia situaciones difíciles y adversas. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, dando prioridad al tiempo. Darle prioridad al espacio llevaría a enloquecerse procurando tener todo resuelto en el presente, intentando tomar posesión de todos los espacios de poder y autoafirmación. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de “iniciar procesos más que poseer espacios”. Se trata entonces de priorizar las acciones que generan procesos, y por eso mismo involucran a otras personas y grupos que las irán desarrollando, hasta que cristalicen en importantes acontecimientos históricos y pastorales. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenacidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La realidad es superior a la idea”. La idea –las elaboraciones conceptuales– está “en función de la captación, la comprensión y la conducción de la realidad”. La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Porque “lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento”. De otro modo estamos en el reino del sofisma que trampea la verdad, y “suplanta la gimnasia por la cosmética”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El todo es más que la suma de las partes”. No hay que obsesionarse demasiado por cuestiones particulares, limitadas, demasiado personales. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. “Ni la esfera global que anula ni la parcialidad aislada que castra”. Por eso, el modelo no es la esfera, que no es superior a las partes, sino el poliedro “que es la unión de todas las parcialidades que en la unidad conservan la originalidad de su parcialidad”. Una característica de la acción pastoral del Cardenal Bergoglio fue procurar recoger en ese poliedro lo mejor de cada uno. Aun las personas que pueden ser cuestionadas o despreciadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse. Siempre que formó equipos, ha sorprendido incluyendo personas que desde el punto de vista de la imagen o de la aprobación externa podían ser inconvenientes. Lo ha hecho porque ha mirado el todo más que las partes aisladas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puede advertirse a la luz de estos principios que la vida y las acciones de Bergoglio nunca han sido al azar ni con estrechez de miras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>3. Expresiones</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su lenguaje no solo es sencillo, sino original. Para llegar a la gente inventa palabras y expresiones conmovedoras, que suele usar para movilizar los corazones. Recordaré solo algunas que él suele repetir de diversas maneras y que por sí solas muestran un estilo pastoral fundado en convicciones teológicas y espirituales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Autorreferencial”. Indica una Iglesia que se mira el ombligo, encerrada en intrigas, internas o necesidades elitistas, en lugar de abrirse, de entregarse con alegría y de servir humildemente. Para él siempre son peores los riesgos de encerrarse en sí mismo por acentuar una identidad cerrada, que los riesgos de entrar en contacto con el mundo y la realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Reza por mí”. Lo dice siempre. Muestra la conciencia de sus límites, de que necesita la ayuda permanente de Dios y la oración de los demás. Por eso, apenas elegido, se inclinó ante el pueblo pidiendo su oración. Su mirada pastoral es marcadamente piadosa y trascendente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Descartables”. Expresa con crudeza cómo la sociedad deja afuera a los que sobran, ya que no entran en la lógica de la producción y del consumo. Si no tienen belleza, dinero, poder o juventud, son arrojados como basura al cesto del olvido. La Iglesia debe evitar a toda costa caer en esa trampa, y olvidarse de los descartables por sostener sus propios beneficios y privilegios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Humíllate”. Es lo que le dice a una persona que está haciendo mucho bien. Porque está convencido, por su formación jesuítica, de que la humildad es indispensable para que no se arruinen las mejores obras: “Humíllate, para que el Señor pueda seguir haciendo grandes cosas”. Cuando le ofrecieron el papado respondió: “Soy un pecador, pero acepto”. Por eso mismo, no le atraen las figuras de perfil demasiado alto, que tienden a deslumbrar y a colocarse en el centro de las miradas. Eso también le parece una forma de mundanidad que a la larga no tiene fecundidad alguna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Anímate, ten una santa audacia”. La usa para dar aliento a los que se achican o se dejan vencer por los temores. Para él nunca está todo perdido. No se echa atrás por más que intenten voltearlo con calumnias y ataques. Está seguro de que al final el bien y la verdad siempre triunfan. Yo mismo pasé por situaciones en las que habría preferido desaparecer, pero él me sostuvo con firmeza diciendo: “Ánimo. Levanta la cabeza y no dejes que te quiten tu dignidad”. Aun a las personas que se han equivocado o pecado gravemente, las alienta a no enterrarse en vida y a sacar lo mejor de sí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Periferias existenciales”. Invitó a los agentes pastorales a no quedarse clausurados en grupos pequeños y a llegar a las periferias, allí donde nadie va: “Salgan de las cuevas, salgan de las sacristías… Prefiero que los atropelle un auto y no que se queden encerrados”. Exhorta a salir de la comodidad personal o del círculo de personas agradables, para estar cerca de todos. Así lo hacía Jesús, que dedicaba tiempo al ciego del camino, al leproso, a la mujer pecadora.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Pierde todo menos el fervor apostólico”. Lo dice para motivar una entrega generosa desde el corazón. Porque entiende que nadie cambia el mundo haciendo cosas por obligación. Los que han dejado huellas en la tierra siempre han tenido un fuego de fervor interior que los ha movilizado. Por eso critica la “mundanidad espiritual” de los que se aferran a prácticas externas o a la apariencia religiosa, pero vacíos de la fuerza interna del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Cultura del encuentro”. Procura fomentar todo lo que acerca, une, suma, conecta a las personas y a los grupos. Es un enamorado del bien común y de la amistad social. Pero esto debe llegar a convertirse en una cultura, en un estilo de vida social, en un modo de actuar vivido con gozo y convicción, de manera que se establezcan esas redes de recíprocas ofrendas que son mucho más que una mera negociación para subsistir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Cuidar la fragilidad del pueblo”. Lo pide a cualquiera que tenga alguna autoridad. Nadie tiene fuerza o poder, para obtener beneficios o glorias mundanas, sino para cuidar a la gente, para sostener y promover a los más débiles. “Cuidar” en general es una palabra que lo define, y que él encuentra plasmada en la figura de San José.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Déjate <em>misericordear</em>”. Es uno de sus felices neologismos. Invita a las personas que se llenan de culpas y escrúpulos a dejarse perdonar y envolver por la ternura del Padre Dios. Como dice el jesuita Ángel Rossi: “Los más frágiles encontraron en él siempre un padre, casi diría superando el límite de lo que puede ser posible, con una magnanimidad con la fragilidad humana que va a marcar el papado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. Aparecida</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Viajó a Aparecida esperanzado y preocupado. La V Conferencia General del Episcopado latinoamericano (2007) fue uno de los momentos en que aportó su espíritu eclesial y su preocupación por la evangelización. Muchos le decían que esta Conferencia podía resucitar el sueño de una Iglesia latinoamericana con una identidad propia y un proyecto histórico marcado por la belleza del Evangelio y el amor a los pobres. El martes 15 de mayo los obispos votaron la Comisión de obispos que se ocuparía de la redacción del documento final, y que además orientaría a la asamblea en el debate. El Cardenal Jorge Bergoglio fue elegido presidente por amplia mayoría. El día siguiente presidió la Misa, con una homilía sobre el Espíritu Santo, donde soñó con una Iglesia capaz de llegar a todas las periferias humanas. Ese tema también quedó bien presente en el Documento de Aparecida, donde la invitación a una nueva y feliz etapa misionera se destaca con claridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el comienzo Bergoglio alentó una amplia y libre participación. No quería que se impusiera algún texto como base, sino que todos se expresaran espontáneamente, esperando que poco a poco comenzaran a surgir los consensos. En un pasillo me dijo que siempre había que actuar así, y que en todo caso el esfuerzo por orientar el trabajo para asegurar un resultado debía ponerse hacia el final. Los intercambios en las comisiones de trabajo fueron muy ricos y se respiraba mucha vitalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El martes 22 de mayo tuvimos una reunión los 16 peritos, y se comentó que el nivel de trabajo había sido muy dispar. Algunas comisiones llegaron a redactar algo, otras sólo enumeraron algunos puntos. Algunas dialogaron con mucha armonía, otras discutieron todo el tiempo, y otras optaron por subdividirse en distintos grupos menores. De todos modos, no se puede decir que había tensión. Todos los días se escuchaba a los más viejos decir que ese clima de debate estaba a años luz de la Conferencia de Santo Domingo, donde el aire estaba bastante caldeado por la escasa participación y los controles de la Curia romana. Bergoglio tuvo mucho que ver con el clima positivo de Aparecida, junto con la inteligente preparación de la Conferencia hecha bajo la guía del Cardenal Errázuriz. En ese sentido, se puede decir que la V Conferencia tuvo un inmenso valor como acontecimiento eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las cosas se fueron complicando, porque todos insistían en un texto breve, pero luego nadie quería renunciar a todo lo que se le ocurría. Siempre hace falta una gran ascesis comunitaria, para aceptar que un documento no tenga todo lo que a uno le interese destacar, sino que refleje los grandes consensos del conjunto. Para Bergoglio, más que la calidad literaria y la lógica textual, el gran desafío era dejar que todos se expresaran y se sintieran expresados de algún modo, pero al mismo tiempo producir algo que no fuera muy diluido y que tuviera contundencia en algunos grandes temas que despertaran interés y energías en los agentes pastorales. No convenía que, por dejar a todos tranquilos, quedara un documento muy light, pero tampoco que un sector se impusiera a los demás a través de artimañas de poder. Es un arte sumamente difícil que Bergoglio supo desplegar de una manera sutil, casi imperceptible, con una multitud de pequeñas acciones, con un paciente trabajo de microingeniería.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en la primera semana le preocupaba que hubiera un texto sobre la religiosidad popular. Tenía un interés muy especial en este tema, donde quería que se resaltaran los aspectos positivos mucho más que los riesgos o posibles desviaciones. Pero cada vez más fue asumiendo la preocupación de los obispos brasileros por poner a la Iglesia latinoamericana en un estado permanente de misión. La pérdida de fieles indicaba que la Iglesia se había quedado muy encerrada en los templos o en pequeños grupos, y había abandonado a amplios sectores de la población. Además, su lenguaje había dejado de ser significativo para muchos. Este tema de la misión poco a poco fue desplazando a un segundo lugar el tema del discipulado, que había sido muy destacado los primeros días de la Conferencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La palabra que más se repite en todo el documento es “vida” (más de 600 veces). Se cumplió el objetivo de presentar la actividad evangelizadora como una oferta de vida digna y plena para la gente. El documento insiste mucho en una misión alegre y generosa, que llegue a las periferias y que ponga el acento en las verdades centrales y más bellas del Evangelio, sobre todo en la persona de Jesucristo. Invita a crecer como discípulos humildes y disponibles, amigos de los pobres y enamorados de nuestros pueblos latinoamericanos. El lenguaje y los acentos de Bergoglio están por todas partes, sin que el documento deje de ser una auténtica obra colectiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al regresar a Buenos Aires se preocupó por poner a toda la Arquidiócesis en estado de misión permanente. Envió más sacerdotes a los barrios más pobres, aceptó la creación de una carpa que se iba moviendo por las plazas más concurridas para facilitar que los pobres bautizaran a sus hijos, invitó a simplificar todo para no complicar la fe de la gente y para que todos se sientan en la Iglesia como en su casa. Era una clara reorientación pastoral en clave misionera, tal como lo pide Aparecida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando la presidenta Cristina lo visitó en el Vaticano, él le entregó un ejemplar de Aparecida recomendándole que lo leyera para comprender mejor el pensamiento de los obispos latinoamericanos. En abril de 2013 envió una carta a los obispos argentinos reunidos en asamblea, donde volvió a insistir en la aplicación de Aparecida. Eso no deja de ser una exhortación para todos nosotros, en orden a recuperar Aparecida con su llamado a ser discípulos misioneros fervorosos para hacer crecer la vida digna de nuestros pueblos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Notas</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">* Mons. Víctor Manuel Fernández fue ordenado Arzobispo de Tiburnia (Obispo auxiliar de Buenos Aires) el 15 de junio de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">(1) Las frases o expresiones entre comillas son textuales, pero en este artículo me permito no citar fuentes, porque se trata de material inédito de origen variado recogido por mí, y en algunos casos de expresiones vertidas por el Cardenal Bergoglio en diversas reuniones. Una vez que el Arzobispado de Buenos Aires autorice el uso público de ese material, que está siendo organizado, podrá ofrecerse esta información.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Sobre la situación actual de los cargos de los obispos de Chile - Fernando Puig, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/10/sobre-la-situacion-actual-de-los-cargos-de-los-obispos-de-chile-fernando-puig-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 28 Oct 2018 09:00:13 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL-JUNIO 2018)
Autor: Fernando Puig, pbro., Vicedecano de la Facultad de Derecho Canónico, PUSC
Para citar: Puig, Fernando; <i>Sobre la situación actual de los cargos de los obispos en Chile</i> en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio de 2018, pp. 142-149.</h6>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/010_FPUIG_LRC_1198.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Sobre la situación actual de los cargos de los obispos en Chile</strong>
<strong>Fernando Puig, pbro.</strong>
<strong>Vicedecano de la Facultad de Derecho Canónico</strong>
<strong>Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en el Antiguo Testamento el Señor asegura que no abandonará a su pueblo: «Os daré pastores, según mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia» (<em>Jer</em> 3, 15). Jesús constituyó a sus apóstoles y a quienes les sucedieran como pastores de su rebaño. En la vida de la Iglesia, el permanecer de Jesús «hasta el final de los tiempos» (<em>Mt</em> 28, 20) se encuentra vinculado, en el Espíritu Santo, al testimonio de los apóstoles y sus sucesores, los obispos en comunión con el Obispo de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La reflexión del Concilio Vaticano II sobre episcopado ha vuelto a sacar a la luz que cada obispo en su diócesis es un vicario, un representante de Cristo. Del cumplimiento de su misión, para la que recibe una ayuda especial del Espíritu Santo, tendrá que dar cuenta a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sobre estas bases teologales se asienta el derecho de la Iglesia sobre los obispos, que ha ido cristalizando a lo largo de la historia. En consonancia con la realidad querida por Dios, este derecho configura la posición de los obispos como una alta y grave responsabilidad, que debe desplegarse en primera persona, para la cual se requieren todas las energías de la persona. El día de su ordenación episcopal los obispos, mientras les es puesto un anillo en el dedo anular de la mano derecha, oyen estas palabras: “Recibe este anillo, signo de fidelidad, y permanece fiel a la Iglesia, esposa santa de Dios”. No en vano durante largos periodos de la historia de la Iglesia esa unión se consideraba, como el matrimonio entre hombre y mujer, indisoluble, y por lo tanto un obispo no cambiaba de diócesis. Por mucho que se hayan atenuado las razones para justificar aquella estabilidad absoluta de los obispos en sus diócesis, la comprensión del compromiso episcopal al servicio de la Iglesia a la que sirve, sigue siendo fuerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La alta y grave responsabilidad del obispo se traduce asimismo en fuertes garantías para su nombramiento y también para la finalización de su mandato. Uno y otro reposan en las manos del Obispo de Roma, centro de la unidad episcopal para el servicio a la Iglesia universal. Solo el Papa nombra obispos y solo a través de una acción del Papa (al margen evidentemente del caso de muerte) se concluye la misión episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Causales para la finalización del ministerio episcopal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La estabilidad de la posición episcopal, junto con la dependencia respecto del Romano Pontífice, dan lugar a un sistema jurídico de finalización del ministerio episcopal de cada obispo en el centro del cual se encuentran las causas, razones o motivos con base en los cuales el Papa actúa. Esta actuación del Papa puede revestir diversas formas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando se prueba la comisión de un delito o un gravísimo daño a los fieles en el ministerio episcopal, el Papa puede privar o remover a un obispo de su encargo. Si la iniciativa de la renuncia es del obispo, éste debe aducir razones para dejar la carga episcopal, que el Papa valorará atentamente, sobre todo en vistas a las necesidades de los fieles. Incluso en el caso en que el interesado haya llegado a la edad de la jubilación, que en la Iglesia está establecida al cumplimiento de los 75 años de edad, queda en manos del Papa prolongar el mandato o darlo por terminado. Señálese que la finalización del ministerio puede producirse por el traslado a otra diócesis o a otro servicio episcopal; en todo caso, estas medidas se reservan al Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cada caso concreto, concurrirán razones para la adopción de una u otra medida: en todas ellas, junto con legítimas necesidades personales del obispo, prevalecen las necesidades del pueblo de Dios, que necesita y merece pastores que les apacienten en el nombre del Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El caso particular de Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hecho de que los obispos de Chile hayan puesto sus cargos en las manos de Papa Francisco responde a estos principios. El hecho que existan pocos precedentes de una acción colectiva de esa naturaleza y de que se enmarquen en una situación eclesial compleja y dolorosa, no cambia la naturaleza de la renuncia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada uno de los obispos de Chile ha puesto su cargo a disposición de la Autoridad Suprema de la Iglesia, haciendo posible la aceptación de esa renuncia por parte del Papa. Junto con el valor testimonial importante que posee una medida compartida por los hermanos en el episcopado de un país como signo de apertura de una fase de renovación eclesial, el significado jurídico se circunscribe a la disponibilidad para aclarar causas, razones o motivos que aconsejen la continuidad de cada uno en el ministerio o su terminación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Existe una diferencia entre esta acción y la renuncia que presenta habitualmente un obispo al Papa, lo que explica por qué los obispos han evitado de hablar de “renuncia”, si bien subsiste algo común que permite aplicar a este paso el concepto canónico de renuncia, y así lo haré en estas reflexiones. En los casos ordinarios, el obispo que quiere renunciar suele hacer presente al Papa no solo su deseo inequívoco de dejar esa responsabilidad, sino también los motivos explícitos por los cuales piensa que debe terminar su misión episcopal: casi siempre se trata o de una salud muy precaria o de una objetiva dificultad para continuar su mandato.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No puede dejar de señalarse que en algunas ocasiones es la Sede Apostólica la que invita a un obispo a presentar su dimisión o renuncia, cuando existen razones para ello y no parece oportuno, casi siempre aduciendo el bien de los fieles, iniciar un procedimiento de remoción: en estos casos las razones en juego son las que justificarían una remoción, y de una remoción se trata, aunque aparezca como la aceptación de una renuncia. En tiempos recientes se han verificado pocas remociones que hayan llevado ese nombre y un cierto número remociones en forma de aceptación de renuncia voluntaria (a la que se ha sido invitado).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de los obispos de Chile no parece que la renuncia responda a motivaciones formalmente explicitadas como en los casos ordinarios. Más bien supone la manifestación de una disponibilidad de cada uno de ellos a clarificar, dentro del conjunto de causas de la crisis eclesial, aquellas que pueden o deben traducirse en la finalización del mandato de un obispo. En definitiva, se trata de ponerse voluntariamente en condiciones de aclarar las responsabilidades personales en las que se puede haber incurrido, para facilitar la apertura de la nueva fase de la vida de la Iglesia. Implícitamente hay que entender que, al menos colectivamente, asumen que en algunos casos se podrían dar las condiciones para la aceptación de la renuncia y que, en relación con todos, es conveniente una reflexión sobre la continuidad en el ministerio episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así se trasluce de las palabras que el Papa Francisco escribió a cada uno de los obispos al término de los encuentros que tuvo en Roma: «Les agradezco la plena disponibilidad que cada uno ha manifestado para adherir y colaborar en todos aquellos cambios y resoluciones que tendremos que implementar en el corto, mediano y largo plazo, necesarias para restablecer la justicia y la comunión eclesial» (Carta, 19 de mayo de 2018). Parece claro que el Papa no se refiere exclusivamente a los cambios que pueden producirse en la titularidad de los oficios episcopales, pero no se puede ignorar que a ellos se refiere también, como una parte de las medidas de gobierno que se requieren para el fin común que se propone el episcopado chileno junto con el Obispo de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, como se lee a renglón seguido de la comunicación de la renuncia presentada, los obispos chilenos señalan: «Nos ponemos en camino, sabiendo que estos días de honesto diálogo han sido un hito dentro de un proceso de cambio profundo, conducido por el Papa Francisco. En comunión con él, queremos restablecer la justicia y contribuir a la reparación del daño causado, para reimpulsar la misión profética de la Iglesia en Chile, cuyo centro siempre debió estar en Cristo» (Declaración, 18 de mayo de 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un episcopado entero no puede renunciar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante señalar que, para que el Papa acepte una renuncia al oficio episcopal, las eventuales responsabilidades que deban emerger tienen que ser personales. Es decir, en rigor, un episcopado entero no renuncia: no puede renunciar. Lo saben los mismos obispos, que han presentado cada uno por escrito su propia renuncia: a cada una de ellas, en uno u otro modo, dará respuesta el Romano Pontífice.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Se puede pensar que, junto con la presentación de la renuncia y la predisposición para clarificar la situación de cada uno que han efectuado todos de modo inequívoco, uno o algunos obispos hayan reconocido hechos o culpas que basten para la aceptación de la renuncia? No lo sabemos, pero tales hechos o culpas no se pueden presumir: la estabilidad de la figura episcopal, basada en el sacramento y en el encargo recibido no lo permite en tanto que no se pone que son la base justificante de la decisión pontificia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que las renuncias sean personales y que deban concurrir razones no implica necesariamente que siempre y en todo caso para la aceptación de la renuncia deba manifestar una culpa del obispo. En algunos casos será así, pero puede ocurrir que haya razones objetivas para dar por concluida la misión episcopal de un obispo. No existe una norma en el derecho que se refiera a esa posibilidad para los obispos, pero quizás no hace falta: el servicio episcopal presupone y se hace posible en un clima de suficiente comunión entre los componentes de la Iglesia. Si objetivamente esto se ha hecho inviable, por hechos concretos o por una serie de condiciones que no necesariamente presuponen culpas subjetivas, el bien de la Iglesia y de sus componentes, incluido el obispo, puede justificar la cesación en el cargo. En nuestro caso, se trataría de la aceptación de la renuncia por parte del Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque no se pueden trasladar automáticamente, por la diferencia entra la estabilidad del párroco y la del obispo (que responden a fundamentos netamente diferentes), el derecho conoce las condiciones para la legítima remoción del párroco, como indica el canon 1740 del Código de Derecho Canónico: «cuando, por cualquier causa, aun sin culpa grave del interesado, el ministerio de un párroco resulta perjudicial o al menos ineficaz, éste puede ser removido de su parroquia por el Obispo diocesano».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cabe solo aceptar la renuncia o rechazarla?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En todo caso, en la situación creada en Chile se abren otras preguntas: ¿cabe solo aceptar la renuncia (y por lo tanto el obispo cesa) o rechazarla (y como consecuencia el obispo continúa en su cargo)? ¿pueden darse otras respuestas que no sean ni una ni otra?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las expresiones utilizadas tanto por el Papa como por los obispos de Chile pueden ofrecer el marco para una respuesta acorde con los parámetros del derecho. “Reparar el daño causado” y “restablecer la justicia y la comunión”, son los fines que se encuentran en la base del esfuerzo conjunto que se ha puesto en marcha; los medios son “medidas en el corto, mediano y largo plazo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Importantes pautas a este propósito se encuentran en la Carta que el Papa ha escrito al “Pueblo de Dios que peregrina en Chile” con fecha 31 de mayo de 2018: «En el Pueblo de Dios no existen cristianos de primera, segunda o tercera categoría. Su participación activa no es cuestión de concesiones de buena voluntad, sino que es constitutiva de la naturaleza eclesial. Es imposible imaginar el futuro sin esta unción operante en cada uno de Ustedes que ciertamente reclama y exige renovadas formas de participación. Insto a todos los cristianos a no tener miedo de ser los protagonistas de la transformación que hoy se reclama y a impulsar y promover alternativas creativas en la búsqueda cotidiana de una Iglesia que quiere cada día poner lo importante en el centro. Invito a todos los organismos diocesanos ­­– sean del área que sean – a buscar consciente y lúcidamente espacios de comunión y participación para que la Unción del Pueblo de Dios encuentre sus mediaciones concretas para manifestarse. La renovación en la jerarquía eclesial por sí misma no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Se nos exige promover conjuntamente una transformación eclesial que nos involucre a todos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo que se refiere en concreto a los obispos, de los que nos ocupamos aquí, las posibilidades son varias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puede ocurrir que precisamente la aclaración de las responsabilidades traiga a la luz las pruebas de que un obispo ha causado daños o no ha sido capaz de evitarlos en el pasado y no los puede reparar en el presente o en el futuro. Apartar a ese obispo del cargo parece necesario: forma parte del restablecimiento de la justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otros casos puede ocurrir que la reparación de los daños reclame la intervención de quien no ha puesto algunos de los medios que tenía a su disposición para evitarlos. Llegar al fondo de las responsabilidades no querrá decir así necesariamente que el responsable deba ser relevado: puede ser precisamente que tenga que trabajar en la reparación de los daños, asumiendo con ese trabajo la carga de la reparación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puesto que el bien que se persigue es la sanación de los daños, el restablecimiento de la comunión, y al fin y al cabo el bien de los fieles, es claro que para un número consistente de medidas se requiere el empeño enérgico de los obispos. No sin razón los obispos son nombrados a tiempo indeterminado, para facilitar que los procesos pastorales puedan ser conducidos y acompañados con una amplia proyección temporal. Esos procesos, también lo que conducen a salir de las situaciones crisis, llevan tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este punto será relevante la capacidad de cada obispo de impulsar y acompañar los cambios, y podrá ponerse en evidencia que alguno de ellos, al margen de las posibles responsabilidades por hechos del pasado, no se hallan en condiciones de hacerlo. Las razones pueden ser muchas: una de ellas es la pérdida de la confianza de los fieles o de los demás pastores. Desgraciadamente, en la actual situación tal vez lo más necesario (y lo más complejo) es la restauración de una confianza, hasta que alcance un nivel suficiente para invertir la dirección del ministerio pastoral hacia la renovación y la consolidación de la comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señala el Papa, es improbable que este objetivo dependa exclusivamente de los cambios de obispos, incluso de un buen número de ellos. Ir al fondo de las causas de la crisis, como apuntan las palabras del Papa, no puede dejar de suponer un trabajo que implica hábitos, mentalidades y aun ideologías que han conducido a la situación actual. En este sentido, la permanencia en tareas de gobierno de quienes puedan guiar esa labor puede ser decisiva. Por esta razón, casi tan importante como aceptar las renuncias de algunos obispos puede ser el rechazo de las de algunos de ellos, para que de este modo reciban un impulso en orden a la grave tarea de la restauración de la justicia y de la comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es claro, asimismo, que junto a la aceptación o el rechazo de las renuncias, el Papa puede dar signos destinados a que estas medidas relativas a la titularidad de los oficios episcopales se enmarquen en el trabajo conjunto y probablemente de largo recorrido para sanar la situación que se ha creado. Una de ellas podría ser el rechazo de la renuncia presentada con una prórroga por un tiempo determinado, o el mismo rechazo hasta el nombramiento de un nuevo obispo, cuando el Papa lo considere oportuno o plausible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Conocer las motivaciones del Papa?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Deberá el Papa explicitar en cada caso las motivaciones por las cuales acepta la renuncia o la rechaza?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es esta una cuestión delicada. En la situación del conjunto de los obispos renunciatarios, ante la opinión pública no especialmente informada, todos se hallan en igual posición. Cualquiera que sea la medida que adopte en relación con un obispo, será interpretada en relación con los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez más, si se enmarca la cuestión de la continuidad de los obispos en el contexto del fin de la restauración de la justicia y la comunión, las respuestas pueden ser diversificadas. No hay que perder de vista que también es una cuestión de justicia que la posición de cada obispo sea clarificada: tan injusto sería absolver a un culpable como inculpar a un inocente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya hemos señalado que la continuidad de algunos obispos parece imprescindible, incluso de algunos cuya conducta no haya sido intachable y sobre los que recae la responsabilidad de poner de su parte para reparar el daño.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En relación con aquellos cuyas conductas merecen el apartamiento del cargo episcopal, podría ser aplicado el derecho vigente, que en este contexto se contiene en el motu proprio de papa Francisco “Como una Madre amorosa” de 4 de junio de 2016. Al ser la primera vez que se aplican estos instrumentos jurídicos, es probable que surjan problemas interpretativos y aplicativos, pero contienen algunas garantías para los implicados que forman parte de la realización de la justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el trance presente de la Iglesia en Chile, la promesa de pastores «según mi corazón» (Jer 3,15) no excluye la humildad de los pastores mismos, el reconocimiento de sus faltas, negligencias y aun pecados. Todos los fieles, a quienes les son ofrecidos y garantizados los pastores, están llamados a una oración y a una acción decidida para que los pastores sean según el corazón del Señor, de modo que Cristo esté en el centro de la vida de la Iglesia.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[P. Fco. Javier Astaburuaga Ossa]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[La ruptura de la confianza en el Pueblo de Dios por los delitos cometidos por algunos obispos ( cultura del encubrimiento y del abuso) requiere de la transparencia necesaria en la explicitación de las causales por las cuales se acepta una renuncia ( mejor dicho: se le dimite del oficio).]]></wp:comment_content>
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		<title>Santo Tomás de Aquino: Autorrealización humana desde Dios - Juan Ignacio Ovalle, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/autorrealizacion-humana-desde-dios-juan-ignacio-ovalle-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 01 Nov 2018 10:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.178 (ABRIL-JUNIO 2013)
Autor: Juan Ignacio Ovalle, pbro.
Para citar: Ovalle, Juan Ignacio; <i>Autorrealización humana desde Dios</i> en La Revista Católica, Nº1.178, abril-junio de 2013, pp. 137-146.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/JOVALLE_LRC_1178.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Autorrealización humana desde Dios</strong>
<strong>Juan Ignacio Ovalle, pbro.</strong></h4>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En el presente artículo, queremos plantearnos la misma pregunta que se hiciera Santo Tomás de Aquino: “¿Es el espíritu finito más él mismo en el Espíritu infinito?”, o dicho de otro modo, ¿es el hombre más él mismo en Dios? Buscaremos caminos de respuesta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El plan de trabajo será plantear la pregunta, problematizarla y buscar caminos de respuesta, desde la obra: “<em>De ente et essentia</em>”. Queremos mostrar que la plenitud del ser finito solo se halla en su vinculación con Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Primero plantearé el problema buscando mostrar su gran relevancia, luego haré un acercamiento al pensamiento de Tomás de Aquino, especialmente a su obra “<em>De ente et essentia</em>”. Subrayando la teoría de las causas segundas y la comprensión del ser humano como un ser en relación. Para concluir mostrando como la creatura haya su fundamento existencial y su plenitud de vida en el Creador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Delimitación del problema</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra pregunta de este artículo podríamos formularla como: ¿Acaso el ser humano se plenifica y se realiza cuando se abre a la relación con Dios? o ¿Vivir en Dios le permite vivir más plenamente su existencia? En último término nuestra pregunta es antropológica, nos estamos preguntando quién es el hombre y a qué está llamado. Nos demandamos por el camino para llevar a cabo una vida más plena, más verdadera, más humana. Y queremos responderla con y desde Santo Tomás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La pregunta no es trivial, ni carece de sentido. Es una pregunta fundamental. Recordemos que la modernidad en buena medida ha querido emancipar al hombre de la religión, ha querido cortar esas “cadenas” que le mantienen aprisionado para pensar y actuar “por sí mismo”. Con cierta razón alguien podría preguntar a los cristianos: ¿Cómo puede acaso ser libre en su pensar y obrar, quien debe regirse en sus pensamientos por un determinado credo y debe actuar siguiendo fielmente ciertos mandamientos? ¿Cómo puede ser realmente él mismo si tiene que someterse a estas imposiciones “externas”? ¿Cómo puede desplegar las alas de su razón quien profesa una religión que da respuesta a las preguntas más profundas de la existencia?(1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Perfil del autor y delimitación de la obra</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tomas tendrá el gran merito de conciliar la filosofía clásica (aristotélica, platónica) con las exigencias de la fe cristiana. Como teólogo y filósofo, integrará ambas disciplinas. El está convencido de que la fe requiere el servicio de la razón. En Tomás encontramos una teología que se basa en la filosofía, y una filosofía que se corona en la teología. Podemos llamarlo un realista porque parte de lo que las cosas son, existen, de que el ente es y por eso se puede conocer. Parte de la impresión sensible, son los sentidos los que le permiten el conocimiento. Lo primero es la impresión sensible que se obtiene porque el ente es, existe. Hemos de entender ente como el individual concreto existente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Frente a un idealismo de la filosofía que partiría con Descartes, Tomás es metafísico, reflexiona sobre el ser y va como Husserl a la realidad, con pretensión de encontrar verdad. Con Tomás creemos en la existencia de una verdad objetiva sobre Dios, sobre el mundo y sobre el hombre. Y a partir de las capacidades humanas de encontrar verdad queremos buscar dónde se halla la verdadera plenitud del hombre. Lo hacemos en un contexto donde tiende a imponerse “la dictadura del relativismo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El opúsculo “<em>De ente et essentia</em>” es una obra filosófica de juventud de Tomás, compuesta cuando tendría unos 27 años. Es una lograda y apretada síntesis de filosofía, principalmente de conceptos aristotélicos con alcances de los comentaristas árabes como Avicena y Averroes. Es un resumen de su metafísica, realizada en sus primeros años de profesor universitario para ayudar a los estudiantes de filosofía y a los profesores, convencido de que no hay teología sin una adecuada filosofía. En este opúsculo hallamos todo el pensamiento filosófico de Santo Tomás en una breve síntesis. Compuesto alrededor del año 1254. Para Dominique Chenu “<em>De ente et essentia</em>” es el más famoso de los opúsculos y constituye un breviario de la metafísica del ser. En esta obra Tomás pasa revista a los conceptos filosóficos fundamentales, revisando los conceptos de ser y esencia por ser como los pilares del pensamiento humano. Definirá entre otros conceptos: materia, forma, ente, ser, esencia, naturaleza, genero, especie, diferencia, sustancias simples, sustancias compuestas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tomás de Aquino se caracteriza, y se refleja en esta obra, por su análisis “dual”: sustancia accidente, forma materia, acto potencia, esencia existencia, creado increado. No están una al lado de la otra, como yuxtapuestas, sino la una <em>en</em> la otra, como imbricadas, como existiendo uno <em>en</em> el otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El esquema de la obra, por capítulos, es:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Proemio</h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El significado de los términos ente y esencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. La entidad de las sustancias compuestas. Como difieren las esencias de las sustancias compuestas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Su relación con las categorías lógicas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Esencias simples y esencias de las compuestas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. La esencia de Dios, de los ángeles, del alma humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. La esencia de los accidentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Nuestra pregunta a la luz de “<em>De ente et essentia</em>”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a) Teoría de las causas segundas, un marco interpretativo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El pensamiento tomasiano se enmarca en el contexto de las causas segundas a las cuales Dios ha dotado de realidad, eficacia y legalidad propias. Dios las ha puesto en el ser, les ha dado la existencia como don y como tarea. Dios ha querido dotar a los entes de consistencia propia, no somos “títeres de Dios”, sino seres subsistentes, seres co-creadores de realidad, <em>creatrix essentia</em>(2). Por ende, la coordenada Creador-creatura, causa primera-causa segunda, ha de enmarcar todo nuestro enfoque en este afán de dar respuesta a la pregunta metódica si acaso el ser finito es más el mismo en el Ser Infinito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">La filosofía tomista parte desde el ente, que es lo primero en ser conocido. El ente es principio y fundamento de la actividad de la inteligencia. Para Tomás el ente es el punto de partida de todo conocimiento intelectual. Desde los individuales abstraemos para llegar al universal y desde ese universal conocemos nuevamente el singular. El ente es el objeto formal común a todo entendimiento. Además del ente, el primer conocido del entendimiento es la esencia (<em>quiddidad</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Revisando los distintos tipos de entes; en lo que podríamos llamar la escala del ser, las sustancias simples son más “elevadas” que las sustancias compuestas (aquellas compuestas de materia y forma). En ambas está la esencia, “<em>pero en las simples de un modo más verdadero y noble, en cuanto tienen el ser más noble; son además causa de las que son compuestas, al menos la substancia primera y simple que es Dios</em>”(3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En su camino pedagógico Tomás señala que el conocimiento ha de ir desde la esencia de las substancias compuestas a la esencia de las substancias simples, “<em>para que por lo más fácil el aprendizaje sea más adecuado</em>”(4). Así el ser humano a partir de las realidades visibles puede elevar su mente y su corazón a las realidades invisibles o espirituales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tomás enseña que la esencia de las substancias compuestas comprende materia y forma, como en el caso del ser humano, cuerpo y alma (cfr. EE n. 32), mientras que la esencia de las naturalezas simples es solo su forma. Citando a Avicena señala que: “<em>la quiddidad de la substancia simple es lo mismo que la substancia simple</em>”(5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El Aquinate deja claramente establecida esa diferencia entre esencia y ser o entre esencia y existencia, que se da en los entes. Solo en Dios se igualan. Solo en Él, su esencia es su existencia. Señala que incluso en las sustancias simples el ser es distinto de la esencia (o <em>quiddidad</em>); “<em>A no ser que sea alguna cosa cuya quiddidad sea lo mismo que su ser; y esta cosa no puede ser sino una y primera</em>”(6). Así se adentra a estudiar la “naturaleza” del ser de Dios y del ser de la creatura. Señalará  “<em>porque todo lo que es por otro se reduce a lo que es por sí, como a su causa primera, es necesario que exista una cosa, que sea causa del ser de todas las cosas, porque ella misma es solo ser, de otra manera se iría al infinito en las causas, puesto que toda cosa que no es solo ser, tiene una causa de su ser</em>”(7). Así llamara a Dios “<em>primer ente, que es solo ser</em>” y “<em>causa primera</em>” (cfr. EE, n. 34). Esto es fundamental para comprender todo el edificio del pensamiento del Aquinate, Dios es la realidad fundante de toda otra realidad. Todo halla en Él, origen y consistencia, puesto que los entes no se “sustentan” por sí solos, o “a sí mismos”. No obstante, el ser humano es un ser subsistente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En la obra en estudio se va en modo ascendente desde el ente hacia el ser con su culmen en el <em>ipsum esse subsistens</em>, Dios. Y también en el camino descendente desde el ser absoluto al ente, a los modos de ser participados conforme a la potencia en que se recibe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b) El <em>Ipsum esse subsistens</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tomás enseña que la esencia puede estar de tres maneras en las substancias. “<em>Uno es el de Dios, cuya esencia es su mismo ser</em>”(8). Dios es “el mismo ser” y su esencia coincide con su ser, no hay en Él limitación, ni imperfección, se le atribuyen todas las perfecciones. Dios por su esencia es “el mismo ser subsistente”, el <em>Ipsum esse subsistens</em>. “<em>El posee todas las perfecciones, que se encuentran en todos los géneros, por ello se dice de Él perfecto simplemente…pero las posee en un modo más excelente que todas las otras cosas, por que en Él son una sola cosa…Dios en su ser, tiene todas las perfecciones</em>”(9). Dios es acto puro, dirá Aristóteles. En Dios esencia y existencia se igualan puesto que el ser de Dios es existir, el Es, siempre ha sido y siempre será, sin determinaciones particulares. Es acto puro, en él no hay potencialidades por llevar a cabo.  Dios es “<em>el Primer Principio, que tiene infinita simplicidad, al cual no conviene la noción de género o de especie, y, por consiguiente, ni la definición, por causa de su simplicidad</em>”(10).</h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">A diferencia de los filósofos griegos, Tomás separa a Dios de la creación (ser), es Dios quien da el ser. Dios no es la “última esfera” en el orden de los seres. Los entes son, porque participan del ser, están recibiendo de Dios el ser.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c) El ser humano, sustancia compuesta de cuerpo y alma</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Un segundo modo de estar la esencia en las substancias es en las substancias intelectuales creadas, en las cuales el ser es otro que su esencia, aunque la esencia sea sin materia (Cfr. EE, n. 41). Un tercer modo, de particular interés para nosotros, es como se encuentra la esencia en las substancias compuestas de materia y forma (el hombre entre ellas), en las cuales “<em>también el ser es recibido y finito, por tener el ser de otro; y además su naturaleza o quiddidad es recibida en una materia signada</em>”(11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Para Tomás el ser humano es un compuesto de alma y cuerpo, siendo el alma forma del cuerpo, así “<em>que del alma y del cuerpo resulta un único ser en un único compuesto</em>”(12). Teoría hylemorfica que la Iglesia ha acogido plenamente. Esta idea de unidad del ser humano será expresada por el Vaticano II como “el hombre es uno en cuerpo y alma”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Mientras en Dios se igualan esencia y existencia, en el hombre permanece la tensión entre lo que es y lo que está llamado a ser, entre su naturaleza y cómo él en particular realiza su existencia. <em>Distinctio realis</em> que es fundamental en la obra tomasiana. En esta tensión, signada por la libertad humana, el hombre deviene gestor de su propia existencia. Él es, con Dios, constructor de su propia vida, es un ser relativamente autónomo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>d) Seres en relación y gradualidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El capítulo segundo de “El ente y la esencia”, se refiere a las sustancias compuestas, que aunque no sean las primeras en el orden de la realidad, lo son para nuestro conocimiento.  Fundamental para nuestro análisis será entendernos como seres en relación; que los vínculos nos plenifican; como la filiación, la amistad, la hermandad o el enamoramiento. Si bien nos hace dependientes, nos despliegan porque el que se da, crece. El vínculo primero y más primordial, por así decirlo, es con la existencia que hemos recibido de Dios. Él es nuestro fundamento como bien establecido lo deja Santo Tomás. Nuestra relación con él es lo que está de fondo en la pregunta metodológica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El ente está en desarrollo, en camino, en progreso hacia; su esencia no se identifica con su existencia. Yo soy algo determinado, pero a la vez estoy en potencia de llegar a ser, llamado a actualizar mis potencias. Dios, en cambio, no tiene esa potencia. Mientras Dios es infinito, el hombre constata su propia finitud, su limitación. Los entes (creados) poseen el ser limitadamente,  así participan en mayor o menor plenitud del ser. De allí que el ser propio que poseen, lo poseen como participación; que no significa ser parte de un todo, sino tener parte en; se participa al tomar una parte de un todo. Ese todo pertenece a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>e) Algunos aportes desde otras obras de Tomás</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En la medida que el ser finito se abre al ser Infinito, en esa medida crece y se plenifica, sin dejar de ser él mismo, sino hallando su verdadero ser, encontrando su bien. Descubriendo, podríamos decir, su enorme dignidad y la grandeza de la vocación a la que ha sido llamado. En “<em>De Veritate</em>” el Aquinate muestra que el ser finito en la medida que más participa del ser Increado, del Verbo, es más verdadero, más real y más él mismo. Ello porque Dios tiene el ser con más verdad que el ser creado, y a mayor participación (vinculación) en Él, encuentra mayor perfección su propio ser creatural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En el “Tratado de la ley Antigua y Nueva” Santo Tomás, subraya la pedagogía de Dios y la propedéutica del Antiguo Testamento en vistas a la revelación plena en Jesucristo. Y esa ley nueva es en definitiva, en palabras del Aquinate: “<em>la gracia del Espíritu Santo, comunicada interiormente</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">En el “Compendio de Teología”, santo Tomás señala que: “<em>Todo lo que existe recibe su ser de Dios </em>(…)<em> Las cosas imperfectas tienen su origen en las cosas perfectas y todo lo que tiene una cualidad por participación se refiere al que la tiene por esencia</em>”(13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tomás se toma muy en serio la libertad humana. La creatura racional está invitada a entrar en relación con su creador, pero por su libertad creatural puede cerrarse al diálogo de amor al que Dios le invita.  Dios nos ha dado una subsistencia propia, nos ha hecho personas individuales y quiere que despleguemos todos nuestros talentos. Él no busca títeres que cumplan mecánicamente sus órdenes. Y nos da la posibilidad de “llegar a ser hijos de Dios” (<em>Jn</em> 1,12). Esa filiación sobrenatural que hemos recibido en el Bautismo se despliega en la vida cuando movidos por el Espíritu de Dios podemos llamar a Dios: Abbá, Padre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Paradojalmente, el ser humano, para ser pleno debe abrirse a recibir de otros. De Dios en primer lugar y luego de los demás seres humanos y de la misma naturaleza. De ellos recibe la plenitud que anhela y que por sí mismo es incapaz de auto suministrarse. Ese camino de ser uno mismo, de ser aquello que estoy llamado a ser, ha de recorrerse como criatura, como ente finito que existe porque el Ser Infinito ha querido llamarle a la existencia haciéndole participar de su propio ser. De allí que pretender vivir al margen de Dios es en cierto sentido imposible, porque <em>por</em> Él y <em>en</em> Él existimos. Sin Dios, no hay criatura, no hay ser. Y si bien Dios permite, por el misterio de la libertad humana, que le demos la espalda, estamos con ello negando nuestro propio ser. El vínculo con Dios no es solo algo que plenifica la existencia humana llevándola más alto, sino que es la condición de posibilidad de su misma existencia. Negar nuestra realidad creatural, finita y dependiente, es negar la verdad de nuestro propio ser como seres contingentes, que hemos recibido el ser sin pedirlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Si bien el hombre puede por la sola razón alcanzar cierto sentido para su existencia, comportarse de acuerdo a un código de moralidad y tener cierta felicidad. Iría contra su mismo ser el cerrarse a Dios, fundamento de su existir. Debemos como seres racionales y libres ser buscadores de la verdad. Verdad que los cristianos sostenemos solo haya su plenitud en Cristo. Como señala <em>Gaudium et Spes</em> 22 “Realmente, solo a la luz del misterio del Verbo encarnado se esclarece el misterio del hombre”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El camino de María, modelo de creyente, es un camino de abandono y a la vez de libertad. Ella se ha confiado en Dios. Ha decidido apostar por poner su vida en manos del Creador. Esa actitud es posible en quien se ha descubierto, como los santos de todos los tiempos, amado por Dios. Ese amor expulsa el temor, el temor de que Dios nos quite… nos quite la libertad, la alegría, la capacidad de pensar(14). Quien ha reconocido que Dios es amor, no tiene miedo de dejarse amar, y abre las puertas de su corazón a Aquel que puede dar cumplimiento a las aspiraciones más profundas del corazón.  María ha reconocido que Dios es Dios y se ha dejado inundar del Espíritu(15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">A mi parecer la actitud del cristiano y de todo hombre sabio, es la de quien mira a Dios como un niño miraría al mejor de los padres. El niño se comprende a sí mismo nunca solo o aislado sino siempre vinculado, en relación con sus padres y hermanos. El cristiano se entiende de verdad en Dios y en relación a sus hermanos los hombres. Así pues, la respuesta última a nuestra pregunta la podemos hallar en la humanidad de Cristo, Él es el verdadero hombre, el arquetipo del ser humano. En el “Compendio de Teología” Tomás escribe: “<em>El Verbo del Padre Eterno, que en su inmensidad abarca todas las cosas, quise reducirse a nuestra humilde pequeñez sin despojarse de su majestad para levantar al hombre caído por el pecado y remontarle a la excelsitud de su divina gloria</em>”(16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Bibliografía</strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Santo Tomás de Aquino, <em>El ente y la esencia</em>. Traducción, estudio preliminar y notas de Eudaldo Forment, Eunsa 2006, Segunda Edición.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Santo Tomás de Aquino, <em>Compendio de Teología</em>. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar, Rialp (Madrid 1980).</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dietrich Lorenz Daiber, <em>Los Fundamentos de la Ontología Tomista, El Tratado “De ente et essentia”</em>. Edición Bilingüe, Ediciones Universitarias de Valparaíso, 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Notas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">1. Ejemplifica esta línea de pensamiento Agustín Squella que escribía en el diario el Mercurio en una columna de opinión: “<em>¿Es posible sin Dios dar sentido a la vida, comportarnos moralmente y alcanzar de algún modo la felicidad? Estoy seguro de que ustedes adivinarán que di una respuesta afirmativa a las interrogantes que incluye ese título. Puede resultar obvio para muchos que sin creer en Dios son posibles las tres cosas antes aludidas, aunque no lo es para todos. Hay un discurso reiterativo acerca de que un ateo no puede dar sentido a su existencia, ni justificar el imperativo de realizar acciones moralmente correctas, ni alcanzar tampoco un estado de felicidad. Y contra ese planteamiento dirigí mis dardos, aunque no voy a explicar aquí -por razones de espacio y también de pudor- por qué considero que mi vida tiene sentido, cuál es la razón para que procure hacer el bien y evitar el mal, y por qué, aunque en ocasiones no luzca contento, soy realmente feliz</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. “…quidquid est in Deo, non solum vivit sed est ipsa vita…creatura in Deo est creatrix essentia”. S. Thomae Aquinatis, Super Evangelium S. Ioannis. Comentario, 91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Santo Tomás de Aquino, <em>El ente y la esencia</em>. Número 6. Traducido por Eudaldo Forment. Eunsa 2006, Segunda Edición.  Desde ahora EE, y n. designará el número. EE, n.6: Sed in simplicibus veriori et nobiliori modo, secundum quod etiam esse nobilius ha-beant: sunt enim causa eorum que composita sunt, ad minus substantia prima simples que Deus est.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. EE, n. 6. Ut a facilioribus convenientior fiat disciplina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. EE, n.32: “Quiditas simplicis est ipsummet simplex”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. EE, n.33: Nisi forte aliqua res cuius quiditas sit ipsum suum esse, et hec res non potest esse nisi una et prima.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. EE, n.34: Et quia omne quod est per aliud reducitur ad id quod est per se Sicut ad causam primam, oportet quod sit aliqua res que sit causa essendi omnibus rebus eo quod ipsa est esse tantum; alias iretur in infinitum in causis, cum omnis res que non est esse tantum habeat causam sui esse.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. EE, n. 38: Aliquid enim est Sicut Deus cuius essentia est ipsummet suum esse.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. EE, n.40: Immo habet omnes perfectiones que sunt in omnibus generibus, propter quod perfectum simpliciter dicitur…; sed habet eas modo excellentiori omnibus rebus, quia in eo unum sunt…Deus in ipso suo omnes perfectiones habet.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. EE, n.54: primo quod est in fine simplicitatis, cui non convenit ratio generis aut speciei et per consequens nec diffinitio propter suam simplicitatem.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. EE, n.45: In quibus et esse est receptum et finitum propter hoc quod ab alio esse habeant, et iterum natura vel quiditas earum est recepta in materia signata.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. EE, n.37: Ita scilicet quod ex anima et corpore resultat unum esse in uno compositio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. Santo Tomás de Aquino, Compendio de Teología. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar. c. 68.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. El Papa Benedicto lo reflexiona diciendo: “<em>¿Acaso no tenemos todos de algún modo miedo –si dejamos entrar a Cristo totalmente dentro de nosotros, si nos abrimos totalmente a él–, miedo de que él pueda quitarnos algo de nuestra vida? ¿Acaso no tenemos miedo de renunciar a algo grande, único, que hace la vida más bella? </em>(…)<em> quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada –absolutamente nada– de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Solo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Solo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana. Solo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera.</em> (…)<em> ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo</em>” (Homilía en el inicio de su pontificado, 24 abril de 2005).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. Benedicto XVI lo expresa señalando: “<em>María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios</em>” (Homilía, 15 de agosto de 2005).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. Santo Tomás de Aquino, <em>Compendio de Teología</em>. Traducido por José Ignacio Saranyana y Jaime Restrepo Escobar. c.1.</h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Naturaleza y rol del Administrador apostólico - Francisco Walker Vicuña, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/naturaleza-y-rol-del-administrador-apostolico-francisco-walker-vicuna-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 04 Nov 2018 10:00:57 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)
Autor: Francisco Walker Vicuña, pbro.
Para citar: Walker Vicuña, Francisco; <i>Naturaleza y rol del Administrador apostólico</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre de 2018, pp. 275-282.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/10/FWALKER_LRC_1199.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Naturaleza y rol del Administrador apostólico</strong>
<strong>Francisco Walker Vicuña, pbro. </strong><a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las últimas semanas el Papa Francisco ha nombrado cinco Administradores apostólicos en Chile para regir las circunscripciones de Valparaíso, Rancagua, Talca, Osorno y Puerto Montt. Ellos se suman al Administrador apostólico de Valdivia, nombrado a mediados del año 2017, al quedar vacante dicha sede episcopal por la promoción de su titular al arzobispado de Antofagasta. Es una situación inédita, originada a raíz de la grave crisis producida por los abusos sexuales y de poder que han remecido la Iglesia en Chile. A lo largo de los párrafos que siguen, intentaremos delinear la figura del Administrador apostólico, su sentido y atribuciones, a la luz del Derecho de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Algunas distinciones</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos distinguir, ante todo, entre el administrador apostólico que rige una administración apostólica erigida de manera estable, y el Administrador apostólico que rige de modo interino una diócesis u otra circunscripción asimilada a ella (cf. c. 368). En ambos casos, el administrador es un Ordinario (cf. c. 134) que rige una determinada porción del pueblo de Dios y, como lo indica el calificativo de ‘apostólico’, lo hace de modo vicario, a nombre del Sumo Pontífice. La diferencia es que en el primer caso lo hace de modo estable, mientras que en el segundo caso, de modo interino. Pero por mucho que estemos ante una administración estable – o permanente, como se decía en el Código anterior – el que se trate de una ‘administración’ nos indica que no es el deseo de la Iglesia que la figura sea perpetua, ya que cesando las excepcionales circunstancias que la originan, debería constituirse una estructura ordinaria de gobierno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Código de Derecho Canónico define la administración apostólica erigida de manera estable como <em>“una determinada porción del pueblo de Dios que, por razones especiales y particularmente graves, no es erigida como diócesis por el Romano Pontífice, y cuya atención pastoral se encomienda a un Administrador apostólico que la rija en nombre del Sumo Pontífice” </em>(c. 371 §1). Es una figura que responde a circunstancias muy excepcionales que impiden en un determinado lugar la constitución de las estructuras ordinarias de gobierno de la Iglesia, cuando a la vez es necesario proveer a la cura pastoral de los fieles del lugar. Estas circunstancias que el Derecho califica de ‘especiales y particularmente graves’ han sido en el último tiempo de tipo político o de tipo ecuménico. <em>“El pastor propio de la administración apostólica es el Romano Pontífice, de quien el Administrador, no necesariamente investido de la condición episcopal, ostenta vicariamente el poder”<a href="#_edn2" name="_ednref2"><strong>[2]</strong></a></em>. Este Administrador, aun cuando no goce del carácter episcopal, detenta, sí, la misma potestad de gobierno de un Obispo diocesano, salvo que expresamente se diga otra cosa. Revisando el Anuario Pontificio de este año 2018, existen actualmente en la Iglesia ocho administraciones apostólicas con carácter territorial y una administración apostólica personal<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A efectos de comprender mejor la situación de la Iglesia en Chile, nos centraremos en analizar la segunda situación, que es la de la situación canónica en que puede encontrarse transitoriamente cualquier circunscripción eclesiástica cuando el Santo Padre ha designado para ella un Administrador apostólico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El Administrador apostólico como Ordinario interino</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta figura surgió históricamente en la baja Edad Media, cuando consta de algunos Pontífices que, ante particulares circunstancias que desaconsejaban seguir las normas ordinarias de provisión de una sede vacante, la encomendaron a un Vicario suyo. El Papa Bonifacio VIII declaró reservada esta potestad a la Sede Apostólica. A partir del s.XV, tanto el legislador como la doctrina fueron desarrollando el estatuto jurídico de los administradores<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al referirnos a esta administración temporal, debemos distinguir nuevamente dos posibilidades diversas: la figura del Administrador apostólico ‘sede plena’ y el Administrador ‘sede vacante’. Ninguna de ellas constituyen el régimen normal de gobierno interino de una Iglesia particular, y, por lo mismo, no están contempladas directamente en el Código de Derecho Canónico, pero sí hacen parte de la praxis de la Sede Apostólica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un Administrador apostólico ‘sede plena’ es una figura excepcionalísima, que se da cuando el titular de una circunscripción eclesiástica sigue detentando el oficio, pero por particulares circunstancias le es difícil ejercerlo de hecho (p. ej. motivos de salud), o no conviene que lo haga (p. ej. si está siendo investigado penalmente). No es exactamente el caso de la sede impedida, regulada en los cc. 412 – 415, lo que no quita que en tal situación también la Santa Sede podría proveer mediante un Administrador apostólico ‘sede plena’ (cf. c. 413 §1). En todos estos casos, la Sede Apostólica puede nombrar un Administrador apostólico que goza de todas las facultades para el gobierno de dicha circunscripción, conservando el titular solo el oficio y quedando suspendidas sus facultades de gobierno. Hace algunos años se dio esta situación en la arquidiócesis de Santiago. Estando el Cardenal Carlos Oviedo Cavada, entonces Arzobispo, muy enfermo, la Santa Sede nombró a monseñor Sergio Valech Aldunate como Administrador apostólico ‘sede plena’, con la fórmula ‘nunc et pro tunc’, es decir, a partir de la fecha, hasta que se le aceptara la renuncia a don Carlos Oviedo<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura que más nos interesa para nuestro estudio es la del Administrador ‘sede vacante’. Una diócesis u otra circunscripción asimilada a ella puede quedar vacante por fallecimiento de quien la regía, por renuncia aceptada por el Papa, por traslado o por privación del oficio (cf. c. 416). La vacancia de la sede dura hasta que la Sede Apostólica provea al oficio mediante el nombramiento del Obispo diocesano<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>. En el derecho vigente, lo normal es que durante la vacancia episcopal el gobierno de la diócesis recaiga en un Administrador diocesano que es elegido por el colegio de consultores dentro de los ocho días de producida la vacancia (cf. c. 421). Y mientras se constituya este Administrador, el c. 419 establece quién se hace cargo del gobierno de la diócesis en el intertanto. Hasta antes de la entrada en vigencia del Código de 1983, gobernaba de modo interino la sede vacante el Vicario Capitular, el cual era elegido por el cabildo de la iglesia Catedral<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo, las normas vigentes en caso de vacancia episcopal rigen a no ser que la Santa Sede provea de otro modo (cf. c. 419). Esta posibilidad – que la Santa Sede establezca otra cosa – debería ser bastante excepcional, en el espíritu de la codificación<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a>, pero de hecho es empleada con bastante frecuencia. Es aquí cuando surge la figura del Administrador apostólico: un Obispo o un presbítero que gobierna la sede episcopal que está vacante, a nombre del Sumo Pontífice. Los motivos que llevan a la Santa Sede a preferir proveer mediante un Administrador apostólico pueden ser múltiples: la escasez de clero cualificado en la Iglesia particular vacante para asumir su gobierno interino; circunstancias internas o externas a la diócesis que hacen complejo su gobierno; etc. El Administrador apostólico puede ser nombrado por un tiempo determinado o <em>ad nutum Sanctae Sedis.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Potestad del Administrador apostólico <em>sede vacante</em></strong><a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien el Código vigente, en caso de vacancia episcopal, regula directamente la figura del Administrador diocesano y no la del Administrador apostólico, aplicando el principio de la analogía en caso de una laguna legal (cf. c. 19), se puede inferir que este goza al menos de la misma potestad del Administrador diocesano<a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>. En algún caso, como veremos, el mismo derecho le otorga una potestad mayor. Y al ser nombrado por el Romano Pontífice y gobernar la diócesis en nombre de este, el Papa podría, en el mismo acto de nombramiento, otorgarle facultades especiales que excedan las que el derecho común establece para el caso de la sede vacante. De hecho, el Código de Cánones de las Iglesias Orientales, que a diferencia del Código latino vigente sí contempla la figura del Administrador apostólico, señala que <em>“los derechos, obligaciones y privilegios del Administrador apostólico se desprenden de las letras de su nombramiento” </em>(c. 234 §2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Partamos, entonces, para delinear la potestad del Administrador apostólico, estudiando cuál es la potestad de un Administrador diocesano. Al respecto, el derecho contempla dos disposiciones fundamentales. La primera está en el c. 427 §1: <em>“El Administrador diocesano tiene los deberes y goza de la potestad del Obispo diocesano, con excepción de todo aquello que por su misma naturaleza o por el derecho común esté exceptuado”. </em>La segunda la recoge el c. 428 §1: <em>“Vacante la sede, nada debe innovarse”. </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, por tanto, el Administrador está sujeto a los mismos deberes del Obispo diocesano. El c. 429 lo especifica respecto al deber de residencia y de aplicar la Misa <em>pro populo</em>, lo que no quita que debe también cumplir con los demás deberes propios del oficio episcopal (cf. cc. 381 – 402). Y goza de la misma potestad del Obispo diocesano, es decir, la potestad ordinaria de gobierno necesaria para regir la diócesis, pudiendo hacer todo lo que el Código atribuye al Obispo diocesano. Sin embargo, hay un límite: <em>“</em><em>aquello que por su misma naturaleza o por el derecho común esté exceptuado”. </em>‘Por su misma naturaleza’ se refiere a aquellas funciones que requieren la potestad de orden, cuando el Administrador no es obispo. Y lo que ‘por el derecho común le está exceptuado’, son aquellas disposiciones vigentes que expresamente prohíben al Administrador realizar determinados actos. Las veremos más adelante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una segunda disposición fundamental: el principio<em> sede vacante nihil innovetur </em>recogido en el c. 428 §1. Este principio, más que comportar prohibiciones específicas – las hay, sin duda – implica un criterio general de prudencia y buen gobierno que se expresa en estos dos elementos: <em>“continuidad con el modo de proceder del gobierno del Obispo anterior, teniendo en cuenta la situación de interinidad de su función; y no tomar decisiones graves, que se dejarán al futuro Obispo, salvo caso de urgencia real”</em><a href="#_edn11" name="_ednref11">[11]</a><em>. </em>Con todo, pienso que estos elementos deben ser matizados en el caso del Administrador apostólico, ya que esta figura busca responder con bastante frecuencia a situaciones graves de la diócesis – es el caso de algunas de las sedes episcopales chilenas – y, por lo mismo, se requerirá del Administrador decisiones que pueden ser graves y pueden no ir en continuidad con la administración anterior, justamente para responder a la gravedad de la situación que originó la intervención de la Santa Sede. En estos casos, parece muy conveniente que sean explícitamente otorgadas al Administrador ciertas atribuciones en el acto de nombramiento. El principio del <em>nihil innovetur </em>va acompañado, sí, de una explícita prohibición: <em>“se prohíbe a quienes se hacen cargo interinamente del régimen de la diócesis realizar cualquier acto que pueda causar perjuicio a la diócesis o a los derechos episcopales; concretamente, se prohíbe tanto a ellos como a otros cualesquiera, personalmente o por medio de otros, sustraer, destruir o alterar algún documento de la curia diocesana” </em>(c. 428 §2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos ahora cuáles son las limitaciones concretas a la potestad del Administrador apostólico. Estas limitaciones son de tres tipos: <em>“a) algunos actos simplemente se le prohíben; b) para otros, está sometido a ciertas restricciones que no afectan al Obispo diocesano; c) otros, en fin, solo los puede llevar a cabo después de que ha transcurrido un cierto tiempo en situación de sede vacante”</em><a href="#_edn12" name="_ednref12">[12]</a><em>.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a) Actos que le están prohibidos: conceder, antes del año de vacancia de la sede episcopal, la excardinación o incardinación, o la licencia para trasladarse a otra Iglesia particular (cf. c. 272); erigir asociaciones públicas diocesanas de fieles (cf. c. 312 1, 3°); convocar un sínodo diocesano (cf. c. 462 §1); conferir canonjías en una iglesia catedral o una colegiata (cf. c. 509 §1); encomendar una parroquia a un instituto de vida consagrada (cf. c. 520 §1); dar dimisorias a quienes le fue denegado el acceso a las órdenes por el Obispo (cf. c. 1018 §2); remover al Vicario judicial y los Vicarios judiciales adjuntos (cf. c. 1420 §5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b) Actos para los cuales está sometido a ciertas restricciones. No puede, sin el consentimiento del colegio de consultores: remover al canciller y demás notarios (cf. c. 485); conceder, luego de un año de vacancia de la sede episcopal, la excardinación o incardinación, o la licencia para trasladarse a otra Iglesia particular (cf. c. 272). Tampoco puede, salvo verdadera necesidad, abrir el armario o archivo secreto (cf. c. 420 §2). Puede, en cambio, a diferencia del Administrador diocesano, dar las dimisorias para los seculares (cf. c. 1018 §1, 2°).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c) Actos que puede realizar solo después de un año de producida la vacancia de la sede: como ya señalé, con el consentimiento del colegio de consultores, conceder la excardinación o incardinación, o la licencia para trasladarse a otra Iglesia particular (cf. c. 272) y nombrar párrocos (cf. c. 525, 2°). En este último caso, antes del año, solo podría nombrar Administradores parroquiales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay otras situaciones que se han planteado respecto del Administrador apostólico<a href="#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>. En el proceso de codificación se discutió, por ejemplo, si en caso de existir en la sede vacante un Obispo auxiliar podía designarse como Administrador un simple presbítero. Si bien en un principio se pensó prohibir esta posibilidad, finalmente ella quedó abierta. Se discute, también, si el Administrador puede intervenir en las reuniones de la Conferencia Episcopal, ya que ésta es <em>“la Asamblea de los Obispos de una nación o territorio” </em>(c. 447). Por el derecho mismo, pareciera que solo el Administrador Apostólico estable, al estar equiparado en el derecho al Obispo diocesano, pertenece a la Conferencia Episcopal y no así un Administrador interino, a no ser que esté investido del carácter episcopal (cf. c. 450 §1). Algunos autores, basados en el c. 427 §1 señalan lo contrario, es decir, que sí podrían participar en la Conferencia. Quizás lo más seguro sea ceñirse a lo que establezcan los estatutos de cada Conferencia Episcopal. El art. 2 de los Estatutos de la Conferencia Episcopal de Chile establece que los Administradores diocesanos sí son miembros de la Conferencia, por lo que <em>a fortiori </em>lo son los Administradores apostólicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En analogía a la diócesis y al Obispo diocesano, la Iglesia ha ido creando a lo largo de los siglos distintas figuras de organización y gobierno eclesiástico que han permitido una adaptación a situaciones muy diversas y a menudo complejas. Una de estas figuras es la del Administrador apostólico al cual me he referido en los párrafos anteriores. Espero haber podido ayudar a clarificar su comprensión y el alcance de su potestad en una Iglesia particular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Notas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago, Doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Juan Ignacio Arrieta, <em>Canon 371</em>, en Comentario Exegético al Código de Derecho Canónico, Pamplona 2002, Vol II/1³.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Esta última es una figura totalmente nueva, creada el año 2002, cuando la Santa Sede erigió la Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney, dentro del territorio de la diócesis de Campos, en Brasil, para reincorporar a la plena comunión con la Iglesia a un grupo de fieles seguidores de Mons. Antonio de Castro Mayer, quien había sido excomulgado el año 1988 por su participación en la consagración de cuatro obispos por Mons. Marcel Lefebvre sin mandato pontificio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Cf. José Landete Casas, <em>Administración apostólica, </em>en Diccionario General de Derecho Canónico, Vol. I, Pamplona 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Y cuando la Santa Sede le aceptó la renuncia y procedió a nombrar al entonces obispo de Valparaíso, Mons. Francisco Javier Errázuriz Ossa como Arzobispo de Santiago, Mons. Sergio Valech pasó a ser Administrador apostólico ‘sede vacante’ – la figura que veremos a continuación – hasta que Mons. Errázuriz tomó posesión de la sede arzobispal de Santiago.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> O su equivalente, en el caso de otras Iglesias particulares asimiladas a la diócesis (cf. c. 368). A partir de ahora, tomaremos como referente la diócesis, sabiendo que lo que digamos se aplica también a esas otras Iglesias particulares, las cuales podrían estar regidas por un presbítero, el cual gozando de potestad de jurisdicción episcopal, no goce del carácter episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> En Chile fue famosa la vacancia arzobispal en Santiago con posterioridad al fallecimiento del Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso, el año 1878, por todo el conflicto que se generó entre la Iglesia y el Estado. Durante los ocho años que duró la vacancia de la arquidiócesis, esta fue gobernada por Mons. Joaquín Larraín Gandarillas, como Vicario Capitular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Se puede colegir el carácter excepcional de esta figura en la mente del legislador en el hecho que, a diferencia del Código anterior, el vigente cuerpo legislativo no contempla expresamente la figura del Administrador apostólico como figura transitoria – sí, como señalamos, la del Administrador apostólico estable – y solo lo menciona indirectamente a propósito de otras disposiciones (p. ej., el c. 1018 §1, 2°, al tratar de las letras dimisorias). El Código de 1917, en cambio, dedicaba un capítulo entero titulado “De los Administradores Apostólicos”, que abarcaba los cc. 312 – 318, y se refería tanto al Administrador ‘sede plena’ como ‘sede vacante’.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a> Una vez más, recuerdo que es distinta la figura del Administrador apostólico en sede vacante, que es la que ahora estudiaremos, del Administrador de una administración apostólica establemente erigida. Este último está equiparado en derecho al Obispo diocesano, por lo que en principio goza de su misma potestad (cf. c. 381 §2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Se infiere por el carácter interino de la figura, y también, en continuidad con la tradición canónica, porque así lo señalaba expresamente el Código Pío-benedictino. En efecto, el Código anterior distinguía entre el Administrador apostólico constituido con carácter permanente, el cual gozaba <em>“de los mismos derechos y honores y tiene idénticas obligaciones que el Obispo residencial” </em>(c. 315 §1) y el Administrador apostólico con carácter temporal, el cual tenía <em>“los mismos derechos y deberes del Vicario Capitular” </em>(§2). Ya sabemos que el Vicario Capitular era en el antiguo derecho el equivalente a lo que hoy es el Administrador diocesano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref11" name="_edn11">[11]</a> Carlos Soler, <em>Cánones 427 - 428</em>, en Comentario Exegético al Código de Derecho Canónico, Pamplona 2002, Vol II/1³.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref12" name="_edn12">[12]</a> Ibid. El Código regula directamente estas limitaciones para el Administrador diocesano. En algún caso, como señalaremos, el Código indica expresamente que una determinada limitación no se aplica, o se aplica de otro modo, al Administrador apostólico. Y bien podría suceder que la Santa Sede, en el acto de nombramiento de este último, le otorgue expresamente la facultad de realizar aquello que por derecho común le estaba limitado.</h5>
<h5><a href="#_ednref13" name="_edn13">[13]</a> Respecto de lo señalado en este párrafo, cf. Pietro Amenta, <em>Administrador diocesano, </em>en Diccionario General de Derecho Canónico, Vol. I, Pamplona 2012.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Un documento muy excelente. Le agradezco al padre por su apreciación y conocimiento. He estado muy interesado en este tema. Porque en mi Diócesis el papa ha nombrado un administrador apostolico]]></wp:comment_content>
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		<title>Gaudete et Exsultate: Santidad como plenitud del Bautismo y en lógica de Encarnación - Hna. Mª Clara Greene</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/gaudete-et-exsultate-santidad-como-plenitud-del-bautismo-y-en-logica-de-encarnacion-hna-ma-clara-greene/</link>
		<pubDate>Thu, 08 Nov 2018 09:36:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL- JUNIO 2018)
Autor: Hna. María Clara Greene, Instituto Secular de Schoenstatt, Hermanas de María
Para citar: Greene, María Clara; <em>Santidad como plenitud del Bautismo y en lógica de Encarnación</em>, en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio 2018, pp. 166-173.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/013_CGREENE_LRC_1198.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Santidad como plenitud del Bautismo y en lógica de Encarnación </strong>
<strong>Hna. María Clara Greene</strong>
<strong>Instituto Secular de Schoenstatt</strong>
<strong>Hermanas de María</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo Padre Francisco declara muy pronto cuál es su intención con la exhortación apostólica <em>Gaudete et Exsultate</em>: <em>“mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad </em>[…] <em>Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor </em>(<em>Ef</em> 1,4)<em>” </em>(GE 2). Sin pretensiones doctrinales, quiere acercar a los fieles un aspecto esencial en la vida cristiana, algo de la tensión teleológica que impulsa al bautizado a desarrollar libremente la gracia recibida como don y que impele a la comunión plena con Dios, es decir, la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El Señor nos eligió</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La elección del Señor llega a nosotros como un llamado. No en vano el Concilio Vaticano II dedica un capítulo de la Constitución apostólica <em>Lumen gentium </em>a la <em>“universal vocación a la Santidad en la Iglesia”. </em>Después de que el documento abarca la pregunta por la naturaleza propia de la Iglesia (Capítulos 1-4), plantea los siguientes para abordar su finalidad. El Capítulo 5 es el primero de esta “segunda parte” y es significativo reparar que está planteado a modo de fin, de objetivo para todo el Pueblo de Dios, jerarquía y laicos. Este orden no azaroso de los capítulos en la <em>Lumen gentium</em> nos pone en el horizonte de lo que S.S Francisco nos quiere mostrar con la exhortación apostólica de marzo de 2018, que inicia con las palabras de Mateo: “Alegraos y regocijaos”.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al sostener que se trata de una vocación para todo el Pueblo de Dios (Cfr. LG 9), comprendemos el llamado a la santidad como algo enraizado en el sacerdocio común de los fieles, ya que todos los que han recibido el bautismo, <em>son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo </em>(LG 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Primera carta de Pedro usada en este texto (<em>1Pe</em> 2, 4-10) nos inserta en este núcleo del llamado a la Santidad que, por medio de elementos propiamente cultuales, declara que el carácter sacerdotal de todo bautizado está en el ofrecer sacrificios espirituales, es decir, ofrecerse a sí mismo como la ofrenda más agradable a Dios. “<em>Por ello todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración, y alabando juntos a Dios, ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios y den testimonio por doquiera de Cristo</em> […]  (LG 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Los exhorto, pues hermanos, por la misericordia de Dios a que se ofrezcan a ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no se acomoden al mundo presente, antes bien transfórmense mediante la renovación de su mente, de forma que puedan distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto” (<em>Rm</em> 12, 1-2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien el texto de Pablo, tomado también en LG 10, presenta la ofrenda de los fieles en paralelo al culto del templo, se entresacan de ello los elementos claves de la vocación del sacerdocio común: no es una obligación, requiere de la aceptación de los fieles. Se refiere a ofrecerse a sí mismo, donde el templo no es de piedra, sino un templo vivo. La ofrenda es viva y santa y su fin es complacer a Dios. El culto espiritual es la ofrenda viviente, sin duda una ofrenda de calidad superior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es el desarrollo de la gracia bautismal en el Pueblo santo, que se presenta como un camino hacia lo pleno, hacia lo completo, hacia lo perfecto, hacia lo que complace a Dios. Como todo camino se desarrolla, se profundiza como lo hace una relación de amistad. Tal era la relación de Moisés con Yahvé,  “<em>y acostumbraba hablar el Señor con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo” </em>(<em>Ex</em> 33,11). Si bien <em>“los seguidores de Cristo, llamados por Dios, no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor, han sido hechos por el bautismo, sacramentos de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y por lo mismo realmente santos”</em> (LG 40); viven esta realidad como un proceso, como un permanente camino, como una peregrinación, en la cual es necesario que <em>“conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron”</em> (LG 40).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trata de un llamado para todos, pero a la vez, a la persona particular, aquel que fue ungido en el bautismo en forma personal para ser Cristo. En este sentido la vocación a la santidad, si bien incoada en la gracia del bautismo para todos igual, hace un camino propio según la originalidad de cada hijo de Dios (Cfr. GE 11, 13, 23, 24, 32) y puede desarrollarse más o menos, en respeto a la libertad de la persona, y tanto cuanto, por medio de la colaboración humana para que acoja y haga fructificar este don gratuito de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo Padre recuerda que el llamado a la Santidad no es para algunos, para quienes posean ciertas características o privilegios. Incluso, recalca, así como lo hace la <em>Lumen gentium, </em>que es transversal a todo estado de vida. <em>“Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” </em>(LG 11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Para que fuésemos santos e irreprochables</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como condición de los bautizados, la vocación a la santidad obedece a las invitación del Señor: <em>“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”</em> (<em>Mt</em> 5, 48). Ya en el Levítico está la ordenanza de Yahvé : <em>“Porque yo soy Yahvé, vuestro Dios, santificaos y sed santos, pues yo soy santo”</em> (<em>Lv</em> 11,44)<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. La<em> Lumen gentium</em> hace referencia a que todos los fieles <em>están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad </em>(LG 40). En este sentido alienta San Pedro en su primera carta: <em>“El Dios de toda gracia, que nos llamó a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de un breve padecer, los perfeccionará y afirmará” </em>(<em>1Pe</em> 5,10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Pero, qué acento tiene el concepto de perfección? ¿Cuál es el ideal de perfección al que está invitando el Papa Francisco?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los santos que nos alientan y acompañan en el camino, que nos estimulan a seguir caminando hacia la meta, aquella “nube tan ingente de testigos” (<em>Hb</em> 12,1), está compuesta por aquellos que “quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aún en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor” (GE 3). El llamado de Dios a su Pueblo, por medio de Abraham fue siempre en el mismo tenor: <em>“Yo soy Dios todopoderoso, camina en mi presencia y sé perfecto”</em> (<em>Gn</em> 17,1). Por lo tanto, y así lo concluye el Papa, vivir este llamado a la perfección, <em>“necesitamos vivir humildemente en su presencia, envueltos en su gloria</em>. (…) caminar en unión con él reconociendo su amor constante en nuestras vidas (Cfr. GE 51).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa recurre a von Balthasar<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> para hacer referencia al tipo de santidad al que quiere referirse y al que quiere animar contextualizadamente en el mundo actual. Para juzgar la santidad, no hay que quedarse en los detalles. “<em>No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona” </em>(GE 22)<em>.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa quiere alejar el concepto de perfección de una cierta intachabilidad moral, de una especie de ausencia de concupiscencia, de perfección ética, de la ausencia de faltas o errores. Incluso previene del riesgo del gnosticismo. <em>“Gracias a Dios, a lo largo de la historia de la Iglesia quedó muy claro que lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, no la cantidad de datos y conocimientos que acumulen” </em>(GE37). Esto comulga con lo declarado en la mencionada Constitución apostólica: <em>“Completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamado a la plenitud cristiana y a la perfección de la caridad”</em> (LG 40).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lleva el concepto de Santidad, y en sentido paralelo, el de perfección, al horizonte de las bienaventuranzas hechas vida (Cfr. GE 65-94) y al “gran protocolo” del capítulo 25 de Mateo (Cfr. GE 95). El Papa, lleva a la fuente, al modo de Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Ante él por el amor</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es, por tanto, el misterio de la perfección, a la luz del Magisterio de Francisco? Es imitar la perfección de Dios (Cfr. GE 81), en el sentido del perdón y la misericordia. Por esto lleva a la comparación del texto de <em>Mt</em> 5, 48 al de <em>Lc</em> 6, 36. El “sed perfectos” es homologado al “sed misericordiosos”, al perdonar, al no juzgar, al no condenar y, por último, al dar para que se nos dé (Cfr. GE 81). La misma teofanía del Éxodo describe la identidad de Dios con la misericordia: <em>“Yahvé, Yahvé, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad”</em> (<em>Ex</em> 34,6). La convocatoria del año de la misericordia en el Pontificado actual, tuvo esta pretensión. <em>“Paciente y misericordioso” es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción”</em> (<em>Misericordiae Vultus</em> 6).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También así lo plantea en la exhortación del amor en la Familia. <em>“Es una cualidad del Dios de la Alianza que convoca a su imitación también dentro de la vida familiar. </em>[…]<em> al mismo tiempo que se alaba la moderación de Dios para dar espacio al arrepentimiento, se insiste en su poder que se manifiesta cuando actúa con misericordia. La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder”</em> (<em>Amoris Laetitia</em> 91).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una santidad en la lógica de la encarnación, es decir, una lógica que obedece al perfeccionamiento en la misma condición de creatura, de la humanidad y que, por lo tanto, conoce procesos, conoce libertades, conoce la acogida del don de Dios como una relación. <em>“Camina en mi presencia y sé perfecto”</em> (<em>Gn</em> 17,1). Dios asocia ambos actos en la relación de Alianza, porque <em>solo en él somos santificados</em> (GE 51). Es la lógica de la autonomía de la creatura y, a la vez, de la dependencia del enteramente Otro, como quien perfecciona y es espejo para la naturaleza humana. No se trata de obviar la condición humana, sofocar lo propiamente humano, sino de mirarse a la luz de Cristo, el único que revela el hombre al propio hombre (GS 22) y primicia de toda la Creación (Cfr. <em>Col</em> 1,15); para reconocer en lo humano la posibilidad de divinización. <em>“El cual siendo de condición divina, no codició ser igual a Dios sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo” </em>(<em>Flp</em> 2,6-7). Aquel que siendo de condición divina, se decidió por la condición de esclavo, nos muestra que la lógica de la encarnación es la misma que nos posibilita la divinización de nuestra naturaleza. Pero en nuestro caso, no por condición preexistente, sino por la gracia en virtud de la Redención realizada en Cristo (Cfr.  <em>Rm</em> 3, 21- 24).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Ireneo nos enseña que dentro de las funciones de la encarnación del Verbo, hay una que no sostuvieron todos los Padres de la Iglesia de los primeros siglos. Se trata de la <em>función plenificadora</em> de la encarnación. Para san Ireneo, la encarnación no solo realiza la revelación definitiva y la liberación del pecado, sino también, la encarnación lleva al hombre hacia la plenitud a la cual la familia humana estaba orientada desde el principio. Él sostiene que la encarnación estaba proyectada desde el principio e independientemente del pecado, con el fin de recorrer, en el Verbo hecho hombre y glorificado, el camino de plenificación del hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“Así como la madre puede dar al niño un alimento perfecto, pero él no puede tomar el alimento más fuerte: así también Dios mismo pudo dar al hombre desde el principio la perfección, pero el hombre era incapaz de recibirla, porque era niño. Y por eso nuestro Señor, que recapitula en sí todas las cosas, vino a nosotros en los últimos tiempos, no como Él podía, sino como nosotros podíamos verle. Él podía venir a nosotros en su inenarrable gloria, mas nosotros éramos incapaces de soportar la magnitud de su gloria. Por eso, como a niños, Él que era el Pan perfecto del Padre, se nos dio como leche, en su venida como hombre: para que alimentados como a los pechos de su carne, y habituados con tal lactancia a comer y beber el Verbo de Dios, podamos contener en nosotros mismos el Espíritu del Padre, Pan de inmortalidad”</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[</strong></a><a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>3]</strong></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hombre, en su creación fue hecho «niño», pero destinado a progresar. Podemos decir, en la línea de lo que se ha sostenido en el presente artículo, que el hombre hace un camino hacia la perfección, un desarrollo. El Hijo de Dios se presenta a la humanidad hecho hombre y no en gloria, es decir, como leche, como alimento apto para niños, porque, en este proceso, el hombre primero necesita del Verbo como leche para volverse capaz del alimento perfecto. La lógica de la encarnación es la que posibilita que la humanidad conozca un progreso. El hombre no es capaz de la perfección total, de la plena santidad, no solo por el pecado, sino por su carácter inacabado, por su carácter de creatura. Por esto san Ireneo sostiene que aún sin el pecado, se requería de la encarnación, porque no se puede llegar a Dios sin Dios, ni a los hombres sin el hombre, y así solo el Hijo hecho hombre era capaz de llevar a su plenitud al hombre que había sido creado para alcanzar esa plenitud, que es la perfecta unión de la carne y el Espíritu<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. El hombre solo llega a su plenitud por medio del Hijo encarnado y del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el planteamiento de san Ireneo de la <em>teología del intercambio</em>, podemos ver también un fundamento para nuestro argumento. Por la encarnación, el Hijo de Dios toma las propiedades humanas para comunicar al hombre sus propiedades divinas. Se refiere sobre todo la filiación divina, que es la perfección del hombre, y que es mediada sacramentalmente por el bautismo. <em>“¿Pues, de qué manera podíamos ser partícipes de su filiación adoptiva, si no la recibiésemos por medio del Hijo, por la comunión que viene de él, si su Verbo no hubiese entrado en comunión con nosotros hecho carne?”</em><strong><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sello que alcanzó la cristología de los primeros Padres, especialmente en Oriente, fue con esta marcada “divinización”. El Hijo de Dios se hace lo que es el hombre (encarnación) y el hombre llega a ser hijo de Dios (divinización). Dos formulas claves son: <em>“El Verbo de Dios, nuestro Señor Jesucristo, el que por su inmenso amor se hizo lo que nosotros somos, para que nosotros progresáramos hasta ser los que es él</em>”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> y <em>“Por esto el Verbo de Dios se hizo hombre, y el Hijo de Dios es Hijo del Hombre, para que el hombre, mezclándose con el Verbo y recibiendo la adopción, se hiciese hijo de Dios</em><a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante Dios, estamos contenidos en el Hijo. Él representa a la humanidad entera y en la filiación mediada por el bautismo, se va produciendo el proceso de santificación del hombre, proceso que es don del amor gratuito de Dios: <em>Ante Él por el amor. </em>Ante él somos hijos, esa es nuestra condición creatural más propia, porque es la de Cristo, el Verbo encarnado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco elige un modo cercano y coloquial para invitar a todos a reconocer que el horizonte de la plenitud cristiana se llama Santidad, que es el modo de llevar a la perfección nuestra condición de creaturas, signadas por el don del Espíritu que nos hace capaces de Dios, nos hace amigos de Dios, nos abre al don gratuito de su amor y nos invita a ser como él, “perfectos” en la misericordia y en la caridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor” </em>(<em>Ef</em> 1,4). Esta afirmación de san Pablo, que ha acompañado el desarrollo del presente comentario, entraña los elementos constitutivos de la exhortación apostólica de SS. Francisco. Se trata de una elección del Señor, quien solo invita a lo bueno, lo bello y lo verdadero. Elección que es llamado a un desarrollo pleno de nuestra vocación bautismal: ser santos e irreprochables. Santos cómo Él es santo, es decir, santos en la perfección de la caridad, de la misericordia. Santos porque vivimos en su presencia, en comunión con él, en una fructuosa relación de amistad, que nos santifica, nos purifica y, como nos enseña la teología espiritual, nos asemeja al ser amado. Santos porque hacemos norma de vida el modo del Señor. Así estamos ante él, como hijos, no como ángeles, sino como seres encarnados, al igual que el Verbo que se hizo hombre para hacernos como él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Siendo el texto paralelo, tanto el Lv 11,44 como Lv 19,2 usa la palabra santidad en vez de perfección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Ver GE 22. Nota al pie: Cf. HANS U. VON BALTHASAR, <em>“Teología y santidad”, </em>en<em> Communio </em>6 (1987), 486-493.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>  Adv. haer., IV,38,1</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. Adv. haer., IV,7,4; III,22,3; V,12,22; A. ORBE, Antropología de san Ireneo (Madrid 1969) 480- 485</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Adv. haer., III,18,7. Cf. II,22,4; III,16,3; IV,7,2; IV,33,10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Adv. haer., V, pr. El esquema del intercambio ya está presente en Pablo, cf. 2Co 8,9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Adv. haer., III,19,1</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Cfr. FERNANDEZ S., <em>Guía de Estudio curso Trinidad y Cristología, </em>Pontificia Universidad Católica, Chile, 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Vivir como Pueblo de Dios en camino - Eduardo Pérez-Cotapos L., ss.cc.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/vivir-como-pueblo-de-dios-en-camino-eduardo-perez-cotapos-l-ss-cc/</link>
		<pubDate>Sun, 11 Nov 2018 09:24:52 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO- SEPTIEMBRE 2018)
Autor: Eduardo Pérez-Cotapos L., ss.cc.
Para citar: Pérez-Cotapos, Eduardo; <em>Vivir como Pueblo de Dios en camino</em>, en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre 2018, pp. 283-293.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/EPEREZCOTAPOS_LRC_1199.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Vivir como Pueblo de Dios en camino</strong>
<strong>Eduardo Pérez-Cotapos L., ss.cc.</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta Semana Teológico Pastoral ha sido convocada con el lema «<em>Es preciso nacer de nuevo</em>. Escuchar y acompañar para discernir». Este lenguaje de inmediato me trae a la imaginación el magisterio del Papa Francisco. Tanto el de sus grandes textos, de modo especial la Exhortación Apostólica <em>Evangelii gaudium</em> (EG), como el de los diversos textos referidos a nuestra realidad nacional, todos de este año 2018. Es un hecho inédito el que podamos contar con todos los discursos y homilías de su visita a Chile en enero pasado; con la carta a la Conferencia Episcopal de Chile, de fecha 8 de abril, invitando a los obispos a encontrarse con él en Roma; con el documentos entregado a los obispos al comenzar esa visita, del 15 de mayo, y la breve carta al finalizar la visita, del 17 de mayo; y con la importante carta «Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile» del 31 de mayo. Sobre este telón de fondo quiero plantear mi reflexión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La carta del 17 de mayo concluye con un párrafo que traza un amplio programa de renovación pastoral; allí el Papa señala a los obispos: «Después de estos días de oración y reflexión los envío a seguir construyendo una Iglesia profética, que sabe poner en el centro lo importante: el servicio a su Señor en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado». Este es el horizonte por el cual debemos trabajar, la meta a alcanzar, la pasión interior que debe movernos a la acción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero necesitamos trabajar este horizonte en el contexto de una situación de crisis para la Iglesia chilena, crisis que conocemos bien y que el Papa Francisco en el documento del 15 de mayo nos presenta como desafío: «Las dolorosas situaciones acontecidas son indicadores de que algo en el cuerpo eclesial está mal. Debemos abordar los casos concretos y, a su vez, con la misma intensidad, ir más hondo para descubrir las dinámicas que hicieron posible que tales actitudes y males pudiesen ocurrir». En este encuentro estamos convocados para analizar aquellas dinámicas de fondo que han hecho posible la situación actual. Invitados a repensar nuestro modo de ser Iglesia, a pararnos de otro modo frente a la realidad eclesial y social, invitados a trabajar por «una nueva forma de pararnos frente a la vida, frente a los demás y frente a Dios» (Carta del 31 de mayo, nº4). Finalmente, el Papa Francisco nos invita a un proceso de honda renovación: «Con Ustedes se podrá generar la transformación necesaria que tanto se necesita. Sin Ustedes no se puede hacer nada. Exhorto a todo el Santo Pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado» (Carta del 31 de mayo, nº7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta ponencia introductoria he sido invitado a poner el acento en el tema de la Iglesia como pueblo de Dios en camino. Y para hacerlo quiero dejarme guiar por las expresiones usadas por el Papa Francisco para referirse a los destinatarios de su carta del 31 de mayo, dirigida «Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile». Quiero tratar cuatro dimensiones: primeramente, la idea de la Iglesia como pueblo; en segundo lugar, la pertenencia de este pueblo a Dios; en tercer lugar, la idea de un pueblo peregrino; y finalmente, el acento de que este peregrinar se realiza en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La Iglesia como pueblo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las intuiciones eclesiológicas fundamentales del Concilio Vaticano II fue usar la categoría Pueblo de Dios para describir la identidad de la Iglesia. Una categoría netamente bíblica, pero que se encontraba en desuso. El antecedente primordial de esta categoría es la imagen del pueblo de Israel peregrinando por el desierto, siendo sacado por Dios de la esclavitud de Egipto, a fin de ser educado a vivir en libertad en el desierto y, finalmente, como pueblo nuevo de corazón libre, conducido a la tierra nueva regalada por Dios. Esta imagen sirve al Concilio para proponer un modo nuevo, y a la vez muy tradicional, de comprender la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La categoría de Pueblo de Dios es una categoría dinámica, que supera el riesgo de la imagen paulina de Cuerpo de Cristo, usada abundantemente en la teología contemporánea al Concilio. Como es bien conocido, en san Pablo hay dos usos de esta imagen. Un uso es sociológico y hace referencia a que la Iglesia es como un cuerpo, en el cual cada miembro tiene diversas funciones, que cada uno debe ejercer de modo armónico con los otros miembros (<em>1Cor</em> 12,12-30; <em>Rom</em> 12,3-8). Y hay otro uso de la imagen de Cuerpo de Cristo que habitualmente se llama místico, en el cual la Iglesia es el cuerpo y Cristo es la cabeza; de modo que, así como el cuerpo no puede vivir si no está unido a la cabeza, la Iglesia pierde la vida si no esta unida a Jesús (<em>Col</em> 1,17-18; 1,24; 2,19; <em>Ef</em> 1,22-23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ambas imágenes paulinas son interesantes, y ciertamente las hemos ocupado provechosamente en muchas reflexiones pastorales. Pero ambas imágenes tienen una posible trampa, una debilidad frente a la cual el Concilio es muy sensible. Son imágenes estáticas y establecen una jerarquía de importancia entre los diversos miembros. La mano siempre será mano y el pie siempre será pie. Y sabemos bien que es más útil la mano derecha que la izquierda; etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio se pone en otro horizonte, insistiendo en la categoría de Pueblo de Dios, en el cual se da una condición de radical igualdad entre todos sus miembros; igualdad que proviene del bautismo. Es una igualdad radical más importante que cualquier otra legítima distinción posterior. El Concilio describe así a la Iglesia Pueblo de Dios: «Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación (<em>Rom</em> 4,25), y teniendo ahora un nombre que está sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos. La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros (cf. <em>Jn</em> 13,34). Y tiene en último lugar, como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, iniciado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos Él mismo también lo consume, cuando se manifieste Cristo, vida nuestra (cf. <em>Col</em> 3,4), y “la misma criatura sea libertada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de los hijos de Dios” (<em>Rom</em> 8,21)»<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un pueblo en el cual todos sus miembros poseen la unción del Espíritu, como insistentemente enseña el Papa Francisco: «El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo; por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción. […] En el Pueblo de Dios no existen cristianos de primera, segunda o tercera categoría. Su participación activa no es cuestión de concesiones de buena voluntad, sino que es constitutiva de la naturaleza eclesial. Es imposible imaginar el futuro sin esta unción operante en cada uno de ustedes que ciertamente reclama y exige renovadas formas de participación. Insto a todos los cristianos a no tener miedo de ser los protagonistas de la transformación que hoy se reclama y a impulsar y promover alternativas creativas en la búsqueda cotidiana de una Iglesia que quiere cada día poner lo importante en el centro. […] Una Iglesia profética y, por tanto, esperanzadora reclama de todos una mística de ojos abiertos, cuestionadora y no adormecida. No se dejen robar la unción del Espíritu». (Carta del 31 de mayo, nº 1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, que nos sirva de síntesis un texto central del Concilio: «En todo tiempo y en todo pueblo es agradable a Dios quien le teme y practica la justicia (cf. <em>Hch</em> 10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Resumiendo: en la Iglesia nadie se salva solo, nadie puede considerarse superior a otros. Necesitamos poner especial atención a la tentación del espíritu de élite. Necesitamos con urgencia recordar nuestra radical igualdad entre todos y el indispensable respeto mutuo y escucha del hermano que nos debemos como creyentes. De aquí surge una espiritualidad hermosamente planteada por el Papa Francisco en la <em>Evangelii gaudium</em> (268-274): «El gusto espiritual de ser pueblo». Me permito recordar algunos pasajes de este texto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La Palabra de Dios también nos invita a reconocer que somos pueblo […] Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús, pero al mismo tiempo, una pasión por su pueblo». (EG 268)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Jesús mismo es el modelo de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. […] Cautivados por ese modelo, deseamos integrarnos a fondo en la sociedad, compartimos la vida con todos, escuchamos sus inquietudes, colaboramos material y espiritualmente con ellos en sus necesidades, nos alegramos con los que están alegres, lloramos con los que lloran y nos comprometemos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Pero no por obligación, no como un peso que nos desgasta, sino como una opción personal que nos llena de alegría y nos otorga identidad». (EG 269).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo. Ésta no es la opinión de un Papa ni una opción pastoral entre otras posibles; son indicaciones de la Palabra de Dios tan claras, directas y contundentes que no necesitan interpretaciones que les quiten fuerza interpelante. Vivámoslas <em>sine glossa</em>, sin comentarios. De ese modo, experimentaremos el gozo misionero de compartir la vida con el pueblo fiel a Dios tratando de encender el fuego en el corazón del mundo» (EG 271).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Uno no vive mejor si escapa de los demás, si se esconde, si se niega a compartir, si se resiste a dar, si se encierra en la comodidad. Eso no es más que un lento suicidio». (EG 272)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, […] Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida. Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!». (EG 274)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La Iglesia como Pueblo de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia está fundada sobre un hecho básico para todo creyente: el encuentro personal con Jesús, que ha dado una orientación nueva y definitiva a nuestra vida, como dice la magistral afirmación de Benedicto XVI en su primera encíclica: «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Y luego en su última audiencia pública (27 febrero 2013), el mismo Benedicto repasa su experiencia personal al respecto: «el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas son certezas básicas de nuestra experiencia de fe: el encuentro personal con Jesús que ha reorientado nuestra vida de modo definitivo y que nos ha integrado en una comunidad de creyentes; comunidad que pertenece a Dios, y que no es obra nuestra. Por lo mismo, la comunidad eclesial alcanzará su plenitud cuando ponga a Jesús en su centro, incluso si el Señor parece dormir, y no se angustie en una defensa institucional; eso es ser «hombres de poca fe» (cf. <em>Mc</em> 4,40). Del mismo modo, la comunidad eclesial alcanzará hondura de fe cuando todos nos reconozcamos como humildes servidores de un único Señor, sin distinciones entre nosotros. Tal como lo propone el evangelista Mateo, tan sensible a las problemáticas eclesiológicas: «En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “consejeros”, porque solo tienen un Consejero, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado» (<em>Mt</em> 23,8-12).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una Iglesia que sabe reconocer a Jesús como su centro es una comunidad que se sabe llamada por Dios, conducida por él, cuidada y orientada por su Señor. Por lo mismo, es capaz de superar las tendencias autorreferenciales, como tan claramente expresó el Papa en el documento entregado a los obispos el 15 de mayo. Una Iglesia que acoge a Jesús como su centro recupera la alegría y el dinamismo de la fe; es capaz de una mirada cariñosa y misericordiosa sobre la realidad actual; puede constituirse como comunidad de hermanos, al modo de las primeras comunidades cristianas de Jerusalén.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tema es bien conocido, y no insisto más. Tan solo deseo explicitar que la experiencia fundante de la unidad de la Iglesia es el encuentro personal con Jesús, no la defensa de un cuerpo doctrinal o un conjunto de normas éticas como tan nítidamente lo planteó el Papa Benedicto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La Iglesia pueblo de Dios que peregrina</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este matiz es vital: no se trata de una Iglesia sedentariamente instalada en una realidad, consolidada en un espacio geográfico o cultural. Es un pueblo nómade al modo del pueblo de Israel que camina alejándose de la esclavitud de Egipto y acercándose a la libertad de la tierra nueva regalada por Dios, caminando hacia lo desconocido, y permanentemente necesitado de vencer la tentación de volver atrás, a lo conocido, aunque se trate de una situación de esclavitud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El texto del capítulo 11 de la carta a los Hebreos es una hermosa descripción del caminar eclesial: «Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. […] Todos ellos murieron en la fe, sin alcanzar el cumplimiento de las promesas: las vieron y las saludaron de lejos, reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria; y si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar. Pero aspiraban a una patria mejor, nada menos que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse su Dios y, de hecho, les ha preparado una Ciudad» (<em>Hb</em> 11,8-10.13-16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Israel durante su peregrinación por el desierto vivió un tiempo de especial intimidad con su Señor, al punto que los profetas lo equiparan al tiempo del noviazgo de Yahveh con su pueblo (cf. <em>Os</em> 2,16-17; <em>Jer</em> 2,2). Es verdad que en el desierto se viven situaciones muy duras, pero el Señor es nube que protege del sol ardiente del mediodía; y columna radiante que ilumina las noches oscuras; el Señor hace brotar el agua de la roca y cada mañana regala el pan que viene del cielo; el pan necesario para cada día. Israel es un pueblo peregrino, enteramente centrado en la experiencia del encuentro con su Dios. Pero a la vez, los textos son claros respecto a que esa protección de Dios no impide la existencia de rebeldías y pecados en este caminar. Incluso Israel llegó al más radical de los pecados que es desesperar de la desconcertante grandeza de Dios y querer hacerse un Dios a la propia medida, un Dios fácil de manipular, un becerro de oro (cf. <em>Ex</em> 32,1-8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser peregrino es caminar todos los días, teniendo en el corazón la pasión por alcanzar la meta anhelada. Es caminar dejándose guiar por Dios. Es caminar discerniendo permanentemente los caminos nuevos que el Señor va abriendo para nosotros. Discernir es dejarse guiar por la fuerza del Espíritu de Dios, no por nuestros sustos o fantasías. Debemos ser dóciles al mismo Espíritu que guio a la Iglesia de Hechos de los Apóstoles, conduciéndola a horizontes cada vez más amplios, e impulsándola a tomar la decisión transcendental de alejarse de sus raíces judías renunciando a la práctica de la circuncisión (cf. <em>Hch</em> 15,1-35) y a todas las prácticas alimentarias (cf. <em>Hch</em> 10,1-48). En palabras del Papa: «El Espíritu Santo sopla donde quiere y como quiere con el único fin de ayudarnos a nacer de nuevo. Lejos de dejarse encerrar en esquemas, modalidades, estructuras fijas o caducas, lejos de resignarse o “bajar la guardia” ante los acontecimientos, el Espíritu está continuamente en movimiento para ensanchar las miradas estrechas, hacer soñar al que perdió la esperanza, hacer justicia en la verdad y en la caridad, purificar del pecado y la corrupción e invitar siempre a la necesaria conversión. Sin esta mirada de fe todo lo que podamos decir y hacer caería en saco roto» (Carta del 31 mayo, nº 2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para poder discernir bien es indispensable escuchar a todos, porque todos los creyentes tienen la unción del Espíritu. El Papa Francisco ha sido muy claro en sus planteamientos: «El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo; por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción. Cada vez que, como Iglesia, como pastores, como consagrados, hemos olvidado esta certeza erramos el camino. Cada vez que intentamos suplantar, acallar, ningunear, ignorar o reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios en su totalidad y diferencias, construimos comunidades, planes pastorales, acentuaciones teológicas, espiritualidades, estructuras sin raíces, sin historia, sin rostros, sin memoria, sin cuerpo, en definitiva, sin vida. Desenraizarnos de la vida del pueblo de Dios nos precipita a la desolación y perversión de la naturaleza eclesial» (Carta del 31 mayo, nº 1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Igualmente, también necesitamos dejarnos ayudar por aquellos que no pertenecen a la comunidad eclesial. En la carta del Papa Francisco hay una frase muy desafiante: «Ser “Iglesia en salida” es también dejarse ayudar e interpelar» (Carta del 31 mayo, nº 5). Es ser una Iglesia con las «puertas abiertas» (cf. EG 46-47) en la cual cualquiera pueda entrar y salir libremente. Implica correr el riesgo que entren «los de afuera», miren con otros ojos nuestra realidad eclesial y reaccionen frente a ella. El encierro autodefensivo, con las puertas bien cerradas por el miedo, es roto por fuerza nueva del Espíritu (cf <em>Jn</em> 20,19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Considero que la condición más básica para poder ser un pueblo de Dios peregrino es la capacidad de escuchar con un corazón atento y dócil. Es la impresionante declaración del Siervo de Yahveh en el profeta Isaías: «El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás» (<em>Is</em> 50,4-5). Escuchar es difícil, sobre todo porque nos compromete con personas y situaciones que demandan una respuesta de nuestra parte. Pero una buena escucha es indispensable para cualquier discernimiento serio de la voluntad de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Necesitamos escuchar un abanico de voces que va desde la voz de Dios a la voz del propio cuerpo y de la naturaleza, pasando por todo el amplio espectro de las voces humanas. Escuchar al que quiere compartir sus alegrías y también al que quiere compartir sus dolores. Escuchar al que ha fallado y llega arrepentido y avergonzado, y también escuchar al que se siente vulnerado, víctima y atropellado en cualquier instancia. Escuchar a jóvenes y a ancianos. Para poder escuchar necesitamos crear espacios «donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición. Esto nos tiene que impulsar como Iglesia a buscar con humildad a todos los actores que configuran la realidad social y promover instancias de diálogo y constructiva confrontación» (Carta del 31 de mayo, nº 4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, sin un permanente discernimiento, acompañado de una actitud de escucha seria y amplia, y con instancias en las que todos puedan expresarse, nuestro caminar como Pueblo de Dios será errático.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. La Iglesia pueblo de Dios que peregrina en Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa se dirige al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, a esta pequeña porción de la humanidad y de la Iglesia, que vive en un rincón del mundo. Un país largo y estrecho, con toda clase de climas, con terremotos y volcanes. Habitado por un grupo humano que está viviendo una muy profunda transformación cultural, transformación que incluso está ensombreciendo nuestra identidad como nación. Transformación que nos está llevando a una mirada crítica de la propia historia y a formular sueños de futuro que aún no logran aglutinarse en un proyecto común. Somos un grupo humano contradictorio y cambiante, que busca caminos nuevos criticando duramente a sus instituciones, incluyendo las severas críticas a la Iglesia católica que conocemos bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Personalmente siento un cariño muy grande por este mi pueblo, que Dios me regaló como compañeros de camino y de humanización. Un cariño que no me hace ciego frente a nuestras incoherencias, pero que me lleva valorar como don de Dios este nuestro especial modo de ser.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia en Chile debe estar al servicio de este pueblo chileno, acompañándolo en su crecimiento humano y espiritual. Pero debemos hacerlo con clara conciencia de que todos los errores y limitaciones que vemos en el país también están presentes en nuestra Iglesia; y quizá además tenemos algunos errores más, propios de nuestra estructura eclesial. ¡Felizmente somos parte integrante de esta porción de la humanidad!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No cabe detenernos en un análisis de nuestra realidad social y cultural. Solo quería insistir en que nos encontramos en un proceso de hondísimo cambio cultural, que a todos nos tiene bien desconcertados. No tengamos miedo, porque el Espíritu de Dios sigue actuando y de algún modo está metido en medio de esta transformación cultural. Trabajemos para ser lo más lúcidos y positivos que sea posible, tanto en nuestros aportes a toda la sociedad, como a los procesos de transformación que estamos viviendo al interior de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. A modo de conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como Iglesia chilena estamos desafiados a vivir como Pueblo de Dios en camino. Fortalezcamos nuestra unidad mediante el respeto y la escucha a todos los miembros de la comunidad eclesial, en un plano de fraterna igualdad bautismal, derribando todo muro de indiferencia que nos divida (cf. <em>Ef</em> 2,14). Reforcemos la pasión por tener siempre a Jesús en el centro de nuestro corazón y en el centro de las dinámicas pastorales y organizativas de la Iglesia. Con decisión y sin temores pongámonos en camino, dejándonos guiar por el Espíritu de Dios que está desplegando ante nuestros ojos nuevos horizontes culturales y humanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este desafío lo recibimos en un momento doloroso y exigente para nuestra Iglesia chilena. Pero este hecho puede ser una circunstancia providencial, tal como señala el Papa Francisco en frases de una verdad espiritual muy profunda: «Aceptar los aciertos, así como los límites personales y comunitarios, lejos de ser una noticia más se vuelve el puntapié inicial de todo auténtico proceso de conversión y transformación. Nunca nos olvidemos que Jesucristo resucitado se presenta a los suyos con sus llagas. Es más, precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular, esconder o encubrir nuestras llagas. Una Iglesia llagada es capaz de comprender y conmoverse por las llagas del mundo de hoy, hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y moverse para buscar sanarlas. Una Iglesia con llagas no se pone en el centro, no se cree perfecta, no busca encubrir y disimular su mal, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene un nombre: Jesucristo» (Carta del 31 de mayo, nº 6).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Esta reflexión fue presentada durante la Semana Teológico-Pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, julio de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> CONCILIO VATICANO II, Constitución dogmática sobre la Iglesia <em>Lumen Gentium</em>, 1964, Nº9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ídem</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> BENEDICTO XVI, Carta Encíclica <em>Deus caritas est</em>, 2005, Nº1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5>AUTOR DE LA IMAGEN: SEBASTIÁN CORREA E.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Congreso Eucarístico 2018-2019: ¿Qué haría Cristo en mi lugar?</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/congreso-eucaristico-2018-2019-que-haria-cristo-en-mi-lugar/</link>
		<pubDate>Thu, 15 Nov 2018 08:02:07 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO- SEPTIEMBRE 2018)
Autor: María Cristina Ariztía Tagle, Directora de la Comisión Nacional de Animación Bíblica
Para citar: Ariztía, María Cristina; <i>¿Qué haría Cristo en mi lugar? Congreso Eucarístico 2018-2019</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre 2018, pp. 310-325.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/MCARIZTIA_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>¿Qué haría Cristo en mi lugar?</strong>
<strong>Congreso Eucarístico 2018-2019</strong>
<strong>María Cristina Ariztía Tagle </strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://www.congresoeucaristico2018.cl/">VISITAR EL SITIO OFICIAL DEL CONGRESO EUCARÍSTICO</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En febrero de 2017 los Obispos de Chile en <em>Visita Ad limina</em> le manifestaron al Papa Francisco su intención de celebrar un Congreso Eucarístico durante el año 2018, cuando aún no se conocía la noticia de su visita a Chile. Se trataba de una iniciativa que venía abriéndose paso por petición de numerosos laicos, religiosos y comunidades de adoradores, que veían la necesidad de promover la renovación de la fe en Cristo, profundizando en el Misterio de la Eucaristía y en su lugar central en la vida cristiana, y que había sido aprobada en Asamblea Plenaria en el año 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habían pasado casi cuarenta años desde el último Congreso Eucarístico, la realidad sociocultural chilena había cambiando considerablemente y la Iglesia necesitaba renovarse en el anuncio del Evangelio y en el amor a la Eucaristía, ofreciendo caminos de humanización que permitieran construir en nuestro país una sociedad más justa, fraterna y solidaria que llegara a ser un hogar para todos<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue así como en el editorial del 4 de diciembre de 2017, Monseñor Santiago Silva, Obispo Castrense y presidente de la Conferencia Episcopal, anunció oficialmente la realización del XII Congreso Eucarístico Nacional 2018. A pocos días de la llegada del Papa a Chile, su visita marcaría el inicio de este tiempo de gracia para la Iglesia y para nuestro país, y su mensaje vendría a enriquecer el tiempo de preparación del Congreso, animando la reflexión eucarística a nivel de las diócesis, parroquias y comunidades, sin perder de vista los contextos sociopolíticos de nuestra realidad, y la fuerza de gracia propia de la Eucaristía, capaz de transformarnos en testigos auténticos de la Buena Noticia y en constructores de una sociedad traspasada por los valores del Reino. Así, monseñor Silva invitaba a vivir este año del Congreso Eucarístico como un «tiempo y espacio salvífico, porque es encuentro con el Salvador. Es recuperación del sentido de la vida y de la experiencia de comunidades alimentadas por la Palabra. La contemplación, si es auténtica, se transforma en «testimonio» y en «salida misionera» con el rostro impregnado del Resucitado gracias a la Mesa de la Palabra y de la Eucaristía compartida como hermanos en la fe y ciudadanos de este Chile»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante el encuentro del Papa Francisco con los obispos chilenos en la Catedral de Santiago el martes 16 de enero de 2018, monseñor Santiago Silva Retamales, en su saludo al Santo Padre, le comunicó: «Nos hemos propuesto prolongar su visita a nuestro país y su mensaje con un Congreso Eucarístico Nacional que se vivirá en cada Iglesia particular, a partir de marzo hasta noviembre de este año. Así, contemplando a Jesús Eucaristía, buscamos proyectar los frutos de su visita pastoral, los que sintetizamos en lo que el Resucitado ofrece cuando promete a sus discípulos: <em>Mi paz les doy</em> (<em>Jn</em> 14,27)».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces, se conformó una Comisión Nacional presidida por monseñor Felipe Bacarreza y monseñor René Rebolledo, que presentó una itinerario de preparación del Congreso a nivel nacional y diocesano, a través del cual se invitaba a todas las diócesis a vivir la preparación para el Congreso Nacional en forma simultánea, de acuerdo a la realidad de cada iglesia particular, considerando algunos hitos litúrgicos comunes, celebraciones y tiempos de reflexión, etapas de formación y los actos de culminación que tendrían lugar en la ciudad de Santiago.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Qué es un Congreso Eucarístico?</strong><a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un Congreso Eucarístico es una fiesta de la Iglesia para celebrar a Jesucristo vivo y presente en la Eucaristía, para alabarlo, bendecirlo y adorarlo, dando gracias a Dios porque ha querido quedarse con nosotros como alimento de vida en un sencillo pedazo de pan. Asimismo, es una invitación a profesar públicamente la fe y el amor a Jesucristo en el Misterio de la Eucaristía, que no solo es «el Sacramento principal que la Iglesia celebra», sino el que «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>; es el «compendio y la suma de nuestra fe»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. El Congreso es precedido por un tiempo de preparación que promueve la formación y reflexión en torno al Misterio Eucarístico con el fin de renovar el amor a la Eucaristía, nuestros modos de celebrar y el compromiso con el anuncio del Reino que de ella se desprende, procurando que transforme la vida personal, eclesial y social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Existe un Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales que alienta, entre otros objetivos, la celebración de Congresos Eucarísticos nacionales, diocesanos, interdiocesanos y parroquiales, que posiblemente incluyan una dimensión ecuménica e interreligiosa. Quien convoca un Congreso Eucarístico es el Santo Padre en caso de que este sea Internacional, una Conferencia Episcopal en el caso de que sea nacional y el obispo de una iglesia particular si se trata de una diócesis.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos establece que, en la preparación del Congreso, se debe considerar la importancia de promover:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Un lema o frase inspiradora que anime la celebración del Congreso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Un tiempo intenso de catequesis sobre la Eucaristía en cuanto Misterio Pascual de Cristo, verdadera, real y sustancialmente presente en las Sagradas Especies y vivo y operante en la Iglesia, su Cuerpo, teniendo presente la realidad pastoral de cada iglesia particular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Una invitación abierta a participar más activamente en la Sagrada Liturgia, promoviendo la escucha atenta y creyente de la Palabra de Dios y fomentando el sentido fraterno y solidario de la vida comunitaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Un compromiso efectivo con el mundo que nos rodea, favoreciendo iniciativas de promoción humana integral, siguiendo el ejemplo de la comunidad cristiana primitiva de modo que la mesa eucarística se convierta en una fuerza propulsora para la construcción de una sociedad más justa, fraterna y solidaria en la espera de la venida del Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La celebración del Congreso Eucarístico Internacional normalmente dura una semana culminando en la <em>Statio Orbis</em>, que es la celebración eucarística de clausura presidida por el Papa o por su Legado como expresión visible de la comunión de la Iglesia Universal. Los Congresos nacionales proceden del mismo modo, aunque la celebración eucarística de culminación puede contar o no con un Legado Pontificio según el Santo Padre lo estime conveniente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante la semana del Congreso Eucarístico, y particularmente en el día de la <em>Statio Orbis</em>, se invita a todas las iglesias particulares a que se unan espiritualmente expresando la comunión de la Iglesia Universal en la única Eucaristía que hace de la Iglesia el único cuerpo de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que la celebración de un Congreso Eucarístico dé frutos de conversión y de amor fecundo a Cristo que se ofrece como pan vio en la Eucaristía, es indispensable que este se inserte en el contexto de un itinerario pastoral que considere darle continuidad en las diócesis y en las parroquias. Para esto se requiere de una comprensión renovada de nuestros modos de hacer pastoral. Se trata de diseñar un itinerario pastoral que se entienda como proceso en donde el Congreso Eucarístico sea la fase culminante de una etapa, pero a la vez se abra a un camino de renovación pastoral y crecimiento espiritual personal y comunitario. En este sentido, las comisiones encargadas de preparar los Congresos deben considerar la continuidad de este constituyéndose en animadores permanentes del culto eucarístico en el sentido amplio de la palabra (celebración, adoración y vida), y mantener viva la llama, de manera que el Congreso Eucarístico no se quede solo en un hermoso recuerdo personal, sino que tenga continuidad pastoral dando lugar a un renovado impulso misionero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El primer Congreso Eucarístico Internacional</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los Congresos Eucarísticos tuvieron su origen en Francia en la segunda mitad del siglo XIX. Corrían tiempos en que la irrupción de la modernidad hacía entrar en crisis el régimen de cristiandad cuestionando la existencia de Dios, el origen de la Iglesia y sus fundamentos, en donde crecía la ignorancia y la indiferencia religiosa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto, y con la intención de promover la renovación de la fe en la persona de Jesucristo, presente realmente en el Sacramento de la Eucaristía, Emilia Tamisier (1834-1910), siguiendo la inspiración de san Pedro Julián Eymard (1811-1868), llamado “el Apóstol de la Eucaristía”, tomó la iniciativa de organizar, con la ayuda de otros laicos, sacerdotes y obispos, y con la bendición del Papa León XIII, el primer Congreso Eucarístico Internacional en Lille. Su tema fue: “La Eucaristía salva el mundo” y su objetivo era el de promover el culto eucarístico expresado particularmente en la adoración solemne y en grandes procesiones que manifestaban el triunfo de la Eucaristía. A la luz de los decretos de san Pío X sobre la comunión frecuente <em>Sacra Tridentina Synodus</em> (1905) y sobre la comunión de los niños <em>Quam singularis</em> (1910), en la preparación y celebración de los Congresos se promovían la comunión frecuente de los adultos y la primera comunión de los niños<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para la preparación de este Congreso el Papa León XIII constituyó previamente un Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales (1879), antes mencionado, cuya misión, según sus actuales estatutos, es la de “hacer conocer, amar y servir cada vez más a Nuestro Señor Jesucristo en su Misterio Eucarístico, centro de la vida de la Iglesia y de su misión para la salvación del mundo”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Esta tarea se concreta a través de la promoción, organización y celebración periódica de Congresos Eucarísticos Internacionales, idealmente cada cuatro años, en un país designado por el Santo Padre y del acompañamiento de la celebración de Congresos Eucarísticos Nacionales en cada país. Para estos efectos, y para poder dar continuidad al trabajo pastoral en el campo de la promoción del culto eucarístico bajo todos sus aspectos (la Eucaristía celebrada, adorada y vivida), cada Conferencia Episcopal nombra un Delegado Nacional, que en el caso de Chile es monseñor Felipe Bacarreza, Obispo de la diócesis de Santa María de los Ángeles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con el Pontificado de Pío XI los Congresos Eucarísticos Internacionales comenzaron a celebrarse por turno en todos los continentes, adquiriendo una dimensión misionera y de “re-evangelización” (expresión empleada en la preparación capilar del Congreso de Manila en 1937).  Después, el Concilio Vaticano II, por medio de la Constitución <em>Sacrocanctum Concilium</em> en 1963, la Instrucción <em>Eucharisticum mysterium</em> de 1967 (Nº67) y de manera particular el Ritual Romano de <em>sacra communione et de cultu mysterii eucaristici extra Missam </em><em> </em>de 1973 (Nº109-112), se renovaron los criterios para la preparación y celebración de los Congresos Eucarísticos, estableciendo la importancia de estar abiertos al diálogo con los problemas del mundo contemporáneo y al diálogo ecuménico e interreligioso, especialmente en la iglesias particulares que celebran el Congreso.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Los Congresos Eucarísticos en Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer Congreso Eucarístico Nacional en Chile se celebró en 1905. Fue convocado y presidido por el entonces arzobispo de Santiago, monseñor Mariano Casanova. En carta enviada el 19 de mayo de 1902 al Deán junto al Cabildo Eclesiástico de Santiago, monseñor Casanova expresó su anhelo de celebrar un Congreso Eucarístico: «Con vivo anhelo hemos deseado desde tiempo atrás celebrar un Congreso Eucarístico, con la esperanza de obtener para nuestra República los óptimos frutos que ellos han producido en otras naciones cristianas, y que venga a ser como el sello divino impreso a todas las obras que para la gloria de Dios y salvación social se ha emprendido y llevado a cabo en la Arquidiócesis en el último decenio».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La iniciativa fue acogida con gran entusiasmo por el Cabildo, porque se tenía noticias de los efectos que provocaban en los fieles católicos la celebración de los Congresos Eucarísticos Internacionales. Así, el Cabildo se adhirió a la iniciativa considerando la “gloria divina y el incalculable bien que reportara a las almas”. En carta del 24 de mayo de 1902, el Cabildo responde a monseñor Casanova: «Estos Congresos (internacionales) han producido resultados trascendentales en la fe y en la piedad donde quiera que se han celebrado. El culto de la Divina Eucaristía enardece en las almas el amor a Nuestro Señor Jesucristo y a sus celestiales enseñanzas. Con estos actos públicos de adoración se despierta el sentimiento religioso en aquellos que se habían alejado de las prácticas del catolicismo y se hace sentir una feliz renovación en el alma de los fieles».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue así como el 20 de noviembre de 1904 se dio inicio oficialmente al Primer Congreso Eucarístico Nacional en una solemne inauguración que fue considerada, según se relata en el archivo que recoge toda la preparación y posterior realización de este, como un «verdadero acontecimiento religioso y social, cuyo recuerdo perdurará en la memoria de los católicos chilenos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ceremonia de clausura, realizada el domingo 27 de noviembre, se «revistió de caracteres imponentes por el piadoso entusiasmo que despertó en los fieles […] Allí estaba todo Santiago: el obrero que ha ennoblecido sus manos en el trabajo, el modesto empleado que apenas cuenta con un momento de descanso, los jóvenes estudiantes, los que han hecho de la riqueza una alta misión social, los sacerdotes, jóvenes y los ancianos, los religiosos de todas las órdenes, etc.».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Posteriormente se celebraron Congresos en diversas diócesis como La Serena, Chiloé, Valparaíso y Punta Arenas. Probablemente todavía esté fresco en la memoria de las generaciones mayores el Congreso de 1980 celebrado en Santiago con el lema “No teman. Abramos las puertas a Cristo”. Un acontecimiento que todavía hoy muchos recuerdan con gozo y alegría, e incluso cierta nostalgia. ¡Cómo no recordar los sentimientos de paz y esperanza que infundía en los hogares y en las comunidades la llegada del <em>Cristo Peregrino</em>, que nos invitaba a proclamar la fe en la Eucaristía y a celebrarla pidiendo al Señor que esa paz reinara en nuestro país!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En carta del 25 de mayo de 1980, los obispos de Chile, después de una larga reflexión, deciden «convocar a la Iglesia de nuestra Patria a un tiempo especialmente consagrado a la persona de Jesucristo y a celebrar solemnemente el Misterio de la Eucaristía. Y a este propósito queremos dedicar el año entero».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Queridos hermanos, hoy les traemos una invitación. Los convocamos para celebrar, en 1980, el XI Congreso Eucarístico Nacional. En este año, Cristo nos dirige las mismas palabras que, en el Apocalipsis, se refieren a la Iglesia de Laodicea:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;">\"Pueblo mío, anímate y convierte tu corazón.</h5>
<h5 style="text-align: center;">Mira que estoy a tu puerta y te llamo.</h5>
<h5 style="text-align: center;">Si escuchas mi voz y me abres,</h5>
<h5 style="text-align: center;">entraré a tu casa a cenar.</h5>
<h5 style="text-align: center;">Yo contigo y tú conmigo\". (Cf. Apoc. 3,19-20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">\"¡Hermanos y hermanas! ¡No tengan miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! ¡Abran más todavía, abran de par en par las puertas a Cristo! ¡Abran a su potestad salvadora los confines de los estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura, de la civilización y del desarrollo! ¡No tengan miedo! Cristo conoce lo que hay dentro del hombre»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se había planificado un nuevo Congreso Eucarístico para el año 2000, pero el Papa Juan Pablo II proclamó para ese año el Gran Jubileo del 2000, en el cual Iglesia Universal se preparaba para cruzar el umbral del tercer milenio buscando que los corazones de todos se hicieran dóciles a la acción del Espíritu Santo<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. El Congreso pasó a ser parte del itinerario pastoral propuesto para celebrar el Gran Jubileo, quedando desapercibido. De ahí que hay consenso en considerar que el último Congreso celebrado en Chile es el de 1980. Un tiempo de mucha gracia vivida en el encuentro con el Cristo Peregrino. Así lo recuerda el Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II con motivo de su finalización: «Se clausura hoy, a la sombra de ese Santuario Mariano de Maipú, que tanto dice al corazón de todo chileno, el XI Congreso Eucarístico Nacional de Chile. El Episcopado le ha dado un lema que me es muy querido y que encierra una vibrante invitación a un comprometido programa de vida: <em>No teman, abran las puertas a Cristo</em>»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. El Congreso Eucarístico Nacional 2018-2019</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con la celebración del Jueves Santo de 2018 se dio inicio oficial al tiempo de preparación del Congreso Eucarístico. Este tendría cuatro etapas sucesivas de formación y catequesis, cada una acompañada de un signo profético. Se trataría además de un tiempo dedicado a embellecer nuestras celebraciones eucarísticas, preocupándose de promover una mejor acogida y mayor participación de todo el Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto con el inicio oficial se dio a conocer el lema, la oración, los objetivos y los actos de culminación. Sin embargo, a poco andar nos vimos sumergidos en una profunda crisis que probablemente pasará a la historia como la crisis más profunda vivida por la Iglesia que peregrina en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué hacer con el Congreso Eucarístico ya iniciado en medio del dolor, la vergüenza y la desilusión a causa de los casos de abusos de diversas índoles cometidos por miembros de la Iglesia y de la incertidumbre a causa de la renuncia de los obispos? No fue fácil tomar una decisión. Si bien el tiempo de preparación del Congreso de alguna manera respondía al llamado del Santo Padre de “poner a la Iglesia en estado de oración”, era necesario detenerse para reflexionar a la luz de lo que estábamos viviendo tanto a nivel personal como eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa en su carta del 8 de abril a los obispos de Chile tras recibir el informe de monseñor Charles Scicluna, invitaba a permanecer unidos a Cristo (Cf. <em>Jn</em> 15, 4), mirando su vida y sus gestos, especialmente «cuando se muestra compasivo y misericordioso con los que han errado»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Y nos invita también a permanecer en estado de oración, amando en la verdad, pidiendo la sabiduría del corazón y dejándonos convertir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para muchos resultaba contradictorio continuar con la preparación del Congreso Eucarístico Nacional y diocesano. Sin embargo, otros, haciendo una lectura religiosa de los acontecimientos, afirmaban que era el mismo Señor quien, tomando la iniciativa, se había adelantado a los hechos regalándonos este año del Congreso para vivir el dolor y la vergüenza y para enmendar el camino recorrido cimentados en el corazón de Cristo, Camino, Verdad y Vida (Cf. <em>Jn</em> 14, 6).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue así como después de un tiempo de discernimiento, se decidió extender el tiempo de preparación, fortaleciendo la peregrinación del Santísimo en la Custodia Peregrina y la Adoración, y permaneciendo en estado de oración en la escucha de la Palabra para encontrar en Cristo el camino para responder a la carta del Papa y para renovarnos en la fe. Y, al mismo tiempo, se tomó la decisión de postergar la celebración del Congreso mismo para el año 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Congreso se transformó entonces en una instancia para poner a la Iglesia en estado de oración ubicando a Cristo en el centro, de modo de promover una conversión personal, comunitaria y eclesial que sepa siempre escuchar y acompañar a los más vulnerables; para reconocer nuestra condición de Santo Pueblo fiel de Dios ungido por el Espíritu Santo, sacando nuestro carné de mayores de edad espiritualmente hablando, y comprometiéndonos proactivamente con la tarea misionera de la Iglesia. También devino en una ocasión para buscar la forma de terminar con la cultura del abuso, el encubrimiento y el secretismo incompatible con la lógica del Evangelio y promover una cultura del cuidado y la protección que impregne nuestros modos de relacionarnos, de rezar, de pensar, de vivir la autoridad y de relacionarnos con el poder y el dinero; para asumir nuestra condición de Iglesia herida y llagada para ser capaces de comprender, conmoverse y comprometerse con la sanación de las heridas del mundo de hoy. En fin, el Congreso se transformó en una oportunidad para ser protagonistas de una transformación eclesial que nos convierta en una Iglesia Sinodal y Profética que sabe poner a Jesús en el centro y anunciar su Buena Noticia con alegría y convicción, y para promover una solidaridad que signifique reconocimiento de las víctimas de abuso de diversa índole y caminos concretos de reparación por el daño causado, haciendo justicia para luego recuperar la comunión eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La preparación del Congreso continúa con sus objetivos e itinerario inicial (que se exponen a continuación), ofreciendo espacios para que las diócesis puedan reflexionar a la luz de la carta del Papa y de su situación particular. Se trata de respetar los tiempos de cada uno en medio de esta crisis que nos afecta a todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Objetivo del Congreso Eucarístico 2018-2019</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Promover el encuentro personal y comunitario con Cristo, profundizando en el <em>Misterio Grande<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a></em> de la Eucaristía para descubrir la íntima relación que ella tiene con la vida cristiana.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con este objetivo se busca:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a) Centrar la vida cristiana y el quehacer pastoral de la Iglesia en el encuentro personal y comunitario con Cristo vivo y resucitado que se ofrece en la Eucaristía como alimento de vida eterna (Cf. <em>Jn</em> 6, 51.56).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b) Fortalecer, a través de la Eucaristía, la experiencia de “comunión” (con Cristo, con la Iglesia, con el prójimo, con nosotros mismos y con la creación) para que todos seamos uno en Cristo (Cf. <em>Jn</em> 17, 21-22; <em>Ga</em> 3,28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c) Descubrir, en la vida de Cristo, la continuidad existente entre Eucaristía y entrega de la vida al servicio del Reino (Cf. <em>Mc</em> 10, 41-45; <em>Jn</em> 14, 9-12).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d) Renovar el modo de celebrar la Eucaristía dominical: fomentando la formación, cuidando la preparación, fortaleciendo la participación y profundizando en el <em>ars celebrandi</em> (Cf. <em>1Co</em> 11, 23-27).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">e) Fomentar el espíritu de adoración a Jesucristo realmente presente en la Eucaristía como preparación y prolongación de la celebración eucarística.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">f) Recoger y proyectar el mensaje de la visita del Papa Francisco a Chile, que invita a vivir la Eucaristía en la cotidianidad de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Fundamento teológico-pastoral</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>TEMA DEL CONGRESO</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La Eucaristía es la fuente del encuentro personal y comunitario con Cristo,</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>que transforma la vida e impulsa a salir para servir a los demás.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Eucaristía es la “fuente y cumbre de toda la vida cristiana” (LG 11a), tiene un carácter central y fundamental para la existencia de los discípulos misioneros de Jesucristo y la comunión de todos los bautizados. La Iglesia celebra la Eucaristía, pero al mismo tiempo se constituye a sí misma por medio de este sacramento a través del cual Jesús nos atrae hacia sí introduciéndonos en su dinamismo de comunión con el Padre, con nosotros mismos y el prójimo (Cf. DA 251).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Profundizar en el misterio de la Eucaristía es entrar con Jesús en el corazón mismo del Padre que, por su infinita misericordia, envió a su Hijo al mundo para que en Él encontremos una vida plena de sentido (Cf. <em>Jn</em> 3, 16). «Es fundamental para nosotros los cristianos comprender bien el valor y el significado de la Santa Misa, para vivir cada vez más plenamente nuestra relación con Dios»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, reconociendo nuestra condición de hijos amados y enviados a servir al mundo (Cf. 1 <em>Jn</em> 4, 10-16). “Cristo me amó y se entregó por mí” (<em>Ga</em> 2, 20b) es lo que conmemoramos y actualizamos en cada Eucaristía. Se trata de una riqueza inagotable, difícil de comprender completamente por la razón humana, pero que se nos va revelando de a poco a lo largo de nuestra vida para que entremos más profundamente, en cada Eucaristía, en este gran Misterio de Amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La preparación y celebración de este Congreso Eucarístico es un tiempo de gracia para vivir como Pueblo de Dios que, con alegría y entusiasmo, celebra la fe y la vida en Cristo y la comparte con los hermanos más postergados de la sociedad. Este tiempo se hace realidad en un momento particular de la historia de nuestra Iglesia, la bendición recibida en la reciente visita del Papa Francisco a nuestro país. Queremos acoger su mensaje inminentemente eucarístico para ponerlo en práctica. La invitación entonces es entrar en el misterio de la Eucaristía teniendo presentes las palabras vivas y esperanzadoras del Santo Padre Francisco que, en síntesis, nos invitaron a hacer de nuestras vidas una misa prolongada<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el tiempo de preparación se contemplan cuatro etapas centradas en los que hemos llamado “pilares fundamentales” de la Eucaristía. Cada etapa tiene una ficha de trabajo que ofrece herramientas pedagógicas para reflexionar el tema propuesto a la luz de la escucha de la Palabra de Dios y de la realidad eclesial y social, un signo y una invitación a embellecer y dar realce a una celebración Eucarística en particular (<strong>www.congresoeucaristico2018.cl</strong>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.1 Primera etapa. Eucaristía: La alegría del encuentro con Cristo (<em>Jn</em> 1, 35-42)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Periodo: Desde Semana Santa hasta la Solemnidad de Pentecostés</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Signo: Bendición del pan para compartir en los hogares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebración que realzar: Solemnidad de Pentecostés.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta primera etapa se propone como un tiempo privilegiado para renovarnos en el encuentro personal y comunitario con Cristo en la Eucaristía. «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Dios ha querido relacionarse con el hombre de un modo humano, por eso envió a su Hijo para que se hiciera uno como nosotros. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (<em>Jn</em> 1,14) es el signo más evidente de que Dios quiere salir al encuentro de todas las personas en Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Eucaristía es toda ella encuentro: con Cristo que nos conduce al Padre en el Espíritu, con nosotros mismos y con los hermanos. Somos cuerpo, comunidad, cultura, historia y posibilidad de diálogo con Dios y con los hermanos. La Eucaristía es comida en comunidad, en ella nos sentamos a la mesa con nuestros hermanos en la fe para compartir la vida con sus dolores y sufrimientos y también con sus gozos y esperanzas. Es Jesús resucitado quien preside este encuentro en la persona del sacerdote, y se nos ofrece como pan de vida en la Palabra y en los dones eucarísticos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.2 Segunda etapa:  El Misterio de la Eucaristía (<em>Mc</em> 14, 12-26).</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Periodo: Desde Corpus Christi hasta la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Signo: Custodia Peregrina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebración que realzar: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un tiempo para profundizar en el Misterio de la Eucaristía descubriendo que ella es siempre una invitación a salir al encuentro de los demás. Se propone promover la Adoración Eucarística semanal en todas las comunidades, y que una vez al mes salga el Santísimo a conquistar lugares públicos, como calles y plazas, acercando a la gente el encuentro con Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Eucaristía es un suceso maravilloso en el cual Jesucristo, nuestra vida, se hace presente para introducirnos en el manantial de vida que brota de su corazón traspasado, ella nos convierte en partícipes de su victoria sobre el pecado y la muerte y da significado pleno a nuestra existencia. Participar en la Misa «es vivir otra vez la pasión y la muerte redentora del Señor. Es una teofanía: el Señor se hace presente en el altar para ser ofrecido al Padre por la salvación del mundo»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.3 Tercera etapa:  La Eucaristía se vive en la solidaridad (<em>Jn</em> 13, 1-20)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Periodo: Desde el día de san Alberto Hurtado (18 agosto) hasta el Día de oración por Chile (domingo 30 de septiembre).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Signo: Celebración de la Eucaristía en periferias sociales (Hogares adultos mayores, jardines infantiles, cárceles, comedores, hospitales, etc.).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebración que realzar: Día de Oración por Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un tiempo para reflexionar acerca de la relación entre Eucaristía, vida y compromiso con la sociedad. La Misa se prolonga en nuestra existencia cotidiana transformándose en fuente de vida para nosotros y la sociedad entera. De ahí la necesidad de fortalecer la relación entre Eucaristía y vida cristiana que se testimonia en la solidaridad y en caridad fraterna. ¡La coherencia eucarística!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Eucaristía revela que el Señor Jesucristo no vino para ser servido, sino para servir (Cf. <em>Mt</em> 20, 28; <em>Jn</em> 13, 1-20). La vida entera de Jesús es una vida de servicio a la causa del Reino. Recorría todas las ciudades y aldeas proclamando la Buena Noticia, expulsando los demonios y sanando a los enfermos (Cf. <em>Mt</em> 9, 35). Un día, al ver a la muchedumbre que lo seguía, sintió compasión de ellos porque estaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. Y luego, en un gesto inaudito, los invitó a sentarse, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio a los discípulos para que lo distribuyeran entre la gente (Cf. <em>Mc</em> 6, 30-42). Este episodio de la vida de Jesús es ya un anticipo del gesto de la última cena, de su vida entregada en la cruz y la expresión concreta de la misión que el Resucitado encarga a sus discípulos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El relato de la última cena en el Evangelio según san Juan tiene un signo característico: el servicio. El hecho de que san Juan omita las palabras de Jesús al ofrecer el pan y el vino y ponga en su lugar un gesto de servicio como es el lavado de los pies a los discípulos, tiene un significado profundo: “Les he dado ejemplo para que ustedes hagan lo que yo he hecho con ustedes” (Cf <em>Jn</em> 13, 1-20), “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” (Cf <em>Jn</em> 15, 13). La conmemoración de este signo cada Jueves Santo, nos recuerda que quien come el cuerpo de Cristo y bebe su Sangre, es asociado al misterio pascual de Cristo en sentido pleno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.4 Cuarta etapa. La Eucaristía y su vinculación con la ecología integral (Mc 6, 34-44)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Periodo: Desde el día de san Francisco de Asís (4 de octubre) hasta miércoles 14 de noviembre).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Signo: Fiesta del banquete (invitar a las personas más postergadas de nuestra comunidad a una convivencia en el templo parroquial).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebración que realzar: Solemnidad de Cristo Rey del Universo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este momento tiene como objetivo reflexionar sobre la relación que existe entre la Eucaristía y nuestra responsabilidad como creyentes con el conjunto de la Creación. El Papa Francisco habla de una “ecología humana integral”; es una mirada amplia sobre el ser humano y su relación con todo lo creado. La Eucaristía que toma los frutos de nuestra tierra y del trabajo del hombre como signos del Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos lleva a “salir de nosotros mismos” y a hacernos responsables no solo del “otro”, nuestro prójimo, sino también de la Creación que Dios ha puesto en nuestras manos para que llegue a ser una nueva Creación en Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. Lema y Logo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <strong>lema</strong>, tomado de la contraseña que el Papa Francisco diera a los jóvenes en el encuentro en el Santuario Nacional de Maipú<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, está inspirado en la vivencia de san Alberto Hurtado en relación a la Eucaristía, nos recuerda que cuando nos disponemos para entrar profundamente en el misterio de la Eucaristía, el Señor nos configura con Él y nos envía a continuar su misión en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La frase está escrita con los colores de nuestra bandera de Chile y nos llama a centrar nuestro ser, personal y eclesial, en Cristo, para conocerlo, amarlo y servirlo, para hacer nuestros sus sentimientos (Cf. <em>Flp</em> 2, 5) y para convertirnos en otros “Cristos” para la Iglesia y para nuestro país, como decía san Alberto Hurtado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pregunta recoge la íntima relación que existe entre Eucaristía, vida y caridad cristiana. ¿Qué haría Cristo frente a las personas que sufren injusticias, pobreza y marginación? ¿Qué haría Cristo frente a las familias que llevan sobre sí agobios, conflictos y quiebres? ¿Qué haría Cristo frente a la soledad de los abuelos, la incertidumbre de los migrantes y la vulnerabilidad de los niños? En fin, ¿qué haría Cristo en las situaciones que nos toca vivir cotidianamente?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La respuesta la encontramos en la Eucaristía en donde hacemos memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Qué hace Cristo? Se conmueve ante las personas que sufren, pone su vida al servicio de ellas, los sana, los perdona y les comunica su vida plena. En esto consiste la vida cristiana, en hacer lo que hace Cristo. En definitiva, se trata de ser coherentes con lo que vivimos en cada Eucaristía, nos ofrecemos con Cristo al Padre y nos disponemos para entregar la vida comprometiéndonos a trabajar por la paz, la justicia y la reconciliación en nuestras familias, comunidades, en nuestro país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el <strong>logo</strong>, el conjunto de la imagen expresa lo que hace Cristo por nosotros: nos da su vida para que todos podamos tenerla, y es lo que nos invita a hacer por nuestro prójimo. De este modo la imagen se transforma en una respuesta concreta a la pregunta del lema <em>¿</em><em>Qué haría Cristo en mi lugar?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La cruz de Cristo</strong> es signo del acontecimiento que celebramos en cada Eucaristía. Jesús entregó su vida por amor al Padre y a todos nosotros: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (<em>Jn</em> 15, 13). La cruz es amarilla porque anuncia el gozo y alegría de la resurrección y nos conecta con la reciente visita del Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El mapa de nuestro país abrazado por la cruz</strong> representa a nuestra tierra chilena, las montañas, el desierto, los valles y el mar; y a cada una de las personas que habitamos en ella: los niños, los jóvenes, los adultos y los abuelos, la familia en su totalidad, los sacerdotes y consagrados, los creyentes y no creyentes, a todos los chilenos y migrantes que llevan sobre sus espaldas, agobios, cansancios, sufrimientos y dolores que necesitan del bálsamo del amor de Cristo que sana y perdona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Los brazos de Cristo</strong> se levantan desde a cruz para darnos nueva vida, esperanza, consuelo y paz.  Sus manos toman el pan, lo bendicen, lo parten y lo ofrecen para saciar el hambre de paz, justicia y reconciliación que todos tenemos y el anhelo de hacer de Chile un hogar para todos. Las llagas en sus manos nos recuerdan que el resucitado también sufrió y nos acompaña en nuestro dolor, Él es el pan de vida que nos invita a hacernos pan partido para los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Directora de la Comisión Nacional de Animación Bíblica de la Pastoral y miembro de la Comisión Organizadora del Congreso Eucarístico 2018-2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cfr. Carta Pastoral del Comité Permanente por encargo de la Asamblea Plenaria, noviembre 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cfr. Conferencia Episcopal de Chile, <em>Editoral Monseñor Santiago Silva Retamales, 4 de diciempre 2017</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Disponible en: http://www.iglesia.cl/cartas/detalle_editorial.php?idc=9</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cfr. Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ver en: http://www.vatican.va/roman_curia/pont_committees/eucharist-congr/index_sp.htm</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Catecismo de la Iglesia Católica, Nº1324.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> <em>Ídem</em>, Nº1327.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Cfr. Comité Pontificio para los Congresos Eucarísticos Internacionales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Cfr. Conferencia Episcopal de Chile, Carta de Convocatoria, 25 de mayo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cfr. Juan Pablo II, <em>Incarnationis mysterium, </em>Bula de convocación del Gran Jubileo del año 2000, Roma, 29 de noviembre de 1998. Disponible en: http://www.vatican.va/jubilee_2000/docs/documents/hf_jp-ii_doc_30111998_bolla-jubilee_sp.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Juan Pablo II, <em>Mensaje con motivo del XI Congreso Eucarístico Nacional de Chile</em>, Roma, 24 de noviembre 1980. Disponible en</h5>
<h5 style="text-align: justify;">https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/1980/november/documents/hf_jp_ii_spe_19801124_congresso-eucaristico.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Carta del Santo Padre Francisco a los Señores Obispos de Chile tras el informe de S.E. Mons. Charles J. Scicluna</em>, 8 de abril de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Misterio grande</em>, que ciertamente nos supera y pone a dura prueba la capacidad de nuestra mente de ir más allá de las apariencias” (Juan Pablo II, en un párrafo testimonial de su Encíclica <em>Ecclesia de Eucharistia</em>, Nº59).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Francisco, <em>Audiencia General</em>, miércoles 8 de noviembre de 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cf. Hurtado, Alberto, <em>¡Mi vida es una misa prolongada!</em> en “Un fuego que enciende otros fuegos”, Centro de Estudios San Alberto Hurtado, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Benedicto XVI, Carta Encíclica <em>Deus Caritas Est</em>, Nº1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Francisco, <em>Homilía en Casa de Santa Marta</em>, 10 de febrero de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cfr. Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en el Encuentro con los jóvenes en el Santuario Nacional de Maipú</em>, Santiago de Chile, 17 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Entrevista a la psicóloga Josefina Martínez, experta en acompañamiento a víctimas de abuso - por María Soledad Herrera</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/entrevisa-a-la-psicologa-josefina-martinez-experta-en-acompanamiento-a-victimas-de-abuso-por-maria-soledad-herrera/</link>
		<pubDate>Sun, 18 Nov 2018 12:53:21 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO- SEPTIEMBRE 2018)
Autor: María Soledad Herrera F., periodista
Para citar: Herrera, María Soledad; Josefina Martínez, Consejo Nacional de Prevención: <em>"Estamos en el terreno de tratar de reparar lo irreparable, y por eso debemos ponernos al servicio de las víctimas"</em>, en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre 2018, pp. 261-274.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/MSHERRERA_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Josefina Martínez, Consejo Nacional de Prevención:</strong>
<strong>"<em>Estamos en el terreno de tratar de reparar lo irreparable, y por eso debemos ponernos al servicio de las víctimas"</em></strong>
por María Soledad Herrera Fernández, periodista</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<ul>
 	<li style="text-align: justify;">
<h5><em>La psicóloga clínica describe la profundidad del daño y del dolor de quienes han sufrido abuso y encubrimiento, así como el tipo de relaciones que facilitan estos crímenes. Y advierte que estas personas muchas veces padecen más por la incomprensión y poca acogida que por el mismo abuso. Es ahí cuando “la víctima vuelve a ser víctima”, denuncia.</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><a style="color: #ff0000;" href="http://www.iglesia.cl/prevenirabusos/">VISITAR SITIO WEB DEL DEPARTAMENTO DE PREVENCIÓN DE ABUSOS</a></span></strong></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Terminada la Segunda Guerra Mundial, cuando en Europa se agotó el análisis sobre los atropellos a los derechos de las personas por parte de los Estados, se dio paso a la conversación sobre los atropellos a los derechos de las personas en el ámbito privado. Lo mismo pasó en Chile alrededor de 1992, justo cuando Josefina Martínez comenzaba a ejercer como psicóloga clínica. Ya instaurada la democracia y la protección de los derechos humanos, aparecieron por primera vez con fuerza el maltrato infantil y el abuso sexual como problemas a resolver en la vida pública de nuestro país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde entonces le tocó interiorizarse en el acompañamiento de personas afectadas por este sufrimiento, pero solo llegó a trabajar en el ámbito eclesial 20 años después, cuando en 2011 se formó el <strong>Consejo Nacional de Prevención de Abusos y Acompañamiento de Víctimas</strong>, más de un año después del estallido del caso Karadima. La fecha de la formación de dicho consejo demuestra que “<strong>la Iglesia ha llegado mucho más tarde que la sociedad civil a trabajar en este tema</strong>”, según esta psicóloga que, además, junto a otros laicos y consagrados, integra el Servicio de Escucha y Acogida para víctimas, instaurado por la <em>Misión Scicluna</em> tras investigar y develar una extendida práctica de abusos sexuales y encubrimiento en la Iglesia en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué factores facilitan o, por el contrario, previenen que una persona sea víctima de un depredador sexual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay que ser muy cuidadosos en no estigmatizar a las personas que puedan ser víctimas. No hay que señalar ciertos rasgos que puedan hacer a una persona más “abusable”, porque <strong>la vulnerabilidad está mucho más dada por la presencia o ausencia de una red de apoyo que por las características personales</strong>. Además, algunos autores incluso señalan que la sola condición de ser niño o adolescente pone en riesgo, porque hay una asimetría de poder respecto de un adulto, y si ese adulto quiere abusar, lo logrará.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ejemplo, es más vulnerable una persona que ha sido sometida a una educación sumamente autoritaria, donde desde niño ha aprendido a obedecer siempre y sin cuestionar nada, donde ha aprendido que disentir o tener dudas es algo sancionado, porque no está bien. También ocurre con alguien que se ha desarrollado en ambientes relacionales muy cerrados, donde el intercambio de opiniones está prohibido porque amenaza la forma imperante de la realidad. Esas personas, como niños, adolescentes o adultos sí serán presa fácil de un abusador, porque el abusador les va a decir “<em>la vida es así</em>” y ellos obedecerán a esa autoridad irrestrictamente, sin ninguna capacidad crítica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- Entonces, ¿cómo se puede reducir dicha vulnerabilidad?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando trabajamos en prevención de abusos planteamos muy claramente que más que enseñarles a los niños que nadie puede tocar o mirar sus partes privadas -porque difícilmente un niño se lo podrá impedir a un adulto conocido y de confianza-, <strong>lo que hay que enseñar a los niños es a desarrollar el sentido crítico</strong>. Algunos adultos tenemos terror de esa palabra, porque igualamos sentido crítico con rebeldía, y no son lo mismo. <strong>El sentido crítico es la capacidad de pensar y de registrar nuestros malestares y sensaciones</strong>, y ese es un aprendizaje del que culturalmente privamos a los niños desde muy temprano. Por ejemplo, si un niño se cae, automáticamente le decimos “<em>no dolió</em>”, “<em>no llores</em>”, “<em>ya pasó</em>” o “<em>no te enojes</em>”, y así los vamos despojando de su capacidad de registrar sus malestares. Esta forma de educar sumada a privarlos de su capacidad de pensar, de usar su propia cabeza, de pensar críticamente, da como resultado la herramienta perfecta para hacerlos proclives a un abuso. Lo lógico sería decirles “<em>¿Estás bien? Te caíste y lloras porque te dolió</em>”, porque eso reconoce lo sucedido y le permite identificar sus sensaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces no son solo las características de la personalidad, sino además <strong>los estilos de crianza, los estilos relacionales y los estilos de autoridad a los que ha sido sometido el niño lo que lo hace más vulnerable frente a un potencial abusador</strong>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Y qué ocurre en el caso de un adulto?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ocurre lo mismo. Lo que ha sido más difícil de hacer entender a lo largo de estos años, es el abuso a mayores. <strong>Si a la gente le cuesta entender el abuso adolescente, mucho más les cuesta comprender el de adultos</strong>. Si respecto a los adolescentes uno escucha “<em>bueno, pero ya tiene 17 años, ya es grandecito</em>”, entonces respecto a los mayores el abuso todavía es considerado por muchos personeros de Iglesia y de laicos como una actividad consentida. Pero <strong>los adultos pueden ser y son víctimas de abuso</strong>. En aquellos grupos donde la autoridad o el control está concentrado en una sola persona y eso se valida como algo normal, los adultos se vuelven tremendamente vulnerables, sobre todo cuando están en una condición vital de vulnerabilidad. Por ejemplo, entramos en un escenario de abuso cuando un adulto está pasando por una crisis personal, busca ayuda y se encuentran con alguien que sí lo comprende, pero que luego erotiza los vínculos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Si miramos los casos de abuso dentro la Iglesia, hemos sido un laicado bastante infantilizado, donde la figura del pastor se ha endiosado</strong>. No considerábamos posible que un sacerdote cometiera errores, porque nos olvidamos de la dimensión humana de esa persona. Les atribuimos características de bondad absoluta. Por eso, lo que decían y hacían no se cuestionaba, y cuando se les empezó a acusar de abuso no se podía concebir que fuera verdad. Entonces, con un laicado que todo se lo preguntaba al sacerdote, que toda decisión la sometía a su opinión y le hacía caso irrestrictamente, finalmente se terminó favoreciendo el abuso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Entre los mayores de edad, se da más el abuso en otros planos que no son el sexual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sí, porque hay que tomar en cuenta que todo abuso, incluso el sexual, están bajo el gran paraguas que es el abuso de poder. Y <strong>en la Iglesia, dentro del abuso de poder, se da mucho el abuso de conciencia. El drama es que no es visto como abuso</strong>. Cuesta visibilizarlo como algo que está mal. El abuso de conciencia es robarte tu conciencia, tratar de cambiar tu conciencia por la mía, donde yo te digo lo que está bien y lo que está mal. Se da cuando otro dictamina lo que tienes que pensar, sentir y hacer, porque sabe lo que es bueno para ti y tú no: “<em>Si tú quieres estar bien, me tienes que hacer caso</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso <strong>hoy día se hace la diferencia entre <em>acompañamiento</em> espiritual y <em>dirección</em> espiritual</strong>. Hay que preocuparse de que no sea solo un cambio de nombre o de lenguaje, sino que también sea un cambio en la práctica. <em>Acompañar</em> significa <em>caminar junto a</em>, es decir, caminar junto a ti y no delante de ti, ayudándote a pensar en el camino de vida que estás tomando. La palabra <em>dirección</em> comienza a ser peligrosa cuando yo como tu director espiritual siento que soy el que tiene que ir adelante y mostrar el camino, y tú tienes que ir por donde yo te digo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cuándo podemos afirmar que hay manipulación de conciencia?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Hay manipulación de conciencia cuando se te despoja de tu capacidad de discernir, de plantearte críticamente frente a las cosas, de tomar tus propias decisiones, cuando alguien coloniza tu mente y tu alma</strong>. Y llevado a casos extremos, como lo es el de Fernando Karadima, diciéndote cómo te tienes que vestir, con quién te tienes que juntar, con quién no puedes hablar, con quién te tienes que confesar. Esa fue una manipulación extrema en que él asumió el control completo sobre la vida de las personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso de conciencia se da también en el plano espiritual cuando se utilizan las creencias o elementos de la religión para manipular. Por ejemplo, cuando la persona advierte “<em>padre, creo que esto no está bien</em>” y el sacerdote te contesta “<em>no seas así, te está entrando el mal espíritu, el demonio te está haciendo dudar</em>”, etc. No es pecado tener inquietudes, dudar, y hacerlo no significa estar siendo manipulado por fuerzas demoníacas. Así, hay muchas instancias en las que se da la posibilidad de abusar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿El abuso sexual solamente se comprende desde la dimensión física?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Abuso sexual</em></strong> es una palabra compuesta y usualmente solo nos quedamos con la palabra sexual, porque es la que más nos escandaliza. Cuántas veces uno escucha que la discusión se queda en si hubo penetración o no, como si eso fuera lo único importante en un caso de abuso. Y la verdad es que <strong>el contacto físico es solo una de las dimensiones del abuso sexual, porque de hecho hay abusos sexuales sin contacto físico, pero con insinuaciones verbales, conductas exhibicionistas, conductas voyeristas, etc.</strong> El abuso sexual no es solo que alguien se metió en tu cama, sino quién es ese alguien que se metió en tu cama.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso lo más doloroso es <strong>la palabra <em>abuso</em>, que incluye el abuso de poder, que es la traición a la confianza al subvertir una relación que tenía que ser de guía, de cuidado y respeto, y en la que el otro pasó a ser utilizado</strong>. En el caso de los abusos en la Iglesia, si un sacerdote abusa de ti, ¿en quién más vas a poder confiar? Se daña la capacidad de confiar en el mundo, en las personas, en un Dios bueno que permite que pasen estas cosas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si no hemos vivido en carne propia el ser víctimas de abuso, nunca vamos a terminar de captar en toda su magnitud el sufrimiento que significa. Y yo noto que hay mucha incomprensión. Tantas veces se escucha “<em>bueno, pero si fue una tocadita, si ni siquiera alcanzó a darle un beso, si fue una mano acá</em>”, etc. <strong>Tenemos que dejar de ver el abuso solamente en su dimensión física. Verlo en la dimensión de abuso de poder y cuando es en la Iglesia, de traición en la confianza, de un atropello a la fe</strong>, porque a la víctima se le despoja de la fe y de su relación con la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- Usted dice que hay muchas instancias en las que se da la posibilidad de abusar, ¿es la Confesión una de ellas?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay áreas de riesgo, y si tú miras la casuística, la Confesión es parte del área de riesgo. A pesar de que en algunos colegios y parroquias hay prevencionistas de riesgos que revisan los lugares, instalan vidrios y cámaras, con eso no se está disipando en gran medida el peligro. Porque <strong>tenemos que entender que cuando estamos hablando de abusos de poder, mucho más peligrosos que los lugares son las relaciones de riesgo</strong>. Y esas relaciones de riesgo son las que tenemos que aprender a identificar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando uno se va a confesar va a pedir perdón por sus pecados y a buscar una palabra de aliento para salir adelante. Si una persona sale de un confesionario sintiéndose la peor de las peores, empequeñecida, eso no está bien. En esos casos hay que registrar lo que a uno le pasa, porque ahí hay algo que está mal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Confesión también se supone que hay alguien que va a referir sus faltas y no otro que va a interrogar. Por años los chiquillos se reían y contaban de sacerdotes que preguntaban de su intimidad sexual, claramente transgrediendo espacios y buscando la excitación sexual. Eso es un abuso y, afortunadamente, hoy ya hay conciencia de que eso no es gracioso, no está bien y de que es peor si, además, besa o toca al chiquillo. Todo esto es un <strong>delito</strong> al que se suma el aprovechamiento de la posición del que se confiesa, quien contando sus pecados hace un acto de humildad y se muestra vulnerable frente al otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A los sacerdotes les han enseñado qué corresponde dentro del sacramento de la Reconciliación, pero no se lo han explicado a todos los jóvenes y niños. ¿Ellos saben lo que un sacerdote puede y no puede preguntar?</strong> Tienen que saber que no les pueden preguntar si se han masturbado, ni cuántas veces o si tienen relaciones con la polola. Si un joven no se está confesando de eso, no se lo pueden preguntar. ¿Un joven sabe eso o piensa que porque el sacerdote es una autoridad espiritual se lo tiene que contestar? ¿Un niño de nueve años sabe que no se puede sentar en las rodillas de nadie?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si estudiamos cómo ocurren los abusos en nuestra Iglesia y queremos prevenir adecuadamente, los ámbitos donde hay que trabajar son la catequesis, las pastorales juveniles, el acompañamiento espiritual, etcétera, enseñando cuáles son los límites, qué se espera y qué no. De eso se trata ser un laicado más adulto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué hace que una persona permanezca en una situación de abuso? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay muy buenas razones para que una persona no cuente o para que tenga dificultades para salir de esta situación. Si está en un grupo muy cerrado, como la Parroquia de El Bosque, por ejemplo, es muy difícil tomar conciencia, porque el mundo que rodea a la víctima es homogéneo. Allí, por ejemplo, se celebraban reuniones en la que se humillaba públicamente en un juicio de pares al que se equivocaba. A muchos no les gustaban y les aterraban, pero pensaban que tenían que ser así, aunque a ellos no les gustara, porque se hacían “<em>por su bien</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cuando hay prácticas abusivas de poder, aún sin llegar a lo sexual, es muy difícil darse cuenta de ellas si no se tienen parámetros de contraste</strong>. Hay gente que sí se pudo salir de El Bosque porque alguna vez fue a una reunión con un grupo diferente, de otra congregación, por ejemplo, y vio que había formas diferentes de vivir la fe, otro tipo de sacerdotes, otro tipo de laicos, y gracias a eso pudo tomar distancia, tener parámetros de contraste y comparar. Por eso, <strong>frente a los grupos cerrados, con características de secta, en que andan todos uniformados, usan el mismo lenguaje, van a las mismas partes, uno tiene que decirse “<em>aquí algo no anda bien</em>”.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También es difícil tomar conciencia porque <strong>lo primero que se gana un abusador es la confianza de la víctima, no se aprovecha de un momento a otro, sino que ha preparado el terreno</strong>. Así, cuando entra en el plano de lo sexual y empieza a cometer actos abusivos, usualmente lo que pasará es que para conservar la figura del ídolo como alguien bueno, admirable o santo, el primer mecanismo de la víctima será echarse la culpa diciéndose “<em>soy un mal pensado</em>”, “<em>soy yo el que tengo que estar mal</em>”, “<em>me estoy pasando rollos</em>”. O más grave aún, pensando “<em>algo malo tiene que haber en mí para que yo haya tentado a este pobre hombre que es pura bondad</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta situación enfrenta a la víctima al horror y los seres humanos no siempre tenemos la capacidad de enfrentar el horror, por lo que <strong>es posible que el abusado trate de <em>disociar</em> el hecho que le es impensable y lo envíe a otro lado de la conciencia</strong>. Y aunque el acto se repite, la víctima probablemente no logra salir de esto y no puede ponerle nombre a lo que le está pasando. Es tan espantoso lo que le están haciendo, que es muy difícil nombrarlo, <strong>es muy difícil que alguien diga “<em>esto es abuso sexual</em>”. Llegar a formularlo con palabras es un gran paso</strong>. Si cuando chicos nos costaba contarle a la mamá que nos portábamos mal, hay que imaginarse lo difícil que es poder decir que están abusando de uno cuando, además, el abusador se ha encargado de confundir y manipular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Es un modo de sacar partido y controlar a la víctima?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El abusador es muy hábil para inducir la complicidad y silenciar a la víctima. Tiene una serie de tácticas para hacer sentir a la víctima que ella es partícipe de lo que hace, que es culpable y cómplice.</strong> Le ha dicho, por ejemplo “<em>tú me estabas mirando, así es que tú querías que yo viniera</em>” o “<em>esto que estamos haciendo no se lo vamos a contar a nadie</em>”. Al usar el verbo en plural, el niño, joven o adulto se siente culpable y, además, le da una orden para silenciarlo. Ese silenciamiento también puede ser del tipo “<em>es tu palabra contra la mía</em>” o “<em>si tú cuentas esto yo voy a contar el pecado que tú me dijiste</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De verdad <strong>hay que entender los abusos sexuales prolongados, los que se perpetúan en el tiempo, como un verdadero lavado de cerebro</strong>. Es tan así que una víctima incluso puede llegar a irse sola a la pieza del abusador, sin una orden de por medio. A veces, basta con un simple y sutil gesto. Por ejemplo, si cada vez que la víctima se demora o no quiere acceder a las aproximaciones del abusador, este se pone mal genio y agresivo con los hermanos menores de la víctima, y esa niña aprende que la única manera de calmar a este hombre es sacrificándose ella misma. Entonces sufre la paradoja de no tener poder para salirse de esa situación y de tener poder para controlar la conducta del abusador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El caso de James Hamilton es lo mismo. Cuando se habla de adultos cuesta creer que puedan ser abusados, pero lo que pasa es que él estaba “<em>programado</em>”, había sufrido un lavado de cerebro. James Hamilton lo ha dicho en entrevistas, que él fue capaz de rebelarse cuando estando en la Parroquia de El Bosque perdió de vista a su hijo, lo encontró en la pieza con Fernando Karadima y en ese momento él despertó y se dijo “<em>a mi hijo no</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Hay pistas que puedan ayudar a detectar situaciones de abuso?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es fácil, porque los indicadores de abuso son inespecíficos y no hay ninguno que esté siempre presente y se repita en todos los casos. <strong>Lo que sí se repite es que las víctimas son culpadas por sus síntomas. Cuando aparece una víctima, al mismo tiempo se presenta gente que la critica y descalifica su testimonio</strong> con comentarios tipo “<em>es una persona desequilibrada</em>”, “<em>mira cómo habla</em>”, “<em>yo le conozco tantas cosas</em>”, etc., y son estigmatizadas y tratadas de locas. Estos comportamientos son mecanismos de protección social. Debemos aprender a detenernos antes de juzgar a una persona por las conductas que exhibe y preguntarnos qué dramas puede haber detrás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Las mismas víctimas describen el camino de superación que recorren como arduo, largo, doloroso, difícil, asustador, de abismos, lleno de escollos y retrocesos</strong>. Reconocerse como víctima al ver una película, al leer un artículo de una revista, al escuchar un programa de radio, decir “<em>eso mismo me pasó a mí y se llama abuso sexual</em>”, hablarlo con alguien de confianza, esos son los primeros pasos del camino. Hay gatillantes que pueden empujar a tomar conciencia de que se está siendo abusado, pero en vez de esperar un gatillante, la toma de conciencia se hace mucho más fácil cuando la persona logra hablar, y cuando hay un otro que le pone un nombre a lo que vive la víctima y le hace ver que está siendo abusado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El camino de la superación es un camino que no se puede recorrer en soledad porque siempre requiere un otro, alguien que te crea, te valide, te reconozca como víctima y como persona. <strong>Las víctimas son personas que necesitan que les reconozcan que no les creyeron, que no los escucharon, que los dejaron botados por años</strong>. Cuando piden indemnizaciones buscan reconocimiento, porque la plata pasa a ser un símbolo para admitir que con ellos no se actuó como se debía. Lamentablemente, a veces llega un momento en que es muy tarde, que cuando nos hemos demorado tanto ya casi nada basta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué pasa cuando a una víctima no se le cree?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Eso es fatal. Es un segundo abuso, hay una <strong><em>revictimización</em></strong>. Yo me atrevo a decir casi sin temor a equivocarme que <strong>las víctimas de abusos sienten más dolor por lo que hacen y no hacen los terceros, que por lo que hace el mismo abusador</strong>. Las personas, en general, no esperan nada de quien abusó de ellos, pero esperan todo de los terceros: esperan de las autoridades que las protejan, esperan de los papás que las protejan. A veces, <strong>también sucede que a quienes han sido abusados sí les creen, pero no les ayudan, o los culpan o estigmatizan. Y todo eso es revictimizar, es victimización secundaria. La víctima vuelve a ser víctima. </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos que comprender, entonces, que el daño del abuso no es causado solo por las acciones del abusador. <strong>Los terceros podemos sanar o aumentar el sufrimiento. Y las víctimas se enojan mucho más con los terceros que con los victimarios</strong>. Es lo que pasan con los denunciantes de Fernando Karadima respecto de monseñor Errázuriz y monseñor Ezzati.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cómo se explica que una víctima de un miembro de la jerarquía de la Iglesia esté dispuesta acercarse a un sacerdote para hablar de su abuso?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los sacerdotes reciben permanentemente durante la confesión develaciones de abuso, y se dan cuenta de que a esa persona no la verán nunca más, pues buscó intencionadamente a un presbítero lejano a su círculo, a alguien que no conocían. Esos sacerdotes se preguntan “<em>¿Qué hago yo para ayudar a esa persona en cinco minutos?</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para empezar, es fundamental comprender que esa víctima está mencionando el asunto en confesión porque se siente culpable y está confesando un pecado. <strong>Lo primero, entonces, es que el sacerdote le libere de culpa y le explique que no tiene nada de qué confesarse, que el pecado lo ha cometido el abusador, que él o ella es la víctima</strong>. Luego pasar a agradecer la confianza, mostrarle su valentía al acercarse y ponerle el nombre de abuso a lo que le está pasando. Ojalá, además, invitarle a denunciar y ofrecerse para seguir en contacto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los sacerdotes son rápidos para derivar a las personas donde una sicóloga o un abogado y eso está muy bien. Pero <strong>para la víctima es gravitante que no se le deje sola. Además de la compañía profesional necesita compañía en el plano humano.</strong> La persona se tiene que sentir escuchada y saber que su contraparte entiende que su sufrimiento es hondo, que se le va a acompañar y que, si la llegan a derivar, no la están dejando sola ni se están deshaciendo de ella, sino se va a querer saber cómo le fue y seguir en contacto. Hay que estar dispuesto a no huir del dolor de acompañar a alguien. <strong>La queja de la mayoría de las víctimas es “<em>yo conté y me dejaron solo, nunca más nadie me preguntó ni me informó de nada</em>”.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y, por último, tampoco se puede dejar de tener presente que hay que alentar la denuncia de abuso. Y en ese sentido es tan importante comentar que <strong>todavía hay sacerdotes, aunque cada vez menos, que muy bien intencionadamente invitan a las víctimas de abuso a guardar silencio</strong>. Lo hacen pensando que a la persona le va a doler más o va a revivir su sufrimiento al hacerlo público, o que va a afectar a su familia en vez de permitir que el tiempo sane sus heridas ¡El tiempo no cura todo! <strong>En esto el paso del tiempo no es terapéutico. Es impactante ver a una persona que sufrió abusos hace 40 años y hoy llora como si hubiera sido ayer</strong>. Pedir que no lo cuenten es coludirse con el victimario y condenar a la víctima a no sanarse. Es injusto pedirle a una víctima que se siga sacrificando por un bienestar mentiroso del entorno, a costa de ella, muriendo sin decir nada o llegando incluso a suicidarse por no poder cargar con ello.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cómo se explica que las personas puedan callar o incluso “olvidar” por tanto tiempo el sufrimiento del abuso?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La disociación lo explica en parte, pues se trata de un mecanismo protector que tiene la mente cuando hay hechos demasiado horrorosos que la persona no está preparada para enfrentar en ese minuto. Lo que hace la mente es que los disocia, es decir, los envía fuera de la conciencia. Y hay distintos tipos de disociaciones como, por ejemplo, la víctima que dice que cuando abusaban de ella era su cuerpo el que estaba presente, pero que su mente estaba en otra parte, que estaba como desdoblada. O las víctimas que cuentan que olvidaron el abuso por mucho tiempo. Todos esos ejemplos de disociación funcionan hasta que años más tarde un evento gatilla el recuerdo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué favorece que la persona pueda hablar?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que para que las personas estén dispuestas a hablar, lo primero es poner el tema: en los colegios, en las parroquias, en la comunidad, en el grupo scout, en las charlas matrimoniales, en las catequesis, en todos los espacios eclesiales. Tiene que quedar el mensaje que en este lugar estos temas se hablan. Eso es romper el silencio, porque <strong>los abusadores sacan provecho del silencio</strong>. Cuando los temas se abren se permite ponerle un nombre a la vivencia de las víctimas para que reconozcan lo que les sucede y luego lo puedan contar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Usualmente las denuncias tienen un componente muy altruista que a mí me emociona profundamente. Las personas vienen a denunciar por varios motivos, por ejemplo, para que esto no le pase nunca más a nadie, y porque si así fuera no podrían vivir con el peso de su conciencia de que por su silencio no se salven algunos. Y lo otro que mueve a la denuncia, y que no es un afán de venganza, es el poner el propio sufrimiento al servicio de otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También hay que hablar del tema en la Iglesia, porque el conversarlo permite a los pastores mostrar su postura pro-víctima. A veces en homilías hay sacerdotes que se lamentan de que “<em>hay personas que quieren aprovecharse de los casos de abuso para hacer daño a la Iglesia</em>”, y eso solo causa más daño y cierra las puertas para que las víctimas se acerquen. Esto tiene que ver con que se denuncien los atropellos y las injusticias y no con hacer daño. En la Iglesia sale mucho más natural recibir a una víctima que está sufriendo y consolarla. Pero, como dice Jorge Barudy, el indignado es aquel que está en la lucha por recuperar su dignidad. Y por eso te encuentras con mucha gente enojada, que no se le ha recibido bien en la Iglesia porque se piensa que le quieren hacer daño solo porque están indignados. <strong>Nos ha faltado humildad, porque en vez de acoger y escuchar a esta gente a la que se la quebrado la biografía, lo que hemos hecho es defendernos</strong>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Y para sanar eso habría que pedir perdón?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos que comprender que <strong>estamos en el terreno de tratar de reparar lo irreparable, y por eso debemos ponernos al servicio de las víctimas haciendo lo posible para que puedan cicatrizar sus heridas y que estas les duelan menos</strong>. Por eso quieren que se les oiga, que se sepa la verdad, que se les reconozca, que se les pida perdón como corresponde.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lamentablemente las palabras perdón y vergüenza ya está demasiado manoseadas. Se pide perdón por lo que uno mismo ha hecho y las palabras se dirigen a alguien: Porque no creí en su momento, porque no pensé que era tan grave, porque no supe ver lo que pasaba, porque no me di cuenta, etc. Y <strong>el pedir perdón, además, se acompaña de medidas concretas, porque si no, no sirve</strong>. Eso es lo que ha pasado con el Papa, porque pidió perdón, hay cinco obispos menos, se anunciaron medidas de corto mediano y largo plazo, pero nadie tiene idea si estamos en las de corto plazo o ya cumplimos con las de mediano plazo. Nadie tiene idea de nada, nadie conoce el itinerario, entonces las víctimas se preguntan “<em>qué fue esto</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Creo que en nuestra Iglesia tenemos una cultura que evita conflictos, que sobrevalora la armonía, que no permite desmarcarse y que hace sentir culpable o en pecado a quienes no están de acuerdo con la autoridad</strong>. Uno sí puede decir “<em>yo no estoy de acuerdo con que esto se haya hecho así</em>”, “<em>yo no estoy de acuerdo con que se ocupe de nuevo las palabras dolor y vergüenza</em>”. Hacer eso es muy difícil porque tenemos que estar todos de acuerdo. Y por eso nos acusan de defensa corporativa. Entonces, efectivamente, hay un excesivo cuidado por el buen nombre de la Iglesia que está cada vez más manchado y que es justamente de lo que nos acusan, de poner a la institución antes que a las personas. Hay una reacción diferente por parte de las víctimas cuando un pastor humilde dice que sí lo hicimos mal, que sí nos equivocamos, que sí se llegamos tarde. Sé que muchos que lo han hecho.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué tiene que hacer un sacerdote para transmitir confianza y, además, estar tranquilo frente a sus feligreses?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Es difícil ser sacerdote hoy. El camino sería fomentar la mayor participación posible del laicado, que todo sea transparente y contribuir a educar en la confianza lúcida</strong>, de la que hablan en la Fundación para la Confianza. Hay que seguir ciertas normas como, por ejemplo, que un adulto nunca esté solo con un niño y que al menos haya alguien más. Para no caer en paranoias de desconfianza, educar en cuáles son los límites de una relación sana. Por ejemplo, conversar en conjunto con los acólitos y los padres de los acólitos respecto a qué se puede hacer y qué no se puede hacer. Eso a nivel parroquial, y a nivel más macro hay que hacer lo que ha pedido el Papa a las Conferencias Episcopales, que todo agente pastoral y sacerdote tenga una formación mínima en temas de abuso y luego continuar en actualización permanente. Se entiende el cansancio y lo golpeados que están los sacerdotes hoy día, <strong>la rabia que da que la Iglesia sea conocida por los abusos y no por el bien que hace, pero el abuso es un tema que ha estado callado por demasiados años y eso tiene su precio. Mientras más se hable es mejor</strong>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>San Óscar Romero: Justicia y perdón como camino para detener la violencia - Diego Miranda T., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/san-oscar-romero-justicia-y-perdon-como-camino-para-detener-la-violencia-diego-miranda-t-pbro/</link>
		<pubDate>Mon, 26 Nov 2018 08:10:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)
Autor: Diego Miranda Toledo, pbro.
Para citar: Miranda, Diego; <i>La Justicia y el Perdón como camino para detener el círculo de la violencia: La predicación de monseñor Óscar Romero en los funerales de tres sacerdotes asesinados,</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre de 2018, pp. 183-199.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/DMIRANDA_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>La Justicia y el Perdón como camino para detener la violencia: La predicación de monseñor Óscar Romero en los funerales de tres sacerdotes asesinados</strong>
<strong>Diego Miranda Toledo, pbro. </strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción. La Violencia del amor.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Una Iglesia que no se une a los pobres, para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen, no es la verdadera Iglesia de Jesucristo</em>”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La mañana del 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la misa en la capilla del hospital Divina Providencia en san Salvador, una repentina ráfaga de balas interrumpió la celebración de la eucaristía. En ese momento, mientras ofrecía el sacrificio de Cristo en la cruz, monseñor Oscar Romero hizo también entrega de su vida en el altar, mezclando su sangre con la de Cristo en el cáliz. Se materializó de este modo lo que ya muchos presentían que podía suceder, y que él mismo, en más de alguna ocasión, había anunciado como posible: su propio martirio. De este modo llegó a su fin el ministerio pastoral que monseñor Oscar Arnulfo Romero ejerció por casi tres años en la arquidiócesis de San Salvador, ministerio que estuvo siempre amenazado por la violencia y la persecución que tanto él como muchos de sus sacerdotes y feligreses padecieron por los grupos armados que oprimían en ese momento a sus ciudadanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Resulta curioso, no obstante, constatar que cuando Romero asumió la dirección pastoral de su arquidiócesis, era considerado un sacerdote conservador, un “ratón de biblioteca”, un obispo de bajo perfil, que no se inmiscuiría en temas conflictivos y que mantendría una distancia prudente con la coyuntura política. Y así fue durante los primeros meses, hasta que el 12 de marzo de 1977 muere asesinado uno de sus sacerdotes: el padre Rutilio Grande. Efectivamente, se cuenta que en ese momento se produjo un antes y un después, una especie de conversión en Romero. El testimonio del padre Grande, y el de otros de sus sacerdotes que fueron martirizados por anunciar el Reino de Dios, fue para el arzobispo la oportunidad de tomar conciencia no solo de la realidad de persecución y violencia que padecían tanto la Iglesia como el pueblo de San Salvador, sino también la insoslayable misión que le correspondía al él como pastor de esa porción del Pueblo de Dios. Y comenzó su valiente predicación, haciendo un incesante llamado al cese de la violencia y de la represión:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana </em>[…] <em>es algo tan serio y tan profundo, más que la violación de cualquier otro derecho humano, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz. ¡Lo que más se necesita hoy es un alto a la represión!</em>”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo comenzó su itinerario hacia el martirio. Creciendo en una conciencia cada vez mayor del peligro que entrañaban sus palabras y de los enemigos que se granjeaba con ellas, fue asumiendo con espíritu de fe esta vocación martirial que comenzaba a aparecer en el horizonte de su ministerio episcopal. Recibió amenazas, fue difamado y calumniado y, no obstante, siguió adelante con su grito claro y valiente de cese a la represión:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede permanecer callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre</em> […] <em>en nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios: ¡Cese la represión!</em>”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
[caption id="attachment_876" align="aligncenter" width="235"]<img class="wp-image-876 size-large" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/PADRE-RUTILIO-GRANDE-235x235.jpg" alt="" width="235" height="235" /> Padre Rutilio Grande (1928-1977)[/caption]
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas últimas palabras las dijo en un sermón que pronunció el día antes de su asesinato, en las vísperas de su martirio, y al parecer fueron las que precisamente sellaron su destino. <em>Les suplico, les ruego, les ordeno, en nombre de Dios</em>, y precisamente fue en nombre de ese Dios al que había consagrado toda su vida que derramó su sangre en el altar, junto a la sangre del Cordero de Dios, Jesucristo, en quien mueren todos los mártires de la historia. Óscar Romero, como mártir de Jesucristo, murió abrazado al crucificado, y de este modo, con su muerte, pronunció su última y más hermosa homilía: su martirio. Ese sermón aún resuena en cada uno de los que, al igual que él, dan su vida por Cristo y por los pobres de la tierra, reconociendo que solo una violencia está permitida, la más radical de todas, la más efectiva, la más valiente y la única que en definitiva puede transformar a la humanidad: la violencia del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Jamás hemos predicado violencia. Solamente la violencia del amor,</em><em> </em><em>la que dejó a Cristo clavado en una cruz, la que se hace cada uno para vencer sus egoísmos y para que no haya desigualdades</em><em> </em><em>tan crueles entre nosotros. Esa violencia no es la de la espada, la del odio, es la violencia del amor</em>”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Martirio y ofrenda </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">“[…] <em>podríamos decir que todo el mensaje podría llevar este título: Un asesinato que nos habla de resurrección</em>”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Toda una vida de entrega y ofrenda por el Pueblo de Dios que se le había confiado, encontró su desenlace coherente en el martirio de monseñor Oscar Romero mientras celebraba la eucaristía en la capilla del hospital Divina Providencia. El modo cómo enfrentó ese momento final y decisivo, qué cosas pasaron por su corazón de pastor y de creyente, están reservadas al conocimiento íntimo que solo Dios tuvo de los pensamientos de Oscar Romero al momento de caer abatido por las balas. No obstante, gracias a los mensajes que nos fue entregando en sus predicaciones, podemos visualizar cómo es que el arzobispo de San Salvador comprendía el tema del martirio cristiano. Nos parece que, de modo especial, es posible visualizar esto en las homilías que realizó en las misas fúnebres de tres de sus sacerdotes asesinados<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En ellas va dejando traslucir una conciencia eclesial, una mirada de fe y un corazón profundamente humano, que hace del misterio del martirio, un misterio de perdón y resurrección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un primer elemento que queremos destacar es su profundo sentido de Iglesia y de la vocación al martirio que la ha acompañado a lo largo de toda su historia. Así decía en su homilía en la misa de despedida del padre Grande:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande en su muerte con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia, muere con ellos y se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama, y es significativo que mientras el padre Grande caminaba para su pueblo a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, así fue donde cayó acribillado</em>”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según algunos autores, efectivamente al momento de ser testigo del martirio de Rutilio Grande, se produce una verdadera conversión, un antes y un después en su vida y en la comprensión que tenía monseñor Romero sobre la situación que se estaba viviendo en su país y sobre el rol que la Iglesia estaba llamada a asumir. Contemplar un martirio perpetrado en la persona de un sacerdote implicó para el arzobispo una nueva mirada y una nueva perspectiva de las cosas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, para monseñor Romero el martirio es una consecuencia, en ocasiones inevitable, de la predicación del Evangelio y del anuncio del Reino. La oposición natural que encuentra este anuncio en tantos lugares convierte el mensaje del Evangelio en un mensaje peligroso, incómodo, indeseable, rechazado y en ocasiones abiertamente perseguido. Para el arzobispo esto asume una especial profundidad en lo que se refiere al ministerio sacerdotal, encontrando en el martirio la ofrenda definitiva de una vida entregada por amor. Leemos en sus palabras en el funeral del padre Navarro:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Este triunfo del sacerdocio, el ideal que nos hermana con él, es un ideal que no perece, y en que cada sacerdote asesinado hay un nuevo impulso esperanza, de alegría y de fervor en el que vive el sacerdocio. Es un ideal que no se puede marchitar, es un ideal que de la misma muerte hace surgir la vida, es el ideal que tuvo Alfonso Navarro al decir, como presintiendo su muerte: No me lloren, canten, pónganme claveles rojos porque será mi alegría emigrar con este ideal al cielo</em>”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Será de este modo un proyecto de esperanza el que dará verdadero sentido y radical profundidad a la mirada cristiana sobre el martirio. El asesinato de un sacerdote es, para Romero, junto a un momento de dolor por la muerte violenta de un hermano, un aliciente para seguir adelante con decisión y valentía:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>¡Quién le iba a decir que el asesinato de que él es objeto (el padre Navarro) había de ser una bandera para nosotros, los que seguimos la peregrinación! Sintamos que este ideal que sustentó la vida de Alfonso Navarro no muere. Que, purificando las imperfecciones humanas que pudo tener, la transmisión de este mensaje divino nadie la puede detener, y aquí prometemos ante el cadáver de un sacerdote muerto, nosotros, los sacerdotes, lo que decíamos en el comunicado hace pocos días: Queremos ratificar nuestro juramento de fidelidad a la palabra de Dios, de fidelidad al magisterio de la Iglesia</em>”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lejos de lo que podría pensarse, para hombres de fe, la muerte por amor y fidelidad a Jesucristo son un impulso para continuar la peregrinación, para seguir adelante. De esta manera, en medio del dolor y la tristeza que embarga al presbiterio y a toda la comunidad eclesial, monseñor Romero rechaza el derrotismo e invita a la esperanza:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Si vamos a sepultar a un hermano nuestro, no nos batimos en la derrota, sentimos que falta un soldado en nuestras filas, pero sentimos que cualquiera tiene que llenar ese espacio que ha quedado, porque esta predicación de la palabra y del magisterio, tal como lo quiere la Iglesia de hoy, como la Iglesia de siempre, es una exigencia como aquella que hacía a los profetas temblar ante su tremenda misión para ser fieles a Dios y no traicionar jamás su mensaje</em>”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así vamos desvelando una concepción de la muerte, del martirio y del dolor por la pérdida de un hermano, cargada de profundo sentido de fe y de esperanza. La Iglesia, por seguir las huellas de un Mesías crucificado, tiene al mismo tiempo vocación martirial. De aquí que, para Romero, el padre Navarro muerto sea <em>“</em>[…]<em> la figura de la Iglesia acribillada en este momento”</em><a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, vale decir, la participación más excelente del misterio de Cristo y de la Iglesia, se manifiesta en una vida entregada por amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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[caption id="attachment_880" align="aligncenter" width="235"]<img class="wp-image-880 size-large" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/PADRE-ALFONSO-NAVARRO-235x235.jpg" alt="" width="235" height="235" /> Padre Alfonso Navarro (1942-1977)[/caption]

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<h5 style="text-align: justify;">Aquí Romero, conocedor profundo de la historia de la Iglesia, identifica a los mártires como compañeros de camino de la marcha de toda la comunidad de los discípulos de Cristo. Bajo esta comprensión se hace eco de las palabras proféticas de Tertuliano que han dado orientación a la creación de una verdadera espiritualidad del martirio, reconociendo que el testimonio de quienes mueren a causa del odio a la fe emerge como el más excelente canal de evangelización que la Iglesia puede ofrecer:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Nos encomendamos a ti, nosotros tus hermanos, querido Alfonso, pues seguimos temiendo lo que tú temías, pero esperamos que un sentido humanitario dirija los corazones de los hombres, para que tu muerte, en vez de ser una invitación a la violencia, sea más bien un mensaje de sangre, pero de sangre de mártires, que sea semilla de cristianos y nueva fuerza de amor en tu Iglesia</em>”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para monseñor Romero el martirio del cual él fue testigo en la persona de algunos de sus sacerdotes, tiene en sí una profunda carga profética. A medida que fue contemplando la muerte de sus hermanos en el ministerio, fue madurando en él una noción del martirio, no simplemente como construcción teórica, sino, sobre todo, como un proceso de profundización en la experiencia cristiana de la Cruz y la Resurrección, que se actualiza en quienes son víctimas de la violencia y las injusticias. Así, toda la predicación de Romero estuvo marcada por esta verdad, y fue encontrando en su denuncia fuerte y valiente contra la violencia, que tan fuertemente golpeaba a su nación en esos días, un lugar de concreta materialización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Lucha contra la violencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El martirio es siempre una muerte violenta, una violencia final que hunde sus raíces en una serie de violencias anteriores, una cadena de violencias que de algún modo han decantado en un acto final, y que llegan a su cumbre en la muerte de un ser humano. Esto estuvo siempre claro en la predicación de monseñor Romero. En su querido San Salvador, el conflicto político-social desencadenó en esos años una serie de actos violentos que fueron en una escalada de cada vez mayor intensidad. De aquí que en su predicación y en su actuación como pastor, casi como <em>leivmotiv</em>, es posible visualizar una denuncia firme y constante de la violencia. Esto también queda de manifiesto en la homilía de despedida del padre Grande:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>El amor del Señor inspira la acción de Rutilio Grande. Queridos sacerdotes, recojamos esta herencia preciosa. Quienes lo escuchamos, quienes compartimos los ideales del Padre Rutilio, sabemos que es incapaz de predicar el odio, que es incapaz de azuzar la violencia</em>”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La muerte violenta de un sacerdote es propuesta por el obispo como camino para frenar la violencia, para detener el odio, en virtud de que, para él, la violencia no puede ser el camino para la solución de los conflictos sociales. De aquí que su oposición a la violencia sea clara y radical:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Nosotros hacemos un fuerte rechazo a la violencia, pues la violencia no resuelve nada, la violencia no es cristiana, no es humana. La violencia, sobre todo cuando pisotea el quinto mandamiento: No matarás, en vez de traer bienes trae angustias y zozobras</em>”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El camino, por lo tanto, será descubrir cuáles con las causas que suscitan la violencia para detenerla antes de que se produzca. En esto, para Romero, la responsabilidad es compartida. No solo son violentos los que agreden, los que matan, sino también los que de alguna forma son cómplices de este tipo de actos. Por lo mismo, es responsabilidad de toda la sociedad y de cada uno de los actores que se dan cita en ella generar los medios y desplegar los mecanismos para frenar la violencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>La violencia la producen todos, no solo los que matan, sino los que impulsan a matar. Queridos hermanos, la violencia, aún en aquellos que no hacen lo posible por descubrir sus orígenes, es criminal. La vida es sagrada, y la Iglesia está al lado de defender la vida, sin considerar motivaciones políticas o de otro tipo, solamente porque es un pecado quitar la vida</em>”<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un tema que estuvo presente constantemente en la preocupación de monseñor Romero fue la defensa de la vida y de los derechos humanos. Desde el reconocimiento del valor sagrado de la vida humana, fue siempre clara y firme su denuncia contra todo lo que amenazaba la vida, en cualquiera de sus formas. La fe cristiana, de este modo, necesariamente conlleva compromisos concretos, sociales y políticos, con la defensa de la vida y la denuncia de todo tipo de violencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Creemos en Dios, predicamos la esperanza y morimos convencidos de esa esperanza </em>[…]<em> no será por tanto por los espejismos del odio, por la filosofía del diente por diente, pues esto es criminal, por donde se construirá una sociedad más justa, sino más bien por esta otra: Amaos los unos a los otros. No por los caminos del pecado, de la violencia, se va a construir un mundo nuevo, sino por los caminos del amor</em>”<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los únicos caminos que puede transitar la Iglesia son los caminos de la paz, la justicia y el perdón. Cualquier tentación de responder violentamente a la violencia, de azuzar el odio, de fomentar la enemistad, junto con ser anticristiana, obstaculiza la construcción de una sociedad conforme al ser humano y a su dignidad. La muerte violenta de un sacerdote emerge como un momento propicio para predicar la paz, el amor y la reconciliación:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Hermanos salvadoreños, cuando en esta encrucijada de la patria parece que no hay solución, y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos: bendito sea Dios, que, en la muerte del Padre Grande, la Iglesia está diciendo: sí, hay solución, la solución es el amor, la solución es la fe, la solución es sentir la Iglesia no como enemiga, la Iglesia es el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres</em>”<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es altamente significativo que, precisamente en un momento de dolor y sufrimiento por la muerte violenta de un hermano, Romero invite al amor y a la reconciliación. Es como si efectivamente aquí se diera cita la paradoja del Evangelio, que invita a poner la otra mejilla<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a> y a no responder al mal con mal, sino vencer al mal a fuerza de bien<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. Sin exculpar a los autores del asesinato, quienes caen en excomunión<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>, tal como lo reitera en sus homilías, busca cerrar el círculo de la violencia no predicando el odio o la venganza, sino que promoviendo la construcción de una sociedad con valores profundamente humanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Lejos de nosotros, ya que lo repudiamos por completo, el sentido del odio, de la violencia. Lejos de nosotros esos sentimientos que destruyen y matan, pero no pueden construir ni hacer feliz a nadie ni mejorar el mundo</em>”<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Será por tanto la lucha contra la violencia, que ha encontrado en la muerte de sacerdotes mártires una de sus expresiones más radicales, uno de los elementos centrales presentes tanto en la predicación como en las actuaciones de monseñor Romero. Para él el Evangelio de Jesucristo promueve un camino de reconciliación y de paz, que emerge como eje central de la enseñanza de la Iglesia, de modo especial en tiempos de persecución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Liberación integral</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>He recibido cartas de España en que me critican como el más grande comunista, pero les he suplicado que vengan a conocer la realidad y que verán que no soy más que un cristiano que trata de defender el Evangelio precisamente de las ideologías que puedan hacer perder la gracia de nuestro pueblo</em>”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de su vida, y especialmente cuando su predicación comenzó a ser cada vez más incisiva respecto de la realidad de violencia e injusticias que azotaban a San Salvador, monseñor Romero recibió una serie de ataques personales, especialmente dirigidos a desacreditar sus mensajes y enseñanzas, acusándolas de ser, a fin de cuentas, meras declaraciones políticas. Se le llamó comunista, revolucionario, agitador de masas y enemigo del orden. Se buscó, mediante una lectura parcial de sus predicas y homilías, denostar su mensaje y, de este modo, quitar fuerza y deslegitimar su enseñanza. Romero fue plenamente consciente de esto, y hablando de sí mismo y de los sacerdotes asesinados, fue siempre claro en señalar que su predicación era siempre una predicación evangélica, las eucarísticas eran reuniones de fe, y la perspectiva que orientaba sus palabras era siempre la enseñanza de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Jamás, hermanos, a ninguno de los aquí presentes se le vaya a ocurrir que esta concentración en torno al Padre Grande tiene un sabor político, un sabor sociológico o económico. De ninguna manera. Es una reunión de fe. Una fe que, a través de su cadáver muerto en la esperanza, se abre a horizontes eternos</em>”<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí entra con fuera la noción de liberación integral, que siempre estuvo presente en el horizonte de su enseñanza como pastor. No cualquier liberación, sino una liberación trascendente, fundamentada en el Evangelio y proyectada a la vida eterna. Tanto él como sus sacerdotes muertos, tenían este telón de fondo en su labor pastoral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>La liberación que el padre Grande predicaba está inspirada por la fe, una fe que nos habla de una vida eterna, una fe que ahora él, con su rostro levantado al cielo, acompañado de dos campesinos la ofrece en su totalidad, en su perfección, la liberación que termina en la felicidad de Dios; la liberación que arranca del arrepentimiento del pecado, la liberación que se apoya en Cristo, la única fuerza salvadora; esta es la liberación que Rutilio Grande ha predicado y por eso ha vivido el mensaje de la Iglesia</em>”<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De aquí su rechazo abierto a toda ideologización del Evangelio y a cualquier instrumentalización de su enseñanza. Es la fe en el Dios de Jesucristo y su proyecto de liberación integral lo que inspira a Romero y a sus sacerdotes. Por esto le decía con claridad a su clero en la misa funeral del padre Grande:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>No nos desunamos con ideologías avanzadamente peligrosas, con ideologías inspiradas no en la fe, no en el Evangelio</em>”<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Afirmando claramente la dimensión política de la fe<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>, reconoce que las ideologías, lejos de orientar soluciones humanas y evangélicas, llevan a una profunda división que atenta contra la comunión del Pueblo de Dios. En un momento de la historia donde las ideologías, de derecha y de izquierda se abrían paso con fuerza en las comunidades eclesiales, llevando a interpretaciones erróneas del mensaje evangélico y de la enseñanza de la Iglesia, Romero es valiente en denunciar y claro en afirmar, por ejemplo, la incompatibilidad del comunismo con la fe cristiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Los sacerdotes vivimos de una esperanza, y por lo mismo no podemos ser comunistas, porque el comunismo ha mutilado esa esperanza del más allá</em>”<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí radica la clara consciencia de fe y la innegable mirada creyente de monseñor Romero. Ante las denuncias infundadas contra él y sus sacerdotes, acusándoseles de marxista, revolucionarios, agitadores del pueblo, el alza la voz y rechaza abiertamente estas acusaciones, que no buscaban sino quitar fuerza a su predicación y enlodar la imagen de la Iglesia, restándole credibilidad. Esto es, para él, algo profundamente injusto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Si no se le quiere creer a la Iglesia, si a los sacerdotes se les está confundiendo con guerrilleros, si a nuestra misión evangélica se le está confundiendo con marxista y comunista, no es justo, hermanos</em>”<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante todo, su predicación es evangélica, pues él, como pastor y hombre de fe, hace de la Palabra de Dios su guía y su orientación. No obstante, Romero reconoce que la predicación de la Iglesia, como lo afirma la Doctrina Social de la Iglesia, tiene necesariamente implicancias políticas en virtud de que la fe cristiana, por ser una fe encarnada, busca iluminar las realidades terrenas con la luz que proyecta el Evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Este es el pueblo que está reflexionando aquí, junto a la catedral; y de las lecturas bíblicas </em>[…]<em>, solamente para enfocar desde el evangelio y desde la teología, desde la pastoral, porque quiero ratificar que mis predicaciones no son políticas, son predicaciones que, naturalmente, tocan la política, tocan la realidad del pueblo, pero para iluminarlo y decirle qué es lo que Dios quiere y qué es lo que Dios no quiere</em>”<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La política y la realidad del pueblo son una realidad que interesa a la Iglesia, pues pueblo, <em>polis</em>, es el lugar donde se desarrolla la vida humana y, por tanto, toda enseñanza de la Iglesia encuentra, también ahí, un lugar propio. Ante un escenario social dramático, donde sacerdotes y laicos eran asesinados, donde las condiciones del Estado de derecho estaban en juego y el bien común en serio peligro, necesariamente la palabra de un pastor debía versar sobre estos temas. Para Romero, aquí radica precisamente el sentido trascendente de la liberación cristiana. Lo que hace la diferencia entre una predicación evangélica y una predicación solo política es, en efecto, la mirada trascendente que acompaña a la primera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Sin Dios no puede haber un concepto verdadero de liberación. Liberaciones inmediatistas sí las puede haber, pero liberaciones definitivas, solidas, sólo los hombres de fe las pueden realizar</em>”<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí se verifica injusta e infundada toda denuncia que acuse a monseñor Romero de ser un agitador social, un sacerdote comunista o un obispo ideologizado. Su enseñanza estuvo siempre preñada de Evangelio, sus predicaciones fueron siempre inspiradas por la Palabra de Dios y sus eucarísticas fueron siempre reuniones de fe. De aquí que la liberación que predicó y defendió hasta dar su vida, fue siempre una liberación cristiana, trascendente e integral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. El perdón como cese a la violencia </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A estas alturas podemos ir evidenciando como para Romero la reconciliación emerge como un momento que se va desarrollando en distintas etapas. Una sociedad herida y dañada por las luchas internas debe ir desde una oposición a la violencia y un proyecto de liberación integral, dando espacio cada vez con más fuerza y cada vez con mayor intensidad, a dinámicas de encuentro y reconciliación. Ahora bien, nada de esto es posible, señala el arzobispo, si no se da paso a la justicia y al perdón, como camino y medio para detener el círculo de la violencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El perdón emerge de este modo como un acto cristiano, profundamente humano y altamente significativo en la lucha contra el odio y la venganza. Solo el perdón, sinceramente ofrecido ante el escenario de las matanzas y asesinatos, unido siempre a la verdad y a la justicia, podrá impedir la perpetuación de las prácticas de violencia. Justicia, verdad y perdón, una triada que siempre debe estar presente en procesos de sanación social. El acto eclesial es siempre una oferta de perdón, justicia y reconciliación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Yo me alegro, queridos sacerdotes de que, entre los frutos de esta muerte, que lloramos, y de otras circunstancias difíciles del momento, el clero se apiña con su obispo y los fieles comprenden que hay una iluminación de fe que nos va conduciendo por caminos muy distintos de otras ideologías, que no son de la Iglesia, para sembrar lo que la Iglesia puede ofrecer: una motivación de amor. Hermanos, aquí no grita el revanchismo</em>”<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
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[caption id="attachment_882" align="aligncenter" width="235"]<img class="wp-image-882 size-large" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/PADRE-OCTAVIO-ORTIZ-235x235.jpg" alt="" width="235" height="235" /> Padre Octavio Ortiz (1944-1979)[/caption]

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<h5 style="text-align: justify;">La violencia puede proyectarse como un círculo interminable de represalias y venganzas. La violencia puede, por lo mismo, destruir una sociedad en sus más profundos fundamentos, y hacer imposible la convivencia social y la búsqueda de una salida pacífica. Aquí Romero asume con fuerza el ejemplo del mismo Cristo, quien, en la Cruz, pide el perdón para sus verdugos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Precisamente, porque es amor lo que nos inspira, hermanos, quién sabe si las manos criminales que cayeron ya en la excomunión están escuchando en su radio allá en su escondrijo, en su conciencia, esta palabra: queremos decirles, hermanos criminales, que los amamos y que le pedimos a Dios el arrepentimiento para sus corazones, porque la Iglesia no es capaz de odiar, no tiene enemigos. Solamente son enemigos los que se le quieren declarar como tales; pero ella los ama y muere como Cristo: perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen</em>”<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El ejemplo y el testimonio de Cristo ofreciendo el perdón en los últimos momentos de su sacrificio es para Romero la luz que ilumina todo martirio cristiano y que orienta toda actitud creyente ante una muerte padecida violentamente. Por esto, en un paso de mayor profundización de la conciencia del martirio, señalará que todo martirio cristiano es, en última instancia, un don, una gracia especial de Dios que, en la clave del perdón y la reconciliación, encuentra su fundamento. Nos dice en el funeral del padre Grande:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>El padre Rutilio, quizá por eso Dios lo escogió para este martirio, porque los que le conocimos, los que lo conocieron, saben que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza. Murió amando, y sin duda que, cuando sintió los primeros impactos que le traían la muerte, pudo decir también como Cristo: perdónalos, Padre, no saben, no han comprendido mi mensaje de amor</em>”<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo mártir cristiano padece el martirio abrazado por Cristo y el misterio de la Cruz. De aquí que el perdón esté presente misteriosamente en los martirios de los discípulos de Cristo. Morir perdonando es uno de los distintivos fundamentales de un martirio propiamente cristiano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>La leyenda se hace realidad: un sacerdote acribillado por las balas, que muere perdonando, que muere rezando, dice a todos los que a esta hora nos reunimos para su sepelio su mensaje que nosotros queremos recoger</em>”<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la misma línea va la muerte del padre Navarro. Nuevamente el perdón emerge como elemento clave, que impide proyectar la muerte del sacerdote en una dinámica interminable de venganzas y violencia. El perdón se ofrece como antídoto para curar el odio y el rencor, y así, todo creyente que muere por su fe ofrece su vida en clave de perdón y reconciliación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Quiero agradecer el testimonio de esta mujer buena que lo recoge agonizando entre sangre y, al preguntar si le duele algo, dice: No me duele nada más que el perdón que quiero dar a mis asesinos, a los que me han acribillado, y el dolor que siento por mis pecados. Y que el Señor me perdone. Así, hermanos, es como mueren los que creen en Dios</em>”<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solo la justicia y el perdón serán, por tanto, el camino que podrá poner fin al círculo de la violencia, el odio y la venganza. La llamada a la fraternidad y a la reconciliación son el llamado de un pastor que, ante el martirio de algunos de sus colaboradores más cercanos, los sacerdotes, pudo ir experimentando paulatinamente que de algún modo misterioso él también estaba llamado a dar su vida por los demás. Así fue madurado su propia vocación martirial, la cual encontró su momento preciso mientras ofrecía el sacrificio por excelencia, la Eucaristía. Su martirio fue, por lo tanto, como debía serlo, un martirio eucarístico, una ofrenda total, una entrega hasta las últimas consecuencias. La llamada a la fraternidad y al perdón siguió siendo el mensaje constante y valiente del padre Romero, mensaje que orientó siempre su vida y que encontró en su predicación en las misas funerales de sus sacerdotes mártires, un lugar propicio para ser proclamado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Por favor, cesen de propalar calumnias. Cesen de sembrar discordias y rencores. Cesen de propalar esa filosofía de la maldad, de la venganza, y unámonos todos para hacer de nuestra patria una patria más tranquila en que no haya tanta desconfianza de unos contra otros. En que no andemos huyendo como si estuviéramos en una selva salvándonos de las fieras. En que vivamos de veras como hermanos, por la fe en la resurrección de Cristo, al menos por un sentido nacional; al menos por un sentido humano; por un sentido de fraternidad</em>”<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Conclusión. Sangre de mártires, semilla de cristianos.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Como cristiano, no creo en la muerte sin resurrección: Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño</em>”<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos podido, gracias a las homilías que monseñor Romero nos regaló en las misas de tres de sus sacerdotes martirizados, asomarnos someramente en el misterio de la vida y la pasión del arzobispo de san Salvador. Como hemos buscado constatar, su martirio no puede entenderse como un hecho aislado, una especie de error o coincidencia, sino más bien como la consecuencia necesaria de una vida entregada por amor en medio de un contexto que respiraba odio y violencia contra la fe y contra cualquiera que alzara su voz pidiendo justicia. La lucha de Romero contra la violencia estuvo coronada por su muerte violenta. Sabemos que afirmar esto pudiera parecer una contradicción, pero no lo es. La violencia que se perpetró en sus sacerdotes y de la que él fue testigo, la violencia que él mismo padeció al caer abatido por las balas esa mañana del 24 de marzo de 1980, encontró en su ofrenda un muro de contención, un grito silencioso de ¡basta! Y es que efectivamente, con su sangre, voluntariamente entregada ofreció un camino de verdadera reconciliación para su Pueblo. Por eso desde su muerte se le ha recordado siempre con cariño y se han elevado oraciones pidiendo su intercesión. Por eso el 25 de mayo de 2015 fue beatificado, y por eso, el próximo 14 de octubre será canonizado por el Papa Francisco, y así propuesto como modelo e intercesor para toda la Iglesia universal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su persona, con fuerza especial, gritan la voz y la sangre de todos los mártires de la historia del cristianismo que, bajo la inmortal sentencia de Tertuliano, se alzan efectivamente como semilla de nuevos cristianos. Pues al ver a alguien que está dispuesto a dar su vida por aquello en lo que se cree, sin revanchismos, sin odio, sin venganza, todas las resistencias superficiales a la fe quedan desarmadas. Un mártir es efectivamente y de modo eminente, un testigo de Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pocos días después de su muerte, un grupo de obispos de todo el mundo redactó una carta en donde se hacían eco del martirio de monseñor Romero, y reconocían en este acontecimiento un momento especial para asumir las implicancias profundas que tiene la predicación del Evangelio. Al mismo tiempo, reconocían que la ofrenda de su vida en el altar, cual Jesucristo en la Cruz, deja traslucir todos los sufrimientos del mundo y todas las violencias padecidas por las víctimas de la historia. Leemos en la misiva:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“[…]<em> ahora comprendemos mejor, desde el martirio de Monseñor Romero, la muerte por hambre y enfermedad, realidad permanente en nuestros pueblos, así como los innumerables martirios, las innumerables cruces que jalonan nuestro continente en estos años, campesinos, pobladores, obreros, estudiantes, sacerdotes, agentes de pastoral, religiosas, obispos encarcelados, torturados, asesinados por creer en Jesucristo y amar a los pobres. Son como la muerte de Jesús, fruto de la injusticia de los hombres y a la vez semilla de resurrección</em>”<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Efectivamente, la muerte de monseñor Romero puede ser considerada una actualización del sacrificio de Cristo en la Cruz y, por lo mismo, puede ser asumida como un acto de fe, como un camino de redención y reconciliación. La sangre de Romero, mezclada efectivamente con la sangre del cáliz durante la celebración de la Eucaristía, es, por lo mismo, realmente semilla de cristianos. La misa inconclusa de Oscar Romero se sigue aun celebrando en cada lugar donde un seguidor de Jesucristo ofrece su vida por amor, pues en ese lugar, de modo excelente, se hace presente el misterio de la resurrección que acompañó toda la vida y, de modo especial, la muerte del arzobispo de san Salvador:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Queremos terminar su misa inacabada, frustrada por las balas. Monseñor Romero es un mártir de la liberación que exige el Evangelio, un ejemplo vivo de Pastor</em>”<a href="#_ftn40" name="_ftnref40">[40]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Bibliografía</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Romero, Óscar Arnulfo<em>, La voz de Monseñor Romero. Textos y homilías</em>. Editorial PPC, Madrid, 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Brockman SJ, James, <em>La violencia del amor. Textos de Monseñor Oscar Romero</em>. Editorial Sal Terrae, Santander, 2002.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Damlau, Bernabé, <em>Óscar Romero, Obispo de los pobres</em>. Centre Pas, Madrid, 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Maier, Martín, <em>Óscar Romero, mística y lucha por la justicia</em>. Herder, Barcelona, 2010.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vitali, Alberto, <em>Óscar Romero. Pastor de corderos y lobos</em>. San Pablo. Madrid 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote diocesano de Santiago, Licenciado en Doctrina Social de la Iglesia por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Homilía de monseñor Óscar Arnulfo Romero pronunciada el 17 de febrero de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada el 16 marzo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada el 23 de marzo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada el 27 de noviembre de 1977.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada en la misa fúnebre del padre Octavio Ortiz el 21 de enero de 1979.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <strong>Rutilio Grande</strong>, (49 años) sacerdote jesuita acribillado mientras conducía junto a un anciano y a un menor de edad el 12 de marzo de 1977. Monseñor Romero le habló personalmente de él al Papa Pablo VI y le regaló una foto del religioso cuyo proceso de beatificación fue abierto en 2015. <strong>Alfonso Navarro</strong> (35 años), sacerdote diocesano asesinado a tiros en su parroquia junto a su joven sacristán el 11 de mayo de 1977; meses antes había sobrevivido a un atentado con dinamita. <strong>Octavio Ortiz</strong> (34 años), sacerdote diocesano masacrado junto a cuatro jóvenes estudiantes y catequistas laicos en una casa de retiros el 20 de enero de 1979.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada en la misa fúnebre del padre Rutilio Grande el 14 de marzo 1977.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro el 12 mayo de 1977.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Rutilio Grande.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Rutilio Grande.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Cfr. <em>Mt</em> 5, 39.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Cfr. <em>Rm</em> 12, 21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> “<em>El quinto mandamiento pesa ahora como una excomunión también sobre los autores intelectuales y materiales de este asesinato. La pena de excomunión, que para muchos incrédulos significará tal vez una ridiculez, tal vez impresione saber que no solamente es una pena espiritual. Es el repudio de todo un pueblo. Es la marginación del pueblo de Dios, que le dice al criminal: Tú no tienes ahora nada que ver con este pueblo que camina en la esperanza, en la obediencia a la Ley del Señor, que no quiere sangre, que quiere amor, que quiere paz, que quiere reconciliación. Y este es el gesto del pueblo que excomulga sin odio, como es sin odio el grito de rechazo a la violencia. Es un grito como el de Cristo que decía: Convertíos, volved al buen camino</em>” (Homilía en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro). “<em>Finalmente, quiero recordar que los autores materiales e intelectuales del asesinato del sacerdote Octavio Ortiz han incurrido en la excomunión canónica, que en este caso no es otra cosa que la excomunión de la Iglesia, ¡bendito sea Dios!, de la que muchos se ríen; tal vez les haga pensar cuando esta Iglesia, identificada con el pueblo, hace sentir su excomunión como un repudio del mismo pueblo; pero la Iglesia, como madre que, en su severidad, no olvida la misericordia, así como ora por el descanso eterno de las víctimas y el consuelo de sus familiares, que lloran, pide también y espera la conversión de los asesinos</em>” (Homilía de monseñor Romero pronunciada en la misa fúnebre del padre Octavio Ortiz).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada el 2 de marzo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Rutilio Grande.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> “<em>La dimensión política de la fe no es otra cosa que la respuesta de la Iglesia a las exigencias del mundo real socio-político en que vive la Iglesia. Lo que hemos descubierto es que esa exigencia es primaria para la fe, y que la Iglesia no puede desentenderse de ella. No se trata de que la Iglesia se considere a sí misma como institución política que entre en competencia con otras instancias políticas ni que posea unos mecanismos políticos propios; ni mucho menos se trata de que nuestra Iglesia desee un liderazgo político. Se trata de algo más profundo y evangélico; se trata de la verdadera opción por los pobres, de encarnarse en su mundo, de anunciarles la buena noticia, de darles una esperanza, de animarles en una praxis liberadora, de defender su causa y de participar en su destino. De este modo la Iglesia vive en el mundo de lo político y se realiza como Iglesia también a través de lo político </em>[…]<em> La dimensión política de la fe se descubre y se la descubre correctamente más bien en una práctica concreta al servicio de los pobres. En esa práctica se descubre su mutua relación y también su diferenciación. La fe es la que impulsa en un primer momento a encarnarse en el mundo socio-político de los pobres y animar los procesos liberadores, que son también socio-políticos. y esa encarnación y esa praxis, a su vez, concretizan los elementos fundamentales de la fe</em>”. (Del discurso del 2 de febrero de 1980 con que monseñor Romero recibió el Doctorado <em>Honoris Causa</em> que le concedió la Universidad de Lovaina. Lo pronunció apenas siete semanas antes de su martirio y muchos lo consideran su testamento espiritual).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Octavio Ortiz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Homilía de monseñor Romero pronunciada el 23 marzo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Rutilio Grande.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Homilía en la misa fúnebre del padre Alfonso Navarro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Frase pronunciada por monseñor Romero en una entrevista publicada en el Diario Excelsior de Guatemala dos semanas antes de su martirio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Monseñor Luciano Mendes de Almeida, Monseñor Leonidas Proaño, Monseñor Gerardo Flores, Monseñor Alberto Iniesta, Monseñor James O’Brien y otros. Carta del 29 marzo de 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Pablo VI en la polaridad de la existencia y del siglo XX &#8211; Andrés Ferrada Moreira, pbro. &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
			<wp:comment_author_email><![CDATA[]]></wp:comment_author_email>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] A Bogotá en 1968, inaugurando en la capital colombiana la Segunda Asamblea del Episcopado Latinoamericano, que se realizó en Medellín, dándole al mismo tiempo orientaciones espirituales, pastorales y sociales precisas, recogidas sintéticamente al inicio del documento conclusivo de aquella asamblea continental: “La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico del hombre latinoamericano a la luz de la Palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre (Gaudium et Spes 22)”[19]. No será casualidad su apoyo decidido a los pastores que promovían, por ese entonces, una transformación social que permitiera un auténtico desarrollo de cada hombre y todos los hombres como un don Helder Camera o un Monseñor Óscar Arnulfo Romero. [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Testimonio de comunión misionera. 160 años del Colegio Pío Latinoamericano de Roma &#8211; Ignacio Pizarro, pbro. &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
			<wp:comment_author_email><![CDATA[]]></wp:comment_author_email>
			<wp:comment_author_url>http://revistacatolica.cl/2019/02/testimonio-de-comunion-misionera-160-anos-del-colegio-pio-latinoamericano-de-roma-ignacio-pizarro-pbro/</wp:comment_author_url>
			<wp:comment_author_IP><![CDATA[172.16.1.6]]></wp:comment_author_IP>
			<wp:comment_date><![CDATA[2019-02-17 17:13:11]]></wp:comment_date>
			<wp:comment_date_gmt><![CDATA[2019-02-17 20:13:11]]></wp:comment_date_gmt>
			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] primera canonización de un exalumno del colegio: San Óscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador y mártir de la fe, realizada en la Plaza de San Pedro con la presencia [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>&quot;Artesanos de la paz&quot;: Tres comentarios a las palabras del Papa Francisco en La Araucanía</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/artesanos-de-la-paz-tres-comentarios-a-las-palabras-del-papa-francisco-en-la-araucania/</link>
		<pubDate>Wed, 21 Nov 2018 22:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><strong>Homilía del Santo Padre Francisco </strong>
<strong>Santa Misa por el Progreso de los Pueblos</strong>
<strong>Aeródromo Maquehue, Temuco</strong>
<strong>Miércoles 17 de enero de 2018</strong></h5>
<h5></h5>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Homilía publicada en la edición Nº 1.196-7 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2017 / ENERO MARZO 2018)</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/HOMILIA-PAPA-TEMUCO.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR HOMILÍA EN PDF</a></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«<em>Mari, Mari</em>» (Buenos días)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«<em>Küme tünngün ta niemün</em>» (La paz esté con ustedes) (<em>Lc</em> 24,36).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Doy gracias a Dios por permitirme visitar esta linda parte de nuestro continente, la Araucanía: Tierra bendecida por el Creador con la fertilidad de inmensos campos verdes, con bosques cuajados de imponentes araucarias —el quinto elogio realizado por Gabriela Mistral a esta tierra chilena—[1], sus majestuosos volcanes nevados, sus lagos y ríos llenos de vida. Este paisaje nos eleva a Dios y es fácil ver su mano en cada criatura. Multitud de generaciones de hombres y mujeres han amado y aman este suelo con celosa gratitud. Y quiero detenerme y saludar de manera especial a los miembros del pueblo Mapuche, así como también a los demás pueblos originarios que viven en estas tierras australes: rapanui (Isla de Pascua), aymara, quechua y atacameños, y tantos otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta tierra, si la miramos con ojos de turistas, nos dejará extasiados, pero luego seguiremos nuestro rumbo sin más; y acordándonos de los lindos paisajes, pero si nos acercamos a su suelo lo escucharemos cantar: «Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar»[2].</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto de acción de gracias por esta tierra y por su gente, pero también de pena y dolor, celebramos la Eucaristía. Y lo hacemos en este aeródromo de Maquehue, en el cual tuvieron lugar graves violaciones de derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron, y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias. Y recordando estas cosas nos quedamos un instante en silencio ante tanto dolor y tanta injusticia. La entrega de Jesús en la cruz carga con todo el pecado y el dolor de nuestros pueblos, un dolor para ser redimido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Evangelio que hemos escuchado, Jesús ruega al Padre para que «todos sean uno» (Jn 17,21). En una hora crucial de su vida se detiene a pedir por la unidad. Su corazón sabe que una de las peores amenazas que golpea y golpeará a los suyos y a la humanidad toda será la división y el enfrentamiento, el avasallamiento de unos sobre otros. ¡Cuántas lágrimas derramadas! Hoy nos queremos agarrar a esta oración de Jesús, queremos entrar con Él en este huerto de dolor, también con nuestros dolores, para pedirle al Padre con Jesús: que también nosotros seamos uno; no permitas que nos gane el enfrentamiento ni la división.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta unidad clamada por Jesús, es un don que hay que pedir con insistencia por el bien de nuestra tierra y de sus hijos. Y es necesario estar atentos a posibles tentaciones que pueden aparecer y «contaminar desde la raíz» este don que Dios nos quiere regalar y con el que nos invita a ser auténticos protagonistas de la historia. ¿Cuáles son esas tentaciones?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Los falsos sinónimos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las principales tentaciones a enfrentar es confundir unidad con uniformidad. Jesús no le pide a su Padre que todos sean iguales, idénticos; ya que la unidad no nace ni nacerá de neutralizar o silenciar las diferencias. La unidad no es un simulacro ni de integración forzada ni de marginación armonizadora. La riqueza de una tierra nace precisamente de que cada parte se anime a compartir su sabiduría con los demás. No es ni será una uniformidad asfixiante que nace normalmente del predominio y la fuerza del más fuerte, ni tampoco una separación que no reconozca la bondad de los demás. La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o culturas inferiores. Un bello «chamal» requiere de tejedores que sepan el arte de armonizar los diferentes materiales y colores; que sepan darle tiempo a cada cosa y a cada etapa. Se podrá imitar industrialmente, pero todos reconoceremos que es una prenda sintéticamente compactada. El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los «talleres» de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes. No es un arte de escritorio la unidad, ni tan solo de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos, que no significa tan sólo «recibir información sobre los demás… sino recoger lo que el Espíritu ha sembrado en ellos como un don también para nosotros»[3]. Esto nos introduce en el camino de la solidaridad como forma de tejer la unidad, como forma de construir la historia; esa solidaridad que nos lleva a decir: nos necesitamos desde nuestras diferencias para que esta tierra siga siendo bella. Es la única arma que tenemos contra la «deforestación» de la esperanza. Por eso pedimos: Señor, haznos artesanos de unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra tentación puede venir de la consideración de cuáles son las armas de la unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Las armas de la unidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí —y necesarios—, pero que al no volverse concretos terminan «borrando con el codo, lo escrito con la mano». Esto también es violencia, ¿y por qué? porque frustra la esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas actitudes son como lava de volcán que todo arrasa, todo quema, dejando a su paso sólo esterilidad y desolación. Busquemos, en cambio, y no nos cansemos de buscar el diálogo para la unidad. Por eso decimos con fuerza: Señor, haznos artesanos de unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos nosotros que, en cierta medida, somos pueblo de la tierra (Gn 2,7) estamos llamados al Buen vivir (<em>Küme Mongen</em>) como nos los recuerda la sabiduría ancestral del pueblo Mapuche. ¡Cuánto camino a recorrer, cuánto camino para aprender! <em>Küme Mongen</em>, un anhelo hondo que brota no sólo de nuestros corazones, sino que resuena como un grito, como un canto en toda la creación. Por eso hermanos, por los hijos de esta tierra, por los hijos de sus hijos digamos con Jesús al Padre: que también nosotros seamos uno; Señor, haznos artesanos de unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[1] Gabriela Mistral, Elogios de la tierra de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[2] Violeta Parra, Arauco tiene una pena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[3] Exhort. ap. Evangelii gaudium, 246.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-859 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/415A1159-1.jpg" alt="" width="1417" height="945" /></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong>«Küme tünngün ta niemü», La paz esté con ustedes </strong>
<strong>Fernando Torres M., pbro.</strong>
<strong>Sacerdote de la diócesis de Temuco</strong></h5>
<h5></h5>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Comentario publicado en la edición Nº 1.196-7 (OCTUBRE-DICIEMBRE 2018 / ENERO-MARZO 2018)
Autor: Fernando Torres M., Sacerdote de la diócesis de Temuco
Para citar: Torres, Fernando; <em> «Küme tünngün ta niemün», La paz esté con ustedes</em>, en La Revista Católica, Nº1.196-7, octubre-diciembre 2017 / enero-marzo 2018, pp. 66-67.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/011_FTorres_LRC_9697.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escuchar la homilía del Papa Francisco en el aeródromo de Maquehue genera diversas emociones. La impresión comienza al constatar que, en un breve discurso, se contiene un mensaje potente y sólido; además de una serie de metáforas, citas y descripciones del contexto donde ésta fue pronunciada: La Araucanía. Todo ello, me atrevo a decir, la transforman en una joya, o un pozo donde podemos seguir bebiendo por un buen tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto con lo anterior, en lo personal, esta homilía me hizo pensar que el Papa se tomó el tiempo estudiándola, meditándola, confeccionándola. Se trató de un mensaje, más que “cuidado”, “ofrecido”. Sin duda, quería tocarnos el corazón, y lo logró. Esto se notó en la cantidad de aplausos que se escucharon en varias oportunidades durante el desarrollo de la misma. Las palabras del Santo Padre han sido también ocasión de diálogo, y fueron acogidas en diversos y amplios sectores de la sociedad regional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco citó “Arauco tiene una pena” de Violeta Parra, y también a la nobel Gabriela Mistral, en su Quinto Elogio. Ella, por lo demás, conoció muy bien esta zona, siendo en su tiempo directora de los liceos de niñas tanto de Temuco como de Traiguén. Todo esto revela que el Papa, junto con utilizar los anteojos de “caliﬁcadísimos” protagonistas de nuestra historia, hace suyos en el mismo Magisterio Pontiﬁcio expresiones de “nuestra gente”, lo cual es imposible no relevarlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, habló del éxtasis que provoca conocer esta zona del país, la que podría permanecer en la retina con la perspectiva del turista. Con esto parece dar a entender que hubiese estado en alguna oportunidad por la región; se escuchó como si se tratara de un espacio conocido para él; una especulación de lo que pudo ser su estadía en Chile cuando estudiante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las metáforas del Chamal, el signiﬁcado del Buen Vivir (<em>Küme Mongen</em>), la “deforestación de la esperanza” y, sobre todo, aquélla que nos llamaba a ser “artesanos de la unidad”, fueron un regalo estupendo, en un espacio como el nuestro, donde a veces más que ello, somos agentes de división. El Papa sabe muy bien qué es la unidad, porque la Iglesia vive buscando vivir en esa comunión, que no es “uniformidad”, pero que debe ser una motivación de cada miembro para que se pueda contemplar en el modo de ser y hacer. La unidad “no es un arte de escritorio…”, “es un arte de la escucha y del reconocimiento…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a lo anterior, quiero valorar la expresión en torno a “los bellos acuerdos” que no se concretan, y que terminan “borrando con el codo, lo escrito con la mano”. Vistos también como “violencia, porque frustra la esperanza”, son una radiografía de muchas de nuestras soluciones, que no logran llegar siempre al fondo de los asuntos. Bien lo sabe la Región de La Araucanía, donde las heridas no logran resarcirse de la sofocación de la violencia, que como bien dijo Francisco, en ninguna forma son válidas, y más bien “termina volviendo mentirosa la causa más justa”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa no quiso dejar de decir lo que había en su mente y corazón, con la mirada de Pastor. Fue la misma motivación por la que quiso estar en La Araucanía, ya que a pesar del simpático y corregido “Maqueque”, sabía bien lo que había sucedido en ese lugar, en momentos tristes y dolorosos de nuestra Patria; y también lo mencionó. Fue una homilía que contempló los dolores que en el tiempo pueden “naturalizarse” y dejarnos indiferentes, pero que, para él y para los que creemos, no pueden ser olvidados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comenzó su saludo en Mapudungun, “<em>Mari, Mari</em>” (Buenos días), y “<em>Küme tünngün ta niemün</em>” (La paz esté con ustedes, <em>Lc</em> 24,36), dando gracias a Dios, por este bendecido “rincón de nuestro continente”. Y cerró pidiendo como en la oración sacerdotal de Jesús al Padre (<em>Jn</em> 17), que el Señor nos transforma a todos en “artesanos de la unidad”.</h5>
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<img class="aligncenter wp-image-864 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/PAPA-TEMUCO-3.jpg" alt="" width="720" height="540" />

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong>Artesanos de Unidad: Un mensaje trascendente en una tierra bendecida</strong>
<strong>Dra. Jessica Navarro Navarrete</strong>
<strong>Docente de la Facultad de Educación</strong>
<strong>Universidad Católica de Temuco</strong></h5>
&nbsp;
<h6 style="text-align: center;">Comentario publicado en la edición Nº 1.196-7 (OCTUBRE-DICIEMBRE 2018 / ENERO-MARZO 2018)
Autora: Dra. Jessica Navarro Navarrete
Para citar: Navarro, Jessica;<em> Artesanos de Unidad: Un mensaje trascendente en una tierra bendecida</em>, en La Revista Católica, Nº1.196-7, octubre-diciembre 2017 / enero-marzo 2018, pp. 68-71.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/012_JNavarro_LRC_9697.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda alguna el viaje apostólico del Papa Francisco a nuestro país, y en especial a la región de La Araucanía, nos dejó un emotivo y potente mensaje de paz y unidad. El 17 de enero del año 2018 será una importante fecha para el pueblo católico de esta zona, en donde se recordará la visita de un verdadero pastor con olor a oveja. Aquel día, según estadísticas de Carabineros, unas trecientas mil personas, afrontando el frío y el calor del clima de Temuco, peregrinaron hacia el ex aeropuerto de Maquehue, para un encuentro de fe con el máximo líder de Iglesia Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cualquier análisis o comentario que se haga sobre el mensaje que nos dejó su santidad, no puede ignorar la presencia de Dios en sus palabras, una presencia que se hace viva y que se proclama en una comunidad llamada a saborear cada palabra y calmar la sed como lo hace el agua. En este contexto, tanto creyentes como no creyentes fueron bendecidos con una hermosa y trascendente acción de gracias, dirigida en especial al pueblo Mapuche, sin olvidar a los demás pueblos originarios que viven en nuestra patria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La finalidad principal de su mensaje fue invitarnos explícitamente a reflexionar y a interpelarnos sobre este pueblo originario, en una homilía impregnada de cuestionamientos y desafíos tanto personales como profesionales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la primera parte de su homilía nos hace ver cuán afortunados somos de vivir y convivir en esta hermosa región, elogiando esta tierra bendecida por el creador. Del mismo modo, dedica esta celebración a tantas personas que sufrieron y murieron injustamente, un dolor que debe ser redimido. Y de manera particular abordó el bello y significativo mensaje entregado en el evangelio de Juan que se escuchó ese día, “para que todos sean uno” (<em>Jn</em> 17, 21), que sirvió de marco general para encuadrar y promover su mensaje y tarea de unidad. Desde este escenario, es clave y primordial visualizar y comprender claramente los alcances de las palabras de Francisco en su homilía como Iglesia local.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, cada uno de nosotros; cristianos, hombres y mujeres de buena voluntad que quieran escuchar y vivenciar su mensaje de paz y unidad, tenemos el deber de hacer un verdadero discernimiento en nuestras vidas, conmovidos por la unidad clamada por Jesús. Si el cristiano no es capaz de vivir por el bien común, no ha entendido ni a Dios ni a Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ello, una de las frases que destacó en sus palabras fue: “El arte de la unidad necesita y reclama auténticos artesanos que sepan armonizar las diferencias en los talleres de los poblados, de los caminos, de las plazas y paisajes”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, surge la pregunta ¿cómo ser verdaderos o legítimos artesanos de unidad desde nuestros propios contextos personales y profesionales? Indudablemente no parece haber una respuesta rápida y fácil. Primero, debemos estar conscientes de los falsos sinónimos de unidad para no engañarnos como dice el Papa. Y en segundo lugar, estar conscientes de que el mensaje de Jesús es claro, “escuchar con la mente y el corazón abierto”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A nivel profesional, desde mi rol como académica de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Temuco, concuerdo con lo planteado con nuestro pastor, cuando señala en su mensaje que debemos ser artesanos de unidad a partir de la cultura y contexto en el cual estamos insertos. Esta afirmación se relaciona directamente con lo planteado en la Constitución Apostólica <em>Ex Corde Ecclesiae</em> cuando se devela que “<em>los docentes cristianos están llamados a ser testigos y educado-res de una auténtica vida cristiana, que manifieste la lograda integración entre fe y cultura, entre competencia profesional y sabiduría cristiana</em>”[1].</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues bien, lo anterior nos invita y nos desafía a creer en la persona de nuestros estudiantes, desde su integralidad, a confiar en sus capacidades, conocimientos y habilidades, para llegar a hacer verdaderos alfareros en el ámbito educativo, y así moldear pacientemente a los futuros profesionales y profesores de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta lógica, un buen profesor cristiano no solo se centra en poseer una amplia gama de conocimientos en su disciplina, sino también la misión de un educador y, más aún, de un formador de formadores, va más allá de constructos teóricos. La labor del profesor en el mundo actual nos exige ser constructores, artesanos y modelos de personas, que busquen la paz y el bien de los demás, en este caso el de niños y jóvenes que claman por unidad. Esto es la auténtica humildad y servicio de quien dice estar unido a Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser artesanos de unidad en el contexto académico y en esta región significa, desde la docencia y la investigación, sembrar las semillas del Verbo Encarnado en quienes más lo necesitan, nuestros jóvenes, reconociéndolos y solidarizando con sus preocupaciones, penas, alegrías y sueños. Solo así la palabra de Dios habitará en nosotros. “Haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito” (<em>Flp</em> 2,2). El educador de hoy debe ser el mediador entre el mundo real y el mundo ideal. Situarse entre el mundo y el estudiante, ayudando a interpretar y comprender la cultura de sus estudiantes, fomentando e impulsando procesos de unidad y reconciliación. Estar atentos a los signos de los tiempos, los que deben iluminar la unidad de nuestros pueblos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En consecuencia, nuestra misión es educar en la trascendencia, tal cual lo manifiesta el filósofo y teólogo Francesc Torralba cuando afirma que, desde el ámbito educativo podemos marcar o dejar huella en nuestros estudiantes, siendo la educación una oportunidad para cruzar los límites, ir más allá, abordando los temas de un modo profundo, haciéndoles ver el sentido de su existencia y cómo él puede aportar a construir un mundo mejor siendo el artesano de su propia vida, un artesano de unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el punto de vista personal y como mujer católica puedo expresar mi satisfacción y gozo por haber tenido la oportunidad de participar y escuchar este mensaje de amor y unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los grandes problemas existenciales del hombre, como señala Antonio Bentué, es la convivencia y Francisco nos interpela y nos invita al Buen Vivir, buscar las instancias o los espacios de diálogo que tanto necesitamos en nuestra región. Escuchar no solo significa estar atentos a lo que dice el otro, sino también involucrarnos en una conversación eficaz, con todos nuestros procesos cognitivos, es decir, integrando nuestros sentimientos, emociones y pensamientos; solo así tendremos plena conciencia por el otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta visión nos permite y nos insta a que exista una verdadera “común-unión” o comunión, concretamente una unión de Cristo con nosotros y una unión de nosotros con Cristo. Es un gran desafío para todo el pueblo creyente, es Cristo el que nos une. “Y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (<em>Ga</em> 2,20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, el Papa Francisco nos deja grandes y profundos desafíos para nuestra región y para Chile. Llegó el momento de hacer vida su mensaje: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (<em>Jn</em> 1,14). Nuestra misión como personas y profesionales católicos, hombres y mujeres creyentes, es la encarnación y el testimonio vivo del hermoso y trascendente mensaje que nos dejó nuestro pastor. Por eso pedimos con fuerza: Señor, haznos artesanos de unidad en esta tierra bendecida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Juan Pablo II, Constitución Apostólica <em>Ex Corde Ecclesiae</em>, 22.</h5>
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<img class="aligncenter wp-image-869 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/PAPA-TEMUCO-4.jpg" alt="" width="624" height="547" />

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong>Homilía intercultural del Papa Francisco en la Santa Misa por el Progreso de los Pueblos en Maquehue, Padre Las Casas</strong>
<strong>Juan Mansilla S. [1]</strong>
<strong>Decano de la Facultad de Educación</strong>
<strong>Universidad Católica de Temuco</strong></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h6 style="text-align: center;">Comentario publicado en la edición Nº 1.196-7 (OCTUBRE-DICIEMBRE 2018 / ENERO-MARZO 2018)
Autor: Juan Mansilla S.
Para citar: Mansilla, Juan; <em> Homilía intercultural del Papa Francisco en la Santa Misa por el Progreso de los Pueblos en Maquehue, Padre Las Casa</em>, en La Revista Católica, Nº1.196-7, octubre-diciembre 2017 / enero-marzo 2018, pp. 72-77.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/013_JMansilla_LRC_9697.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARCHIVO EN PDF</a></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Arauco, tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar</em>”[2]</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Llegada del Papa Francisco a Maquehue</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco aterrizó en el Aeropuerto Internacional La Araucanía, en Freire, a las 9 y 10 minutos de la mañana. A las 9:45 de la mañana la comitiva ingresó a Maquehue por el norte. A las 10:20 de la mañana, después de realizar el recorrido con el papamóvil, ingresó al Presbiterio, acompañado del sonido de instrumentos mapuche. El altar diseñado estaba constituido por elementos multiculturales que han configurado la historia social y cultural de La Araucanía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La homilía</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La homilía duró 14 minutos. El Papa comienza dirigiéndose a los asistentes en idioma mapuzungun diciendo “<em>Mari-Mari</em>”[3], inmediatamente afirma “<em>Küme tünngün ta niemün</em>” (La paz esté con ustedes) (<em>Lc</em> 24,36). El Papa Francisco en su homilía reconoce la historia reciente de la tierra en la que está “el aeródromo de Maquehue”, la cual según diversos Informes de Derechos Humanos [4] fue un espacio de prisión política y tortura durante algunos años de la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte (1973-1990).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La homilía del Papa Francisco se articula alrededor de las siguientes ideas maestras:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. De los falsos anónimos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dijo el Papa Francisco: “…no se debe confundir unidad con uniformidad”, y luego agregó:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La unidad pedida y ofrecida por Jesús reconoce lo que cada pueblo, cada cultura está invitada a aportar en esta bendita tierra. La unidad es una diversidad reconciliada porque no tolera que en su nombre se legitimen las injusticias personales o comunitarias. Necesitamos de la riqueza que cada pueblo tenga para aportar, y dejar de lado la lógica de creer que existen culturas superiores o culturas inferiores. No es un arte de escritorio la unidad, ni tan solo de documentos, es un arte de la escucha y del reconocimiento. En eso radica su belleza y también su resistencia al paso del tiempo y de las inclemencias que tendrá que enfrentar (…)”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa en esta relevante reflexión nos recuerda la valoración a la diversidad que se visualiza claramente en el magisterio de Jesucristo, que también puede leerse desde una radical comprensión de la alteridad. En otras palabras, en una región como La Araucanía, que es el resultado de la convergencia de múltiples pueblos, la idea de lograr unidad a partir de una diversidad reconciliada es un horizonte al que no se ha llegado. En este mismo plano, la valoración de la riqueza de cada pueblo permite superar los etnocentrismos, siempre existentes en cada cultura y que cuando se materializan en prácticas discursivas y hechos, se transforman en violencia simbólica y fáctica. Filosóficamente, el mensaje hermenéutico del Papa abunda en una intencionalidad densa en intersubjetividad, la cual se constituye fenomenológicamente desde y entre nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La crítica del Papa Francisco en esta brillante reflexión se percibe con claridad cuando expresa que la unidad no es un arte de escritorio, ni se logra con documentos, sino que se logra desde la humanidad de la escucha y del reconocimiento. Este planteamiento es pertinente para La Araucanía, porque desde su existencia geopolítica hasta la actualidad se han generado parlamentos, mesas de diálogos, sociedades defensoras, comisiones especiales, leyes indígenas, firmas, acuerdos, nuevos tratos, etc. Si bien se han logrado avances, estos no son concordantes con los actos e ideologías que finalmente se practican. En este contexto, la Iglesia Católica tiene presencia anterior al Estado de Chile en estas tierras y una experiencia de diálogo que es necesario revisar porque muchos problemas actuales fueron similares ayer. Bastaría con revisar la prensa de principios del siglo XX para legitimar este juicio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. De las armas de la unidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dijo el Papa Francisco:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La unidad, si quiere construirse desde el reconocimiento y la solidaridad, no puede aceptar cualquier medio para lograr este fin. Existen dos formas de violencia que más que impulsar los procesos de unidad y reconciliación terminan amenazándolos. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de «bellos» acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, planes acabados, sí –y necesarios –, pero que al no volverse concretos terminan «borrando con el codo, lo escrito con la mano». Esto también es violencia, ¿y por qué? porque frustra la esperanza”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas palabras del Papa refuerzan la idea planteada anteriormente, en el sentido que existen acuerdos, pero estos no logran transformarse en realidades que demuestren esa voluntad que originó el acuerdo en sí. Una de las razones que conspiran a que esto no se logre es la idea de reconocimiento y solidaridad como plataforma para construir unidad. Si esto no existe primigeniamente, difícilmente se avanzará y colisionarán La Araucanía imaginada (por políticos, líderes, autoridades, académicos, investigadores) y La Araucanía profunda. En síntesis, el Santo Padre plantea asertivamente que el eufemismo de las bellas palabras que luego no se traducen en vida es también violencia. Entonces, se genera una tensión entre sujeción –los lugares en que somos puestos– y subjetivación –las formas de habitar esos lugares. En otras palabras, el Papa actualiza el debate respecto a la discusión de reconciliación adosada al debilitamiento de los estados-nación modernos para administrar su diversidad interior, más aún cuando los que se acabó llamando multiculturalismo neoliberal (Hale, 2005) o etnogubernamentalidad (Boccara, 2007) empezó a visualizarse, con todas sus contradicciones, como parte de un nuevo orden mundial (Gleizer y López, 2015).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa concluye esta idea diciendo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia, la destrucción aumenta la fractura y separación. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa. Por eso decimos «no a la violencia que destruye», en ninguna de sus dos formas”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto el concepto fundamental es “reconocimiento”. Por reconocimiento puede entenderse la relación entre sujetos que se atribuyen mutuamente una calidad moral. Carré (2013) apunta que se trata de una experiencia en cuyo curso las conciencias humanas aprenden a limitar, en beneficio del otro, sus pretensiones de libertad individual que en principio eran unilaterales. El reconocimiento o es mutuo o no es reconocimiento. Lo opuesto al reconocimiento es la reificación e instrumentalización del otro. Con base en Honneth (2010), afirmamos que el reconocimiento se da en tres esferas: la del amor y la amistad (reconocimiento personal), la de los derechos (o reconocimiento jurídico) y la de la solidaridad y cooperación social (reconocimiento social). En la región de La Araucanía, efectivamente, aún existen temas pendientes respecto a los reconocimientos interculturales, lo que implica un cambio de prácticas de todos los actores que viven en este territorio. El Santo Padre al plantear tan claramente esta cuestión está leyendo muy bien lo que efectivamente ocurre en La Araucanía: la no comprensión y reconocimiento de otredades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. De la teología del Buen Vivir</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La homilía del Papa Francisco culmina con una reflexión donde desarrolla una intersección entre el Génesis bíblico y la sabiduría ancestral mapuche. Así lo plantea el Santo Padre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Todos nosotros que, en cierta medida, somos pueblo de la tierra (<em>Gn</em> 2,7) estamos llamados al Buen vivir (<em>Küme Mongen</em>) como nos los recuerda la sabiduría ancestral del pueblo Mapuche. ¡Cuánto camino a recorrer, cuánto camino para aprender! <em>Küme Mongen</em>, un anhelo hondo que brota no sólo de nuestros corazones, sino que resuena como un grito, como un canto en toda la creación. Por eso hermanos, por los hijos de esta tierra, por los hijos de sus hijos digamos con Jesús al Padre: que también nosotros seamos uno; Señor, haznos artesanos de unidad (…)”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>mogen</em> [<em>mongen</em>] [5], debe ser comprendido como vida o tener vida, es un concepto totalizador mapuche que refiere a diversos niveles del mundo de la vida y de estar con vida, estar sano, lo que implica diferentes dimensiones de la salud, el sustento –<em>mogelün</em>–, la interacción con el otro. Asimismo, se refiere también al mundo existencial y a las condiciones de posibilidad para la vida, como se expresa en “<em>Pelan ñi mogeaqel faw, pelan küzaw</em>” (Augusta, 1910).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las palabras del Papa Francisco en esta homilía demostraron los principales elementos de su esencia: su profundidad espiritual, su mirada claramente política para transformar las construcciones sociales que han devenido en realidad naturalizadas y su deseo de cambio en un mundo agobiado por el no encontrarse. El Papa en los prados de Maquehue transmitió anhelo de justicia, fe, alegría, bondad, modestia y lucidez.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>REFERENCIAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Carré, L. (2013), <em>Le droit de la reconnaissance </em>(París: Michalon).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">de Augusta, F., Lecturas Araucanas (Valdivia: Imprenta de la Prefectura Apostólica, 1910).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gleizer, D. y López, P., <em>Nación y alteridad. Mestizos, indígenas y extranjeros en el proceso de formación nacional</em>. (México D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, 2015).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Honneth, A., <em>La lutte pour la reconnaissance</em> (P. Rusch, trad.; París: Cerf., 2010).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">S.S. Francisco, <em>Santa Misa por el Progreso de los Pueblos. Homilía Del Santo Padre. Aeródromo Maquehue, Temuco. </em>Miércoles, 17 de enero de 2018. Extraído de https://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2018/documents/papa_francesco_20180117_omelia-cile-temuco.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Doctor en Filosofía y Letras. Universidad Pontificia de Salamanca, España.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Estas fueron palabras pronunciadas por SS. Francisco recordando a Violeta Parra y culmina de la siguiente forma: (…) <em>Nadie le ha puesto remedio, pudiéndolo remediar. Levántate, Huenchullán</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. No existe acuerdo acerca del origen de esta expresión, pero como <em>mari</em> significa diez, se ha postulado que hace referencia a la forma de tomarse las manos, en que intervienen los 10 dedos de cada uno; o que podría ser una forma reducida de “diez veces diez te saludo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Informes Rettig (informe concluido en 1991 que concluye que 2279 personas perdieron la vida en este período, de los cuales 164 los clasifica como víctimas de la violencia política y 2115 de violaciones a los derechos humanos). Informe Valech (segundo informe presidido por Monseñor Sergio Valech, por el que Chile reconoce oficialmente un total de 40.018 víctimas, cifrando en 3065 los muertos y desaparecidos).Un caso emblemático que permite comprender la referencia del Santo Padre a las violaciones de Derechos Humanos en Maquehue es la de Hernán Henríquez Aravena, médico que en la noche del día 2 de octubre de 1973 fue ejecutado por agentes del Estado en el aeródromo Maquehue donde estaba preso. Hoy el Hospital Regional de Temuco lleva su nombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. Tienen <em>mogen</em> aquellos elementos que propician la vida, como el sol, un río, una montaña, el viento; posibilidad de contener la vida, por ejemplo, el agua contiene vida, y por ello es vida y está viva. Además ella contiene <em>newen</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Situación de la Iglesia en tiempos de una profunda crisis. Reflexión y perspectiva histórica. - Marcial Sánchez Gaete</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/11/situacion-de-la-iglesia-en-tiempos-de-una-profunda-crisis-reflexion-y-perspectiva-historica-marcial-sanchez-gaete/</link>
		<pubDate>Thu, 29 Nov 2018 08:11:39 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[&nbsp;
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)
Autor: Marcial Sánchez Gaete
Para citar: Sánchez, Marcial; <i>Situación de la Iglesia en tiempos de una profunda crisis. Reflexión y perspectiva histórica,</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre de 2018, pp. 244-260.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/11/MSANCHEZ_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Situación de la Iglesia en tiempos de profunda crisis. </strong>
<strong>Reflexión y perspectiva histórica.</strong>
<strong>Marcial Sánchez Gaete</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;">«<em>Pase lo que pase, comportaos de una manera digna del evangelio de Cristo</em>» (<em>Flp</em> 1,27)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La realidad que se nos presenta cada mañana nos hace mirar constantemente hacia lo más íntimo de nuestro propio ser, como buscando respuestas a tiempos idos, como queriendo desatar muchas cosas trabadas bajo gruesas murallas de sinrazones. Así es, cada uno de nosotros somos hijos de nuestro tiempo y como tales respondemos a inquietudes cotidianas que nos interpelan y, en algunas ocasiones, nos vulneran quitándonos lo esencial, lo sublime y colocándonos en los espacios de decir lo que otros quieren que digas, perdiendo de este modo la dinámica básica de la razón, del cuestionamiento lógico y cayendo en estados de realidades de otros. Se nos presentan mundos extraños a los cuales debemos enfrentar con la esperanza de vencer, como la barca mar a dentro que no sabe de puertos, solo de oleajes y miedos. ¿Cómo enfrentar estos tiempos de incertidumbre? Algunos plantean «deja que la barca navegue sola que llegará a su destino», otros sugieren tomar fuerte el timón y no soltarlo dejándose guiar por el buen hacer, por el conocimiento del mar y de la barcaza que suena fuerte ante cada andar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hombre grita fuerte por la búsqueda de la verdad, ha sido una constante en la historia, de cualquier historia, donde la cosmovisión de lo estable se entrelaza con lo sobrenatural, donde la creencia muestra los caminos seguros a la felicidad eterna, donde el amor es pieza fundamental en la lucha de lo verdadero. Así es el hombre, busca incesantemente su realidad en la verdad en un camino en donde debe afrontar su propio conocimiento y saber reconocerse a cada paso que da, buscando el reencantamiento en la vida. En este deambular acechan los miedos del encuentro y los silencios impuestos por la razón del siempre estar. Gracias a la tenacidad de algunos pocos y el esfuerzo de muchos, el hombre ha accedido a esa verdad en la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta realidad de búsqueda, muchas veces «perdimos al fin toda esperanza» (<em>Hch</em> 27,20), como desafiando al destino de los tiempos presentes, cayendo en la entrega de constantes establecidas por los hombres, inquebrantables momentos de duda, donde la mirada al futuro se confunde con el presente, con el temor de colocarnos en las sombras del pasado.  «El barco quedó atrapado por la tempestad y no podía hacerle frente al viento» (<em>Hch</em> 27,15). Se nubla la mirada, la tempestad no deja ver, los gritos y las órdenes se confunden, las amarras no son las adecuadas, las velas se quebrajan, el barco se llena de agua atrapado en la inmensidad del mar. ¿Qué hacer? ¿Cómo actuar? ¿En quién confiar? ¿Cómo no perder la esperanza?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, la verdad sobrepasa el tiempo y el cambio, e instala un marco de relaciones correctas, donde la conexión de la verdad con el error se funde en la iluminación de un “algo” que esconde otra cosa o circunstancia. Donde el querer saber es un derivado del deseo de poder en el que la verdad «nunca se consigue de buenas a primeras, sino solo en un segundo intento, como producto de la critica que destruye o que antes parecía ser el caso”.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> Así, el futuro se va convirtiendo en un eterno enigma de la conciencia, de pertenecer a instantes de relojes de arena donde nos esperan las trasformaciones de mutaciones contantes del pasado, de transiciones de conductas aprendidas que van dialogando y transformando la comprensión de los entornos y las dinámicas humanas. Es el tiempo de lo asible, es la espera de lo venidero, es la quietud propia de lo posible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Son las incertidumbres, las interrogantes de la identidad reflexiva donde será la propia vivencia la motivadora atendible al descubrimiento de la respuesta del presente, instante, paréntesis que denota realidad de pertenencia de sensaciones conjeturadas por nuestros sentidos como un verdadero acopio de memoria corporal, con una delirante capacidad de búsqueda. Son los espacios de lo público y lo privado, invitándonos a compartir la línea divisoria de la composición armónica del ser humano. ¿Dónde quedarnos, en lo íntimo o en lo externo? Son los estados de cognición que nos develan que el cruce de la vereda es como la invitación a recorrer sin divagar los peldaños de la escalera del fin del mundo, donde sabemos dónde pisar, pero no sabemos dónde llegar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Miradas por el cerrojo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Chile del principio del siglo XX, los ojos miraban la portada de un periódico de época que daba cuenta del abuso sexual de un niño en su colegio como sin creer el espantoso titular, las realidades humanas no se hicieron esperar y las búsquedas de respuestas a una verdad sin vuelta atrás. Así, corría el viernes 30 de diciembre 1904 cuando en el diario <em>Las Últimas Noticias</em> en la sección cartas al director se lee: “Se encuentra enfermo el señor don Juan de Dios Correa Sanfuentes”. La pregunta de la sociedad santiaguina de la época era qué mal le aquejaba a este hombre quien había sido diputado, además de integrante de la Comisión de Negocios Eclesiásticos. La causa de la enfermedad se conoció al pasar los días, uno de sus hijos había sido abusado sexualmente por un religioso del colegio, situación producida el lunes siguiente a la Navidad de 1904. Esto llevó a que el hermano mayor, al enterarse de los hechos, se apersonó en el establecimiento a encarar al responsable y a las autoridades. La escena en la que el joven enfrenta al abusador fue reproducida por la prensa:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Señor perdóneme no pude resistir un impulso superior a mis fuerzas”- fue la respuesta del religioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y cayendo de rodillas agregó:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Ha sido una infamia… lo comprendo…pero estoy arrepentido…aquí muchos han hecho lo mismo…a cualquiera puede ocurrirle igual cosa…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según lo que cuenta el periódico, el hermano de la víctima golpeó al agresor con un bastón hasta rompérselo en la espalda.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La edición del 1 de enero de 1905 del diario <em>La Ley</em> daba cuenta de la relación de hechos: «En la calle de las Rosas, entre Bandera y Morandé está ubicado un gran establecimiento de educación, fundado por la congregación de los Hermanos de las escuelas cristianas. Es el colegio San Jacinto, en donde reciben educación numerosos niños de familias distinguidas y pudientes. En uno de los cursos elementales de este establecimiento, estudiaba clases de preparatoria el niño Andrés Correa Ariztía de ocho años e hijo de don Juan de Dios Correa Sanfuentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El niño Correa Ariztía fue desde el primer momento, objeto de las mayores y más solícitas atenciones de parte de su profesor el hermano Santiago Herreros Cerda. Transcurrió el año de estudio y llegada la época de exámenes de premios y distinciones el hermano Santiago no quiso desperdiciar esta propicia oportunidad para singularizarse una vez más con su querido discípulo; y fueron para el niño Correa las mejores votaciones en los exámenes de su curso. Los certificados de estos premios los retiró el hermano Herreros de poder del niño, y a la una de la tarde del lunes último lo hizo ir a su dormitorio para hacerle entrega de esos documentos. Permítasenos cubrir con el velo del silencio a que nos obliga el respeto que nos merecen los lectores de estos sucesos la escena que siguió».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El ministro de Instrucción Guillermo Rivera Cotapos instruyó, al día siguiente, la diligencia de una denuncia ante el juzgado del crimen. Por su parte, el arzobispo Mariano Casanova anunció a través del periódico <em>El Chileno</em> su intención de clausurar el colegio una vez que se constatara la veracidad de la denuncia. Por los antecedentes que se disponen, sabemos que el director del colegio San Jacinto, el hermano Junien, no entregó al agresor a la justicia. “Herreros me pidió que le permitiera dirigirse por algunos días a Colina, a un fundo que ahí poseemos a fin de pensar allí el camino que le sería más conveniente adoptar. Díle la autorización del caso y allá se dirigió”. Esa fue la última vez que se vio al hermano Santiago. Según una carta enviada a su madre, después de pasar por Colina escapó a Mendoza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, la denuncia tomo su curso y tras cinco días desde que se hizo pública, el Juzgado del Crimen informó al Gobierno y al arzobispado los resultados de la diligencia: “las investigaciones practicadas hasta hoy han autorizado el enjuiciamiento criminal de varios profesores del Colegio”. Con estos antecedentes el ministro de instrucción decidió actuar y haciendo uso de sus facultades ordenó a través de un Decreto Supremo la clausura de todos los establecimientos que sumaban más de catorce colegios de la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, instituciones en las que estudiaban cerca de dos mil niños. Esta decisión no fue bien recibida por el mundo católico de la época, como lo expresa en diario <em>El Porvenir</em> que bajo el título “Un decreto que es un atentado”, con fecha 10 de enero, decía: “Nosotros no queremos impunidad del culpable; pero es injusto y es inocuo hacer recaer sobre los inocentes la falta de un malvado. ¿Acaso no se sabe que en cualquiera parte puede esconderse la maldad? ¿Tal vez se ignora que sobre la mesa del Ministro de Instrucción Pública duermen graves denuncios sobre la moralidad de muchos liceos y escuelas?”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desenlace de este primer abuso sexual dado a conocer en la prensa chilena da cuenta de que se dictó sentencia el 8 de marzo encontrándose culpables tres religiosos quienes fueron condenados. Santiago Herreros Cerda fue sentenciado a 54 años de presidio por tres violaciones y nueve abusos deshonestos contra alumnos del colegio. Otros dos hermanos de la Congregación condenados a penas de tres y cinco años de prisión. El tema es que ninguno de ellos cumplió remisión ya que habían sido ayudados a salir del país<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Por su parte, el director del colegio recibió desde el tribunal una amonestación y recordación que le solicitaba estar más atento a las conductas impropias de los docentes. Y el padre del niño abusado, Juan de Dios Correa, no pudo soportar mucho más el dolor y murió por una descompensación el 25 de noviembre de 1905.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas conductas en los espacios eclesiásticos habitualmente terminaban con los culpables fuera del país o reubicados dentro del mismo en otras diócesis. Algunos de ellos nunca vieron juicio alguno, aunque era sabida su condición de abusador, otros fueron condenados por el Vaticano y no por la justicia chilena, y otros tuvieron que comparecer ante las dos leyes donde se les encontró culpables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Unos de los casos que marcó la agenda pública y que más conmoción tuvo a principios del siglo XXI fue el referido a Francisco José Cox Huneeus, nombrado por Juan Pablo II en el cargo de arzobispo coadjutor de La Serena el 3 de marzo de 1985. El 30 de septiembre de 1990 sucede a monseñor Bernardino Piñera como Arzobispo de La Serena. Durante sus funciones como arzobispo de la zona se fueron conociendo reiterados casos de abusos de menores y jóvenes por parte del prelado, antecedentes conocidos por la opinión pública gracias a una denuncia periodística de octubre de 2002, lo que le obligó a renunciar, ante lo cual el 31 de octubre del mismo año, el arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, anunció la salida del religioso por “conductas impropias”, explicando que el obispo Francisco José Cox tenía “una afectuosidad un tanto exuberante” y, por tanto, se le había solicitado recluirse en un monasterio en Alemania.  Unos días después, el 5 de noviembre, el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile se vio obligado a pedir perdón públicamente a todas las personas dañadas, y expresaron:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, en su última reunión antes de la Asamblea Plenaria, reflexionó sobre el profundo impacto que ha sufrido la Iglesia y la opinión pública por la situación. El sacerdote tiene la misión de representar a Cristo el Buen Pastor. Por eso, no podemos ni queremos justificar conductas impropias ni en obispos ni en sacerdotes. Nos duelen profundamente. A todos los que han sido dañados por ellas les pedimos su perdón. Recordamos lo expresado en una oportunidad por Monseñor Cox en La Serena: “Pido perdón por ese lado oscuro que hay en mí y que se opone al Evangelio […] Comprendemos y apoyamos la decisión de Monseñor Cox de retirarse a una vida de oración. Sabemos que partió de Colombia rumbo a Europa para buscar el lugar más adecuado para este propósito»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En octubre del mimo año 2002, otro caso estremecía a la Iglesia, pues se había colocado una denuncia contra el sacerdote José Andrés Aguirre, conocido como “cura Tato”, quien después de la investigación pertinente fue encontrado culpable y condenado por diez delitos de abuso sexual a menores y uno de estupro, cometidos mientras servía en Quilicura como religioso. Tras ser condenado por la justicia, Aguirre perdió su estado clerical por disposición del arzobispo de Santiago, medida que fue confirmada por el Vaticano. El dictamen eclesiástico le impidió seguir ejerciendo sus derechos y labores pastorales de por vida. Este caso se convirtió en el primero de un sacerdote que cumplió pena efectiva. Después de cumplir una pena rebajada por buen comportamiento en la cárcel de Colina 1, Aguirre pasó sus últimos días de vida en un hogar de ancianos de Lo Barnechea y murió el año 2013 a los 56 años.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se suma a este caso el de Jorge Galaz Espinoza, ex director del hogar Pequeño Cottolengo de la ciudad de Rancagua, quien fue condenado a 15 años y un día de prisión por violación sodomítica reiterada en perjuicio de dos menores con discapacidad intelectual, en el año 2006. Unos años más tarde, conoceremos el caso de Ricardo Muñoz Quintero, ex párroco de la iglesia Santa Teresita de Melipilla, religioso condenado por la justicia el 2011, encontrado culpable por mantener relaciones sexuales a cambio de dinero, ilícito que lo llevó a la cárcel por 10 años y a 541 días adicionales por almacenamiento de pornografía infantil. Además, de los ya mencionados, según una lista publicada en 2011 por la Iglesia Católica, fueron castigados por esta vía los diocesanos Víctor Carrera, Juan Henríquez, Jaime Low, Marcelo Morales, José Miguel Narváez, Eduardo Olivares, Juan Carlos Orellana y el salesiano Marcelo Morales.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La puerta entreabierta</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El llamado caso Karadima<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> será el que despertó la conciencia de los católicos de los horrores de este flagelo, del que solo pudimos enterarnos por la valentía de las víctimas al enfrentarse con verdaderos molinos de viento, además de periodistas que fueron lo suficientemente abiertos de conocer y colocarse en el lugar del que sufre. Valga este reconocimiento, donde las páginas de la historia marcarán como un hito a no repetir y que dejó la puerta entreabierta para divisar la miseria humana en su esplendor.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 26 de abril de 2010, José Andrés Murillo, James Hamilton, Juan Carlos Cruz, Fernando Battle y Luis Lira en el programa Informe Especial de TVN, denuncian públicamente frente a las cámaras que habían sido víctimas durante muchos años de abusos sexuales por parte del sacerdote Fernando Karadima, mientras era párroco de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Providencia, comúnmente llamada Iglesia de El Bosque, ubicada en un céntrico barrio residencial de la capital de Santiago de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, esta denuncia no debería haber sido novedosa para la Iglesia de Santiago, ya que siete años antes, el 2003 el entonces Vicario para la Educación, sacerdote jesuita Juan Díaz, recibe el testimonio del doctor en filosofía, José Andrés Murillo, a quien conocía porque había sido novicio en la Compañía en la ciudad de Melipilla. Murillo le relata detalladamente los reiterados abusos de los que había sido objeto por su guía espiritual Fernando Karadima mientras era feligrés en la Parroquia El Bosque. Díaz, impactado por la situación, le solicitó que estableciera la acusación por escrito para accionar el protocolo (proveer los antecedentes a la autoridad pertinente ante una acusación en contra de un miembro del clero). El religioso entregó al arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, los documentos manifestándole que a su juicio las imputaciones eran creíbles ya que conocía bien al denunciante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero esta acusación en contra del sacerdote Karadima no será la única que se dará a conocer. En mayo de 2004, el entonces promotor de la justicia de la Arquidiócesis de Santiago, el sacerdote Eliseo Escudero, recibe la denuncia de la esposa de James Hamilton quien, acompañada de la madre de este, le relata los abusos sufridos por su marido de parte del párroco de El Bosque. Escudero hace el primer informe oficial sobre estos abusos y lo remite al Cardenal Errázuriz.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al año siguiente, el jesuita Rodrigo García, quien conocía a José Andrés Murillo desde hacía varios años, al ver la inactividad del arzobispado, recurre al entonces Obispo Auxiliar de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati, quien le solicita que haga la denuncia por medio de una carta notarial y una vez que la recibe se reúne con el afectado. Según lo que se conoce a la fecha, el sacerdote García dice que Monseñor Ezzati le manifestó que “aquí hay una víctima y debe ser escuchada”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ricardo Ezzati, siguiendo el protocolo para estas situaciones, informa al promotor de justicia Eliseo Escudero y acompaña la carta notarial de Murillo avalándola con su propia firma, e informa también directamente al Cardenal Errázuriz de estos aberrantes hechos con el fin de que se tomen las acciones correspondientes, ya que es el arzobispo de la Arquidiócesis el que debe iniciar los juicios eclesiásticos cuando se trata de este tipo de delitos canónicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A fines de 2005 el padre Escudero, con el testimonio de Murillo avalado por monseñor Ezzati, hace un segundo informe oficial al Cardenal Francisco Javier Errázuriz solicitándole tomar una serie de medidas concretas que incluyen, además de iniciar un proceso frente a las autoridades vaticanas, una revisión contable de la fundación que manejaba Karadima, la cual contaba con importantes benefactores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En enero de 2006 Escudero recibe la declaración directa de James Hamilton y redacta un tercer informe oficial dirigido al arzobispo con todos los antecedentes recopilados hasta ese momento. Poco después el promotor de Justicia recibe una declaración de Juan Carlos Cruz y emite el cuarto informe oficial con la nueva denuncia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recién el año 2010, después de la acusación pública de los afectados, se informa que una denuncia había sido enviada pocos meses antes a las autoridades del Vaticano y cuyo resultado fue entregado el 16 de enero de 2011, en la que se declara culpable al sacerdote Fernando Karadima Fariña de graves abusos sexuales en contra de mayores y menores de edad. En la declaración se señala que «Sobre la base de las pruebas adquiridas, el Rvdo. Fernando Karadima Fariña es declarado culpable de los delitos mencionados en precedencia, y en modo particular, del delito de abuso de menor en contra de más víctimas (art. 6 § 1, 1º del <em>motu proprio Sacramentorum sanctitatis</em> <em>tutela</em>), del delito contra el sexto precepto del Decálogo cometido con violencia (canon 1395 § 2 del CIC), y de abuso de ministerio a norma del canon 1389 del CIC)»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más adelante, el 22 de junio del mismo año, el nuevo Arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati Andrello<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, da a conocer el resultado de una apelación del sacerdote Karadima, que en lo medular señala lo siguiente: «Dicho recurso fue examinado en el mes de junio en curso, y los Padres cardenales y obispos miembros de la Sesión Ordinaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, han decidido no acoger el recurso contra el Decreto impugnado, presentado por el Reverendo Fernando Karadima Fariña». Y en el punto tercero dice: «Permanece, por tanto, en vigor la condena del Reverendo Fernando Karadima Fariña»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 14 de noviembre de 2011 la justicia penal chilena dispuso el sobreseimiento definitivo de la causa en contra de Fernando Karadima, declarando la prescripción de los delitos. Esto significa que el sacerdote fue condenado solo por la justicia eclesiástica, quedando impunes sus crímenes frente a la justicia chilena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Cardenal Francisco Javier Errázuriz, el año 2010, al ser consultado por el periódico estadounidense <em>The</em> <em>New York Times</em> sobre el caso manifestó que: «desafortunadamente, en ese tiempo juzgué que las declaraciones no eran creíbles» y más adelante expresa: «[…] es muy claro que, si se presentara un nuevo caso, hoy haríamos las cosas mucho mejor». Finalmente señala: «La Iglesia en Chile estos episodios los ha vivido con mucho sufrimiento, también los laicos y sacerdotes que han estado cerca de él»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, al iniciar las investigaciones, varios de los sacerdotes formados por Karadima y que habían pertenecido, durante diferentes periodos de tiempo, a la Pía Unión Sacerdotal de El Bosque fundada 1928, hicieron llegar cartas de apoyo al Vaticano en favor de Fernando Karadima<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tras el fallo condenatorio emitido por el Vaticano, 16 de estos <a href="http://recortes.iglesia.cl/recorte.php?id=12467">19 sacerdotes firmaron una carta</a> respaldando a las víctimas y se alejaron de Karadima. Afirmaron entonces que: «Cada uno de nosotros, a distinto ritmo, ha vivido un proceso interior muy doloroso, para tomar conciencia de la real dimensión y del significado de los hechos sancionados por la Santa Sede, referidos al padre Fernando Karadima […] Inicialmente nos resultaba muy difícil creer, y ahora queremos escuchar, acoger y acompañar a quienes tanto han sufrido. Hemos requerido de mucho tiempo para recorrer este largo y difícil camino a la luz de la investigación y la realidad de los hechos. Hoy quisiéramos dar señales claras de nuestro dolor. Hacemos nuestro el dolor de las víctimas y queremos acompañarlas con respeto y solidaridad». También, en esta carta, el grupo «expresa su voluntad para iniciar un camino de renovación y profundización de su ministerio sacerdotal»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los antecedentes de este caso se siguieron conociendo como también las posturas de otros sacerdotes formados por Karadima y que no dieron crédito a todas estas investigaciones, y más aún algunos obispos, formados al alero del religioso. Quienes nunca manifestaron arrepentimiento ni se retractaron de sus cartas de apoyo a Karadima fueron los sacerdotes Julio Söchting, Francisco Herrera Maturana, José Miguel Fernández. A ellos se deben sumar el ex párroco de El Bosque Juan Esteban Morales y el sacerdote Diego Ossa Errázuriz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Situación aparte son los obispos formados por Karadima: Andrés Arteaga, Tomislav Koljatic, Horacio Valenzuela, Juan Barros y Felipe Bacarezza, este último alejado del círculo hacía varios años. Siendo los tres primeros sindicados por las víctimas como conocedores por años de los abusos sexuales y sicológicos que cometía su mentor y los encubrieron. La defensa y las muestras de adhesión a Karadima por parte de estos se hizo expresiva en cartas y participación en algunas instancias que generaron para dicho efecto. Al conocerse las resoluciones de culpabilidad de Karadima, cuatro de estos obispos hicieron pública una misiva fechada el 6 de abril de 2011, mediante la cual reiteran: «con mucha claridad nuestra filial, permanente y plena adhesión a todo lo que la Santa Sede ha dispuesto o pueda disponer en relación con el padre Fernando Karadima. Con gran dolor hemos asumido la sentencia que declara su culpabilidad en graves faltas sancionadas por la Iglesia. Como tantos, hemos conocido con profundo asombro y pena esta situación y sus diversos y múltiples efectos. Queremos manifestar nuestra solidaridad y cercanía con las víctimas, sus familias y con todas las personas que por estos tan tristes acontecimientos han sufrido y se han escandalizado. Cada uno de nosotros ha sido duramente impactado por esta tan lamentable situación y hemos también vivido jornadas muy tristes. Nos ha confortado la oración y el apoyo fraterno de muchos […] Pedimos humildemente al Señor que nos ayude a sanar estas heridas tan dolorosas, especialmente para las víctimas y para tantos hermanos y hermanas afectados». Aparecen las firmas de Andrés Arteaga Manieu, Juan Barros Madrid, Tomislav Koljatic Maroevic y Horacio Valenzuela Abarca<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta forma, se configuraba la culpabilidad de uno de los hombres más influyentes de la Iglesia chilena de las últimas décadas. Hombre vinculado en forma directa con la jerarquía local, con amistades a nivel vaticano como fue su relación con Angelo Sodano y, por último, de gran proximidad a Augusto Pinochet Ugarte. Estas relaciones lo ayudaron a instalar en Chile un sistema más que de formación, de deformación de muchos jóvenes que con la esperanza de ser sacerdotes fueron abusados en conciencia, poder y algunos de ellos sexualmente. Víctimas todas de una mente perversa y tergiversada de la realidad que lo único que buscó fue satisfacer sus deseos personales y carnales, causando un dolor que hoy todavía se palpa y se vive, en donde las víctimas siguen exigiendo justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 13 de abril de 2012, el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, firma el decreto que pone fin a la Pía Unión Sacerdotal, organización dirigida durante décadas por Karadima.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro caso significativo, pero muy distinto, es el del sacerdote salesiano Rimsky Rojas Andrade, el cual en agosto de 2010 fue acusado públicamente por tres ex alumnos de abuso a menores mientras había sido director del Liceo San José de Punta Arenas. Sin embargo, las inculpaciones venían de muchos años atrás. El año 2003 uno de los denunciantes relata su calvario al entonces provincial de la Congregación, el sacerdote Bernardo Bastres, el cual le habría asegurado que Rojas estaba en tratamiento psicológico y psiquiátrico. Sin embargo, el religioso siguió en contacto con jóvenes, esta vez en la ciudad de Puerto Montt. El año 2006 se hace una nueva denuncia, esta vez al nuevo superior salesiano Natale Vitali, pero hasta agosto del año 2010 Rojas siguió teniendo contacto con menores. En octubre de 2010, el ex alumno del Instituto Salesiano de Valdivia, Marcelo Vargas, presenta ante la fiscalía de la ciudad de Calle-Calle una denuncia en contra de Rimsky Rojas por abusos sexuales que habría cometido entre los años 1985 al 1987 mientras fue subdirector del establecimiento donde Vargas estudiaba. Este caso tuvo un trágico final ya que a comienzos del año 2011 el sacerdote, ya alejado de sus labores y recluido en la casa de salud Felipe Rinaldi, se suicida<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La situación provocada por el gran cúmulo de denuncias por abusos en Chile cometidos por sacerdotes, llevó a la creación por parte de la Conferencia Episcopal del “Consejo Nacional para la Prevención de Abuso de Menores de Edad y Acompañamiento a las Víctimas”, entidad que fue presidida por monseñor Alejandro Goic desde su creación el 26 de abril de 2011 hasta el año 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cultura del abuso </strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El 10 de enero de 2015 se dio a conocer el primer mensaje de saludos del Obispo de Osorno Juan Barros Madrid, en el que expresaba que «deseo continuar con humildad la ruta de los destacados pastores que han tenido. Su primer Obispo Monseñor Francisco Valdés Subercaseaux ya ha sido declarado Venerable Siervo de Dios, habiéndose reconocido sus virtudes heroicas»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Anhelos que no fueron cumplidos, ya que al poco andar la propia feligresía comenzó a pedir su renuncia. La oposición al obispo se plasmó en un grupo que se autodenominó “Laicos de Osorno”, que con su perseverancia y actuar de denuncia del nuevo obispo, además de cuestionamiento a las medidas que iba tomando y, en especial, al mal trato que tuvo frente a algunos acontecimientos que se fueron sucediendo, llevó a que la opinión pública a nivel nacional fuera colocando en cuestionamiento la idoneidad de su labor como prelado de Osorno. Su mayor rechazo ocurrió con la venida del Papa Francisco a Chile, donde a diferencia de otros quiso participar en toda actividad donde el Obispo de Roma estuviese, actuar poco entendible y preocupante hasta por sus propios pares. Estos antecedentes se sumaron a otros conocidos a principios del año 2018, situación que llevó al Papa Francisco a aceptar su renuncia como obispo de la diócesis de Osorno el 11 de junio del mismo año.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco visitó Chile del 15 al 18 de enero de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/2018">2018</a> teniendo actividades en las ciudades de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Santiago_de_Chile">Santiago</a>, <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Temuco">Temuco</a> e <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Iquique">Iquique</a>. En el encuentro oficial con la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, el día 16, colocó el tenor de lo que sería su visita y con ella la consecuencia de esta. En aquella oportunidad dijo: «Escuchar a los niños, que se asoman al mundo con sus ojos llenos de asombro e inocencia y esperan de nosotros respuestas reales para un futuro de dignidad. Y aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza, vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia. […] es justo pedir perdón y apoyar con todas las fuerzas a las víctimas, al mismo tiempo que nos empeñamos para que no se vuelva a repetir». Con esta expresión denotó su preocupación por lo que estaba aconteciendo en nuestro país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es menester de este artículo explicar la visita del Papa Francisco a Chile, ya habrá otra oportunidad, pero lo que si se puede plantear es que será inolvidable por la claridad del mensaje y la cercanía del Obispo de Roma para con la gente que no en gran número lo salió a recibir, pero que sí lo siguió por los distintos medios de comunicación. Un hombre que conoció de primera mano la verdad y realidad de lo que estaba sucediendo, lo que le llevará a tomar medidas y que, al día del término de este artículo, siguen en desarrollo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que sí se debe consignar es que, por una pregunta emitida por un periodista, cambió el tenor y mirada sobre la situación chilena, trayendo consigo la consecución de acontecimientos. El cuestionamiento tuvo relación directa con la permanencia en el cargo del obispo Barros y de su participación como encubridor de Karadima, ante lo cual el Papa respondió: «El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra. Todo es calumnia, ¿está claro?», aseguró el pontífice en conversación con varios medios de comunicación. Dicha afirmación trajo consigo la opinión de un hombre cercano al Obispo de Roma, el arzobispo de Boston, Sean O’Malley, quien el 20 de enero le criticó por sus dichos, por ir en contra de las víctimas. Señaló que las expresiones dadas a conocer fueron «fuente de gran dolor para los sobrevivientes de abuso sexual». Ante tal afirmación, como también el dolor y enojo expresado por las víctimas en distintos medios de comunicación, el Papa rectificó sus palabras, comentando: «La palabra ‘prueba’ es la que me ha traicionado y generó confusión. Yo hablaría de evidencias. Y claro, entonces yo sé que hay mucha gente abusada y que no puede traer una prueba, no la tiene. Y que no puede, o a veces la tiene, pero tiene vergüenza, que lo tapa y sufre en silencio. El drama de los abusados es tremendo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estaba claro que el Pontífice necesitaba certezas, para lo cual envió a dos emisarios a escuchar a víctimas de abusos en Chile. Así, el 20 de febrero de 2018 llegaron al país el arzobispo de Malta, Charles J. Scicluna, y el oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Jordi Bertomeu. Con la misión de recopilar referencias sobre la situación del obispo de Osorno, Juan Barros, realizaron 64 entrevistas, dentro de las cuales también recibieron testimonio de otros casos de abusos, llegando a elaborar un informe de 2.300 páginas. Teniendo los antecedentes, el Papa hace llegar una carta a la Conferencia Episcopal chilena el 8 de abril de 2018, en la que en una de sus partes se lee: «Ahora, tras una lectura pausada de las actas de dicha “misión especial”, creo poder afirmar que todos los testimonios recogidos en ellas hablan en modo descarnado, sin aditivos ni edulcorantes, de muchas vidas crucificadas y les confieso que ello me causa dolor y vergüenza […] En lo que me toca, reconozco y así quiero que lo transmitan fielmente, que he incurrido en graves equivocaciones de valoración y percepción de la situación, especialmente por falta de información veraz y equilibrada. Ya desde ahora pido perdón a todos aquellos a los que ofendí y espero poder hacerlo personalmente, en las próximas semanas, en las reuniones que tendré con representantes de las personas entrevistadas», y termina la misiva convocándolos a Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ese mismo día fueron invitados a Roma los denunciantes y víctimas de Karadima, José Andrés Murillo, James Hamilton y Juan Carlos Cruz, los que fueron recibidos a fines del mes de abril en forma individual y grupal, hecho no habitual en un Papa, por lo que se ha catalogado como un gesto histórico, oportunidad en la que les habría pedido que lo perdonaran, además de otras consideraciones que con el tiempo se han ido conociendo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, los obispos de Chile, encabezados por los cardenales Francisco Javier Errázuriz y Ricardo Ezzati, partieron a Roma a reunirse con el Papa, oportunidad en la que recibieron un documento de carácter privado para su reflexión, que fue conocido por la ciudadanía a través de una filtración a la prensa, el que en lo medular plantea: «Duele constatar que, en este último periodo de la historia de la Iglesia chilena, esta inspiración profética perdió fuerza para dar lugar a lo que podríamos denominar una transformación en su centro. No sé qué fue primero, si la pérdida de fuerza profética dio lugar al cambio de centro o el cambio de centro llevó a la pérdida de la profecía que era tan característica en Ustedes. Lo que sí podemos observar es que la Iglesia que era llamada a señalar a Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida (<em>Jn</em> 14,6) se volvió ella misma el centro de atención. Dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma […] Se ensimismó de tal forma que las consecuencias de todo este proceso tuvieron un precio muy elevado: su pecado se volvió el centro de atención. La dolorosa y vergonzosa constatación de abusos sexuales a menores, de abusos de poder y de conciencia por parte de ministros de la Iglesia, así como la forma en que estas situaciones han sido abordadas, deja en evidencia este “cambio de centro eclesial”. Lejos de disminuir ella para que apareciesen los signos del Resucitado el pecado eclesial ocupó todo el escenario concentrando en sí la atención y las miradas. Es urgente abordar y buscar reparar en el corto, mediano y largo plazo este escándalo para restablecer la justicia y la comunión. A su vez creo que, con la misma urgencia, debemos trabajar en otro nivel para discernir cómo generar nuevas dinámicas eclesiales en consonancia con el Evangelio y que nos ayuden a ser mejores discípulos misioneros capaces de recuperar la profecía», y continúa el documento, “La psicología de elite o elitista termina generando dinámicas de división, separación, círculos cerrados que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, diferente de los demás, dejando así en evidencia que ni Jesucristo ni los otros interesan verdaderamente . Mesianismo, elitismos, clericalismos, son todos sinónimos de perversión en el ser eclesial; y también sinónimo de perversión es la pérdida de la sana conciencia de sabernos pertenecientes al santo Pueblo fiel de Dios que nos precede y que –gracias a Dios- nos sucederá. No perdamos jamás la conciencia de ese don tan excelso que es nuestro bautismo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El documento rico en su esencia y mirada de la Historia de la Iglesia Chilena ayuda, no cabe duda, a mirar el futuro con esperanza, porque teniendo claro el mal se puede construir en el bien. Ante tan contundente diagnóstico, los obispos de Chile pusieron sus cargos a disposición, un hecho absolutamente inédito en la historia de la Iglesia Universal.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una historia de la Iglesia es una historia de esperanza</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los acontecimientos se han seguido sucediendo, nombramientos y nuevas investigaciones de abusos en la Iglesia: de poder, de conciencia y sexuales, las víctimas paulatinamente han comenzado a dar cuenta de su doloroso calvario. La incredulidad en un principio por parte de varios obispos chilenos ha llevado a la preocupación y a realmente ser capaces de levantar una iglesia triste y abandonada, y que solo ha sentido el consuelo en un grueso de párrocos y religiosos que en el anonimato han comenzado a sacar la voz. Son hombres sin voz, desplazados por la psicología de la élite, que solo tienen el sostén de un Cristo vivo y la esperanza de seguir trabajando por los más desposeídos, por los abandonados y por las víctimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las noticias de la realidad de Chile han golpeado los muros del Vaticano, y los dolores de un país que pide justicia comienzan a ser escuchadas, porque al cambio de algunos obispos se sumó la noticia de la expulsión del estado clerical de uno de los hombres más depredadores (como ya se ha visto) que hemos tenido en la historia de Chile, Fernando Karadima. El comunicado de la Santa Sede con fecha 28 de septiembre de 2018 comunicó:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El Papa Francisco ha dimitido del estado clerical a Fernando Karadima Fariña, de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. El Santo Padre ha tomado esta decisión excepcional en conciencia y por el bien de la Iglesia. El Santo Padre ha ejercido su ‘potestad ordinaria, que es suprema, plena, inmediata y universal en la Iglesia’ (Código de Derecho Canónico, canon 331), consciente de su servicio al pueblo de Dios como sucesor de San Pedro. El decreto, firmado por el Papa el jueves 27 septiembre de 2018, entró en vigor automáticamente desde ese mismo momento, y comporta también la dispensa de todas las obligaciones clericales. Ha sido notificado a Karadima Fariña el viernes 28 de septiembre de 2018».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Unas horas más tarde Greg Burke, portavoz del Vaticano, explicó que la decisión se tomó porque “estábamos ante un caso muy serio de podredumbre y había que arrancarlo de raíz”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las marcas de un pasado tenebroso de un hombre sin pudor, de un manipulador de conciencias, de un abusador, están comenzando recién a quedar atrás, aunque queda mucho por caminar. Las víctimas con sus golpes de auxilio, con sus penas a cuestas, pero con su entereza de hacer justicia, están cada día más presentes en nuestra realidad nacional y no pierden la esperanza de que todo esto avance por el cauce de la verdad y la reparación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante la barca a la deriva, se levantan los ojos al cielo y se grita, se llora y se buscan causas: la formación, la dictadura, el dejar estar y otras más; se mira el presente con la espera de seguir avanzando en la verdad y justicia por estos abusos, y se escuchan los perdones en los tímpanos de las iglesias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Chile, país que se levanta permanentemente de la miseria, de los desastres naturales, de los miedos de soledades encumbradas. Sí, Chile es un país que necesita creer, pero creer en una Iglesia fuerte y digna, donde la primacía es Cristo en el Centro, donde la esperanza de la Buena Nueva se haga carne todos los días.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>¿Es Chile un país católico?</em> preguntaba san Alberto Hurtado a mediados del siglo XX. Lo que sí podemos asegurar, es que por delante está la gran tarea que infunde la construcción de una nueva Iglesia, que obligatoriamente debe nacer de la verdad y de la entrega irrestricta del pueblo de Dios, en la cual hombres y mujeres unidos en comunión, deberán tomar el timón de esta barca y llevarla a puerto seguro, en donde la dignidad de la persona humana sea centro del porvenir de un Cristo fundido en nuestro mundo cotidiano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Doctor en Historia</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Carla Cordua, Sloterdijk sobre la verdad”, <em>Estudios Públicos</em>, 111, invierno de 2008.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Para un mejor estudio del caso ver:  Hugo Rodolfo Ramírez Rivera, “La cuestión del Colegio San Jacinto y sus consecuencias políticas, sociales y religiosas, 1904·1905”, <em>Revista de Historia</em>, Pontificia Universidad Católica de Chile, 1983. Pp. 193-234.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Comité Permanente Conferencia Episcopal de Chile, <em>Horas dolorosas llaman a la conversión</em>, 5 de noviembre de 2002.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Ver, Marcial Sanchez Gaete, (Dir.), <em>Historia de la Iglesia en Chile</em>, Tomo V, “Conflictos y esperanzas. Remando mar adentro”, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2017, pp. 774-778.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a>http://ciperchile.cl/2010/12/01/habla-primer-investigador-eclesiastico-de-karadima-%E2%80%9Cel-caso-me-daba-asco%E2%80%9D/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a>http://documentos.iglesia.cl/conf/documentos_sini.ficha.php?mod=documentos_sini&amp;id=4058&amp;sw_volver=yes&amp;descripcion=</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Ricardo Ezzati es nombrado Arzobispo de Concepción, cargo que ejerció hasta principios del 2011 en que fue nombrado Arzobispo de Santiago en reemplazo del Cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien hacía casi tres años había cumplido el límite de edad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a>http://documentos.iglesia.cl/conf/documentos_sini.ficha.php?mod=documentos_sini&amp;id=4099&amp;sw_volver=yes&amp;descripcion</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a>http://www.emol.com/noticias/nacional/2010/10/28/444098/cardenal-errazuriz-admite-al-nyt-que-inicialmente-no-creyo-en-denuncias-contra-karadima.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Las cartas de cada uno de dichos sacerdotes pueden leerse en:https://ciperchile.cl/2013/08/08/las-cartas-que-obispos-y-sacerdotes-leales-a-karadima-enviaron-al-vaticano-para-exculparlo/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a>http://recortes.iglesia.cl/recorte.php?id=12467</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Documentos Conferencia Episcopal de Chile, Declaración pública, 06/04/2011, Punta de Tralca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a>http://recortes.iglesia.cl/recorte.php?id=13040</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Documentos Conferencia Episcopal de Chile, Declaración pública, 10/01/2015, ciudad de Osorno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Pablo VI en la polaridad de la existencia y del siglo XX - Andrés Ferrada Moreira, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/pablo-vi-en-la-polaridad-de-la-existencia-y-del-siglo-xx-andres-ferrada-maureira-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 09 Dec 2018 08:48:54 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)
Autor: Andrés Ferrada Moreira, pbro.
Para citar: Ferrada, Andrés; <i>Pablo VI en la polaridad de la existencia y del siglo XX,</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre de 2018, pp. 200-226.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/AFERRADA_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Pablo VI en la polaridad de la existencia y del siglo XX </strong>
<strong>Andrés Ferrada Moreira, pbro.</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El itinerario del Papa Pablo VI trascurrió con fidelidad a Cristo y a su Iglesia en la polaridad de la existencia y, particularmente, entre las tensiones que marcaron el siglo XX. Por eso, su vida y ministerio vierten luz en el camino de seguimiento del Señor en el siglo actual, especialmente para los pastores que dedican su vida a la conducción del rebaño y a la extensión del Reino. De ahí la relevancia de su próxima canonización el 14 de octubre de 2018 y de volver a poner atención a su figura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. En la polaridad del don de la vida y de su regeneración bautismal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 30 de septiembre de 1897, en la pila bautismal de la Parroquia de San Antonio de Padua de Concesio, un pueblito a ocho kilómetros de Brescia en el norte de Italia, el futuro Pablo VI fue hecho hijo en el Hijo Dios, Jesucristo, su discípulo y miembro de su cuerpo, el Pueblo Santo de la Alianza y, por lo mismo, misionero del Reino de los cielos<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Constan sus cinco nombres en el registro parroquial: Juan Bautista, Enrique, Antonio, María. Tres días después de su nacimiento, cuando aún su vida –y más aún en aquella época— era una apuesta que desafiaba la muerte; con sus vagidos y llantos, como todo recién nacido, experimentaba la polaridad de la existencia humana. Pero desde el instante en que fueron pronunciadas sobre él estas palabras: <em>Ioannes Baptista... Ego te baptízo in nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti</em> y el agua fue derramada en su cabeza, fue sumergido en una polaridad aún más amplia: entre el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad, la humanidad caída y la gloria que esperamos. En una palabra, su vida humana concreta y sujeta a los límites de este eón fue insertada definitivamente en la vida de Dios, trascendente, pero que se ha acercado, abajándose a nuestra realidad de modo sublime en el misterio de Cristo, que por el agua del Bautismo el pequeño Giovanni Bautista comenzaba a vivir y a gozar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. En la polaridad de una familia católica involucrada en el resurgimiento italiano</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los padres de Juan Bautista, Jorge Montini y Judit Alghisi, posibilitaron esta nueva creación, pidiendo a la Iglesia el Bautismo para su segundo hijo varón. Ellos eran personas de profunda fe, recibida de sus antepasados, pero vivida en primera persona en las circunstancias históricas del mundo al que pertenecían: la burguesía emergente, nacida con el desarrollo de la industria y vinculada a la práctica de profesiones liberales. De hecho, Jorge era abogado e hijo de un médico. Además, Judit y Jorge provenían de un grupo social del cual habían surgido muchos de los dirigentes que lideraron y/o colaboraron decisivamente en el forjamiento de la Italia moderna, libre de las potencias extranjeras. Ese ambiente tendió a alejarse de la religión y de la Iglesia. Sin embargo, los esposos Montini Alghisi fueron cristianos convencidos. Tuvieron que moverse en la encrucijada entre dos polos. Uno es la fidelidad a la causa italiana, que en 1870 había conseguido finalmente la anhelada unidad nacional de la península a costa del arrebato del poder temporal al Papa sobre los Estados Pontificios. El otro, la fidelidad a la Iglesia que, a raíz de esa “usurpación”, promovió la abstinencia de la cosa pública de sus miembros: “ni elegidos ni electores”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jorge y Judit consiguieron vivir en esa polaridad, conjugando su existencia familiar, profesional y política entre esos extremos. Jorge dirigió el diario católico <em>Il cittadino de Brescia</em>, a través del cual intentó promover algo más que iniciativas religiosas, culturales y socioeconómicas en el ámbito católico, sino también incidir en la polis. Con el paso del tiempo, sin dejar el periodismo, se abocó a la política siempre con mayor dedicación. Por ejemplo, en 1895, junto a otros dirigentes católicos, lograron establecer una alianza con los liberales moderados para derrotar a los radicales en las elecciones administrativas. En esa elección fue elegido consejero comunal y provincial. Poco tiempo después pasó a ser el líder de los católicos brescianos. En 1914 llegó a ser asesor de la municipalidad de Brescia y en 1917, presidente de la Unión electoral católica provincial y uno de los fundadores del Partido Popular en su ciudad. Finalmente, en 1919 fue elegido diputado del Parlamento Nacional, siendo confirmado en su escaño para los períodos sucesivos en las elecciones de 1921 y de 1924. En 1926, por oponerse a Mussolini, cuyo gobierno se tornaba cada vez más dictatorial, fue excluido de su cargo parlamentario, precisamente porque el <em>Duce</em> disolvió todos los partidos o facciones opositores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Judit también era bresciana, aunque fue educada en Milán. Como había perdido tempranamente a sus padres, estuvo bajo la tutela legal del alcalde radical de aquella ciudad, un líder fuertemente anticlerical. Ella, no obstante, fue una católica no solo convencida, sino también fervorosa gracias a su educación religiosa con una positiva influencia francesa. La historia de su noviazgo con Jorge, verdadero drama shakespeariano, conoció la negativa absoluta del tutor a causa de la pertenencia de Jorge al bando católico. Los novios tuvieron que esperar que Judit alcanzara la mayoría de edad en 1895 para contraer el ansiado matrimonio. ¡La polaridad correrá por las venas de Juan Bautista!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bautista tiene dos hermanos: uno mayor, Ludovico, que será abogado y político como su padre, cofundador del Partido Demócrata Cristiano en los albores de la Italia democrática después de la II Guerra Mundial; miembro de la Asamblea Constituyente entre 1946 y 1948; elegido, luego, diputado entre 1948 y 1963 y senador entre 1963 y 1968. El hermano menor es Francisco, que será médico como el abuelo. Ambos realizarán las dos formas de servicio público que ya habían desempeñado sus antepasados, en cierto modo también polares, y que estarán presentes en la vida del hermano sacerdote, alternándose la preponderancia de una u otra durante su ministerio: médico de almas, principalmente entre los jóvenes universitarios católicos (1925-1933) y como Arzobispo de Milán (1954-1963), y hombre de gobierno en su cada vez más delicado y absorbente servicio en la Secretaría de Estado (1924-1954). Su síntesis, tal vez, la alcance en su servicio como Sucesor de Pedro (1963-1978).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. En la polaridad de la pertenencia eclesial y la participación en los avatares de la gran guerra y sus consecuencias</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La salud de Juan Bautista Montini será frágil. Por eso, vivirá entre dos polos: por una parte, el refugio del hogar familiar donde, para evitar la rudeza de los internados escolares y del Seminario, encontrará tanto el calor y los cuidados de su madre, como la formación e ideario cristiano moderno, democrático y social de su padre. Por otra parte, sus estudios escolares también correrán entre dos binarios: Los estudios primarios y parte de los secundarios los realizará en el Instituto Cesare Arici, de los jesuitas, inclinados hacia la intransigencia religioso-política característica de la reacción católica frente al resurgimiento italiano (es decir, la unificación italiana, la cual implicó el despojo del poder temporal del Papa y la posterior marginación de los católicos de la cosa pública). Esa postura se verá matizada en la formación de Bautista gracias a los aires católicos más abiertos que respirará no solo en su ambiente familiar, sino también en el Oratorio (de San Felipe Neri), en el cual participará asiduamente. Allí tendrá el influjo de los padres Caresana, su confesor, y Bevilacqua. Con este último estará unido toda la vida. Como Papa, incluso, lo hará cardenal. Concluirá la secundaria, los estudios humanistas clásicos, en el Liceo Arnaldo, establecimiento público, donde respirará otro aire, precisamente el del resurgimiento italiano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su frágil salud, en 1915 será también excluido del servicio militar y no irá en el frente, a diferencia de tantos jóvenes de su medio, comenzando por su hermano Ludovico. Por ese mismo motivo, el joven Montini será alumno externo del Seminario de Brescia desde octubre de 1916. Experimentará la tensión entre los sufrimientos de la guerra que marcarán el ambiente nacional e internacional y la relativa triste paz de su hogar, que cobijará su débil contextura. Sin embargo, el aparentemente débil estudiante encontrará un modo efectivo para guerrear: El 15 de junio de 1918, con un amigo, darán vida a “La Fionda”, un periódico de estudiantes, que se publicará durante casi una década, aunque sin una frecuencia del todo regular. En efecto, en ese medio, publicó varias decenas de escritos. Será como su “honda”, con la que, cual nuevo David, intentará ayudar a vencer a la máquina irracional, al Goliat de la violencia que se estaba desplegando en el cruento conflicto bélico mundial y que se desatará también cuando el fascismo se haga del poder en Italia. Algún tiempo después, el mismo Montini explicará a Pío XI el sentido de aquella iniciativa editorial:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El periódico ‘La Fionda’ nació durante la guerra, sacando de esa hora terrible no menos para las naciones que para el alma de las jóvenes generaciones, la inspiración apasionada de una renovación espiritual [...] quería expresar la voz del espíritu nuevo a los hermanos de escuela. Este humilde intento se apoyaba en un gran deseo de llevar la palabra cristiana al alma estudiantil moderna, con audaz sinceridad, pero junto con una alta y gozosa serenidad, de confortar con juvenil ardor la pureza que anida en los jóvenes, de preparar con los instrumentos elementales las conciencias de los estudiantes secundarios a los futuros deberes religiosos y civiles»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. En la polaridad del apostolado intelectual y universitario y el servicio eclesial en la Curia Romana</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Será oficialmente seminarista solo seis meses: el 21 de noviembre de 1919, al revestirse de la sotana; en pocas semanas avanzará hasta el diaconado y se coronará este brevísimo itinerario con su ordenación sacerdotal el 29 de mayo de 1920 en la catedral de Brescia. Desde ese día, todos lo llamará don Bautista.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ese entonces, el futuro Papa abrigaba el deseo de ejercer su ministerio en el ámbito parroquial en su diócesis, pero también lo atraía otro polo: los estudios humanistas a fin de desarrollar el apostolado intelectual entre los jóvenes universitarios. De hecho, en 1919, antes de hacerse clérigo, había participado en el encuentro anual de la Federación de Universitarios Católicos de Italia (FUCI) celebrado en Montecasino. En esa tensión, su obispo lo autorizó a realizar este último proyecto. En noviembre de 1920 se inscribió en dos cursos universitarios en Roma: Filosofía en la Universidad Gregoriana, el corazón de la intelectualidad católica de la Urbe, y Letras en la Universidad de los Estudios, la famosa Sapienza –entidad pública—. Su formación seguía avanzando por derroteros polares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Casi un año después, sin embargo, se vio forzado a interrumpir sus estudios para cambiar de rumbo. En efecto, personas influyentes hicieron que sus superiores le dieran un nuevo destino: prepararse para el servicio diplomático de la Santa Sede. Con este propósito, ingresó a la Academia para Nobles Eclesiásticos. Allí se sumergió en el estudio del Derecho Canónico y del Derecho Civil entre 1922 y 1924, graduándose en ambos y también en Filosofía. En ese tiempo, en 1923, tuvo su primera experiencia diplomática. Fue enviado a colaborar en la nunciatura en Varsovia. Pero el experimento duró muy poco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1924 hubo otro cambio inesperado e impensado: fue nombrado asistente eclesiástico del Círculo Católico de Estudiantes Universitarios de Roma, una entidad vinculada con la FUCI. Por casi un año pudo entregar las primicias de sus energías sacerdotales exclusivamente a la formación cristiana de los jóvenes católicos, precisamente en ese momento, cuando en Italia se consolidaba un régimen fundado en muchos principios reñidos con el Evangelio, los cuales, no obstante, eran fácilmente tolerados y hasta compartidos por variados ambientes católicos, incluso por eclesiásticos de renombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desempeñando este desafiante servicio, el 24 de octubre de 1924 será llamado a servir también en la Secretaría de Estado, comenzando la “carrera eclesiástica” que lo llevará al vértice de las decisiones de la Iglesia. Sin embargo, sorprendentemente, continuará su dedicación pastoral a los jóvenes universitarios. Montini sabrá moverse bien en esta polaridad. En efecto, en octubre de 1925 fue nombrado, además, Asistente Eclesiástico Nacional de la FUCI. Esta tarea le significó tener que viajar por toda Italia, en esos años particularmente complejos y, poco a poco, ganarse la confianza y el corazón de los dirigentes católicos universitarios. Lo logró con creces. Contribuyó decididamente a hacerles captar que el proyecto cultural del fascismo era opuesto radicalmente al cristianismo. En consecuencia, las fuerzas de la FUCI se concentrarán en la difusión del pensamiento cristiano, tanto a través de diversas publicaciones que Montini impulsará –donde aparecerán muchos escritos de su autoría—, como a través de la formación de la juventud católica, en especial de líderes, en conferencias, cursos, encuentros, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. En la polaridad entre la tolerancia y la oposición al régimen fascista</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esos años, la hostilidad por parte del régimen fascista contra las asociaciones católicas fue creciendo siempre más, llegando a niveles muy álgidos en 1931, al punto que Pío XI publicó la encíclica <a href="http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19310629_non-abbiamo-bisogno.html"><em>Non abbiamo bisogno</em></a>. Con ella el Pontífice pretendía dejar en claro que la Iglesia se oponía no solo a los principios del totalitarismo que Mussolini estaba instaurando en Italia, sino también a la violencia de Estado con que lo sostenía. El joven Asesor Nacional Montini y, a la vez, oficial de Curia Romana, tenía clara conciencia de que la respuesta cristiana ante el fascismo implicaba el acuciante deber de los cristianos de reponer el Evangelio en la cultura y en el orden social. Así lo ponía de manifiesto en sus conferencias y en sus escritos, por ejemplo, en una de las cartas dirigidas a sus padres en esa época:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Los gobiernos precedentes tenían miedo al coraje; mientras que este [el de Mussolini] tiene el coraje de mostrarse pavoroso; y la propaganda de la sospecha; es la manía de individuar adversarios; es la lógica de la revolución. El fascismo morirá de indigestión, si continua así, y será vencido por la propia prepotencia. Lo que es doloroso es que <a href="http://www.treccani.it/enciclopedia/il-popolo/">el pueblo</a> italiano llegue así a recibir fatal educación de la volubilidad y de la aventura y que sea continuamente animado no a contenerse en el ámbito del derecho, sino a perder el control en la brutalidad repentina de los odios de parte»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, en algunos influyentes círculos católicos, el fascismo no tenía sino adeptos, simpatizantes, quienes se opondrán a la labor de Montini en la FUCI. En mayo de 1925 se debió defender de la acusación, proveniente de altas esferas vaticanas, que sostenía que el círculo universitario que asesoraba en Roma se adscribía a la línea del Partido Popular. Además, los jesuitas no veían con buenos ojos los métodos educativos usados por la FUCI, que resultaban mucho más abiertos que los tradicionales usados por la Compañía en esa época. Finalmente, algunos jesuitas influirán contra el Asesor Nacional, quien tendrá que renunciar a su cargo en la FUCI en marzo de 1933, aunque oficialmente se haya argüido que su alejamiento se debía a que sus labores en la Secretaría de Estado, siempre crecientes, no le permitían dedicarle tiempo suficiente a esa asociación. Con todo, los años de Montini en ese ambiente sellarán su convicción y su decidida acción para brindar una formación cristiana muy seria de los dirigentes católicos no solo en los principios cristianos, sino también en las virtudes que les permitieran actuarlos en las distintas esferas sociales, incluso en ambientes hostiles. Los frutos serán muchos, por ejemplo, Aldo Moro, joven dirigente de la FUCI de don Bautista, rubricará con su sangre la densidad de la formación recibida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alejamiento involuntario de la FUCI fue ciertamente muy doloroso para Montini, pero sucedió al mismo tiempo que su “carrera” iba en franco ascenso, gustando el éxito. Así experimentaba la polaridad en la intimidad de su existencia. En efecto, detentaba el título de “Monseñor” desde muy poco tiempo después de haber entrado al servicio de la Secretaría de Estado en 1924 y, en julio de 1931, había sido nombrado, además, “Prelado doméstico de Su Santidad”. Ahora bien, no serán ni estos títulos ni los que vendrán lo que moverá su quehacer, sino su clara conciencia de la necesidad que tiene el mundo del Evangelio de Cristo. Esta motivación profunda de su existencia cristiana y sacerdotal encontró también corroboración en sus estudios y en sus viajes por Europa occidental y central y, sobre todo, por su querida Italia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. En la polaridad entre la diplomacia y el servicio a las víctimas del exterminio y de la Segunda Guerra Mundial</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pese a la oposición que monseñor Montini experimentó en algunos sectores de las altas esferas vaticanas, se fue ganando la confianza del nuevo Secretario de Estado, Eugenio Pacelli, que el Papa Pío XI había nombrado en 1930. De hecho, en diciembre de 1937, será nombrado Sustituto de la Secretaría de Estado, vale decir, la mano derecha del Vice-Papa, como se solía llamar al Secretario de Estado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esa función permanecerá hasta 1944, cuando muera el Secretario de Estado que había sucedido al cardenal Pacelli, que había sido elegido Papa en 1939 y adoptado el nombre de Pío XII. Se hubiera esperado que Montini hubiera sido nombrado Secretario de Estado en esa circunstancia. Pío XII, en cambio, lo nombró Pro-Secretario de Estado para los Asuntos Ordinarios, compartiendo las funciones del Secretario de Estado con monseñor Tardini, también nombrado Pro-Secretario, pero para los asuntos extraordinarios. Dos polos que se mantendrán por una década en la curia romana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante esa década, bajo la sombra y en total fidelidad a Pío XII, monseñor Montini tendrá muchos asuntos de la más alta importancia a que abocarse. De esa época, sin embargo, sus escritos personales revelan menos que en los períodos anteriores porque, por una parte, las materias de aquellas cuestiones exigían mayor reserva y, por otra, en 1943, con distancia de unas cuantas semanas, sus padres murieron, cerrándose así la continua y nutrida comunicación epistolar con ellos, en la que habían quedado registradas muchas de sus vivencias y actividades curiales, como asimismo sus percepciones y evaluaciones de los hechos narrados o aludidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esos años, monseñor Montini secundará y será testigo privilegiado de los esfuerzos de Pío XII en la prosecución de la paz y en la defensa de quienes veían sus vidas amenazadas por la guerra y por los planes de exterminio, especialmente de la <em>Shoah</em> del pueblo elegido, que Hitler y sus secuaces estaban llevando a cabo. Por ejemplo, el Papa encargó a Montini preocuparse personalmente de que la Iglesia diere socorro efectivo a las personas perseguidas en Roma, especialmente a los judíos. Más de cuatro mil de ellos fueron salvados por esta acción tempestiva y valiente que brotaron de esa iniciativa papal, siendo asilados en el Vaticano y en dependencias y edificios eclesiásticos, particularmente en aquellos que gozaban de la extraterritorialidad, es decir, construcciones de propiedad de la Santa Sede fuera de la Ciudad del Vaticano, pero que contaban con su misma soberanía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El silencio oficial de Pío XII respecto a la <em>Shoah</em> es un asunto muy debatido desde hace unos 40 años. De hecho, el Papa Pacelli no condenó expresamente el holocausto judío; lo hizo indirectamente, por ejemplo, en su radiomensaje de Navidad de 1942, cuando, sin duda, refiriéndose a aquella masacre, afirmó: “Centenares de miles de personas, sin culpa propia y por razones de nacionalidad o estirpe, están siendo destinadas a la muerte o a un progresivo desgaste”. La valoración histórica de este modo de proceder no ha estado exenta de polémica y, muchas veces, los argumentos utilizados resultan carentes de objetividad. Pablo VI mismo desplegó esfuerzos por hacer justicia a la memoria de su venerado predecesor. Su juicio es claro al respecto. Merecería una mayor atención que la que se le ha dado, ya que proviene de un testigo ocular que tuvo una posición privilegiada para conocer el asunto. En efecto, en 1963, Rolf Hochhuth publicó una obra teatral llamada “El Vicario”. En ella se mostraba a Pío XII como un eclesiástico timorato, quien con su silencio cómplice, habría contribuido a la ejecución del holocausto. El entonces cardenal Montini alzó su voz en una carta muy fuerte dirigida a un diario inglés, lo hacía desde su calidad de colaborador estrechísimo de aquel Papa, y precisamente en la defensa del pueblo hebreo. Leerla casi en extenso ayuda también a retratar al Montini de la Secretaría de Estado en los duros años de la guerra y postguerra, así como a los polos entre los que se ha debido mover:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Me parece un deber contribuir al claro y honesto juicio de la realidad histórica, tan deformada por la pseudorrealidad, propia del drama, haciendo notar que la figura de Pío XII que aparece en las escenas del Stellvertreter [el Vicario] no muestra exactamente, es más, traiciona su verdadero aspecto moral. Puedo decir esto porque he tenido la suerte de estar cerca de él y de servirle cada día durante su pontificado, comenzando desde 1937, cuando él era todavía secretario de Estado, hasta 1954, por lo tanto, durante todo el periodo de la guerra mundial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura de Pío XII dada por Hochhuth es falsa. No es verdad que él fuera miedoso […] Bajo un aspecto débil y gentil, bajo un lenguaje siempre elegante y moderado, escondía un temple noble y viril, capaz de asumir posiciones de gran fortaleza y riesgo. No es verdad que él fuera insensible o aislado. Era, por el contrario, de ánimo fino y sensible […]  Tampoco responde a la verdad sostener que Pío XII se guiara por cálculos oportunistas de política temporal. Como sería una calumnia atribuir a su pontificado cualquier móvil de utilidad económica. Que Pío XII no haya asumido una posición de conflicto violento contra Hitler, para evitar a millones de judíos la matanza nazi, no es difícil de comprender a quien no cometa el error de Hochhuth de juzgar la posibilidad de una acción eficaz y responsable durante aquel tremendo periodo de guerra y de prepotencia nazi, del mismo modo que se hubiera hecho en circunstancias normales, o en las gratuitas e hipotéticas condiciones inventadas por la fantasía de un joven comediógrafo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si, como hipótesis, Pío XII hubiera hecho lo que Hochhuth le echa en cara, habría habido tales represalias y tal ruina que, terminada la guerra, el mismo Hochhuth podría haber escrito otro drama, mucho más realista e interesante que el Stellvertreter, puesto que por exhibicionismo político o por falta de clarividencia psicológica, habría tenido la culpa de haber desencadenado sobre el mundo, ya tan atormentado, una ruina y un daño más vastos, no tanto propio sino de innumerables víctimas inocentes. No se juega con estos temas y con los personajes históricos que conocemos con la fantasía creadora de artistas de teatro, no bastante dotados de discernimiento histórico y, Dios no lo quiera, de honestidad humana. Porque de otra manera, en el caso presente, el drama verdadero sería otro: el de aquel que intenta descargar sobre un papa los horribles crímenes del nazismo alemán»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas palabras se enlazan bien con las de Golda Meir, entonces ministra de relaciones exteriores de Israel, en su telegrama de pésame al Vaticano por la muerte de Pío XII: “Cuando el martirio más espantoso golpeó a nuestro pueblo durante los diez años del terror nazi, la voz del Pontífice se elevó a favor de las víctimas. Lamentamos haber perdido un servidor de la paz”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. En la polaridad entre la sustitución de un totalitarismo por otro y la instauración de un orden político y social auténticamente democrático</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro asunto importantísimo de colaboración entre Pacelli y Montini será el rol de la Iglesia en la reconstrucción de Europa después de la guerra, particularmente de Italia. Se trata de un campo de trabajo que requirió mucho tacto y desvelos, pues la guerra continuaba gélidamente entre dos bloques, imponiéndose en muchas partes de ese continente el peligro de la irrupción del totalitarismo marxista. En Italia, el Papa Pío XII impulsará la instauración de una constitución democrática para la naciente República, alentando a los jóvenes dirigentes católicos a participar en las distintas instancias sociales y políticas donde se estaba gestando el nuevo orden fundamental del Estado, especialmente en la Asamblea Constituyente de 1946. Así lo hicieron bajo la indiscutida dirección de Alcide de Gasperi. Muchos de esos dirigentes habían sido formados bajo el alero de la FUCI y eran amigos de monseñor Montini, entre otros: Amintore Fanfani, Giorgio La Pira y, sobre todo, Aldo Moro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el mismo sentido, la Iglesia impulsará a los católicos a tomar parte activa en la reconstrucción social y política en otros estados de Europa, por ejemplo, en Alemania bajo la dirección de Konrad Adenauer y en Francia con la guía de Robert Schuman.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. En la polaridad entre la cúspide vaticana y el ministerio episcopal en la Arquidiócesis de Milán</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tan estrecha era la colaboración de monseñor Montini con Pío XII, que se hubiera esperado que en 1953 lo hubiera hecho cardenal en la segunda (y última) oportunidad en que aquel Papa creó cardenales y que, además, lo hubiera nombrado Secretario de Estado. Pero no fue así. Al año siguiente lo llamó a suceder a san Ambrosio y a san Carlos Borromeo como arzobispo de Milán, por ese entonces la diócesis más grande del mundo en cuanto a número de fieles, parroquias e instituciones católicas. Monseñor Montini pasó de la Curia Romana a una pastoral más directa sobre un pueblo cristiano que se abría a los desafíos de la Europa occidental de postguerra: industrialización, fuerte fenómeno migratorio del campo a la ciudad y gran concentración de la población urbana, secularización con amenazas de secularismo y la Guerra Fría. ¡Es claro: Montini siempre camina entre dos polos!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al entrar en su diócesis besó la tierra inmediatamente después de atravesar sus límites. El 6 de enero de 1955, Solemnidad de la Epifanía del Señor, tomó posesión de su sede. Llovía. Sus palabras en aquella oportunidad indicaban casi proféticamente que su ministerio milanés sería agua de bendición para esa comunidad</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«¿Cuál es el objeto de la función que me ha sido confiada a mí entre ustedes? Es claro para todos, pero conviene repetirlo, es [de carácter] religioso. Único es el objeto de las fatigas pastorales, administrativas, culturales y sociales: aquel de defender y difundir la religión católica […] El esfuerzo secular de quien ha construido esta magnífica Iglesia milanesa no pone fin a la continua obra que su vida reclama: conservar y acrecentar, mantener y desarrollar […] ¿Qué es lo que debemos defender y conservar? Una cosa que vale todas las cosas, que es preciosa y vital por encima de todas ellas: la fe»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el nuevo pastor este será el polo de todo su actuar: la evangelización. Por eso había escogido como lema episcopal: “¡En el nombre del Señor!”, palabras del Salmo 118,26, con las que corean a Jesús los que venían con él en su entrada a Jerusalén: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (cf. <em>Mt</em> 21,9). Este es su único norte, al punto que en sus dos primeros años de servicio pastoral ideará la realización de la “Misión de Milán” y moverá a involucrarse en ella a sus colaboradores y a todas las personas involucradas en la evangelización. El nuevo arzobispo se había dado cuenta de que la vida moderna se iba volviendo ajena a la fe y que, por lo mismo, era necesario salir al encuentro de las personas, anunciando el Evangelio en sus casas, en las plazas, en las fábricas... en todos los ambientes sociales. El modo de hacerlo no podía ser el adoctrinamiento, sino el diálogo y la amistad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro foco importante de la misión pastoral de Montini en Milán será la atención a los trabajadores, a la clase obrera, muchos inmigrados de tantas partes de Italia, que engrosaban la población de la ciudad, especialmente en los nuevos barrios periféricos. Por esta insistencia pastoral, los medios de comunicación le dieron el título de “Obispo de los trabajadores”. De hecho, una de sus mayores preocupaciones fue constatar que ese mundo requería esfuerzos especiales para que la fe cristiana fuese levadura de su inclusión y contribución social. Por eso mismo, durante su pastoreo en la ciudad se construyeron muchos templos parroquiales, iglesias y centros educativos en barrios obreros; muchos otros, cuando partió de regreso a Roma, quedaron en construcción o como proyectos aprobados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>9. En la polaridad de la apertura eclesial a los nuevos tiempos y el aferrarse al pasado: el inicio del Concilio Vaticano II</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1958 la Iglesia vio partir a Pío XII y nacer al nuevo Papa, Juan XXIII, “el párroco del mundo” y también el “Papa bueno”. Este distinguirá a Montini con su reconocimiento y amistad. Lo hará cardenal tan pronto le fue posible; lo llamará a formar parte de la comisión preparatoria del Concilio, cuya convocación había sorprendido a todo el orbe cristiano, incluso al mismo cardenal Montini. Con todo, el arzobispo de Milán experimentará el recelo y la distancia, la crítica y hasta la hostilidad de los sectores de la Curia que querían un Concilio breve, en el que se subrayara la continuidad de la Iglesia, sin o con poca apertura a su actualización y al diálogo que el mundo exigía. En cambio, Montini, ayudado por su experiencia pastoral milanesa, sin minusvalorar la Tradición, comprendía que en la encrucijada por la que atravesaba la Iglesia, ella debía navegar entre ambos polos. En su decisiva carta al Secretario de Estado de octubre de 1962, expone su pensamiento sobre el curso esencial que debería seguir el Concilio:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«1. El Concilio ecuménico Vaticano II debe estar polarizado en torno a un solo tema: la santa Iglesia... Así parecen desear los hombres de nuestro tiempo, que de nuestra religión sobretodo y a menudo solo consideran el hecho eclesiástico. La santa Iglesia debe ser el argumento unitario y comprensivo de este Concilio; y todo el inmenso material preparado debería compaginarse en torno a este, su obvio y sublime centro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Entonces el Concilio debe comenzar con un pensamiento dirigido a Jesucristo, Nuestro Señor. Él debe aparecer como el principio de la Iglesia, la cual es su emanación y continuación...</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. El cual debería, siempre en su inicio, expresar un acto unánime y feliz de homenaje, de fidelidad, de amor, de obediencia al Vicario de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Después el Concilio se concentra sobre “el misterio de la Iglesia”. Es decir, ordena, elabora, expresa las doctrinas sobre sí mismo, sobre el Episcopado, los Sacerdotes, los Religiosos, los Laicos, sobre las varias expresiones de la vida eclesiástica, las edades de la vida, la juventud, las mujeres, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. La segunda sección debería, en cambio, considerar la misión de la Iglesia; qué cosa realiza la Iglesia. <em>Operari sequitur esse</em>. Y sería bello y fácil, en mi opinión, reasumir en diversos capítulos las múltiples actividades de la Iglesia: <em>Ecclesia docens, Ecclesia orans</em>, (aquí se debería tratar acerca de la sagrada liturgia), <em>Ecclesia regens</em> (es decir, comprometida con las distintas funciones de la vida pastoral), <em>Ecclesia patiens</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Finalmente sería necesaria una tercera sección, referida a las relaciones de la Iglesia con el mundo que existe en su entorno, fuera y lejano de ella. Es decir: 1) las relaciones con los hermanos separados (tratar esta cuestión al inicio del Concilio me parece que es comprometer su solución); 2) las relaciones con la sociedad civil (la paz, las relaciones con los estados, etc.); 3) las relaciones con el mundo de la cultura, de la ciencia...; 4) las relaciones con el mundo del trabajo, de la economía, etc.; 5) las relaciones con las otras religiones; 6) las relaciones con los enemigos de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. El Concilio debería terminar con la celebración de la comunión de los Santos (con alguna canonización, con alguna ceremonia propiciatoria) y se debería encontrar algún gesto de caridad (limosna u ofrecimiento por las misiones, o por el perdón, o por alguna institución, etc.), para concluir en obras buenas las tantas buenas palabras del Concilio»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Principalmente, sobre esta polaridad debía versar la discusión del Concilio. Así, el Cardenal de Milán suscribía la posición de la mayoría conciliar, que encontraba su mejor formulación en la expresión del Cardenal Leo Jozef Suenens de Malinas-Bruselas: <em>Iglesia: ¿qué dices de ti misma? y ¿qué dices al mundo</em>?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>10. En la polaridad entre proseguir el Concilio Vaticano II y la tentación de frenarlo o desnaturalizarlo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el primer semestre de 1963, cuando se estaba preparando la segunda sesión del Concilio, la salud de Juan XXIII se iba resquebrajando rápidamente. Murió el 3 de junio. El mundo entero, particularmente los romanos, sintió su partida. El día 21 sucesivo fue elegido el cardenal Montini como Sucesor de Pedro: Pablo VI.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al día siguiente de su elección dirigió un mensaje a toda la familia humana, engarzando el inicio de su ministerio petrino con el de sus antecesores, especialmente con el querido Papa Juan, y mostrando cuáles serían los polos de su pontificado. Tras referirse brevemente a Pío XI y a Pío XII, expresó:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] queremos evocar de forma particular y con una piedad agradecida y emocionada la figura del llorado Juan XXIII, que en el período breve pero muy intenso de su ministerio ha sabido llegar al corazón de los hombres, incluso a los más alejados, por su incesante solicitud, su bondad sincera y concreta hacia los humildes, por el carácter eminentemente pastoral de su acción, cualidades estas a las que se añadía el encanto particular de los dones humanos de su gran corazón. […] La herencia que hemos recibido de las manos de nuestros predecesores nos muestra por completo la gravedad de nuestra tarea. […] La parte más importante de nuestro pontificado será ocupada por la continuación del segundo Concilio Ecuménico Vaticano. Esta será la obra principal a la que queremos consagrar todas las energías que el Señor nos ha dado para que la Iglesia Católica, que brilla en el mundo como el estandarte levantado sobre todas las naciones lejanas, pueda atraer hacia ella a todos los hombres por la majestad de su organismo, por la juventud de su espíritu, por la renovación de sus estructuras, por la multiplicidad de sus fuerzas, de modo que vengan <em>ex omni tribu et lingua et populo et natione</em>»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>11. En la polaridad entre la fidelidad a la Tradición viva de la Iglesia y la necesaria actualización en el contexto actual </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las palabras recién citadas de Pablo VI corresponden al inicio y al programa de su ministerio que decididamente emprenderá y que, por fuerza, marcará los polos de su pontificado: el desarrollo y conclusión del Vaticano II y el comienzo de su aplicación (el primer post-concilio). El primero es caracterizado por la gran esperanza que proyectó el Vaticano II en la Iglesia y en el mundo, especialmente por la apertura que significaba para la comunidad eclesial. Sin embargo, quizás esas expectativas no correspondían exactamente a las del nuevo Papa. En efecto, ejerció un rol preponderante de mediación y moderación de los extremos que se manifestaban con claridad entre los padres conciliares. Pablo VI no solo se opuso, sino también precavió con autoridad y eficacia en las decisiones conciliares tanto posiciones que rompieran con la Tradición viva de la Iglesia, como tendencias que la pretendían inmovilizar anegando en ella la frescura del Evangelio con formas y costumbres accesorias, vinculadas a coyunturas históricas ya pasadas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre varios ejemplos clarísimos del ejercicio de la autoridad petrina de Pablo VI en el Vaticano II en el sentido recién mencionado, se pueden citar, por ejemplo, su decisión de reservarse el tema del celibato sacerdotal para un tratamiento pontificio posterior –lo hará en 1967 en su ponderada encíclica <em><a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_24061967_sacerdotalis.html">Sacerdotalis Coelibatus</a>—</em>; sus intervenciones en el <em>Esquema final sobre la Divina Revelación</em> en puntos doctrinales neurálgicos, a saber, la “relación entre Escritura y Tradición”, la “verdad de la Escritura” y la “historicidad” de los Evangelios; la declaración de la Virgen como Madre de la Iglesia, precisamente al final del Concilio, recogiendo de alguna manera la posición minoritaria de algunos padres conciliares que habrían preferido un tratamiento de la dignidad de María santísima en un documento especial –separado de la <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><em>Lumen Gentium</em></a>—, pues así, según ellos, se hubieran considerado mejor los privilegios conferidos a la Virgen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El ejemplo más nítido, no obstante, radica en la introducción de una explicación preliminar –la famosa <em>Nota explicativa praevia</em>— a los modos sobre el capítulo III del Esquema sobre la Iglesia, que trataba acerca de la constitución jerárquica de la Iglesia y en particular del episcopado. En efecto, por mandato expreso suyo, el 16 de noviembre de 1964, se añadió dicha nota, que estableció que el contenido de ese capítulo se debía entender según la mente y los términos expresados en aquella nota, los cuales explicaban conceptos que no eran fácilmente aceptados y comprendidos por una minoría importante del aula conciliar –fuertemente tradicional—, sobre todo, el sentido de la colegialidad episcopal. Esta intervención papal permitirá que ese capítulo y todo el Esquema fueran aprobados por una mayoría casi absoluta de los padres conciliares, convirtiéndose en la Constitución dogmática <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><em>Lumen Gentium</em></a>, a los pocos días, el 21 de noviembre. La colegialidad episcopal se vio concretizada, en septiembre de 1965, al inicio de la cuarta sesión conciliar, también por una intervención directa del Papa, con la promulgación del <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/motu_proprio/documents/hf_p-vi_motu-proprio_19650915_apostolica-sollicitudo.html"><em>Motu Proprio Apostolica sollicitudo</em></a> con el cual fue instituido el Sínodo de los Obispos, proyectándose como su función principal el servicio a la comunión y a la colegialidad de todos los obispos con el Sucesor de Pedro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>12. En la polaridad entre el centro y la periferia de la misión eclesial</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los primeros años del pontificado, Pablo VI también los vivió en otra polaridad: la tensión entre el centro y la periferia; las iglesias en los continentes, en vastas regiones y/o en los países y la Iglesia en Roma. En efecto, el Sínodo de los Obispos y otras expresiones colegiales, como asimismo los viajes papales, le permitirán al Santo Padre ampliar la mirada, complementar voces, percepciones e intereses diversos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los viajes de Pablo VI, además, darán a su ministerio petrino una trascendencia de gran repercusión internacional en los medios de comunicación. El primero de todos, a Tierra Santa del 4 al 6 de enero de 1964, sin duda, marcó a fuego todo su pontificado. Después de casi veinte siglos, Pedro retornaba al país del Señor: Belén, Nazaret, Tabgah, Jerusalén. Si el Concilio pretendía rejuvenecer la Iglesia en sus fuentes, especialmente en la unidad de todos los cristianos, esa peregrinación hacía presente precisamente ese deseo que anidaba en el corazón de un creciente número de pastores y de miembros del rebaño de Cristo, aunque separados en distintas confesiones cristianas. Durante ese viaje, el encuentro fraterno de Pablo VI con Atenágoras, Patriarca de Constantinopla, selló la visibilidad del compromiso ecuménico del Papa, que fue rubricado con el levantamiento mutuo de las excomuniones recíprocas que databan del rompimiento de la unidad en el año 1054. De hecho, en la Basílica de la Natividad en Belén, celebrando la Epifanía, lo expresó con claridad meridiana:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] está claro a todos que no se puede eludir el problema de la unidad; hoy esta voluntad de Cristo se impone en nuestras mentes y nos inclina a emprender con sabiduría y amor todo aquello que sea factible de permitir a todos los cristianos de gozar de la gran bienaventuranza y del supremo honor de la unidad de la Iglesia […] Nos esperaremos ese feliz momento, que ha de llegar. Mientras tanto, Nos pedimos a nuestros queridísimos hermanos separados solamente lo que deseamos para nosotros mismos: que el amor de Cristo y de la Iglesia inspire todo posible movimiento hacia el acercamiento y el encuentro. Nos procuraremos que el deseo de entendimiento y unión permanezca vivo e inalterable; Nos pondremos nuestra confianza en la oración. Aun cuando ella no sea todavía común, puede ser al menos simultánea y ascender paralelamente desde nuestros corazones, como desde los de los cristianos separados, para unirse a los pies del Altísimo, del Dios de la unidad»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguieron algunos viajes en Italia muy significativos. Sin embargo, su presencia en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York marcará un hito, pues explicitará las actitudes de la Iglesia en el mundo actual, ante sus problemas y sus desafíos: el diálogo, el apelo a la conciencia y la colaboración con todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Esta aproximación dejaba atrás una posición defensiva que había sido la tónica que dominaba la relación de la Iglesia con el orbe. En el aula de aquella asamblea universal, por el contrario, sin silenciar la identidad de la Iglesia y su misión de predicar el Evangelio, Pablo VI proclamó ese modo nuevo de hacerlo en las circunstancias históricas actuales de una humanidad plural. Así, ante ese areópago mundial, rindió honor al nombre del gran apóstol de los gentiles, que había adoptado como propio:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Este mensaje nace de nuestra experiencia histórica. Es como "experto en humanidad" que aportamos a esta Organización […] convencidos como estamos de que esta Organización representa el camino obligado de la civilización moderna y de la paz mundial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este edificio que levantáis […] descansa ante todo en nuestras conciencias. Sí, ha llegado el momento de la «conversión», de la transformación personal, de la renovación interior. Debemos habituarnos a pensar en el hombre en una forma nueva. En una forma nueva también la vida en común de los hombres; en una forma nueva, finalmente, los caminos de la historia y los destinos del mundo, según la palabra de san Pablo: «Y vestir el nuevo hombre, que es criado conforme a Dios en justicia y en santidad de verdad» (<em>Ef</em> 4,25).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[…] En una palabra: el edificio de la civilización moderna debe levantarse sobre principios espirituales, los únicos capaces no solo de sostenerlo, sino también de iluminarlo. Y esos indispensables principios de sabiduría superior no pueden descansar —así lo creemos firmemente, como sabéis— más que en la fe de Dios. ¿El Dios desconocido de que hablaba san Pablo a los atenienses en el Areópago? (<em>Hch</em> 17,23). ¿Desconocido de aquellos que, sin embargo, sin sospecharlo, le buscaban y le tenían cerca, como ocurre a tantos hombres en nuestro siglo? Para nosotros, en todo caso, y para todos aquellos que aceptan la inefable revelación que Cristo nos ha hecho de sí mismo, es el Dios vivo, el Padre de todos los hombres»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ese entonces, año 1965, el pontificado de Montini parecía alcanzar cúspides insospechadas, incluso después de la honda popularidad de su antecesor, el Papa Bueno. Lo refrendaban los medios de comunicación, que no se cansaban de trasmitir, por ejemplo, su abrazo con Atenágoras; la ovación con que fue acogido por los romanos a su regreso de Tierra Santa, en un lluvioso día de invierno o la aclamación de todos los presentes en la Asamblea General de las Naciones Unidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su peregrinación al Congreso Eucarístico Internacional de Bombay, en India, del 2 al 5 de diciembre del año anterior, había puesto de manifiesto otra polaridad en la que se movía el Pablo VI desde hace muchos años: la tensión entre el mundo de los aventajados y el de los postergados, tanto al interior de cada sociedad, como a nivel internacional. Tenía muy presente los desafíos y las responsabilidades que competen a todas naciones en la instauración de un orden internacional justo: No solo a los pueblos desarrollados, el primer mundo, sino también para aquellos que están en camino hacia el progreso, el tercer mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, por ese entonces, las naciones en vías de desarrollo, como nuestra patria, encontrarán gran apoyo para sus expectativas y proyectos concretos de progreso social y económico en la figura y enseñanzas del Pablo VI. Él mismo alentará a esos pueblos, de distintas formas, en dichos cometidos. Así lo hizo, por ejemplo, en la visita que el Presidente Eduardo Frei Montalva le hiciera en el Vaticano el martes 6 de julio de 1965:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Nos confiamos que la capacidad de sus hombres, abiertos a las exigencias del bien común y al respeto de los valores esenciales de la persona humana, su fina sensibilidad al reclamo de lo social, la atinada aplicación de los postulados de la justicia con la promoción del bienestar de los necesitados, la sabia regulación de las transformaciones estructurales que el ritmo de los tiempos pidan o aconsejen, unido todo ello a la colaboración constructiva de todas las fuerzas de la Nación prepararán un venturoso porvenir a Chile. Son estos nuestros votos, los que os rogamos trasmitáis al querido pueblo chileno»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>13. En la polaridad entre las revoluciones de finales de los años 60 y la actualización eclesial promovida por el Vaticano II</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de estos alentadores primeros años de pontificado, Pablo VI, sin embargo, fue llevado a pilotear la barca de Pedro en otra polaridad que comenzaba a hacerse notar, especialmente entre las generaciones jóvenes: la emancipación de las costumbres y todo tipo de autoridad no consensuada. Era fruto, principalmente, del cambio cultural producido en las sociedades industrializadas de Occidente y en las áreas de su influencia en el mundo. Se identifica con las revoluciones de 1968, que propugnaban el fin del orden establecido y la creación de un nuevo horizonte basado en la autodeterminación, sin referencia a lastres morales y/o religiosos del pasado. Estos impedían, según ellos, el pleno desarrollo de cada hombre y de cada mujer, como asimismo el de toda la sociedad en su conjunto: así, la revolución de la mujer que buscaba liberarse de siglos de dominación masculina; la de los universitarios que querían un mundo de igualdad y la abolición de los privilegios burgueses; la de las minorías étnicas atropelladas en sus derechos; la de los pueblos sometidos a los imperios coloniales en África, América y Asia. También las revoluciones de los pueblos latinoamericanos que luchaban contra opresiones oligárquicas, vinculadas en los últimos decenios a intereses imperialistas extranjeros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pablo VI comprendió con claridad que, bajo todos esos movimientos, corría el deseo de una auténtica liberación y de un desarrollo social e internacional integral, pero también nocivas ideas fuerza provenientes, en su mayoría, de ideológicas de corte materialista, las cuales no eran, en muchos casos, discernidas adecuada y oportunamente. Por esta razón, se abocó, desde su misión como Pastor universal, a dilucidar en esos mismos movimientos aquello que era conforme a la fe e, incluso, exigido por ella y aquello que se le oponía o la relegaba a un asunto simplemente privado e individual. La urgencia pastoral de esta iniciativa se le hacía cada vez más evidente, sobre todo porque percibía cómo esas revoluciones paulatinamente alcanzaban una difusión de amplitud mundial. En efecto, esto se verificará durante la década de los setenta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>14. En la polaridad entre la aplicación fiel del Concilio Vaticano II y superficiales y/o ejecuciones reductivas del mismo </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, desde la clausura del Concilio en diciembre de 1965 hasta su muerte en 1978, Pablo VI tendrá como propósito de su pontificado la aplicación del Concilio. Por lo mismo, remarcará la continuidad con el Vaticano II, esto es, transitando entre la apertura al mundo actual, representada en lo que el Concilio en cuanto acontecimiento significó para la Iglesia, y la fidelidad a la Tradición viva, lo que el mismo Concilio había intentado hacer relucir en el presente. No obstante, no pocos minimizaron este segundo polo, teniendo por caducas y/o accesorias doctrinas, instituciones y prácticas que la Iglesia constantemente ha valorado como parte de su Tradición. Pablo VI comprendió bien y experimentó este peligro. Tal vez, por eso pudo parecer dubitativo en su conducción de la Iglesia. En efecto, a los ojos de algunos, echaba pie atrás a los avances conciliares; para otros, era innovador al punto de estar casi al borde de la ruptura con la secular catolicidad de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos tenían una insuficiente comprensión de la polaridad en la que transitaba Pablo VI después del Vaticano II, por ejemplo, los que percibieron una tensión entre las encíclicas <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_26031967_populorum.html"><em>Populorum Progressio</em></a>, de junio de 1967, y <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_25071968_humanae-vitae.html"><em>Humanae Vitae</em></a>, de julio de 1968. Mientras la primera atendería al clamor de los pueblos desheredados y postergados del tercer mundo, impulsando los procesos de liberación que se gestaban en distintas partes del orbe; la segunda, en cambio, cual paso hacia atrás, retomaría una posición tradicional sobre la vida y la familia, intentando excluir de la comunidad eclesial los movimientos de liberación e igualdad, sobre todo para las mujeres, que hacían posibles los medios modernos de control de la natalidad. Leer así ambos documentos de Pablo VI, ciertamente, no solo resulta bastante superficial, sino también descontextualiza la íntima relación polar entre ambas encíclicas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, el Papa Montini afirma, por una parte, que para los cristianos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: “Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera” [L. J. Lebret. O. P.]»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo mismo, todo movimiento o planificación que busque el desarrollo, al mismo tiempo, debe promover la paz y la concordia de todos los miembros de la sociedad, sin excluir a nadie del auténtico progreso, evitando el uso de la violencia y la comisión de cualquier injusticia, sobre todo para con los más inocentes y desprotegidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, el progreso de todo ser humano y de toda la humanidad supone que la caridad reine en todas las relaciones, no solo en intenciones o palabras, sino también en las concreciones que lo expresan en la esfera personal, social e internacional. Por supuesto también, de la intimidad entre una mujer y un varón unidos en matrimonio:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Salvaguardando ambos aspectos esenciales, unitivo y procreador, el acto conyugal conserva íntegro el sentido de amor mutuo y verdadero y su ordenación a la altísima vocación del hombre a la paternidad. Nos pensamos que los hombres, en particular los de nuestro tiempo, se encuentran en grado de comprender el carácter profundamente razonable y humano de este principio fundamental»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por tanto, para que haya expresión de pleno y auténtico amor entre los esposos se requiere que en su intimidad, además de unidad casta, siempre haya apertura a la vida. Por lo mismo, hay opciones modernas de control de natalidad que desdibujan esta integralidad y, en razón de ello, Pablo VI indica con claridad su inmoralidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo, por ese entonces, Pablo VI era perfectamente consciente de lo que sus enseñanzas provocarían:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá fácilmente aceptadas por todos: son demasiadas las voces –ampliadas por los modernos medios de propaganda– que están en contraste con la Iglesia. A decir verdad, esta no se maravilla de ser, a semejanza de su divino Fundador, signo de contradicción»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué, entonces, Pablo VI insistió en estas enseñanzas? Porque en ellas está en juego la construcción de la civilización del amor, es decir, la vocación humana que aúna a todos los hombres y mujeres en un destino común, que los cristianos consideramos anticipo de la comunión perfecta en el Reino prometido. En la audiencia general del 31 de diciembre de 1975, apenas terminado el “Año Santo de Renovación y Reconciliación”, Pablo VI recalcaba a los peregrinos que ser artífices de la civilización del amor es un deber de todos y, por lo mismo, nos permite colaborar unos con otros, sin discriminaciones en razón de raza, religión, condición social; pero para los cristianos es también una misión cultual, pues “el hombre viviente es la gloria de Dios”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«¿Acaso soñamos cuando hablamos de civilización del amor? No, no soñamos. Los ideales, si son auténticos, si son humanos, no son sueños: son deberes. Para nosotros cristianos, especialmente. Aún más ellos se hacen urgentes y fascinantes, si más son los rumores de temporales que turban los horizontes de nuestra historia. Y son energías, son esperanzas. El culto, porque se trasforman en culto, el culto del ser humano que nosotros valoramos tan grandemente, que nos lleva, cuando la volvemos a pensar la célebre, a la antigua palabra de un gran Padre de la Iglesia, San Ireneo (t 202): <em>Gloria </em>[…] <em>Dei vivens homo, gloria di Dio è l’uomo vivente </em>(<em>S. Irenaei Contra haereses</em>, IV, 20, 7: PG 7, 1037)»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La conexión íntima entre las dos encíclicas, por tanto, radica precisamente en el amor auténtico que proviene de Dios Padre y fluye a la humanidad por Cristo, en la adhesión a Él, en el amor a Él, como se lo susurraba el mismo Pablo VI al Señor al fin de su homilía de la misa de Navidad, al concluir el Año Santo de 1975:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La sabiduría del amor fraterno, la cual ha caracterizado en virtudes y en obras, que como cristianas son justamente calificadas, el camino histórico de la santa Iglesia, explotará con nueva fecundidad, con victoriosa felicidad, con renovadora sociabilidad. No el odio, no la avaricia será su dialéctica, sino el amor, el amor generador de amor, el amor del ser humano por el ser humano, no por algún interés provisorio y equívoco, o por alguna condescendencia amarga y mal tolerada, sino por el amor a Ti; a Ti, oh Cristo descubierto en el sufrimiento y en la necesidad de todos nuestros semejantes. La civilización del amor prevalecerá en el afán de las implacables luchas sociales, y dará al mundo la anhelada trasfiguración de la humanidad finalmente cristiana. Así, así se concluye, oh Señor, este Año Santo; así oh seres humanos hermanos, retómese nuestro valiente y gozoso camino en el tiempo hacia el encuentro final, que desde ahora pone sobre nuestros labios la extrema invocación: Ven, Señor Jesús (<em>Ap</em> 22, 20)»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>15. En la polaridad entre el ministerio petrino en la Urbe y el ministerio paulino en los confines de todo el orbe</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La segunda parte del pontificado del Papa Montini está también marcada por su impulso paulino, que lo llevará al contacto con los problemas acuciantes de la Iglesia y del mundo <em>in situ</em>, hasta los confines del mundo. Un medio privilegiado para ello serán sus numerosos viajes por Italia y el resto de sus célebres viajes internacionales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>A Turquía en 1967, en el cual promovió especialmente el empeño por el diálogo ecuménico.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>En ese mismo año, a Fátima, en el cincuentenario de las apariciones de la Virgen a los pastorcitos, reafirmando la dimensión mariana de la Iglesia, que en sus documentos se esmeró en destacar: <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_29041965_mense-maio.html"><em>Mense Maio</em></a>, <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/encyclicals/documents/hf_p-vi_enc_15091966_christi-matri.html"><em>Christi Matri</em></a>, <a href="http://es.catholic.net/op/articulos/15045/cat/643/pablo-vi-signun-magnum.html"><em>Signum Magnum</em></a>, <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19740202_marialis-cultus.html"><em>Marialis cultus</em></a>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>A Uganda en 1969 y a Extremo Oriente y Oceanía en 1970, haciéndose próximo principalmente a los pueblos que, después de siglos de explotación, se les abrían las esperanzas. Si bien tanto necesitaban de la ayuda internacional, sin embargo, en ellos mismos tenían las fuerzas y capacidades de forjarse su propio destino, cultivando las riquezas culturales autóctonas y los elementos recibidos de otras culturas. La Iglesia, por su parte, si bien tiene una misión sobrenatural, posee también «un programa de orden temporal […] que es vuestro, al que pretende brindarle apoyo moral y, en la medida de lo posible, también apoyo práctico; el programa del desarrollo de los pueblos»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>A Bogotá en 1968, inaugurando en la capital colombiana la Segunda Asamblea del Episcopado Latinoamericano, que se realizó en Medellín, dándole al mismo tiempo orientaciones espirituales, pastorales y sociales precisas, recogidas sintéticamente al inicio del documento conclusivo de aquella asamblea continental: “La Iglesia ha buscado comprender este momento histórico del hombre latinoamericano a la luz de la Palabra, que es Cristo, en quien se manifiesta el misterio del hombre (<a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html"><em>Gaudium et Spes</em></a> 22)”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>. No será casualidad su apoyo decidido a los pastores que promovían, por ese entonces, una transformación social que permitiera un auténtico desarrollo de cada hombre y todos los hombres como un don Helder Camera o un <a href="http://revistacatolica.cl/2018/11/san-oscar-romero-justicia-y-perdon-como-camino-para-detener-la-violencia-diego-miranda-t-pbro/">Monseñor Óscar Arnulfo Romero</a>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>A Australia en 1970 y a Filadelfia, Estados Unidos, en 1976, lugares exponentes del primer mundo, acercándose así también a los ambientes donde se corría el riesgo de disolver el sentido de la fe y la pertenencia a la Iglesia. Pablo VI alza la voz, afirmando: «Mientras Cristo esté con nosotros con su Eucaristía, nunca desapareceremos. Cristo es el pan de vida. Cristo es necesario, para cada ser humano, para cada comunidad, para cada acontecimiento verdaderamente social, es decir, fundado en el amor y en el sacrificio de sí mismo, para el mundo. Como el pan, Cristo es necesario»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pablo VI es Pablo en el mundo entero, pero también siempre permanece Pedro en Roma, desde donde preside en la caridad a todas las Iglesias para confirmar a sus hermanos en la fe (cf. <em>Lc</em> 22,31-32).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>16. En la polaridad entre la vida intraeclesial y la evangelización del mundo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia y su relación con el mundo seguirán siendo, como en los años del Concilio, elementos que también darán polaridad al resto del pontificado de Pablo VI. Así en medio de las olas que abatían sobre la barca de Pedro, casi de inmediato al finalizar el Concilio, el Papa idea la proclamación de una profesión de fe, que:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] hoy su humilde Sucesor y Pastor de la Iglesia universal, en nombre de todo el pueblo de Dios, alza su voz para dar un testimonio firmísimo a la Verdad divina, que ha sido confiada a la Iglesia para que la anuncie a todas las gentes. Queremos que esta nuestra profesión de fe sea lo bastante completa y explícita para satisfacer, de modo apto, a la necesidad de luz que oprime a tantos fieles y a todos aquellos que en el mundo —sea cual fuere el grupo espiritual a que pertenezcan— buscan la Verdad»<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En diciembre de 1975, recogiendo los frutos de la III Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos celebrado el año anterior, Pablo VI escribió la carta magna de la evangelización en el mundo actual: la Exhortación Apostólica <a href="http://w2.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html"><em>Evangelii Nundiandi</em></a>, que en una palabra propositiva y esperanzadora reafirma que:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Con gran gozo y consuelo hemos escuchado Nos, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas: “Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”; una tarea y misión que los cambios amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección gloriosa»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>17. En la polaridad del corazón de Pablo VI: su vida y la vida en Cristo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De lo anterior llegamos al corazón del Papa Pablo VI, su talante de cristiano y de pastor, que dice relación a esa polaridad de la vida divina, el amor de las Tres Personas Divinas, en el que vivió y maduró, desde su Bautismo y su Confirmación, alimentándose de él en la Eucaristía cotidiana y sanando sus heridas en él a través de la Confesión frecuente; ese mismo amor lo configuró a Cristo Siervo y Sacerdote en las Órdenes Sagradas y lo unió a su pasión con la Unción de los Enfermos. La multiforme acción de la gracia que fluyó de Cristo a su amigo Juan Bautista, lo transformó en Pablo, de modo que, poco a poco, siempre más, ya no era Bautista, ni Pablo VI, el que vivía, sino Cristo que vivía en su amigo (cf. <em>Ga</em> 2,20). Este es el centro de la vida de Pablo VI: Jesucristo: su Señor, su tesoro, su ganancia (cf. <em>Flp</em> 3,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De ahí que la polaridad de fondo de la vida de Pablo VI haya sido su amistad con Cristo: en la oración silenciosa y en ofrecimiento del dolor, en su último tiempo tantas críticas e incomprensiones de sus detractores de todo signo, incluso violentas; las numerosas defecciones sacerdotales y religiosas; las esperanzas de progreso y paz sino frustradas, fuertemente resquebrajadas por la violencia y la explotación en el mundo entero; el brutal asesinato de su amigo Aldo Moro, sin que su intercesión consiguiera su liberación; hasta su misma enfermedad. Todo ello hizo fructificar su relación con Jesucristo, compartiendo sus padecimientos, para participar también de su gloria (cf. <em>Rm</em> 6,8), en el claro oscuro de esta vida, en su existencia cristiana y en su ministerio sacerdotal:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Para esto me ha enviado el mismo Cristo […] Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo […] Él es el centro de la historia y del universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; Él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad. Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la luz, más aún, el camino, y la verdad, y la vida; Él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; Él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano […] ¡Jesucristo! Recordadlo: Él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote diocesano de la Arquidiócesis de Santiago. Licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico y Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Se sigue de cerca dos breves escritos de Nello Vian: “Le radici bresciane di G. B. Montini”, en<em> Paul VI et la modernité dans l'Église. </em><em>Actes du colloque de Rome (2-4 juin 1983)</em>: École Française de Rome, 1984. Pp. 15-31 (Publications de l'École française de Rome, 72) y “Paolo VI. Biografía”, en</h5>
<h5 style="text-align: justify;">https://www.inmaculadamg.org.ar/images/stories/formacion/pablo_vi/Pablo_VI_biografia_en_italiano.htm.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Vian, Nello, <em>Introducción a “Lettere ai familiari”</em>, p. XXI – traducción del autor, extraído de ibíd., “Paolo VI. Biografia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Vian, Nello, <em>Le radici bresciane di G. B. Montini</em>, pp. 28-29</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Extraído de una nota publicada por R. Vargas Rubio en</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1105190127-pablo-vi-y-pio-xii">http://www.infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php/1105190127-pablo-vi-y-pio-xii</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Extraído de J. Ruillon, “Pío XII y los judíos: la verdad sin prejuicios”, en https://www.lanacion.com.ar/1216083-pio-xii-y-los-judios-la-verdad-sin-prejuicios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Extraído del discurso en la toma de posesión del Arzobispo Montini en el Duomo de Milán, 6 de enero de 1955. Traducción del autor del original en Giovanni Bautista Montini, <em>Discorsi e scritti milanesi (1954-1963)</em>, Istituto Paolo VI-Studium, Brescia-Roma, 1997.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Extraído de la carta del Cardenal Montini al Cardenal Cicognani, Secretario de Estado, del 18 de octubre de 1962, en https://www.inmaculadamg.org.ar/images/stories/formacion/pablo_vi/Carta_de_Montini_a_Cicognani.html.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Pablo VI, <em>Primer Mensaje del Papa Pablo VI al mundo entero</em>, 22 de junio de 1963. Todas las citas del Papa Pablo VI incluidas en este artículo han sido extraídas de <strong>www.vatican.va</strong>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Pablo VI, Mensaje del Santo Padre al mundo desde Belén, Festividad de la Epifanía, 6 de enero de 1964</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Pablo VI, <em>Discurso a los representantes de los Estados</em>, Visita del Sumo Pontífice a la Organización de las Naciones Unidad, Nueva York, 4 de octubre de 1965.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Pablo VI, <em>Discurso durante la visita oficial del Presidente de la República de Chile</em>, 6 de julio de 1965.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Pablo VI, <em>Carta Encíclica Populorum Progressio</em>, 1967, Nº14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Pablo VI, <em>Carta Encíclica</em> <em>Humanae Vitae</em>, 1968, Nº12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Pablo VI, <em>Carta Encíclica</em> <em>Humanae Vitae</em>, Nº18.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Pablo VI, <em>Discurso</em> <em>del Santo Padre Audiencia General</em>, 31 de diciembre de 1975.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Pablo VI, <em>Homilía del Santo Padre</em> <em>en Solemne rito de clausura del Año Santo en Navidad</em>, 25 de diciembre de 1975.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Pablo VI, <em>Discurso a los parlamentarios de Uganda</em>, en el Parlamento en Kampala, 1 de agosto de 1969.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, <em>Documento de Medellín: La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio</em>, Medellín, 1968, Nº1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Pablo VI, <em>Homilía de la clausura del 41º Congreso Eucarístico Internacional</em>, Filadelfia, Estados Unidos, 8 de agosto de 1976.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Pablo VI, <em>Homilía de la solemne concelebración en la conclusión del Año Santo de la Fe</em>, 30 de junio de 1968.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Pablo VI, <em>Carta Encíclica</em> <em>Evangelii Nuntiandi</em>, Nº14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Pablo VI, <em>Homilía de la Santa Misa en el «Quezon Circle»</em>, Manila, Filipinas, Manila 29 noviembre 1970.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Adviento 2018: “Renovarnos en la esperanza” - Francisco Ibáñez P., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/adviento-2018-renovarnos-en-la-esperanza-francisco-ibanez-p-pbro/</link>
		<pubDate>Mon, 03 Dec 2018 10:11:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h5 style="text-align: center;">Meditación ofrecida al Clero de Santiago durante el encuentro de Adviento en el Santuario de Bellavista de la Florida, 29 de noviembre de 2018.</h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Adviento 2018: "Renovarnos en la esperanza"<a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
<strong>Francisco Ibáñez Poblete, pbro.</strong>
<strong>Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">¡Qué bueno estar juntos en este mes de María, reunidos en torno a la Madre y en fraternidad, como lo hacen muchas de nuestras familias, para vivir las más grandes alegrías y también para pasar juntos los dolores! Sí, porque el dolor ha golpeado a nuestra puerta; dolor por la Iglesia que amamos y por la que queremos entregar, a ejemplo de Jesucristo, hasta la última gota de nuestra sangre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hace unos meses, cuando iniciaba el trabajo en la Vicaría del clero, visité el hogar sacerdotal Santo Cura de Ars y vi cómo, en medio de las dificultades de la edad o la enfermedad, algunos hermanos nuestros entregan sus últimos años de una manera distinta, en la oración. Qué conmovedor fue verlos haciendo preguntas sobre la situación actual de la Iglesia, pudiendo respirar el dolor que sienten, muchas veces impotentes porque las glorias setenteras y ochenteras no van más. Pero lo que más me impactó fue la capacidad de “ser sacerdotes”, de hablar como sacerdotes, de transmitir una identidad que “les sale por los poros” y supera las sillas de rueda, los burritos y los olvidos. Me impactó ver al “mítico” padre Pedro de la Noi, un genio de la época, cuya historia trascienden en los pasillos del Seminario hasta el día de hoy. Él, totalmente desconectado a causa del Alzheimer, sin entender, trata con delicadeza paternal a las enfermeras, les da la bendición cuando no sabe qué hacer,  pero aun entiende que empieza la misa cuando le ponen una estola.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una historia simpática de don Sergio Contreras Navia. En uno de sus momentos de lucidez, el anciano obispo insistía en presidir la misa del hogar de ancianos donde se encuentra, cosa que era resistida por las religiosas ya que se perdía en la celebración. La superiora del lugar, muy posicionada de su papel le dijo con toda autoridad: «Usted va a concelebrar, pues acá la superiora soy yo». Don Sergio la miró, sin poder decir muchas palabras, miró sus manos y le dijo: «Usted es la superiora, pero yo tengo esto», mostrando su anillo episcopal. Qué maravilla, como un hombre que ha olvidado casi todo, incluso el nombre de sus signos episcopales, se resiste a dejar de cumplir con su labor sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué parto con estas historias? Porque el dolor toca nuestra puerta de sacerdotes con la enfermedad y la prueba, y no nos gusta, pero el Adviento es la oportunidad que nos recuerda que «El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz» (<em>Is</em> 9,2), como leeremos en la primera lectura durante la misa de medianoche en Navidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Adviento es una oportunidad de renovación en la esperanza, en la esperanza que “Dios no fracasa”, en que “Dios no se contradice a sí mismo” y en que “Él es fiel”. Por eso, hoy quiero hablarles desde la fraternidad, sin cátedras, invitándoles a <em>renovarnos en la esperanza</em>: Renovarnos en la esperanza de saber que la Palabra de Isaías es cierta, que solo íntimamente unidos a Jesucristo veremos la luz que necesitamos, y que aquellos a los cuales servimos necesitan tanto como nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una peregrinación a Belén</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso la propuesta que les hago es que “Misteriosamente” hagamos una peregrinación a Belén. La invitación es a que podamos convertirnos en “pastores”, los pastores que llegaron al pesebre y encontraron la luz y el calor de Jesucristo aun en medio del hedor, la pobreza y la injusticia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escuchemos el relato del nacimiento de Jesús según san Lucas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano. Este primer censo se efectuó cuando Quirino gobernaba en Siria. Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la Ciudad de David, para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció. La gloria del Señor los envolvió en su luz, y se llenaron de temor. Pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Miren que les traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la Ciudad de David un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». </em>(<em>Lc</em> 2, 1-12)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Tinieblas y luz, enemistad y paz, muerte y vida. Estas tensiones forman parte del marco de contradicción de Navidad. Sabemos que los símbolos buscan transmitir una profundidad que las palabras no alcanzan y es natural que la Sagrada Escritura nos muestre una gran riqueza simbólica para describir un misterio que es en sí mismo indescriptible: Dios está con nosotros, Dios se ha hecho uno de nosotros. Y eso nos invita a reconciliarnos con todas nuestras miserias, con todos nuestros dolores, con todas nuestras inconsistencias. Porque si Dios se ha hecho hombre como nosotros, entonces pertenecer a la raza humana es lo mejor que puede existir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Qué maravilla ser hombres, que maravilla sentir, amar, llorar, crecer, envejecer. Qué maravilla ser hombres en toda la plenitud de la palabra. Por eso, el primer movimiento espiritual al que quisiera invitarles es a “dar gracias”; aun en el dolor y en tiempos de crisis, a dar gracias por estar juntos, por el ministerio que se nos ha confiado por pura misericordia. Dar gracias a Dios porque es, porque existe, porque está. Demos gracias a Dios a pesar de que ustedes y yo podemos fallar, pero Él no falla. Y esa es nuestra esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un autor español dice que «Un hombre agradecido ya ha salvado su alma». Y la acción de gracias es el mejor remedio para la amargura existencial, que amenaza con meterse en medio nuestro, y que queremos rechazar, porque una cosa es la tristeza, pero otra es la amargura; y cristianismo y amargura son términos contradictorios y excluyentes entre sí. Dicho de otra manera, un cristiano amargado ha renunciado a la vivencia del cristianismo. Por eso, hermanos, humilde y fraternamente los invito a estar atentos al virus de la amargura, pues cuando la amargura llega a nuestra vida sacerdotal, es el momento de pedir ayuda. Sé que a muchos de nosotros nos cuesta pedir ayuda, pero nosotros mismos le decimos a la gente que pedir ayuda no tiene nada de malo. Yo les doy testimonio que, cada vez que he necesitado pedir ayuda en estos años, la he encontrado y me ha ayudado a tratar de vivir bien el regalo del ministerio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No queremos la amargura, queremos “Ver la luz” de la que hablaba Isaías. Por eso me parece que un buen camino espiritual es peregrinar a la luz. Necesitamos movernos hacia Jesucristo, ir a Belén, no tener miedo al hedor, a las pobrezas;  porque, al fin y al cabo, Jesucristo nace en la indefensión, en la pobreza, en el mal olor. ¡No tengamos miedo, vamos a Belén!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Vamos de la amargura y la oscuridad a la luz</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El pueblo que caminaba en tinieblas</em>. Las tinieblas, en las culturas antiguas de Mesopotamia y Egipto, representaban el caos primordial donde vagaban las potencias hostiles al hombre. Al inicio del Génesis se dice: <em>Al principio Dios creó el cielo y la tierra: La tierra no tenía forma y las tinieblas cubrían el abismo</em> (Gn 1, 1-2a).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este símbolo de las tinieblas es la imagen de toda situación negativa, donde nos dominan el miedo, el dolor, la rabia y el desconcierto. Más de alguna vez el pueblo santo de Dios o nosotros nos hemos sentido en tinieblas, pero tal como Israel, queremos pedirle al Señor que nos regale la experiencia de “gustar” cómo la luz se abre paso entre las tinieblas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El pueblo que caminaba en las tinieblas vio una gran luz, sobre aquellos que habitaban el país de la oscuridad ha brillado una gran luz</em>. La doble mención de las tinieblas y de la luz nos renueva en la conciencia de la fuerza liberadora de Dios, que irrumpe en la noche, en nuestras noches, en medio de la miseria humana para hacer resplandecer todo; todo toma color y aparece la gloria, la plenitud suprema de la verdadera paz (del sentido más profundo de la palabra Shalom). Hacia esto nos conduce el camino del Adviento, a reconocer que Dios irrumpe en nuestra historia dañada, para dar nueva dignidad a los que viven en las tinieblas, a los que ya no esperan nada, a los que están sin esperanza y sin futuro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso el Adviento es renovación de la esperanza, porque es una respuesta concreta, actitudinal, a los pequeños o grandes rincones de nuestros corazones de pastores necesitados de luz. Este es un tiempo de renovación, porque es Dios quien quiere irrumpir en nuestras oscuridades, en nuestras desolaciones, en nuestras esperanzas olvidadas. Por eso, un segundo movimiento espiritual que les propongo es presentar a Dios, en sinceridad, los rincones de mi corazón sacerdotal que necesitan ser iluminados: mis desesperanzas, mis enojos, mis dolores; no como una cosa culposa, sino como una ofrenda: «Señor, esto es lo que me pasa. Ven a renovar e iluminar mi vida» y, así, estar y gozar en su presencia y de su luz renovadora. A lo mejor, a alguno le brota el deseo del sacramento de la reconciliación: ¡Bien, aproveche!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Somos pastores, vamos a Belén.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es la actitud para llegar al pesebre hoy? Hay un autor español llamado José Luis Martín Descalzo, que a mí me ha ayudado mucho en tiempos de dificultad. En uno de sus libros, llamado Razones para la Esperanza, habla de la actitud para llegar hasta el pesebre. Escribe:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La puerta de entrada a la Basílica de la Natividad, en la ciudad de Belén, tiene una puerta de solo un metro veinte de altura por la que solo los niños podían entrar sin agacharse. Esa entrada se remodeló así en la Edad Media para evitar que los moros pudieran penetrar en el templo a caballo, descabezando a los fieles en oración. Pero la verdad es que para mí también tiene un profundo sentido espiritual: que al portal de Belén solo se puede llegar de dos maneras: o teniendo la pureza de los niños, o la humildad de quienes se atreven a inclinarse ante Dios. Es lógico, porque si Dios se hizo pequeño para llegar hasta nosotros, ¿cómo podríamos llegar nosotros hasta Él sin volvernos también pequeños?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Es notable! Por eso, llegar a Belén, llegar a la Luz, implica hacerse pequeños y humildes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un tercer posible movimiento es examinar nuestra actitud vital delante de Dios y de los hermanos. ¿Cómo estamos viviendo ese anhelo del corazón de todo sacerdote de inclinarse frente Cristo pobre y obediente? Lo deseamos, pero a veces las preocupaciones o vernos superados nos agotan, podemos tener la tentación de perder la sensibilidad por la sobre exigencia. Por eso, con honestidad, también los invito a renovar nuestro deseo de servicio humilde. Si producto de nuestra humanidad algo no anda muy bien, pidamos al Señor que nos regale la renovación, y agradezcámosle también por las veces que, por su misericordia, hemos inclinado las rodillas de nuestro corazón delante de Cristo pobre y sufriente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Queremos llegar a Belén y conmovernos </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Que es Belén? Es algo muy lejano a los pesebres lindos y producidos, sino más bien es una oda al descriterio. Así lo vemos en el profeta Miqueas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Pero tú, Belén de Éfrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti sacaré el que ha de ser jefe de Israel: su origen es antiguo, de tiempo inmemorial. Por eso el Señor los abandonará hasta que la madre dé a luz y el resto de los hermanos vuelva a los israelitas.</em> (<em>Miq</em> 5, 2-3)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Belén hoy es una ciudad del dolor, llenas de policías, de sospecha, de tensión; donde no se respira la atmosfera de confianza que está llamada a transmitir, así como nosotros, que hemos perdido la confianza de la gente. Por eso, volver a Belén y ver que ahí nace Jesús, está lleno de sentido para estos tiempos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>No había sitio en la posada </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tradición popular se imagina a José de puerta en puerta, recibiendo negativa tras negativa de sus egoístas parientes. Viene a nuestra imaginación la figura del posadero que, con rostro avariento, se asoma sin compasión para decir “no hay posada”. Pero en las posadas palestinas, en realidad, siempre había sitio y a esa frase hay que darle un sentido diverso. La posada era un patio cuadrado, rodeado de altos muros. En su centro había una cisterna en torno a la cual se amontonaban bestias, burros, camellos y corderos. Pegados a los muros había unos cobertizos en los que vivían y dormían los viajeros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un biblista italiano dice que “En aquel amasijo de hombres y bestias revueltos se hablaba de negocios, se rezaba, se cantaba y se dormía, se comía y se efectuaban las necesidades naturales, se podía nacer y se podía morir, todo en medio de la suciedad y el hedor que aún hoy infectan los campamentos de los beduinos en Palestina”. A este patio se asomó José y comprendió enseguida que allí no «había sitio». Sitio material, sí. Jamás dirá un oriental que no hay lugar. El asunto es que el lugar del nacimiento era un poco “más pudoroso, pero igual o peor de asqueroso, por eso no había gente”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este dato es muy importante a la hora de hablar de esperanza: ¡Dios nace medio del dolor! Nosotros vivimos tiempos de dolor; por eso este adviento puede ser una extraordinaria oportunidad para pedir a Dios que nazca en medio del propio Belén de nuestro corazón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Plantear las cosas no siempre es fácil. Queremos evitar la actitud del triunfalismo ingenuo, como ese que se desprende de una broma típica entre un grupo de amigos cuando nos saludamos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <em>¿Cómo estás?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <em>¡De película! Sí, pero de película de terror!</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">O la otra broma</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <em>¿Cómo estás?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <em>Como la Iglesia, siempre en mi mejor momento.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entendemos lo que se quiere decir: “Dios está con nosotros”, pero se ha hecho niño frágil y necesita de nuestra respuesta, necesita nuestra colaboración en la construcción del Reino. Por eso, el Adviento nos renueva en la conciencia esperanzada de que nuestra vocación es don y tarea, que es llamada misericordiosa y respuesta <em>misericordiada</em>, ocupando <strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2018/january/documents/papa-francesco_20180116_cile-santiago-religiosi.html" target="_blank" rel="noopener">las palabras del Papa Francisco en la catedral</a></strong><a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[</strong>2]</a>. Pero esa respuesta <em>misericordiada</em> no tiene sentido sin la experiencia de ser sujetos activos de misericordia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y cuál es la certeza que la misericordia de Dios nos regala? El papa emérito Benedicto XVI, en una <strong><a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20061107_swiss-bishops.html" target="_blank" rel="noopener">homilía a los obispos suizos en noviembre de 2006</a></strong> invitaba a preguntarse:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>¿Qué significa estos tiempos difíciles para nosotros? Ante todo tenemos una certeza: Dios no fracasa. "Fracasa" continuamente, pero en realidad no fracasa, pues de ello saca nuevas oportunidades de misericordia mayor, y su creatividad es inagotable. No fracasa porque siempre encuentra modos nuevos de llegar a los hombres y abrir más su gran casa, a fin de que se llene del todo. No fracasa porque no renuncia a pedir a los hombres que vengan a sentarse a su mesa, a tomar el alimento de los pobres, en el que se ofrece el don precioso que es él mismo. Dios tampoco fracasa hoy. Aunque muchas veces nos respondan "no", podemos tener la seguridad de que Dios no fracasa. Toda esta historia, desde Adán, nos deja una lección: Dios no fracasa. También hoy encontrará nuevos caminos para llamar a los hombres y quiere contar con nosotros como sus mensajeros y sus servidores, a pesar de nuestra pobreza.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, otro movimiento espiritual que me atrevo a proponerles es pedir una gracia en positivo: ¡Señor, ayúdame a confiar en ti! Por Dios que es difícil para algunos poder confiar. No confían porque han dañado su confianza con heridas profundas, no confían porque el “principio del contador” está metido en nuestra cultura (“No confíes en nadie). No confían porque no ven salida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, esta cuarta propuesta posible de oración es tener un coloquio con Jesús y examinar mi confianza en él. Si nuestra confianza está decayendo, podemos pedir al Señor la gracia de volver y acrecentar la confianza en él. Podemos tener la seguridad de que Dios no fracasa, y esta es nuestra esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El niño en pañales, en un pesebre.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para nosotros, como hombres creyentes, el niño de Belén representa el sí definitivo de Dios a la Historia. También es un sí para la creación maltratada por nosotros; un sí a los pueblos que sufren el hambre, la guerra o la opresión; un sí a los que buscan mejores oportunidades en nuestra tierra y que no siempre son bien tratados, un sí a la paz y al respeto de nuestros pueblos originarios, un sí a las personas, a nosotros, a los pobres, a todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El relato de Navidad que hemos leído en Lucas se encuadra en este sentido. El relato de la historia del censo al parecer no busca solo darnos un contexto histórico, más bien pareciera que busca hacer una “teología de la historia” mostrando a Jesús como “la respuesta” a todas las esperanzas del pueblo de Israel y de la humanidad. De ahí se entiende que este evangelio, al final, en el relato de Emaús, ponga en la boca de los apóstoles nuevamente la expresión de lo que el pueblo esperaba. Dicen los discípulos de Emaús: <em>Nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel, pero ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió</em> (<em>Lc</em> 24, 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Precisamente el encuentro con el resucitado es la prueba más plena de que “Dios no fracasa”, que Dios hecho hombre da sentido a la historia de toda la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Adviento, entendido como una renovación de la esperanza, es ponerse en camino a Belén con José y María; no como un viaje turístico, sino en un plan más amplio, en un plan divino donde todo gemido viene escuchado, donde todo suspiro es considerado. Dios nace en un lugar pobre, en medio de una familia pobre, pues el camino de la Encarnación pasa por el camino de los pobres: Zacarías, Isabel, Simón, Ana, José, María, son los “pobres del Señor”, los que esperan en Él la salvación y no tienen la confianza puesta en los poderes de este mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fijemos nuestra mirada en los pañales y el pesebre, signos de fragilidad y pobreza. Este es el estilo de Dios, que normalmente no ofrece señales extraordinarias porque sabe que los fuegos artificiales son muy lindos, pero una vez que se terminan queda la oscuridad y el vacío. Dios es silencioso y prudente, y si nos decidimos a buscarlo, por ejemplo, en lo que Aparecida llama los “lugares de encuentro con Jesucristo”, daremos un paso importante en la búsqueda de nuestro Señor y Maestro<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Así, podemos dar una mirada a nuestra relación con Jesús en la Sagrada Escritura, en la liturgia (especialmente en la misa dominical), en el sacramento de la reconciliación, en la oración personal y comunitaria, en la piedad popular y en los pobres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quien quiera encontrarlo tendrá que aprender a reconocerlo en el grito del pobre, en el llanto de un niño, en el silencio de los sufrientes. A los pastores de Belén les dan como signos “un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. Con nosotros el signo no puede ser distinto porque Dios no puede contradecirse a sí mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El último movimiento espiritual que me atrevo a proponerles es examinar cómo estamos en nuestro encuentro con Jesucristo. Nosotros sacerdotes, llamados a este “oficio de amor”, no podemos sino ser “hombres profundamente amantes y de profunda intimidad con Jesucristo”. Solo al contacto con la fuente del Amor y de la Esperanza podemos ser pastores y servidores del pueblo santo. Por eso les invito a formular algunas preguntas que nos podrían ayudar:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo va nuestro contacto con la Palabra de Dios? ¿Cómo está nuestra espiritualidad eucarística?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Con qué espíritu y frecuencia me acerco a recibir el “Abrazo del Padre misericordioso” en el sacramento de la confesión?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo está mi encuentro íntimo con Jesucristo en la oración personal?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo vivo la vida comunitaria?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Me renuevo con la piedad popular y las manifestaciones del Pueblo Santo al que acompaño?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Tengo un contacto efectivo y afectivo con los más desposeídos y vulnerados?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Sí de Dios en Belén, pronunciado una vez y para siempre, tiene grandes implicancias. Ese Sí hace que toda creatura sea merecedora, por misericordia, de acogida y Amor (el sacerdocio es un “oficio de Amor”) y desde ese Sí, ninguna vida es indigna de ser vivida. El Sí de Dios en Belén nos recuerda que cualquiera de nosotros que esté complicado, inquieto, nostálgico, triste o enfermo, tendrá en Cristo una respuesta y una oportunidad de renovación, de respuesta a todas las interrogantes de nuestro corazón sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gemido de la creación, de los pobres, de todas las personas que viven en el dolor, de la Iglesia, de nosotros, no es el gemido de un moribundo, sino que por el Sí de Dios en Belén ese gemido de dolor se transforma en el grito de una madre a punto de dar a luz. Es el grito de la Iglesia-Madre, que espera la colaboración sencilla de sus hijos para el nacimiento de un “Cielo nuevo y una tierra nueva”, de la ciudad Santa, de la Nueva Jerusalén, donde Dios secará las lágrimas de nuestros ojos y donde <em>Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir </em>(<em>Ap</em> 21,4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para recapitular: El Adviento es una posibilidad preciosa de renovarnos en la esperanza cristiana y ministerial. A la luz de una peregrinación espiritual a Belén, les propongo cinco posibles movimientos espirituales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El primer movimiento espiritual es a “dar gracias aun en este tiempo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Un segundo movimiento es presentar a Dios, en sinceridad, los rincones de mi corazón sacerdotal que necesitan ser iluminados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Un tercer posible movimiento es examinar nuestra actitud vital delante de Dios y de los hermanos: ¿Cómo estamos viviendo ese anhelo del corazón de todo sacerdote de inclinarse frente Cristo pobre y obediente?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. La cuarta propuesta posible de oración es tener un coloquio con Jesús y examinar mi confianza en él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. El último movimiento espiritual que me atrevo a proponerles es examinar cómo están nuestros lugares de encuentro con Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos sacerdotes: ¡Cristo es nuestra esperanza! Los “Sí” de Dios tienen esa característica: Son de una vez y para siempre. El Sí de Dios en la cruz ha sellado la alianza de una vez para siempre; el “Sí” de Dios en Belén nos abre a la esperanza de la renovación. Que este tiempo de adviento sea también un tiempo de renovación del “Sí” que nosotros le hemos dicho a Dios el día de nuestra ordenación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Alabado sea Jesucristo!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Meditación ofrecida al Clero de Santiago durante el encuentro de Adviento en el Santuario de Bellavista de la Florida, 29 de noviembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, <em>Discurso en el encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas,</em> Catedral Metropolitana, Santiago de Chile, 16 enero de 2018:</h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>¿Qué es lo que fortalece a Pedro como apóstol? ¿Qué nos mantiene a nosotros apóstoles? Una sola cosa: «Fuimos tratados con misericordia». «Fuimos tratados con misericordia»(1 Tm 1,12-16). «En medio de nuestros pecados, límites, miserias; en medio de nuestras múltiples caídas, Jesucristo nos vio, se acercó, nos dio su mano y nos trató con misericordia. Cada uno de nosotros podría hacer memoria, repasando todas las veces que el Señor lo vio, lo miró, se acercó y lo trató con misericordia»[3]. Los invito a que lo hagan. No estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los «mortales». Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados. Y esa es la fuente de nuestra alegría. Somos consagrados, pastores al estilo de Jesús herido, muerto y resucitado. El consagrado –y cuando digo consagrados digo todos los que están aquí– es quien encuentra en sus heridas los signos de la Resurrección. Es quien puede ver en las heridas del mundo la fuerza de la Resurrección. Es quien, al estilo de Jesús, no va a encontrar a sus hermanos con el reproche y la condena</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Benedicto XVI, <em>Homilía del Santo Padre durante la Misa concelebrada con los obispos de Suiza</em>, Capilla Redemptoris Mater, 7 de noviembre de 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Documento de Aparecida, 246 ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: DETALLE DE "PUERTA DE LA MISERICORDIA" DE SEBASTIÁN CORREA E.</h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>“Humildad”, ecología y creación. Memoria de los mega incendios en Chile a dos años de Laudato si’ - Fredy Parra</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/humildad-ecologia-y-creacion-memoria-de-los-mega-incendios-en-chile-a-dos-anos-de-laudato-si-fredy-parra/</link>
		<pubDate>Thu, 06 Dec 2018 09:56:46 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.194 (ABRIL- JUNIO 2017)
Autor: Fredy Parra, Facultad de Teología UC
Para citar: Parra, Fredy; <em>"Humildad, ecología y creación. Memoria de los mega incendios en Chile a dos años de la Laudato si'</em>, en La Revista Católica, Nº1.194, abril-junio 2017, pp. 93-107.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/FPARRA_LRC_1194.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/LAUDATO-SI.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ENCÍCLICA LAUDATO SI'</a></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>"Humildad", ecología y creación. Memoria de los mega incendios en Chile a dos años de la <em>Laudato si' </em></strong>
<strong>Fredy Parra</strong>
<strong>Facultad de Teología</strong>
<strong>Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h5><strong>Introducción. </strong><strong>Mega incendios: efectos en el patrimonio natural del país<a href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los incendios forestales que azotaron al país afectaron 289.411 hectáreas en la Región del Maule, 116.212 hectáreas en la Región del Biobío y 112.840 hectáreas de la Región de O’Higgins, regiones que concentraron y fueron las mayormente afectadas por los incendios forestales acaecidos en la zona centro sur de nuestro país en los meses estivales del 2017<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>. Diversas son las consecuencias de estos mega incendios en términos sociales, económicos y medio ambientales. A nivel ambiental, efectos ecológicos de los incendios en el paisaje son la fragmentación e incremento del efecto borde, la desertificación, la erosión y pérdida de suelos. La biodiversidad se ve afectada negativamente por la pérdida de hábitats y de especies, migración de animales aves e insectos, ruptura en las cadenas tróficas y alteraciones en las sucesiones ecológicas<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pérdida del bosque nativo de nuestros territorios con la consecuente erosión del patrimonio natural del país queda ejemplificada en la catástrofe sufrida en diversas comunas, como en Empedrado y Constitución, ubicadas en la Región del Maule, donde el 77,7% y el 41,4% de la superficie comunal fue arrasada por el fuego respectivamente, y dentro de esta superficie quemada el 17,8% y 18,1 correspondía a bosque nativo respectivamente. También la comuna de Florida (VIII región) se vio sumamente afectada, donde el 51 % de la superficie comunal fue incendiada<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>. Se han perdido un total de 164.078 hectáreas de bosque nativo y matorral en toda el área afectadas por los mega incendios<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>. Los bosques templados chilenos, considerados como uno de los 35 “puntos calientes” (<em>hotspots</em>) para la biodiversidad global, debido a su alta concentración de especies endémicas y su alto nivel de amenaza<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>, constituyen un patrimonio natural en nuestro país que ha sido erosionado históricamente producto de la actividad humana y en décadas recientes principalmente por el reemplazo de bosque nativo por plantaciones forestales<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>. Los incendios forestales del último año vendrían a empeorar una situación ya crítica de los bosques nativos de la zona central y la biodiversidad que estos contienen. Los Bosques caducifolios mediterráneo<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a> han sido dañados enormemente por los cambios de usos de suelo y también por los últimos incendios, viéndose afectadas especies características de los bosques maulinos como el Hualo (<em>Nothofagus glauca</em>), el Roble (<em>Nothofagus obliqua</em>), Keule, (<em>Gomortega keule</em>), Ruil (<em>Nothofagus alessandrii</em>), Pitao (<em>Pitavia punctata</em>), Peumo (<em>Cryptocaria alba</em>), entre otras especies. Según informes elaborados por el Ministerio del Ambiente, 185 especies habrían sido afectadas por los incendios forestales<a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Especialmente preocupante es la situación del Pitao, el Keule y el Ruil, especies arbóreas endemias de Chile, es decir que solo se encuentran en el territorio nacional y catalogadas en peligro de extinción por la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), es decir, con altas probabilidades de desaparecer de la tierra. El Pitao, el Keule y el Ruil han sido declarados Monumento Natural de Chile en el año 1995<a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>, y hace tiempo que se ven afectadas por la fragmentación y pérdida de su hábitat, a lo que se suma el daño de los últimos incendios forestales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, la fauna que alberga estos bosques como el Güiña (<em>Leopardus guigna</em>) y la Rana chilena (<em>Calyptocephalella gayi</em>) catalogadas como vulnerables a la extinción según la IUCN, la Yaca (<em>Thylamys elegans</em>) un pequeño marsupial chileno, la Lagartija de Lolol (<em>Liolaemus confusus</em>) catalogada en peligro crítico de extinción, el Zorro culpeo (<em>Lycalopex culpaeus</em>), la Torcaza (<em>Patagioenas araucana</em>), entre otras muchas especies, se ven afectadas seriamente en su ecología producto de los incendios forestales<a href="#_edn11" name="_ednref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo lo anterior, hemos lamentado una tragedia humana directa con un poblado entero devastado y tres mil casas quemadas. En medio de los incendios murieron once personas enfrentando los fuegos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Luis Oyarzún, poeta y pensador chileno, lamentando hechos destructivos de nuestra naturaleza en 1973 se preguntaba: «¿Ante quién habrá que rendir cuenta de tanto cerro arañado por la erosión con todos sus panes y pájaros menos, de tantas tierras enrojecidas sin árboles ni cantos, de tanta quebrada seca, de los alerces quemados, de las araucarias abatidas para siempre sin nada que las reemplace? Solo clama justicia tanta tierra descuidada, perdida, estrujada»<a href="#_edn12" name="_ednref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">44 años después nos preguntamos, hoy y aquí, ¿ante quién rendiremos cuenta de los Hualos, de los Robles y de los Peumos, de los Keules, Pitaos y Ruiles maulinos? ¿Y de la Yaca, de la Guiña, de la Rana chilena, de la Lagartija de Lolol, especies vulnerables a la extinción, del Zorro culpeo, de las Torcazas que ya no veremos y de tanta vida natural cuya pérdida irreparable tendrá consecuencias fu-turas imposibles de dimensionar? Como comunidad nacional, ¿tenemos presente a los bomberos forestales que perdieron su vida en medio de nuestros bosques en llamas hace solo unos meses y a los compatriotas que perdieron sus casas con todos sus enseres en medio del desastre?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez más hemos constatado una serie de carencias del país para enfrentar semejante catástrofe ambiental y social. En su momento se habló de serias dificultades y precariedades en varios aspectos de nuestra organización social y estatal: en la planificación forestal, en los sistemas de prevención, información y protección ante estos eventos, la falta de medios técnicos adecuados para combatir los incendios o, asimismo, el consabido problema de los escasos recursos económicos para combatir eventos de esta magnitud, etc. En suma, hemos constatado la debilidad de nuestras instituciones, privadas y públicas, para enfrentar con más eficacia estas crisis. Es dable reconocer y agradecer lo mucho que se hizo para evitar que el de-sastre fuese mayor. Suponemos que ya habrá tiempo para las evaluaciones en todos los niveles que corresponda. También algo se ha hablado, quizás no lo suficiente, del impacto en nuestra tierra del cambio climático con los fenómenos meteorológicos extremos que trae consigo: olas de calor con muy altas temperaturas, reducción de la disponibilidad de agua, degradación de suelos, vientos e inundaciones, etc. Y con dolor e impotencia hemos vuelto, como tantas veces, a percatarnos de que nuestra naturaleza también es vulnerable. Redescubrir la vulnerabilidad de nuestros bosques, suelo, aves y fauna no es otra cosa que una muestra visible y cercana de la vulnerabilidad de la biósfera entera y del planeta mismo<a href="#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, a pesar de su gravedad, la tragedia humana y natural de hace un par de meses hace tiempo que no es un tema relevante en el debate nacional, y si algo se habla es un murmullo imperceptible, un asunto casi invisible como tantos otros importantes y que sin darnos cuenta va cayendo en el olvido, en ese acostumbrado olvido tan propio de nuestra cultura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No puedo estar más de acuerdo con la teóloga Claudia Leal Luna, oriunda de aquellas tierras, cuando escribió con dramática belleza hace un par de meses: «La verdad es que ya hemos dejado de hablar del tema, ha dejado de ser urgente y en un año electoral estamos bien distraídos en muchas otras cosas, las siluetas de los árboles muertos en medio del humo han desaparecido de los noticiarios de la televisión y de las conversaciones de la radio, pero queda la certidumbre fantasmal de que nuestros hijos no verán los bosques que desaparecieron, los mismos que nosotros recorrimos tantas veces, no sentirán bajo sus pies la fuerza maternal de sus raíces gruesas, ni sobre sus cabezas la sombra fresca y ligera que humedece la fatiga abrasadora, y que quizás, solo con mucho trabajo y algo de fortuna, nuestros nietos podrán hacerlo, quizás...»<a href="#_edn14" name="_ednref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos preguntamos qué hay detrás, si acaso hay algo más de fondo, de este nuevo olvido. Sin duda que hay muchas razones tantas como las complejidades de nuestra vida personal, comunitaria y social. A nuestra endémica tendencia a olvidar al otro, en su dolor, pesar y sufrimiento, se une en estos tiempos el olvido del mundo, de nuestra tierra, arrasada a veces directa o indirectamente por nosotros mismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin ninguna pretensión de agotar el tema y admitiendo las múltiples razones de nuestro olvido, quisiera en este breve espacio detenerme en uno esencial, raíz de tantos otros: el olvido de que somos terrenos, que los humanos somos “tierra que anda” como diría ese gran poeta latinoamericano Atahualpa Yupanqui.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Hemos olvidado que “<em>somos tierra</em>”, raíz de la “<em>humildad</em>”</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué puede aportar nuestra tradición religiosa al necesario y urgente intento de superar el olvido del cosmos, de la Tierra y de nuestra propia Tierra?</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hace dos años el Papa Francisco publicó <em>Laudato si’ </em>(<strong><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html" target="_blank" rel="noopener">LEER AQUÍ LA ENCÍCLICA</a></strong>), sorprendiendo al mundo con una profunda encíclica dedicada enteramente al <em>cuidado de la casa común</em><a href="#_edn15" name="_ednref15">[15]</a>. Releyendo el gran mensaje de Francisco, y junto con él, constatamos una vez más, y ahora en nuestro propio suelo que “<em>entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ </em>(<em>Rm</em> 8,22).<em> Olvidamos que nosotros mismos somos tierra </em>(cf. <em>Gn</em> 2,7)<em>. Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura</em>”<a href="#_edn16" name="_ednref16">[16]</a>. Hay aquí una clave que queremos desentrañar para comprender las razones profundas del que hemos denominado un olvido esencial. Vivimos y cultivamos un cierto “olvido del cosmos”, en palabras del teólogo belga Adolphe Gesché<a href="#_edn17" name="_ednref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos <em>olvidado</em>, en definitiva, el fundamento de nuestra “<em>humildad</em>”. Recordemos que la palabra Humildad –<em>humilitas</em>– está relacionada con la palabra “humus”. (Humilitas viene de la raíz <em>humus</em>, que signiﬁca tierra). “<em>Humus</em> signiﬁca ‘tierra’. Y no en el sentido de globo terrestre sino de materia. La tierra que aramos, que sembramos, que pisamos, en la que cavamos y donde nos entierran. <em>Humilitas</em>, literalmente, signiﬁca terrenidad. <em>Humilis</em> o humilde quiere decir, de algún modo, terrenal; igual que Adam tiene la misma raíz que la palabra <em>adamah</em>, o sea, tierra. Relacionando el significado de la palabra latina <em>humilitas</em> –humildad– y de humus –tierra– con el de la palabra hebrea hombre y <em>adamah</em> –tierra, humus- llegamos a la conclusión que existe un vínculo estrecho entre el hombre y la humildad o la humanidad y la humildad. La humildad no es algo intrascendente, al contrario, para el hombre, es esencial. Formado del polvo de la tierra, el hombre se reconoce terrenal, humilde –<em>ex humo humilis</em>–. Al formar al hombre del polvo de la tierra, Dios lo creó humilde. Su deber es ser humilde”, concluye Iván Golub<a href="#_edn18" name="_ednref18">[18]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y sin duda apoyado sobre esta misma base encontraremos el fundamento de la virtud misma de la humildad, que hunde su raíz en el <em>humus</em> que somos, y no solo etimológicamente. Y aunque no es el objeto directo de esta reflexión, no podemos dejar de compartir la pregunta del pensador francés J.-L. Chrétien cuando refiriéndose a la humildad como virtud señala “¿acaso hablar de ella no es ya de por sí hablar de todas las demás...? Es lo que hacen los santos, que la caracterizan en primer lugar por su potencia fundadora”<a href="#_edn19" name="_ednref19">[19]</a>. Y luego cita a San Juan Crisóstomo quien afirma: “Nada iguala a la humildad. Ella es la madre, la raíz, el alimento, el sustento y el vínculo de los bienes”<a href="#_edn20" name="_ednref20">[20]</a>. Y como tantos místicos, Santa Ángela de Foligno asevera que “La humildad de corazón es la matriz en la que se engendran y de la que proceden todas las demás virtudes y las obras de las virtudes; algo semejante al tronco y las ramas que brotan de la raíz”<a href="#_edn21" name="_ednref21">[21]</a>. En la misma línea, Angelus Silesius, escribe: “La humildad es el fondo, la tapa y el cofre / donde descansan las virtudes y en el cual están contenidas”<a href="#_edn22" name="_ednref22">[22]</a>. Por su parte, Jean Louis Chrétien resume que “la humildad es lo que hace que un bien sea un bien… Más que una virtud, la humildad es la respiración interior de cada una de las virtudes, de lo contrario no sería una de ellas. Solo por ella irrumpe en el mundo eso que llamamos virtud”<a href="#_edn23" name="_ednref23">[23]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El camino que se propone el Papa en <em>Laudato si’</em> es precisamente el de una humildad creacional que predispone a una auténtica valoración de nuestra creaturidad y a una contemplación del mundo creado y donado por Dios. Dice Francisco: “<em>La sobriedad y la humildad no han gozado de una valoración positiva en el último siglo… La desaparición de la humildad, en un ser humano desaforadamente entusiasmado con la posibilidad de dominarlo todo sin límite alguno, solo puede terminar dañando a la sociedad y al ambiente. No es fácil desarrollar esta sana humildad y una feliz sobriedad si nos volvemos autónomos, si excluimos de nuestra vida a Dios y nuestro yo ocupa su lugar…</em>”<a href="#_edn24" name="_ednref24">[24]</a>. <em>Laudato si’</em>, a través de los capítulos II y VI, desarrolla y propone una teología<a href="#_edn25" name="_ednref25">[25]</a> y una espiritualidad<a href="#_edn26" name="_ednref26">[26]</a> de la creación idóneas y capaces de motivar y fundamentar una profunda conversión ecológica. En medio de la grave crisis socioambiental que experimentan nuestra cultura y sociedad, se nos convoca a redescubrir con ojos nuevos que “<em>todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde</em>”<a href="#_edn27" name="_ednref27">[27]</a>. En el mismo sentido, con un gesto ecuménico notable, cita al Patriarca ortodoxo Bartolomé: “<em>Es nuestra humilde convicción de que lo divino y lo humano se encuentran en el más pequeño detalle contenido en los vestidos sin costuras de la creación de Dios, hasta en el último grano de polvo de nuestro planeta</em>”<a href="#_edn28" name="_ednref28">[28]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay, ciertamente, necesidad de una espiritualidad “desde” la humildad, desde nuestra condición de humus, de criaturas terrenas queridas especialmente por Dios “<em>para alimentar una pasión por el cuidado del mundo</em>”<a href="#_edn29" name="_ednref29">[29]</a>. Chrétien observa que “La humildad es la respuesta propiamente cristiana y, por ende, paradójica a la exhortación del ‘Conócete a ti mismo’. ‘Toda tu humildad consiste en que te conozcas’, dice San Agustín… Es conocimiento de sí mismo ante Dios, y toda humildad es encuentro… De entrada, supone un frente a frente, y no soledad; respuesta, y no un monólogo interior… solo puedo conocerme ante Dios, por su luz y en su luz, por tanto, solo al conocerlo a él, y no lo conozco en verdad más que cuando lo conozco humildemente como <em>mi creador</em> y mi salvador, del que depende todo mi ser, incluso el acto mismo de reconocerlo así”<a href="#_edn30" name="_ednref30">[30]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El reconocimiento profundo de nosotros mismos y de nuestra vocación delante del Dios Creador implica asumir con lucidez nuestra condición de criaturas con la conciencia de que venimos y dependemos de Dios y que todo lo que somos y tenemos lo hemos recibido de Él y que hacia Él peregrinamos en este mundo bueno y bello que nos ha sido dado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Fundamentos de la “humildad” creacional</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fe bíblica nos enseña que el mundo tiene su origen en un acto de creación. Dios ha creado libremente y por amor este mundo en el que habitamos, y al que estamos llamados a habitar y a cuidar habitándolo y cuidándolo. Dios ha creado los cielos “con inteligencia” (<em>Jr</em> 10,12; <em>Sal</em> 136,5) y la tierra “para ser habitada”, nos dice Isaías (<em>Is</em> 45,18). Es más, todo lo creado es bueno, muy bueno: Dios vio lo que ha creado y “he aquí que estaba muy bien” (cf. <em>Gn</em> 1,31), el relato sacer-dotal reitera siete veces la bondad de la creación (<em>Gn</em> 1, 4.10.12.18.21.25.31), expresando así su profunda convicción teológica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La totalidad del cosmos es don divino y solo cabe el asombro y el agradecimiento por la tierra y vida regaladas. Ciertamente “<em>No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada</em>”<a href="#_edn31" name="_ednref31">[31]</a>, reitera Francisco. En efecto, la tradición bíblica nos recuerda que “<em>La tierra es del Señor</em>” (LS 67, cf. <em>Sal</em> 24,1; <em>Dt</em> 10,14; <em>Lv</em> 25,23). Antecedente bíblico muy relevante en este mismo sentido es la teología judía en torno al sábado. Dios ha bendecido y santificado el sábado. Esto implica que se santifica un día, es decir, un espacio de tiempo, que está al servicio de la creación entera. La extensa y detallada exposición del mandamiento del sábado (<em>Ex</em> 20,8-11) muestra que todos tienen que celebrarlo y santificarlo: los padres y los hijos, los señores, los esclavos, los hombres y los animales, los nativos y los forasteros. El sábado es un orden de paz, de descanso agradecido y reconocimiento de la realidad como creación divina. Su celebración es universal e inclusiva: para todos y cada uno. Y no solo los hombres y los animales. También la tierra deberá tener su descanso en honor de Yahvé (<em>Lv</em> 25, 1-7) y por ello se instaura el año sabático y finalmente el Jubileo, tiempo de reconciliación y “de liberación para todos los habitantes” (<em>Lv</em> 25,10). Con todo, la Sagrada Escritura “<em>no da lugar a un antropocentrismo despótico que se desentienda de las demás criaturas</em>”, subraya el Papa Francisco<a href="#_edn32" name="_ednref32">[32]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, para la tradición del Nuevo Testamento, la clave está en contemplar la creación desde Jesús, el Nazareno, que anuncia un nuevo tiempo con la predicación del Reino de Dios (<em>Mc</em> 1,14-15). De ahí la importancia de considerar tanto las palabras como las actitudes de Jesús respecto de la creación: destaca la solicitud paterna de alcance universal, su atención por todas las criaturas y bene-volente preocupación por la vida de todos, especialmente por los más pobres y marginados. Afirma Francisco que “<em>Jesús asume la fe bíblica en el Dios creador y destaca un dato fundamental: Dios es Padre </em>(cf. <em>Mt</em> 11,25). <em>En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas, y les recordaba con una conmovedora ternura cómo cada una de ellas es importante a sus ojos</em> (<em>Lc</em> 12,6; <em>Mt</em> 6,26)”<a href="#_edn33" name="_ednref33">[33]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Creador del mundo, el que tiene el poder de llamar a la existencia a todas las criaturas es al mismo tiempo el Consumador del mundo, el que tiene el poder de devolver la vida a los muertos (<em>Rm</em> 4,17). En el libro de los Hechos de los apóstoles se afirma explícitamente que el mismo que ha creado el cielo y la tierra es quien ha resucitado a Jesús, venciendo para siempre a la muerte (<em>Hch</em> 17,24-31). La resurrección de Jesús es el sentido y la plenitud de toda creación. Destaca el Papa que “<em>El Nuevo Testamento no solo nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y amable con todo el mundo. También lo muestra como resucitado y glorioso, presente en toda la creación con su señorío universal. Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud…</em> (<em>Col</em> 1,19-20. <em>Esto nos proyecta al final de los tiempos, cuando el Hijo entregue al Padre todas las cosas y «Dios sea todo en todos»</em> (<em>1Co</em> 15,28)”<a href="#_edn34" name="_ednref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para comprender mejor lo anterior es clave la cita de la encíclica dedicada al aporte de Teilhard de Chardin: “<em>El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal. Así agregamos un argumento más para rechazar todo dominio despótico e irresponsable del ser humano sobre las demás criaturas. El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador</em>”<a href="#_edn35" name="_ednref35">[35]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por todo lo dicho es indudable que la fe bíblica contiene una riqueza insondable para comprender el mundo y la naturaleza. El antiguo concepto “creación” tiene muchísimo que contribuir al actual debate en torno a la crisis ecológica que afecta a nuestro entorno vital, a nuestro propio país y a nosotros mismos. En suma: “<em>Para la tradición judío-cristiana, decir “creación” es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación solo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal</em>”<a href="#_edn36" name="_ednref36">[36]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Responsabilidad, memoria y utopía en la acción ecológica</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Enseña <em>Laudato si’</em> que “<em>La capacidad de transformar la realidad que tiene el ser humano debe desarrollarse sobre la base de la donación originaria de las cosas por parte de Dios</em>”<a href="#_edn37" name="_ednref37">[37]</a>. De ahí que se impone la necesidad de una relación con la naturaleza sobre la base de miradas y actitudes nuevas basadas en la humildad esencial: gratitud ante la vida y la naturaleza recibida<a href="#_edn38" name="_ednref38">[38]</a>, respeto por todos los seres vivos y reconocer que tienen un valor propio antes Dios<a href="#_edn39" name="_ednref39">[39]</a>, responsabilidad ecológica en la amorosa conciencia de estar relacionados con las demás criaturas<a href="#_edn40" name="_ednref40">[40]</a>, <em>nuevos hábitos</em> y nuevos estilos de educación y de vida<a href="#_edn41" name="_ednref41">[41]</a> sobriedad y simplicidad en el modo de asumir la vida personal, comunitaria y social<a href="#_edn42" name="_ednref42">[42]</a>, solidaridad global, justicia intrageneracional e intergeneracional<a href="#_edn43" name="_ednref43">[43]</a>. Con todo, se trata de avanzar hacia una «ciudadanía ecológica» con la consiguiente normativa legal en los diversos niveles de la sociedad. Sin embargo, acota Francisco: “<em>Para que la norma jurídica produzca efectos importantes y duraderos, es necesario que la mayor parte de los miembros de la sociedad la haya aceptado a partir de motivaciones adecuadas, y que reaccione desde una transformación personal. Solo a partir del cultivo de sólidas virtudes es posible la donación de sí en un compromiso ecológico</em>”<a href="#_edn44" name="_ednref44">[44]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto con asumir seriamente la vulnerabilidad de nosotros mismos y de nuestra naturaleza estamos aprendiendo que la acción humana tiene alcances que van más allá de nuestro mero presente y que abrazan el espacio y el tiempo conllevando consecuencias futuras imprevisibles e insospechadas hace un tiempo. A la vez estamos por fin aprendiendo que nuestras acciones afectan al mundo, sus cursos vitales, a las demás criaturas de nuestro entorno y ecosistema. Todo lo cual suscita la pregunta por nuestra responsabilidad y por nuestra capacidad de ser justos tanto en el presente como en el futuro. El Papa se pregunta “<em>¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan?</em>”<a href="#_edn45" name="_ednref45">[45]</a>. Es decir, se ha abierto un nuevo y complejo ámbito a nuestro proceder ético: la solidaridad y justicia intergeneracional se convierte en una clave interpretativa de nuestras actuales comprensiones de la equidad, de la justicia y de la responsabilidad social. Como nunca antes en la historia humana se impone hoy la urgente necesidad de actuar desde el principio de responsabilidad<a href="#_edn46" name="_ednref46">[46]</a>, a fin de detener el proceso de degradación de la Tierra provocado por la acción humana y que amenaza la vida actual y futura de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La insoslayable dimensión <em>intergeneracional</em> ha puesto relieve que soluciones económicas, sociales y políticas de nuestro presente no pueden ignorar las condiciones aptas para la vida de las generaciones futuras. Es imprescindible repensar nuestros modelos de desarrollo teniendo presente, a la vez, a nuestra generación y a las generaciones del futuro. Pero no podremos pensar razonablemente en un desarrollo futuro, integral, se entiende, si no integramos nuestro pasado, si no hacemos memoria de lo que no debe ni puede ser. Un futuro nuevo es posible no solo cuando se hace cargo responsablemente del presente sino, y sobre todo, cuando se reconcilia con su pasado, evitando repetir las tragedias. “Los hombres y mujeres humillados y ofendidos a lo largo de la historia siguen golpeando las puertas de la contemporaneidad. ¿Cómo hacer justicia a los no-presentes? Y en el contexto actual me quiero referir no solo a los no-presentes del pasado sino también a los no-presentes que vendrán –que, por lo demás, siempre están llegando– a las generaciones futuras que en medio de la crisis ecológica y social de nuestros días de algún modo nos interpelan y nos convocan a una nueva y crucial responsabilidad: la de proteger a nuestros descendientes en su derecho a una vida sana e integral en un planeta habitable, justo y pacífico. Un futuro solo es auténtico cuando integra el pasado, cuando se reconcilia con él. El futuro no debe ser aparente ni mera repetición de un presente indeseado, sino realmente abierto y nuevo, y esto no es solo asunto que concierne a la razón utópica, sino también a la razón anamnética, es decir a la memoria”<a href="#_edn47" name="_ednref47">[47]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otras palabras, el futuro no solo concierne a proyecciones y planificaciones adecuadas y debidamente consensuadas por la sociedad, o a horizontes ideales y utópicos, sino que también concierne a un buen ejercicio de la memoria. La razón anamnética se orienta por la memoria del sufrimiento ajeno, de los otros, como recuerdo del sufrimiento injusto. El sufrimiento de los que sufren injusta e inocentemente nos interpela y nos sigue interpelando profundamente. Esto que hemos aprendido, o, mejor dicho, estamos aprendiendo, con la experiencia de siempre y particularmente con lo vivido en los últimos siglos y en medio de la crisis socioambiental actual nuestra conciencia, personal y colectiva, se abre paulatinamente a integrar también el sufrimiento de criaturas no humanas y el de la misma Tierra en su conjunto. Así comprendemos el decir del Papa Francisco cuando señala “<em>entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ </em>(<em>Rm</em> 8,22)”<a href="#_edn48" name="_ednref48">[48]</a>, o cuando nos llama a “<em>escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres</em>”<a href="#_edn49" name="_ednref49">[49]</a>, o cuando dice que “<em>el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo</em>”<a href="#_edn50" name="_ednref50">[50]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Diálogo interdisciplinar en torno a nuestro desarrollo</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Los cristianos debemos, sin duda, entrar activa y creativamente en el debate actual en torno a la concepción, práctica y condiciones de posibilidad de un Desarrollo Sostenible en nuestro país. En la línea de <em>Laudato si’</em>, al pensamiento cristiano, me parece, le corresponde promover un diálogo interdisciplinar en torno al desarrollo sostenible e integral en sus necesarios alcances presentes y futuros. La encíclica constituye una clara motivación al diálogo a todos los niveles posibles. La discusión abierta e informada es el único camino para buscar convergencias, aproximación de intereses en conflicto y de perspectivas diversas pero complementarias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Salta a la vista que la crisis ecológica es compleja y que abraza las diversas expresiones y dimensiones de la realidad social y cultural: “<em>todo está relacionado</em>” ha dicho el mismo Papa<a href="#_edn51" name="_ednref51">[51]</a>. Sin considerar que efectivamente todo esta interrelacionado difícilmente podremos comprender cabalmente lo que pasa y dimensionar el deterioro ambiental, social y espiritual que se vive y sufre. La propuesta de una ecología integral propuesta por <em>Laudato si’<a href="#_edn52" name="_ednref52"><strong>[52]</strong></a></em> implica justamente considerar la complejidad sistémica de lo que ocurre y a la vez integrar todas las aproximaciones al problema que conlleva una crisis por definición socioambiental, socioeconómica y política, cotidiana, cultural y también de cosmovisión y espiritual. Al respecto, dice el Papa: “<em>La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente… Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático… Buscar solo un remedio técnico a cada problema ambiental que surja es aislar cosas que en realidad están entrelazadas y esconder los verdaderos y más profundos problemas del sistema mundial</em>”<a href="#_edn53" name="_ednref53">[53]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo mismo, es irrenunciable el diálogo entre las plurales instancias de la sociedad democrática: entre la política y la economía, entre el mundo privado y público, empresarios y trabajadores, el diálogo intra-eclesial y entre las tradiciones religiosas y filosóficas existentes en nuestra cultura, entre creyentes y no creyentes, el diálogo con y entre los diferentes movimientos ecologistas, el diálogo con las ciencias naturales y sociales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Particularmente importante es fomentar un diálogo crítico con las ciencias a fin de identificar los graves problemas ambientales que nos afectan, enriquecerse en esa conversación y dejarse cuestionar con los distintos métodos científicos y sus respectivas epistemologías. De hecho, <em>Laudato si’</em> se nutre del consenso científico universal para realizar un agudo y muy crítico diagnóstico de la situación actual<a href="#_edn54" name="_ednref54">[54]</a> y junto con valorar el rol crucial de la ciencia para mejorar la calidad de vida y resolver necesidades de la humanidad<a href="#_edn55" name="_ednref55">[55]</a>, hace un llamado a que los científicos reflexionen más sobre las consecuencias de sus procedimientos y que adopten una mirada más integradora de la realidad<a href="#_edn56" name="_ednref56">[56]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ciencia no es suficiente para enfrentar el desafío eminentemente moral que implica la compleja crisis ecológica contemporánea. Es razonable y urgente que la ciencia manifieste su apertura al pensamiento y praxis moral en todas sus dimensiones. La interdisciplinariedad y el diálogo con la ética son imprescindibles en todos los campos de nuestra existencia y especialmente hoy al repensar y rediseñar un modelo de Desarrollo a la vez sostenible e integral. Para Francisco: “<em>No se puede hablar de desarrollo sostenible sin una solidaridad entre las generaciones</em>”<a href="#_edn57" name="_ednref57">[57]</a>. Y señala en otro lugar de su encíclica teológica y ecológica: “<em>El problema fundamental es… el modo como la humanidad, de hecho, ha asumido la tecnología y su desarrollo, junto con un paradigma homogéneo y unidimensional… De ahí se pasa fácilmente a la idea de un crecimiento infinito o ilimitado, que ha entusiasmado tanto a economistas, financistas y tecnólogos. Supone la mentira de la disponibilidad infinita de los bienes del planeta, que lleva a ‘estrujarlo’ hasta el límite y más allá del límite</em>”<a href="#_edn58" name="_ednref58">[58]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto al crucial diálogo entre política y economía, Francisco señala algunos criterios orientadores muy relevantes: “<em>la política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia</em>”<a href="#_edn59" name="_ednref59">[59]</a>, que “<em>siempre hay que recordar que la ‘protección ambiental no puede asegurarse solo en base al cálculo financiero de costos y beneficios. El ambiente es uno de esos bienes que los mecanismos del mercado no son capaces de defender o promover adecuadamente’</em>”<a href="#_edn60" name="_ednref60">[60]</a>. Es más, llama a diseñar y a imaginar un nuevo modelo de desarrollo que junto con reducir el ritmo de producción y consumo tenga menor impacto ambiental y que se fomente una creatividad e innovación inteligentes capaces de dar lugar a una alianza entre progreso y respeto al medioambiente<a href="#_edn61" name="_ednref61">[61]</a>. Se trata, en suma de cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir la concepción misma del progreso: “<em>Un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso</em>”<a href="#_edn62" name="_ednref62">[62]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Ecología integral, en fin, no se puede separar de la noción de bien común<a href="#_edn63" name="_ednref63">[63]</a>, y éste es a su vez es inseparable de la opción por los más pobres<a href="#_edn64" name="_ednref64">[64]</a> y deshereda-dos de este mundo nuestro. No olvidemos que “<em>no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental</em>”<a href="#_edn65" name="_ednref65">[65]</a>. Los que más sufren con la crisis ecológica son los más pobres y marginados en las diversas latitudes del planeta. En consecuencia, “<strong><em>un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social</em></strong><em>, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar <strong>tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres</strong></em>”<a href="#_edn66" name="_ednref66">[66]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Concluyo con las palabras del teólogo Jürgen Moltmann: “Hemos de volver a integrarnos en la omniabarcante comunidad de creación, de la que nos habíamos desprendido. Hemos de comprender de nuevo que la naturaleza y nosotros mismos somos creación de Dios y, en nombre de la creación divina, debemos oponer-nos a la destrucción de la naturaleza. Ya no podemos pretender únicamente conocer la naturaleza para dominarla, sino comprenderla para colaborar con ella”<a href="#_edn67" name="_ednref67">[67]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Agradezco muy especialmente a Santiago Parra Bulacio, estudiante y tesista de Biología Ambiental de la Universidad de Chile, la recopilación de los siguientes datos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Sistema de Información digital para el control de operaciones, SIDCO CONAF.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">http://www.conaf.cl/incendios-forestales/incendios-forestales-en-chile/estadistica-de-ocurrencia-diaria/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Castillo, M., Pedernera, P., &amp; Peña, E. (2003). Incendios forestales y medio ambiente: una síntesis global. <em>Revista ambiente y desarrollo de CIPMA</em>, 19 (3), 44-53.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Elaboración de Santiago Parra Bulacio, a través de Arc Gis, utilizando información de área de afectación de incendios del IDE y catastro de usos de suelo Sit Conaf.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> Sistema de Información Territorial, SIT. Información de megaincendios forestales Enero – Febrero 2017. CONAF.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Myers, N., Mittermeier, R. A., Mittermeier, C. G., Da Fonseca, G. A., &amp; Kent, J. (2000). Biodiversity hotspots for conservation priorities. <em>Nature</em>, 403 (6772), 853-858.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Aguayo, M., Pauchard, A., Azócar, G., &amp; Parra, O., (2009). Cambio del uso del suelo en el centro sur de Chile a fines del siglo XX: Entendiendo la dinámica espacial y temporal del paisaje. <em>Revista chilena de historia natural</em>, 82(3), 361-374. https://dx.doi.org/10.4067/S0716-078X2009000300004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Luebert, F., &amp; Pliscoff, P. (2006). <em>Sinopsis bioclimática y vegetacional de Chile</em>. Editorial Universitaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a> La Tercera (2017/03/20) “Ministerio del Medio Ambiente revela que 185 especies fueron afectadas por incendios forestales”. http://www.latercera.com/noticia/ministerio-del-medio-ambiente-revela-185-especies-fueron-afectadas-incendios-forestales/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Ministerio de Agricultura (03-04-1995). Decreto 13: Declara monumento natural las especies forestales queule, pitao, belloto del sur, belloto del norte y ruil», Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref11" name="_edn11">[11]</a> Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN) (2017) http://www.iucnredlist.org/.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref12" name="_edn12">[12]</a> Oyarzún, L., <em>Defensa de la Tierra</em>, 2° ed., Ed. Biblioteca Nacional, Santiago, 2015. (1° ed. 1973), 29.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref13" name="_edn13">[13]</a> Para un visión amplia y fundamentada de la crisis ecológica contemporánea se puede ver el reciente estudio de Francisco López Bermúdez, “La interacción Humanidad-Tierra: el Antropoceno”, en Teresa Vicente Giménez, ed., <em>Justicia Ecológica en la Era del Antropoceno</em>, Ed. Trotta, Madrid, 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref14" name="_edn14">[14]</a> Leal, C., http://www.catholicethics.com/forum-submissions/quien-no-conoce-el-bosque-chileno-no-conoce-este-planeta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref15" name="_edn15">[15]</a> Para un análisis de <em>Laudato si’</em>, me permito remitir a Parra, F., “Hacia una ecología integral en defensa de la tierra. Encíclica <em>Laudato si’</em>”, en <em>La Revista Católica</em>, Julio-Septiembre, 2015, año CXV, Número 1.187, 224-232; y en el mismo número de <em>La Revista Católica</em> se puede consultar el artículo de Ferrada, A., “<a href="http://revistacatolica.cl/2018/06/siete-claves-para-leer-la-carta-enciclica-laudato-si-andres-ferrada-pbro/" target="_blank" rel="noopener">Siete claves para leer la Carta Encíclica <em>Laudato si’</em></a>”, 233-243.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref16" name="_edn16">[16]</a> LS 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref17" name="_edn17">[17]</a> Gesché, A., <em>Dios para pensar II</em>, Dios-El Cosmos (Ed. Sígueme, Salamanca, 1997), 152.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref18" name="_edn18">[18]</a> Golub, I., <em>El último día de la creación</em> (Ed. Sígueme, Salamanca, 2004), 80.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref19" name="_edn19">[19]</a> Chrétien, J.-L., La Mirada del amor (Ed. Sígueme, Salamanca, 2005), 11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref20" name="_edn20">[20]</a> Juan Crisóstomo, <em>Acta Apostolorum, hom. 30, en Patrología graeca LX</em>, 225, ap., Chrétien, J.-L., o. c., 11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref21" name="_edn21">[21]</a> De Foligno, A., <em>Le livre de l’expérience des vrais fidéles</em> (Paris, 1927), 421, ap. Chrétien, o. c., 12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref22" name="_edn22">[22]</a> Silesius, A., <em>Le pélerin chérubinique I</em>, Paris, 1946, 77, ap., Chrétien, o. c., 12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref23" name="_edn23">[23]</a> Chrétien, J.-L., o. c., 12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref24" name="_edn24">[24]</a> LS 224, en este párrafo se habla tres veces de <em>humildad</em>; Cf. LS 67-69, 87, 222.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref25" name="_edn25">[25]</a> LS 62-100.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref26" name="_edn26">[26]</a> LS 202-245.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref27" name="_edn27">[27]</a> LS 89.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref28" name="_edn28">[28]</a> LS 9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref29" name="_edn29">[29]</a> LS 216.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref30" name="_edn30">[30]</a> Chrétien, J.-L., o. c., 14, el destacado en cursiva es mío.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref31" name="_edn31">[31]</a> LS 67.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref32" name="_edn32">[32]</a> LS 68.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref33" name="_edn33">[33]</a> LS 96.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref34" name="_edn34">[34]</a> LS 100.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref35" name="_edn35">[35]</a> LS 83, se añade en nota 53: “<em>En esta perspectiva se sitúa la aportación del P. Teilhard de Chardin…</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref36" name="_edn36">[36]</a> LS 76.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref37" name="_edn37">[37]</a> LS 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref38" name="_edn38">[38]</a> LS 220.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref39" name="_edn39">[39]</a> LS 69.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref40" name="_edn40">[40]</a> LS 220.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref41" name="_edn41">[41]</a> Cf. LS 209.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref42" name="_edn42">[42]</a> LS 206-215.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref43" name="_edn43">[43]</a> LS 159-160.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref44" name="_edn44">[44]</a> LS 211.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref45" name="_edn45">[45]</a> LS 160.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref46" name="_edn46">[46]</a> Jonas, H., <em>El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica</em> (Ed. Herder, Barcelona, 1995; Edición alemana de 1979).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref47" name="_edn47">[47]</a> Parra, F., <em>Esperanza en la historia. Idea cristiana del tiempo</em> (Ed. Universidad Alberto Hurtado, Santiago, 2011), 275-276.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref48" name="_edn48">[48]</a> LS 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref49" name="_edn49">[49]</a> LS 49.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref50" name="_edn50">[50]</a> LS 53.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref51" name="_edn51">[51]</a> LS 16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref52" name="_edn52">[52]</a> LS 137.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref53" name="_edn53">[53]</a> LS 111.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref54" name="_edn54">[54]</a> LS 17-61.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref55" name="_edn55">[55]</a> LS 102-103.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref56" name="_edn56">[56]</a> LS 111-114.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref57" name="_edn57">[57]</a> LS 159.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref58" name="_edn58">[58]</a> LS 106.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref59" name="_edn59">[59]</a> LS 189.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref60" name="_edn60">[60]</a> LS 190.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref61" name="_edn61">[61]</a> LS 191-192.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref62" name="_edn62">[62]</a> LS 194.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref63" name="_edn63">[63]</a> LS 158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref64" name="_edn64">[64]</a> LS 158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref65" name="_edn65">[65]</a> LS 139.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref66" name="_edn66">[66]</a> LS 49. El destacado en negrita está en cursiva en el texto original.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref67" name="_edn67">[67]</a> Moltmann, J., <em>La justicia crea futuro. Política de paz y ética de la creación en un mundo amenazado</em>, Sal Terrae, Santander, 1992, 28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Claves para el diálogo teológico en tiempos de crisis según el De synodis de Hilario de Poitiers -  Samuel Fernández, Pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/claves-para-el-dialogo-teologico-en-tiempos-de-crisis-segun-el-de-synodis-de-hilario-de-poitiers-samuel-fernandez-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 13 Dec 2018 09:42:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.193 (ENERO- MARZO 2017)
Autor: Samuel Fernández E., Facultad de Teología UC
Para citar: Fernández, Samuel; <em>Claves</em> <i>para el diálogo en tiempos de crisis según el De synodis de Hilario de Poitiers</i>, en La Revista Católica, Nº1.193, enero-marzo 2017, pp. 41-51</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/SFERNANDEZ_LRC_1193.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Claves para el diálogo teológico en tiempos de crisis según el <em>De Synodis</em> de Hilario de Poitiers<em> </em></strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Samuel Fernández E., pbro.</strong>
<strong>Facultad de Teología</strong>
<strong>Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario de Poitiers jugó un papel muy importante durante la «crisis arriana» del siglo IV. Su ejemplar esfuerzo por comprender la teología de sus adversarios, en un debate marcado por las descalificaciones y la intransigencia, distingue al obispo de Poitiers como teólogo eclesial particularmente dedicado a buscar el mutuo entendimiento entre las diferentes tradiciones teológicas de Oriente y Occidente. Por defender la fe de Nicea, debió partir al exilio en Frigia, en el año 356. Pero su exilio en Oriente, en vez de replegarlo en la intransigencia, lo abrió a la riqueza teológica de Oriente. En sus años de exilio, Hilario comprendió que muchos de los orientales tenían una fe ortodoxa, pero que era expresada con una terminología diferente. En este contexto, Hilario escribe el libro <em>De Synodis</em> (PL 10, 471-546), una obra que busca la mutua comprensión entre antiarrianos de ambas partes del Imperio que, según la perspectiva de esta obra, se miraban como adversarios sin serlo en realidad. Para este propósito, ofrece un conjunto de principios para favorecer el diálogo teológico.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Contexto histórico y teológico del <em>De synodis</em></strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario está situado en una coyuntura histórica muy particular, que es necesario tener en cuenta. De una afirmación del <em>De synodis</em>, se deduce que el obispo de Poitiers entró en la escena de la controversia arriana en el sínodo de Béziers, a inicios del año 356, y que anteriormente ni siquiera conocía la fe de Nicea (<em>De synodis</em>, 91). Este sínodo, convocado por el emperador Constancio II, buscaba que los obispos latinos confirmaran la condenación a Atanasio. Hilario se negó a firmar y junto con Rodanio de Tolosa fue exiliado, tal como los sínodos de Arlés (año 353) y Milán (año 355) habían hecho con Dionisio de Milán, Eusebio de Vercelli, Paulino de Tréveris y Lucífero de Cagliari.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El exilio en Frigia, que se prolongó hasta el 361, significó una notable contribución a la formación teológica de Hilario, en especial, porque le permitió entender la complejidad de la controversia teológica y liberarse de ciertos rígidos esquemas que circulaban en Occidente. El problema era el siguiente: muchos obispos de Oriente rechazaban el término «consubstancial» profesado por el Concilio de Nicea (es decir, la identidad de sustancia entre el Padre y el Hijo), porque lo entendían como una herética afirmación de la identidad personal del Padre y el Hijo (como si ambos fueran una sola persona). Los obispos de Occidente, en cambio, creían que cualquiera que rechazaba Nicea negaba la divinidad del Hijo y era arriano.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Al año siguiente del exilio de Hilario, es decir, a mediados del año 357, para lograr la unidad del Imperio, herido por las controversias teológicas, el Emperador convocó un sínodo en Sirmio (actualmente en Serbia). La asamblea episcopal redactó la <em>Segunda fórmula de Sirmio</em>, que prohibía el uso teológico del término sustancia (oùsía) y de sus derivados. De esta manera, se prohibía el Credo del Concilio de Nicea (año 325). La intención del emperador Constancio II era acabar con las discusiones y lograr así la ansiada unidad de la Iglesia y, por lo tanto, del Imperio. Pero, esta declaración suscitó un fuerte rechazo en Occidente y, además, un poco esperado rechazo en Oriente. De hecho, un grupo de obispos orientales, que no aceptaban el término «consubstancial» de Nicea para defender la distinción personal entre ambos y que, por ello, eran vistos como arrianos por los occidentales, consideró inaceptable esta fórmula, demostrando que no eran arrianos, sino que tenían una fe ortodoxa, pero que se expresaba con una terminología diferente a la de Nicea.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">A partir del año 357 y sobre todo en el año 358, gracias a Basilio de Ancira y Jorge de Laodicea, este grupo de obispos orientales (los <em>homeousianos</em>), que sin ser arrianos eran tenidos por tales por los occidentales, se organizó para luchar contra los verdaderamente arrianos, que por esos tiempos tenían a la cabeza a Eudoxio, a Aecio y a Eunomio (los anomeos). En esta situación, Hilario redacta el <em>De synodis</em>, cuya intención es clara: quiere compartir por carta «algunas consideraciones de la recta fe», y exponerles a sus colegas occidentales el contenido de la fe de los obispos orientales, que es objeto de sospechas. En otras palabras, Hilario busca que sus colegas de Occidente, en vez de sospechar, comprendan la fe de los obispos orientales. El obispo se esfuerza por mostrarle a los occidentales que muchos obispos orientales, a veces con diferentes términos, profesan la misma fe católica.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Claves para el diálogo teológico en tiempos de crisis</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario, entonces, escribe en medio de una severa crisis teológica. Pero, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, en medio de la polémica, no pretende destacar los errores de sus adversarios, sino que, desde la perspectiva privilegiada que le había otorgado su conocimiento de la teología de los obispos orientales, busca favorecer el entendimiento entre los obispos antiarrianos de Oriente y Occidente. De hecho, ambos grupos, pertenecientes a tradiciones teológicas y a lenguajes técnicos distintos, se miraban como adversarios.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Teniendo en cuenta este propósito, es posible reconocer en el obispo de Poitiers algunas actitudes que favorecen el diálogo teológico en tiempos de crisis. Más allá de algunas actitudes más bien morales, como el equilibrio, la sinceridad y la constancia (<em>De synodis</em>, 4; 8; 23), Hilario insiste en otras de carácter teológico. Estas son las que se pretende exponer en las siguientes páginas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>a. Atender al contexto de las fórmulas doctrinales</strong></em></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario reconoce que las declaraciones doctrinales de los sínodos nacen de la necesidad de refutar errores particulares. Es decir, los documentos magisteriales de los obispos responden a contextos polémicos concretos. Esta simple afirmación permite a Hilario justificar una realidad que preocupaba a muchos obispos, a saber, la multiplicación de fórmulas de fe. Mientras algunos insistían en que bastaba con el credo de Nicea, el obispo de Poitiers señala que <em>diversos momentos y lugares</em>, es decir, diversas situaciones concretas, habían hecho necesario que fueran escritas otras profesiones de fe (<em>De synodis</em>, 7; 28; 33; 63). De esta simple constatación se deduce una importante clave: para comprender el magisterio de los obispos, es necesario conocer su contexto histórico. Por ejemplo, cuando el obispo de Poitiers se propone comentar la segunda fórmula de Antioquía (341), un documento sospechoso de arrianismo para muchos occidentales, pues no contiene el término <em>consubstancial</em> de Nicea, recuerda que hay que tener en cuenta el propósito de texto:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«En primer lugar se debe saber que, en Antioquía, los obispos no se congregaron contra la herejía [arriana], que ha osado confesar que el Padre y el Hijo son de sustancia desemejante, sino contra la herejía que, después del santo sínodo de Nicea, quería atribuir tres nombres al Padre» (<em>De synodis</em>, 32).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La preocupación por el contexto doctrinal es fundamental: la ausencia del término consubstancial de Nicea, el «homoúsios», podía ser vista como una concesión al arrianismo o como una reacción contra una interpretación sabeliana de Nicea (como si al decir que el Padre y el Hijo son una única sustancia, afirmara que ambos son una sola persona). Según Hilario, entonces, el sínodo se concentró en clarificar la distinción real entre las personas y no su mutua unidad, porque quería hacerles frente a los herejes que, por insistir en la unidad, caían en el sabelianismo. De este modo, no solo es necesario prestar atención a las palabras de los documentos, sino también a su propósito.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es tan relevante el propósito de los documentos, que Hilario llega a afirmar que las fórmulas contrarias, en cuanto a la letra, pueden ser concordantes en su contenido. Esta reflexión era exigida por un problema bien concreto: la aparente contradicción entre el sínodo de Antioquía (año 268) que, según algunos obispos orientales, había rechazado que el Hijo fuera consubstancial al Padre, y el sínodo de Nicea (año 325), que había declarado al Hijo consubstancial al Padre (<em>De synodis</em>, 86). Contra la herejía de Pablo de Samosata, había sido necesario insistir en la distinción entre el Padre y el Hijo y, por ello, en el año 268 se rechazó la unidad de sustancia (homoúsios), porque era utilizada por la herejía sabeliana para eliminar la distinción personal del Hijo respecto del Padre; en cambio, contra la herejía contraria, es decir, la de Arrio, era necesario insistir en la unidad entre el Padre y el Hijo y, por ello, en el año 325 se definió su unidad de sustancia (homoúsios).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>b. Atender a la diferencia entre el contenido de la fe y su formulación</strong></em></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario destaca la desproporción que se verifica entre el contenido de la fe del creyente y su expresión concreta. De hecho, a propósito de este tema, afirma: «Me faltan las palabras, no la comprensión» (<em>De synodis</em>, 65). Es decir, declara que cuenta con la comprensión interna de la fe, pero que carece de las palabras adecuadas para expresarla. En varias partes, el De synodis supone la diferencia entre los términos con que se expresa la fe (<em>nomen /verbum</em>) y el contenido de la fe (<em>sensus /intelligentia</em>). Esta importante distinción entre el contenido de la fe y las palabras de su formulación tiene relevantes consecuencias para el debate teológico, en especial, en tiempos de crisis. Por una parte, indica que no basta proclamar materialmente las fórmulas correctas para profesar, de hecho, la fe correcta. Así lo denuncia el obispo exiliado por defender la fe de Nicea:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Muchos de entre los nuestros, hermanos queridísimos, confiesan de tal manera (<em>ita</em>) una sola sustancia (<em>una substantia</em>) del Padre y del Hijo que se puede ver que la confiesan más impía que piadosamente» (<em>De synodis</em>, 67).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es decir, los de tendencia sabeliana afirman con Nicea la unidad entre el Hijo y el Padre, pero lo hacen de tal manera que suprimen la diversidad de personas. Y, por el contrario, los arrianos, «proclaman al Padre y al Hijo solo con los nombres, pero no en la verdad de la esencia, natural y genuina» (<em>De synodis</em>, 20), dado que, si el Hijo fuera una criatura, como afirmaban los arrianos, Dios no sería <em>Padre</em> del Hijo, sino solo su <em>Creador</em>, y el Hijo no sería Hijo, sino una criatura. Por otra parte, frente a las disputas acerca de la legitimidad de algunos términos técnicos, Hilario reconoce que a veces los desacuerdos radican no en el contenido de la fe, sino en su expresión verbal:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«En efecto, es vano temer un pleito referido a una palabra (<em>verbum</em>) allí donde la realidad misma (<em>res ipsa</em>), a la que se refiere la palabra (<em>verbum</em>), no presenta dificultad» (<em>De synodis</em>, 83).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con estas palabras, nuestro autor insiste en que lo verdaderamente relevante no es la expresión verbal (<em>verbum</em>), sino el contenido mismo de la fe (<em>res ipsa</em>). Hay un tercer caso: cuando la fe es correcta sin estar vinculada a una determinada fórmula. En este caso se encontraba el propio obispo de Poitiers, hasta el año 356, en que fue exiliado:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Renacido no hace mucho, y habiendo permanecido en el episcopado por un poco de tiempo, nunca escuché la fe Nicena sino cuando debía partir al exilio (año 356). Sin embargo, los Evangelios y los apóstoles me grabaron interiormente la comprensión del <em>homoúsios</em> y del <em>homeoúsios»</em> (<em>De synodis</em>, 91).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Si bien Hilario no conocía el texto del <em>Credo</em> niceno, de todos modos, gracias a los Evangelios y los apóstoles, adhería al contenido de él (es decir, la <em>res ipsa</em>). Aun sin conocer la formulación de Nicea, su fe no era algo vago y genérico, prueba de ello es que su defensa de esta fe le valió el exilio a Frigia. Finalmente, un último caso, que es el más deseable, se verifica cuando se persevera tanto en una correcta profesión de fe como en su adecuada comprensión.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Entonces, la recomendación del teólogo es que, en tiempos de crisis, la discusión teológica no debe centrarse en los términos (<em>verba</em>), sino en el contenido mismo de la fe (<em>res ipsa</em>). Esta constatación plantea un nuevo problema: si las fórmulas (<em>verba</em>) no aseguran la expresión del contenido de la fe (<em>res ipsa</em>), ¿cómo consolidar la unidad de la fe eclesial, que exige un contenido accesible a todos? Sin duda, el carácter eclesial de la fe exige formulaciones verbales, comprensibles para todos, pero ¿cómo asegurar que las fórmulas expresen, para todos, el mismo contenido de la fe eclesial? La respuesta de Hilario es simple: en tiempos de crisis, es necesario explicar las fórmulas:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Entre estos peligros para la fe, tantos y tan grandes, se ha de moderar la brevedad de las palabras, para que no se juzgue que se dice de modo impío lo que se entiende piadosamente, y para que el discurso, con una comprensión segura e inocente, no se vuelva culpable con ocasión de los herejes» (<em>De synodis</em>, 69).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con estas palabras Hilario reacciona, por una parte, contra quienes juzgan la ortodoxia solo sobre la base de la adhesión material a la letra del símbolo de Nicea, sin interesarse por su comprensión, y, por otra, contra los que expresan su fe correcta con formulaciones que favorecen a los herejes. En ambos casos, la solución es evitar la brevedad de las fórmulas, es decir, ofrecer la fórmula junto con su explicación. Naturalmente, para explicar el contenido de las fórmulas, es necesario definir también el contenido de los términos técnicos de la teología trinitaria. Antes de exponer los cánones de Ancira (358), nuestro autor declara:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Porque frecuentemente nos es necesario el nombre de «esencia» y «sustancia», debemos conocer qué significa esencia, para que no suceda que cuando hablemos de las realidades ignoremos el contenido de las palabras» (<em>De synodis</em>, 12).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Nuevamente, aparece el problema de la distinción entre la palabra (<em>verbum</em>) y su contenido (<em>res</em>). La clarificación del contenido de las palabras que se utilizan en el debate teológico es una condición necesaria para un diálogo fecundo, pues permite evitar «las sospechas y los desacuerdos de palabras» (<em>De synodis</em>, 9).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>c. Esforzarse por comprender al interlocutor</strong></em></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, la falta de claridad en el contenido de los términos de la discusión implica el riesgo de la sobre-interpretación, es decir, que el lector, yendo más allá del discurso de su interlocutor, suponga elementos que, de hecho, no están presentes en la mente de su adversario y condene sus palabras. Contra este riesgo, el obispo afirma:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Tengo miedo, no de vosotros –el Señor conoce mi sentimiento–, sino de algunos que se tienen por demasiado sensatos y prudentes, que no entienden el precepto del bienaventurado Apóstol para ellos: 'No sobreentendáis'» (<em>De synodis</em>, 6).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La reacción es contra aquellos que, aun sin haber escuchado la argumentación completa, suponen el resto de la argumentación y la rechazan. Por ello, Hilario ruega:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Que ninguno crea que me debe juzgar por el inicio de esta carta, antes de la conclusión del texto. En efecto, sin conocer hasta el final la lógica de las afirmaciones, es injusto dictar una sentencia preconcebida» (<em>De synodis</em>, 6).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El autor latino, dado que ofrece una argumentación compleja y balanceada, dice que quiere evitar que alguno lo condene antes de escuchar la exposición completa (<em>De synodis</em>, 32). En la misma línea, el obispo latino insiste en que no se debe rechazar una afirmación por el hecho de que pueda ser mal comprendida. Como es sabido, el sínodo de Sirmio (año 357) prohibió el uso del término «substancia» alegando que muchos se sentían confundidos por el término (<em>De synodis</em>, 11). En su defensa del «consubstancial» de Nicea, contra los que lo rechazaban por su eventual interpretación sabeliana, reacciona contra los que decían que se debía reprobar el término «consubstancial» porque era posible que se entendiese mal. En este contexto, argumenta:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Si tememos lo [que puede entenderse mal], entonces borremos en el Apóstol lo que ha dicho: <em>El Mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús</em> (<em>1Tim</em> 2,5), porque Fotino usa esto para fortalecer su herejía. También sucumba la carta escrita a los Filipenses, o por el fuego o por la esponja, para que en ella Marción no relea: <em>Hallado en figura como de hombre</em> (<em>Flp</em> 2,7), profesando que hay una ilusión de cuerpo, no un cuerpo. Que no se conserve el evangelio de Juan, para que Sabelio no diga: <em>Yo y el Padre somos uno</em> (<em>Jn</em> 10,30), y para que los [eunomianos] no encuentren escrito: <em>El Padre es mayor que yo</em> (<em>Jn</em> 14,28). Que dejen de existir los libros de Moisés, para que las tinieblas no sean coeternas a Dios, para que los años de Matusalén no superen el tiempo del diluvio y para que Dios, escuchando el clamor de los de Sodoma, como uno que ignora el clamor, no descienda para ver si acaso junto con el clamor se han completado los pecados, y no parezca que Dios ignoraba lo que sabía (<em>Gn</em> 18,21). Y dado que todo esto es mal comprendido por ellos, entonces no sea leído por nosotros. Sucumban, además, todos aquellos divinos y santos Evangelios de la salvación humana, para que no se contradigan entre sí por el contenido contrario de las afirmaciones» (<em>De synodis</em>, 85).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, remata la argumentación, diciendo: «Entonces, no nos deberíamos gloriar en la cruz de Cristo, porque es escándalo para el mundo» (<em>De synodis</em>, 85). Y concluye, cuando una afirmación puede comprenderse mal, no hay que suprimirla, sino buscar la manera de comprenderla bien.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>d. Evitar la unilateralidad</strong></em></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Los ambientes polémicos tienden a la polarización, a la intransigencia y, en definitiva, a la unilateralidad. Por esto, en medio de la severa crisis arriana, Hilario insiste varias veces en la necesidad de evitar las unilateralidades. Dado que en los años de la redacción del De synodis la discusión se había centrado de manera excesiva en la «consubstancialidad» entre el Padre y el Hijo, el obispo de Poitiers afirma:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«El católico que debe afirmar una sola sustancia del Padre y del Hijo, no comience por aquí, ni sostenga esto como lo más importante, como si sin esto se anulara la fe verdadera» (<em>De synodis</em>, 69).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Esta advertencia no es simplemente una medida política para atenuar los conflictos en medio de una crisis, sino que tiene un fundamento teológico más profundo, a saber, la complejidad de las afirmaciones centrales del cristianismo. El Evangelio nunca es unilateral, sino que es un tejido de afirmaciones en tensión en que, si se abandona una de sus dimensiones, se desfigura su fisonomía completa. Por ello, a propósito de la unilateral insistencia de algunos acerca del «consubstancial» de Nicea, en un brillante texto destaca que cada enseñanza cristiana debe ser profesada junto con otra que la equilibra:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Pues yo no acojo que Cristo nació de María, a no ser que también acoja: <em>En el principio existía la Palabra y la Palabra era Dios</em> (<em>Jn</em> 1,1). No acogeré que Cristo tuvo hambre, a no ser que acoja: <em>No solo de pan vive el hombre</em> (<em>Mt</em> 4,4), después del ayuno de cuarenta días. No acogeré que tuvo sed, a no ser que acoja: <em>El que beba de esta agua que yo le daré no tendrá sed jamás</em> (<em>Jn</em> 4,13). No acogeré que Cristo padeció, a no ser que acoja: Esta es la hora en que el Hijo del hombre será glorificado (<em>Jn</em> 12,23). No acogeré que murió, a no ser que acoja que resucitó» (<em>De synodis</em>, 70).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario concluye: «No digamos nada aislado de los misterios divinos» (<em>De synodis</em>, 70). Y, siempre a propósito del término «consubstancial» (oJmoouvsioV), insiste: «No entiendo por qué deba ser confesado antes del resto, como lo principal, lo más importante y aislado» (De synodis, 70). El misterio de Cristo debe ser predicado en su integridad, sin unilateralidades:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«No se debe negar, hermanos queridísimos, la única sustancia del Padre y del Hijo, pero tampoco se la debe confesar irracionalmente» (<em>De synodis</em>, 71).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, es posible que tres importantes herejes, como los obispos Pablo de Samosata, Marcelo de Ancira y Fotino de Sirmio, hayan sido defensores del término «consubstancial» (homoúsios), pero de modo unilateral: para negar la real distinción personal entre el Padre y el Hijo. La desequilibrada insistencia de estos herejes en dos elementos centrales de la enseñanza cristiana, a saber el monoteísmo y la divinidad del Hijo, los condujo a suprimir la distinción personal entre el Padre y el Hijo, otro elemento central del cristianismo. Por ello, casi al final de la obra, Hilario insiste en que, en el debate teológico, es necesario evitar las estrechas interpretaciones de las fórmulas, «no sea que, mientras denunciamos una herejía, nutramos otra herejía» (<em>De synodis</em>, 91).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Balance</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hilario, en su esfuerzo por mostrar a los obispos de Oriente y Occidente que sus respectivas posiciones teológicas estaban mucho más cerca de lo que ellos pensaban, desarrolla ciertas claves que favorecen la comprensión mutua. La primera es de carácter más histórico y literario: para comprender un documento es necesario conocer su contexto concreto. Esta clave de interpretación busca la intención de los documentos, es decir, su espíritu, más que su letra, y muestra el carácter histórico de las formulaciones doctrinales. La búsqueda del espíritu en la letra de los documentos, exige una sana distinción, de carácter literario, histórico y teológico, entre la formulación (<em>verbum</em>) y su significado (<em>sensus</em>). Esta distancia entre el contenido de la fe (<em>res ipsa</em>) y su formulación verbal (<em>verbum</em>) implica que, a veces, una fe deficiente puede ser sostenida con fórmulas literalmente correctas, pero comprendidas de manera errada. Naturalmente, se requiere elaborar fórmulas correctas que sean bien comprendidas, y para ello es necesario explicar tanto las fórmulas como el contenido de las palabras y, además, evitar una falsa seguridad que se apoya en la letra de las formulaciones de fe. Como consecuencia, la discusión teológica debe estar primariamente centrada en el contenido mismo de la fe (<em>res ipsa</em>), más que en sus expresiones verbales (<em>verba</em>).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra actitud fundamental que fomenta Hilario es la genuina preocupación por comprender al interlocutor: escuchar la argumentación completa, no sobre-interpretar, ni rechazar lo que puede comprenderse mal. Por último, el obispo de Poitiers pone en guardia contra las unilateralidades y lo hace con motivos auténticamente teológicos: la conexión entre los diferentes aspectos del cristianismo implica que una afirmación, en sí correcta, pero aislada del resto de los misterios cristianos, se vuelve inaceptable. Por ello el creyente debe evitar que, por atacar una herejía, se establezca otra herejía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este recorrido por el <em>De synodis</em> muestra a Hilario como un muy buen teólogo y como un hombre de profundo espíritu eclesial. Su obra no pretende destacar los errores de sus adversarios, sino ofrecer una reflexión que permita el entendimiento de los obispos de Occidente y los de Oriente. Su preocupación no es la de vencer en el debate, sino el fortalecimiento de la fe eclesial. Una «confesión» de Hilario que se encuentra en el inicio de la obra muestra hasta qué punto él no está centrado en sí mismo, sino en la comunidad eclesial:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«Yo, que por miedo de los vacilantes, antes me felicitaba (<em>gratulabar</em>) solo por mi conciencia (<em>conscientiae tantum meae</em>), porque estaba libre de todas estas cosas, ahora ya me regocijo (<em>gaudeo</em>) por la integridad de nuestra fe común» (<em>De synodis</em>, 2).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es decir, reconoce que en la soledad del exilio se felicitaba <em>solo por su conciencia</em>, pues se había mantenido fiel a la fe de la Iglesia, pero luego, cuando se entera de la fidelidad de sus colegas de la Galia, no solo se alegra por sí mismo, sino que se regocija por «la integridad de nuestra fe común». Para Hilario, el mayor regocijo no proviene de su inocencia individual, sino de la fidelidad eclesial. Y esta afirmación se confirma a lo largo de toda la obra. En varios pasajes, el obispo desarrolla una argumentación que debió haber resultado ambigua para los nicenos intransigentes. Es decir, el obispo de Poitiers está dispuesto a correr el riesgo de ser juzgado infiel a Nicea con tal de colaborar en el desarrollo de la fe común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> La versión científica de este artículo, que es fruto del proyecto Fondecyt regular 1160201, ha sido publicado en PATH, revista de la Pontificia Academia de Teología, 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Vida sacerdotal y tibieza espiritual - José Atucha, Pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/vida-sacerdotal-y-tibieza-espiritual-jose-atucha-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 16 Dec 2018 19:35:05 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.184 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2014)
Autor: José Atucha, Diócesis de Valparaíso
Para citar: Atucha, José; <i>Vida sacerdotal y tibieza espiritual</i>, en La Revista Católica, Nº1.184, octubre-diciembre 2014, pp. 334-345</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/JATUCHA_LRC_1184.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Vida sacerdotal y tibieza espiritual </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a>
<strong>José Atucha, pbro.</strong>
<strong>Diócesis de Valparaíso</strong></h4>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vocación al sacerdocio ministerial es un don de Dios, nadie es digno o merecedor de recibirla. Cristo “<em>llamó a los que quiso, vinieron a él, y designó doce para que le acompañaran y para enviarlos a predicar</em>” (<em>Mc</em> 3, 13-14). La iniciativa es de Jesús, es Él quien elige a sus discípulos (<em>Jn</em> 15,16), quien llama al seguimiento (<em>Mt</em> 9,9), y señala las condiciones del mismo (<em>Mt</em> 19, 21). Como todo don de Dios, la llamada al sacerdocio, debe ser acogida con humildad, amor, alegría y fidelidad. Dios no da sus dones para permanecer guardados. El sacerdote está llamado a <em>acoger</em>: “Heme aquí” (<em>Ex</em> 3,4; 1 <em>Sam</em> 3,4); “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (<em>Lc</em> 1,38); y a vivir el carisma recibido: “te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en ti” (<em>2Tim</em> 1,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto con la libre y gratuita llamada al ministerio sacerdotal, Dios concede la gracia necesaria para vivir con fidelidad y alegría la vocación recibida. Corresponderá a cada sacerdote desde su fe, libertad y madurez responder con lo mejor de su corazón y de sus fuerzas, a la elección y misión que el Señor, por medio de la Iglesia, le confiere para ser signo transparente ante los hombres de Cristo buen pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por la misma naturaleza del sacramento recibido, y por la gracia que este confiere, todo sacerdote, aun dentro de la flaqueza humana, está capacitado y debe aspirar a la perfección. Así lo recuerda el Concilio Vaticano II: “los sacerdotes están obligados de manera especial a alcanzar esa perfección”<a href="#_edn2" name="_ednref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llamados a vivir y colaborar para siempre con Jesús; en la contemplación de su vida y de su entrega, “<em>los presbíteros, consagrados por la unción del Espíritu Santo y enviados por Cristo, mortifican en sí mismos las obras de la carne y se consagran totalmente al servicio de los hombres, y así, por la santidad de que están enriquecidos en Cristo, puedan avanzar hasta el varón perfecto</em>”<a href="#_edn3" name="_ednref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En orientación absolutamente opuesta de la llamada a la santidad sacerdotal, puede surgir en el camino una de las más comunes y perjudiciales dificultades al empeño de responder con generosidad al don de Dios. Nos referimos a la tibieza espiritual en la vida del sacerdote.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Precisando los conceptos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Qué no es tibieza espiritual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza no es igual que la aridez espiritual o la noche de los sentidos y del espíritu. Estas son enviadas por Dios para invitar a un mayor abandono en sus manos, una purificación del corazón, un crecimiento en las virtudes y una maduración de la vocación sacerdotal. La aridez espiritual es compañera de vida de casi todos los grandes sacerdotes, de los santos y de todo cristiano que busca la santidad. La tibieza, por el contrario, es una tristeza en el servicio de Cristo sacerdote, una enfermedad del amor a Dios, es un corazón cansado que ya no quiere luchar por mejorar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza tampoco es un cansancio físico o psicológico, que puede ser fruto de una verdadera vida de entrega evangélica, y que con un apropiado descanso o cambio de actividad se puede recuperar para seguir sirviendo mejor al Reino de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza no es un estado psicológico, no es depresión, ansiedad o angustia. Todas ellas deben ser tratadas con el recurso a la gracia de Dios y de profesionales competentes en la materia y, en no pocos caso con la ayuda de terapias y fármacos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza tampoco es la tentación, por grande y permanente que pueda ser; ni son las pruebas de la vida, los conflictos, la soledad, la sequedad o los fracasos. Todas ellas fueron vividas por Jesucristo, en cuanto hombre, y de todas ellas nos dio ejemplo y remedios para asumirlas y superarlas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A diferencia de todas estas experiencias que pueden darse en la vida espiritual del sacerdote, a la tibieza se le abre desde dentro la puerta del corazón, en él hace su tienda, desde él brotan sus frutos de mediocridad, desamor, cansancio y tristeza espiritual. Peor aun, no se desea con prontitud renunciar a ella, sino más bien se quiere “convivir” con ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. ¿Qué es la tibieza espiritual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una enfermedad del espíritu, la cual al entrar en el corazón del sacerdote inicia un lento y largo proceso de infidelidad y enfriamiento progresivos de la caridad, la fe y la esperanza. Quita la alegría de la entrega, acostumbra el corazón a la mediocridad, a la ausencia de esfuerzo por una conversión evangélica, desvanece el ideal de santidad sacerdotal, descuida el discernimiento espiritual, desmotiva e impide el deseo de buscar las personas y los medios adecuados para superarla, e invita al aislamiento y distanciamiento de los demás hermanos sacerdotes. A esto se suma que quien se encuentra en estado de tibieza, por norma general, no toma fácilmente conciencia del daño que va haciendo en su vida, dejando la puerta abierta a un creciente estancamiento y retroceso en la vocación recibida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También es característico de la tibieza espiritual el temor a decir “sí” a Dios, como donación libre de todo nuestro ser. Un “sí” que no radica tanto en un mayor esfuerzo, sino en un mayor amor. Se inicia así un dañino retroceso en la vida sacerdotal, abandonando voluntariamente la alegría de la entrega a Jesús y a los hermanos, por una vida que se conforma con lo mínimo. Ausente el fervor del primer amor, es conveniente volver a dos textos de las Sagradas Escrituras que pueden iluminar mejor esta situación: “tengo contra ti, dice el Señor, que has perdido el fervor de la primera caridad” (<em>Ap</em> 2,4); “¡Ojalá fueras frío o caliente! Y así, porque eres tibio, y no caliente ni frío, voy a vomitarte de mi boca” (Ap 3,15-16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos una breve definición de tibieza:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“No es, en cuanto tal, un pecado, ni, propiamente hablando, un acto, sino más bien un estado del espíritu, caracterizado por la debilitación progresiva del amor de Dios. De ahí un tono desvaído en la vida espiritual, la falta de cuidado en lo que refiere al trato con Dios, una situación general de decaimiento interior y, como consecuencia la caída cada vez más frecuente en pecados veniales, es decir, en la realización consciente de acciones no del todo conformes con el querer divino, pero compatibles con una orientación global, aunque genérica y difusa, del corazón hacia Dios, con quien no se desea romper, pero de cuyo amor cada vez se vive menos”<a href="#_edn4" name="_ednref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Principales efectos de la tibieza en la vida espiritual del sacerdote </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.1 Tibieza y desorden de vida</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida del sacerdote, como la de cualquier cristiano necesita un norte, unos ideales y unos medios para conseguirlos. Todo su ser y hacer debe estar orientado a la unión personal con Jesús, a ser signo transparente de Cristo buen pastor al servicio del Reino en los hermanos. Es de suma importancia tener una unidad de vida que dé armonía y sentido a toda la existencia, evitando la disgregación y desorientación espiritual. La misión recibida implica una vida de servicio incondicional, pues no es un trabajo o función, sino una consagración que compromete toda la existencia del sacerdote.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La existencia del presbítero debe estar tejida de interioridad y de exterioridad, buscar ese equilibrio es una tarea permanente. La tibieza rompe la armonía entre ambas e introduce un desorden general en el espíritu. La consagración y los ideales que hasta ese momento parecían claros y asumidos se vuelven un poco más oscuros y confusos. La prioridad de valores y opciones surgen con menos fuerza desde dentro, desde un discernimiento en el Señor, desde una confrontación con la Palabra o con los hermanos. La exterioridad invade la interioridad, la acción predomina sobre la reflexión y el hacer se sobrepone a una buena y debida vida de oración y formación permanente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el sacerdote siempre debe ser Jesús quien haga vibrar, dar armonía y sentido pleno a su vida, pero con la llegada de la tibieza, la centralidad del Señor, de la gracia y de la oración, quedan disminuidas. Ya no es solo Jesús el primer amor del sacerdote. La persona y misión del Maestro empiezan a competir con otras personas y actividades casi de igual a igual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque en lo exterior pueda seguir habiendo un cierto orden y rutina de vida, en lo interno hay conformismo y desmotivación. Va surgiendo un gran vacío de sentido, ya no hay mayor interés por tener un itinerario claro de vida espiritual, unos proyectos de crecimiento y maduración, se vive sencillamente al día. Ahora lo que viene de afuera es lo que toma la prioridad y el timón de la existencia. De aquella clara y alegre entrega primera a Cristo y su amistad, queda una idea general y difusa, incapaz de dar armonía, orden y radicalidad a la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al respecto escribía Monseñor Carlos González: “Perder el primer amor significa entrar en la rutina y en la mediocridad. Se puede seguir dando bendiciones y sacramentos, pero si el corazón sacerdotal está vacío por dentro, se vivirá una falsedad muy grande. Al perder el sentido de Dios se pierde el sentido del pecado. Se oscurece la sensibilidad y el relativismo crece… Lo más grave es que la persona, en este caso el sacerdote, no percibe la futura tragedia que se está incubando. He visto sacerdotes sin vida interior”<a href="#_edn5" name="_ednref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.2 Tibieza y vida de oración</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Leemos en el “<a href="http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cclergy/documents/rc_con_cclergy_doc_20130211_direttorio-presbiteri_sp.html">Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros</a>”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Nacidos como fruto de esta oración (la de Cristo), los presbíteros mantendrán vivo su ministerio con una vida espiritual a la que darán primacía absoluta, evitando descuidarla a causa de las diversas actividades. Para desarrollar un ministerio pastoral fructuoso, el sacerdote necesita tener una sintonía particular y profunda con Cristo, el Buen Pastor, el único protagonista principal de cada acción pastoral”<a href="#_edn6" name="_ednref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La oración es el momento privilegiado para estar con el Amigo, para acoger su invitación a permanecer con él y descansar en él: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, que yo os aliviaré... y hallaréis descanso para vuestras almas” (<em>Mt</em> 11, 28-29). La oración más que un trabajo es un descanso, es una pausa reparadora: “Venid, retirémonos a un lugar desierto para que descanséis un poco” (<em>Mc</em> 6, 31). En ese trato de amistad (Santa Teresa), es donde el sacerdote puede hacer suya la gozosa afirmación del Apóstol San Juan: “Hemos conocido y creído en el amor que Dios nos tiene” (<em>1Jn</em> 4, 16). La oración es fuente de alegría, paz y deseos de una mayor entrega. En la oración se cumplen las palabras de Jesús: “el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada” (<em>Jn</em> 15,5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los inconfundibles síntomas de la tibieza lo encontramos cuando se enfría la búsqueda de la unión personal con Jesús, y crece el debilitamiento y desinterés por llevar una vida fiel de oración. Se comienza por pequeñas y reiteradas fallas. La meditación, la <em>lectio</em>, la liturgia, la confesión sacramental, van postergándose, reduciéndose en el tiempo, o simplemente se abandonan. Otras “prioridades” desplazan la primacía absoluta de la vida de oración. En un primer momento se acepta como algo esporádico, pero de a poco se va convirtiendo en una rutina habitual, en un estilo de vida. Aunque hay intentos de retomar esos momentos fuertes de oración, el desorden y el poco interés siguen favoreciendo el enfriamiento espiritual. Generalmente se sigue llevando un esquema básico de oración pero cada vez con menos fervor y profundidad, manteniendo más un cumplimiento externo que un culto interior en “espíritu y verdad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza incapacita para perseverar amando cuando se siente la ausencia de Dios. Al estar débil la vida de fe, el silencio de Dios desconcierta y asusta. El espíritu está poco templado para vivir en abandono y paz la lucha espiritual. El camino de amistad y unión con Jesús se va estancando, toda dificultad en la oración cansa y confunde, dando la sensación de sequedad y pérdida de tiempo. Cuando el corazón está tibio, se piensa que la fidelidad a la oración es equivalente al legalismo; y que la humilde perseverancia en el trato de amistad con Jesús, es un rigorismo casi vacío de sentido. Se empieza a priorizar lo útil, lo funcional, lo que da “frutos” que se pueden ver y evaluar. Poco a poco la primacía de la gracia de Dios cede lugar al voluntarismo y al activismo. Se empieza a creer, equivocadamente, que la vida espiritual radica más en las cualidades humanas e intelectuales del sacerdote que en la fiel e íntima unión al Maestro, como los sarmientos permanecen unidos a la Vid. (<em>Jn</em> 15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La causa principal de la tibieza en la vida de oración se encuentra en que el sacerdote va perdiendo a Cristo en el horizonte de su vida. En ese estado, Jesús se presenta como una figura desdibujada, distante, de rasgos indefinidos y poco atrayentes. Las palabras del Maestro: “Sin Mí nada podéis hacer” (<em>Jn</em> 15,5b), ya no atraen ni inquietan, y menos aún mueven a entrar en oración con Él. El corazón del sacerdote se va alejando del corazón del Maestro. Se tiende a “olvidar que la primera intención de Jesús fue convocar en torno a sí a los Apóstoles, sobre todo para que “estuviesen con él” (<em>Mc</em> 3,14)”<a href="#_edn7" name="_ednref7">[7]</a>. Este proceso de enfriamiento e infidelidad a la oración, no surge de manera abrupta, ya que si así fuese, sería fácil notarlo y corregirlo. Más bien es sutil, progresivo y muchas veces excusado y justificado. El desinterés por la oración puede darse en cualquier momento de la vida del sacerdote. No solo en la juventud o en años de sequedad. Puede venir en la madurez e, incluso, después de una vida de mucha entrega y espiritualidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La oración es el momento privilegiado para el discernimiento espiritual y la renovación de los ideales sacerdotales; pero tal como la tibieza invita a abandonar la oración, invita también a abandonar el discernimiento evangélico. Al quedar la oración y el discernimiento gravemente reducidos, decae también la búsqueda de Dios y de su voluntad. En este estado espiritual es fácil que aparezcan todo tipo de dudas y oscuridades, incluso en ideales y decisiones que hasta ese momento parecían claros. Se duda de si la oración es capaz de cambiar las cosas, que sea fuente de verdaderos frutos, se lee con escepticismo las palabras de Jesús en el Evangelio: “Yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (<em>Lc</em> 11, 9-10). E incluso se llega a dudar de la propia vocación y del sentido de la entrega en una vida sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote que siente la pobreza espiritual, y la desproporción entre la consagración-misión recibida y sus limitadas fuerzas, descubrirá y encontrará siempre en la oración su fortaleza y su alegría. Es necesario que la gracia embista y transforme por entero su vida con todos sus pensamientos, afectos e intenciones. Oración y donación personal son inseparables. Para el sacerdote la oración es un compromiso radical de amor, es manifestación de su caridad pastoral y de su humilde y sincero deseo de permanente conversión. La tibieza, por el contrario, invita al sacerdote a conformase con lo superficial y con lo mínimo, debilitando la verdadera necesidad de la oración y del encuentro con Dios. Con ella brota la falsa ilusión de que ahora todo depende de sus cualidades y fuerzas humanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El Maestro está ahí y te llama” (<em>Jn</em> 11, 28). La iniciativa es siempre del Señor, pues “Él nos amó primero” (<em>1Jn</em> 4, 19). La oración del sacerdote será siempre respuesta a la llamada y al amor gratuito de Jesús. Una intensa y genuina vida de oración, ayudará siempre a profundizar y recordar las palabras del Apóstol San Pablo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Ese es nuestro ministerio. Lo tenemos por pura misericordia de Dios. Llevamos este tesoro en vasos de barro para que todos reconozcan la fuerza soberana de Dios y no parezca como cosa nuestra” (<em>2Cor</em> 4, 1 y 7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.3 Tibieza y celo apostólico</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al introducir la tibieza un proceso de distanciamiento y enfriamiento en la amistad y el seguimiento de Jesús, la caridad pastoral, que “es aquella virtud con la que nosotros imitamos a Cristo en su entrega de sí mismo y en su servicio”<a href="#_edn8" name="_ednref8">[8]</a> entra inevitablemente en una profunda crisis.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amor abnegado soporta con fortaleza la dificultad, el sacrificio, y todo sufrimiento inherente al servicio pastoral. Dice el Concilio Vaticano II: “El amor del Buen Pastor les impulsa a dar su vida por las ovejas, dispuestos aun al sacrificio supremo, a ejemplo de los sacerdotes que incluso en nuestros días no se negaron a entregar su vida”<a href="#_edn9" name="_ednref9">[9]</a>. La tibieza espiritual, en sus diversos grados, despoja al sacerdote de este imprescindible espíritu de abnegación y entrega. Por ser el celo apostólico participación sacramental de la caridad pastoral de Cristo, reclama un amor de identificación con los más profundos sentimientos y opciones del Buen Pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la vida pastoral la tibieza no niega a Dios pero lo pone en un segundo lugar. Se pierde sintonía con la gran afirmación de Juan Bautista: “es preciso que él crezca y que yo disminuya” (<em>Jn</em> 3,20). La tibieza abre peligrosamente la puerta a una crisis profunda de interioridad e identidad sacerdotal. El “estar” con Jesús y el “permanecer” con él, van perdiendo profundidad y prioridad; ya no son el centro constitutivo del ser sacerdotal. Ya se otea en el horizonte el riesgo real de pasar de amigos y testigos de la muerte y resurrección de Jesús, a un cumplidor o funcionario de tareas, planificaciones y normas religiosas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es tan asolapada y silenciosa la presencia de la tibieza que, en una primera impresión pareciera que el celo apostólico escapa de los efectos nocivos que ella acarrea. Aparentemente la actividad pastoral se incrementa a un ritmo acelerado. ¿Qué sucede en realidad? Ante el enfriamiento de la vida interior, y de los ideales de santidad, la actividad exterior se redobla, dando comienzo a una búsqueda ansiosa y vertiginosa de supuestos sucedáneos que puedan llenar ese vacío interior. Por eso la Iglesia advierte que: “Hoy día, la caridad pastoral corre el riesgo de ser vaciada de su significado por un cierto ‘funcionalismo’. De hecho, no es raro percibir en algunos sacerdotes la influencia de una mentalidad, que equivocadamente tiende a reducir el sacerdocio ministerial a los aspectos funcionales. Esta concepción reduccionista del ministerio sacerdotal lleva el peligro de vaciar la vida de los presbíteros y, con frecuencia, llenarla de formas no conformes al propio ministerio”<a href="#_edn10" name="_ednref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero es precisamente ahí donde la tibieza hace sentir su sutil y creciente influencia. Quita el ánimo y el empeño de donarse en el <em>amoris officium</em>, e introduce un proceso de replegarse y centrarse demasiado en sí mismo. Ahora todo se calcula y se mide cuidadosamente. “Si no hay un trabajo serio en la interioridad, se podrán hacer muchos planes pastorales, pero sin contenido interior todo eso será aparente y transitorio”<a href="#_edn11" name="_ednref11">[11]</a>. Si la vigilancia y la oración, son necesarias a todo cristiano ¿cuánto más lo será a quien ha recibido de Dios y de la Iglesia la misión de ser solícito pastor del rebaño de Jesús?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el corazón del apóstol está tibio, sería casi un milagro que se compenetre y comprometa totalmente en la misión de invitar a otros a conocer y amar a Jesús, a quien el mismo sacerdote va perdiendo de vista en un proceso de enfriamiento y desinterés. Ser apóstol, según la lógica del Corazón de Cristo, reclama amistad, fidelidad y humildad. No se debe perder la conciencia de ser llamado y enviado por Jesús, de ser sacramentalmente sus representantes ante toda la comunidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza favorece un falso optimismo pastoral, una evangelización de poca profundidad y escasa capacidad de cambiar los corazones, pero, cuando hay poca interioridad, deja satisfecho y con la sensación de la misión cumplida. Es muy difícil iluminar la acción pastoral cuando la tibieza se hace fuerte en el espíritu del sacerdote.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sociedad de hoy pide apóstoles con experiencias de Dios, más que teorías sobre el Evangelio. El sacerdote por medio de la caridad pastoral, está llamado a comunicar la experiencia de Dios adquirida en la contemplación. Así lo enseñó Pablo VI: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio”<a href="#_edn12" name="_ednref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Propuestas para salir de la tibieza espiritual</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tendencia natural de la voluntad es siempre hacia lo más fácil y placentero. El sacerdote no queda excluido de esta inclinación del hombre viejo. Por ello requiere optar diariamente por una vida más evangélica y de mayor calado espiritual. Esta libre opción requerirá en ocasiones hacerse una cierta violencia, entregándose a un estilo de vida de mayor profundidad y fidelidad al Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Duc in altum</em>” (<em>Lc</em> 5, 4), esas fueron las palabras del Maestro a Pedro y sus compañeros cansados y desanimados tras una larga noche de pesca infecunda. Remar mar adentro significa volver a poner toda la confianza en Jesús, en sus palabras y en su fidelidad. Volver los ojos y el corazón hacia Él, encontrar fuerza y paz en su presencia y no creer que las solas fuerzas humanas e intelectuales sean suficientes para liberarse de la tibieza interior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tres propuestas pueden ayudar al sacerdote a salir del estado de tibieza espiritual: Reenamorarse de Jesucristo, renovar la vida de oración y la fraternidad sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.1 Reenamorarse de Jesucristo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El único y verdadero camino para salir de la tibieza espiritual es reenamorarse cada día más de Jesucristo. Despertar y acrecentar el deseo de una mayor y profunda adhesión a Jesús. Esta es la invitación que ofrece el reciente <a href="https://www.vidanuevadigital.com/wp-content/uploads/2013/04/Documento_Conclusivo_Aparecida.pdf">Documento de Aparecida</a>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda la persona al saber que Cristo lo llama por su nombre”<a href="#_edn13" name="_ednref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volver a colocar a Jesús en el centro de la vida, reavivar el permanente deseo de estrechar la amistad e intimidad con el Maestro. Reordenar la existencia, las opciones y los tiempos en torno a Cristo; vivir en su presencia y amistad. A ello ayudará grandemente una vida más eucarística y contemplativa, despertando la admiración por el amor personal de Cristo hacia cada sacerdote. Cimentar la espiritualidad más en la Palabra de Dios, en su lectura prolongada y meditada. La devoción a la Madre de Jesús, y madre de cada sacerdote, es escuela probada de humilde y alegre fidelidad a la voluntad de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ayudar a concretizar este deseo de reenamorarse del Señor, le convendrá al sacerdote retomar una perseverante y madura vida de oración y de fraternidad sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.2 Renovar la vida de oración</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En teoría es bien sabido que la oración es el alma de toda vocación y de todo apostolado, pero las teorías no bastan para llenar vidas y corazones. Se requiere un convencimiento vivencial y experiencial de ello. La oración del sacerdote es una oración desde la fe, va más allá del sentir y gustar, es cosa de amor, de amistad, de encuentro personal con el Amigo y Maestro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para reenamorarse de Jesucristo, tiene el presbítero el gran medio de la oración. La humilde oración de cada día nunca dejará vacío el corazón del sacerdote, siempre será un medio adecuado de conversión y de permanente inspiración del Espíritu Santo. No se le debe mirar en menos, ni desconfiar de sus innumerables frutos espirituales. Es sencilla y oculta, es silenciosa, humilde y discreta, pero es la fuente de vida de todo cristiano y especialmente de aquel que está llamado a participar con una especial unción en la misión y el sacrificio redentor de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La amistad con Cristo no puede cimentarse solo en “ratos” de oración, reclama algo más profundo del sacerdote, algo que solo se puede realizar por medio de una vida de oración, una permanente adhesión al Maestro, unión que nunca debe ser interrumpida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Buscar la unidad de vida entre apostolado y oración, pasa por aceptar la invitación de Jesús de darnos su “agua viva” (<em>Jn</em> 4, 10) y su “pan de vida” (<em>Jn</em> 6, 35.48); por tener hambre y sed de su presencia, de sus palabras y de su gracia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una renovada vida de oración es la mejor forma de compartir la amistad y la misión apostólica de Jesús. Solo ella puede dar al sacerdote la permanente disposición de entregarse al punto de correr la misma suerte de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.3 Fraternidad sacerdotal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fraternidad sacerdotal es otra gran ayuda para madurar en el ministerio y para sobreponerse a la tibieza espiritual. Descubrir y potenciar cada vez más la amistad entre los hermanos sacerdotes, favorece la corrección fraterna, la renovación de los ideales y la siempre oportuna ayuda de quienes viven la misma llamada y consagración.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fraternidad sacerdotal surge espontánea cuando hay verdaderos deseos de fidelidad a Jesús. Se busca el consejo y el aliento de quienes tienen más experiencia y santidad, se abre con humildad y paz la conciencia para exponer dificultades y pruebas propias del ministerio, y se acoge con alegría y sentido sobrenatural las correcciones y estímulos que los hermanos ofrecen con sus vidas y buenos consejos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal como la tibieza espiritual invita a centrarse demasiado en sí mismo y aislarse de los hermanos, la fraternidad sacerdotal ayuda a superar ese mal hábito y se presenta como un don siempre fresco que renueva, conforta y anima en el seguimiento del Señor. En ella crece la confianza y la transparencia, y se evitan muchos riesgos y tentaciones que brotan de un ministerio en solitario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Compartir con los hermanos sacerdotes nunca será una pérdida de tiempo, al contrario, siempre ofrecerá la ocasión de madurar en la identidad de hombres consagrados a Cristo sacerdote y a la predicación de su Evangelio, y permitirá renovar y avivar cada día más el gran e inmerecido don del sacerdocio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Conferencia expuesta en el retiro anual de la Diócesis de Temuco, Marzo 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros <em>Presbyterorum Ordinis</em>, n. 12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref3" name="_edn3">[3]</a> Ibíd.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref4" name="_edn4">[4]</a> Illanes, J., Tratado de teología espiritual (Eunsa; Pamplona 2007), 409-410.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref5" name="_edn5">[5]</a> González, C., Jesús en vasos de barro (Ediciones Marana-tha; Talca – Chile), 63.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref6" name="_edn6">[6]</a> Congregación para el clero, “Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (Roma 1994), n.38.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref7" name="_edn7">[7]</a> Ibíd., n.40.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref8" name="_edn8">[8]</a> Juan Pablo II, Exhortación Apostólica “<em>Pastores dabo vobis</em>”, 1992, n.23.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref9" name="_edn9">[9]</a> Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros <em>Presbyterorum Ordinis</em>, n. 13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref10" name="_edn10">[10]</a> Congregación para el clero, “Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros (Roma 1994), n.44.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref11" name="_edn11">[11]</a> González, C., Jesús en vasos de barro (Ediciones Marana-tha; Talca – Chile), 64.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref12" name="_edn12">[12]</a> Pablo VI, <em>Discurso a los miembros del Consilium de Laicis</em> (2 de Octubre de 1974): AAS 66 (1974), 568.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref13" name="_edn13">[13]</a> V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida, n. 136.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Gaudete et Exsultate: Alégrense y regocíjense en el donarse de la santidad - Felipe Herrera Espaliat, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/gaudete-et-exsultate-alegrense-y-regocijense-en-el-donarse-de-la-santidad-felipe-herrera-espaliat-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 20 Dec 2018 08:35:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.198 (ABRIL- JUNIO 2018)
Autor: Felipe Herrera Espaliat, pbro., Arquidiócesis de Santiago de Chile
Para citar: Herrera Espaliat, Felipe; <i>Alégrense y regocíjense en el donarse en santidad</i>, en La Revista Católica, Nº1.198, abril-junio 2018, pp. 150-165.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/012_FHERRERA_LRC_1198.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/GAUDETE-ET-EXSULTATE.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR EXHORTACIÓN APOSTÓLICA <em>GAUDETE ET EXSULTATE</em></a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Alégranse y regocíjense en el donarse de la santidad</strong>
<strong>Felipe Herrera Espaliat, pbro. </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Arquidiócesis de Santiago de Chile</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hasta ahora el Papa Francisco había ofrecido al Pueblo de Dios dos exhortaciones apostólicas, con la particularidad de utilizar en sus títulos conceptos relativos a la alegría. Con la primera, <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html"><em>Evangelii Gaudium </em></a>(2013), delineó su pontificado a través de la clave del anuncio gozoso del Evangelio, y fue presentada al concluir el Año de la Fe y el Sínodo para la Nueva Evangelización. Posteriormente en 2016, fruto de la reflexión de los sínodos ordinario y extraordinario sobre la Familia, publicó la esperada y aún controvertida <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html"><em>Amoris Laetitia</em></a>, invitando a vivir la dicha del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora, y sin otro contexto más específico que la vida cristiana cotidiana, el Papa regala un documento magisterial de 177 parágrafos con un nombre que nuevamente invita al júbilo: <em>Gaudete et exsultate</em>, haciendo eco de las alentadoras palabras de Jesús en las Bienaventuranzas: ‘Alégrense y regocíjense’ (<em>Mt</em> 5,12). «En medio de esta vorágine actual, el Evangelio vuelve a resonar para ofrecernos una vida diferente, más sana y más feliz» (GE 108)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Esta vez el Santo Padre se propone renovar una enseñanza milenaria de la Iglesia, ya acentuada vigorosamente por la <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html"><em>Lumen gentium</em></a><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> durante el Concilio Vaticano II, pero siempre esencial para la vida cristiana: el llamado universal a la santidad, «procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades» (GE 2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco retoma tal anhelo conciliar que, a más de 50 años de su formulación, aún no alcanza a toda la Iglesia, y se propone hacerlo llegar a las periferias existenciales de quienes creen que la santidad es privativa solo de almas excelsas. Por eso, a lo largo de toda su meditación, se expresa por medio de un lenguaje sencillo y ejemplos simples.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad ‘de la puerta de al lado’ de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, ‘la clase media de la santidad’» (GE 7), arguye el Papa citando al novelista y teólogo católico francés Joseph Malègue.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Gaudete et exsultate</em> fue presentada en la Santa Sede por monseñor Angelo De Donatis, Vicario General de Su Santidad para la Diócesis de Roma, un hecho significativo que, de buenas a primeras, llamó la atención, pues se esperaba que fuese el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos quien se refiriese públicamente al tema de la santidad. No obstante, se priorizó la figura de un pastor por sobre la de un teólogo experto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta opción se comprende aún mejor a la luz del mismo documento que, precisamente, explica la santidad como la experiencia de una vida plena que glorifica a Dios a través de una donación en el amor desde la precariedad que acoge la gracia. Por ende, no se plantea como un camino rígido hacia la propia glorificación, dinámica que más de alguna vez se nos ha colado en ciertos estilos pastorales pietistas y/o activistas. Así, la santidad es acontecer vital y cotidiano, y no la meta anhelada de un proceso voluntarista. Es amar hasta el extremo, y no buscar la propia canonización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El hilo conductor: la <em>entrega personal</em> movida por la<em> gracia</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el Pontífice la «santidad es el rostro más bello de la Iglesia» (GE 9), pues en ella se realiza la felicidad y la plenitud de cada hombre y cada mujer. ¿Cómo? Precisamente en la ofrenda de sí mismo. «La palabra ‘feliz’ o ‘bienaventurado’, pasa a ser sinónimo de ‘santo’, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha» (GE 64).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer capítulo de la exhortación apostólica revela el hilo conductor de la reflexión a través de los conceptos de <em>entrega</em> personal, <em>donarse</em> con generosidad, <em>sacrificio</em> de sí mismo como <em>ofrenda</em> a Dios y a los demás. Son términos que se repiten insistentemente en el texto, concatenados con ejemplos concretos de testimonios de vidas santas a través de las que el autor señala diversos modos de oblación, pequeños y grandes, evidentes o inadvertidos. Por eso previene al lector de que «muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra» (GE 14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Francisco «la santidad es vivir en unión con él [Jesús] los misterios de su vida» (GE 20), al margen del contenido material de la experiencia particular, porque la santidad es tal en cuanto don de Dios y no en cuanto logro personal. «Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería, pero no como seres autosuficientes, sino <em>como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios</em> (<em>1</em> <em>P</em> 4,10)» (GE 18), y cada persona la experimenta de modo auténtico según su propia historia e identidad. Por eso puede reflejarse tanto en aquellos actos sencillos y cotidianos, como en gestas heroicas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales» (GE 14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. El binomio Santidad-Entrega: «Cristo mismo quiere vivirlo contigo»</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La santidad a la que apela el Papa es a aquella que se juega en la misión de una vida cristiana radicalmente comprometida con la construcción del Reino de Dios en la tierra. Pero insiste en que se trata de una tarea irrealizable en su dimensión santificadora si no concurre la presencia y asistencia del mismo Jesús. «El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo» (GE 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco exhorta a esa búsqueda de la justicia no manipulada por intereses mezquinos, sino a aquella que «empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y los débiles. […] Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad» (GE 79).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, hace hincapié en el hecho que la búsqueda del Reino de Dios, que exige de esfuerzos humanos orientados a la promoción social, no puede carecer de raíz cristiana. Francisco advierte: «Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño» (GE 25). En síntesis, la actividad como entrega nos santifica, pero si Cristo está al lado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ende, la unión con Cristo es básica en cualquier experiencia de santidad, porque Él, que es <em>el Santo</em>, nos participa de su condición, a la que estamos llamados a configurarnos por ser nosotros esencialmente imagen y semejanza suya. En consecuencia, «la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos» (GE 147).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta dinámica, ya plasmada en el <em>ora et labora</em> benedictino, recobra vigencia en un mundo donde los argumentos opuestos se han instalado como premisas básicas de una dialéctica infecunda que impide una reflexión más profunda, incluso dentro de nuestra propia comunidad eclesial. Bajo esta perspectiva majaderamente polarizada y polarizadora, o se pertenece al grupo de quienes actúan, o bien a aquel de quienes rezan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa no se deja encasillar por esa diatriba perversa donde no hay matices ni términos medios, y llama nuevamente al discernimiento para la acción. Esto requiere de ese contacto asiduo con quien es fuente de la inspiración y de la gracia para llevar adelante las misiones particulares asignadas a cada uno, y en las que debería concretarse nuestra vida de santidad, tanto individual como comunitaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Y si ya no ponemos distancias frente a Dios y vivimos en su presencia, podremos permitirle que examine nuestro corazón para ver si va por el camino correcto (cf. <em>Sal</em> 139,23-24). Así conoceremos la voluntad agradable y perfecta del Señor (cf. <em>Rm</em> 12,1-2) y dejaremos que él nos moldee como un alfarero (cf. <em>Is</em> 29,16). Hemos dicho tantas veces que Dios habita en nosotros, pero es mejor decir que nosotros habitamos en él, que él nos permite vivir en su luz y en su amor. Él es nuestro templo: lo que busco es habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida (cf. <em>Sal</em> 27,4). ‘Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa<em>’ </em>(<em>Sal</em> 84,11). En él somos santificados» (GE 51).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, claro, <em>Gaudete et exsultate</em> insiste en el sano equilibrio de la dinámica de acción y oración, valorando cada instancia en su justa medida según el momento oportuno y de acuerdo con lo requerido por los signos de los tiempos y las circunstancias personales y comunitarias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión» (GE 26).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, solo en una sana armonía entre acción y oración, que se retroalimentan la una con la otra en un creciente discernimiento y maduración cristiana, se puede recorrer un camino de santidad, no por eso exento de dificultades. Esa intimidad cristificante puede y debe ser explosivamente fecunda. «Ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis» (GE 96). Si nos configuramos con aquel que es proexistente por esencia, cuya vida fue oblación continua, nuestra intimidad transfiguradora con Cristo nos debería impulsar vehementemente a esa salida de nosotros mismos en beneficio de los demás. «Esto implica para los cristianos una sana y permanente insatisfacción» (GE 99), que supone un denuedo movido por la fe y la caridad, urgido por reconocer en los más débiles «a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?» (GE 98).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Falsificaciones y enemigos de la santidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin ánimo de diluir aquella heroicidad que exige llevar una vida santa, Francisco es consciente de que muchas veces la exacerbación de figuras de grandes santos puede, paradójicamente, junto con encender almas al anhelo de santidad, desincentivar a otras. Por eso advierte sobre la universalidad del llamado, pero también acerca de la necesidad de hacer discernimiento para identificar la vocación particular y única de cada cual. En la sociedad del <em>copy/paste</em> no hay lugar para las réplicas exactas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. <em>1Co</em> 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero ‘existen muchas formas existenciales de testimonio’<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>» (GE 11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de esta magnífica originalidad creativa con que Dios comparte y manifiesta su santidad en los corazones humanos, y que es fuente de diversidad y atractivo para una pluralidad de personas en la Iglesia, el Papa entra con vehemencia en un ámbito más delicado aún. En el capítulo segundo del documento no habla de amenazas, de problemas ni de limitaciones, sino que abiertamente califica de <em>enemigos</em> a aquellas dos herejías milenarias que, todavía vigentes en la vida de la Iglesia, continúan amenazando el sentido más genuino de la santidad: el <em>gnosticismo</em> y el <em>pelagianismo</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ambas corrientes tienden a imponer moldes rígidos o caminos uniformes de santificación, reduciendo la santidad a parámetros casi cuantitativos, siendo que no hay nada menos mesurable que la gracia de Dios. Y citando a su predecesor, Benedicto XVI, el Santo Padre recuerda que «<em>la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya</em><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a><em>.</em> Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo» (GE 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También llama <em>falsificaciones</em> a estas propuestas de santificación engañosas, que so pretexto de una trascendencia orientada a Dios, finalmente proponen un inmanentismo antropocéntrico que conduce al hombre a su propia búsqueda (cf. GE 35). Entonces, retomando y profundizando enérgicamente un tema que había abordado en un par de números de su encíclica <em>Evangelii gaudium</em>, insiste en que estas herejías llevan «<em>a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente</em>»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.1 <em>Gnosticismo</em>: soberbia que busca domesticar el misterio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En sus más de cinco años de pontificado, Francisco no le ha dado tregua al gnosticismo que sigue brotando en la Iglesia, tanto en sus ámbitos académicos como en su praxis pastoral y espiritual. Alude a esta doctrina como «una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección» (GE 40). Los gnósticos llegan a «creer que, porque sabemos algo o podemos explicarlo con una determinada lógica, ya somos santos, perfectos, mejores que la ‘masa ignorante’» (GE 45).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En <em>Gaudete et exsultate</em> el Papa dedica once párrafos a combatir esta corriente que vive en una «superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento» (GE 38). Para eso, realiza una descripción de ella y luego ve su impacto en una errada comprensión de la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El gnosticismo supone <em>una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos </em>(EG 105)» (GE 36).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo Padre puntualiza que esta doctrina, basada en un auto convencimiento de poder alcanzar a Dios por el mero uso de la razón, deviene especialmente engañosa en su aplicación en la vida espiritual en cuanto desvincula de la condición encarnada de nuestra fe. «Porque el gnosticismo ‘por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio’<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás» (GE 40).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En consecuencia, una espiritualidad desencarnada, llena de elucubraciones mentales que alejan de la frescura del Evangelio (cf. GE 46), difícilmente se traducirá en una caridad activa, como advertía San Buenaventura: «la verdadera sabiduría cristiana no se debe desconectar de la misericordia hacia el prójimo<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>» (GE 46).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un buen modo de enfrentar sanamente el gnosticismo puede ser cambiando la orientación del esfuerzo especulativo. Francisco pide que «No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser». Así, la dinámica no es pensar quién es Dios para que yo llegue a ser santo, sino descubrir aquello que el Padre pensó para mí y allí descubrir un camino de santidad único.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.2 <em>Pelagianismo</em>: Una des-gracia que puede llevar a la corrupción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El segundo gran peligro de confusión en la búsqueda de la santidad que advierte el Santo Padre, y que también ha sido objeto de su persistente denuncia, es el del pelagianismo, aquella doctrina que busca «la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor» (GE 57).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su concreción es más extendida, porque al ser una corriente más práctica que especulativa, permite que se manifieste en un elenco de hechos variopintos largamente enumerados por el Papa: «la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial» (GE 57).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, pasa a pérdida aquella enseñanza reiterada de la Iglesia de que «no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa» (GE 52). En esta primacía de la voluntad individual por sobre la gracia de Dios, el mérito personal termina siendo lo esencial y el don divino aparece como un hecho accesorio, al cual, por medio de un relato forzado, se busca darle una cabida meramente nominal:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Los que responden a esta mentalidad pelagiana o semipelagiana, aunque hablen de la gracia de Dios con discursos edulcorados ‘en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico’ (EG 94)» (GE 49).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de esto se produce una torcedura en el camino de santidad, que pierde su dirección y se vuelve oscuro y tortuoso. «Esto afecta a grupos, movimientos y comunidades, y es lo que explica por qué tantas veces comienzan con una intensa vida en el Espíritu, pero luego terminan fosilizados... o corruptos» (GE 58). Se pierde así la fidelidad a arrancar la vida desde la iniciativa divina que comunica el Paráclito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pelagianismo huye de la precariedad personal, inconsciente de que es allí precisamente el lugar privilegiado para la acción salvífica de Dios, donde puede obrar con más potencia su gracia. La insuficiencia humana, desde la mentalidad pelagiana, llevaría a no merecer el don de su amor, y por eso hay que empeñar y forzar la voluntad en superarse. Pero, por el contrario, el camino de liberación que abrió el Señor Jesús permite darse cuenta de que «su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor. Esto nos invita a vivir con una gozosa gratitud por ese regalo que nunca mereceremos» (GE 54).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El antídoto antipelagiano que propone <em>Gaudete et exsultate</em> es una entrega que no busca comprar el amor de Dios. Por el contrario, «se trata de ofrecernos a él que nos <em>primerea</em>, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros» (GE 56).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. De las <em>Bienaventuranzas</em> al <em>conmigo lo hiciste</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco es claro al proponer que el llamado a la santidad es hoy y se ha de realizar en el hoy. Quien espera el momento propicio para ser santo, no solo perderá la ocasión de vivir santamente, sino que nunca llegará a aquel instante perfecto, precisamente porque más que ejercerse como un acto de la voluntad, la santidad es una respuesta activa a la obra que Dios va realizando en la historia de quien se entrega a Él con toda su libertad. «No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra» (GE 91). Por eso mismo propone las bienaventuranzas como aquel camino que conduce a la plenitud, aunque no sin la fatiga de la adversidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el capítulo tercero de la exhortación, a partir del elenco del evangelio según san Mateo, toma cada macarismo para explicar su sentido en el plan de santificación que Dios trazó para nosotros, pero lejos de entrar en una disquisición teológica, ilumina su reflexión con situaciones muy cotidianas, que traslucen la larga experiencia pastoral del autor de <em>Gaudete et exsultate</em>. Cuando es necesario, complementa con la versión lucana de las Bienaventuranzas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ejemplo, cuando alude a la bienaventuranza «<em>Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios</em>» (<em>Mt</em> 5,9) no se ciñe a la guerra entre naciones o a grandes conflictos armados, sino que baja al día a día del católico de la calle:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Para nosotros es muy común ser agentes de enfrentamientos o al menos de malentendidos. Por ejemplo, cuando escucho algo de alguien y voy a otro y se lo digo; e incluso hago una segunda versión un poco más amplia y la difundo. Y si logro hacer más daño, parece que me provoca mayor satisfacción. El mundo de las habladurías, hecho por gente que se dedica a criticar y a destruir, no construye la paz. Esa gente más bien es enemiga de la paz y de ningún modo bienaventurada» (GE 87).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, con una pluma muy ágil en lo pastoral y, por ende, muy profunda en su capacidad de penetrar los corazones, el Papa va describiendo un itinerario de vida de santidad que encuentra su mejor complemento en el <em>conmigo lo hiciste</em> del pasaje del <em>Juicio Final</em> de Mateo 25, «porque ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis» (GE 96). Francisco es taxativo afirmando que nuestra fidelidad al Maestro pasa por asumir un estilo vital como el suyo, que en su <em>kénosis</em> tomó la condición de esclavo y pasó como uno de tantos (cf. <em>Flp</em> 2,7); en consecuencia, «no podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente» (GE 101).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco no es ingenuo respecto de extremismos que, pese a que sus orígenes pueden ser muy iluminados por una recta intención cristiana, terminan mutilando el corazón del Evangelio al radicalizarse y perder su sentido de santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, están aquellos que, esforzándose por cumplir las exigencias de misericordia a las que nos llama el Señor, acaban rompiendo la relación personal con Él, de modo que transforman «al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario» (GE 100). En segundo lugar, el Santo Padre se refiere a quienes arrojan un manto de sospecha o de indiferencia sobre aquellos que han asumido un genuino compromiso social, y lo desestiman por ser «superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden» (GE 101).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ni lo uno ni lo otro es el sano equilibrio que engendra el vínculo con Dios y que nos configura con Él según su gracia. Por eso, la reflexión del Papa ofrece en este contexto una clave que nos introduce en la vida de santidad, y que no es otra que la misma que ha orientado su magisterio como sucesor de Pedro: la misericordia. Se trata de la experiencia profunda de la misericordia de Dios para con nosotros que, como gracia, ha de anidar en nuestras historias y desbordar desde nosotros hacia nuestros hermanos, como expresión y consecuencia de un encuentro primero con el Amor Gratuito e Infinito en Dios<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Ese es el culto que más agrada a Dios, según el Papa, porque «quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia» (GE 107).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Rasgos distintivos para un santo de hoy</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con ejemplos muy aterrizados a los desafíos contemporáneos, el Papa se ciñe en todo momento a su objetivo inicial de renovar la vigencia del llamado universal a la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena» (GE 111).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, en el capítulo cuarto de la exhortación el Santo Padre enumera y describe diversas maneras de expresar el amor a Dios y a los hermanos que constatan una vida en plenitud de gracia en el hoy histórico. Lo que el Papa quiere es disponer al Pueblo de Dios para testimoniar el Evangelio en una cultura muchas veces caracterizada por «la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual» (GE 111).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A esta altura <em>Gaudete et exsultate</em> adquiere un cariz especialmente bíblico, colmada de versículos vétero y neotestamentarios que pueden contribuir posteriormente a profundizar la meditación o a nutrir reflexiones comunitarias y catequesis.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco recuerda que la firmeza interior del cristiano radica en su centralidad en Dios, lo que permite «soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos: <em>Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? </em>(<em>Rm</em> 8,31)» (GE 112). Desde esta solidez en Cristo, Francisco exhorta al <em>aguante, </em>la<em> paciencia </em>y la<em> mansedumbre</em> como actitudes y rasgos distintivos de quien vive el Evangelio, y así a no ceder a «la tentación de buscar la seguridad interior en los éxitos, en los placeres vacíos, en las posesiones, en el dominio sobre los demás o en la imagen social» (GE 121).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero lo anterior no puede hacerse, como dice la jerga <em>bergogliana</em>, con <em>cara de funeral</em> (EG 10) o <em>cara de vinagre</em> (EG 85), sino que el «santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado» (GE 122). Eso sí, el Pontífice advierte que esto no se trata de una «alegría consumista e individualista» (GE 128), sino de aquella experiencia que brota de la certeza que regala Cristo, quien asumió la fragilidad de la condición humana, porque efectivamente «hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que <em>se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo</em> (EG 6). Es una seguridad interior, una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos» (GE 125).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Condición básica para esta vivencia de la santidad es aquella <em>parresía</em> a la que tanto ha hecho referencia Francisco en su lustro de pontificado, y que en este documento sintetiza como <em>audacia</em> y <em>fervor</em>. «Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante». (GE 138) Esta es la actitud de quien, lleno del Espíritu Santificador, se lanza a la misión. Orientando la mirada fuera de sí misma, esta gracia opera como motor interior de la persona y, en consecuencia, de la evangelización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que lo ensimismara, no era una compasión paralizante, tímida o avergonzada como muchas veces nos sucede a nosotros, sino todo lo contrario. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar. Reconozcamos nuestra fragilidad, pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión» (GE 131).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, evidentemente una vida entregada no puede replegarse sobre sí misma ni se realiza de modo aislado en un individualismo que excluye las relaciones personales. Francisco identifica <em>la</em> <em>comunidad</em> como el ámbito donde se vive, se promueve y se custodia la santidad, más aún en condiciones sociales donde es «tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos» (GE 140). La misión eclesial es comunitaria, como lo es la creación entera, y en especial la raza humana que, a imagen de Dios, no es ni sola ni solitaria. Para el Papa, la vida comunitaria, «sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos. Esto ocurría en la comunidad santa que formaron Jesús, María y José, donde se reflejó de manera paradigmática la belleza de la comunión trinitaria» (GE 143).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y así como la relación fraterna es tan necesaria, resulta esencial para una vida que busca la santidad mantenerse en la presencia de Dios a través de un vínculo basado en un tratar amistoso y cotidiano con Él. El Santo Padre es rotundo: no cree que pueda haber santidad sin una <em>oración constante</em>, no por ello particularmente larga ni emotiva (Cf. GE 147). Por eso insiste en que esta práctica no es privilegio de algunas almas, sino que la «oración confiada es una reacción del corazón que se abre a Dios frente a frente, donde se hacen callar todos los rumores para escuchar la suave voz del Señor que resuena en el silencio» (GE 149). Sería paradójico afirmar al mismo tiempo un llamado universal a la santidad y un acceso restringido a la oración que conduce a ella. Por eso, mostrando su arraigada espiritualidad ignaciana, Francisco invita a ejercitar dicha oración individual y/o comunitaria, a través de la historia por la que el Espíritu nos ha conducido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Si Dios ha querido entrar en la historia, la oración está tejida de recuerdos. No solo del recuerdo de la Palabra revelada, sino también de la propia vida, de la vida de los demás, de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia. […] Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia. Al mismo tiempo esto alimentará tu conciencia de que el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida. Por consiguiente, tiene sentido pedirle que ilumine aun los pequeños detalles de tu existencia, que a él no se le escapan». (GE 153)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre muchas precisiones que hace respecto de la oración, el Papa destaca la súplica por los demás, donde confluyen ternura y confianza. Así, hace frente a quienes prejuiciosamente reducen la oración a una mera experiencia contemplativa, donde la presencia de un rostro fraterno sería una distracción: «[…] la realidad es que la oración será más agradable a Dios y más santificadora si en ella, por la intercesión, intentamos vivir el doble mandamiento que nos dejó Jesús. La intercesión expresa el compromiso fraterno con los otros cuando en ella somos capaces de incorporar la vida de los demás, sus angustias más perturbadoras y sus mejores sueños» (GE 154).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. Armas para una <em>lucha bella</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El capítulo quinto de <em>Gaudete et exsultate</em> es un llamado de alerta ante las enormes resistencias, desventajas y riesgos que implican emprender el desafío cristiano de buscar la santidad, pero que Francisco califica como una lucha «muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida» (GE 159). El Santo Padre identifica tres contrincantes en este <em>combate</em>: primero, las fascinaciones y atracciones de una mentalidad mundana, luego, el segundo las propias fragilidades; el tercer adversario, al que dedica más atención, es el mismo diablo, «un ser personal que nos acosa» (GE 169) y que al considerarlo un simple mito nos hace más vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero más que a una caída o a la comisión de un pecado, el Papa teme a aquella perversa dinámica de la corrupción espiritual, que comienza por un adormecimiento respecto de la conciencia de gravedad de las propias faltas hasta transformarse en «una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad» (GE 165). ¿El escudo para esta contienda? La <em>vigilancia</em> y el <em>discernimiento</em>, dones que hay que pedir, y para lo que el Pontífice sugiere una herramienta propicia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Por tanto, pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero <em>examen de conciencia</em>. Al mismo tiempo, el discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones» (GE 169).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. El <em>tú</em> sencillo y frontal de la exhortación </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al concluir esta presentación de <em>Gaudete et exsultate</em>, quiero destacar uno de los rasgos peculiares de esta exhortación apostólica, y que se condice con el estilo propio y muy libre del Santo Padre en su estilo comunicativo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A menudo Francisco deja de lado el tono más académico, impersonal y genérico que suelen tener los textos magisteriales y que muchas veces hacen inaccesible su contenido para el común de los hombres y mujeres de buena voluntad a quienes se dirigen, y adopta un estilo más pastoral bajo el modo imperativo en segunda persona singular.  El Papa habla e interpela de manera sencilla pero frontal a un <em>tú</em>: «lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti» (GE 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una voluntad del sucesor de Pedro de que cada persona a lleve esta reflexión a su corazón y se cuestione abierta e inmediatamente lo que él les propone:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad» (GE 15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy» (GE 23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida» (GE 24).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta particularidad de la redacción es una especie de metálogo que, asumiendo el fondo del mensaje que quiere actualizar -<em>la universalidad del llamado a la santidad</em>-, deviene accesible por medio de la simplicidad de su forma, para que todos puedan acogerlo, reflexionarlo y vivirlo:, Ser santos dándo<em>nos</em> desde la gracia de Dios, configurados con Cristo que <em>se </em>da por nosotros, porque como dice Jesús en una cita que se repite dos veces en esta exhortación, <em>hay más dicha en dar que en recibir</em> (<em>Hch</em> 20,35), y ese es el núcleo de la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago. Ejerce su ministerio actualmente en el Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede Apostólica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, Exhortación apostólica <em>Gaudete et exsultate </em>(GE), 2018, Nº108.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia <em>Lumen gentium</em>, 1964, Nº 39-42.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Von Balthasar, Hans U., “Teología y santidad”, en <em>Communio</em> 6 (1987), 489.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Benedicto XVI, <em>Catequesis</em> (13 de abril de 2011): <em>L’Osservatore Romano</em>, ed. Semanal en lengua española (17 de abril de 2011), p.11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Francisco, Exhortación apostólica <em>Evangelii gaudium</em> (EG), 2013, Nº94.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Francisco, <em>Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el centenario de la Facultad de Teología</em> (3 marzo 2015): <em>L’Osservatore Romano</em> (10 marzo 2015), p. 6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Cf. S. Buenaventura, <em>Las seis alas del Serafín</em> 3, 8: «<em>Non omnes omnia possunt</em>». Cabe entenderlo en la línea del Catecismo de la Iglesia Católica, 1735.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, <em>Documento de Aparecida</em> (29 junio 2007), 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Claves para un acompañamiento espiritual sencillo y serio - Luis María García Domínguez, SJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2018/12/claves-para-un-acompanamiento-espiritual-sencillo-y-serio-luis-maria-garcia-dominguez-sj/</link>
		<pubDate>Mon, 31 Dec 2018 20:20:16 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO- AGOSTO 2018)
Autor: Luis María García Domínguez, s.j.
Para citar: García Domínguez, Luis María; <i>Acompañar para discernir: Claves para un acompañamiento espiritual sencillo y serio</i>, en La Revista Católica, Nº1.199, julio-agosto 2018, pp. 300-309.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2018/12/LGARCIA_LRC_1199.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Acompañar para discernir: Claves para un acompañamiento espiritual sencillo y serio</strong>
<strong>Luis María García Domínguez, s.j. </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Presentaré en esta conferencia el tema que me ha sido encomendado en esta Semana Teológico Pastoral 2018: «Acompañar para discernir», pensando especialmente en la pastoral con los jóvenes, inquietud del Sínodo diocesano y del próximo Sínodo de la Iglesia. En esta exposición me fijaré en el acompañamiento espiritual, y me moveré continuamente entre dos extremos que desearía subrayar claramente: su sencillez como instrumento pastoral y la seriedad con la que se ha de realizar. En efecto, acompañar espiritualmente es una tarea que ayuda mucho a los jóvenes y no tendría que ser difícil para muchas personas (laicas o consagradas) que se dedican ya a la pastoral juvenil; pero, si bien es relativamente sencillo empezar a acompañar, a la larga es una tarea muy delicada para la que conviene prepararse de todos los modos posibles<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Qué es el acompañamiento espiritual?</strong><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para acompañar espiritualmente a alguien es preciso tener en la cabeza un cierto «modelo» de acompañamiento que nos ayudará a tomar decisiones en muchos momentos del diálogo espiritual. Y, simplificando un tanto dos posiciones, podemos pensar en dos modelos de dirección o de acompañamiento espiritual: la figura del «padre», director sabio y carismático; o la figura del que pone el acento en el «método» de la conversación, en el procedimiento. El primero es una figura clásica, sobre todo en la tradición del Oriente cristiano antiguo: el anciano, santo y sabio que ha recorrido un largo camino ascético y ha llegado a una cima espiritual desde la que, con la gracia de Dios y su experiencia acumulada, ayuda a sus hermanos con consejos y orientaciones. El segundo modelo, también presente en la tradición cristiana, no tiene la seguridad de una iluminación especial de Dios, ni tiene necesariamente ese recorrido espiritual tan completo; pero recoge de la enseñanza de la tradición el método para acompañar, el modo mejor de proceder en el acompañamiento; y esa fidelidad al método adecuado le facilita ayudar sin cometer grandes errores. Este segundo modelo es el que proponemos inicialmente, pues el primero tiene sus riesgos cuando la persona no es tan sabia, ni tan santa y equilibrada, como eran aquellos modelos clásicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además, podemos distinguir varias «modalidades» posibles de acompañamiento: como diálogo pastoral puntual; como enfocado a afrontar problemas; como deseo de centrarse en la persona; o como guiarse por el proceso espiritual a más largo plazo<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Cada acompañante puede reconocer para qué modalidad es más hábil y, por otra parte, cuál es la forma de acompañamiento más adecuada para cada «discípulo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El acompañamiento espiritual es una serie de conversaciones entre dos personas, que se orienta a buscar la voluntad de Dios para una de ellas, mediante frecuentes encuentros en los que se utilizan numerosos recursos de diálogo y en los que se ofrece también algunos instrumentos útiles para la vida cristiana, que puedan ayudar fuera de la entrevista. Pero, en todo caso, el discernimiento de ambos interlocutores aparece como un trasfondo necesario, que subyace o atraviesa toda conversación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El acompañamiento espiritual tiene un fin espiritual claro, que se puede formular de muchas formas distintas (la santificación, la divinización, la unión con Dios y el seguimiento de Cristo, la configuración con Cristo…); pero ese fin último admite (y generalmente requiere) otros objetivos parciales. Estos objetivos son concomitantes más que sucesivos, como el conocimiento propio, la aceptación y sana estima de sí, la capacidad de tomar decisiones para cambiar la propia vida y el conocimiento cada vez mayor de los valores y estilo vital del evangelio. Y otros muchos que se pueden articular con los indicados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La entrevista: los contenidos de la conversación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los contenidos de la entrevista de acompañamiento son, en realidad, todos los de la vida cristiana: la experiencia de Dios; la biografía personal; la vida cotidiana según la propia condición vocacional y su situación concreta, manifestada en las relaciones, el estudio o el trabajo, los compromisos humanos y los que se toman movidos por la fe. Por supuesto, puede ser objeto del diálogo cualquier problema que emerja en la vida de la persona; y también el surgimiento de alguna «moción» nueva en la vida de la persona como, por ejemplo, la pregunta vocacional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El discernimiento espiritual, por otra parte, no es una especie de «técnica» que se aplica a la conversación. Sino que es buscar la voluntad de Dios mediante operaciones humanas afectivas, cognoscitivas y conativas: discernir es «sentir y conocer» para tomar decisiones a partir de las luces obtenidas. Se discierne individualmente, pero se supone que de vez en cuando se tiene un contraste de otra persona, para no engañarse tan fácilmente; pues el engaño espiritual de los «buenos» (los que caminan en la vida iluminativa) es una posibilidad que desde la antigua tradición espiritual se reconoce y combate. Los «instrumentos» que se explican un poco más abajo son también contenidos eventuales del diálogo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Cómo hablar: recursos e instrumentos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El modo de conducir la conversación de acompañamiento es de suma importancia para que el método no distorsione la búsqueda de la voluntad de Dios. El acompañante que aplica el método adecuado y emplea progresivamente los recursos más útiles en la conversación no tendrá especiales problemas y, seguramente, notará que ayuda verdaderamente a la persona acompañada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.1 Recursos para el diálogo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los <em>recursos ordinarios</em> de la conversación se condensan en cuatro grandes grupos, que son a modo de «tareas», cada una de las cuales incluye distintos recursos de conversación: <em>atender</em> (acoger, acordar el plan a seguir, observar, escuchar con empatía); <em>entender</em> (mediante la respuesta reflejo, la reformulación, las preguntas aclaratorias o exploratorias); <em>explicar</em> (sugiriendo hipótesis, instruyendo, explicándole su forma de ser, quizá confrontando o interpretando algunas veces su visión, confirmando sus aciertos); y <em>aplicar</em> (sugiriendo conductas y motivaciones, proponiendo valores, aconsejando algunas pocas veces, invitando a tomar decisiones, proporcionando instrumentos para la vida espiritual). Ordinariamente, se pueden entender también como cuatro grandes fases, aunque no sean puramente lineales: pues sin atender largamente con escucha empática será difícil entender; y solamente cuando hemos entendido bien acertaremos a explicar algo con cierto sentido de modo acomodado a cada sujeto; y solo cuando la persona acepte la explicación (o llegue por sí mismo a entenderse a sí mismo) estará capacitada para aplicar alguna cosa a su vida cristiana, para mejorarla en algún aspecto. Y también hay que saber terminar el acompañamiento, aunque no hay posibilidad de fijar norma sobre ello, ya que pueden concurrir muy distintas circunstancias. Pero cada acompañante debería saber que acompaña a alguna persona durante un tiempo determinado, no para siempre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los <em>recursos extraordinarios</em> para el acompañamiento espiritual pueden ser los que se utilizan en un acompañamiento a distancia, como el correo postal o electrónico, el envío de distintos escritos, el uso del teléfono o la videollamada. Estos recursos deben administrarse bien para que no se rompa la asimetría de la relación, el método «profesional» de la entrevista, la necesaria distancia física y temporal de los encuentros. También es posible, dentro del acompañamiento, la participación en retiros u otras actividades espirituales o pastorales dirigidas por la persona que acompaña; estas no forman parte ordinaria de un acompañamiento, pero pueden incluirse en el proceso espiritual del «discípulo», si le ayudan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Recursos problemáticos</em> en la dirección espiritual son el apoyo afectivo que crea dependencia e infantiliza; la ayuda material (o de gestiones e influencias) que crea sumisión; la autorrevelación que desplaza el protagonismo al acompañante; el contacto físico que suscita emociones y puede facilitar un tipo de intimidad impropia; el uso de técnicas ajenas a la dirección espiritual (como son válidos o discutibles recursos de alguna escuela psicológica o técnicas de pseudoterapias, de saberes «arcanos» que el acompañante ha escuchado en cualquier cursillo, etc.); y el mantener relaciones duales o múltiples fuera de la entrevista de acompañamiento (como descansar juntos, pasear o alternar fuera de la entrevista a solas), lo que resultar sumamente ambivalente. El uso habitual de estos recursos problemáticos (y de otros semejantes que el lector puede conocer) debería alertar a cualquier observador o persona acompañada sobre la idoneidad de dicho acompañamiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.2 Instrumentos</strong><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El principal «instrumento» que suele ayudar a quien es acompañado espiritualmente es llevar un «cuaderno espiritual» en el que pueda escribir algo sobre su mundo espiritual, sus «mociones», sus reflexiones y algunas propuestas que le pueda hacer la persona que lo acompaña. El primer uso de dicho cuaderno puede ser el preparar la entrevista de acompañamiento, antes de acudir al encuentro, y reflexionar un poco por escrito después del mismo. Pero poco a poco el acompañante puede hacerle otras propuestas, las que le puedan ayudar, como por ejemplo las que se indican a continuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el citado cuaderno se puede escribir el «examen de la oración», para poder discernirla mejor y para aprender mejor los distintos métodos; o anotar su «examen del día» para irse acostumbrando a cómo hacerlo y ver cómo Dios actúa en la vida cotidiana de cada uno. También se puede llevar por escrito un «examen particular» durante un cierto tiempo, como medio de controlar un defecto particular o de fomentar y perseverar en algún buen hábito; el discípulo puede también discernir por escrito sobre algunas actividades necesarias pero que se pueden desordenar, siguiendo la propuesta ignaciana de «ordenarse en el comer»; y, del mismo modo, podría discernir sus obras buenas y compromisos cristianos (como la participación en voluntariados, catequesis, liderazgo de grupos, etc.) mirando lo que busca en esas obras buenas, con los criterios ignacianos de las reglas para «distribuir limosnas».</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, el cuaderno espiritual puede ser un modo de canalizar y llevar cuenta consciente de la nueva vida que suele impulsar un acompañamiento espiritual centrado en el proceso espiritual. Así, el «discípulo» practica el discernimiento de muchos modos y se va haciendo cada vez más adulto en su vida cristiana, sin necesitar tanto el «consejo» de su acompañante espiritual. El acompañamiento es una ayuda temporal para una vida cristiana adulta y autónoma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. La relación de acompañamiento: posibilidades y riesgos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La relación de acompañamiento es una relación bastante especial: es espiritual, es exigente y es afectiva. Y acaba siendo, cuando es prolongada, una relación compleja, porque entran en juego factores conscientes e inconscientes, pues intervienen todas las instancias psíquicas y espirituales de los dos interlocutores, como son el yo-ideal y el yo-actual de cada uno, con sus niveles conscientes e inconscientes. De modo que la relación no debe ser vista solo e ingenuamente como «espiritual».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los fenómenos clásicos que pueden explicar la complejidad de esta relación es el tema de la «transferencia», fenómeno que ilustra otra verdad más amplia: el juego de afectos, sentimientos, necesidades (y también valores) que intervienen con fuerza en todo tipo de relación pastoral. Como es normal, experiencias afectivas antiguas pueden reproducirse de alguna manera (y sin conciencia de su relación con la propia biografía) en la persona acompañada. Y, lo que también es normal (pero muy contraproducente), su acompañante podría reaccionar a esas «transferencias» como si fueran relaciones reales con su acompañado, cayendo en la «contratransferencia»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puede suceder que una persona acompañada (un «discípulo») haya sentido ciertas carencias afectivas durante su niñez, aunque en experiencias no traumáticas, sino normales; por ejemplo, por unos padres que trabajan mucho por los hijos, pero expresan poco el afecto en la familia. Este discípulo podría encontrarse con un acompañante (varón o mujer) que le acogiera incondicionalmente, que le escuchara largamente, que le hiciera sentir valorado e importante. Es muy posible que, en una relación prolongada, este discípulo sintiera por su acompañante afecto, cariño, y cierto apego natural; incluso un poco infantil: esto es la transferencia «positiva» normal, donde el discípulo quizá busca el cariño que no tuvo y que, en la situación actual, puede formularse en alguna demanda, ser más insistente (más inmadura) de lo apropiado a esta situación: pidiendo consejo una y otra vez en lugar de buscar por sí mismo; deseando encuentros más frecuentes con su acompañante; interesándose por su vida y actividad privada; quizá utilizando distintos medios (correos, mensajes, redes sociales) para compartir y comunicar incluso cosas no significativas (unas fotos, una noticia familiar, un viaje). Eso es la <em>transferencia</em>, en este caso positiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo con el ejemplo, la <em>contratransferencia</em> sería la respuesta «normal» de la persona que acompaña a esas demandas. Por ejemplo, que aceptara responder a todas sus peticiones de consejo, sin hacerle trabajar al discípulo por sí mismo; que aceptara tener otras entrevistas (en realidad, no necesarias) de las programadas inicialmente; que le respondiera a todas sus comunicaciones personales fuera de las entrevistas, enviándole a su vez noticias de su vida privada, con fotos, noticias o informaciones de su actividad personal; que incluso, viendo el interés del discípulo, le invitara a algunas de sus actividades, o a tomar juntos un café o a salir a descansar juntos, o le ofreciera ver una película muy interesante que se acaba de estrenar en una sala de cine o en el canal de pago de televisión que tiene el acompañante. Esto sería la contratransferencia: dejar la relación «profesional» y asimétrica que requiere el acompañamiento y convertirla en una relación «normal», aunque de mutua gratificación de necesidades afectivas de uno (el discípulo) y del otro (su acompañante). La contratransferencia, que parece ayudar a que la relación «espiritual» fluya más fácilmente, en realidad no afronta los problemas del discípulo (en este caso su dependencia afectiva, que necesita integrar mejor), sino que los perpetúa. Y, a su vez, generalmente alimenta también necesidades más o menos disonantes del acompañante, que siente gratificada su autoestima, su significatividad social, quizá su sentido paternal o maternal o, en otros casos, su necesidad de alguien que lo quiera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La transferencia puede ser positiva (como la descrita) o negativa, donde las tensiones de agresividad o rivalidad aparecen más claramente, suscitando también la contratransferencia negativa, más sutil o descarada, de rechazo, crítica o desprecio. Y la transferencia puede ser normal, como la descrita, o con tintes más infantiles y patológicos, siendo en este caso mucho más difíciles de manejar. En todo caso, se suele indicar que la «abstinencia» del acompañante, la distancia «profesional» en la asimetría conveniente y la revisión de las entrevistas (como indicamos más abajo), junto con un poco de supervisión, ayudará a que el acompañante perciba estas posibles situaciones y las sepa manejar con el método adecuado<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por todo lo dicho, la relación misma de acompañamiento tiene muchas posibilidades, pues se puede constituir como una referencia madura para toda relación equilibrada; pero también tiene algunos riesgos, pues puede perjudicar todo el acompañamiento y tener efectos malignos, incluso desastrosos para esa relación pastoral, si se cae en la correspondencia de los sentimientos eventualmente suscitados en la persona acompañada. El tema, como decimos, no es tanto la existencia o no de la transferencia, estrictamente hablando, en el acompañamiento, sino la realidad comprobada de las muchas implicaciones afectivas que se dan en un acompañamiento prolongado, que invitan a cuidar mucho esa relación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. «Cuaderno de trabajo» del acompañante</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para llevar mejor un acompañamiento, ayuda mucho a los comienzos que la persona que acompaña reflexione por escrito después de cada entrevista sobre lo sucedido. Las notas tomadas tras un encuentro se pueden leer antes de la siguiente entrevista, como parte de su preparación. Los puntos principales que cada acompañante puede reflexionar son los siguientes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a) Circunstancias externas de la entrevista</strong>. Lugar, fecha, duración, observaciones relevantes. Si preparé la entrevista o no. ¿Alguna observación significativa de la persona acompañada?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b) Temas tratados en la entrevista</strong>. Temas principales y asuntos afrontados indirectamente. Algunos de esos asuntos aportan información nueva o modifican la anterior información que se tenía sobre la persona (historia, personalidad, valores, etc.). Temas ausentes o evitados por el acompañado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c) «Proceso»</strong><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. En qué momento o etapa espiritual se encuentra el acompañado. Qué es lo central en su vida ahora: la primera ilusión cristiana ingenua, la culpa o el agobio, la resistencia a reconocerse limitado, la debilidad de sus propias necesidades, las dudas en su proyecto de vida, etc. Qué prevalece en este momento en su motivación: sus valores evangélicos (ideales y virtudes), sus necesidades psíquicas naturales, sus defensas y mecanismos psíquicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>d) Recursos utilizados en esta entrevista y con qué efectos o frutos</strong>. Si acerté en su uso o me precipité en hacerlo: cómo cuidé la observación, la acogida, la escucha, la «respuesta reflejo», la sugerencia, la instrucción, la exploración o la pregunta, la interpelación o la confrontación, la interpretación, la confirmación del camino. Si utilicé el apoyo, la autorrevelación, el contacto físico o algún recurso problemático de los indicados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>e) Cómo me he sentido a lo largo de la entrevista</strong>. Sentimientos que he experimentado yo hacia la persona acompañada, hacia cómo vive o cómo habla, hacia los diferentes asuntos que presenta. Sentimientos que yo creo que experimenta hacia mí la persona acompañada, manifestados en observaciones concretas, en comentarios directos, en gestos indirectos... Posible presencia de su transferencia: ¿su relación conmigo es «real» o «transferencial»? Posible presencia de mi contratransferencia: reacciones mías hacia esa persona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>f) Qué hacer en los próximos encuentros</strong>. Temas que debo reflexionar o consultar porque no entiendo bien. Asuntos que debo afrontar si el acompañado no los afronta por sí mismo. Recursos o técnicas que puedo utilizar para ser más eficaz en mis intervenciones. Tareas que le puedo proponer, textos evangélicos, actividades o compromisos formativos… ¿Tengo claro el proceso, el fin hacia el que vamos, las «metas volantes» que me propongo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo ello ayudará mucho al acompañante para reflexionar sobre su ministerio y para corregir errores, mejorar su modo de proceder y, en definitiva, ayudar mejor a las personas que acompaña.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este esquema del «cuaderno de trabajo del acompañante» puede ser una referencia para una supervisión, en grupo o personalizada, de la persona que empieza a acompañar a otros. Eso facilitará la propuesta que este conferenciante quiere dejar a todos los agentes de pastoral participantes en esta Semana Teológica Pastoral: que ofrezcan un acompañamiento espiritual sencillo y fraterno a los jóvenes cristianos que tratan con ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Algunas lecturas sugeridas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aa. Vv., «El acompañamiento espiritual»: <em>Sal Terrae. Revista de Teología Pastoral</em>, 105 / n. 1227 (noviembre 2017) 865-920.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Andrés Vela, J., <em>La entrevista personal y el diálogo pastoral,</em> CCS, Madrid 2001.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Arrieta, Lola, <em>Acoger la vida, acompañando la vida. El acompañamiento en la vida cotidiana,</em> Cuadernos Frontera, Vitoria 1999.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ávila, Antonio, <em>Acompañamiento pastoral,</em> PPC, Madrid 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Balanzó, Estanislau de, <em>La entrevista personal en Ejercicios,</em> Cuadernos del Seminario de Ejercicios, Cristianismo y Justicia, Barcelona 1992.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Barry, W. A. - W. J Connolly, <em>La práctica de la dirección espiritual,</em> Sal Terrae, Santander 2001.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fernández Carvajal, Francisco, <em>La dirección espiritual</em>, Ediciones Palabra, Madrid 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fiores, S – Goffi, T. (Dirs.), <em>Nuevo Diccionario de Espiritualidad</em>, Voces: <em>Itinerario espiritual, Madurez espiritual, Modelos espirituales, Padre espiritual, Progreso espiritual, Psicología y espiritualidad</em> (y otras voces), Paulinas, Madrid 1992.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Firolamo, G. (Ed.), <em>Storia della direzione spirituale</em>, G. Filoramo (eds.), <em>I-II-III</em>, Morcelliana, Brescia, 2006-2008.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">García Domínguez, Luis M., «Qué es y qué no es acompañamiento espiritual»: <em>Sal Terrae. Revista de Teología Pastoral</em> 105 / n. 1227 (noviembre 2017) 865-877.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">García Domínguez, Luis M.,<em> La entrevista de Ejercicios espirituales</em>, Mensajero – Sal Terrae (Colección Manresa 44), Bilbao – Santander 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">García Domínguez, Luis M., <em>El libro del discípulo. El acompañamiento espiritual</em>, Mensajero – Sal Terrae, Bilbao – Santander 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">García San Emeterio, S., <em>El acompañamiento. Un ministerio de ayuda,</em> Paulinas, Madrid 2001.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Giordani, Bruno, <em>Encuentro de ayuda espiritual,</em> Sígueme, Salamanca 1992.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Guillén, Antonio T., «El acompañamiento espiritual del cristiano adulto»: <em>Manresa</em> 76 (2004) 135-145.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Imoda, Franco (Ed.), <em>Acompañamiento vocacional. La psicología de la vocación en la adolescencia, </em>Sígueme, Salamanca 2008.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">López Galindo, Adrián, <em>Claves antropológicas para el acompañamiento</em>, Cuadernos Frontera-Hegian 23, Vitoria 1999.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mendizábal, Luis M., <em>Dirección espiritual. Teoría y práctica</em>, BAC, Madrid 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Merton, Thomas, <em>Dirección espiritual y meditación</em>, Desclée de Brouwer, Bilbao 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Moreno de Buenafuente, A., <em>Voy contigo: acompañamiento,</em> Narcea, Madrid 2004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nemeck, Francis Kelly – Marie Theresa Coombs, <em>El camino de la dirección espiritual</em>, Editorial de Espiritualidad, Madrid 1987.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nouwen, H. J. M. y otros, <em>Dirección espiritual. </em><em>Sabiduría para la larga andadura de la fe</em>, Sal Terrae, Santander 2007 (2006).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sastre García, J., <em>El acompañamiento espiritual,</em> San Pablo, Madrid 1993; <em>Acompañar: por los caminos del Espíritu</em>, Monte Carmelo, Burgos 2002; <em>El acompañamiento espiritual</em>, Desclée de Brouwer, Bilbao 2008.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Ponencia presentada durante la Semana Teológico-Pastoral de la Arquidiócesis de Santiago, julio de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> A saber, con alguna orientación inicial, con un poco de estudio, teniendo al principio una cierta «supervisión» del acompañamiento realizado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Se añade al final una bibliografía básica para quien desee iniciarse en este ministerio. Lógicamente, estas páginas se inspiran en mis publicaciones sobre el tema.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Son modalidades que se pueden encontrar en la práctica pastoral y en escritos sobre el acompañamiento espiritual. En buena medida se pueden parecer a algunos modelos psicoterapéuticos, o incluso se inspiran parcialmente en ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Presento estos instrumentos para la vida cristiana, muy inspirados en los Ejercicios espirituales ignacianos, en <em>El libro del discípulo. El acompañamiento espiritual</em>, Mensajero, Bilbao 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Sobre el fenómeno complejo de la transferencia (y la contratransferencia) en la relación pastoral, se puede ver C. Domínguez Morano, «Las ocultas complicidades de la relación pastoral», en<em> Creer después de Freud</em>, Ediciones Paulinas, Madrid 1991, 271-309.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> La ya clásica investigación de L. M. Rula y su equipo con una amplia población vocacional (novicios, novicias y seminaristas) indicaban que dos tercios de los sujetos (67-69%) formaban relaciones de transferencia con sus formadores. Hemos de suponer una proporción parecida en acompañamientos suficientemente <em>prolongados</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> El tema de las etapas o proceso espiritual (que no hemos explicado en estas páginas) se puede reflexionar con distintos modelos de desarrollo espiritual; aquí me inspiro en parte en la perspectiva espiritual ignaciana y en la perspectiva de la «antropología de la vocación cristiana» de L. M. Rulla.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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Su presentación me ayuda mucho, recién me estoy iniciando en el acompañamiento espiritual.]]></wp:comment_content>
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		<title>Hans Zollner S.J.: “La voz de los laicos tiene y deberá tener más relevancia” - Entrevista de Sergio Henríquez</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/01/hans-zollner-s-j-la-voz-de-los-laicos-tiene-y-debera-tener-mas-relevancia-entrevista-de-sergio-henriquez/</link>
		<pubDate>Tue, 15 Jan 2019 08:18:00 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Sergio Henríquez R., Teólogo y periodista
Para citar: Henríquez, Sergio; <i>Hans Zollner s.j.: La voz de los laicos tiene y deberá tener más relevancia</i>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 353-361</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/01/SHENRIQUEZ_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Hans Zollner S.J., Comisión Pontificia para la Protección de Menores:</strong>
<strong>"La voz de los laicos tiene y deberá tener más relevancia"</strong>
<strong>Sergio Henríquez Ramírez </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Teólogo y periodista</strong></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Es viernes por la tarde y las actividades académicas han concluido. En el tercer piso de la Pontificia Universidad Gregoriana nos espera uno de los mayores expertos a nivel eclesial sobre el abuso de menores. El profesor Hans Zollner, sacerdote jesuita y sicólogo, es Presidente del Centro para la Protección de Menores que dicha casa de estudios promueve desde el 2012, y miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, creada por el Papa Francisco en marzo de 2014. “Viajo por el mundo con dos sombreros”, dice bromeando cuando habla de sus viajes por más de 40 países para abordar el tema. Con su inconfundible acento alemán, mientras bebe su taza de té, responde clara y sintéticamente a nuestras preguntas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>Desde su fundación en 2014, ¿cuáles son los mayores pasos que ha dado la Comisión Pontificia para la Protección de Menores?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A mi modo de ver, la importancia de la Comisión radica sobre todo en su misma existencia. El Papa Francisco, ampliando e intensificando un camino iniciado por el Papa Benedicto, quiso dar un signo muy fuerte al crear esta comisión. Ha querido decirle a toda la Iglesia, a todo el mundo, que quiere un grupo que lo pueda aconsejar sobre cómo moverse, qué decidir, qué hacer en el ámbito de la protección de los menores. El tema se ha instalado a nivel mundial. Lo digo por experiencia propia, pues he estado en Chile, en Papúa Nueva Guinea, en Irlanda, en Malui... literalmente, en todo el mundo. Tal atención al tema, yo la atribuyo en parte a la visibilidad, a la existencia de la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Concretamente, a la fecha, se han realizado más de 600 <em>workshops</em>, seminarios y conferencias, conducidos por miembros de la Pontificia Comisión. Aconsejamos al Santo Padre para que instituyera una Jornada de Oración por las Víctimas, a discreción de las respectivas conferencias episcopales. Desarrollamos un modelo de Líneas Guía, que hemos puesto a disposición de todas las conferencias episcopales. Últimamente, hemos vuelto a poner el foco sobre el contacto, el diálogo y la asistencia a las víctimas de abusos. En este sentido, estamos tratando de animar a las iglesias locales a crear instancias que en otros países ya son una realidad, como los grupos de sobrevivientes de víctimas de abuso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>¿Por qué algunos de los miembros originales de la Comisión abandonaron el grupo, manifestando desazón y contrariedad?</em> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ninguno de estos miembros se fue por culpa de la Comisión. Por ejemplo, Mary Collins, que fue la que se pronunció, lo atribuyó a la resistencia, según su opinión, de la Curia romana, y ha dicho en repetidas ocasiones que no tiene ningún problema con la Comisión. Es más, continúa colaborando con nosotros. No fue la Comisión la que fue objeto de su crítica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>Respecto de Chile, el Santo Padre dijo que en la Iglesia existe una cultura del abuso y del encubrimiento. ¿Qué prácticas necesitamos implementar a nivel de la Iglesia Universal para detener aquel encubrimiento que favorece la comisión de abusos contra menores y mayores de edad?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, hay que vivir lo que se promete, hay que poner en acto lo que se proclama. Aquí no hablamos solo sobre el abuso sexual a menores, sino sobre una actitud y una conducta de vida de parte de todos los miembros de la Iglesia, sobre todo de sus representantes principales, que son los sacerdotes y los obispos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Segundo, hay que poner en práctica lo que la Iglesia obliga, porque si se hubiese respetado el derecho canónico en esta materia, no tendríamos estos problemas. Desde siempre el abuso sexual ha sido considerado un crimen. En los últimos 16 años se ha aclarado mucho más, especialmente desde cuando ha tenido lugar una reforma de algunos aspectos del derecho, pero es evidente que el abuso de un menor es siempre un crimen, además de ser un pecado gravísimo. Pero es sobre todo un crimen, y se debe castigar según las normas de la Iglesia. Al mismo tiempo, en el ámbito de la legislación civil, se deben respetar las leyes vigentes en cada país. La Congregación para la Doctrina de la Fe lo dijo claramente en el 2010.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un tercer punto es un proceso que vemos en la sociedad en general, pero especialmente en Estados Unidos. Alrededor de un año atrás tuvo inicio el movimiento <em>Me too</em>, que ha puesto en evidencia el abuso cometido por los “dioses de Hollywood”, por los “dioses del deporte”, etc. Antes, tanta gente sabía de estos abusos, pero nadie osaba tocar a estas deidades. Seguramente, esto ha tenido también una repercusión en la Iglesia. Ahí tenemos, por el ejemplo, el caso del ex cardenal McCarrik, o del <em>Grand Jury Report</em> de Pensylvannia, donde cardenales y obispos son expresamente nombrados como corresponsables de los abusos, ya sea porque han cubierto o  porque fueron negligentes en aquello que, incluso el Derecho Canónico, exigía de ellos. Concretamente, hablamos de ver cómo son las estructuras de la Iglesia que permiten que un obispo no ponga en acto aquello que la Iglesia prescribe.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>¿Un obispo negligente debe ser corregido, sancionado?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente. El <em>Motu Proprio</em> del 2016, “Como una madre amorosa”, establece que estos obispos deben ser alejados de sus cargos. Frecuentemente no se sabe la razón, porque la Santa Sede no comunica los motivos. Esta práctica, en mi opinión, no es apropiada, porque la gente debería saber que ciertas acciones tienen consecuencias serias. Personalmente, desconozco los motivos por los que la Santa Sede actúa de esta manera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>¿Es posible que una víctima sane del todo tras haber sido abusada sexualmente? ¿Qué actitudes y acciones favorecen y cuáles perjudican un proceso de sanación?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sanación, humanamente hablando, es siempre posible. Pero también es cierto, humanamente hablando, que es siempre difícil vivir este proceso. Aun más, humanamente hablando, es siempre difícil esperar una completa sanación.  Por ejemplo, si tengo una herida grave, puedo incluso morir. Si encuentro la ayuda necesaria, la herida podrá cerrarse pero la cicatriz quedará. El Papa Benedicto lo ha llamado “la herida abierta en el cuerpo de Cristo, en el cuerpo de la Iglesia”. Y en este caso, el cuerpo de la Iglesia, el cuerpo de Cristo, son las víctimas de abusos. Y es una herida abierta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Poco antes de que usted llegara he encontrado a una de estas personas, que fue herida gravemente y por muchos años. Pero a mí, en este momento, después del primer encuentro que he tenido con esta persona, me ha parecido que está bastante en contacto consigo misma. No ha negado la gravedad de lo que ha experimentado. Me ha hablado, además, de elementos que son importantes, por ejemplo, el acompañamiento de personas que puedan empatizar suficientemente con su sufrimiento; un contexto, familiar y comunitario, que otorgue apoyo, que permita alcanzar la capacidad de enfrentar de algún modo la realidad del abuso y no de encerrarlo, guardarlo en una caja y ponerlo en una esquina para tratar de olvidarlo. Algunos lo hacen por 20 o 30 años, pero luego la herida reemerge, y es tan difícil como al inicio; sangran de nuevo, como 20 o 30 años antes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conozco muchas víctimas que han hecho un gran camino de sanación. No creo que sea humanamente posible sanar del todo, como si nunca hubiese pasado nada, pero muchas de estas personas que he encontrado, a través de ese camino en el que han sufrido tanto, también han madurado una capacidad de introspección, una sensibilidad humana, una gran fuerza empática y una espiritualidad profundísima, que muchas personas que viven una vida tranquila no alcanzarán jamás. En ningún modo quiero glorificar el sufrimiento, pero si uno efectivamente encuentra estas condiciones, parece que es posible que exista un camino de verdadera sanación, no completa, jamás completa, pero de un camino continuo de transformación y, quizás, también de reconciliación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>Es habitual escuchar que las víctimas necesitan ser reconocidas públicamente como tales por la sociedad para sanar sus heridas. ¿Es siempre conveniente para la víctima denunciar a nivel civil y canónico? ¿Puede que una víctima no quiera denunciar un abuso? ¿En cuáles casos es prudente insistir en una denunciar y cuáles no? ¿Cómo se debe gestionar la tensión entre el respeto a la confidencialidad de la víctima y la necesaria justicia y la prevención de nuevos abusos?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La persona que acabo de encontrar no ha querido y no quiere denunciar ni canónicamente y mucho menos civilmente a sus abusadores. No lo quiere. ¿Por qué? Porque reabriría sus heridas, expondría públicamente su historia, que él vive, en cuanto víctima, como algo muy vergonzoso. Esta persona debería vivir la tensión que se crea entre los que le creen a la víctima y los que creen en la versión del abusador. Por lo tanto, es muy comprensible, sobre todo si hablamos de abusos cometidos décadas atrás, muchas veces por profesores o sacerdotes que han gozado de gran prestigio, que la persona no quiera afrontar un proceso ni canónico ni civil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, en algunos países la víctima no tiene opción. Si habla, la denuncia es obligatoria. Esta es una de las dificultades de la obligación de denuncia. Muchas víctimas –lo sé porque me lo han dicho tantas veces– no se consideran capaces de afrontar todo lo que significa la denuncia pública. En cambio, si hablamos de un abuso que está sucediendo en este tiempo, yo soy absolutamente favorable a la denuncia. También aquí, sin embargo, hay que ver, porque en algunos países –me imagino que Chile es uno de estos– después de que la víctima ha denunciado, recibe protección. Pero en tantos otros países no es así. Por ejemplo, hace dos años escuché un caso donde, en un país africano, las monjas que trabajan en una aldea, tras enterarse de que un tío abusaba de su sobrina, hicieron la denuncia ante las autoridades. La policía detuvo al tío, pero después de dos días lo dejó libre, porque pagó una suma de dinero. Evidentemente, el tío volvió a casa, donde estaba su sobrina. En estos casos el riesgo es todavía mayor aún después de la denuncia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay situaciones de la vida, en distintas culturas, que son mucho más complejas que decidir “esto o esto”. Y, sobre todo, uno debe respetar también la voluntad de la víctima. Pero, repito, si hablamos de un riesgo que el abuso continúe y que tenga otras víctimas, obviamente hay que denunciar ante la policía y ante la autoriad eclesiástica. Son dos carriles separados y, por tanto, la denuncia se hace contemporáneamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>Canónicamente hablando, el abuso sexual suele ser relacionado con el sexto mandamiento. Sin embargo, el Papa Francisco en diversas ocasiones ha hablado que el abuso es una suerte de agresión que rompe la existencia de la víctima, pero aun la deja con vida, padeciendo permanentemente. ¿La Iglesia hace alguna reflexión a nivel teológico respecto del mandamiento No Matarás al mirar el drama del abuso?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunas víctimas describen el abuso como un asesinato del alma. También es cierto que algunas víctimas, quizá muchas, se suicidan o al menos intentan hacerlo. La gravedad de la herida, del trauma sufrido puede parecerse a la muerte síquica, a la muerte afectiva, a la muerte laborativa, a la muerte intelectual, a la muerte emotiva. Esto es cierto. Pero, a su modo, también el quinto mandamiento está relacionado con el tema del abuso del poder.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>¿Una persona que ha sido abusada sexualmente, es idónea para el sacerdocio o la vida religiosa?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es posible. Yo conozco sacerdotes que fueron abusados, o por profesores o por su propio padre, o por algún primo, o bien por algún sacerdote, y que hoy son sacerdotes fieles, comprometidos. Ciertamente, algunos de ellos viven sus propias luchas internas. Pero no es que alguien que ha sido abusado quede, por definición, excluido. Yo creo que se debe evaluar muy atentamente. La Congregación para el Clero lo dice en el número 202 de las Líneas guía para la Formación de los Sacerdotes: si se llega a saber, por alguna razón, que una persona ha sido abusada, debe recibir el acompañamiento adecuado, para poder discernir y decidir sobre su idoneidad. Por tanto, no es una razón para excluir automáticamente, pero hay que evaluar bien si la persona es estable, si está síquicamente integrada, para poder continuar este camino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>En Chile ha habido profundas experiencias no solo de abuso sexual, sino también de poder y de conciencia. Tenemos, por ejemplo, el conocido caso de El Bosque, donde más de 50 sacerdotes se formaron bajo dicho modelo abusivo. Para muchas personas, estos sacerdotes no tendrían la idoneidad de recibir encargos pastorales por el riesgo que significa “reproducir el modelo”. ¿Es esto efectivo?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo pasé por la parroquia de El Bosque, cinco años atrás, cuando estuve en Santiago, y escuché mucho hablar de este grupo y de todo el caso. En la vida síquica no hay leyes rígidas que digan que una persona que ha vivido una cierta experiencia necesariamente se comportará en el mismo modo, porque cada persona humana es diversa. Ciertamente que pueden existir ciertos aspectos que se repiten. Pero yo conozco personas del grupo de Karadima que tiene encargos importantes, no solamente como párrocos, sino también algunos otros altos cargos en la Iglesia, y que lo hacen muy bien, que lo hacen como uno que no ha sido jamás miembro de aquel grupo. Depende de cómo una persona ha vivido y vive esta experiencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El problema de este tipo de grupo es que atrae a personas tendencialmente débiles. Porque Karadima era el líder, la figura carismática, con un poder extraordinario de gobernar sin tener un gran título. Era un “simple párroco”, en este sentido. Pero obviamente ejercía una atracción, sobre todo en aquellas personas que buscaban un padre fuerte, un líder espiritual, que necesitaban la claridad de la fe, y que confiaban más en el juicio de Karadima que en su propio juicio. Esto puede ser tendencialente una razón para decir que personas que han sido formadas o modeladas en este tipo de “encierro”, hay que ver si son verdaderamente capaces de salir y de liberarse de esto. Pero aquellas personas que conozco no tenían esta gran dificultad, porque eran bastante estables incluso cuando eran miembros y no se “dejaban doblegar” tan fácilmente por Karadima. Por lo tanto, repito, el automatismo en la vida humana no existe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>Varios de los sacerdotes formados por Karadima han declarado que también ellos fueron víctimas de abusos de poder y de conciencia. Al mismo tiempo, se oye decir que el reconocerse víctimas es uno modo para no asumir sus propias responsabilidades en el maltrato sicológico o espiritual que ellos mismos causaron a otros seminaristas o sacerdotes de la diócesis. ¿Es efectivo que asumirse como víctima sea un mecanismo para descargar responsabilidades? ¿El reconocerse públicamente víctima ayuda a enterrar el pasado sin asumirlo?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto hay que evaluarlo caso por caso. Hay que determinar en qué grado esa persona era capaz de evaluar verdaderamente qué cosa estaba haciendo. Nadie puede descargar toda la responsabilidad en otro, porque quien descarga toda la responsabiliad quiere decir que no poseía el mínimo de libertad humana, lo que es igual a decir que no era humano. Porque la persona humana siempre conserva un cierto mínimo de libertad para decir sí o no.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero sabemos bien, gracias al <em>Experimento de la cárcel de Stanford, </em>cuán velozmente las personas, incluso muy estables, pueden transformase en carceleros despiadados, sádicos, etc., si se sienten bajo la presión de una autoridad.  Son capaces de golpear brutalmente a otros, aunque apenas un par de días antes no lo hubieran hecho por ningún motivo. Por lo tanto, hay un mecanismo en la persona humana que facilita esta “des-humanización” y esta desatención por el respeto a la persona. Pero, en todo caso, permanece un mínimo de libertad humana. Por lo tanto, una parte de la responsabilidad es personal. ¿Cuánto grande sea?  Esto debe ser evaluado según las circunstancias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>A nivel de comunidad (parroquial, de grupos pastorales, etc.), ¿qué se puede hacer ante un obispo que manda un sacerdote que ha sido denunciado por abusos, quizá no sexuales, pero sí de poder, de conciencia? ¿Las comunidades deben abrirse? ¿Deben tomar medidas?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Humana y cristianamente, debemos respetar a toda persona humana. Pero también es ciertamente necesario, como lo dice el mismo Jesús, ser prudentes y evaluar. La comunidad, por ejemplo parroquial, debería tenerse en alta estima y poder decir: “Yo te acojo, pero te puedo también criticar, te puedo hacer observaciones, te puedo hacer sugerencias, y si tú no aceptas mi consejo, puedo decirte que contigo no quiero continuar mi camino”. Creo que esta será una de las consecuencias de la crisis que vemos desde hace tantos años en la Iglesia Católica. La voz de los laicos tiene y deberá tener más relevancia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>¿El fin del clericalismo?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sí, en el sentido de decir: “visto que soy sacerdote, visto que soy obispo, sé mejor que tú (parroquia, experto en materia, familia) cómo vivir o qué cosa hacer”. No. No porque uno es sacerdote u obispo tiene “la ciencia infusa” para todo. Los laicos tienen no solo el derecho sino también la posibilidad de ejercer un poder. Debe ser articulado y vinculado ciertamente al aspecto sacramental, sacerdotal en sentido estricto. Pero no es necesario que un párroco tenga que decidir sobre el dinero, sobre la escuela, sobre cualquier tipo de actividad. Es mejor dejar las cosas a las personas competentes y el sacerdote debería concentrarse sobre las cosas que son “competencia” del sacerdocio: la liturgia, el acompañamiento espiritual de la comunidad y de las personas, y de favorecer la reflexión sobre la fe. Es cierto que la espiritualidad no está desconectada de las cosas terrenas, pero el sacerdote no debe “gobernar” sobre todo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>El Papa Francisco ha convocado para febrero próximo al encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”. Han sido invitados todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo. ¿Será, por lo tanto, un momento decisivo para la Iglesia Universal? ¿Se tomarán decisiones clave?</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Seguramente será un encuentro muy importante. Sin embargo, en mi opinión, hay demasiada expectativa. Algunos creen que en estos tres o cuatro días se resolverán todos los problemas de la Iglesia, no solo respecto al abuso sino también a tantos otros problemas. Pero es imposible que sea así. Lo que tenemos en mente es discutir el modo para que se aclaren los niveles de responsabilidad por parte de la autoridades de la Iglesia: obispos y superiores generales, prefectos de las congregaciones de la curia, y de definir más claramente qué cosa la Iglesia obliga a cada uno en su propio nivel. Tenemos que admitir que poseemos estructuras, como las conferencias episcopales, pero no es claro cuál es su nivel de responsabilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ejemplo, ¿qué autoridad tiene el presidente de una conferencia episcopal sobre otro obispo de su país? En la práctica, no tiene ningún poder. Actualmente, según la teología y el derecho, cada obispo depende, a nivel práctico y jurídico, solo del Papa. Esto no funciona. Y una de las razones por las que el Papa Francisco subraya la sinodalidad y la descentralización es que Roma no puede dirigir todo. La ilusión que mucha gente tiene, dentro y fuera de la Iglesia, es que Roma funciona como la central de una gran compañía desde donde se emanan continuamente órdenes. Esto no es así. El hecho es que ya actualmente la iglesia local tiene bastante autonomía, pero no está bien definido en qué cosa, hasta qué punto. Habría que definir, quizás, un conducto regular para tratar ciertos temas, pero para ello hay que definir primero cuál es el nivel “superior”. Se parte de la diócesis, pasando luego a la provincia eclesiástica, a la conferencia episcopal. Quizá a la conferencia episcopal regional o continental, y luego a Roma. Esto no ha sido bien articulado.</h5>
<h5></h5>
<h5><strong>NOTA</strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Licenciado en Ciencias Bíblicas por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y Periodista de la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Actualmente se desempeña como docente de Lenguas Bíblicas en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma.</h5>
<h5></h5>
<h5>IMAGEN: @hans_zollner</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Mal el entrevistado por no saber de sanciones para un abusador, cuya moral se oculta tras las faldas de la madre iglesia, y cómo podemos hablar de sanacion si esto te queda marcado el resto de tu vida, y la victima sigue siendo lapidada con la ignorancia y la falta de moral con la que se les encubre a los abusadores.
Ha pasado tanto tiempo y aun no se hace justicia señores.]]></wp:comment_content>
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		<title>Con su edición Nº1.200 La Revista Católica celebra 175 años de historia</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jan 2019 09:00:29 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/01/SINTESIS-LRC_1200.pdf">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.200</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al cumplir 175 años de historia, La Revista Católica ha lanzado su número 1.200 con un renovado impulso para entregar contenidos relevantes para la formación del clero y los laicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este ocasión, destaca la entrevista en profundidad al jesuita Hans Zollner, miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores. Este sacerdote, teólogo y psicólogo, es uno de los organizadores del encuentro de presidentes de conferencias episcopales del mundo que en febrero próximo abordarán junto al Santo Padre la crisis eclesial por los abusos cometidos por parte del clero y el encubrimiento estos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También se incluye una profunda cobertura a la histórica beatificación de los 19 mártires de Argelia, asesinados entre 1994 y 1996 por confesar y testimoniar su fe cristiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sitio <a href="http://www.revistacatolica.cl">www.revistacatolica.cl</a> ofrece al Pueblo de Dios los últimos artículos, así como una selección de los mejores contenidos de los últimos años, además de  diversos materiales para la reflexión teológico-pastoral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También se da la posibilidad de suscribirse al Boletín Electrónico, que una vez por semana entrega material para la formación cristiana y el discernimiento personal y comunitario. A través de la cuenta de Twitter (<a href="https://twitter.com/LaRevistaCato">@LaRevistaCato</a>) se puede acceder a los artículos y compartirlos en línea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este medio de comunicación, con ciento setenta y cinco años de tradición y que actualmente es editado desde el <a href="http://www.seminariopontificio.cl/">Seminario Pontificio Mayor de Santiago</a> en colaboración con la <a href="http://vicariaclero.cl/">Vicaría para el Clero</a>, aparece cuatro veces al año y llega a personas y comunidades cristianas en diversas partes del Chile y el mundo. Para recibir la versión impresa en su domicilio, puede solicitarla a través del correo electrónico revistacatolica@seminariopontificio.cl, donde le explicarán la modalidad para la adhesión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Cuidados Paliativos: Una respuesta humana integral a la enfermedad y al dolor - Paula Ossandón L.</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jan 2019 08:51:47 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Paula Ossandon L., Enfermera Hospice Clínica Familia
Para citar: Ossandon, Paula; <i>Cuidados paliativos: una respuesta humana integral a la enfermedad y al dolor</i>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 434-440.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/01/POSSANDON_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Cuidados Paliativos: Una respuesta humana integral a la enfermedad y al dolor</strong>
<strong>Paula Ossandón Lira </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Hospice Clínica Familia</strong>
<strong>www.clinicafamilia.cl</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos de nosotros hemos vivido la experiencia de tener una persona cercana con una enfermedad no curativa, o hemos vivenciado un diagnóstico médico difícil de entender y de aceptar, por cuya causa cobramos conciencia de la fragilidad de la vida recordándonos al mismo tiempo que la muerte es parte de nuestra naturaleza humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy en día hemos hecho de la muerte un tema “tabú”, y muchos hemos crecido en una cultura que evita pensar o hacer presente esta realidad<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Solo basta ver cómo la publicidad y el entorno en general nos llevan a querer ser cada día más jóvenes y fuertes, de manera que en la cotidianidad se nos oculta la realidad que algún día ya no estaremos en este mundo; de algún modo, nos comportamos como si fuéramos “eternos”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, hasta ahora al menos, no se ha sabido de seres humanos capaces de evitar la muerte. Apenas hay casos de personas que tienen una sobrevida mayor al promedio. Siendo así, ¿no deberíamos prepararnos para este momento? ¿No se hace necesario resolver nuestros asuntos importantes antes de que llegue ese día? Y en este mismo sentido, vale la pena preguntarse: ¿Cómo está muriendo la gente hoy en día? ¿Cómo están muriendo nuestros enfermos? ¿Abandonan este mundo con relativa paz o rodeados de dolor?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando hemos vivido una experiencia límite (en relación con nosotros mismos o con algún ser querido), podemos entrever que esta involucra más aspectos que los relativos a la mera enfermedad física, pues existen necesidades y recursos emocionales y espirituales, además de dimensiones sociales, que hacen que este tipo de situaciones sean muy difíciles de abordar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Actualmente existe una rama de la medicina que se ocupa de estos pacientes que se enfrentan a una enfermedad amenazante para la vida y, al mismo tiempo, aborda a sus familias: se trata de los cuidados paliativos. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, <strong>los cuidados paliativos son un modelo de atención interdisciplinario que busca brindar la mejor calidad de vida para todos aquellos pacientes y familias que vivencian una enfermedad no curativa, a través de la prevención y alivio del sufrimiento por medio de la identificación temprana, evaluación y tratamiento del dolor y otros problemas físicos, psicológicos, espirituales y sociales</strong>. Los cuidados paliativos abordan el manejo del “dolor total”, entendiendo que el dolor va mucho más allá de la pura dimensión física de la enfermedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta rama de la medicina se aboca a un cuidado integral de la persona, contemplando sus diferentes dimensiones. En este sentido, cambia el modelo médico sobre-tecnificado por un modelo centrado en la persona<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Historia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El movimiento<em> Hospice</em> (o cuidados paliativos modernos) nace en Inglaterra en la década de los sesenta como un intento de cubrir la necesidad de apoyo y manejo en los pacientes terminales y sus familias<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, ya que estos pacientes a menudo eran abandonados, sujetos al dolor y al sufrimiento por un manejo inadecuado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El inicio de este nuevo movimiento se le atribuye a Cicely Saunders, quien en 1967 funda en Londres el St. Christopher’s Hospice<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. En este lugar comienza a comprobarse que un buen control de síntomas, un adecuado acompañamiento emocional, espiritual y social mejoran significativamente la calidad de vida de las personas con enfermedades terminales. Asimismo, dicho <em>hospice</em> se empieza a perfilarse por esos años como un lugar de investigación y docencia, mostrando al mundo una innovadora forma de mirar y manejar a los pacientes con enfermedades incurables y a sus familias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El movimiento <em>Hospice</em> comienza a expandirse por todo el mundo, y es en los años setenta donde el Dr. Balfour Mount (Canadá) cambia el concepto de <em>hospice</em> por el de <em>cuidados paliativos</em>, debido a que en francés la palabra <em>hospice</em> puede ser entendida también como “hospital”, de manera que se requería un concepto más adecuado y que representara mejor la filosofía del cuidado que se otorgaba a los pacientes terminales, en lugar de uno que hiciera referencia meramente a la planta física.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1980 la Organización Mundial de la Salud introduce oficialmente el concepto de Cuidados Paliativos y promueve el Programa de Cuidados Paliativos como parte del Programa de control de Cáncer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta rama de la medicina tuvo un crecimiento exponencial alrededor del mundo, comenzando por los países más desarrollados, extendiéndose poco a poco a aquellos en vías de desarrollo, entre ellos Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En los últimos años se ha relevado internacionalmente la importancia de aliviar el dolor y el sufrimiento de forma integral. Asimismo, se ha reconocido a los cuidados paliativos como una responsabilidad ética de los sistemas de salud. Así queda expresado en la Carta de Praga (2012)<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, la cual insta a los gobiernos a aliviar el sufrimiento y reconocer los cuidados paliativos como un derecho humano. En la misma línea, la Organización Mundial de la Salud (2014)<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, aboga por la urgencia de incluir los cuidados paliativos como parte del tratamiento integral a lo largo del ciclo vital.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La realidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A nivel mundial anualmente un aproximado de 40 millones de personas requiere cuidados paliativos, y estos son una necesidad que va en aumento, de acuerdo al envejecimiento de la población, la persistencia de enfermedades crónicas y la prevalencia de enfermedades no transmisibles. Hoy solo el 14% de las personas que necesitan cuidados paliativos tienen acceso a ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Chile fallecen aproximadamente 100 mil personas al año, y de estas muertes 75 mil representan casos relativos a una condición crónica, mientras que solo unas 25 mil son producto de un cáncer avanzado<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Hoy en nuestro país solo los pacientes con cáncer reciben cobertura GES (Garantías Explícitas en Salud) en cuidados paliativos, quedando sin cobertura dos tercios de quienes padecen enfermedades terminales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante reconocer que Chile ha conseguido un gran desarrollo de los cuidados paliativos, pero la realidad a nivel país es heterogénea. Hoy no contamos con el número suficiente de equipos formados en esta área, y existe un limitado acceso a este tipo de atención, por lo que aún quedan muchos desafíos por alcanzar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El Proceso</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando nos enfrentamos ante un diagnóstico que sentencia explícitamente a un período limitado de vida todo se remece. Al ver amenazada la propia existencia, muchas veces se produce una real tormenta interior, lo que se traduce en un sufrimiento profundo porque, como bien señala Benedicto XVI, «la enfermedad conlleva inevitablemente un momento de crisis y de seria confrontación con la situación personal»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entendemos como sufrimiento «el estado específico de distrés que se produce cuando la integridad de la persona se ve amenazada o rota, y se mantiene hasta que la amenaza desaparece o la integridad es restaurada»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> o trascendida. La persona que sufre inicia un camino en el que, en una primera instancia, se siente como un barco a la deriva en una tormenta, donde todo se remece en medio de la oscuridad. En esta situación las personas pueden sentir miedo, rebeldía, rabia, negación, necesidad de negociar con Dios, etc.; todo es confuso y pareciera que no hay una luz que esclarezca el sentido de lo que se está viviendo. Sin embargo, las aguas pueden ir calmándose y es aquí donde los equipos de cuidados paliativos cumplen un rol fundamental, ya que a través de un buen acompañamiento pueden colaborar para que la persona abandone esta lucha, se conecte con esta nueva realidad y comience a resignificar lo que está viviendo desde un escenario distinto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="wp-image-1031 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/01/PROCESO.jpg" alt="" width="362" height="277" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este camino el acompañamiento ayuda a que la persona dirija la mirada hacia su interior, lo que le permite encontrar las herramientas para afrontar esta realidad y lograr la aceptación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez aceptada esta nueva forma de vivir podemos alcanzar la trascendencia o sanación. Se entiende por sanación la capacidad de trascender y encontrar significado, conexión, consuelo y propósito en medio del sufrimiento. “Sueltas lo concreto y te vas hacia lo esencial, donde el sufrimiento cobra otro sentido” y esta senda comienza a recorrerse con más calma, con esperanza, confianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El objetivo de los cuidados paliativos consiste en promover una óptima calidad de vida y fomentar la sanación – lo que supone un cambio hacia la experiencia de la integridad y plenitud<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, podemos decir que las enfermedades incurables avanzadas producen un espacio de preparación que permite cerrar y resolver temas pendientes. Dan la oportunidad de hacer un camino de crecimiento que muchas veces permite volver a disfrutar de las cosas sencillas y valorar lo realmente importante en esta vida. Los equipos de cuidados paliativos facilitan y colaboran en este proceso, al ayudar a resignificar el sufrimiento, con el fin de lograr una partida tranquila para los pacientes y sus familias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una nueva mirada</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En general, se piensa que los cuidados paliativos son solo para aquellos pacientes en los que el tratamiento curativo ya no tiene cabida. Esto, sin embargo, no es así: los cuidados paliativos comienzan (o deberían comenzar) desde el diagnóstico de la enfermedad, aumentando su rango de acción en la medida en que los tratamientos curativos van disminuyendo, intensificándose en el último período de vida, para brindar un manejo de síntomas físicos, psicosociales y espirituales que permitan <em>vivir hasta morir</em>. Además, una asistencia paliativa temprana reduce las hospitalizaciones innecesarias y el desgaste que esto significa tanto para la persona enferma como para sus cercanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es tiempo de que la medicina redescubra el fenómeno de <em>cuidar</em>, actualmente eclipsado por el uso y el abuso de las técnicas curativas. No tenemos que olvidar que la medicina nace como respuesta de ayuda, consuelo y acompañamiento para los seres humanos enfermos y moribundos<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Consideraciones éticas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los cuidados paliativos no aceleran ni retrasan la muerte, sino que respetan el proceso natural de esta. En este sentido, responden a una ética del cuidado, basada en el respeto por la dignidad de la persona. De hecho, parten del supuesto de que «cada paciente tiene su propia historia, relaciones y cultura y de que merece respeto, como un ser único y original. Esto incluye proporcionar el mejor cuidado médico posible y poner a su disposición las conquistas de las últimas décadas, de forma que todos tengan la mejor posibilidad de vivir bien su tiempo»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La medicina debe reconocer sus límites y evitar el exceso de tratamiento o el tratamiento fútil, buscando siempre ser fiel a los principios de beneficencia y respetando la dignidad y unicidad de cada individuo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cuidados Paliativos en la Iglesia </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por fidelidad al Evangelio, la Iglesia desde sus orígenes ha permanecido cerca de quienes sufren en general, y de los enfermos en particular. Como bien señala el Papa Benedicto XVI, «La Iglesia, siguiendo el ejemplo del buen samaritano, ha mostrado siempre una solicitud particular por los enfermos. A través de cada uno de sus miembros y de sus instituciones, sigue estando al lado de los que sufren y de los moribundos, tratando de preservar su dignidad en esos momentos tan significativos de la existencia humana»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto explica que hoy día la Iglesia abogue por mejorar las condiciones de quienes padecen enfermedades incurables, fomentando el desarrollo de los cuidados paliativos. El propio Catecismo evidencia su estima por los cuidados paliativos como un modo de cuidar a los más vulnerables, manifestando que estos «constituyen una forma especial de caridad desinteresada y por esta razón deben ser alentados»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Por su parte, el Papa Francisco afirmó: «Aprecio el compromiso científico y cultural destinado a garantizar los cuidados paliativos a todos aquellos que lo necesiten. Animo a los profesionales y a los estudiantes a especializarse en este tipo de cuidados que no son menos valiosos por el hecho de no salvar vidas. Los cuidados paliativos logran algo igualmente importante: valoran la persona»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Enfermera Coordinadora Hospice Clínica Familia, Máster en Cuidados Paliativos por la Universidad Autónoma de Barcelona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Aries, P.: <em>El hombre ante la muerte</em>. Madrid, España: Taurus Ediciones; 1983.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Centeno, C. et al.: <em>Documento de Posición Oficial sobre la Promoción Global de Cuidados Paliativos. Recomendaciones del Grupo Internacional Asesor PAL – LIFE</em>, Academia Pontificia para la Vida, Ciudad del Vaticano. JPM, 2018; 21(10): 1398-1407.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Astudillo, E., et al.: “Fundamentos de los Cuidados Paliativos”, en Astudillo E., et al., <em>Cuidados del enfermo en fase terminal y atención a su familia</em>. Navarra, España: Ediciones Universidad de Navarra, S.A.; 1997.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Doyle D., et al.: <em>Textbook of Palliative Medicine</em>, New York, USA: Oxford University Press; 2004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Clark D., Centeno C.: “Palliative care in Europe: an emerging approach to comparative analysis” en <em>Clinical Medicine Journal of the Royal College of Phsysicians</em>, 2006; 6 (2): 197-201.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Radbruch L, de Lima L, Lohmann D, et al.: The Prague Charter: Urging governments to relieve suffering and ensure the right to palliative care. Palliat Med 2013;27: 101–102.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> “World Health Assembly Resolution WHA 67.19: Strengthening Palliative Care as a Component of Comprehensive Care Throughout the life course”, WHO: Genova; 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Disponible en <a href="http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/palliative-care">http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/palliative-care</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> INE: “Mortalidad en Chile por causa”, 2010. [citado 27 de Noviembre de 2018]. Recuperado a partir de:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.ine.cl/docs/default-source/publicaciones/2012/vitales_2010.pdf?sfvrsn=3">http://www.ine.cl/docs/default-source/publicaciones/2012/vitales_2010.pdf?sfvrsn=3</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Benedicto XVI, <em>XV Jornada Mundial del enfermo 2017</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cassell, E.: <em>The nature of suffering and the goals of medicine</em>. N. Eng. J. Med, 1982; 306:639-45.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Mount B, Boston P H, Cohen S R; <em>Healing connections: On moving from suffering to a sense of well-being</em>, J of Pain Sym Man, 2007; 33: 4.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Arranz, P., et al.: <em>Intervención emocional en Cuidados Paliativos Modelo y protocolos</em>, Barcelona, España: Editorial Ariel; 2003.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Davies E, Higginson IJ, (ed.) Saunders, C. Prefacio en: <em>The solid facts: palliative care</em>. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe; 2004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Benedicto XVI, <em>op. cit.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2279</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Francisco, <em>Discurso a los participantes en la plenaria de la Academia Pontificia para la Vida</em>, 5 de marzo de 2015.</h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Teología de la confianza en perspectiva política - Juan Pablo Espinosa A.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/01/teologia-de-la-confianza-en-perspectiva-politica-juan-pablo-espinosa-a/</link>
		<pubDate>Mon, 28 Jan 2019 08:39:37 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Juan Pablo Espinosa Arce, Facultad de Teología UC
Para citar: Espinosa, Juan Pablo; <em>Teología de la confianza en perspectiva política. Notas en torno a la Jornada Mundial de la Paz 2019</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 386-395</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/01/JESPINOZA_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Teología de la confianza en perpectiva política. Notas en torno a la Jornada Mundial de la Paz 2019 </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Juan Pablo Espinosa Arce</strong>
<strong>Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una tradición que los papas celebren el 1 de enero de cada año la Jornada Mundial de la Paz. La fecha es significativa porque nos invita a construir durante todo el año que recién comienza una auténtica cultura de la paz. En la encíclica <em>Laudato Si’</em> el Papa Francisco nos recuerda que la paz es más que la ausencia de la guerra, incluso, que la paz no se reduce a una paz interior, aunque sí la considera como elemento central. En su encíclica Francisco recuerda: “la paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de la vida” <a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta línea de una <em>teología de la paz franciscana, </em>la Jornada del año 2019 lleva por tema: “La buena política está al servicio de la paz”, colocando en íntima relación el tema de la paz con el bien común, con la creación de espacios humanos amables, de pensar una política humanizada y que humanice solidariamente. Y también, el lema y el tema de la Jornada tienen un vínculo con la confianza. Patricia Ynestroza en la presentación del tema de la Jornada 2019 sostiene que “como se lee en el comentario hecho público por la Oficina de Prensa Vaticana, no hay paz sin una confianza mutua, y que para que haya confianza debe haber como primera condición el respeto por la palabra dada”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. La importancia de constituirse en una persona <em>confiable </em>tiene como condición de posibilidad el ser fiel a la palabra dada, el testimonio comunicado, comunicación en la que se materializa la propia intencionalidad del sujeto comunicante. En la consideración de la construcción lingüística de las relaciones interpersonales, de las consecuencias sociales y políticas de dichas relaciones y en la construcción de espacios de encuentro, como sentido más auténtico de la vida política, es que queremos pensar una <em>teología de la confianza </em>en perspectiva política.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El modo de proceder para pensar dicha <em>teología de la confianza</em> tendrá la siguiente estructura. En un primer momento, comprender cómo la confianza responde a una cuestión profundamente antropológica que permite o imposibilita una sana relación entre personas. En un segundo momento, pensar cómo dicha confianza y confiabilidad entre los seres humanos permite entrar en un terreno más teológico, en el sentido de que la experiencia creyente en Dios – como relación de revelación/autocomunicación de Dios y respuesta de fe teologal – puede ser comprendida cabalmente porque primero realizamos esta experiencia antropológica. No llegamos a la fe ni a la confianza teologal si antes no experimentamos la fe y la confianza antropológica. Finalmente, y en un tercer momento, pensar una síntesis de las principales líneas argumentativas de este trabajo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Perspectivas antropológico-filosóficas en torno a la confianza</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las notas constitutivas de la persona humana es la sociabilidad, la creación de lazos comunitarios en los cuales se evidencia concreta, y no meramente teóricamente, el tema de la confianza y la confiabilidad. Pero el diagnóstico que varios autores realizan de la posibilidad de entrar en relaciones interpersonales confiables constituye una problemática.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sociólogo polaco Zygmunt Bauman en su obra <em>Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos </em>(2017) entiende al ser humano como «un hombre sin vínculos, y particularmente sin vínculos tan fijos»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Bauman habla de vínculos de corta duración, en los cuales se evita mantener un compromiso logrando una relación interpersonal ambivalente en cuanto queremos estar-juntos pero evitando un <em>para siempre. </em>Dice Bauman que estamos en presencia del paradigma de las «relaciones de bolsillo, que se pueden sacar en caso de necesidad, pero que también pueden volver a sepultarse en las profundidades del bolsillo cuando ya no son necesarias»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. En dicha no necesidad de las relaciones que permiten la humanización del sujeto, Bauman también hace mención de cómo este imaginario del “bolsillo” involucra una deslegitimación de las promesas y de la palabra dada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si la modernidad líquida nos coloca en el supuesto de la desconfianza para con el otro, en ese momento se entiende que «las promesas de compromiso a largo plazo no tienen sentido»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Pareciera que solo la forma de neo-socialización se concentra sobre todo en las relaciones virtuales, las cuales, y a juicio de Bauman, «parecen estar hechas a la medida del entorno de la vida moderna líquida, en la que se supone y espera que las posibilidades románticas fluctúen cada vez con mayor velocidad entre multitudes que no decrecen, desalojándose entre sí con la promesa de ser más gratificante y satisfactoria que las anteriores. A diferencia de las verdaderas relaciones, las relaciones virtuales son de fácil acceso y salida»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De alguna manera Bauman también había identificado esta <em>crisis de las interrelaciones </em>en la obra programática <em>Modernidad Líquida</em>, sobre todo cuando argumenta en torno a la comunidad, la cual es una forma concreta de socialización y de ejercicio de la confianza. En la fundamentación de lo que Bauman llama <em>la civilidad</em><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> se encuentra «la capacidad de interactuar con extraños sin atacarlos por eso y sin presionarlos para que dejen de serlo o para que renuncien a algunos de los rasgos que los convierten en extraños»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. En la civilidad o conformación de una comunidad, los sujetos mantienen una estructura donde la autonomía es mantenida sin confundirse en la misma comunidad. Por ello, las relaciones de socialización exigen que los miembros de dichas organizaciones humanas permitan que cada uno despliegue creativamente sus funciones, capacidades y acciones propias en vistas al logro del bien común que, como hemos indicado al comienzo de este artículo, es el horizonte que mueve a Francisco a pensar la próxima Jornada de la Paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La convivencia en el espacio público y el ejercicio de la auténtica cultura política, que no se reduce a la actividad de los Gobiernos y de los partidos, no representa una tarea simplista. Bauman considera que «la capacidad de convivir con las diferencias, por no hablar de disfrutar de ellas y aprovecharlas, no se adquiere fácilmente, y por cierto no viene sola. Esa capacidad es un arte que, como todas las artes, requiere estudio y ejercicio»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. De alguna manera la experiencia de la convivencia con la dimensión plural es un reto a la confianza. El temor a la amenaza del extraño involucra un cierto condicionamiento emocional o el prejuicio en la persona, en su relato y narrativa particular y en su comprensión de la misma comunidad. Pero esto tiene un peligro que es detectado por Bauman: «esta inseguridad se convierte en un círculo vicioso»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Dicho vicio del círculo se entiende, para este autor, entre otras cosas por el desuso y el cuestionamiento a conceptos y experiencias como el arte de negociar intereses comunes, de pensar un destino compartido, de olvidar la idea e importancia del bien común. Estos elementos, a juicio del sociólogo polaco, constituyen una situación que «se ha vuelto sospechosa, amenazante, nebulosa o confusa»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto también lo detectó la conferencia de Aparecida en el número 36 cuando diagnosticó en la etapa del “ver” que la realidad latinoamericana se había vuelto opaca y compleja para los discípulos misioneros<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. La desestabilización de los grandes metarrelatos o relatos explicativos y dadores de sentido en la época moderna involucra también una consecuencia antropológica que hasta aquí hemos analizado desde la perspectiva de Bauman. Y uno de los signos de esta modernidad confesa u opaca es la desconfianza generalizada hacia instituciones, grupos de poder, grupos económicos y también la desconfianza cotidiana al otro (migrantes, pueblos originarios, grupos LGTB, grupos sociales determinados, etc.). Es lo que psicólogos como el italiano Luigi Zoja han llamado <em>la muerte del prójimo</em><a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, la cual y para el mismo Zoja es consecuencia de la proclamación moderna de la muerte de Dios. Dice Zoja: «el hombre de las ciudades se siente, cada vez más, rodeado de extraños. Es tiempo, entonces, de pensar en las secuelas de Nietzsche, y decir abiertamente que también ha desaparecido el prójimo»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante este panorama antropológico, ético y filosófico que se ha condensado en la desaparición de los vínculos estables, de la inseguridad de las relaciones y de la pérdida de referencias explicativas, tanto en la relación con Dios como también en el <em>estar-con</em> el ser humano otro, aparece la pregunta acerca de qué lugar ocupa o debiese ocupar la confianza. ¿De qué manera la confianza ingresa en la cuestión antropológica, y cómo dicha confianza en el otro posibilita la confianza en el Dios que sale al encuentro del ser humano en la historia? Quizás, trabajar en temáticas sobre la confianza es un acto políticamente subversivo en medio de las actuales condiciones sociales y antropológicas. Desde esta óptica enfrentamos las siguientes cuestiones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los filósofos que más ha reflexionado en torno a la complejidad de la confianza y de la confiabilidad es el estadounidense Russell Hardin. Lo primero que sostiene Hardin es que cuando una persona se hace la pregunta madura sobre la confianza, dicha cuestión tiene un aspecto más profundo, a saber, el que «la confianza conlleva implícitamente inquirir acerca de la confianza por las que pensamos que la otra parte es digna de confianza»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. ¿Qué significa que alguien sea digno de confianza? Involucra, en primer lugar, el conocimiento – o el interconocimiento – que un yo tiene para con un tú. En la interpelación que otro realiza en mi propia identidad e intimidad, me permite comprender, por una parte, que soy una identidad capacitada para la interpelación (soy un “yo”) y, por otra parte, me comprendo como un ser que puede responder a esa llamada originaria del otro (me comprendo como un “tú”). Para Hardin esto se puede condensar en el concepto de <em>interés</em><a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. La capacidad de interesarme en las cosas del otro, y que el otro se haga partícipe de mis propias acciones, fundamenta la experiencia de la confianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la existencia que en realidad se entiende, completamente, como co-existencia<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, entran en juego una serie de capacidades emocionales del ser humano que se manifiestan en dicha relación con el otro en vistas a la formación de una comunidad más amplia. En términos del psicólogo Juan Cassasus, «el acceso a la propia experiencia emocional y a la experiencia emocional del otro permite compartir emociones y visiones. Es en este espacio donde se genera un contacto humano verdadero, es a partir de estos encuentros entre personas que se generan vínculos que permiten interacciones con efectos reales, es desde aquí que podemos aprender los unos de los otros»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En dicha experiencia de confianza, vivida por la gente real, en sus historias y a partir de sus distintas emocionalidades, Hardin sostiene que una <em>conditio sine qua non </em>de dicha experiencia es «la habilidad para leer los compromisos de los otros, una capacidad que debe ser en gran parte aprendida. De ahí que debamos entender la confianza a partir de una <em>epistemología del sentido común del individuo </em>que está en la posición de confiar o desconfiar. Uno no puede empezar a confiar en una persona de un momento a otro»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. Cuando Hardin habla de <em>habilidad </em>entendemos que la confianza representa una capacidad que se desencadena en virtud de distintos condicionamientos históricos que se despliegan en la cotidianidad (epistemología del sentido común) del individuo. En esta habilidad-capacidad aparece una limitación: el peso de la experiencia pasada. Si tuvimos una experiencia negativa o traumática con alguien o una situación dolorosa, en la psiquis humana se desencadena de una serie de procesos que hacen preguntarse al ser humano por la posibilidad de volver a experimentar dicha situación. Por ello, anteriormente hablábamos de <em>condicionamiento emocional</em>. Uno confía desde la <em>evidencia importante</em><a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> y en la importancia de un ambiente que propicie la confianza y la manifestación de la evidencia importante. A propósito de las condiciones ambientales, Russell Hardin sostiene: «la mejor condición para los humanos es un medio ambiente en el cual sean lo suficientemente afortunados para tener una confianza bien fundamentada»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Perspectivas teo-lógicas como fundamento de una teología de la confianza</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos revisado, a grandes rasgos, algunas cuestiones relativas a la antropología filosófica y a la epistemología de la confianza. A partir de dichas categorías, nos corresponde reflexionar ahora cómo estos conceptos nos ayudan a pensar una teología de la confianza. La tesis de este segundo momento argumentativo se sostiene en lo siguiente: la condición para una teología de la confianza, esto es, para que el ser humano aprenda a confiar en Dios, es la experiencia humana de la confianza y de la confiabilidad que funda una comunidad política más humana, dialogante, abierta y tolerante de la diferencia. Y es tal el recorrido (desde lo antropológico a lo teológico) que es la única manera de poder comprender cabalmente cómo actúa Dios y cómo el ser humano puede responder a dicha actuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿En qué consiste el acto de creer? ¿por qué creer? ¿a quién debo creer? ¿cómo entran a jugar la confianza y las emociones en el acto de creer? ¿hay alguna predisposición emocional ante el acto de creer? El teólogo español-venezolano Pedro Trigo, comienza su obra <em>Relaciones humanizadoras </em>con una frase interesante y provocadora: «ante todo debemos decir que la fe cuyo destinatario es Dios y la fe que tiene por destinatarios a los seres humanos es estructuralmente la misma, aunque varíe la calidad. Por eso, si una persona no tiene fe en ningún ser humano, no puede tenerla en Dios, porque carece de esa dimensión humana y así no sabe qué es fe. La fe es un modo de relación»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. La relación que constituye la fe es de un sujeto a un sujeto, en la cual Pedro Trigo identifica una <em>actitud de confianza básica</em><a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a> y un <em>proceso de aprendizaje</em><a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. Aquí está el corazón del segundo nivel argumentativo. Si queremos pensar una teología de la confianza, debemos partir de la confianza-creencia en el ser humano que experimentamos históricamente a través de distintos procesos de aprendizajes y de testimonios concretos de cuán digno de confianza es el otro. Con dicha conciencia histórica como base, podemos comprender a Dios que también busca entrar en una dinámica existencial con cada uno de nosotros, presentándose como un ser amable, que se interesa por cada uno de nosotros y que desde dicho interés (que busca ser mutuo en la fe teologal) crea las condiciones para vivir el proyecto común llamado salvación o manifestación de la gracia. La fe, por tanto, contenida en el acto de creer tiene un profundo trasfondo antropológico que da lugar a lo teológico<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta fe que expresamos a los otros, «a quienes consideramos informados y veraces»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>, aparece como una estructura de confianza. Desde ella desplegamos la fe en Dios que nace desde una interpelación primera que Él realiza en nuestra historia y en la cual se muestra como informado y veraz. Por ello fue importante entender la confianza y la confiabilidad que son inherentes al acto de la fe teologal. En la aceptación de la interpelación de Dios – eso es la fe – entran también las expectativas y las experiencias humanas previas. En la confianza también podemos encontrar un criterio de valoración de la confiabilidad, el cual se puede entender en la siguiente formulación: ¿cuán digno de confianza es Dios? Y, a lo mejor, podemos pensar la formulación en un sentido inverso: ¿cuán confiables somos para Dios?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La confianza se funda en una promesa, en la palabra dada. Y, en negativo, lo contrario a la promesa es la traición de la misma. Las promesas que Dios realizó en el pasado y que fueron contenidas en las experiencias bíblicas de Israel y de la primera Iglesia, constituyen el fundamento de la confianza en Dios<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>. Ahora bien, si hablamos de la traición o de experimentar la confianza rota, que está presente de manera constante en la vida humana, también podemos preguntarnos cómo reparar dicha ruptura. El psicólogo y psicoanalista Boris Cyrulnik habla de la fe como <em>resiliencia. </em>En dicha resiliencia aparece también la capacidad de administración de recuerdos y emociones. Cyrulnik afirma: «cuando la utopía se hunde y cuando lo real nos aterra somos capaces de reactivar el recuerdo de un momento feliz en el que estábamos protegidos por nuestra afectuosa familia»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>. Por lo tanto, aparece la pregunta: ¿cómo funciona el dispositivo del apego como sustento de la resiliencia? ¿hay un apego a Dios desde las promesas que Él realiza? La capacidad de aprender a superar la ruptura, de reconciliarse con el pasado traumático, surge cuando la <em>utopía se hunde, </em>cuando lo real nos punza y nos vuelve a cuestionar desde las grandes preguntas de la vida humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En los momentos límites, en el vacío, el ser humano busca el rostro de Dios y busca la paz que brota de Él. El reconocimiento del fundamento originario pasa por la confianza mutua, por el sentimiento de amistad que sentimos con Dios y hemos aprendido. Crece en nosotros la conciencia de co-existir con Dios y de que nuestra vida depende de Él. En medio de la carencia aparece la búsqueda de lo religioso, de lo santo. El español Carlos Domínguez Morano en su obra <em>Experiencia cristiana y psicoanálisis </em>sostiene con verdad: «la palabra emerge de la carencia. Surge desde un vacío que nos constituye como sujetos humanos y nos diferencia del animal y de su cerrado sistema biológico»<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias a las preguntas formuladas en los momentos límites es que podemos comprender cómo en nosotros se despierta cierto <em>orden simbólico </em>que nos permite decir yo-tú-nosotros, o que posibilita el surgimiento de símbolos o metáforas de afectividad. Decir, por ejemplo, <em>Dios es mi padre, Dios es mi amigo y compañero, Jesús es mi hermano, María es mi madre, </em>constituyen expresiones en las que se condensa la confianza y un símbolo en el cual la experiencia humana de la paternidad, de la amistad, del compañerismo o de la maternidad permiten aplicar dichas metáforas a la experiencia con lo divino. Por lo tanto, a partir de dichos símbolos de afectividad, el ser humano puede contemplar el sentido de totalidad en la recuperación frente a, por ejemplo, la carencia que representa una confianza rota y un consecuente estado de falta de paz. En relación a esto, Boris Cyrulnik declara cómo en la aparición de los símbolos de confianza «el impulso psicoafectivo da al sujeto la impresión de acceder a una dimensión superior. El mundo real, el de la materia, es poca cosa comparada con el descubrimiento repentino de una fuerza sobrenatural […] una fuerza ardiente que crece, una alegría extática»<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>.  Esta alegría constituye el vínculo entre confianza y paz que surge del reconocimiento de sentirnos inmersos en la comunidad de Dios y en la comunidad de los hermanos, manifestaciones de una auténtica comprensión de la política.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Síntesis provisoria</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al finalizar nuestro artículo, reconocemos el desafío que constituye el proceso de una constante evaluación de la estructura de la creencia-confianza y de cuáles son las imágenes y representaciones de Dios que constituyen los símbolos de confianza. Esto porque junto con la presencia de símbolos positivos, también aparecen símbolos de un Dios castigador o de imágenes siniestras de Dios. Con ello las imágenes de Dios, en vistas a una teología de la confianza, no son obvias, sino que dependen de la experiencia histórica del sujeto creyente. Por ello, el reconocimiento crítico de una serie de imágenes o representaciones deformadas de Dios constituyen también un espacio de adultez y madurez dentro de esta teología de la confianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, se evidencia la importancia de un diálogo crítico entre fe y razón, entre filosofía, ciencias humanas y teología, para lograr una sistematización y una transmisión significativa y creativa del mensaje cristiano. Es por ello que nuestra reflexión comenzó con una mirada en torno a la antropología filosófica con autores como Bauman o Hardin, de manera de pensar cómo la cuestión de la confianza no es algo obvio y que, por el contrario, requiere una reflexión interdisciplinar. A partir de los conceptos pensados desde lo filosófico, entramos en el reconocimiento de la experiencia creyente, de la fe teologal y de la confianza que experimentamos con Dios a partir de los símbolos de confianza, de resiliencia o apego. Así, lo crítico aparece como una instancia donde se despliega una fe adulta, libre, consciente y responsable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, la importancia de la consideración de la paz y de la confianza que nos es presentada como mensaje central de la Jornada Mundial de la Paz 2019. En el querer de Francisco aparece la importancia de entendernos (co-existencia) desde una comunidad humana que nos define y que nos permite desarrollarnos de manera completa. El auténtico sentido de lo político, que no se reduce a partidismo, sino que se comprende como interrelación creativa, como mirada hacia el bien común, como servicio a la paz, es el espacio desde el cual la confianza se despliega como forma de vinculación entre los seres humanos. Con ello, «estamos llamados a llevar y anunciar la paz como la buena noticia de un futuro en el que cada ser vivo será considerado en su dignidad y sus derechos»<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Bibliografía</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Patricia Ynestroza, “La buena política está al servicio de la paz”, en <a href="https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/">https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/</a> [Recuperado el 16 de Noviembre 2018]</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Zygmunt Bauman, <em>Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos </em>(FCE, México 2017)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Zygmunt Bauman, <em>Modernidad líquida </em>(FCE, México 2017), 113.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Enrique Muñoz, “Una aproximación filosófica a algunos aspectos del Documento de Aparecida”, en <em>Palabra y Razón</em> 5-6 (2014), 7-14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Luigi Zoja, <em>La muerte del prójimo </em>(FCE, Argentina 2015).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Rusell Hardin, <em>Confianza y confiabilidad </em>(FCE, México 2010)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jean-Luc Nancy, <em>Ser singular-plural </em>(Arena Libros, Madrid 2006)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Juan Cassasus, <em>Educación del ser emocional </em>(Cuarto Propio-Índigo, Santiago de Chile 2015)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pedro Trigo, <em>Relaciones humanizadoras: un imaginario alternativo </em>(Ed. Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile 2013), 19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Boris Cyrulnik, <em>Psicoterapia de Dios: la fe como resiliencia </em>(Gedisa, España 2018), 12. <em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Carlos Domínguez Morano, <em>Experiencia cristiana y psicoanálisis </em>(Ediciones Universidad Católica de Córdoba, Argentina 2005), 289.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Licenciado en Educación y Profesor de Religión y Filosofía por la Universidad Católica del Maule. Magíster en Teología Fundamental por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo: <a href="mailto:jpespinosa@uc.cl">jpespinosa@uc.cl</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, <em>Carta encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la Casa Común</em>, 24 de mayo de 2015, 225.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ynestroza, Patricia; <em>La buena política está al servicio de la paz</em>, en <a href="https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/">https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/</a> [Recuperado el 16 de Noviembre 2018]</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Bauman, Zygmunt; <em>Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos </em>(FCE, México 2017), 7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <em>Ídem</em>, 10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> <em>Ibídem</em>, 11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Ibídem</em>, 13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Bauman, Zygmunt; <em>Modernidad líquida </em>(FCE, México 2017), 113.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Ídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Ídem</em> 114.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> <em>Ibídem</em> 115.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Ídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Recomiendo la lectura del artículo de Enrique Muñoz, “Una aproximación filosófica a algunos aspectos del Documento de Aparecida”, en <em>Palabra y Razón</em> 5-6 (2014), 7-14. Aquí se ahonda el por qué Aparecida detecta la opacidad y complejidad de la época actual en América Latina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Zoja, Luigi; <em>La muerte del prójimo </em>(FCE, Argentina 2015).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> <em>Ídem</em>, 16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Hardin, Rusell; <em>Confianza y confiabilidad </em>(FCE, México 2010), 19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> El tema de la co-existencia ha sido abordado por filósofos como Jean-Luc Nancy. En su obra <em>Ser singular-plural </em>se considera la co-existencia como el centro gravitacional de una auténtica comprensión fenomenológica humana. Es tal la importancia de dicha experiencia que expresar el “nosotros nada tiene de sentimental, nada de familiar ni de comunitarista. Es la existencia la que reclama lo que se le debe, o su condición: la co-existencia” (Jean-Luc Nancy, <em>Ser singular-plural </em>(Arena Libros, Madrid 2006), 57). El nosotros define lo humano, pero es una definición en donde el yo no pierde su identidad o autonomía por hacer experiencia del gran nosotros. Se busca, en este ser singular-plural “una soberanía compartida” (p.57) la que es definida por Jean-Luc Nany como “praxis de sentido” (p.57). Apelar a la búsqueda del sentido de la vida humana permite comprender cómo la respuesta a las grandes preguntas de la vida humana se responde de mejor manera a partir del compartir y del encuentro con los otros. En palabras de Jean-Luc Nancy: “lo que en el fondo está en juego (es) la esencia del ser-con” (p.61).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Cassasus, Juan; <em>Educación del ser emocional </em>(Cuarto Propio-Índigo, Santiago de Chile 2015), 137.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Hardin, Rusell; <em>op.cit.</em>, 157.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> <em>Ídem</em>, 158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Hardin, Rusell; <em>op.cit.</em>, 161. De aquí se podría propiciar una articulación entre ecología integral, sobre todo en el tema de los espacios habitables, y cómo la confianza impacta en ellos; y al contrario, pensar cómo la teoría del espacio de <em>Laudato Si’</em>, por ejemplo, supone la creación de un ambiente de confianza recíproca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Trigo, Pedro; <em>Relaciones humanizadoras: un imaginario alternativo </em>(Ed. Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile 2013), 19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> <em>Ídem</em>, 21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> <em>Ídem.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Esto se puede comprender en los distintos personajes bíblicos. Abraham, Moisés, los profetas, Jesús, María, poseen una estructura de creencia que se entiende a la luz de la propia historia. Dios trabaja con nuestros contextos para que desde ellos podamos responder a su interpelación e invitación a participar de la vida divina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Trigo, Pedro; <em>op.cit.,</em> 21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Por ejemplo las contenidas en Génesis 12,1-3 y con las cuales se inaugura la historia de Israel desde el patriarca Abraham. Las promesas de tierra, descendencia y de la Alianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Cyrulnik, Boris; <em>Psicoterapia de Dios: la fe como resiliencia </em>(Gedisa, España 2018), 12. <em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Domínguez Morano, Carlos<em>; Experiencia cristiana y psicoanálisis </em>(Ediciones Universidad Católica de Córdoba, Argentina 2005), 289.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Cyrulnik, Boris; <em>ídem.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Ynestroza, Patricia; <em>La buena política está al servicio de la paz</em>, en <a href="https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/">https://www.mensaje.cl/la-buena-politica-esta-al-servicio-de-la-paz/</a> [Recuperado el 16 de Noviembre 2018]</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: SEBASTIÁN CORREA E.</h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Tertuliano, el polemista - Sergio Zañartu, s.j.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/02/tertuliano-el-polemista-sergio-zanartu-s-j/</link>
		<pubDate>Mon, 04 Feb 2019 09:19:33 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO- MARZO 2014)
Autor: Sergio Zañartu, s.j.
Para citar: Zañartu, Sergio; <em>Tertuliano, el polemista</em>, en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 59-62</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/SZANARTU_LRC_1181.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Tertuliano, el polemista</strong>
<strong>Sergio Zañartu, s.j.</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Si nos fijamos en el diario de Perpetua mártir en el año 203 y en las actas de su martirio, para algunos cristianos cartagineses el martirio era una perspectiva bastante cercana, hasta entusiasmante. Tertuliano está entre ellos. Así exhorta al martirio, del que no se deberá huir, y combate a los perseguidores. La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Somos de ayer y ya lo llenamos todo, de tal forma que el imperio sufriría grave daño si los cristianos se retiraran. Muestra el absurdo legal del martirio. Si ser cristiano es un crimen ¿por qué, sin investigar los crímenes que se les atribuyen, se tortura para que se retracten de ese nombre y así absolverlos? Lo que están persiguiendo, pues, es el nombre de cristiano y no los crímenes que eso supondría. Si son fieles a los emperadores y buenos ciudadanos, ¿dónde está el crimen, rechazadas las absurdas e ignominiosas calumnias que corren sobre ellos? En el fondo lo que busca el imperio es que el cristianismo no se propague. ¿Y qué son los dioses del imperio con sus indecentes mitologías, frente al único Dios de los cristianos, trascendente y creador del universo? Hasta “<em>el alma testimonia naturalmente al Dios cristiano</em>” (De anima, 17). Su apología clave es el Apologético, donde ya comienza a explicar cómo Cristo es el Hijo de Dios.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es un convertido, hombre de moral exigente. Mucho se apoyaría en la ética natural de los estoicos. Era una necesidad de la época delimitar las fronteras del comportamiento cristiano. Había rigoristas “encratistas”, como Taciano en su última época, que negaban a los cristianos el matrimonio, el comer carne y beber vino. En Alejandría, por el contrario, Clemente trazaba en su Pedagogo un comportamiento con simpatía a la cultura del ambiente. Así Jesús le pidió al joven rico que se desapegara en su corazón de sus posesiones, pero no que se desprendiera de ellas. Tertuliano, en cambio, en sus numerosas obras morales, rehuía el contacto con aspectos del mundo, por ejemplo, con el servicio militar. Terminará no admitiendo un segundo matrimonio en caso de viudez.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la segunda mitad del siglo II explotó en el Asia Menor el movimiento montanista, de tipo milenarista, debido a un tal Montano y a sus profetisas Priscila y Maximila. El Paráclito complementaba lo de Jesús con una nueva profecía, revelación. La venida de Cristo estaba a las puertas, lo que conllevaba una acentuación de la ascesis previa, como ayunos, etc. Tuvieron una jerarquía propia y quedaron excluidos de la gran Iglesia. No sabemos con exactitud todo lo que Tertuliano conoció de ellos, pero vibró con ellos por su gran ascetismo y por la insistencia en el Espíritu, que Tertuliano lo desarrollará como tercera persona de la Trinidad. Escandalizado porque el obispo de Cartago perdonaba el adulterio y toleraba las segundas nupcias, rompió con los cristianos ‘síquicos’ por el 212. Pero no se ve que haya roto con las Iglesias apostólicas que custodian la verdadera tradición que viene desde el principio y que se contrapone a las novedades de los herejes. La regla de la fe y la tradición prescriben contra los herejes, es decir, los descalifican para todo alegato por la verdad. No les corresponde a ellos interpretar la Escritura. Con todo, la ruptura de nuestro autor con su Iglesia, que no parece haber sido herejía sino sólo cisma, echará una sombra descalificante sobre él y no será considerado un santo Padre. Esto no excluye su notable influencia dogmática en la Iglesia latina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al parecer, junto con Minucio Félix son los primeros escritores cristianos de lengua latina. Nuestro autor es hombre cultivado, erudito, que al comienzo escribía en griego. En el latín, a veces difícil, de las 33 obras de él que conservamos, encontramos por primera vez centenares de vocablos usados para expresar la fe y experiencia cristiana. Algunos lo han llamado el creador del latín cristiano; nosotros diríamos mejor que lo es del latín teológico como lenguaje estructurado. Pretende mostrar a los latinos, según J. Daniélou, un cristianismo culto, y lo logra. Tiene una acendrada cultura retórica con cierto colorido africano, que incluía conocimientos de derecho. Se destaca su originalidad y la fuerza de su argumentación. Es un luchador apasionado y a ratos genial. Posee un lenguaje sentencioso. Le gustan los contrastes paradójicos, como “creíble porque absurdo” (De carne Christi, 5,4) en referencia a que el Hijo de Dios haya muerto. Desconfía de la filosofía que introduce tantas herejías en la Iglesia, por ejemplo el dualismo platónico, dualismo exacerbado que está de moda en el gnosticismo. Pero nuestro autor recibe influjos estoicos, como que Dios tenga un cuerpo sutil, espiritual, es decir, que sea algo real.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el campo doctrinal, hasta la herejía de Práxeas, sus principales adversarios han sido los gnósticos y los marcionitas. Ambos atacan al único Dios creador. Para Marción el Creador es el Dios justo del Antiguo Testamento; en cambio, el Dios bueno se revela a través de Jesús. Según nuestro autor en referencia a la Trinidad, “Así Dios quiso renovar el sacramento para que de manera nueva fuera creído ser uno por el Hijo y el Espíritu, ya abiertamente conocido en sus propios nombres y personas, el que antes (en A.T.) era predicado por el Hijo y el Espíritu, pero no comprendido” (Adv. Prax., 31,2). Si los gnósticos excluyen de la salvación la carne, para el antidualismo de Tertuliano, “<em>la carne es el punto capital de la salvación</em>” (De res. mort., 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero con la aparición de Práxeas cambió el panorama. Su libro Adv. Práxeas sería del 213. Este hereje defiende el Dios único, que es el Padre; el Hijo no se distingue de este. La monarquía es de uno solo. Serán llamados monarquianos o patripasianos (el Padre es el que padece en la cruz). En consecuencia, Tertuliano les parecerá ser un diteísta (dos dioses). Este ataque lleva a Tertuliano a explayar la Trinidad: tres personas distintas, pero un solo Dios, porque la substancia divina es una. Es la del Padre pero participada por el Hijo y el Espíritu en grados diversos según la procedencia. “<em>La economía alinea a tres, Padre e Hijo y Espíritu, tres, pero no por el status sino por el grado, ni por la substancia sino por la forma, ni por la potestad sino por la especie, sin embargo, de una única substancia y de un único status y una única potestad, porque uno es el Dios desde quien estos grados y formas y especies son atribuidos a los nombres de Padre e Hijo y Espíritu Santo</em>” (Adv. Prax., 2,4) <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. El Espíritu es el tercero porque viene del Padre por el Hijo <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Y Cristo es Dios y hombre, dos substancias con sus operaciones respectivas, pero una sola persona. “<em>Es consecuente que comprendamos que el Padre es invisible por la plenitud de su majestad, pero que reconozcamos que el Hijo es visible según la medida de la derivación, así como no nos es posible contemplar el sol según totalidad de su substancia que está en el cielo, sin embargo toleramos uno de sus rayos por lo temperado de la porción que alcanza a la tierra</em>” (Adv. Prax., 14,3). Tertuliano, con vocabulario deficiente, coloreado de subordinación en Dios, es el primero en introducir el vocablo “persona” <a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> y contraponerla a “substancia”. Así solucionaba el problema de los cristianos que proclamaban a Cristo como Dios. Da, por tanto, un gran paso hacia las fórmulas futuras. Su refutación de Práxeas es de una oratoria implacable. Se muestra un apasionado por la verdad de la fe. La encarnación salvífica culmina en la pasión-resurrección de Cristo, quien nos derrama el Espíritu santificador.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tertuliano ya montanista no respeta tanto a la Iglesia de los obispos sino a la de los santos, la del Espíritu (y sus carismas), la de la Trinidad. “<em>Donde están los tres, esto es el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, ahí está la Iglesia que es el cuerpo de los tres</em>” (De Bapt., 6). Basta con tres cristianos, aunque sean laicos, para que haya Iglesia. La Iglesia es madre. Nuestro autor es un gran conocedor de la Biblia, que es su argumento principal. El bautismo da la pauta de la Trinidad, al realizarse tres veces, una vez en cada nombre o persona. “<em>Mandando que se bautizaran en el Padre y el Hijo y el Espíritu santo, no en uno, porque no una vez sino tres somos bautizados, a cada nombre singular, en cada persona singular</em>” (Adv. Prax., 26,9). Siempre es fiel a la regla de la fe, que reproduce tres veces en sus escritos. A pesar de las muchas discusiones que han suscitado diversos aspectos de Tertuliano, creo que actualmente, con juicios más equilibrados, se tiende a revalorizarlo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> “<em>Digo que uno es el Padre y otro el Hijo y otro el Espíritu…, pero el Hijo es distinto (otro) del Padre no por diversidad sino por distribución, no por división sino por distinción… o medida, uno respecto al otro. Pues el Padre es toda la substancia, pero el Hijo una derivación y porción </em>(participación)<em> del todo</em>” (Adv. Prax., 9,1s). El Padre es Mayor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> “‘<em>De lo mío tomará</em> [el Paráclito]’ (Jn 16,14), <em>dice</em> (Jesús), <em>como él de lo del Padre. Así la concatenación del Padre con el Hijo, y la del Hijo con el Paráclito hace a tres co-adherentes, uno derivando del otro. Los cuales tres son uno</em>” (ibídem, 25,1). “<em>Así la Trinidad deriva del Padre por grados entrelazados y conectados</em>” (ibídem, 8,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> “<em>Cualquiera fuera la substancia del Sermo, la llamo persona y reivindico para ella el nombre de Hijo, y mientras reconozco al Hijo defiendo que es el segundo después del Padre</em>” (ibídem, 7,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Las mujeres y la crisis de la Iglesia en Francia:  respuesta y proyección (siglos XVIII y XIX) - Alexandrine de La Taille</title>
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		<pubDate>Sun, 10 Feb 2019 20:37:23 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Alexandrine de la Taille-Trétinville, Universidad de los Andes
Para citar: de La Taille, Alexandrine; <em>Las mujeres y la crisis de la Iglesia en Francia: respuesta y proyección (siglos XVIII y XIX)</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 376-385</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/ADELATAILLE_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Las mujeres y la crisis de la Iglesia en Francia: respuesta y proyección (siglos XVIII y XIX)</strong>
<strong>Alexandrine de La Taille-Trétinville</strong>
<strong>Instituto de Historia - Universidad de los Andes</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una institución tan longeva como la Iglesia Católica, la única de Occidente que ha perdurado por más de dos mil años, ha vivido profundas crisis en su devenir histórico, y, una de las más profundas, fue la que debió enfrentar con el estallido de la Revolución Francesa en 1789. Dado que actualmente la Iglesia vive también un momento de gran dificultad, es pertinente preguntarse cómo y a través de quiénes la Iglesia ha logrado, no solo superar los escollos del pasado para poder continuar con su misión, sino renovarse para acometer los desafíos de los nuevos tiempos. En este artículo proponemos una aproximación histórica al rol clave que asumieron las mujeres durante el siglo XIX en Francia, a fin de recuperar un catolicismo que parecía sucumbir, por una parte y, por otra, en la proyección que tuvo incluso en nuestro país la audaz iniciativa femenina de la Contrarrevolución<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Iglesia Católica y Revolución: pervivencia y persecución</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La toma de la Bastilla sorprendió a la Iglesia francesa en un momento de debilidad. Si bien luego de la Reforma Protestante, esta había experimentado una renovación gracias a la Reforma Católica<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>; los más de doscientos años transcurridos habían vuelto a erosionar la barca de Pedro. Tanto Teresa de Ávila (1515-1582) como las disposiciones del Concilio de Trento (1545-1563), habían logrado reformar la vida consagrada, especialmente la clausura femenina, dado que a fines de la Edad Media la vida monacal se había visto inmersa en una relajación de sus costumbres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La clausura -su gran particularidad- se había prestado para muchos abusos. Esta tenía su origen en los tiempos remotos de la Iglesia y era considerada como el mejor escenario para alcanzar la perfección moral. Sin embargo, debido al deterioro en que cayó, fue necesario que el citado Concilio reglamentase estrictamente lo que en cuanto a ella concernía, exigiendo su cumplimiento. Para esto, las murallas de los conventos debían ser altas, impidiendo toda visión desde dentro hacia fuera y viceversa; las entradas, estar doblemente cerradas y las llaves mantenerse en posesión de autoridades del claustro. Los espacios que conectaban a las religiosas con el exterior tenían rejas y cortinas para evitar el contacto. Los hombres no podían entrar salvo rarísimas excepciones, ni siquiera los sacerdotes. En el caso de que se impartiera enseñanza, los lugares que podían ocupar las alumnas, también estaban absolutamente reglamentados. Todo esto era controlado por la inspección del visitador canónico, quien evaluaba la regularidad del monasterio desde el exterior<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. En paralelo, la santa abulense, con su propia vida daba muestras de la necesidad del cambio y lo llevaba a la práctica con la reforma del Carmelo Descalzo que se materializó en diecisiete conventos durante su vida y una proliferación de los mismos más allá de la Península Ibérica, traspasando su iniciativa hasta el Nuevo Mundo al poco tiempo de su muerte<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con el paso de los años, en el contexto del renacimiento de la vida conventual se llevaron a cabo nuevas iniciativas que, sin dejar de lado la clausura, pudieron ofrecer servicios concretos a la sociedad, como la ayuda a los pobres, la asistencia a los enfermos y la educación de las niñas. La Iglesia hasta el momento había sido contraria a la educación femenina, pero se vio en la necesidad de fomentarla como un medio de luchar contra el protestantismo. Cada niña era considerada una futura madre, por lo tanto, podía desempeñar un papel clave en la educación católica de sus hijos, y, a largo plazo, de la sociedad en general<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Así lo entendieron las nuevas congregaciones post Trento, como, por ejemplo, las ursulinas, fundadas por Santa Ángela de Merici en 1535 e instaladas en Francia a comienzos de siglo<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>; la Compañía de Marie de Notre-Dame, debida a la iniciativa de Jeanne de Lestonnac en 1607; la Congregación de Notre Dame<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, instituida por Alix Le Clerc y Pierre Fourier en 1615 y las visitandinas, fundadas por San Francisco de Sales y Jeanne de Chantal en 1610. También marcó un hito la puesta en marcha de las Hijas de la Caridad en 1633 por parte de Luisa de Marillac. Era la versión femenina de la Congregación de los sacerdotes de la Misión o lazaristas, fundada por San Vicente de Paul en 1625. Se distinguieron estas últimas, porque, junto con sus obras de caridad corporal, se dedicaron a la evangelización de los pobres, a través de las misiones y proporcionando instrucción a las niñas pequeñas<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los nuevos aires de la Ilustración mermaron durante el siglo XVIII las vocaciones religiosas, y, por lo mismo, el interés de las familias por educar a sus hijas en los conventos. En la práctica, muchos miembros de la élite solo enviaban a sus hijas a los internados católicos para prepararse a su Primera Comunión, asistiendo sus hijas solo unos meses a dichos establecimientos educacionales. Como una clara muestra de los nuevos tiempos, parecía que las monjas no daban una educación adecuada en función al momento que se estaba viviendo, sino que estaban “pasadas de moda”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta crisis conventual tan clara desde la mirada femenina, ad portas de la Revolución, era parte de un proceso mayor que afectaba a la Iglesia francesa<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. En ese contexto, no solo las religiosas se vieron disminuidas, sino también los sacerdotes, debido a un notable aminoramiento de las vocaciones<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. El problema de fondo radicaba, por un lado, en la penetración progresiva del espíritu de la Ilustración en la sociedad francesa, que llevaba implícita una crítica a las instituciones, especialmente a la Iglesia. Luego de la renovación tridentina, esta se había centrado en la autoridad del clero, especialmente de los obispos, en la reforma de la educación de los clérigos y en la actividad parroquial. A los ojos del pueblo se había transformado en una Iglesia elitista, que miraba con malos ojos sus manifestaciones<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, la religión de los franceses se había vuelto triste y culposa, con una visión negativa de Dios y de la naturaleza humana, fruto de la difusión de las ideas jansenistas que, a partir del siglo XVII, se propagaron por Francia. El origen de ellas se encontraba en el teólogo holandés Cornelius Jansen<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>, quien, ligado a la teología de la predestinación, sostenía que la brecha entre el hombre y Dios era casi infranqueable, debido a la maldad innata del primero. Ante semejante pesimismo, en la práctica, tomó gran importancia la figura del sacerdote por su poder de absolución; no obstante, se llegó a extremos tales, en que solo después de repetidas confesiones, este podía cerciorarse del arrepentimiento del penitente y considerarlo digno de la comunión. Esta concepción tan negativa del hombre repercutió en una notable disminución de la frecuentación de los sacramentos por parte de muchos bautizados que no se sentían dignos de la gracia divina, especialmente, los varones<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Varios Papas rechazaron el Jansenismo, hasta que fue condenado por Clemente XI -de acuerdo con Luis XIV- en 1713, mediante la bula <em>Unigenitus.</em> Así, un conflicto que había comenzado en el terreno religioso, pasó al político, puesto que la postura del Sumo Pontífice pasó a identificarse con la del rey. Por su parte, quienes divergían de la Corona y de la Santa Sede, buscaron protección en el Parlamento. Se desataron entonces, en pleno siglo XVIII, debates y divergencias públicos que no hacían más que dividir al clero y a la sociedad franceses, donde los jesuitas se destacaron como enérgicos opositores al pesimismo jansenista, difundiéndose este último cada vez más. En palabras de la historiadora Phil Kilroy: «El jansenismo logró ganarse las mentes y los espíritus de gran parte del clero y de los seglares, encaminando la polémica por unos derroteros que nunca hubieran presagiado sus iniciadores. La unión de la doctrina del jansenismo con la tradición de la Iglesia francesa del galicanismo acabó siendo una poderosa coalición que desafiaba la autoridad de la familia real y del papado de finales del siglo XVIII»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La toma de la Bastilla en 1789 sorprendió a la Iglesia dividida y en una crisis vocacional y doctrinal que se manifestó en la lejanía de los fieles. Estos, cada vez más alejados del cumplimiento de los preceptos, que tanto había costado al siglo anterior arraigar, incluso comenzaron a dudar de la institución, siendo esto lo más grave. De esa falta de confianza en la jerarquía eclesiástica, derivó -según el historiador francés Roger Chartier- el agotamiento de las prácticas religiosas, pues las veían como inútiles<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Tan pecador era el ser humano, que veían imposible confesarse y comulgar en gracia de Dios<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, el golpe de la Revolución sería aún más fuerte para la Iglesia, la más perseguida, puesto que ya se encontraba debilitada y dividida. La Asamblea Constituyente, tras decretar que el catolicismo dejaba de ser la religión del Estado, y, a los pocos meses, nacionalizar todos sus bienes, el 13 de febrero de 1790 suprimió todos los conventos de Órdenes contemplativas e incautó sus posesiones. En el caso de los religiosos, estos debían abandonar los claustros y retirarse en casas particulares; las monjas, por el momento, podían seguir residiendo en sus conventos, pero claramente se ponía fin al servicio educativo que prestaban. El golpe mortal fue la Constitución Civil del Clero del 12 de julio de 1790, que desvinculaba totalmente a la Iglesia francesa del Papa, poniéndola a merced del Estado; sus funcionarios, sacerdotes y obispos debían ser elegidos<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Terror fue aún más duro con la Iglesia, desatándose violentas luchas armadas. Cabe destacar el movimiento de la Vendée desencadenado en 1794 como reacción a la muerte del rey. Esta sublevación marcó el punto más álgido y terrible del combate entre el cristianismo, que, a su vez representaba la tradición monárquica, y el carácter antirreligioso de los revolucionarios. Estos últimos lograron aniquilar la región, demostrando de esta forma su condena del fanatismo y la superstición que representaba para ellos el cristianismo<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mas los revolucionarios no lograron suprimir la Iglesia Católica. Ella siguió subsistiendo de diversas formas en medio de las más terribles hostilidades. Muestra de ello fueron los sacerdotes refractarios que se quedaron en Francia, ya sea en sectores rurales como en las ciudades, ejerciendo clandestinamente su ministerio. Lo mismo, los deportados, que soportaron el exilio dando ejemplo con su vida de que mantenían en ellos viva a la Iglesia francesa. Las comunidades de monjas también participaron de este espíritu, algunas manteniendo dentro de lo posible la observancia a su Regla en absoluto secreto<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Oficialmente con la firma de Napoleón y Pío VII del Concordato de 1801 terminaba el cisma francés. Volvía a reconocerse la religión católica y romana como la de la “gran mayoría de los franceses”. Las dos partes fijaban una serie de disposiciones para regular el culto y reorganizar la Iglesia, entre las cuales destacaban la nueva limitación de las diócesis, el nombramiento de los obispos y párrocos y la regulación del patrimonio eclesiástico<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El catolicismo francés, que se había enfrentado a la Revolución en un momento de dificultad y división, después de ella daba muestras de que no solo había sobrevivido, sino que había logrado fortalecerse en esos momentos de prueba. Esta paradoja puede explicarse, en parte, debido a la fuerte influencia de las mujeres, principales baluartes de la Contrarrevolución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Mujeres y Contrarrevolución: la novedad de la vida consagrada “activa”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Contrarrevolución significó el renacimiento de una Iglesia católica fuerte y, además, reveló el papel que jugaron las mujeres en este fenómeno. Su aporte se materializó concretamente en la fundación de nuevas congregaciones religiosas de vida activa, destinadas a prestar servicios concretos a la sociedad, especialmente en el área de la salud y de la educación. Antecedente de ellas fueron las ya mencionadas Hijas de la Caridad y las ursulinas, quienes, antes de la Revolución habían incurrido en estos campos. Napoleón vio en el catolicismo una importante fuerza para el orden social y político<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>, fue un gran impulsor del establecimiento de estas congregaciones decimonónicas, y, animado por el servicio social que prestaban, señalaba: «nada de contemplativas ociosas, sino únicamente hospitalarias y profesoras»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El siglo XIX comenzaba mostrando que la vida consagrada para las mujeres no necesariamente se traducía en la clausura. Desde ahora, las religiosas podían combinar ambas dimensiones, la vida en comunidad tras los muros del convento y la caridad fuera de él. Si bien se tomaban aspectos del Antiguo Régimen, como la vida de oración; el esquema presentado por estas congregaciones tenía elementos innovadores como la existencia de una Superiora General y una Casa Madre; a diferencia de las antiguas que se traducían en comunidades independientes unas de otras. Asimismo, era novedoso el hecho de estar bajo el control del obispo o su representante. En general, se establecieron en ambientes urbanos refaccionando viejas abadías y se debieron a fuertes personalidades femeninas representadas por las fundadoras, quienes, convencidas del poder de las mujeres para devolver a Francia su espíritu religioso, no dudaron en confiar a sus seguidoras empresas de alta responsabilidad y profesionalismo<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este modelo, con un claro espíritu contrarrevolucionario, tuvo una gran acogida que se reflejó cuantitativamente. Según los estudios del especialista Claude Langlois, entre 1800 y 1880 habrían surgido más de 400 órdenes de este tipo<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>, muchas de las cuales tuvieron una dimensión internacional<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>. Representativas de la voluntad de reconquista espiritual de Francia y eficaces para responder a las principales necesidades de la sociedad, fueron beneficiadas por el Estado con la legislación y la ayuda material<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Fueron así un reflejo de la renovación del catolicismo en el que las mujeres pasaron a ser la figura central<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es en este contexto que el catolicismo comenzaba a «escribirse en femenino»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a> y la educación de las niñas fue uno de los campos en donde más se destacaron las nuevas congregaciones, por el convencimiento de que la instrucción cristiana de las futuras madres incrementaría la fe en las generaciones siguientes<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La proyección del nuevo modelo en Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las congregaciones de vida activa eran misioneras, debían llevar a los lugares más lejanos su forma de vida, a fin de alentar a otras mujeres a optar por este camino que permitía combinar la clausura del Antiguo Régimen con los servicios concretos a la sociedad. Por lo mismo, rápidamente, fueron requeridas en otros países de Europa y también en otros continentes<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. En Chile, su presencia se hizo necesaria, especialmente en un momento en que la pobreza urbana crecía<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a> y que ya se consideraba oportuno “escolarizar” a la mujer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue clave el rol del Arzobispo Rafael Valentín Valdivieso (1804-1878) para conseguir que estas “vírgenes de la caridad” cruzaran el Atlántico y llegaran a Chile. Incluso lograría el prelado hacer coincidir los intereses eclesiásticos con los políticos, puesto que el gobierno apoyó la llegada de dichas congregaciones y luego su protagónico papel en la beneficencia nacional, situación que cambiaría, en parte, a fines del siglo con el advenimiento de la secularización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como fueron novedosas en Europa, estas religiosas “sin rejas ni torno”<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>, más aun lo fueron en Chile. Desde el siglo XVI, como en el resto de Hispanoamérica, la vida consagrada había despertado un gran interés en las mujeres chilenas. De 1567 databa el beaterio más antiguo del Reino, las “Isabelas” en Osorno que dieron vida al Monasterio de Santa Clara de Antigua Fundación en Santiago en 1604. Paulatinamente, se habían establecido en la capital del Reino bajo distintas circunstancias las Agustinas (1574), las Clarisas de la Victoria (1678), las Carmelitas de San José (1690), las Dominicas de Santa Rosa (1754) y las Carmelitas de San Rafael (1770). A excepción de los Carmelos, en general, estos conventos habían pasado a ser verdaderos “micromundos” dentro de la ciudad. Allí las monjas vivían tras los muros en una clausura, muchas veces reñida con sus propios votos, como lo han constatado las visitas pastorales de los siglos XVIII y XIX. La convivencia con mujeres seglares, como familiares, sirvientas, esclavas, donadas y educandas; permitió que los monasterios pasaran a ser importantes espacios de oración, contemplación y sociabilidad, marcados por el acceso a la cultura escrita, a las operaciones económicas, al trabajo manual y a las relaciones con el mundo. Esta figura común en América Latina, como bien lo ha constatado la historiografía, contrastó claramente con la nueva fórmula que ofrecían las religiosas de vida activa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dicho modelo se trasplantó a Chile gracias a la confluencia de intereses por parte de la jerarquía eclesiástica, las asociaciones laicas y el Estado<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>. A partir de 1838 comenzaron a llegar estas “religiosas modernas”, nacidas de la voluntad de reconquista espiritual propia de la Contrarrevolución, que caminaban por las calles, se trasladaban por las ciudades, socorrían a los vecinos en sus múltiples necesidades y educaban a las niñas en colegios. Pese al desconcierto inicial de los chilenos, muy pronto se expandieron por el país, ganándose su admiración cuando comenzaba a debatirse la posibilidad de separar la Iglesia del Estado. Incluso surgieron iniciativas locales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1838 desembarcaron en Valparaíso las religiosas de los Sagrados Corazones de Jesús y María o Picpus, misioneras, adoratrices y educadoras. El Gobierno había solicitado la fundación a los padres de la rama masculina, en el país desde 1826. Las primeras, a cargo de Cléonisse Cormier, establecieron colegios internos y escuelas externas en Valparaíso, Santiago y La Serena que combinaban lo intelectual con lo doméstico. Al poco tiempo, en 1853 llegaron las hijas de Magdalena Sofía Barat, las mundialmente conocidas “Dames du Sacré-Cœur”, quienes se distinguían por sus prestigiosos colegios femeninos, pues habían adaptado la afamada <em>Ratio Studiorum</em> jesuita a las mujeres con el fin de educarlas para propagar la fe desde el hogar al resto del mundo. Encabezadas por Anna du Rousier establecieron una red de colegios bajo los estándares europeos en Santiago, Talca, Concepción, Valparaíso y Chillán; incluso fundaron en Lima y Buenos Aires. Por encargo del gobierno dirigieron la primera Escuela Normal de Preceptoras entre 1854 y 1885<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para hacerse cargo de los hospitales o “morideros”, como se les llamó durante años, fueron convocadas las Hijas de la Caridad, quienes se establecieron en Santiago en 1854, por iniciativa del Obispo Valdivieso y la Junta de Beneficencia. Herederas de San Vicente de Paul y Santa Luisa de Marillac, su principal vocación era auxiliar al pobre, y se dedicaron especialmente a la salud, destacándose por su “profesionalismo”<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fundada por Santa Eufrasia de Pelletier en Francia y aprobada oficialmente en 1835, el Buen Pastor de Angers, llegó en 1855 por disposición de Valdivieso. Sus representantes se instalaron en un antiguo beaterio en San Felipe, siendo su preocupación fundamental el rescate de las prostitutas, las casas de corrección de mujeres y también la educación. Debido al interés de la Junta de Beneficencia, se establecen prontamente en Santiago<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A fines de siglo, en 1885, gracias a la iniciativa del sacerdote José Alejo Infante y la generosidad de Juana Ross de Edwards, desembarcaron en Valparaíso las Hermanitas de los Pobres, congregación francesa fundada en 1840 por el abate Pailleur, dedicada al cuidado de ancianos pobres y enfermos; en 1894 se establecen en Santiago. Asimismo, al término de la centuria, las religiosas francesas de San José de Cluny, que se distinguían por su dedicación a los pobres, los huérfanos y los “enajenados”, se hicieron cargo de la sección mujeres de la Casa de Orates en 1895<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El establecimiento de las nuevas congregaciones en Chile fue un fenómeno de importante repercusión social y cultural. Fueron muchas las mujeres, y, por ende, las familias que se vincularon a esta nueva opción de vida consagrada, pues la fórmula no solo comprometía a las religiosas, sino que se abría a la participación de los laicos por las posibilidades que promovía. Así, una iniciativa femenina francesa replicada en Chile, con los consabidos elementos diferenciadores locales, demostró el poder evangelizador de la mujer. Si bien en nuestro país no transcurría una revolución, sí se abría el debate por la laicización del Estado. Por ello, el compromiso fiel de la mujer y el convencimiento de su fuerza al interior del hogar para transmitir el mensaje evangélico, permitió asentar prácticas de piedad que hasta hoy se conservan en Chile. Procesiones, ceremonias de Primera Comunión, Mes de María u otras tradiciones arraigadas hasta hoy día -tanto en las élites como los sectores populares-, son una muestra de la vigencia y del alcance transoceánico de los frutos de la reconquista espiritual decimonónica de la Contrarrevolución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Este artículo recoge, en parte, la investigación realizada para nuestra tesis doctoral: <em><a href="http://todosibuc.uc.cl/primo_library/libweb/action/display.do?tabs=detailsTab&amp;ct=display&amp;fn=search&amp;doc=puc_alma2142588560003396&amp;indx=14&amp;recIds=puc_alma2142588560003396&amp;recIdxs=3&amp;elementId=3&amp;renderMode=poppedOut&amp;displayMode=full&amp;frbrVersion=&amp;query=any%2Ccontains%2Calexandrine+de+la+taille&amp;dscnt=0&amp;search_scope=alma_scope&amp;vl(1080283163UI0)=any&amp;scp.scps=scope%3A%2856PUC_INST%29%2Cscope%3A%28puc_alma%29%2Cscope%3A%28puc_dspace%29%2Cscope%3A%28puc_ebookscentral%29%2Cprimo_central_multiple_fe&amp;vid=56PUC_INST&amp;institution=56PUC_INST&amp;queryTemp=alexandrine+de+la+taille&amp;tab=libros_tab&amp;fromDL=&amp;vl(freeText0)=alexandrine%20de%20la%20taille&amp;dstmp=1544195270276">La sociedad del Sagrado Corazón y la escolarización femenina en Chile en el siglo XIX : Anna Du Rousier y la novedad del modelo de educación "a la francesa"</a></em>, PUC, 2007, inédita. Asimismo, el libro de nuestra autoría: <em>Educar a la francesa. Anna du Rousier y el impacto del Sagrado Corazón en la mujer chilena (1806-1880), </em>Ediciones Universidad Católica, Santiago, 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Joseph Lortz, al igual que otros historiadores de la Iglesia, discute el término “Contrarreforma” y propone “Reforma Católica”. Joseph Lortz, <em>Historia de la Iglesia en la perspectiva de la historia del pensamiento</em>, tomo II, Edad Moderna y Contemporánea, Ediciones Cristiandad, traducción de Agustín Andreu Rodríguez, Segunda edición, Madrid, 2008.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Elizabeth Rapley, <em>A Social History of The Cloister. Daily Life in The Teaching Monasteries of The Old Regime,</em> Canada, Mc Gill-Queen’s University Press, 2001, p. 111 y ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Una síntesis de la reforma de Santa Teresa se encuentra en: Alexandrine de La Taille, “El Carmelo Descalzo y su legado en Chile”, <em>Visiones develadas. Serie de la vida de Santa Teresa de Jesús</em>, Banco BBVA, Santiago, 2009.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Martine Sonnet, “La educación de una joven”, en Georges Duby y Michelle Perrot, <em>Historia de las mujeres,</em> t. 3: <em>Del Renacimiento a la Edad Moderna</em>, traducción de Marco Aurelio Galmarini, t. 3<em>, </em>146.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Llegaron a Avignon en 1572. Luego se fueron instalando en otros puntos de Francia: en 1599, Chabreuil, en Delfinado; en 1600, Aix; en 1602, en Arles; en 1604, Toulouse; en 1606, Burdeos. A partir de 1620 se fundaron 65 monasterios. En vísperas de la Revolución, la congregación estaba instalada en 300 ciudades; en Georges Duby y Michelle Perrot<em>, Historia de las mujeres,</em> t. 3: <em>Del Renacimiento a la Edad Moderna</em>, traducción de Marco Aurelio Galmarini<em>, </em>t. 3<em>, </em>159.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Rapley, <em>op. cit</em>., ofrece un interesante estudio sobre estas tres congregaciones en particular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Duby y Perrot (ed.), <em>Historia</em>, t. 3, <em>op. cit</em>., 146-147.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Reynes, Geneviève, <em>Couvents de Femmes. La vie des religieuses cloîtrées dans la France des XVIIe et XVIIIe siècles</em>, Paris, Fayard, 1987264-265; Rapley, <em>op. cit.</em>, p.  91-95; Fliche, y Martín, <em>op. cit</em>., vol. XXII, 199.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Algunos historiadores como Roger Chartier se refieren a este proceso como la “laicización de Francia”, en Roger Chartier, <em>Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII. Los orígenes culturales de la Revolución Francesa</em>, traducción de Beatriz Lonné, Barcelona, Editorial Gedisa, 1995<em>,</em> 107 y ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Chartier, <em>op. cit.</em>, 116-117.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Phil Kilroy, <em>Magdalena Sofía Barat. Una vida</em>, Madrid, Ediciones Encuentro, 2000, p. 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Jansen (1585-1638) murió obispo de Ypres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Kilroy, <em>op. cit</em>., 14, 28-29.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Kilroy, <em>op. cit</em>., 29; Fliche y Martín, <em>op, cit.</em>, vol. XXIII, 18-24.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Chartier<em>, Los orígenes</em>, 122.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Kilroy, <em>op. cit.</em>, 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Lortz, <em>op. cit.</em>, 348-354. Sobre la situación de la Iglesia en Francia, ver: Antonio Manuel Moral, <em>Pío VII. Un papa frente a Napoleón</em>, Silex, Madrid, 2007.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Vicente Cárcel cita el comunicado del general F. Westermann a la Convención (documentado por Ch. L. Chassin): ‘La Vendée ha dejado de existir. Ha muerto bajo nuestros sables, con sus mujeres y sus niños. He aplastado a las mujeres con las pezuñas de mis caballos, he masacrado a las mujeres que no podrán engendrar más bandidos. No tengo que reprocharme nada por no haber hecho prisioneros. Los he exterminado a todos. Los caminos están diseminados de cadáveres. Hay tantos que en muchos lugares forman una pirámide’, en: Vicente Cárcel, <em>Historia de la Iglesia, </em>vol. III: <em>La Iglesia en la época contemporánea</em>, Madrid, Ediciones Palabra, 1999, p. 41, 76 y ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Agustín Fliche y Víctor Martín, <em>Historia de la Iglesia. Desde los orígenes a nuestros días</em>, edición española dirigida por José María Javierre, Valencia, EDICEP, 1976; vol. XXIII, p. 124.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Lortz, <em>op. cit.,</em> p.  390. Un profundo análisis del Papa Pío VII y Napoleón en: Antonio Manuel Moral Roncal, <em>op. cit.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Curtis, <em>op. cit</em>, página sin número.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Fliche, <em>op. cit.</em>, vol. XXIII, 394-395.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Uno de los estudios más profundos sobre las congregaciones decimonónicas es: Claude Langlois, <em>Le catholicisme au féminin. Les congregations françaises à supèrieure générale au XIXème siécle</em>, Paris, Les Editions du Cerf, 1984.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Langlois, <em>op. cit.</em>, 62-63.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Langlois, <em>op. </em><em>cit.,</em> 37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Langlois, <em>op. cit.,</em> 639.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Langlois, <em>op. cit.,</em> 214.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Dicha expresión está contenida en la obra de Duby y Perrot (eds.), <em>op. cit.,</em> t. 3. 209.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Sarah A. Curtis, <em>Educating the Faithful. Religion, Schooling and Society in Nineteenth Century France</em>, Northern Illinois University Press, Dekalb, 2000, p. 10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Sobre el rol misionero de las nuevas congregaciones activas, ver: Elisabeth Dufourcq, <em>Les aventurières de Dieu. </em><em>Trois siècles d’histoire missionnaire française</em>, Paris, Editions Jean-Claude Lattès, 1993.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Sobre la pobreza durante el siglo XIX y su vínculo con el catolicismo, ver: Macarena Ponce de León, <em>Gobernar la pobreza. Prácticas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago 1830-1890, </em>Editorial Universitaria, Santiago, 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Así se auto describían las religiosas del Sagrado Corazón cuando pactaron su llegada a Chile. Alexandrine de La Taille, <em>Educar a la francesa</em>, <em>op. cit</em>., p. 175.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Sol Serrano (ed.), <em>Vírgenes viajeras. Diarios de religiosas francesas en su ruta a Chile 1837-1874</em>, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2000.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Sobre las congregaciones de vida activa, ver: Agnès Brot, Guillemette de la Borie, <em>Héroïnes de Dieu. L’épopée des religieuses missionnaires au XIXe siècle,</em> Artège, Paris, 2016 ; M. del Carmen Pérez, <em>Semillas y Cantares</em>, Santiago, Pehuén, 2002; Sol Serrano (ed.), <em>op. cit.</em>; <em>La provincia eclesiástica chilena, erección de sus obispados y división en parroquias</em>, Friburgo, Imprenta de la casa editorial Pontificia de B. Herder, 1895. Sobre la Escuela Normal de Preceptoras, ver: Alexandrine de La Taille, “Las raíces católicas de las maestras chilenas. La Sociedad del Sagrado Corazón y la Primera Escuela Normal de Preceptoras”, en <em>La Revista Católica</em>, editada por el Seminario Pontificio Mayor, Arzobispado de Santiago, septiembre 2010.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Sol Serrano, <em>op. cit</em>. El estudio preliminar ofrece un análisis detallado de: Los Sagrados Corazones de Jesús y María (Picpus), La Sociedad del Sagrado Corazón, El Buen Pastor de Angers y las Hijas de la Caridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Ver Serrano, <em>Op. cit.</em>; A. Hernández, C.M.P., <em>Poema heroico de amor. Apostolado gigante de la Madre María San Agustín de Jesús Fernández de Santiago Concha</em>, Buenos Aires, 1927.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> <em>Provincia Eclesiástica</em>, <em>op. cit., </em>411-514.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[P. Gastón Parada Otarola, CM]]></wp:comment_author>
			<wp:comment_author_email><![CDATA[notsago@msn.com]]></wp:comment_author_email>
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			<wp:comment_date><![CDATA[2019-10-15 16:06:48]]></wp:comment_date>
			<wp:comment_date_gmt><![CDATA[2019-10-15 19:06:48]]></wp:comment_date_gmt>
			<wp:comment_content><![CDATA[Hola Alexandrine, felicidades por el artículo. Solo decir, por si te interesa, es que en la francia de 1617 en Folleville, San Vicente de Paúl, funda las 1as cofradías de la Caridad. Mujeres aldeanas que organizó (hito en la asistencia social) para el servicio del pobre de los campos de las tierras de los Condes de Gondi. Y luego viendo el intento fallido de San Francisco de Sales de querer fundar una congregación para la atención de la pobre gente, por eso el nombre de visitandinas, que luego de fundadas, la curia romana les pidió que volvieran al convento... San Vicente junto a Santa Luisa de Marillac fundan  en 1633 a las Hijas de la Caridad una congregación no religiosa, una congregación femenina para la atención de la pobre gente de hospitales, orfanatos, etc. esto es un hito en la Historia de la Iglesia y de las Caridades. "Monjas" que anduvieran por las calles para la atención d los pobres era una verdadera novedad como aparece en la foto que has puesto en tu articulo. Era solo ese aporte... no soy un sacerdote vicentino. bendiciones.]]></wp:comment_content>
			<wp:comment_approved><![CDATA[1]]></wp:comment_approved>
			<wp:comment_type><![CDATA[]]></wp:comment_type>
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		<title>Reflexión bíblica del hoy personal y eclesial: Hacia una teología del límite - Gonzalo Bravo A., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/reflexion-biblica-del-hoy-personal-y-eclesial-hacia-una-teologia-del-limite-gonzalo-bravo-a-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 02 Mar 2019 19:24:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Gonzalo Bravo Álvarez, Pontificia Universidad de Valparaíso
Para citar: Bravo, Gonzalo; <em>Reflexión bíblica del hoy personal y eclesial: Hacia una teología del límite</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 362-375</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/GBRAVO_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Reflexión bíblica del hoy personal y eclesial: Hacia una teología del límite</strong>
<strong>Gonzalo Álvarez Bravo, pbro. </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Profesor de la Facultd Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo lo que vemos está limitado; si ello no fuera así, no podríamos identificar las cosas que percibimos, ni menos, podríamos darnos cuenta de la sucesión del tiempo. El límite tiene que ver con el ser de las cosas en cuanto a su manifestación externa o en cuanto a la captación que de ellas puede hacer un observador. De algún modo, el ser es percibido por su límite existencial; sin ese límite su ser no podría ser captado por un observador; incluso más, el límite no solo define al ser, sino que lo pone en relación con otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La idea del límite podría ser vista con un matiz negativo si el observador se encuentra en la ribera del deseo de poseer todo. Es decir, cuando percibo una realidad determinada, claramente, ella no es todo; y es muy necesario que sea así. Pero no por ello su límite es una restricción, sino que al contrario, su límite es capacidad de ser identificado, de ser algo en relación con algo más, de tener posibilidad de relación con el resto y de comunión con la creación. Es desde este punto de vista –la potencialidad del límite- desde donde deseo expresar algunas pinceladas de un abordaje teológico desde el límite.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Originalmente la idea de límite tiene que ver con lo que separa una realidad de la otra; de aquí que desde un inicio expresa, más que una idea de carencia, una convicción de identidad y una posibilidad relacional que puede dar una nueva fuerza a la carencia existencial como potencia relacional. Quedarse en el concepto de límite como ‘aquello que me restringe y contiene’ no deja ver el potencial de comunión que esa misma concepción encierra. Si se me permite decirlo desde un principio de estas reflexiones, el límite es lo que hace que las cosas sean identificadas y, a la vez, lo que permite que ellas puedan ponerse en relación desde sus potencialidades y no desde sus actuales realidades. En este sentido, es adecuado sostener con J.D. Estes que los límites humanos expresan un muy buen aspecto de la creación de Dios<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de algunos textos bíblicos trataré de mostrar de qué modo el límite es una condición de creatura y que, por ende, toda vez que no se acepta ser limitado -lo que implica ponerse en relación con- se hipoteca el potencial del ser creatura, tal como Dios ha querido. Espero en esta misma línea, proponer una reflexión sobre la dimensión eucarística de la vida cristiana a partir de la ‘limitada’ presencia de Jesús en la Hostia consagrada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El límite en <em>Gn</em> 1</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según Gn 1,2, el estado previo a la creación no es el vacío ni es la nada, sino el abismo y la confusión (תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ: <u>t</u>ōhû wābōhû). Lo que se destaca de la creación es que esta da un sustento y un orden a lo ya creado a partir de la identificación de los elementos que están ‘en confusión’. De algún modo, la separación que produce la palabra de Dios viene a hacer patente el límite de cada realidad. En este sentido es importante destacar el verbo ‘separar’ (בּדל), con sus matices de distinguir entre, segregar, singularizar. El límite aparece como un efecto de la palabra de Dios, la cual, lejos de anular la creación la hace sostenible con aquello que le distingue del resto. Desde una mirada relacional, cuando las creaturas no se perciben limitadas ‘algo’ de la acción creadora no se expresa en ellas y, a la vez, se corre el riesgo de volver a ese abismo y confusión original del cual la acción de Dios ha actuado. Puede verse la creación, entonces, como el poner límite a las cosas, como la acción divina que cada creatura puede ser identificada por lo que es respecto al resto. De este modo, es natural que toda creatura esté llamada, desde su misma configuración divina, a estar en relación con el Creador, las creaturas y lo creado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuán importante es esta consecuencia lógica para las creaturas que, al son de la desarmónica música del individualismo, tienden a romper la dinámica relacional impresa en el acto creatural divino. No hay espacio para pensar que la dignidad creatural sea una cualidad ‘ad-intra’, sino que más bien, es una inestable dinámica que me llama a la ‘proexistencia’ para ser plenamente creatura. Lo que nos configura como creatura ‘de Dios’ es, precisamente, lo que nos relaciona con toda la creación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de la acción creadora de Dios, que se lleva a cabo a partir de un hablar eficaz (‘dijo Dios’: 10 veces aparece esta expresión en <em>Gn</em> 1), podemos afirmar que el rastro del creador se deja ver en el límite de la creatura; nada se puede decir de Dios, ni Él hace nada, si no es plasmándolo en algo limitado. De este modo, la limitación, junto con ordenar la creación es, a la vez, manifestación del obrar divino, quien para sacar el desorden pone límite a las cosas. Nada más anti-natural que pensarse sin límites, sin confines ni sin referentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque lo hemos esbozado antes, es momento de destacar la dimensión relacional que todo límite está llamado a desarrollar. El relato del <em>Gn</em> 1 destaca con una hermosa frase que ‘Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno (tôb m<sup>e’</sup>ōd) (<em>Gn</em> 1,31)’. Esta bondad inicial se refiere a todo lo que había hecho, todo lo que tiene límites y que, incluso, es tal por el límite que lo define. Para que algo sea bueno no solo debe sentirse sabedor de su límite, sino que, positivamente, ser identidad relacional que vive su dimensión existencial en la alteridad y la diversidad. El límite no confina, sino potencia encuentros con lo otro, con lo otro y con el Otro. Es un reduccionismo creatural no disponerse a vincularse con lo que está más allá de cada realidad, toda vez que toda ella es ‘muy buena’; y lo es, precisamente, por esa capacidad de revelar la acción misma de Dios. En el límite, por lo tanto, no se ve la fragilidad o la carencia, sino la fortaleza y la potencia de cada ser de ponerse en relación con el resto desde su límite, entendido este como ‘posibilidad de relación’, ‘espacio de encuentro’ y ‘lugar de comunión’.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El límite inaugura su infinito justamente desde su condición de posibilidad para disponerse a encontrarse y complementarse con el otro. Nada más lejos de la condición creatural que considerarse auto realizado e independiente del resto de la creación. En este sentido, cada persona es opción de comunión y relación con todo lo que le rodea; aunque cada ser humano sea en sí mismo un universo de sueños, saberes y esperanza, es apenas una contingencia sino descubre todo lo que está llamado a ser con lo que él no es.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Incluso, el mismo querer de Dios sobre ‘hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y manden en los peces del mar y en las aves del cielo… (GEN 1:26 BJ3)’ (<em>Gn</em> 1,26) se manifiesta en la orden de que aquel se relacione con la creación ‘al modo de Dios’; es decir, se trata de una acción de vinculación con la creación, la cual se respeta y guía según el modo de Dios, jamás de forma arbitraria<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. El verbo hebreo utilizado para expresar ese mandato es  רדה  (rādâh), tradicionalmente traducido como mandar, regir, ordenar. Pero no es eso lo que el texto hebreo señala. Lo que realmente matiza el verbo hebreo es la acción de control, de inspección y cuidado de los seres vivos. En este sentido, quien rige (rādâh) es uno que escolta, acompaña y guía a personas o creaturas vivas que confían en él hacia un cierto destino<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Lo que se quiere destacar es la condición de relacionalidad que hace que todo ser humano sea creado a imagen y semejanza de Dios. Desde el límite, entonces, podemos encontrarnos con la dinámica relacional más profunda y querida por Dios desde la misma creación del ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agrego una palabra final sobre <em>Gn</em> 1,27, en donde se declara, a modo de conclusión, que Dios creó al hombre y la mujer. El versículo se inicia con la sentencia que Dios creó al hombre (al ser humano: הָֽאָדָם ) a imagen suya; dos veces en el mismo versículo sostiene que ‘a imagen suya Dios los creó’. Y a modo de recalcar el modo de esa imagen coloca la diversidad contenida en el ser humano: hombre y mujer. Esto también expresa un sentido de un límite a ser convertido en posibilidad de encuentro. El término זָכָר (z¹k¹r), utilizado para referirse a lo masculino, es una expresión técnica que, precisamente, destaca la oposición con el término aludido a mujer (נְקֵבָה). Nuevamente estamos frente a una realidad limitada que exige una relación de recíproca de complemento, tal como lo afirmará explícitamente el segundo relato de la creación (cf. <em>Gn</em> 2, 20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El límite en <em>Gn</em> 1 es lo que hace que la creación provenga de la voz creadora de Dios, es la continua forma de aparecer, de ser, de estar y de ponerse en relación. Nada de cuanto existe lo está sin límites, y estos están para identificar la diversidad de cuanto ha sido creado por Dios. De algún modo todo lo creado está limitado, y esa condición es lo que permite al ser humano regir y dirigir la creación al modo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El ‘límite’ en la experiencia actual de la Iglesia en Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo conveniente aplicar estas enseñanzas del límite a la situación que afecta a la credibilidad de la Iglesia chilena y, por otro parte, al desafío maravilloso del límite personal como preámbulo de la pluralidad social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a. El límite y la credibilidad de la Iglesia. </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es algo ya sabido que la Encuesta CADEM de octubre del 2018 nos han hecho saber que la credibilidad de las tareas que lleva a cabo la Iglesia no es creída por más del 80% de la población<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Me imagino que quienes desaprueban el actuar de ‘la Iglesia’ no se refieren al bien que muchos miembros de ella realizan en nuestro país. Pienso en la consagración del silencio y del trabajo cotidiano de los monasterios de vida contemplativa; en la comprometida acción solidaria de tantas instituciones de asistencia y de promoción que sirven a niños, niñas, jóvenes, familias y adultos mayores; en la arriesgada tarea de comunidades que dan testimonio de la fe en Jesús resucitado en medio de la pobreza, la droga y la desesperanza. En muchos colegios, capillas, cárceles y hospitales la voz profética de personas consagradas y laicas es faro que anima y fortalece la fe de quienes han aceptado a Jesús como su salvador. Esa abnegada entrega no creo que esté dentro de lo que se desaprueba del trabajo de la Iglesia Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Probablemente lo que sí se reprueba –y qué bueno que sea así- es lo que el papa Francisco denomina ‘cultura del abuso’, o sea, esa tenebrosa trastienda de poder, de poca transparencia y credibilidad, que ha permitido vulneraciones de todo tipo. Todo lo opuesto a la persona y al mensaje de Jesús y, a la luz de lo que acabamos de ver, todo lo contrario a la relación mutua que se está llamado a potenciar entre las personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología del límite podría ser un aspecto a destacar al momento de pensar en revertir tal situación. Si se considera que estamos llamados a vivir, desde nuestros límites, en relación con los otros, no se podrá justificar el actuar eclesiástico basado en razones de poder o de disposiciones de refugiarse en lo que se es a nivel institucional y comunitario. Más que nunca la palabra de Dios, viva y eficaz, puede desde el desorden y confusión actuales de muchas personas establecer la luz sobre lo que hace y es la Iglesia. Un primer momento debe centrarse en poner límites a qué se entiende por iglesia. ¿Es ella la jerarquía, consagrados y laicos, que conducen al pueblo que Dios que peregrina en Chile? ¿Está la Iglesia vinculada solo a la cúpula de poder? ¿De qué modo las diferentes realidades tienen su papel dentro del cuerpo de Cristo? Identificar es limitar, es dar a conocer los límites. Me parece urgente que se considere claramente a quién no se le cree cuando se expresa la frase: ‘la Iglesia no es creíble’. Es posible que sean pocas las personas -y es necesario identificarlas- que hacen que todo el cuerpo eclesial tenga poca credibilidad en nuestro país. En el límite puede estar el principio de la solución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b. El límite personal y una sociedad plural</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los Obispos chilenos en su Carta pastoral ‘Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile’<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>,sostenían: «El pluralismo es inmensamente positivo porque nos ayuda a convivir y nos permite asumir diversos puntos de vista, comprendiendo la complejidad de la vida y ensanchando nuestra limitada visión de ella. Ese pluralismo, hecho de respeto y no de silencios, debe ser fomentado porque nos permite buscar con otros la verdad, complementándonos. Es un modo solidario de buscar y profundizar la verdad sin relativizarla. El pluralismo agudiza nuestra razón para llegar al fundamento que hace más razonables para todos lo que proponemos como un valor, sin relativismos y sin fundamentalismos» (Nº8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta visión indica un camino de salida desde las propias limitaciones para disponerse en diálogo abierto y sincero desde la diversidad y la diferencia. En ese ambiente de respeto por el otro, y también de reconocimiento del propio límite es donde las diferencias hacen crecer, madurar y encontrar soluciones a diversas problemáticas desde los propios aportes de quienes participan en el pluralismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro aspecto positivo del pluralismo tiene que ver con las exigencias que este propone a cada persona en relación: la necesidad de renovar día a día su identidad en diálogo de intimidad consigo misma en relación con los otros y con fe. Es la otra cara de la relacionalidad exterior que hace que un yo reconozca el “tú” del otro; es el “yo” que se configura con su Dios, su historia y su vida.  Para los cristianos de hoy la pluralidad nos dispone a un nuevo éxodo hacia lo más profundo de cada uno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El reconocimiento del otro, en cuanto limitado y distinto, es una condición que debe aprovecharse para poder poner las diferencias como oportunidad de desencuentro con la tendencia actual de homogeneizarlo y estandarizarlo todo, sin respetar el individuo y sus diferencias. El mundo actual, globalizado a través de las redes sociales, está tensionado por una tendencia a lo igual; por ejemplo, los jóvenes “Facebook”, en ciertas áreas geográficas, tienen similares intereses en sus vidas privadas y en las expuestas en la red. Para ellos, utilizando la expresión de Byung-Chul Han, <em>el infierno de lo igual</em><a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> los aplana y los modela de tal forma que ya no resulta posible ningún anhelo de lo distinto. Sentirse cómodo con la uniformidad y encerrado en los propios límites es muy preocupante; hay que despertarse y reconocer una pluralidad abierta e inquietante que puede hacer surgir nuevas ideas de transformación y participación ciudadana. Por otro lado, los signos de participación ciudadana, la nueva cultura de la innovación social, la movilidad humana y las cercanías virtuales de la diversidad cultural, también se transforman en oportunidades de valorar lo diverso y de entablar diálogos transformadores que hacen de la pluralidad una oportunidad de respeto, salida de sí y encuentro con lo otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La teología del límite en algunos textos del Nuevo Testamento y la ‘eucaristificación’ de la vida cristiana.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La condición limitada de toda creatura, con su maravilloso poder de relación con lo creado, abre nuevos horizontes al ser humano. Estos tienen que ver con el modo en la cual Dios se hace presente en el límite de la carne de Jesús y, de modo sacramental, en su presencia real en un pan limitado consagrado. Estos dos aspectos serán esbozados a continuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a. La encarnación y el nacimiento de Jesús: De la eternidad al tiempo; del infinito al límite</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan, en su evangelio, expresa una frase que debería dejarnos perplejos cada vez que la leemos y la rezamos: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (<em>Jn</em> 1,14). ¿Ese Verbo que estaba junto a Dios, y que era Dios (cf. <em>Jn</em> 1,1) ahora ‘se hizo’ carne? ¿Cómo es posible que el eterno se haya hecho tiempo, que el Creador se haya hecho creatura y que el infinito se haya hecho límite en la carne? Al parecer estas lógicas preguntas quedan sin respuestas y, más bien, habría que sacar conclusiones de esos eventos sin tantas interrogantes sobre los procedimientos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si antes del hablar de Dios del <em>Gn</em> 1 solo hubo ‘silencio’ (cf. <em>Sab</em> 18,14), con su hablar se desencadena toda la creación; ahora, con la encarnación, esa Palabra creadora se hace sensible, visible y tiene límites. Esto es uno de los fundamentos del cristianismo: tantas veces lo hemos escuchado, dicho y meditado<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Pero esta es, precisamente, la más escandalosa verdad para un musulmán, por ejemplo, o para para Apolinar y otras personas que, en siglo II, buscaban esclarecer el actuar de Dios. Dios se hace límite, se hace lo que no es sin dejar de ser lo que es; asume ser creatura el que es Creador. Asume un límite humano el infinito divino. Si Dios se hace límite en su carne humana, ¿por qué no aceptar que estamos llamados a mirar los límites como oportunidad de relación con los otros y con Dios mismo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para gran parte del pueblo de Dios, el compartir la humanidad poco les dice y sorprende. Pero, para quienes son consagrados les hace ver su intimidad con la persona de Jesús de modo determinado y explícito. En ese sentido, muchas personas consagradas adquieren un estatus de ser ‘representantes de Jesús’, y de ‘encarnación del encarnado’. Quizás a muchos nos incomoda esta vinculación –‘rece por mí que está más cerca’; ‘hábleme algo lindo de su jefe’; ‘a usted Dios lo escucha más’-, pero somos presencia de Jesús en medio de donde nos movamos. Sería bueno que nos convenciéramos de que somos carne de un Dios que se ha limitado, que se hace visible con fragilidad humana que esconde la sublimidad divina. También sería conveniente hacer sentir que todo el pueblo de Dios tiene esa misma condición. Sin lugar a dudas es lo que el Papa Francisco nos ha querido decir en la carta que envió al pueblo de Dios en mayo de este año: «Aceptar los aciertos, así como los límites personales y comunitarios, lejos de ser una noticia más se vuelve el puntapié inicial de todo auténtico proceso de conversión y transformación. Nunca nos olvidemos que Jesucristo resucitado se presenta a los suyos con sus llagas. Es más, precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular, esconder o encubrir nuestras llagas»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La divinidad, tal como lo sostiene el evangelio de san Juan, habita entre nosotros y se hizo carne de modo incomprensible y, casi escandaloso para algunas personas de nuestro mundo. El misterio de la Navidad nos da una pista. Navidad es fiesta de silente contradicción porque es el recuerdo del Creador que se hace creatura; es la memoria viva del Eterno que se hace tiempo; es la rememoración de la manifestación del Poderoso que, habitando en el cielo, se hace debilidad que llora en un pesebre. Navidad no tiene que ver solo con los buenos deseos –a veces no realizados- de seres humanos, sino con el regalo que significa que Dios se haga hombre, cercano, hermano. En ese pesebre, el Rey es un niño; el Mesías está en pañales y el Salvador es sostenido en brazos por una débil mujer campesina. La simplicidad y precariedad es sublime manifestación de la humildad de Dios que comparte su naturaleza humana con cada uno de nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esa debilidad de Dios en la persona de Jesús -que sufre, llora y muere- es también una invitación a aceptar las nuestras. Aún más, la eucaristía es presencia de ‘un cuerpo entregado y una sangre derramada’; no es solo una identidad sublime sobre el altar, sino la persona de Jesús que, en sintonía con la única entrega de Cristo en la cruz, sigue dándose, entregándose, fundiéndose en cada persona que participa de la mesa de la Palabra, de la mesa de la Eucaristía, de la oración de cada día.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En <em>Lc</em> 2,11 se describe cómo un ángel del Señor les revela el nacimiento de Jesús a unos pastores; él les dice: «Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor» (<em>Lc</em> 2,11). Lo más notable es la señal que les da: «y esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (<em>Lc</em> 2,12). Si se me permite cierta rigidez textual, podríamos decir que el Salvador es un niño; que el Cristo está envuelto en pañales y que el Señor está acostado en un pesebre. Claramente, cualquier cristiano podría preguntarse: ¿Es creíble un Salvador que sea un niño recién nacido? ¿Es posible aceptar un Cristo, un Mesías liberador, envuelto e inmóvil en pañales? ¿Puedo aceptar como Señor a una criatura débil y acostada en un pesebre? El evangelista Lucas presenta la sublimidad de la condición divina en el límite de la condición humana; esto nos permite adentrarnos al camino de la humanidad desde nuestra debilidad. Si se me permite formular una hipótesis: lo realmente humano pasa por el límite y la precariedad. Si esto es así, todo proceso de humanización tendrá que ver con aquello que nos hace sentirnos vulnerables, con manifestar el límite humano que anuncia un infinito divino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b. La eucaristía, el límite del infinito del amor de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo el misterio eucarístico consiste en ver en un frágil trozo de pan consagrado al poderoso Salvador Jesucristo. Es curioso, pero nada expresa mejor la fuerza del amor de Dios que la entrega de su hijo Jesús en la cruz, cuyo sacramento se renueva en cada celebración eucarística. Ningún milagro, en los cuales se ve el poder de Dios en Jesús, es sacramento; ningún discurso de Jesús tiene la fuerza de su entrega amorosa por amor de nosotros. Solo la sangre derramada puede perdonar los pecados (<em>Mt</em> 26,28). Es eso lo que nos debe configurar como cristianos del siglo XXI; no es nuestra pretendida santidad formal la que nos servirá para ser discípulos y apóstoles, sino la convicción de nuestra entrega cotidiana en la vida cristiana, la cual se enlaza con el misterio de la eucaristía de la donación del cuerpo frágil de Dios hecho carne.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si para Jesús, un poco de pan y vino son realidad sublime de su presencia divina, ¿cuánto más nuestros límites ofrecidos no serán causa de humilde relación con otros hermanos y hermanas que, experimentando sus debilidades, desean hacer eucaristía cada día a partir de su ofrecimiento diario de sus luchas y anhelos cotidianos? Para quien desee ser una persona eucarística, son, precisamente, sus límites y fragilidades, los que le pondrán en relación con el Dios que se limita y con la comunidad que busca el infinito del amor. Sí, desde lo más profundo de nuestro ser, podemos ser una precariedad que se ofrece a Dios en respuesta de amor por toda la humanidad en el seno de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo dicho hasta ahora, podemos ofrecer la hostia consagrada, y en ella ofrecernos a nosotros mismos desde el límite que nos impone nuestra carne, al igual que a Jesús. Me permito aludir a un párrafo de la carta <em>Placuit Deo</em> de la Congregación para la Doctrina de la Fe: «Gracias a los sacramentos, los cristianos pueden vivir en fidelidad a la carne de Cristo y, en consecuencia, en fidelidad al orden concreto de relaciones que Él nos ha dado. Este orden de relaciones requiere, de manera especial, el cuidado de la humanidad sufriente de todos los hombres, a través de las obras de misericordia corporales y espirituales»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida cristiana no puede estar asociada a un poder humano, a una pretendida infalibilidad eclesiástica ni a la impecabilidad de sus miembros. Nadie cree eso hoy; lo que se nos presenta en esta etapa de la historia es ser lo que somos: limitadas creaturas amadas por Dios capaces de comunicar su mensaje de salvación con las heridas de nuestro pecado, con la gracia de su resurrección y con la convicción que son tantas las personas que nos esperan, que necesitan de esa palabra salvadora y que nos quieren normales, cercanos, humanos, plenamente cristianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Deseo compartir con quien esté leyendo estas reflexiones una experiencia personal, vivida en la Parroquia La Matriz del barrio Puerto de Valparaíso, en la que sirvo como párroco. En esta comunidad hay personas que delinquen, trafican y tienen modos de vida reñidas con la justicia y el buen vivir. Es este el contexto en el cual pido que se lea esta vivencia. Un día me comentaron que un conocido traficante del barrio estaba muriéndose (lo que más se trafica es pasta base; por lo tanto, no estamos hablando de un ‘acaudalado delincuente’); que no había querido ir al hospital porque tenía causas judiciales pendientes. Cuando pude llegar hasta su pieza maloliente y destartalada, recuerdo que con humildad conmovedora y con angustia vital me ordenó:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Hábleme del Niño Dios, dígame como un Dios tan “bacán” se hizo “broca cochi” (‘cabro chico’ en la jerga porteña). Dígale a él que me perdone porque siempre fui tan pequeño que no pude dejar de aparentar ser grande, fui siempre tan débil que tuve siempre que mostrarme fuerte. Dígale que me perdone por no seguir su ejemplo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando salí de ese ambiente de muerte y desaliento sentí que lo más grande de nuestra fe tiene que ver con lo más sencillo, con que el infinito de Dios queda vinculado al límite de su carne entregada en la cruz. ¡Qué distancia con tanta pretendida consistencia ortodoxa que nos coloca en una insoportable praxis de poder y dominio! En ese momento sentí que Dios me mostraba que no es siendo elocuentes de verdades como seremos más convincentes; más bien, estamos llamados a silentes testimonios de amor que se entregan desde los límites de su propio ser. Pienso en la oración de una persona manchada por diversos pecados, la eucaristía celebrada por una persona anciana y con Parkinson, o la ofrenda de la dolorosa situación enfermiza de un presbítero que no controla esfínteres y que debe ser limpiado todos los días. Hay grandeza en la pequeñez de un corazón que se ofrece con todo lo que es, sin pretender sino ser otro Cristo que, desde su límite humano, regala el infinito divino. ¡Cómo no recordar a nuestro Salvador en ‘pañales’ en una cuna de Belén!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. A modo de inspiración…</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología del límite es un enfoque particular de observar la realidad cotidiana de la revelación de Dios en la historia (<em>Gn</em> 1), de contemplar sin retoques el misterio de la encarnación (<em>Jn</em> 1), de meditar sobre el modo en que nace el Hijo de Dios en medio de la humanidad (<em>Lc</em> 2) y de maravillarse por el infinito del amor de Dios que se hace presente en un limitado trozo de pan consagrado (<em>Mt</em> 26). Como es evidente, no se ha pretendido dar una enumeración textual exhaustiva, ni menos una formulación teológica taxativa; lo que se pretende es poder adentrarnos en una etapa de la historia de la vida cristiana vinculada al modo en que Dios se hace hombre, sin dejar de ser Dios y, a la vez, a la dimensión más relacional que se establece desde el límite de cada creatura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido podemos afirmar que estamos llamados a ser lo que somos desde nuestros límites y, precisamente, a partir de ellos. Cada límite que no reconocemos, que ocultamos o disimulamos es una posibilidad menos que Dios tiene para encarnarse desde lo que somos y tenemos. No debería haber temor de eucaristizar nuestros límites, de no darle ‘carne-debilidad’ al mensaje de salvación que estamos llamados a encarnar y comunicar. No hace bien a la Iglesia, cuerpo de Cristo, estar vinculada al poder, ya que no es ese el modo con el cual Dios se hace carne en medio de nosotros; no es consistente con la Palabra Creadora la autonomía que genera el desconocer el límite humano de algunos de sus miembros, ya que Jesús nunca se avergonzó de pertenecer a la raza humana (Hb 2,11); no es compatible con la vida eucarística olvidarse de los límites y pretender ser perfectos sin relacionarse con las personas tal como son.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús, Hijo de Dios, Salvador y Mesías, se dejó ver débil y limitado en Belén, perseguido en Egipto, incomprendido en Galilea, rechazado por los suyos en Cafarnaúm, dejado por sus discípulos en el monte de los Olivos, abandonado de Dios en el Calvario. Considerando estos aspectos de la vida de Jesús, ¿por qué no asumir nuestros límites a la luz de la consagración más maravillosa del amor de Dios por cada uno de nosotros? ¿Por qué no mostrar nuestra vida, tal como es y tal como la sabe Dios, en la presentación de los dones, junto con el pan y el vino que se consagrarán? Si, de verdad, aceptásemos que, tal como lo hizo en la comunidad de Corinto, «Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte;  y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para anular lo que es; para que nadie se jacte delante de Dios» (<em>1Co</em> 1,27-29), podríamos vivir intensamente nuestra vida cristiana en la confianza absoluta, no solo de nuestra pretendida santidad personal, sino también considerando los aspectos que, aparentemente no suman en esa tarea cristiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Salmo 1 contempla dos caminos para transitar en nuestra existencia. Al igual que <em>Dt</em> 30,15-20, se nos plantea las dos posibles formas de ofrendar (vivir) nuestra existencia eucarística (un ser para; una pro-existencia) en la potencialidad de elegir la vida o la muerte. ¡Tantas de nuestras elecciones de ayer, renovadas por el discernimiento de hoy serán las disposiciones que nos acompañarán mañana! Toda actualización de una decisión implica revisión de cómo estamos viviendo. Permítanme seguir los pasos del Salmo 1 y del texto del <em>Dt</em> 30,15-20. En ellos se nos habla de dos caminos: uno de muerte y otro de vida. La dinámica dual de la propuesta bíblica no da paso a lo híbrido de una vida que se vive renunciando a la propia felicidad o a una existencia insípida que nos prive del ejercicio de nuestra libertad. <em>Dt</em> 30,19 ordena: ¡Escoge, pues, la vida para que vivas! (Deu 30:19 LBA).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos sido creados para ser santos (<em>Lv</em> 11,45; <em>1Co</em> 1,2; <em>Ef</em> 1,4; <em>1Pe</em> 1,15-16), para hacer discípulos (<em>Mt</em> 28,19) y promover caminos de santidad (<em>2Co</em> 1,12; <em>1Tes</em> 3,11-13). Ello no depende de cuán perfectos seamos; más bien depende de cuán fiel somos a la elección vital de nuestro bautismo de transitar por caminos de vida (vida según Dios) o senderos de muerte (vida según nuestros únicos parámetros). Sería bueno renovar, hacer nuevo, nuestras rutas de libertad, de servicio y entrega. Una persona esclava de sí misma o un cristiano que no ha escogido la vida entregada (vida eucarística) por amor a Dios, es muy difícil que sea feliz donde le manden o que pueda ser libre para amar tanto al otro que se postergue a sí mismo. Muchas veces, nuestras malas acciones no tienen que ver con la maldad, sino con el egoísmo; no se relacionan con nuestras malas intenciones, sino con los límites no asumidos; no tienen su origen en un corazón perverso, sino en una voluntad que aun no se rinde ante Dios. La libertad es una conquista que requiere violencia interior, requiere lucha contra nosotros mismos… ¡Cuando creemos todo está muy bien, hay muchas cosas que están muy mal! Como dice el texto bíblico «el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos se apoderan de él»  (Mat 11:12 RVA).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habiendo asumido nuestras limitaciones y reconocido nuestro deseo de ser libres y felices, volvemos a preguntar si ‘queremos’ ser sanos (cf. <em>Jn</em> 5,6). La victoria sobre nuestras esclavitudes y precariedades es salvación, aunque esta se vaya dando poco a poco. El hebreo no tiene una palabra que signifique victoria, siendo que las metáforas guerreras son tan frecuentes; cada vez que se quiera hablar de un triunfo usa un término que significa ‘salvación’ (תְּשׁוּעָה: 2Sam 19,3Sal 33,17). Cada victoria sobre nuestras enfermedades, cada deseo de salir de nuestros límites son salvación si acaso ellas nos sacan más de nuestra esfera y nos ponen en la órbita en donde el centro es Dios en la persona de Jesús, quien se limitó para vivir entre nosotros con nuestra naturaleza humana a fin que nosotros podamos ser partícipes de la naturaleza divina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, una idea sobre la eucaristía, desde la consideración del límite de un pan consagrado que es el pan vivo bajado del cielo. Lo importante de la Eucaristía no es solo y exclusivamente la presencia de Cristo en la hostia consagrada; parte integrante de la acción litúrgica es el ‘verdadero ofertorio’, que es Cristo que se vuelve ofrecer al Padre como ‘pan de vida’ y ‘cáliz de salvación (Plegaria II). Es importantísimo considerar que Cristo está presente en la Eucaristía en cuanto se vuelve a entregar al Padre; esa es su acción salvadora por excelencia. En la misma línea relacional podemos dar gracias por la presencia de Cristo en los Tabernáculos de nuestras iglesias. Allí hay presencia de Jesús que difunde su poder amoroso hacia todas las personas que se acercan a la adoración eucarística en cualquiera de sus formas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es, precisamente, en nuestra dimensión relacional eucarística en donde podemos tener otra senda para nuestra santidad. La vida eucarística es siempre abierta y difusiva. Si pudiéramos darle esos matices a lo que somos, hacemos y tenemos nos bastaría para disfrutar el consuelo y la alegría del evangelio. Cada vez que compartimos, desde nuestros límites, una oración, que acompañamos a un enfermo o visitamos la cárcel; en cada oportunidad que nos arrodillamos para pedir por alguien o, solamente para decirle al Señor ‘aquí estoy, cuenta conmigo’, hay una energía de amor que se difunde hasta los más recónditos lugares. Si nuestra vida no es relacional eucarística, corremos el riesgo de transformarla en una carrera de logros personales –o, incluso, un cúmulo de buenas obras y mejores enseñanzas- que minan todo gozo espiritual y comprometen la paz existencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Diócesis de Valparaíso, Doctor en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actualmente es párroco en La Matriz de Valparaíso y docente en Facultad Eclesiástica de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Estes, J.D., «Imperfection in Paradise: Reading Genesis 2 through the Lens of Disability and a Theology of Limits», <em>Horizons in Biblical Theology </em>38 (2016) 1-21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> F. García López, <em>El Pentateuco</em>, Introducción al estudio de la Biblia 3ª, Verbo Divino, Estella 2002, 80.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> En este sentido, E. Pentium, «“Holding Sway in Companionship״: Genesis 1:26 Revisited», <em>The Greek Orthodox Theological Review</em> 56/1-4 (2011), 224.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <a href="https://www.cadem.cl/wp-content/uploads/2018/10/Track-PP-250-Octubre-S4-VF.pdf">https://www.cadem.cl/wp-content/uploads/2018/10/Track-PP-250-Octubre-S4-VF.pdf</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Documento disponible en: <a href="http://www.iglesia.cl/cartapastoral2012/texto.php">http://www.iglesia.cl/cartapastoral2012/texto.php</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> B. Chul Han, <em>La expulsión de lo distinto</em>, Herder, Barcelona 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Al respecto ver, D.J. MacLeod, «The incarnation of the Word: John 1:14», <em>Bibliotheca Sacra</em> 161 (2004), 72-74.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> La carta completa está disponible en</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="http://www.iglesia.cl/documentos_sac/31052018_1142am_5b1017d532c3f.pdf">http://www.iglesia.cl/documentos_sac/31052018_1142am_5b1017d532c3f.pdf</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Congregación para la Doctrina de la Fe, <em>Carta Placuit Deo a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la salvación cristiana</em>, 1 de marzo de 2018, Nº 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: SEBASTIÁN CORREA E.</h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>&quot;Orar en el Espíritu Santo&quot;: Espiritualidad y Pneumatología - Etienne Vetö, ccn</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/02/orar-en-el-espiritu-santo-espiritualidad-y-pneumatologia-etienne-veto-ccn/</link>
		<pubDate>Sun, 24 Feb 2019 20:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Etienne Vetö, ccn
Para citar: Vetö, Etienne; <em>"Orar en el Espíritu Santo": Espiritualidad y Pneumatología</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 396-412</h6>
<h6></h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h6 style="text-align: center;"><a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/nbfr.12195" target="_blank" rel="noopener">Este artículo de Etienne Vetö fue publicado originalmente en marzo de 2016 </a></h6>
<h6 style="text-align: center;"><a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/nbfr.12195" target="_blank" rel="noopener">en la revista inglesa <strong>NEW BLACKFRIARS</strong> bajo el título: </a></h6>
<h6 style="text-align: center;"><a href="https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/nbfr.12195" target="_blank" rel="noopener"><em>Praying in the Holy Spirit: Spirituality and Pneumatology</em></a></h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/EVETO_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>"Orar en el Espíritu Santo": Espiritualidad y Pneumatología</strong>
<strong>Rev. Dr. Etienne Vetö, ccn</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">*</a><strong> </strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">Síntesis</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mientras “orar en el Espíritu Santo” puede evocar la oración “carismática”, este artículo argumenta que, desde el punto de vista de la Sagrada Escritura, en realidad define toda oración cristiana teniendo al Espíritu Santo como sujeto principal, el cual nos guía a orar y ora en nosotros, al mostrarnos <em>a quién</em>, <em>cómo</em> y <em>por qué cosa</em> debemos orar. Esto tiene implicaciones para la espiritualidad y para la pneumatología. Por una parte, la oración ha de ser entendida como mucho más que la extensión de nuestro deseo humano hacia Dios: ella significa entrar en la voluntad de Dios, en la vida divina, y en las relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, y relacionarnos con cada uno de una manera única y diferente. De hecho, esto también ayuda a captar la esencia de la oración carismática, la cual es precisamente dejar al Espíritu orar en nosotros: carismas y «entusiasmo» son una expresión de esto y están en su lugar correcto cuando se refieren a ella. Por otra parte, el Espíritu Santo se manifiesta a sí mismo como un tipo único de persona divina, la cual actúa y habla en y a través de otros. El artículo sostiene que esta especificidad económica requiere ser reelaborada a nivel de la Trinidad inmanente de un modo nuevo: los nombres de <em>Ruah</em> y <em>Pneuma</em> nos permiten concebir al Espíritu como el Soplo más íntimo que el Padre respira (espira) en las profundidades del Hijo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Orar en el Espíritu» nos evoca escenas de personas alabando con sus manos en alto, balanceándose hacia atrás y adelante, con expresiones extáticas en sus rostros. Pertenece al vocabulario de fieles carismáticos o pentecostales. Argumentaré en este artículo que se trata en realidad de una caracterización bastante adecuada de un rasgo específico a toda oración cristiana: solo en y a través de la operación activa del Espíritu es posible la oración. Por una parte, el hecho es que la naturaleza de la oración no es que sea una extensión de nuestro deseo, sino un entrar en la actividad, voluntad, vida y relaciones de «Otro», un otro divino. <em>En passant</em>, esto debiera ayudarnos a valorar la verdadera esencia de la oración carismática, la cual no debiera fundarse en emociones o dones carismáticos, sino precisamente en lo que tiene en común con toda oración cristiana, es decir, en permitir al Espíritu Santo ser el sujeto primario de oración. Por otra parte, también nos da luz respecto de quién es la tercera persona de la Trinidad: su modo de operar en la oración nos revela lo más único de su personalidad, de su modo de ser persona divina, en comparación con el Padre y con el Hijo. Esto nos hace entrar en un territorio relativamente inexplorado, dado que la pneumatología clásica no toma plenamente en consideración esta especificidad. Argumentaré que necesitamos reelaborar nuestra comprensión del Espíritu usando como punto de partida los nombres divinos de <em>Ruah</em> y <em>Pneuma</em>. Habrá, eso sí, un punto ciego: y es que sería necesario reflexionar también sobre la actividad y libertad humanas en la oración, pero esto no será posible en los límites de este artículo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comenzaré con un estudio escriturístico de las ocurrencias de «orar en el Espíritu» y de léxicos relativamente cercanos en el Nuevo Testamento. Se trata después de todo de una noción bíblica, y las escrituras nos darán fundamentos sólidos. Luego, continuaré con una reflexión sobre las consecuencias de la enseñanza de las escrituras para nuestra comprensión teológica de la oración. Concluiré con las implicaciones pneumatológicas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Fundamento en la Escritura: Permitiendo al Espíritu Santo orar en nosotros y por nosotros</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Nuevo Testamento, «orar en el Espíritu», <em>en pneumati</em>, no es tan frecuente, dado que, de las más de 200 referencias a la oración, ocurre explícitamente solo en seis de ellas, con otras cuatro citas casi sinónimas. Como sea, la mayoría de estas se refieren a enseñanzas fundamentales sobre la oración y, especialmente, cubren todo tipo de oración: petición, agradecimiento y bendición, y alabanza – adoración que habitualmente incluyen el cuerpo. Orar <em>en pneumati</em> se encuentra principalmente y en su forma más clara en la primera categoría, la que es también, en la Biblia y en la mayoría de las religiones, el significado primario de la oración: <em>proseuchè</em> (<em>Ef</em> 6,18; <em>Jud</em> 20–21; <em>1Cor</em> 14,14-15; <em>Rom</em> 8,26) significa pedir, rogar o suplicar, por algo o por perdón. En una manera muy intensa, como en caso de desesperación, puede ser expresado por <em>krazein</em>: «gritar» o «llamar» (<em>Rom</em> 8,15; <em>Gal</em> 4,6)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[1]</a>. También puede extenderse a pedir por otros, por ejemplo, a la intercesión, <em>deomai</em> o <em>entunchanein</em> (<em>Ef</em> 6,18; <em>Rom</em> 8,26-27). <em>En pneumati</em> también se encuentra en el caso de oraciones de alabanza, por ejemplo, <em>proskunèsis</em> (<em>Jn</em> 4,23-24). El acceso dado al Padre <em>en heni pneumati</em> en <em>Ef</em> 2,18 es entendido por la mayoría de los exégetas en un sentido litúrgico, por lo que puede ser asimilado a una alabanza. Sorprendentemente, la acción de gracias y la bendición (<em>eucharistein, eulogein, exomologesthai</em>) y el estrechamente relacionado «cantar» (<em>adein</em> o <em>psalein</em>), son más raramente realizados «en el Espíritu», pero en <em>Lc</em> 10,21 Jesús exulta «en el Espíritu Santo». Otras dos expresiones relacionadas con agradecer y bendecir a Dios son muy cercanas: <em>tô pneumati</em>, por ejemplo, a través/con el Espíritu (<em>1Cor</em> 14,16-17), y <em>pneumatikos</em>, por ejemplo, espiritual, o mejor aun: «pneumatico», porque quiere decir «desde el Espíritu Santo» (<em>Ef</em> 5,18; <em>Col</em> 3,15b-17).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.1 La fuerza conducente del Espíritu inspira el a quién, el qué y el cómo de la oración</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué quiere decir orar <em>en pneumati</em>?<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[2]</a> En general, en el Nuevo Testamento, hacer algo <em>en pneumati</em> significa ser guiado o controlado por el Espíritu: «[Simeón] por (<em>en</em>) el Espíritu vino al Templo» (<em>Lc</em> 2,27); «[Jesús] fue conducido por (<em>en</em>) el Espíritu al desierto» (<em>Lc</em> 4,1). También significa estar inspirado por el Espíritu para decir o comprender algo, como en la inspiración de los Salmos: «David mismo dijo por (en) el Espíritu Santo» (<em>Mc</em> 12, 36; véase también <em>Mt</em> 22,43 o <em>Hch</em> 19,21). Hacer algo <em>en</em> el Espíritu quiere decir que el Espíritu está haciendo algo <em>en</em> nosotros. Por esto Gálatas 4,6, donde el Espíritu es el sujeto que grita en nuestros corazones, pertenece plenamente a las citaciones de orando en el Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este caso específico de oración el Espíritu Santo está haciendo al menos cuatro cosas. En primer lugar, está conduciendo al orante a orar, como queda ejemplificado por Jesús en <em>Lc</em> 10,21 y explicado por Romanos 8,14: «aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios». En <em>Rom</em> 8, ser guiado por el Espíritu no solo concierne a la oración, pero la oración es claramente parte de ello. <em>Agasthai</em> puede tener un amplio repertorio de significados, tal como dejar el camino abierto a otro, o ser guiado - como el pueblo de Israel en el desierto - o incluso ser conducido y controlado por una fuerza que nos compele, a la cual uno se ha rendido (ver <em>2Tim</em> 3,6). Sea cual sea el significado preciso, hay claramente una dimensión activa del Espíritu que nos lleva a comenzar a orar - lo que es ya en sí mismo milagroso, como muestra nuestra experiencia - y nos guía durante la oración.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, el Espíritu nos inspira respecto de <em>a quién</em> debemos orar y nos da acceso a él. <em>Rom</em> 8,15 asegura que el Espíritu nos hace gritar: ¡Abbá! ¡Padre! Y Gálatas 4,6 asegura que es el Espíritu mismo quien clama esto en nuestros corazones. La expresión aramea «Abbá» es una referencia directa a la oración de Jesús (cf. <em>Mc</em> 14,36). La oración <em>en pneumati</em> significa una transferencia de la oración de Jesús al cristiano: orar significa entrar en la oración de Jesús, en su relación con el Padre. La misma idea queda manifiesta cuando <em>Ef</em> 2,18 asevera que «en un Espíritu» tenemos «acceso al Padre»: el único Espíritu habilita a los orantes a entrar en comunión con Dios como Padre. <em>Jn</em> 4,23 probablemente hace eco de esto, puesto que alabar a Dios «en Espíritu y en verdad» significa alabarlo como Padre en Jesucristo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En tercer lugar, el Espíritu nos inspira respecto de <em>por qué cosa</em> orar y, en cuarto lugar, en <em>qué modo</em> debemos orar. <em>Rom</em> 8,26 explica ambas cosas de una manera bastante complicada: «no sabemos orar como es debido». El <em>por qué cosa</em> rezar significa por qué cosa pedir: Juan Crisóstomo explica que, sin el Espíritu, nosotros no sabemos lo que es verdaderamente útil para nosotros y para la Iglesia; mientras san Agustín, seguido por santo Tomás de Aquino y por Calvino, sugiere que los «gemidos» inspirados por el Espíritu están dirigidos hacia la vida eterna, que no podemos desear completamente sin el Espíritu<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[3]</a>. En tanto, respecto del <em>modo</em> en que oramos, santo Tomás subraya que sin el Espíritu no tenemos plenamente «deseos justos», por ejemplo, deseos de acuerdo al orden de la caridad<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[4]</a>. Exegetas contemporáneos insisten más en el hecho que solo el Espíritu Santo puede adaptar nuestra oración al período escatológico en que nos encontramos: los cristianos, que pertenecen a dos épocas, necesitan ser entrenados para desear de un modo nuevo<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[5]</a>. Ambas cosas, el <em>qué</em> y el <em>cómo</em> están relacionadas, porque solo cuando oramos de acuerdo a la caridad y en la perspectiva de la nueva dimensión escatológica, comprendemos cuál es la voluntad de Dios y, por lo tanto, sabemos por qué cosa orar.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.2 Universalidad, sujetos interrelacionados, dimensión trinitaria</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Otros tres comentarios van a completar el cuadro de qué significa orar en el Espíritu y de qué cosa está en juego. Primero que todo, el hecho de que los tres: pedir, agradecer y alabar, pueden ser <em>en pneumati</em>, muestra en breve qué es la oración cristiana. En efecto, algunos exégetas consideran la oración <em>en pneumati</em> como la oración en lenguas (<em>glossai</em>), porque <em>1Cor</em> 14,14 equipara una con la otra. Ellos se basan también en la comprensión que tiene Orígenes de los «sonidos inefables» de <em>Rom</em> 8,26 como de que se tratara de glosolalia<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[6]</a>. A la inversa, J. Fitzmyer hace de <em>1Cor</em> 14,14-17 una excepción, porque lo entiende como oponiendo la oración en el espíritu con la oración en la mente (<em>nous</em>)<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[7]</a>. Yo tiendo a estar de acuerdo con la vía media<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[8]</a>. Por una parte, orar en el Espíritu puede incluir el don de lenguas, porque <em>1Cor</em> 14,14-17 no rechaza la glosolalia sino que sostiene ambos tipos de oración. Por otra parte, suele ser mucho más amplio: los gemidos <em>alaletos</em> (sin palabras) en Romanos no pueden ser idéntico al <em>lalein</em> (hablar) en lenguas. De hecho, el hablar en lenguas no es la cuestión. El punto central es que sin que el Espíritu nos muestre quién, cómo y por qué cosa orar, la oración es simplemente imposible, tal como Juan Crisóstomo había correctamente percibido: «Si el Espíritu Santo no existió, nosotros los creyentes no podríamos siquiera ser capaces de orar a Dios»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[9]</a>. Orar en el Espíritu Santo no es un tipo de oración, es simplemente la oración cristiana.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro aspecto central es lo íntimamente interrelacionadas que están las acciones del Espíritu Santo y del orante, sin jamás fusionarse completamente. Por el contrario, el Espíritu está definitivamente actuando desde el interior, muy hondamente desde adentro. En <em>Rom</em> 8,27 («aquel que escruta nuestros corazones conoce la mente del Espíritu») el sentido de inmanencia es muy intenso: dado que <em>kardia</em> es el centro oculto de la persona, la fuente de sus decisiones y pensamientos, que solo Dios conoce, uno puede entender que el Espíritu está escondido en las profundidades interiores de nuestra mente y emociones hasta el punto de estar escondido para nosotros también. Más aun, algunas veces podemos preguntarnos quién esta orando, el orante o el Espíritu. En <em>Rom</em> 8,15, el orante clama en el Espíritu, mientras que en <em>Gal</em> 4,6 el Espíritu mismo clama en nuestros corazones. En <em>Ef</em> 6,18 hemos de interceder en el espíritu, pero en <em>Rom</em> 8,26-27 el Espíritu mismo intercede por nosotros. Finalmente, el Espíritu se hace a sí mismo casi humano, al pedir, clamar o gemir. Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, rechaza tomar esto literalmente: a Dios no puede faltarle nada, por lo tanto, Él no puede pedir; mucho menos puede gemir o quejarse como una creatura pasible. Así es que el significado es que el Espíritu inspira al orante a gemir y quejarse…<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[10]</a>. Como sea, el texto de <em>Rom</em> 8,26 es muy claro: el Espíritu está haciendo el gemido. El Espíritu esta «respaldando» nuestra debilidad, se está haciendo a Sí mismo humano por nosotros.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Así, el orante y el Espíritu no se fusionan: Pablo considera claramente que hay dos actores. Por una parte, orar <em>en pneumati</em> no es contrario a hacer uso de las facultades humanas. Las involucra, y mientras más, mejor, especialmente si tenemos comprensión de lo que está sucediendo. De acuerdo a <em>1Cor</em> 14,14-17, orar en el Espíritu Santo es bueno, pero orar con el Espíritu <em>y</em> con nuestra mente (<em>nous</em>) es mejor. Por otra parte, la trascendencia del Espíritu es irreductible. Aun cuando estamos llamados a usar nuestras mentes, no entendemos ni las lenguas ni los gemidos, ni la intercesión del Espíritu en nosotros (ver <em>Rom</em> 8,26-27; <em>1Cor</em> 14,14.16). «El Espíritu mismo se hace testigo <em>con</em> nuestro espíritu (<em>tô pneumati hèmôn</em>)» (<em>Rom</em> 8,16) más que <em>para</em> nuestro espíritu<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[11]</a>. Esto subraya el hecho de que ambos, el orante y el Espíritu Santo, actúan juntos para dar testimonio a través de la declaración: ¡Abbá! ¡Padre! en un modo fascinante de íntima y honda interrelación de dos sujetos distintos.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, orar <em>en pneumati</em> implica no solo al Espíritu Santo, sino que se trata de algo Trinitario. Judas 20-21, por ejemplo, tiene una estructura Trinitaria distintiva: «…orando en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo». En Romanos 8,15 el Espíritu es un «Espíritu de filiación», que nos hace clamar «¡Abbá! ¡Padre!» y en Gálatas 4,6 Dios el Padre envía «el Espíritu de su Hijo». Aun más explícito es Efesios 2,18 puesto que el acceso dado en el Espíritu es al Padre a través (<em>dia</em>) de Cristo Jesús.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En el Nuevo Testamento, «orar en el Espíritu Santo» significa orar bajo la fuerza conducente del Espíritu que inspira en nosotros el quién, el qué y el cómo. No es un tipo específico de oración, sino la forma que debiera tener toda oración cristiana, sea para rogar, agradecer o alabar. <em>En pneumati</em>, la oración es «realizada» por dos sujetos íntimamente entrelazados, pero distintos: el Espíritu Santo y el orante. Pero el Espíritu en las profundidades de nuestros corazones nos abre al Hijo y al Padre. Ahora que el significado escriturístico de orar en el Espíritu ha quedado establecido, es posible reflexionar en sus implicancias teológicas, tanto para la oración como para la persona del Espíritu Santo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Teología de Espiritualidad: Orando en otro que uno mismo</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Trabajar las consecuencias, en particular, el rol activo del Espíritu Santo y la dimensión trinitaria de orar <em>en pneumati</em>, ofrecerá una comprensión más profunda de la espiritualidad cristiana en cuanto permitiendo a «Otro» ser el sujeto de nuestra oración. Esto también nos dará la oportunidad de evaluar la relación entre «orar en el Espíritu» y la oración carismática.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.1 Entrar a través de la alteridad del Espíritu Santo en la voluntad, en las relaciones y en la vida divina</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La oración no es una actividad que el orante hace por sí mismo o por sí misma, sino que es algo realizado en él o ella y, por supuesto con él o ella, pero realmente realizado por Otro. Y este Otro es nada menos que el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y del Padre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto significa, antes todo, que orar implica un modo de rendir nuestra voluntad al Espíritu Santo. Dado que no sabemos por qué cosa pedir ni cómo pedir, debemos dejar de lado la percepción de nuestras necesidades, dejar de lado nuestros deseos y entrar en los deseos y la voluntad de otra persona (divina). Congar subraya el hecho de que orar no es solo «extender» nuestros deseos y nuestra petición a un ser superior más capaz que nosotros de cumplirlos, sino dejar que nuestro deseo sea transformado, dejar que la voluntad de Dios se haga la nuestra: «Entonces, Dios es reconocido como Dios. Orar verdaderamente, es permitir que Dios sea Dios, no una extensión de nuestros brazos demasiado cortos»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[12]</a>. Congar agrega que es el opuesto de la oración expresada por el francés noble y soldado, La Hire: «Señor, haz ahora por La Hire lo que La Hire haría por ti si tu fueras La Hire y La Hire fuera Dios». También se refiere al análisis teológico–sicológico de J.-Cl. Sagne, un hermano dominico, pero también miembro de la comunidad <em>Chemin Neuf</em>. Un «deseo» se convierte en una «petición» cuando es dirigido a otro, y de tal manera es reconocida la alteridad del otro. Paradojalmente, este proceso es completado entregando al mismo tiempo la propia necesidad. Sagne traspone esto a un nivel espiritual:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Lo que está en juego en la oración es el ser capaz de desear el deseo de Dios, de desear lo que Dios desea y permitir a Dios desear en nosotros. Esto ocurre en particular cuando nuestro deseo no se cumple, cuando debemos confesar aquello que nos falta… El Espíritu educa nuestro deseo, lo expande y lo ajusta al deseo de Dios, dándole el mismo objeto»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[13]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por supuesto, este movimiento no es evidente a uno mismo, ni realizado de una vez y para siempre. Los ejemplos principales de oración dados por la Escritura son los salmos, los cuales a veces llevan al orante a entrar en la voluntad de Dios, pero muy a menudo ellos también expresan las emociones tan humanas de temor, angustia, enojo, deseo de venganza, violencia… Por una parte, Dios nos pide entrar en su voluntad; pero, paradojalmente, por otra parte, todos estos deseos naturales pueden ser recogidos en la oración, especialmente cuando enfrentamos situaciones extremas de angustia o sufrimiento. Ahora bien, esto también corresponde a un aspecto de la acción del Espíritu Santo en nosotros, a saber, su capacidad de cargar con las dimensiones más débiles y oscuras de nuestra existencia, de ser más «humano» de lo que nosotros somos<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[14]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cierto modo, aun más que entrar en el deseo y la voluntad de Dios, la oración introduce al orante en la «oración» del Espíritu Santo al Padre: el Espíritu está clamando al Padre y dirigiendo sus gemidos a Dios. El aspecto trinitario de la oración <em>en pneumati</em> muestra que orar significa en realidad, ser insertado en la esfera de las relaciones divinas entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. La oración no es solo algo que está ocurriendo entre Dios y yo, sino que es mucho más amplio, es anterior a mí: algo ya está ocurriendo entre el Espíritu, el Hijo y el Padre, y el Espíritu me habilita para unirme a eso. Esta es la razón por la cual Pablo subraya el hecho de que no entendemos, y por la cual Crisóstomo afirma que la oración es imposible sin el Espíritu Santo: estamos entrando en otra dimensión, aquella de la vida divina. No debiera sorprendernos entonces, que orar sea tan difícil. Parafraseando la expresión de Barth, «Solo Dios puede hablar sobre Dios»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[15]</a>, podemos decir: solo Dios puede hablar a Dios (y habilitarnos para hacer lo mismo).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por supuesto, el entrar en la vida divina y en las relaciones Trinitarias no puede sino transformar al orante. Como S. Coakley lo dice: «Dentro de aquel diálogo divino sin fin entre Espíritu y Padre el orante cristiano es así tomado, y por tanto transformado, convirtiéndose en co-heredero con Cristo»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[16]</a>. Esto explica de una manera más profunda lo que significa para el Espíritu hacernos entrar en la oración de Jesús a su <em>Abbá</em>; explica por qué Pablo lo denomina «Espíritu de filiación» (<em>Rom</em> 8,15): entrando en esta relación de hecho nos conforma a Cristo y nos hace hijos e hijas del Padre. La oración está íntimamente unida al proceso de filiación adoptiva o divinización-deificación que es el todo de la salvación y de la vida cristiana. La expresa y contribuye a ella sumergiéndonos de un modo más consciente en la vida donada y en las relaciones transformantes entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Por esto la espiritualidad cristiana tiende a considerar que la oración no está reservada solo a momentos específicos en la vida, sino que debe convertirse en permanente, como es testificado por las invitaciones paulinas a «orar en todo momento» (<em>Ef</em> 6,18) y a «orar continuamente» (<em>1Tes</em> 5,17). La oración está relacionada de un modo profundo e intenso con la salvación y es así coextensiva con el todo de nuestra existencia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.2 Oración en el Espíritu Santo y oración carismática</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Aun cuando «orar en el Espíritu» es simplemente oración cristiana, es habitualmente asociado con formas carismáticas de oración. Ahora que sabemos con más precisión lo que es, estamos mejor preparados para comprender si caracteriza o no la espiritualidad carismática.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dejar al descubierto la verdadera esencia de la oración carismática es crucial, porque no es algo obvio. Muchos dirían que la característica principal es el lugar dado a las emociones y su libre expresión, otros optarían por el regreso de los dones carismáticos. Yo creo que el verdadero núcleo de la oración carismática está exactamente en lo que ha sido desarrollado hasta ahora sobre la oración «<em>en pneumati</em>», y que nuestro estudio nos ayuda a distinguirla de estos aspectos más visibles pero más superficiales. Es una oración guiada e inspirada por el Espíritu, donde Dios es una parte activa, e incluso el sujeto principal, y en la cual el orante debe entrar como en una dimensión nueva y omniabarcante para su vida. Un excelente estudio sociológico y teológico sobre la experiencia carismática realizado por la Comisión doctrinaria de la Iglesia Anglicana señaló con precisión que «la gente ha encontrado de un modo nuevo que la oración es una “relación de dos vías”, no es solo hablar a Dios, sino Dios (el Espíritu Santo) ya cooperando en la oración de cada uno, energizándola desde dentro, y no menos respondiendo a ella, atrayendo nuevamente e invitando a una nueva aventura»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[17]</a>. Esto es una expresión articulada de lo que en círculos carismáticos es habitualmente llamado una «relación viva» con Dios. El mismo estudio agrega que la oración se ha convertido en «un hilo unificador en la vida de cada uno, “una relación omniabarcante”, de tal manera que la oración pasa a ser ya no una actividad (o tarea) entre otras, sino la fuente de todas las actividades»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[18]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De todos modos, la comprensión teológica y escriturística adquirida hasta ahora ayuda a evitar un riesgo inherente a la centralidad de la participación activa del Espíritu, esta es la dificultad de hacer frente a la sequedad y el fracaso. Si Dios está actuando, entonces ¿no debiera ser la oración siempre gozosa? ¿No debiera recibir siempre una respuesta? No exactamente: si orar en el Espíritu significa someter la voluntad y los deseos del orante al «Otro», ello implica ciertamente que las oraciones no serán respondidas en el modo que el orante deseaba y esperaba al inicio.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más aun, una vez que la esencia de la oración carismática es clarificada, es más fácil valorar sus otras dimensiones, las cuales encuentran su lugar correcto en relación a la centralidad de la acción de Dios. Los dones carismáticos son legítimos y fructíferos cuando ellos son considerados no solo en sí mismos, sino como las expresiones más visibles y, por decir, concentradas de una oración en la cual el Espíritu ora en nosotros, nos guía y nos inspira. En tanto, respecto de la dimensión emocional, si el Espíritu asume todo nuestro ser y obra en las ocultas profundidades de nuestro corazón, esto naturalmente va a llevarnos a una integración de nuestros sentimientos en nuestra relación con Dios. Aun más importante, lo que parece ser emocional debiera ser mejor entendido algunas veces como «entusiasmo» en su significado etimológico de inhabitación divina, es decir, una expresión de rendirse ante la actividad del Espíritu en nosotros, como ante una fuerza superior. De forma significativa, haciendo eco de la experiencia pentecostal, <em>Ef</em> 5,18 compara el estar lleno del Espíritu con el estar ebrio: « No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo», es decir, elijan el mejor tipo de ebriedad<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[19]</a>. Como sea, en ambos casos, la exhortación de Pablo a acoger verdaderamente la «oración en el Espíritu» pero también a completarla con la oración «con la mente (<em>tô noi</em>)» (<em>1Cor</em> 14,15) debiera ayudar a evitar exageraciones y preservar el rol completo del orante: se trata verdaderamente de un acto con dos actores.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las implicaciones de la enseñanza del Nuevo Testamento en cuanto a la oración <em>en pneumati</em> son bastante ricas para el campo de la teología espiritual. El hecho que sea Dios mismo quien obra, da una perspectiva muy específica en la oración. Más que pedirle a un Ser Superior en momentos particulares por aquello que percibimos sean nuestras necesidades y deseos, la oración es un proceso continuo de entrar en la voluntad de Dios, vida interior y relaciones Trinitarias, y ser transformado por ellas. Más que un cierto tipo de actividad humana, la oración es «un acto con dos actores». Este es también el verdadero núcleo y esencia de la oración carismática. Percibir esto puede ayudar a la Renovación Carismática a comprenderse mejor a sí misma, y así, contribuir mejor a toda la Iglesia. La vocación de las distintas espiritualidades es centrarse en alguna de las dimensiones fundamentales de la oración, la cual ella no ha inventado, pero que es suya para nutrir a los demás, como para recordar a los otros que es parte también de su ADN. Por lo tanto, la oración carismática debiera ayudar a todas las espiritualidades a redescubrir que la oración es fundamentalmente «en el Espíritu».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Pneumatología: Ruah-Pneuma, un modo único de ser persona</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La enseñanza bíblica sobre la «oración en el Espíritu» tiene consecuencias no solo para nuestra comprensión de la vida espiritual, sino también para nuestra comprensión del Espíritu Santo en sí mismo. ¿Qué significa para el Espíritu Santo, en cuanto persona divina, ser tan inmanente y trascendente, ser completamente sí mismo y al mismo tiempo estar tan íntimamente vinculado con la persona del orante? De hecho, esto apunta a una característica general de la tercera persona divina que incluye más que su rol en espiritualidad: el Espíritu Santo es persona de un modo del todo único, de un modo que es diferente del Padre y del Hijo o, para decirlo de otra manera, la noción de persona divina es análoga.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto ya ha sido desarrollado en la pneumatología contemporánea: ha sido aludido por Rahner y Balthasar, y B. Sesboüé lo ha expuesto especialmente respecto al Espíritu Santo<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[20]</a>. El Espíritu Santo es la menos «personal» de las tres hipóstasis divinas, es «anónimo», un «ser personal» o un <em>Überperson</em>, más que una persona en cuanto tal. Esto viene del hecho de que mientras el Hijo tiene un rostro humano y el Padre va a ser visto «cara a cara» en la vida eterna (<em>1Cor</em> 13,12), el Espíritu es «sin rostro»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[21]</a>. De hecho, he escogido hablar del Espíritu como un «aquel» [«it», artículo neutro en inglés] desde el inicio de este artículo. Los nombres y metáforas para él no están tomados del mundo humano sino de la naturaleza: soplo, viento, agua, fuego, una paloma o una fuerza (<em>dunamis</em>). Resulta bastante interesante que la mayoría de estos elementos son capaces de penetrar otras realidades y hacerse interior a ellas. El Espíritu es considerado una persona porque habla y es bastante activo y dinámico. Sin embargo, no hay un verdadero diálogo con Él: el Padre y el Hijo nunca se dirigen ellos mismos a Él, en tanto que los seres humanos solo escuchan sus inspiraciones y lo invocan. El Espíritu habla y actúa solo a través y en otros – como hemos visto arriba con la inmanente, entrelazada actividad del Espíritu en la oración – y no tiene palabras ni obras personales, dado que siempre se refiere a lo que el Padre y el Hijo han dicho y hecho<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[22]</a>. Por supuesto, Cristo también muestra al Padre, pero lo muestra mostrándose Él mismo; el Espíritu muestra a Cristo desapareciendo. No hay una relación cara a cara con el Espíritu, sea para nosotros como para el Padre y el Hijo. A modo de consecuencia, el ser personal del Espíritu Santo no es un ser sustancial, sólido, un <em>ad se</em> con una forma claramente definida, sino que es, por así decir, aéreo, atmosférico, líquido. El Espíritu encuentra su identidad estando fuera de sí mismo en otros. De un modo extático, casi erótico, Él puede estar en otro y el otro en él<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[23]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como sea, estos autores se instalan en un nivel económico, mientras yo creo que es necesario comprender la personalidad específica del Espíritu en un nivel intra-trinitario, porque la economía manifiesta la <em>theologia</em>, la que a su vez funda la <em>oikonomia</em>. ¿Qué significa para la vida al interior de Dios el que una persona divina sea «sin rostro» y «aérea»? ¿Qué significa que el Espíritu esté profundamente «dentro» y «entrelazado», no solo en los seres humanos, sino también <em>en el Padre y en el Hijo</em>; de tal manera que él es «Él mismo» a través y en ellos? Mi metodología será desarrollar la relación eterna del Espíritu con el Padre y el Hijo, permaneciendo lo más fiel posible a la economía que la revela. Argumentaré que el mejor modo para hacer esto es desentrañar completamente las determinaciones contenidas en el principal nombre dado a la tercera hipóstasis en las Escrituras, a saber, <em>Ruah</em> y <em>Pneuma</em>. Más que cualquier otra noción usada para captar quién es el Espíritu Santo, este nombre corresponde a las características que hemos mostrado hasta ahora.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.1 Soplo (<em>Ruah-Pneuma</em>): el nuevo antiguo nombre del Espíritu</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desarrollar un nombre es de hecho lo que los Padres de la Iglesia hicieron para comprender la primera y segunda hipóstasis. Siendo llamados «Padre» e «Hijo», es coherente que el primero «genera» al segundo comunicándole su sustancia. Este proceso es un modo de desplegar la metáfora de la paternidad y la filiación. Por su puesto, puede ser extraño hablar de metáfora en relación a los nombres de Padre, Hijo y <em>Ruah-Pneuma</em>, pero Barth, por ejemplo, subraya el hecho que toda palabra humana, aun los nombres revelados de Dios, son inadecuados. De todos modos, entre todos, estos nombres personales ofrecidos por la Escritura son los menos inadecuados<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[24]</a>. Podemos entonces desplegarlos, para desarrollar su contenido, en tanto también nosotros comprendamos la limitación fundamental de este proceso. Ahora, yo pienso que este recorrido solo ha sido insinuado respecto del Espíritu. Los teólogos orientales cautelosamente han declarado que la procesión del Espíritu es «desconocida»<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[25]</a>. La teología occidental ha desarrollado de hecho otras metáforas – amor y don – pero, curiosamente, no el principal nombre bíblico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer significado de ambos <em>ruah</em> y <em>pneuma</em> es viento o respiro<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[26]</a>. Ahora bien, respiro es una de las realidades más interiores e íntimas de cualquier ser viviente. Él permea en cierta forma todo el cuerpo para ofrecerle vida y movimiento. Más aun, aunque sin él el cuerpo estaría inanimado, en sí mismo él es insubstancial y «aéreo». Sin el ser al cual habita sería dispersado, no tendría dónde descansar. Por otra parte, el respiro puede ser exhalado: algo de las regiones más profundas de nuestro ser puede ser también lo más exterior a nosotros. Como tal, el respiro es inmanente y trascendente, y mucho más que otras dimensiones exteriores de mi ser, como la piel. Finalmente, es posible respirarlo dentro de otro ser, sea a un globo o a otra persona, como es el caso en la respiración boca a boca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, las Escrituras nos dicen que Dios tiene un Respiro con el cual da vida e inspira (Cf. <em>Gn</em> 2,7; <em>Sal</em> 33,6). Esto puede ser desarrollado o volcado al nivel intra-Trinitario como profundamente arraigado, una respiración interior, algo íntimo y que lo impregna todo. Este Respiro es exhalado, respirado sobre el único «otro» en Dios, la segunda hipóstasis, para convertirse en algo profundamente íntimo en esta hipóstasis, que pertenecerá a ella sin ser idéntico a ella. ¡Hay un <em>interior intimo meo</em> en la Trinidad! Mientras el Padre sitúa al Hijo como una realidad substancial, por así decirlo, «fuera» de sí mismo, el Respiro no es situado, él está dentro de los otros dos, más que «en frente» o «de cara» a ellos. En ambos, el Padre y el Hijo, el Respiro se mueve y circula – de cierto modo es más dinámico que los otros dos – pero no tiene actividad plenamente autónoma, dado que su movimiento viene de ser exhalado e inhalado (o al menos recibido). Él está «vivo» y da vida y movimiento, pero a otro distinto de sí mismo. Todo esto corresponde bien a la manifestación del Espíritu en la economía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desarrollar el nombre de <em>Ruah-Pneuma</em> viene también corroborado por la importancia que la teología Trinitaria clásica da a la procesión, como una dimensión fundamental en la identidad personal de la persona divina: sea que uno diga que el Hijo es Hijo porque es generado por el Padre (Buenaventura), o que su procesión es una generación porque él es Hijo y el Padre es Padre (Aquino), hay un vínculo evidente entre el tipo de procesión y quién es la persona<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[27]</a>. Ahora bien, en la teología occidental, la procesión de la tercera persona es llamada <em>spiratio</em>, es decir espiración, exhalación. En tal caso, es bastante coherente entender una persona ante todo como un Respiro: la generación «produce» un Hijo, la espiración «produce» un Respiro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por supuesto, este proceso es legítimo no solo si corresponde a la Trinidad revelada en la economía, pero debe ser aplicado con mucha cautela: la subida de la economía a la inmanencia necesita absolutamente contener una dimensión apofática robusta, es decir, estar acompañada de una purificación de la metáfora similar a la que se aplica en la comprensión progresiva de las personas del Padre y del Hijo. Por ejemplo, habría que ser extremadamente riguroso en purificar la noción de respiro de cualquier dimensión espacio-temporal: es algo co-eterno con la existencia del Padre y con la generación del Hijo; y habitar o expirar son solo imágenes espaciales de lo que realmente son las relaciones entre las personas, tal como es la noción de <em>perichoresis</em>, por ejemplo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3.2 Siendo una persona – y volvamos a la oración en el Espíritu Santo </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La dificultad más grande con esta comprensión de la persona del Espíritu Santo es que ella implica una muy «débil» concepción de su personalidad: ¿cómo podemos nosotros relacionarnos con un Respiro insubstancial circulando entre el Padre y el Hijo? ¿Cómo concebirlo de la Trinidad en cuanto tres hipóstasis iguales? Yo creo que esto en realidad no es más difícil que con los nombres clásicos de Amor y Don, o el concepto más bíblico de <em>dunamis</em><a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[28]</a>. Más aun, es exactamente a lo que hemos estado apuntando: este concepto de Respiro expresa, a nivel intra-Trinitario, el modo específico de ser persona, que es manifestado en la economía. Considerándolo todo, el Espíritu en cuanto Respiro eterno del Padre y del Hijo respeta y da un fundamento intra-Trinitario a su «falta de rostro» y a su dimensión inmanente-trascendente en la economía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, más que tratar de encontrar rasgos comunes entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, sería más útil desarrollar las diferentes facetas de personalidad en la Trinidad, las cuales cada hipóstasis expresa de un modo único. El ser una persona para el Padre significa ponerse a sí mismo, ser fuente y fin de la vida Trinitaria. El Hijo es persona recibiéndose a sí mismo, y en la tradición occidental, co-colocando a otro. Y sabemos que el Espíritu es la persona que existe en, por y a través de otros. Esto puede darnos luz respecto de la persona humana, aun sabiendo que las nociones antropológica y divina de persona son también solo análogas entre ellas. Una persona humana se sitúa y se completa ella misma al crear y al dar; pero también al recibir y actuar con otros; y finalmente, de un modo esencial, al retirarse para permitir a otros ser ellos mismos, al inspirarlos, y al estáticamente o «eróticamente» entrar en la intimidad del otro y ser ella misma en el otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, la forma en que las tres dimensiones de la personalidad divina son verdaderamente específicas, puede ayudar a desarrollar completamente la dimensión trinitaria de orar <em>en pneumati</em>, según lo muestran las escrituras. En la oración, nuestra relación con cada persona es diferente. El Padre es fuente y fin de nuestra plegaria: lo alabamos, le rogamos, y confiamos nuestras vidas a Él. Lo escuchamos en cuanto él profiere su Palabra. El Hijo tiene un rostro humano; mientras adoramos al Padre en su misterio, contemplamos al Hijo en su humanidad. Él es nuestro compañero, a quien seguimos, con quien dialogamos y a quien tratamos de conformar nuestras vidas. ¿Y el Espíritu? Como ya sabemos, oramos en Él o Él ora en nosotros: no lo adoramos ni lo contemplamos, pero lo invocamos y lo dejamos obrar en las escondidas profundidades de nuestros corazones<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[29]</a>. No habla en persona, pero nos hace escuchar al Padre y su Palabra. Es el más cercano a nosotros, pero al mismo tiempo desaparece en presencia de los otros dos, como para llevarnos, casi empujarnos, hacia ellos<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[30]</a>. Por supuesto, esta cualidad dinámica del Espíritu nos recuerda que las distinciones y especificidades no significan separación. Por el contrario, aun cuando nos relacionamos de modo diferente con cada persona, no podemos nunca relacionarnos solo con una, dado que el Espíritu, al sumergirnos en las relaciones Trinitarias, nos lleva al Hijo, a través del cual accedemos al Padre<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[31]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La expresión bíblica «orando en el Espíritu Santo» nos da definitivamente una clave muy importante para comprender tanto la espiritualidad cristiana como la tercera persona de la Trinidad. La oración es siempre <em>en pneumati</em>, porque significa dejar que el Espíritu Santo ore en nosotros, mostrándonos <em>a quién</em>, <em>cómo</em> y <em>por qué cosa</em> debemos orar; significa entrar en la voluntad y vida divinas, entrar en las relaciones entre Padre, Hijo y Espíritu, y relacionarnos con cada uno de manera diferente. El Espíritu Santo se manifiesta a sí mismo como un tipo único de persona divina, que actúa y habla en y a través de otros, porque en la Trinidad es el Soplo más íntimo que el Padre expira en las profundidades del Hijo. Por supuesto aun hay mucho que debe preguntarse respecto de la dimensión antropológica de «orar en el Espíritu»: ¿cuál es el rol específico del orante?, ¿cómo es que su propia libertad y actividad se ven de hecho aumentadas por la participación efectiva del Espíritu? Esto sería especialmente relevante cuando tratamos de la oración carismática, donde la dimensión humana pudiera no siempre ser completamente reconocida. Espero, de cualquier modo, que este estudio haya al menos ayudado a ambos extremos, a los «embebidos en el Espíritu» (<em>Ef</em> 6,18), carismáticos elevando oraciones con las manos en alto, y a los sobrios, serios orientados por el nous, «no-carismáticos», a comprender mejor el centro de la espiritualidad carismática y el don que tiene para ofrecer a la Iglesia toda: que el sujeto principal de la oración es el Santo <em>Ruah-Pneuma</em> de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">*</a> El Padre Etienne Vetö, sacerdote católico de la comunidad Chemin Neuf, es profesor extraordinario de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma y Doctor en teología por el Centre Sèvres, Facultés Jésuites de Paris. La traducción al español del texto original en inglés fue realizada por el padre Pablo Arteaga E.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[1]</a> El «gritar» tiene este significado en el Antiguo Testamento: «Yo grité en alta voz al Señor, y él me respondió» (Sal 3,5); véase también Ex 22,23; Sal 17,6; 18,7; 30,3; 34,18; 88,2.10; 107,13 (ver J.A. Fitzmyer, <em>The Anchor Bible</em>, 33, <em>Romans</em>, Doubleday, New York-London-Toronto-Sydney-Auckland, 1993, p.501).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[2]</a> La reflexión en esta sección está basada en los siguientes comentarios: J. A. Fitzmyer, <em>The Anchor Bible, Romans</em>; J. D. G. Dunn, <em>Word Biblical Commentary</em>, 38, <em>Romans 1-8</em>, Word Books, Waco, 1988; R. J. Bauckham, <em>Word Biblical Commentary</em>, 50, <em>Jude, 2Peter</em>, Word Books, Waco, 1983; M. Barth, <em>The Anchor Bible, Ephesians 1-3</em>, Doubleday, New York, 1974; R. E. Brown, <em>The Anchor Bible, The Gospel According to John (i-xii)</em>, Doubleday, New York, 1966, pp.180-181; F. Lestang, “Paul et l’Esprit-Saint”, lecturas no publicadas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[3]</a> Ver Ioannes Chrysostomos, <em>The homilies of S. John</em> <em>Chrysostom… on the epistle of St. Paul the Apostle to the Romans</em>, Parker, Oxford, 1841, 251-252; P. F. Landes (ed), <em>Augustine on Romans, Propositions from the Epistle to the Romans, Unfinished Commentary on the Epistle to the Romans</em>, Scholar Press, Chico, 1982, p.27; Th. Aquinas, <em>Super Epist. Ad Romanos</em>, VIII, <em>lectio </em>5; D. W. Torrance, Th. F. Torrance (ed), <em>Calvin’s New Testament Commentaries, The Epistles of Paul to the Romans and Thessalonians</em>, Eerdmans, Grand Rapids, 1980<sup>2</sup>, pp.177-178.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[4]</a> Ver Tomás de Aquino, <em>Super Epist. Ad Romanos</em>, VIII, lectio 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[5]</a> Ver M.A. Chevallier, Souffle de Dieu, <em>Le Saint-Esprit dans le Nouveau Testament</em>, II, Beauchesne, Paris, 1990, pp. 375-376.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[6]</a> Ver Orígenes, <em>De oratione</em>, 4 (<em>PG </em>11, 45, 428); <em>In Ep. Ad Roman</em>., 7, 6 (<em>PG </em>14, 1120). Esta es una posición ampliamente difundida, sostenida por autores pentecostales, católicos carismáticos y autores principales: ver G. Fee, <em>God’s Empowering Presence, The Holy Spirit in the Letters of Paul</em>, Hendrickson, Peabody, 2009, pp.581-586; F. Lestang, “Paul et l’Esprit-Saint”, lecturas no publicadas, 6 ; J. A. Fitzmyer, <em>The Anchor Bible, Romans</em>, p. 519.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[7]</a> Ver J. A. Fitzmyer, <em>The Anchor Bible, Romans</em>, 518-519; <em>The Anchor Bible, First Corinthians</em>, pp. 515-519.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[8]</a> Ver J.D.G. Dunn, <em>Jesus and the Spirit, A Study of the Religious and Charismatic Experience of Jesus and the First Christians as Reflected in the New Testament</em>, Grand Rapids, Mich., Eerdmans, 1997<sup>2</sup>, pp. 245-246.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[9]</a> John Chrysostom, <em>Sermons on Pentecost</em>, 1, 4 (citado por S. Coakley, “Church of England Doctrine Commission, ‘Charismatic Experience’” in E. F. Rogers (ed), <em>The Holy Spirit, Classical and Contemporary Readings</em>, Wiley-Blackwell, Oxford, 2009, p.79).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[10]</a> Ver Tomás de Aquino, <em>Super Epist. </em><em>Ad Romanos</em>, VIII, <em>lectio</em> 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[11]</a> Ver J.A. Fitzmyer, <em>The Anchor Bible, Romans</em>, p.501.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[12]</a> Y. Congar, <em>Je crois en l’Esprit-Saint</em>, Cerf, Paris, 1995, p.383.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[13]</a> J.-Cl. Sagne, «Du besoin à la demande, ou la conversión du désir dans la prière», La Maison-Dieu, 109 (1972), pp 87-97; Y. Congar, <em>Je crois en l’Esprit-Saint</em>, p.384.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[14]</a> Agradezco el comentario del profesor Eamon Duffy en este punto, el que me ha guiado a ofrecer una concepción más realística y en cierta forma más humana que solo el conformar la propia voluntad con la de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[15]</a> K. Barth, “Das Wort Gottes als Aufgabe der Theologie”, J. Moltmann (ed), <em>Anfänge der dialektischen Theologie</em>, I, München, 1966, p207.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[16]</a> S. Coakley, “Living in the Ministry of the Holy Trinity: Trinity, Prayer and Sexuality” in E.F. Rogers (ed) <em>The Holy Spirit</em>, p.46.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[17]</a> Church of England Doctrine Commission, “Charismatic Experience” in E.F. Rogers (ed) <em>The Holy Spirit</em>, p.71.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[18]</a> Church of England Doctrine Commission, “Charismatic Experience” in E.F. Rogers (ed) <em>The Holy Spirit</em>, p.71.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[19]</a> Respecto del entusiasmo en la literatura paulina, ver también E. Kásemann, <em>Comentary on Romans</em>, Grand Rapids, Mich., Eerdmans, 1980, p.226; J.D.G. Dunn, <em>World Biblical Commentary, Romans 1-8</em>, p. 450.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[20]</a> Ver K. Rahner, The Trinity, Crossroad, New York, 1997, p.11 n.6; H. U. von Balthasar, <em>Theo-Logic, Theological Logical Theory</em>, II: <em>Truth of God</em>, Ignatius Press, San Francisco, 2004, p.148; III: <em>The Spirit of Truth</em>, 2005, pp.109-110; 115-116; 144; 174; 217-218; B. Sesboüé, “La personalità dello Spirito Santo nella testimonianza biblica, nella teologia trinitaria recente e nell’esperienza storica della Chiesa e degli uomini”, S. Tanzarella (ed), <em>La personalita dello Spirito Santo, In dialogo con Bernard Sesboüè, </em>San Paolo, Milano, 1998, pp.21-60.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[21]</a> Ver B. Sesboüé, “La personalità dello Spirito Santo”, p.25, 38; H. U. von Balthasar, <em>The Spirit of Truth</em>, pp.110-111, 115.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[22]</a> Ver B. Sesboüe, “La personalità dello Spirito Santo”, p.25-27; K. Barth, <em>Church Dogmatics</em>, I, <em>The Doctrine of the Word of God</em>, 1, T. &amp; T. Clark, Edinburg, 1975, §12, p.453.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[23]</a> Ver Coakley, “Living in the Mystery of the Holy Trinity: Trinity, Prayer and Sexuality” in E. F. Rogers [ed], <em>The Holy Spirit, </em>p.50.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[24]</a> Ver K. Barth, <em>Church Dogmatics</em>, I, 1, 8, pp.339-340; 9, pp.372-373.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[25]</a> Ver Y. Congar, <em>Je crois en l’Esprit-Saint</em>, p.577 n.41.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[26]</a> Ver P. Beauchamp, J. Zumstein, A. Dettwiller, “Esprit Saint, A, Théologie biblique”, J.-Y. Lacoste (ed), <em>Dictionnaire critique de théologie</em>, pp.404-405; J. Guillet, “Spirito”, X. Léon-Dufour (ed), <em>Dizionario di teologia biblica</em>, Marietti, Casale Monferrato, 1976, pp.1229-1231. M.-A. Chevallier prefiere consistentemente el nombre de «Soplo» al de «Espíritu» para traducir <em>Pneuma</em>, en vistas de evitar «distorsiones semánticas» (<em>Souffle de Dieu. </em><em>Le Saint-Esprit dans le Nouveau Testament</em>, I, Beauchesne, Paris, 1978, p.5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[27]</a> Ver E. Durand, “Le Père en sa relation constitutive au Fils selon saint Thomas d’Aquin”, <em>Revue Thomist</em>, 107 (2007), pp.47-72.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[28]</a> El nombre <em>dunamis</em>, aun cuando es bíblico, fue raramente tomado en consideración por los Padres de la Iglesia precisamente porque era demasiado impersonal para sostener la teología de una tercera persona divina. De los nombres bíblicos del Espíritu solo el joaneo <em>Paraklètos</em> es fuertemente personal, pero llevaría un estudio completo el comprender cómo desarrollar su significado a nivel intra-Trinitario y su posible articulación con <em>Ruah-Pneuma</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[29]</a> Por supuesto, en el credo Niceno, decimos del Espíritu Santo que «con el Padre y el Hijo es adorado y glorificado (<em>simul adoratur et conglorificatur</em>)». De todos modos, estos términos están tomados aquí en un sentido teológico, como actos que corresponden solo a la adoración de lo divino, en tanto yo distingo adoración, contemplación e invocación en un sentido espiritual práctico, como tres modos de adorar a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[30]</a> Ver Basil, <em>Sur le Saint-Esprit</em>, Paris, Cerf, SC 17 bis, 1968<sup>2</sup>, pp.412-413.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[31]</a> Para más sobre las diferencias y la comunión entre las personas trinitarias en nuestra oración, ver E. Vetö, <em>Du Christ à la Trinité, Penser les mystères du Christ après Thomas d’Aquin et Balthasar</em>, “Cogitatio Fidei 283”, Cerf, Paris, 2012, p.454f.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: VITRAL DEL ESPÍRITU SANTO DE TAIZÉ</h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Testimonio de comunión misionera. 160 años del Colegio Pío Latinoamericano de Roma - Ignacio Pizarro, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/02/testimonio-de-comunion-misionera-160-anos-del-colegio-pio-latinoamericano-de-roma-ignacio-pizarro-pbro/</link>
		<pubDate>Fri, 15 Feb 2019 15:42:21 +0000</pubDate>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Ignacio Pizarro Muñoz, pbro.
Para citar: Pizarro, Ignacio; <em>Testimonio de comunión misionera. 160 años del Colegio Pío Latinoamericano de Roma</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 427-430</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/IPIZARRO_LRC_1200-1.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/DISCURSO-PAPA.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO DEL SANTO PADRE A LOS SACERDOTES</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Testimonio de comunión misionera. 160 años del Colegio Pío Latinoamericano de Roma</strong>
<strong>Ignacio Pizarro Muñoz, pbro.</strong> <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_edn1" name="_ednref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 21 de noviembre de 2018 el <a href="https://piolatino.org/">Pontificio Colegio Pío Latinoamericano de Roma</a> cumplió 160 años de existencia. A mediados del siglo XIX, respondiendo al deseo de diversas iglesias locales de América, el sacerdote chileno José Ignacio Eyzaguirre había recibido la misión de crear un colegio que formase para el sacerdocio a jóvenes latinoamericanos en la ciudad de Roma. Así, tras numerosas gestiones ante la Santa Sede, el 21 de noviembre de 1858 fue inaugurado con 17 seminaristas: diez argentinos, seis colombianos y un peruano, y la dirección del naciente colegio fue entregada a la Compañía de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estos 160 años han pasado más de cuatro mil alumnos por la institución, y hoy el Pío Latino hoy cuenta con 54 estudiantes de 15 nacionalidades, todos sacerdotes, pues ya no se acoge seminaristas. La actual sede del colegio es la sexta desde su fundación, y la Iglesia del 2018 es heredera del Vaticano II. Pero al mismo tiempo, hay elementos que permanecen; el más importante, quizás, la voluntad de colaborar a la formación del clero de América Latina con la particularidad que ofrece la cercanía con el Romano Pontífice.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto de aniversario, la comunidad del Pío Latino tuvo la ocasión de dar gracias a Dios por su historia y su vocación, la de preparar a los sacerdotes para servir de la mejor manera posible una vez que vuelvan a sus diócesis. Los hitos más significativos de estos días en los cuales los sacerdotes estudiantes hemos podido participar, en orden cronológico, han sido:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Domingo 14 de octubre de 2018</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La primera canonización de un exalumno del colegio: <a href="http://revistacatolica.cl/2018/11/san-oscar-romero-justicia-y-perdon-como-camino-para-detener-la-violencia-diego-miranda-t-pbro/">San Óscar Arnulfo Romero</a></strong>, Arzobispo de San Salvador y mártir de la fe, realizada en la Plaza de San Pedro con la presencia de miles de fieles venidos de nuestros países. Esta celebración fue preparada por medio de un simposio realizado el miércoles 10 de octubre, donde dieron testimonio de la vida del nuevo santo monseñor Vincenzo Paglia, postulador de la causa de canonización y el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez. En la ocasión, además, el padre Germán Rosa SJ expuso una mirada conjunta sobre las muertes de san Óscar Romero y el jesuita Rutilio Grande, este último asesinado en San Salvador tres años antes que el arzobispo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Sábado 10 de noviembre de 2018</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebración de la <strong>Santa Misa por los exalumnos difuntos en el Cementerio de Verano de Roma</strong>. La realidad de la primera época del Colegio dificultaba que los restos de los seminaristas y sacerdotes jóvenes que morían en Europa pudieran retornar a sus países, por lo que la Compañía de Jesús dispuso un mausoleo donde descansaran y pudiesen ser visitados por quienes hoy formamos la comunidad del Pío Latino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Jueves 15 de noviembre de 2018</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Audiencia privada con el Santo Padre Francisco</strong>, quien ofreció un <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2018/november/documents/papa-francesco_20181115_collegio-piolatino-americano.html">discurso a alumnos, exalumnos, a la comunidad jesuita</a> que dirige el colegio y a los colaboradores laicos, sobre la realidad del continente latinoamericano y la necesidad de que los sacerdotes sean “evangelizadores con alma” para, “cautivados por Jesús y miembros de su Cuerpo, integrarnos a fondo en la sociedad, compartir la vida con todos, escuchar sus inquietudes”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Jueves 21 de noviembre de 2018</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Misa de aniversario en la capilla del colegio, dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe</strong>, Patrona de América Latina junto a Santa Rosa de Lima, y el posterior almuerzo festivo con la comunidad de los trabajadores, el jueves 21 de noviembre. La misa fue presidida por el Cardenal Beniamino Stella, Prefecto de la Congregación para el Clero, Dicasterio a través del cual el Pío Latino se vincula a la Santa Sede, de quien en definitiva depende como institución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>20 al 23 de noviembre de 2018</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Visita canónica realizada por la Comisión Episcopal designada por la Congregación para el Clero</strong> entre los días 20 y 23 de noviembre. En esta oportunidad, los miembros de la comisión –obispos exalumnos de nuestra institución– pudieron entrevistarse con los sacerdotes estudiantes, con la comunidad jesuita y con los laicos colaboradores, y así atender a sus distintas apreciaciones respecto a la vida de la casa, para posteriormente ofrecer un informe que dé cuenta del estado del colegio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos hitos no solo sirven para resaltar la celebración de un aniversario especial. Para los sacerdotes latinoamericanos que formamos parte de esta comunidad, todo esto, sumado a nuestra vida misma de estudiantes en Roma, nos ha servido para renovarnos en <em>la vocación de ser ministros de comunión que como sacerdotes hemos recibido de parte de Dios y de la Iglesia</em>; vocación que, providencialmente, con nuestro paso por el Pío Latino, hemos podido reforzar. La comunión a la que esta llamada por su propia identidad el Colegio Pío Latinoamericano de Roma puede ser vista desde distintos ángulos. Propongo tres:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>1. Comunión entre los países de Latinoamérica</strong></em>. Esta es la primera característica que ha subrayado el Santo Padre en la audiencia del 15 de noviembre, al referirse a la vida en el Pío Latino como una experiencia de comunión “latinoamericanizada”. Ello sirve al Papa para animarnos como sacerdotes en dos de sus temas recurrentes: la cercanía con el pueblo y la creatividad en la misión. El análisis del Papa Francisco a la realidad fragmentada y polarizada del continente no fue pasado por alto por los medios que cubrieron la audiencia. En esa línea, la misión pastoral en Latinoamérica es propiamente una tarea de reconciliación: reconciliar a los hijos con su Padre y, por consecuencia, colaborar a la reconciliación de los hermanos entre sí. La comunión va más allá de “una declaración de principios o gestos de buena voluntad” ya que al “aprender a conocer mejor y hacer suyas las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de sus hermanos, (…) el “Pío” puede ayudar mucho a crear una comunidad sacerdotal abierta y creativa, alegre y esperanzadora, si sabe ayudarse y socorrerse, si es capaz de enraizarse en la vida de los otros”. Es decir, la comunión que propicia el Pío está orientada a renovar la acción evangelizadora de la Iglesia de América Latina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>2. Comunión con la Iglesia de Roma y la Iglesia universal</em></strong><em>. </em>La opción de proseguir la formación permanente en Roma no es solo por la oferta académica que ofrece la Ciudad Eterna. Para los católicos, Roma es la Iglesia que preside en la caridad a las demás iglesias, es lugar de peregrinación a las raíces de la fe, es expresión de comunión con el Sucesor de Pedro, la piedra sobre la cual Jesús quiso edificar su Iglesia. Por lo mismo, es un lugar de encuentro con el Papa y con los diversos carismas que Dios ha regalado a su Pueblo para anunciar el kerigma. La cercanía con la Cátedra de San Pedro, además de la experiencia de estudiar en instituciones académicas vinculadas a distintos carismas, junto a compañeros de diversos orígenes, congregaciones y estados de vida, nos ayuda a comprender nuestra misión pastoral como una misión que está unida a la labor evangelizadora de la Iglesia en el mundo entero. Y en nuestra propia casa, como bien lo subrayó el Santo Padre, los sacerdotes diocesanos podemos nutrirnos de uno de los carismas que más ha dado a la Iglesia Universal, como lo es el de la Compañía de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>3. Comunión con los santos</strong>.</em> La expresión más sublime de la comunión es la santidad, la cual proviene de Dios, quien generosamente la comparte con su pueblo. Con la canonización de san Óscar Romero la Iglesia Latinoamericana, y en particular el Colegio Pío Latino, es confirmada en su llamado a ser “signo vivo de fecundidad” para nuestros pueblos. Estamos agradecidos de que Dios se haya valido de este Colegio para tejer la historia de santidad de san Óscar Romero. Además, al día de hoy está abierto el proceso de beatificación de otros seis siervos de Dios y tres venerables exalumnos del colegio. El Pío Latino, como la Iglesia, participa de la comunión con los santos y de la comunión con quienes formaron parte de la institución en el pasado, por quienes ofrecimos la Eucaristía junto a sus restos mortales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta forma, el Colegio Pío Latino Americano de Roma, con su misión específica de colaborar en la formación permanente del clero joven, espera seguir siendo parte de familia de Dios (LG 51) que peregrina de América Latina, dando testimonio del inagotable amor que el Padre del Cielo tiene por sus Hijos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Actualmente realiza estudios de Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y es residente en el Colegio Pío Latinoamericano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>El olor a oveja: Conocer su dolor y curar sus heridas está en la esencia de la tarea del pastor - Cardenal Luis Antonio Tagle</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Feb 2019 09:42:32 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;"><strong>El olor a oveja: </strong></h3>
<h3 style="text-align: center;"><strong>Conocer su dolor y curar sus heridas está en la esencia de la tarea del pastor</strong></h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Cardenal Luis Antogio Tagle, Arzobispo de Manila, Filipinas</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 21 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/21-02-19-CARDENAL-TAGLE.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">El abuso de menores por parte de ministros ordenados ha causado heridas no solo a las víctimas, sino también a sus familias, al clero, a la Iglesia, a la sociedad en general, a los propios perpetradores y a los Obispos. Pero también es verdad, lo admitimos con humildad y tristeza, que los obispos hemos infligido heridas a las víctimas y, de hecho, a todo el cuerpo de Cristo. Nuestra falta de respuesta al sufrimiento de las víctimas, sí, hasta el punto de rechazarlas y encubrir el escándalo para proteger a los autores y a la institución, ha herido a nuestro pueblo, dejando una profunda herida en nuestra relación con aquellos a quienes hemos sido enviados a servir. La gente está preguntando con razón: “¿Acaso tú, que estás llamado a tener el olor de las ovejas sobre ti, en vez no has huido cuando encontraste el hedor de la inmundicia infligida a los niños y a las personas vulnerables que se suponía que debías proteger, que resultaba demasiado fuerte para soportar?”. Las heridas requieren sanación. ¿Pero en qué consiste la sanación? ¿Cómo nosotros, como Obispos que hemos sido parte de la herida, podemos promover la sanación en este contexto específico? El tema de la sanación de las heridas ha sido objeto de numerosos estudios interdisciplinarios. No puedo pretender conocer todos los hallazgos de las ciencias humanas y sociales sobre el tema, pero creo que necesitamos recuperar y mantener una fe y una perspectiva eclesial que nos guíe, como ha insistido muchas veces el Papa Francisco. Para mi presentación, invito a todos a mirar al Señor Resucitado y a aprender de Él, de sus discípulos y de su encuentro<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La aparición del Señor Resucitado a los discípulos y a Tomás (Juan 20,19-28)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Evangelio de san Juan narra una aparición del Señor Resucitado a los discípulos en la tarde del primer día de la semana. Las puertas estaban cerradas con llave mientras los discípulos acobardados de miedo, se preguntaban si serían los próximos en ser crucificados. Es en este momento de total impotencia que Jesús, resucitado y aun herido, se presenta en medio de ellos. Después de saludarlos con el mensaje de la resurrección: “La paz esté con vosotros”, les mostró sus manos y su costado, marcados por heridas abiertas. Solo acercándose a sus heridas podían ser enviados a una misión de reconciliación y perdón por el poder del Espíritu Santo. Tomás no estaba con ellos en ese momento. Escuchemos ahora el relato del encuentro entre el Señor Resucitado y Tomás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Tomás, llamado Dídimo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré». Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás estaba con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz esté con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío»”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Los enviados deben estar en contacto con la humanidad herida</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fíjense cómo Jesús los invita de nuevo a mirar sus heridas. Incluso insiste en que Tomás ponga su dedo en las heridas de sus manos y que meta su mano en la herida de su costado. Traten de imaginar cómo se debe haber sentido Tomás. Pero al ver las heridas del Señor Resucitado, hace la profesión suprema de fe en Jesús como Señor y Dios. Ver y tocar las heridas de Jesús es fundamental para el acto y la confesión de fe. ¿Qué podemos aprender de este encuentro íntimo? Al repetir esta acción dos veces, el evangelista deja claro que aquellos que son enviados a proclamar el núcleo de nuestra fe cristiana, la muerte y la resurrección de Cristo, solo pueden hacerlo con autenticidad si están constantemente en contacto con las heridas de la humanidad. Esa es una de las marcas de nuestro ministerio. Esto es verdad en Tomás, y es verdad en la Iglesia de todos los tiempos, especialmente en nuestro tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Monseñor Tomas Halik escribe: “Cristo viene a él y le muestra Sus heridas. Esto significa que la resurrección no es el ‘difuminarse’ o la devaluación de la cruz. Las heridas siguen siendo heridas”. Las heridas de Cristo permanecen en las heridas de nuestro mundo. Monseñor Halik añade: “Nuestro mundo está lleno de heridas. Tengo la convicción de que aquellos que cierran sus ojos a las heridas de nuestro mundo no tienen derecho a decir, ‘Señor mío y Dios mío’”. Para él, ver y tocar las heridas de Cristo en las heridas de la humanidad es una condición para la fe auténtica. Dice además: “¡No puedo creer hasta tocar las heridas, el sufrimiento del mundo, porque todas las heridas dolorosas, toda la miseria del mundo y de la humanidad son las heridas de Cristo! No tengo el derecho de confesar a Dios a menos que me tome en serio el dolor de mi prójimo. La fe que quiera cerrar los ojos ante el sufrimiento de las personas es solo una ilusión”. La fe nace y renace solo de las heridas del Señor Crucificado y Resucitado, vistas y tocadas en las heridas de la humanidad. Solo una fe herida es creíble (Halik). ¿Cómo podemos profesar la fe en Cristo cuando cerramos los ojos a todas las heridas infligidas por el abuso?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Lo que está en juego</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas, esto es lo que está en juego en este momento de crisis provocado por el abuso de los niños y nuestro mal manejo de estos crímenes. Nuestro pueblo necesita que nos acerquemos a sus heridas y reconozcamos nuestras faltas si queremos dar un testimonio auténtico y creíble de nuestra fe en la Resurrección. Esto significa que cada uno de nosotros, y nuestros hermanos y hermanas en nuestros lugares de origen, debemos asumir la responsabilidad personal de llevar la sanación a esta herida en el Cuerpo de Cristo y comprometernos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que los niños estén seguros en nuestras comunidades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La presencia de las heridas de la crucifixión en el Señor Resucitado desafía la lógica humana. Si el mundo se hubiera encargado de hacer una representación de la resurrección, Jesús habría aparecido en la casa de Herodes o en el pórtico de Pilato y habría hecho el mayor “te lo dije” de la historia humanidad. Jesús habría manifestado su triunfo final eliminando todas las señales de dolor, injusticia y derrota. Que todo eso quede enterrado en el oscuro pasado y que nunca sea resucitado. Pero ese no es el camino de Jesucristo. La resurrección no es una victoria ilusoria. Al mostrar sus heridas a los discípulos, Jesús restaura la memoria de ellos. Roberto Goizueta comenta con razón que “las heridas del cuerpo glorificado de Cristo son el recuerdo encarnado de las relaciones que definieron su vida y su muerte”. Las heridas de Jesús son la consecuencia de su relación amorosa y compasiva con los pobres, los enfermos, los recaudadores de impuestos, las mujeres de mala reputación, las personas afectadas por la lepra, los niños ruidosos, los forasteros y los extranjeros. Las heridas de Jesús son la consecuencia de haberse dejado herir al tocar las heridas de los demás. Fue crucificado porque amaba a estas personas concretas que fueron heridas por la sociedad y la religión. Al compartir sus debilidades y heridas, se convirtió en un hermano compasivo en lugar de un juez duro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La carta a los Hebreos 5,8-9 afirma: “Aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen”. Las heridas del Señor Resucitado recuerdan a los discípulos el amor que está dispuesto a ser herido por compasión hacia la humanidad. Sus heridas son las heridas de otros que cargó libremente. No infligió heridas a otros, pero estaba dispuesto a ser herido por su amor y comunión con ellos. Como dijo Frederick Gaiser, “El pastor sanador nunca está lejos de los peligros, nunca es inmune a los males y enfermedades de los que trata de proteger al rebaño”. Solo las heridas del amor y la compasión pueden sanar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>No tengáis miedo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas, tenemos que dejar de lado toda vacilación para acercarnos a las heridas de nuestro pueblo por miedo a ser heridos nosotros mismos. Sí, muchas de las heridas que sufriremos son parte de la restauración de la memoria que debemos padecer, como lo hicieron esos discípulos de Jesús. Las heridas del Señor Resucitado recordaron a los discípulos la traición, su propia traición y el abandono de Jesús cuando salvaron sus propias vidas por miedo. Huyeron en el primer momento de peligro, temerosos del costo del discipulado, y en el caso de Pedro, aun negando que él conocía al Señor. Las heridas de Jesús también les recuerdan a ellos y a nosotros que las heridas son a menudo infligidas por la ceguera de la ambición y el legalismo y el mal uso del poder que condenó a una persona inocente a morir como un criminal. Las heridas de Cristo resucitado llevan el recuerdo del sufrimiento inocente, pero también llevan el recuerdo de nuestra debilidad y pecaminosidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si queremos ser agentes de sanación, rechacemos cualquier tendencia que forme parte del pensamiento mundano que se niega a ver y tocar las heridas de los demás, que son las llagas de las personas heridas. Aquellos heridos por el abuso y el escándalo necesitan que seamos fuertes en la fe en este momento. El mundo necesita auténticos testigos de la resurrección de Jesús, de quienes se acercan a Sus heridas como primer acto de fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Roberto Goizueta afirma que la negación de las heridas y la muerte lleva a la muerte de otros y a nuestra propia muerte. Hay un gran temor hoy en día en los corazones de las personas y de hecho en nuestros propios corazones, que hace que la humanidad en nuestro tiempo evite tocar las heridas de nuestro mundo simplemente porque tenemos miedo de enfrentarnos a nuestra propia mortalidad, debilidad, pecaminosidad y vulnerabilidad. Ernest Becker observa que evitamos el dolor y el sufrimiento como recuerdo no deseado de que somos vulnerables. Nos engañan al hacernos creer que tener mucho dinero, la póliza de seguro correcta, la seguridad más estricta, el último modelo de auto y dispositivos, y la membresía en clubes de salud rejuvenecedores podría hacernos inmortales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lamentablemente, también eliminamos a los heridos entre nosotros, sacándolos de las calles cuando los dignatarios nos visitan o cubriendo sus chabolas con paredes pintadas. Goizueta dice conmovedoramente: “Si negamos la muerte, la infligimos. Pero también la infligimos a nosotros mismos. El miedo al dolor y a la vulnerabilidad que nos hace evadir las relaciones humanas reales, evitar ese amor verdadero que siempre implica la entrega y la vulnerabilidad frente al otro, en última instancia, mata nuestra vida interior, nuestra capacidad de sentir cualquier cosa, ni el dolor, ni la alegría, ni el amor”. El miedo a las heridas nos aísla y nos hace indiferentes a las necesidades de los demás. El miedo lleva a la gente a un comportamiento violento e irracional. El miedo motiva a la gente a defenderse incluso cuando no existen amenazas. Los que siembran miedo en los demás y en la sociedad se temen a sí mismos. En Jesús Resucitado sabemos que al ver y tocar las heridas de los que sufren, tocamos nuestras propias heridas y tocamos a Jesús. Nos convertimos en hermanos y hermanas entre nosotros. Reconocemos nuestra culpa común al infligir heridas a la humanidad y a la creación. Escuchamos el llamado a la reconciliación. Vemos la presencia paciente del Señor Resucitado en nuestro mundo roto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Acompañamiento continuo en solidaridad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que se hace justicia, ¿cómo ayudamos a las víctimas a sanarse de los efectos del abuso?  La justicia es necesaria, pero por sí sola no sana el corazón roto del ser humano. Las emociones profundas residen en el corazón que ha sido tan profundamente herido. También debemos ser conscientes de que los sobrevivientes de las víctimas sufren un gran estrés, una mayor ansiedad y depresión, autoimagen más baja y conflictos interpersonales que surgen de la ruptura interior.  Y, trágicamente, todo esto ha llevado a algunos al suicidio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, tenemos que mostrar la mayor ternura al caminar con las víctimas mientras llevan su dolor. Por encima de todo, nunca debería sugerírseles que simplemente lo dejen pasar, disculpen el abuso y sencillamente sigan adelante. No. Lejos de eso. Pero también sabemos que cuando las víctimas llegan a un momento de perdonar a otros que les han hecho daño, se produce una sanación más profunda y llegan a un lugar de paz.  Por lo tanto, lo que debemos hacer como líderes y como Iglesia es comprometernos a caminar continuamente en solidaridad con aquellos profundamente heridos por el abuso <u>a su propio ritmo</u>, construyendo confianza, dando amor incondicional, y pidiendo repetidamente perdón en el pleno reconocimiento de que no merecemos ese perdón en el orden de la justicia, sino que solo podemos recibirlo cuando es otorgado como don y gracia en el proceso de sanación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, nos preocupa que en algunos casos los obispos y los superiores religiosos son tentados -quizás incluso a veces presionados- a elegir entre la víctima y el perpetrador.  ¿A quién se debe ayudar? Un enfoque en la justicia y el perdón nos muestra la respuesta: Nos centramos en ambos. En cuanto a las víctimas, tenemos que ayudarlas a expresar sus profundas heridas y a sanarlas. En cuanto a los perpetradores, necesitamos servir a la justicia, ayudarlos a enfrentar la verdad sin racionalización y, al mismo tiempo, no descuidar su mundo interior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A veces, nos sentimos tentados a pensar en términos de “solo uno/o”: Nos esforzamos por hacer justicia o intentamos ofrecer perdón. Necesitamos un cambio hacia una postura de “ambos/y” mientras nos preguntamos deliberadamente: ¿Cómo podemos servir a la justicia y fomentar el perdón ante esta herida de abuso sexual? ¿Cómo podemos evitar distorsionar el perdón para no equipararlo con dejar pasar la injusticia o seguir adelante y descartar el mal?  ¿Cómo podemos mantener una visión precisa del perdón como una sorprendente misericordia de amor incondicional para aquellos que han hecho el mal, mientras que al mismo tiempo, nos esforzamos por hacer justicia? ¿Cómo podemos renovar la Iglesia por medio de una firme corrección de un mal definido y caminar con los abusados, pidiendo perdón con paciencia y repetidamente, sabiendo que dar tal don puede sanarles aún más?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aprendiendo del Señor Resucitado y de sus discípulos, miramos y tocamos las heridas de las víctimas, de las familias, del clero culpable e inocente, de la Iglesia y de la sociedad. Contemplando a Jesús herido por la traición y el abuso de poder, vemos las heridas de aquellos que fueron heridos por quienes les hicieron daño y por aquellos que deberían haberlos protegido. En Él experimentamos la misericordia que preserva la justicia y celebra el gran don del perdón. Esperamos que la Iglesia sea una comunidad de justicia marcada por la comunión y la compasión, una Iglesia deseosa de emprender una misión de reconciliación con el mundo herido en el Espíritu Santo. Una vez más, el Señor Crucificado y Resucitado está en medio de nosotros en este momento, nos muestra sus heridas y proclama: “¡La paz esté con vosotros!”. Que crezcamos siempre en nuestra fe en este gran misterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Los estudios publicados por Roberto Goizueta, Richard Horsley, Barbara Reid, Tomas Halik, Robert Enright y el Cardenal Albert Vanhoye, por nombrar algunos autores, me han ayudado en mi propia reflexión.</h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5><strong>IMAGEN: WWW.VATICANNEWS.VA</strong></h5>
&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Asumir la responsabilidad de procesar los casos de crisis de abusos sexuales y de prevenir los abusos - Mons. Charles J. Scicluna</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/asumir-la-responsabilidad-de-procesar-los-casos-de-crisis-de-abusos-sexuales-y-de-prevenir-los-abusos-mons-charles-j-scicluna/</link>
		<pubDate>Sat, 02 Mar 2019 19:25:53 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;"><strong>Asumir la responsabilidad de procesar los casos de crisis de abusos sexuales </strong><strong>y de prevenir los abusos</strong></h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Charles J. Scicluna, Arzobispo de Malta</h4>
<h4 style="text-align: center;">Secretario Adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 21 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/MONS-SCICLUNA.pdf">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El modo en que los Obispos ejercemos nuestro ministerio al servicio de la justicia en nuestras comunidades es una de las pruebas fundamentales de nuestra misión y, de hecho, de nuestra fidelidad. Citando al Señor en Lucas 12,48: “A todo aquel a quien se le dé mucho, se le exigirá mucho; y a aquel a quien se le encomiende mucho, se le exigirá más”. Se nos ha confiado el cuidado de nuestro pueblo. Es nuestro deber sagrado proteger a nuestro pueblo y garantizar la justicia cuando se ha abusado de él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su <a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland.html" target="_blank" rel="noopener">carta al Pueblo de Dios en Irlanda</a>, emitida el 19 de marzo de 2010, el Papa Benedicto XVI dijo lo siguiente: “Solo examinando cuidadosamente los numerosos elementos que dieron lugar a la crisis actual es posible efectuar un diagnóstico claro de sus causas y encontrar remedios eficaces. Ciertamente, entre los factores que contribuyeron a ella, podemos enumerar: procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa; insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; una tendencia en la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, cuyo resultado fue la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y la falta de tutela de la dignidad de cada persona. Hay que actuar con urgencia para contrarrestar estos factores, que han tenido consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido la luz del Evangelio como no lo habían logrado ni siquiera siglos de persecución”. (n. 4b)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mi intervención esta mañana pretende recorrer las principales fases de los procesos de casos individuales de abuso sexual de menores por parte de miembros del clero con algunas sugerencias prácticas dictadas por la prudencia, las mejores prácticas y la preocupación primordial por la salvaguarda de la inocencia de nuestros niños y jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cómo denunciar una conducta sexual inapropiada</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera fase es la Denuncia de la mala conducta sexual. Es esencial que se informe a la comunidad que tienen el deber y el derecho de reportar la mala conducta sexual a una persona de referencia en la diócesis o en la orden religiosa. Estos datos de contacto deben ser de dominio público. Es aconsejable que si y cuando un caso de mala conducta es referido directamente al Obispo o al Superior Religioso, ellos refieran la información a la persona de referencia designada. En todos los casos y para todas las fases del tratamiento de los casos se deben seguir en todo momento estos dos puntos: i) se deben respetar los protocolos establecidos. ii) se deben respetar las leyes civiles o nacionales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante que todas las denuncias se investiguen con la ayuda de expertos y que la investigación se concluya sin demoras innecesarias. El discernimiento de la autoridad eclesiástica debe ser colegiado. En varias iglesias locales se han establecido juntas de revisión o comisiones de salvaguardia y esta experiencia ha demostrado ser beneficiosa. Es un gran alivio para nosotros, los obispos, el poder compartir nuestro dolor, nuestro dolor y frustración al enfrentar los terribles efectos de la mala conducta de algunos de nuestros sacerdotes. El asesoramiento experto aporta luz y comodidad y nos ayuda a tomar decisiones basadas en la competencia científica y profesional. Abordar los casos a medida que surjan en un contexto sinodal o colegial dará la energía necesaria a los obispos para llegar de manera pastoral a las víctimas, a los sacerdotes acusados, a la comunidad de los fieles y, de hecho, a la sociedad en general. Todas estas personas requieren una atención especial y el Obispo y el Superior Religioso necesitan extender su solicitud pastoral a ellas, ya sea en persona o a través de sus delegados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como pastores del rebaño del Señor no debemos subestimar la necesidad de confrontarnos con las profundas heridas infligidas a las víctimas de abuso sexual por miembros del clero. Son heridas de naturaleza psicológica y espiritual que deben ser atendidas con cuidado. En mis numerosos encuentros con las víctimas de todo el mundo me he dado cuenta de que este es un lugar sagrado donde encontramos a Jesús en la Cruz. Este es un Vía Crucis que los obispos y otros líderes de la Iglesia no podemos perdernos. Necesitamos ser Simón de Cirene ayudando a las víctimas, con quienes Jesús se identifica (Mateo 25), a llevar su pesada cruz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Investigación de Casos de Conducta Sexual Inapropiada</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según el <a href="http://www.iuscanonicum.org/index.php/documentos/legislacion-del-romano-pontifice/130-motu-proprio-sacramentorum-sanctitatis-tutela.html" target="_blank" rel="noopener">Motu Proprio <em>Sacramentorum Sanctitatis</em> <em>Tutela</em></a>, el resultado de la investigación de la mala conducta sexual del clero a menores de 18 años debe ser remitido a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En estos casos el Ordinario está autorizado por el Derecho Canónico a aplicar medidas cautelares (CIC 1722) que limitan o prohíben el ejercicio del ministerio. El Ordinario debe consultar a sus expertos canónicos en todos los casos de conducta sexual inapropiada, de modo que la remisión se haga cuando sea necesario y se adopten los procedimientos adecuados a nivel local cuando el caso no esté reservado a la Santa Sede (por ejemplo, cuando la conducta inapropiada ocurra entre adultos que consientan). Además, los expertos ayudarán al Obispo o al Superior Religioso a compartir toda la información necesaria con la CDF y le ayudarán a expresar sus consejos sobre los méritos de las acusaciones y los procedimientos a seguir. Es aconsejable que el Ordinario haga un seguimiento del caso con la CDF. El Obispo o el Superior Religioso es el más indicado para discernir el impacto potencial del resultado del caso en su comunidad. La CDF toma en serio el consejo del Obispo y está siempre disponible para discutir casos individuales con las autoridades eclesiásticas competentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Procesos Penales Canónicos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la mayoría de los casos referidos a la CDF, un proceso penal canónico es autorizado por la Santa Sede. La mayoría de los procesos penales canónicos son de tipo extrajudicial o administrativo (CIC 1720). En un menor número de casos se autorizan procesos penales judiciales. En ambos tipos de procesos el Ordinario tiene el deber de nombrar Delegados y Evaluadores o Jueces y Promotores de Justicia que sean prudentes, académicamente calificados y reconocidos por su sentido de la equidad. En nuestro sistema, tal como se da en la actualidad, el papel de la víctima de abuso sexual en los procesos canónicos es limitado. La solicitud pastoral del Ordinario ayudará a colmar esta laguna. La persona responsable de la protección en la Diócesis o en la Orden Religiosa debe poder compartir información sobre el progreso del proceso con la víctima o las víctimas del caso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el proceso penal judicial, la víctima tiene derecho a presentar una demanda por daños y perjuicios ante el juez eclesiástico de primera instancia. En el caso de un proceso penal administrativo, esta iniciativa debe ser tomada por el Ordinario en nombre de la víctima, solicitando al Delegado que conceda daños y perjuicios a favor de la víctima como consecuencia subordinada de una eventual decisión de culpabilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La esencia de un proceso justo requiere que se presenten al acusado todos los argumentos y pruebas en su contra; que se conceda al acusado todo el derecho a presentar su defensa; que la sentencia se dicte sobre la base de los hechos y del derecho aplicable a la causa; que se comunique por escrito al acusado una sentencia o decisión razonada y que el acusado disponga de un recurso contra una sentencia o decisión que le perjudique. Una vez que el Ordinario, siguiendo las instrucciones de la CDF, designe a un Delegado y sus Evaluadores en un proceso administrativo, o designe a los miembros del tribunal en un proceso penal judicial, deberá dejar que las personas nominadas hagan su trabajo y abstenerse de interferir en el proceso. Sigue siendo su deber, sin embargo, asegurar que el proceso se haga de manera oportuna y de acuerdo con el derecho canónico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un proceso penal canónico, ya sea judicial o administrativo, termina con uno de tres posibles resultados: una <em>decisio condemnatoria</em> (donde la <em>reus</em> es declarada culpable de un delito canónico); una <em>decisio dimissoria</em> (donde las acusaciones no han sido probadas); o una <em>decisio absolutoria</em> (donde el acusado es declarado inocente). Una <em>decisio dimissoria</em> puede crear un dilema. El Obispo o el Superior Religioso puede todavía sentirse incómodo al reasignar al acusado al ministerio en un caso donde las acusaciones son creíbles pero el caso no ha sido probado. En estos casos es esencial el asesoramiento de expertos y el Ordinario debe usar su autoridad para garantizar el bien común y asegurar la protección efectiva de los niños y jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La interface con la jurisdicción civil</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un aspecto esencial del ejercicio del ejercicio pastoral en estos casos es la interface adecuada con la jurisdicción civil. Estamos hablando de mala conducta que también es un delito en todas las jurisdicciones civiles. Debe respetarse la competencia de las autoridades estatales. Las leyes de información deben ser seguidas cuidadosamente y un espíritu de colaboración beneficiará tanto a la Iglesia como a la sociedad en general. Los tribunales civiles tienen jurisdicción para castigar los delitos y otra jurisdicción para conceder indemnizaciones por daños y perjuicios en virtud de las leyes relativas a asuntos civiles. Los umbrales civiles o los criterios de prueba pueden ser diferentes de los que se aplican en los procedimientos canónicos. La diferencia de resultados para el mismo caso no es una ocurrencia rara.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En varios procedimientos canónicos los actos presentados o producidos durante los procedimientos civiles se presentan como un elemento de prueba. Esto ocurre con bastante frecuencia en los casos de adquisición, posesión o divulgación de pornografía con menores en los que las autoridades del Estado disponen de mejores medios de detección, vigilancia y acceso a las pruebas. La diferencia en las leyes relativas a la prescripción o la prescripción es otro motivo para una diversidad de resultados en el mismo caso decidido en diferentes jurisdicciones. El poder de la CDF para derogar la prescripción de veinte años se sigue invocando en varios casos históricos, pero es cierto que esto no debería ser la norma, sino más bien la excepción. La <em>ratio legis</em> aquí es que el establecimiento de la verdad y la garantía de la justicia requieren la posibilidad del ejercicio de la jurisdicción judicial en favor del bien común, incluso en los casos en que el delito se haya cometido hace mucho tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Implementación de las decisiones canónicas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Obispo y el Superior Religioso tienen el deber de supervisar la implementación y ejecución de los resultados legítimos de los procedimientos penales. Se debe tener en cuenta el derecho del acusado a recurrir a los recursos permitidos por la ley contra una decisión de la Corte, decisión que lo agravia. Una vez agotada la fase de apelación, es deber del Ordinario informar a la Comunidad del resultado definitivo del proceso. Las decisiones que declaran la culpabilidad del acusado y la pena impuesta deben aplicarse sin demora. Las decisiones que declaran la inocencia del acusado también deben ser objeto de la debida publicidad. Todos sabemos que es muy difícil restaurar el buen nombre de un sacerdote que puede haber sido acusado injustamente. La cuestión de la asistencia posterior en estos casos implica también la asistencia a las víctimas que han sido traicionadas en los aspectos más fundamentales y espirituales de su personalidad y de su ser. Sus familias también se ven profundamente afectadas y toda la comunidad debe compartir la carga de sus vidas y se mueven junto con ellos hacia la curación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las <a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/october/documents/hf_ben-xvi_spe_20061028_ad-limina-ireland.html" target="_blank" rel="noopener">palabras de Benedicto XVI a los obispos de Irlanda el 28 de octubre de 2006</a> suenan más proféticas hoy: “En el ejercicio de vuestro ministerio pastoral, durante los últimos años habéis tenido que responder a muchos casos dolorosos de abuso sexual de menores. Son mucho más trágicos cuando el pederasta es un clérigo. Las heridas causadas por estos actos son profundas, y es urgente reconstruir la confianza donde ha sido dañada. En vuestros continuos esfuerzos por afrontar de modo eficaz este problema, es importante establecer la verdad de lo sucedido en el pasado, dar todos los pasos necesarios para evitar que se repita, garantizar que se respeten plenamente los principios de justicia y, sobre todo, curar a las víctimas y a todos los afectados por esos crímenes abominables. De este modo, la Iglesia en Irlanda se fortalecerá y podrá dar un testimonio más eficaz de la fuerza redentora de la cruz de Cristo. Ruego para que, por la gracia del Espíritu Santo, este tiempo de purificación permita a todo el pueblo de Dios en Irlanda ‘conservar y llevar a plenitud en su vida la santidad que recibieron’ (<em>Lumen gentium</em>, 40). La excelente labor y la entrega desinteresada de la gran mayoría de los sacerdotes y los religiosos en Irlanda no deben quedar oscurecidas por las transgresiones de algunos de sus hermanos. Estoy seguro de que la gente lo entiende, y sigue sintiendo afecto y estima por su clero. Animad a vuestros sacerdotes a buscar siempre la renovación espiritual y a redescubrir la alegría de apacentar su grey dentro de la gran familia de la Iglesia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La prevención del abuso sexual</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra gestión también debería abarcar la cuestión urgente y a largo plazo de la prevención de la conducta sexual indebida en general y del abuso sexual de menores en particular. A pesar de la falta de candidatos al sacerdocio en algunas partes del mundo, pero también en el contexto de un florecimiento de las vocaciones en otras, la cuestión de la selección de los futuros candidatos sigue siendo esencial. Los documentos más recientes de la Congregación para el Clero sobre los programas de formación humana deben ser estudiados y aplicados a fondo. Citando la más reciente <em><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/RATIO-FUNDAMENTALIS.pdf" target="_blank" rel="noopener">Ratio Fundamentalis</a></em> (8 de diciembre de 2016):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Se deberá prestar la máxima atención al tema de la tutela de los menores y de los adultos vulnerables, vigilando cuidadosamente que quienes solicitan la admisión a un Seminario o a una casa de formación, o quienes presentan la solicitud para recibir las Órdenes, no incurran de alguna manera en delitos o situaciones problemáticas en este ámbito. Los formadores deben garantizar un especial y pertinente acompañamiento personal a quienes hayan sufrido experiencias dolorosas en este ámbito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el programa, tanto de la formación inicial como de la formación permanente, se deben insertar lecciones específicas, seminarios o cursos sobre la protección de los menores. Debe impartirse de manera adecuada una información oportuna, dando relevancia a los puntos de posible abuso o violencia, como, por ejemplo, la trata o el trabajo de los menores y los abusos sexuales a menores o a adultos vulnerables” (n. 202).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una comprensión justa y equilibrada de las exigencias del celibato y la castidad sacerdotales debe estar respaldada por una formación profunda y sana en la libertad humana y en la sana doctrina moral. Los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa deben cultivar y crecer en esa paternidad espiritual que debe seguir siendo la motivación básica para la entrega generosa a la comunidad de fe a ejemplo de Jesús Buen Pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Obispo y el Superior religioso deben ejercer su paternidad espiritual frente a los sacerdotes confiados a su cuidado. Esta paternidad se realiza a través del acompañamiento con la ayuda de sacerdotes prudentes y santos. La prevención se sirve mejor cuando los Protocolos son claros y los Códigos de Conducta bien conocidos. La respuesta a la mala conducta debe ser justa y equitativa. Los resultados deben ser claros desde el principio. Sobre todo, el Ordinario es responsable de garantizar y promover el bienestar personal, físico, mental y espiritual de sus sacerdotes. Los documentos del magisterio sobre este tema subrayan la necesidad de una formación permanente y de acontecimientos y estructuras de fraternidad en el presbiterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un buen administrador dará poder a su comunidad a través de la información y la formación. Ya existen ejemplos de buenas prácticas en varios países en los que comunidades parroquiales enteras han recibido formación específica en materia de prevención. Esta experiencia válida y positiva necesita crecer en accesibilidad y extensión en todo el mundo. Otro servicio para la comunidad es la disponibilidad de un acceso fácil para el usuario a los mecanismos de información, de modo que la cultura de la divulgación no solo se promueva con palabras, sino que también se fomente con hechos. Los protocolos de salvaguardia deben ser fácilmente accesibles en un lenguaje claro y directo. La comunidad de fe bajo nuestro cuidado debe saber que hablamos en serio. Deberían conocernos como amigos de su seguridad y la de sus niños y jóvenes. Nos comprometeremos con ellos con franqueza y humildad. Los protegeremos a toda costa. Daremos nuestras vidas por los rebaños que nos han sido confiados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro aspecto de gestión de la prevención es la selección y presentación de candidatos para la misión de Obispo. Muchos exigen que el proceso sea más abierto a las aportaciones de los laicos de la comunidad. Los Obispos y Superiores Religiosos tenemos el deber sagrado de ayudar al Santo Padre a llegar a un discernimiento adecuado sobre los posibles candidatos para el liderazgo como Obispos. Es un grave pecado contra la integridad del ministerio episcopal ocultar o subestimar hechos que pueden indicar deficiencias en el estilo de vida o en la paternidad espiritual de los sacerdotes sujetos a una investigación pontificia sobre su idoneidad para el oficio de obispo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este punto me gustaría ofrecer otra cita de la <a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland.html" target="_blank" rel="noopener">Carta del Papa Benedicto XVI al Pueblo de Dios en Irlanda, del 19 de marzo de 2010</a>, esta vez expresamente dirigida a los Obispos: “No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores habéis fallado, a veces gravemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil captar la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas a la luz de los pareceres divergentes de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos de gobierno. Todo esto ha socavado gravemente vuestra credibilidad y eficacia. Aprecio los esfuerzos que habéis llevado a cabo para remediar los errores del pasado y para garantizar que no vuelvan a ocurrir. Además de aplicar plenamente las normas del derecho canónico concernientes a los casos de abusos de niños, seguid cooperando con las autoridades civiles en el ámbito de su competencia. Está claro que los superiores religiosos deben hacer lo mismo. También ellos participaron en las recientes reuniones en Roma con el propósito de establecer un enfoque claro y coherente de estas cuestiones. Es necesario revisar y actualizar constantemente las normas de la Iglesia en Irlanda para la protección de los niños y aplicarlas plena e imparcialmente, en conformidad con el derecho canónico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solo una acción decidida llevada a cabo con total honradez y transparencia restablecerá el respeto y el aprecio del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestra vida. Debe brotar, en primer lugar, de vuestro examen de conciencia personal, de la purificación interna y de la renovación espiritual. El pueblo de Irlanda, con razón, espera que seáis hombres de Dios, que seáis santos, que viváis con sencillez y busquéis día tras día la conversión personal. Para ellos, en palabras de san Agustín, sois obispos, y sin embargo, con ellos estáis llamados a ser discípulos de Cristo (cf. Sermón 340, 1). Os exhorto, por tanto, a renovar vuestro sentido de responsabilidad ante Dios, para crecer en solidaridad con vuestro pueblo y profundizar vuestra solicitud pastoral por todos los miembros de vuestro rebaño. En particular, preocupaos por la vida espiritual y moral de cada uno de vuestros sacerdotes. Servidles de ejemplo con vuestra propia vida, estad cerca de ellos, escuchad sus preocupaciones, ofrecedles aliento en este momento de dificultad y alimentad la llama de su amor a Cristo y su compromiso al servicio de sus hermanos y hermanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Asimismo, hay que alentar a los laicos a que desempeñen el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia. Asegurad su formación para que puedan dar razón del Evangelio, de modo articulado y convincente, en medio de la sociedad moderna (cf. 1 P 3, 15), y cooperen más plenamente en la vida y en la misión de la Iglesia. Esto, a su vez, os ayudará a volver a ser guías y testigos creíbles de la verdad redentora de Cristo”. (n.11)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como escribió el Papa Francisco en su <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2018/documents/papa-francesco_20180820_lettera-popolo-didio.html" target="_blank" rel="noopener">Carta al Pueblo de Dios (20 de agosto de 2018)</a>: “Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: WWW.VATICANNEWS.VA</h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>La Iglesia en un momento de crisis. Responsabilidad del obispo. - Cardenal Rubén Salazar</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Feb 2019 09:12:12 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">La Iglesia en un momento de crisis. Responsabilidad del obispo:</h3>
<h3 style="text-align: center;">Enfrentar los conflictos y las tensiones y actuar decididamente</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Cardenal Rubén Salazar Gómez, Arzobispo de Bogotá</h4>
<h4 style="text-align: center;">Secretario Adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 21 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/21-02-19-CARDENAL-SALAZAR.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción/contextualización</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo del día estamos respondiendo a una pregunta muy concreta frente a la crisis que estamos viviendo en la Iglesia. ¿Cuál es la responsabilidad del obispo? Para poder comprender esta responsabilidad y asumirla es indispensable tratar de categorizar, en la medida de lo posible, la naturaleza de la crisis. Un análisis somero de lo que ha sucedido nos permite constatar que no se trata solo de desviaciones o patologías sexuales en los abusadores, sino que hay una raíz más honda que es la tergiversación del sentido del ministerio convertido en medio para imponer la fuerza, para violar la conciencia y los cuerpos de los más débiles. Esto tiene un nombre: clericalismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También al analizar la forma como en general se ha respondido a esta crisis descubrimos que hemos manejado una comprensión equivocada de cómo ejercer el ministerio que ha llevado a cometer serios errores de autoridad que han agigantado la gravedad de la crisis. Esto tiene un nombre: clericalismo. Es esta realidad la que el santo Padre Francisco describe en su carta al pueblo de Dios en agosto del año pasado: “Esto se manifiesta con claridad en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia —tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia— como es el clericalismo… Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo”. Palabras claras que nos urgen a ir a la raíz del problema para poder enfrentarlo. Pero no es fácil “decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo” porque es una mentalidad que ha calado en nuestra Iglesia a lo largo de los tiempos y que, casi siempre, no somos conscientes de que subyace a nuestra manera de concebir el ministerio y de actuar en los momentos decisivos. Esta constatación significa que se hace necesario desenmascarar el clericalismo subyacente y lograr un cambio de mentalidad; lo cual, expresado en términos más precisos, se llama conversión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra responsabilidad se expresa fundamentalmente en una coherencia minuciosa entre nuestras palabras y nuestras acciones. Es necesaria una revisión a fondo de la mentalidad que está detrás de las palabras para que nuestras palabras y acciones sean aquellas que correspondan a la voluntad de Dios en este momento de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta invitación a la conversión se dirige a toda la Iglesia, pero, en primer lugar, a nosotros que somos sus pastores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>I. La responsabilidad del obispo a la luz del oficio recibido y su corresponsabilidad como miembro del Colegio Episcopal bajo la suprema autoridad de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.1. La responsabilidad del obispo como pastor</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como Obispos, Nuestra responsabilidad empieza, por lo tanto, en acrecentar permanentemente la conciencia de que, por nuestra propia cuenta, no somos nada, no podemos nada, ya que no somos nosotros los que hemos elegido el ministerio sino que es el Señor quien nos ha elegido (cf. Jn 15,16-18) para hacer presente su salvación por la fuerza de la acción eclesial, sin empañar su presencia con la oscuridad de nuestro contra testimonio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conscientes de esta tarea, tenemos que admitir que muchas veces la Iglesia –en las personas de sus obispos– no supo y todavía, en ocasiones, no sabe comportarse como debe para afrontar con rapidez y decisión la crisis provocada por los abusos. Muchas veces se procede como los asalariados que al ver venir el lobo huyen dejando desprotegido el rebaño. Y se huye de muchas maneras: tratando de negar la dimensión de las denuncias presentadas, no escuchando a las víctimas, ignorando el daño causado en los que sufren los abusos, trasladando a los acusados a otros sitios donde estos siguen abusando o tratando de llegar a compromisos monetarios para comprar el silencio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Actuando de esa manera, manifestamos claramente una mentalidad clerical que nos lleva a poner el mal entendido bien de la institución eclesial sobre el dolor de las víctimas y las exigencias de la justicia; a poner por encima del testimonio de los afectados las justificaciones de los victimarios; a guardar un silencio que acalla el grito de dolor de los victimizados con tal de no enfrentar el ruido público que puede suscitar una denuncia ante la autoridad civil o un juicio; a tomar medidas contraproducentes que no tienen en cuenta el bien de las comunidades y de los más vulnerables; a confiar exclusivamente en la asesoría de abogados, siquiatras y especialistas de todo tipo descuidando el sentido profundo de la compasión y la misericordia; a llegar incluso a la mentira o a tergiversar los hechos para no confesar la horrible realidad que se presenta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una manifestación de esa mentalidad aparece también en la tendencia a afirmar que la Iglesia no está ni tiene por qué estar sometida al poder de la autoridad civil, como los demás ciudadanos, sino que podemos y debemos manejar todos nuestros asuntos dentro de la Iglesia regidos únicamente por el derecho canónico, e incluso llegar a considerar la intervención de la autoridad civil como una intromisión indebida que, en estos tiempos de creciente secularismo, se ve con tintes de persecución contra la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos que reconocer esta crisis a profundidad, a reconocer que el daño no lo hacen los de fuera sino que los primeros enemigos están dentro de nosotros, entre los obispos y los sacerdotes y los consagrados que no hemos estado a la altura de nuestra vocación. Tenemos que reconocer que el enemigo está dentro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Reconocer y enfrentar la crisis –superando nuestra mentalidad clerical- significa también no minimizarla afirmando que en otras instituciones suceden abusos a mayor escala. El hecho de que se presenten abusos en otras instituciones y grupos y no justifica nunca la presencia de abusos en la Iglesia porque contradice la esencia misma de la comunidad eclesial y constituye una tergiversación monstruosa del ministerio sacerdotal que, por su propia naturaleza, debe buscar el bien de las almas como su supremo fin. No hay ninguna justificación posible para no denunciar, para no desenmascarar, para no enfrentar con valor y contundencia cualquier abuso que se presente al interior de nuestra Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También tenemos que reconocer que el papel desempeñado por la prensa y los medios de comunicación y las redes sociales ha sido muy importante en el ayudarnos a no soslayar sino a afrontar la crisis. Los medios de comunicación hacen en este sentido un trabajo de gran valor que es necesario apoyar. “Hablando de esta herida –dijo claramente el papa Francisco en su discurso de Navidad a la curia–, algunos dentro de la Iglesia, se alzan contra ciertos agentes de la comunicación, acusándolos de ignorar la gran mayoría de los casos de abusos, que no son cometidos por ministros de la Iglesia —las estadísticas hablan de más del 95%-, y acusándolos de querer dar de forma intencional una imagen falsa, como si este mal golpeara solo a la Iglesia Católica. En cambio, me gustaría agradecer sinceramente a los trabajadores de los medios que han sido honestos y objetivos y que han tratado de desenmascarar a estos lobos y de dar voz a las víctimas. Incluso si se tratase solo de un caso de abuso ―que ya es una monstruosidad por sí mismo― la Iglesia pide que no se guarde silencio y salga a la luz de forma objetiva, porque el mayor escándalo en esta materia es encubrir la verdad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, es mucho lo que hemos hecho para enfrentar la crisis de los abusos. Sin embargo, si no hubiera sido por la insistencia valiosa de las víctimas y la presión ejercida por los medios de comunicación, tal vez no nos hubiéramos decidido a enfrentar como se ha hecho esta crisis vergonzosa. Es tan hondo el daño causado, es tan profundo el dolor infligido, son tan inmensas las consecuencias de los abusos que han sucedido en la Iglesia que nunca podremos decir que hemos hecho todo lo que es posible hacer y nuestra responsabilidad nos lleva a trabajar todos los días para que nunca más en la Iglesia se presenten abusos y para que los que eventualmente se presenten reciban el castigo y la reparación que exigen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1.2. La responsabilidad del obispo como miembro del colegio episcopal bajo la suprema autoridad de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el tratamiento de la crisis y en el proceso de conversión que debe emprender para poder enfrentarla, el obispo no está solo. Su ministerio es un ministerio colegial. Por su ordenación episcopal, el obispo entra a formar parte del colegio formado por todos los sucesores de los apóstoles bajo la guía y autoridad del sucesor del apóstol Pedro. Más que nunca tenemos que sentirnos llamados a fortalecer nuestros vínculos fraternos, a entrar en un verdadero discernimiento comunitario, a actuar siempre con los mismos criterios y apoyarnos mutuamente en la toma de decisiones. Nuestra fortaleza depende, sin duda, de la unidad profunda que marque nuestro ser y actuar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ayudarnos en esta tarea los papas nos han iluminado con sus palabras y los diferentes dicasterios de la Curia Romana han emitido disposiciones que nos muestran el camino que tenemos que recorrer. Ya sabemos cómo hay que proceder, pero parece deseable que se ofrezca al obispo un “Código de Conducta” que, en armonía con el “Directorio para los Obispos”, muestre claramente cómo debe ser el proceder del obispo en el contexto de esta crisis. El papa Francisco con su carta apostólica en forma de motu proprio “Como una madre amorosa” nos presenta la exigencia de la actuación del obispo y de su remoción en caso de una negligencia grave comprobada en estos casos. El “Código de Conducta” vendrá a clarificar y a exigirnos la conducta que es la propia del obispo. Su obligatoriedad será una garantía de que todos actuemos al unísono y en la dirección correcta, ya que nos permite tener un control claro sobre nuestra conducta y nos da las indicaciones concretas para los correctivos que sean necesarios. Será, además, una guía para la Iglesia y la sociedad que permitirá a todos mirar adecuadamente el proceder del obispo en los casos específicos y podrá darnos a todos la confianza de que se está actuando bien. Será, además, una forma concreta de fortalecer la comunión que nace de la colegialidad episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La formación permanente del obispo ha sido una preocupación constante de la Iglesia. Los tiempos cambiantes plantean desafíos nuevos a los cuales el obispo debe responder y para ello es necesaria una actualización permanente. En nuestro actuar frente a esta crisis necesitamos también estar en proceso permanente de ser actualizados, formados, instruidos, para que nuestra respuesta sea siempre la indicada y esto con carácter obligatorio ya que tenemos que mostrar ante el mundo una perfecta unidad en la respuesta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez más la crisis se hace un llamado a una conversión que llegue hasta lo profundo de nuestro actuar eclesial. El encuentro que estamos viviendo es un signo claro y una oportunidad real para crecer en este espíritu de comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>II. La responsabilidad del obispo para con sus sacerdotes y consagrados</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La responsabilidad del obispo se prolonga en la responsabilidad por la santificación de los presbíteros y consagrados. Esta responsabilidad abarca un amplio radio de acción porque debe ser entendida en el contexto de un proceso que empieza con el discernimiento de la vocación en los futuros presbíteros y consagrados, continúa en la formación inicial y debe acompañar toda la existencia de los que han sido llamados a una vida de total dedicación al servicio de la Iglesia. A la luz de la crisis desatada por las denuncias de abusos sexuales por parte de los clérigos, esta responsabilidad ha adquirido dimensiones especiales, en las que, la cercanía del obispo se hace imprescindible. El diálogo permanente –de amigo, de hermano, de padre– que permite al obispo conocer a sus sacerdotes y acompañarlos en sus alegrías y tristezas, en sus logros y fracasos, en sus dificultades y éxitos, es el camino permanente que el obispo debe recorrer en la relación con sus sacerdotes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y cuál es nuestra responsabilidad frente a los sacerdotes abusadores? Como obispos, debemos cumplir con nuestro deber de enfrentar enseguida la situación que se presenta a partir de una denuncia. Toda denuncia debe desencadenar enseguida los procedimientos que están indicados tanto en el derecho canónico como en el derecho civil de cada nación, según las líneas-guía marcadas por cada conferencia episcopal. Nos ayudará distinguir siempre entre pecado sometido a la misericordia divina, crimen eclesial sometido a la legislación canónica y crimen civil sometido a la legislación civil correspondiente. Son campos que no se deben confundir y que, cuando se distinguen y separan convenientemente, nos permiten actuar con plena justicia. Hoy tenemos claro que cualquier negligencia de nuestra parte nos puede acarrear penas canónicas, incluso la remoción del ministerio, y penas civiles que pueden llegar hasta ser condenados a prisión por encubrimiento o complicidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo del proceso canónico, es fundamental que el acusado sea escuchado. La cercanía bondadosa del obispo es un primer paso hacia la recuperación del culpable. El seguimiento concienzudo de las líneas-guía trazadas por la propia conferencia episcopal permite al obispo trazar para su diócesis la ruta que se debe seguir en los diferentes casos de acusación de abuso por parte de un clérigo. Del cuidado especial que se tenga en esta implementación dependerá en buena parte que los procesos se puedan desarrollar con plena justicia. Pero no basta enjuiciar y condenar al denunciado, cuando se compruebe la falta, sino que es necesario mirar también hacia su tratamiento para que no reincida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La forma concreta como se implemente la justicia en los diferentes procesos para enfrentar a los clérigos abusadores es una de las llaves maestras para poder superar la crisis en lo que respecta a la salud de los presbiterios, ya que con frecuencia se oye decir, “¿Dónde están los derechos de los sacerdotes?” El hecho de que haya casos de sacerdotes y consagrados acusados no puede llevarnos, bajo ninguna razón, a justificar la actuación indebida de aquellos que los han cometido. En las investigaciones previas, en los procesos canónicos y civiles que se han abierto, ha sido y debe ser siempre una preocupación el salvaguardar los derechos inalienables de los posibles victimarios. Aún más, muchas veces ha sido el temor a violar esos derechos lo que ha llevado a actuaciones que más tarde han podido ser calificadas como encubrimientos y complicidades. Sin embargo, tenemos que tener claro que los derechos de los victimarios –por ejemplo, a su buena fama, al ejercicio de su ministerio, a seguir llevando una vida normal al interior de la sociedad– no pueden nunca primar sobre los derechos de las víctimas, de los más débiles, de los más vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>III. La responsabilidad del obispo para con el Santo Pueblo fiel de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál ha sido la reacción de los católicos frente al escándalo de los abusos por parte del clero y de los consagrados? La respuesta no puede ser unívoca, pero una vez más se ha constatado que para la inmensa mayoría de las personas católicas o no católicas la Iglesia se identifica con los sacerdotes y consagrados. Es a la Iglesia a la que se le responsabiliza de lo acaecido. Esta realidad nos debe mover a lograr una cercanía creciente con el pueblo de Dios que está llamado a crecer cada día en su conciencia de pertenencia a la Iglesia y de sentirse corresponsable de ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el contexto de esta cercanía al pueblo de Dios, hay que situar nuestro proceder para con las víctimas del abuso. Y nuestro primer deber es escucharlas. Uno de los pecados originales cometidos al inicio de la crisis fue precisamente no haber escuchado con apertura de corazón a aquellos que denunciaban haber sido abusados por clérigos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escuchar a las víctimas empieza por no minimizar el daño causado y el dolor producido. En muchos casos se llegó a pensar que el único motivo que impulsaba a las denuncias era el buscar compensaciones económicas. “Lo único que buscan es el dinero”, se solía repetir. No hay duda de que a veces se orquestan acusaciones. No hay duda tampoco que en muchas ocasiones se ha tratado de reducir la reparación de las víctimas a una indemnización monetaria sin tener en cuenta el verdadero alcance de esa reparación. Y no hay duda de que también en muchas ocasiones, hemos cedido a la tentación de tratar de arreglar con dinero situaciones insostenibles para acallar el posible escándalo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta nefasta realidad no nos puede impedir, sin embargo, tomar conciencia de la responsabilidad seria y grave que nos corresponde en la reparación de las víctimas. El dinero no puede nunca reparar el daño causado, pero se hace necesario en muchos casos para que las víctimas puedan seguir los tratamientos psicoterapéuticos que necesitan y que generalmente son muy costosos, algunos no han logrado reponerse al daño causado y no son capaces de trabajar y necesitan del apoyo económico para sobrevivir y para algunos el reconocimiento pecuniario se hace parte de un reconocimiento del año causado. Es claro que estamos obligados a ofrecerles todos los medios necesarios –espirituales, sicológicos, siquiátricos, sociales– para la recuperación exigida. La responsabilidad del obispo es muy amplia, abarca muchos campos, pero siempre es insoslayable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan Pablo II en el discurso a los cardenales americanos en el 2002 daba la dirección esencial que deben tener todos nuestros esfuerzos para superar la crisis actual: “Tanto dolor y tanto disgusto deben llevar a un sacerdocio más santo, a un episcopado más santo y a una Iglesia más santa.” Con la ayuda del Señor y con nuestra docilidad a su gracia vamos a lograr que esta crisis lleve a una profunda renovación de toda la Iglesia con obispos más santos, más conscientes de su misión de pastores y padres de la grey; con sacerdotes y consagrados más santos, más conscientes de su servicio ejemplar para con el pueblo de Dios; con un pueblo de Dios más santo, más consciente de su corresponsabilidad de edificar permanentemente una Iglesia de comunión y participación, en donde los niños y adolescentes, y todas las personas, encuentren siempre un lugar seguro que propicien su crecimiento humano y la vivencia de la fe. Así contribuiremos a erradicar la cultura del abuso en el mundo en que vivimos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La obligación de rendir cuentas en una Iglesia colegial y sinodal - Cardenal Oswald Gracias</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Mar 2019 08:11:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">La obligación de rendir cuentas en una Iglesia colegial y sinodal</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Cardenal Oswald Gracias, Arzobispo de Bombay, India</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 22 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/22-02-19-CARDENAL-GRACIAS.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso sexual en la Iglesia Católica y la consiguiente incapacidad de abordarlo de una manera abierta, efectiva y rindiendo cuentas respecto a ello, ha causado una crisis multifacética que ha asediado y herido a la Iglesia, por no hablar de aquellos que han sido abusados. Aunque la experiencia del abuso parece estar dramáticamente presente en ciertas partes del mundo, no es un fenómeno limitado. En efecto, toda la Iglesia debe mirar con honestidad, hacer un discernimiento riguroso y actuar con decisión para evitar que se produzcan abusos en el futuro y hacer todo lo posible para fomentar la curación de las víctimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La importancia y el alcance universal de este desafío ha llevado al Papa Francisco a convocarnos a este encuentro, subrayando su compromiso y el compromiso de la Iglesia para afrontar esta crisis. Más aún, al invitar a los presidentes de las conferencias episcopales nacionales, está señalando <em>cómo</em> la Iglesia debe abordar esta crisis. Para él y para los que nos reunimos con él, será el camino de la colegialidad y de la sinodalidad. Esa manera de ser Iglesia, con la ayuda de Dios, formará y definirá cómo toda la Iglesia a nivel regional, nacional, local-diocesano, e incluso parroquial, asumirá la tarea de abordar el abuso sexual en la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, la sinodalidad puede ser vivida verdaderamente, incorporando todas las decisiones y las medidas resultantes en todos estos diferentes niveles - sobre una base vinculante. Esto incluye la participación de laicos, tanto hombres como mujeres. Al hacerlo, debemos seguir siendo honestos y preguntarnos: ¿Realmente queremos esto? ¿Qué estamos haciendo realmente para conseguirlo? ¿Estamos solo tomando medidas de coartada para una iglesia sinodal y, en realidad, queremos permanecer entre nosotros como obispos - en “nuestras” conferencias, en “nuestras” comisiones, en “nuestras” reuniones, en las que los no obispos y los no clérigos solo juegan un papel insignificante? Ahora no es el momento y el lugar para entrar en detalles, pero si no solo hablamos de una iglesia sinodal sino que también queremos vivirla, entonces también debemos aprender a practicar otras formas de gestión, y aprender cómo podemos llevar a cabo procesos sinodales. Si no hacemos todo esto, entonces el discurso de la sinodalidad en el contexto del tema del abuso solo sirve para ocultar comportamientos inconsistentes. Un ejemplo, en el campo crítico y difícil del abuso, sería desviar la responsabilidad hacia los laicos (hombres y mujeres), pero negándoles por el contrario la oportunidad de asumir la responsabilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Permítanme enmarcar esto en una perspectiva personal. Ningún obispo debería decirse a sí mismo: “Me enfrento a estos problemas y desafíos solo”. Por pertenecer al colegio de los obispos en unión con el Santo Padre, todos compartimos la responsabilidad y la obligación de rendir cuentas. La colegialidad es un contexto esencial para tratar las heridas de los abusos infligidos a las víctimas y a la Iglesia en general. Nosotros, los obispos, tenemos que volver a menudo a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, para encontrarnos en la misión y en el ministerio más amplio de la Iglesia. Consideren estas palabras de <em>Lumen gentium</em>: “Cada uno de los Obispos que es puesto al frente de una Iglesia particular, ejerce su poder pastoral sobre la porción del Pueblo de Dios a él encomendada […] Pero en cuanto miembros del Colegio episcopal y como legítimos sucesores de los Apóstoles, todos y cada uno, en virtud de la institución y precepto de Cristo, están obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud” (n.23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El punto es claro. Ningún obispo puede decirse a sí mismo: “Este problema de abuso en la Iglesia no me concierne, porque las cosas son diferentes en mi parte del mundo”. Cada uno de nosotros es responsable de toda la iglesia. Juntos, tenemos responsabilidad y obligación de rendir cuentas. Extendemos nuestra preocupación más allá de nuestra Iglesia local para abarcar a todas las iglesias con las que estamos en comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A medida que asumamos nuestro sentido colegiado y colectivo de responsabilidad y la obligación de rendir cuentas, inevitablemente nos encontraremos con cierta dialéctica. Porque nuestra colegialidad efectivamente expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios, pero también la unidad del rebaño de Cristo. En otras palabras, hay una necesidad permanente de apreciar la gran diversidad en la experiencia vivida por las iglesias esparcidas por todo el mundo debido a su historia, cultura y costumbres. Al mismo tiempo, debemos también apreciar y fomentar nuestra unidad, nuestra única misión y propósito que es ser “como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG n.1). En nuestra Iglesia, necesitamos urgentemente un mayor desarrollo de las competencias interculturales, que en última instancia deben demostrar su valía mediante una comunicación intercultural exitosa, y una correspondiente toma de decisiones bien fundamentada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la práctica, esto significa que al abordar juntos el flagelo del abuso sexual, es decir, de manera colegiada, debemos hacerlo con una visión singular y unificada, así como con la flexibilidad y la capacidad de adaptación que se derivan de la diversidad de las personas y las situaciones bajo nuestra atención universal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto, también debemos preguntarnos fundamentalmente si vivimos de manera adecuada lo que significan los conceptos de colegialidad y sinodalidad. La colegialidad y la sinodalidad no deben permanecer como conceptos teóricos, que se describen ampliamente pero que no se ponen en práctica. En este sentido, todavía veo mucho margen para nuevos desarrollos. Tal vez podamos avanzar, si podemos aclarar los siguientes puntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>No se puede ignorar que tratar el tema del abuso de la manera correcta ha sido difícil para nosotros en la Iglesia por varias razones. Nosotros, como obispos, también somos responsables de esto. Para mí, esto plantea la pregunta: ¿Realmente entablamos una conversación abierta y señalamos honestamente a nuestros hermanos obispos o sacerdotes cuando notamos un comportamiento problemático en ellos? Debemos cultivar una cultura de <em>correctio fraterna</em>, que nos permita hacerlo sin ofendernos mutuamente y, al mismo tiempo, reconocer la crítica de un hermano como una oportunidad para cumplir mejor nuestras tareas.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Estrechamente relacionado con este punto está la voluntad de admitir personalmente los errores unos a otros, y de pedir ayuda, sin sentir la necesidad de mantener la pretensión de la propia perfección. ¿Realmente tenemos el tipo de relación fraternal, en la que en tales casos no tenemos que preocuparnos por dañarnos a nosotros mismos, simplemente porque mostramos debilidad?</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Para un obispo, la relación con el Santo Padre tiene un significado constitutivo. Todo obispo está obligado a obedecer y seguir directamente al Santo Padre. Debemos preguntarnos honestamente, si sobre esta base a veces no pensamos que nuestra relación con los otros obispos no es tan importante, especialmente si los hermanos tienen una opinión diferente, y/o si sienten la necesidad de corregirnos. ¿Acaso ignoramos los aportes de nuestros hermanos, porque en última instancia solo el Papa puede darnos órdenes en cualquier caso, y por lo tanto la colegialidad es fácil de ignorar, o en tales casos no tiene ninguna influencia relevante?</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Si en tales contextos nosotros mismos terminamos refiriéndonos siempre a Roma, no deberíamos preguntarnos por qué un cierto centralismo romano no tiene suficientemente en cuenta la diversidad de nuestra fraternidad, y nuestras competencias eclesiásticas locales y nuestras habilidades como pastores responsables de nuestras iglesias locales no se utilizan adecuadamente, y por lo tanto se resiente la colegialidad vivida de modo práctico. Si queremos y debemos revitalizar nuestra colegialidad, entonces también necesitamos una discusión entre la Curia Romana y nuestras conferencias episcopales. Siempre podemos asumir la responsabilidad de algo solo en la medida en que se nos permita hacerlo, y cuanta más responsabilidad se nos conceda, mejor podremos servir a nuestro propio rebaño.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Ya sea la relación entre nosotros los obispos locales y Roma, o la relación de los obispos entre sí, un aspecto importante debe ser claro. La colegialidad solo se puede vivir y practicar sobre la base de la comunicación. Debemos preguntarnos si realmente utilizamos todas las formas de comunicación modernas, regulares y sostenibles, o si todavía estamos rezagados. Sinceramente, creo que podríamos mejorar en este sentido, por ejemplo, tanto en lo que respecta a la rapidez del intercambio de información como a los modos de participación para la formación de la opinión y a los modos de debate.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estoy firmemente convencido de que no hay alternativas reales a la colegialidad y la sinodalidad en nuestra interacción. Pero antes de notar algunas consecuencias prácticas para abordar el abuso sexual en la Iglesia desde una perspectiva colegial, permítanme resumir el desafío al que nos enfrentamos juntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El desafío del abuso sexual en la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso sexual de menores y adultos vulnerables en la Iglesia revela una compleja red de factores interconectados que incluyen: psicopatología, decisiones morales pecaminosas, ambientes sociales que permiten que ocurra el abuso, y a menudo respuestas institucionales y pastorales inadecuadas o claramente dañinas, o una falta de respuesta. Los abusos cometidos por clérigos (obispos, sacerdotes, diáconos) y otras personas que sirven en la Iglesia (por ejemplo, maestros, catequistas, entrenadores) derivan en daños incalculables, tanto directos como indirectos. Lo más importante es que el abuso inflige daño a los sobrevivientes. Este daño directo puede ser físico. Inevitablemente, es psicológico con todas las consecuencias a largo plazo de cualquier trauma emocional grave relacionado con una profunda traición a la confianza. Muy a menudo, es una forma de daño espiritual directo que remece la fe y perturba severamente el itinerario espiritual de aquellos que sufren abuso, a veces llevándolos a la desesperación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El daño indirecto del abuso a menudo resulta de una respuesta institucional fallida o inadecuada al abuso sexual. Este tipo de respuesta indirecta y perjudicial podría incluir: no escuchar a las víctimas ni tomar en serio sus reclamaciones, no ampliar la atención y el apoyo a las víctimas y sus familias, dar prioridad a la protección de los asuntos institucionales y financieras (por ejemplo, “ocultando” los abusos y a los abusadores) por encima de la atención a las víctimas, no retirar a los abusadores de situaciones que les permitirían abusar de otras víctimas, y no ofrecer programas de formación y detección para los que trabajan con niños y adultos vulnerables. Por muy grave que sea el abuso directo de niños y adultos vulnerables, el daño indirecto infligido por aquellos con responsabilidad directiva dentro de la Iglesia puede ser peor al revictimizar a aquellos que ya han sufrido abuso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Abordar el abuso sexual en la Iglesia representa un desafío complejo y multifacético, quizás sin precedentes en la historia de la Iglesia debido a las comunicaciones de hoy y a las conexiones globales. Esto hace que la colegialidad sea aún más decisiva en nuestra situación actual. Pero, ¿cómo debe responder una Iglesia colegial a ese desafío? Si utilizamos los elementos de la colegialidad como un lente para ver y abordar la crisis, quizás podamos empezar a hacer algún progreso. Sin duda, abordar la crisis no significa una solución rápida o definitiva. Tendremos que empezar con valentía y perseverar resueltamente en el camino juntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ahora, quiero señalar tres temas que considero especialmente importantes para nuestra reflexión: la justicia, la sanación y la peregrinación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Justicia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso sexual de otros, especialmente de menores, tiene sus raíces en un injusto sentido de derecho: “Puedo requerir a esta persona para mi uso y abuso”. Aunque el abuso sexual es muchas cosas, como una violación y una traición a la confianza, en su raíz es un acto de grave injusticia. Las víctimas-sobrevivientes hablan de su sentido de haber sido violadas injustamente. Una tarea fundamental que nos incumbe a todos, individual y colegialmente, es la de restablecer la justicia a quienes han sido violentados. Existen múltiples niveles en este proceso de restauración. Por supuesto, debemos defender y promover la justicia de Dios e implementar las normas de justicia que pertenecen a nuestra comunidad eclesial. La ley y el proceso eclesiástico deben ser implementados de manera justa y efectiva. Sin embargo, hay más en la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso sexual de menores y otras personas vulnerables no solo viola la ley divina y eclesiástica, sino que también es un comportamiento criminal público. La Iglesia no vive solo en un mundo aislado creado por ella. La Iglesia vive en el mundo y con el mundo. Aquellos que son culpables de un comportamiento criminal, en justicia tienen la obligación de rendir cuentas ante las autoridades civiles por dicho comportamiento. Aunque la Iglesia no es un agente del Estado, reconoce la autoridad legítima de la ley civil y del Estado. Por lo tanto, la Iglesia coopera con las autoridades civiles en estos asuntos para hacer justicia a los sobrevivientes y al orden civil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las complicaciones surgen cuando hay relaciones antagónicas entre la Iglesia y el Estado o, aún más dramáticamente, cuando el Estado persigue o está dispuesto a perseguir a la Iglesia. Este tipo de circunstancias subrayan la importancia de la colegialidad. Solo en una red de fuertes relaciones entre los obispos y las Iglesias locales que trabajan juntos, la Iglesia puede navegar por las turbulentas aguas del conflicto Iglesia-Estado y, al mismo tiempo, abordar adecuadamente el delito de abuso sexual. Hay una doble necesidad que solo la colegialidad puede abordar: la necesidad de una sabiduría compartida y la necesidad de un estímulo de apoyo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Sanación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además de defender la justicia, una Iglesia colegial defiende la sanación. Ciertamente, esa sanación debe llegar a las víctimas de los abusos. También debe extenderse a otras personas afectadas, incluidas las comunidades cuya confianza ha sido traicionada o puesta a prueba.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que la sanación sea efectiva, debe haber una comunicación clara, transparente y consistente de una Iglesia colegial con las víctimas, los miembros de la Iglesia y la sociedad en general. En esa comunicación, la Iglesia ofrece varios mensajes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer mensaje, dirigido especialmente a las víctimas, es un acercamiento respetuoso y un reconocimiento honesto de su dolor y sufrimiento. Aunque esto parece obvio, no siempre se ha comunicado. Ignorar o minimizar lo que las víctimas han experimentado solo exacerba su dolor y retrasa su sanación. Dentro de una Iglesia colegial, podemos convocarnos unos a otros a la atención y a la compasión que nos permitan hacer este acercamiento y reconocimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El segundo mensaje debe ser un ofrecimiento orientado a la sanación. Hay muchos caminos hacia la sanación, desde el asesoramiento profesional hasta los grupos de apoyo y otros medios. En una Iglesia colegial, podemos ejercitar nuestra imaginación y desarrollar estos diversos caminos de sanación que, a su vez, podemos comunicar a aquellos que están sufriendo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un tercer mensaje importante es identificar y aplicar medidas para proteger a los jóvenes y a las personas vulnerables de futuros abusos. Una vez más, se necesita una sabiduría colectiva y una imaginación compartida para desarrollar las formas de proteger a los jóvenes y evitar la tragedia del abuso. Esto puede suceder en una Iglesia colegial que asume la responsabilidad del futuro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un cuarto y último mensaje se dirige a la sociedad en general. Nuestro Santo Padre ha dicho sabia y correctamente que el abuso es un problema humano. No se limita, por supuesto, a la Iglesia. De hecho, es una realidad omnipresente y triste en todos los sectores de la vida. A partir de este momento particularmente difícil en la vida de la Iglesia, podemos -de nuevo en un contexto colegial- aprovechar y desarrollar recursos que pueden ser de gran utilidad para un mundo más amplio. La gracia de este momento puede ser nuestra capacidad de servir a una gran necesidad en el mundo desde nuestra experiencia en la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Peregrinación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al enfrentarnos a la tragedia del abuso sexual en la Iglesia, al encontrarnos con el sufrimiento de las víctimas, como nunca somos conscientes de nuestra condición de pueblo peregrino de Dios. Sabemos que aun no hemos llegado a nuestro destino. Somos conscientes de que nuestro viaje no ha sido por un camino recto. El Concilio Vaticano II captó esto muy bien en <em>Lumen gentium</em>: “La plenitud de los tiempos ha llegado, pues, a nosotros, y la renovación del mundo está irrevocablemente decretada y en cierta manera se anticipa realmente en este siglo, pues la Iglesia, ya aquí en la tierra, está adornada de verdadera santidad, aunque todavía imperfecta. Pero mientras no lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, pertenecientes a este tiempo, la imagen de este siglo que pasa, y ella misma vive entre las criaturas, que gimen con dolores de parto al presente en espera de la manifestación de los hijos de Dios” (n. 48).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser el pueblo peregrino de Dios no significa simplemente que tengamos un cierto estado inacabado, aunque efectivamente ese es el caso. Ser el pueblo peregrino de Dios significa que somos una comunidad llamada al continuo arrepentimiento y al continuo discernimiento. Debemos arrepentirnos -y hacerlo juntos, colegialmente- porque en el camino hemos fracasado. Necesitamos buscar el perdón. También debemos estar en un proceso de discernimiento continuo. En otras palabras, juntos o colegialmente, necesitamos mirar, esperar, observar y descubrir la dirección que Dios nos está dando en las circunstancias de nuestras vidas. Hay más por delante. A medida que se ha ido desarrollando la crisis de los abusos, nos hemos dado cuenta de que no existe una solución fácil ni rápida. Estamos llamados a avanzar paso a paso y juntos. Eso requiere discernimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recientemente, en un contexto muy diferente, los obispos del Congo se reunieron y actuaron colegiadamente. Con gran coraje y determinación, abordaron los desafíos sociales y políticos de su nación. Lo hicieron, no uno por uno, sino juntos, colegialmente. En su apoyo mutuo y compartido, dieron testimonio de lo que la colegialidad vivida puede significar y de lo eficaz que puede ser. Al reflexionar sobre la crisis de abuso que ha afligido a la Iglesia, hacemos bien en tomar su ejemplo y reconocer el poder de la colegialidad para abordar las cuestiones más difíciles que se nos plantean.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que podamos avanzar con un claro sentido de responsabilidad y rendición de cuentas en un contexto de colegialidad, a mi juicio, hay al menos cuatro requisitos que ofrezco para su consideración.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para asumir la colegialidad con el fin de abordar nuestra responsabilidad y la obligación de rendir de cuentas, debemos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>declarar, o mejor, reivindicar nuestra identidad en el colegio apostólico unido al sucesor de Pedro, y debemos hacerlo con humildad y apertura;</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>armarnos de coraje y fortaleza, porque el camino a seguir no está trazado con gran detalle ni precisión;</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>abrazar el camino del discernimiento práctico, porque queremos cumplir lo que Dios quiere de nosotros en las circunstancias concretas de nuestras vidas;</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>estar dispuestos a pagar el precio de seguir la voluntad de Dios en circunstancias inciertas y dolorosas.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si hacemos estas cosas, podremos avanzar colegialmente por un camino de responsabilidad y del deber de rendir de cuentas. Pero noten que todas estas acciones no son simplemente nuestras acciones, son obra del Espíritu Santo: reivindicar la identidad o saber quiénes somos, vivir con valor y fortaleza, discernir y ser generosos en el servicio. Así que, que la última palabra sea <em>Veni, Sancte Spiritus, veni</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Sinodalidad: Conjuntamente responsables - Cardenal Blase J. Cupich</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/sinodalidad-conjuntamente-responsables-cardenal-blase-j-cupich/</link>
		<pubDate>Sun, 24 Mar 2019 20:00:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=1162</guid>
		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
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<h3 style="text-align: center;">Sinodalidad: Conjuntamente responsables</h3>
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<h4 style="text-align: center;">Cardenal Blase J. Cupich, Arzobispo de Chicago, Estados Unidos</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 22 de febrero de 2019</h4>
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<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/22-02-19-CARDENAL-CUPICH.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción: De la colegialidad a la Sinodalidad</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Por lo que acabamos de escuchar del Cardenal Gracias, debemos entender nuestra reunión de estos días como un ejercicio de colegialidad. Estamos aquí, como episcopado universal en unión afectiva y sustantiva con el sucesor de Pedro, para discernir a través de un diálogo animado hacia dónde nos llama nuestro ministerio como sucesores de los apóstoles para enfrentar eficazmente el escándalo del abuso sexual del clero que ha herido a tantos pequeños.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Aunque compartimos una responsabilidad única en este sentido como colegio de obispos, también es imperativo que consideremos el desafío que enfrentamos a la luz de la sinodalidad, especialmente cuando exploramos con toda la Iglesia los aspectos estructurales, legales e institucionales de la obligación de rendir cuentas. Porque la sinodalidad representa la participación de todos los bautizados a todos los niveles -en parroquias, diócesis, organismos eclesiales nacionales y regionales- en un discernimiento y una reforma que penetra en toda la Iglesia. Es precisamente un discernimiento tan penetrante, tan vital para la Iglesia en este momento, que dará lugar a los elementos de verdad, penitencia y renovación de las culturas que son esenciales para cumplir el mandato de proteger a los jóvenes dentro de la Iglesia y, a su vez, dentro de la sociedad en general. Un proceso que se limita a cambiar las políticas, aunque sea fruto de los mejores actos de colegialidad, no es suficiente. Lo que debemos buscar es la conversión de hombres y mujeres en toda la Iglesia -padres y sacerdotes, catequistas y religiosos, líderes parroquiales y obispos- y la conversión de las culturas eclesiales en todos los continentes. Solo una visión sinodal, enraizada en el discernimiento, la conversión y la reforma a todo nivel, puede llevar a la Iglesia a aquella acción integral, a la que nos llama la gracia de Dios, en defensa de los más vulnerables en medio nuestro.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un vínculo sagrado</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con esto en mente, quiero empezar con una historia. Hace sesenta años, el pasado diciembre, un incendio se desató en la escuela primaria católica Nuestra Señora de los Ángeles en Chicago, y cobró la vida de 92 niños y tres religiosas. Para recordar ese triste aniversario, presidí una Misa Conmemorativa, a la que asistieron muchos de los antiguos alumnos que sobrevivieron al incendio y familiares de los que habían muerto. Una de las personas a las que saludé antes de la misa era una madre de noventa y cinco años de edad, cuya hija murió en el incendio. Era una inmigrante italiana, que me dijo en su lengua materna, pero también por la mirada triste de sus ojos llorosos, que el aguijón de su pérdida seguía siendo tan agudo como el día en que murió su hija de nueve años. Me mostró la estampa con la foto de su hija. Ella la estrechó en su mano como algo muy precioso. Había guardado este <em>santino</em> (estampa) durante seis décadas desde el día del funeral de su hija pequeña.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Esta conmovedora historia de una madre en duelo, una <em>Pietà</em> moderna, que perdió a su hija hace muchos años, nos pone en contacto a un nivel profundamente humano con el vínculo sagrado que un progenitor tiene con su hijo. Creo que este espacio sagrado de la vida familiar debe ser el punto de referencia y donde encontramos nuestra motivación al comprometernos en estos días a construir una cultura sobre la obligación de rendir cuentas con estructuras adecuadas para modificar radicalmente nuestro enfoque de la protección de la infancia.  Tristemente, mucha de nuestra gente, no solo los abusados o los padres de los abusados, sino también los fieles en general se preguntan si nosotros, los líderes de la Iglesia, comprendemos plenamente esta realidad, particularmente cuando ven que se da poco cuidado a los niños abusados, o peor aún, cuando se encubre para proteger al abusador o a la institución. Se preguntan: “Si los líderes de la Iglesia pueden actuar con tan poco cuidado al prestar atención pastoral en casos tan obvios de abuso sexual de un niño, ¿no revela eso cuán distantes están de nosotros como padres que atesoramos a nuestros hijos como la luz de nuestras vidas? ¿Podemos realmente esperar que nuestros líderes se preocupen por nosotros y por nuestros hijos en las circunstancias ordinarias de la vida, si ellos respondieron tan insensiblemente en casos que alarmarían a cualquier persona razonable?”. Esta es la fuente de la creciente desconfianza en nuestro liderazgo, sin mencionar la indignación de nuestro pueblo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Mi punto es simple. Ninguno de los elementos estructurales que promulgamos como Iglesia sinodal, por importantes que sean, pueden guiarnos fielmente en Cristo a menos que anclemos todas nuestras deliberaciones en el dolor punzante de aquellos que han sido abusados y de las familias que han sufrido con ellos. La Iglesia debe llegar a ser como la madre afligida que encontré en Chicago; la Iglesia debe ser verdaderamente una <em>Pietà</em>, destrozada por el sufrimiento, consoladora en el amor envolvente, constante en señalar la ternura divina de Dios en medio de los dolores de la desolación en aquellos que han sido aplastados por el abuso del clero.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cuatro principios sinodales para enfocar la reforma estructural, legal e institucional</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para una Iglesia que busca ser una madre amorosa frente al abuso sexual del clero, hay cuatro orientaciones enraizadas en la sinodalidad que deben conformar toda reforma estructural, legal e institucional, diseñada para enfrentar el enorme desafío que representa en este momento la realidad del abuso sexual por parte del clero.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Uno: Escucha radical</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La primera orientación es una postura perpetua de escucha radical para comprender la experiencia aniquiladora de aquellos que han sido abusados sexualmente por el clero. Así es como debemos entender la petición del Santo Padre de que nos preparásemos para esta reunión entrando personalmente en las experiencias de los sobrevivientes yéndolos a visitar. La Iglesia, como madre amorosa, debe abrirse continuamente a la realidad desgarradora de los niños cuyas heridas nunca sanarán. Tal postura de escucha nos llama a dejar de lado la distancia institucional y las anteojeras relacionales que nos aíslan de enfrentarnos cara a cara con la cruda destrucción de las vidas de los niños y las personas vulnerables que el abuso sexual del clero trae consigo. Nuestra escucha no puede ser pasiva, esperando que aquellos que han sido abusados encuentren un camino hacia nosotros. Más bien, nuestra escucha debe ser activa, buscando a quienes han sido heridos y tratando de servirlos. Nuestra escucha debe estar dispuesta a aceptar el desafío, la confrontación e incluso la condena de los fracasos pasados y presentes de la Iglesia en mantener a salvo lo más precioso del rebaño del Señor.  Nuestra escucha debe ser vigilante, entendiendo que solo mediante la indagación, la perseverancia y la acción frente a los signos de abuso sexual podemos cumplir el mandato de Dios. Finalmente, nuestra escucha debe traer consigo la voluntad de confrontar los graves y crueles errores cometidos en el pasado por algunos obispos y superiores religiosos al abordar casos de abuso sexual por parte del clero, y el discernimiento para entender cómo establecer una justa obligación de rendir cuentas por estas faltas enormes.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Dos: Testimonio laico</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El segundo fundamento que debe orientar toda reforma estructural para abordar el abuso sexual del clero en una Iglesia sinodal es la afirmación de que cada miembro de la Iglesia tiene un papel esencial en ayudar a la Iglesia a eliminar la horrible realidad del abuso sexual del clero. En gran parte es el testimonio de los laicos, especialmente de madres y padres con gran amor a la Iglesia, quienes han señalado conmovedora y enérgicamente cuán gravemente incompatible es la comisión, el encubrimiento y la tolerancia del abuso sexual del clero respecto del sentido y la esencia misma de la Iglesia. Este testimonio de fe y justicia por parte de los laicos no representa un reto de confrontación a la Iglesia, sino un testimonio de fe y acción, continuo y lleno de gracia, que es esencial para que el pueblo peregrino de Dios cumpla su misión salvífica en este momento de la historia. Las madres y los padres nos han llamado a rendir cuentas, porque simplemente no pueden comprender cómo nosotros, como obispos y superiores religiosos, a menudo nos hemos cegado ante el alcance y el daño del abuso sexual de menores. Ellos están dando testimonio de las realidades duales que deben ser perseguidas en nuestra Iglesia hoy en día: un esfuerzo incesante para erradicar el abuso sexual del clero en la Iglesia, y un rechazo de la cultura clericalista que tan a menudo engendró tal abuso.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La verdadera sinodalidad en la Iglesia nos llama a ver este amplio testimonio laico como una forma de fortalecer y acelerar la misión para la cual nos hemos reunido de todas las naciones en busca de la seguridad de los hijos de Dios. Debemos incorporar sin cesar una amplia participación de laicos en cada esfuerzo para identificar y construir estructuras favorables a la obligación de rendir cuentas para prevenir el abuso sexual del clero. La historia de las últimas décadas demuestra que la perspectiva única y llena de gracia de los laicos, hombres y mujeres, madres y padres, conforma a nuestra Iglesia de una manera tan profunda sobre esta tragedia que cualquier camino que la excluya o la disminuya inevitablemente deformará a la Iglesia y deshonrará a nuestro Dios.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Tres: La colegialidad</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La tercera orientación para nuestro trabajo de reforma y renovación fue señalada por el Cardenal Gracias esta mañana: la postura de colegialidad permanente que es necesaria para cualquier rendición de cuentas genuina con respecto al abuso sexual del clero. Sé que a veces el tema del abuso sexual puede dejarnos a cada uno de nosotros sintiéndonos aislados o a la defensiva para entender cómo debemos seguir adelante. Es precisamente por esta razón que nuestros esfuerzos hacia la reforma estructural y legal en la Iglesia deben estar arraigados en una visión profundamente colegial. Estamos aquí reunidos en este momento histórico porque el Santo Padre ha cristalizado poderosamente el impulso de reforma de una manera que posiciona a la Iglesia para que cumpla con sus responsabilidades en la protección de los jóvenes, y para que ejerza su papel como <em>Pietà</em> en un mundo que conoce tan trágicamente la realidad del abuso sexual.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un enfoque sinodal y colegial está marcado por el intercambio recíproco de conocimiento mutuo, en la Curia Romana, las Conferencias Episcopales y los metropolitanos, y entre todos ellos con fines de discernimiento. En vez de actuar aisladamente, necesitamos comunicarnos unos con otros en un espíritu de confianza, reconociendo todo el tiempo que somos fieles a los deseos de Cristo que nos ha unido como sucesores de los apóstoles en el don del mismo Espíritu. Este último año nos ha enseñado que los fracasos sistemáticos en atribuir responsabilidad a clérigos de todo rango, se deben en gran medida a fallas en la forma en que interactuamos y nos comunicamos unos con otros en el colegio de obispos en unión con el sucesor de Pedro. Pero también revelan en demasiados casos una comprensión y aplicación inadecuadas de realidades teológicas clave tales como la relación entre el Papa y los obispos, los obispos entre sí, los obispos y los superiores religiosos, los obispos con su pueblo y el rol de las conferencias episcopales.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco nos lo recordó en un <a href="https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/february/documents/papa-francesco_20140227_riunione-congregazione-vescovi.html" target="_blank" rel="noopener">discurso a la Congregación de Obispos</a>: “Nadie puede tener todo en sus manos, cada uno pone con humildad y honradez la propia tesela de un mosaico que pertenece a Dios”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En otras palabras, la obligación de rendir cuentas dentro del colegio episcopal, marcada por la sinodalidad, puede configurarse de manera que se convierta en una sólida red de guía, gracia y apoyo que no deje solo al líder individual en situaciones difíciles ni se base en la falsa impresión de que la Santa Sede debe dar todas las respuestas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cuatro: Acompañamiento</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El principio orientador final que es esencial para que las estructuras de rendición de cuentas por el abuso sexual del clero sean efectivas es el llamado al acompañamiento. Si la Iglesia ha de acoger verdaderamente a las víctimas/sobrevivientes del abuso clerical en sus brazos como una madre amorosa, entonces toda estructura de rendición de cuentas debe incluir un compromiso y un acompañamiento que sean verdaderamente compasivos. Acompañar implica intentar genuinamente comprender la experiencia y el camino espiritual del otro. Por lo tanto, las estructuras de denuncia, investigación y evaluación de las demandas de abuso siempre deben ser diseñadas y evaluadas con una comprensión acerca de lo que las sobrevivientes experimentan cuando se acercan a la Iglesia y buscan justicia. Cada vez que un superviviente se acerca a la Iglesia, ya sea en busca de consuelo o de justicia, de retribución o de paz, es una invitación a la Iglesia a ser genuinamente <em>Pietà</em>, marcada por la ternura y la empatía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas estructuras de rendición de cuentas también deben ser justas y seguras, produciendo sanciones para proteger a los vulnerables cuando el acusado es culpable, y declaraciones de inocencia cuando el acusado no tiene culpa. El llamado de la Iglesia a acompañar a las víctimas exige una mentalidad que rechaza categóricamente los encubrimientos o el consejo de distanciarnos de los sobrevivientes de abusos por razones legales o por miedo al escándalo, lo que bloquea el verdadero acompañamiento de quienes han sido victimizados. También exige que establezcamos estructuras y disposiciones jurídicas que, como primer principio general, consagren claramente el deber de proteger a los jóvenes y a los vulnerables. Tal vez lo más importante es que el llamado al acompañamiento exige que los obispos y los superiores religiosos rechacen una cosmovisión clerical que hace ver las acusaciones de abuso sexual del clero con un telón de fondo de estatus e inmunidades para quienes pertenecen en el estado clerical. El acompañamiento auténtico al estilo de Cristo ve a todos como iguales ante el Señor, y las estructuras basadas en el acompañamiento hacen que todos se sientan y aparezcan iguales ante el Señor.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos cuatro principios sinodales de escucha, testimonio laical, colegialidad y acompañamiento son constitutivos de la llamada del Santo Padre a prepararnos y a abrir nuestro corazón a la inmensidad y a la importancia de la tarea que emprendemos en estos días.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Estructuras institucionales y jurídicas para la rendición de cuentas: Un marco</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tarea que tenemos ante nosotros es centrar estos principios en el diseño de estructuras institucionales y legales específicas con el fin de crear una obligación de rendir cuentas genuina en los casos relacionados con la mala conducta de los obispos y superiores religiosos, y el mal manejo de los casos de abuso infantil. Pero esto exigirá que nos llamemos unos a otros a una rendición de cuentas evangélica, anclada en la justicia y en la sensibilidad de Jesús que cuando “se compadecía ante el sufrimiento de la gente […] mostraban hasta qué punto su corazón humano estaba abierto a los demás”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Con todo esto en mente, ahora nos referimos a cómo podría ser la aplicación específica de la rendición de cuentas a través de las estructuras institucionales y legales en los casos relacionados con la mala conducta de los obispos y el mal manejo de los casos de abuso infantil.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Come Una Madre Amorevole</em></strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya tenemos, por supuesto, una guía en la <a href="http://www.lexicon-canonicum.org/documentos/motu-proprio-como-una-madre-amorosa-sobre-la-remocion-de-los-obispos-traduccion/" target="_blank" rel="noopener">Carta Apostólica <em>Come una madre amorevole</em></a><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, que establece procedimientos que tratan, entre otras cosas, de los obispos que manejan mal los casos de abuso. Dicho brevemente, un obispo, eparca o superior mayor de institutos religiosos y sociedades de vida apostólica de derecho pontificio puede ser removido si su falta de diligencia a este respecto es grave, aunque no haya una falta intencional seria por su parte. La congregación competente de Roma abre una investigación de acuerdo con la ley de la Iglesia para determinar si existe una prueba fundamental. Se informará al acusado y se le dará la posibilidad de defenderse. Otros obispos o eparcas de la respectiva conferencia episcopal o sínodo pueden ser consultados antes de que la congregación tome una decisión. Si el juicio conduce a la remoción, se somete al Santo Padre para su aprobación, y si se mantiene, la congregación puede emitir un decreto o pedir al obispo que renuncie en un plazo de quince días. De lo contrario, la congregación puede proceder con la remoción<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.   Necesitamos leer y releer esta carta.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La tarea por delante</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que queda por promulgar son procedimientos claros en los casos en que, por “razones graves”, podría justificarse la destitución de un obispo, de un eparca o de un superior religioso, tal como se define en el motu proprio <a href="http://www.iuscanonicum.org/index.php/documentos/legislacion-del-romano-pontifice/130-motu-proprio-sacramentorum-sanctitatis-tutela.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Sacramentorum Sanctitatis Tutela</em></a><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> y en el motu proprio <em>Come una madre amorevole</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que ofrezco aquí son factores relevantes que deben ser considerados en la medida que cada conferencia episcopal adopte procedimientos que habiliten a una iglesia sinodal para hacer que los obispos involucrados en una mala conducta y un mal manejo rindan cuentas. Mi objetivo es ofrecer un marco que se ajuste a nuestras tradiciones eclesiológicas y canónicas con el fin de suscitar una conversación entre nosotros, sabiendo que existen diferencias de cultura, leyes civiles y canónicas, y otros factores que deben tenerse en cuenta, pero conscientes de la urgencia de tomar medidas decisivas sin demora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agruparé mis observaciones bajo tres epígrafes: 1. Establecer normas para la investigación de obispos, 2. Informar las acusaciones y 3. Pasos procesales concretos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Establecer normas</strong>. Cuando las Conferencias Episcopales, las Provincias o las Diócesis establezcan colegialmente normas para llevar a cabo las investigaciones de los obispos, deben involucrar y consultar a expertos laicos de acuerdo con el Derecho Canónico y explorar el uso del Metropolitano, dado su papel tradicional en el ordenamiento de la vida eclesial. Todo ello debe hacerse sin perjuicio de la autoridad de la Santa Sede. Siempre que el derecho civil exija que se denuncie el abuso de menores, esa ley debe seguirse sin excepción y las políticas deben ser claras respecto a esos requisitos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Informar de las acusaciones</strong>. Todos los mecanismos para reportar acusaciones de abuso o mal manejo de casos de abuso contra un obispo deben ser transparentes y bien conocidos por los fieles. Se debe prestar atención al establecimiento de mecanismos independientes de información en forma de una línea telefónica específica y/o un servicio de portal web para recibir y transmitir las acusaciones directamente al Nuncio Apostólico, al Metropolitano<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> del Obispo acusado o, según sea necesario, a su suplente y a cualquier experto laico previsto en las normas establecidas por las Conferencias Episcopales. La participación de expertos laicos para ayudar desde este punto en adelante es por el bien del proceso y el valor de la transparencia. También se deben establecer otros requisitos y procedimientos para informar a las autoridades eclesiásticas apropiadas por parte de los miembros del clero que tengan conocimiento de la mala conducta de un obispo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Pasos concretos de procedimiento. </strong>En mi opinión, será útil adoptar medidas de procedimiento claras que estén arraigadas en las tradiciones y estructuras de la Iglesia, pero que al mismo tiempo satisfagan las necesidades modernas de identificar e investigar conductas potencialmente ilícitas de los obispos. Si bien las leyes universales pueden ser emitidas por la Santa Sede con respecto a este tema - y el Motu Proprio <em>Come una madre amorevole</em> es el ejemplo perfecto -, las Conferencias Episcopales, después de las consultas apropiadas, deberían considerar la adopción de normas especiales para abordar las necesidades particulares de cada Conferencia. Creo que nuestra Iglesia está mejor servida si los siguientes principios encuentran su lugar en cualquier legislación propuesta en esta área:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. Las víctimas y sus familias, así como las personas que presentan la acusación, necesitan ser tratadas con dignidad y respeto, y deben recibir una atención pastoral adecuada. Se deben hacer esfuerzos para asegurar que las víctimas reciban consejería psicológica y otro tipo de apoyo, que creo que debe ser financiado por la diócesis del obispo acusado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. La denuncia de un delito no debe verse obstaculizada por el secreto oficial o por normas de confidencialidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c. Ninguna persona debe ser discriminada o sufrir represalias sobre la base de la denuncia de una acusación contra un obispo a las autoridades eclesiásticas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d. Se debe prestar la debida atención a la inclusión de mujeres y hombres laicos competentes y con experiencia en el proceso de principio a fin, por respeto a los principios de obligación de rendir cuentas y de transparencia que he señalado anteriormente<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">e. Siempre que esté justificado, y en cualquier momento durante la investigación, el Metropolitano debe poder recomendar a la congregación romana competente que se adopten las medidas cautelares apropiadas, incluido el alejamiento temporal y público del acusado de su cargo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">f. Si la alegación tiene incluso la apariencia de verdad, que el Metropolitano debe ser libre de determinar con la ayuda de expertos laicos, el Metropolitano puede solicitar a la Santa Sede autorización para investigar. La naturaleza exacta de la investigación, ya sea penal o administrativa, dependerá de las acusaciones<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Esta petición debe ser enviada sin demora y la congregación debe responder sin demora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">g. Después de que el Metropolitano reciba la autorización, debe reunir toda la información relevante de manera expedita, en colaboración con expertos profesionales, para asegurar la ejecución profesional y veloz de la investigación y concluirla rápidamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">h. Toda investigación debe llevarse a cabo con el debido respeto a la privacidad y el buen nombre de todas las personas involucradas. Esto no impide, sin embargo, que la Conferencia Episcopal adopte normas para informar a los fieles de la acusación contra el obispo en cualquier etapa del proceso. Al mismo tiempo, es importante que se conceda al acusado la presunción de inocencia durante la investigación<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">i. Una vez finalizada la investigación, el Metropolitano remitirá el <em>acta</em>, incluyendo toda la información recopilada con la ayuda de expertos laicos, junto con su <em>votum</em>, si así se solicita, a la Santa Sede.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">j. Se puede establecer un fondo común a nivel nacional, regional o provincial para cubrir los gastos de las investigaciones a los obispos<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, teniendo debidamente en cuenta las normas de derecho canónico para su administración<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">k. La competencia del Metropolitano normalmente cesaría una vez que la investigación se haya completado<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, pero podría extenderse para asegurar un cuidado pastoral continuo, o por otras razones específicas. La tramitación del caso de un obispo procede a partir de este punto de acuerdo con las normas del derecho universal<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. De acuerdo con el derecho canónico, la Santa Sede llevará el caso de un obispo a sí misma para su resolución mediante un proceso administrativo o penal u otra disposición, o bien la Santa Sede podrá devolver el caso al Metropolitano con instrucciones adicionales sobre cómo proceder<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">l. Por supuesto, a menos que la ley especial establezca lo contrario, corresponde al Romano Pontífice tomar una decisión final<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Observaciones finales</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que presento aquí es un marco para construir nuevas estructuras legales para rendir cuentas en la Iglesia. Este esfuerzo requerirá una firme confianza y apertura para identificar con la ayuda de todos en la Iglesia, y con el debido respeto por las diversas culturas y la universalidad de nuestra Iglesia, los caminos legales e institucionales para salvaguardar a los jóvenes de una manera justa, compasiva y firme.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Juan Pablo II se refirió a esta realidad en su innovadora Carta apostólica <a href="http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_letters/2001/documents/hf_jp-ii_apl_20010106_novo-millennio-ineunte.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Novo millennio ineunte</em></a>, al observar que necesitamos la sabiduría de la ley para proporcionar reglas precisas que garanticen la participación de todos los bautizados, que rechacen toda arbitrariedad y que se ajusten a nuestra tradición de ordenar la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, enfatizó, hay una espiritualidad correlativa de comunión que “provee de alma a la realidad institucional”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos movernos para establecer leyes y estructuras sólidas con respecto a la obligación de rendir cuentas de los obispos precisamente para proveer con un alma nueva la realidad institucional de la disciplina de la Iglesia sobre el abuso sexual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para terminar, quiero llevarlos de regreso a aquella Misa Conmemorativa que celebré en Chicago para los niños y religiosos que habían muerto en el incendio de la escuela de Nuestra Señora de los Ángeles. Durante el himno final, la anciana madre inmigrante que me había hablado antes, todavía sosteniendo firmemente el <em>santino</em> en su mano, me detuvo para decirme cuán consolada estaba por la celebración, consolada de que la Iglesia no hubiese olvidado a su hija. Entonces hizo algo extraordinario. Ella puso el <em>santino</em> en mis manos, confiando a su hija a la Iglesia a la que reconoció como <em>Pietà</em>, como una madre amorosa.  Hermanas y hermanos, debemos trabajar incansablemente en estos días para justificar esa confianza y honrar esa gran fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por escuchar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Papa Francisco, <a href="https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2014/february/documents/papa-francesco_20140227_riunione-congregazione-vescovi.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Discurso a la Congregación de los Obispos</em>, 27 de febrero de 2014</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Papa Francisco, <em>Amoris Laetitia</em>, 144</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Papa Francisco, <a href="http://www.lexicon-canonicum.org/documentos/motu-proprio-como-una-madre-amorosa-sobre-la-remocion-de-los-obispos-traduccion/" target="_blank" rel="noopener">Carta Apostólica <em>Come una madre amorevole</em></a>, 2016</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Además, actualmente, se está haciendo un esfuerzo para garantizar que los procedimientos estén estandarizados entre las congregaciones, pero la ley ya es aplicable y está en vigor, como se evidencia en casos recientes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Véanse las normas sobre <em>delicta graviora</em>, arts. 1-6</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Se deben establecer alternativas al Metropolitano si él es el acusado o si la Sede Metropolitana está vacante. El suplente podría ser el Metropolitano más cercano dentro de la misma conferencia episcopal, o uno de una lista creada <em>a priori</em> por cada conferencia episcopal. De lo contrario, la denuncia podría ser remitida al obispo sufragáneo mayor de la Provincia, que asume el papel de Metropolita en estos casos. En el caso de una acusación contra un obispo de una Iglesia Católica Oriental, puede ser enviada al Patriarca, al Arzobispo Mayor o al Metropolitano de las Iglesias Metropolitanas <em>sui iuris</em>, dependiendo de la estructura de la Iglesia Católica Oriental, a menos que la Santa Sede haga otra provisión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Se reconoce que los profesionales laicos con conocimientos especializados pueden estar debidamente autorizados para llevar a cabo una investigación, pero todas las investigaciones deben permanecer bajo la autoridad eclesiástica apropiada. Ver e.g., CIC, c. 274 §1 (“Solo los clérigos pueden obtener oficios para cuyo ejercicio se requiera la potestad de orden o la potestad de régimen eclesiástico”); ver también CIC, cc. 1405, 1717. Esto, sin embargo, no impide los derechos y deberes de los laicos de dar a conocer su opinión a los pastores y al resto de los fieles cristianos sobre asuntos que pertenecen al bien de la Iglesia, cf., CIC, c. 212 §3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Esto no siempre sería una investigación <em>penal</em> preliminar bajo el Derecho Canónico, ya que <em>Come una madre amorevole</em> también cubre la mala conducta no penal (como la negligencia).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Se deberán tomar todas las medidas apropiadas para proteger el ejercicio de los derechos reconocidos por el derecho canónico. CIC, c. 221; ver también <em>Come una madre amorevole</em>, art. 2 § 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Cf. </em>CIC, c. 1274 §§ 3-5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> CIC, c. 1275. Los laicos pueden ser seleccionados para administrar los fondos. Cf. CIC, c., 1279. Si no hay fondos disponibles para la investigación, el Metropolitano deberá hacer una solicitud inmediata de fondos a la congregación romana competente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Ver CIC, c. 142 §1</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Cf., <em>Come una madre amorevole</em>, arts. 2-5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Cf., CIC, c.1718; cf., <em>Come una madre amorevole</em>, arts. 2-5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cf., CIC, c.1405; cf., <em>Come una madre amorevole</em>, art. 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Communio: Actuar juntos - Linda Ghisoni</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/communio-actuar-juntos-linda-ghisoni/</link>
		<pubDate>Sun, 31 Mar 2019 21:07:57 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">Communio: Actuar juntos</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Linda Ghisoni</h4>
<h4 style="text-align: center;">Subsecretaria de la sección Fieles Laicos del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 22 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/02/22-02-19-Linda-Ghisoni.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Es una nueva traición que viene del interior de la Iglesia. Estas personas son, desde mi punto de vista, lobos que entran aullando en el redil para asustar aun más al rebaño y dispersarlo, cuando deberían ser precisamente ellos, los Pastores de la Iglesia, quienes tendrían que cuidar y proteger a los más pequeños».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este testimonio de una mujer víctima de abusos de conciencia, de poder y sexuales por parte de sacerdotes, los “lobos que aúllan” son los pastores que han negado <em>a priori</em> y que, una vez probados los hechos criminales, la han hecho objeto de intimidaciones y han aniquilado su dignidad, definiéndola como «una persona que, todo lo más, puede pasar entre un cuadro y la pared» (sin espesor, sin fundamento).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escuchar testimonios como este no es un ejercicio de conmiseración; es un encuentro con la carne de Cristo en la que se han provocado heridas incurables, heridas que, como decía Usted, Santo Padre, no prescriben.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De rodillas: esta sería la posición adecuada para tratar los temas de estos días. De rodillas ante las víctimas y sus familias, ante los abusadores, los cómplices, los negacionistas, delante de todos los que han sido acusados injustamente, ante los negligentes, los encubridores, ante los que han intentado hablar y actuar pero han sido silenciados, ante los indiferentes. De rodillas ante el Padre misericordioso que ve desgarrado el Cuerpo de Cristo, su Iglesia, y nos envía a hacernos cargo de las heridas como Pueblo suyo, y a curarlas con el bálsamo de su amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No tengo nada que enseñarle a Usted, Santidad, a ustedes, Eminencias, Excelencias Reverendísimas, a las Reverendas Madres y a los Reverendos Padres convocados aquí; creo más bien que juntos, en la escucha recíproca y activa, nos esforzamos por trabajar para que en el futuro no levante tanto clamor un evento como este encuentro, y la Iglesia, Pueblo de Dios, cuide de manera competente, responsable y amorosa a las personas implicadas y se haga cargo de lo que ha sucedido, para que la prevención no se agote en un bonito programa, sino que se convierta en actitud pastoral ordinaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Situar y fundar oportunamente la rendición de cuentas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante la anormalidad inherente a cualquier tipo de abuso perpetrado contra menores se impone, en primer lugar, el deber de conocer todo lo que ha sucedido, junto a una toma de conciencia de lo que significa; y el deber de verdad, de justicia, de reparación y prevención para que no se reiteren tales abominaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El conocimiento de los abusos y de su entidad es, evidentemente, el punto de partida fundamental; por lo demás, no es posible elaborar un plan de prevención si no se conoce aquello que se debe evitar. Sin embargo, el conocimiento de los hechos y la definición de la entidad del fenómeno, aunque es necesario, “en sí mismo no basta” (<a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2018/documents/papa-francesco_20180820_lettera-popolo-didio.html" target="_blank" rel="noopener">Francisco, Carta al Pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018, n.2</a>). Para satisfacer las exigencias enumeradas más arriba de verdad, justicia, reparación y prevención, se necesita que quien está investido de la debida responsabilidad la asuma, con el consiguiente deber de dar cuenta de ella, el deber de rendir cuentas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dicho deber impone una operación de evaluación y rendición de cuentas por lo que se refiere a decisiones tomadas y objetivos fijados y realizados en mayor o menor medida. Responde a exigencias de carácter social, y coloca a la persona investida de responsabilidad ante una rendición de cuentas tanto a sí misma como a la sociedad en la que vive y a beneficio de la cual está llamada a desempeñar un determinado cargo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero la rendición de cuentas en la Iglesia, contrariamente a lo que puede parecer, no responde en primer lugar a exigencias de carácter social y organizativo. Y ni siquiera –siempre en primer lugar– a la necesidad de transparencia, a la que todos hemos de prestar especial atención en razón de la verdad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tales exigencias, que no hay que descuidar ni minimizar, son justas; por lo demás, la Iglesia no puede distanciarse de lo que exige su dimensión institucional. Sin embargo, no son estas exigencias sociales las que constituyen el fundamento de la rendición de cuentas; este se encuentra más bien en la naturaleza propia de la Iglesia como misterio de comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sabemos que la naturaleza de comunión de la Iglesia emerge especialmente gracias al Concilio Vaticano II, si bien, en realidad, ni la <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html" target="_blank" rel="noopener">Constitución Dogmática <em>Lumen Gentium</em></a> ni los demás documentos de carácter eclesiológico parecen poner expresamente el acento sobre la eclesiología de comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habrá que esperar al Sínodo extraordinario de los Obispos del año 1985 – convocado para «meditar, profundizar y promover las enseñanzas del Vaticano II a los 20 años de su conclusión» (<a href="https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/la/speeches/1985/december/documents/hf_jp-ii_spe_19851207_sinodo-vescovi.html" target="_blank" rel="noopener">Juan Pablo II, Discurso final de la II Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos, 7 de diciembre de 1985</a>) – para que se elabore la categoría de comunión como clave interpretativa de la Iglesia a la luz de la Revelación. Esta surge de la referencia primera, directa, fundante, a la dimensión sacramental de la Iglesia, es decir, a ese misterio trinitario en el cual la Iglesia reconoce su propio rostro, si bien en forma sacramental y, por tanto, analógica: «veluti sacramentum», «o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solamente apoyándose en este fundamento adquiere pleno significado cada acción de la Iglesia: incluso una acción que connota claramente exigencias de carácter social, como puede parecer la rendición de cuentas, es preciso que sea reconducida a la naturaleza propia de la Iglesia misma, es decir, a su dimensión de comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué puede significar esto en nuestro ámbito específico?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No pocas veces advierto intranquilidad en la Iglesia por la atención que se dedica a la cuestión de los abusos sexuales de menores. Un sacerdote, hace unos días, exclamó: “¿Otra vez? ¡Se sigue hablando de abusos! La atención que la Iglesia presta a este tema es exagerada”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También una señora practicante me ha dicho inocentemente: “Mejor no hablar de estos temas, porque de lo contrario crecerá la desconfianza hacia la Iglesia. Hablar de esto oscurece todo el bien que se hace en las parroquias. Que lo resuelvan el Papa, los obispos y los sacerdotes entre ellos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Es el hablar lo que ofusca lo bueno que se hace en las parroquias, o más bien son los abusos de conciencia, de poder, sexuales?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A estas personas –y en primer lugar a mí misma– les digo que tomar conciencia del fenómeno y dar cuenta de la propia responsabilidad no es una obsesión, no es una acción inquisitoria accesoria para satisfacer meras exigencias sociales, sino una exigencia que brota de la naturaleza misma de la Iglesia como misterio de comunión fundado en la Trinidad, como Pueblo de Dios en camino que no evita sino que afronta, con conciencia de comunión siempre renovada, incluso los desafíos ligados a los abusos sucedidos en su interior en perjuicio de los más pequeños que minan y rompen esta comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Algunas cuestiones eclesiológicas consiguientes</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solamente a partir de la visión de la Iglesia como sacramento que significa y realiza el misterio de comunión trinitaria es posible comprender correctamente la variedad de los carismas, dones y ministerios de la Iglesia, la diversidad de los papeles y las funciones en el Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2.1 Una primera cuestión crucial que se deduce de lo dicho hasta ahora es la siguiente: en Iglesia, los fieles no se atribuyen papeles y cargos según una distribución social de acuerdo con exigencias de funcionamiento institucional: sabemos bien que el sacerdocio común de los fieles, fundado en el bautismo, hace partícipes a todos los cristianos –precisamente en virtud del bautismo– del triple <em>munus</em> de Cristo sacerdote, rey y profeta (cf. LG 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por tanto, una referencia honesta a la Iglesia como comunión, como Pueblo de Dios en camino, exige que todos los componentes de este Pueblo, cada uno en el modo que le es propio, vivan consecuentemente los derechos-deberes que han adquirido con el bautismo. No se trata de acaparar puestos o funciones, o de repartirse el poder: la llamada a ser Pueblo de Dios nos entrega una misión que cada uno ha de vivir según los dones recibidos, y no él solo, sino como parte del Pueblo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2.2 Una segunda cuestión importante en el contexto de nuestro discurso se refiere a la correcta comprensión del ministerio ordenado, especialmente de la relación entre obispo y presbíteros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si por una parte se requiere a los presbíteros que estén unidos a su Obispo con sincera caridad y obediencia, reconociendo en él la autoridad de Cristo como Pastor Supremo, por otra los Obispos deben preocuparse «cordialmente, en la medida de sus posibilidades, de su bien material (de los presbíteros) y, sobre todo, espiritual, como está escrito en el n. 7 del Decreto <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Presbyterorum Ordinis</em></a>. Efectivamente, sobre los obispos recae principalmente la grave responsabilidad de la santidad de sus sacerdotes: por consiguiente, tengan un cuidado exquisito en la continua formación de su presbiterio (CD 15-16)».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una correcta relación entre Obispo y presbíteros conduce a que este se haga cargo realmente, desde el punto de vista material y espiritual, de los sacerdotes, pues sobre él recae en primer lugar la responsabilidad de la santidad de los presbíteros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es preciso que el ministerio sacerdotal, basándose en una sólida formación, sea vivido en todos los niveles como lo que es: dedicación y servicio a Cristo y a la Iglesia lavando los pies, según lo que Jesús hizo a los apóstoles a pesar de desilusionar a muchos de sus contemporáneos porque no ejercitó el poder como se esperaban. El ministerio sacerdotal vivido como tal preserva de cualquier tentación de acariciar el poder, de autorreferencialidad y autocomplacencia, de principado y explotación de los demás para cultivar el propio placer a cualquier nivel, también sexual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Cuántos sacerdotes, cuántos obispos nos edifican con su ministerio, con su vida de oración, de dedicación y de servicio, estableciendo relaciones sanas y libres dentro del Pueblo de Dios! Damos las gracias a estos sacerdotes, animándolos y sosteniéndolos en la vida de santidad, de servicio en la viña del Señor, a la que han sido llamados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2.3 Otra nota a destacar, que deriva de la visión de la “Iglesia comunión”, Pueblo de Dios en camino, es la exigencia de interacción entre los varios carismas y ministerios. La Iglesia se hace visible y actúa en su naturaleza de comunión si cada bautizado vive y cumple lo que le es propio, si la diversidad de carismas y ministerios se expresa en la necesaria participación de cada uno, respetando las diferencias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El citado documento conciliar de 1965 dedicado a los presbíteros les pide no solo que “reconozcan y promuevan sinceramente la dignidad de los seglares y el papel que desempeñan en la misión de la Iglesia”, sino también que “escuchen con gusto a los seglares, considerando fraternalmente sus deseos y aceptando su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, a fin de poder reconocer juntamente con ellos los signos de los tiempos”. Y añade: “Encomienden también confiadamente a los seglares trabajos en servicio de la Iglesia, dejándoles libertad y radio de acción, invitándolos incluso oportunamente a que emprendan sus obras por propia iniciativa” (PO 9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se subraya aquí, a partir de la <em>communio</em> que constituye la Iglesia, la necesidad de la contribución diversificada de todos, no para reclamar el protagonismo de algunos, sino para hacer visible la multiforme riqueza de la Iglesia dentro del respeto del <em>proprium</em> de cada uno, contra la pretensión de que el carisma de la síntesis sea la síntesis de los carismas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2.4 Finalmente, es preciso que la participación de todo el Pueblo de Dios sea necesariamente dinámica: los laicos, los consagrados no están llamados a ser simples ejecutores de las disposiciones de los clérigos, sino que todos somos servidores de una única viña en la que cada uno aporta su propia contribución y participa en el discernimiento que el Espíritu sugiere a la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Indudablemente, el ministerio ordenado, en su grado más alto, el episcopal, lleva sobre sí la responsabilidad de tomar la decisión última, en virtud de la potestad que se le reconoce; sin embargo, no puede actuar solo o limitando a unos pocos su acción de discernimiento. Es vital para los Obispos valerse de la contribución, del consejo y del discernimiento de los que todos son capaces en su Iglesia, incluidos los laicos, no solamente para sí mismos y en lo referente a las elecciones personales, sino también como Iglesia y para el bien de la Iglesia en el <em>hic et nunc</em> en el que están llamados a vivir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El fundamento de comunión de la Iglesia es siempre el que nos indica la vía y el método, en este caso un dinamismo de participación de todo el Pueblo de Dios que comporta vivir la sinodalidad, caminando juntos, como un proceso compartido en el que cada uno tiene una parte distinta, responsabilidades diversas, pero todos constituyen la única Iglesia. De hecho –como leemos en la <a href="https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2018/09/18/cong.html" target="_blank" rel="noopener">constitución apostólica <em>Episcopalis Communio</em> </a>del 15 de septiembre de 2018– «la totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo (cf. 1 Jn 2, 20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando “desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos” presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres (LG 12). […] Un obispo que vive en medio de sus fieles tiene los oídos abiertos para escuchar “lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2, 7) y la “voz de las ovejas”, también a través de los organismos diocesanos que tienen la tarea de aconsejar al Obispo, promoviendo un diálogo leal y constructivo» (EC 5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas reflexiones nos invitan a huir de dos posiciones erróneas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un obispo no puede resolver las cuestiones referentes a la Iglesia actuando él solo o exclusivamente con otros obispos, según la idea de que “solo un obispo puede saber lo que es bueno para los obispos”; de manera análoga, se podría decir que “solo un sacerdote sabe lo que es bueno para los sacerdotes, solo un laico para los laicos, solo una mujer para las mujeres”, y así sucesivamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Del mismo modo, podemos afirmar que es erróneo, desde mi punto de vista, sostener que la participación de los laicos en cuanto tales en cuestiones que se refieren a los ministros ordenados garantiza una mayor corrección ya que son ‘terceros’ respecto a los eventos. Algunos piden: “Constituyamos una comisión de laicos porque resulta más creíble que una comisión de sacerdotes, que tienden a ser menos objetivos, a tapar y defender <em>a priori</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como mujer laica, debo constatar honestamente que tanto entre los sacerdotes y los religiosos como entre los laicos puede haber y hay personas no libres, dispuestas a encubrir <em>a priori</em>, supeditadas a alguien en vez de ser fieles a la propia vocación y de estar al servicio de la Iglesia de manera amorosa, inteligente y libre. Volver a la naturaleza de comunión de la Iglesia, donde se realizan los diversos carismas y ministerios, no significa nivelación, sino que comporta riqueza y fuerza, ayuda a encontrar las razones para evitar estos eslóganes extremos e improductivos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Sugerencias para algunas actuaciones prácticas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teniendo presentes los fundamentos y las cuestiones brevemente indicadas, este encuentro nos ofrece la oportunidad de conocer lo que se está realizando en la Iglesia y lo que hay que implementar, conscientes de que esta reunión convocada por el Papa no constituye la meta de un recorrido terminado, validado y perfecto; pero tampoco es el punto de partida: no se pueden ignorar las intervenciones magisteriales, normativas y pastorales promovidas hasta ahora, ni las numerosas acciones derivadas de ellas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.1 La primera sugerencia es, por tanto, conocer y estudiar las prácticas ya experimentadas que se han demostrado eficaces en otros contextos eclesiales, en otros episcopados. Me refiero a prácticas que contemplen la participación de personas competentes que representen a todo el Pueblo de Dios, puesto que todos los bautizados, animados por el Espíritu, son idóneos para expresar un <em>sensus fidei</em> del que la Iglesia no puede prescindir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto, es bueno reconocer el trabajo de quienes, en años recientes, han dedicado inteligencia, corazón y manos a esta causa escuchando a las víctimas, elaborando protocolos, directrices, revisiones etc., valiéndose de competencias específicas procedentes de todo el Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teniendo en cuenta la diversidad que deriva de los diferentes contextos culturales y sociales en los que está presente la Iglesia, no debe haber una <em>business class</em> en algunas iglesias particulares y una <em>economy class</em> en otras, sino que la única Iglesia de Cristo ha de expresarse en todas partes garantizando a todos, en cualquier lugar, instrumentos, procedimientos y criterios que, más allá de las necesarias peculiaridades locales, tutelen a los menores buscando la verdad y la justicia, y promuevan la reparación y la prevención en materia de abusos sexuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.2 En las directrices nacionales se debe inserir un capítulo específico que determine los motivos y los procedimientos de rendición de cuentas, para que los obispos y los superiores religiosos establezcan un sistema de verificación ordinaria del cumplimiento de lo que está previsto, y una motivación de las acciones emprendidas o no, de modo que no haya que justificar posteriormente las razones de un determinado comportamiento sometiéndolo a las exigencias del momento, ligado quizá a una acción defensiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hecho de prever un procedimiento ordinario de verificación no se debe entender como desconfianza hacia el Superior o el Obispo; más bien ha de considerarse como una ayuda que le permite conocer –ante todo a él mismo- las razones de una determinada acción realizada u omitida cuando todos los elementos están claros y presentes, o sea, en el mejor momento. Decir que también el obispo debe siempre dar cuenta a alguien de su actuar no significa someterlo a un control o desconfiar de él <em>a priori</em>, sino insertarlo en la dinámica de la comunión eclesial, en la que todos los miembros actúan de modo coordinado, según sus propios carismas y ministerios. Si un sacerdote debe rendir cuentas de su actuación a la comunidad, al presbiterio y a su obispo, ¿a quién debe rendir cuentas un obispo? ¿A qué rendición de cuentas está sujeto? Identificar una realidad de responsabilización no solo no debilita su autoridad, sino que lo valoriza en su función propia como pastor de un rebaño, que no está separado del pueblo por el cual está llamado a dar la vida. Podrá suceder, como para cada uno de nosotros, que de la rendición de cuentas surja la conciencia de un error, se haga evidente que un camino emprendido es equivocado, quizá porque en aquel momento se pensaba –erróneamente– que se estaba obrando por el bien. Ello no constituirá un juicio del que defenderse para recuperar credibilidad, una mancha en la propia honorabilidad, una insidia a la potestad ordinaria, propia e inmediata (cf CD 8a). Por el contrario, será el testimonio de un camino recorrido junto a los demás, pues solo juntos se puede encontrar el discernimiento de una verdad, de una justicia, de una caridad. La lógica de la comunión no soporta una acusación y una defensa, sino un cooperar (“co-operar”, precisamente, por tanto solo en comunión) por el bien de todos. Por consiguiente, también la rendición de cuentas es una forma, más necesaria hoy que nunca, de esta lógica de comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La puesta en marcha, en la sede local, con base diocesana o regional, de consejos que operen de manera corresponsable con los Obispos y los Superiores religiosos, sosteniéndolos en esta tarea con competencia y actuando como lugar de verificación y discernimiento de las iniciativas a realizar, sin sustituirse a ellos ni interferir en las decisiones que caen bajo la directa responsabilidad jurisdiccional del Obispo o del Superior, puede constituir un ejemplo y un modelo de una sana colaboración entre laicos, religiosos y clérigos en la vida de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.3 Es aconsejable que en el territorio de cada Conferencia Episcopal se creen Comisiones consultivas independientes para aconsejar y asistir a los Obispos y a los Superiores religiosos, y para promover un nivel uniforme de responsabilidad en las diversas diócesis. Tales comisiones consultivas pueden estar formadas por laicos, sin que se excluya a los religiosos y los clérigos. No se trataría de personas que juzgan a los Obispos, sino de fieles que ofrecen su consejo y asistencia a los Pastores valorando su actuación con criterios evangélicos; y que informan a todos los fieles del territorio sobre los procedimientos apropiados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dichas Comisiones consultivas, mediante relaciones y reuniones periódicas entre ellas, podrían contribuir a asegurar una mayor uniformidad en las prácticas y una interacción cada vez más eficaz, de modo que las Iglesias particulares aprendiesen las unas de las otras, en espíritu de confianza recíproca y de comunión, con el fin de asumir y compartir activamente la preocupación por los más pequeños y vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.4 Habrá que considerar si es oportuno establecer una oficina central –no de rendición de cuentas, que se ha de considerar en la sede local- que promueva la formación de una identidad propiamente eclesial en estos organismos; y solicite y verifique a intervalos regulares el correcto funcionamiento de lo que se ha emprendido a nivel local, con una atención especial a la corrección desde el punto de vista eclesiológico, de modo que los carismas y ministerios estén todos representados adecuadamente y puedan contribuir con su propia aportación específica preservando la libertad de cada uno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.5 Será preciso revisar la normativa actual sobre el secreto pontificio de modo que este tutele los valores que quiere proteger -la dignidad de las personas implicadas, la buena fama de cada uno, el bien de la Iglesia- y, al mismo tiempo, consienta el desarrollo de un clima de mayor transparencia y confianza, evitando la idea de que el secreto se utiliza para esconder los problemas en vez de para proteger los bienes en juego.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3.6 Asimismo, habrá que afinar los criterios para una comunicación correcta en un tiempo como el nuestro, en el que la exigencia de transparencia debe equilibrarse con la confidencialidad. De hecho, una confidencialidad injustificada, al igual que una divulgación incontrolada, puede generar mala comunicación y no servir a la verdad. Rendir cuentas es también saber comunicar. De hecho, si no se comunica, ¿cómo se puede rendir cuentas a los demás? ¿Y qué comunión puede haber entre nosotros?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las consideraciones apenas indicadas sobre posibles actuaciones como Iglesia, como Pueblo de Dios en comunión y con corresponsabilidad, constituyen una invitación a la reflexión y al diálogo transversal, sobre todo durante los trabajos en grupo, con el fin de profundizar y suscitar aplicaciones concretas. De hecho, como nos recuerda la <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/letters/2018/documents/papa-francesco_20180820_lettera-popolo-didio.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Carta al Pueblo de Dios</em></a>, «hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Sinodalidad y Colegialidad “activas” en la lucha contra los abusos &#8211; José Ignacio Fernández, pbro. &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] también, Linda Ghisoni, perteneciente al Dicasterio para los Laicos, la Familia y Vida, llamó a los obispos a sacar las [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>19 nuevos beatos de Argelia: Mártires de hoy, de la vida cotidiana</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/19-nuevos-beatos-de-argelia-martires-de-hoy-de-la-vida-cotidiana/</link>
		<pubDate>Sun, 10 Mar 2019 16:39:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;">Presentamos a continuación los artículos referentes a la histórica beatificación de 19 mártires que ofrecieron sus vidas en Argelia a mediados de la década de los 90.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;

[caption id="attachment_1199" align="aligncenter" width="690"]<img class="wp-image-1199 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/MARTIRES-ARGELIA.jpeg" alt="" width="690" height="388" /> <strong>Beatos mártires de la comunidad trapense de Tibhirine</strong>[/caption]

&nbsp;
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>19 nuevos beatos de Argelia: Mártires de hoy, de la vida cotidiana</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La radicalización de grupos islámicos en Argelia a fines de los años 80 y comienzos de los 90, acentuada por una crisis política que quiso marginar de la vida pública al Frente Islámico de Salvación, desencadenó en 1992 una guerra civil en el país norafricano. Diversas facciones guerrilleras y militares se enfrentaron en un cruento conflicto que se prolongó hasta 2002 y dejó un saldo superior a 200 mil víctimas fatales, además de miles de desaparecidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En medio de este panorama de violencia y muerte, la modesta presencia de la Iglesia Católica se revelaba como un signo de esperanza y fraternidad a un pueblo argelino de profunda raíz musulmana. Los sectores más pobres de la población eran quienes habían acogido con mayor beneplácito a los miembros de diversas congregaciones católicas que evangelizaban ante todo con un servicio a la promoción humana, en especial a los jóvenes y a las mujeres. Desde ahí también habían brotado fecundas experiencias de diálogo interreligioso y oración común que fortalecían el mutuo entendimiento cultural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, el avance de las guerrillas y la dinámica propia de la guerra civil, que en un comienzo se limitaba solo a enfrentamientos entre diversos bandos armados, derivó pronto en despiadados ataques a civiles. Pueblos y vecindarios enteros fueron torturados y masacrados, y todo aquel que no adhiriera a un islamismo radical pasó a ser objetivo de los grupos rebeldes más extremos. Así, los cristianos fueron cercados por la violencia y muchos, como medida de prudencia, abandonaron el país. Pero no todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El obispo de Orán, Pierre Claverie, dominico y eminente promotor del diálogo entre cristianos y musulmanes, fue testigo privilegiado del discernimiento individual y comunitario que realizaron miembros de diversas congregaciones. Ellos, habiendo sopesado los riesgos, sintieron el llamado de Dios a permanecer como testigos del Evangelio en medio del caos y al servicio del pueblo argelino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, entre 1994 y 1996, los años más difíciles para estas comunidades durante el decenio negro de Argelia, 19 religiosas y religiosos católicos de Francia, España, Bélgica y Túnez fueron martirizados de diversas maneras por grupos armados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aclamada película del director francés Xavier Beauvois, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=1AKWg71HlyY" target="_blank" rel="noopener">“De dioses y hombres”</a>, galardonada en el Festival de Cine de Cannes de 2010, retrató el proceso de decisión comunitaria de los siete monjes trapenses de Tibhirine, secuestrados en marzo de 1996 y asesinados en mayo del mismo año. Como ellos, religiosas, sacerdotes y hasta el mismo obispo Claverie murieron producto de la violencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sábado 8 de diciembre, para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Universal los reconoció como mártires de la fe y los nombró beatos. La celebración litúrgica presidida por el Prefecto para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, se llevo a cabo en el Santuario de Nuestra Señora de la Cruz, en la ciudad de Orán, con la particularidad histórica de ser la primera ceremonia de este tipo que se realiza en una ciudad musulmana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5>En las próximas líneas ofrecemos el testimonio del sacerdote lazarista Jean Landousies, que conoció a todos los nuevos beatos; así como la descripción de un religioso que participó en el proceso de beatificación; la homilía de la celebración litúrgica que los proclamó beatos; y el mensaje que envió el Papa Francisco para dicha ocasión.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
[caption id="attachment_1202" align="aligncenter" width="754"]<img class="wp-image-1202 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/MARTIRES-AGUSTINAS.jpg" alt="" width="754" height="419" /> Beatas Esther Paniagua y Caridad Álvarez, misioneras agustinas[/caption]

&nbsp;
<h5></h5>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>19 mártires, una sola causa: </strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>El proceso de beatificación de los testigos de Argelia</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;">Rémy Bazin<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h4 style="text-align: center;">Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Rémy Bazin, Sacerdote de la Comunidad Saint-Martin
Para citar: Bazin, Rémy; <em>El proceso de beatificación de los testigos de Argelia</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 336-341</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/RBAZIN_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La lista y su orden</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, hay que subrayar que la reagrupación en una sola causa de los 19 mártires de Argelia, pertenecientes a ocho congregaciones religiosas diferentes y asesinados en dos diócesis diferentes, es una decisión que se ha tomado en consulta con todos los actores implicados (obispos, congregaciones y familias). Pero reunir a varios mártires en una sola causa es también una práctica común de la Iglesia, en la medida en que se cumplan tres condiciones:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>La causa de la persecución es la misma para todos los mártires.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>El fallecimiento se produjo en la misma localidad o en una zona geográfica limitada.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>El martirio ocurrió a un mismo tiempo o, al menos, en un período de tiempo relativamente corto.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas tres condiciones de unidad de causa, tiempo y lugar se cumplen en este caso, ya que la muerte de estos religiosos se produjo en el espacio de dos años, entre el 8 de mayo de 1994 y el 1 de agosto de 1996, ciertamente en cuatro localidades diferentes, pero en el mismo territorio de la pequeña Iglesia de Argelia. Además, ocurrieron especialmente en el mismo contexto político y religioso de la década negra que vivió la sociedad argelina, donde el surgimiento del islamismo radical impulsó un intento de eliminar del territorio argelino a todos los no musulmanes y, por lo tanto, también a los cristianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Causa lleva el nombre de Monseñor Pierre Claverie, dominico, obispo de Orán, que es por tanto el primero de la lista, aunque en realidad fue el último de los 19 religiosos y religiosas en ser asesinado. Sin embargo, fue elegido como figura emblemática, por su destacada personalidad, no solo en la Iglesia de Argelia, sino también en la sociedad argelina, en particular por su compromiso con el diálogo islámico-cristiano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los otros 18 mártires se enumeran en orden cronológico de su muerte, pero pueden agruparse en tres grupos según el lugar de su asesinato:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El primer grupo incluye a los siete religiosos y religiosas asesinados en Argel, en distritos populares con fuertes raíces islamistas, donde han mantenido sus actividades entre la población local.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>El segundo grupo está formado por los cuatro Padres Blancos, asesinados en Tizi-Ouzou, en la capital de Cabilia.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>El tercer grupo está formado por los siete trapenses, miembros de la comunidad de Nuestra Señora del Atlas en Tibhirine, en la región de Medea, secuestrados de su monasterio y ejecutados dos meses después.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El más joven de estos 19 mártires, el Padre Christian Chessel, Padre Blanco, tenía 36 años y dos de sacerdote, y el mayor, el hermano Luc Dochier, médico de la comunidad de Tibhirine, de 82 años, 50 de los cuales pasó en Argelia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
[caption id="attachment_1205" align="aligncenter" width="774"]<img class="wp-image-1205 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/PIERRE-CLAVERIE.jpg" alt="" width="774" height="441" /> Beato Pierre Claverie, obispo de Orán[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La historia de la Causa</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El drama de la muerte de estos 19 religiosos y su testimonio ha tenido y sigue teniendo un impacto considerable, mucho más allá de las fronteras de la Iglesia. La reputación de martirio fue inmediata y creciente. El Papa Juan Pablo II, que siguió de cerca todos los acontecimientos en Argelia, fue uno de sus primeros artífices, con la publicación de numerosos mensajes y el envío de representantes personales a los funerales, pero también con la celebración del Jubileo conmemorativo de los Testigos de la Fe del siglo XX, que tuvo lugar el 7 de mayo de 2000, en el Coliseo de Roma, donde se mencionó la figura de los mártires de Argelia. A partir de dicho momento se plantea la cuestión de su posible beatificación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de un período de discernimiento por parte de todos los actores implicados, la investigación diocesana comenzó en Argel en 2007 y finalizó en 2012. Las Actas (6759 páginas, 20 volúmenes) fueron sometidas a la Congregación de las Causas de los Santos y validadas el 15 de febrero de 2013. Comenzó entonces la fase romana de la Causa, que concluyó el 16 de enero de 2018 con el voto favorable de los Cardenales y Obispos, miembros de la Congregación de las Causas de los Santos, reunidos en Asamblea Ordinaria. Finalmente, el 26 de enero, durante la audiencia concedida al Prefecto de la Congregación, Cardenal Angelo Amato, el Santo Padre aprobó la publicación del decreto de reconocimiento del martirio, abriendo así el camino para la celebración de la Beatificación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Los criterios generales del martirio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos distinguir entre <em>martirio material</em> y <em>martirio formal</em>. El martirio material corresponde a una muerte violenta, que puede ser instantánea o causada por la privación y el abuso como causa directa de la muerte. Pero lo que hace el martirio no es el dolor sufrido, sino la causa de ese dolor, lo que corresponde al martirio formal por parte de los perseguidores: el <em>odium fidei</em>. El martirio requiere que la muerte sea consecuencia del <em>odio a la fe</em>. Este término no debe entenderse tanto como el odio a las verdades en las que hay que creer, como el odio al comportamiento inspirado por la fe cristiana vivido en coherencia con ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El martirio formal por parte de los Siervos de Dios es la aceptación voluntaria de la muerte en nombre de la fe. Aceptar la muerte, por ende, significa que no es necesario tener una voluntad positiva o buscarla, sino que no basta con haberla padecido pasivamente. Aceptar voluntariamente implica haber manifestado con un acto de voluntad, de libertad y de amor que se pretende hacer de la muerte un testimonio de la unión y de la fe en Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Las pruebas del martirio </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos estos elementos deben ser probados mediante testimonios o documentos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este caso, la prueba testimonial consiste en el interrogatorio de 123 testigos. Entre ellos, solo dos son testigos presenciales de la muerte de uno de los religiosos, todos los demás dan testimonio de la vida y la reputación de los 19 religiosos como mártires. Los testigos escuchados fueron obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y unos cincuenta laicos, entre ellos, una veintena de argelinos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las pruebas documentales también son abundantes. De los 1897 documentos recogidos durante la investigación diocesana, 204 fueron seleccionados para el estudio de la fase romana. Fueron elegidos entre los más significativos para atestiguar la dimensión material y formal del martirio.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a. Martirio Material</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No siempre ha sido fácil reconstruir el martirio material en todos sus detalles, ya que todos los asesinatos se llevaron a cabo clandestinamente o, al menos, excepto dos, sin la presencia de testigos occidentales: once asesinatos con armas de fuego, un secuestro seguido de la muerte y un atentado con bomba. Además, no se realizaron procesos jurídicos. En el caso de los mártires de Tizi-Ouzou, no se llevó a cabo ninguna investigación judicial después de su asesinato. Excepto el Obispo Claverie, ningún documento de los tribunales o de la policía argelina pudo ser consultado, debido a la imposibilidad de acceder a dichas fuentes, o incluso de saber si existen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A pesar de estas dificultades, sin embargo, la documentación es suficiente para establecer el martirio material en sí mismo. Las sombras que quedan se refieren a ciertas circunstancias de la muerte. Sin embargo, lo que más le importa a la Iglesia no es tanto el cómo, sino el porqué de los hechos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b. Martirio Formal por parte de los perseguidores</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A falta de poder interrogar directamente a los autores de los asesinatos, que no están todos identificados, la prueba del <em>odium fidei</em> por parte de los perseguidores está en el contexto, los textos de las reivindicaciones y el modus operandi de los asesinos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El contexto</strong>. El análisis del contexto político y religioso de Argelia permite identificar a varios grupos islámicos violentos que promueven una política de purificación del territorio argelino de toda presencia considerada impura, de judíos, cristianos y malhechores, quienes desde el ultimátum de finales de 1993 habían sido directamente amenazados de muerte si no abandonaban el país. No hay que olvidar que la crisis política de Argelia en los años 90 dejó entre 100 mil y 150 mil víctimas fatales. Por lo tanto, se trata de una tragedia terrible que afectó a todo un país y que enlutó a miles de familias. No solo afectó a los cristianos, pero está claro que aquellos atacados lo fueron porque eran cristianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Los textos de las reivindicaciones</strong>. Los términos utilizados en los comunicados de reivindicación son inequívocos, ya sea el asesinato del hermano Henri y de la hermana Paul-Hélène y de los cuatro Padres Blancos de Tizi-Ouzou, o el recibido después del secuestro de los monjes de Tibhirine, anunciando luego su ejecución. Se les acusó de ser “cruzados”, “evangelizadores”, y se hace referencia explícita a una política de “eliminación física” y “aniquilación” cristianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El modus operandi de los asesinos</strong>. Las hermanas agustinas y sor Odette fueron asesinadas con un arma de fuego cuando se dirigían a misa, y las Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles fueron asesinadas a tiros cuando salían. Para monseñor Farhat, Nuncio Apostólico en Argelia en ese momento, mientras que el primer atentado a una biblioteca frecuentada por muchos estudiantes de secundaria, tanto hombres como mujeres, podría sugerir que el ataque estaba dirigido contra las obras de la Iglesia, las condiciones del asesinato de las religiosas demuestran claramente que era la fe de los cristianos lo que estaba directamente en el punto de mira.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><img class="wp-image-1210 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/icono-tibhirine.jpg" alt="" width="357" height="501" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c. El Martirio Formal por parte de los Siervos de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto al martirio formal por parte de los Siervos de Dios, en ausencia del testimonio de sus últimos momentos o de sus últimas palabras, se ha podido contar con sus escritos y declaraciones de otras personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sus escritos nos hacen comprender el sentido que querían dar a sus vidas, la conciencia que tenían de su vocación particular en este país y del peligro que corrían por permanecer allí, así como de la perspectiva de una posible muerte violenta, aceptada en la voluntad de imitar a Cristo, por amor, hasta el final.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las declaraciones de testigos, la gran mayoría de los cuales había compartido la vida de los Siervos de Dios, nos dan una buena visión de su personalidad humana y espiritual, y nos permiten ver cuál fue su trabajo apostólico y su integración en la sociedad argelina, así como su apego a Argelia y a su pueblo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escritos y testimonios permiten ilustrar tres elementos particularmente significativos para demostrar el martirio formal:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Su plena conciencia del peligro. </strong>El hermano Henri Vergès sabía que era un objetivo personal. De hecho, se le informó de que su nombre figuraba en una lista de futuras víctimas en las mezquitas fundamentalistas de Argel. Para otros, el riesgo era igual de real, especialmente después de la conmoción de los primeros asesinatos. Las reglas de precaución que adoptaron atestiguan entonces que no ignoraban el peligro ni que estaban en una actitud “suicida”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El discernimiento, generalmente realizado a nivel comunitario</strong>, sobre la actitud a adoptar frente a la amenaza islamista. El resultado de la reflexión llevada a cabo por todas las comunidades religiosas, con sus superiores y con su obispo, monseñor Tessier, se plasmó a menudo en una declaración escrita de las razones por las que decidieron quedarse. Esta elección de la comunidad fue ratificada por la decisión personal de cada individuo, también expresada por escrito. Muchos expresan no solo la aceptación del martirio, sino también el perdón dado de antemano a los asesinos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El ascenso espiritual experimentado por los Siervos de Dios, personal y comunitariamente</strong>. Testimonios y escritos subrayan hasta qué punto este período dramático fue también para cada uno la ocasión de un profundo cambio interior, de una mayor comunión fraterna, de pacificación, de abandono, de una ofrenda de sí mismos vivida en la oración y en la fidelidad a la Eucaristía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las pruebas documentales aportadas junto con el testimonio de los testigos constituyen, por lo tanto, una prueba convincente que muestra claramente que la locura asesina que golpeó a los 19 Siervos de Dios fue motivada por el odio a la fe cristiana, pero también por el odio a la caridad cristiana, a sus obras de apostolado, especialmente entre los jóvenes y las mujeres, así como por el odio a la esperanza cristiana, que todos y cada uno de los miembros de la Iglesia quisieron aportar al permanecer presentes junto a un pueblo que también era martirizado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La documentación también nos permite afirmar que es en completa libertad y conciencia que cada uno de los 19 Siervos de Dios eligió permanecer en Argelia, en sus lugares cotidianos y a riesgo de sus vidas. Sin buscar el martirio, no obstante, ellos hicieron el don libre de sus vidas por amor a Dios, a la Iglesia y a Argelia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Que la diplomacia, la política o una mirada sin trascendencia sobre estos acontecimientos no nos prive de la voz de nuestros mártires y silencie el clamor de su grito de amor y de fe» (Dom Olivera, Abad General de la Orden Cisterciense, llamando en 1996 a no olvidar el testimonio de los mártires de Argelia).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Los asesinos no les quitaron sus vidas: se las habían dado de antemano, al igual que los otros doce religiosos y religiosas, entre ellos nuestro hermano el obispo Pierre Claverie, asesinados en los años oscuros de Argelia. No huyeron de la violencia: la combatieron con las armas del amor, de la acogida fraterna, de la oración comunitaria» (Papa Francisco, en el prefacio del libro <em>Thibirine, la herencia</em>, con ocasión del 20º aniversario de la muerte de los monjes de Thibirine).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTA</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote francés de la Comunidad Saint-Martin y oficial de la Congregación para las Causas de los Santos. Este artículo corresponde a la ponencia que realizó en el Instituto Cultural Francés Saint-Louis de Roma el 4 de diciembre de 2018. La traducción al castellano del original en francés es de la redacción de La Revista Católica.</h5>
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[caption id="attachment_1207" align="aligncenter" width="656"]<img class="wp-image-1207 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/Padres-blancos.jpg" alt="" width="656" height="369" /> Beatos mártires Alain, Jean, Charles y Christian, Padres Blancos[/caption]
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<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Testimonio sobre 19 vidas entregadas por Dios y Argelia</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;">Jean Landousies, C.M.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
&nbsp;

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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.200 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2018)
Autor: Jean Landousies, C.M.
Para citar: Landousies, Jean;<em> Testimonio sobre 19 vidas entregadas por Dios y Argelia</em>, en La Revista Católica, Nº1.200, octubre-diciembre 2018, pp. 342-346</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/JLANODUSIES_LRC_1200.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
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<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, quisiera agradecer la oportunidad de compartir con ustedes algunas reflexiones sobre los 19 religiosos y religiosas que serán beatificados el próximo sábado en Orán. Habiendo vivido en Argelia durante más de 20 años, como responsable de la formación permanente en las diócesis y Secretario General de la Conferencia Episcopal de África del Norte, los conocí personalmente a todos. Juntos vivimos gran parte de esos años oscuros en los que Argelia supo de tanta violencia, compartimos el mismo ideal de vida, el mismo compromiso, cada uno a su manera. ¡Y 19 de entre nosotros fueron víctimas de esta violencia! Por lo tanto, los que todavía estamos aquí tenemos que dar testimonio, no solo de los acontecimientos en sí mismos, sino sobre todo del significado de este compromiso de compartir las pruebas del pueblo argelino. Y es con esto en mi corazón que comparto estos pocos pensamientos con ustedes. Así pues, tomo la palabra con cierta emoción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Si alguna vez - y podría ser hoy - me convirtiera en víctima del terrorismo, que ahora pareciera querer abarcar a todos los extranjeros que viven en Argelia, me gustaría que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia recordaran que mi vida fue entregada a Dios y a este país. Que acepten que el Único Maestro de toda vida no será ajeno a esta partida brutal. Que oren por mí: ¿cómo seré hallado digno de tal ofrenda? Que sepan asociar esta muerte con tantas otras tan violentas, dejadas en la indiferencia del anonimato».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, ustedes han reconocido el comienzo del testamento espiritual de Christian de Chergé, el Prior de Tibhirine. En realidad no es una, sino 19 vidas entregadas! ¡Vidas entregadas! Creo que eso es lo más importante. Estos religiosos y religiosas no eran dulces soñadores, y menos aún teóricos o prosélitos, realmente hicieron ofrenda de sus vidas porque creían en la fuerza del amor. Lo hicieron a sabiendas, no porque buscaban el martirio -el martirio cristiano no es algo que hay que buscar-, sino porque quisieron llegar al final de su compromiso en y con la Iglesia de Argelia. Y esta es una primera cosa que me gustaría subrayar: lo que han vivido estos religiosos y religiosas es situarse en la vida de la Iglesia de Argelia; una Iglesia del encuentro, que siempre ha querido ser dialogante y solidaria con el pueblo argelino. Un diálogo de vida, sin duda, pero de la vida en todas sus dimensiones, tanto humana como espiritual en la medida de lo posible. ¡El diálogo islámico-cristiano, con todas sus dificultades, no es solo una prioridad, sino una necesidad! Y para vivir este encuentro, esta Iglesia, según los acontecimientos, se ha ido despojando poco a poco de todo lo que no es esencial, ya sea en sus instituciones, o más aún en sus formas de hacer o de pensar. Hay tantas cosas que nos agobian y que no son necesarias para ser verdaderamente la Iglesia de Cristo, para presentar su auténtico rostro. El despejo es una condición esencial para ir realmente al encuentro de la gente. Esto es lo que la Iglesia en Argelia ha llegado a comprender y experimentar. Esto es lo que vivieron nuestros 19 hermanos y hermanas de manera radical, hasta el despojo supremo. ¡Ellos entregaron todo! Creo que han realizado plenamente, a su manera, el sueño del Papa Francisco: «Una Iglesia pobre, para los pobres».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue con este espíritu de despojo y de servicio que estos religiosos y religiosas vivieron su solidaridad con el pueblo argelino, sometido a una violencia inaudita. Durante años, todos ellos habían vivido relaciones de amistad, colaboración y cercanía con la gente de sus barrios en los ámbitos de la salud, la educación de los jóvenes o de las mujeres, etc. Como todos nosotros en aquella época, habían visto morir a su alrededor tantos hombres y mujeres inocentes. Y ellos también aceptaron el riesgo de correr la misma suerte, porque querían ser testigos de que más allá de las diferencias de cultura, religión y nacionalidad, una misma humanidad nos unía. Una humanidad que nosotros, los cristianos, llamamos familia de Dios. No fue del todo fácil tomar la decisión de quedarse en dicho país en medio de todos los peligros. Cada uno tomó su decisión personalmente, después de mucha reflexión en comunidad y en la Iglesia. Y quisiera subrayar aquí el valiente rol del entonces arzobispo de Argel, monseñor Henri Teissier, en el acompañamiento del discernimiento de cada persona. Y estoy muy contento de ver que hoy, a la edad de 89 años, podrá ver la beatificación de estos hermanos y hermanas! El sábado pasado el periódico La Croix, tituló refiriéndose a él: «¡El vigésimo Beato!».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pensemos en primer lugar en el testimonio de los siete monjes de Tibhirine, secuestrados el 26 de marzo de 1996 y encontrados el 21 de mayo: Christian, Luc, Célestin, Paul, Michel, Bruno y Christophe, el más joven, a quien tuve la alegría de acompañar en parte de su preparación al sacerdocio. Esta comunidad de Nuestra Señora del Atlas, en las montañas, era importante para nosotros, la Iglesia de Argelia, como también lo era el monasterio de las Clarisas de Argel. Este monasterio se trasladó a Nîmes en 1995, por razones de seguridad, pero sigue estando muy en contacto con la Iglesia de Argelia. A menudo íbamos a estos monasterios para reponer las fuerzas, personalmente o en grupo. Pero también podemos decir que el monasterio de Tibhirine era importante ante todo para el pueblo, para las familias que lo rodeaban y con las que los monjes tenían relaciones amistosas y de trabajo. Estas familias pidieron a los monjes que no los dejaran en la angustia. ¡El hermano Luc, el médico, había traído al mundo una buena parte de la población de la región! Con el hermano Christian, el Prior, se había creado un grupo de intercambio espiritual con los musulmanes de la región, el <em>Ribat essalam</em> (El Vínculo de la Paz). Y también quisiera mencionar a los dos «sobrevivientes» que pudieron escapar del secuestro: el Padre Amédée, del que yo era muy cercano, ya fallecido; y el Padre Jean-Pierre, ahora en el monasterio de Nuestra Señora del Atlas, en Midelt, Marruecos, donde continuó el monasterio de Tibhirine.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podríamos continuar con este aspecto comunitario y eclesial de las cosas. Pero, en honor a su memoria, quisiera simplemente recordar aquí los nombres y las comunidades de estos otros hermanos y hermanas, hombres y mujeres sencillos, que querían servir en silencio a sus hermanos y hermanas, servir a los pobres, a la manera de Cristo, contribuir a la construcción de la paz y la reconciliación en su nivel más sencillo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Paul-Hélène, Hermanita de la Asunción, y Henri Vergès, hermano marista, el 8 de mayo de 1994, al servicio de los jóvenes de la Kasbah de Argel.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Caridad y Ester, 23 de octubre de 1994, misioneras españolas agustinas, al servicio de los enfermos, en Bab el Oued, Argel. ¡Allí di mis primeros pasos en Argelia en 1968!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Alain Dieulangard, Jean Chevillard, Christian Chessel, Charles Deckers, Padres Blancos, en Tizi Ouzou, Cabilia, el 27 de diciembre de 1994.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bibiane y Angèle Marie, Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles, Belcourt, Argel, al servicio de las jóvenes pobres del distrito, el 3 de septiembre de 1995.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
[caption id="attachment_1214" align="aligncenter" width="306"]<img class="wp-image-1214 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/SOEUR-ODETTE-177x235.jpg" alt="" width="306" height="406" /> Beata Odette Prévost, hermanita del Sagrado Corazón de Carlos de Foucauld[/caption]
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Odette, Petite Sœur du Sacré-Cœur du Père de Foucauld, Kouba, Argel, 10 de noviembre de 1995. La nombro con un poco más de afecto, porque habíamos trabajado juntos durante unos diez años en el Centro de Estudios Diocesanos de Argel.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y finalmente, monseñor Pierre Claverie, dominico, obispo de Orán, con su amigo y conductor, Mohamed Bouchiki, el 1 de agosto de 1996. Es quizás significativo que esta lista tan larga termine con el asesinato de un obispo, un pastor, que muere mezclando su sangre con la de un musulmán. Con Pierre también trabajamos juntos en el Centro de Estudios Diocesanos de Argel de 1976 a 1981. Solo voy a dar una imagen de Pedro: éramos vecinos de la oficina. Y lo que nos impresionó a todos fue que su puerta estaba siempre abierta, para mostrar que él estaba siempre disponible para el que vendría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y mirando la lista de estos 19 religiosos y religiosas, me sorprende el hecho de que cada vez que queríamos llegar a ellos, no era solo una persona a la que se buscaba y a la que se llegaba, sino una comunidad. También puede ser un pequeño signo de la importancia de la presencia humilde y discreta de una comunidad religiosa en un barrio, ciudad o pueblo. Es verdad que en esta pequeña Iglesia de Argelia vivíamos muy cerca unos de otros, existía una verdadera fraternidad entre todos. Como resultado, hemos experimentado todas estas pruebas intensamente. Y es esta fraternidad la que queríamos compartir con nuestros hermanos y hermanas argelinos, cualesquiera que fueran los peligros del momento. Algunos pueden decir que la muerte de estos 19 fue una señal del fracaso de este hermoso proyecto. Pero, por el contrario, en el seguimiento de Cristo, creemos que su muerte es un signo de vida, como el grano de trigo que cayó al suelo y que un día brotará. ¡Cristo pasó por esto, nosotros también, cada uno a su manera, debemos pasar por ello! ¡Al beatificarlos, la Iglesia quiere mostrárselos a todos!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La muerte de estos religiosos y religiosas es el signo más revelador de su fidelidad a Dios y al pueblo argelino. Fidelidad a Dios, porque se dispusieron totalmente al seguimiento Cristo Servidor que aceptó dar su vida por todos. Fidelidad al pueblo argelino, porque estuvieron al servicio de este pueblo, en las pequeñas cosas de una vida compartida, para dar testimonio del amor y la fidelidad de Dios, gratuitamente, sin mirar atrás en los momentos difíciles. Ellos sabían que este testimonio no se realizaba en primer lugar con palabras, sino con una vida que seguía a Cristo, una vida cristiana muy sencilla. Como dije al principio, la vida y la muerte de estos hermanos y hermanas fue el testimonio de una Iglesia que ha querido permanecer fiel a Dios, por supuesto, pero también al pueblo argelino al que ella fue enviada. Una Iglesia que no busca ningún privilegio, sino que quiere ser servidora, una Iglesia entregada a Dios y al mundo. El Cardenal Duval, que era arzobispo de Argel y que murió -a la edad de 93 años- el mismo día en que se encontraron los cuerpos de los siete monjes, decía que «la Iglesia solo vive saliendo de sí misma, por así decirlo. No vive sólo por Cristo, para Cristo, en Cristo, sino que hay que añadir que vive para la humanidad, en la humanidad y por la humanidad» (<em>Carta Pastoral «Presencia fraterna», Cuaresma, 1980</em>). Hoy, el Papa Francisco también nos dice lo mismo, a su manera, cuando habla de una «Iglesia en salida». ¡Una Iglesia que sale de sí misma hasta dar su vida, como lo hizo Cristo!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos religiosos y religiosas no eran héroes. Eran hombres y mujeres sencillos y sin pretensiones que, en nombre de Cristo, querían servir al pueblo argelino, que se había convertido en su pueblo. Hombres y mujeres que han confiado en Dios y en el pueblo argelino, cualesquiera que fuesen las circunstancias, porque sabían que la confianza es una apuesta, pero que si se elimina, todas las puertas se cierran. Esto es lo que Pierre Claverie repitió a menudo: «Dios en Jesucristo hace la apuesta de la confianza».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, yo diría que Dios pudo haber permitido que una Iglesia pequeña, quizás insignificante a los ojos humanos, atrajera la atención de toda la Iglesia para que ella también pudiera vivir esta apuesta de confianza. Gracias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTA</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote francés de la Congregación de la Misión (Lazaristas), jefe de la sección francófona de la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Vivió y sirvió durante más de 20 años en la Iglesia de Argelia y conoció personalmente a cada uno de los 19 mártires beatificados el 8 de diciembre de 2018. El presente artículo es el testimonio que ofreció en el Instituto Cultural Francés Saint-Louis de Roma el 4 de diciembre de 2018 antes de tomar el vuelo a la ceremonia de beatificación. La traducción al castellano del original en francés es de la redacción de La Revista Católica.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
[caption id="attachment_1217" align="aligncenter" width="342"]<img class="wp-image-1217" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/BEATO-HENRI-235x235.jpg" alt="" width="342" height="342" /> Beato Henri Vèrges, hermano marista[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de la beatificación del obispo de Orán, Mons. Pierre Claverie y 18 compañeros mártires</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>8 de diciembre de 2018</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este sábado 8 de diciembre, la Iglesia en Argelia celebra con alegría la beatificación de diecinueve religiosos mártires. Me uno a ustedes en su acción de gracias por estas vidas totalmente entregadas por el amor a Dios, al país y a todos sus habitantes, cuya humilde vida cotidiana comparten en un espíritu de fraternidad, amistad y servicio. Reciban aquí mi aliento fraterno para que esta celebración ayude a sanar las heridas del pasado y cree una nueva dinámica de encuentro y convivencia en el seguimiento de nuestros beatos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estoy muy agradecido del Presidente de la República Argelina Democrática y Popular, Sr. Abdelaziz Bouteflika, y de sus colaboradores, por haber facilitado la celebración en suelo argelino la beatificación de monseñor Pierre Claverie y de sus dieciocho compañeros y compañeras, mártires del amor más grande. De este modo, deseo expresar mi afecto por el pueblo argelino, que conoció grandes sufrimientos durante la crisis social de la que fue víctima en los últimos años del siglo pasado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al hacer memoria de la muerte en Argelia de estas diecinueve víctimas cristianas, los católicos de Argelia y de todo el mundo quieren celebrar la fidelidad de estos mártires al proyecto de Paz que Dios inspira en todos los hombres. Al mismo tiempo, quieren acoger en sus oraciones a todos los hijos e hijas de Argelia que, como ellos, fueron víctimas de la misma violencia por haber vivido, con fidelidad y respeto por el otro, sus deberes como creyentes y ciudadanos en esta tierra bendita. También por ellos rezamos y expresamos nuestro homenaje agradecido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia católica en Argelia sabe que es heredera, junto con toda la nación argelina, del gran mensaje de amor ofrecido por uno de los muchos maestros espirituales de su tierra, san Agustín de Hipona. Ella desea servir a este mismo mensaje, en un momento en que todos los pueblos buscan hacer progresar su aspiración a «vivir juntos en paz».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al beatificar a nuestros diecinueve hermanos y hermanas, la Iglesia quiere dar testimonio de su deseo de seguir trabajando por el diálogo, la concordia y la amistad. Creemos que este acontecimiento, sin precedentes en su país, será un gran signo de hermandad en el cielo argelino dirigido a todo el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos alegra que esta celebración pueda ser vivida en un santuario dedicado a la Virgen María, que está particularmente presente en nuestras dos tradiciones religiosas. Que la mirada maternal de la Santísima Virgen María, llena de gracia, toda bella y pura, los proteja y los guarde.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Vaticano, el 2 de diciembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>                                                                                                                        <em>Francisco</em></strong></h5>
&nbsp;

[caption id="attachment_1219" align="aligncenter" width="361"]<img class="wp-image-1219 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/Paul-Helene.jpg" alt="" width="361" height="361" /> Beata Paul-Hélène, hermanita de la Asunción[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Homilía de la misa de Beatificación de Pierre Claverie y sus 18 compañeros mártires</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Cardenal Giovanni Angelo Becciu</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Orán, Argelia, 8 de diciembre de 2018</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Queridos hermanos y hermanas!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pasaje del Apocalipsis (<em>Ap</em> 7,9-17), proclamado en la segunda lectura, nos presenta a la “inmensa muchedumbre” (v. 9) de los que ya han alcanzado la meta de la salvación eterna hacia la que todos estamos en camino: el reino de la esperanza, el reino de los que ven a Dios tal como es. El Apóstol Juan, en su visión rica en símbolos, los ve de pie ante el trono de Dios, “vestidos de ropas blancas”, color de la luz divina y de la gloria pascual. Pero la blancura de las vestiduras se obtiene sumergiéndolas en la sangre roja de Cristo: estos elegidos han experimentado la "”gran prueba; han lavado sus vestiduras, las han blanqueado con la sangre del Cordero” (v. 14). El esplendor se logra a través del crisol del sufrimiento, de la entrega, de la cruz. Al participar en la pasión y muerte de Jesús, el rey de los mártires, llegamos a la luz: <em>per crucem ad lucem</em> (a través de la cruz a la luz) es el antiguo dicho cristiano. De este modo, “lo que queda por sufrir de las pruebas de Cristo en mi propia carne, lo realizo por su cuerpo, que es la Iglesia” (<em>Col</em> 1,24), subraya san Pablo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos salvados tienen en sus manos una palmera, que en el Antiguo Testamento es signo de triunfo y aclamación; el sufrimiento, el compromiso riguroso del testimonio, la renuncia a sí mismos no conducen a la muerte, sino que introducen en la gloria; no producen fracaso sino vida y felicidad. La escena del Apocalipsis muestra entonces el poderoso coro de los santos cantando a gran voz: “La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono y al Cordero” (<em>Ap</em> 7,10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El texto del Apocalipsis ha trazado así para nosotros el retrato del bienaventurado y del santo: pertenece solo a Dios, aparece en todas partes de la tierra y en todos los períodos de la historia, vive fielmente incluso en la prueba caminando por el camino de la cruz, llega a la meta gloriosa de la eternidad, donde vivirá eternamente en la alegría, en los cantos, en la gloria, en el remolino infinito de luz y de paz que es Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la inmensa multitud de los que han alcanzado un destino de gloria, la Iglesia desea llamar hoy por su nombre a 19 nuevos beatos, asesinados entre 1994 y 1996 en lugares y tiempos diferentes, pero en el mismo contexto turbulento. En esta tierra, aquí en Argelia, proclamaron el amor incondicional del Señor por los pobres y excluidos, dando testimonio de su pertenencia a Cristo y a la Iglesia hasta el martirio. Es hermoso pensar ahora que están entre los que han pasado “la gran prueba, han lavado sus ropas y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (v. 14). Procedentes de ocho Institutos diferentes, nuestros hermanos y hermanas vivieron en este país donde realizaron varias misiones; fueron fuertes y perseverantes en su servicio al Evangelio y a la población, a pesar del amenazante clima de violencia y opresión que los rodeaba. Leyendo sus biografías, uno se sorprende de que todos, conscientes del riesgo que corrían, decidieran valientemente quedarse allí hasta el final; en ellos se desarrolló una fuerte espiritualidad de martirio arraigada en la perspectiva de sacrificarse y ofrecer sus vidas por una sociedad de reconciliación y paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Beato Pierre Claverie y sus 18 compañeros mártires llevan en ellos el sello salvífico de la Redención de Cristo. Al escribir sus nombres en el libro de los salvados y de los bienaventurados, la Iglesia quiere reconocer la ejemplaridad de sus vidas virtuosas, el heroísmo de la muerte de estos extraordinarios pacificadores y testigos de la fraternidad y, al mismo tiempo, rendir el supremo homenaje a Jesús, Redentor del hombre. En Cristo, la Iglesia desea adorar al Dios vivo, pues la gloria de Dios es el hombre que recibe de él la plenitud de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Virgen María -cuya Inmaculada Concepción celebramos hoy- experimentó esta plenitud de vida de manera incomparable, cuando el Arcángel Gabriel le anunció que había encontrado la gracia de Dios y que por la acción del Espíritu Santo concebiría a Jesús, el Hijo del Altísimo. “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo” (<em>Lc</em> 1,28). También hoy, al contemplar a estos nuevos beatos, estamos invitados a superar toda estrechez de miras y a alegrarnos, porque en ellos vemos resplandecer el misterio de la santidad eterna de Dios; santidad que se nos propone a través de una nueva actualización del Evangelio por parte de nuestros mártires que lo han testimoniado hasta el derramamiento de sangre. Los recordamos como fieles seguidores de Cristo que amaban la pobreza, que eran sensibles al sufrimiento y al cuidado de los abandonados, que participaban en la angustia y la aflicción de sus hermanos y hermanas. Estos testigos heroicos del amor de Jesús fueron a la raíz misma de la experiencia que el hombre hace de sus propias limitaciones: humillación, lágrimas, persecución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ellos se configuraron plenamente al sacrificio de Cristo que, según el profeta Isaías, se identificó con el Siervo sufriente del Señor; el que, como oímos en la primera lectura, ofreciéndose “como sacrificio de reparación, [...] a causa de sus tormentos, verá la luz y justificará a las multitudes” (cf. <em>Is</em> 53,10b.11). Esto sucede precisamente a través de la Cruz, ya que en la muerte de Jesús, Dios se hizo definitivamente cercano a la humanidad y el hombre tomó plena conciencia de su dignidad y elevación. Por sus muertes como mártires, los nuevos beatos entraron también en la luz de Dios, y desde lo alto velan por las personas a las que han servido y amado, orando incesantemente por todos, incluso por los que los han herido. Así continúan esta misión profética de misericordia y perdón, de la que fueron testigos durante su vida terrena. Que su ejemplo inspire en todos el deseo de promover lo que el Santo Padre Francisco definió como “la cultura de la misericordia que da origen a una verdadera revolución” (cf. Carta Apostólica <em>Misericordia et misera</em>, n. 20). Al acoger la dinámica del perdón, admirablemente experimentada por los nuevos beatos, esperamos que Argelia pueda superar definitivamente este terrible período de violencia e infelicidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La trágica muerte de los beatos Pierre Claverie y de sus 18 compañeros mártires es una semilla que cayó al suelo en tiempos difíciles, fecundada por un sufrimiento que dará frutos de reconciliación y justicia. Esta es nuestra misión como cristianos: sembrar cada día las semillas de la paz evangélica, para gozar de los frutos de la justicia. Con esta beatificación queremos decir a toda Argelia lo siguiente: la Iglesia no desea otra cosa que servir al pueblo argelino, dando testimonio de su amor a todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En todas partes del mundo los cristianos están impulsados por el deseo de contribuir concretamente a la construcción de un futuro luminoso de esperanza a través de la sabiduría de la paz, para construir una sociedad basada en el respeto mutuo, la colaboración y el amor. Una sociedad así puede realizarse plenamente si todos se esfuerzan por desarrollar la pedagogía del perdón, si es necesario también en este país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La comunidad cristiana en este país está esparciendo pequeñas pero significativas semillas de paz. A través de esta beatificación, puede sentirse fortalecida en su presencia en Argelia; a través de estos 19 mártires, puede fortalecerse en ella la convicción de que su preciosa presencia cerca de este pueblo se justifica por el deseo de ser luz y signo del amor de Dios para toda la población.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El testimonio luminoso de estos beatos constituye un ejemplo vivo y cercano para todos. Su vida y muerte es una llamada directa a todos los cristianos, y en particular a vosotros, hermanos y hermanas en la vida religiosa, a ser fieles a toda costa a vuestra vocación, sirviendo al Evangelio y a la Iglesia en una vida de verdadera fraternidad, en la perseverancia y en el testimonio de la opción radical de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No puedo concluir sin expresar una profunda gratitud a las Congregaciones religiosas a las que pertenecían nuestros hermanos, así como a sus familias naturales que tanto sufrieron por su pérdida, pero que ahora pueden regocijarse con toda la Iglesia al saberlos bienaventurados en el cielo. A todos nos consuela la certeza de que nuestros hermanos y hermanas mártires, con su sacrificio, intercesión y protección constantes, producirán abundantes frutos de bondad y de compartir fraterno en esta tierra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ello nos dirigimos a ellos y les decimos: ¡Beato Pierre Claverie y sus 18 compañeros mártires, rueguen por nosotros!</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
[caption id="attachment_1221" align="aligncenter" width="437"]<img class="wp-image-1221" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/BIBIANE-235x164.png" alt="" width="437" height="305" /> Beatas Angèle Marie y Bibiane, Hermanas de Nuestra Señora de los Apóstoles[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>El Papa a los sacerdotes en Cuaresma: ¿Sacas la cara por tu pueblo ante Dios?</title>
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		<pubDate>Sat, 09 Mar 2019 07:59:11 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4><img class="aligncenter wp-image-1228 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/CENIZAS.png" alt="" width="491" height="273" /></h4>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;">Meditación del Papa Francisco al clero de Roma al inicio de la Cuaresma</h4>
<h4 style="text-align: center;">Jueves 7 de febrero de 2019 - Basílica de San Juan de Letrán</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/MEDITACION-PAPA-SACERDOTES.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR MEDITACIÓN DEL PAPA EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>Buenos días a todos.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siempre es bueno estar aquí, cada año, al comienzo de la Cuaresma, para esta liturgia del perdón de Dios. Nos hace bien - ¡Me hace bien a mí también! - y siento una gran paz en mi corazón, ahora que cada uno de nosotros ha recibido la misericordia de Dios y la ha dado a los demás, a sus hermanos. Vivamos este momento como lo que realmente es, como una gracia extraordinaria, un milagro permanente de la ternura divina, en el que una vez más la Reconciliación de Dios, hermana del Bautismo, nos conmueve, nos lava con lágrimas, nos regenera, nos restaura nuestra belleza original.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta paz y gratitud que suben de nuestros corazones al Señor nos ayudan a comprender cómo toda la Iglesia y cada uno de sus hijos viven y crecen gracias a la misericordia de Dios. La Esposa del Cordero se hace “sin mancha ni arruga” (<em>Ef</em> 5,27) por don de Dios, su belleza es el punto de llegada de un camino de purificación y transfiguración, es decir, de un <em>éxodo</em> al que el Señor la invita permanentemente: “He aquí que yo la llevaré al desierto y hablaré a su corazón” (<em>Os</em> 2,16). Nunca debemos dejar de advertirnos los unos a los otros de la tentación de la autosuficiencia y de la autosatisfacción, como si fuéramos Pueblo de Dios por iniciativa propia o gracias a nosotros mismos. Este replegarnos sobre nosotros mismos es muy malo y siempre nos hará daño: ya sea la autosuficiencia en el hacer o el pecado del espejo, la autocomplacencia: “¡Qué bello soy! ¡Qué bueno soy!”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No somos pueblo de Dios por iniciativa propia, por mérito propio; no, realmente somos y seremos siempre fruto de la acción misericordiosa del Señor: un pueblo de orgullosos hechos pequeños por la humildad de Dios, un pueblo de miserables -no temamos decir esta palabra: “Yo soy miserable”- enriquecidos por la pobreza de Dios, un pueblo maldito hecho justo por Aquel que se hizo el “Maldito” colgado en el madero de la cruz (cfr. <em>Ga</em> 3,13). No olvidemos nunca: “¡Sin mí pueden hacer nada!” (<em>Jn</em> 15,5). Repito, el Maestro nos ha dicho: “¡Sin mí no pueden hacer nada!”. Y así cambia la cosa, no soy yo frente al espejo que me miro, no soy yo el centro de las actividades, ni siquiera el centro de la oración, muchas veces.... No, no, Él es el centro. Yo estoy en la periferia. Él es el centro, Él lo hace todo, y esto requiere de nosotros una santa pasividad (la que no es santa es la pereza, no, esa no), una santa pasividad ante Dios, sobre todo ante Jesús, es Él quien hace las cosas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso este tiempo de Cuaresma es verdaderamente una gracia: nos permite ponernos delante de Dios y dejar que Él sea <em>todo</em>. Su amor nos levanta del polvo (<em>recuerden que</em> sin mí ustedes <em>son polvo</em>, nos dijo ayer el Señor), su Espíritu soplado una vez más en nuestras narices nos da la vida de los resucitados. La mano de Dios, que nos creó a imagen y semejanza de su misterio trinitario, nos ha hecho múltiples en la unidad, diferentes pero inseparables unos de otros. El perdón de Dios que hemos celebrado hoy es una fuerza que restablece la comunión a todos los niveles: entre nosotros sacerdotes en el único presbiterio diocesano; con todos los cristianos, en el único cuerpo que es la Iglesia; con todos los hombres, en la unidad de la familia humana. El Señor nos presenta unos a otros y nos dice: aquí está tu hermano, “hueso de tus huesos, carne de tu carne” (cf. <em>Gn</em> 2,23), aquel con quien estás llamados a vivir “la caridad que no tendrá fin” (<em>1Co</em> 13,8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para estos siete años de camino diocesano de conversión pastoral que nos separan del Jubileo de 2025 (hemos llegado al segundo) les he propuesto el libro del Éxodo como <em>paradigma</em>. El Señor actúa, entonces como lo hace hoy, y transforma un “no-pueblo” en Pueblo de Dios. Este es su deseo y su plan también para nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues bien, ¿qué hace el Señor cuando debe que constatar con tristeza que Israel es un pueblo “de dura cerviz” (<em>Ex</em> 32,9), “propenso al mal” (<em>Ex</em> 32,22) como en el episodio del becerro de oro? Comienza una paciente obra de reconciliación, una sabia pedagogía, en la que Él amenaza y consuela, nos hace conscientes de las consecuencias del mal cometido y decide olvidar el pecado, castiga golpeando al pueblo y cura la herida que ha infligido. Precisamente en el texto del Éxodo 32-34, que propondrán en Cuaresma para la meditación de sus comunidades, el Señor parece haber tomado una decisión radical: “No vendré con ustedes” (<em>Ex</em> 33,3). Cuando el Señor se cierra, se aleja. Tenemos experiencia de esto, en los malos momentos, en la desolación espiritual. Si alguno de ustedes no conoce estos momentos, les aconsejo que vayan a hablar con un buen confesor, un padre espiritual, porque algo falta en tu vida; no sé lo que es pero no tener desolación... no es normal, yo diría que no es cristiano. Nosotros tenemos estos momentos. No caminaré más a la cabeza; enviaré a mi ángel (cf. <em>Ex</em> 32, 34) para que te preceda en el camino, pero yo no vendré. Cuando el Señor nos deja solos, sin su presencia, y estamos en la parroquia, estamos trabajando y nos sentimos ocupados, pero sin la presencia del Señor, en desolación.... No solo en consolación, en desolación. Piensen en esto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, el pueblo, tal vez por impaciencia o por sentirse abandonado (porque Moisés tardaba en bajar de la montaña), había dejado de lado al profeta elegido por Dios y había pedido a Aarón que construyera un ídolo, una imagen muda de Dios, para que caminara a su cabeza. El pueblo no tolera la ausencia de Moisés, está en desolación y no lo tolera, y busca inmediatamente a otro dios para estar cómodo. A veces, cuando no tenemos desolación, puede ser que tengamos ídolos. “No, estoy bien, me las arreglo con lo que tengo...”. Nunca llega la tristeza del abandono de Dios. ¿Qué hace el Señor cuando lo “mandamos afuera” -con ídolos- de la vida de nuestras comunidades, porque estamos convencidos de que somos suficientes para nosotros mismos? En ese momento yo soy el ídolo: “No, me las arreglo... Gracias.... No te preocupes, me las arreglaré”. Y no se siente esa necesidad del Señor, no sientes la desolación de la ausencia del Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Pero el Señor es astuto! La reconciliación que Él quiere ofrecer al pueblo será una lección que los israelitas recordarán para siempre. Dios actúa como un amante rechazado: si realmente no me quieres, entonces me voy. Y nos deja solos. Es cierto, podemos arreglárnoslas solos, por un tiempo, seis meses, un año, dos años, tres años, incluso más. En algún momento esto estalla. Si seguimos adelante solos, explota esta autosuficiencia, esta autocomplacencia de la soledad. Y estalla mal, estalla mal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pienso en el caso de un sacerdote bueno, bueno, religioso, lo he conocido bien. Era brillante. Si había algún problema en alguna comunidad, los superiores pensaban en él para resolverlo: un colegio, una universidad, era bueno, bueno. Pero era devoto del “santo espejo”: se miraba mucho a sí mismo. Y Dios fue bueno con él. Un día le hizo sentir que estaba solo en la vida, que había perdido tanto. Y no se atrevió a decir al Señor: “Pero he arreglado esto, lo otro y lo otro”. No, inmediatamente se dio cuenta de que estaba solo. Y la gracia más grande que el Señor puede dar, para mí es la gracia más grande: ese hombre lloró. La gracia del llanto. Lloró por el tiempo perdido, lloró porque el santo espejo no le había dado lo que esperaba de sí mismo. Y empezó de nuevo, humildemente. Cuando el Señor se va, porque lo echamos, debemos pedir el don de las lágrimas, debemos llorar la ausencia del Señor. “Tú no me quieres, así que me voy”, dice el Señor, y con el tiempo sucede lo que le sucedió a este sacerdote.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volvamos al Éxodo. El efecto es el esperado: “El pueblo oyó esta triste noticia y todos se lamentaron: ya nadie llevaba sus adornos” (<em>Ex</em> 33,4). Los israelitas pasaron por alto el hecho de que ningún castigo es tan pesado como esta decisión divina que contradice su santo nombre: “¡Yo soy el que soy!” (<em>Ex</em> 3,14): una expresión que tiene un significado concreto, no abstracto, que quizás pueda traducirse como “Yo soy el que está y estará aquí, a tu lado”. Cuando te das cuenta de que Él se ha ido, porque lo has echado, es una gracia sentir esto. Si no te das cuenta, hay sufrimiento. El ángel no es una solución, al contrario, sería el testigo permanente de la ausencia de Dios. Por eso la reacción del pueblo es la tristeza. Esta es otra cosa peligrosa, porque hay una tristeza buena y una tristeza mala. Allí hay que discernir, en los momentos de tristeza: ¿cómo es mi tristeza, de dónde viene? Y a veces es buena, viene de Dios, de la ausencia de Dios, como en este caso; otras veces ella es una autocomplacencia, ¿no es cierto?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué sentiríamos si el Señor Resucitado nos dijera: continúen sus actividades eclesiales y sus liturgias, pero ya no estaré presente y activo en vuestros sacramentos? Puesto que, cuando tomas tus decisiones, te basas en criterios mundanos y no evangélicos (<em>tamquan Deus non esset</em>), entonces me hago totalmente a un lado... Todo estaría vacío, sin sentido, no sería más que “polvo”. La amenaza de Dios abre la puerta a la intuición de lo que sería nuestra vida sin Él, si realmente Él ocultara su Rostro para siempre. Es la muerte, la desesperación, el infierno: <em>sin mí no pueden hacer nada</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Señor nos muestra una vez más, en la carne viva del desenmascaramiento de nuestra hipocresía, qué cosa es realmente su misericordia. A Moisés Dios le revela en el monte su Gloria y su Santo Nombre: “El Señor, el Señor, el Dios misericordioso y clemente, lento para la ira y rico en amor y fidelidad" (<em>Ex</em> 34,6). En el “juego del amor” realizado por Dios, compuesto por una amenaza de ausencia y una presencia restaurada – “Mi rostro caminará con ustedes y les daré reposo" (<em>Ex</em> 33,14) - Dios logra la reconciliación con su Pueblo. Israel sale de esta experiencia dolorosa, que lo marcará para siempre, con una nueva madurez: es más consciente de quién es el Dios que lo liberó de Egipto, más lúcido en la comprensión de los peligros reales del camino (podríamos decir: ¡tiene más miedo de sí mismo que de las serpientes del desierto!). Esto es bueno: tener un poco de miedo de nosotros mismos, de nuestra omnipotencia, de nuestras astucias, de nuestros ocultamientos, de nuestro doble juego... Un poco de miedo. Si fuera posible, tener más miedo de esto que de las serpientes, porque es un verdadero veneno. Y así el pueblo está más unido en torno a Moisés y a la Palabra de Dios que él proclama. La experiencia del pecado y el perdón de Dios es lo que ha permitido que Israel se convierta un poco más en el Pueblo que pertenece a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="wp-image-1234 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/CENIZAS-2-235x132.jpg" alt="" width="477" height="268" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos hecho esta liturgia penitencial y hemos hecho experiencia de nuestros pecados; y decir que el pecado es algo que nos abre a la misericordia de Dios, porque el pecado usualmente se esconde. No solo escondemos el pecado de Dios, no solo al prójimo, no solo del sacerdote, sino de nosotros mismos. La “cosmética” ha avanzado tanto en esto: somos especialistas en maquillar situaciones. “Sí, pero no es por mucho tiempo, ya sabes...”. Y un poco de agua para lavarse de los cosméticos es buena para todos, para ver que no somos tan hermosos: somos feos, feos incluso en nuestras propias cosas. Pero sin desesperación, porque hay Dios, clemente y misericordioso, que siempre está detrás de nosotros. Ahí está su misericordia que nos acompaña.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos, este es el sentido de la Cuaresma que viviremos. En los ejercicios espirituales que predicarán a la gente de sus comunidades, en las liturgias penitenciales que celebrarán, tengan el valor de proponer la reconciliación del Señor, de proponer su amor apasionado y celoso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro papel es como el de Moisés: un servicio generoso a la obra de reconciliación de Dios, un “juego en las manos” de su amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es hermosa la manera en que Dios involucra a Moisés, realmente lo trata como su amigo: lo prepara antes de bajar de la montaña advirtiéndole de la perversión del pueblo, acepta que actúe como intercesor de sus hermanos, lo escucha mientras le recuerda el juramento que Él, Dios, hizo a Abraham, Isaac y Jacob. Podemos imaginar que Dios sonrió cuando Moisés le invitó a no contradecirse, a no causar una mala impresión a los ojos de los egipcios y a no ser menos que sus dioses, a tener respeto por su Santo Nombre. Lo provocó con la dialéctica de las responsabilidades: “Tu pueblo, al que tú, Moisés, sacaste de Egipto”, para que Moisés respondiera subrayando que no, que el pueblo pertenece a Dios, es Él quien lo sacó de Egipto... Y este es un diálogo maduro con el Señor. Cuando vemos que la gente a la que servimos en la parroquia, o donde sea, se ha alejado, tenemos esta tendencia a decir: “Es mi gente, es mi pueblo”. Sí, es tu pueblo, pero vicariamente, digamos esto: ¡El pueblo es Suyo! Y luego ve y repróchale: “Mira a tu pueblo lo que está haciendo”. Este diálogo con el Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero el corazón de Dios se alegró al oír las palabras de Moisés: “Si tú perdonases su pecado [...] De lo contrario, ¡bórrame del libro que has escrito! (<em>Ex</em> 32,32). Y esta es una de las cosas más hermosas del sacerdote, del que va delante del Señor y saca la cara por su pueblo. “Es tu pueblo, no el mío, y debes perdonar” – “No, pero...” – “¡Me voy! No voy a hablar más contigo. Bórrame”. ¡Se necesitan “pantalones” para hablarle así a Dios! ¡Pero tenemos que hablar así, como hombres, no como pusilánimes, como hombres! Porque esto significa que soy consciente del lugar que tengo en la Iglesia, que no soy un administrador, puesto allí para sacar adelante cualquier cosa. Significa que creo, que tengo fe. Trata de hablar así, con Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Morir por el pueblo, compartir el destino del pueblo, pase lo que pase, hasta que muera. Moisés no aceptó la propuesta de Dios, no aceptó la corrupción. Dios finge querer corromperlo. No aceptó: “No, no estoy en eso. Estoy con el pueblo. Con <em>tu</em> pueblo”. La propuesta de Dios era: “Deja que mi ira se encienda contra ellos y los devore. Te haré una gran nación” (<em>Ex</em> 32, 10) – he aquí la “corrupción”. ¿Pero cómo? ¿Dios es el corruptor? Está tratando de ver el corazón de su pastor. Moisés no quiere salvarse a sí mismo, ahora es uno con sus hermanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Ojalá cada uno de nosotros llegase a este punto, ojalá! Es feo cuando un sacerdote va al obispo a quejarse de su gente: “Ah, no se puede, esta gente no entiende nada, y así, y así, y así..., se desperdicia el tiempo...”. ¡Es feo! ¿Qué le falta a ese hombre? ¡Cuántas cosas le faltan a ese sacerdote! Moisés no hace eso. No quiere salvarse a sí mismo, porque es uno con sus hermanos. Aquí el Padre vio el rostro del Hijo. La luz del Espíritu de Dios invadió el rostro de Moisés y dibujó los rasgos del Crucificado Resucitado en su rostro, haciéndolo luminoso. Y cuando vamos allí para pelear con Dios -incluso nuestro padre Abraham lo había hecho, esa pelea con Dios- cuando vamos allí mostramos que nos parecemos a Jesús, que da la vida por su pueblo. Y el Padre sonríe: verá en nosotros la mirada de Jesús que murió por nosotros, por el pueblo <em>del Padre</em>, nosotros. El corazón del amigo de Dios se ha expandido completamente, llegando a ser grande - Moisés, el amigo de Dios - similar al corazón de Dios, mucho más grande que el corazón humano (cf. <em>1Jn </em>3,18).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Verdaderamente Moisés se convirtió en el amigo que habla con Dios cara a cara (cf. <em>Ex</em> 33, 11). ¡Cara a cara! Esto es cuando el obispo o el padre espiritual le pregunta al sacerdote si reza: “Sí, sí, lo hago... sí, me las arreglo “con mi suegra” – “la suegra” es el breviario - sí, me las arreglo, rezo laudes, después...”. No, no. Si es que rezas, ¿qué significa? Si sacas la cara por tu pueblo ante Dios. Si vas y luchas por tu pueblo con Dios. Esto es rezar para un sacerdote. No es cumplir las prescripciones. “Ah, padre, ¿pero entonces el breviario ya no va? No, el breviario <em>va</em>, pero con esta actitud. Estás allí, ante Dios y tu pueblo detrás de ti. Y Moisés es también el guardián de la Gloria de Dios, de los secretos de Dios. Contempló la Gloria por su espalda, escuchó su verdadero Nombre en la montaña, entendió su amor como Padre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
[caption id="attachment_1230" align="aligncenter" width="356"]<img class="wp-image-1230 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/ODEGITRIA-166x235.png" alt="" width="356" height="504" /> Icono de la Virgen María <em>Odegitria</em> de Bari, "La que muestra el camino"[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos, ¡nuestro privilegio es enorme! Dios conoce nuestra “vergonzosa desnudez”. Me impresionó mucho cuando vi el original de la [Virgen] Odegitria de Bari: no es como ahora, un poco vestido con las ropas que los cristianos orientales ponen en el icono. Es la Virgen con el niño desnudo. Me gustó tanto que el Obispo de Bari me dio uno de estas, me la dio, y la puse allí, frente a mi puerta. Y me gusta - lo digo para compartir una experiencia - me gusta por la mañana, cuando me levanto, cuando paso por delante, decirle a la Virgen que proteja mi desnudez: “Madre, tú conoces todas mis desnudeces”. Esto es algo grande: pedirle al Señor -desde mi desnudez- que proteja mi desnudez. Ella las conoce todas. Dios conoce nuestra “vergonzosa desnudez”, pero no se cansa de utilizarnos para ofrecer a los hombres la reconciliación. Somos muy pobres, pecadores y, sin embargo, Dios nos toma para interceder por nuestros hermanos y a distribuir a los hombres, por nuestras manos nada inocentes, la salvación que regenera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pecado nos desfigura, y hacemos con dolor la experiencia humillante cuando nosotros mismos o uno de nuestros hermanos sacerdotes u obispos cae en el abismo sin fondo del vicio, de la corrupción o, peor aún, del crimen que destruye la vida de los demás. Quiero compartir con ustedes el dolor y la tristeza insoportables que causan en nosotros y en todo el cuerpo eclesial la oleada de escándalos de los que ahora están llenos los periódicos de todo el mundo. Es evidente que el verdadero sentido de lo que está sucediendo debe buscarse en el espíritu del mal, en el Enemigo, que actúa con la pretensión de ser el dueño del mundo, como dije en la <a href="http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2019/02/24/0158/00319.html#spa" target="_blank" rel="noopener">liturgia eucarística al final del Encuentro sobre la Protección de los Menores en la Iglesia (24 de febrero de 2018)</a>. Sin embargo, ¡no nos desanimemos! El Señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a sí. Él nos está haciendo experimentar la prueba porque entendemos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía, de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa, sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien hoy tomar el capítulo 16 de Ezequiel. Esta es la historia de la Iglesia. Cada uno de nosotros puede decir: esta es mi historia. Y al final, pero a través de tu vergüenza, seguirás siendo el pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece silencioso entre lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, este, este humilde arrepentimiento es el principio de nuestra santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No tengan miedo de jugarse la vida al servicio de la reconciliación entre Dios y los hombres: no se nos ha dado otra grandeza secreta que la de dar vida para que los hombres conozcan su amor. La vida de un sacerdote a menudo está marcada por incomprensiones, sufrimientos silenciosos, a veces persecución. Y también pecados que solo Él conoce. Las laceraciones entre los hermanos de nuestra comunidad, la no aceptación de la Palabra evangélica, el desprecio de los pobres, el resentimiento alimentado por reconciliaciones que nunca han ocurrido, el escándalo causado por el vergonzoso comportamiento de algunos de nuestros hermanos, todo esto puede quitarnos el sueño y dejarnos impotentes. En cambio, creamos en la paciente conducción de Dios, que hace las cosas en su tiempo, ensanchemos nuestros corazones y pongámonos al servicio de la Palabra de la reconciliación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que hemos vivido hoy en esta Catedral, propongámoslo en nuestras comunidades. En las liturgias penitenciales que viviremos en parroquias y prefecturas, en este tiempo de Cuaresma, cada uno pedirá perdón a Dios y a sus hermanos por el pecado que ha socavado la comunión eclesial y ha sofocado el dinamismo misionero. Con humildad -que es una característica propia del corazón de Dios, pero que nos cuesta tanto hacer nuestra- confesemos unos a otros que necesitamos a Dios para renovar nuestras vidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sean ustedes los primeros en pedir perdón a sus hermanos. “Acusarse a sí mismo es un comienzo sabio, ligado al temor de Dios” (<em>ibíd</em>.). Será un hermoso signo si, como hemos hecho hoy, que cada uno de ustedes se confiese con un hermano incluso en las liturgias penitenciales de la parroquia, ante los ojos de los fieles. Tendremos un rostro luminoso, como el de Moisés, si con ojos conmovidos hablamos a los demás de la misericordia que nos ha sido concedida. Es el camino, no hay otro. De esta manera veremos caer al demonio del orgullo como un rayo del cielo, si el milagro de la reconciliación ocurre en nuestras comunidades. Sentiremos que somos un poco más el Pueblo que pertenece al Señor, en medio del cual camina Dios. Este es el camino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Les deseo una buena Cuaresma!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Mensaje a las familias del mundo: la llamada del Papa Francisco - José Bravo C., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/mensaje-a-las-familias-del-mundo-la-llamada-del-papa-francisco-jose-bravo-c-pbro/</link>
		<pubDate>Mon, 18 Mar 2019 08:11:29 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.199 (JULIO-SEPTIEMBRE 2018)
Autor: José Bravo Carvallo, pbro.
Para citar: Bravo,José; <em>Encuentro Mundial en Dublín, Irlanda: Reflexión sobre las palabras del Santo Padre a las familias del mundo</em><i>,</i> en La Revista Católica, Nº1.199, julio-septiembre de 2018, pp. 294-299.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/JBRAVO_LRC_1199.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Encuentro Mundial en Dublín, Irlanda: Reflexión sobre las palabras del Santo Padre a las familias del mundo </strong>
<strong>José Bravo Carvallo, pbro. </strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como es habitual en nuestra Iglesia Universal a través del tiempo, la preocupación por la familia es central y ella ocupa un espacio particular. Así lo hemos podido constatar en el extenso magisterio existente, con especial hincapié desde la <a href="http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html" target="_blank" rel="noopener">Exhortación Apostólica <em>Familiaris Consortio</em></a>, con la que san Juan Pablo II nos recordaba que «la familia, en los tiempos modernos, ha sufrido quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura»<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Wojtyla creó los Encuentros Mundiales de la Familia, porque tenía la convicción que el mundo necesita de las familias sanas, pues ellas son la primera escuela de la vida del hombre, «en ellas se fragua el futuro de la humanidad»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. En la misma línea, el Papa Benedicto recordó a los fieles que la familia es la «célula vital de la sociedad, el primer y decisivo recurso para su desarrollo»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por este motivo, cada tres años el <em>Pontificio Consejo para los laicos, la familia y la vida</em> convoca a esta reunión internacional como instancia para centrar la mirada en los desafíos contemporáneos de la familia, reflexionar sobre los mejores caminos para enfrentarlos, orar por su fortalecimiento y crecer en comunión, compartiendo las experiencias de distintos países y culturar de todo el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo esta tradición, la Iglesia Católica celebró entre el 21 y el 26 de agosto pasado el <a href="https://www.worldmeeting2018.ie/es/" target="_blank" rel="noopener">IX Encuentro Mundial de las Familias</a> en Dublín, Irlanda. El lema que inspiró esta versión fue «<em>El Evangelio de la Familia: Alegría para el mundo</em>», una expresión que resalta el gozo, en continuidad con la tónica de los documentos del Papa Francisco, quien viajó hasta el lugar para exhortar a los participantes a perseverar en el fortalecimiento y defensa de la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco nos invita a revisar la realidad familiar y del mundo con los ojos puestos en la <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html" target="_blank" rel="noopener">Exhortación apostólica postsinodal <em>Amoris Laetitia</em></a><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, en una sociedad con profundas transformaciones, en la que debemos reconocer la belleza y la importancia de la familia. El Santo Padre cree que en un mundo donde la humanidad es herida, maltratada y dominada por la carencia del amor, la familia es el Sí de Dios como Amor. A pesar de todas las presiones y dificultades a las que se enfrenta, él asegura que la familia es aún buena noticia para el mundo de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El desafío en Chile</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La actualidad de la sociedad chilena también nos habla de profundos cambios que están en directa relación con la realidad familiar, donde la sustitución del matrimonio por la convivencia ha tenido un explosivo aumento, y donde las políticas públicas no necesariamente ayudan a los jóvenes a optar por el vínculo, ya sea civil o religioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Chile presenta una composición demográfica extremadamente centralizada, con un aumento sustancial de la inmigración de países latinoamericanos, con un descenso crítico de la natalidad, con una inmensa mayoría de hijos nacidos fuera del matrimonio, y con una escandalosa desigualdad de remuneraciones con respecto a la mujer. Estamos en plena discusión en contra de un aborto libre, en búsqueda de proporcionar viviendas sociales dignas para el desarrollo de la vida familiar, y que además esté acompañado de un salario ético. Constatamos una disminución y fragilidad de los matrimonios, con proyectos de ley para la reestructuración del Servicio Nacional de Menores, revisando la ley de adopción de niños y los sistemas de pensión para los adultos mayores. Este último tema es crucial para el Papa Francisco, quien una vez más afirmó con vehemencia que «una sociedad que no valora a los abuelos es una sociedad sin futuro»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pareciera ser que el ideal de familia que alguna vez conocimos, se aleja cada vez más de una sociedad en permanente cambio. De ahí que el Santo Padre en su discurso en la ciudad de Dublín nos anime a todos a hablar del matrimonio y la familia como la verdad a la que no podemos renunciar: hemos sido amados y encontramos la felicidad. «¿Qué significa esto?- se pregunta el Papa- Significa que, después de haber encontrado el amor de Dios que salva, intentemos, con palabras o sin ellas, manifestarlo a través de pequeños gestos de bondad en la rutina cotidiana y en los momentos más sencillos del día»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, en sus palabras en Dublín, el Pontífice insiste en que la familia se transforma en un evangelio, en una verdadera y buena noticia para el mundo de hoy y, por ende, debemos protegerla en sus derechos, sin olvidar que es “íntima comunidad de vida y de amor”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, y que su naturaleza y promoción va más allá del solo reconocimiento de miembros de la familia como un niño y una mujer. Esto implica desarrollar estrategias y lenguajes apropiados para cada etapa, para cada miembro: «Necesitamos encontrar las palabras, las motivaciones y los testimonios que nos ayuden a tocar las fibras más íntimas de los jóvenes, allí donde son más capaces de generosidad, de compromiso, de amor e incluso de heroísmo»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La familia como un don de alegría para el mundo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces, el Evangelio de la familia que estamos llamados a anunciar, vivir y testimoniar, descansa en el don de la gracia, que es Jesucristo, que renovó el proyecto de Dios para la familia y lo convirtió en una institución clave en su Reino, un sacramento de su propio Amor. «Es verdaderamente alegría para el mundo, ya que allí, en nuestras familias, siempre se puede encontrar a Jesús; él vive allí, en simplicidad y pobreza, como lo hizo en la casa de la Sagrada Familia de Nazaret»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Es necesario, por consiguiente, que crezcamos en la conciencia de que la realidad del matrimonio y la familia son un bien, en un tesoro para la humanidad, y que es precisamente en el seno de una familia donde hemos nacido y hemos sido amados por el hecho de existir, lugar dónde hemos experimentado, vivido y conocido el amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando Jesús le dice a Nicodemo que quién no nace del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios (<em>Jn</em> 3,5), está trazando una ruta a partir del bautismo común para los cristianos y que termina en el cielo. En este peregrinar cada bautizado va realizando un recorrido vital, en el que el matrimonio se presenta como un camino de santidad, por ser un lugar específico para hacer realidad el amor, la donación y el perdón en el que actúa la gracia. El Papa Francisco describe el amor del matrimonio y la familia utilizando las palabras del himno a la caridad de San Pablo, que es el ideal de todo bautizado y sobre todo, el ideal de quienes han emprendido el viaje hacia la perfección de la caridad conyugal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En diálogo con la realidad contemporánea</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy estamos obligados a reflexionar seriamente y a llevar adelante una nueva conversión, que pasa por una práctica pastoral de acogida, a la que nos insta el Santo Padre, sobre todo si queremos proponer “El Evangelio de la Familia: Alegría para el mundo” en diálogo con la realidad moderna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para evangelizar el mundo de hoy primero debemos amarlo y encontrar modos de conectar con sus valores, incluso cuando estos están invadidos por ideologías reñidas y hasta opuestas al cristianismo. Creo, personalmente, que algunas de las reivindicaciones feministas que buscan promover a la mujer, en la medida que se conviertan en una verdadera promoción, repercutirán directamente como un beneficio sobre la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que busca el Papa Francisco, es renovar la misión de la familia como Iglesia doméstica, mediante la proclamación de la belleza y la gracia inherentes en ella.  Por eso, a pesar de la gran cantidad de signos que indican que el matrimonio está en crisis, el deseo de familia debe permanecer vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este dialogo con el mundo moderno no pasa solo por el amor, sino que también por el perdón. Un perdón como un don sanador y regalo especial de Dios, que nos reconcilia con Dios y con nuestros hermanos. Como dijo el Santo Padre en Irlanda, «gestos pequeños y sencillos de perdón, renovados cada día, son la base sobre la que se construye una sólida vida familiar cristiana. Nos obligan a superar el orgullo, el desapego y la vergüenza, y a hacer las paces»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El perdón al igual que el amor nos obliga a salir de nosotros. Jesús sale a nuestro encuentro, murió por nosotros y la fuerza del resucitado nos invita también a perdonar y reconciliarnos con los demás. Es un mandato y una misión que estamos llamados a vivir testimonialmente, como individuos o como familias, ya que en cada padrenuestro comenzamos a comprender la verdad y el misterio del amor que para san Pablo <em>no pasara jamás</em> (<em>1Cor</em> 13,8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta manera somos animados a promover el ideal matrimonial y familiar como una verdad confiada por Dios, porque allí se manifiesta la plenitud del amor humano, que como un gran tesoro que alcanza para todos y en el que estamos convencidos que se juega la felicidad, que en su máxima expresión está en el encuentro con Dios en el Reino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos tener especial interés por «nuestros jóvenes que están para emprender su camino hacia el matrimonio y la familia, con el fin de abrirles nuevos horizontes, ayudándoles a descubrir la belleza y la grandeza de la vocación al amor y al servicio de la vida»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco ve en cada familia un signo de esperanza, especialmente cuando estas manifiestan su solidaridad con otras familias en su dolor, penas y angustias, extendiendo la mano. Ellas son generadoras de paz, porque enseñan el amor, la aceptación y el perdón, elementos que son los mejores antídotos contra el odio y la violencia. El Santo Padre recordó en particular que para cada cristiano «el amor y la fe en la familia pueden ser fuentes de fortaleza y paz, incluso en medio de la violencia y la destrucción causada por la guerra y la persecución»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, apelando a aquellas miles y miles de familias que sufren a diario, obligadas a abandonar sus hogares, desplazados por falta de alimento y medicina,  perseguidos en busca de seguridad y paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para concluir, debemos decir que las familias están llamadas a continuar creciendo aun en medio de las dificultades y los cambios constantes. De una familia recibimos la identidad, los valores y la fe, por eso la educación al amor tiene lugar en el contexto de la familia, la Iglesia doméstica. La fuerza del mensaje del Papa propone una visión abierta y atractiva del amor humano, a imagen de la comunión de Dios, rodeado de la misericordia y en esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Acoger con entusiasmo y sin prejuicios estas enseñanzas del Papa Francisco puede ser un paso importante hacia adelante, con la esperanza que todas las familias lleguen a ser un verdadero motor para la renovación de la faz de la tierra, para la venida del Reino, el gran recurso para la evangelización del mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote del Obispado Castrense, Capellán Naval, Alumno egresado del <em>Magíster de orientación y mediación familiar</em> de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Juan Pablo II, Exhortación apostólica <em>Familiaris Consortio</em>, 22 de Noviembre de 1981.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Encuentro Mundial de las Familias, Roma, 1994.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Encuentro Mundial de las Familias, México 2009.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Francisco, Exhortación apostólica postsinodal, <em>Amoris Laetitia</em>, 19 de Marzo 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en la Fiesta de las Familias</em>, Encuentro Mundial de las Familias, Estadio Croke Park, Dublín, Sábado, 25 de agosto de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral <em>Gaudium et Spes</em>, Nº48.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Amoris Laetitia</em>, N°40.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en la Fiesta de las Familias</em>, 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cfr. <em>Amoris laetitia</em>, Nº1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en la Fiesta de las Familias</em>, 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Familiaris Consortio</em>, N°1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre en la Fiesta de las Familias</em>, 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>¡Ánimo! Yo soy, dejen de tener miedo. Reflexión exegético-teológica - Alejandro Salazar, pbro.</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Mar 2019 08:11:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.185 (ENERO- MARZO 2015)
Autor: Alejandro Salazar, pbro.
Para citar: Salazar, Alejandro; <em>¡Ánimo! Yo soy, dejen de tener miedo. Reflexión exegético-teológica de Mt 14, 22-33</em>, en La Revista Católica, Nº1.185, enero-marzo 2015, pp. 7-16</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/ASALAZAR_LRC_1185.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Reflexión exegético-teológica de Mt 14, 22-33: </strong>
<em><strong>¡Ánimo! Yo soy, dejen de tener miedo</strong></em>
<strong>Alejandro Salazar, pbro. </strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta reflexión, hecha a partir del texto inspirador de las <a href="http://www.iglesia.cl/especiales/oopp2014-2020/" target="_blank" rel="noopener">Orientaciones Pastorales (OO.PP.)</a> vigentes, pretende iluminar desde un punto de vista exegético y teológico algunos aspectos del texto de Mt 14, 22-33, y donde parece posible ponerlo en relación con las Orientaciones y el magisterio reciente del Papa Francisco. No falta también el necesario diálogo con algunos Padres de la Iglesia, que permita una lectura no solo exegético-teológica, sino además inspiradora y profundamente eclesial. Es el Señor Jesús el que ayer como hoy habla a nuestra realidad personal y eclesial y nos dice: ¡Ánimo! Yo soy, dejen de tener miedo<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Dejar la orilla (<em>Mt</em> 14,22)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo primero que llama la atención es la urgencia que se advierte y la obligación que impone Jesús a sus discípulos de dejar la orilla y embarcarse para llegar a la otra orilla. El verbo griego anankazō, que significa obligar, mandar, tiene precisamente el sentido de forzar a alguien a hacer algo. Por tanto, se puede decir que Jesús fuerza a sus discípulos a dejar la orilla y a embarcarse. Cabe la pregunta: ¿Por qué Jesús obliga a sus discípulos a hacer esto? Pareciera ser que la respuesta (que el evangelista Mateo no nos proporciona ni tampoco su paralelo en <em>Mc</em> 6,45-46), nos llega a través de lo que comenta san Juan en su evangelio. San Juan nos narra que como consecuencia del signo realizado por Jesús, en el contexto del signo de la multiplicación de los panes (contexto similar al de nuestra perícopa), donde se recogen doce cestas con pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron, los hombres, al ver aquel signo revelador que Jesús había mostrado, decían: “¡Éste es verdaderamente el profeta que va a venir al mundo!”. A renglón seguido, el evangelista nos cuenta la reacción de Jesús que “nada más darse cuenta de que iban a venir a llevárselo para hacerlo rey, se retiró de nuevo al monte él solo” (<em>Jn</em> 6,14-15).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este comentario del evangelista san Juan permite suponer que quizás una de las razones de la urgencia de Jesús es evitar que lo hagan rey y, por lo tanto, escapa al monte y, al mismo tiempo, fuerza a sus discípulos a que dejen la orilla. Precisamente, <em>Mt</em> nos dice que Jesús, una vez despedido el gentío, sube al monte a solas para rezar (24,23). El peligro que Jesús ve y del cual escapan él y sus discípulos podría entenderse como una errada interpretación política del signo que antes había realizado al multiplicar el pan (cinco panes y dos peces) (<em>Mt</em> 14,13-21). Quizás debido a que Jesús comprendía muy bien que el judaísmo de su época entendía la realeza del Mesías de acuerdo con la figura de un guerrero que va contra sus enemigos y mata reyes y príncipes<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Según esto, la gente habría interpretado el signo de la multiplicación de los panes como signo del Mesías enviado de Dios para liberarlos del yugo extranjero, en este caso, romano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podríamos deducir que la interpretación del milagro de Jesús, hecha por la multitud, se queda solo a un nivel que llamaríamos “mundano”, solamente material y terreno; de acuerdo con sus expectativas políticas y solo de orden material. Al parecer, Jesús rechaza tal interpretación e intenta alejar a sus discípulos de un tal modo reductivo de ver su ministerio y su mensaje. Seguramente, en nuestro contexto actual, no estamos inmunes a una interpretación “mundana” del mensaje de Cristo proclamado a través de su Iglesia. Quizás este episodio evangélico nos pone en guardia contra toda visión solo inmanente de la fe y de la misión de Cristo y de su Iglesia. El Papa Francisco en su exhortación apostólica <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Evangelii Gaudium</em></a> (en adelante EG) nos advierte acerca de lo que el llama “La mundanidad espiritual”. El Papa nos alerta acerca de esta y nos dice “que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia” (EG 93). La define básicamente como el deseo de “buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal” (EG 93). Se trata de un peligro, en cierto sentido análogo, al que veía Jesús cuando la multitud deseaba “hacerlo rey”, no porque reconocieran su naturaleza divina y su mesianismo eterno, sino porque esperaban que él vendría a saciar sus aspiraciones humanas, materiales y políticas. Se trataría del peligro de usar a Jesús para nuestros propios fines y de acuerdo a nuestros propios intereses. Como afirma el Papa Francisco, esta mundanidad es propia de un espíritu humano que “ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses” (EG 97).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús, frente a este peligro, prefiere escapar de esa situación y estar a solas en el monte, retornando a la oración, al mismo tiempo que obliga a sus discípulos a dejar la orilla. Dejar la orilla evoca la respuesta que propone el Papa Francisco frente a la mundanidad espiritual: “Poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres” (EG 97). Parafraseando las actuales OO.PP., se trataría este de un tiempo donde se hace urgentemente necesario aprender a vivir “lejos de la seguridad de la orilla” (nº 6) y que nos invita a todos en la Iglesia a “abandonar las estructuras caducas que ya no favorecen la transmisión de la fe” (nº 11f).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro aspecto que puede resultar interesante en <em>Mt</em> 14,22 es la expresión traducida como “adelantársele”, que corresponde al verbo griego <em>proagō</em> que significa adelantarse, preceder, anticiparse, llegar primero. El sentido del verbo es moverse hacia adelante con respecto a otros en tiempo o espacio, con frecuencia con la idea de llegar antes que otros. En este caso, el sentido es anteceder a Jesús. Resulta llamativa la expresión porque se trata de la orden que Jesús da a sus discípulos cuyo objetivo es que lleguen primero, que se le adelanten. Cuando el Papa Francisco hace notar que “en la Palabra de Dios aparece permanentemente este dinamismo de ‘salida’ que Dios quiere provocar en los creyentes” (EG 20), quizás esta orden de Jesús de dejar la orilla y “adelantársele” va en consonancia con ese dinamismo del que habla el Papa. Este adelantarse podría estar en relación con el neologismo utilizado por el Papa, <em>primerear</em>, y que da cuenta de una comunidad evangelizadora que experimenta “que el Señor tomó la iniciativa, la ha <em>primereado</em> en el amor (cf. <em>1Jn</em> 4,10); y por eso, ella sabe adelantarse, tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro, buscar a los lejanos y llegar a los cruces de los caminos para invitar a los excluidos” (EG 24). En el evangelio de Mateo, no se dice cuál es la otra orilla hacia la que se debe navegar. Solo el evangelista Marcos especifica hacia dónde son enviados los discípulos, “rumbo a la otra orilla, hacia Betsaida” (<em>Mc</em> 6,45)<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. En la <em>Evangelii Gaudium</em> dejar la orilla se puede interpretar como la invitación a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20). Para los discípulos, todo esto implica subirse a la barca y tomar los riesgos que eso significa, dejar tierra firme (la propia orilla), e internarse en las profundidades, no siempre seguras, del lago, para llegar a la otra orilla.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Subir a la barca (<em>Mt</em> 14,22)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este acción de los discípulos de subir a la barca es interpretada alegóricamente por san Hilario de Poitiers, que comentando <em>Mt</em> 14,22-23 dice que el acto de Jesús de mandar a sus discípulos para que vayan al otro lado del mar, “quiere decir que manda a los discípulos estar en la Iglesia (Ecclesiam) y navegar por el mar, es decir, por este mundo, hasta los tiempos en que él, al volver en su venida gloriosa, dará la salvación a todo el pueblo que habrá quedado de Israel (cf. <em>Rm</em> 11,5)”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. La barca, según san Hilario, es figura de la Iglesia. Quizás a muchos resonará esta imagen de la barca como tipo de la Iglesia a propósito de las emotivas palabras del Papa Benedicto, al concluir sus ocho años de pontificado, en lo que fue su última Audiencia General, cuando decía: “Siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda; es Él quien la conduce”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta imagen de la Iglesia como barca, habría sido antes mencionada en la carta de Clemente a Santiago, donde dice que “todo el quehacer de la Iglesia está como dentro de una gran barca, que transporta a través de una violenta tormenta a hombres de diversos lugares, y quienes desean habitar en la ciudad del buen reino”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Recurriendo a esta imagen, el Papa Benedicto había comparado con una barca en medio del mar el ejercicio de su ministerio petrino diciendo que se sentía “como san Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca ha sido abundante; ha habido también momentos en los que las aguas se agitaban y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Subir a la barca y navegar en ella, por tanto, se puede interpretar alegóricamente como un reflejo de la vitalidad misionera de la Iglesia, que debe estar en permanente movimiento y jamás estancarse. Los Obispos nos hablan con razón de la necesidad de entrar en un proceso de ‘conversión pastoral’… “una renovación que nos permita hacernos más atentos a las periferias de este mundo. Eso implica salir de la rutina de nuestras prácticas habituales para ir al encuentro de los que se encuentran lejos, por cualquier causa”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La barca, zarandeada por las olas (<em>Mt</em> 14,24)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este episodio de los discípulos dentro de la barca encuentra muchas similitudes con lo narrado por el evangelista Mateo en 8,23-27. En el primer caso, Jesús sube a la barca con los apóstoles, pero permanece dormido cuando viene la tormenta. En 8,24 se nos dice que la barca está apunto de desaparecer (vb. <em>kalyptō</em>, lit. cubrir, ocultar) bajo las olas. En 14,24 en cambio hay un matiz, que viene dado por el uso del verbo <em>basanizō</em>, que literalmente significa atormentar, y que tiene el sentido de estar bajo o experimentar una turbación extrema. La idea de sufrimiento humano es casi inevitable con el uso de este verbo y es probablemente intencional (quizás de lo contrario habría utilizado <em>kalyptō</em>). Si fuese el caso, agua, tormenta y noche serían símbolos de sufrimiento, temor y muerte, muy familiar para la Iglesia y con reminiscencias en los salmos<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. El salmo 69, 2-3 nos dice:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Dios mío, sálvame, que me llega el agua hasta el cuello: me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la corriente</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 14,24 la turbación es producida por el viento que es contrario, en cambio en 8,24 la causa es la marejada (lit. un gran terremoto) que amenaza con hundir la barca. En consonancia con esta escena las OO.PP. hacen mención del “oleaje a veces tormentoso que ha golpeado nuestra vida [como Iglesia] en estos años recientes”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Quizás nos quiera presentar simbólicamente la experiencia humana cotidiana de dolor, sufrimiento y adversidad de la vida. El Papa Francisco nos ofrece algunas consideraciones que podríamos paragonar al viento en contra que experimentan los discípulos de Jesús en el mundo actual, y entonces nos dice que “no podemos olvidar que la mayoría de los hombres y mujeres de nuestro tiempo viven precariamente el día a día, con consecuencias funestas… el miedo y la desesperación se apoderan del corazón de numerosas personas… la alegría de vivir frecuentemente se apaga, la falta de respeto y la violencia crecen, la inequidad es cada vez más patente” (EG 52).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Hilario comentando <em>Mt</em> 14,24 dice que: “Los discípulos son zarandeados por el viento y el mar y arrojados de un lado a otro por todas las agitaciones de este mundo suscitadas por el espíritu inmundo que se les opone”. Precisamente el texto nos dice que todo esto ocurría porque el viento era contrario. La expresión usada es <em>enantios</em> (única ocurrencia de la palabra en Mateo) que quiere decir literalmente frontero, contrario u opuesto, pero que también se puede traducir como viento hostil. Ahora bien, esta hostilidad del mundo se transforma para nosotros en desafío y en una oportunidad para la evangelización. Como dice el Papa Francisco, “evangelizamos cuando tratamos de afrontar los diversos desafíos que puedan presentarse” (EG 61).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los discípulos se encontrarían, según algunos comentaristas, a una distancia de unos 4,8 kilómetros de la orilla. Nos dice Mateo que la barca distaba ya de tierra muchos estadios (única ocurrencia en <em>Mt</em>); una medida de distancia de la época equivalente a 192 metros. Por otra parte, <em>Mc</em> nos cuenta que la barca está en medio del mar, y Jesús solo en tierra. La narración enfatiza en algún modo la gran separación producida entre Jesús y sus apóstoles. Además, el texto propone un contraste entre la tierra y el mar, quizás como metáfora de lo seguro y estable frente a la inseguridad e inestabilidad. Se trata del contacto y la cercanía a Cristo que hace toda la diferencia en la propia vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco lo expresa muy bien cuando habla del fundamento del entusiasmo evangelizador. Dice el Papa que “no se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo, no es lo mismo caminar con Él que caminar a tientas, no es lo mismo poder escucharlo que ignorar su Palabra, no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en Él, que no poder hacerlo” (EG 266). Parafraseando esta frase del Papa Francisco, podríamos decir que para la experiencia de los apóstoles en la barca, no es lo mismo navegar con Él que navegar solos y a tientas. La lejanía de Jesús produce inseguridad, temores, tormenta en la propia vida. Por el contrario, en el lenguaje de la OO.PP. se trata de ir hacia la centralidad de Jesucristo: “En el encuentro con Cristo nuestra vida adquiere un sentido nuevo y más pleno”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Jesús se les acercó caminado sobre el mar (<em>Mt</em> 14,25-26)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos dice el texto que Jesús se acercó a los discípulos caminando sobre el mar a la cuarta vigilia de la noche. Esta indicación correspondía al horario comprendido entre las tres a las seis de la mañana. La división de la noche en cuatro partes era de origen romano: los cuatro turnos militares de guardia (las vigilias). Por lo tanto, la acción se desarrolla de madrugada o el momento del amanecer. El amanecer aparece en la Biblia como el tiempo de la intervención salvadora de Dios. <em>Is</em> 17,14 es un buen ejemplo de esto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>A la hora del atardecer se presenta el miedo, antes de la mañana ya no existen</em>”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero el amanecer para los cristianos representa sin duda la hora de la resurrección (<em>Mt</em> 28,1) en la que Cristo vence a la muerte y, por así decir, camina sobre ella. Quizás con razón, san Hilario comentando <em>Mt</em> 14,25 decía que: “A la cuarta vigilia viene el Señor. A la cuarta vez volverá a la Iglesia errante y náufraga. En efecto, en la cuarta vigilia de la noche se descubre el número de todos los momentos de su solicitud. Pues la primera vigilia fue la de la ley, la segunda la de los profetas, la tercera la de su venida en el cuerpo, la cuarta la de su retorno glorioso”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Según este santo, se trataría de una figura de la venida de Cristo en su divina majestad y glorioso. Probablemente el acto de caminar sobre las aguas sea una manifestación de la divinidad de Cristo<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, Señor de todas las cosas, incluso el mar. En el AT está presente este simbolismo acerca de la autoridad de Dios sobre el mar y especialmente su poder de caminar sobre las aguas (Ej., <em>Sal</em> 77,16.19; <em>Jb</em> 9,8; 38,16; cf. sabiduría en <em>Sir</em> 24,5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¡Ánimo! “Yo soy”, dejen de tener miedo (<em>Mt</em> 14,27)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La indicación temporal dada antes en el v.23 hace pensar que los discípulos durante un largo período (por lo menos, nueve horas) sufrieron los embates del temporal. Por lo tanto, al cansancio propio de enfrentar una navegación extenuante y peligrosa se une ahora la visión de un “fantasma” que camina sobre las aguas. La reacción temerosa de los discípulos está dada por el contexto cultural. Como se sabe, los antiguos creían que el mar era el hogar de los espíritus impuros y, por tanto, los discípulos pensaron que el fantasma que veían, seguramente tenía intenciones perversas contra ellos. Es de notar el uso de la palabra <em>phantasma</em> (Cf. <em>Sab</em> 17,14) que significa aparición, espectro o fantasma. En <em>Lc</em> 24,37 Jesús resucitado se aparece a los discípulos que creen ver un “espíritu” (lit. <em>pneuma</em>, otros manuscritos usan <em>phantasma</em>). Todas estas indicaciones parecen señalar (el temor sería una reacción natural a lo sobrenatural) que los discípulos están frente a una verdadera teofanía de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El evangelista construye todo un cuadro con la situación anímica de los discípulos marcada por la turbación, el susto y la alarma (verbo <em>tarassō</em>) y propiamente del miedo frente al peligro o el dolor (sustantivo <em>phobos</em>) que termina expresándose en los gritos (verbo <em>krazō</em>), seguramente de desesperación por la escena contemplada. Frente a este cuadro de temor, las palabras de Jesús vienen a poner calma y tranquilidad. Llama la atención la fórmula usada por Jesús: <em>¡Ánimo!</em> Se trata del imperativo de <em>tharseō</em>, que literalmente significa tener confianza, tener ánimo y su conexión con “Yo soy”. Como ha notado Luz<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, “el Dios bíblico se ha dirigido a los patriarcas y a Israel con este ‘no tengas miedo porque yo soy’. Entre los textos que dan cuenta de esta relación, destaca la alianza con Abraham en <em>Gn</em> 15,1<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Yahveh dirigió la palabra a Abrán en una visión, diciéndole: “No temas, Abrán. Yo soy tu escudo</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El contexto, ligado a la experiencia de temor por parte de los discípulos y presente en la Biblia, parece confirmar que estamos de frente a una automanifestación divina de Jesús (es cierto que este “yo soy” puede significar solamente un simple “estoy aquí”, pero el contexto parece sugerir algo más) que ese relaciona con la revelación del nombre divino, YHWH (ἐγώ εἰμι = YO SOY) dado en la LXX del <em>Ex</em> 3,14 (cf. <em>Mt</em> 22,32; <em>Jn</em> 8,58; <em>Mc</em> 14,62) y <em>Is</em> 43,10; 51,12<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo demás, esta automanifestación de Jesús viene confirmada por la declaración final de los discípulos, que postrándose delante de Jesús, exclaman: “¡Verdaderamente eres hijo de Dios!”. Esta declaración de fe de los discípulos contrasta con la tentativa de la gente de hacer de Jesús un rey temporal, a propósito de los signos realizados por Jesús. Quizás toda esta narración tiene como propósito mostrar el error de la multitud y hacer ver, a los discípulos que navegan sobre la barca de la Iglesia, quién es verdaderamente Jesús. En nuestra experiencia eclesial ha ocurrido algo semejante en los últimos años, “a veces nos invade el desconcierto, y no logramos reconocer al Señor de la Vida que camina a nuestro lado. Pero el Señor mismo viene a nuestro encuentro, para quitarnos los miedos, abrir nuestros ojos y ayudarnos a reconocerlo con claridad”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¡Hombre de poca fe! ¿Para qué dudaste? (<em>Mt</em> 14,31)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin lugar a dudas, la experiencia de Pedro es paradigmática para todo creyente. Pedro se transforma así en modelo de fe y de falta de fe. Pedro tiene fe cuando pide al Señor que le ordene caminar sobre las agua. Su fe se manifiesta cuando pide al Señor algo imposible (como mover montañas: 17,20), pero una vez más tuvo temor, al sentir el viento fuerte, dudó. Jesús viendo lo ocurrido, extiende la mano a Pedro y salvándolo lo amonesta: ¡hombre de poca fe! La misma expresión (<em>oligopistos</em>, lit. de poca fe) aparece antes en 8,26 (Un tema al parecer predilecto de <em>Mt</em> Cf. 6,30 y 16,8), pero esta vez referida a los discípulos, en un contexto parecido de tormenta, que los hace gritar: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! Idéntica expresión usada por Pedro para pedir el rescate del Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La falta de fe, o la crisis de la fe, es algo que también golpea nuestra experiencia eclesial actual a nivel personal y social. “Los rápidos procesos de cambio han puesto en duda los valores que tradicionalmente han dado sentido a nuestra experiencia personal y social”<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. Pero al igual que lo acontecido a Pedro, las OO.PP. nos dicen que en nuestra realidad se produce una doble experiencia de fe y de falta de fe. “De tal manera que, por un lado la fe parece cuestionada, e incluso atacada, y por otro surgen nuevas experiencias religiosas que renuevan la fe de la comunidad eclesial”<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como hemos visto a lo largo de esta reflexión, <em>Mt</em> 14,22-33 es verdaderamente un texto inspirador de la vivencia de fe personal y eclesial. El texto, en la experiencia de los discípulos de Jesús, invita a dejar la seguridad de la orilla y a subir a la barca, que es la Iglesia. Nos dice que, a pesar de la tormenta y del viento en contra (a veces producto de la lejanía del Señor), no debemos temer porque permanentemente deben resonar en nuestros oídos las palabras del Señor: <em>¡Ánimo! Yo soy, dejen de tener miedo</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la diócesis de Melipilla, Licenciado en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> “Dejen de tener miedo” parece preferible a “no tengan miedo” si se quiere expresar mejor el matiz del imperativo griego de presente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Nota a <em>Jn</em> 6,15 en Nuevo Testamento, ed. de Manuel Iglesias (2003).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> De todas formas, los exégetas encuentran muy difícil que esta referencia sea exacta debido a que Betsaida no está en la otra orilla. Quizás pretendían ir a Betsaida, pero la corriente los llevó hasta Genesaret (v.53).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> San Hilario de Poitiers, Comentario al Evangelio de Mateo, Madrid, 2010, p. 189.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Benedicto XVI, Audiencia General, miércoles 27 de febrero de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Pseudo-Clement of Rome, Epistle of Clement to James (Buffalo 1886).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Benedicto XVI, Audiencia General antes citada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> OO.PP. 2014-2020, nº 24b.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Luz, U., Matthew: a commentary (Minneapolis 2001), p. 318.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> OO.PP 2014-2020, nº 1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> OO.PP. 2014-2020, nº 15a.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Cf. Ex 14,24 y Sal 46,6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> San Hilario de Poitiers, Op. cit., p. 189.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> “Caminar sobre las aguas es imposible para los seres humanos y está reservado solamente para Dios, a menos que los humanos fuesen en un modo especial hijos de Dios o hayan adquirido poderes mágicos” (Cf. Luz, Ulrich; Op. cit., p. 320).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Luz, U. Op. cit. p. 320.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Cf.  <em>Me fobou</em> con relación a ἐγώ εἰμι como auto-presentación divina en Gen 15,1; 26,14; 28,13; 46,3; Is 41,13, cf. 10; 43,1, 3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cf. Hagner, D. A., Matthew 14–28 (Vol. 33B,) (Dallas 1998), p. 423.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> OO.PP 2014-2020, nº 6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> OO.PP. 2014-2020, nº 11c.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> OO.PP. 2014-2020, ídem.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Razón y Amor en Gaudium et Spes 19-21 - Anneliese Meis W., SSpS.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/razon-y-amor-en-gaudium-et-spes-19-21-anneliese-meis-w-ssps/</link>
		<pubDate>Sun, 24 Mar 2019 20:02:34 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO- MARZO 2014)
Autor: Anneliese Meis, SSpS
Para citar: Meis, Anneliese; <i>Razón y Amor en Gaudium et Spes 19-21,</i> en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 46-58.</h6>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/AMEIS_LRC_1181.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Razón y Amor en Gaudium et Spes 19-21 </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Anneliese Meis W., SSpS </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>
<strong>Facultad de Teología UC</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un primer momento se me pidió explicarles mi <em>itinerario teológico</em>, lo cual me pareció insuficiente para una reunión. Luego encontré en los <em>Acta</em> de las reuniones de los profesores del <em>Departamento Dogma</em>, que me llegaron a Santiago, la propuesta <em>Razón y amor en la <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html" target="_blank" rel="noopener">Gaudium et Spes</a></em> (GS), con lo que me comencé a asustar y respondí con un tema mío sobre la <em>dramaticidad del ser</em>, que se originó en mi trabajo de investigación y docencia que estaba realizando en la Facultad durante el año 2013. Finalmente, decidí enlazar los tres momentos para un único estudio que esboza mi <em>itinerario teológico</em> a la luz de mis descubrimientos respecto a la relación entre razón y amor en los diversos documentos del Vaticano II, a partir de la situación dramática del ser humano en el mundo, tal como la logré estudiar desde 1974, año en que inicié mi docencia en la Facultad, abordando principalmente, los complicados temas de la <em>Antropología Teológica</em> hasta el día de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, el Concilio Vaticano II y el estudio de sus documentos fueron el punto de arranque y la estela por seguir para mi <em>itinerario teológico</em>, debido a que importantes profesores de la Facultad de Teología habían participado en el Concilio como peritos del Sr. Cardenal Silva Henríquez de Santiago, quienes nos trasmitieron vivamente las intuiciones y los logros conciliares, impregnando el plan de nuestros estudios teológicos, vigentes hasta hoy, con el espíritu conciliar de orientación histórico salvífica. El <em>schema chilenensis</em> que, junto con los <em>schemata</em> francés, inglés, italiano y alemán, figura en los <em>Acta</em> del Concilio, como legado chileno a la historia del Vaticano II, atestigua la calidad de la teología que se impartió e impartirá en adelante en Santiago y que actualmente ha sido objeto renovado de investigación y tesis de postgrado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, hemos estudiado, como Uds. y muchas otras facultades del mundo, los documentos conciliares y su recepción en los diversos momentos, sobre todo por el magisterio latinoamericano. Fue significativo el “giro salvífico”, dado por el Concilio Vaticano II, que descubrimos el año pasado en nuestro <em>Seminario Interno de profesores</em>. Este giro se concentra en los temas que debo tratar diariamente en mi quehacer teológico por medio de una significativa intelección de lo sobrenatural, lo cual conlleva una rearticulación de aspectos importantes entre el actuar de Dios y el mundo que esbozaré, brevemente, a partir de GS 19-21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si me atrevo a volver ahora sobre este texto –intensamente estudiado por Uds.– lo hago tan solo para abrirlo en aquellos ejes que explican la relación razón y amor a través de textos conciliares, ligados a mi <em>itinerario teológico</em> y desafiado por la situación dramática del ser humano en Chile, tal como la he experimentado y la sigo experimentando en cuanto extranjera. Desde esta perspectiva quisiera ofrecer mi comprensión de la racionalidad del Vaticano II, sus desplazamientos y posible propuesta de solución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El intento conciliar de rescatar la racionalidad teológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien el ateísmo es considerado en GS 19-21 “uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo” (GS 19) y cuyo acercamiento es descriptivo, es decir, las diversas menciones del fenómeno en el texto evocan diferentes aspectos de una realidad compleja, no “originaria” sino “derivada”, no faltan las referencias a la “razón” y el “concepto” que, de modo analítico, apuntan a una comprensión racional de dicho fenómeno. Es decir, el ateísmo es analizado y dilucidado a partir de la razón “natural”, su grandeza y sus debilidades, como lo han hecho la teología y el magisterio desde siempre, si pensamos en san Justino, Orígenes y muchos otros Padres de la Iglesia y, sobre todo, el Vaticano I en <a href="http://es.catholic.net/op/articulos/19358/constitucin-dogmtica-filius-dei.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Dei Filius</em></a>. En este sentido, el ateísmo es “contrario a la razón” (GS 19), porque se “des-entiende” (GS 19) del fundamento último, “autor y fin de todo” (GS 20) y “priva al hombre de su innata grandeza” (GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, llama la atención que GS 19-21 use un concepto de razón más amplio que la <em>ratio</em> –logos–, pues dicha <em>ratio</em> transita en los diversos documentos conciliares, permanentemente, hacia la “mente”, el “corazón” y el “espíritu” e involucra al sentimiento del sujeto cognoscente, la Iglesia que es “movida por el amor que siente a todos los hombres” (GS 19) y reprueba “con dolor” las “perniciosas doctrinas y conductas” (GS 19). Así, el Concilio quiere “conocer las causas de la negación de Dios que se esconden en la mente del hombre ateo” (GS 19). Se trata entonces de una racionalidad abierta y dinámica, propia de la filosofía antigua y de la Biblia, que, más allá de las ideas claras y distintas de la razón moderna, se encuentra ligada a la “cultura” –este “modo de ser propio” de cada uno que se plasma a través de múltiples expresiones comunes de gran variedad<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>–, sin que el Vaticano II se olvide de interrelacionarlas con su fundamento último, Dios. GS insiste: “Si faltan ese fundamento divino y esa esperanza de la vida eterna, la dignidad humana sufre lesiones gravísimas –es lo que hoy con frecuencia sucede–, y los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, quedan sin solucionar, llevando no raramente al hombre a la desesperación” (GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, el Vaticano aporta un concepto nuevo de “cultura”, que le permite articular aquella estructura tripartita del ser humano –espíritu-alma-cuerpo–, interrelacionada con la “experiencia” –noción que GS 19-21 señala como complementaria a la razón, cuando se refiere al ateísmo. La mención conciliar de la “experiencia” junto con la razón, es, sin duda, innovadora a la luz del desarrollo que tomó la teología desde Tomás hasta el siglo XIX –innovación que permite apreciar la comparación de <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Dei Verbum</em></a> con <em>Dei Filius</em><a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. De este modo, el ateísmo emerge en GS 19-21 a través de una explicación racional, pero ligada a la experiencia, que como tal conlleva una pregunta que, más allá de lo explícitamente indicado, se articula de modo subyacente a toda la argumentación conciliar en torno a Dios y su negación: ¿de qué me estás hablando?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, tal no entender y perder el hablar respecto del término “Dios” cuestiona, radicalmente, el modelo de “ciencia” en cuanto puesto como “natural” debajo de lo “sobrenatural”, a modo de “dos pisos”, como suele decir Rahner, pero echa una luz potente sobre la evocación conciliar del “Creador” de todo cuanto existe, en especial, del ser humano. Del hombre, pues, “solo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador” (GS 19). Esta evocación del Creador no sorprende a la luz de la tradición de la Teología, que en cuanto ciencia siempre ha buscado el <em>intellectus fidei</em>, pero sí es una novedad dentro del contexto inmediato del Vaticano II. Pues la racionalidad teológica –<em>sub rationem Dei</em>, diría santo Tomás– por muy fundada que sea en la Tradición, para los esquemas mentales teológicos preconciliares y la recepción postconciliar, no es una adquisición incuestionable, sino que requiere ser replanteada a la par de la siempre cambiante comprensión de la misma razón científica vigente y sus aliados, sobre todo psicológicos, sociológicos y literarios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero si hoy se está demostrando, cada vez más, que la misma racionalidad científica necesita de la metafísica<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, es decir, de una visión abarcadora que une su logos fragmentado para una totalidad, aunque multifacética, se admite también que los horizontes de aquella razón pueden romperse a causa de una experiencia originaria, siendo ella no mera vivencia, sino información elaborada<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Me parece que una tal experiencia originaria está en juego cuando el Vaticano II insiste en su racionalidad teológica en respuesta al no entender del hombre moderno respecto de Dios, pese a que, concretamente, los “deseos más profundos del corazón humano” lo añoran –experiencia similar, sin duda, a aquella que plasma lo sucedido a los discípulos de Emaús, cuando el Señor Resucitado transforma su “no entender” desolador en una intelección verdaderamente “científica” de los hechos ocurridos. Esto conlleva el desplazamiento justificado en la argumentación conciliar de GS 19-21 hacia la praxis por el Vaticano II.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El desplazamiento hacia la praxis en GS 19-21</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Impresiona en GS 19-21 el esfuerzo argumentativo conciliar de no quedar en un mero análisis racional teórico del fenómeno del ateísmo –esfuerzo reconocible en todo el Vaticano II, especialmente a través de la fórmula “<em>Gestis Verbisque intrinsece inter se connexis</em>” en DV 2<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, sino de abrir la razón “teórica” hacia sus implicaciones prácticas, al referirse a las “doctrinas y conductas” (GS 19)<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Además, no se trata de un mero no-“conocimiento”, sino de la falta de “<strong>re</strong>-conocimiento del Señor” (GS 19) de parte del hombre, que se ha puesto “fin en sí mismo”, en lo cual “consiste la esencia de la libertad” (GS 20), es decir, el hombre moderno está negando su “fin último”, Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto explica “la reacción crítica contra las religiones” (GS 19), ya que la negación del fin último no deja indiferente al hombre, sino que despierta sus reacciones, originadas por decisiones libres. Estas decisiones, que están también en la base de todo sistema científico, no solo demuestran una vez más la complejidad de la racionalidad humana, sino también sus tendencias siempre selectivas, ya que se hacen hostiles “en algunas zonas del mundo, sobre todo, con la religión cristiana” (GS 19). El porqué de tal selección está, por cierto, en el hecho de que donde hay mayor verdad hay mayor rechazo. De todos modos, el Concilio no deja lugar a dudas respecto de la índole práctica del ateísmo en cuanto agresividad de una racionalidad fundada en sí misma, es decir, amenazada en sus intereses propios. Por eso, “El remedio del ateísmo hay que buscarlo en la exposición adecuada de la doctrina y en la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros” (GS 21), es decir, tanto en aclaraciones teóricas como también en el comportamiento práctico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando GS 19-21 radicaliza sus explicaciones del ateísmo, trastocando aquello que parece agresión injusta a la “religión cristiana”, haciéndola víctima, en “causa” del ateísmo, saca a la luz la dimensión más alarmante del fenómeno. Afirma, pues, el Concilio refiriéndose al comportamiento práctico de los cristianos, que “también los creyentes tienen en esto su parte de responsabilidad” (GS 19), porque “han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GS 19). No cabe duda de que tal autocrítica es estremecedora en lo que se refiere al “desvelamiento de Dios” y la “enseñanza religiosa insuficiente” (GS 19), ya que apunta al testimonio y la recta trasmisión de la doctrina verdadera, es decir, a la praxis y el ejemplo, como causante del desconocimiento de Dios en otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con esto el texto conciliar plasma las consecuencias de la verdad más originaria de toda revelación de Dios, es decir, el comportamiento personal en respuesta a la “experiencia” del Señor resucitado se constituye en “experiencia con la experiencia”. Esto significa una atención afinada del Concilio a la dimensión subjetiva del conocimiento de Dios y su negación –subjetividad originada en la libertad de la persona humana en cuanto ser singular<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>, pero concretada a través de estructuras públicas e institucionales de modo objetivo y como tal apreciada, profundamente por el Vaticano II<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Pues “Es Dios creador el que constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad” (GS 21), de tal manera que la Iglesia enseña “que la esperanza escatológica no merma la importancia de las tareas temporales, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio” (GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pese a la gravedad de tal autocrítica, que tiende a absolutizarse en la recepción postconciliar, llama la atención que GS 19-21 se exprese de modo cauteloso y aproximativo respecto al testimonio de los cristianos: “en algunos casos” (GS 19), “puede ser…” (GS 19). Esta manera de argumentar resulta teológicamente muy relevante, pues pese a la insistencia en el testimonio imperfecto en cuanto causante del ateísmo, la Teología desde muy antiguo sabe que nuestro testimonio no produce la fe, aunque la facilita en otros dispuestos a acoger a Dios en sus vidas, como lo explica Tomás, en profundidad, a través de la <em>gratia gratis data</em>. De ahí que para el Concilio, “Esto no puede hacerse sin un prudente y sincero diálogo” (GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pese a que el Vaticano II no aporta una comprensión novedosa de la realidad de la gracia, sino que hace suyo el redescubrimiento de la “gracia increada”, es decir, Dios mismo Se comunica, de tal modo que, según GS 21, “A la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado con la continua renovación y purificación propias bajo la guía del Espíritu Santo” –enfoque histórico salvífico, propio de la Biblia y de los Padres griegos–, que se plasma también en la comprensión conciliar de la relación entre gracia y ética, que lejos de ser “pelagiana”, se patentiza como basada en la gracia de Dios, como atestigua el cambio del “asociarse” por el “son asociados” –<em>consocientur</em> por el Espíritu Santo de aquellos que no creen “al misterio pascual, sin saber cómo”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Emerge aquí una insistencia en la gratuidad de la autocomunicación de Dios, participada por el hombre, que en la recepción postconciliar corre el riesgo de perderse por una insistencia exagerada en la “gracia sanante”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, pero que hoy se busca recuperar por una renovación significativa de la “tradición de la gracia habitual”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. La propuesta antropológica teológica, que articula GS 19-21 en relación con el ateísmo, sin duda, tiene su encuadre en la confluencia de la razón con el amor, siendo el amor mismo intelecto, como constata la conocida fórmula de Gregorio Magno, recepcionada por Guillermo de Saint Thierry y puesta de relieve por Benedicto XVI en la Encíclica <a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Deus caritas est</em></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La propuesta conciliar en cuanto “ipse amor intellectus est”</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando el texto GS 19-21 insiste en la única “vocación del hombre a la unión con Dios” (GS 19) y explica que “Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios. Existe pura y simplemente por el amor de Dios, que lo creó, y por el amor de Dios, que lo conserva” (GS 19), esboza toda una “Antropología Teológica” <em>in nuce</em>, propuesta valiente y desafiante para el mundo actual. Emerge, pues, el único fin último del hombre, propuesto por Tomás de Aquino, hecho suyo por el Concilio a partir del redescubrimiento del “misterio de lo sobrenatural” por Henry de Lubac. Cuando el texto conciliar insiste en la felicidad solo conseguible por el reconocimiento de este fin último, describe, al modo de Tomás, el contenido de este fin como “visión beatífica”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues “es Dios creador el que constituye al hombre inteligente y libre en la sociedad” para “la participación de su felicidad”, ya que “el hombre es llamado, como hijo, a la unión con Dios y a la participación de su felicidad” (GS 21). De hecho, en la felicidad se unen razón y amor en el <em>ipse amor intellectus est</em> –un axioma antiquísimo que recobra su relevancia gracias a los más recientes descubrimientos filosóficos teológicos, si pensamos en Marion y Balthasar, y se verifica por un significativo “giro salvífico”, que se articula en los diferentes documentos del Vaticano II, siendo tal “giro” –<em>Wende</em>– no una ruptura con el pasado, pero sí “innovación”, es decir, una orientación distinta<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este “giro salvífico” en la <em>Antropología Teológica</em>, de profunda raigambre bíblica, patrística y sintetizada magistralmente por Tomás –cuando el Aquinate concede a la creación su justa autonomía relativa, a la vez de orientar todo hacia Dios, meta única<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>–, de hecho, es asumido por el Concilio, pero con una peculiar insistencia en el “rostro de Dios” (GS 19). Sin duda, la noción de rostro –<em>panim</em>–, término más frecuente en la Biblia y de especial resonancia en el contexto chileno-latinoamericano, si pensamos en “los muchos rostros” del <a href="http://www.clerus.org/clerus/dati/2004-06/30-15/aipueb1" target="_blank" rel="noopener">documento de Puebla</a>, y no menos relevante en la filosofía y teología contemporánea, recibe una significativa connotación, cuando GS 19-21 evoca este rostro en cuanto “genuino rostro” del “Dios del Evangelio” (GS 19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El adjetivo “genuino”, sin duda, alude a la posibilidad, inherente al rostro, de que este rostro se desfigure, como sucede con el ateísmo, pero también al hecho de que la configuración de las múltiples facetas de un rostro concreto exprese el nexo misterioso entre un ser individual y a la vez colectivo, como puede apreciarse en María Madre de Dios siempre Virgen, a través de la Mariología del Vaticano II –debido, en gran parte, a aportes chilenos–. En LG VIII no hay lugar a dudas de que el nexo entre María y la Iglesia se plasma de modo inaudito, aunque su densidad teológica antropológica es percibida recién por la segunda fase de la recepción postconciliar, es decir, en el Comentario de 2006<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, que más allá del primero del LKT, resalta la relevancia metodológica –hecho único en los documentos conciliares–, pero también insiste en el modo de acceder a María, persona singular concreta, por medio de los trascendentales. Esto verifica un aporte importante de Hans Urs von Balthasar a la comprensión del Vaticano II, quien sin estar presente y ni siquiera ser mencionado por el comentarista de 2006, posibilita un acceso profundo a la catolicidad del dogma, como me lo ha hecho ver mi lectura detenida de este gran teólogo, a quien debo la mayor parte de mi <em>itinerario teológico</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La insistencia del Concilio Vaticano II en el “rostro genuino de Dios” (GS 19), –metódicamente fundada en relación con María por los trascendentales– en efecto, subraya la paradoja del hombre, quien necesita de Dios, según “los deseos más profundos del corazón humano” (GS 21), pero lo puede recibir solo gratuitamente –paradoja redescubierta por Henri de Lubac a partir de Tomás de Aquino<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>, aunque articulada ya por autores antiguos como Orígenes<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. De ahí que “La Iglesia sabe perfectamente que su mensaje está de acuerdo con los deseos más profundos del corazón humano cuando reivindica la dignidad de la vocación del hombre, devolviendo la esperanza a quienes desesperan ya de sus destinos más altos” ( GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal sublime esbozo antropológico teológico, basado en “los deseos más profundos del corazón humano”, sin duda, comprende la existencia del hombre en el mundo como dramática, en el sentido de que el mundo es el “teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias” (GS 2) –dramaticidad expresada de modo diferente en contextos culturales determinados. De tal modo que, según GS 19 respecto al hombre “solo se puede decir que vive en la plenitud de la verdad cuando reconoce libremente ese amor y se confía por entero a su Creador”. De ahí que el Concilio concluye con razón que “Lo único que puede llenar el corazón del hombre es aquello de ‘nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti’” (GS 21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A modo de conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos apreciar una articulación de la relación razón y amor en los documentos del Vaticano II, que tan solo evoqué a modo personal a partir de GS 19-21, abriendo este texto hacia aquellos ejes presentes en otros documentos, conciliares, que profundicé a través de mi investigación y docencia en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He intentado verificar el giro salvífico de lo sobrenatural en lo referente a la presencia de la Iglesia en el mundo –giro que a través de la recepción dificultosa del Concilio adquiere sus matices propios en el contexto chileno y latinoamericano. Tal recepción, llena de obstáculos y desentendidos, no es por cierto ninguna novedad, si pensamos en la recepción de los grandes Concilios, sobre todo, de Nicea-Constantinopla, según el testimonio elocuente de san Basilio, evocado por Benedicto XVI; sin embargo, está dando frutos inesperados, como permite percibirlo mi delimitación de la situación de la Facultad de Teología, a la cual acuden actualmente alumnos de toda América Latina desde que las grandes órdenes religiosas, y ahora también el Seminario Pontificio de Santiago, decidieron confiarnos a nosotros la formación teológica de sus jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, la teología impartida en nuestra Facultad se encuentra profundamente arraigada en los Padres de la Iglesia, cuya enseñanza he podido profundizar y transmitir por medio de numerosos proyectos de investigación, direcciones de tesis de grado y docencia de Patrología, hasta que Samuel Fernández, conocedor destacado de Orígenes, me reemplazó. Esto me permitió “emigrar” hacia la Edad Media, donde anclé mis intereses investigativos en Alberto Magno y sus comentarios a la obra de Dionisio Areopagita –un anclaje que me posibilitó sintetizar el camino recorrido por los Padres, especialmente por la obra fascinante de Gregorio de Nisa, a la vez que descubrir el acceso a las grandes sistematizaciones medievales, sobre todo, de santo Tomás de Aquino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, la historia del Dogma y su comprensión contextualizada, que ocupa una parte considerable en el currículum teológico de nuestra Facultad, se ha ido gestando en continuidad discontinua con el Vaticano II, en estrecha interrelación con el magisterio latinoamericano desde Medellín hasta Aparecida, sin identificarse, oficialmente, con la teología latinoamericana propiamente tal. Esta, sin negar su contribución reconocida por los papas Juan Pablo II y Francisco en lo referente a la comprensión del pecado y de sus implicaciones prácticas, para muchos colegas sigue siendo, metódicamente, “centroeuropea”, aunque también hay algunos que se identifican con ella. Según mi experiencia e <em>itinerario teológico</em> recorrido, la recepción del Vaticano II se produjo de modo más auténticamente chileno-latinoamericano a nivel de la religiosidad popular y del diálogo de la teología con la literatura y el arte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien la racionalidad de GS 19-21 parece orientada por los principios claros y distintos de la razón científica, intenté mostrar cómo tal racionalidad se configura en torno al “rostro genuino de Dios” en interrelación con los muchos “rostros”, que emergen del Documento de Puebla –una de las críticas más serias a Medellín es precisamente la ausencia de María en este documento–, que más allá de su uso bíblico preferido y sus implicaciones metafísicas impresionantes –Balthasar–, adquiere para mí una concreción latinoamericana inconfundible a través de tantos rostros de alumnos inolvidables, pero también de las expresiones de dolor y angustia de mucha gente en la calle, sin desconocer la grandeza y nobleza de un país cuya historia turbulenta he vivido, intensamente, haciéndola mía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta dramaticidad de nuestra situación contextual no opaca, sin embargo, el genuino estilo de acogida y alegría del pueblo chileno en sus múltiples expresiones gratuitas y festivas de hombres y mujeres que, personalmente, han cambiado mi vida, pero sobre todo mi manera de pensar, permitiéndome elaborar una “Antropología Teológica” en clave del “<em>logos amoris</em>” –una teología de la “Gracia de Cristo”, a partir de un <em>a priori</em> pneumatológico, en cuanto “metafísica de amor”, teniendo su base en los permanentes “acercamientos a la paradoja del hombre”– paradoja que se constituye <em>mysterium</em> tan pronto que se ilumina por la luz del “Misterio del Verbo Encarnado” –GS 22–. Este <em>mysterium</em>-sacramento emerge, sin duda, plenamente, desde LG, documento que me tocó estudiar y enseñar en los cursos de Eclesiología durante mucho tiempo, hasta que Rodrigo Polanco, eclesiólogo destacado actual, la asumió, dejando la Mariología como campo de mi docencia. Esto me parece una gracia especial: poder finalizar mi docencia en la Facultad con una síntesis feliz de todo lo buscado y permanentemente “balbuceado” –Gregorio Magno– en torno a Alguien, tan querido en nuestro contexto, Mujer y Madre de Dios siempre Virgen, singular en su contribución al Misterio del Verbo Encarnado en cuanto Este ilumina el misterio del hombre –<em>GS 22</em>–, siendo Él aquella “gracia desbordante”, que se trasluce en el <a href="https://www.celam.org/aparecida/Espanol.pdf" target="_blank" rel="noopener">Documento de Aparecida</a><a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No cabe duda de que GS 19-21 atestigua la existencia dramática del ser en el mundo en términos de Balthasar como una verdadera teo-dramática. En este sentido, quisiera evocar nuestra dedicación investigativa a Edith Stein y su paso dramático desde ser agnóstica hasta convertirse en una santa mística. Esta gran pensadora nos ha permitido llevar adelante un complejo proyecto de investigación interdisciplinar en nuestra Facultad de Teología, gracias a un Grupo de unos veinte profesores y profesoras de Teología, Filosofía y Literatura de la PUC y de otras universidades del país (Universidad de Chile, Los Andes, Antofagasta y Talca), apoyado, en sus inicios, de modo significativo, por el Prof. Mariano Crespo de la Facultad de Filosofía hasta su partida a Navarra, y ahora reemplazado por el mismo Sr. Decano de dicha Facultad. Estamos investigando, pues, hace cinco años, individual, y conjuntamente en reuniones mensuales, el pensamiento de Edith Stein en lo que se refiere a problemas importantes para el quehacer teológico en nuestra Facultad: la relación razón y amor, la especificidad de la mujer y la interrelación entre Husserl y Tomás de Aquino y muchos otros, como lo reflejan los cuatro Simposios Internacionales celebrados año a año, cuyas contribuciones multifacéticas serán publicadas en marzo<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, y la preparación del V Simposio –agosto de 2014–, a través del cual buscaremos dilucidar las bases de una educación de calidad, tema políticamente muy candente en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Les señalo aquí el último tramo de mi <em>itinerario teológico</em>, tal vez el más difícil, ya que cuesta descubrir la innegable originalidad de esta gran pensadora –originalidad que personalmente veo surgiendo entre su fidelidad impresionante al realismo de Tomás –aunque prefiere en algunos casos a Agustín– y la atención detallada a la constitución del sujeto, impulsada por su maestro Husserl. En el aporte del sujeto cognoscente a la constitución de la realidad, que realmente existe –aporte descrito de múltiples maneras–, descubro la relevancia inapreciable de Edith Stein para nuestro quehacer teológico en un contexto latinoamericano-chileno hoy. Pese a lo difícil que ha sido el camino recorrido hasta ahora, confiamos ser pronto un Centro de investigación reconocido por la PUC, del mismo modo que deseamos que los contactos iniciales, con asociaciones steineanas y sus especialistas en diversas facultades del mundo (Buenos Aires, París, EE.UU. y Roma) prosperen para convenios sólidos de intercambio. En este sentido sería una gran alegría para nosotros contar también con la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso y poder saludar al P. Decano o al P. Rector en nuestra Facultad de Teología en Santiago de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Texto expuesto el 26 de febrero 2014 en la reunión de Profesores de Dogma, como una de las actividades realizadas durante la estadía de profesora visitante en la Facultad de Teología de la Universidad San Dámaso, Madrid.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Religiosa de la Comunidad de las Siervas del Espíritu Santo, Doctora en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Católica de Chile, profesora emérita de la misma y miembro del Centro de Estudios Interdisciplinarios Edith Stein UC.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Meis, A., “Fe y Cultura en el Vaticano II”, <em>Teología y Vida</em> 19 (1978) 37-51.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Meis, A., “El Concepto de Revelación en la <em>Dei Verbum</em>”, en: <em>Teología y Vida</em> 31 (1990), 5-15.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Runggaldier, E., “Leben wir in einem postmetaphysischen Zeitalter?”, en: <em>Stimmen der Zeit</em> 4 (2010), 241-252.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Meis, A., “Un intento de rescatar la racionalidad propia de la teología”, en: <em>Teología y Vida</em> 27 (1986), 103-110.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Prades López, J., “La Fórmula <em>Gestis Verbisque intrisece inter se connexis</em> y su recepción a los 40 años de la <em>Dei</em> <em>verbum</em>”, en: <em>Revista Española de Teología</em> 66 (2006), 489-513.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Meis, A., “Desafío de la Constitución <em>Gaudium et Spes</em> a la Iglesia chilena y a la Universidad Católica”, en <em>Teología y Vida</em> 30 (1989), 9-40.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Meis, A., “La persona en cuanto singularidad concreta según Hans Urs von Balthasar”, <em>Teología y Vida </em>42 (2001) 1-28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Del Pozo Abajón, G., La declaración Dignitatis Humanae: novedad y tradición, <em>Annuario Historiae Conciliorum. Internationale Zeitschrift für Konziliengeschichtsforschung</em> 43 (2011), 113-140.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Meis, A., “Gracia de Dios y tarea ética”, en: <em>Anales de la sociedad chilena de teología</em> 2 (2002), 21-38.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Meis, A., “La Gracia, ¿Verdad teológica en crisis?”, en: <em>Teología y Vida</em> 31 (1990), 227-55.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Del Pozo Abajón, G., “Renovar la tradición de la gracia habitual”, en: <em>Revista española de Teología</em> 69 (2009), 151-203.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Meis, A., “El giro salvífico de lo sobrenatural en el Concilio Vaticano II”, en: <em>Teología y Vida</em> (2014), 1-25, en prensa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Balthasar comenta, de modo significativo, en TD 1 345 a Tomás <em>De Veritate</em> 13, 1 ad 1: “para la misma cosa puede algo ser natural o antinatural según las diversas situaciones en que se encuentre, pues la naturaleza de la cosa es una, mientras deviene y otra cuando está consumada”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Hünermann, P., “Theologischer Kommentar zur dogmatischen Konstitution über die Kirche. <em>Lumen Gentium</em>”, en Hünermann, P., Hilberath B.j., (Hrgs), <em>Herders Theologischer Kommentar Zum Zweiten Vatikani-Schen Konzil</em> (Freiburg-Basel-Wien 2005), 512-539.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Meis, A., <em>Antropología Teológica: Acercamientos a la paradoja del hombre</em>, (Editorial de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago 32013), 739pp.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Meis, A., “El “<em>desiderium naturale</em>”, según Orígenes, <em>De principiis ii</em> 11, 1-7 en IX Seminario Internacional de Estudios Patrísticos Santiago 24-27, 2013”, en: <em>Teología y Vida</em> (2014), en producción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Meis, A., “La gracia desbordante en el documento de Aparecida”, en: <em>La Revista Católica</em> 1.160 [4] (2008), 294-312.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Pinilla, J. F.; Serrano, A., (eds.), “Cuestiones de fe y razón en Edith Stein”, en <em>Anales de la Facultad de Teología</em>, 7 (Santiago de Chile 2014), pp. 289</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>IMAGEN: SEBASTIÁN CORREA E.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Homilía de Monseñor Celestino Aós al asumir como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Santiago</title>
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		<pubDate>Sun, 24 Mar 2019 20:03:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: justify;">Religioso capuchino y español, psicólogo y experto canónico, monseñor Celestino Aós desempeñó su misión pastoral en diversos lugares de España y Chile, hasta que en 2014 el Papa Francisco lo nombró obispo de Copiapó. El 23 de marzo de 2019 se comunicó su designación como Administrador Apostólico <em>sede vacante et ad nutum Sanctae Sedis</em> de la Arquidiócesis de Santiago de Chile, cargo que asumió al día siguiente, sucediendo como pastor de dicha iglesia particular al cardenal Ricardo Ezzati Andrello, sdb. A continuación presentamos la homilía que pronunció durante la Eucaristía con que inició su nuevo servicio como sucesor de los apóstoles.</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Homilía de Monseñor Celestino Aós al inicio de su servicio como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Santiago</strong></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios de las sorpresas, Dios de las maravillas, dice la Virgen María. El Dios que sorprendió a Moisés mismo y luego a los israelitas, sabiendo que a través de él iba a liberarlos de la esclavitud de Egipto, ha ido alargando la lista de los que fueron llamados como pastores a esta Iglesia de Santiago.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la persona de monseñor Ricardo Ezzati agradezco a todos los pastores, obispos, sacerdotes y diáconos de esta Iglesia particular de Santiago. Como Moisés, supieron de horas de luz y de horas de cruz. Dios, solo Dios conoce toda su generosidad y dedicación, todos sus esfuerzos y trabajos. Ninguna comunidad puede olvidar a sus pastores y padres en la fe que Jesucristo le asignó. Así como lo sostuvieron las oraciones de los fieles, cuente, Señor Cardenal, con nuestra amistad y nuestras oraciones, y siga usted poniéndonos bajo la protección maternal de María Auxiliadora. En particular le pido a Usted y les pido también a todos ustedes, queridas hermanas y hermanos, que recen por mí para que yo pueda ir conociendo a esta Iglesia, la vaya amando con sus virtudes y cualidades y con sus deficiencias y pecados, y para que pueda servirla caminando con todos, buscando y discerniendo la voluntad de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agradezco al Santo Padre, el Papa Francisco, que en estos momentos y circunstancias, conociendo mi pequeñez y limitaciones, ha considerado que debía sumar mi colaboración a su tarea por el bien de esta Iglesia de Santiago y de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A ninguno de ustedes se les oculta que es un servicio de exigencia y de cruz. Recen por el Papa, como él mismo suele pedirlo, y recen, recen mucho por mí. Agradezco las enseñanzas y orientaciones que el Papa nos dejó en su visita a Chile y en la carta que nos escribió posteriormente. En horas de turbulencia, desconcierto y turbación, cuando los apóstoles sienten la ausencia de Jesús, que está crucificado y ellos también están crucificados, somos llamados a confiar y a renovar nuestro “<em>Aquí estoy para hacer tu voluntad</em>”. Y somos llamados a no quedarnos rumiando la desolación, a no caer en la duda, el miedo y la desconfianza, somos llamados a pasar de una Iglesia de abatidos, desolados, a una Iglesia servidora de tantos abatidos que conviven a nuestro lado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agradezco a tantos sacerdotes, diáconos, religiosas y religiosos que viven su consagración y realizan sus misiones con generosidad y sacrificio, con serenidad y alegría, con lealtad y respeto a los hermanos. Agradezco a tantos matrimonios y familias que viven sosteniendo su amor y su fidelidad en la fuerza de Jesús. Nuestras familias son un tesoro que Dios nos encarga cuidar y vitalizar. Agradezco a todos los cristianos que viviendo sus compromisos bautismales son testigos en sus ambientes y trabajos de Jesucristo resucitado; llamados individualmente, pero siempre a ser parte de un grupo más grande: la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sé que juntos nos ocuparemos de los que sufren, en las cárceles y en los hospitales, porque están cesantes o en trabajos indignamente remunerados; por los inmigrantes, por los estudiantes, a quienes no se les da una formación y educación valórica, humana y cristiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De un modo especial, atenderemos y serviremos a los que sufren el atropello a su dignidad de persona, resultado de los abusos y delitos absolutamente injustificables y absolutamente intolerables por parte de clérigos. No bastan retoques de maquillaje, necesitamos reformas y cambios profundos, cambios que parten del corazón de cada uno de nosotros, que tiene que buscar la verdad y la justicia para ser cada día más misericordioso. Los cuidados y el respeto que nos damos unos a otros harán que podamos florecer y dar frutos. El maltrato y el abuso siempre lesionan, disminuyen la vitalidad e impiden que las personas florezcan y den frutos tal como Jesús quiere. “<em>Mi Padre recibe gloria cuando ustedes dan fruto y fruto abundante</em>” (cfr. <em>Jn</em> 15,8). “<em>Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia</em>” (<em>Jn</em> 10,10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que Jesucristo nos conceda escuchar a nuestro corazón y nos ayude a aprender a discernir. La Tierra Prometida está delante y no atrás, una promesa de ayer, pero para mañana. Para avanzar pedimos a Dios que nos dé la valentía de llamar a las cosas por su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él nos está diciendo. Que nos conceda la sabiduría para no tomar a los que se nos oponen como enemigos, sino a aceptar con serenidad las críticas y las contradicciones. El apóstol nos ha recordado que muchos fueron los elegidos, pero no todos fueron fieles, algunos pecaron y nosotros nos hemos identificado con el pecador que reconoce la misericordia de Dios en la historia del Pueblo de Dios y en su propia historia personal. El Señor es misericordioso y compasivo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿ Qué nos mantiene a nosotros como apóstoles? Fuimos tratados con misericordia, de ahí la invitación a no esconder nuestras propias llagas, a no ser autorreferenciales, ni juzgarnos superiores. El Espíritu Santo y la Virgen María nos ayudarán a encontrar en nuestras heridas, en nuestras llagas, los signos de la resurrección de Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al final la pregunta de Jesús es clara: “<em>¿Tú me amas?”</em> (<em>Jn</em> 21,16). Y es ahora y ya cuando cada uno debemos responder no solo con nuestras palabras, sino con nuestras obras. No esperemos un mundo ideal, una comunidad ideal, un discípulo ideal, un pastor ideal para vivir o para evangelizar. Jesucristo siempre puede renovar nuestra vida y nuestra comunidad. A Él le pedimos que tenga misericordia de nosotros, que ponga a nuestro lado a personas misericordiosas, que haga de nosotros personas misericordiosas que van dando frutos y obras de misericordia, imitando a san Francisco de Asís, repetiremos una y otra vez la oración:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Oh, Señor, hazme un instrumento de tu paz;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde hay odio, que lleve yo el amor;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya ofensa, que lleve yo el perdón;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya discordia, que lleve yo la unión;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya duda, que lleve yo la fe;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya error, que lleve yo la verdad;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya desesperación, que lleve yo la alegría;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">donde haya tinieblas, que lleve yo la luz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Oh Maestro, haced que yo no busque tanto</h5>
<h5 style="text-align: justify;">ser consolado, sino consolar;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">ser comprendido, sino comprender;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">ser amado, como amar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Porque es dando que se recibe,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">perdonando que se es perdonado,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">muriendo que se resucita a la Vida Eterna”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: <a href="http://www.iglesiadesantiago.cl" target="_blank" rel="noopener">iglesiadesantiago.cl</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Apertura al mundo como consecuencia de la misión eclesial - Sor Verónica Openibo, SHCJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/apertura-al-mundo-como-consecuencia-de-la-mision-eclesial-sor-veronica-openibo-shcj/</link>
		<pubDate>Wed, 03 Apr 2019 15:26:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">Apertura al mundo como consecuencia de la misión eclesial</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Sor Verónica Openibo, SHCJ</h4>
<h4 style="text-align: center;">Sociedad del Santo Niño Jesús</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 23 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/23-02-19-SR-OPENIBO.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado para proclamar la liberación a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor”. Lucas 4, 18-19</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Síntesis</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como resultado de la autocomprensión de su misión en el mundo actual, la Iglesia debe actualizar y crear nuevos sistemas y prácticas que promuevan la acción sin miedo de cometer errores. Los abusos sexuales por parte de los clérigos son una crisis que ha reducido la credibilidad de la Iglesia allí donde la transparencia debería ser la marca de fábrica de la misión como seguidores de Jesucristo. El hecho de que hoy muchos acusen a la Iglesia católica de negligencia es inquietante. La Iglesia debe hacer todo lo posible para proteger a sus miembros jóvenes y vulnerables. Es necesario concentrarse no sobre el miedo o la vergüenza, sino, sobre todo, sobre la misión de la Iglesia de servir con integridad y justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misión de la Iglesia nace directamente de nuestra comprensión más profunda de la Encarnación. El cristianismo católico se funda sobre la fe en un Dios que ha elegido ser una única cosa con el mundo humano. La autocomprensión de la misión de la Iglesia debe ser una manifestación del Cristo que sabemos que es humano y divino. La entera misión de Cristo consistió en revelar quién es Dios y quién podemos llegar a ser nosotros. Ello implica una aceptación total de todo lo que es humano y de todo lo que hace el poder de la gracia de Dios para transformarnos en testimonio del divino. Nuestra visión del mundo, si es cristiana, se debe basar en el respeto y la dignidad de todo ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al momento presente vivimos un estado de crisis y de vergüenza. Hemos ofuscado gravemente la gracia de la misión de Cristo. ¿Es posible para nosotros pasar del miedo, del escándalo a la verdad? ¿Cómo quitamos las máscaras que nacen de nuestra escandalosa negligencia? ¿Qué políticas, programas y procedimientos nos conducirán a un punto de partida nuevo, revitalizado, caracterizado por una transparencia que ilumine al mundo con la esperanza de Dios en nosotros para edificar el Reino de Dios?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante todo el tiempo en el que he estado preparado esta ponencia, mis ojos se nublaron y me he estado preguntado qué significado podría tener esto. Después me acordé de la primera vez que vi la película <a href="https://www.youtube.com/watch?v=3G2EgJBkNaQ" target="_blank" rel="noopener"><em>Spotlight</em></a>, un drama biográfico estadounidense del 2015 sobre las investigaciones del <em>Boston Globe</em> sobre los casos de abusos difundidos y organizados en relación con los niños en el área de Boston por parte de numerosos sacerdotes, y sobre el presunto encubrimiento de las autoridades eclesiásticas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al final de la película aparece una larga lista de los casos y de las diócesis en las que tuvieron lugar, y leyendo el número de los niños implicados (y viendo también las grandes sumas de dinero gastados en los acuerdos), derramé lágrimas de dolor. ¿Cómo pudo callar la Iglesia clerical, cubriendo tales atrocidades? El silencio, los secretos llevados en el corazón de cuantos habían cometido los abusos, el tiempo que duraron los abusos y los diversos traslados de los autores de los mismos son inimaginables. Se supone que en el confesionario y en la dirección espiritual existían señales importantes. Con el corazón apesadumbrado y triste, pienso en todas las atrocidades que hemos cometido como miembros de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las Constituciones de mi congregación me recuerdan que: “En Cristo nos unimos a la entera humanidad, especialmente a los pobres y a quienes sufren. Aceptamos nuestra parte de responsabilidad por el pecado del mundo y, por lo tanto, vivimos para que el amor pueda prevalecer” (SHCJ, Constituciones, n.6). Tenemos que reconocer que nuestra mediocridad, hipocresía y condescendencia son las que nos han conducido a este lugar vergonzoso y escandaloso en el que nos encontramos como Iglesia. Nos detenemos para rezar: Señor, ten misericordia de nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20180319_gaudete-et-exsultate.html#La_corrupci%C3%B3n_espiritual" target="_blank" rel="noopener"><em>Gaudete et exsultate</em></a> (n.164) leemos que “quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose”. Por lo tanto, a mi parecer, muchos aspectos de esta afirmación del Papa Francisco destacan respecto al tema de los abusos hacia los menores, como también las siguientes frases del documento preparatorio de este encuentro para la Protección de los Menores en la Iglesia: “Una Iglesia cerrada/apagada no es más Iglesia. Su misión sería inútil. No se trata de renunciar a los principios y secularizar a la Iglesia, se trata de vivir en modo visible y perceptible lo que uno afirma ser, o lo que se es y cómo se es verdaderamente”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Proclamamos los Diez Mandamientos y “nos jactamos” de ser guardianes de los estándares/valores morales y del buen comportamiento en la sociedad. ¿A veces hipócritas? Sí. ¿Por qué nos hemos quedado callados tanto tiempo? ¿En qué modo podemos dar un vuelco a todo esto transformándolo en un tiempo para evangelizar, catequizar y educar a todos los miembros de la Iglesia, incluidos el clero y los religiosos? ¿Es verdad que la mayor parte de los obispos no ha hecho nada en relación con los abusos sexuales sobre los menores? Algunos lo han hecho, otros no lo han hecho por miedo o para encubrir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos decir que la Iglesia ahora está adoptando medidas para detener la situación, y también para ser más transparente respecto a todo lo realizado privadamente por más de dos decenios, como encontrar a las víctimas de abusos sexuales, denunciar los casos a las autoridades civiles competentes e instituir comisiones. La pregunta hoy tiene que ver más con cómo afrontar la cuestión de los abusos sexuales sobre los menores en modo más directo, transparente y valiente como Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La estructura y los sistemas jerárquicos en la Iglesia deberían ser una bendición para permitirnos llegar al mundo entero con mecanismos muy claros para afrontar esta y tantas otras cuestiones. ¿Por qué esto no se ha realizado suficientemente? ¿Por qué otros problemas relativos a la sexualidad no son afrontados en manera suficiente, por ejemplo, el abuso del poder, el dinero, el clericalismo, la discriminación de género, el papel de la mujer y de los laicos en general? ¿Quizá las estructuras jerárquicas y los largos protocolos que han influido negativamente sobre la rapidez de las acciones se preocuparon más de las reacciones de los medios de comunicación?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Reflexión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quiero proponer algunas reflexiones basadas en mi experiencia de religiosa africana. He vivido en Roma durante quince años y en Estados Unidos estudié tres años. Conozco, por lo tanto, estos problemas del Norte del mundo. Probablemente, como muchos de vosotros, he escuchado a algunos africanos y asiáticos decir “no es una cuestión que nos toca, en los países de África y de Asia, es un problema de Europa, de América, de Canadá y de Australia”. Sin embargo, durante nueve años he trabajado en todo Nigeria en el campo de la educación sexual y escuché las historias y aconsejé a muchas personas. Me di cuenta de cuántos fueron – y hoy aun lo son – los graves problemas, y quisiera contar algunas de mis experiencias personales para evidenciar este hecho.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al inicio de los años noventa un sacerdote me dijo que había abusos sexuales en los conventos y en las casas de formación y que, como presidente de la Conferencia de las religiosas nigerianas debía, por favor, hacer algo para afrontar el problema. Un segundo sacerdote, al inicio del año 2000, dijo que un particular grupo étnico practicaba mucho el incesto, pero yo añadí que según mi experiencia personal el incesto es un problema mundial. Un anciano moribundo me reveló que se comportaba en modo extraño a causa de los abusos sexuales padecidos desde la adolescencia por parte de un sacerdote en su escuela. Una chica agredida por un sacerdote a la edad de trece años, después de veinticinco años la encontró de nuevo y él no la había ni siquiera reconocido...</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Transparencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No escondamos más semejantes hechos por miedo a equivocarse. A menudo queremos estar tranquilos hasta que la tempestad se haya calmado. Esa tempestad no pasará. Está en juego nuestra credibilidad. Jesús nos ha dicho: “<em>Quien escandaliza a uno de estos pequeños que creen, es mejor para él que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar</em>” (Marcos 9, 42). Debemos afrontar el problema y buscar la curación de las víctimas de los abusos. La praxis común del clero – en el pasado y en algunas áreas aun en el presente – era/es la de apoyar “a uno de nosotros” para evitar traer a la luz un escándalo y arrojar descrédito a toda la Iglesia. Todos los responsables, prescindiendo de su estatus clerical, que son juzgados culpables deben recibir la misma pena por abusos sobre menores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es mejor tener conversaciones valientes antes que no decir nada para evitar cometer un error. Podemos cometer un error, pero no hemos sido creados para ser un error y los que vendrán nos juzgarán por no haber actuado. El primer paso hacia la transparencia es admitir las violaciones y después hacer público lo que se ha hecho desde los tiempos del Papa Juan Pablo II para sanar la situación. Quizás a los ojos de muchos no bastará, pero demostrará que la Iglesia no se ha quedado en total silencio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos construir procesos más eficaces y eficientes, basados en la búsqueda del desarrollo humano como también del derecho civil y canónico, para la Tutela de los Menores. Después en toda diócesis, políticas y líneas guía para la tutela clara y comprensiva deben estar expuestas en modo visible en las diversas oficinas parroquiales y publicados en red. Debe existir una gestión mejor de los casos a través de conversaciones cara a cara, transparentes y valientes tanto con las víctimas como con los culpables, como también con los grupos de investigación. En algunas partes del mundo, también en países de África y de Asia, no decir nada es un error terrible como hemos visto en muchos países. El hecho que allí existan grandes problemas de pobreza, enfermedad, guerra y violencia en algunos países del Sur del mundo, no significa que al tema de los abusos sexuales se le tenga que quitar importancia o ignorar. La Iglesia debe ser proactiva en afrontarlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La excusas que se deba respecto a algunos sacerdotes en virtud de su edad avanzada y de su posición jerárquica es inaceptable. Según este razonamiento, muchos de aquellos que han perpetrado tales crímenes son ancianos, algunos no están vivos y, por lo tanto, no tenemos que perjudicarles a ellos y a su reputación quitándoles el sacerdocio en edad avanzada. Podemos sentir lástima por aquellos que en edad más joven, cometieron ofensas que ahora salen a la luz. Pero mi corazón sangra por las víctimas que han vivido por años con el inmerecido sentido de vergüenza y de culpa a causa de las repetidas violencias. En algunos de estos casos, los autores de las ofensas no han visto siquiera a las víctimas como personas, sino como objetos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es verdad que como Iglesia creemos en el arrepentimiento del pecador, en la conversión de los corazones y en la gracia de la transformación: “Ve, y de ahora en adelante no peques más” (Juan 8, 1-11). En algunos esto puede crear un fuerte dilema, especialmente cuando sabemos que quien ha perpetrado los abusos, a menudo ha sido a su vez víctima. ¿Debemos explorar más en profundidad lo que significa para nosotros justicia con compasión? ¿Cómo podemos ayudar a crear el ambiente para la oración y el discernimiento para que la gracia de Dios nos ilumine sobre la justicia, de tal manera que pueda existir transformación y curación tanto para las víctimas como para los culpables? Tenemos que descubrir dónde en el mundo (no solo en los países más ricos) se desarrollan las mejores prácticas para que esto se realice, y si podemos ponerlas en práctica. Muchas de ellas se pueden encontrar en la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Haciendo públicos los nombres de los culpables, ¿podemos hacer pública una entera serie de informaciones relativas a estas situaciones?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un camino estratégico para seguir adelante</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Está emergiendo claramente que para muchas víctimas ser escuchadas y ayudadas psicológica y espiritualmente ha sido el inicio del proceso de curación. ¿Podemos formar tantas personas sensibles y compasivas para ofrecer este servicio en todos los países, incluidos los lugares en los que es difícil poner sobre la mesa algo para comer? ¿Existen modos para ayudar a las parroquias a curar a las víctimas usando su sabiduría tradicional?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Recurrimos a la predicación y a otros medios para afrontar las cuestiones sexuales en la sociedad? ¿En qué modo las diócesis pueden colaborar estratégicamente para ofrecer programas educativos y kits formativos que tomen en cuenta la cultura? Este material respetuoso de la dignidad de la persona humana, y que evidencie comportamientos inaceptables, podrían ser utilizados en parroquias y escuelas, hospitales y otros lugares en los que se desempeña el ministerio pastoral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo podemos seguir afrontando en modo muy concreto las cuestiones de la prostitución y la promiscuidad en el mundo? Se necesitan católicos, junto con otras personas con principios símiles, en puestos influyentes, por ejemplo, en la industria cinematográfica, en la televisión y en la publicidad. Se les podría animar a reunirse y a reflexionar sobre su papel para promover una mejor visión de la persona humana. Es necesario enfocarse en el perjuicio de los hombres en toda cultura patriarcal en el ámbito de la sexualidad. Hay que examinar cómo utilizar mejor los medios de comunicación social para educar a las personas en todo el ámbito de la sexualidad y de las relaciones humanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es, sin duda, esencial, una educación y una formación clara y equilibrada sobre la sexualidad y los confines en los seminarios y en las casas de formación; en la formación permanente de los sacerdotes, religiosos y religiosas y obispos. Me preocupa cuando en Roma y en otros lugares veo a los seminaristas más jóvenes tratados como si fueran más especiales que cualquiera, animándolos de ese modo a asumir desde el inicio de su formación, ideas exaltadas respecto a su estatus. El estudio del desarrollo humano tiene que suscitar un serio interrogante sobre la existencia de los seminarios menores. También la formación de las jóvenes religiosas puede, a menudo, llevar a un falso sentido de superioridad respecto a las hermanas y a los hermanos laicos, a pensar que su llamado es “superior”. ¿Qué daño ha hecho este modo de pensar a la misión de la Iglesia? Hemos olvidado la referencia del Vaticano II en <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Gaudium et Spes</em></a> a la llamada universal a la santidad? Además, debemos pedir a los laicos responsables y sensibles y a las religiosas, realizar una valoración verdadera y honesta de los candidatos al nombramiento episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Sería posible lanzar el desafío a cualquier diócesis para reunir hombres y mujeres de integridad: laicos junto con religiosos y clero, para formar una comisión conjunta que comparta la experiencia sobre los procedimientos y los protocolos, las implicaciones legales y financieras de las denuncias y los necesarios canales de responsabilidad e imputabilidad? Una persona cualificada – laico, religioso o sacerdote – podría ser el presidente ideal de un tal grupo. Además, debería buscar entender cómo afrontar mejor las graves cuestiones de los abusos sexuales que están estallando en algunos países asiáticos y africanos como ya ha sucedido en otros lugares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchas personas que han padecido abusos sexuales por parte de sacerdotes y otros con alguna función pastoral, sufrirán mientras resurgirán recuerdos traumáticos. A algunos se les recordará que podrán ser desenmascarados como autores antiguos o actuales de abusos, o ser acusados de haber encubierto símiles hechos. Muchos, en las diversas formas del ministerio, encontrarán personas, familiares, adultos y/o niños, que han padecido o que padecen abusos y deben saber cómo responder en modo adecuado. Algunas acusaciones resultarán ser falsas, lo que causará sufrimientos de otro tipo. El impacto de la fe perjudicada en la Iglesia no será jamás evidenciado, ya que muchos católicos están o estarán enojados o confundidos. También las personas que ocupan alguna posición de autoridad deben saber qué decir o hacer en términos de respuesta cuando las cuestiones llegan a los medios de comunicación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sabemos que el aspecto más importante es la proclamación del Evangelio en tal modo que toque el corazón de los jóvenes y de los ancianos. Estamos llamados a proclamar la Buena Nueva pero debemos SER buena nueva para las personas que servimos hoy en día. No hay por qué asombrarse, por lo tanto, si el Papa Francisco ha declarado octubre de 2019 el Mes Misionero Extraordinario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia, en la misión que ha recibido de Jesucristo, debe estar abierta a una mayor transparencia, ya que nos mandan en el mundo local y globalmente. Todo nuestro ser no consiste solo en custodiar la fe, sino también vivir en modo visible y claro lo que afirmamos ser. Estamos llamados como Jesús en su declaración de misión:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado para proclamar la liberación a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lucas 4, 18-19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como orientación o apéndice quisiera destacar lo siguiente:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Espíritu del Señor está </em>sobre cada uno de nosotros<em> aquí</em>;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>nos ha ungido</em> a todos nosotros;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>para anunciar la Buena Nueva a los pobres</em>, a los vulnerables, protegiendo especialmente a los niños indefensos, buscando justicia para las víctimas de abuso y adoptando medidas para evitar que se repitan tales abusos;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>para proclamar a los prisioneros la liberación</em>: los que han cometido abusos tienen necesidad de redención, conversión y transformación;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>y a los ciegos la recuperación de la vista</em>: a aquellos que no ven los problemas o que se concentran en proteger “lo nuestro”, o que callan o encubren, tienen necesidad de recuperar la vista;</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>para liberar a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor</em>: tomando las medidas necesarias y manteniendo la tolerancia cero hacia los abusos sexuales liberaremos a los oprimidos. Este es nuestro año de gracia, asumamos con valentía la responsabilidad de ser verdaderamente transparentes y responsables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Regresando al tema de esta ponencia, otro pasaje para la autocomprensión se toma de Mateo (5, 14-16):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Vosotros sois la luz del mundo; no se puede esconder una ciudad colocada en la cima de una montaña, ni se enciende una lámpara para ponerla bajo el celemín, sino en el candelabro para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He leído con gran interés muchos artículos sobre las reacciones del Papa en el caso de los obispos chilenos, desde la negación de las acusaciones a la rabia por el engaño y el encubrimiento, a la aceptación de las dimisiones de los tres obispos. Le admiro Hermano Francisco, por haberse tomado el tiempo, como buen jesuita, para discernir y para ser tan humilde al cambiar de idea, pedir perdón y actuar: un ejemplo para todos nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias, Papa Francisco, por haber ofrecido a todos nosotros esta oportunidad de controlar y verificar dónde hemos actuado en modo extraño, con ignorancia, en secreto y complacencia. Creo que modificaremos, con gran determinación, nuestro completo acercamiento ante la denuncia de abusos, sosteniendo a las víctimas, buscando a las personas adecuadas para acompañar y ofrecer apoyo a las víctimas y, sobre todo, al hacer todo lo posible para proteger a los menores y a los adultos vulnerables de cualquier forma de abuso. Gracias también por haber ofrecido a las religiosas, a través del ejecutivo de la Unión de las Superioras Generales (UISG), la oportunidad de participar en esta conferencia. Las mujeres han adquirido mucha experiencia útil que pueden poner a disposición en este campo, y ya han hecho mucho para sostener a las víctimas y también para trabajar en modo creativo sobre su uso del poder y de la autoridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Espero y rezo para que al final de esta conferencia elijamos deliberadamente romper con cualquier cultura del silencio de los secretos entre nosotros, para hacer entrar más la luz en nuestra Iglesia. Reconocemos nuestra vulnerabilidad; seamos proactivos y no reactivos al afrontar los desafíos que se presentan al mundo de los jóvenes y de las personas vulnerables, y profundicemos sin miedo en las demás cuestiones de los abusos en la Iglesia y en la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera que recordáramos las palabras del mismo Papa Francisco:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>Un cristiano que no sigue adelante tiene una identidad que no ‘está bien’... El Evangelio habla claro: El Señor los envió diciendo: “Id” El cristiano camina, supera las dificultades y anuncia que el Reino de Dios está cerca</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19,16b-42) - Andrés Ferrada M., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/breve-comentario-a-la-pasion-del-senor-segun-san-juan-jn-1916b-42-andres-ferrada-m-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 14 Apr 2019 07:51:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.189 (ENERO- MARZO 2016)
Autor: Andrés Ferrada, pbro., Facultad de Teología UC
Para citar: Ferrada, Andrés; <em>Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19,16b-42)</em>, en La Revista Católica, Nº1.189, enero-marzo 2016, pp. 53-71.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/AFERRADA_LRC_1189.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Breve comentario a la Pasión del Señor según san Juan (Jn 19, 16b-42)
Andrés Ferrada M., pbro.
Facultad de Teología UC</h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Año Santo de la Misericordia, volver sobre los relatos de la pasión y resurrección del Señor nos pueden ayudar a iluminar las entrañas de misericordia del Buen Padre Dios, quien “tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna” (<em>Jn</em> 3,16). En efecto, la pasión, muerte y resurrección del Señor constituye el núcleo esencial del Cuarto Evangelio en cuanto “evangelio”, porque proclama por escrito la Buena Noticia, para que todos sus destinatarios, tanto los del pasado como los del presente, “crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan vida en su nombre” (<em>Jn</em> 20,31). Este es contenido esencial del <em>kerygma</em> primitivo de la comunidad eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro análisis de los relatos de la Pasión del Señor según san Juan será sincrónico y se reducirá solo a una parte de la misma, aunque la fundamental<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Para realizarlo se usará la metodología que mejor se adapta a la naturaleza de los textos. Estos son narraciones y, por lo mismo, utilizaremos el análisis narrativo. Claro está que complementado con otras metodologías para enriquecerlo y evitar la unilateralidad. En concreto, analizaremos la trama de los relatos y luego intentaremos poner a la luz su intención narrativa. Antes, eso sí, justificaremos la unidad estudiada presentando la delimitación del texto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Delimitación de la unidad literaria <em>Jn</em> 19,16b-42</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Jn</em> 19,16b-42 describe la crucifixión, muerte y sepultura de Jesús. Evidentemente, está íntimamente ligada al arresto y proceso de su condena (<em>Jn</em> 18,1-19,16a) y a los relatos de la tumba vacía y la resurrección de Jesús (<em>Jn</em> 20,1-29). La razón que justifica la aislación de la selección propuesta se funda en razones narrativas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>1.1 Respecto a lo narrado antes de la unidad (18,1-19,16a)</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a) Los relatos del arresto y juicio de Jesús se dan por terminados con la narración de la sentencia de Pilato en el v.16a: “Entonces se lo entregó para que lo crucificaran”. La ejecución de la sentencia y sus consecuencias son relatadas en nuestra unidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b) De hecho, el v.16b inicia con el verbo “tomaron a Jesús” que es correlativo al del relato de la sentencia “se los entregó”, y ambos están relacionados con la misma partícula griega oun.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c) El sujeto del v.16b, con todo, no corresponde al sujeto indirecto del verbo del v.16a, los sumos sacerdotes (v.15), pues estos no crucificaron materialmente al condenado, sino soldados romanos bajo la autoridad de Pilato (v.23). Por tanto, se detecta un cambio de personajes, Pilato y los sumos sacerdotes desaparecen del plano principal, mientras que los soldados pasan a ocupar un rol más decisivo (19,23.24.32 y 34). Jesús es el personaje que permanece y su voz sigue resonando como durante el juicio (continuidad).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d) Se percibe también un cambio de lugar, se pasa del pretorio (18,28-19,16a) a la calle –el <em>Via Crucis</em>– hasta el Calvario, en cuyas cercanías estaba el sepulcro donde colocaron el cuerpo de Jesús (v.41).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>1.2 Respecto a lo narrado después de la unidad (20,1-31):</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a) Cambio notorio de tiempo registrado en 20,1: “el primer día de la semana” (domingo). El nuestro transcurre en cambio en la tarde del día de la preparación (viernes; 19,31.42).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b) Aparecen o toman protagonismo nuevos personajes: María Magdalena en 20,1; Simón Pedro y el discípulo amado en 20,2. Por su parte, desaparecen de la escena José de Arimatea y Nicodemo. Y la desaparición más notable es la del cadáver del muerto y traspasado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c) La temática es distinta, se pasa de la muerte a la resurrección, aunque se mantiene el tono de la glorificación de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>1.3 Orgánica de la unidad</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de <em>Jn</em> 19,16b-42 debemos detenernos a considerar si, en realidad, este pasaje forma una unidad de cierta autonomía dentro del relato de la pasión de Jesús. ¿Por qué no hacer un corte, por ejemplo, después de la muerte de Jesús (19,30)?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Pertenece la sepultura de Jesús a la misma unidad? Y aun más importante que los interrogantes anteriores es preguntarse si esta división responde a la intención del autor. Una respuesta exhaustiva debería encontrar elementos de forma y contenido que distingan claramente cada parte de la unidad del resto de los relatos de la pasión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">R.E. Brown propone una estructura concéntrica del material que transcribimos<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<table style="height: 829px;" width="901">
<tbody>
<tr>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>Introducción</strong> (19,16b.18) La crucifixión: elevación de Jesús sobre la cruz</h5>
</td>
<td style="text-align: center;" width="189">
<h5><strong>↓          ≠         ↑</strong></h5>
</td>
<td style="text-align: center;" width="189">
<h5><strong>Conclusión</strong> (19,38-42)La sepultura: descendimiento del cuerpo de Jesús de la cruz</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>Primer episodio</strong> (19,19-22) Inscripción: Jesús como rey Pilato rechaza la demanda de los judíos</h5>
</td>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>↓          ≠         ↑</strong></h5>
</td>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>Quinto episodio</strong> (19,31-37) Brota sangre y agua (el Espíritu). Pilato cede a la demanda de los judíos</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>Segundo episodio</strong> (19,23-24) La túnica sin costuras: ¿Jesús como sumo sacerdote?Los verdugos se reparten las vestiduras de Jesús</h5>
</td>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>↓          ≠         ↑</strong></h5>
</td>
<td width="189">
<h5 style="text-align: center;"><strong>Cuarto episodio</strong> (19,28-30) La sed de Jesús. Entrega su espíritu. Los verdugos le dan a beber vinagre</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td style="text-align: center;" width="189"></td>
<td style="text-align: center;" width="189">
<h5><strong>→</strong><strong>Tercer episodio</strong> (19,25-27)La madre de Jesús y el discípulo amado Preocupación de Jesús por su madre</h5>
</td>
<td width="189"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trata de una estructura concéntrica al estilo de candelabro de siete velas (<em>menorá</em>), típica de la forma de exposición hebrea. La correspondencia de los elementos es antitética y evidentemente el elemento central es el más importante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El punto para dilucidar es si esta estructura tan diáfana estaba en la mente del autor, o si corresponde más bien al ingenio ordenador del intérprete moderno. Un grave inconveniente es el valor que se le da al “tercer episodio”. Ciertamente, tiene una gran importancia, pero no parece ser el clímax de la narración, sino el “cuarto episodio” donde se relata la muerte de Jesús. Para evitar repeticiones, postergaremos esta discusión para después de nuestro análisis narrativo detallado. Él pondrá a la luz la textura del relato y su unidad de acción como delimitación de <em>Jn</em> 19,16b-42.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Análisis narrativo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Subdividimos el relato en escenas, es decir, en las distintas etapas de la acción principal. En su presentación, notaremos también los distintos momentos de la acción según el «esquema clásico» del análisis narrativo: exposición del problema, principio de la acción, complicación, punto de vuelco, peripateia, anagnórisis, resolución, desenlace y conclusión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>2.1 Análisis de la trama</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El presente análisis de la trama del relato persigue observar, usando los elementos del análisis narrativo<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, cómo el compositor ha entretejido sus elementos para desvelar cuál era su intención, esto es, qué quería transmitir y/o suscitar en los destinatarios del relato. Los criterios de división de escenas derivan del principio de unidad de acción, que se narra en etapas sucesivas, las cuales se captan por cambios de personajes, lugar, tiempo y temática.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>a) Jn 19,16b-20: Crucifixión de Jesús</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No tenemos que repetir los cambios de personajes, lugar y temática que se dan en estos versículos respecto de lo anteriormente narrado. Es evidente que la escena supone lo anterior, pues el lector sabe que la crucifixión corresponde a la ejecución de la sentencia de muerte decretada por Pilato (v.16a). Con todo, se dan muchos elementos de exposición; destacan la descripción del lugar del patíbulo, el calvario; los tres crucificados y la posición central de Jesús; el contenido del letrero sobre la cruz, “Jesús nazareno, rey de los judíos”, y su escriturización trilingüe, hebreo, latín y hebreo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La acción narrada, el <em>Via Crucis</em> y la crucifixión misma son narradas bastante lacónicamente. Incluso el sujeto de la crucifixión no queda expresado, se lo infiere del contexto, se trata de los soldados que toman a Jesús y lo crucifican (v.23). En cierto sentido corresponden al punto de vuelco de todo el relato de la pasión, porque el lector sabe que Jesús está humanamente perdido, su muerte se avecina inexorablemente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llama la atención la importancia dada al título puesto sobre su cruz. Introduce y soluciona un problema de revelación, de hecho en la próxima escena retomará este mismo tema. ¿Quién es el condenado? El lector lo sabe, pero no los ciudadanos y peregrinos que estaban en Jerusalén por esos días. Es “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”. Y esta identidad la pueden conocer todos, pues Pilato se ha encargado de hacerlo saber a través de su escritura trilingüe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>b) Jn 19,21-22: Intento de cambio de la inscripción sobre la cruz</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trata de una escena concatenada a la anterior, pues la supone como exposición. Aparecen nuevos personajes, los sumos sacerdotes de los judíos (v.21), que se dirigen a Pilato para reclamar por la inscripción sobre la cruz. El lugar también cambia, pues se entiende que han acudido al Pretorio (sería ridículo pensar que Pilato estaba presente en la crucifixión).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trata de un breve diálogo en torno a la inscripción. El problema es tanto de resolución, cambio de la inscripción, como de revelación, quién es Jesús en realidad. Los jefes judíos quieren que se substituya el escrito por: “Aquel que dijo, yo soy el rey de los judíos”. Pilato deniega la petición (peripateia negativa) afirmando: “lo que he escrito, lo he escrito” (v.22). Esta respuesta sirve irónicamente de anagnórisis del problema de revelación: Jesús es el rey de los judíos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ironía la capta el lector, los magistrados judíos han alegado que ellos no tenían más rey que el césar (v.15b) y habían asustado a Pilato con una encubierta acusación de soltar a Jesús, pues en ese caso el procurador no sería amigo del césar, “pues todo el que se hace a sí mismo rey es enemigo del césar”. Pilato, por su parte, sabía perfectamente que Jesús no constituía ni siquiera una amenaza remota para el poderío romano sobre Palestina, pues lo había interrogado y Jesús declaró que su reino no era de este mundo (18,36-37). Por eso, la denegación al cambio de la inscripción para el procurador romano es una suerte de venganza contra los sumos sacerdotes que le han doblegado a causa del temor de posibles represalias de haber soltado a Jesús. Así, trata de herir la sensibilidad religiosa de sus instigadores y muestra su absoluta doblez: han pedido la muerte de Jesús afirmando la realeza del césar romano sobre ellos y no quieren que se lea que Jesús es rey de los judíos, pues de seguro que no aceptarían sino al hijo de David como rey o, incluso, solo al mismo YHWH.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El lector, por su parte, ve confirmada la identidad de Jesús como rey de los judíos por la repetición de la inscripción (vv.19 y 21). Es claro que entiende la realeza de Jesús más allá de la ironía de Pilato. El autor de estas líneas ha usado el doble sentido. Para Pilato, Jesús es un rey ilusorio o utópico; para los sumos sacerdotes es un charlatán (dice ser quien no es) y para el lector es el verdadero rey de Israel en el sentido mesiánico del término (cf. 1,49 y 12,13.15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La trama tiene dos planos: el de los hechos narrados y el de su interpretación, que se va entretejiendo con ironía, el doble sentido y otros recursos que indican el sentido profundo de los acontecimientos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>c) Jn 19,23-24: Reparto de las vestiduras de Jesús</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cambio de momento escénico está marcado por el cambio de lugar, volvemos al calvario y reaparecen los soldados (v.23). Además, queda claro que se trata de cuatro soldados. La temática varía también, se pasa del título de Jesús al destino de sus vestiduras. Ellos se las reparten, salvo la túnica sin costuras que la echan a suertes para no estropearla (rasgarla). La escena corresponde a una mantención de la tensión narrada en la resolución del relato de la pasión. El lector ya está seguro de la muerte de Jesús en la cruz, espera solo su narración. Pero el autor aprovecha la tensión dramática para insertar este y otros elementos en vista a transmitir un mensaje claro acerca del sentido de la muerte de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, a los hechos narrados se les añade un inciso de explicación: el cumplimiento de la Escritura, en concreto se cita <em>Sal</em> 22,18. Este elemento, por cierto tradicional (cf. <em>1Co</em> 15; <em>Lc</em> 24,25-27), Jesús muere según lo preanunciado por la Escritura, esto es, es parte del designio revelado por YHWH a su pueblo. Realmente, Él es más que el rey de Israel, es el Mesías (cf. 12,13.15). Así, se agrega un elemento más de anagnórisis interpretación de la crucifixión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos autores se detienen en el sentido profundo de la túnica sin costuras. Algunos –ya desde la antigüedad con san Cipriano– le dan un sentido eclesiológico pues sería signo de la unidad la Iglesia. En efecto, una idea eclesiológica juánica fundamental es la agrupación y unidad de los creyentes (10,15-16; 11,51-52; 17,11.21-23). Se la parangona también con la red que no se rompe pese a contener 153 peces grandes (21,11). Con todo, la relación de 19,23-24 con los pasajes antes citados no es explícita y no hay nada en estos versículos que haga sugerir la unidad de los creyentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otros exégetas ven en la túnica inconsútil un símbolo de Jesús como sumo sacerdote sobre la base de los datos aportados por Flavio Josefo<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> acerca de las prendas usadas por el sumo sacerdote en tiempos de Jesús y en afirmaciones neotestamentarias, sobre todo en la carta a los Hebreos, donde se presenta a Jesús como el verdadero sumo sacerdote (cf. <em>Hb</em> 7,26-8,2; 9,11-12). En <em>Ap</em> 1,13 Jesús resucitado se presenta con las vestiduras de rey y de sumo sacerdote. El recurso a esta obra juánica quizás nos dé la clave de la interpretación simbólica de la túnica sin costuras: un elemento de anagnórisis, es decir, revela que Jesús es también sacerdote. Con todo, este simbolismo es sutil y no se debe exagerar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>d) Jn 19,25-27: Última voluntad del crucificado: su madre y el discípulo</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cambio escénico es claro. Aparecen nuevos personajes, un grupo de mujeres y el discípulo amado de Jesús, a los pies de la cruz. Los soldados desaparecen de la acción narrada y el tema de las vestiduras queda atrás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No poca discusión ha levantado la lista de mujeres nombradas en el v.25. La construcción de la frase: “...su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">– Dos: Madre de Jesús, María, y su hermana, María Magdalena (= mujer de Cleofás). ¿María Magdalena sería hermana de la Virgen?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">– Tres: Madre de Jesús; la hermana de ésta, María (= mujer de Cleofás); y María Magdalena. ¿La hermana de la Virgen se llamaría también María?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">– Cuatro: ordenadas en dos parejas: Madre de Jesús y su hermana; María de Cleofás y María Magdalena. Es la solución más sencilla y, además, se percibe en ella una mayor armonía estética, pues el primer par de mujeres es nombrado por relaciones de parentesco con Jesús, mientras que el segundo, por sus nombres propios, con señales claras de identificación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La lista de las mujeres a los pies de la cruz es un claro elemento de exposición en la trama (<em>medias in res</em>), pues el lector no había sido informado hasta ese momento del paradero de los íntimos integrantes del círculo de Jesús. Pedro y el otro discípulo (¿el discípulo amado?) habían sido los últimos en ser nombrados en la escena de las negaciones de Pedro en 18,12-18.25-27, cuando se introdujeron en el palacio del sumo sacerdote. Ante esta nueva información saltan necesariamente interrogantes en el lector, sobre todo en relación con el destino de la madre. ¿Qué pasaría con ella?, ¿Quién se haría cargo de ella?, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El autor sorprende al lector, pues se reservó, sin nombrarlo, uno de los participantes en la acción narrada, el discípulo amado. Lo nombrará en el diálogo entre Jesús y su madre del v.26. Este recurso, sin duda, quiere focalizar la atención sobre él y la madre, pues de hecho, las otras mujeres quedan totalmente en segundo plano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El diálogo de Jesús con María es presentado con dramatismo. El crucificado fija la vista en su madre y en el discípulo que amaba. Con la narración de esta mirada se llama la atención del lector y corresponde al punto de vuelco del problema sugerido con la lista de las mujeres del v.25. En efecto, el lector intuye que Jesús, si logra hablar, confiará el cuidado de su madre al discípulo, toda vez que este no había sido nombrado en la lista del v.25 y es caracterizado como amigo de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuevamente, el relato sorprende al lector, pues esperaría que Jesús se dirigiera al discípulo exhortándolo a cuidar de su madre y no al revés. Jesús, en cambio, se dirige a su madre: “He aquí tu hijo” (v.26). Y solo después al discípulo: “He aquí tu madre” (v.27). Estas sentencias corresponden a la última disposición de Jesús, su testamento. Narrativamente, son una suerte de peripateia del problema aludido con la lista de mujeres al pie de la cruz. La madre de Jesús no queda desamparada, sino que se le da el papel de madre del discípulo amado y a este el de hijo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aceptación de ambos, quizás tan solo tácita, queda de manifiesto en el v.27b donde se asevera que el discípulo acogió a la madre de Jesús en su casa, comprendida como “bienes y propiedades” en sentido espiritual, pues naturalmente en ese momento no la llevó a su casa habitación. Se trata de una suerte de adopción mutua entre ambos personajes, aunque no en sentido técnico jurídico (cf. <em>Sal</em> 2,7; <em>Tb</em> 7,12). Corresponde al desenlace de la trama.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llama la atención dos palabras en este relato: el apelativo que recibe la madre de Jesús en boca de su hijo, “mujer”, y la alusión a “aquella hora·”. Ambas remiten al relato de Las Bodas de Caná (2,4), donde Jesús se dirige a su madre con el mismo vocativo, “mujer”, y alega ante su materna insinuación que su “hora” aun no ha llegado. Estos detalles no pueden ser obviados. Claramente nos ponen en la línea de la interpretación profunda del acontecimiento: María, la madre de Jesús, es la “mujer” asociada a la “hora” de su Hijo y ha sido destinada a ser madre del “discípulo amado”. Es denso el mensaje cristológico y mariológico de este pasaje que deberemos en su momento comentar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>e) Jn 19,28-30: Muerte de Jesús como cumplimiento de su obra</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El paso a una nueva escena queda claro del momento que todos los personajes de la escena anterior, salvo Jesús, quedan en el silencio. Solo se nombra a Jesús, el resto de los participantes quedan también el silencio (¿quién le dio a beber vinagre?). El autor quiere destacar las últimas palabras de Jesús sobre la cruz y su sentido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El v.28 introduce nuevos elementos de exposición, la percepción de Jesús que todo estaba cumplido y su voluntad de que se cumpla la Escritura. Inmediatamente, trasmite la palabra de Jesús: “Tengo sed”, probablemente aludiendo a <em>Sal</em> 69,22 (¿<em>Sal</em> 22,16?). Evidentemente, que la alocución no se refiere solo a la sed física de Jesús, sino que tiene que ver con la aceptación de la copa de los padecimientos que se le ofrecen, que es el modo de llevar a cumplimiento su obra (cf. 4,34; 18,11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La resolución del problema no se deja esperar, personajes innominados le ofrecen a beber vinagre en una esponja sujeta con una caña y él lo prueba (vv.29-30a). Una especie de peripateia del problema de la sed física de Jesús, el lector comprende que en algo se ha saciado su sed. Pero, inmediatamente se agrega otra palabra de Jesús: “Está cumplido” (v.30b), la cual confirma el sentido con que Jesús había expresado su ardiente sed. No tanto para saciar su necesidad material, como para que se cumpliera la Escritura (v.28). Y este es el sentido profundo de toda la escena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La frase final del v.30 “e inclinando la cabeza, entregó el espíritu/Espíritu”. Es el desenlace de esta breve trama, pero al mismo tiempo es la peripateia de los relatos de la pasión como conjunto, pues constituye la narración de la muerte de Jesús. El fatal destino previsto ya desde el consejo de los jefes judíos después de la resurrección de Lázaro (<em>Jn</em> 11,47-53) y más aun después de la sentencia de Pilato (19,16a).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llama la atención que la muerte de Jesús es narrada en sentido activo con el verbo “entregar” (cf. 10,18; 15,13). Marca la intención del relato de mostrar que Jesús muere como el que llevado a término y en obediencia la misión que el Padre le confiara (cf. 14,31; 17,4). Hasta el último instante es él el protagonista (10,17-18; 15,13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un interrogante de importancia se cierne sobre lo entregado por Jesús: “el espíritu”. Probablemente se trate de un juego con el valor bivalente de la expresión. Por una parte designa el aliento vital (cf. <em>Jn</em> 11,33; 13,21), que se corresponde con el relato tradicional de la muerte de Jesús compartido en este punto con los sinópticos (<em>Mc</em> 15,37 // <em>Lc</em> 23,46; <em>Mt</em> 27,50). Pero también sirva de evocación del don del Espíritu Santo, prometido por Jesús a todos los que creyeran en él. En concreto, que recibirían este don cuando él fuera glorificado (7,39). Su muerte es la hora de su glorificación y, por eso, en ella reciben el Espíritu quienes están a los pies de la cruz, en especial su madre y el discípulo amado como símbolos de la Iglesia. Este sentido es sugerente, pero tiene valor solo si se la considera en un sentido “evocativo y proléptico”, para recordar al lector el fin último para el que Jesús es exaltado en la cruz<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. El don efectivo del Espíritu es narrado en el Cuarto Evangelio en 20,22 después de la resurrección de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>f) Jn 19,31-37: Costado traspasado de Jesús</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cambio escénico es notorio por el cambio de personajes y temática: reaparecen en el v.31 los judíos (se subentiende las autoridades hebreas) y Pilato, aunque solo en una narración y no con discursos directos, y en los vv.32-34 los soldados son nombrados explícitamente como ejecutores de las ordenes del gobernador romano. En el v.35 se reconoce el testimonio de un testigo ocular y el comentario del narrador acerca de su veracidad. La temática es distinta, aunque relacionada con la muerte de Jesús, se trata de la lanzada del costado de Jesús que produce la efusión de sangre y agua de su corazón. El hecho está interpretado en el horizonte del cumplimiento de la escritura por dos citaciones del AT en los vv.36-37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El v.31 sirve de exposición de un nuevo problema que se entrama con la muerte de Jesús. Era el día de preparación del sábado, esto es, el viernes (coincidiendo con <em>Mc</em> 15,42) y ese año ocurría también que aquel sábado coincidía con el primer día de la Pascua (15 de Nisán; <em>Lv</em> 23,6-14). Los judíos no querían que los cuerpos de los condenados quedaran colgados de noche para no trasgredir la norma del <em>Dt</em> 21,22-23. Por eso, los judíos le piden a Pilato que haga acelerar la muerte de los ajusticiados, a fin de asegurar el enterramiento de sus cuerpos antes del sábado tan solemne. En concreto, que se les quebraran las piernas a los crucificados a fin de que murieran y los pudieran descolgar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se narra el diálogo, sino solo se remite a él. La petición se corresponde con la antecedente respecto al cambio de la inscripción del letrero sobre la cruz de Jesús (vv.21-22). Por eso, el lector se pregunta si Pilato accederá o no a ella; tal vez la deniegue. Además, el lector sabe que Jesús ya murió y que lo hizo “activamente”, entregando el espíritu. Por tanto, se pregunta también acerca del para qué de este ulterior suplicio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La respuesta del procurador es suplida por la ejecución de su orden por parte de los soldados. El lector comprende que accedió a la petición hecha y puede valorar el contraste con la anterior petición denegada. La ejecución es narrada con mucha más detención que la petición (vv.32-34). Se relata la quebradura de las piernas de uno de los crucificados y, luego, las del otro (v.33). Cuando llega el turno de Jesús, los soldados perciben lo que el lector ya sabe: ya había muerto (v.33a). Por eso, no quiebran sus piernas (peripateia negativa; v.33b). Nuevamente, se incorpora un elemento sorpresa, pues los soldados no infligen contra Jesús el suplicio requerido por los judíos, sino que un soldado para verificar su muerte traspasa su costado con una lanza (v.34a). Es evidente que lo que quería era traspasar su corazón. Y la sorpresa se acrecienta para el lector con el efecto inmediato del procedimiento infligido: brotó sangre y agua (cf. <em>1Jn</em> 5,5-8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Naturalmente la emanación de ambos líquidos corrobora la muerte a los soldados, pero para el lector tiene además un significado simbólico. ¿Cuál significado? En el pasaje mismo el sentido de la efusión se descubre en las citas del AT de los vv.36 y 37, pues el autor dice que el traspaso del costado y la emanación de él de sangre y agua sucedió “para que se cumpliera la Escritura”. La primera cita es “no le quebraron ningún hueso” (<em>Ex</em> 12,46; <em>Nm</em> 9,12; <em>Sal</em> 34,20), es decir, una referencia al cordero pascual. La referencia apunta más a la no quebradura de las piernas de Jesús. El autor la interpreta como símbolo de Jesús como cordero pascual, dándole a la muerte de Jesús un sentido sacrificial. Jesús es el cordero de la Pascua definitiva, su sacrificio produce la verdadera liberación. Su sangre arrebata a los suyos del exterminio como la sangre de los corderos preservó a los israelitas en la noche de la liberación de Egipto (<em>Ex</em> 12). Esta interpretación es acorde con la indicación de Jesús hecha por Juan Bautista: “He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (1,29.36). Pero también, el cordero pascual no quebrantado se relaciona con el sufrimiento del justo, pero preservado por YHWH (<em>Sal</em> 34,19-21). La no quebradura de los pies de Jesús es signo de que Dios Padre no abandona a su Hijo, ni aun en el extremo de la cruz. Así también quedan evocados los cánticos del Siervo Sufriente: <em>Is</em> 50,5-6.7-8.9 (tercer cántico); 53,6-7 (cuarto cántico).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La segunda cita, “contemplarán al que traspasaron” (<em>Za</em> 12,10), naturalmente se refiere al traspaso del costado. <em>Za</em> 12,10-14 es una lamentación de Israel por un hombre que ha muerto por culpa del pueblo. Con todo, ella expresa arrepentimiento y redunda en bendición pues Dios derrama su espíritu de gracia y oración sobre los compungidos habitantes de Jerusalén. Ahora bien, el lector de nuestro pasaje capta que la contemplación del traspasado, de la sangre y agua que brotan de su costado, traen al que lo hace con fe la salvación de la conversión, tal como la contemplación del traspasado del AT trajo a muchos la compunción y arrepentimiento. Con toda seguridad a esta conclusión llega el lector de la forma final del evangelio – porque este pasaje se relaciona con otros donde el Cuarto Evangelio relaciona la exaltación de Jesús y la salvación: 3,14; 8,28; 12,32 y, sobre todo, 7,37b-38, donde se alude expresamente al agua: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva”. Y en su comentario del versículo sucesivo (7,39), el evangelista interpreta el agua como el Espíritu prometido. Por eso, el agua del costado es un signo del Espíritu Santo que el glorificado concede a los creyentes. Evidentemente que, así como en la entrega del espíritu (v.30), también aquí en sentido proléptico de su donación efectiva en al atardecer del día de la resurrección (20,22). Refuerza esta argumentación recurrir a <em>1Jn</em> 5,6-8, donde el autor de la escuela juánica contrapone el ministerio del Bautista, solo con agua, con el de Jesús: “con agua y con sangre”. El bautismo de Juan no comunica el Espíritu, mientras que la muerte de Jesús sí (cf. <em>Jn </em>1,31; 3,5; 16,7). En la cruz Jesús derrama su sangre que unida al agua producen paradojalmente el comienzo de la vida. La lanzada que es signo material de la muerte de Jesús, se convierte en fuente de donde fluye la vida para todos los creyentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La atribución tradicional a la sangre y agua brotados del costado de Jesús crucificado como signos de la Eucaristía y el Bautismo respectivamente (desde Tertuliano, pasando por Tomás de Aquino y hasta nuestros días) es relativamente fácil de probar respecto del simbolismo del agua respecto del Bautismo por todo lo ya expresado. El valor eucarístico de la sangre no es tan fácil de probar exegéticamente, aunque se relaciona con 6,53-56, en el discurso del pan de vida, donde se habla de la sangre del hijo del hombre celestial (cf. 6,62) que se da como bebida. También <em>1Jn </em>1,7 donde se dice que la sangre de Jesús limpia de todo pecado (cf. <em>1Jn</em> 5,5-13; especialmente vv.6-8; <em>2Jn</em> 7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La interpretación de la emanación de sangre y agua del costado de Jesús crucificado (v.34b) como símbolo del nacimiento de la Iglesia, así como Eva del costado de Adán (<em>Gn</em> 2,21), fue sostenida por numerosos padres de la Iglesia (cf. san Juan Crisóstomo, Catequesis Bautismales 7,17-18; san Agustín, Tratado de san Juan 120,2) y consagrada como auténtica en el Concilio de Vienne (1312, 15º concilio ecuménico, Dz 480) contra los espiritualistas medievales que postulaban que la Iglesia comenzó a existir solo desde la aparición de sus movimientos. Esta doctrina ha sido confirmada por el Vaticano II en <em>Lumen gentium</em> 3. La alusión al pasaje del libro del Génesis no se constata en la lectura del pasaje del Cuarto Evangelio, salvo por una referencia más extendida de los elementos del relato de la caída del hombre y los de la pasión de Jesús; por ejemplo, el árbol prohibido se considera la antítesis del árbol de la cruz; la desobediencia de Adán y Eva, antítesis de la de la obediencia de Jesús a su Padre y de María a su Hijo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El v.35 refuerza todo lo que hemos dicho, pues asevera que el acontecimiento proviene de un testigo ocular, cuyo testimonio es verídico (digno de crédito) y que su finalidad es suscitar la fe de los destinatarios del relato. Es, por tanto, una apelo al lector a dar crédito a que lo que lee tiene un tiene un profundo sentido, la fe en Jesús como Hijo de Dios y hombre verdadero. En efecto, no puede limitarse la fe al hecho de la muerte de Jesús, sino también se extiende a su significado, particularmente al simbolismo de la sangre y del agua.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Quién es este testigo? Evidentemente que se trata del discípulo amado de los vv.26-27. En 21,24 que puede ser una aclaración del v.35 se identifica el discípulo amado con el testigo presencial cuyo testimonio es auténtico. La solución es fácil, pues de ser otro el testigo referido habría que formular la hipótesis que a los pies de la cruz se habría encontrado también otro discípulo de Jesús, distinto al discípulo amado. Y en este punto debemos aplicar la navaja de Occam.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>g) Jn 19,38-42: Sepultura de Jesús</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cambio de escena es claro en el v.38 por la aparición de José de Arimatea, nuevo personaje, solicitando a Pilato el cadáver de Jesús para darle sepultura. En el v.39 interviene en el sepelio, además, Nicodemo. Jesús ya no es un participante activo, solo resta su cuerpo. La temática evidentemente también cambia, en cierto sentido la sepultación es la consecuencia de la muerte. La escena es, sin duda, desde el punto de vista narrativo el desenlace de la pasión de Jesús, la directa y natural consecuencia de su muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El v.38 constituye una nueva sección de exposición en medio del relato (<em>in medias res</em>). De hecho, el pasaje anterior exigía el relato de la sepultación del crucificado como desenlace o incluso peripateia, pues de la petición hecha por los judíos a Pilato de acelerar la muerte de los condenados (v.31), el lector esperaba que el cuerpo de Jesús fuera desprendido de la cruz y de alguna manera sepultado. Lo más lógico hubiera sido que el sepelio hubiera estado a cargo de los soldados que ejecutaron la orden de Pilato (vv.32-33) o, quizás también, de la madre de Jesús, las mujeres y el discípulo amado que se encontraban junto a la cruz (vv.25-27). El v.38 sorprende al lector con la aparición de un personaje totalmente nuevo, pues hasta entonces no había participado, ni había sido aludido en todo el Cuarto Evangelio: José de Arimatea, quien se hace cargo de la sepultura de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">José es descrito como “discípulo de Jesús en secreto por miedo a los judíos”. Nos sitúa ante uno de los goznes del evangelio: el discipulado de Jesús marcado por el “temor a los judíos”. La misma expresión se usa en otros lugares del Cuarto Evangelio. En 7,13 designa la razón por qué la gente, los habitantes de Jerusalén y los peregrinos que se encontraban en la ciudad para la fiesta de los tabernáculos (7,2) no hablaban abiertamente de Jesús, aunque no pocos lo tenían por bueno (7,12). En 9,22 es la causa de la respuesta evasiva de los padres del ciego de nacimiento de declarar ante el tribunal judío. En este último pasaje está directamente relacionada con la expulsión de la sinagoga. En 20,19 muestra por qué los discípulos de Jesús están encerrados. En todas estas recurrencias los judíos designan a los dirigentes hebreos que son particularmente hostiles contra Jesús. Sin embargo, sabemos también que el Cuarto Evangelio afirma que no todos los dirigentes eran contrarios a Jesús, no pocos creían en él, pero no lo confesaban (públicamente) a causa de los fariseos y para no ser expulsados de la sinagoga (12,42).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque el v.38 nada dice de esto, la figura de José de Arimatea se explicaría bien como uno de estos últimos dirigentes, pues tuvo que ser alguien influyente como para tener acceso al gobernador romano y obtener la concesión del cuerpo y, además, tuvo que tener poderosas razones para mantener en secreto su adhesión a Jesús como las descritas en 12,42. El dato externo comprueba esta consideración pues en <em>Mc</em> 15,43 se lo describe como “miembro ilustre del sanedrín” (cf. también <em>Mt</em> 27,57; <em>Lc</em> 23,51).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es sorprendente que en el momento de mayor rechazo de Jesús por las autoridades judías, quienes han conseguido ajusticiarlo en forma denigrante, aflore públicamente la piedad de este adherente secreto de Jesús y tenga la valentía (cf. <em>Mt</em> 27,57) de pedir a Pilato el cadáver para sepultarlo. La muerte de Jesús lo condujo a adoptar una postura de fe más resuelta, a hacerla pública en su modo de actuar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La narración prosigue en el v.39 con la introducción de un nuevo participante, Nicodemo. Se recuerda su venida de noche donde Jesús (cap. 3), es evidente que el lector capta en esta referencia el paralelo con José de Arimatea, discípulo secreto de Jesús hasta ese momento. Se supone que el lector conoce también la defensa que Nicodemo ha hecho de la causa de Jesús en una reunión de los dirigentes hebreos (7,50) y cómo ha sido vejado en la misma, por provenir, como Jesús, de Galilea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nicodemo exterioriza su adhesión a Jesús llevando al lugar de la crucifixión la exagerada cantidad de 100 libras, es decir, algo más de 30 kilos, de aceite perfumado con mirra y áloe. Ello es un signo de veneración y una clara explicitación de la fe en Jesús en aquel momento de sumo rechazo por parte de las autoridades judías.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En los vv.40-41 se describe la sepultación de Jesús. El número plural de las formas verbales indica que José de Arimatea y Nicodemo son los ejecutantes de los procedimientos del entierro. En el v.40 se narra la envoltura del cuerpo en vendas enjugadas en los aromas conforme a la costumbres de los judíos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En los vv.41-42, el sepelio en un sepulcro nuevo, “donde nadie había sido colocado”, que se ubicaba en el mismo lugar de la crucifixión, en un jardín adyacente (v.40). Se esgrime explícitamente la razón del uso de esa tumba: su cercanía al Gólgota, lo que permitía poder realizar el enterramiento con cierta celeridad, ya que era el día de la preparación, es decir, viernes (v.42). Este dato conecta esta escena con la anterior, porque está a la base de la petición de los dirigentes judíos (v.31). La sepultura nueva de Jesús servirá de testimonio de su resurrección, pues permanecerá vacía para siempre (20,1-10). De haber sido sepultado Jesús en una tumba ya usada, no habría plena certeza de que no hay resto alguno del crucificado, salvo las vendas que cubrieron su cuerpo y el sudario que cobijó su cabeza. Así, irónicamente, el día de preparación de los judíos se volvió contra los mismos judíos que querían sepultar bajo tierra a Jesús, incluso acelerando su muerte, pues en razón de esta misma preparación fue sepultado en el mismo lugar de su suplicio en aquel sepulcro nuevo, vacío, que es el gran signo de su resurrección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La escena concluye con la sucinta descripción de la sepultura: “ellos pusieron a Jesús” (v.42b). Es la peripateia de la escena, pues es la resolución de la petición hecha por José de Arimatea del cuerpo de Jesús (v.38). Llama la atención que en el v.42 no se use la palabra “cuerpo” (cf. vv.38 y 40), sino simplemente “Jesús”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La conclusión de la pasión es en paz y reposo, llena de veneración por Jesús y de adhesión pública por él de dos personajes importantes de Israel, contrasta la violencia y el rechazo de los dirigentes judíos contra Jesús. Es la manera como en el pasaje casi ocultamente se pone de relieve la gloria de Jesús, que irrumpirá la mañana pascual<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Intención narrativa de la trama analizada</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El análisis narrativo que acabamos de hacer ilumina en su conjunto los elementos más significativos de la intencionalidad del texto, esto es, cuál es el mensaje que pretende comunicar:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>a) Centralidad de Jesús</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La centralidad de Jesús se capta ya en los extremos de la perícopa: es el entregado por Pilato a los soldados (o a los dirigentes judíos) en el v.16b y es el depositado en el sepulcro por José de Arimatea y Nicodemo en el v.42b. La inscripción puesta sobre la cruz que revela la identidad de Jesús como rey (vv.19.21) y el intento de cambiarla por parte de los jefes hebreos hace que se remarque mucho más la centralidad de Jesús y el lector pueda ponderar, además, el sentido de la muerte de Cristo como rey. Pero, sin duda, en las palabras que dice Jesús, entrelazadas con las citas de la Escritura que las acompañan, es donde su centralidad queda más de manifiesto en el relato. Jesús domina la escena, es su protagonista y además está consciente de que todo se realiza para que se cumplan las Escrituras (vv.28.30). Desde la cruz, las palabras que dirige a su madre y al discípulo que amaba, enfatizan su protagonismo, pues no deja cabo sin atar, incluso dispone de la suerte de los suyos. La descripción de su muerte en el v.30b reafirma todo esto, pues la expresión recalca que Jesús entrega el espíritu/Espíritu, activamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em><strong>b) Muerte interpretada como cumplimiento de la Escritura</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No solo Jesús está consciente de que su muerte cumple las Escrituras (vv.28- 30), sino que también el narrador, pues insiste en este aspecto explícitamente (vv.24; 36-37). El cumplimiento de la Escritura constituye así el principio hermenéutico con el cual se debe interpretar el pasaje. El no desgarramiento de la túnica sin costuras; la sed de Jesús en la cruz y la bebida del vinagre que le ofrecen; su misma muerte como entrega del espíritu/Espíritu; la no ruptura de sus piernas y el traspaso de su costado encuentran su sentido en los distintos pasajes del AT aludidos o citados. La muerte de Jesús tiene un sentido profundamente sacerdotal pues se entrega a sí mismo como el cordero no quebrantado y traspasado, que atrae a todos hacia Él y derrama su Espíritu y su propia sangre para el perdón de los pecados y comienzo de la liberación definitiva. Esta interpretación naturalmente resultaba más fácil para los destinatarios del Cuarto Evangelio que para nosotros. En efecto, esa interpretación les era predicada en vinculación con los textos aludidos, mientras que a nosotros, cristianos del siglo XXI, la tradición juánica nos resulta más lejana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se debe puntualizar que la muerte de Jesús es considerada como el cumplimiento del conjunto del Antiguo Testamento, no solo de este o aquel pasaje de la Escritura, sino de toda ella. Jesús muere afirmando “todo está cumplido” (v.30). Su vida y muerte realizan lo anunciado por Dios en la Ley, los profetas y los salmos (cf. <em>Lc</em> 24,25-27.44). Él es el esperado: Mesías rey, sacerdote y profeta, que obra la redención anhelada por Israel.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>c) Simbolismo deliberado del relato</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pasaje contiene elementos simbólicos que a propósito han sido entretejidos en el relato y que invitan al lector a descifrarlos para entender el profundo significado de la muerte de Jesús. Es evidente que para los destinatarios originales del Cuarto Evangelio resultaba más fácil captar la simbología del pasaje que a nosotros, pues ellos estaban imbuidos en la tradición oral de la cual provenía. A nosotros nos es más difícil porque, a pesar de que hemos recibido la tradición apostólica, muchos elementos de ella se nos escapan por el paso del tiempo y por las reinterpretaciones de los mismos, que a veces nos alejan de su original frescor. Esta simbología con todo hunde sus raíces en el AT. Los elementos simbólicos más relevantes son la túnica sin costuras, la sangre y agua brotadas del costado traspasado de Jesús, la abundancia del aceite aromático y el sepulcro nuevo. En su momento hemos dado ciertas pistas para captar el significado de cada uno de estos símbolos. Todos ellos tienden a revelar el misterio de la muerte de Jesús en sus distintas connotaciones: la túnica sin costura, el sacerdocio ejercido en la cruz; la sangre, la dimensión sacrificial de la entrega de Jesús; el agua, el don del Espíritu; la abundancia del aceite, la fe en Jesús de sus enterradores; el sepulcro nuevo, la anticipación del triunfo del crucificado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Pasión del Señor, siempre unida a su resurrección, es el centro del <em>kerygma</em> que hemos recibido y que intentamos trasmitir con nuestra vida y con nuestras palabras: es el núcleo de la fe. No se trata, eso sí, de un acontecimiento del pasado, sino del presente, pues la hacemos vida en la entrega generosa de cada uno de nosotros a los demás, cuando ponemos en acto el mandamiento del Señor: “Ámense los unos a los otros como yo los he amado” (<em>Jn</em> 15,12) y el Señor nos advierte a renglón seguido que “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. En los relatos comentados, hemos contemplado precisamente la performance histórica de este amor extremo del Señor (cf. <em>Jn</em> 13,1). De ahí que, al enseñar su mandato, Jesús enfatice que “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (<em>Jn</em> 15,14). La misma performance tiene su actualización cotidiana en la Eucaristía, cuando Él, Señor, nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan (cf. <em>Lc</em> 24,32).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cuarto evangelista insiste en la actualidad del Misterio Pascual en la Eucaristía, de la cual brota una forma de vida de servicio recíproco entre todos quienes son discípulos del “Maestro y Señor”: “Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes” (<em>Jn</em> 13,14-15). Una entrega generosa a los demás que, en el gran teatro del mundo, adopta las mil y una formas de la caridad, tanto en palabras, actitudes, instituciones como en obras de misericordia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente, esta performance continúa hasta el presente y se proyecta al futuro por la acción del Espíritu Santo que hemos recibido del Señor resucitado según prometiera a sus discípulos precisamente en la Última Cena: “el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes” (<em>Jn</em> 14,17-20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Seguimos de cerca a Schnackenburg, R., El evangelio según san Juan, III (Barcelona 1980), 330-369; ; complementamos con Brown, R. E., El evangelio según san Juan, II (Madrid 1979), 673-690 y con López Rosas, R. – Richard Guzmán, P., Evangelio y Apocalipsis de san Juan (Biblioteca Bíblica Básica 17, México – Estella 2006), 175-182.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Brown, R. E., San Juan, II, 1313.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> A continuación se usan los elementos del análisis narrativo desarrollado por Ska, J.-L., “Plot”, Our Fathers, 17-38; Íd., “Sincronia”, 153-158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. Flavio Josefo, Ant. Jud., III, 161.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Brown, R. E., San Juan, II, 1340.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Schnackenburg,R., San Juan, III, 369. Schnackenburg,R., San Juan, III, 369.</h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5><strong>IMAGEN: SEBASTIÁN CORREA E.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La Iglesia que ayuda y sale al encuentro: las Indulgencias - Marcelo Gidi, S.J.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/03/la-iglesia-que-ayuda-y-sale-al-encuentro-las-indulgencias-marcelo-gidi-s-j/</link>
		<pubDate>Sun, 31 Mar 2019 21:09:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.189 (ENERO- MARZO 2016)
Autor: Marcelo Gidi, S.J.
Para citar: Gidi, Marcelo; <em>La Iglesia que ayuda y sale al encuentro: las Indulgencias</em>, en La Revista Católica, Nº1.189, enero-marzo 2016, pp. 30-44.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/03/MGIDI_LRC_1189.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La Iglesia que ayuda y sale al encuentro: las Indulgencias
Marcelo Gidi, S.J.
Facultad de Teología UC</h4>
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<h5 style="text-align: justify;">Si bien en estos tiempos “modernos”, se ha perdido la conciencia de pecado y de la necesidad de la conversión, para el Papa Francisco lo anterior no significa necesariamente un impedimento para su propuesta jubilar. Por esto es que en la Bula <em>Misericordiae vultus</em>, con la que él convoca el Jubileo, afirma que “<em>…he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes</em>” (n.3) y “<em>para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios</em>” (n.5).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El Jubileo de la Misericordia, por lo tanto, es una invitación a profundizar lo que significa no solo el perdón de los pecados o el Purgatorio<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, sino la conversión y la llamada a purificar las maneras y los comportamientos que desdibujan su realidad y entorpecen su dinamismo. El Jubileo no solo es una invitación a confesarse y a expiar penas, a preocuparse del pecado y de las penas del mismo, sino también, principalmente una ocasión y una oportunidad para que el fiel se disponga e inicie decididamente un camino de verdadera conversión y de renovación profunda<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Este artículo quiere ofrecer algunas notas de carácter canónico-pastoral sobre la vigente normativa canónica acerca de las Indulgencias<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Antes de entrar en la exégesis de los cánones respectivos, para una mejor comprensión de la problemática a que se refieren, recojo en un primer momento algunos datos necesarios para comprender, luego, la actual legislación de la Iglesia en la administración de este sacramental<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>El Pecado y sus consecuencias</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Si bien por un lado, toda acción mala genera efectos en el corazón y en la vida del ser humano; por otro, todo pecado lleva consigo una perturbación del orden salvífico que Dios ha dispuesto y la destrucción de bienes tanto individuales como sociales (<em>Is</em> 1,2-3; <em>Sal</em> 105, <em>Ez</em> 20,27; <em>Jn</em> 15,14-15)<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, que en el cristiano pecador no son totalmente cancelados por los sacramentos. Esta contradicción al orden divino merece una pena, cuya finalidad no es castigar, sino la de restablecer el orden objetivo de las cosas en su perfecta integridad. La pena, entonces, que es la consecuencia del pecado para el culpable, consecuencia connatural e interna del pecado, no es un sufrimiento nuevo impuesto por Dios (“<em>desde fuera</em>”) para castigar al pecador, sino que es el mismo “<em>salario del pecado</em>” (“<em>desde dentro</em>”) (cf. <em>Rm</em> 6,21-23). Según la doctrina católica, lo que hace que el pecado sea pecado es la culpa, que es la libre opción por el mal tomada libremente contra Dios y contra el ser humano.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El pecado entraña, entonces, una doble consecuencia: lleva consigo una “<em>pena eterna</em>” y, además, una “<em>pena temporal</em>”. La primera es el alejamiento de Dios, la pérdida de la comunión con Dios que nace del pecado no perdonado; es decir el infierno. Esta pena se cancela cada vez que nos confesamos y somos admitidos nuevamente en el estado de gracia y en la comunión con Dios en la Iglesia. Pero cada pecado, incluso los veniales, provocan lo que el Catecismo de la Iglesia Católica define como un «un apego perverso a ciertos bienes» (n.1849) que merece una pena temporal, a la que se está obligado a pesar del perdón de las culpas obtenido con la confesión<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, y que exige purificación que normalmente se expiaría en el Purgatorio. La segunda pena, por lo mismo, es la situación de disgregación de la persona a causa del pecado<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>; es la consecuencia del pecado que el pecador debe sufrir en esta vida y que permanece después de la absolución. Aclaremos que esta pena no es una sanción dada por Dios para castigarnos, sino una consecuencia inherente al pecado mismo, nuestro apego desordenado al pecado, que es reparable y expiable por medio de la libre compensación del desorden mediante la satisfacción que restaura el equilibrio roto. Por lo tanto, cuando uno peca es necesario no solo restaurar la amistad con Dios, por medio de la sincera conversión y confesión para la remisión de la culpa y de la pena eterna, sino también restaurar plenamente todos los bienes destruidos o perturbados por el pecado cometido, con el fin de purificar las almas, defender la santidad y restituir a la creatura la gloria de Dios<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Lo anterior se debe a que los efectos del pecado, “<em>la conversión al bien creado</em>”, el “<em>gustito</em>” por seguir pecando, permanecen en el cristiano todavía después de recibida la absolución; es lo que denominamos, una cierta disposición e, incluso, un hábito al pecado<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. ¿Quién, después de la absolución, no ha experimentado la dolorosa impotencia para transformarse verdaderamente en esa creatura nueva que desea ser? Ante esta imposibilidad, debida a las disposiciones adquiridas en el cristiano por el pecado cometido, que son las reliquias, los “<em>restos</em>” del pecado, es que la Iglesia intercede eficazmente en ayuda del penitente y ofrece medios prácticos para enfrentar estas consecuencias y permitir que el fiel ame a Dios con todo el corazón y con toda sus fuerzas. Medios eclesiásticos por los cuales se exhorta a hacer buenas obras que sirven a manifestar la voluntad del cristiano de comenzar una vida nueva y de retractarse de la perturbación ocasionada al orden divino por el pecado cometido que ha sido ya perdonado en su culpa y en su pena eterna. Uno de estos medios son las Indulgencias.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Jubileo e Indulgencias</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El Jubileo es un Año verdaderamente Santo. El deseo de Francisco es que sea realmente un tiempo de gracia y de salvación, un tiempo más intensamente santificado por la aceptación de las gracias de la misericordia, mediante la renovación espiritual de todo el pueblo de Dios para que los cristianos sepan descubrir de nuevo en su experiencia existencial todas las riquezas inherentes a la salvación. Este tiempo fuerte, durante el cual todo cristiano está llamado a realizar más en profundidad su vocación a la reconciliación con el Padre en el Hijo, conseguirá plenamente su objetivo únicamente cuando desemboque en un nuevo compromiso por parte de cada uno y de todos al servicio de la reconciliación plena<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. En este tiempo de gracia y misericordia todo fiel debe sentirse llamado en primer lugar a un compromiso singular con la penitencia y la conversión. En efecto, no puede darse una renovación espiritual que no pase por la expiación, bien como actitud interior y permanente del creyente y bien como ejercicio de la virtud a la cual nos invita el Apóstol a “<em>hacerse reconciliar con Dios</em>” (<em>2Cor</em> 5,20), bien sea como acceso al perdón de Dios mediante el Sacramento de la Penitencia, dejarse reconciliar con Dios. Dejarse reconciliar con y por Dios es posible por medio del misterio pascual y de la mediación de la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En esta perspectiva de gracia situamos el don de la indulgencia<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, don propio y característico del Año jubilar, que la Iglesia, en virtud del poder que le confirió Cristo, ofrece a todos aquellos que con las disposiciones indicadas cumplen las prescripciones propias del Jubileo. Como subrayaba Pablo VI en la Bula de Convocación del Año Santo del 1975, «con la indulgencia la Iglesia, sirviéndose de su potestad de ministro de la Redención operada por Cristo el Señor, comunica a los fieles la participación de esta plenitud de Cristo en la comunión de los Santos, ofreciéndoles en medida amplísima los medios para alcanzar la salvación»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. La Iglesia no las impone sino que las concede. Teológicamente las indulgencias constituyen una ayuda, un recurso concedido por la Iglesia con miras a completar lo que podría faltar a la satisfacción cumplida por los pecados ya perdonados<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. El instituto de las indulgencias se comprende como una forma especial de ayuda que la Iglesia ofrece a los fieles para obtener la salvación, en cuanto son un signo e instrumento del camino de conversión personal y de acercamiento a Dios<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Afirma Francisco en su Bula “<em>El Rostro de la Misericordia</em>”, que: “<em>No obstante el perdón, llevamos en nuestra vida las contradicciones que son consecuencia de nuestros pecados. En el sacramento de la Reconciliación Dios perdona los pecados, que realmente quedan cancelados; y sin embargo, la huella negativa que los pecados tienen en nuestros comportamientos y en nuestros pensamientos permanece. La misericordia de Dios es incluso más fuerte que esto. Ella (la misericordia) se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado</em>”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La existencia de las indulgencias en la Iglesia católica se apoya en dos verdades dogmáticas, de las cuales deriva directamente su disciplina. La primera es la existencia de una pena temporal que subsiste después de que la culpa ha sido perdonada. La segunda es el misterio de la comunión de los Santos. Todos los cristianos somos por la acción del Espíritu Santo miembros de un mismo cuerpo, en virtud de esta unidad todos pueden participar de los frutos de redención que pueden comunicarse (<em>1Cor</em> 12,12-27). La concesión de las indulgencias manifiesta la vocación primera de la Iglesia, de ser el lugar de curación del ser humano caído en el pecado, manifestando su naturaleza sacramental y su ser signo e instrumento de salvación. Es esta sacramentalidad de la Iglesia, su actividad de santificación, la que se expresa en el “tesoro de la Iglesia”, que es el valor salvífico de la redención de Cristo que se derrama sobre todos los miembros de su Iglesia: Cristo ha alcanzado la salvación para nosotros, y la Iglesia ha sido enviada a colaborar en que esta salvación.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Qué son las Indulgencias?</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El “<em>poder de las llaves</em>” lleva en la Edad Media a la creación de Indulgencias<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Tienen su origen en la práctica de la Iglesia de distribuir los bienes espirituales que son fruto de los méritos, oraciones y buenas obras de Jesucristo y de los santos, como gracia que va unida al cumplimiento de determinadas prácticas religiosas<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Propagadas poco a poco en la Iglesia, se instauraron cuando los Pontífices decretaron que ciertas obras se podían tomar como penitencia general y que concedían a los fieles, verdaderamente arrepentidos y confesados y que hubieren realizado estas obras, el perdón de todos los pecados y la remisión de todas las penas temporales, por la misericordia de Dios, con la plenitud de la potestad apostólica (DH 1447-1448). Son otorgadas principalmente por los Papas y a veces por los obispos, teniendo en cuenta especiales circunstancias o necesidades de la Iglesia, y están unidas a las disposiciones que se exigen en general para poder obtener el perdón de los pecados<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo entender la riqueza de la práctica de las indulgencias y su relación con la celebración del Jubileo? La Iglesia desde un principio ofreció diversos caminos para aplicar a cada fiel los frutos de la redención de Cristo y de los méritos de los santos, lo que se ha llamado el “<em>tesoro de la Iglesia</em>”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a> y que a lo largo de la historia lo ha ido distribuyendo saludablemente a los fieles para la remisión total o parcial de la pena temporal debida a los pecados. Las indulgencias se pueden considerar como un complemento del sacramento de la penitencia, ya que remiten la pena temporal que en el hombre justificado, tras la satisfacción sacramental, permanece en el alma. La indulgencia es una ayuda de la Iglesia al esfuerzo del penitente por cancelar las consecuencias dolorosas de su pecado.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En la definición que tradicionalmente se ha hecho de la indulgencia, “<em>la remisión o reducción de la pena temporal por los pecados actuales, que permanece después de la absolución sacramental</em>”<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, se ha mantenido, en el primer plano, la conexión de la indulgencia con el enigma del mal, expresamente con esa figura del mal que es el mal moral, es decir, del pecado. Pero también se han relacionado siempre con otro aspecto, con el misterio del bien, expresamente con el bien de la misericordia de Dios, es decir, el sacramento de la penitencia porque el mal no es la palabra definitiva sobre el hombre y la Iglesia expresa con autoridad y testimonio esto, comprometiéndose totalmente desde su dimensión constitutiva de único testigo de la salvación en la cruz de Cristo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con la indulgencia, la Iglesia señala el medio y la ayuda para a que el cristiano consiga el bien de una existencia enraizada en la fe. La indulgencia indica una acción particular del cristiano, realizar obras de piedad, penitencia y caridad, en su experiencia de conversión evangélica, dirigida directamente a resolver el problema del mal y a superarlo, para que haga más fuerte el bien y eficaz el testimonio de su fe<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>. En efecto, por intervención de la Iglesia, el fiel que tenga intención de ganarlas, adquiere el perdón delante de Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. Afirma Francisco que “<em>Vivir entonces la indulgencia en el Año Santo significa acercarse a la misericordia del Padre con la certeza que su perdón se extiende sobre toda la vida del creyente. Indulgencia es experimentar la santidad de la Iglesia que hace participar a todos de los beneficios de la redención de Cristo, porque el perdón es extendido hasta las extremas consecuencias a la cual llega el amor de Dios</em>”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La Normativa</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Consultando algunos de los documentos magisteriales sobre esta materia podemos encontrar una constante validación de esta institución, sobre todo, cuando a lo largo de la historia se han cometido abusos. El Concilio de Trento condena y reprime estos abusos, pero defiende la institución de las indulgencias: se recomienda la moderación en la concesión de las indulgencias, y para quitar toda ocasión de abuso decreta “<em>la completa abolición de todo indigno tráfico de dinero hecho para obtenerla</em>” (DH 1835)<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>. Después del Concilio de Trento las intervenciones magisteriales se preocupan de regular, sobre todo jurídicamente, la institución de las indulgencias, a través de leyes canónicas<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. Concluido el Concilio Vaticano II, encontramos documentos magisteriales que se preocupan de establecer y clarificar el significado teológico de las indulgencias, expresados en la reforma de Pablo VI de 1967, quien promulga el 1 de enero 1967 la constitución <em>Indulgentiarum doctrina</em> que pretende reformular toda la práctica de las indulgencias, de acuerdo con el espíritu y la renovación del Vaticano II<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>, y la normativa sucesiva de la Penitenciaria Apostólica contenida en el <em>Enchiridion indulgentiarum</em>, publicado el 29 de junio de 1968<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Pablo VI en la Constitución <em>Indulgentiarum doctrina</em>, reivindica la enseñanza católica de la indulgencia por medio de la cual se reparan los daños ocasionados por los pecados y que deben cancelarse a través de un tiempo de sincera conversión. La indulgencia es definida por la Constitución como “<em>la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya borrados en cuanto a la culpa, remisión que el fiel cristiano bien dispuesto obtiene en ciertas condiciones determinadas, por la acción de la Iglesia, la cual en cuanto ministro de la redención, dispensa y aplica con autoridad el tesoro de la satisfacciones de Cristo y de los santos</em>” (Norma,1). En la indulgencia, la Iglesia, ejercicio de su <em>munus sanctificandi</em> y empleando su potestad de administradora de la redención de Cristo, no solamente pide, sino que con autoridad concede al fiel convenientemente dispuesto (disposiciones interiores, actitud espiritual y realización de ciertos actos prescritos por la Iglesia) el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos para la remisión de la pena temporal. Gracias a una intervención objetiva, la acción de la Iglesia, <em>ope Ecclesiae</em>, el fiel la obtiene de Dios, (se revaloriza la cooperación personal del fiel), gracias a la dispensación de los tesoros de Cristo y de los Santos, que la Iglesia le aplica de manera extrasacramental (la acción de la Iglesia le da valor de satisfacción a la acción del fiel)<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>. El fin que se propone la autoridad eclesiástica en la concesión de las indulgencias consiste no solo en ayudar a los fieles a lavar las penas debidas, sino también incitarlos a realizar obras de piedad, penitencia y caridad, especialmente aquellas que contribuyen al incremento de la fe y del bien común<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En lo que se refiere a la concesión de indulgencias conviene tener en cuenta el contenido de <em>Enchiridion indulgentiarum</em> 7 y 24-26. Al respecto establece <em>Enchiridion</em> 25 que los Ordinarios de lugar pueden, además, conceder a los fieles sobre los cuales tienen jurisdicción conforme al Derecho, si se encuentran en un lugar donde no puedan o les sea muy difícil confesarse o comulgar, dos condiciones para obtener la indulgencia, la facultad de ganar la indulgencia plenaria sin confesión y comunión actual, con la condición de que estén arrepentidos y se propongan acercarse a los referidos sacramentos tan pronto como puedan.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En relación al uso de la indulgencia plenaria, además de la exclusión de todo afecto a cualquier pecado, incluso venial, se requiere la ejecución de la obra enriquecida con indulgencia y el cumplimiento de tres condiciones, que son: la confesión sacramental, la comunión eucarística y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Esta solo se puede ganar una vez al día (<em>Enchiridion</em> 18 §1). Pero se puede ganar otra indulgencia plenaria, <em>in articulo mortis</em>, aunque ya se haya ganado otra en el mismo día (<em>ibídem</em>, § 2). Las indulgencias parciales pueden lucrarse varias veces al día (<em>ibídem</em>, § 1). La obra prescrita para lucrar una indulgencia plenaria aneja a una iglesia u oratorio es la visita piadosa de los mismos, y la recitación, en ellos, de la oración dominical y del símbolo de la fe (Padre Nuestro y Credo) (<em>Enchiridion</em> 19).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para ganar la indulgencia plenaria se requiere el cumplimiento de la obra indulgenciada y las cuatro condiciones siguientes: disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial, confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Romano Pontífice. Si falta esta plena disposición o si no se cumplen las condiciones indicadas para obtener la indulgencia plenaria, –salvo que haya impedimento– la indulgencia será solo parcial (n. 20 §§1 y 4).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Cumplidas las necesarias condiciones indicadas, los fieles pueden ganar la indulgencia jubilar realizando una de las siguientes obras: Obras de piedad o religión, de misericordia o caridad, de penitencia. Las dos condiciones principales requeridas para lucrar la indulgencia plenaria son la confesión sacramental personal e íntegra y la comunión eucarística recibida dignamente. Las tres condiciones para lucrar la indulgencia plenaria se pueden cumplir varios días antes o después de realizada la obra prescrita; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Romano Pontífice se hagan en el mismo día en que se realiza tal obra (n. 20 §3)<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>. Se pueden ganar varias indulgencias plenarias con una sola confesión sacramental; pero con una sola comunión eucarística y una única oración por las intenciones del Romano Pontífice se puede ganar solo una indulgencia plenaria (n. 20 §2).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La condición de rezar por las intenciones del Romano Pontífice queda plenamente cumplida rezando un Padrenuestro y un Avemaría por sus intenciones; sin embargo, los fieles pueden recitar cualquier otra oración, según la devoción y piedad de cada uno (n. 20 § 5). La indulgencia aneja a una oración se puede ganar cualquiera sea el idioma en que esa oración se recite, con tal que sea una traducción aprobada por la autoridad eclesiástica competente (n. 22). Para ganar las indulgencias basta recitar la oración alternadamente con otra persona o acompañarla mentalmente cuando otra persona la recita (n.23). Los mudos pueden ganar las indulgencias anejas a las oraciones públicas si, encontrándose en el mismo lugar con otros fieles que rezan dichas oraciones, elevan hacia Dios su pensamiento y sentimientos piadosos. Si se trata de oraciones privadas, basta que las digan mentalmente o las manifiesten con signos o las recorran con la vista (n. 26).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El Código de Derecho Canónico de 1983 (CIC) trata la normativa de las indulgencias en la parte que se refiere al sacramento de la penitencia. Dentro del Tit. IV («Del sacramento de la Penitencia») del Lib. IV, part. I, el cap. IV («De las indulgencias»). Nos encontramos dentro del ámbito de ejercicio del <em>munus sanctificandi</em> de la Iglesia, que dispensa y aplica autorizadamente el tesoro de la satisfacción de Cristo y de los Santos. La conexión de las indulgencias con el sacramento de la penitencia es antigua: si bien las indulgencias se aplican fuera del ámbito de la penitencia sacramental, no están fuera del horizonte de la misma. Las indulgencias no son separables de la virtud y del Sacramento de la Penitencia, son un complemento de este sacramento, ya que remiten la pena temporal que en el hombre justificado por la satisfacción sacramental permanece en el alma. El perdón sacramental, según <em>Indulgentiarum doctrina</em>, remite el pecado y la culpa, juntamente con la pena eterna, pero permanece, al menos en parte, la pena temporal que se puede identificar como la inclinación al mal y en la necesidad de purificación que permanece en el corazón del pecador convertido y perdonado por la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El Código comienza en su primer canon con una descripción de la indulgencia, que es una transcripción literal de la primera norma de la Constitución apostólica <em>Indulgentiarum doctrina</em>, promulgada el 1 de enero de 1967 por el Papa Pablo VI<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>, y también de la norma I del <em>Enchiridion indulgentiarum</em>, promulgado originalmente por Decreto de la Penitenciaria Apostólica el 29 de junio de 1968<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>. El Código de Derecho Canónico (can. 992) y el Catecismo de la Iglesia católica (n. 1471), en continuidad teológica definen la indulgencia como: «…la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos. Las indulgencias expresan y favorecen algunas dimensiones típicas de la reconciliación sacramental, debido a la conexión que existe entre el perdón de la culpa y la condonación de la pena eterna, logrados por el sacramento, y la remisión de la pena temporal por los pecados, que la Iglesia ofrece al cristiano a través de las indulgencias. En efecto, tal pena es remitida en los fieles de manera extrasacramental por mediación de la Iglesia y sin acción sacramental alguna»<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>. En este sentido las indulgencias ayudan en el camino de conversión y de penitencia del cristiano y contribuyen a purificar el corazón de la realidad de la pena temporal, con lo cual se está más cerca de Dios. En efecto, la indulgencia es la remisión de la pena, no de la culpa, ni siquiera de la venial, pues para remitir las culpas veniales se requiere algún acto por parte del pecador, que sea una detestación formal o virtual de la culpa; y tal acto solo puede ser realizado por el penitente, no por otro. Para administrarlas se requiere una causa justa, que pueda ser aprobada y aceptada por Dios, es decir, una causa final piadosa.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El canon 992 señala, además, las condiciones, requisitos, disposiciones y características que en el cristiano deben existir para que pueda beneficiarse de las indulgencias. El can. 996, por su parte, describe quién es el destinatario de las indulgencias. Trata de la capacidad de lucrar indulgencias (§1), y de las condiciones necesarias para que el sujeto capaz las lucre de hecho (§2)<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>. La persona capaz y hábil de ganar indulgencias es todo bautizado (cann.11; 96; 849), no excomulgado (can. 1331), y en estado de gracia al menos al final de las obras prescritas para ganar las indulgencias, porque la indulgencia exige el arrepentimiento y la conversión del fiel. Las disposiciones necesarias para obtener de hecho las indulgencias (§2) son tener la intención habitual, que es la que normalmente tiene todo cristiano que quiera vivir como tal, y el cumplimiento de las obras exigidas: Obra espiritual, confesión, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">De la amplia distinción de las indulgencias presentes con anterioridad a la nueva normativa, y a fin de que se haga más claro que son las obras de los fieles las que se enriquecen con indulgencias<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>, el CIC 83 distingue entre la indulgencia plenaria y parcial, según liberen de la pena temporal debida a los pecados total o parcialmente, y las indulgencias para vivos y para difuntos (cann. 993-994), según beneficien a vivos, a modo de absolución, o difuntos, a modo de sufragio, (súplica e intercesión), de manera de cancelar total o parcialmente las penas temporales de los pecados ya perdonados<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>. Ahora, todo fiel puede siempre lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias. Recibe directamente la indulgencia el que hace aquello por lo que la indulgencia se concede; indirectamente se da al fiel difunto por quien se aplica el acto que es la causa de la indulgencia, que el difunto por sí mismo no puede realizar. En la indulgencia en favor de los vivos la buena obra la realiza quien recibe la indulgencia; en cambio, en la indulgencia en favor de los difuntos no son estos obviamente, sino el fiel vivo, conectado con un vínculo de caridad con ellos, quien realiza la obra. Finalmente se reconoce la distinción de las indulgencias concedidas en forma ordinaria y las indulgencias concedidas en forma de jubileo; estas últimas son siempre plenarias. Esta remisión la obtiene, por tanto, el mismo fiel vivo, pero no en el sentido de que le sean remitidas las penas propias, sino en cuanto que pone la causa mediante la cual le es concedida la facultad de aplicar por los difuntos esa remisión de la pena, cuyo valor equivalente distribuye y aplica la Iglesia del tesoro de los méritos de Cristo y de los Santos.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El can. 997 remite a las restantes prescripciones que se contienen en las leyes peculiares de la Iglesia, en lo que se refiere a la concesión y uso de las indulgencias. ¿Cuáles son estas leyes peculiares? Dichas leyes están actualmente contenidas en la Constitución apostólica <em>Indulgentiarum doctrina</em> de Pablo VI de 1967 y en el <em>Enchiridion indulgentiarum</em>, promulgado por Decreto de la Penitenciaria Apostólica de 16.VII.1999, documentos a los cuales ya nos referimos anteriormente.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">A modo de conclusión, apoyado en el Manual de P. Adnes, señalo algunos de los beneficios que pueden tener las indulgencias para la actual experiencia cristiana en el mundo de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Primeramente, la práctica de las indulgencias mantiene en el cristiano el sentido del pecado y le recuerda que no debe, demasiado pronto, considerarse liberado de sus acciones pasadas que continúan pesando sobre él. En segundo lugar, esta práctica enseña que el cristiano es más incapaz de lo que él estima para reparar adecuadamente el mal cometido con su pecado; comprenden con las indulgencias que no pueden expiar con sus propias fuerzas el mal que han hecho. En tercer lugar, la práctica de las indulgencias, fortifica la fe del cristiano en el misterio de la Iglesia, cuerpo de Cristo y comunión de los santos, proporcionándole un sentimiento y una experiencia de que no es un “<em>llanero</em>” solitario en el combate contra el mal, que la Iglesia lo deja entregado a sus propias fuerzas. De este vínculo de solidaridad sobrenatural, con los tesoros de Cristo y por la comunión de los santos con todos los cristianos, las indulgencias nos proporcionan una conciencia real y existencial de la comunión de todo cristiano entre sí con la salvación. Las indulgencias nos ponen delante de la incapacidad de todo ser humano para reparar el mal de su pecado y de la solidaridad de la Iglesia que a través de su ministerio es instrumento de Dios. Finalmente, sirven en la intención de la Iglesia a promover la realización de buenas obras, útiles no solo al beneficiado, sino también a la comunidad entera, obras eminentemente santificadoras, que el fiel no realizaría de otra manera, porque el cumplimiento de la obra prescrita para ganar la indulgencia debe estar animado de disposiciones interiores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es comprensible entonces que el jubileo no es solo una invitación, sino también una oportunidad para que los fieles den inicio a su camino de conversión y renovación espiritual; desde este punto de vista, la indulgencia es la modalidad que la Iglesia ofrece para vivir este camino hacia la reconciliación con Dios y con nuestros hermanos. Casi se podría decir que el Jubileo es una indulgencia Plenaria: con el jubileo la Iglesia tiene por objeto promover y fomentar obras, oraciones, penitencias que ayudarán al alma para llegar con una completa apertura a la conversión y la salvación de Dios. Esta lectura de las indulgencias en el horizonte de un camino personal de conversión y de la misericordia de Dios que acompaña este camino, creo que ayuda a revalorizar esta institución eclesiástica. Sin una conversión sincera y sin una unión con Dios, de nada sirven las indulgencias porque estas no son realización de gestos maquinales sin alma. Pero, también, sin la ayuda de la indulgencia eclesiástica la acción del bien hubiera sido menos perfecta y en consecuencia el proceso de purificación y curación hubiera sido más lento, más oneroso, más laborioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, podemos decir que la indulgencia jubilar es de una indulgencia plenaria que posee un valor particular como signo y medio por las especiales condiciones en las que se cumplen las prácticas penitenciales, que también son signos y medios para separarse del afecto al pecado y alcanzar la pureza de espíritu. El jubileo ofrece a los fieles ocasiones extraordinarias y las formas más estimulantes de conversión y de renovación, para lograr la plena reconciliación con Dios y con los hermanos. Con la ayuda de la Iglesia, madre de Misericordia y dispensadora de la gracia de Dios, el fiel obtiene un medio eficaz en su camino de conversión, fruto de todo Jubileo<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Catecismo de la Iglesia Católica, 1030 “<em>Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo</em>”; 1031 La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DH 1304) y de Trento (cf. DH 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, (por ejemplo, 1 Co 3,15; 1P1,7) habla de un fuego purificador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, <em>Misericordiae Vultus</em>, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, 11 abril 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Aunque pueden encontrarse rastros de su existencia en relación a algunas verdades contenidas en las escrituras: <em>2Sam</em> 12,10,14; <em>1Cor</em> 5,5; 12, 25s; <em>1Tim</em> 1,20, las mismas están fundamentadas sólidamente en la Revelación: DH 1835; <em>Mt</em> 18,18; <em>Ef</em> 4,16; <em>1Cor</em> 12,12-27; <em>2Cor</em> 5,8; <em>1Tim</em> 2,5; <em>Col</em> 1,24.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> CIC/83 can. 1166 Los sacramentales son signos sagrados, por los que, a imitación en cierto modo de los sacramentos, se significan y se obtienen por intercesión de la Iglesia unos efectos principalmente espirituales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Es “<em>una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna</em>” (San Agustín, <em>Contra Faustum manichaeum</em>, 22, 27; Santo Tomás de Aquino, <em>Summa theologiae</em>, 1-2, q. 71, a. 6)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. <em>Sal</em> 31,5: “Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Lo establece claramente Santo Tomás: Respondo: El pecado mortal con su conversión desordenada a los bienes creados, produce en el alma una cierta disposición e, incluso, un hábito si se repite muchas veces. Como se acaba de decir (a.4 ad 1), la culpa del pecado mortal se perdona en cuanto que por la virtud de la gracia desaparece la aversión de la mente a Dios. Pero, eliminado cuanto se refiere a la aversión, puede permanecer todavía lo que se refiere a la conversión desordenada, ya que esta puede existir sin aquélla, como antes se ha dicho (a.4 ad 1). Y, por eso, nada impide que, eliminada la culpa, permanezcan las disposiciones causadas por los actos precedentes, que se llaman secuelas del pecado. Permanecen, sin embargo, debilitadas y disminuidas, de tal manera que no dominen al hombre. Permanecen, efectivamente, en forma de disposición, y no en forma de hábito, como también permanece en el bautismo el fermento de pecado. Cfr. S. Tomas, Summa theologica, Tertia pars, quæstio 86, articulus 5, ad.1 corpus.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Pablo VI, Constitución apostólica <em>Indulgentiarum doctrina</em>, 1 de enero 1967, n.2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Afirma Santo Tomás: Respondo: “Como ya se demostró en la Segunda Parte (1-2 q.87 a.4), en todo pecado mortal hay que considerar dos cosas: aversión al bien inmutable y conversión desordenada al bien perecedero. Pues bien, por parte de la aversión al bien inmutable, el pecado mortal tiene como consecuencia el débito de la pena eterna, porque quien pecó contra el bien eterno debe ser castigado eternamente. También por parte de la conversión al bien perecedero, en cuanto que esta conversión es desordenada, corresponde al pecado mortal el débito de alguna pena, porque del desorden de la culpa no se vuelve al orden de la justicia sin pagar alguna pena, ya que es justo que quien concedió a su voluntad más de lo debido, sufra algún castigo contra ella, con lo que se logrará una igualdad. Por lo que también en el <em>Ap</em> 18,7 se dice: Dadle tormentos y llantos en proporción a su jactancia y su lujo. Sin embargo, como la conversión al bien perecedero es limitada, no merece el pecado mortal, por este lado, pena eterna. De tal manera que si existe una conversión desordenada al bien perecedero sin aversión a Dios, como sucede en los pecados veniales, no merece este pecado una pena eterna, sino temporal. Así pues, cuando se perdona la culpa con la gracia, desaparece la aversión del alma a Dios, ya que por la gracia se une a él. Por consiguiente, desaparece también el débito de la pena eterna, aunque puede permanecer el débito de una pena temporal. Cfr. S. Tomás, <em>Summa theologica, Tertia pars, quæstio 86, articulus 4, ad.1 corpus</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Juan Pablo II, Bula <em>Aperite portas Redemptori</em>, 1983,3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> A pesar de su origen bíblico prevalentemente social, en el cristianismo occidental se ha interpretado como ocasión para la liberación de los pecados personales y sus consecuencias, porque el penitente no solo debe reparar el daño hecho a sus hermanos y satisfacer la ofensa a Dios a causa de sus pecados, sino también, cancelar en esta vida la pena debida al pecado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Pablo VI, Bula <em>Apostolorum limina</em>, II, 23 de mayo 1974, AAS 66 (1974), 295.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Adnes, P., <em>La Penitencia</em>, Madrid, 1981, 55.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> La Iglesia ha enseñado que el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, poseedor de las llaves y vicario de Jesucristo en la tierra, precisamente por el poder de las llaves, le corresponde abrir el reino de los cielos, quitando en los fieles de Cristo todo impedimento a su entrada (es decir, la culpa y la pena debida a los pecados actuales; la culpa mediante el sacramento de la penitencia, y la pena temporal, debida por los pecados actuales -conforme a la divina justicia-, mediante la indulgencia de la Iglesia) (DH 1448), Cf León X, Decreto <em>Cum postquam</em>, 9 noviembre 1518 (DH 1447-1449).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Francisco, <em>Misericordiae Vultus</em>, Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia, del 11 abril 2015, 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> La práctica y la doctrina de las indulgencias aparecen en la Iglesia occidental en el siglo XI; las iglesias orientales la desconocen, y las protestantes la niegan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Cf. DH 868; “<em>Tantum valent quantum praedicantur</em>”, Suma Teológica, Suppl. 1.25, a.2)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Flores, G., El Sacramento de la Penitencia, Madrid, 1993, 170.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Cf.DH 1025-1027; 1406; S. Tomas, Suma Teológica, Suppl., q. 25-26.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Clemente VI, Bula <em>Unigenitus Dei Filius</em>, 7 de mayo 1352, DH 1025-1027.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> La Iglesia, afirma Juan Pablo II, dispensadora de gracia por expresa voluntad de su Fundador, concede a todos los fieles la posibilidad de acercarse, mediante la indulgencia, al don total de la misericordia de Dios, cf. Juan Pablo II, Bula <em>Aperite portas Redemptori</em>, 6 de enero 1983, n.8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> No debemos nunca olvidar, en el análisis de este tema, que la salvación, el perdón y la gracia son siempre dones de la misericordia de Dios y de la redención actuada por Cristo y jamás son frutos del esfuerzo personal del penitente o por el cumplimiento de algunas obras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Francisco, <em>Misericordiae Vultus</em>, Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la Misericordia, del 11 abril 2015, 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Concilio de Trento, Decreto sobre las indulgencias, 4 diciembre 1563 (DH 1835).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> En el primer Código de Derecho Canónico del año 1917, en la parte dedicada al sacramento de la penitencia, se destinan al tema un conjunto de cánones (Cann 911-947) que, en detalle, muestran la doctrina tradicional: las indulgencias consisten en la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en la culpa, que la autoridad eclesiástica entrega desde el tesoro de la Iglesia para los vivos como absolución y para los muertos como sufragio (can. 911).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> El Concilio Vaticano II clarificó algunos de los conceptos básicos involucrados en este proceso. Cristo, el único Salvador, dio a la Iglesia el poder de ejercer la misericordia con los cristianos pecadores. La autoridad de la Iglesia actúa este proceso vital de la administración de la gracia de Dios a través de los signos sensibles (sacramentos y sacramentales) destinados a estimular, expresar, incorporar e implementar de forma visible el ejercicio de la misericordia divina. La misión de la autoridad de la Iglesia, fundada por Cristo, es promover la conversión real de los corazones, el acceso a la vida divina y la comunión con Cristo; el compromiso personal del penitente con Cristo es de fundamental importancia: la indulgencia expresa esta conversión del pecador. El cumplimiento del jubileo por los vivos tiene el carácter de absolución, mientras que para los muertos es de intercesión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> <em>Enchiridion indulgentiarum</em> será actualizado posteriormente a la luz de Código de 1983 (Cann. 992-997) y publicado de nuevo en mayo de 1986. Actualmente está en vigor la 4 ed. del <em>Enchiridion indulgentiarum</em>, de 16.VIl.1999.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Adnes, P., <em>La Penitencia</em>, 270.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Pablo VI, Constitución apostólica <em>Indulgentiarum doctrina</em>, 1 de enero 1967, n.8</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Penitenciaria Apostólica, <em>El Don de la Indulgencia</em>, n.5, establece que “Es conveniente, pero no necesario, que la confesión sacramental, y especialmente la sagrada Comunión y la oración por las intenciones del Papa, se hagan el mismo día en que se realiza la obra indulgenciada; pero es suficiente que estos sagrados ritos y oraciones se realicen dentro de algunos días (unos veinte) antes o después del acto indulgenciado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Pablo VI, Constitución apostólica <em>Indulgentiarum doctrina</em>, 1 de enero 1967, n.1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Cfr. AAS 60 (1968), 413-419. Actualmente está en vigor la 4 ed. del <em>Enchiridion indulgentiarum</em>, de 16.VIl.1999.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> En esta noción de indulgencia está contenida de modo resumido toda la doctrina tradicional sobre las indulgencias, que está expuesta en la Const. Ap. <em>Indulgentiarum doctrina</em>, ya citada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Can. 996: 1. Para ser capaz de lucrar indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado, y hallarse en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas. 2. Sin embargo, para que el sujeto capaz las lucre debe tener al menos intención general de conseguirlas, y cumplir las obras prescritas dentro del tiempo determinado y de la manera debida, según el tenor de la concesión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Plenaria o total y parcial, personal, real, mixta y local; perpetua y temporal, de vivos y de difuntos, ordinaria y jubilar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Todo fiel puede siempre lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias, por quien se aplica el acto que es la causa de la indulgencia, que el difunto por sí mismo no puede realizar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Adnes, P., <em>La Penitencia</em>, 273-277.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Oración, clausura y silencio:  S.Maravillas de Jesús y S. Teresa de Los Andes - Alexandrine de la Taille</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/oracion-clausura-y-silencio-s-maravillas-de-jesus-y-s-teresa-de-los-andes-alexandrine-de-la-taille/</link>
		<pubDate>Fri, 26 Apr 2019 10:30:43 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.179 (JULIO- SEPTIEMBRE 2013)
Autor: Alexandrine de la Taille, Instituto de Historia, Universidad de los Andes
Para citar: de la Taille, Alexandrine; <em>Oración, clausura y silencio: Santa Maravillas de Jesús y Santa Teresa de Los Andes</em>, en La Revista Católica, Nº1.179, julio-septiembre 2013, pp. 224-231.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ATAILLE_LRC_1179.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h4></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>Oración, clausura y silencio: Santa Maravillas de Jesús y Santa Teresa de Los Andes</strong>
<strong>Alexandrine de la Taille-Trétinville</strong>
<strong>Instituto de Historia</strong>
<strong>Universidad de los Andes</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Un día estaba yo en mi cuarto y con la enfermedad me había puesto tan regalona que no podía estar sola. El día a que me refiero, la Lucita<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a> y la Elisea –una sirvienta que cuidaba a mi abuelito- fue a acompañarla. Entonces me dio envidia y pena y me puse a llorar. Mis ojos llenos de lágrimas se fijaron en un cuadro del Sagrado Corazón y sentí una voz muy dulce que me decía: ‘¡Cómo! Yo, Juanita, estoy solo en el altar por tu amor, ¿y tú no aguantas un momento?’. Desde entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras conversando con Él. Así es que me gustaba estar sola. Me fue enseñando cómo debía sufrir y no quejarme… [y] de la unión íntima con Él. Entonces me dijo que me quería para Él. Que quería que fuese Carmelita. ¡Ay! Madre, no se puede imaginar lo que Jesús hacía en mi alma. Yo, en ese tiempo no vivía en mí. Era Jesús el que vivía en mí”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A sus 13 años Juanita Fernández Solar, futura Santa Teresa de Los Andes, ya se encuentra en una relación de unión tan íntima con Dios que nos permite situarla dentro de los santos místicos de la Iglesia Católica del siglo XX. En este artículo proponemos una aproximación a su espiritualidad, desde un punto de vista comparativo con otra carmelita, también santa y contemporánea a ella, la española Santa Maravillas de Jesús<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dado que Juanita Fernández vivió durante las dos primeras décadas del siglo XX, cuando según la historiografía se ha laicizado el Estado; es pertinente detenerse en la particularidad de esta santa, cuya relación con lo sobrenatural está marcada por distintos eventos que permiten definirla como una mística. Más relevante aun parece el hecho que sea ella la primera santa chilena, beatificada en 1987 y canonizada en 1993 por el Papa Juan Pablo II, debido a las características pre modernas que representa su santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En general, desde la perspectiva teológica a Santa Teresa de Los Andes se le ha estudiado en cuanto a su relación con los grandes maestros carmelitas, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz, quienes sin duda marcan su vida antes y después de su entrada al Carmelo. Asimismo, son notables las semejanzas de la santa chilena con la beata francesa Isabel de la Trinidad<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, por la similitud de sus escritos y de su espiritualidad; como <a href="http://revistacatolica.cl/2018/05/teresa-de-lisieux-y-teresa-de-los-andes-inspiracion-mistica-e-influencia-espiritual-alexandrine-de-la-taille/" target="_blank" rel="noopener">con Santa Teresita del Niño Jesús</a><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, a quien Juanita conoce a temprana edad<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, dejando constancia en su diario: “soy muy devota a ella”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto al fenómeno místico, el estudio de Juan Martín Velasco, describe, analiza y comprueba, cómo este se ha encontrado presente a lo largo de la Historia de la Iglesia en la persona de diversos santos y subraya que las ya citadas Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad y también Edith Stein, muestran que dicho fenómeno permanece aun “en circunstancias históricas de secularización y de progreso de la increencia que parecerían hacerla imposible”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es justamente en este contexto que resalta la figura de Santa Teresa de Los Andes, cuyo testimonio la sitúa entonces entre las místicas carmelitas del siglo XX.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien, como ya señalamos, se le ha estudiado e interpretado desde el punto de vista teológico a partir de las figuras mencionada, proponemos una nueva revisión de su espiritualidad mediante un análisis comparativo con Santa Maravillas de Jesús, canonizada en 2003, también por Juan Pablo II.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El paralelo es diferente, pues siendo contemporáneas, Maravillas sobrevive muchos años a Teresa, al morir en 1974 y situarse su ingreso al Carmelo en 1919, solo un año antes de la muerte de Juanita. Considerando entonces que nuestra santa no conoce a esta española, resultan entonces muy reveladoras las similitudes de ambas no solo durante su vida en el Carmelo, solo 11 meses en el caso de la chilena, sino también en su vida en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El “camino de perfección” de ambas mujeres, una en Europa y otra en América del Sur, muestra parecidos iluminadores desde los aspectos biográficos más básicos hasta los diálogos sobrenaturales con Jesús y la Virgen María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como Juanita nace en un hogar cristiano de la élite santiaguina en 1900; Maravillas viene al mundo en Madrid en 1891 siendo hija de los marqueses de Pidal, pertenecientes a una selecta familia española. Sus raíces están vinculadas a la tierra, por lo que las niñas suelen acudir al campo; Maravillas a la finca de Carrascalejo, en Murcia<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>; y Juanita a Chacabuco<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Desarrollan así una infancia normal, alegre y con las aficiones propias de la edad. También concurren a balnearios como Algarrobo o San Sebastián, respectivamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta normalidad no impide que sus primeros años estén marcados por una profunda piedad cuyo hito clave es la Primera Comunión. Incluso antes de recibir el sacramento, Juanita tiene diálogos con Dios y la Virgen, siendo así una fiel representante de la “realidad de la comunicación divina”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Desde los siete años, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi Madre, la Sma. Virgen. Le contaba todo lo que me pasaba, y Ella me hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a N. Señor. Yo creía que esto era lo más natural, y jamás se me ocurrió decir lo que la Sma. Virgen me decía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde que hice mi Primera Comunión, N. Señor me hablaba después de comulgar. Me decía cosas que yo no sospechaba, y aun cuando le preguntaba, me decía cosas que iban a pasar, y sucedían. Pero yo seguía creyendo que a todas las personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no me acuerdo qué cosa de lo que N. Señor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al P. Colom, pero a mí me daba vergüenza”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte Maravillas, también desde muy niña se une al Señor en forma tan radical que incluso le consagra su virginidad:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El Señor desde el principio, me escogió, a pesar de mi miseria, me rodeó de medios exteriores e interiores, me habló al corazón desde el primer momento, y aun cuando no podía todavía comprender lo que era el estado religioso, me lo hizo desear, así que en mí no tuvo lugar la elección de estado; sabía que sería, que tenía que ser monja, que no podía partir mi corazón, que Dios lo quería todo para Él. Y esto por un conocimiento interior, por un sentimiento secreto, sin que nada ni nadie me indujese a ello [...]</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hice antes de los siete años voto de castidad, sin saber bien lo que significaba, pero porque comprendía que aquello era para mí”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Juanita Fernández tomará el voto de la castidad más tarde, al cumplir al 15 años:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Hoy, 8 de diciembre de 1915, de edad de quince años, hago el voto delante de la Sma. Trinidad y en presencia de la Virgen María y de todos los santos del Cielo, de no admitir otro Esposo sino a mi Señor Jesucristo, a quien amo de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida. Hecho por la novena de la Inmaculada para ser renovado con el permiso de mi confesor”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La experiencia de oración de estas mujeres parece llegar a una eclosión el día de la Primera Comunión. Maravillas recibe el sacramento a los nueve años y afirmará mucho más tarde: “Fui felicísima. Solo traté con el Señor de mis ansias porque llegara el día de poder ser toda suya en la vida religiosa, y siempre es para mí una fecha dulcísima y memorable”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Teresa con un año más, refiere a ese momento como “un día sin nubes” y detalla:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ‘¡Ah, Jesús, yo te amo; yo te adoro!’ Le pedía por todos. Y [a la Virgen] la sentía cerca de mí. ¡Oh, cuánto se dilata el corazón! Y por primera vez sentí una paz deliciosa”<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además de la vida de piedad, estas jóvenes, mientras viven en medio del mundo, destacan por su práctica de la caridad hacia los pobres, materializando en sus actividades un modelo que recién comienza a asentarse en Chile en la segunda mitad del siglo XIX, que implica la visita a las familias desamparadas en sus propios domicilios para lograr un vínculo con los necesitados, socorriéndolos tanto en lo espiritual como en lo material<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. En el caso de Juanita, perteneciendo a la congregación de las Hijas de María del colegio del Sagrado Corazón, se compromete a este auxilio y, junto con su madre, suele asistir a los conventillos; ayuda que también presta en el campo durante sus vacaciones<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. Maravillas, cuya vida fue mucho más larga, destaca por su preocupación por los pobres hasta el final, logrando entregar viviendas y fundar escuelas para niños<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en plena juventud, su entorno también les significa obligaciones sociales que a diferencia de quienes las rodean, no les atraen en lo absoluto, dada su madurez espiritual y compromisos con la divinidad. Maravillas dice:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El mundo que me vi obligada algún tiempo a frecuentar, no tenía atractivo ninguno para mí, y deseaba ardientemente consagrarme a Dios”<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así conoce el Carmelo a través de una prima y comienza a leer a Santa Teresa y San Juan de la Cruz, logrando entrar solo en 1919, luego de que ha muerto su padre y de recibir la autorización materna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El caso de Juanita es diferente porque es el mismo Cristo quien le pide ser carmelita, tomando la decisión tempranamente. No obstante, hija de su tiempo, duda ante la posibilidad de ingresar a la Sociedad del Sagrado Corazón<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>, a cuyo colegio asiste y finalmente se decide:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Me atrae mucho esa vida de inmolación; pero el Carmen se me presenta con todos los atractivos para llenar mi alma. Además, N. Señor me ha manifestado tantas veces que sea carmelita”<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ambas ingresan al Carmelo con la autorización familiar y con una marcada devoción al Sagrado Corazón; Juanita por su familia y especialmente el colegio, Maravillas por el contexto en el cual España se consagra al Sagrado Corazón de Jesús en 1919.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez en el Carmelo se dejan llevar por la fuerza de la oración, la clausura, el silencio y la pobreza de la Orden, sintiendo que su vida está en plenitud. Ambas consideran el Carmelo como “el cielo en la tierra” y no dejan de maravillarse ante su celda, siendo elocuente la semejanza de su testimonio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teresa afirma:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“…¡mi celdita! Es el pequeño sagrario donde vivo con Él solo. Tengo una tarima (la cama), una mesita bajita, el lavatorio en el suelo, un pisito que no usamos porque nos sentamos en el suelo. La única joya de nuestra celda es una gran cruz y una corona de espinas”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Maravillas, en las mismas circunstancias, recién en el Monasterio, afirma:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La celda, donde está uno solo con Dios, parece el cielo, y luego saber que con todas nuestras acciones, por insignificantes que sean, estamos agradando a Dios, puesto que se hacen por obediencia. En fin, claro que en todas partes se puede uno santificar, y lo principal y solo necesario es cumplir la voluntad del Señor, pero yo no puedo por menos de darle infinitas gracias porque para mí haya sido esta su voluntad”<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sus escritos también muestran cómo van ascendiendo en el camino místico de la relación con Dios. Juanita, ahora Teresa de Jesús, intenta explicar con palabras su propia experiencia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En la oración hay muchos grados y modos diversos con los cuales el alma, conociendo a Dios, se une a Él. El primer grado es la meditación, que consiste en reflexionar sobre una verdad […]. Lo esencial de la oración es inflamar la voluntad en amor de Dios, pues si esto se consigue, se tiene fuerza para obrar la virtud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">[…] Hay otro modo de oración, y es el de la locución. Esto consiste en sentir interiormente una voz que parece ser, ya de N. Señor o de la Sma. Virgen, que dice lo que se debe hacer para ser buena u otras cosas. A veces es el mismo entendimiento el que con rapidez forma razones; pero otras veces es N. Señor que inspira el alma […].</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando un alma se da a Dios por entero, Él se le manifiesta de tal modo que esa alma va descubriendo en Él horizontes infinitos y, por lo tanto, amándolo y uniéndose más a Él”<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y logrando esa plena unión con Dios, Maravillas también deja constancia de su vivencia mística:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Estando en la Misa cantada, empecé a sentir allá dentro una como fuerza muy grande de amor, yo creo que más fuerte que nunca; no hacía nada, ni pensaba nada más que amar y como esto crecía, crecía, no sabía qué hacer, pues notaba que me iba como penetrando tanto de ese amor que se me borraba lo demás y temía caerme”<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La plenitud alcanzada en el Carmelo por estas dos santas contemporáneas, logra unir dos realidades al parecer tan diferentes como la española y la chilena a comienzos del siglo XX. Dos vidas, una vida tan breve, silenciosa y oculta en el fin del mundo como la de Juanita Fernández, que <em>a priori</em> podría contrastar con la de Maravillas de Jesús, que muere a los 83 años después de haber realizado múltiples fundaciones de monasterios en Europa; confluyen a la luz de la espiritualidad carmelita y permiten abrir nuevos campos de estudio sobre la santidad contemporánea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Lucía Fernández Solar, hermana mayor de Juanita.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Santa Teresa de Los Andes, Diario, 7, <em>Obras completas</em> (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1995), p. 81.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Maravillas de Jesús (Madrid, 1891-1974), recibe una completa educación en su hogar e ingresa al Carmelo de El Escorial en 1919. Cinco años después funda el Monasterio Cerro de los Ángeles, donde sufre las hostilidades de la Guerra Civil y debe abandonarlo por un tiempo, partiendo a Las Batuecas (Salamanca) donde lleva a cabo una nueva fundación, a la que le siguen muchas más, incluso en la India, por un gran florecimiento de vocaciones. Se caracteriza durante toda su vida por su preocupación por los pobres y especialmente por un profundo amor al Carmelo y a sus padres San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Beatificada en 1998 y canonizada en 2003 por Juan Pablo II. Sobre su vida y carisma: <em>Si tú le dejas... Vida de la Madre Maravillas de Jesús. Carmelita Descalza (</em>Gráficas Halar, Madrid), 1976; Iraburu, J. M., <em>Maravillas de Jesús, carmelita descalza santa</em> (Fundación Gratis Date, Pamplona, 2003); <em>Cartas de la Madre Maravillas. Antología epistolar de Santa Maravillas de Jesús</em> (Edibesa, Madrid), 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Isabel de la Trinidad (1880-1906), carmelita francesa beatificada por Juan Pablo II en 1984.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Teresita del Niño Jesús (1873-1897), carmelita francesa, canonizada en 1925 por Pío XI y declarada Doctora de la Iglesia en 1997 por Juan Pablo II.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ver: Güemes Sedano, G., <em>Santa Teresa de Los Andes y su espiritualidad</em> (Tesis de Doctorado, Facultad de Navarra, Facultad de Teología, Pamplona, 2001); Varas Arias, J. M., <em>Jesucristo en los escritos de Santa Teresa de Los Andes</em> (Tesis de Doctorado, Facultad de Navarra, Facultad de Teología, Pamplona, 2007); especialmente el capítulo III “Principales influencias en la espiritualidad de Santa Teresa de Los Andes”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Santa Teresa de Los Andes, Diario, 8, <em>Obras completas</em>, op. cit., 1995, p. 81.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Velasco, J. M., <em>El fenómeno místico. Estudio comparado</em> (Editorial Trotta, Madrid, 2009), 217.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Si tú le dejas</em>... op. cit., p. 33.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Sobre las estadías de Juanita en Chacabuco, detalles de su vida y espiritualidad, ver la completa biografía realizada por Risopatrón, A. M., <em>Teresa de Los Andes. Teresa de Chile</em> (Paula Ediciones, Santiago), 1987. De la misma autora, “20 años de la canonización de Santa Teresa de Los Andes”, <em>Humanitas</em>, Nº 69, Verano 2013, Año XVIII, 74-87. También: Orden del Carmelo Descalzo, <em>Santa Teresa de Los Andes</em> (Santiago, 1992).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Expresión de Juan Fernández en: “La realidad de la comunicación divina en el mundo de hoy”, <em>Humanitas</em> nº 54, otoño 2009, año XIV, 333-349. Dice el autor que sus escritos “muestran una experiencia empírica creciente. Teresa vive un diálogo real y concreto con el mundo sobrenatural que se comunica efectivamente con ella, y las circunstancias externas comprueban que lo que vive es plena realidad”, 335.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Teresa de Los Andes, carta 87, Obras Completas (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1995), 450-451.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Santa Maravillas de Jesús, Carta n°28, 1925, en Iraburu, J. M., op. cit., 20-21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Teresa de Los Andes, Diario, 15, “Sufrir con alegría. Carta a la Virgen. Esposa de Jesús. Mi único amor”, <em>Obras Completas</em> (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 1995), 99.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> <em>Si tú le dejas</em>… , op. cit., 45.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Teresa de Los Andes, Diario, 6. “Mi Primera Comunión”, Obras Completas, op. cit., 78.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Sobre la nueva forma de ejercer la caridad, ver: Ponce de León, M., <em>Gobernar la pobreza. Prácticas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890</em> (Editorial Universitaria, Santiago), 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Ver: Risopatrón, A. M., <em>Teresa de Los Andes. Teresa de Chile</em>, op. cit.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Ver: <em>Cartas de la Madre Maravillas de Jesús</em>, op. cit.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> <em>Si tú le dejas</em>…, op. cit., p. 57.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Sobre el Sagrado Corazón en Chile, ver: de La Taille, A., <em>Educar a la francesa. Anna du Rousier y el impacto del Sagrado Corazón en la mujer chilena</em> (1806-1880) (Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago), 2012.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Teresa de Los Andes, Diario, 47, <em>Obras Completas</em>, op. cit., 177.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Monasterio de Carmelitas Descalzas de Los Andes. <em>Un lirio del Carmelo: Hermana Teresa de Jesús</em> (1940), 296-297.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> <em>Cartas de la Madre Maravillas de Jesús</em>, op. cit., 90-91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Teresa de Los Andes, carta 138 “A una amiga”, <em>Obras Completas</em>, op. cit., 613-614.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> <em>Santa Maravillas de Jesús</em>, carta nº296, 1931, Iraburu, J. M., op. cit., 37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Exhortación Apostólica CHRISTUS VIVIT, un mensaje del Papa Francisco para los jóvenes de hoy</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/exhortacion-apostolica-christus-vivit-un-mensaje-del-papa-francisco-para-los-jovenes-de-hoy/</link>
		<pubDate>Tue, 02 Apr 2019 10:23:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/CHRISTUS-VIVIT.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR CHRISTUS VIVIT</a></span></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><em>"Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!" (CV 1)</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas son las primeras palabras del nuevo texto magisterial del Santo Padre Francisco, dirigido a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios, un documento de nueve capítulos y dividido en 299 párrafos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Christus Vivit</em> es el fruto de la reflexión del Papa tras el <a href="http://www.synod2018.va/content/synod2018/es.html" target="_blank" rel="noopener">XV Sínodo de los Obispos sobre "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional"</a>, realizado en la Santa Sede entre el 2 y el 28 octubre de 2018. En dicha asamblea ordinaria participaron tanto obispos como jóvenes representantes de iglesias particulares de todo el mundo, quienes después de un intenso mes de trabajo y discernimiento comunitario ofrecieron un contundente <a href="http://www.synod2018.va/content/synod2018/es/documentos/documento-final-del-sinodo-de-los-obispos-sobre-los-jovenes.html" target="_blank" rel="noopener">Documento Final</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Inspirado por el trabajo del Sínodo, el Santo Padre propone una exhortación apostólica con una raíz bíblica centrada en personajes juveniles del Antiguo Testamento, en la figura de Jesucristo, "el eternamente joven", y en María Santísima, "la chica de Nazaret". Luego, apela al testimonio de santos de todos los tiempos, como Sebastián, Francisco de Asís, Teresa del Niño Jesús y Ceferino Namuncurá.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir del tercer capítulo el Papa analiza la situación de los jóvenes contemporáneos en las diversas latitudes del mundo, insertos en diferentes culturas y entornos sociales. Según Francisco, es allí donde debe procurarse un cuidado especial para que cada joven, a quien él reconoce como "tierra sagrada" (CV 67), encuentre condiciones apropiadas para su vida. En dichos contextos, el Papa aborda desafíos como la era digital, las ideologías, la sexualidad, el culto a la belleza, la violencia y el fenómeno migratorio global, entre otros. El Pontífice también se refiere al compromiso de la Iglesia por cuidar y proteger a los jóvenes de cualquier tipo de abuso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde esta constatación y buscando en la relación con Dios un camino de plenitud para la vida, el Santo Padre ofrece tres verdades a los jóvenes: "Dios es amor", "Cristo salva" y "¡Él vive!". Eso sí, advierte Francisco, esa vida de unión con Cristo se debe traducir en un involucrarse en el mundo con un testimonio comprometido de santidad, a nivel social y misionero, para no ser un simple espectador de la vida "desde el balcón". Y para esto, señala que es básico ser personas con raíces, es decir, vinculadas con la historia y relacionadas con los demás actores de la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Posteriormente, el Papa ofrece luces para el desarrollo de una pastoral juvenil que responda a las exigencias actuales, y entra también en el tema de la búsqueda de la propia vocación del estado de vida, para finalizar meditando acerca de la práctica del discernimiento cristiano como camino de respuesta a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"><strong><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/CHRISTUS-VIVIT.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR CHRISTUS VIVIT</a></strong></span></h4>
&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Christus Vivit: Un tutorial para entender a los jóvenes &#8211; Daniel Irarrázaval, pbro. &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] tutorial, por escrito, para entender al joven desde lo que nos ha escrito el Papa Francisco en su exhortación apostólica Christus Vivit teniendo en cuenta la realidad [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>Edición 1.201 de La Revista Católica - ¿La historia de nunca acabar?</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/edicion-1-201-de-la-revista-catolica-la-historia-de-nunca-acabar/</link>
		<pubDate>Thu, 04 Apr 2019 11:28:48 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/SINTESIS-LRC-1201-2.pdf"><img class="aligncenter wp-image-1391" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/Portada_LRC_1201_Tiro-1-196x235.jpg" alt="" width="377" height="452" /></a></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/SINTESIS-LRC-1201-2.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.201</a></span></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lejos de disminuir la presión y de encontrar una luz de solución, la crisis por los abusos sexuales de clérigos sigue golpeando a la Iglesia a nivel nacional y mundial. En el presente número de La Revista Católica seguimos profundizando en esta temática con una reflexión eclesiológica a partir del Encuentro para la Protección de los Menores, que reunió a los presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo en la Santa Sede.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por primera vez, también, entramos en el complejo mundo del abusador a través de una entrevista al experto en humanización de la salud, José Carlos Bermejo. Es una opción arriesgada, pero que permite tener una visión más compleja del drama de las víctimas y de las circunstancias que permitieron sus abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero la esperanza siempre puede más, y eso nos lo recuerdan las palabras que Inés Ordóñez ofreció al Clero de Santiago en una meditación el año pasado, y que traemos a colación por su pertinencia. Estos y otros temas ofrecemos en la presente edición de La Revista Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>EDITORIAL</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em><strong>La historia de nunca acabar y la oportunidad de empatizar</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al escuchar los medios de comunicación, al sentarse a conversar con los amigos o al reunirse en comunidad eclesial, seguramente muchos tenemos por estos días la sensación de la historia de “nunca acabar”. Lejos de reducirse en intensidad con los años, los escándalos en la Iglesia parecieran recrudecer más y más a raíz de nuevas denuncias -casi cotidianas- de abusos sexuales por parte de clérigos y de negligencia por parte de la jerarquía para frenarlos y castigarlos oportunamente. Basta ver los sitios web de nuestras diócesis para darnos cuenta de que donde deberíamos estar anunciando la belleza del encuentro con Cristo Vivo, por el contrario, uno tras otro se suceden los comunicados de prensa acerca del inicio o fin de investigaciones previas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este panorama lánguido que desgasta la vida eclesial y personal no solo es producto de los abusos en sí mismos, sino del hecho que aun no conocemos toda la verdad, aquella que nos hará libres para ser testigos de Jesús en el mundo contemporáneo. Hasta ahora, y generalmente a través de servicios informativos extra eclesiales, somos golpeados con noticias que nos laceran y hasta nos hunden en la angustia. De aquello que deberíamos conocer de primera fuente, solemos enterarnos a través de rumores que, posteriormente, vemos refrendados por la prensa y, tardíamente, reconocidos a nivel institucional. Y este drama parece alargarse más y más, profundizando el desconcierto y la desconfianza <em>ad intra</em> y <em>ad extra ecclesiae</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, esta dilación insoportable, estas heridas ya purulentas y esta ansia constante que sufrimos como Iglesia, no son más profundas que el padecer que miles de víctimas han arrastrado en silencio por tantos años y que, insólitamente, aun tienen que esforzarse sobremanera para conseguir un poco de justicia. Por eso nosotros, como Iglesia que recién comienza a reconocerse tantas veces carente de compasión y abundante en indolencia para con los sobrevivientes de los abusos, nos viene bien sufrir con los que sufren y llorar con los que lloran. Es una ocasión propicia para despertar el dormido músculo de la empatía y ejercitarlo para hacer de él una de nuestras fortalezas. Y ojalá que esas lágrimas que brotan de nuestros ojos y esa ira que sale de nuestros corazones, sea por las víctimas y no por la pérdida de estatus ni de credibilidad institucional ni, peor aún, de los privilegios asociados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La recuperación de las confianzas y de la consiguiente legitimidad para anunciar el Evangelio no vendrá dada por estrategias de comunicación ni por iniciativas pastorales innovadoras. Por mucho ardor que pongamos en nuestros esfuerzos de evangelización, difícilmente encenderemos los corazones necesitados de Cristo si, en primer lugar, no comenzamos desde la verdad esencial: nuestra fragilidad radical como Iglesia, manifestada en nuestro pecado y nuestro delito. Solo así dejaremos a Dios ser Dios, para que sea él quien nos sane, nos salve y nos restaure al servicio de su Reino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero esto debería haber comenzado hace rato, hace años. De hecho nunca debió haber ocurrido si hubiésemos buscado más el Reino de Dios y su justicia, y no a la Iglesia como fin y no como mediadora de la gracia que salva. Ahora, de rodillas ante Dios y ante el mundo, tenemos la oportunidad de recomenzar, pero por favor, hagámoslo de una vez por todas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em><strong>La Revista Católica</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><strong><span style="color: #ff0000;"><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/SINTESIS-LRC-1201-2.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.201</a></span></strong></h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Entrevista a José Carlos Bermejo:  El complejo acercamiento “humanizador” a los abusadores - por Milene Alhambra</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/entrevista-a-jose-carlos-bermejo-el-complejo-acercamiento-humanizador-a-los-abusadores-por-milene-alhambra/</link>
		<pubDate>Mon, 08 Apr 2019 08:01:49 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Milene Alhambra, periodista y abogada
Para citar: Alhambra, Milene; <em>Entrevista a José Carlos Bermejo: El complejo acercamiento "humanizador" a los abusadores </em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 67-77</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"><strong><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/MALHAMBRA_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ENTREVISTA EN PDF</a></strong></span></h5>
&nbsp;

&nbsp;

[caption id="attachment_1338" align="aligncenter" width="400"]<img class="wp-image-1338" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/BERMEJO-1.jpg" alt="" width="400" height="428" /> Twitter: @jcbermejoh[/caption]
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Entrevista a José Carlos Bermejo:</strong>
<strong>El complejo acercamiento "humanizador" a los abusadores</strong>
<em><strong>por Milene Alhambra, periodista y abogada</strong></em></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me conecto con Madrid y cordialmente me saluda <a href="https://www.josecarlosbermejo.es/" target="_blank" rel="noopener">José Carlos Bermejo</a>, Director del <a href="http://www.humanizar.es/conocenos.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Centro Asistencial y de Humanización de la Salud San Camilo</em></a>. Es un religioso camiliano español que se aventuró a dialogar cara a cara en la cárcel con cuatro abusadores sexuales de niños y jóvenes. Una experiencia límite que lo abrió a una nueva comprensión de las dinámicas perversas que posibilitan estos crímenes aberrantes, pero que también le reveló el sufrimiento de los propios perpetradores, así como el de las otras víctimas: sus propias familias y amigos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a la psicóloga Marta Villacieros, Bermejo documentó sus conclusiones en el libro <a href="https://www.josecarlosbermejo.es/doble-drama-humanizar-los-rostros-de-la-pederastia/" target="_blank" rel="noopener"><em>Doble Drama. Humanizar los rostros de la pederastia</em></a>, una obra que no tuvo ningún éxito editorial. “La gente no quiere saber de esto”, asegura el autor, pero hace hincapié en que para prevenir y sanar es imprescindible mirar todas las dimensiones de este fenómeno nefasto. Eso sí, insiste de principio a fin en su relato que jamás se puede “justificar ni quitar importancia al delito de pederastia. No. La pederastia es un delito condenable, rechazable y deleznable, es más, faltan palabras para describir los sentimientos que se generan ante esta realidad en el sentir de cualquier persona”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El religioso ha realizado cientos de entrevistas, tal vez miles. Ha visitado cárceles en la búsqueda de nuevos testimonios para acoger y humanizar diversas realidades que se esconden tras las rejas. Pero ahora es él quien recibe y contesta nuestras preguntas para analizar desde otra perspectiva los casos de abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes. Un doble golpe a la inocencia y al alma que hoy remece a la Iglesia Católica en Chile y el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Qué lo motivó hace seis años a hacer este estudio sobre la pederastia y a encontrarse personalmente con los abusadores? ¿Cuál es su reflexión hoy?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenía, y tengo, pasión por comprender a las personas. Quería saber algo de lo que lleva a cometer este delito tan terrible. Deseaba conocer la versión de los perpetradores de este terrible mal. Sospechaba que también los abusadores tendrían su mundo de sufrimiento, además de las víctimas. Y así lo descubrí. El abusador también tiene familia, como padres, hermanos, pareja, hijos. A veces abuelos. Y ellos también son víctimas de este terrible mal. Estos familiares también sufren. Como sufren los mismos abusadores. Salvo rara excepción de rasgos psicópatas, las personas que han cometido estos delitos, han sufrido y sufren.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué cree que este libro no tuvo el éxito de ventas esperado? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habiendo escrito una cincuentena de libros, algunos con más de 15 ediciones, me pregunto por qué este libro no alcanzó la segunda edición. Lo que encuentro, desde mi experiencia, es que la gente no quiere saber de esto, más allá de la noticia que afecta a los demás, a las víctimas y culpables. Siento pena. Desearía que todos quisiéramos conocer y comprender más para poder luchar contra esta lacra y erradicarla totalmente. Necesitamos también conocimiento y diálogo con todos los afectados. Pero la prevención requiere no considerar el tema como tabú hasta que aparece una víctima. Por otro lado, está claro que en cualquier grupo, en cuanto se empieza a hablar de esto, lo normal es que entre los componentes del mismo haya alguna víctima y, en algún caso, algún victimario, lo cual puede dificultar un diálogo abierto sin expresiones que lo impidan. La aparente empatía que se cree construir cuando uno insulta a los victimarios, no construye un mundo de restauración.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La voz y el dolor de las víctimas primero</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pese a que la obra de Bermejo se centra y profundiza en la experiencia por parte de los abusadores, el impacto del mal causado solo se comprende a la luz del sufrimiento de las víctimas. Por eso el libro comienza con el testimonio de una sobreviviente, en cuyas palabras no solo se lee su desgarro vital, sino el grado de daño psicológico sufrido, la pérdida de su inocencia y la alteración profunda en su percepción de las relaciones afectivas. Era justo que las víctimas tuvieran la primera palabra, al menos para que el trauma se vuelva fecundo y así elevar desde su padecimiento un fuerte <em>¡Basta ya!</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué hay víctimas que guardan silencio y solo hablan después de varios años, incluso cuando muchos delitos están prescritos?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que no hay una respuesta unívoca. Algunas personas denuncian cuando encuentran el coraje para hacerlo, otras cuando sienten que socialmente es menos vergonzoso, porque así contribuyen a construir un mundo más humano. Otras –no hay que esconderlo- intuyen en este camino, unas posibilidades de resarcimiento económico y no falta quien vehicula así animadversiones hacia colectivos concretos, no solo hacia la persona del abusador. En todo caso, detrás del silencio de muchas víctimas está el mismo dinamismo del abuso, que genera incluso sentimientos de culpa y como un deber de fidelidad al secreto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La perversión del abuso alcanza dinamismos de fragilidad y sometimiento muy potentes. La víctima, si acusa, se puede estigmatizar y dar lugar a sospechas de complicidad o, en todo caso, tener que dar explicaciones de por qué no lo reveló antes. No falta quien teme no ser creído o hacer daño a los familiares (pareja, padres, hijos) al identificarse como acusador y ser objeto de atención por ello. Por tanto, el silencio del niño protege al abusador, a sí mismo y a las familias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Hay una especie de “protección” por parte de la víctima (menor de edad o adolescente) a quien abusa de su confianza por el vínculo afectivo existente entre ellos?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay un mecanismo perverso que, en muy buena medida, es inoculado por el victimario. Es fácil que la víctima sienta una especie de necesidad de guardar el secreto, no solo por protegerse a sí mismo, sino también por proteger la fragilidad del victimario. Es perverso y en muy buena medida este dinamismo está inoculado por las amenazas y coacciones del propio abusador. El abusador sabe que lo que está haciendo es un delito y busca el secretismo e impone la ley del silencio. El abusado interioriza la idea de que sus vivencias son incomunicables. El abusador impone con la manipulación y el poder la carga sobre la víctima y la responsabilidad del secreto. Una dinámica de chantaje silenciador, de vampirización y de hechizo. Se da un proceso de inversión de roles con efectos demoledores, que lleva a la víctima a tener el poder de destruir o no a la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En su libro usted cita a un abusador que se comprende a sí mismo como un “asesino del alma”. ¿Se puede revivir el alma después de un delito grave de carácter sexual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recuperarse y crecer después del drama y del daño, es posible. Necesitamos expertos en intervención psico-espiritual, además de expertos en justicia y reparación. De la experiencia de ser dañados, los seres humanos podemos sacar frutos de humanidad. No es una ecuación con una incógnita, ni una propuesta de carácter exhortatorio y mucho menos dolorista. Nada que pueda justificar el daño. Pero la esperanza es un dinamismo para todos, es una tarea, es una hipótesis con visos de realidad. La solidaridad y la profesionalidad de los acompañamientos han de mirar con mucha atención a no revictimizar, sino a salir de las tinieblas hacia la luz y caminar hacia cimas posibles de desarrollo personal, quizás insospechadas, también con ocasión del daño sufrido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo se puede olvidar y perdonar al abusador?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entiendo que el objetivo de la sanación no es el olvido. Quizás no es posible tampoco. El objetivo del perdón es la sanación del propio corazón, que es distinto que la reconciliación. El perdón es unidireccional y es una decisión de no nutrir el rencor y el deseo de venganza. No es disculpar, es decir, minimizar o reducir la culpa del agresor. El perdón es un camino de salud y reconquista de la paz en el propio corazón. Es un proceso, no un sencillo ejercicio puntual voluntarista o un sencillo imperativo ético impuesto desde afuera o por uno mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo se evalúa el daño causado? ¿Es posible la reparación de todas las víctimas y de qué forma es conveniente?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para mí, el daño es una experiencia subjetiva y colectiva inconmensurable. Siempre es demasiado. Para caminar hacia la reparación es necesario el deseo y el compromiso individual y colectivo por construir un mundo más humano, más justo, más compasivo. No más cómplice del mal, ni más rencoroso. Todos compartimos la tarea de humanizar. Un camino es reparar después del daño. Otro es perdonar. Quien sienta que no lo consigue, quizás está en proceso aún de conquistar cotas de salud pendientes. El encuentro compasivo y solidario generará itinerarios de ayuda entre todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En su libro se puede inferir que los abusadores entrevistados también son víctimas ¿Por qué lo ve así?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una persona abusada no se convierte en abusadora sin más. Sobre las estadísticas se manejan diferentes datos. Pero, en efecto, una gran parte de los victimarios ha sido víctima. Cerca del 90% de los abusos se dan dentro del ámbito familiar, un 7% en el ámbito escolar o deportivo y un 3% en el ámbito de instituciones religiosas. Naturalmente, eso no justifica su conducta. Si así fuera, el número de victimarios sería el mismo que de víctimas y, afortunadamente no es así. Las estadísticas sobre la prevalencia de víctimas son terribles. Diferentes estudios muestran que el porcentaje de víctimas puede alcanzar un 20-25% de las niñas y un 10-15% de los niños.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto hace pensar que es una gran urgencia el trabajo no solo por la atención a las víctimas, sino también por la prevención. Y eso significa también una atención a los victimarios. Es necesario un trabajo de educación emocional y afectiva, empezando por la familia y la escuela, además de otros espacios formativos. Pero esto no se reduce a una educación sexual, sino una alfabetización emocional y ética que ayude a las personas a gestionar saludablemente los vínculos y, en particular, el ejercicio del poder en las diferentes relaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="https://www.josecarlosbermejo.es/doble-drama-humanizar-los-rostros-de-la-pederastia/"><img class="aligncenter wp-image-1341 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/doble-drama-2.jpg" alt="" width="309" height="499" /></a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Cara a cara con el mal, el dolor y una humanidad herida</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los relatos plasmados en el libro de Bermejo y Villacieros ofrecen una abanico de reacciones diversas por parte de los abusadores, desde aquellos que asumen con plena conciencia su delito hasta los que siguen negando o justificando el mal cometido. Son relatos que estremecen por su crudeza, que indignan a ratos por la indiferencia de algunos perpetradores, pero que llegan a estremecer cuando se comienza a descubrir el rostro humano detrás del “monstruo” encarcelado. Es ahí cuando pueden aparecer en el lector ciertos atisbos de compasión por una persona que, pese a que es políticamente incorrecto decirlo, también puede ser sujeto de rehabilitación y conversión. Y por parte de Dios, sin duda, sujeto de su perdón y misericordia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Se nace o se hace un pederasta?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es claro que cada individuo tiene su personalidad y sus predisposiciones, marcadas también por la biología. Pero no estamos determinados a convertirnos en abusadores. Si no lo consideráramos un delito, sino una enfermedad y esta solo bajo el influjo de la naturaleza, a los abusadores les tendríamos que enviar a la hospitalización psiquiátrica, en lugar de a la prisión. Entendemos que la persona, en el ejercicio de su libertad, ha podido evitar el abuso. Por eso lo consideramos delito, no solo por el daño que ha realizado. Ahora bien, el contexto en el que nos hemos formado familiar o grupalmente, el tipo de educación recibida, y la experiencia de ser víctima, no son aspectos irrelevantes. De ahí –insisto- la urgencia de acentuar las posibilidades preventivas. Quizás, más que <em>tolerancia cero</em> (sinónimo de intolerancia), podríamos insistir en <em>prevención total</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Pero, ¿hay conciencia del mal en la mente de los depredadores sexuales? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Salvo rara excepción, el abusador sabe que está haciendo un gran mal y cometiendo un delito, aunque padezca un tipo de parafilia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Algunos de los victimarios tenían formación valórica y lazos familiares normales, o solo evidenció vidas marcadas por vicios y carencias? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre los abusadores que he podido conocer, existen personas con cultura, con carrera, con buen perfil de apariencia social. También existen analfabetos emocionales y sociales, que no han recibido una mínima formación afectiva y emocional para desenvolverse con respeto en lo relacional y en el despliegue del poder. Se podría decir que hay problemas de fondo en el desarrollo evolutivo, pero no hay un único perfil. En ocasiones son personas aparentemente muy correctas y fieles a las normas y principios, que no aparentan la laxitud suficiente como para franquear semejantes límites éticos. La mayoría padece el trastorno de la pedofilia o efebofilia antes de convertir los abusos de pederastia o abusos de personas vulnerables. No todas estas personas tienen insatisfechas sus necesidades o impulsos sexuales; pueden tener su vida sexual satisfecha con su pareja o de otros modos. Sin embargo, tienen torpeza en la gestión de los vínculos de poder y autocontrol.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En el capítulo IV del libro comienza a sumergirse en las vivencias y la mente de un abusador. ¿Cómo evalúa esta experiencia con “Javier” y qué fue lo más duro de escuchar?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La experiencia con Javier (nombre ficticio) fue muy hermosa. Aunque él estaba en la cárcel, ya podía salir. Vino a mi despacho porque le llamé y pude preparar con él una “comparecencia” en público, en una sesión académica de nuestro Centro de Humanización de la Salud para ayudarnos a comprender este terrible problema escuchándole a él directamente. Tenía esposa y dos hijas, y algo más de cincuenta años. Había hecho terapia en la cárcel. Nos contó su experiencia como abusador, su pasado, sus delitos con varias niñas, la denuncia, la prisión, el tratamiento seguido, lo que le había ayudado y lo que no le ayudaba, su deseo de haber podido pedir perdón. Nos habló de sus esperanzas de reconstrucción de la vida a nivel personal y profesional. Durante la sesión académica los profesores y alumnos le preguntamos lo que quisimos, y alguien pidió subir al escenario a darle un abrazo. También alguien le esperaba afuera del salón para hablar con él y, finalmente, otro en la parada del autobús, para conversar y quizás entender mejor o encontrar paz en el corazón. Porque, naturalmente, en el salón donde él nos habló, había víctimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Un abusador sexual puede vivir con la culpa?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Claro, el sentimiento de culpa acecha a muchos abusadores. Pueden encontrar mecanismos de minimización o anestesia para hacerla soportable, mecanismos patológicos y perversos. Entre ellos, puede estar un falso modo de vivir la celebración del perdón. Si esta es accesible y no exige la debida reparación e y el hecho de no reiterar la conducta, puede convertirse en un modo superficial de borrar la conciencia de culpa, minimizando también la conciencia de daño.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Puede rehabilitarse un abusador, sentir real arrepentimiento y “transformarse en un nuevo ser”?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo en la hipótesis resiliente también en este contexto. Creo que las personas pueden crecer después de padecer y de generar traumas. No creo que estemos condenados definitivamente a la no rehabilitación. Existen caminos para la educación de los abusadores y la adquisición de actitudes y técnicas para vivir respetuosamente e interiorizar la necesaria empatía con las víctimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Usted considera el abuso sexual a menores como un “doble drama”. ¿Podría esto transformarse con el tiempo en un “multidrama” por las diversas víctimas que encierra un caso (familias, amigos, comunidades, etc.)?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desafortunadamente, los rostros de la pederastia son múltiples y numerosos. El título de mi libro, <em>Doble drama. Humanizar los rostros de la pederastia</em>, y este trabajo concreto que he intentado hacer es desvelar que, detrás de la pederastia, no solo están las que personas que consideramos primeras víctimas. Desgraciadamente, además de este inmenso daño, hay más daño y más sufrimiento y, por tanto, más necesidad de prevención y de intervención. Y quizás en esta segunda parte, pensamos menos. Es el momento de no detenernos en la denuncia de primera generación. Es necesario trabajar por un mundo más humano, donde toda forma de sufrimiento sea considerada, no solo en clave compasiva, sino también preventiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿La condena social es más fuerte en algunos casos que la judicial? ¿Es una condena eterna?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Realmente es difícil recuperarse del abuso, aunque no imposible. También lo es recuperar una imagen de una persona que ha cometido un abuso. Un camino oportuno es la solicitud de perdón del abusador. Sobre esto, considero que se está hablando poco. No solo las instituciones pueden expresar su solicitud de perdón, que termina siendo genérica, sino los mismos abusadores, en la medida de las posibilidades reales, tendrían este camino por recorrer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Qué es lo que más rescata de sus entrevistas con los victimarios? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me quedo con el arrepentimiento, con la búsqueda del bien y la esperanza, con el deseo de sanar y vivir. También me quedo con la conciencia de la complejidad de la condición humana, con la intensidad del sufrimiento, con el sufrimiento no desvelado aún (familias y amigos), con la urgencia de la necesidad de insistir más en la prevención, en la alfabetización emocional y ética. La mera denuncia es solo un paso. Si se centra solo en un grupo social, puede impedir que veamos el gran problema en otros escenarios necesitados de urgente humanización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-1343" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/child-1152327_1280-1-235x149.jpg" alt="" width="517" height="328" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La revictimización: responsabilidad de las familias, la sociedad y la Iglesia</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el libro se habla en reiteradas ocasiones de la revictimización, aquel fenómeno que escapa tanto de la víctima como del victimario. Se refiere a las acciones y omisiones de los terceros actores que pudieron haber actuado de modo diferente tanto para prevenir los abusos, como para frenarlos o sancionarlos oportunamente, pero no lo hicieron. Es un hecho lacerante que remata el alma herida de las víctimas, que las sume en un dolor más profundo y, tal vez, más difícil de elaborar, porque quienes naturalmente debían defenderlas y resguardarlas, fallaron y no lo hicieron. Aquí entran los familiares que no protegieron; los parientes, amigos o cercanos que no creyeron a las víctimas. También aparecen las autoridades de instituciones que, o bien desacreditaron injustamente a las víctimas, o que prefirieron la defensa corporativa en desmedro de los más vulnerables. Entre ellas, la Iglesia, que pareciera recién estar despertando a su real conciencia de responsabilidad tras el Encuentro para la Protección de Menores realizado durante febrero pasado en la Santa Sede.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué la sociedad y las autoridades tienden a encubrir los delitos sexuales?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El encubrimiento ha sido una dinámica que ha acompañado en la historia a muchas instituciones, desde la familia al mundo educativo, a la Iglesia y otros grupos. Vivimos como si el hecho de descubrir estos delitos produjese una erosión a la colectividad, y también por eso queremos esconderlos, además de otras dinámicas perversas. Tenemos el desafío de desvelar, pero también el de aprender y comprender la complejidad del fenómeno para atajarlo sin tapujos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué cree que la Iglesia no investigó antes los abusos de conciencia, poder y sexual?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ni la Iglesia ni otras instituciones se han interesado suficientemente por la prevención, por la ayuda y por el acompañamiento psico-espiritual que se requiere. Estamos en un proceso de humanización en el que va aumentando la conciencia de que el sufrimiento evitable hay que evitarlo y el daño realizado hay que acompañarlo. Venimos de culturas que tenían también otras claves, entre las cuales el dolorismo, la relativización, la creencia que era suficiente con reparaciones simbólicas, quizás celebradas sacramentalmente. Hoy somos más sensibles a la urgencia de trabajar por el no ocultamiento de la injusticia y del mal. Tenemos mucho camino por recorrer y mucho que ponderar para que no sea visualizado como un itinerario parcial, sino global.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué pareciera que el abuso de poder y sexual por parte de consagrados de la Iglesia resulta más devastador que otros casos?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se puede justificar ningún tipo de abuso de menores, personas indefensas, personas vulnerables, y de nadie. El abuso, en particular el abuso sexual no es justificable nunca y es devastador siempre. Cuando el abusador ostenta roles simbólicos o mantiene vínculos significativos afectivamente o por razones religiosas, educativas, familiares, etc., el sufrimiento de la víctima primera y de las víctimas colaterales, puede ser mayor por la significación que adquieren tales conductas. Donde se esperaría un vínculo de afecto, cuidado, de protección, ejemplarizante, coherente con el discurso, se encuentra lo más opuesto y esto puede suponer un aumento del volumen de la experiencia del drama. Cuando, en el plano simbólico, hay una conexión del rol de algunas personas con el mundo de lo sagrado, la experiencia del abuso cobra tintes de especial dramaticidad. Profano y sagrado se mezclan en un cóctel terrible y con un potencial de daño insospechado. En este sentido, Iglesia y pederastia son dos viejas conocidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Falta una formación más humana en el ministerio sacerdotal, religioso y de laicos comprometidos?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, la formación humana y humanizadora es imprescindible para quien camina hacia el ministerio presbiteral o hacia la vida consagrada. Tenemos pendiente afrontar algunas temáticas desde las ciencias humanas, previas a los planteamientos éticos o confesionales. Es necesario comprender y adiestrarse para un sano ejercicio del liderazgo, para un correcto uso del poder, para unas relaciones en equipo oportunas, para una gestión del mundo emocional y afectivo. Las virtudes no se interiorizan por el mero voluntarismo o el desempeño de un rol. El clericalismo al que asistimos es un desafío que reclama construir una Iglesia sana y sanante, hecha de seguidores de Jesús que asumen diferentes servicios en la comunidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cree que algunos sacerdotes o religiosas reprimen tanto lo que sienten, que terminan por explotar de la peor forma humana?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entiendo que la causa de los abusos no se encuentra tanto en la represión. Muchos abusadores viven una sexualidad activa y satisfactoria. Una de las claves fundamentales es el mal uso del poder en la relación y una inadecuada gestión de los vínculos, además de los valores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿La homosexualidad es un riesgo para quebrantar el celibato o caer en actos de pederastia?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos estudios sugieren que el abuso sexual infantil puede predisponer a la homosexualidad y a confusiones en la identidad sexual. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchos homosexuales no han sido abusados sexualmente y que su condición sexual no les determina a convertirse en pedófilos. Es un error grave, y una injusticia, identificar pedofilia con homosexualidad. En cuanto al celibato, el debate sobre su opcionalidad debe ir separado del tema de la pederastia, como también el tema de la fidelidad. Es un error considerar que la abolición del celibato fuera una solución mágica contra los abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Hay esperanza para superar la crisis en la Iglesia Católica o pasarán largos años para aquietar las aguas?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El futuro no puede agotarse en el empeño de desvelar y denunciar. Mucho menos en el de atacar a una u otra institución o persona. El futuro debe dibujarse en términos de justicia restaurativa y de prevención. Para la Iglesia Católica este puede ser un momento de purificación y de recuperación de lo esencial, que es el seguimiento de Jesús. Pero la sociedad no puede esconder la gravedad del problema desvelando solo una parte del mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Esta crisis no ha sido, ni será una tarea fácil para el Papa Francisco. Ya pidió perdón a las víctimas, pero muchos piden más acciones y hechos concretos. ¿Qué espera de las nuevas medidas del Pontífice?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Espero que se tome en serio el desafío de prevenir, de humanizar la formación, de trabajar por una Iglesia más centrada en la comunidad que en el poder clerical. Espero que surjan programas de acompañamiento psico-espiritual competente, tanto a víctimas como a familias, como a abusadores y sus seres queridos. Espero que surjan programas de educación en valores y que los temas que realmente hacen daño a la humanidad, sean abordados explícitamente en contextos educativos, laicos y confesionales. Espero que de este drama (más que doble), saquemos energía para construir un mundo más humanizado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"><strong><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/MALHAMBRA_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ENTREVISTA EN PDF</a></strong></span></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Transparencia como comunidad de creyentes - Cardenal Reinhard Marx</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/transparencia-como-comunidad-de-creyentes-cardenal-reinhard-marx/</link>
		<pubDate>Wed, 10 Apr 2019 08:24:40 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">Transparencia como comunidad de creyentes</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Cardenal Reinhard Marx, Arzobispo de Munich y Frisinga, Alemania</h4>
<h4 style="text-align: center;">Presidente de la Conferencia episcopal alemana</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 23 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/23-02-19-CARD-MARX.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Santo Padre,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Eminencias, Excelencias,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">queridas hermanas y queridos hermanos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando hoy os hablo de transparencia, lo hago con dos premisas. La primera es la de una comprensión específica del concepto de transparencia. Entiendo esta última no como el mayor número posible de informaciones reveladas diversas, descoordinadas. Para mí la transparencia significa que las acciones, las decisiones, los procesos, los procedimientos y así sucesivamente son comprensibles y rastreables. Considero que la rastreabilidad y la transparencia están inextricablemente vinculadas entre ellas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La segunda es que os hablo de transparencia en relación con la rastreabilidad como cardenal alemán que soy. Tal vez, alguno de vosotros ahora pensará inmediatamente: es típico, de hecho no se puede esperar otra cosa. A nosotros los alemanes se nos conoce por tener una cierta tendencia a la administración, que incluye los ya citados aspectos de la rastreabilidad y de la transparencia. Carpetas, documentos, módulos, direcciones, párrafos, elencos, normas de procedimiento y así sucesivamente: parece que estas cosas les son transmitidas a los alemanes en el momento de nacer y parece que cualquiera que se relacione de cualquier manera con nosotros deba enfrentarse con todo esto que acabo de decir. Alguno podría considerarlo una peculiaridad y no prestarle mayor atención. Otros -tal vez la mayoría- podrían oponerse a todo ello. Se preguntan seriamente: ¿Esta administración no es contraria a la dinámica de la vida? ¿No entienden que la administración pone en el centro los archivos en vez de a las personas y sus necesidades? ¿No es tal vez cierto que la administración crea solo trabajo adicional y distrae de las verdaderas tareas?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera afrontar estas preguntas junto a vosotros. Y no os preocupéis: no es un problema solo de alemanes, suizos o americanos. Es un problema fundamental que debemos afrontar juntos como Iglesia, de manera especial y específica en lo que respecta a la gestión apropiada del tema de los abusos. Es importante aclarar cuánta administración necesita la Iglesia. Y, de un primer vistazo, parece que necesita mucha menos. Este asunto puede basarse en diversos aspectos. La fe no puede ser administrada. El Espíritu de Dios no puede ser capturado en un archivo o en una carpeta. El amor de Dios se refleja en actos específicos de cuidado por las personas más que en procedimientos administrativos. Los sacramentos transmiten verdadera misericordia, mientras que la administración forma parte de las <em>minutiae</em> de este mundo. Se podrían enumerar otras argumentaciones para demostrar que la administración en realidad no tiene mucho que ver con la Iglesia y puede descuidarse más o menos. Pero, ¿es realmente así? Intentemos aclararlo siguiendo juntos los siguientes procesos mentales y tomando conciencia de: ¿qué constituye la Iglesia; qué papel debería desempeñar la administración; de qué modo la administración cumple con su objetivo; qué se debe hacer para que se cumplan las condiciones necesarias y cuáles son las tareas que se derivan de ellas?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero tampoco aquí puedo ocultar aquello de lo que estoy firmemente convencido y que considero esencial: la administración en el área de responsabilidad de la Iglesia no es solo una cuestión técnica, especialista o funcional. La administración en el seno de la Iglesia está estrechamente ligada a elementos teológicos, tiene motivaciones teológico-espirituales y está estrechamente ligada a las acciones específicas de la Iglesia. Una administración de la Iglesia plenamente funcional es un ladrillo en la lucha contra los abusos y en la tarea de afrontar los abusos. El motivo por el que pienso que esto emergerá en las siguientes secciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La comprensión de sí misma de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia tiene una misión en este mundo. Como afirma la Constitución dogmática sobre la Iglesia <a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Lumen gentium</em></a> al inicio: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (n.1). Esta misión la desarrollan personas específicas en lugares específicos en condiciones muy específicas, lo que también requiere medios terrenales adecuados y tangibles. Por lo tanto, por una justa razón, un poco más adelante, en el texto <em>Lumen gentium</em> se afirma: “Cristo, el único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible [...] Mas la sociedad provista de sus órganos jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que más bien forman una realidad compleja que está integrada de un elemento humano y otro divino” (n.8) Y después continúa: “Por eso se la compara, por una notable analogía, al misterio del Verbo encarnado, pues así como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvación unido indisolublemente a Él, de modo semejante la articulación social de la Iglesia sirve al Espíritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo [...]”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De forma resumida, esto significa: las acciones de la Iglesia en este mundo no pueden ser rigurosa y meramente espirituales. Descuidar los aspectos mundanos de la Iglesia y de las leyes no hace justicia a la realidad de la Iglesia. De manera análoga, el cuerpo de Cristo y la organización humana de la Iglesia deben ser vistos “sin separación y sin mezclas”. Por lo tanto, todos los principios fundamentales para una buena sociedad y una organización que sirva a las personas en la vida de la Iglesia no pueden ser ignoradas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El propósito de la administración</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los aspectos terrenales de la Iglesia comprenden esencialmente el hecho de que muchas personas diversas trabajan juntas para llevar a cabo la misión de la Iglesia y que necesitan también recursos materiales adecuados para sus respectivas actividades. Es necesario pagar salarios, mantener los edificios eclesiales, construir salas parroquiales, coordinar la cooperación, respetar los contratos, imprimir el material catequético: la lista es infinita, pero al final del día, todos estos ejemplos conciernen solo una realidad: para desempeñar todas las tareas que nacen de la misión de la iglesia -y por lo tanto, también la misión de la Iglesia misma- se necesita una administración plenamente funcional, que debe orientarse al objetivo de la Iglesia y estar basada en el principio de justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La administración estandariza procesos y procedimientos, de modo que no sea necesario buscar, pedir y probar cada vez cómo funciona algo, incluso si es necesario hacer las mismas cosas de repetidamente. Ello permite ahorrar recursos y utilizarlos con moderación y eficacia para la misión. La administración documenta lo que se ha discutido, acordado y realizado; previene olvidos y conserva las cuestiones mucho más allá del momento, de modo que hace posibles la confiabilidad y la fidelidad a la propia palabras. La administración objetiviza, creando e implementando normas y leyes, y de esa forma ayuda a evitar la arbitrariedad. Es una contribución activa a la justicia, puesto que normas y leyes vinculantes aseguran que las decisiones y los juicios no estén basados solamente en el capricho de quien los lleva a cabo o de los superiores. La administración, además, orienta y ordena, manteniendo así una visión general de lo que sucede, registrándolo y haciéndolo disponible. Por lo tanto, crea el orden en el que el individuo puede encontrar su propio camino y comprender o reencontrar la <em>ratio</em> de sus propias acciones. La administración reglamenta y sanciona las violaciones del interés común, las normas y las leyes, actuando así como contrapeso a aquello que puede ser descrito, de forma genérica como corrupción de la humanidad. En general, la administración estabiliza la cooperación entre diversas personas en las instituciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo lo mencionado hasta ahora, incluyendo la estandarización, documentación, objetivación, orientación y clasificación, así como la regulación, es de importancia decisiva para el éxito de las acciones conjuntas, también de las de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Dificultades y problemas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por todo lo que realiza, la administración es potente. Lo que hace o lo que no hace tiene un impacto significativo sobre todo lo que puede ser realizado -o no- a través de acciones conjuntas. Este poder de la administración puede ser también mal usado. Es este el caso, por ejemplo, cuando la administración olvida su función de servir a las diferentes personas que viven juntas y cooperan para alcanzar objetivos más elevados; cuando la administración se preocupa solo de sí misma; cuando las normas y los reglamentos se usan solamente para sostener a la administración o el poder de las personas. En este caso, se trata de abuso de poder por parte de la administración. Lo que esto puede significar es bastante evidente en este momento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso sexual de niños y jóvenes se debe, en gran medida, al abuso de poder en el ámbito de la administración. En este sentido, la administración no ha ayudado a cumplir la misión de la Iglesia, sino que, por el contrario, la ha oscurecido, la ha desacreditado y la ha hecho imposible. Los archivos que podrían documentar los hechos terribles e indicar los nombres de los responsables han sido destruidos o ni siquiera se han creado. En vez de los culpables, fueron amonestadas las víctimas y se les impuso el silencio. Los procesos y procedimientos establecidos para procesar los delitos fueron deliberadamente ignorados, e incluso cancelados o anulados. Los derechos de las víctimas han sido pisoteados y dejados a merced de cada individuo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Son todos eventos que contradicen claramente lo que la Iglesia debería representar. El modo en el que se ha estructurado y desarrollado la administración de la Iglesia no ha contribuido a unir a todo el género humano y a acercar más a los hombres a Dios, sino que, al contrario, ha violado esos objetivos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A más tardar, ahora, esto resalta un problema difícil: por un lado, la administración es necesaria para cumplir la misión de la Iglesia, por otro lado, puede directamente estar en contra de esta misión. ¿Cómo lidiar con eso, entonces? ¿Qué debemos cambiar, o a qué debemos prestar mayor atención?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Necesidad de rastreabilidad y transparencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Necesitamos de forma urgente una administración que no solo contribuya a llevar a cabo la misión de la Iglesia, sino que en alguna medida encarne lo que se quiere realizar con esta misión. Debe ser -exactamente como la Iglesia en su conjunto- no solo un instrumento, sino también un símbolo de la unificación de la humanidad y de la unidad de los hombres con Dios. no se trata solamente del funcionamiento de la administración para un objetivo cualquiera sino sobre todo del hecho que la administración debe darse de tal modo que las personas se sientan aceptadas en los procedimientos administrativos, que se sientan apreciadas, que puedan fiarse del sistema, que se sientan seguras y tratadas de forma justa y que sean aceptadas y que se escuchen sus críticas legítimas. Se daría así un buen paso adelante para alcanzar lo que significa realmente unir a las personas y, en última instancia, acercar a las personas más a Dios; y es esta, por decirlo así, la misión teológica de la administración de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo importante que es que la administración de la Iglesia funcione de este modo está claramente demostrado por las experiencias negativas de los casos de abuso. El pensamiento de algunas víctimas de abusos puede resumirse así: si la Iglesia pretende actuar en nombre de Jesús y yo soy tratado tan mal por la Iglesia o por su administración, entonces preferiría no tener nada que ver con Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que la administración actúe de conformidad con la misión de la Iglesia y con la naturaleza de la Iglesia como “símbolo e instrumento” se necesita transparencia y rastreabilidad de los procedimientos administrativos. Los procedimientos administrativos se vuelven transparentes si es comprensible y rastreable quién ha hecho qué, cuándo, por qué y con qué fin y qué se ha decidido, rechazado o asignado. Así, las personas que experimentan una administración transparente pueden llevar a la luz errores y equivocaciones en las acciones administrativas y defenderse contra tales acciones. Pueden dejar conocer de manera vinculante su punto de vista, que se tomará en cuenta. La gente que se encuentran con la administración no se debe enfrentar a una estructura de poder anónima, incomprensible pero puede ejercer un control autodeterminado en los procedimientos administrativos. Las personas no son meros objetos de la administración sino que pueden percibirse como sujetos. Por eso, la introducción de una jurisdicción administrativa en la Iglesia es tan oportuna y necesaria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Objeciones y temores</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No existen alternativas a la rastreabilidad y a la transparencia. Sin embargo, hay objeciones que hay que tener en cuenta. Se refieren principalmente a la violación del secreto pontificio, así como a la ruina de la reputación de los sacerdotes inocentes o del sacerdocio y de la Iglesia en su conjunto a través de falsas acusaciones, si se hacen públicas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas objeciones a la rastreabilidad y transparencia no son particularmente convincentes. Cualquier objeción basada en el secreto pontificio sería relevante solo si es posible indicar razones convincentes por las que el secreto pontificio debería aplicarse al enjuiciamiento de delitos relacionados con el abuso de menores. Tal y como están las cosas, no conozco estas razones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los principios de presunción de inocencia y protección de los derechos personales y la necesidad de transparencia no se excluyen mutuamente. De hecho, es precisamente lo contrario. Por un lado, un procedimiento transparente, regulado de manera clara y definida, garantiza que se den los pasos correctos antes de que aquellos que deben pronunciar la sentencia lo hagan. Es el mejor mecanismo de seguridad contra los prejuicios o juicios falsos sobre la cuestión. Por otro lado, un procedimiento público y claramente definido establece un grado de credibilidad que permite rehabilitar la reputación de una persona acusada falsamente, que de lo contrario estaría expuesta a rumores si las investigaciones no fueran adecuadas, transparentes o concluyentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Transparencia no significa aceptación acrítica y difusión no regulada de noticias de acusaciones de abuso. El fin es un proceso transparente que aclare y especifique las acusaciones, y que siga los estándares generalmente aceptados con respecto a cuándo y cómo el público, las autoridades y la Curia romana deben ser informados. Estos procedimientos estándar harán entender con claridad que no es la transparencia lo que daña a la Iglesia, sino los actos de abuso cometidos, la falta de transparencia o el encubrimiento consiguiente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Tareas y desafíos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La rastreabilidad y la transparencia no llegan de la nada. Son un compromiso constante, que se puede llevar a cabo también con el apoyo de expertos externos a la Iglesia. Siempre es decisivo el comportamiento personal de aquellos que trabajan en la administración y de aquellos que son responsables. En esencia, se trata de la pregunta de hasta qué punto uno está dispuesto a justificar sus propias acciones con los demás y en qué medida también a ser controlado por los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desarrollar tal comportamiento positivo y hacerlo de modo que de fruto en manera oportuna exige tiempo y espacio para discutir, diferenciar y aclarar, practicar y aprender. Sin embargo, dada la urgencia del tema, las medidas más importantes deben iniciarse inmediatamente. Entre estas se podrían incluir:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Definición del objetivo y de los límites del secreto pontificio:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los cambios sociales de nuestro tiempo se caracterizan cada vez más por los cambios en los patrones de comunicación. En la era de las redes sociales, donde es posible que todos y cada uno establezcan contacto casi inmediatamente e intercambien información a través de Facebook, Twitter, etc., es necesario redefinir la confidencialidad y el secreto, y hacer una distinción con respecto a la protección de los datos. Si fracasamos, perderemos la oportunidad de mantener un nivel de autodeterminación sobre la información o nos expondremos a la sospecha del encubrimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Normas de procedimiento transparentes y reglas para los procesos eclesiásticos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los procedimientos procesales, como los recursos legales, no tienen sentido sin las normas legales y procesales adecuadas, ya que esto equivaldría a arbitrariedad cuando se emiten las sentencias. Representaría una falta de transparencia en las acciones específicas. Establecer normas procesales o transparentes y reglas para los procesos eclesiásticos es esencial. La Iglesia no debe operar por debajo de los estándares de calidad de la administración pública de la justicia si no quiere ser criticada por tener un sistema legal inferior, que es perjudicial para las personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. La comunicación al público del número de los casos y de los detalles relativos en la medida de los posible:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La desconfianza institucional conduce a teorías de conspiración sobre una organización y la creación de mitos sobre ella. Se puede evitar si los hechos se exponen de forma transparente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Publicación de los sumarios judiciales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los procedimientos legales correctos sirven para establecer la verdad y constituyen la base de un castigo proporcional al delito. Además, establecen confianza en la organización y en su liderazgo. La persistencia de las dudas sobre la correcta conducción de los procedimientos procesales no hace otra cosa más que dañar la reputación y el funcionamiento de una institución. Este principio también se aplica a la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al observar las cuestiones que se abordarán en nuestra reunión, es evidente que la rastreabilidad y la transparencia son solo uno de los muchos temas sobre los cuales se debe reflexionar en relación con la prevención del abuso y la confrontación de los abusos. Sin embargo, siempre debemos ser conscientes de que la rastreabilidad y la transparencia son extremadamente importantes, incluso más allá del contexto de los abusos, por ejemplo en el sector financiero. También son un factor decisivo para la confiabilidad y credibilidad de la Iglesia. Demos un paso valiente en esta dirección.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/23-02-19-CARD-MARX.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Meditaciones para Semana Santa del Predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, ofm cap.</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Apr 2019 19:36:04 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: justify;">Durante cinco viernes de Cuaresma el fraile capuchino y predicador de la Casa Pontificia, padre Rainiero Cantalamessa, ofm cap, ofreció a la Curia Romana meditaciones para prepararse a vivir la Semana Santa. En los siguientes link se pueden leer estas reflexiones o <strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/MEDITACIONES-CANTALAMESSA.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGARLAS AQUÍ EN PDF</a></strong>.</h5>
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[caption id="attachment_1385" align="aligncenter" width="428"]<a href="http://www.cantalamessa.org/?lang=es" target="_blank" rel="noopener"><img class="wp-image-1385 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/CANTALAMESSA.jpg" alt="" width="428" height="282" /></a> Raniero Cantalamessa, ofm cap.              www.cantalamessa.org[/caption]
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Primera predicción de Cuaresma - 15 de marzo de 2019</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><a href="http://www.cantalamessa.org/?p=3684&amp;lang=es" target="_blank" rel="noopener">«BIENAVENTURADOS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN PORQUE ELLOS VERÁN A DIOS»</a></h5>
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<h5><strong>Segunda predicación de Cuaresma - 22 de marzo de 2019</strong></h5>
<h5></h5>
<h5><a href="http://www.cantalamessa.org/?p=3693&amp;lang=es" target="_blank" rel="noopener">«¡ENTRA EN TI MISMO!»</a></h5>
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<h5><strong>Tercera predicación de Cuaresma - 29 de marzo de 2019</strong></h5>
<h5><a href="http://www.cantalamessa.org/?p=3701&amp;lang=es" target="_blank" rel="noopener">LA IDOLATRÍA, ANTÍTESIS DEL DIOS VIVIENTE</a></h5>
<h5></h5>
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<h5></h5>
<h5><strong>Cuarta predicación de Cuaresma - 5 de abril de 2019</strong></h5>
<h5><a href="http://www.cantalamessa.org/?p=3709&amp;lang=es" target="_blank" rel="noopener">«ADORARÁS AL SEÑOR TU DIOS»</a></h5>
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<h5><strong>Quinta predicación de Cuaresma - 12 de abril de 2019</strong></h5>
<h5><a href="http://www.cantalamessa.org/?p=3729&amp;lang=es" target="_blank" rel="noopener">«DIOS HA ELEGIDO LO QUE ES NECIO PARA EL MUNDO PARA CONFUNDIR A LOS SABIOS»</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;

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&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Comunicación: para todas las personas - Valentina Alazraki</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/comunicacion-para-todas-las-personas-valentina-alazraki/</link>
		<pubDate>Sun, 21 Apr 2019 22:33:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=1398</guid>
		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;">Comunicación: Para todas las personas</h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Valentina Alazraki</h4>
<h4 style="text-align: center;">Periodista, corresposal de Televisa en el Vaticano</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 23 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/23-02-19-VALENTINA-ALAZRAKI.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante todo, quisiera presentarme. Soy corresponsal en Roma y el Vaticano de Televisa, la televisión mexicana. He cubierto el final del pontificado del Papa San Pablo VI, los 33 días del pontificado de Juan Pablo I, todo el pontificado de San Juan Pablo II, el del Papa Benedicto XVI y ahora el del Papa Francisco. Con estos tres últimos papas he realizado 150 viajes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me han invitado a platicarles de comunicación y, en concreto, de cómo una comunicación transparente es indispensable para combatir los abusos sexuales sobre menores por parte de hombres de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A primera vista hay poco en común entre ustedes, obispos y cardenales, y yo, católica laica, sin cargos en la Iglesia, y además periodista. Sin embargo, compartimos algo muy fuerte: todos tenemos una madre, estamos aquí hoy porque una mujer nos engendró. Frente a ustedes, yo tengo quizás un privilegio más: soy ante todo una mamá.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por tanto, no me siento solo representante de los periodistas, sino también de las madres, de las familias, de la sociedad civil. Quiero compartirles mis experiencias y vivencias, y –si me lo permiten– añadir algunos consejos prácticos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Mi punto de partida, la maternidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me gustaría partir justamente de la maternidad para desarrollar el tema que me han encomendado, es decir: cómo la Iglesia debería comunicar sobre este tema de los abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dudo de que alguien en esta aula no piense que la Iglesia es, ante todo, madre. Muchos de los que estamos aquí tenemos o hemos tenido un hermano o una hermana. Recordamos que nuestras madres, si bien nos querían a todos de la misma manera, se dedicaban más a los hijos más frágiles, más débiles, a los que a lo mejor no podían avanzar con sus propios pies en la vida y necesitaban un empujoncito. Para una madre no hay hijos de primera o segunda división: hay hijos más fuertes e hijos más vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tampoco para la Iglesia hay hijos de primera o segunda división. Sus hijos aparentemente más importantes como lo son ustedes, obispos y cardenales (no me atrevo a decir el Papa), no son más importantes que cualquier niño, niña o joven que haya vivido la tragedia de ser víctima de abuso por parte de un clérigo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es la misión de la Iglesia? Predicar el Evangelio, pero para eso necesita liderazgo moral, la coherencia entre lo que predica y lo que vive, representan la base para resultar una institución creíble, digna de confianza y respeto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, ante conductas delictivas como los abusos a menores, una institución como la Iglesia, ¿creen que tiene otro camino para ser fiel a sí misma que no sea el de denunciar ese crimen? ¿Tiene otro camino que no sea el de ponerse del lado de la víctima y no del victimario? ¿Quién es el hijo más débil, más vulnerable? ¿El sacerdote abusador, el obispo abusador o encubridor o la víctima?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tengan por seguro que para los periodistas, las madres, las familias, toda la sociedad, los abusos a menores son una de nuestras primeras angustias. Nos preocupa el abuso de menores, la destrucción de sus vidas y de sus familiares. Consideramos estos abusos uno de los crímenes más abominables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Háganse una pregunta. ¿Son ustedes enemigos de los abusadores y de los encubridores tanto como lo somos nosotros? Nosotros hemos elegido de qué lado estar. ¿Ustedes, lo han hecho de verdad, o solo de palabra?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Aliados o enemigos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si ustedes están en contra de los abusadores y de los encubridores, estamos del mismo lado. Podemos ser aliados, no enemigos. Les ayudaremos a encontrar las manzanas podridas y a vencer las resistencias para apartarlas de las sanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero si ustedes no se deciden de manera radical a estar del lado de los niños, de las mamás, de las familias, de la sociedad civil, tienen razón a tenernos miedo, porque los periodistas, que queremos el bien común, seremos sus peores enemigos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llevo cubriendo el Vaticano desde hace casi 45 años. Cinco pontificados diferentes, importantísimos para la vida de la Iglesia y del mundo, con luces y sombras. En estos cuatro decenios he visto absolutamente de todo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Cuántas veces me ha tocado escuchar que el escándalo de los abusos es “culpa de la prensa, que es un complot de ciertos medios para desacreditar a la Iglesia, que detrás hay poderes ocultos, para acabar con esta institución”!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nosotros los periodistas sabemos que hay informadores más rigurosos que otros, y que hay medios más o menos dependientes de intereses políticos, ideológicos o económicos. Pero creo que en ningún caso se puede culpabilizar a los medios por destapar o informar sobre abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los abusos contra menores no son ni chismorreos ni habladurías, son crímenes. Recuerdo las palabras del papa Benedicto XVI, en el vuelo hacia Lisboa cuando nos dijo que la mayor persecución a la Iglesia no viene de los enemigos de afuera sino nace del pecado de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me gustaría que salieran de esta aula con la convicción de que los periodistas no somos ni los abusadores ni los encubridores. Nuestra misión es la de ejercer y defender un derecho, que es el derecho a una información basada en la verdad para hacer justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los periodistas sabemos que los abusos no están circunscritos a la Iglesia católica, pero tienen que entender que con ustedes tenemos que ser más rigurosos que con los demás, por su propio rol moral. Robar, por ejemplo, está mal, pero si el que roba es la policía, nos parece más grave, porque es lo contrario de lo que debería hacer, es decir, proteger a la comunidad de los ladrones. Si médicos o enfermeras envenenan a sus pacientes en lugar de curarlos, nos llama más la atención porque va en contra de su ética, de su código deontológico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La falta de comunicación, otro abuso</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como periodista, como mujer y madre quisiera decirles que pensamos que tan indignante es el abuso sobre un menor como su encubrimiento. Y ustedes saben mejor que yo que esos abusos han sido encubiertos de forma sistemática, de abajo hasta arriba.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que deberían tomar conciencia que cuanto más encubran, cuanto más sean como avestruces, cuanto menos informen a los medios y, por lo tanto, a los fieles y a la opinión pública, más grande será el escándalo. Si alguien tiene un cáncer, no se curará escondiendo el cáncer a sus familiares o amigos, no será el silencio el que lo haga sanar, serán los tratamientos más indicados los que eventualmente evitarán las metástasis y lograrán la curación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comunicar es un deber fundamental, porque de no hacerlo ustedes se vuelven automáticamente cómplices de los abusadores. Al no dar la información que podría prevenir que estas personas cometan otros abusos, no le están dando a los niños, a los jóvenes, a sus familias las herramientas para defenderse de nuevos crímenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los fieles no perdonan la falta de transparencia, porque es una nueva violencia a las víctimas. Quien no informa, alienta un clima de sospecha y desconfianza, y provoca la rabia y el odio hacia la institución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo he visto con mis propios ojos en el viaje del Papa Francisco a Chile de 2018. No fue indiferencia: fue indignación y rabia por el encubrimiento sistemático, por el silencio, por el engaño a los fieles y el dolor de las víctimas que durante decenios no fueron escuchadas, no fueron creídas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las víctimas, en primer lugar, tienen derecho a saber qué ha pasado, qué han hecho ustedes para alejar y castigar al abusador. Aunque el culpable pueda estar muerto, el dolor de la víctima no prescribe. Ya no se puede castigar al culpable, pero al menos se puede consolar a la víctima, que quizá haya vivido muchos años con esa herida escondida. Además, otras víctimas que permanecen en silencio, se atreverán a salir, y facilitarán ustedes su consuelo y su curación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Tomen la iniciativa</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En español nosotros decimos quien golpea primero golpea tres veces. No se trata de golpear, obviamente, sino de informar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pienso que sería mucho más sano, más positivo y más útil que la Iglesia fuera la primera en dar la información, de manera proactiva y no de forma reactiva, como es lo habitual. No deberían ustedes esperar a que una investigación periodística lo descubra, para responder a preguntas legítimas de la prensa (es decir, de la gente, de su gente).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la época en la que vivimos esconder un secreto es muy difícil. Con el auge de las redes sociales, la facilidad en grabar fotos, audios y videos, y los cambios sociales y culturales acelerados, la Iglesia tiene solo un camino: apostarle a la rendición de cuentas y a la transparencia, que van de la mano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuenten las cosas cuando las sepan. No será agradable, ciertamente, pero es el único camino, si quieren que les creamos cuando dicen que “en adelante, los ocultamientos no serán tolerados”. El primer beneficiado de la transparencia es la institución, porque pone el foco en el culpable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Aprender de los errores del pasado</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo soy mexicana y no puedo dejar de mencionar quizás el caso más terrible que haya ocurrido dentro de la Iglesia, el de Marcial Maciel, el fundador mexicano de la Legión de Cristo. Yo fui testigo de ese triste caso desde el inicio hasta el final.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más allá del juicio moral sobre los crímenes cometidos por este hombre, que para algunos fue un enfermo, y para otros un genio del mal, yo les aseguro que en la base de este escándalo, que tanto daño ha hecho a miles de personas, hasta salpicar la memoria de quien ahora es un santo, se debió a una comunicación enferma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No hay que olvidar que en la Legión había un cuarto voto por el que, si un legionario veía algo que no le pareciera de un superior, no podía ni criticarlo y mucho menos comentarlo. Sin esa censura, sin ese encubrimiento total, si hubiese habido transparencia, Marcial Maciel, no habría podido durante décadas abusar de seminaristas o tener tres o cuatro vidas, esposas e hijos, que llegaron incluso a acusarlo de haber abusado de su propia descendencia. Para mí este es el caso más emblemático de una comunicación enferma, corrupta, del que se puede y se debe aprender varias lecciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco le dijo a la Curia de que, en otras épocas, al tratar estos temas, había habido ignorancia, falta de preparación, incredulidad. Yo me atrevo a decir que también había corrupción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detrás del silencio, de la falta de una comunicación sana, transparente, hay muchas veces no solo miedo al escándalo, la preocupación por el buen nombre de la institución, hay también dinero, cheques, regalos, permisos para construir colegios y universidades en zonas donde a lo mejor no se podía construir. Hablo de lo que yo he visto y he investigado a fondo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco nos recuerda siempre que el diablo entra por el bolsillo, y tiene toda la razón. La transparencia les ayudará a luchar contra la corrupción económica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el proceso de información interna, desde abajo hasta arriba, también hemos sabido de varios nuncios y yo lo puedo atestiguar, que hubo casos de encubrimiento, de obstáculos a acceder al papa de turno, a la subestimación de la gravedad de las informaciones o a su descalificación como si fueran fruto de obsesiones o fantasías.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La transparencia les ayudará a luchar también contra la corrupción en el gobierno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue gracias a algunas víctimas valientes, a algunos periodistas valientes y, pienso que debo decirlo, a un Papa valiente como Benedicto XVI, que ese escándalo fue dado a conocer y extirpado el cáncer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es preciso aprender esa lección y no volver a tropezar en la misma piedra. La transparencia les ayudará a ser coherentes con el mensaje del evangelio, y a poner en práctica el principio de que en la Iglesia no debería haber intocables: que todos somos responsables ante Dios y ante los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Eviten el secretismo, abracen la transparencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El secretismo, entendido como tendencia excesiva al secreto, está muy relacionado con el abuso de poder: es como la red de seguridad de quien abusa del poder. Hoy, nuestras sociedades han asumido como regla general la transparencia, y los públicos consideran que el único motivo para no ser transparentes es el deseo de ocultar algo negativo o corrupto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mi sensación es que dentro de la Iglesia hay aun mucha resistencia a reconocer que el problema de los abusos existe y que hay que enfrentarlo con todas las herramientas posibles. Algunos creen que sucede solo en algunos países, yo creo que podríamos hablar de una situación generalizada, quien más, quien menos, que de todas formas hay que enfrentar y remediar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quien oculta algo, no es forzosamente corrupto, pero todos los corruptos ocultan algo. No todo el que guarda un secreto hace un abuso de poder, pero todos los abusos de poder suelen esconderse.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente, la transparencia tiene sus límites.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, no pretendemos que nos informen de cualquier acusación a un sacerdote. Entendemos que pueda y deba haber una investigación previa, pero hágala con celeridad, ajústense a la ley del país en el que viven, y si está previsto, presenten el caso ante la justicia civil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si la acusación se demuestra creíble, deben informar de lo que procede, de lo que están haciendo, deben decir que han alejado al abusador de su parroquia o de donde ejercía, tienen que decirlo ustedes, tanto en las diócesis como en el Vaticano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A veces, el boletín de la Oficina de prensa de la Santa Sede informa acerca de una renuncia sin explicar las razones. Hay sacerdotes que han salido corriendo a informarles a los fieles que estaban enfermos y no se iban por abusadores. Creo que la noticia de la renuncia de un abusador, debería ser dada con claridad, de una forma explícita.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">In <em>Camera Caritatis</em> solo se pueden tratar, creo, temas cuyo silencio no perjudique a nadie, nunca cuando el silencio pueda hacer daño.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Tres consejos prácticos para vivir la transparencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya les dije antes que pienso que la comunicación es indispensable para resolver este problema. Permítanme ahora sugerirles tres puntos, para poner en práctica la transparencia a la hora de comunicar sobre abusos sexuales a menores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1) Pongan a las víctimas en primer plano</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si la Iglesia quiere aprender a comunicar sobre abusos, su primer punto de referencia debe ser la víctima.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco pidió a los participantes de esta reunión que antes de venir a Roma se reunieran con víctimas, les escucharan y se pusieran a su disposición No les voy a pedir que levanten la mano para ver quién lo ha hecho, pero dense una respuesta en silencio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las víctimas no son números, no son parte de una estadística, son personas a las que se les ha arruinado la vida, la sexualidad, la afectividad, la confianza en otro ser humano, quizás hasta en Dios, así como la capacidad de amar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y por qué esto es importante? Porque es difícil informar y comunicar algo de lo que no se tiene un conocimiento directo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de los abusos es aun más evidente. No se puede hablar de este tema si no se han escuchado a las víctimas, si no se ha compartido su dolor con ellas, si no se han tocado con la mano las heridas que los abusos han provocado no solo en su cuerpo, sino también en su mente, en su corazón, en su fe. Si las conocen, tendrán un nombre, tendrán un rostro y la experiencia mantenida con ellas quedará reflejada en la forma en la que ustedes no solo enfrenten el problema, sino en la manera en la que lo comuniquen y lo intenten resolver.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa nos ha dicho que las ve de forma habitual, en Santa Marta, considérenla como una de sus prioridades, ustedes también háganlo, no creo que tengan menos tiempo del Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recuerden, la transparencia es mostrar lo que hacen. Solo si ponen a las víctimas en primer lugar, serán creíbles cuando digan que están decididos a erradicar la plaga de los abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2) Déjense aconsejar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El segundo es dejarse asesorar. Antes de tomar decisiones, pidan consejo a personas con criterio que les pueden ayudar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre esos asesores debería haber siempre comunicadores. Yo creo que la Iglesia debería tener a todos los niveles expertos en comunicación, y escucharles cuando les digan que siempre sale más barato informar que callar o, incluso, mentir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una quimera pensar que hoy se pueda esconder un escándalo. Es como tapar el cielo con un dedo. No se puede, ya no es ni aceptable ni admisible. Por eso, todos ustedes tienen que entender que el silencio cuesta mucho más caro que enfrentar la realidad y hacerla pública.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que es indispensable que en todas sus estructuras eclesiásticas inviertan en la comunicación, con personas altamente calificadas y preparadas para hacer frente a las exigencias de transparencia del mundo actual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La figura del portavoz es clave. No solo debe ser una persona muy preparada, sino que debe contar con la absoluta confianza del obispo, tener un acceso directo a él las 24 horas del día. Este no es un trabajo de 9 de la mañana a las cinco de la tarde.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo puede suceder en cualquier momento y en cualquier momento puede haber necesidad de reaccionar, aunque, lo repito, sería mejor que ustedes fueran los primeros en dar la noticia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los periodistas preferimos hablar directamente con el jefe. Pero aceptamos hablar con un portavoz, si sabemos que tiene acceso al jefe y transmite lo que piensa con conocimiento de causa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3) Profesionalicen la comunicación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En tercer lugar, es necesario que comuniquen mejor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué tipo de transparencia esperamos los periodistas, las madres, las familias, los fieles, la opinión pública, de una institución como la Iglesia?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo que es fundamental que a todos los niveles, desde una parroquia hasta aquí, en el Vaticano, haya estructuras quizás estandarizadas, pero muy ágiles y flexibles que proporcionen información certera con rapidez.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pueden ser incompletas a falta de una mayor investigación, pero la respuesta no puede ser el silencio o el <em>no comment </em>porque, entonces, buscaremos las respuestas preguntando a otros, y también serán terceros los que informarán a la gente de la manera en la que querrán hacerlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si no cuentan con toda la información necesaria, si hay dudas, si hay ya una investigación, es mejor explicarlo de la mejor manera posible para que no se tenga la sensación de que no quieren responder porque están queriendo esconder algo. Hay que darle seguimiento a la información en todo momento y sobre todo hay que reaccionar con rapidez.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si no se informa con tempestividad, la respuesta ya no interesará, será demasiado tarde y otros lo harán, a lo mejor de una manera incorrecta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El riesgo es alto y el precio de este tipo de conducta es aun más alto. El silencio da la sensación de que las acusaciones, independientemente de que sean verdaderas o falsas, o en parte verdaderas y en parte falsas, son seguramente verdaderas y que se teme dar una respuesta que pueda ser inmediatamente desmentida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He sido testigo de cómo la mala información o la escasa información han hecho verdaderos estragos, el daño que le ha hecho a las víctimas y a sus familias, el no haber permitido que se haga justicia, el haber hecho tambalear la fe de mucha gente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Les aseguro que invertir en la comunicación es un negocio muy rentable y no es una inversión a corto plazo, es una inversión a largo plazo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera acabar esta presentación mencionando un tema distinto a los abusos de menores, pero importante para una mujer periodista como yo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos en el umbral de otro escándalo, el de las monjas y religiosas víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes y obispos. Lo ha denunciado la revista femenina del <em>Osservatore Romano</em>, y el Papa Francisco, en el vuelo de regreso desde Abu Dabi, ha reconocido que desde hace tiempo se está trabajando sobre tema, que sí hay que hacer más y que sí existe la voluntad de hacer más.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me gustaría que, en esta ocasión, la Iglesia jugara a la ofensiva y no a la defensiva, como ha sido en el caso de los abusos a menores. Podría ser una gran oportunidad para que la Iglesia tomara la iniciativa y estuviera en primera línea, en la denuncia de estos abusos que no son solo sexuales sino también abusos de poder.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me despido dándole las gracias al Papa Francisco por haber agradecido frente a la Curia, el pasado mes de diciembre, el trabajo de los periodistas que han sido honestos y objetivos al descubrir a los sacerdotes depredadores y han hecho oír las voces de las víctimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Espero que después de esta reunión vuelvan a casa y no nos eviten, sino que nos busquen. Ojalá vuelvan a sus diócesis pensando que no somos nosotros los lobos feroces, sino que, al contrario, podemos unir nuestras fuerzas en contra de los verdaderos lobos. Muchas gracias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Sinodalidad y Colegialidad “activas” en la lucha contra los abusos &#8211; José Ignacio Fernández, pbro. &#8211; La Revista Católica]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_date><![CDATA[2019-05-09 04:14:00]]></wp:comment_date>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] periodista mexicana Valentina Alazraki, en su intervención frente a los presidentes de conferencias episcopales, comenzó recordándoles algunos de estos elementos a los prelados: “Para una madre no hay hijos [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>Homilía del Santo Padre Francisco en la Vigilia Pascual 2019</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/04/homilia-del-santo-padre-francisco-en-la-vigilia-pascual-2019/</link>
		<pubDate>Sun, 21 Apr 2019 22:51:48 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong>Homilía del Santo Padre Francisco</strong>
<strong>Vigilia Pascual en la Noche Santa</strong>
<strong>Basílica Vaticana</strong>
<strong>Sábado Santo, 20 de abril de 2019</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Las mujeres llevan los aromas a la tumba, pero temen que el viaje sea en balde, porque una gran piedra sella la entrada al sepulcro. El camino de aquellas mujeres es también nuestro camino; se asemeja al camino de la salvación que hemos recorrido esta noche. Da la impresión de que todo en él acabe estrellándose contra una piedra: la belleza de la creación contra el drama del pecado; la liberación de la esclavitud contra la infidelidad a la Alianza; las promesas de los profetas contra la triste indiferencia del pueblo. Ocurre lo mismo en la historia de la Iglesia y en la de cada uno de nosotros: parece que el camino que se recorre nunca llega a la meta. De esta manera se puede ir deslizando la idea de que la frustración de la esperanza es la oscura ley de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy, sin embargo, descubrimos que nuestro camino no es en vano, que no termina delante de una piedra funeraria. Una frase sacude a las mujeres y cambia la historia: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (Lc 24,5); ¿por qué pensáis que todo es inútil, que nadie puede remover vuestras piedras? ¿Por qué os entregáis a la resignación o al fracaso? La Pascua, hermanos y hermanas, es la fiesta de la remoción de las piedras. Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad. La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la «piedra viva» (cf. 1Pe 2,4): Jesús resucitado. Nosotros, como Iglesia, estamos fundados en Él, e incluso cuando nos desanimamos, cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones. Esta noche cada uno de nosotros está llamado a descubrir en el que está Vivo a aquél que remueve las piedras más pesadas del corazón. Preguntémonos, antes de nada: ¿cuál es la piedra que tengo que remover en mí, cómo se llama esta piedra?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A menudo la esperanza se ve obstaculizada por la piedra de la desconfianza. Cuando se afianza la idea de que todo va mal y de que, en el peor de los casos, no termina nunca, llegamos a creer con resignación que la muerte es más fuerte que la vida y nos convertimos en personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento. Piedra sobre piedra, construimos dentro de nosotros un monumento a la insatisfacción, el sepulcro de la esperanza. Quejándonos de la vida, hacemos que la vida acabe siendo esclava de las quejas y espiritualmente enferma. Se va abriendo paso así una especie de psicología del sepulcro: todo termina allí, sin esperanza de salir con vida. Esta es, sin embargo, la pregunta hiriente de la Pascua: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? El Señor no vive en la resignación. Ha resucitado, no está allí; no lo busquéis donde nunca lo encontraréis: no es Dios de muertos, sino de vivos (cf. Mt 22,32). ¡No enterréis la esperanza!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una segunda piedra que a menudo sella el corazón: la piedra del pecado. El pecado seduce, promete cosas fáciles e inmediatas, bienestar y éxito, pero luego deja dentro soledad y muerte. El pecado es buscar la vida entre los muertos, el sentido de la vida en las cosas que pasan. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿Por qué no te decides a dejar ese pecado que, como una piedra en la entrada del corazón, impide que la luz divina entre? ¿Por qué no pones a Jesús, luz verdadera (cf. Jn 1,9), por encima de los destellos brillantes del dinero, de la carrera, del orgullo y del placer? ¿Por qué no le dices a las vanidades mundanas que no vives para ellas, sino para el Señor de la vida?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Volvamos a las mujeres que van al sepulcro de Jesús. Ante la piedra removida, se quedan asombradas; viendo a los ángeles, dice el Evangelio, quedaron «despavoridas» y con «las caras mirando al suelo» (Lc 24,5). No tienen el valor de levantar la mirada. Y cuántas veces nos sucede también a nosotros: preferimos permanecer encogidos en nuestros límites, encerrados en nuestros miedos. Es extraño: pero, ¿por qué lo hacemos? Porque a menudo, en la situación de clausura y de tristeza nosotros somos los protagonistas, porque es más fácil quedarnos solos en las habitaciones oscuras del corazón que abrirnos al Señor. Y sin embargo solo él eleva. Una poetisa escribió: «Ignoramos nuestra verdadera estatura, hasta que nos ponemos en pie» (E. Dickinson, We never know how high we are). El Señor nos llama a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte: ¿por qué buscáis entre los muertos al que vive?</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios nos pide que miremos la vida como Él la mira, que siempre ve en cada uno de nosotros un núcleo de belleza imborrable. En el pecado, él ve hijos que hay que elevar de nuevo; en la muerte, hermanos para resucitar; en la desolación, corazones para consolar. No tengas miedo, por tanto: el Señor ama tu vida, incluso cuando tienes miedo de mirarla y vivirla. En Pascua te muestra cuánto te ama: hasta el punto de atravesarla toda, de experimentar la angustia, el abandono, la muerte y los infiernos para salir victorioso y decirte: “No estás solo, confía en mí”. Jesús es un especialista en transformar nuestras muertes en vida, nuestros lutos en danzas (cf. Sal 30,12); con Él también nosotros podemos cumplir la Pascua, es decir el paso: el paso de la cerrazón a la comunión, de la desolación al consuelo, del miedo a la confianza. No nos quedemos mirando el suelo con miedo, miremos a Jesús resucitado: su mirada nos infunde esperanza, porque nos dice que siempre somos amados y que, a pesar de todos los desastres que podemos hacer, su amor no cambia. Esta es la certeza no negociable de la vida: su amor no cambia. Preguntémonos: en la vida, ¿hacia dónde miro? ¿Contemplo ambientes sepulcrales o busco al que Vive?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Las mujeres escuchan la llamada de los ángeles, que añaden: «Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea» (Lc 24,6). Esas mujeres habían olvidado la esperanza porque no recordaban las palabras de Jesús, su llamada acaecida en Galilea. Perdida la memoria viva de Jesús, se quedan mirando el sepulcro. La fe necesita ir de nuevo a Galilea, reavivar el primer amor con Jesús, su llamada: recordarlo, es decir, literalmente volver a Él con el corazón. Es esencial volver a un amor vivo con el Señor, de lo contrario se tiene una fe de museo, no la fe de pascua. Pero Jesús no es un personaje del pasado, es una persona que vive hoy; no se le conoce en los libros de historia, se le encuentra en la vida. Recordemos hoy cuando Jesús nos llamó, cuando venció nuestra oscuridad, nuestra resistencia, nuestros pecados, cómo tocó nuestros corazones con su Palabra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas, volvamos a Galilea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las mujeres, recordando a Jesús, abandonan el sepulcro. La Pascua nos enseña que el creyente se detiene por poco tiempo en el cementerio, porque está llamado a caminar al encuentro del que Vive. Preguntémonos: en mi vida, ¿hacia dónde camino? A veces nos dirigimos siempre y únicamente hacia nuestros problemas, que nunca faltan, y acudimos al Señor solo para que nos ayude. Pero entonces no es Jesús el que nos orienta sino nuestras necesidades. Y es siempre un buscar entre los muertos al que vive. Cuántas veces también, luego de habernos encontrado con el Señor, volvemos entre los muertos, vagando dentro de nosotros mismos para desenterrar arrepentimientos, remordimientos, heridas e insatisfacciones, sin dejar que el Resucitado nos transforme. Queridos hermanos y hermanas, démosle al que Vive el lugar central en la vida. Pidamos la gracia de no dejarnos llevar por la corriente, por el mar de los problemas; de no ir a golpearnos con las piedras del pecado y los escollos de la desconfianza y el miedo. Busquémoslo a Él, dejémonos buscar por Él, busquémoslo a Él en todo y por encima de todo. Y con Él resurgiremos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Monseñor Angelelli: Un mártir con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio - Lorenzo González, pbro.</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2019 18:55:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_1418" align="aligncenter" width="776"]<a href="https://martires.org.ar/portal/" target="_blank" rel="noopener"><img class="wp-image-1418 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-2.jpg" alt="" width="776" height="376" /></a> Los cuatros beatos mártires de La Rioja[/caption]

&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sábado 27 de abril la Diócesis de La Rioja en Argentina junto a la Iglesia Universal se llenaron de alegría por la beatificación de cuatro cristianos mártires que ofrecieron sus vidas en 1976. Todos fueron víctimas del terrorismo de Estado que impulsó la dictadura militar argentina, y que apuntó contra ellos «debido a su diligente actividad de promoción de la justicia cristiana», como expresó el <a href="http://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2019/04/27/beat.pdf" target="_blank" rel="noopener">Cardenal Angelo Becciu en la misa de beatificación</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer crimen fue el de los sacerdotes <a href="https://martires.org.ar/portal/carlos-de-dios-murias-breve-biografia/" target="_blank" rel="noopener">Carlos de Dios Murias</a>, franciscano de 31 años, y del diocesano de origen francés, <a href="https://martires.org.ar/portal/gabriel-longueville-breve-biografia/" target="_blank" rel="noopener">Gabriel Longueville</a> de 45 años. Ambos fueron detenidos por uniformados la noche del 18 de julio de 1976 mientras cenaban en la casa de una comunidad de religiosas en el sector de Chamical. Tras torturarlos durante algunas horas, los fusilaron y arrojaron sus cadáveres junto a unas vías ferroviarias, donde fueron encontrados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una semana después fue el turno de <a href="https://martires.org.ar/portal/wenceslao-pedernera-breve-biografia/" target="_blank" rel="noopener">Wenceslao Pedernera</a>. Era un catequista de 39 años que junto a su mujer se habían empeñado en una pastoral rural. En el sector de Sañogasta había fundado una cooperativa con campesinos, con los cuales, además, se juntaban semanalmente a compartir el evangelio. El 25 de julio de 1976 tres encapuchados lo acribillaron delante de su esposa y de sus tres hijas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="https://martires.org.ar/portal/enrique-angelelli-breve-biografia/" target="_blank" rel="noopener">Enrique Ángel Angelelli</a> nació en Córdoba en 1923, entró al seminario en 1938 y fue ordenado sacerdote en Roma en 1949. Fue nombrado obispo de La Rioja en 1968 y desde el inicio de la dictadura en Argentina, ejerció una activa y pública defensa de los derechos humanos, con una clara opción de promoción y protección de los más indefensos. La noche del 4 de agosto de 1976, regresaba a La Rioja tras haber asistido a una de las oraciones de la novena tras los funerales de los sacerdotes Murias y Longueville. Su auto fue embestido por otro vehículo en la ruta en el sector de “Punta Los Llanos”, donde fue encontrado su cadáver.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><img class="aligncenter wp-image-1422 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-6.jpg" alt="" width="634" height="356" /></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin mayores investigaciones ni insistencia de la Iglesia de la época, su caso fue rápidamente caratulado de accidente y archivado. No obstante, tras casi 40 años de perseverancia de algunos sectores eclesiales y de derechos humanos, junto con el apoyo del Papa Francisco que manifestó su interés por que fuera esclarecido este hecho, en 2014 la Justicia Argentina determinó que hubo una acción premeditada para hacer volcar su vehículo, y que tras el impacto Angelelli fue golpeado reiteradas veces en el cráneo mientras yacía en la carretera. Dos personas fueron condenadas a cadena perpetua por el crimen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cardenal Becciu manifestó que «los cuatro Beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atenta a la promoción de los estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La siguiente reflexión es fruto del testimonio del padre Lorenzo González <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>  sobre el beato obispo que lo ordenó sacerdote en la diócesis de La Rioja en 1973.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Sus fuentes de inspiración</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli poseyó sólidos conocimientos de Biblia, Teología, Filosofía, Derecho, Historia (en particular la Historia de la Iglesia), Psicología, Sociología, Doctrina Social de la Iglesia y el Concilio Vaticano II. Todo esto unido a un sincero amor por la gente, un notable espíritu de servicio, una gran capacidad de diálogo y consulta, le permitieron tener una visión muy acertada del plan salvador de Dios, de la vida humana, de toda la realidad en su integralidad y el sentido de la historia en general.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Poseía una fe profundamente arraigada en la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, modelo originario de todo amor, servicio y donación y, por eso, sostenía que la Iglesia debe asemejarse a la Trinidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es el misterio de Dios, que conocemos por Jesucristo a quien seguimos y que “se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado” (<em>Hb</em> 4,15); que se hizo “prójimo de todos los hombres y que se acercó al que estaba caído en el camino” (cf. <em>Lc</em> 10, 30-37); y que se identificó “con los pobres, hambrientos, sedientos, enfermos, presos” (cf. <em>Mt</em> 25, 31-46); y que, enviado por su Padre y lleno del Espíritu Santo se vino del cielo para anunciar el Evangelio a los pobres, la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de gracia del Señor” (<em>Lc</em> 4, 16-19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos de notar que todos estos textos del Evangelio eran citados y comentados con mucha frecuencia por Monseñor Angelelli, y que le marcaban el camino a seguir en la tarea pastoral. Solía decir que nunca hay que apagar la “mecha humeante” (<em>Is</em> 42,3), ni echarle agua a un poquito de “rescoldo” que puede quedar en un corazón y que sea un signo de esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Amor a la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La identidad de la Iglesia fue estudiada y reflexionada magistralmente por el Concilio Vaticano II, del que Monseñor Angelelli fue padre conciliar. A esa Iglesia amó, a la que es Pueblo y Familia de Dios, Comunidad de salvación, que nace del corazón de Dios, que proviene del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, fundada por Jesucristo sobre el cimiento de los apóstoles con Pedro a la cabeza y constituida en “Sacramento universal de salvación”, que debe anunciar el Reino de Dios a todos los pueblos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli tenía en alta estima el rol de los tres sectores de la Iglesia: sacerdotes, religiosos y religiosas, y laicos, valorando el aporte de cada sector al servicio de la evangelización y con amplitud de criterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Amó a la Iglesia y sintió preocupación por la misma. Era consciente de la verdad sobre la Iglesia, que es “santa y pecadora al mismo tiempo” (cf. LG 8). Angelelli tenía una fina sensibilidad para escuchar a Dios. Era un hombre de oración. En la meditación y oración frecuente fue profundizando en el misterio de la Iglesia con sus numerosos problemas. Le ayudaron mucho las dos Cartas de San Pablo a los Corintios, que reflejan los conflictos de esa comunidad joven venida del mundo griego y que ayudaron al Apóstol a tener una profunda comprensión del misterio de la Iglesia. Corinto era una comunidad muy conflictuada. Se sabe que el obispo Angelelli leía y rezaba con esas cartas en el camarín de la Catedral aprovechando la experiencia y sabiduría de san Pablo para lograr una mayor comprensión del misterio de la Iglesia, “santa” en su origen, y “pecadora” en sus miembros. Este era un fuerte y sólido alimento espiritual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al referirse al ministerio sacerdotal, Angelelli decía con frecuencia: “Llevamos un tesoro en vasos de barro” (1Co 4,7). El “tesoro” significa el don de Dios, su gracia y la riqueza de la Palabra de Dios de la que somos servidores. El “vaso de barro” es nuestra humana fragilidad y las debilidades de las que estamos rodeados, y el pecado que está al acecho y nos quiere contaminar. Así exhortaba a los presbíteros a valorar y a agradecer los dones recibidos en beneficio de la Iglesia, y animaba a responder con fidelidad a la gracia de Dios. En ese mismo sentido repetía incansablemente la frase de san Pablo: “No nos predicamos a nosotros mismos”, hablamos por mandato de Cristo y en su nombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A los catequistas les recordaba siempre un pensamiento común de toda la Iglesia, a saber: al transmitir el mensaje del Evangelio tenemos que ser “fieles a Dios y fieles al hombre”. Esto implicaba fidelidad al mensaje, a la Palabra de Dios, y fidelidad a los destinatarios del mensaje, sean niños, adolescentes, jóvenes o adultos, es decir, crear canales adecuados para el encuentro con Dios, y de los hombres entre sí, que han de integrar la comunidad eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-1424 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-7.jpg" alt="" width="669" height="376" /></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Aprecio por la persona</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sentía sumo respeto, aprecio, veneración y honra por la vida de las personas. Tenía un pensamiento muy claro sobre el valor de la persona humana y su altísima dignidad de “imagen de Dios”. El hombre llamado a entrar en comunión con Dios en el tiempo y en la eternidad. Esto se notaba en su modo de atender y comunicarse con la gente, en su amor preferencial por los pobres, ancianos, enfermos y por todo lo humanamente débil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A imitación de Jesucristo sentía “compasión” por el sufrimiento de la gente. Una vez por el año 1973, en una reunión de catequistas en Chilecito, señalando el mapa de La Rioja dijo: “veo que Jesucristo está crucificado en todo el territorio de la provincia”. Quería indicar la pobreza, la marginación, la exclusión, el abandono, la explotación y el sufrimiento de tanta gente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto lo urgía a vivir la fe y el amor fraterno respondiendo a las necesidades de la gente, procurando la felicidad del pueblo según el espíritu de las Bienaventuranzas, trabajando por un desarrollo integral que <em>promueva a todos los hombres y a todo el hombre</em>. Así, mostraba que el anuncio del Evangelio debía señalar los caminos de Dios por medio del amor fraterno, corrigiendo las injusticias que ofenden a Dios porque ofenden a los hombres, como lo afirmó santo Tomás de Aquino: <em>El pecado ofende a Dios porque ofende al hombre</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli enseñaba que desde todos los sectores sociales, gobernantes, evangelizadores, educadores, trabajadores de la salud, administradores de justicia, y dirigentes sociales, de todos los ámbitos, debíamos trabajar para elevar la dignidad de la persona, y ofrecer las condiciones necesarias para que “el hombre llegue a ser el artífice de su propio desarrollo”. También insistía en que hay que entregar los grandes valores que apuntalan la vida, y nunca olvidar que “la razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios” (GS 19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta visión del hombre es la que impulsó al Obispo Angelelli a predicar el Evangelio con todas sus energías y gastar su vida por sus hermanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Pastoral de Conjunto</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al llegar a la diócesis de La Rioja en 1968, monseñor Angelelli propuso la aplicación de los Documentos del Concilio Vaticano II, y de Medellín del Episcopado Latinoamericano. La herramienta utilizada fue la práctica de una pastoral de conjunto, que requería aunar esfuerzos y voluntades para un trabajo pastoral compartido y en común, con criterios que buscan una misma dirección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces, surgieron reuniones, conferencias, encuentros de estudios, asambleas, etc. Y así como el viejo Aristóteles supo decir que “el hombre es un animal racional”, Angelelli, en forma parecida, decía: “el hombre es un animal <em>reunible</em>”, “los curas somos animales <em>reunibles</em>”. Y es que la reunión es necesaria para “ver, pensar y actuar”, para hablar, discurrir juntos y ayudarnos mutuamente, para lograr acuerdos alumbrados por la Palabra de Dios, y hacer un camino juntos para acrecentar la unidad y la fraternidad, y aumentar la corresponsabilidad en el trabajo pastoral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos de notar que la palabra “corresponsabilidad” no se la usaba mucho hace unos 50 o 60 años, pero Angelelli le dio un fuerte impulso. Ahora ese término está llegando a ser un lugar común en el lenguaje y en los documentos de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli acostumbraba a decir: “Hagamos criterio”, es decir, “pensemos, dialoguemos, busquemos soluciones, tomemos decisiones juntos, con el aporte y participación de todos”. Él personalmente dirigía las reuniones del Presbiterio, ordenaba el diálogo, daba la palabra, evitaba que alguien pudiera acaparar la conversación, y animaba la participación de todos. El resultado era un pensamiento común para poder caminar juntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y las fuentes que inspiraban estas búsquedas son el Evangelio, las grandes Encíclicas sociales de los Papas, el Concilio Vaticano II, los documentos de Medellín (1968) y de San Miguel del Episcopado Argentino (1969).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hombre no olvidaba que una pastoral de conjunto debe contar con la permanente consulta al pueblo de Dios y a todos los agentes pastorales. Se busca caminar “con el pueblo y desde el pueblo”. Y todo esto debía hacerse “<strong>Con un oído en el pueblo y el otro en el Evangelio</strong>”. En este dicho, Angelelli resumía su pensar y actuar en el servicio pastoral de la Iglesia. Y debe de ser que esto vale para el anuncio del Evangelio en todo tiempo y lugar, y sirve para captar con humildad y sabiduría los “signos de los tiempos”, y lo que Dios anda queriendo decir a cada generación humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-1425 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-U.jpg" alt="" width="1200" height="545" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. La riqueza de la religiosidad popular</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí entra con fuerza el tema de la religiosidad popular, que son modos de relacionarse con Dios e interpretar toda la realidad según la cultura e idiosincrasia de cada pueblo. Son vivencias fuertes y muy arraigadas. Se trata de formas, estilos y experiencias propias de vivir y expresar la fe que tienen los pueblos. La Rioja abunda en esas expresiones arraigadas desde los orígenes, y en algunos aspectos hasta de los pueblos precolombinos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli asumió sabiamente todas estas vivencias de fe. Pero se registran dos puntos centrales en esta acción pastoral. Angelelli fue un gran promotor del Tinkunaco- Encuentro del Niño Jesús vestido de Alcalde con la imagen de San Nicolás. “<em>El Niño está en San Francisco y el Santo en la Catedral…</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También promovió y enriqueció con la luz del Evangelio la devoción al Señor de la Peña, principalmente en Semana Santa. Lo mismo debe decirse de las diferentes advocaciones a la Virgen María, a san Nicolás y a los santos. Angelelli, hombre con “sentir de pueblo”, captó las intuiciones y la sabiduría de la religiosidad popular de nuestra gente y la enriqueció con la Palabra de Dios. Así orientó a muchos sacerdotes y evangelizadores en ese sentido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A veces partía de las más simples realidades, por ejemplo, miraba la imagen de san Nicolás que lleva un libro en su mano, y decía: “El Santo nos está mostrando el Evangelio y nos invita a seguir a Jesucristo; miraba a Santa Rita con el Crucifijo en la mano y decía: “la Santa nos invita a compartir la pasión de Cristo”. Hay muchos ejemplos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez, por el año 1975, visitando los Llanos con la imagen de san Nicolás vio en una velada de oración a un hombre campesino que leía el Martín Fierro delante de la imagen, y le preguntó qué hacía, y el paisano respondió: “Padre Obispo, ahora comprendo lo que dice el Martín Fierro, cuando afirma: «Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera»”. Y el Obispo sintió una gran alegría al ver la fe de aquel hombre de campo y su deseo de buscar a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli ha sido un hombre profundamente creyente y al mismo tiempo un gran evangelizador. Conocía y quería a la gente, conocía y quería a Jesucristo. Y sabía muy bien cuál es la ley primera. (<em>Mt</em> 22, 34-40).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra vez, en 1975 en Villa Unión, iba con la imagen de san Nicolás. Advirtió que una viejita se acercaba con dificultad apoyándose en una silla para tomar gracia de la imagen. Angelelli la tomó en los brazos y la acercó a la imagen. Y después la mostró al pueblo y dijo: “aquí está Jesucristo”. Hubo aplausos, emociones, cantos y vivas al Santo. Y la peregrinación siguió hacia la Banda Florida. Andando un tiempo esa viejita que se llamaba: “Niña Elodia” donó al Obispado su caserón y su terreno y se levantó un hogar de ancianos que lleva el nombre: “Niña Elodia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli no tenía ningún complejo en prender una vela y rezar ante el crucifijo, una imagen de la Virgen o de los santos, como lo hace la gente humilde, sencilla y pobre. Aquí no valen los delirios de grandeza. Para valorar estas cosas hay que tener un corazón humilde y despojado de todo orgullo y vanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli entendió y tomó muy en serio la cuestión de los pobres, de los humildes y abandonados porque Jesús dice “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres” (Lc 4,18ss).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las décadas de 1960-1970, más o menos, hubo una tendencia bastante fuerte a mirar con algún desprecio la religiosidad popular como si fuera cosa de ignorantes. Sin embargo, ese fenómeno no se dio en la provincia de La Rioja.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bajo ciertos aspectos esa tendencia estuvo influenciada por posturas filosóficas como el Racionalismo, el Iluminismo, el Liberalismo, cierto Positivismo, y el Secularismo que consideran a Dios como algo superfluo, y a veces como un estorbo para la libertad del hombre. Parte de esas ideas llegaron a entrar hasta en algunos seminarios; y el resultado fue que algunos curas se hacían pasar por “modernos”. Hubo algo de eso en la Iglesia argentina. Pienso que san Pablo les diría muy afectuosamente: muchachos, “no quieran sobresalir, pónganse a la altura de los más humildes, no se crean sabios” (Rm 12,16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, Angelelli procuró corregir esa tendencia falsa, y ayudó mucho al Episcopado y a los curas a descubrir la riqueza de la religiosidad popular, a valorarla, iluminarla con la Palabra de Dios y asumirla como Dios y el sentido común mandan hacerlo. Así él entendió su misión evangelizadora. Es cuestión de fidelidad a Dios, y fidelidad al Pueblo. Así debe entender su misión la Iglesia y en particular los eclesiásticos, catequistas, misioneros, evangelizadores y agentes pastorales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo esto va mostrando que Angelelli era un tipo profundamente creyente en Dios, que amó a la Iglesia y a las personas en concreto; un hombre muy inteligente y respetuoso de la gente, de sus costumbres y tradiciones. Ha sido un gran tipo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es muy seguro que este talante y estas cualidades NO las vamos a encontrar en un guerrillero y matón. Seamos inteligentes, no nos dejemos engañar. Como dice el Papa Francisco, “No nos dejemos robar la esperanza”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Cualidades de Monseñor Angelelli</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.1 <em>El don de la acogida</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su capacidad de acogida era evidente en su saludo, recepción y en la atención que prestaba. Alguna vez supo decir: “Dios nos ha regalado el don de la acogida”. Pienso que lo dijo en plural por modestia, y para invitarnos a entrar en esa dinámica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Brindar lugar, hacer espacio a otros es lo propio del cristiano. Como Dios nos recibe a nosotros y nos da todo. Como Abraham recibió a tres personajes misteriosos que lo visitaron (<em>Gn</em> 18). Como la Virgen María recibió al Verbo de Dios en su Encarnación. Como san José recibió a María y al Niño que venía en camino. Como santa Isabel recibió la visita de María. Como Lázaro y sus hermanas alojaban a Jesús en Betania. Como Pedro hacía lugar al Maestro en Cafarnaúm. Como el centurión Cornelio recibió a Pedro en su casa, en Cesarea (<em>Hch</em> 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos destacar que Angelelli tenía motivaciones hondamente espirituales en su actuar, rastreando las huellas de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.2 <em>Desprendimiento y pobreza</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli no tenía nada. Solamente una Fiat multicarga para andar. También tenía una manta marrón, una boina y un abrigo de invierno que lo obtuvo en un ropero de Caritas. Y la mercadería y donaciones que traía de Córdoba las compartía en la Catedral, que de alguna manera, era la casa de todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hacia 1976, en sus últimos meses de vida, nos dijo a los sacerdotes reunidos en Sañogasta: “Somos pobres y dependemos de todo: dependemos de Dios, de la Sede Apostólica, del Poder Ejecutivo Nacional (P.E.N.), del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba, y de nuestra gente que nos busca por tantas cosas y a cuyo servicio debemos estar disponibles”. Precisamente Jesús nos enseñó a decir: “danos hoy nuestro pan de cada día”, para que aprendamos a depender y a confiar en Dios, sin acaparar nada, y que no andemos buscando apoyarnos en falsas seguridades que arruinan la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.3 <em>Amistad</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Amigo sincero y fiel, se interesaba por los demás, preguntaba por las dificultades, cuidaba y defendía a los curas, los veía con frecuencia y los visitaba. Consideraba que no hay que renunciar a la amistad porque es algo sagrado. Mostraba cordialidad con toda persona, y de un modo muy particular con los pobres, a quienes escuchaba y tenía en cuenta. El hombre valoraba la persona y quería a la gente. Todos encontraban eco en su corazón. Era amigo en serio y no por conveniencia alguna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.4 <em>Justicia y Paz</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Justicia y Paz” era el lema de su escudo episcopal. Justicia que deba asegurar el pan para todos, que pueda responder a las necesidades fundamentales de la vida y nos lleve a la convicción que los bienes de la tierra tienen un sentido universal, y que están al servicio “de todos los hombres y de todo el hombre”. Defendió con fortaleza la justicia en contra de la explotación y la opresión, para favorecer a los pobres, los carentes de recursos y que no tenían voz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y la Paz, que es signo y fruto de la sana convivencia entre los hombres, y que ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Paz que es la suma de todos los bienes que Dios nos da, y hace posible que la gente sea feliz. “Hacer felices a los demás” era una frase que Angelelli repetía con mucha frecuencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.5<em> Fiel a su pueblo, a su historia y a su identidad</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto se hizo evidente en cuanto que asumió y alentó la religiosidad popular, las costumbres, tradiciones y modos de expresar la fe de la gente. El respeto por estas cosas es todo lo contrario de la imposición intolerante y de la invasión. No fue un invasor sino un servidor de la diócesis, “caminando con el pueblo y desde el pueblo”, desde “la óptica de los pobres”, es decir, según el modo de ver las cosas e interpretar la realidad que tienen los pobres. De este modo, Angelelli procuró imitar a Jesucristo que se identificó con los pobres, hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, presos (<em>Mt</em> 25).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto no ha sido un verso, sino una gran realidad en la vida de Angelelli. Esto yo lo he visto y experimentado muy de cerca. Hay que conocer y entender estas cosas para estar en la verdad acerca de la persona en cuestión. Ahora bien, los que mintieron y lo difamaron ignoraban esta realidad o se “hacían los locos” y no lo querían reconocer. Tenemos que ser honestos, no hay que buscarle sombra al sol, ni cinco patas al gato.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.6 <em>Promotor del diálogo</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli fue un maestro en esta cuestión del dialogo, porque creía que el diálogo siempre es fecundo y enriquecedor, y ayuda a buscar juntos la verdad, siendo una óptima herramienta para un buen discernimiento, a fin de “examinarlo todo, y retener solamente lo bueno”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-1426 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-1.jpg" alt="" width="711" height="400" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.7 <em>Sabiduría y sentido común</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli era un tipo inteligente, con ideas precisas, claras y distintas, de un gran sentido común para pensar, discurrir, entender y darse cuenta de las cosas. Poseía una gran capacidad para escuchar a Dios y a la gente. La cuestión de “un oído al Evangelio y otro al Pueblo” es una expresión muy feliz y acertada para entender con sabiduría el designio del Creador, y entrar por los caminos de Dios. Así, la vida puede centrarse en el amor a Dios y el amor a los hermanos, y avanzar pacientemente, realizando el altísimo ideal cristiano: imitar a la Santísima Trinidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.8 <em>Generosidad</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli no se reservaba nada para sí mismo, no guardaba ni mezquinaba cosa alguna. Su esfuerzo permanente fue para favorecer a los demás. Ya dijimos las pocas cosas que tenía, solamente lo necesario e indispensable. Su estilo de vida y sus opciones giraban en torno a la causa y al seguimiento de Cristo y a su generosidad. Al respecto, san Pablo dice: “Ya conocen la generosidad de Nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (<em>2Co</em> 8,9). Imitar y seguir a Cristo: esa es la cuestión, y el camino hacia la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6.9 <em>Devociones personales</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Profesaba un gran amor a la Santísima Virgen María, a san Nicolás y a los santos. Tenía un enorme aprecio por la Palabra de Dios y los sacramentos. Para conocer esto es preciso haber estado cerca y tomado parte. Se observaba una notable toma de conciencia para la celebración de la misa. Sentía una gran alegría cuando predicaba en las novenas y fiestas patronales de los pueblos. Las homilías eran fruto de mucha meditación. A veces las preparaba considerando algunos misterios cristianos con los curas que estaban cerca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recuerdo puntualmente que cuando fue el sepelio de los dos sacerdotes asesinados en Chamical (Longeville y Murias), en julio de 1976, conversó cerca de una hora con los sacerdotes que estábamos y pedía que tiremos ideas para armar la homilía del caso. Al hombre le gustaba compartir, escuchar a los demás y apreciaba el aporte de todos. Angelelli ayudaba y se dejaba ayudar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. Causas de su martirio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7.1 <em>Signo de contradicción</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las décadas de 1960-1970 eran tiempos de revoluciones, naciones recién independizadas, las juventudes hacían muchos reclamos y barullos, el marxismo-comunismo pegaba fuerte, aparecieron muchos ideales revolucionarios, cambios de estructuras y sueños de libertad. En ese tiempo yo estaba en Córdoba y percibía una cierta ‘candidez’ en algunos sectores. Este ambiente fácilmente podía despertar algunas confusiones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II (un milagro del Papa Juan XXIII), con las Encíclicas Sociales y el notable aporte de los teólogos suscitaron importantes cambios hacia adentro y fuera de la Iglesia. Se vino una mirada más consciente y exigente sobre la dignidad de la persona humana y sus múltiples necesidades, como la cuestión del hambre y los sufrimientos de los pobres en muchos países.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Era necesario revisar con franqueza las relaciones políticas, económicas y sociales, y el uso correcto y con justicia de los bienes de la tierra, que tienen un destino universal, para promover la paz y una sana convivencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Argentina estábamos cruzando trágicos momentos de nuestra historia: subversión y represión indiscriminada, secuestros, detenciones arbitrarias, torturas, desapariciones, muertes violentas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así las cosas y, motivados por la situación y las enseñanzas del Concilio Vaticano II, muchos predicadores del Evangelio, hablando desde el púlpito, denunciaron las injusticias y las faltas de caridad con los pobres y marginados de la sociedad y los atropellos contra la vida. El obispo Angelelli también levantó la voz en contra de la injusticia, la explotación y la postergación de mucha gente excluida de la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En ese tiempo se hizo presente también la “denuncia profética”. Se recordó a los profetas del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el profeta Amós habla de la corrupción de los dirigentes del pueblo y dice que están: “Apoltronados en sus divanes banqueteando y bebiendo vino en jarras” (cf. <em>Am</em> 6) y no se preocupan de los peligros que amenazan al pueblo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli a veces toreaba fuerte, y es que el profeta no puede callarse, tiene obligación de obedecer a Dios. El profeta tiene que advertir sobre los males y llamar a la conversión para no romper la alianza con Dios, y no poner en peligro la salvación eterna. Esas cosas son muy serias y no pasan de moda. El profeta no puede callarse. Del mismo modo, el “cantor” tampoco puede callarse, de lo contrario, “calla la vida”, se apaga la esperanza y “los obreros del puerto se persignan”, como canta Horacio Guaraní.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente que las cosas no fueron fáciles. Eran tiempos de mucha confusión. El que hablaba de los pobres, reclamaba el derecho y la justicia social era acusado de subversivo, guerrillero, revoltoso, comunista, matón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El obispo Angelelli era perfectamente consciente de que al anunciar la verdad, y desenmascarar el engaño y la hipocresía, al poner en evidencia las actitudes de aquellos que “mantienen prisionera la verdad en la injusticia” (<em>Rm</em> 1,18), corría muchos riesgos. A pesar de todo, tuvo el valor de decir las verdades: “<em>aunq’esas verdades amuestren bicheras, ande naide creiba que hubiera gusanos</em>”, como cantaba Jorge Cafrune.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, Angelelli llegó a ser “signo de contradicción”. Muchos lo amaron y muchos lo odiaron. Bandera discutida, tendrá amigos y enemigos. Jesús fue signo de contradicción. Ya se lo dijo el anciano Simeón a la Virgen María en la presentación del Niño Jesús en el templo: “este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel, será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos” (<em>Lc</em> 2,24-25). Angelelli expresó muchas veces este pensamiento: “somos signos de contradicción”. La cuestión es que muchos rechazan a Cristo y a quienes lo anuncian porque se resisten al cambio de mentalidad y no quieren renunciar a sus posturas egoístas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La predicación del obispo Angelelli fue enérgica contra la injusticia, la explotación y el atropello de las personas. Cuidó mucho del respeto por la vida y de la dignidad de las personas. También advirtió acerca del peligro de la avaricia, que “es la madre de todos los vicios” (<em>1Tim</em> 6,10). Lo hizo, igual que muchos otros, en nombre de Jesucristo, que se identificó con los pobres, hambrientos, sedientos, y que vino para “evangelizar a los pobres”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7.2 <em>Mentira y difamación</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos no entendieron este mensaje evangélico y lo rechazaron porque molestaba a sus intereses. Entonces acudieron a la mentira, la difamación, la calumnia. Se dijeron muchas barbaridades y calumnias. Al obispo se le acusó de guerrillero, subversivo… Hasta se lo llamó “Sataneli”, como si estuviera aliado con Satanás. Esto no nos debe extrañar porque a Jesús lo acusaron que hacía milagros por el poder de Belzebul, el jefe de los diablos (cf. <em>Mt</em> 9,34; <em>Mc</em> 3,22; <em>Lc</em> 11,15-22).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En ese tiempo en La Rioja salía el diario “El Sol”, que le tiraba tierra en forma permanente. Cuando hay intereses de por medio y el hombre no ordena su corazón y orienta bien sus deseos, lo atrapan la ambición y la codicia y se vuelve violento. Recordemos que “la codicia y la violencia andan siempre acollaradas”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En lo que hacía al diario “El Sol” y a otros confabulados en contra del Obispo, daba la impresión de que se hubieran impuesto como lema: “mentir, mentir, mentir”, porque cuando hay mucha mentira, siempre queda algo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una pena, pero muchos riojanos de la Capital y del interior conocieron al obispo a través de la difamación y la calumnia, y quedaron con una idea errónea y falsa. Pienso que nuestra gente no es culpable por esto. Los culpables son los que mintieron. Ellos tendrán que arreglar esa cuestión con su conciencia y con Dios. Nosotros creemos en el perdón de los pecados, y hemos de orar por los perseguidores, como manda el Evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De todos modos, de nada sirve estar en el error. ¿Qué hacer en este caso? Simplemente buscar una buena información en fuentes fidedignas y corregir el error. Seamos inteligentes, hagamos funcionar bien el sentido común, sintamos aprecio por la verdad y no nos dejemos engañar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y sucedió que la figura de monseñor Angelelli molestaba a muchos. La sola presencia del justo irrita a los que se andan portando mal. Los que obran mal no quieren que nadie los cuestione. Esto es fulero porque es señal que la conciencia puede estar adormecida por el hábito del pecado y la injusticia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El profeta Jeremías, por ejemplo, experimentó la persecución de las clases dirigentes del pueblo. Es un caso típico. “Los malvados decían: ¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías. Inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras!” (<em>Jr</em> 18, 18). Es que la raza de Adán es pecadora. Cuando el hombre orienta mal su vida y su libertad, y se empeña en sus propósitos perversos, hasta puede “correr el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios”, como dijo Gamaliel al Sanedrín judío (cf. <em>Hch</em> 5,39).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lamentablemente, los militares no estuvieron suficientemente evangelizados; faltó la enseñanza del Concilio Vaticano II y la Doctrina Social de la Iglesia; hubo mucha confusión en ideas y palabras, por ejemplo: los que hablaban de los “pobres”, de la “justicia”, de la “promoción de la dignidad de la persona humana”, de la necesidad de “compartir el pan” eran considerados comunistas y subversivos; el temor del comunismo caló hondo en la mente de muchos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, la incitación de algunos sectores demasiado acomodados en sus ambiciones desmedidas y en sus intereses egoístas, contribuyó para que los militares se largaran a una represión descontrolada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7.3 <em>Dar la vida por Cristo y por los hermanos</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y llegó el momento de los asesinatos. El 18 de julio de 1976 fueron muertos dos sacerdotes en Chamical: Gabriel Longeville, de origen francés; y Carlos de Dios Murias, franciscano conventual. A los pocos días, el 25 de julio de 1976 mataron en Sañogasta a Wenceslao Pedernera, laico apostólico del movimiento rural católico, que deseaba formar una cooperativa de trabajo. Estos tres mártires estaban incorporados a la pastoral de la diócesis de La Rioja, con el obispo y el presbiterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pasaron algunos días, y el 4 de agosto de 1976 mataron a monseñor Enrique Angelelli en Punta de Los Llanos… y mataron al pastor, que entregó la vida por las ovejas. El martirio es el testimonio supremo de la fe en Jesucristo, que en la Última Cena dijo: “la prueba más grande de amor que puede haber es dar la vida por los amigos” (<em>Jn</em> 15,13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter wp-image-1427 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/ANGELELLI-8.jpg" alt="" width="760" height="450" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. Martirio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los cuatro mártires murieron por la misma causa: servir a Jesucristo en la persona de los pobres y excluidos. Ellos lucharon por la justicia. En el pasaje del Evangelio sobre el Juicio final (<em>Mt</em> 25), y en la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37) queda clarísimo que la salvación pasa por el hermano. El encuentro con Dios pasa por el hermano. Resulta que “es imposible amar a Dios a quien no vemos si no amamos al hermano a quien vemos” (<em>1Jn</em> 4,20). Por algo san Pablo dice: “El que ama al prójimo ha cumplido toda la ley” (<em>Rm</em> 13,8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los estudiosos de estos temas afirman: “El hombre es un lugar teológico”, vale decir, la persona humana es la clave para el encuentro con Dios. Jesucristo se identifica con los hambrientos, sedientos, enfermos, etc. Por ello las <em>obras de misericordia </em>tienen tanta importancia. Está en juego el encuentro con Dios y nuestra salvación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y, ¿qué hicieron monseñor Angelelli y sus compañeros mártires? Practicaron las obras de misericordia; procuraron imitar a Jesucristo que “vino a traer la Buena Noticia a los pobres y el consuelo a los afligidos”. Y sin excluir a nadie de su amor, trataron de practicar un “amor preferencial por los pobres”, y prestaron su voz a “los que no tienen voz”. Ellos guardaron fidelidad a Dios, lo escucharon y le prestaron obediencia. En ellos se cumplió el ideal que propone el profeta Miqueas: “Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad, y caminar humildemente con tu Dios” (<em>Miq</em> 6,8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli y sus compañeros son testigos cualificados de Jesucristo. Son mártires. Fueron asesinados por defender la justicia y la paz, la verdad y la fraternidad, por defender y servir a los pobres; mueren por amor a Dios y a sus hermanos, por defender y vivir los grandes valores que dignifican la existencia humana y cooperan a crear la felicidad de los hombres, y nos abren a Dios, el fin último del hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con sus vidas y su entrega marcaron el camino de la solidaridad y del amor fraterno y enseñaron que el pan debe ser compartido. “El pan en el horno florece para todos” (verso de Angelelli).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios quiere que todos los hombres podamos estar sentados a una misma mesa compartiendo los bienes de la creación. Y que, al salir de este mundo, habiendo vivido en la verdad, en la justicia y el amor fraterno, podamos compartir la feliz mesa de la vida eterna. No olvidemos nunca que “se entra al cielo a través de la solidaridad con el que sufre” (Mons. Osvaldo Santagada).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Angelelli y sus compañeros “han peleado hasta el fin el buen combate, concluyeron la carrera y conservaron la fe”. Y después de sufrir con Cristo “reciben la corona de Justicia de parte del Justo Juez” (<em>2Tim</em> 7,8). Nos alegra su glorificación. Ellos también se alegran. Y, “salvados en esperanza” (<em>Rm</em> 8,24), continuamos con nuestro camino siguiendo al Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>9. Valor del testimonio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recibamos el testimonio de Angelelli y sus compañeros mártires como un eficaz aliciente para avanzar en el conocimiento y en el amor a Jesucristo, que “nos amó y se entregó por nosotros” y que “pasó haciendo el bien”. Iremos creciendo en la fe, la esperanza y la caridad, habremos cooperado en la formación del hombre nuevo venciendo el “fantasma del sin sentido”, y no nos dejaremos aturdir por la necedad del mundo presente que pretende vivir “como si Dios no existiera”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este valioso testimonio nos ayudará a entrar en los caminos de Dios, y a trabajar decididamente por la Justicia y la Paz, la Verdad, el Amor y la Libertad. Y la gracia del Espíritu Santo nos capacitará para prolongar la existencia, que apenas dura un soplo en este mundo, y proyectarla hacia la vida eterna junto a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>10. Cuentas pendientes y consideraciones</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Justicia riojana hizo su trabajo, cumplió con su deber y lo hizo de modo excelente. Se destapó lo oculto, y la verdad triunfó en el juicio. A todos nos queda la obligación de “perdonar a los perseguidores y orar por ellos a fin de imitar al Padre Celestial” (cf. <em>Mt</em> 6, 44-45).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero siempre quedan cuentas pendientes. Dios es fiel y sigue ofreciendo el perdón y llama al cambio de vida, a la conversión. El hombre debe responder con libertad a la llamada de Dios, mientras tenga tiempo. La carta a los Hebreos dice: “Los hombres mueren una sola vez y después de esto viene el juicio” (<em>Hb</em> 9,27), vale decir, la justicia en forma plena en algún momento llega inexorablemente. El hombre es juzgado según sus obras. Entre los pecados más graves se cuentan las ofensas hechas a la vida y la muerte infringida a un hermano. El que mata a un hermano, en cierto modo, le usurpa el lugar a Dios, que es el Dueño absoluto de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se hace urgente rectificar la conciencia y ordenar el corazón, y restablecer las relaciones rotas. Es necesario ponerse en paz con Dios con los hermanos y con uno mismo. Es muy razonable y de acuerdo con la verdad lo que dice Fiódor Dostoyevski: “yo no creo en ese cielo donde la víctima y el victimario pueden estar sentados compartiendo la misma mesa, como si nada hubiere pasado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La justicia es necesaria en este mundo y en el mundo del más allá. La justicia en este mundo a veces podría quedar fallida por engaño, mentiras, acomodos y soborno. Pero la justicia de Dios en el mundo futuro no podrá ser engañada ni burlada. No olvidemos que “nadie se burla de Dios” (<em>Ga</em> 6,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después del primer crimen de la historia, cuando Caín mató a su hermano Abel, Dios llega y pregunta: “¿Dónde está tu hermano?” (<em>Gn</em> 4,9). Esta pregunta se prolonga a lo largo de la historia. Y hay que decir que todos los crímenes quedan registrados en el Libro de Dios. De hecho, Dios sigue preguntando: “¿Dónde está tu hermano?”. Y nadie puede hacerse el loco y responder a Dios como Caín: “No lo sé, ¿soy yo, acaso guardián de mi hermano? (<em>Gn</em> 4,9). La realidad es que somos responsables unos de otros. “Todos somos inevitablemente guardianes de nuestros hermanos”, como dijo Martin Luther King.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuidemos las relaciones humanas con respeto, sabiduría y prudencia. Cuidemos y honremos la vida de nuestros semejantes. San Pablo nos educa diciendo: “Quien ama no hace mal al prójimo, por eso el amor es el cumplimiento pleno de la ley” (<em>Rm</em> 13,10). Por su parte el apóstol Santiago nos advierte: “Miren que el Juez ya está a la puerta” (<em>St</em> 5,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Diócesis de La Rioja, ordenado por monseñor Enrique Angelelli en 1973.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Discurso conclusivo del Encuentro sobre “La Protección de los Menores en la Iglesia” - Santo Padre Francisco</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Apr 2019 19:36:06 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><a href="https://www.pbc2019.org/it/home" target="_blank" rel="noopener">ENCUENTRO "LA PROTECCIÓN DE LOS MENORES EN LA IGLESIA"</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h3 style="text-align: center;"><strong>Discurso Conclusivo</strong></h3>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h4 style="text-align: center;">Santo Padre Francisco</h4>
<h4 style="text-align: center;">Santa Sede - 24 de febrero de 2019</h4>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/04/DISCURSO-CONCLUSIVO-SP.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR DISCURSO EN PDF</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la acción de gracias al Señor, que nos ha acompañado en estos días, quisiera agradeceros también a vosotros por el espíritu eclesial y el compromiso concreto que habéis demostrado con tanta generosidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro trabajo nos ha llevado a reconocer, una vez más, que la gravedad de la plaga de los abusos sexuales a menores es por desgracia un fenómeno históricamente difuso en todas las culturas y sociedades. Solo de manera relativamente reciente ha sido objeto de estudios sistemáticos, gracias a un cambio de sensibilidad de la opinión pública sobre un problema que antes se consideraba un tabú, es decir, que todos sabían de su existencia, pero del que nadie hablaba. Esto también me trae a la mente la cruel práctica religiosa, difundida en el pasado en algunas culturas, de ofrecer seres humanos —frecuentemente niños— como sacrificio en los ritos paganos. Sin embargo, todavía en la actualidad las estadísticas disponibles sobre los abusos sexuales a menores, publicadas por varias organizaciones y organismos nacionales e internacionales (OMS, Unicef, Interpol, Europol y otros), no muestran la verdadera entidad del fenómeno, con frecuencia subestimado, principalmente porque muchos casos de abusos sexuales a menores no son denunciados<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, en particular aquellos numerosísimos que se cometen en el ámbito familiar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, muy raramente las víctimas confían y buscan ayuda<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Detrás de esta reticencia puede estar la vergüenza, la confusión, el miedo a la venganza, los sentimientos de culpa, la desconfianza en las instituciones, los condicionamientos culturales y sociales, pero también la desinformación sobre los servicios y las estructuras que pueden ayudar. Desgraciadamente, la angustia lleva a la amargura, incluso al suicidio, o a veces a vengarse haciendo lo mismo. Lo único cierto es que millones de niños del mundo son víctimas de la explotación y de abusos sexuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí sería importante presentar los datos generales —en mi opinión siempre parciales— a escala mundial<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, después europeo, asiático, americano, africano y de Oceanía, para dar un cuadro de la gravedad y de la profundidad de esta plaga en nuestras sociedades<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Para evitar discusiones inútiles, quisiera evidenciar antes de nada que la mención de algunos países tiene el único objetivo de citar datos estadísticos aparecidos en los informes mencionados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera verdad que emerge de los datos disponibles es que quien comete los abusos, o sea las violencias (físicas, sexuales o emotivas) son sobre todo los padres, los parientes, los maridos de las mujeres niñas, los entrenadores y los educadores. Además, según los datos de UNICEF de 2017 referidos a 28 países del mundo, 9 de cada 10 muchachas, que han tenido relaciones sexuales forzadas, declaran haber sido víctimas de una persona conocida o cercana a la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según los datos oficiales del gobierno americano, en los Estados Unidos más de 700.000 niños son víctimas cada año de violencia o maltrato, según el International Center For Missing and Exploited Children (ICMEC), uno de cada diez niños sufre abusos sexuales. En Europa, 18 millones de niños son víctimas de abusos sexuales<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si nos fijamos por ejemplo en Italia, el informe del “Telefono Azzurro” de 2016 evidencia que el 68,9% de los abusos sucede dentro del ámbito doméstico del menor<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teatro de la violencia no es solo el ambiente doméstico, sino también el barrio, la escuela, el deporte<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> y también, por desgracia, el eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De los estudios efectuados en los últimos años sobre el fenómeno de los abusos sexuales a menores emerge que el desarrollo de la web y de los medios de comunicación ha contribuido a un crecimiento notable de los casos de abuso y violencia perpetrados online.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La difusión de la pornografía se está esparciendo rápidamente en el mundo a través de la Red. La plaga de la pornografía ha alcanzado enormes dimensiones, con efectos funestos sobre la psique y las relaciones entre el hombre y la mujer, y entre ellos y los niños. Es un fenómeno en continuo crecimiento. Una parte muy importante de la producción pornográfica tiene tristemente por objeto a los menores, que así son gravemente heridos en su dignidad. Los estudios en este campo documentan –es triste- que esto sucede con modalidades cada vez más horribles y violentas; se llega al extremo de que los actos de abuso son encargados y efectuados en directo a través de la Red<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recuerdo aquí el Congreso internacional celebrado en Roma sobre la dignidad del niño en la era digital; así como el primer Fórum de la Alianza interreligiosa para Comunidades más seguras sobre el mismo tema y que tuvo lugar el pasado mes de noviembre en Abu Dhabi.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra plaga es el turismo sexual: según los datos de 2017 de la Organización Mundial del Turismo, cada año en el mundo tres millones de personas emprenden un viaje para tener relaciones sexuales con un menor<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Es significativo el hecho de que los autores de tales crímenes, en la mayor parte de los casos, no reconocen que están cometiendo un delito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos, por tanto, ante un problema universal y transversal que desgraciadamente se verifica en casi todas partes. Debemos ser claros: la universalidad de esta plaga, a la vez que confirma su gravedad en nuestras sociedades<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, no disminuye su monstruosidad dentro de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La inhumanidad del fenómeno a escala mundial es todavía más grave y más escandalosa en la Iglesia, porque contrasta con su autoridad moral y su credibilidad ética. El consagrado, elegido por Dios para guiar las almas a la salvación, se deja subyugar por su fragilidad humana, o por su enfermedad, convirtiéndose en instrumento de satanás. En los abusos, nosotros vemos la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los niños. No hay explicaciones suficientes para estos abusos en contra de los niños. Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús. Por eso ha crecido actualmente en la Iglesia la conciencia de que se debe no solo intentar limitar los gravísimos abusos con medidas disciplinares y procesos civiles y canónicos, sino también afrontar con decisión el fenómeno tanto dentro como fuera de la Iglesia. La Iglesia se siente llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad. Hermanos y hermanas, en la justificada rabia de la gente, la Iglesia ve el reflejo de Dios, traicionado y abofeteado por estos consagrados deshonestos. El eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder. Nosotros tenemos el deber de escuchar atentamente este sofocado grito silencioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se puede, por tanto, comprender el fenómeno de los abusos sexuales a menores sin tomar en consideración el poder, en cuanto estos abusos son siempre la consecuencia del abuso de poder, aprovechando una posición de inferioridad del indefenso abusado que permite la manipulación de su conciencia y de su fragilidad psicológica y física. El abuso de poder está presente en otras formas de abuso de las que son víctimas casi 85 millones de niños, olvidados por todos: los niños soldado, los menores prostituidos, los niños malnutridos, los niños secuestrados y frecuentemente víctimas del monstruoso comercio de órganos humanos, o también transformados en esclavos, los niños víctimas de la guerra, los niños refugiados, los niños abortados y así sucesivamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante tanta crueldad, ante todo este sacrificio idolátrico de niños al dios del poder, del dinero, del orgullo, de la soberbia, no bastan meras explicaciones empíricas; estas no son capaces de hacernos comprender la amplitud y la profundidad del drama. Una vez más, la hermenéutica positivista demuestra su proprio límite. Nos da una explicación verdadera que nos ayudará a tomar las medidas necesarias, pero no es capaz de darnos un significado. Y hoy necesitamos tanto explicaciones como significados. Las explicaciones nos ayudarán mucho en el ámbito operativo, pero nos dejan a mitad de camino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es, por tanto, el “significado” existencial de este fenómeno criminal? Teniendo en cuenta su amplitud y profundidad humana, hoy no puede ser otro que la manifestación del espíritu del mal. Si no tenemos presente esta dimensión estaremos lejos de la verdad y sin verdaderas soluciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas, hoy estamos delante de una manifestación del mal, descarada, agresiva y destructiva. Detrás y dentro de esto está el espíritu del mal que en su orgullo y en su soberbia se siente el señor del mundo<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a> y piensa que ha vencido. Esto quisiera decíroslo con la autoridad de hermano y de padre, ciertamente pequeño y pecador, pero que es el pastor de la Iglesia que preside en la caridad: en estos casos dolorosos veo la mano del mal que no perdona ni siquiera la inocencia de los pequeños. Y esto me lleva a pensar en el ejemplo de Herodes que, empujado por el miedo a perder su poder, ordenó masacrar a todos los niños de Belén<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Detrás de esto está Satanás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y de la misma manera que debemos tomar todas las medidas prácticas que nos ofrece el sentido común, las ciencias y la sociedad, no debemos perder de vista esta realidad y tomar las medidas espirituales que el mismo Señor nos enseña: humillación, acto de contrición, oración, penitencia. Esta es la única manera para vencer el espíritu del mal. Así lo venció Jesús<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así pues, el objetivo de la Iglesia será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. La Iglesia, para lograr dicho objetivo, tiene que estar por encima de todas las polémicas ideológicas y las políticas periodísticas que a menudo instrumentalizan, por intereses varios, los mismos dramas vividos por los pequeños.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y de la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este contexto, deseo mencionar las “Best Practices” formuladas, bajo la dirección de la Organización Mundial de la Salud<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, por un grupo de diez agencias internacionales que ha desarrollado y aprobado un paquete de medidas llamado INSPIRE, es decir, siete estrategias para erradicar la violencia contra los menores<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sirviéndose de estas directrices, la Iglesia, en su itinerario legislativo, gracias también al trabajo desarrollado en los últimos años por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores y a la aportación de este encuentro, se centrará en las siguientes dimensiones:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. <strong>La protección de los menores</strong>: el objetivo principal de cualquier medida es el de proteger a los menores e impedir que sean víctimas de cualquier abuso psicológico y físico. Por lo tanto, es necesario cambiar la mentalidad para combatir la actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la Institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos. Ante nuestros ojos siempre deben estar presentes los rostros inocentes de los pequeños, recordando las palabras del Maestro: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Ay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!» (Mt 18,6-7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. <strong>Seriedad impecable</strong>: deseo reiterar ahora que «la Iglesia no se cansará de hacer todo lo necesario para llevar ante la justicia a cualquiera que haya cometido tales crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar ningún caso» (Discurso a la Curia Romana, 21 diciembre 2018). Tiene la convicción de que «los pecados y crímenes de las personas consagradas adquieren un tinte todavía más oscuro de infidelidad, de vergüenza, y deforman el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad. En efecto, también la Iglesia, junto con sus hijos fieles, es víctima de estas infidelidades y de estos verdaderos y propios delitos de malversación» (ibíd.).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. <strong>Una verdadera purificación</strong>: a pesar de las medidas adoptadas y los progresos realizados en materia de prevención de los abusos, se necesita imponer un renovado y perenne empeño hacia la santidad en los pastores, cuya configuración con Cristo Buen Pastor es un derecho del pueblo de Dios. Se reitera entonces «su firme voluntad de continuar, con toda su fuerza, en el camino de la purificación. La Iglesia se cuestionará […] cómo proteger a los niños; cómo evitar tales desventuras, cómo tratar y reintegrar a las víctimas; cómo fortalecer la formación en los seminarios. Se buscará transformar los errores cometidos en oportunidades para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad» (ibíd.). El santo temor de Dios nos lleva a acusarnos a nosotros mismos —como personas y como institución— y a reparar nuestras faltas. Acusarnos a nosotros mismos: es un inicio sapiencial, unido al santo temor de Dios. Aprender a acusarse a sí mismo, como personas, como instituciones, como sociedad. En realidad, no debemos caer en la trampa de acusar a los otros, que es un paso hacia la excusa que nos separa de la realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. <strong>La formación</strong>: es decir, la exigencia de la selección y de la formación de los candidatos al sacerdocio con criterios no solo negativos, preocupados principalmente por excluir a las personas problemáticas, sino también positivos para ofrecer un camino de formación equilibrado a los candidatos idóneos, orientado a la santidad y en el que se contemple la virtud de la castidad. San Pablo VI escribía en la encíclica Sacerdotalis caelibatus: «Una vida tan total y delicadamente comprometida interna y externamente, como es la del sacerdocio célibe, excluye, de hecho, a los sujetos de insuficiente equilibrio psicofísico y moral, y no se debe pretender que la gracia supla en esto a la naturaleza» (n. 64).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. <strong>Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales</strong>: es decir, reafirmar la exigencia de la unidad de los obispos en la aplicación de parámetros que tengan valor de normas y no solo de orientación. Normas, no solo orientaciones. Ningún abuso debe ser jamás encubierto ni infravalorado (como ha sido costumbre en el pasado), porque el encubrimiento de los abusos favorece que se extienda el mal y añade un nivel adicional de escándalo. De modo particular, desarrollar un nuevo y eficaz planteamiento para la prevención en todas las instituciones y ambientes de actividad eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. <strong>Acompañar a las personas abusadas</strong>: El mal que vivieron deja en ellos heridas indelebles que se manifiestan en rencor y tendencia a la autodestrucción. Por lo tanto, la Iglesia tiene el deber de ofrecerles todo el apoyo necesario, valiéndose de expertos en esta materia. Escuchar, dejadme decir: “perder tiempo” en escuchar. La escucha sana al herido, y nos sana también a nosotros mismos del egoísmo, de la distancia, del “no me corresponde”, de la actitud del sacerdote y del levita de la parábola del Buen Samaritano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. <strong>El mundo digital</strong>: la protección de los menores debe tener en cuenta las nuevas formas de abuso sexual y de abusos de todo tipo que los amenazan en los ambientes en donde viven y a través de los nuevos instrumentos que usan. Los seminaristas, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales; todos deben tomar conciencia de que el mundo digital y el uso de sus instrumentos incide a menudo más profundamente de lo que se piensa. Se necesita aquí animar a los países y a las autoridades a aplicar todas las medidas necesarias para limitar los sitios de internet que amenazan la dignidad del hombre, de la mujer y de manera particular a los menores. Hermanos y hermanas: el delito no goza del derecho a la libertad. Es necesario oponernos absolutamente, con la mayor decisión, a estas abominaciones, vigilar y luchar para que el crecimiento de los pequeños no se turbe o se altere por su acceso incontrolado a la pornografía, que dejará profundos signos negativos en su mente y en su alma. Es necesario comprometernos para que los chicos y las chicas, de modo particular los seminaristas y el clero, no sean esclavos de dependencias basadas en la explotación y el abuso criminal de los inocentes y de sus imágenes, y en el desprecio de la dignidad de la mujer y de la persona humana. Se evidencian aquí las nuevas normas “sobre los delitos más graves” aprobadas por el papa Benedicto XVI en el año 2010, donde fueron añadidos como nuevos casos de delitos «la adquisición, la retención o divulgación» realizada por un clérigo «en cualquier forma y con cualquier tipo de medio, de imágenes pornográficas de menores». Entonces se hablaba de «menores de edad inferior a 14 años», ahora pensamos elevar este límite de edad para extender la protección de los menores e insistir en la gravedad de estos hechos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. <strong>El turismo sexual</strong>: la conducta, la mirada, la actitud de los discípulos y de los servidores de Jesús han de saber reconocer la imagen de Dios en cada criatura humana, comenzando por los más inocentes. Solo aprovechando este respeto radical por la dignidad del otro podemos defenderlo del poder dominante de la violencia, la explotación, el abuso y la corrupción, y servirlo de manera creíble en su crecimiento integral, humano y espiritual, en el encuentro con los demás y con Dios. Para combatir el turismo sexual se necesita la acción represiva judicial, pero también el apoyo y proyectos de reinserción de las víctimas de dicho fenómeno criminal. Las comunidades eclesiales están llamadas a reforzar la atención pastoral a las personas explotadas por el turismo sexual. Entre estas, las más vulnerables y necesitadas de una ayuda especial son ciertamente las mujeres, los menores y los niños; estos últimos, necesitan todavía de una protección y de una atención especial. Las autoridades gubernamentales deben dar prioridad y actuar con urgencia para combatir el tráfico y la explotación económica de los niños. Para este fin, es importante coordinar los esfuerzos en todos los niveles de la sociedad y trabajar estrechamente con las organizaciones internacionales para lograr un marco legal que proteja a los niños de la explotación sexual en el turismo y permita perseguir legalmente a los delincuentes<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Permitidme ahora un agradecimiento de corazón a todos los sacerdotes y a los consagrados que sirven al Señor con fidelidad y totalmente, y que se sienten deshonrados y desacreditados por la conducta vergonzosa de algunos de sus hermanos. Todos —Iglesia, consagrados, Pueblo de Dios y hasta Dios mismo— sufrimos las consecuencias de su infidelidad. Agradezco, en nombre de toda la Iglesia, a la gran mayoría de sacerdotes que no solo son fieles a su celibato, sino que se gastan en un ministerio que es hoy más difícil por los escándalos de unos pocos —pero siempre demasiados— hermanos suyos. Y gracias también a los laicos que conocen bien a sus buenos pastores y siguen rezando por ellos y sosteniéndolos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, quisiera destacar la importancia de transformar este mal en oportunidad de purificación. Miremos a Edith Stein - santa Teresa Benedicta de la Cruz, con la certeza de que «en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado». El santo Pueblo fiel de Dios, en su silencio cotidiano, de muchas formas y maneras continúa haciendo visible y afirmando con “obstinada” esperanza que el Señor no abandona, que sostiene la entrega constante y, en tantas situaciones, dolorosa de sus hijos. El santo y paciente Pueblo fiel de Dios, sostenido y vivificado por el Espíritu Santo, es el rostro mejor de la Iglesia profética que en su entrega cotidiana sabe poner en el centro a su Señor. Será justamente este santo Pueblo de Dios el que nos libre de la plaga del clericalismo, que es el terreno fértil para todas estas abominaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El resultado mejor y la resolución más eficaz que podamos dar a las víctimas, al Pueblo de la santa Madre Iglesia y al mundo entero, es el compromiso por una conversión personal y colectiva, y la humildad de aprender, escuchar, asistir y proteger a los más vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hago un sentido llamamiento a la lucha contra el abuso de menores en todos los ámbitos, tanto en el ámbito sexual como en otros, por parte de todas las autoridades y de todas las personas, porque se trata de crímenes abominables que hay que extirpar de la faz de la tierra: esto lo piden las numerosas víctimas escondidas en las familias y en los diversos ámbitos de nuestra sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Cf. María Isabel Martínez Pérez, Abusos sexuales en niños y adolescentes, ed. Criminología y Justicia, 2012: se denuncia solo el 2% de los casos, sobre todo cuando los abusos ocurren en el ámbito familiar. Calcula de un 15 a un 20% de víctimas de pedofilia en nuestra sociedad. Solo el 50% de los niños revela el abuso sufrido y, de esos casos, solo el 15% llega a ser denunciado. Solo el 5% acaba en un proceso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Una de cada tres víctimas no habla de ello con nadie (Datos 2017 recogidos por la organización sin ánimo de lucro THORN).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> A escala mundial: en 2017, la OMS ha estimado que hasta mil millones de menores en una edad comprendida entre los 2 y los 17 años han sufrido violencias o negligencias físicas, emotivas o sexuales. Los abusos sexuales (desde las caricias a la violación), según algunas estimaciones de UNICEF en 2014, afectan a más de 120 millones de niñas, entre las que se registra el más alto número de víctimas. En 2017 la misma organización de la ONU ha referido que en 38 países del mundo de bajo o medio rédito, casi 17 millones de mujeres adultas han admitido haber tenido en su infancia una relación sexual forzada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Europa: en 2013, la OMS ha estimado más de18 millones de abusos. Según UNICEF, en 28 países europeos, alrededor de 2,5 millones de mujeres jóvenes han declarado haber sufrido abusos sexuales con o sin contacto físico antes de los 15 años (datos difundidos en 2017). Además, 44 millones (el 22,9%) han sido víctimas de violencia física, mientras que 55 millones (29,6%) víctimas de violencia psicológica. Y no solo: en 2017, el Informe INTERPOL sobre la explotación sexual de los menores ha llevado a la identificación de 14.289 víctimas en 54 países europeos. Respecto a Italia en 2017, el Cesvi ha estimado que 6 millones de niños han sufrido maltrato. Además, según los datos elaborados por el Telefono Azzurro, en el periodo comprendido entre el 1 de enero al 31 de diciembre de 2017, los casos de abuso sexual y pedofilia atendidos por el servicio 114 Emergenza Infanzia han sido 98, aproximadamente el 7,5% del total de los casos atendidos por este servicio. El 65% de los menores que pedían ayuda eran víctimas de sexo femenino y más del 40% eran menores de 11 años.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Asia: En India, en el decenio 2001-2011, el Asian Center for Human Rights ha declarado un total de 48.338 casos de violación de menores, con un aumento del 336%: de los 2.113 casos del 2001, de hecho, se llegó a los 7.112 casos en el 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">América: en los Estados Unidos los datos oficiales del gobierno declaran que, cada año, más de 700.000 niños son víctimas de violencia o maltrato. Según el International Center for Missing and Exploited Children (ICMEC), uno de cada 10 niños sufre abusos sexuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">África: en Sudáfrica, los resultados de una investigación llevada a cabo en el 2016 por el Centro para la justicia y la prevención de los crímenes de la Universidad de Ciudad del Cabo, ha revelado que un joven sudafricano de cada 3, hombre o mujer, está en situación de riesgo de abusos sexuales antes de haber cumplido los 17 años. Según este estudio, el primero de este género a escala nacional en Sudáfrica, 784.967 jóvenes en edades comprendidas entre los 15 y los 17 años han sufrido abusos sexuales. Las víctimas en este caso son prevalentemente chicos, de sexo masculino. Ni siquiera un tercio ha denunciado la violencia a las autoridades. En otros países africanos los abusos sexuales a menores se insertan en el contexto más amplio de las violencias vinculadas a los conflictos que bañan de sangre el continente y son difícilmente cuantificables. El fenómeno está también estrechamente unido a la práctica de matrimonios precoces difundidos en varias naciones africanas y en otros lugares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Oceanía: en Australia, según los datos difundidos por el Australian Institute of Health and Welfare (AIHW) en febrero de 2018 y que se refieren a los años 2015-2017, 1 de cada 6 mujeres (16%, es decir, 1,5 millones) han declarado haber sufrido abusos físicos y/o sexuales antes de los 15 años, y 1 de cada 9 hombres (11%, es decir 992.000) han declarado haber experimentado este abuso cuando eran muchachos. En el 2015-16, además, aproximadamente 450.000 niños han sido objeto de medidas de protección de la infancia, y 55.600 menores han sido alejados del ámbito doméstico para curar los abusos sufridos y prevenir otros. Finalmente, para no olvidar los riesgos que corren los menores nativos: siempre según el AIHW, en el 2015-2016, los niños indígenas han tenido 7 veces más probabilidad de ser objeto de abusos y de abandono respecto a sus coetáneos no indígenas (cf. http://www.pbc2019.org/it/protezione-dei-minori/abuso-dei-minori-a-livello-globale).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Los datos presentados se refieren a países tomados como muestra por la fiabilidad de las fuentes disponibles. Las investigaciones difundidas por UNICEF sobre 30 países confirman este hecho: un pequeño porcentaje de víctimas afirmó haber pedido ayuda.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> https://www.repubblica.it/salute/prevenzione/2016/05/12/news/maltrattamenti_sui_minori_tutti_gli_abusi - 139630223.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Específicamente, el presunto responsable del malestar sufrido por un menor es, en el 73,7% de los casos alguno de los padres (la madre en el 44,2% y el padre en el 29,5%), un pariente en el 3,3%, un amigo en el 3,2%, un conocido en el 3%, un profesor en el 2,5%. Los datos revelan que el porcentaje de un responsable adulto extraño es muy pequeño (2,2%) (cf. ibíd.).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Una investigación inglesa de 2011, realizada por el NSPCC (National Society for the Prevention of Cruelty to Children), ha descubierto que el 29% de los sujetos entrevistados declaraba haber sufrido acoso sexual (físico o verbal) en los centros donde practicaba un deporte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Según los datos de 2017 del IWF (Internet Watch Foundation), cada 7 minutos una página web envía imágenes de niños abusados sexualmente. En el 2017, han sido individuados 78.589 URL que contenían imágenes de abuso sexual concentrados en particular en los Países Bajos, seguidos por los Estados Unidos, Canadá, Francia y Rusia. El 55% de las víctimas tiene menos de 10 años, 1'86% son niñas, el 7% niños, el 5% ambos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Los destinos más frecuentes son Brasil, República Dominicana, Colombia, así como Tailandia y Camboya. A estos, se han añadido últimamente algunos países de África y del Este europeo. Los primeros países de proveniencia de quienes perpetran los abusos son Francia, Alemania, Reino Unido, China, Japón e Italia. No se debe olvidar tampoco el número creciente de mujeres que viajan a países en vías de desarrollo, buscando sexo por dinero con menores: en total, ellas representan el 10% de los turistas sexuales en el mundo. Además, según un estudio guiado por ECPAT International (End Child Prostitution in Asian Tourism) entre el 2015 y el 2016, el 35% de los turistas sexuales pedófilos eran clientes habituales, mientras el 65% eran clientes ocasionales (cf. https://www.osservatoriodiritti.it/2018/03/27/turismo-sessuale-minorile-nel-mondo-italia-ecpat).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> «Si esta gravísima desgracia ha golpeado algunos ministros consagrados, la pregunta es: ¿Cuánto podría ser profunda en nuestra sociedad y en nuestras familias?» (Discurso a la Curia Romana, 21 de diciembre 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cf. R.H. Benson, The Lord of the World, Dodd, Mead and Company, Londres 1907.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> «Quare times, Herodes, quia audis Regem natum? Non venit ille ut te excludat, sed ut diabolum vincat. Sed tu haec non intelligens turbaris et saevis; et ut perdas umum quem quaeris, per tot infantium mortes efficeris crudelis […] Necas parvulos corpore quia te necat timor in corde» (S. Quadvultdeus, Sermo 2 de Symbolo: PL 40, 655).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> «Quemadmodum enim ille, effuso in scientiae lignum veneno suo, naturam gusto corruperat, sic et ipse dominicam carnem vorandam presumens, Deitatis in ea virtute, corruptus interitusque sublatus est» Máximo el Confesor, Centuria 1, 8-13: PG, 1182-1186.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> (CDC: United States Centers for Disease Control and Prevention; CRC: Convention on the Rights of the Child; End Violence Against Children: The Global Partnership; PAHO: Pan American Health Organization; PEPFAR: President's Emergency Program for AIDS Relief; TfG: Together for Girls; UNICEF: United Nations Children's Fund; UNODC: United Nations Office on Drugs and Crime; USAID: United States Agency for International Development; WHO: World Health Organization).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cada letra de la palabra INSPIRE representa una de las estrategias, y la mayor parte ha demostrado tener efectos preventivos sobre diferentes tipos de violencia, además de beneficios en sectores como la salud mental, la educación y la reducción de la criminalidad. Las siete estrategias son las siguientes: Implementation and enforcement of laws: actuación y aplicación de las leyes (por ejemplo, prohibir disciplinas violentas y limitar el acceso de alcohol y armas de fuego); Norms and values: normas y valores para cambiar (por ejemplo, aquellos que toleran el abuso sexual a las chicas o la actitud agresiva entre los chicos); Safe environments: ambientes seguros (por ejemplo, identificar en los barrios los “puntos álgidos” de la violencia y hacer frente las causas locales con una política que resuelva los problemas y otras intervenciones); Parent and caregiver support: padres y apoyo del asistente familiar (por ejemplo, proporcionando formación a los padres de los jóvenes, y a los padres recientes); Income and economic strengthening: ingresos y fortalecimiento económico (como el micro-crédito y la formación sobre la equidad de género); Response and support services: servicios de respuesta y ayuda (por ejemplo, garantizar que los menores expuestos a la violencia puedan acceder a cuidados de emergencia eficaces y recibir una ayuda adecuada psico-social); Education and life skills: instrucción y capacitación para la vida (por ejemplo, garantizar que los menores vayan a la escuela y proporcionar las competencias sociales).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Cf. Documento Final del VI Congreso Mundial sobre la Pastoral del Turismo, 27 julio 2004.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<wp:post_date><![CDATA[2019-04-28 15:36:06]]></wp:post_date>
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		<title>Cómo el Camino al Corazón nos ayuda a enfrentar las crisis - Inés Ordóñez de Lanús</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/como-el-camino-al-corazon-nos-ayuda-a-enfrentar-las-crisis-ines-ordonez-de-lanus/</link>
		<pubDate>Mon, 06 May 2019 06:51:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: justify;">El presente artículo corresponde a la meditación que ofreció al clero de Santiago reunido el lunes 6 de agosto de 2018 con motivo de la celebración del día del párroco, y después de haber predicado durante una semana un retiro en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago de Chile.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Inés Ordóñez de Lanús
Para citar: Ordóñez de Lanús, Inés; <em>Cómo el Camino al Corazón nos ayuda a enfrentar las crisis </em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 102-115.</h6>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/IORDONEZ_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Cómo el <em>Camino al Corazón</em> nos ayuda a enfrentar las crisis</strong>
<strong>Inés Ordóñez de Lanús </strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Fundadora del Centro de Espiritualidad Santa María</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al empezar el retiro le escribí al Papa para preguntarle qué le quería decir a los seminaristas. Me dijo: “Que vuelvan a leer y a subrayar lo que ya les dije en mi carta en la catedral, durante mi visita a Chile”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es muy doloroso lo que hoy vive la Iglesia chilena; es como un tsunami, pero al mismo tiempo es increíble cómo lo están viviendo. ¡Bendito seas, Señor! Y solo podemos entender desde Dios, desde la acción del Espíritu Santo, cómo todo esto está saliendo a la luz. Es la fuerza de la verdad que, al mismo tiempo que duele, nos libera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hace muchos años que vengo a Chile y siempre me impactó la raigambre católica de este pueblo. Tuvieron sus santos antes que nosotros y que muchos pueblos de América, tienen un amor muy especial a la Virgen y están muy anclados en Dios. Y por eso están pudiendo soportar esta crisis. Porque sabemos que cuando hay una crisis tan honda, solo podemos atravesarla con la fuerza del Señor y su cuidado. Todo lo que nos pasa viene con la fuerza de la gracia para sobrellevarlo. Lo sabemos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me tocó vivir de cerca todo lo que pasó en Irlanda con los <em>Christians Brothers</em> y también lo que pasó con los Legionarios. Me ha tocado conocer esto y acompañar a personas muy golpeadas por estas situaciones y ver de qué manera chocaban con una estructura eclesial que no los acompañaba. Es impresionante ver cómo esta estructura está cayendo y está posibilitando algo nuevo. Es lo que veíamos en los chicos del seminario, todos han vivido muy de cerca esta crisis y están sufriendo, como ustedes, pero tienen claro que ha llegado el momento del ¡No más! ¡Así no! ¡Nunca más! Y al mismo tiempo, darse cuenta con emoción y poder decir: “¡Quiero ser sacerdote!, quiero ser sacerdote de esta Iglesia de Chile; amo esta Iglesia”. ¡Guau! ¡Qué increíble! ¡Qué grande es vivir así, Señor, y poder decir: <em>Nada ni nadie nos va a apartar del amor que Dios nos tiene</em>!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este <em>Camino al Corazón</em> es increíble. Hoy celebramos la fiesta de la Transfiguración, y después está lo que acabamos de rezar, el salmo 34 (33): Los invito a volver a ver la mirada del Señor sobre nosotros, porque cuando estamos con esta angustia, con esta tribulación, el Señor escucha nuestro grito, y nos libra de nuestras angustias. El salmo nos invita: <em>Miren al Señor y quedarán resplandecientes, miren al Señor y el Señor escucha</em>. Pensemos en la mirada, en la escucha. ¿Dónde está nuestra mirada? ¿Dónde está nuestra escucha?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Venid, hijos, escúchenme, los instruiré en el temor del Señor.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>¿Hay alguien que ame la vida, y desea días de prosperidad?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y ahí estamos todos. ¿Quién no lo quiere? ¿Quién no? ¡Todos amamos la vida y deseamos días de prosperidad! Entonces se nos dice:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad;</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Los ojos del Señor miran a los justos, </em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>sus oídos escuchan sus gritos.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>El Señor se enfrenta con los malhechores. </em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Cuando uno grita, el Señor lo escucha, </em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>y lo libra de sus angustias,</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>El Señor está cerca de los atribulados, y salva a los abatidos.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Aunque el justo sufra muchos males, de todo lo libra el Señor;</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>cuida todos sus huesos</em> (…)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Señor nos está cuidando ahora.  Esto que estamos viviendo es parte del cuidado del Señor. ¡La maldad da muerte al malvado!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un tiempo para despejar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces es un tiempo de despejar, despejar y despejar. Ir a nuestro corazón y preguntarnos: ¿Qué me pasa a mí con todo esto? A mí, porque esto de decir: son los otros, qué suerte que esto a mí no me pasa. ¡No más! Es atrevernos a preguntarnos: ¿Qué me está pasando a mí? ¿Cómo impacta en mi corazón? ¿Cómo me afecta este aire que estoy respirando? Atrevernos a ir hondo, muy hondo y dejarnos impactar por esta tribulación que está viviendo la Iglesia, padecerla, sufrirla y dejar que desde nuestras entrañas salga un grito. ¿Cuál es nuestro grito? Ojalá que sea: ¡Nunca más! ¡Así no!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta crisis que nos pasa en la Iglesia, nos está pasando también en las familias, en la educación y en las instituciones. Es como algo nuevo que está viniendo y algo viejo que está cayendo. ¡Algo nuevo está surgiendo! Pero no nos tenemos que olvidar que nosotros somos hijos de esta estructura que está cayendo. Es por eso la urgencia de estar muy cerca del Señor de la Vida, él nos está llamando a una nueva forma de vivir la vida, nos está dando una nueva posibilidad, nos está rescatando de una estructura que ya nos estaba impidiendo crecer. Estamos en un lugar nuevo y podemos mirar el antiguo y decir ¡No más! ¡No más! Pero entonces tengo que preguntarme y animarme a darme cuenta, ¿qué de mí está como pegado, está como acostumbrado a estas antiguas formas? Si no me doy cuenta será muy difícil salir de este lugar para dar espacio a algo nuevo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un momento de tanta gracia, es como si el Señor estuviera despegándonos, liberándonos, sacándonos las cadenas y curándonos. Y es doloroso. Bendito sufrimiento, bendito dolor. ¡Bendito seas, Señor!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos siendo rescatados, al mismo tiempo el Señor nos pregunta a cada uno, y debemos responder. Y ¿yo qué? Y nosotros como Iglesia ¿Qué queremos? ¿Cuál es la Iglesia que soñamos? El Papa les habló en la Catedral de la comunidad diciendo que es una Iglesia que está: abatida, atribulada, <em>misericordiada</em> y transfigurada. ¿Dónde me encuentro yo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy es el día de la Transfiguración, qué increíble saber, Señor, que en este lugarcito de nuestro corazón nos estás transfigurando. ¡Bendito seas, Señor! ¡Claro que sí! ¡No lo dudo ni un instante! Nos estás transfigurando, ahora. Es en simultáneo, lo que nos está pasando, y al mismo tiempo, en esto que nos está pasando se está dando el proceso de la transfiguración. Es muy increíble. Nosotros sabemos que el Señor no es lineal, nosotros somos lineales y sucesivos, pero el Señor en este minuto, ahora, aquí, está actuando en nosotros. Entonces, depende de mí, el abrir los ojos, creer y decir: Señor, ahora estás aquí, te acabamos de decir que te queremos gritar, que queremos mirarte para estar resplandecientes, que escuchas nuestro clamor, nuestra angustia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es mi angustia? ¿Cuál es mi ansiedad? ¿Cuál es mi grito? ¿Es de la boca para afuera?  Tantas veces hablamos con Dios distraídos, diciendo palabras sin prestar atención porque mi mente está pensando en otra cosa. ¡No más! ¡No más! No más así. Queremos estar atentos y presentes a lo que hacemos, a lo que decimos, a nosotros mismos y a nuestras decisiones, a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya el Señor nos ha dicho “Su corazón está lejos de mí,” “Yo quiero su corazón”. Es también el Señor quien nos está diciendo: “¡Basta! No me hagan ningún sacrificio, no me digan nada más. Yo quiero sus corazones”. Por eso este <em>Camino al Corazón</em> es una urgencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya lo había dicho el Concilio Vaticano II, el desorden del mundo moderno tiene su origen en el corazón del hombre. Jesús lo dice de mil maneras, pero cómo nos cuesta;  bueno, es el proceso de toda la vida, para eso fuimos creados y me tengo que preguntar si de verdad lo elijo: Amarte Señor con todo el corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas. ¡Aquí estoy, Señor! ¡Sí! ¡Quiero todo lo que vos quieres para mí!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Vulnerabilidad, soledad y ofrenda</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y cómo decir “quiero todo” cuando, al mismo tiempo, me doy cuenta de que no puedo “nada”, porque soy inconstante, porque soy perezoso, porque tengo miedo, porque tengo inseguridades. Me pongo en este lugar y me siento tan inseguro. ¿Qué hago cuando toco esta experiencia de tanta fragilidad, de tanta vulnerabilidad?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos pasa que cuando tocamos nuestra vulnerabilidad, no sabemos qué hacer con ella. Eso es lo terrible, por eso el Papa dice que esta crisis nos atañe a todos, a todo el Pueblo de Dios, y no solamente a la jerarquía o a los sacerdotes. Nos atañe a todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos que darnos cuenta del lugar en que hemos puesto a los sacerdotes: se ordenan y ya lo tienen que saber todo, lo tienen que resolver todo, tienen que tener la última palabra. ¡No más así! ¡No más!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta vulnerabilidad nos acompaña toda la vida, estemos en el lugar que estemos. Son nuestras heridas, algunas permanecen abiertas, algunas son llagas. Es todo un proceso de sanación el conocerlas, asumirlas, dejar que el Espíritu las toque y las sane. Pero van a seguir siendo nuestras llagas. Algunas el Señor las deja abiertas, porque son puertas enormes de gracia. ¿Cuáles son mis llagas? ¿Con quién las comparto? ¿Con quiénes puedo compartir mi vulnerabilidad?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay mucha soledad en los sacerdotes. Me ha tocado acompañar aquí, en Argentina, en Alemania,  en España, y en todas partes se vive lo mismo: hay muchos sacerdotes muy solos. Así como dice el Señor acerca de la tristeza, que hay una tristeza de muerte y otra que nos acerca al Señor, lo mismo podemos decir de la soledad. La soledad puede ser el vestíbulo a la unión con el Señor si la vivimos en él; o puede ser el marco elegido para el anonimato y el desorden. Cuando somos capaces de ofrendarla al Señor se va convirtiendo en un medio poderoso para experimentar la presencia y compañía del Señor. Pero, ¿cómo hago para ofrendarla y asumirla?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pueden pasar muchas cosas con la soledad no asumida. Puedo desordenarme en la soledad de mi cuarto, porque cuando estoy solo después de entregarme tanto, me justifico muchas cosas: puedo distraerme con el celular o con la computadora, ver pornografía; o bien no me justifico, pero no lo tomo tan en serio. Una soledad no asumida me puede llevar a disociaciones y excesos de los cuales apenas me doy cuenta. Con la comida, con ciertas relaciones, con la autoridad. ¿Qué me pasa? Estoy mucho en el afuera y después me encierro y enmudezco para mí mismo. ¿Por qué? Quizás porque no sé qué hacer en esos espacios de soledad. ¿Cómo lo hago? ¿Con quién hablo lo que me pasa?  ¿Con quién lo comparto?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A esta experiencia de abatimiento, le falta, necesita, le urge, la experiencia de la misericordia. ¿Qué experiencia tengo de la misericordia, del perdón? Yo puedo tocar mi vulnerabilidad y a lo largo del tiempo. Esa es la gran experiencia mística de Pablo, “porque no hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero”;  y ahí puedo descubrir como Pablo que justamente en esta debilidad está mi fortaleza. Pero ¿cómo vivo ese descubrimiento?  Solamente en Dios. Solo Dios basta, todo lo puedo en el que me conforta, aunque me hagan lo que me hagan, ni la angustia, ni el hambre, ni la persecución, nada ni nadie me va a separar del Amor que Dios me tiene. Nada ni nadie, pero ¿cómo hago esa experiencia? Estamos tan confundidos, queremos entender y sentir, pero no siento…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En nuestra confusión ocupa un lugar muy importante el que “no entienda” lo que me está pasando; o “no sienta” lo que me gustaría. No importa nada que no sienta y no entienda. Lo importante es que yo toque mi experiencia, la asuma, y diga con fe: ¡Acá estoy, Señor! ¡Esta es mi ofrenda! Todo mi ser, todo lo que me está pasando; aunque no lo entienda y no “sienta” tu amor.  El cómo estoy, el aquí estoy, es atreverme a decir: ¡Así estoy! Y así es este <em>Camino al Corazón</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Vivir desde mi corazón</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>Camino al Corazón</em> es de todos y para todos, este nuevo carisma propone este itinerario al corazón; puede ser este o puede ser otro; no importa el que elija, pero voy a elegir un camino, porque quiero llegar a mi corazón donde, Señor, tú me habitas. Quiero aprender a vivir desde mi corazón y voy a dejarme acompañar. Lo quiero, Señor, porque estás en mí. Porque me habitas y no quiero olvidarme de esta verdad. Quiero aprender a tener la conciencia espiritual muy despierta; esté donde esté, haga lo que haga, quiero aprender a vivir despierto a ti, Señor, y poder decir a lo que me pasa: que SEA en mí tu amor, tu voluntad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Y claro que tu presencia se irradia! Y quedamos deslumbrados y admirados. ¡Estás aquí, Señor! ¡Estás en mí! ¡Ahora! ¡Estás aquí, estás en mí! Puedo abrir los ojos y mirar. Hay una irradiación, una irradiación que no importa si me doy cuenta o la siento. La sé y la creo. Y eso me basta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Señor está y siempre viene llegando en los acontecimientos, en todo lo que me pasa; y quiero dejarlo llegar, estar abierto, recibirlo en la vida; y no olvidarme de que es así porque estoy distraído. Porque si estoy distraído, caigo en la insensatez y en la hipocresía, porque me olvido de lo que voy viviendo y recibiendo, me olvido de que me decidí a vivir la radicalidad del Amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y cuando empiezo a vivir la vida así y alguien me dice algo, como estoy olvidado de mí, contesto con rapidez cualquier cosa. También puede pasar, sin darme cuenta, que me pongo en el lugar donde me pone el otro, y no en el lugar donde yo quiero estar porque así lo elegí. Como no me doy cuenta y soy un persona buena, y quiero ser buena, voy negando o tapando aquello que también está en mí, pero que no quiero mirar. Pasa, además, que lo que más me gusta es lo bueno de mí, y me gusta que los que me ven, solo vean lo bueno y me hablen de lo bueno. Entonces solo me lleno de cosas buenas, porque somos buenos; pero no dejo espacio para mirar, reconocer y asumir lo que no es bueno. Así, cuando hago cosas malas, no lo veo, lo ignoro, o lo justifico. ¡Porque soy una persona buena! Y yo que soy una persona buena, y estoy tan cansada porque haga tantas cosas buenas, me voy permitiendo, me voy justificando, y casi sin darme cuenta empieza un desorden interno, pero sin darme mucha cuenta. Hay como una inconciencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso urge que entre dentro de mí mismo y diga: ¿A ver, cómo esto me toca a mí? ¿Por qué con tanta facilidad digo amén a tantas cosas? Así descubro que no tengo desarrollado ese músculo para decir “no, ahora no”, a quien sea. Porque efectivamente hay razones para decir que no, porque mi primera responsabilidad ante Dios es saber cuidarme. ¿Y a ustedes, los sacerdotes, quién los cuida? ¿Qué pasa si están enfermos o se sienten solos? Porque cuando estamos casados, por ejemplo, yo tengo a mi marido que me pregunta: <em>¿Estás cansada? ¿Qué te pasa? Abrígate…</em> Pero con ustedes es difícil. Al final nos acostumbramos a un lugar y nos <em>des</em>-cuidamos, descuidamos el mayor bien que somos nosotros, nuestra vida, nuestra salud, nuestro descanso, nuestro cuerpo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>DIA: Decisión, Intención, Acción.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Compartiré lo siguiente, porque lo hemos conversado mucho y creo que es un signo: En el retiro con los seminaristas, cuando hablamos de los cinco espacios del itinerario del <em>Camino al Corazón</em>, dijimos que en estos espacios tienen que abrirse puertas para intercomunicarse. Son <em>lo que pienso</em>, <em>lo que digo</em>, <em>lo que hago</em>, es decir, pensamientos, palabras, obras. Y son también <em>lo que siento</em>, -mis emociones, mis sentimientos-, y <em>mi cuerpo</em>, mi corporalidad, mis sensaciones corporales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre ellos, ¿cuál espacio tengo más desarrollado? ¿lo que pienso? ¿lo que digo? ¿lo que hago? ¿mis sentimientos? Si es el espacio más desarrollado, ¿puedo darme cuenta de lo que estoy sintiendo, de las emociones, de mis sentimientos, de mis estados de ánimo? ¿Y mi cuerpo? Bueno, en el retiro vimos que este espacio estaba muy poco desarrollado y que implica un enorme desafío.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Somos templo de Dios. Así como cuidamos los vasos sagrados, el sagrario, el cáliz, ¿así cuidamos nuestro cuerpo? ¿Quién es el sacristán de mi cuerpo? No tenemos tan incorporado que el Señor está encarnado en mí. Al levantarnos cada mañana decimos al Señor: ¡Estás en mí, Señor! ¡Gracias! ¡Buen día! Y, así, vivir todo el día como si tuviera una custodia enorme aquí en mi corazón. Pero si yo me olvido de quién me habita, me olvido de quién te habita… y nos quedamos en meros pensamientos o idealizaciones, pura fantasía, nos desconectamos de la realidad, nos disociamos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gran desorden viene de nuestra disociación. Pero ¿de quién nos disociamos? Nos disociamos de nosotros mismos y de Dios, de su Alianza de amor. Y nosotros no nos queremos olvidar de su Alianza sellada con su Sangre. ¡No queremos vivir más disociados! Por eso la importancia de acordarnos y de renovarlo todos los días, cada día. A mí me gusta un anagrama que hice con la palabra <em>DIA</em>;  el Señor nos dice: Vengan y trabajen mientras es de día; este día que es ahora; ahora es este <em>kairós</em>, este instante. Por eso para no olvidarnos este anagrama nos lo recuerda DIA: Decisión, Intención, Acción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Decisión: ¿Cuál es mi decisión? En todo esto que estamos viviendo, ¿Cuál es mi decisión? ¿Cómo decido vivir esto? Sabiendo que me afecta, que me toca, que me afecta en mi estado de ánimo, me afecta en mis pensamientos. Pero ¿me doy cuenta cómo se disparan mis pensamientos con esto? Y de repente pienso mal, sospecho, tengo juicios. ¿Me doy cuenta? Y si me doy cuenta, ¿qué hago con eso? Le pido al Señor que purifique mis pensamientos,  que purifique mi memoria, pero ¿cómo lo hago? ¿qué tiempo le dedico? ¿cómo practico el bien en mis pensamientos? ¿cómo dejo que el Espíritu entre y transfigure mis pensamientos?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos nosotros hemos desarrollado demasiado la cabeza, los anteojos del juicio, del prejuicio, de la crítica y de la comparación, un desarrollo gigante y desproporcionado con nuestros otros espacios. Mediamos la realidad con la soberanía y muchas veces tiranía de nuestra mente; y nosotros no queremos más eso, porque queremos y hemos elegido a Cristo como nuestro único. ¿Lo creo? ¿O mi mediación es lo que entiendo, lo que me parece? Y la verdad es que sabemos tan poco. ¡No más así!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Necesitamos un despojo, un desapego, un darnos cuenta. Poder decir: sí, esto es lo que yo pienso; y al mismo tiempo, en simultáneo, dejar que queden iluminados por los pensamientos de Cristo, lo que yo ya elegí. Entonces podré decir a mis pensamientos que se corran, que no ocupen el centro que es el lugar de Dios, y podré ver la realidad tal como se presenta, con lo no resuelto; y a mí también con lo que no sé, con mi vulnerabilidad, con mis llagas, con lo no resuelto de mí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo hago? ¿Cómo me dejo impactar por esta realidad que toca lo mío no resuelto? No es nada fácil vivir en lo no resuelto. Solamente lo podemos hacer si estamos anclados en Cristo. Pero anclados todo el día, con esta confianza, con este manantial, con esta roca firme… Solo tú, Señor, solo tú, Señor. Entonces puedo atreverme a experimentar esta tribulación que me está hundiendo, al mismo tiempo que experimento la fuerza del Señor que me rescata y me lleva a un lugar de delicias. Aunque cruce por oscuras quebradas, lo experimento en mi vida. Pero todo el día, porque es mi decisión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta mañana, cuando me levante, ¿cuál fue mi decisión? Voy a ir al encuentro del clero, y algunos se dijeron: pero qué aburrido; pero voy a ir, ¿cómo no voy a ir?, tengo que ir… Voy rápido, voy a almorzar, o a lo mejor no me quedo. Es decir: ¿qué pensé? ¿cómo vine? Porque si tomé la decisión de venir, ¡Voy a ir! Y ahora estoy aquí, Señor. Mi decisión puede ser entonces abrir mi corazón… ¡Porque estoy aquí! ¡Estoy presente y Tú, Señor, estás presente! Y no voy a patear el presente o pensar quién es esta mujer que nos viene a hablar, y ¿qué está diciendo? ¿Cuáles son mis pensamientos? ¿Qué lugar le dejo a mis pensamientos? Puedo dejarlos que estén ya que no los puedo evitar; puedo darme cuenta de que están, pero tengo tu fuerza, Señor, para correrlos, no dejar que se interpongan en mi decisión y poder entonces anclarme en el presente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No importa cuál sea el presente, porque voy a estar ejercitando todo el tiempo el músculo del discernimiento: esto sí y esto no. Así sí y así no; en cada momento. Eso es un músculo que hay que desarrollar. Porque en el momento, la vorágine de vida puede tomarnos y podemos quedar esclavos del reloj, esclavos del cronos; pero nosotros sabemos y creemos que la eternidad irrumpe en el tiempo, para enseñarnos a vivir el tiempo en Cristo, Señor de la historia. No es fácil salir de la tiranía del tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Estar presentes</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Conocemos cuáles son nuestras esclavitudes? Ya conocemos que en algunos sacerdotes fueron adicciones, desórdenes sexuales, cosas terribles que salieron a la luz. Pero ¿cuáles son mis adicciones? Menores, chiquititas, quizás nadie se da cuenta, no son manifiestas; es como un hilo de nylon, pero adicciones al fin, que me encadenan, que me distraen. ¿De qué me distraen? ¡De estar presentes!, ¡Estas aquí, Señor! Repetirme una y otra vez:  Estas aquí. Estás aquí. Ahora. Estás en mí. ¡Gracias!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo estoy viviendo esto? Y después de tomar conciencia de mis pensamientos poder preguntarme: ¿Cuáles son mis palabras? ¿Qué digo? O ¿qué no digo? No lo digo, pero lo pienso, estoy con esta persona, y me callo la boca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya Casiano y todos los padres del desierto hablaban de estas palabras no dichas. No lo digo, pero ¿cómo blanqueo estas palabras que no se dicen, estos pensamientos? Yo que quiero ser palabra de Dios, que soy palabra de Dios, aunque no diga nada. Mi sola presencia es palabra. ¿Y mi lengua? Decimos al Señor que purifique nuestra lengua. ¿Soy consciente de lo que digo en el momento que lo estoy diciendo? ¿Soy consciente del impacto que tiene lo que digo en las personas que me escuchan? ¿Cómo las miro? ¿Cómo les hablo? ¿Cuál es mi tono de voz? Tenemos que acabar con el maltrato, con el ninguneo: hablo y no miro; hablo y no escucho. Me olvidé de lo que dije y no sé el impacto que produjo. No vuelvo sobre mis palabras, no me doy cuenta si son edificantes o no.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queremos estar atentos, estar con la delicadeza propia del amor; y esto es simplemente: estar presentes. Estar sabiendo lo que pienso, lo que digo y lo que hago. ¿Desde dónde hago lo que hago? ¿Por qué lo hago?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto significa y requiere estar conectados con mi conciencia, ¡Señor, me habitas! Entonces, puedo escuchar esta brisa suave, esta voz… y te amo, Señor. ¡Te amo, te amo y quiero todo! Y quiero tener el gusto por Ti. ¡Estás aquí, me da gusto estar con vos, me gusta! Y cuando vienen esas cosas que son un <em>dis</em>-gusto, lo que me sostiene para vivirlas desde muy hondo de mí, es este gusto: ¡Señor, estas aquí! Es un <em>bien</em>-<em>estar</em> que me da fortaleza, para poder vivir en simultáneo, que es otro músculo que tenemos que desarrollar. Es en simultáneo, es la cruz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Padre ¿por qué me abandonaste?</em> ¡Es un grito! Y, al mismo tiempo, inmediatamente después, otro grito: <em>Padre en tus manos encomiendo mi espíritu</em>…y murió dando otro fuerte grito, todo lo estaba viviendo en simultáneo y pudo decirlo sucesivamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los salmos nos enseñan. Yo puedo estar gritando: Señor no entiendo nada, tengo ira, siento odio y estoy todo revuelto. Es la primera parte del salmo; y le sigo diciendo: y no te das cuenta, Señor, y no me escuchas y mis enemigos me dicen… ¿Cuáles son mis enemigos?  Entonces tengo que ser capaz de confeccionar mi propio salmo con mi vida de hoy. De nada vale que lea los salmos todas las mañanas, si no sé hacer mi salmo. ¿Y cuál es mi salmo? La otra estrofa es: pero yo sé, Señor, que estás conmigo. Y te amo, Señor. Y creo que estás aquí... ¿y te siento? No, no siento nada, lo que siento es mi experiencia. ¿Entonces, cómo salgo? Es algo simultáneo, porque esta experiencia está y me pesa, me duele y la padezco. ¿Cuáles son mis recursos para tener una experiencia de fe? Una fe que se hace esperanza, una esperanza fuerte, activa, luminosa. ¿Qué me hace despejar y ver la verdad, porque amo la verdad? Es una experiencia de fe, que no tiene nada que ver con la sensibilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando el Señor nos quita esa sensibilidad digamos: gracias, Señor, estoy para otro paso, para una fe pura. ¡Estás aquí, Señor! Y el Señor se encarga de ponernos en este pie.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que estamos necesitando como Iglesia en este momento, es una fe pura, una fe consistente, una esperanza luminosa y ahí se manifiesta nuestro amor, no en lo que yo siento, lo que me parece, sino en la decisión renovada de vivir cada día en fidelidad a lo que creo y elijo. Señor, guíanos hoy. Es una decisión. Entonces tengo que disponerme para vivir ese día. ¿Con quién voy a estar? ¿Cuál es mi agenda? ¿Cómo elijo vivir el día? ¿Qué es lo que quiero practicar hoy?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y vivir despiertos a mis emociones, mis sentimientos y sobre todo a mi cuerpo. Puedo darme cuenta de qué parte de mi cuerpo me duele, cómo se refleja en mi cuerpo lo que no puedo digerir de la vida y entonces tengo también mala digestión. ¿A qué atribuyo los constantes dolores de espalda o de cabeza, la contractura que padezco, el dolor de mis huesos, o mi artritis? ¿De qué forma mi cuerpo me está hablando? ¿Cómo escucho mi cuerpo? ¿Cuál es su lenguaje? ¿Cómo asumimos y ofrendamos nuestro cuerpo? El Señor dijo: Heme aquí, me diste un cuerpo… ¡Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cuerpo tiene memoria, ¿puedo reconocer en mis gestos, en mis dolores de siempre, en mis reacciones, algo de mi historia no sanada? Tengo un cuerpo ¿Qué refleja mi cuerpo?  Los que me miran ¿Qué ven cuando me miran? Estamos viviendo esta crisis ¿Qué refleja mi rostro? ¿Qué queremos que refleje? Si queremos vivir esta crisis con esperanza, con amor, con paciencia, con comprensión…¿Cómo se refleja en mi rostro, en mis gestos, la esperanza, el amor, la paciencia, la comprensión? ¿Cómo la vamos a reflejar?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así se da la integración de estos cinco espacios, que los abrimos, porque hacen alianza. Lo que pienso es lo que voy a decir, y si me lo callo, sé porqué lo callo. Y lo que hago es lo que elijo en fidelidad a lo que elegí. Hay una consistencia, una integridad; podemos ver que no somos hipócritas, porque en el momento de la crisis estamos arraigados en la decisión. Decisión que hemos puesto en el corazón, en la intención, es interior. Y la intención es <em>in</em> y es <em>tensión</em>. Es decir, me mantiene una tensión, porque todavía no, pero esa tensión se mantiene en un entender, entender que no entiendo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Entender que no entiendo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como dice san Juan de la Cruz en “un entender que no entiendo”, estar en la vía del amor es entender que no entiendo. Necesitamos ser personas que estamos en esta mística cotidiana, en esta mística encarnada, donde lo único que entiendo es: Señor, estás con nosotros. Estamos haciendo un paso, estamos crucificados, estamos en la impotencia, estamos enmudecidos. Estás con nosotros. ¿Lo creo? ¿Y si lo creo, cómo lo vivo? ¿Cómo impacta? En este entender no entendiendo, me uno a María. ¿María, entendiste? Lo que entendió María es que se trataba de Dios, la transfiguración de hoy, vieron la gloria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Es ahora! ¡Estás aquí, Señor! ¡Está aquí! Tengo que estar todo el día, tiene que ser mi jaculatoria, mi respirar… mis latidos. ¡Señor, estás aquí, ahora! Ahí me uno con María, me uno con Juan, me uno con Pedro, me uno con todos… Y no quiero la suerte de Judas, que no confió, y traicionó porque no confío, y se mató porque no confió, se quedó estancado en la no-confianza. Nosotros a eso decimos “no”, y salgo de ahí,  porque yo creo. La cruz de Cristo une los dos bandos, los dos opuestos, y eso es lo que nos toca, y es maravilloso lo que nos toca: ¡Alégrense en medio de la tribulación! ¡Alégrense, pero que sea una tribulación, donde se manifiesten las obras buenas, estas obras del corazón!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ustedes están viviendo algo que es luminoso, porque está saliendo la verdad, y la verdad es luminosa, están en el peor momento, pero igual podemos decir <em>¡Bendito Sea!</em> Porque esto ya estaba pasando y no queremos que pase más, ¡y son muchos los que no queremos que pase más! Y a quienes les estaba pasando, seguramente tampoco quieren que les pase más, pero no sabían cómo salir de eso. Había una estructura perversa, en la que muchos quedaban entrampados sin saber cómo salir, y además justificado: era lo que pasaba, era lo que se hacía. Pero eso que se hacía, se hacía pensando que estaba bien así, que era por un bien mayor.  Siempre es bueno inclinarnos por las buenas intenciones y poder honrar el tiempo pasado tal como fue, porque nos condujo a lo que estamos viviendo hoy. Esto nos permite decir: esto sí, esto no.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora es otro momento y el Señor nos está llevando a la verdad completa. No es entonces acusar y señalar. En muchas situaciones había un modus operandi, pero no solamente en la Iglesia, también en la familia. Ahora decimos “no más” a ese modus operandi, no más a todo lo que puede favorecer desórdenes o conductas deshonestas; no más a los secretos de familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero cuando podemos salir del secreto y abrirnos a la verdad es bueno honrar ese momento; tener una memoria agradecida, porque esto (lo anterior) nos está llevando a esto (lo nuevo). ¡Bendito seas Señor! Y el Señor todo lo transforma para nuestro bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y lo que ustedes están viviendo, están siendo pioneros, porque pasado mañana lo estamos viviendo nosotros en Argentina. Esto es así, porque es lo que estaba pasando, no es algo que les pasa “solamente a ellos”, es lo que nos está pasando a todos. Y el Señor nos está sacando de esto que nos está pasando. Es algo muy grande, muy esperanzador, porque esta es la Iglesia que queremos, una Iglesia confiable, una Iglesia atractiva, una Iglesia de todos, lo veo como mujer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Que <em>sea</em> en mí lo que quieras</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo tengo 67 años, y cuando estuve en el primer encuentro de fundadores en el Vaticano, en que me tocó hablar con todos los fundadores -cada vez vamos quedando menos-, y algunos que ya son los presidentes, me decían: ¿Pero, cómo surgió eso, cómo te dejaron, refiriéndose a los obispos… Yo hablé de mi experiencia, que amo a la Iglesia. La verdad es que estuve siempre muy acompañada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el segundo encuentro me dijeron: Ah, claro, tu obispo en esa época era el Papa Francisco; como diciendo que este nuevo carisma había podido crecer porque estaba el Papa Francisco.  Les parecía muy raro o novedoso que surgiera de una laica y mujer. En muchas de sus diócesis las mujeres todavía no tenían mucha participación. De hecho, de mujeres casadas fundadoras en Roma soy la única. Las fundadoras o son monjas o son laicas consagradas, pero casadas con familia, es algo nuevo de este tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es bueno preguntarnos ¿Cómo estoy para recibir a que una mujer, un niño, un adolescente o un joven vengan a decirnos algo, a nosotros los sacerdotes?… Y poder quedarnos admirados por la grandeza del Señor que habla a través de todos nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo vamos a ser esa Iglesia familia, esa Iglesia donde el Señor nos puso, en la que a todos nos toca algo? A mí me tocó esta partitura y este instrumento. ¿Y a ti cuál instrumento te tocó?, y todos nos vamos a ayudar en lo que nos tocó. Gracias a Dios hoy lo estamos reconociendo, tocamos esta sinfonía, esta verdad sinfónica, esta sinfonía maravillosa. Pero ¿qué te tocó? Porque al que le toca el triangulito, al que le toca el piano… Todos tienen su lugar. Que suerte que está el triangulito, que suerte que está el piano. Bueno, a eso vamos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo vengo y digo: los admiro, los quiero, quiero decirles que, al menos en Argentina, toda la Iglesia estamos muy cerca de ustedes. Y los apoyamos porque es muy grande lo que están viviendo, y lo que están viviendo, lo estamos viviendo todos. O sea, que no están solos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vayan así al corazón, a este <em>soy yo</em>, este <em>SEA</em>: Soy yo, estoy aquí y elijo amar, esta alianza de amor. Que <em>sea</em> en mí lo que quieras, como quieras, cuando quieras. ¿Se acuerdan de esa oración? Creo que es de Clemente, es antigua, estaba en los misales: Ilumina mi entendimiento, fortalece mi voluntad, ilumina mi esperanza, quiero lo que tú quieres, lo quiero porque tú lo quieres, lo quiero como lo quieres. Esa oración que había en los misales para antes de la comunión, bueno es eso: Quiero Todo, Señor, quiero Todo, aquí estoy y dame Todo. Dame todo lo que quieras, pídeme todo lo que quieras, y dame todo lo que necesito para realizar lo que me encomiendas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los invito entonces ahora, después de haber escuchado, poder entrar dentro de sí mismos y preguntarse: De todo lo que escuché, ¿qué queda resonando en mi corazón? Y si puedo darme cuenta: ¿Cómo llegué? ¿cómo vine? ¿cómo entré acá al salón? ¿cómo empecé a escuchar? ¿qué me pasó en este rato? De este modo tener este diálogo contigo, Señor, y poder renovar: ¡Aquí estoy, Señor! ¡Aquí estoy, quiero todo! Confío en ti, Señor, y te amo. También ver si puedo decirle: ¡Gracias, Señor, gracias! Nos quedamos en tu corazón, María, para que nos enseñes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Laica argentina, casada, madre de ocho hijos, catequista y profesora de Ciencias Religiosas. Fundadora del Centro de Espiritualidad Santa María (<a href="http://www.comunidadsea.org/" target="_blank" rel="noopener">www.comunidadsea.org</a>). El presente artículo corresponde a la meditación que ofreció al clero de Santiago reunido el lunes 6 de agosto de 2018 con motivo de la celebración del día del párroco, y después de haber predicado durante una semana un retiro a los seminaristas del Seminario Pontificio Mayor de Santiago de Chile. Hemos optado intervenir lo menos posible el texto con el fin de conservar la frescura de la presentación oral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[[&#8230;] admin         Cómo el Camino al Corazón nos ayuda a enfrentar las crisis &#8211; Inés Ordóñez de Lanús [&#8230;]]]></wp:comment_content>
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		<title>Sinodalidad y Colegialidad “activas” en la lucha contra los abusos - José Ignacio Fernández, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/sinodalidad-y-colegialidad-activas-en-la-lucha-contra-los-abusos-jose-ignacio-fernandez-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 09 May 2019 08:13:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=1477</guid>
		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: José Ignacio Fernández, pbro.
Para citar: Fernández, José Ignacio; <em>Sinodalidad y Colegialidad "activas" en la lucha contra los abusos</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 11-20.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/JIFERNANDEZ_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Sinodalidad y Colegialidad "activas" en la lucha contra los abusos</strong>
<strong>José Ignacio Fernández, pbro. </strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Diócesis de Talca</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el reciente encuentro de presidentes de conferencias episcopales “<a href="https://www.pbc2019.org/home" target="_blank" rel="noopener">La Protección de los Menores en la Iglesia</a>”, convocado por el Papa Francisco, se habló en reiteradas ocasiones de <em>sinodalidad</em> o <em>colegialidad</em>, como parte de la búsqueda de un camino que permita hacer frente a los abusos sexuales a menores y a adultos vulnerables por parte de clérigos. Evidentemente, la apelación a estos conceptos no pretendió diluir la centralidad que merecen los procesos penales, tanto canónicos como civiles. Al contrario, como veremos, su uso frecuente se orientó a reconocer la necesidad de un proceso cada vez más integral, ante un cáncer que ataca lo más profundo del cuerpo eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta perspectiva, el presente artículo ofrece, desde la eclesiología, algunas pistas interpretativas para acceder mejor a las intervenciones presentadas durante esta reunión. En efecto, este texto no pretende agregar nada ni repetir lo que ya se ha dicho, sino ser un instrumento para abordar estas ponencias y, a la vez, plantear algunas preguntas que hagan más fructuosa su lectura para nuestro futuro eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Propongo que lo hagamos volviendo nuestra mirada a otro importante encuentro, aquel con el que el Papa Juan XXIII convocó a todos los obispos del mundo: el Concilio Vaticano II. Durante su celebración, los obispos tuvieron la tarea, nada fácil, de pensar la Iglesia misma; se decía que la gran pregunta del Concilio era <em>¿Iglesia, qué dices de ti misma? ¿Quién eres?</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los Padres conciliares enfrentaron grandes debates en el proceso de elaboración de la constitución dogmática sobre la Iglesia <em>Lumen Gentium</em> (en adelante, LG), y dos de esas discusiones pueden darnos particular luz hoy a la hora de leer las presentaciones del encuentro para la protección de los menores. Estos son los debates sobre el <em>Pueblo de Dios</em> y sobre la c<em>olegialidad episcopal</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El debate sobre el Pueblo de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los organismos encargados de preparar el Concilio habían escrito un esquema acerca de la Iglesia previo al inicio del encuentro en 1962. Era un texto que proponían para la discusión, pero que esperaban que los obispos del mundo aprobarían con cierta facilidad. No obstante, la situación fue la contraria, pues el esquema preparado fue fuertemente criticado y hubo que asumir la desafiante tarea de elaborar un nuevo documento que pudiera ayudar a la autocomprensión eclesial en nuestro tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El nuevo esquema en que se comenzó a trabajar contenía cuatro capítulos: I. El misterio de la Iglesia; II. La jerarquía, especialmente el episcopado; III. El Pueblo de Dios, especialmente los laicos; y IV. La vocación a la santidad en la Iglesia. Estos capítulos estaban redactados en un modo más ecuménico y pastoral respecto al primer esquema, e integraban una argumentación de tono bíblico y patrístico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mientras se ajustaban los detalles de los capítulos para ser enviados a los obispos, surgió la inquietud de si acaso gran parte de aquello que se decía de los laicos, en el tercer capítulo, no correspondía también a los miembros de la jerarquía, es decir, a todos los bautizados. Se decidió, entonces, adjuntar una nota en la que se proponía a los Padres conciliares evaluar esta modificación: tomar estos elementos comunes a todo el Pueblo de Dios y crear con ellos un nuevo capítulo que fuera ubicado antes de aquel dedicado a la jerarquía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El consenso respecto a esta idea creció rápidamente, y la reflexión provocada por el debate dio grandes frutos a nivel teológico y pastoral. El nuevo segundo capítulo de la constitución sobre la Iglesia, ubicado entre el capítulo de la Iglesia misterio y el de la jerarquía, se constituyó en un hecho y recibió el título de <em>De Populo Dei</em>, es decir, el Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este acontecimiento significó una revolución para la eclesiología. Yves Congar se refiere a esta iniciativa diciendo que le parece una de las decisiones más importantes del Concilio, y que el modo en que finalmente quedó redactado el capítulo <em>De Populo Dei</em> contiene una de las más grandes promesas para el quehacer teológico, pastoral y ecuménico de la Eclesiología<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. ¿Qué significó este nuevo capítulo? ¿Qué contiene? ¿Qué promesas pastorales se encuentran ya contenidas en él?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, significa dejar atrás el modelo piramidal de la estructura orgánica del Iglesia, para dar paso al reconocimiento de la igualdad fundamental de los bautizados, previa a la distinción de funciones dentro del Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También llevó a comprender la Iglesia no solo como la agregación institucional de individuos, sino como una comunión de personas, que por obra del Espíritu Santo se constituyen en un sujeto colectivo: el Pueblo de Dios. Y, haciéndose eco de las Sagrada Escrituras, el Concilio señala que este Pueblo nacido del bautismo es “linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable” (<em>1Pe</em> 2,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, para caracterizar a este Pueblo, que es la Iglesia, el Concilio lo llama “pueblo mesiánico” (LG 9), “pueblo sacerdotal” (LG 10), y reconoce que el “pueblo santo de Dios participa también del carácter profético de Cristo” (LG 12). Dando contenido y buscando describir este carácter profético del Pueblo, se utilizó la expresión <em>sensus fidei</em> o sentido de la fe, que asegura que “la totalidad de los fieles que tienen la unción del Santo (cf. <em>1Jn</em> 2,20.27) no puede equivocarse en la fe” (LG 12). Este sentido sobrenatural del Pueblo de Dios se manifiesta “cuando ‘desde los obispos hasta el último de los cristianos’ [San Agustín] muestran estar totalmente de acuerdo en cuestiones de fe y moral” (LG 12).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la renovación litúrgica post-conciliar hemos promovido en algo la dimensión sacerdotal de todo el Pueblo de Dios, cuando recordamos que es toda la asamblea la que celebra la Eucaristía, la que se ofrece a Dios, y no solo quien la preside. Si el Pueblo de Dios es un pueblo sacerdotal que participa del carácter profético de Cristo, ¿qué rol juega, entonces, el sacerdocio ministerial? Podemos decir que el sacerdocio ministerial se ordena, se encuentra al servicio, <em>es-para</em>, la realización de este sacerdocio común de los fieles (cf. LG 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos elementos de la constitución <em>Lumen Gentium</em> fundan y nos llevan a transitar naturalmente a aquella forma de existencia eclesial que la Iglesia antigua conocía como sínodo o sinodalidad. La palabra está compuesta de dos términos griegos σύν/<em>syn</em> (junto, con) y ὁδός/<em>odós</em> (camino), de modo que “sin-odo” expresa el caminar conjunto de todo Pueblo de Dios<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces, en nuestro tiempo, frente a los abusos de menores por parte de clérigos, algunos de los expositores han manifestado la urgencia de la sinodalidad: ¿Cómo hacemos efectiva y operante la sinodalidad de la Iglesia? ¿Cómo caminamos juntos laicos y pastores?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La periodista mexicana <a href="http://revistacatolica.cl/2019/04/comunicacion-para-todas-las-personas-valentina-alazraki/" target="_blank" rel="noopener">Valentina Alazraki, en su intervención frente a los presidentes de conferencias episcopales</a>, comenzó recordándoles algunos de estos elementos a los prelados: “Para una madre no hay hijos de primera o segunda división: hay hijos más fuertes e hijos más vulnerables. Tampoco para la Iglesia hay hijos de primera o segunda división. Sus hijos aparentemente más importantes como lo son ustedes, obispos y cardenales (no me atrevo a decir el Papa), no son más importantes que cualquier niño, niña o joven que haya vivido la tragedia de ser víctima de abuso por parte de un clérigo”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. ¡Con qué fuerza hizo resonar la igual dignidad de todos los bautizados dentro del Pueblo de Dios!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así también, <a href="http://revistacatolica.cl/2019/03/communio-actuar-juntos-linda-ghisoni/" target="_blank" rel="noopener">Linda Ghisoni</a>, perteneciente al Dicasterio para los Laicos, la Familia y Vida, llamó a los obispos a sacar las consecuencias prácticas de esta comprensión de la Iglesia como Pueblo de Dios en camino, marcado por el <em>sensus fidei</em>: “Es vital para los Obispos valerse de la contribución, del consejo y del discernimiento de los que todos son capaces en su Iglesia, incluidos los laicos, no solamente para sí mismos y en lo referente a las elecciones personales, sino también como Iglesia y para el bien de la Iglesia en el <em>hic et nunc</em> en el que están llamados a vivir”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, las mujeres estuvieron brillantes por la lucidez, profundidad y aplicabilidad de sus intervenciones. A partir de sus palabras, Linda Ghisoni nos ayuda a preguntarnos en el caso de los abusos por parte de clérigos. ¿Cuántos laicos trabajan hoy en la acogida de las víctimas, en la recepción de denuncias, en las investigaciones previas y en los demás procesos canónicos? ¿Cómo contribuyen los profesionales católicos en el camino de cómo y cuándo comunicar? ¿Qué espacios de discernimiento tenemos a nivel de nuestra Iglesia local chilena y en nuestras respectivas Iglesias particulares, donde la participación de los laicos sea efectiva en las medidas de prevención de abusos?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podríamos seguir mostrando los frutos de aplicabilidad de este debate ocurrido durante el Concilio Vaticano II, reflejados en las intervenciones que abogaron por erradicar y prevenir el abuso por medio de la activación de la sinodalidad eclesial. Destaca entre dichos frutos el insoslayable “rechazo de la cultura clericalista que tan a menudo engendró tal abuso”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Sin embargo, no es la finalidad de este artículo hacer un comentario acerca de las intervenciones, sino justamente ayudar a ir a ellas. En efecto, pasaremos mejor ahora a otro debate que ocupó la agenda del Vaticano II y que hoy tiene repercusiones en las exposiciones del encuentro de los presidentes de conferencias episcopales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El debate sobre la colegialidad episcopal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Luego de que el Concilio Vaticano I en la segunda mitad del siglo XIX, definiese la suprema potestad del Romano Pontífice, quedó abierta la cuestión acerca de la identidad y función de los obispos en medio del Pueblo de Dios, y la relación entre ellos mismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II asumió el desafío de abordar esta cuestión, y pasó por el complejo debate. Algunos, especialmente afectados por el fantasma de las tesis conciliaristas, temían que las determinaciones que se tomaran fueran en detrimento de la autoridad del Papa. No obstante, como en todos estos casos, la agudeza del debate permitió que la reflexión teológica fuese más profunda.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amplísimo consenso alcanzado por los Padres conciliares durante la discusión se manifestó en la votación por puntos realizada el 30 de octubre de 1963<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En ella se aprobaron cuatro cuestiones relacionadas con el episcopado y que se encuentran íntimamente vinculadas entre sí. Así, ellas pasaron a ser parte de la constitución sobre la Iglesia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El Colegio de los obispos sucede al Colegio de los Apóstoles. Por fidelidad a la misión recibida del Señor y conscientes que ésta tiene que durar hasta el fin del mundo (<em>Mt</em> 28,20), los Apóstoles nombraron “a algunos varones y luego dispusieron que, después de su muerte, otros hombres probados les sucedieran en su ministerio. […] a través de aquellos que los apóstoles nombraron obispos y de sus sucesores hasta nosotros, se manifiesta y conserva la tradición apostólica en todo el mundo” (LG 20). Es decir, nos aseguran la vinculación con el origen: los Apóstoles y la misión recibida desde el mismo Jesucristo.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>“Por la consagración episcopal se recibe la plenitud del sacramento del orden” (LG 21). Para realizar su misión, los Apóstoles “se vieron enriquecidos con la venida especial del Espíritu Santo que descendió sobre ellos (cf. <em>Hch</em> 1, 8; 2, 4; <em>Jn</em> 20, 22-23). Ellos mismos comunicaron a sus colaboradores, mediante la imposición de manos (cf. <em>1Tim</em> 4, 14; <em>2Tim</em> 1, 6-7), el don espiritual que se ha transmitido hasta nosotros en la consagración de los obispos” (LG 21).</h5>
</li>
 	<li>
<h5>La potestad suprema y plena de este Colegio de los obispos, unido a su cabeza, es de derecho divino. “Por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un único Colegio apostólico” (LG 22), de modo que “el orden de los obispos, que sucede al Colegio de los Apóstoles en el magisterio y en el gobierno como pastores, más aun, en el que incluso continúa sin cesar el cuerpo apostólico, es también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia solo junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta Cabeza” (LG 22).</h5>
</li>
 	<li>
<h5>“Uno queda constituido miembro del Colegio episcopal en virtud de la consagración episcopal y por la comunión jerárquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio” (LG 22).</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos pocos puntos nos muestran la comprensión que la Iglesia tiene del ministerio de los obispos dentro Colegio episcopal, como un ministerio llamado a ser vivido en estrechos vínculos de comunión con los demás obispos y con su Cabeza, el sucesor de Pedro. Es así como esta unidad manifiesta y realiza la unidad la Iglesia. Cada obispo, siendo principio y fundamento de la unidad de su Iglesia particular, en el Colegio pasa a representarla en el ámbito de la Iglesia universal (cf. LG 23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, sinodalidad y colegialidad se articulan para manifestar y hacer operante la misión y la comunión de todo el Pueblo de Dios tanto a nivel de cada Iglesia particular como a nivel de la Iglesia universal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta perspectiva se ordenan las recientes ponencias, como aquella del <a href="http://revistacatolica.cl/2019/02/la-iglesia-en-un-momento-de-crisis-responsabilidad-del-obispo-cardenal-ruben-salazar/" target="_blank" rel="noopener">cardenal Rubén Salazar</a>, Arzobispo de Bogotá, quien expresó que en el tratamiento de la crisis por el abuso sexual de clérigos a menores de edad “y en el proceso de conversión que debe emprender para poder enfrentarla, el obispo no está solo. Su ministerio es un ministerio colegial. […] Más que nunca tenemos que sentirnos llamados a fortalecer nuestros vínculos fraternos, a entrar en un verdadero discernimiento comunitario”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cardenal Salazar se muestra consciente de que los enunciados teóricos ya los teníamos, y que lo que necesitamos es hacer operativa la colegialidad en la protección de los menores al interior de la Iglesia. Coherentemente con su propuesta de una colegialidad activa en este ámbito, propone la implementación de un código de conducta al interior del Colegio episcopal, el cual “vendrá a clarificar y a exigirnos la conducta que es la propia del obispo. Su obligatoriedad será una garantía de que todos actuemos al unísono y en la dirección correcta”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El código de conducta para los obispos puede ayudar a que el Colegio episcopal haga efectiva una voluntad común, que como tal reconocemos propia de la Iglesia universal, y la haga operante en cada Iglesia particular. Pero principalmente, como afirma Linda Ghisoni, hará responsables a los obispos en el caminar juntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, Ghisoni, como perita en Derecho Canónico, propone un procedimiento de rendición de cuentas, por parte de los obispos y de los superiores generales, que permita saber si han actuado o no de acuerdo a lo establecido: “Decir que también el obispo debe siempre dar cuenta a alguien de su actuar no significa someterlo a un control o desconfiar de él <em>a priori</em>, sino insertarlo en la dinámica de la comunión eclesial, en la que todos los miembros actúan de modo coordinado, según sus propios carismas y ministerios”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Articular <em>sinodalidad-colegialidad-primado</em> en la lucha contra el abuso</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es difícil pensar una realización plena de la colegialidad, si no hay detrás una vida sinodal a nivel de la Iglesia particular. Esta vida sinodal permitiría que el obispo hiciese coherente su representación del Pueblo de Dios que le ha sido confiado al interno del Colegio episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comparto un fragmento de una carta pastoral que los Obispos chilenos dirigieron al Pueblo de Dios el año 1961, cuando se preparaban para participar en el Concilio Vaticano II. En ella manifestaron una lúcida vivencia de este dinamismo <em>sinodalidad-colegialidad-primado</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Un Concilio Ecuménico o General, solo puede ser convocado y presidido por el Papa porque sin él no tienen valor las decisiones ecuménicas. Al Concilio concurren, en cuanto es posible, todos los Obispos del mundo. Ellos llevan la representación de sus diócesis, es decir, de los cristianos que en ellas viven, cuyas necesidades y aspiraciones, los Prelados llevan en su corazón. Es la Iglesia entera que se congrega, representada por quienes ‘el Espíritu Santo puso para regir la Iglesia’. Sin duda, esta reunión es uno de los actos más importantes y propios de la vitalidad del Cuerpo Místico de Cristo”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Articular sinodalidad-colegialidad-primado se nos presenta hoy como un desafío de conversión, y, por lo tanto, de humilde apertura a la gracia, para que no nos desviemos hacia el latente riesgo de un voluntarismo estratégico. La necesidad y dificultad de este camino fueron reconocidas por el Papa Francisco en su discurso con motivo del 50° aniversario del Sínodo de los Obispos: “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio […] Caminar juntos —laicos, pastores, Obispo de Roma— es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ineludible lucha contra los abusos sexuales, por fidelidad al Evangelio, puede llegar a ser una oportunidad para retomar con fuerza el proceso de recepción del Concilio Vaticano II. Tal como las “heridas del Señor Resucitado recordaron a los discípulos la traición, su propia traición y el abandono de Jesús cuando salvaron sus propias vidas por miedo”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>, como sostuvo con su profundidad acostumbrada el <a href="http://revistacatolica.cl/2019/02/el-olor-a-oveja-conocer-su-dolor-y-curar-sus-heridas-esta-en-la-esencia-de-la-tarea-del-pastor-luis-antonio-g-cardenal-tagle/" target="_blank" rel="noopener">cardenal Antonio Tagle</a>, a nosotros hoy las heridas de las víctimas de abusos sexuales por parte de clérigos nos recuerdan nuestra traición cuando promovemos una estructura eclesial clericalista. Esta es una forma de elitismo al interior del Pueblo de Dios que facilita el abuso de la autoridad dentro del cuerpo eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el encuentro realizado para la protección de menores y adultos vulnerables, este es un gesto que nos habla de un modo de afrontar esta crisis. Así lo reconoce el <a href="http://revistacatolica.cl/2019/03/la-obligacion-de-rendir-cuentas-en-una-iglesia-colegial-y-sinodal-cardenal-oswald-gracias/" target="_blank" rel="noopener">cardenal Oswald Gracias</a>, quien expresó que el Papa Francisco, “al invitar a los presidentes de las conferencias episcopales nacionales, está señalando cómo la Iglesia debe abordar esta crisis. Para él y para los que nos reunimos con él, será el camino de la colegialidad y de la sinodalidad”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En coherencia con lo planteado, este cardenal proveniente de la India, sabe que no podemos quedarnos solo en declaraciones altisonantes. Por eso, señala una cuestión fundamental: “debemos aprender a practicar otras formas de gestión, y aprender cómo podemos llevar a cabo procesos sinodales”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Esto es algo que necesitaremos cuestionarnos y hacernos cargo en cada Iglesia particular con humildad, antes que justificarnos y pensar que lo estamos haciendo bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como miembros de este único Pueblo de Dios, todos estamos llamados a caminar juntos hasta el final de los tiempos, tal como Israel caminó en el desierto hacia la Tierra Prometida, tal como alegremente cantamos cuando nos reunimos en la Eucaristía: “Somos un Pueblo que camina” o “Iglesia peregrina de Dios”. Todos quienes hemos recibido un mismo Espíritu, somos todos co-partícipes en la escucha de lo que “el Espíritu dice a las Iglesias” (<em>Ap</em> 2,7), y nosotros en particular, de aquello que nos dice a la Iglesia en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cada diócesis, después de leer estas intervenciones, podremos preguntarnos: ¿Qué dice el Espíritu hoy a nuestra Iglesia particular? ¡Qué pregunta! Solamente formularla puede causarnos vértigo. Para lanzarnos a buscar respuestas tendremos que confiar en que el Pueblo de Dios ha sido ungido por el Espíritu de Dios y, como tal, está capacitado para ponerse a la escucha y en camino, todos: laicos, pastores y obispo de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la diócesis de Talca e ingeniero civil. Actualmente está cursando una Licencia en Teología Dogmática en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cf. Congar, Yves, «The people of God», en <em>Vatican II. An Interfaith appraisal</em>, ed. Miller, John (University of Notre Dame Press, 1966), 197. Además, en una nota de la misma conferencia indica que no es claro el modo en que se trabajó, ni la influencia –de carácter decisiva– que hubo, para que finalmente el esquema llegara al segundo período conciliar ya con la nueva estructura incorporada. Eso sí, destaca la influencia de los alemanes y que el texto incorpora muchas sugerencias venidas de Santiago de Chile. Cf. Congar, Yves, 206.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Comisión Teológica Internacional, <em>La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia</em>, 2 de marzo de 2018, n.3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Alazraki, Valentina, <em>Comunicación: para todas las personas</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 23 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Ghisoni, Linda, <em>Communio: actuar juntos</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 22 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cupich, Cardenal Blase J., <em>Sinodalidad: Conjuntamente responsables</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 22 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Cabe mencionar que el cardenal arzobispo de Santiago, Raúl Silva Henríquez, en nombre de 77 Padres de América Latina, hizo llegar a quienes actuaban de moderadores a nombre del Papa en el aula conciliar, una carta el lunes 8 de octubre de 1962. En ella proponía que estos temas fueran sometidos a votación de los Padres conciliares de forma independiente del capítulo en general, tal como finalmente fue realizado. Esta solución permitió destrabar un difícil debate. Cf. Alberto Melloni, «El comienzo del segundo período. El gran debate sobre la Iglesia», en <em>Historia del Concilio Vaticano II. El Concilio Maduro. El segundo período y la segunda intersesión</em>, ed. Alberigo, Giuseppe, vol. III (Salamanca: Sígueme, s. f.), 76.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Salazar, Cardenal Rubén, <em>La Iglesia en un momento de crisis. Responsabilidad de los obispos. Enfrentar los conflictos y las tensiones, y actuar decididamente</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 21 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Ghisoni, Linda, <em>ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, <em>Pastoral colectiva del Episcopado Chileno. S.S. Juan XXIII y el Concilio Ecuménico Vaticano II</em>, 21 de junio de 1961.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Discurso con motivo del 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos</em>, Aula Paulo VI, 17 de octubre de 2015, en <em>Acta apostolicae sedis</em>, vol. 107 (Vaticano, 2015), 1139.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Tagle, Cardenal Luis Antonio, <em>El olor a oveja:</em> <em>Conocer su dolor y curar sus heridas está en la esencia de la tarea del pastor</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 21 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Gracias, Cardenal Oswald, <em>La obligación de rendir cuentas en una Iglesia colegial y sinodal</em>. Intervención en el encuentro “La Protección de los Menores en la Iglesia”, Aula del Sínodo de la Santa Sede, Vaticano, 22 de febrero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> <em>Ídem.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La Teología de la Ternura hoy - Mons. Carlo Rocchetta</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/la-teologia-de-la-ternura-hoy-mons-carlo-rocchetta/</link>
		<pubDate>Thu, 09 May 2019 21:36:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4><img class=" wp-image-1499 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/compofinal1-2-235x133.jpg" alt="" width="733" height="415" /></h4>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>La Teología de la Ternura hoy</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Mons. Carlo Rocchetta</strong><a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/CARLO-ROCCHETTA.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada intervención en este volumen es como una piedra de un gran mosaico. <em>Un dato fundamental resulta inmediatamente evidente</em>: el término «ternura» -junto con el de misericordia- asume en el papa Bergoglio un significado holístico, total y totalizante, y puede convertirse -como un cambio de paradigma- en una clave de lectura del conjunto de su pensamiento para una forma renovada de proclamar el mensaje cristiano. Según la visión global de Francisco, <em>la virtud de la ternura representa el “evangelio” de nuestro tiempo</em>. La teología está llamada a dar forma a este “evangelio”. Así lo señaló desde el principio del discurso programático pronunciado el 13 de septiembre de 2018 con ocasión de la audiencia especial concedida al Centro Familiar “Casa de la Ternura”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Teología y ternura parecen dos palabras distantes: la primera parece recordar el contexto académico, la segunda las relaciones interpersonales. En realidad, nuestra fe las vincula inextricablemente. La teología, de hecho, no puede ser abstracta —si fuera abstracta sería ideología— porque surge de un conocimiento existencial, nacido del encuentro con el Verbo hecho carne. La teología está llamada, pues, a comunicar la concreción del Dios amor. Y la ternura es un buen “existencial concreto”, para traducir en nuestros tiempos el afecto que el Señor nutre por nosotros. Hoy, efectivamente, nos concentramos menos que en el pasado en el concepto o en la praxis y más en el “sentir”. Puede no gustar, pero es un hecho: se empieza de lo que sentimos. La teología ciertamente no puede reducirse al sentimiento, pero tampoco puede ignorar que, en muchas partes del mundo, el enfoque de cuestiones vitales ya no parte de las últimas cuestiones o de las demandas sociales, sino de lo que la persona advierte emocionalmente. La teología está llamada a acompañar esta búsqueda existencial, aportando la luz que proviene de la Palabra de Dios. Y una buena teología de la ternura puede enunciar la caridad divina en este sentido. Es posible, porque el amor de Dios no es un principio general abstracto, sino personal y concreto, que el Espíritu Santo comunica íntimamente. Él, en efecto, alcanza y transforma los sentimientos y pensamientos del hombre».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es evidente que el enfoque del Santo Padre es radicalmente existencial. La ruta es clara:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Comienza desde la ternura como “sentimiento” inscrito en nosotros y como exigencia fundamental para la Iglesia de hoy,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>propone releer la ternura a la luz de la Palabra de Dios que se hizo carne en Jesús de Nazaret,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>y llega a verla como una virtud de todo bautizado inhabitado por el don del Espíritu Santo.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, va <em>del sentimiento natural de ternura a la virtud de la ternura, entendida como expresión de la caridad teologal infundida en nosotros</em>. Es un camino que la teología debe ser capaz de retomar, estructurar en forma orgánica y presentarlo como evangelio de nuestro tiempo. Eso es lo que intentaremos hacer en seis pasos esenciales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El fundamento antropológico de la teología de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. La teología de la ternura a la luz de la revelación bíblica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Jesús de Nazaret: paradigma decisivo de la teología de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. La teología de la ternura, origen y forma modeladora de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. La familia, comunidad de la ternura de Dios en la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">6.  De la teología de la ternura a la praxis de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Fundamento antropológico de la teología de la ternura </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detrás del uso de la categoría de «ternura» en el Papa Francisco hay una antropología opuesta a la hegemonía moderna de la razón, con la recuperación del papel decisivo que le corresponde al corazón. Durante siglos, la sensibilidad afectiva y, por lo tanto, la ternura, han sido exiliadas del palacio del conocimiento como un saber meramente subjetivo, emocional y a-científico. En esta cultura, el hombre no se entiende a sí mismo <em>con</em> la naturaleza y <em>con</em> los demás, sino <em>por sobre</em> la naturaleza y <em>sobre</em> los demás, en una posición de dominio indiscutible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La encíclica <em>Laudato si’</em>, se opone a este tipo de cultura, ofreciéndose como un verdadero tratado de <em>ecología con rostro humano</em> o, mejor aún, como un tratado de <em>eco-ternura</em><a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Es, precisamente refiriéndose a san Francisco, que el Papa nos permite vislumbrar cómo no se trata solo de estudiar el medioambiente (<em>eco-logía</em>), sino de amarlo y cuidarlo (<em>eco-ternura</em>), sabiendo ver en cada realidad creada un hermano y una hermana, como san Francisco, hasta el punto de proporcionar una lectura cristocéntrica-sacramental de todo el cosmos.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Todo el universo material es un lenguaje del amor de Dios, de su desmesurado cariño hacia nosotros. El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios. […] Dios ha escrito un libro precioso, “cuyas letras son la multitud de criaturas presentes en el universo” […] El conjunto del universo, con sus múltiples relaciones, muestra mejor la inagotable riqueza de Dios. […] Así lo enseña el Catecismo: “La interdependencia de las criaturas es querida por Dios. El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión, las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente”».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La clave de lectura de la teología de la ternura de Francisco invierte la lógica de la Ilustración, dominada por el triunfalismo de la racionalidad científico-técnica y burocrática, y abre opciones y estilos de vida bajo la bandera de la aceptación, el don y el compartir evangélico. Así pues, si el protagonismo de la razón ha terminado por llevar a un reconocimiento erróneo de quien está a mi lado y a considerarlo como un potencial enemigo, la primacía de la ternura lleva a acoger a todos los demás en mí como huéspedes a quienes amar y servir, pasando del <em>hostis</em> al <em>hospes</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La razón no puede ser el único criterio; debe reconocer sus propios límites y dar espacio al sentimiento de la ternura; de lo contrario, la violencia en todas sus formas -<em>físicas, psicológicas, sociales, morales</em>- avanzará como una marea abrumadora, llegando incluso al punto de encontrar a quienes la justifiquen como un “mal necesario”. Si el <em>cogito</em> cartesiano terminaba reduciéndolo todo al principio del pensamiento (<em>cogito, ergo sum</em>), la teología bergogliana incluye un replanteamiento radical de ese principio; y esto al menos en cuatro niveles de desarrollo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>“sentir”,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>“sentir” como “sentirse amado”,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>“sentir” como “sentir que podemos amar”,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>“sentir” como adoración.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.1 “Sentir” </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde su discurso del 13 de septiembre de 2018, Francisco insiste en la recuperación del “sentir” como punto de partida de la teología: «la belleza de <em>sentirnos amados por Dios</em> y la belleza de <em>sentir que amamos en nombre de Dios</em>»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En este dato se encuentra el rasgo que caracteriza la noción de ternura con respecto a aquella de amor: la ternura es el <em>páthos</em> del amor, la sensibilidad afectiva, la atención amorosa. No es solo el <em>logos</em> la razón que hace plena la comprensión de la vida humana, sino el <em>páthos</em>, la capacidad de sentir y de dejarse involucrarse por el sentimiento de afecto. Obviamente no se trata de descuidar el papel de la razón o de oponer la razón y el corazón, sino de afirmar -con Pascal- que <em>el corazón conoce, y conoce órdenes de la realidad a las que la razón sola no puede alcanzar</em><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Todo esto es particularmente cierto en el Absoluto de Dios: «<em>Es el corazón quien siente a Dios, no la razón. Y esto es lo que es la fe: Dios sensible al corazón, no a la razón</em>».<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sentimiento de la ternura es <em>con-sentir</em> y, por lo tanto, un sentimiento en una dimensión de <em>com-pasión</em> y un entrar en <em>co-munión</em> con la alteridad; no es solo una experiencia vivida, sino también <em>con-vivida</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.2 “Sentir” como “sentirse amado”</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>sentir</em> no es un fin en sí mismo; se refiere a un amor recibido, a un «sentirse de amado».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Sentirse amado. <em>Es un mensaje que nos ha llegado más fuerte en los últimos tiempos: del Sagrado Corazón, del Jesús misericordioso, de la misericordia como propiedad esencial de la Trinidad y de la vida cristiana. </em>[…]<em> La ternura nos revela, junto al rostro paterno, el rostro materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el de una madre por su propio hijo</em> (cf. Is 49,15)».<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>cogito, ergo sum</em> se invierte en el <em>diligor, ergo sum. Es cuando se es amado que uno se vuelve capaz de responder al amor con amor</em>. Y aunque no tuviéramos el don o la alegría de sentirse amado o se experimentara la desilusión de la traición, el evangelio de la ternura nos anuncia que nunca estamos solos, que Dios es Padre y Madre, Esposo y Amante fiel, que su ternura se extiende a toda criatura y que todos somos amados por un Amor personal e indestructible: «Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá» (Sal 27,10). «El Señor es bueno con todas, su ternura se extiende a todas las criaturas» (Sal 145,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.3 “Sentir” como “sentir que podemos amar”</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>diligor</em> sigue al <em>diligo, ergo sum</em>: soy amado y por eso amo<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Entonces, ¿qué es la ternura? Es la alegría de sentirse amado y de amar. Así, si el solipsismo cartesiano verifica al ser solo en el pensamiento, la concepción bergogliana fundamenta <em>el ser en el amor</em>, superando el principio epistémico que ha guiado gran parte de la filosofía occidental. El ser es inseparable del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Sentir que podemos amar. Cuando el hombre se siente verdaderamente amado, se siente inclinado a amar. Por otro lado, si Dios es ternura infinita, también el hombre, creado a su imagen, es capaz de ternura. La ternura, entonces, lejos de reducirse al sentimentalismo, es el primer paso para superar el replegarse en uno mismo, para salir del egocentrismo que desfigura la libertad humana. La ternura de Dios nos lleva a entender que el amor es el significado de la vida. Comprendemos, por lo tanto, que la raíz de nuestra libertad nunca es autorreferencial».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amor representa el acto de surgir de todo nacimiento, así como el acto de la realización personal y de construcción del mundo. Es una educación al amor que, en el Papa Francisco, presupone un camino concreto que va desde <em>salir de sí mismo</em> para ponerse a disposición de los demás y <em>hacerse cargo</em> de ellos, hasta <em>entregarse</em> gratuitamente a sí mismo. La ternura cristiana coincide con estos actos originarios: a una cultura sin corazón, contrapone una cultura del corazón, en la conciencia de que solo así el mundo se hace humano y se hace vivible. En una sociedad donde «todo está para ser comprado, poseído o consumido; también las personas. La ternura, en cambio, es una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta. Nos lleva a vibrar ante una persona con un inmenso respeto y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad» (AL 127).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura es «sentirse amado, por lo tanto, significa aprender a confiar en Dios, a decirle, como quiere: “Jesús, confío en ti”».<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.4 “Sentir” como adoración </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura, por tanto, según el Santo Padre, es “un sentimiento afectivo” en una perspectiva vertical: <em>sentirse amado por Dios </em>y <em>sentir que amamos a Dios</em>. El creyente está llamado a darse cuenta de que su ternura es solo un reflejo imperfecto, aunque extraordinario, de la inmensa ternura de Dios y que se lo agradece. «Ternura es decir gracias con la vida: y agradecer es alegría, porque es humilde reconocimiento de ser amado»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. De este modo nace un camino consecuente que, del amor recibido y dado, conduce a la adoración y que recíprocamente desemboca en un intercambio de amor hacia los demás y hacia el Altísimo. El <em>diligo, ergo sum</em>, se traduce, en consecuencia, en la formulación querida por Gertrud von Le Fort: <em>Adoro, ergo sum</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un discurso pronunciado en la Basílica de San Pablo de Extramuros el 14 de abril de 2013, comentando el pasaje del Apocalipsis de 5,11-14, Francisco se preguntó: «¿Qué significa adorar a Dios?» Y respondió: «Significa aprender a estar con Él, […] sintiendo que su presencia es la más verdadera, la mejor, la más importante de todas». Se trata de redescubrir, en otras palabras, la suprema adoración de Dios. «Adorar al Señor quiere decir darle a él el lugar que le corresponde; adorar al Señor quiere decir afirmar, creer –pero no simplemente de palabra– que únicamente él guía verdaderamente nuestra vida; adorar al Señor quiere decir que estamos convencidos ante él de que es el único Dios, el Dios de nuestra vida, el Dios de nuestra historia».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y ese es el estupor transfigurador de la fe: una respuesta al «fulgor» de la <em>gloria Dei</em> revelada en el rostro de Jesucristo, aclamación llena de admiración por las «maravillas de Dios» que se despliegan en el hoy de la Iglesia. Que de esta adoración brote un nuevo sentimiento, el sentimiento de alegría que llega a transfigurar toda la vida, llenándola de afecto, semejante a la de un niño en brazos de su madre o a la del canto de los pájaros en el cielo.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Teología de la ternura a la luz de la revelación bíblica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los cuatro pasajes indicados suponen el redescubrimiento bíblico del rostro de Dios como infinita ternura amante. Desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, la Escritura nos da testimonio de un Dios atento a la humanidad y “apasionado” por los suyos: es el Dios de Abraham, de Isaac, de Jacob, el Dios de Moisés, el Dios de Jesucristo, no el Dios de los filósofos o de los sabios, como diría Pascal<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. El Dios de la revelación judeocristiana no es un Dios apático o indiferente; es un Dios con nosotros (<em>Yo Soy</em>) presente activamente <em>para</em> su pueblo y <em>con</em> su pueblo. Ya la autodefinición enunciada en Horeb: «Yo soy el que soy» (ʼehyeh ʼašér ʼehyeh; Ex 3,14) da testimonio de este rostro de Dios. De hecho, la calificación no debe ser leída en un sentido ontológico (una perspectiva ajena a la mentalidad bíblica), sino como la manifestación de un <em>estar</em> del Señor, un <em>Dios-que-está-para-su-pueblo</em>. M. Buber traduce la expresión hebrea con la dicción: «<em>Yo seré aquí aquel el que será aquí</em>». A este rostro de Dios, de diferentes formas y con diferentes acentuaciones, se refiere continuamente Francisco, invitándonos a ver el rostro de Dios en su realidad aparentemente paradójica: el Señor es el <em>Totalmente-Otro</em>, el Inefable, no representable en ninguna figura terrena y no identificable con ningún ídolo<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a> y, sin embargo, Él es el Misericordioso, el <em>Dios-con-nosotros</em><a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>, que se hace presente y se interesa por el destino de su pueblo.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La ternura puede indicar precisamente nuestra forma de recibir hoy la misericordia divina. La ternura nos revela, junto al rostro paterno, el rostro materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el de una madre por su propio hijo (cf. Is 49,15). Pase lo que pase, hagamos lo que hagamos, estamos seguros de que Dios está cerca, compasivo, listo para conmoverse por nosotros. La ternura es una palabra beneficiosa, es el antídoto contra el miedo con respecto a Dios».<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido van <em>las metáforas bíblicas de la ternura</em>: <em>un</em> Dios-<em>Padre</em> que abraza a sus hijos con afecto y los acerca a su mejilla; <em>un</em> Dios-<em>Madre</em> que siente que su hijo se mueve en su vientre y se conmueve por él; <em>un</em> Dios-<em>Pastor</em> que cuida del rebaño y de cada una de las ovejas; un Dios-<em>Médico</em> que cura y sana las heridas del pueblo. Esta referencia a la Sagrada Escritura es esencial para una correcta teología de la ternura como teología encarnada capaz de proponer el afecto de Dios por sus criaturas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La teología, de hecho, no puede ser abstracta —si fuera abstracta sería ideología— porque surge de un conocimiento existencial, nacido del encuentro con el Verbo hecho carne. La teología está llamada, pues, a comunicar la concreción del Dios amor. Y la ternura es un buen “existencial concreto”, para traducir en nuestros tiempos el afecto que el Señor nutre por nosotros».<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura de Dios no se reduce a una idea, sino que constituye una realidad viva, el origen de una relación yo-tú, más viva que cualquier otra realidad. La Biblia es, de principio a fin, el testimonio de esta ternura. La raíz rḥm, con sus derivados, retorna al Antiguo Testamento 131 veces: 25 en los salmos, 17 en Isaías, 17 en Jeremías y en menor medida en otros libros. El Papa Francisco continuamente se refiere a textos bíblicos que proclaman la ternura de Dios, incluyendo: Salmo 103,13-14; 131,2; 27,10; Os 11,1.3-4; Is 49,14-16; 63,15-16; 66,12b-13. Estos son pasajes en los que la trascendencia de Dios se combina admirablemente con la inmanencia de su <em>amor misericordioso</em><a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a> y con su <em>ternura sin límites.</em><a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El término correspondiente a rḥm en el Nuevo Testamento es <em>splanchnízomai</em>, un verbo que también es frecuente para designar la ternura de Jesús hacia los últimos. La <em>com-pasión</em> es el sentimiento que Jesús revela frente a todas las categorías de sufrientes<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. El Papa Francisco se refiere repetidamente a la <em>compasión de Jesús</em> para indicar la ternura del Maestro, su cercanía a los marginados, a los indefensos y a todos aquellos que se encontraban en una situación de enfermedad, dificultad o necesidad. La suya es una ternura de <em>com-pasión</em>, de participación profunda, empática, respecto de las vivencias de sus interlocutores. No es en absoluto un relacionarse frío o distante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un icono ejemplar de esta actitud es la parábola <em>del Buen Samaritano</em> (Lc 10, 25-37). Las diez acciones del samaritano resumen el sentido mismo de la ternura evangélica: «<em>Lo vio</em>». «<em>Tuvo compasión por él</em>». «<em>Se le acercó</em>». «<em>Le vendó las heridas</em>». «<em>Les echó aceite y vino</em>». «<em>Lo cargó sobre su propia cabalgadura</em>». «<em>Lo llevó a una posada</em>». «<em>Cuidó de él».</em> «<em>Sacó dos denarios</em>». «<em>Te reembolsaré los gastos a mi regreso</em>». Son acciones que expresan una <em>participación viva y afectiva</em>, un modo de amar completo que la Iglesia está llamada a hacer propia. Según el Papa, la Iglesia debe <em>acercarse a cada herido con la misma actitud que el buen samaritano</em><a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco habla muchas veces de la mirada de Jesús, esperando poder ver la realidad tal como él la ve (AL 3): «Él miró a las mujeres y a los hombres con los que se encontró con amor y ternura» (AL 60); «Iluminada por la mirada de Jesucristo, mira con amor a quienes participan en su vida» (AL 291); «Jesús era un modelo porque, cuando alguien se acercaba a conversar con él, detenía su mirada, miraba con amor (cf. Mc 10,21)» (AL 323).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al fin y al cabo, para el Papa Francisco, todos los actos de Jesucristo no deben ser entendidos solo o simplemente como anécdotas o buenos ejemplos, sino como las <em>encarnaciones históricas de la ternura de Dios</em>: una epifanía visible del corazón amante invisible de Dios-Trinidad de Amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Jesús de Nazaret: paradigma decisivo de la teología de la ternura</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología de la ternura es al mismo tiempo una <em>cristología de la ternura</em>. De hecho, el contenido evangélico del amor tierno, más que moral es “teológico”: encuentra su origen en la singularidad del acontecimiento único del Crucificado resucitado y en el misterio fontal de la Trinidad, y se realiza completamente solo en estrecha relación con el don de la vida nueva entregada por el Padre en el Unigénito Encarnado y en la efusión de su Espíritu. Decir «teología de la ternura» significa, por tanto, considerar que la ternura, aunque arraigada como un sentimiento en nuestras facultades, está llamada a realizarse como un don de lo alto en correspondencia con el acontecimiento pascual y el mandamiento del amor; un don de lo alto que no solo no destruye, sino que supone, purifica y lleva a la plenitud la vocación a la ternura contenida en el corazón humano. En efecto, el Hijo de Dios, encarnándose, no destruye lo humano, sino que lo transfigura y lo eleva, orientándolo a las alturas más sublimes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según Francisco, hay dos fundamentos objetivos de la cristología de la ternura: <em>la Encarnación </em>y<em> el Misterio Pascual de Jesús</em>. Con el acontecimiento de Jesús de Nazaret se manifiesta el <em>Deus absconditus</em> y se nos enseña cómo el Todopoderoso se hace cercano a la humanidad, con una ternura absolutamente concreta, universal y personal, modelo y forma de toda ternura. La <em>kén</em><em>ō</em><em>sis</em> del Logos que se hace carne y se cumple en la muerte de Jesús en la cruz expresa toda la paradoja de la ternura como «fuerza del amor humilde», fuerza que vence al mal con el bien. Y esta es la novedad del Dios de la fe: el Dios de las religiones -y en parte del judaísmo- es un Dios que se impone con el ímpetu visible de su «brazo poderoso y extendido», infundiendo «temor y temblor». El Dios de la revelación cristiana, por el contrario, se revela escondiéndose, en una forma tan humana que asume sobre sí mismo la “carne” del mundo y el abismo mismo de la muerte. Belén y Nazaret, Jerusalén y el Gólgota representan un acontecimiento de absoluta novedad en la historia de la auto-revelación de Dios a la humanidad; un acontecimiento de gracia cuya única razón es el amor de benevolencia, la ternura. <em>La encarnación encuentra su culmen en el Crucificado, que extiende sus brazos en un gran gesto de acogida perdonante</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>3.1 La ternura de Dios es una ternura encarnada</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Nuevo Testamento lleva a la plenitud la revelación bíblica del Dios-con-nosotros, hasta la condescendencia (<em>kathabasis</em>) de la encarnación. La Divina Ternura se revela como una ternura <em>en-carnada</em>, una ternura que se hace “carne” en la historia humana, asumiéndola y convirtiéndose en el principio de la transfiguración de todo el género humano. Una ternura concreta e histórica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya este simple hecho muestra cómo la ternura de Dios no se nos presenta como un sentimentalismo vacío o más o menos edulcorado, sino como un modo de ser y de hacerse cargo de la condición humana para salvarla y hacerla partícipe de su propio ser de Dios-Trinidad-de-Amor. Las contundentes afirmaciones del Papa Francisco van en esta dirección: «El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura» (EG 88); «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes» (EG 288).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La expresión “revolución de la ternura” está ligada a la venida de Dios en una naturaleza humana como la nuestra, principio de transfiguración de la humanidad y del mundo (EG 88; 288). Este fundamento es objetivo, sustrae a la ternura de toda arbitrariedad y dirige la historia humana hacia una “revolución” orientada a cambiar el mundo desde dentro. Tal es la ternura de Jesús: no se trata simplemente de un gesto aislado (<em>ternura-como-tener</em>), sino de un acontecimiento que condensa toda su experiencia (<em>ternura-como-ser</em>), y que se proyecta en <em>la cruz como futuro de la ternura crucificada</em>. La cruz revela que la ternura solo puede lograrse como una oblación existencial de sí mismo en respuesta al plan de Dios, <em>entrega por amor no solo de lo que se tiene, sino de lo que se es</em>. Jesús salva al mundo abriéndose al don total de sí mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>3.2 La cruz: revelación de la metafísica trinitaria</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La muerte de Cristo en la cruz, «escándalo» y «locura»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>, es la expresión suprema de la ternura de Dios-Trinidad. La teología de la ternura se presenta, por tanto, como la teología del corazón amante de Dios y del corazón traspasado de Jesús en la cruz. Dios se revela en una dimensión diametralmente opuesta a la que se esperaría: se revela sumergiéndose en la condición humana, y no dominándola desde fuera; en una dimensión de humillación y muerte, y no en la majestad de su gloria y poder infinito. Ahora bien, la cruz es comprensible solo en la lógica del don y del abandono (<em>abandono</em>=<em>dejar lo que se tiene que hacer don de lo que se es</em>), como un acontecimiento de <em>pietas</em> y de dilección amante, de “debilidad” que se transforma en fuerza de salvación para todos. Como dijo el Santo Padre: «La Cruz es el sello de la ternura divina, que proviene de las llagas del Señor. Sus heridas visibles son las ventanas que abren su amor invisible».<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La cruz es como una ventana abierta que des-vela la “metafísica” misma del ser de Dios y de su eterna comunión trinitaria</em>; ella proclama en la acción cómo existe en Dios-Trinidad una recíproca y eterna entrega, de don, acogida y compartir. La entrega del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, del Padre y del Hijo al Espíritu y del Espíritu al Padre y al Hijo es, de hecho, desde la eternidad y para la eternidad, una entrega de acogida, de don, de compartir. Tal entrega mutua es la que constituye a las personas divinas como distintas unas de otras en la identidad del único Dios. De este modo, <em>la cruz revela la ternura dadora del Padre, la ternura acogedora del Hijo, la ternura que comparte del Espíritu Santo</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La cruz proclama que la última palabra de Dios no es una palabra de condena, sino <em>de ternura misericordiosa y de amor gratuito</em>; esta es la palabra que inaugura el tiempo de la Iglesia y dice su forma; de ella brota la ternura de los cristianos, que los hace -por la gracia- “memoria inquieta” y “profecía viva” de una nueva manera de concebir la vida, liberándolos de la lógica del poder y de la dominación y colocándolos en aquella de la gratuidad y del servicio. Es gracias a la <em>theologia crucis</em> que surge la <em>theologia teneritiae</em> y si conoce su contenido real. Con la cruz, el Hijo de Dios se sumerge personalmente en la muerte, lo que le permite redimirla y dar inicio a la nueva condición de hijos de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>3.3 La ternura de Dios como un abrazo que nos revela a nosotros mismos</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Crucificado no solo revela a Dios-Trinidad al hombre, sino que también <em>le</em> <em>revela el hombre al hombre y le manifiesta su más alta vocación </em>(GS 22). «Si Dios es ternura infinita, también el hombre, creado a su imagen, es capaz de ternura. La ternura, entonces, lejos de reducirse al sentimentalismo, es el primer paso para superar el replegarse en uno mismo, para salir del egocentrismo que desfigura la libertad humana. La ternura de Dios nos lleva a entender que el amor es el sentido de la vida».<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La cruz proclama esta identidad de la criatura humana, dice que somos seres de relación, creados a imagen de Dios-Trinidad-de-Amor: venimos del abrazo eterno de Dios-Trinidad, vivimos de este abrazo y nos dirigimos al abrazo de Dios-Trinidad. Como tales, somos seres formados para abrazar y ser abrazados, hasta el punto de que solo así nos hacemos capaces de construir nuestra verdadera humanidad y de construir una familia humana respetuosa de nuestra identidad más elevada. La ternura es el don del abrazo de la cruz y la capacidad de abrazar a cada hermano y hermana. No es casualidad que el número 27 de <em>Amoris laetitia</em> se titule “La ternura del abrazo”, y Francisco habla continuamente del abrazo de Dios dirigido a todos nosotros. El gesto del abrazo es también habitual en él cuando cita los textos bíblicos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Mantengo mi alma en paz y silencio como niño destetado en el regazo de su madre» (Sal 131,2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Cuando Israel era niño, yo lo amé […] le enseñé a caminar tomándolo por los brazos […] Con cuerdas de bondad los atraía, con lazos de amor, era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os 11, 1.3-4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es baladí notar cómo la figura física de la cruz alude a la forma física del cuerpo humano. Según un antiguo oráculo<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>, Dios pudo recostarse en la cruz porque el Hijo de Dios asumió un cuerpo humano que, a diferencia del de los animales, es capaz de “estar de pie y extender sus manos”<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. La figura de la cruz presupone ser levantado en lo alto, con la mirada dirigida al cielo, y requiere abrir los brazos, como signo de acogida. La muerte en la cruz del Hijo de Dios hecho hombre representa una de las novedades más significativas de la fe cristiana en comparación con cualquier otra religión. Buda es representado como los brazos sobre el vientre y con las piernas cruzadas, el rostro inmóvil. El <em>Hatha yoga</em> enseña a controlar el cuerpo, enfocando la atención en la pelvis y la columna vertebral, en una posición replegada sobre sí misma (<em>asana</em>). Mahoma murió después de los sesenta años, mientras planeaba guerras contra Persia y señalaba con el dedo a los infieles (la <em>yihad</em>, la guerra santa).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús crucificado muere de pie, con los brazos abiertos para acoger a toda la humanidad y con la mirada hacia lo alto, en una auto-donación activa al Padre, perdonando a los verdugos y asegurando al ladrón arrepentido: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43). A la luz de la cruz, la ternura de Dios dice que somos seres de ternura en una doble perspectiva: horizontal y vertical, correspondiente a la misma figura física de nuestra corporeidad. Nuestro cuerpo, en su forma, proclama una existencia de <em>relacionalidad horizontal</em>, expresada por los brazos y las manos, y de <em>relacionalidad vertical</em> significada por la figura erguida del cuerpo y el rostro. Y, si bien es cierto que la corporeidad constituye la razón de ser de la individualidad de cada persona, representa al mismo tiempo la razón de ser, el signo y el atractivo de una “existencia con” y una “existencia para”, en una dimensión de superación perenne de sí mismo hacia el Absoluto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La cruz nos revela a nosotros mismos. La perspectiva <em>horizontal</em>, según el Papa Francisco, supone que la ternura se convierta en el paradigma de todo amor. La perspectiva <em>vertical</em> implica la conciencia de que la ternura viene de Dios-Ternura, que orienta hacia Él y se realiza como su don espléndido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. La teología de la ternura, forma modeladora de la Iglesia.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la forma de la cruz, se asocia la revelación del misterio de Dios-Trinidad-de-Amor, así como de la cruz nace la Iglesia, comunidad unida en el Padre, en el Hijo, en el Espíritu (LG 9). De ese corazón abierto brota la Iglesia, comunidad de ternura y semilla del Reino de Dios en la historia. Así, a la <em>theologia crucis</em> se une la <em>ecclesia crucis</em>: una Iglesia que, emanando de la cruz, se configura con ella y está atenta a renovarse en el Espíritu, humilde en el servicio y totalmente confiada a la gracia misericordiosa de su Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para la Iglesia, vivir su propia identidad significa dejarse moldear por el “Evangelio de la ternura” y crecer en su discernimiento amante. Según la denuncia del Papa, la Iglesia de la ternura rechaza toda forma de mundanidad espiritual oculta tras una aparente religiosidad o neo-fariseísmo. Ella se opone a <em>dos visiones erróneas</em>, profundamente vinculadas entre sí:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>la visión <em>neo-gnóstica</em> de la fe, interesada solo en «razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»;</h5>
</li>
 	<li>
<h5>la visión <em>neo-pelagiana</em> de la fe, que se basa únicamente en sus propias fuerzas y se basa en «una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar» (EG 94).</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La denuncia de Francisco se refiere al inmanentismo antropocéntrico, donde no se mira tanto el mensaje evangélico, sino a sí mismo. «En ambos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente. […] No es posible imaginar que de estas formas desvirtuadas de cristianismo pueda brotar un auténtico dinamismo evangelizador» (EG 94).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y no son los únicos peligros. La tentación de una “Iglesia elitista, narcisista y autoritaria” permanece siempre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Hay que evitar [esta corrupción] poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!» (EG 97).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. La familia, comunidad de la ternura de Dios en la historia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misma familia, pequeña Iglesia en la gran Iglesia, se revela como la comunidad de ternura en la historia, icono de Dios-Trinidad-de-Amor. Según el Papa Francisco, la virtud de la ternura es el alma del amor conyugal y familiar: «En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura» (AL 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Amoris Laetitia</em> cuida de conectar la comunidad familiar con el misterio de Dios-Trinidad-de- Amor: una comunidad creada a imagen de Dios (AL 10-12). Y tal es misión que manifiesta la revelación. «La Palabra de Dios confía en las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo» (AL 29). Añade más tarde:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«En la familia, “que se podría llamar iglesia doméstica”, madura la primera experiencia eclesial de la comunión entre personas, en la que se refleja, por gracia, el misterio de la Santa Trinidad». (AL 86)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta». (AL 121)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta es una perspectiva que merece un estudio teológico específico y sobre la cual la <em>Amoris Laetitia</em> ofrece muchas ideas. El Dios en quien creemos no es un solitario, sino una <em>Comunión de Tres-que-son-Uno</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde este punto de vista, el monoteísmo cristiano es radicalmente diferente del monoteísmo judío o islámico: el <em>único</em> Dios en el que creemos no es un Yo-Solo, sino un Yo-Nosotros, un Dios-comunión, desde la eternidad y para la eternidad. <em>Tres personas, un único y mismo Dios-Amor</em> (1Jn 4,8.16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los dos, hombre y mujer son creados a imagen y semejanza de la Uno-Trinidad de Dios. La familia es el reflejo vivo de este misterio. Fue un gran mérito de Juan Pablo II haber destacado esta analogía trinitaria, a pesar de la posición adversa de Agustín y Tomás<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>. «A la luz del Nuevo Testamento es posible descubrir que el modelo originario de la familia hay que buscarlo en Dios mismo, en el misterio trinitario de su vida. El “Nosotros” divino constituye el modelo eterno del “nosotros” humano; ante todo, de aquel “nosotros” que está formado por el hombre y la mujer, creados a imagen y semejanza divina»<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El “nosotros” humano, hombre y mujer, están llamados a abrirse al tercero entre ellos y representan, como tales, la manifestación más perfecta -en nuestra condición histórica- de la comunión trinitaria. El Papa Francisco lo explica, citando al mismo Juan Pablo II:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La relación fecunda de la pareja se vuelve una imagen para descubrir y describir el misterio de Dios, fundamental en la visión cristiana de la Trinidad que contempla en Dios al Padre, al Hijo y al Espíritu de amor. El Dios Trinidad es comunión de amor, y la familia es su reflejo viviente. Nos iluminan las palabras de san Juan Pablo II: “Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo”». (AL 11)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en el plano creatural, la comunidad conyugal representa el máximo reflejo de la eterna comunión trinitaria: brota, como de la fuente, de Dios-Trinidad-de-Amor, está moldeada en Dios-Trinidad-de-Amor y se dirige hacia la bienaventuranza de Dios-Trinidad-de-Amor. En esto radica la grandeza absoluta de cada comunidad familiar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacramento del matrimonio lleva a su plenitud esta <em>imago Dei</em>, haciendo a los esposos partícipes <em>del ser mismo de Dios</em>, con una participación nueva, que <em>completa</em> y <em>perfecciona</em> la imagen trinitaria ya impresa en ellos a nivel natural, y <em>da a la comunión de los esposos una nueva efusión de gracia</em>, convirtiéndola en <em>morada viva de Dios-Trinidad</em>, donde los padres son los primeros maestros de fe para sus hijos. En virtud del sacramento del matrimonio, de hecho, la familia cristiana no es solo un ícono exterior de la Trinidad, sino que la Trinidad habita en ella en una forma real y misteriosa que solo la fe permite captar. El modelo trinitario no se queda fuera de su imagen, sino que <em>se hace presente dentro de ella</em>. Esa es la familia, el ícono y la morada de Dios-Trinidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El matrimonio es un signo precioso, porque cuando un hombre y una mujer celebran el sacramento del matrimonio, Dios, por decirlo así, se “refleja” en ellos, imprime en ellos los propios rasgos y el carácter indeleble de su amor. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. También Dios, en efecto, es comunión: las tres Personas del Padre, Hijo y Espíritu Santo viven desde siempre y para siempre en unidad perfecta. Y es precisamente este el misterio del matrimonio: Dios hace de los dos esposos una sola existencia». (AL 121)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo se da a los esposos para que puedan, junto con sus hijos, edificarse en relación según el modelo trinitario<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>. En efecto, el Espíritu es el <em>Amor-comunión</em> que, en el eterno intercambio entre el Padre y el Hijo, cierra el círculo de la unidad trinitaria: el Padre es el eterno-Amante, el Hijo es el eterno-Amado, el Espíritu el eterno-Amor común al Padre y al Hijo<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>. «El Espíritu Santo -explicaba ya el mismo Agustín- nos hace pensar en el Amor común con el que el Padre y el Hijo se aman»<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>. “Amor común”, el Espíritu Santo es la <em>Persona-comunión</em> que actúa la plenitud del <em>Uno-Nosotros</em> trinitario en la familia. El “soplo del Espíritu”, que anima permanentemente a la Iglesia, es capaz de orientar a la familia en esta dirección, pero requiere que los esposos estén abiertos a su acción y lo dejen obrar en sus corazones. «En la familia la ternura es el vínculo que une a los padres entre ellos y a estos con los hijos. Ternura quiere decir dar con alegría y suscitar en el otro el gozo de sentirse amado. Se expresa, en particular, al dirigirse con atención exquisita a los límites del otro […] La ternura en las relaciones familiares es la virtud cotidiana que ayuda a superar los conflictos interiores y de relaciones» (<em>Relatio finalis</em> 2015, 88; AL 323).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es, pues, el horizonte teológico-bíblico de <em>Amoris Laetitia</em> que funda la comunidad familiar como morada de Dios-Ternura y su propia espiritualidad. «Siempre hemos hablado de la inhabitación divina en el corazón de la persona que vive en gracia. Hoy podemos decir también que la Trinidad está presente en el templo de la comunión matrimonial» (AL 314).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En todo sentido, la familia aparece en <em>Amoris Laetitia</em> como la comunidad de la ternura de Dios-Trinidad-de-Amor en la historia, llamada a convertirse en <em>signo vivo y lugar primario de la ternura</em> para todo ser que viene a este mundo. Hablar de “comunidad de ternura” significa referirse a esta percepción y proclamar a la familia como un <em>proyecto de ternura</em> que hay que construir día a día, situado entre el “ya” y el “todavía no”: un proyecto ya dado por la gracia, pero que hay que buscar diariamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una teología que supone la recuperación de la profunda analogía entre la familia de Nazaret y cada familia, «con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e inermes» (AL 30).<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de ahora, la pastoral familiar ya no podrá ignorar la teología trinitaria de la familia. La perspectiva debe convertirse en el contenido básico de toda evangelización, ya que dice la belleza absoluta de la comunidad nupcial y de su propia espiritualidad. La familia brota <em>de la unidad</em> del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo y se inspira en esa unidad, de la que reproduce los rasgos típicos: <em>nupcialidad yo-tú/nosotros, generatividad, comunión</em>. La Trinidad representa el principio y el paradigma del “nosotros” familiar. El Papa Francisco afirma: «Nos iluminan las palabras de san Juan Pablo II: “Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo”. La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina» (AL 11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La reflexión teológica sobre la acción del <em>Espíritu Santo en la familia</em> está solo en sus primeras etapas, pero no puede ser descuidada. El Espíritu Santo es principio constitutivo del “gran sacramento” de la Iglesia, «pueblo reunido <em>por</em> <em>la unidad</em> (<em>de unitate</em>) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (LG 4). Al mismo tiempo es <em>principio constitutivo</em> de la comunidad que nace del acontecimiento sacramental del matrimonio. Él es el beso personal del Padre y del Hijo y el amor común (<em>nexus amoris</em>) que une a las dos primeras personas y las hace don el uno para el otro. La misma tarea la lleva a cabo el Espíritu en favor de los esposos: si el Padre es <em>la fuente</em> del amor nupcial y el Hijo es la <em>co-fuente</em>, el Espíritu Santo es el <em>agua que brota</em> en los corazones de los esposos, el don de lo Alto que transforma a la familia en el “sacramento” vivo de Dios-Trinidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. De una teología de la ternura a la práctica de la ternura</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El redescubrimiento de la teología de la ternura y sus fundamentos cristocéntricos, muestra la urgencia de pensar en una cultura de la vida y de la ética cristiana en términos de “revolución de la ternura”, haciendo de esta virtud el <em>alma mundi</em>. La teología de la Divina Ternura no puede dejarnos indiferentes; al contrario, nos orienta hacia «una ternura que nunca nos desilusiona» (EG 3) con el coraje de una «ternura combativa» (EG 85).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mirar a Dios-Ternura implica percibir la Comunidad eclesial como el gran signo, “sacramento vivo”, de una ternura que se pone al servicio de los últimos. La fe en el Crucificado Resucitado exige una Iglesia “en salida”, que supere cualquier actitud de pasividad para convertirse en servidores y testigos activos de ese hospital de campaña que el Papa ha recordado desde el comienzo de su pontificado<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creer en la ternura de Dios nos exige a pasar de un “corazón de piedra” a un “corazón de carne”, yendo a “las periferias existenciales” con el espíritu evangélico del Buen Samaritano y cuidando con amor a los últimos. La teología de la ternura se refiere, así, a la <em>praxis de la ternura</em> y pone en tela de juicio toda una manera superficial de llamarse cristianos o contentos con una fe mediocre, sin arrojo ni entusiasmo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología de la ternura del Papa Francisco no se identifica en absoluto con una visión dulzona del mundo, ni implica un alejamiento de los cuestionamientos de nuestro tiempo; al contrario, exige una opción de vida fundamental y lleva a asumir una responsabilidad por la humanidad, especialmente por los marginados y los últimos (los descartados). La ternura de Dios es “memoria inquieta, pero memoria saludable”, frente a toda situación de injusticia, maldad o de “guerra a pedazos”. Los cristianos están comprometidos a hacer triunfar la ternura como “fuerza del amor humilde” en oposición a la “brutalidad de la fuerza”, haciéndose agentes de una civilización de la vida y del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se puede aceptar la ternura de Dios sin esforzarse por construir relaciones tiernas entre los hombres: <em>la ternura de Dios incluye la necesidad de una opción fundamental de ternura por los pobres y con los pobres</em>. Un amor de ternura que incluye, en el Magisterio del Santo Padre, una rica constelación de actitudes relacionadas con la relación de pareja:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>belleza (AL 127-128),</h5>
</li>
 	<li>
<h5>deseo (AL 143) y educación del deseo (AL 275; 283-284);</h5>
</li>
 	<li>
<h5><em>ér</em><em>ōs</em> (AL 150-152);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>fecundidad (AL 80): 165-171);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>el cuidado (AL 88; 180) y una educación para habitar el mundo (AL 267);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>el perdón (AL 41; 73; 86-88; 268);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>la fidelidad (AL 73; 77; 89; 125; 162; 231);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>el diálogo (21 veces AL) y la convivencia de pareja (AL 136-141);</h5>
</li>
 	<li>
<h5>la fragilidad (AL 122; 291).</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y esa es la tarea de la teología hoy, también según la directiva del Santo Padre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Una teología en camino: una teología que salga del cuello de botella en el que a veces se ha encerrado y con dinamismo se dirija a Dios, tomando al hombre de la mano; una teología no narcisista, sino encaminada al servicio de la comunidad; una teología que no se contente con repetir los paradigmas del pasado, sino que sea Palabra encarnada. Ciertamente, la Palabra de Dios no cambia (cf. Hb 1,1-2; 13,8), pero la carne que está llamada a asumir, esa sí, cambia en cada época. Hay tanto trabajo, pues, para la teología y su misión hoy: encarnar la Palabra de Dios para la Iglesia y para el hombre del Tercer Milenio. Hoy, más que nunca, hace falta una revolución de la ternura. Esto nos salvará».<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Ponencia realizada en el Congreso <em>La Teología de la Ternura en el Papa Francisco</em>, Asís, 14 al 16 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Monseñor Carlo Rocchetta, sacerdote de la diócesis de Prato, Italia, y doctor en teología. Socio fundador de la Sociedad Italiana de Investigación Teológica. Fundador y director del Centro Familiar Cassa della Tenerezza, Perugia. Ha publicado más de 20 libros sobre teología y es el precursor en la investigación y el desarrollo de la teología de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Francisco, <em>Carta Encíclica Laudato si’, </em>n. 25.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <em>Ídem</em>, nn. 11.235-237</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> <em>Ibídem</em>, nn. 84-86</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Las cursivas son del Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> B. Pascal, Pensamientos, 277.282.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> B. Pascal, Pensamientos, 278.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> La posición de Francisco está indirectamente relacionada con aquella de E. Mounier, <em>Il personalismo</em>, Roma <sup>6</sup>1989.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> B. Forte, <em>Prefacio</em>, en G. Martirani, <em>La civiltà della tenerezza</em>, Milano 1997, 9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Francisco, <em>Homilía en el tercer Domingo de Pascua, </em>Basílica de San Pablo de Extramuros, 14 de abril de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Como se observa, el término “alegría” es recurrente en Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> B. Pascal, <em>Pensamientos y otros escritos</em>. [Trad. D'Ors, E.] 1° Ed. Ciudad de México, México: Porrúa. 1989. p. 361.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Ex 20, 4; Sal 115,3-8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Ex 3,12; Is 7,14;8,10; Ez 37,23.27-28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Ex 3, 7-9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Sal 23,6; 51,3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Sal 103,13; 145,9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Cf. Mt 20,34; Mc 1,41; Lc 7,13; Mt 9,36; 15,32.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>9 de julio de 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Para un análisis de los textos bíblicos, cf. C. Rocchetta–R. Manes, <em>La tenerezza grembo di Dio amore,</em> Bologna 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> <em>Ídem.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> <em>“¡Oh, feliz madera sobre la cual fue recostado Dios!” </em>(<em>Oracula Sibyllina</em>, VII, 26-28; GCS 132).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Justino, <em>Apol.</em>, 1,55.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Acerca de la analogía trinitaria a lo largo de la tradición cristiana, cf. C. Rocchetta, <em>Teologia della famiglia</em>, 127-165.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Juan Pablo II, Carta a las Familias<em> Gratisimam Sane, </em>2 de febrero de 1994, n. 6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> <em>Ídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Agustín, <em>De Trin., </em>8,10,14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Agustín, <em>De Trin., </em>15,17,27.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Para profundizar este tema, cf. C. Rocchetta, <em>Teologia della famiglia</em>, Bologna 2011,227-293.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> A. Spadaro, «Intervista a Papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em> 164/3 (2013): 461. Publicada en <em>L’Osservatore Romano</em>, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 (2.333), viernes 27 de septiembre de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Francisco, <em>Discurso.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: Sebastián Correa E.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Francisco y la diversidad de la Iglesia: lectura eclesiológico pastoral de la JMJ Panamá - Mons. Cristián Roncagliolo</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/francisco-y-la-diversidad-de-la-iglesia-mons-cristian-roncagliolo-p-obispo-auxiliar-de-santiago/</link>
		<pubDate>Wed, 15 May 2019 21:39:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=1504</guid>
		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Cristián Roncagliolo P., obispo auxiliar de Santiago
Para citar: Roncagliolo, Cristián; <em>Francisco y la diversidad de la Iglesia. Una lectura eclesiológico pastoral de la JMJ Panamá</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 78-90.</h6>
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<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/CRONCAGLIOLO_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
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<h4 style="text-align: center;"><strong>Francisco y la diversidad de la Iglesia. Una lectura eclesiológico pastoral de la JMJ Panamá.</strong>
<strong>Mons. Cristián Roncagliolo P.</strong>
<strong>Obispo auxiliar de Santiago. Doctor en Teología.</strong></h4>
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<h5 style="text-align: justify;">Las jornadas mundiales de la juventud son acontecimientos de fe que renuevan la vida cristiana de toda la Iglesia. Panamá no fue la excepción. Fueron miles los jóvenes de todo el mundo que peregrinaron a este país para renovar su fe y manifestarse como una Iglesia joven, alegre y ‘en salida’. A esta Jornada también acudió Francisco quien, con una capacidad notable para actualizar el mensaje de Cristo en lenguaje simple, logró una sintonía fina con los asistentes.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">A Francisco se le ve particularmente cómodo en estos encuentros por la masiva presencia de los jóvenes que con su alegría contagian; pero también al Papa se le ve cómodo porque en las JMJ se manifiesta la realidad de Iglesia que él busca evidenciar. En efecto, en Panamá vimos la gran paradoja de que la Iglesia está compuesta por una multiplicidad de culturas, de razas, de naciones, de movimientos, de espiritualidades, de colores, de signos, de liturgias, de lenguas y de cantos; y al mismo tiempo, esta pluralidad no implica fragmentación, sino que evidencia una sola realidad alegre y entusiasmante. En la JMJ queda en evidencia que para la Iglesia las diferencias legítimas no deben ser consideradas una amenaza a la unidad, sino una riqueza porque, como señaló Francisco “el amor verdadero no anula las legítimas diferencias, sino que las armoniza en una unidad superior”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Esto sintoniza muy bien con lo que son los mismos jóvenes. Para ellos las diferencias no son una separación ni una amenaza, sino una natural atracción, porque quieren conocer a los otros, comprendidos como una riqueza por descubrir. En los jóvenes fluye naturalmente la acogida, el respeto al distinto y la iniciativa a hacer cosas en común.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con este marco, en el presente artículo procuraremos profundizar en este novedoso concepto de comunión diversa que justamente comprende como un elemento esencial de esta unidad eclesial el reconocer y valorar las diferencias que la constituyen, las cuales están al servicio de la vitalidad del Pueblo de Dios y de su misión. También buscaremos acentuar algunas consecuencias pastorales de esta comprensión de Iglesia que ayudarán a darle concreción a este novedoso rostro eclesial.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Pueblo de Dios que camina en comunión y con diversidad</strong><a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a><em>.</em></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Uno de los frutos más reconocidos del Concilio Vaticano II es el relevar que la Iglesia es una “comunidad de fe, esperanza y amor” (LG 8). Por tanto, cuando hablamos de que la Iglesia es comunión –o de la comunión de la Iglesia– no nos estamos refiriendo a una simple organización con reparto de funciones o de poderes, sino que en primer lugar de una realidad que hunde sus raíces en la comunión trinitaria<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, siendo una misteriosa extensión de ella en el tiempo (cf. LG 4). Ahí esta el fundamento teológico de su unidad y, al mismo tiempo, de su diferencia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Consecuencialmente, la Iglesia comunión, en primer lugar, es una realidad mistérica que adquiere concreción en la comunidad viva de los discípulos, quienes no se agrupan por simples razones de afinidad, ni siquiera con vistas a una mayor eficacia apostólica ni funcional, sino porque han sido convocados por Cristo (cf. LG 8) para estar en comunión con Él y por eso es “signo e instrumento de la unión íntima con Dios” (LG 1). Él es su fundador, que crea la Iglesia para que sea el Nuevo Israel de Dios (cf. LG 9); y es su fundamento, siendo la cabeza que convoca a la unidad en un solo cuerpo (cf. Col 1,18) (cf. LG 9).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Esta comunión se expresa en varios niveles: entre los miembros (cf. LG 4, 13), entre quienes ejercitan diversas funciones (cf. LG 32), entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares (cf. LG 10) y, en un modo especial, entre el Sucesor de Pedro y el colegio episcopal (cf. LG 21, 22).<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> Consecuencialmente, la comunión adquiere una amplitud ilimitada. No se trata solamente de la comunión de los hombres con Dios, sino que también genera la comunión de los hombres entre sí. Por eso la Iglesia está llamada a ser signo e instrumento “de la unidad de todo el género humano” (LG 1).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, por ser relacional, la comunión se convierte en misión: “Anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios” (LG 5), abriéndose a un horizonte sin límites, por lo cual la Iglesia naturalmente no puede vivir replegada sobre sí misma, sino que debe atestiguar y comunicar (cf. 1Jn 1, 1-4) el Misterio que la constituye y le da la vida<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Pero esta comunón del Pueblo de Dios implica, al mismo tiempo, el reconocimiento y validación de la diversidad de dones, carismas, liturgias, formas, de modos, de intereses, de signos, etc. De ahí que Francisco sostenga con tanta fuerza que “la unidad católica es diversa, pero es una. ¡Es curioso! El mismo que hace la diversidad, es el mismo que después hace la unidad: el Espíritu Santo. Hace las dos cosas: unidad en la diversidad. La unidad no es uniformidad, no es hacer obligatoriamente todo junto, ni pensar del mismo modo, ni mucho menos perder la identidad. La unidad en la diversidad es precisamente lo contrario, es reconocer y aceptar con alegría los diferentes dones que el Espíritu Santo da a cada uno, y ponerlos al servicio de todos en la Iglesia”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">No parece aventurado afirmar que Francisco, el primer Papa ordenado sacerdote en el Post Concilio, nos ayuda a madurar la concepción de la Iglesia misterio de comunión, hasta ahora fuertemente centrada en un concepto de unidad asociado equívocamente a pretensiones pastorales de uniformidad, de centralismo o de una introversión eclesial que ‘contamina’ los proyectos pastorales y debilita la fuerza ‘en salida’ que ha de ser propia en una auténtica eclesiología de comunión.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Algunos aspectos pastorales de la comunión diversa</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">De lo anteriormente señalado se desprende que la Iglesia, al ser reconocida teológicamente como una comunión diversa, se auto realiza en el hoy de la historia en múltiples formas, y que estas no atentan contra la comunión, sino que la enriquecen.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Sin tener la pretensión de agotar este apasionante tema enunciaremos algunos aspectos que pueden ayudar a comprender la encarnación de este misterio de comunión.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La comunión no es uniformidad</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Como ya hemos señalado, un aspecto relevante es comprender que la comunión, al mismo tiempo, implica diversidad. Como enseña Francisco, el Espíritu Santo “suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y, al mismo tiempo, constituye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae” (EG 117). De ahí que para el Papa el modelo de la Iglesia “no es la esfera, que no es superior a las partes, donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro, que refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad” (EG 236). La consecuencia natural es que el anuncio evangélico “se transmite de formas tan diversas, que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo” (EG 129).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo este dinamismo, se deduce que para vitalizar la evangelización parece necesario concentrarse en lo esencial y, al mismo tiempo, alentar la diversidad de carismas, dones, métodos, formas y expresiones, porque “esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio” (EG 40).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con este sustento teológico la diversidad en la Iglesia, tan evidente en una Jornada Mundial de la Juventud, lejos de ser una amenaza para la unidad es un don para la misma. El Espíritu Santo, quien es principio de unidad, paradojalmente suscita esas diferencias y puede convertirlas “en un dinamismo evangelizador que actúa por atracción […] Solo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad” (EG 131). En este derrotero se entiende lo señalado por Francisco en su discurso inaugural en Panamá: “encontrarse no significa mimetizarse, ni pensar todos lo mismo o vivir todos iguales haciendo y repitiendo las mismas cosas, eso lo hacen los loros y los papagayos. Encontrarse es un llamado e invitación a atreverse a mantener vivo un sueño en común(...)”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Pareciera estar en el norte de este pontificado valorar y potenciar la multiplicidad de dones y carismas que enriquecen la comunión de la Iglesia con la conciencia que cuando estos crecen, se vigoriza la misión y se vitaliza la evangelización: es el mismo Espíritu quien enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas para renovar y edificar la Iglesia (cf. EG 130).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La comunión no es centralismo</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En no pocas ocasiones hemos sido testigos de que se tiende a ‘canonizar’ los planes pastorales dejándose entrever que quien no los sigue rigurosamente rompe la comunión con la Iglesia. Detrás de este pensamiento hay una confusión en el sentido y alcances de la comunión creyéndose que esta es sinónimo de uniformidad. El correlato práctico es la comprensión equívoca de que los planes, itinerarios o programas pastorales son la herramienta para lograr la unidad pastoral de la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esa confusión entre comunión y uniformidad resulta equívoca porque segrega a los discípulos misioneros, poniendo en cuestión su vínculo de comunión, por el solo hecho de que su carisma o su modo de evangelizar no sintoniza uniformemente con el programa pastoral de una determinada realidad eclesial.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Buscando abrir horizontes, Francisco señala que “cuando somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la misión de la Iglesia” (EG 131). Con ello, provocadoramente se pone en discusión el enfoque que se le da a los planes o itinerarios pastorales tantas veces centralistas, monolíticos y uniformes, que tienen la pretensión de ser el ‘lugar’ donde se genera la comunión de la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La misma confusión señalada obstaculiza a la evangelización porque al perseguir el centralismo y la ya enunciada uniformidad, termina paralizando o debilitando la acción eclesial. A eso pareciera referir Francisco cuando afirma que “hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (EG 26). Por ello, se hace urgente “ser audaces y creativos en la tarea de repensar los objetivos de las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades” (EG 33).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">No parece arriesgado afirmar que detrás de esta renovada comprensión de la comunión existe una desafiante actitud de reforma de las estructuras pastorales para que transiten hacia una lógica más ‘subsidiaria’, al servicio de la acción evangelizadora de la Iglesia –y no monopolizadoras de la misma–, ubicando a las vicarías y diversas estructuras al servicio de la multiplicidad de realidades particulares de una Iglesia determinada.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En esta renovada concepción eclesiológica las estructuras pastorales diocesanas, por ejemplo, más que ser sujetos de la acción han de ser instituciones de servicio de aquellas realidades pastorales que sí han de ser los sujetos vivos de la evangelización, como son las parroquias, las comunidades de base, los movimientos y las nuevas comunidades. Análogamente, la imagen de la ‘pirámide invertida’ usada por Francisco en relación al ejercicio de la autoridad resulta ser particularmente iluminadora para las estructuras pastorales: en la Iglesia “como en una pirámide invertida, la cima se encuentra por debajo de la base. Por eso, quienes ejercen la autoridad se llaman ministros: porque, según el significado originario de la palabra, son los más pequeños de todos”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. En la pastoral las vicarías y las demás estructuras están abajo en la ‘pirámide’ al servicio de la acción evangelizadora y de las realidades basales donde debe transcurrir la vida de la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La misión y el servicio como lugares donde se concreta la comunión</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La propuesta de esta unidad diversa claramente no se entiende en una lógica de introversión eclesial sino, muy por el contrario, en el dinamismo de una Iglesia ‘en salida’, misionera y al servicio de los demás. Esta resulta ser una clave pastoral que debería iluminar los próximos decenios de nuestra evangelización, especialmente en el mundo juvenil.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Durante años hemos trabajado con la pretensión de establecer planes monocordes procurando generar una comunión que raramente ha sido lograda, dado que este modo de evangelización rígida y uniforme, centrado en la organización, no logra integrar la diversidad y menos aun es capaz de vitalizar la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La propuesta eclesiológico-pastoral que brota de lo precedente, sin rehuir la necesidad de tener orientaciones pastorales comunes, favorece la creatividad y la corresponsabilidad en la misión común de quienes son diversos, y localiza en la misión y en el servicio los lugares donde se produce el encuentro. Esta apuesta pastoral, a nuestro entender, resulta ser mas auténtica porque justamente es capaz de reunir a los distintos en aquello que, definitivamente los interpela y los mueve. Como señaló Francisco en Panamá, es el amor silencioso de la mano tendida en el servicio y la entrega el que gesta una vital comunión. En efecto, ese amor “no se pavonea, que no la juega de pavo real, que se da a los humildes... ese es el amor que nos une a nosotros”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La dinámica de una pastoral ‘en salida’ provoca a la Iglesia a buscar su unidad fuera de sí, en la misión y en el servicio. Más que recluir a la comunidad de los discípulos en la repartición de cargos, en la organización de estructuras y en el devenir de una Iglesia encerrada en su organización, la empuja a la misión y al servicio, justamente porque en estos lugares de encuentro con Cristo se produce y vitaliza la auténtica comunión de la Iglesia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Esta la lógica presentada hace posible transitar de una Iglesia organizacional y estructuralista a una comunidad más carismática, dúctil y misionera, que vive su fe ‘en salida’ poniendo su energía en la misión y en el servicio.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La sinodalidad al servicio de la comunión eclesial y de la renovación pastoral</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La Comisión Teológica Internacional, en un reciente documento, indica que la sinodalidad es “la específica forma de vivir y obrar (<em>modus vivendi et operandi</em>) de la Iglesia Pueblo de Dios que manifiesta y realiza en concreto su ser comunión en el caminar juntos, en el reunirse en asamblea y en el participar activamente de todos sus miembros en su misión evangelizadora”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Recordemos que sinodalidad refiere a la corresponsabilidad y a la participación de todo el Pueblo de Dios en la vida y la misión de la Iglesia. Esto implica que los miembros de la Iglesia comparten la misión de evangelizar y es tarea de todos hacerse parte de ella. Ungidos por el Espíritu Santo en el bautismo, laicos y consagrados, en comunión con sus pastores y bajo la guía de Pedro son corresponsables de edificar la Iglesia y de dar vida a la misión de la misma.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para vivir esta sinodalidad, en la lógica de una unidad diversa, resulta esencial desarrollar la capacidad de escuchar, que es más que oír, porque refiere a la “escucha recíproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, colegio episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el ‘Espíritu de verdad’ (<em>Jn</em> 14,17), para conocer lo que él ‘dice a las Iglesias’ (<em>Ap </em>2,7)”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La sinodalidad se presenta como un camino privilegiado para que la Iglesia se manifieste en su naturaleza una y diversa, involucrando a todas sus realidades diferentes en una dinámica común. Por tanto, no parece acertado situar la sinodalidad simplemente como un modo de organización o de gobierno, o como una causa de generación de nuevas estructuras. A nuestro parecer la sinodalidad es una forma de comprender la Iglesia que acrecienta el protagonismo de los bautizados en la misión común, que integra a los diversos no solo participando en las decisiones que le competen a la Iglesia, sino también reconociendo que lo más esencial de la sinodalidad es la corresponsabilidad en la misión de ir por todo el mundo y proclamar la buena noticia a toda criatura (cf. Mc 16, 15).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, resulta connatural a la sinodalidad comprender a la Iglesia en la lógica ‘en salida’, porque su ser sinodal mira fuera de sí misma, a la misión y al servicio. Por ello la sinodalidad exige, más que una adecuada organización estructural, la fuerza carismática suscitada por el Espíritu que vitaliza con sus dones a los cristianos para que sean piedras vivas, fermento en la masa y sujetos activos en la evangelización.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La renovación de la pastoral juvenil en lógica de la comunión diversa</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">A continuación presentaremos algunos puntos que pueden orientar, desde la Iglesia comunión, hacia una renovación pastoral en el ámbito juvenil, en atención a fortalecer la Nueva Evangelización. Estas propuestas buscan ser solo insinuaciones fundadas en la comprensión de una Iglesia ‘en salida’ que comprende que su ser es una comunión diversa que sinodalmente busca salir de sí para volcarse en la misión y en el servicio.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una pastoral fundada en la oración</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Un rasgo esencial para la comunión eclesial y su vitalidad pastoral es la oración cultivada en los retiros, liturgias, vigilias, etc. Esa vida espiritual permite fundir el corazón de los distintos en una unidad entrañable, así como facilita que las iniciativas que surgen de la misma comunidad sean camino de encuentro con Cristo y nuevas oportunidades para una auténtica recreación de la fe. Como señaló Francisco en Panamá, “las cosas rezadas se sienten y se viven con hondura. La oración le da espesura, le da vitalidad a todo lo que hacemos. Rezando descubrimos que somos parte de una familia más grande de lo que podemos ver e imaginar. Rezando le ‘abrimos la jugada’ a la Iglesia que nos sostiene y acompaña desde el cielo, a los santos y santas que nos han marcado el camino, pero sobre todo, rezando ‘le abrimos la jugada’ a Dios para que Él pueda actuar y pueda entrar y pueda vencer”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En este camino de profundización espiritual un lugar central lo ocupa la eucaristía. Siendo fuente y culmen de la vida cristiana, también es camino, en cuanto a que es el alimento de los peregrinos, anticipo de los bienes eternos y lugar donde se fragua la comunión de los diversos. Por ello, la dimensión eucarística de toda pastoral juvenil, junto con incluir la celebración de la misa, ha de ir acompañada de un itinerario que permita comprender su entrañable vínculo con la misión y el servicio, de tal forma que la comunidad reunida en torno al Señor pueda crecer como Iglesia diversa ‘en salida’.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una pastoral más carismática que organizacional</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">No podemos soslayar que el reconocimiento de la diversidad y su valor en el cuerpo eclesial nos pone ante el desafío de cómo enfrentar la evangelización desde un nuevo paradigma.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para dar respuesta a esta nueva comprensión de la comunión parece urgente transitar de los modelos organizacionales actuales, tan centrados en estructuras que dan seguridad pero que no garantizan la vitalidad evangelizadora, a modelos pastorales más carismáticos, donde se favorece que los jóvenes, acompañados por sus pastores, puedan desarrollar proyectos pastorales con estructuras livianas y dúctiles. Esto se traduce, por ejemplo, en que en una parroquia puedan existir varias formas de organización juvenil –o adultas– que desarrollen su acción según la misión que los convoca. Así, el grupo misionero será distinto que el de los catequistas y diferente al del grupo solidario.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También una pastoral más carismática que organizacional requiere de estructuras que estén a su servicio de tal forma que sean los grupos y realidades basales los verdaderos protagonistas de la acción pastoral. En pocas palabras, en la pastoral juvenil resulta especialmente urgente transitar hacia un modelo de lo que más arriba se ha denominado ‘pirámide invertida’.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una pastoral ‘en salida’</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Resulta coherente con la concepción eclesiológica enunciada reforzar la dimensión ‘extrovertida’ de la Iglesia. El <em>leit motiv</em> de toda pastoral es la evangelización y no la organización. Muchos modelos pastorales se insertan en una suerte de circuito ‘narciso’, inundado de cargos y burocracia, lo que conlleva un debilitamiento de su acción apostólica. No es extraño encontrar diócesis, parroquias, movimientos u otras instituciones eclesiales ‘plagadas’ de organigramas que parecieran dar cuenta de una vitalidad apostólica, pero que no son más que estructuras ‘de papel’ que lejos de favorecer la evangelización la hacen lenta y poco eficaz. A esto se suma que muchas de esas comunidades, por la comprensión enunciada, centran sus fuerzas en proveer cargos organizacionales y enfrentar las dificultades propias de quienes disputan los cargos y puestos en toda institución.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Parece una urgencia pastoral ayudar a los jóvenes a volcar sus anhelos apostólicos en desafíos, ayudándolos a orientarse hacia una fe viva, volcada a la misión y al servicio, más que a la organización eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una pastoral integradora</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La unidad diversa a la que nos refiere el Papa tiene como eje articulador el amor de Dios, que brota del Espíritu y que hace nuevas todas las cosas. Esta realidad hace posible que la comunidad juvenil se convierta en un espacio de acogida para distintos tipos de jóvenes. Justamente la capacidad que tenga esa comunidad para ser acogedora y, al mismo tiempo, variada en sus propuestas la hará naturalmente más ‘amistosa’ para diversos tipos de jóvenes y será una verdadera puerta a la vida de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El anhelo de integración debe agitar a la comunidad juvenil para crear espacios diferentes de tal forma que cualquier joven que quiera vivir y celebrar su fe encuentre en la Iglesia –en esa comunidad concreta– un hogar que lo acoge y que lo ayuda a crecer en la fe; un espacio para vivir el amor y la esperanza. Como afirmó Francisco en Panamá, “abrazar la vida se manifiesta también cuando damos la bienvenida a todo lo que no es perfecto, a todo lo que no es puro ni destilado, pero por eso no es menos digno de amor”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una pastoral con identidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las JMJ una clave distintiva es que los diferentes grupos, movimientos y naciones poseen sellos característicos que se expresan en cantos, oraciones, formas, expresiones corporales, banderas, colores, etc. Existiendo esa distinción alegre, resulta evidente un espesor religioso común que permite comprender que en esas realidades está presente el Señor, que constituye esa diversidad en una sola comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Resulta esencial que, valorando esta diversidad, la pastoral juvenil pueda trabajar fortaleciendo elementos religiosos identitarios como oraciones, cantos, vigilias, símbolos, acciones comunes, que evidencien quiénes son. Al mismo tiempo, resulta esencial fortalecer la presencia viva de los lugares de encuentro con Cristo, enunciados tan luminosamente en <em>Aparecida</em><a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a><em>. </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La identidad católica bien trabajada se convierte, en sí misma, en una provocación que interpela a aquellos que no pertenecen a ella y, al mismo tiempo, una atracción que se vuelve impulso misionero para quienes son parte de ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este paradigma de unidad en la diversidad interpela a las Iglesias locales. Las intenciones de lograr la unidad sobre la base de la uniformidad están en retirada. Nadie puede pretender tener el monopolio del ser Iglesia ni un estilo oficial, porque la constitución natural de la Iglesia recoge y fomenta la diferencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detrás de esta convicción está la certeza de que la unidad no la da ni la forma, ni el estilo, ni la organización ni los programas pastorales, sino que lo da la fe en Jesucristo vivida en el seno da la Iglesia y en comunión con los pastores; y que por sobretodo se verifica en la misión y en el servicio. Esto permite desarrollar una mirada más amplia sobre la comunión que no pone el acento en las carencias ni en las limitaciones de los demás, sino que en la misión común de los diversos, que no se reúnen por planes u organizaciones, sino por la fe en el único Señor y por la misión que los convoca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Extrapolado a nuestras Iglesia particulares, este modelo nos interpela. Cuando valoramos la diferencia, somos capaces de integrar a los demás porque el distinto no es una amenaza, sino una oportunidad para crecer y avanzar. Nuestras Iglesias locales, compuestas por personas y contextos muy distintos, lejos de ver estas diferencias como un peligro para la unidad deben reconocerlas como un camino y una oportunidad. Justamente, uno de los grandes dolores que vive la Iglesia, y especialmente los jóvenes, es que se sienten heridos frente a cualquier discriminación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia en su particularidad, y la sociedad en su conjunto, hemos de avanzar en integrar, en respetar a los distintos y a buscar los elementos que nos ayuden a crecer en la unidad más que en vivir encapsulados en aquellos que nos separan. Como Iglesia y como sociedad debemos hacer todos los esfuerzos necesarios para seguir creciendo en la integración, en el respeto a la diversidad y en la conciencia que lo legítimamente distinto no es amenaza, sino un don.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, esto nos desafía a desarrollar procesos pastorales más en sintonía con esta comprensión que, lejos de buscar propuestas monolíticas, sean dúctiles, abiertos e integradores, de tal forma que el Pueblo de Dios tenga múltiples formas de expresar y vivir su fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La liturgia de la Iglesia, en los diferentes lugares del orbe, pareciera darnos cuenta paradigmáticamente de la esencia de la Iglesia al señalarnos que existen multiplicidad de ritos y formas pero que, al mismo tiempo, se celebra un solo gran misterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Francisco, <em>Discurso en ceremonia de acogida y apertura JMJ Panamá, </em>24 de enero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Aspectos de este punto encuentran su referencia en Roncagliolo C., <em>Iglesia ‘en salida’. Una aproximación teológico pastoral al concepto de Iglesia en Evangelii Gaudium, </em>en Teología y vida, Vol. LV, 2014/2, 353 s. Sin embargo, hacemos presente que en este escrito hay una mayor desarrollo del concepto de comunión diversa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. J. Rigal, <em>Descubrir la Iglesia,</em> Salamanca, Secretariado Trinitario, 2001, 72.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. S. Pié-Ninot, <em>Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana, </em>Salamanca, Sígueme, 2007, 168.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cf. J. Rigal, <em>Descubrir la Iglesia, </em>Salamanca, Secretariado Trinitario, 2001, 72.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Francisco, <em>Discurso a los miembros de la Fraternidad católica de las comunidades y asociaciones carismáticas de alianza, </em>Vaticano, 31 de octubre de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Francisco, <em>Discurso en ceremonia de acogida y apertura JMJ Panamá, </em>24 de enero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Francisco, <em>Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del sínodo de los obispos,</em> Vaticano, 17 de octubre de 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Francisco, <em>Discurso en ceremonia de acogida y apertura JMJ Panamá, </em>24 de enero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Comisión Teológica Internacional,<em> La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, </em>en <a href="http://www.vatican.va">www.vatican.va</a>., 2 de marzo de 2018, n. 6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Francisco,<em> Discurso del Santo Padre Francisco</em><em> en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del sínodo de los obispos</em>, 17 octubre de 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Francisco, <em>Discurso en los voluntarios en la JMJ Panamá, </em>27 de enero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Francisco, <em>Discurso en la vigilia con los jóvenes en el campo San Juan Pablo II, JMJ Panamá, </em>25 de enero de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Respecto al tema de los ‘lugares de encuentro con Cristo’, <em>Aparecida</em> proporciona una interesante óptica, entendiéndolo como una experiencia personal —y también comunitaria— con Dios, particularmente rica y no restringida a un concepto abstracto. ¿Dónde se puede encontrar privilegiadamente a Jesús?, o en otros términos ¿cuáles son los lugares, las personas, los dones que hablan de Jesús, que ponen en comunión con él y permiten ser discípulos y misioneros suyos? De una manera prevalente, aunque no excluyente, y siguiendo la senda trazada por <em>Ecclesia in America,</em> la V Conferencia privilegia una serie de ‘lugares’ de encuentro del Señor con sus discípulos, teniendo como marco básico para su realización la fe recibida, la mediación de la Iglesia, ‘casa’ de los discípulos (cf. DA 246), y la búsqueda de Cristo, que no se puede reducir a algo meramente abstracto (cf. EA 12) sino que debe ampliarse valorando la experiencia personal y lo vivencial, considerando los encuentros también en cuanto estos sean significativos para la persona (cf. DA 55). Con estos presupuestos, los lugares de encuentro concitados por Aparecida son: la fe recibida en la Iglesia (cf. DA 246), la Escritura (cf. DA 247), la Liturgia (cf. DA 250), la Eucaristía (cf. DA 251), el Sacramento de la Reconciliación (cf. DA 252), la oración personal y comunitaria (cf. DA 255), la comunidad (cf. DA 256), los pobres, afligidos y enfermos (cf. DA 257), la piedad popular (cf. DA 258), la Virgen María (cf. DA 270) y la devoción a los apóstoles y santos (cf. DA 273) (Cf. C. Roncagliolo, <em>El discipulado en Aparecida. Estudio de un tema central en la V Conferencia,</em> Credo-Ediciones, <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Saarbr%C3%BCcken">Saarbrücken</a>, Alemania, 2013, p. 75s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Fundamentos intelectuales de la Teología de la Ternura en el Papa Francisco. - Massimo Borghesi</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/fundamentos-intelectuales-de-la-teologia-de-la-ternura-en-el-papa-francisco-massimo-borghesi/</link>
		<pubDate>Sun, 19 May 2019 09:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_1528" align="aligncenter" width="709"]<img class="wp-image-1528 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/BUEN-SAM.png" alt="" width="709" height="657" /> El Buen Samaritano, Vincent Van Gogh, 1890, óleo sobre lienzo.[/caption]

&nbsp;
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Dios escoge la ternura como método de salvación.</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Fundamentos intelectuales de la Teología de la Ternura en el Papa Francisco.</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h4 style="text-align: center;">Massimo Borghesi<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/MASSIMO-BORGHESI.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Pensamiento y pathos. La revolución de la ternura y el rostro materno de Dios.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología de la ternura del Papa Francisco ha inspirado numerosos títulos de publicaciones dedicadas al Papa. El término caracteriza también la monografía del cardenal Kasper dedicada al <em>Papa Francisco. La revolución de la ternura y del amor</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. No obstante, los fundamentos teológico-filosóficos que están detrás de ella aún aguardan un estudio serio. No se trata, de hecho, de una declinación sentimental del Papa “argentino”, latinoamericano, como acusan aquello para quienes Francisco separaría <em>Verdad</em> y <em>Misericordia</em>, haciendo prevalecer la segunda. Se trata de una opción evangélica precisa, que presupone un pensamiento y una espiritualidad con sustento en la formación ignaciana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo el pensamiento de Francisco está marcado por una filosofía de la polaridad que busca unir intelecto y corazón, razón y sentimiento, en contra de las tendencias racionalistas propias del pensamiento moderno. Esto porque «la opción ignaciana no es nunca meramente teórica, sino que supone una dimensión de pathos»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. El pensamiento concreto es un pensamiento <em>patético</em>, un pensamiento que sufre el hurto del ser inmerso en la carne, propia y del pueblo al cual se pertenece. Para Bergoglio, estas son dos dimensiones que no pueden disociarse. El pensamiento concreto es aquel que surge en la relación polar yo-tú, en la relación con el otro, con el prójimo. Es el pensamiento por el cual <em>la realidad es superior a la idea</em>. El cristiano en cuanto testigo deviene aquel que «se oculta, lleno de ternura, en aquellos pequeños gestos, gestos de proximidad, donde toda la palabra se hace carne: carne que se acerca y abraza, manos que tocan y que vendan, que ungen con aceite y alivian las heridas con el vino; carne que se acerca y acompaña, que escucha; manos que parten el pan»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Como afirma Francisco en la conversación con el padre Antonio Spadaro:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«A mí la imagen que me viene es aquélla de la enfermera, de la enfermera en un hospital: sana las heridas una a una, pero con sus manos. Dios se involucra, si inmiscuye en nuestras miserias, se acerca a nuestras llagas y las sana con sus manos, y para tener manos se ha hecho hombre. Es un trabajo de Jesús, personal. Un hombre ha cometido el pecado, un hombre viene a sanarlo. Cercanía. Dios no nos salva solo por medio de un decreto, una ley; nos salva con ternura, nos salva con caricias, nos salva con su vida, por nosotros».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios «nos salva con ternura»: esto es el corazón del mensaje evangélico según Bergoglio. Esto significa que Dios no nos salva “desde lejos”, desde lo alto. El método es aquel de la proximidad. <em>Para tener manos Dios se ha hecho hombre</em>. Se trata de una imagen que revela de manera plástica la idea que Bergoglio tiene del testimonio como inmersión en la realidad. Las manos indican el <em>tacto</em>, el tocar, el abrazar, el acariciar, el trabajar. El cristianismo aparece aquí como un hecho <em>físico</em>, encarnación de principio a fin. «Para mí es fundamental la cercanía de la Iglesia. La Iglesia es madre, y ni usted ni yo conocemos ninguna mamá “por correspondencia”. La mamá da afecto, toca, besa, ama. Cuando la Iglesia, ocupada de mil cosas, descuida la cercanía, se olvida y comunica solo con documentos, es como una mamá que se comunica con su hijo por carta».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al <em>empirismo cristiano</em> de Bergoglio, profundamente arraigado en el tejido de los <em>Ejercicios Espirituales</em> de san Ignacio, no le gustan las mediaciones, los intermediarios que dominan en una Iglesia burocratizada donde las personas son definidas por “roles”. La madre “toca, besa, ama”. La imagen materna de la Iglesia confirma la prioridad del factor <em>estético</em>, sensible; explica la cercanía que se ve en Bergoglio con la estética teológica de Hans Urs von Balthasar a partir de los inicios del 2000<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. No se trata solo de una concesión a la espiritualidad barroca, propia del catolicismo latinoamericano. Francisco desarrolla su teología de la ternura dentro del contexto del mundo contemporáneo, que no conoce más la gratuidad del verdadero amor, dividido entre anafectividad y eros. Este mundo está caracterizado por una suerte de <em>orfandad espiritual</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La pérdida de los vínculos que nos unen, típica de nuestra cultura fragmentada y dividida, hace que crezca este sentido de orfandad y, por lo tanto, de gran vacío y soledad. La falta de contacto físico (y no virtual) va cauterizando nuestros corazones, haciendo que pierdan la capacidad de la ternura y estupor, de piedad y compasión. La orfandad espiritual nos hace perder la memoria de aquello que significa ser hijos, ser nietos, ser padres, ser abuelos, ser amigos, ser creyentes. Nos hace perder la memoria del valor del juego, del canto, de la risa, del descanso, de la gratuidad».<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De cara a esta “orfandad”, a un mundo sin padre ni madre, <em>Dios puede volver a ser Padre solo si la Iglesia se presenta como Madre</em>. En el ser “materna” reside el rostro “misericordioso” de la Iglesia, la respuesta al vacío presente del mundo. Así lo afirma Francisco en su conversación con Andrea Tornielli, <em>El nombre de Dios es Misericordia</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Sí, yo creo que este es el tiempo de la misericordia. La Iglesia muestra su rostro materno, su rostro de mamá, a la humanidad herida. No espera que los heridos llamen a la puerta, los va a buscar por las calles, los recoge, los abraza, los cura, los hace sentirse amados. Dije entonces [en julio de 2013, durante el viaje de regreso de Río de Janeiro], y estoy cada vez más convencido, que esto es un <em>kairós</em>, nuestra época es un <em>kairós</em> de misericordia, un tiempo oportuno».<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este juicio acerca de la condición existencial de nuestro tiempo explica la insistencia del Papa, su recalcar la ternura de Dios como modalidad de encuentro con el hombre de hoy, con el pecador de hoy. Como dijo Francisco en su encuentro con <em>Caritas Internationalis</em> en noviembre de 2016, «hoy se necesita una revolución de la ternura, en un mundo donde domina la cultura del descarte, y si yo soy descartado, no sé qué cosa es la ternura»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. La ternura «es revolucionaria, la ternura es cercanía, es el gran gesto del Padre hacia nosotros: la cercanía de su hijo, que se ha hecho cercano y se ha hecho uno de nosotros, ésta es la ternura del Padre». Hoy «en la misa había leído el pasaje del Evangelio de un Dios que llora, llora porque se recuerda del amor que tiene hacia su pueblo y que el pueblo no reconoce, no quiere corresponder. Y este momento de la ternura no es una idea, es la esencia, nuestro Dios es padre y también madre, en el sentido que él mismo dice “si una madre olvidara a sus hijos, yo no me olvido de ti”, el amor más grande es aquel de la madre». Para el Papa «ternura es cercanía, y cercanía es tocar, abrazar, consolar, no tener miedo de la carne, porque Dios ha tomado carne humana, y la carne de Cristo hoy son los descartados, los desplazados, las víctimas de la guerra»; por esto «las propuestas de espiritualidad demasiado teóricas son formas de gnosticismo». Hoy, «en esta “cultura del descarte”, en esta ideología del dios dinero, creo que la gran enfermedad es la <em>cardioesclerosis</em>».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología de la ternura presupone, como es evidente, una teología de la Encarnación, una crítica directa al gnosticismo que, junto al pelagianismo, constituye para Francisco una fuente de profunda corrupción de la fe. La ternura presupone una relación física, directa, con la carne del otro, con sus llagas, su fragilidad, con aquella corporalidad que todo espiritualismo, todo gnosticismo, tiende a despreciar y a rehuir. Como ha dicho Francisco en su discurso al personal de la salud en 2018:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Estando con los enfermos y ejerciendo su profesión, ustedes mismos tocan a los enfermos y, más que cualquier otro, cuidan de sus cuerpos. Cuando lo hagan, recuerden cómo Jesús tocó al leproso: no de manera distraída, indiferente o molesta, sino atenta y amorosa, que lo hizo sentir respetado asistido. Actuando así, el contacto que se establece con los pacientes les hace llegar un eco de la cercanía de Dios Padre, de su ternura por cada uno de sus hijos. Precisamente la <em>ternura</em>: la ternura es la “clave” para entender al enfermo. Con la dureza no se entiende al enfermo. La ternura es la clave para entenderlo, y es también una medicina preciosa para su sanación. Y la ternura pasa del corazón a las manos, pasa a través de un “tocar” las heridas lleno de respeto y de amor».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La ternura pasa del corazón a las manos</em>; la antropología de Bergoglio una la mente, el corazón, las manos. La ternura no indica solo la mirada, se hace abrazo, apoyo, caricia. A la besa tiene una visión integral del hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>2. Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo, divinum est<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a></em>. El rostro ignaciano de la teología de la ternura.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología de la ternura de Bergoglio depende, en sus raíces, de una precisa concepción ignaciana de la relación entre el hombre y Dios. Este es un aspecto poco estudiado de la espiritualidad del Pontífice. Ella se revela de modo particularmente evidente en su meditación matutina del 14 de diciembre de 2017 en Santa Marta. En aquella ocasión el Papa, teniendo presente la próxima Navidad, afirma estar delante de «uno de los misterios más grandes, es una de las cosas más bellas: nuestro Dios tiene esta ternura que se nos acerca y nos salva con esta ternura». Cierto, ha continuado, «a veces nos castiga, pero nos acaricia». Es siempre «la ternura de Dios». Y «Él es el grande: “No temas, yo vengo en tu ayuda, tu redentor es el Santo de Israel”». Y así «es el Dios grande que se hace pequeño y en su pequeñez no deja de ser grande, y <em>en esta dialéctica grande y pequeño: está la ternura de Dios, el grande que se hace pequeño y el pequeño que es grande</em>».<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquello singular aquí es la conexión que se establece entre la categoría de “ternura” y la dialéctica del grande y del pequeño. «La Navidad nos ayuda a entender esto: en aquel pesebre el Dios pequeño», ha insistido Francisco, compartiendo: «Me viene a la mente una frase de santo Tomás, en la primera parte de la <em>Summa</em>. Queriendo explicar esto “¿Qué es divino? ¿Qué cosa es la cosa más divina?”, dice, <em>Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo, divinum est</em>». Es decir, lo divino es tener ideales que no están limitados ni siquiera por lo más grande, sino ideales que están al mismo tiempo contenidos y vividos en las cosas más pequeñas de la vida. Básicamente, ha explicado el Pontífice, es una invitación a «no asustarse de las cosas grandes, pero tener en cuenta las cosas pequeñas: esto es divino, ambos juntos». Y esta frase los jesuitas la conocen bien porque «fue tomada para hacer una de las lápidas de san Ignacio, como también para describir aquella fuerza de san Ignacio y su ternura».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que Francisco afirma acá tiene un valor peculiar desde el momento en que el lema ignaciano tiene un valor determinante para la propia formación del futuro Pontífice. El joven Bergoglio había encontrado un largo comentario al lema en la parte final de <em>La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola</em>, obra publicada por Gaston Fessard en 1956<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Como he demostrado en mi volumen <em>Jorge Mario Bergoglio. Una biografia intellettuale</em>, Fessard, uno de los intelectuales jesuitas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, es el autor clave en la formación de Bergoglio<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Su pensamiento polar, dialéctico, toma su savia de la reflexión madurada en la lectura de la obra fessardiana de 1956. Como me ha confesado el Papa en una grabación de audio: «Pero el escritor, entre comillas, “hegeliano” -pero no es hegeliano, aunque pueda parecerlo- que ha tenido una gran influencia en mí ha sido Gaston Fessard. He leído varias veces <em>La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola</em> y otras cosas suyas. Eso me ha dado tantos elementos que se han mezclado».<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su volumen, Fessard dedicaba la parte final a un comentario analítico del lema sepulcral ignaciano. Justamente aquel comentario debía interesarle particularmente a Bergoglio. En la raíz de tal interés está, probablemente, Miguel Ángel Fiorito, su profesor de filosofía en el Colegio Máximo San José de la ciudad de San Miguel en la provincia de Buenos Aires. Fiorito, intérprete de los <em>Ejercicios</em> ignacianos, es quien le revela Fessard a Bergoglio. Este último, en un artículo de 1981 recuerda en una nota dos artículos de Fiorito: uno de 1956, La opción personal de san Ignacio; y uno de 1957, Teoría y práctica de G. Fessard<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. El segundo artículo estaba dedicado a un comentario del llamado elogio sepulcral ignaciano: «No estar forzado por aquello que es más grande, ser contenido en aquello que es más pequeño, ¡esto es divino!».<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Explicando su sentido, Bergoglio escribía que «Podemos traducirlo también así: sin retroceder ante aquel que está más arriba, agacharse a recoger aquello que es aparentemente pequeño al servicio de Dios; o bien, tendiendo a aquello que está más lejos, preocuparse de aquello que está más cerca. Se aplica a la disciplina religiosa ([…]) y es útil para caracterizar dialécticamente (en el sentido adoptado por Fessard) la espiritualidad ignaciana»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. El lema ignaciano analizado por Fessard en <em>La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola</em> se convierte para Bergoglio en la expresión de la tensión polar que anima la espiritualidad de san Ignacio<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>. En esto su lectura es guiada por el artículo de Fiorito quien, en su ensayo de 1957, <em>Teor</em><em>ί</em><em>a y práctica de G. Fessard</em>, retoma la interpretación a la luz del modelo dialéctico ofrecido por Fessard.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El (llamado) elogio sepulcral de san Ignacio contiene dos frases complementarias […]. La primera frase (<em>Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo, divinum est</em>) evidencia una característica fundamental de la espiritualidad ignaciana […] porque expresa dialécticamente -por oposición de contrarios- el dinamismo fundamental del alma de san Ignacio, que apunta siempre al ideal más alto, Dios, y se preocupa en el intertanto de los particulares más pequeños del plan divino»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bergoglio recordará constantemente el lema ignaciano que había podido leer tanto en Fessard como en Fiorito. Como dirá ya de Papa: «Siempre me ha tocado una máxima que describe la visión de Ignacio: <em>Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo, divinum est</em>. He reflexionado mucho acerca de esta frase en relación con el gobierno, en el ser superior: no restringirme al espacio más grande, sino poder estar en el espacio más restringido». Esta virtud del grande y del pequeño es la magnanimidad, que nos hace mirar siempre el horizonte desde la posición en que estamos. Y hacer las pequeñas cosas de cada día con un corazón grande y abierto a Dios y a los demás. Es valorar las cosas pequeñas al interior de los grandes horizontes, aquellos del Reino de Dios»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La dialéctica del grande y del pequeño, esta tensión que caracteriza la fe y la espiritualidad de Ignacio se convierte en un punto firme de la concepción de Bergoglio. De hecho, a través de Fiorito la “dialéctica” de los <em>Ejercicios espirituales ignacianos</em> de Fessard se transforma, para el joven estudiante, en una lectura de referencia. Esta es la perspectiva que lo abre a lecturas posteriores, determinantes para su formación. Fiorito y Fessard lo habían hecho intuir la “polaridad”, <em>la oposición de contrarios</em>, que guía el espíritu ignaciano. De esta intuición arranca el resto.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante relevar que de aquí también viene su teología de la ternura, una teología que une la idea ignaciana del “Dios siempre más grande” con la idea del Señor que asume la condición de esclavo (Flp 6,2-11). La teología de la ternura es una teología del abajamiento del Señor que se hace siervo, es decir, que se hace pequeño para poder comunicarse con los pequeños. Así, la salvación no pasa por la fuerza, la potencia que también es un atributo de Dios, sino a través de la debilidad del Hijo. <em>Dios escoge la ternura como método de salvación</em>. La ternura se inserta en la dialéctica del grande y del pequeño, del grande que se hace pequeño y del pequeño que deviene grande. Solo en la lógica de la Encarnación, del abajamiento de Dios a la condición servil como signo supremo del amor por el hombre, se hace comprensible la lógica de la ternura. La teología de Bergoglio surge del re-pensamiento del elogio sepulcral ignaciano. Allí encuentra su explicación la relación paradójica entre Dios y el hombre que se desarrolla en la lógica cristiana.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Las parábolas de la ternura</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La dialéctica del grande y del pequeño como lugar de la teología de la ternura encuentra su expresión, según Francisco, en el misterio de la Navidad. En el nacimiento del Niño Dios «el “signo” es justamente la humildad de Dios, la humildad de Dios llevada al extremo; es el amor con que, en aquella noche, Él ha asumido nuestra fragilidad, nuestro sufrimiento, nuestras angustias, nuestros deseos y nuestros límites. El mensaje que todos esperaban, aquello que todos buscaban en lo profundo de sus almas, no era otra cosa que la ternura de Dios: Dios que nos mira con ojos llenos de afecto, que acepta nuestra miseria, Dios enamorado de nuestra pequeñez».<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta ternura el Papa ha hablado en más ocasiones, comentando algunas parábolas, tales como, aquella del Hijo Pródigo y la del Samaritano <em>in primis</em>. El padre del relato del Hijo Pródigo es el padre de la ternura. En <em>El Nombre de Dios es Misericordia</em>, Francisco recuerda cuando «Albino Luciani hizo ejercicios a los sacerdotes y comentando la Parábola del ‘Hijo Pródigo’ dijo a propósito del Padre: “Él espera. Siempre. Y nunca es demasiado tarde. Es así, está hecho así… es Padre. Un padre que espera junto a la puertea Que nos divisa cuando estamos lejos, que se enternece, y corriendo viene a lanzarse a nuestro cuello y a besarnos tiernamente»<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. El padre abraza <em>tiernamente</em> al hijo. Golpea el adverbio con que Francisco describe la escena. El padre no juzga al hijo, lo encierra en sus brazos.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La acogida del hijo que regresa -dirá en otra parte Francisco- está descrita de manera conmovedora: «Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio, tuvo compasión, corrió a su encuentro, se le tiró al cuello y lo besó» (v. 20). Cuánta ternura; lo vio desde lejos: ¿qué significa esto? Que el padre subía a la terraza continuamente para mirar la calle y ver si el hijo regresaba; aquel hijo que había hecho de todo, pero el padre lo esperaba. ¡Qué bella es la ternura del padre! La misericordia del padre es desbordante, incondicional, y se manifiesta aun antes de que el hijo hable. Es cierto, el hijo sabe que se equivocó y lo reconoce: «He pecado… trátame como a uno de tus asalariados» (v. 19). Pero estas palabras se disuelven delante del perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá lo hacen darse cuenta de que siempre ha sido considerado hijo, al margen de todo.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su comentario el Papa pone juntas misericordia, compasión y ternura. En <em>El nombre de Dios es Misericordia</em> afirma que:</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«La misericordia es divina, y va más allá del juicio sobre nuestro pecado. La compasión tiene un rostro más humano. Significa “padecer con”, “padecer juntos”, no permanecer indiferente al dolor y al sufrimiento de los demás. Es aquello que Jesús sentía cuando veía a las multitudes que lo seguían. […] El verbo griego que denota esta compasión es <em>splanchnízomai</em> y deriva de la palabra que indica las vísceras y el útero materno. Es similar al amor de un padre y una madre que se conmueven profundamente por el propio hijo, es un amor visceral. Dios nos ama de esta manera, con compasión y con misericordia».<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amor de Dios une los dos polos, divino y humano, de la naturaleza de Jesús, los une en la forma de la ternura, del Dios siempre más grande que se hace pequeño, del padre que espera pacientemente al hijo. Este modo de relacionarse con el hijo de parte del padre, no indica una caída sentimental de la teología, una disociación entre Misericordia y Verdad, sino la modalidad propia con que, esencialmente Dios puede hoy volver a levantarnos de la caída del pecado. La de hoy es,</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«de hecho, una humanidad herida, una humanidad que lleva heridas profundas. No sabe cómo curarlas o cree que no sea verdaderamente posible curarlas. Y no son solo las enfermedades sociales y las personas heridas por la pobreza, por la exclusión social, por las tantas esclavitudes del tercer mileno. También el relativismo hiere a tantas personas: todo parece igual, todo parece lo mismo. Esta humanidad tiene necesidad de misericordia. Pío XII, hace más de medio siglo, había dicho que el drama de nuestra época era el haber perdido el sentido del pecado, la conciencia del pecado. A esto hoy se añade el drama de considerar nuestro mal, nuestro pecado, como incurables, como algo que no puede ser sanado y perdonado. Falta la experiencia concreta de la misericordia. La fragilidad de los tiempos en que vivimos también es esta: creer que no existe posibilidad de rescate, de una mano que te alza, de un abrazo que te salva, te perdona, te vuelve a levantar, te inunda de un amor infinito, paciente, indulgente; que te vuelve a encarrilar».<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura de Dios se relaciona con la fragilidad del mundo. El Padre no hiere la caña resquebrajada, no recrimina cuando se ha violado la ley, valora el regreso, abraza al hijo humillado. Frente a los hombres de hoy, Francisco asegura en su discurso a los obispos mexicanos: «La <em>Virgen Morenita</em> nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>. Esta afirmación nos lleva al corazón de la teología de Francisco, un corazón que, a juicio del Papa emérito Benedicto XVI, construiría la línea roja de los últimos pontífices. Como él afirma:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Para mí es un “signo de los tiempos” el hecho que la idea de la misericordia de Dios sea cada vez más central y dominante. […] El Papa Juan Pablo II estaba profundamente impregnado de tal impulso, aunque no siempre emergía de manera explícita. Pero, por cierto, no es una coincidencia que su último libro, que salió a la luz justo inmediatamente antes de su muerte, hable de la misericordia de Dios. […] El Papa Francisco se encuentra en todo de acuerdo con esta línea. Su práctica pastoral se expresa precisamente en el hecho que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. Es la misericordia aquello que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta en su presencia. Según mi parecer, esto pone de relieve que bajo la apariencia de seguridad de sí mismo y de la propia justicia, el hombre de hoy esconde un profundo conocimiento de sus heridas y de su indignidad frente a Dios. Él está a la espera de la misericordia. No es una casualidad que la Parábola del Buen Samaritano sea particularmente atractiva para los contemporáneos. Y no solo porque en ella se enfatiza el componente social de la existencia cristiana, ni solo porque en ella el samaritano, el hombre no religioso frente a los representantes de la religión aparece, por decirlo así, como aquel que actúa verdaderamente conforme con Dios, mientras los representantes oficiales de la religión se han vuelto, por así decirlo, inmunes frente a Dios. Está claro que eso complace al hombre moderno -observa aún Benedicto XVI-, pero también me parece tan importante que los hombres en su intimidad esperen que el samaritano venga en su ayuda, que él se incline sobre ellos, derrame aceite en sus heridas, cuide de ellos y los lleve a recuperarse. En síntesis, ellos saben que tienen necesidad de la misericordia de Dios y de su delicadeza. En la dureza del mundo tecnificado, en el cual los sentimientos ya no cuentan para nada, aumenta sin embargo la espera de un amor salvífico que sea dado gratuitamente. Me parece que en el tema de la misericordia divina se expresa de un modo nuevo aquello que significa la justificación por la fe. A partir de la misericordia de Dios, que todos buscan, también hoy es posible interpretar desde el principio el núcleo fundamental de la doctrina de la justificación y hacerlo aparecer en toda su relevancia».<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las palabras de Benedicto XVI tienen el valor de una importante confirmación de la perspectiva del papa Bergoglio<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. Ellas aclaran la perspectiva evangélica, y no ingenuamente filantrópica, que guía el magisterio de Francisco. La ternura de Dios se relaciona con el hombre de hoy, encorvado por el pecado, privado de la esperanza de enderezarse. Por ello, una de las metáforas favoritas del Papa es aquella de la Iglesia como hospital de campaña.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Yo veo con claridad que aquello de lo que la Iglesia tiene mayor necesidad hoy es de la capacidad de curar las heridas y de calentar los corazones de los fieles, de la cercanía, de la proximidad. Yo veo la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. ¡Es inútil preguntarle a un herido grave si tiene el colesterol y los azúcares altos! Se deben curar las heridas. Después podremos hablar de todo el resto».<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De ahí la imagen de una Iglesia samaritana: «Sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia deben ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia, levanta al prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado»<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>. El bueno samaritano se convierte en la imagen de la Iglesia soñada por Francisco, en una extraordinaria analogía con el <em>otro</em> Francisco, aquel de Asís. En su meditación del 14 de diciembre de 2017, aquella en que se habla de la dialéctica del grande y del pequeño, el Papa se preguntaba: «Pero ¿cuál es el lugar teológico de la ternura de Dios? ¿Dónde se puede ver bien la ternura de Dios? ¿Cuál es el puesto donde mejor se manifiesta la ternura de Dios? La llaga: mis llagas, tus llagas, cuando se encuentra mi llaga con su llaga. En sus llagas hemos sido sanados. […] Me gusta pensar en lo que sucedió a ese pobre hombre que había caído en las manos de los bandidos en el camino de Jerusalén a Jericó, en lo que ocurrió cuando el recobró la conciencia y se encuentra sobre la cama. Preguntó seguramente al posadero: “¿Qué ha sucedido?”, el pobre hombre le contó: “Has sido bastoneado, has perdido el conocimiento” -“Pero ¿por qué estoy aquí?-. “Porque vino uno que limpió tus llagas. Te curó. Te trajo aquí. Pagó la pensión y dijo que volverá para ajustar las cuentas si hay que pagar algo más”. Precisamente este es el lugar teológico de la ternura de Dios: nuestras llagas».<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Ponencia realizada en el Congreso La Teología de la Ternura en el Papa Francisco, Asís, 14 al 16 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Massimo Borghesi, profesor ordinario de Filosofía Moral del Departamento de Filosofía, Ciencias Sociales, Humanas y de la Formación de la Universidad de Perugia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> W. Kasper, Papst Franziskus. Revolution der Zärtlichkeit und der Liebe. Theologische Wurzeln und pastorale Perspektiven, Kardinal Walter Kasper Stiftung, 2015, tr. it., Papa Francesco. La rivoluzione della tenerezza e dell'amore, Queriniana, Brescia 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Papa Francisco – Jorge Mario Bergoglio; <em>Servizio della fede e promozione della giustizia</em>, en «Stromata», enero-junio 1988, tr. it. en J. M. Bergoglio – Papa Francesco, Pastorale sociale, a cura di M. Gallo, Jaca Book, Milano 2015, p. 87.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Papa Francisco – Jorge Mario Bergoglio; Omelia pronunciata durante la messa di chiusura del Congresso nazionale di dottrina sociale della Chiesa, in: Id., Pastorale sociale, cit., p. 151.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Papa Francisco, La mia porta è sempre aperta, una conversazione con Antonio Spadaro, La Civiltà Cattolica- Rizzoli- Corriere della Sera, Milano 2013, p. 76.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Op. cit.,</em> p. 73.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Cfr. Borghesi, Massimo; <em>Jorge Mario Bergoglio. Una biografia intellettuale. Dialettica e mistica</em>, Jaca Book, Milano 2017, pp. 241-249.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Francisco, La mia porta è sempre aperta, cit., p. 73.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Francisco, <em>El nombre de Dios es Misericordia,</em> Una conversación con Andrea Tornielli, Edizioni Piemme, Milano 2016, p. 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cit. in: D. Agasso, <em>Abbiamo la “cardiosclerosi”, serve la rivoluzione della tenerezza</em>, in “Vatican insider” (17/11/2016).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Papa Francisco, <em>Discurso a los miembros de la Federación de Colegios Profesionales de Enfermeros, Asistentes Sanitarios, Cuidadoras de Niños (Ipasvi)</em>, 3 de marzo de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> “Cosa divina es no estar ceñido por lo más grande y, sin embargo, estar contenido entero en lo más pequeño” (del traductor).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Francisco, <em>Meditación matutina en la capilla de la Domus Sanctae Marthae, Tener en cuenta las cosas pequeñas, </em>14 de diciembre de 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Fessard, Gaston; <em>La dialectique des Exercices spirituels de Saint Ignace de Loyola, </em>Aubier, París 1956, pp. 307-341.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Cfr. Borghesi, Massimo; <em>Jorge Mario Bergoglio. Una biografia intellettuale. Dialettica e mistica</em>, Jaca Book, Milano 2017, pp. 29-45.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Papa Francisco, grabación de audio del 3 de enero de 2017, en Borghesi, Massimo; <em>Jorge Mario Bergoglio. Una biografia intellettuale. Dialettica e mistica</em>, cit., p. 33.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Fiorito, Miguel Ángel; <em>La opción personal de San Ignacio</em>, «Ciencia y Fe», XII (1956); Id., <em>Teor</em><em>ί</em><em>a y práctica de G. Fessard</em>, «Ciencia y Fe», XIII (1957). Ambos artículos están citados en Bergoglio, J. M.; <em>Farsi custodi dell’eredità</em> (junio de 1981), tr. it. in: Papa Francisco-Jorge Mario Bergoglio, <em>Nel cuore di ogni padre. Alle radici della mia spiritualità, </em>Introducción de A. Spadaro, Rizzoli, Milano 2014, p. 282, nota 4. (El volumen es la edición italiana de Bergoglio, J. M.; <em>Meditaciones para religiosos</em>, Ediciones Diego De Torres, 1982).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Fiorito, Miguel Ángel; <em>La opción personal de San Ignacio</em>, «Ciencia y Fe», XII (1956), cit., pp. 43-44.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Bergoglio, J.M.- Papa Francisco, <em>Nel cuore di ogni padre. Alle radici della mia spiritualità</em>, cit., p. 282, nota 4. Corsivo nostro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Cfr. Fessard, Gaston; <em>La Dialectique des Exercices spirituels de Saint Ignace de Loyola</em>, I, cit., pp. 210 sgg.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Fiorito, Miguel Ángel; <em>Teor</em><em>ί</em><em>a y práctica de G. Fessard</em>, cit., pp. 350-351, cit. en: Bergoglio, J. M.- Papa Francisco, <em>Nel cuore di ogni padre. Alle radici della mia spiritualità, </em>cit., nota 4, p. 282.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Papa Francisco, <em>La mia porta è sempre aperta</em>, op. cit., p. 27. Acerca del “elogio sepulcral” ignaciano, cfr. Papa Francisco-Jorge Mario Bergoglio; <em>Conducción en grandes y pequeñas circunstancias</em>, (“Boletín de Espiritualidad”, 73, octubre de 1981), Pastoral social, cit., pp. 263 ss. En la <em>Carta a toda la Compañía acerca de la inculturación</em>, redactada por el Padre General Pedro Arrupe el 14 de mayo de 1978, el dicho ignaciano venía citado: «El Espíritu ignaciano algunas veces ha estado resumido en esta frase: “Non cohiberi a maximo, contineri tamen a minimo, divinum est”. En nuestro contexto este principio debería desafiarnos a una concreción local hasta en las cosas más mínimas, pero sin renunciar a la grandeza y universalidad de los valores humanos, que ninguna cultura, ni su complejidad, puede asimilar y encarnar de manera perfecta y exhaustiva» (P. Arrupe, <em>Lettera a tutta la Compagnia sull'inculturazione</em>, in "Acta Romana", XVII (1978),</h5>
<h5 style="text-align: justify;">[http://www.sufueddu.org/fueddus/inculturazione/0708/04_2_arrupe_inculturazione_oss_.pdf]). La máxima ignaciana, además de Fessard, había sido objeto de estudio por parte de H. Rahner, Die Grabschrift des Loyola, «Stimmen der Zeit», febrero de 1947, pp. 321-339.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Francisco, <em>Homilía de Navidad</em>, 24 de diciembre de 2014. «¡Cuánta necesidad de ternura tiene el mundo de hoy! Paciencia de Dios, cercanía de Dios, ternura de Dios. La respuesta del cristiano no puede ser más que aquella que Dios da a nuestra pequeñez. La vida tiene que ser vivida con bondad, con mansedumbre. Cuando nos damos cuenta de que Dios está enamorado de nuestra pequeñez, que él mismo se hace pequeño para propiciar el encuentro con nosotros, no podemos no abrirle nuestro corazón y suplicarle: “Señor, ayúdame a ser como tú, dame la gracia de la ternura en las circunstancias más duras de la vida, concédeme la gracia de la cercanía en las necesidades de los demás, de la humildad en cualquier conflicto”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Papa Francisco, <em>El nombre de Dios es Misericordia,</em> cit., p. 67.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Francisco, <em>Audiencia General</em>, 11 de marzo de 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Papa Francisco, <em>El nombre de Dios es misericordia</em>, cit., pp. 101-102.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Op. cit., pp. 30-31.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Francisco, <em>Discurso a los obispos mexicanos, </em>Ciudad de México, 13 de febrero de 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Benedicto XVI, “<em>È la misericordia che ci muove verso Dio”, </em>entrevista de J. Servais, «Vatican insider», 16 de marzo de 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Lo reconoce abiertamente Gian Enrico Rusconi para el cual: «El Papa Francisco está puesto y legitimado [por Benedicto XVI] en línea con sus predecesores, en particular con Juan Pablo II» (La teología narrativa del Papa Francisco, Laterza, Roma – Bari 2017, p.57). Se trata de un reconocimiento significativo porque Rusconi construye su volumen a partir de la tesis de una antinomia, en Francisco, entre su clara fidelidad a la tradición y el primado de la misericordia que llevaría a atenuar la relevancia del castigo divino, consecuente con el pecado original. Una antinomia que no diferencia, sin embargo, a Francisco de Benedicto como quisieran los católicos críticos del papa Bergoglio. Para Rusconi también «Ratzinger no cuestiona directamente, sino por alusión, el pecado original como causa del mal y, por lo tanto, elude él mismo (como Bergoglio) la aporía del porqué la misericordia de Dios no se haya manifestado inmediatamente en relación a los progenitores. Es más, Ratzinger llega a criticar la posición de Anselmo de Canterbury, que con un procedimiento lógico irreprochable justifica el terrible castigo infligido a los progenitores como única respuesta adecuada a la ofensa hecha a la naturaleza infinita de Dios. […] Ratzinger insiste en que el conceptualismo de Anselmo se ha transformado para nosotros en incomprensible y, por ende, invita a comprender “en un modo nuevo la verdad que se esconde en tal manera de expresarse”» (op. cit., pp. 58 y 59).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Papa Francisco<em>, La mia porta è sempre aperta, </em>cit., p. 58.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Op. cit., p. 59.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Francisco, <em>Meditación matutina en la capilla de la Domus Sanctae Marthae, Tener en cuenta las cosas pequeñas, </em>14 de diciembre de 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>“Dame la mano, 40 años de Colonias Urbanas”.  Un documental que retrata e inspira. - Rodrigo Cordero T., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/dame-la-mano-cuarenta-anos-de-colonias-urbanas-un-documental-que-retrata-e-inspira-rodrigo-cordero-t-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 23 May 2019 08:29:42 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Rodrigo Cordero Torres, pbro.
Para citar: Cordero, Rodrigo; <em>"Dame la mano, Cuarenta años de Colonias Urbanas"</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 132-136.</h6>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/RCORDERO_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<iframe src="https://www.youtube.com/embed/z3Ph8XwKrmM" width="50%" height="70%" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe>

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>"Dame la mano, Cuarenta años de Colonias Urbanas". Un documental que retrata e inspira.</strong>
<strong>Rodrigo Cordero Torres, pbro. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
<strong>Arquidiócesis de Santiago</strong></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuarenta años parecen un período enorme desde nuestra perspectiva, pero solo se reducen a una pequeña parte de la historia. En los últimos cuarenta en Chile ha pasado de todo para nuestra Iglesia y nuestro país, literalmente de todo. Mientras que a nivel social fueron años de dictadura, seguidos de la recuperación democrática, de desarrollo social y económico, en el ámbito eclesial fueron de amplia participación laical, cambios de papas, para llegar finalmente a la crisis actual. Han sido los gozos y esperanzas, sufrimientos y desgracias de nuestro pueblo. Ese es el transcurso que recoge el documental “Dame la Mano” de la joven realizadora nacional Daniela Rojas, y lo hace desde la perspectiva de las <em>Colonias Urbanas</em> impulsadas por la Iglesia de Santiago.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Cuarenta años que no pasan en vano</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al ver este trabajo audiovisual, deslumbran cientos de rostros infantiles como testigos de una rica experiencia social de nuestra Iglesia y emocionan los testimonios de los voluntarios, como relatos llenos de vida y diálogo con la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las “Colonias”, como se conocen popularmente, son una apuesta pastoral y social de gran participación en diversas comunas. Nacieron en 1978 impulsadas por el Cardenal Raúl Silva Henríquez al alero de la Vicaría de la Solidaridad y actualmente dependen de la Vicaría de Pastoral Social Caritas. Estas experiencias de gran descentralización en su gestión, han generado incontables historias de generosidad fraterna ante las carencias materiales, espirituales y afectivas de miles de niños. Junto con ello, esta labor pastoral da cuenta de una evolución en las necesidades de la infancia y de las familias, sus desafíos cotidianos y sus condiciones de vida. El documental que recomendamos aquí tiene un primer acierto: recoger esta notoria transformación social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las primeras colonias urbanas se propusieron proveer un tiempo de esparcimiento a aquellos niños que no podían acceder a paseos familiares durante sus vacaciones y tenían que quedarse en sus casas o jugando en las calles. Desde el primer momento, esta carencia venía aparejada a otra más acuciante aún: la alimentación. Y aunque esto es algo que parece distante de nuestra realidad actual, es innegable que hoy persisten desafíos enormes y urgentes para el cuidado de la infancia. Así, la mirada atenta de los voluntarios y sus dirigentes plasmados en 45 minutos de imágenes e historias, va dando cuenta progresivamente de esta transformación, poniendo en evidencia las nuevas necesidades y desafíos, en una sensibilidad que es una de las riquezas de nuestras comunidades eclesiales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las colonias urbanas, que ya son un icono del compromiso permanente de la pastoral social en decenas de comunidades de base y parroquias de la Arquidiócesis de Santiago, especialmente en los sectores más periféricos de la ciudad, fueron el material esencial del trabajo de Daniela Rojas. La documentalista, entre otros objetivos, quiso aportar una crítica social al tipo de atención que se presta hoy a la infancia. Para ella, los cambios y políticas en favor de los niños en nuestro país han sido solo “cosméticos”, debido a que hoy mismo, muchos continúan siendo vulnerados en sus derechos de diversas formas. “<em>Si la sociedad chilena hubiese mejorado, la infancia no se vería amenazada</em>”, asevera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un documental con diversos rostros </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Dame la mano” tiene como protagonistas a los monitores o animadores de las actividades. Cariñosamente conocidos como “tíos y tías” de las colonias urbanas, han ejercido a lo largo de los años un liderazgo admirado y agradecido por los niños y niñas. De hecho, muchos de ellos participaron primero como “niños colonos”, y crecieron de la mano de sus animadores hasta tener la edad suficiente para asumir dicho rol y, así, continuar con la obra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El montaje audiovisual intercala valiosas escenas de ayer y de hoy, con cientos de rostros infantiles y juveniles llenos de alegría y vitalidad en medio de juegos tan sencillos como creativos. Los escenarios más habituales son multicanchas deportivas y patios parroquiales polvorientos, pero ricos en comunión y participación. Un acierto es la incorporación de valiosas imágenes de archivo recopiladas desde la Vicaría y material periodístico de Teleanálisis, noticiero de resistencia al régimen militar durante los años 80.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conmueven las palabras, anécdotas y recuerdos llenos de sentimiento y realidad, como los de aquellos niños que relatan la cruda realidad de sus padres, en medio de la recesión y los precarios programas de empleo estatal. Asimismo, emocionan los colores desplegados en la pantalla por los videos de archivo, en los que reinan las calles ochenteras y los tonos de una televisión abocada a los temas sociales, ambas expresiones de un Chile tan distinto al de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El documental utiliza una narración que entreteje los testimonios de tres grupos distintos de monitores. Un grupo de inicios de los ochenta, otro de los noventa y uno actual. Estos relatos vivos, recogen parte de la evolución de la sociedad chilena en estas décadas y permiten ver, con sorpresa, cuánto ha cambiado Chile, cuán diferentes son las condiciones y cuán diversos son los desafíos. De hecho, mientras en 1983 un problema central era el hambre, en 2018 el principal problema es la falta de tiempo de los papás y mamás que salen a extensas jornadas laborales. Por otro lado, mientras en los ochenta los juegos de las colonias eran con muy pocos recursos, hoy la colaboración con municipios y la ayuda de distintas instancias incorporan nuevas experiencias recreativas. Las ganas siguen siendo las mismas, el escenario cambia de rostro, pero la esencia continúa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Daniela Rojas reconoce que en el transcurso de la elaboración de su pieza documentaria, se sorprendió con el ejemplo del voluntariado juvenil. “<em>Estamos hablando de personas que trabajan arduamente a cambio de nada. De jóvenes que, en vez de andar de fiestas, dedican su tiempo libre a cuidar a los niños y niñas de sus barrios. Esa entrega es, lamentablemente, extraña en la sociedad actual, donde prima el individualismo y el consumo</em>”, comenta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class=" wp-image-1555 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/IMG_4706-235x157.jpg" alt="" width="508" height="339" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La Iglesia de las pequeñas comunidades</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>La Iglesia amará a todos los hombres de esta tierra y se sacrificará por ellos; predicará el amor, la justicia y la paz</em>”. Estas palabras del Cardenal Raúl Silva Henríquez registradas en 1983 se reproducen en el filme y reflejan cómo el pastor animaba a los fieles en medio de un país golpeado por las circunstancias históricas. Este tipo de exhortaciones del Cardenal tuvo diversos ecos en los corazones de los católicos de esos años, empujando a una generación marcada por esa voz ronca y profunda, que supo enfrentar los tiempos con pasión y creatividad. En este punto, la búsqueda pastoral, atenta a los acontecimientos, se ve impulsada por el Señor a “salir” al mundo de modos novedosos y pertinentes. Esto se aprecia claramente en quienes fueron monitores en estos años y a lo largo de las cuatro décadas de colonias. El Cardenal, como lo expresa la directora, “<em>representa a todos quienes son capaces de ver más allá de sus narices y de dar vida a los verdaderos valores de la Iglesia Católica</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conservando la amistad por décadas, el grupo de animadores encargados de las “Colonias Urbanas don Bosco” en los 80, cuenta cómo por esos años se las arreglaban con pocos recursos, cómo el “cura” hacía de promotor y ayuda de sus proyectos y cómo esta experiencia de Iglesia los marcó para siempre. Esta huella la llevan no solo en la memoria de los cantos y frases típicas de las colonias, sino en un estilo de vida, un modo de ver el mundo, distintivo de los cristianos.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
[caption id="attachment_1597" align="aligncenter" width="490"]<img class="wp-image-1597" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/DANIELA-235x157.jpeg" alt="" width="490" height="328" /> La documentalista Daniela Rojas presenta su obra en el Museo de la Memoria en Santiago de Chile.[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>Una pregunta para nuestro tiempo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy, cuarenta años después del inicio de las Colonias, otros testigos revelan la vigencia del proyecto pastoral. Jonathan, Catalina y sus amigos, monitores de nuestro tiempo, se reconocen como educadores de niños de sus mismos barrios. Ellos nos recuerdan que si bien las condiciones sociales han cambiado notablemente, la infancia sigue siendo un lugar que requiere de atención y cuidado. Lo que antes fue la precariedad material y social, hoy con otro rostro, persiste en nuevas formas de exclusión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Audiencia General del 8 abril de 2015 el Papa Francisco abordó esta problemática que padecen los países que han ido saliendo de la pobreza extrema: “<em>Tantos niños viven dramas que los marcan duramente, a causa de la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas</em>”. Se trata hoy de carencias sociales, culturales y espirituales, que interpelan al cristiano comprometido y a la Iglesia hoy. Es lo que sostiene María Esperanza, otra joven monitora, que da cuenta de la falta de tiempo que disponen los progenitores para entregarles crecimiento y compañía a sus hijos en el Chile de hoy. Pobreza, al fin, con nuevos rostros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La observación de los “tíos y tías” de las colonias es muy oportuna para nuestro momento eclesial, marcado por las heridas producidas por los abusos, por el descrédito y la incertidumbre en medio del pueblo fiel. Se trata de un recordatorio muy claro: cuando el cristiano y su comunidad están atentos a los signos de los tiempos, saben detectar cuál es dirección inspirada por el Espíritu Santo para ir al encuentro de los cristos de hoy. Por ello esta experiencia pastoral representa un aliciente y una enseñanza para los caminos que debemos recorrer en el presente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hacia el final del documental, la voluntaria Inés Encina sorprende con una reflexión muy atingente a propósito de la crisis del Servicio Nacional de Menores: “<em>¿Por qué tiene que venir una institución (estatal) a hacerse cargo de nuestros niños?</em>”. Es una emocionada interpelación para aprovechar la fuerza que tienen las comunidades sociales y la Iglesia, una potencialidad que pareciera no se ha ejercido en toda su extensión. Ciertamente Inés apunta a un hecho que puede iluminarnos hoy: ¿Cuánto más pueden las organizaciones, cuánto más podemos hacer como comunidad de creyentes, para ayudar a los niños excluidos de nuestro tiempo? ¿Seremos capaces de responder?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vale la pena ver este trabajo de Daniela Rojas en las comunidades eclesiales, en las parroquias, movimientos, escuelas y universidades, para dejarse conducir por la fuerza de la vida retratada en él y ver oportunidades donde otros solo ven problemas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> <img class="wp-image-1554 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/DAME-LA-MANO-DOC-182x235.jpg" alt="" width="309" height="399" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>FICHA TÉCNICA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Título: “Dame la mano. 40 años de las Colonias Urbanas”</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Género: Documental</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Formato: Video Digital</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Duración: 45 minutos</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dirección: Daniela Rojas</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Coproducción: Vicaría Social y de los Trabajadores - Cawa producción digital</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago y Comunicador Audiovisual. Actualmente realiza estudios de Educación y Catequética en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Metáforas bíblicas de la ternura de Dios en el Papa Francisco - Rosalba Manes</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/metaforas-biblicas-de-la-ternura-de-dios-en-el-papa-francisco-rosalba-manes/</link>
		<pubDate>Thu, 23 May 2019 07:07:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=1567</guid>
		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_1588" align="aligncenter" width="796"]<img class="wp-image-1588 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/PRIMEROS-PASOS.jpg" alt="" width="796" height="603" /> "Los primeros pasos", Vincent Van Gogh, 1890.[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Metáforas bíblicas de la ternura de Dios en el Papa Francisco</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Rosalba Manes<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"><strong><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/ROSALBA-MANES.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></span></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Consciente del impacto del trasfondo cultural y pastoral de la <em>Teología del Pueblo</em> en el Magisterio del Papa Francisco, esta contribución pretende estudiar su elección de “decir Dios” a través del <em>lenguaje metafórico</em>, y la centralidad que él concede, junto con la categoría bíblica de la misericordia, a la de la <em>ternura</em>, declinada a través de algunas metáforas bíblicas recurrentes como aquellas de los sujetos de la ternura (padre, madre, pastor, médico), de los destinatarios (hijos, niños, ovejas, enfermos) y de los medios (abrazo, aceite, óleo perfumado) que se refieren al campo de la proximidad, del cuidado y de la gratuidad. Esta elección comunicativa del Santo Padre refleja el dinamismo narrativo de la Escritura y la trama de la revelación, y da al acto de predicar una eficacia notable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El espacio, la historia y la palabra: lugares de la epifanía divina</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Dios de las Escrituras hebreo-cristianas se presenta como un Dios que desea fuertemente darse a conocer y que quiere que sus criaturas se sientan conocidas y amadas por Él. Él es un Dios que ama la relación, que desea llamar a todos a la comunión consigo mismo y que enseña al ser humano que no es bueno estar «solo» (Gn 2,18). La vida humana emerge así, desde su inicio, como una densa red de relaciones, como un tejido de vínculos con el espacio, con el tiempo y con otros seres humanos. Por eso, el Dios de la Biblia habla siempre con la clave de la “Alianza”: Él se pone del lado de la criatura para sostenerla, acompañarla, protegerla, rodearla de amor y, para ello, se apasiona fuertemente por la historia, elige vivir en algunos espacios y ama hacer resonar su voz. De esta manera, se captan tres áreas privilegiadas de la epifanía divina: <em>la historia, el espacio </em>y<em> la palabra</em>. Así, la Biblia manifiesta</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«la primacía de la revelación divina por sobre la búsqueda humana, de la gracia por sobre el mérito, del reino de Dios que crece por sí mismo como semilla en la tierra, tanto si el campesino duerme o permanece despierto (cf. Mc 4,26-29). Hay tres lugares para conocer esta teofanía. En primer lugar, la <em>historia</em> de la salvación, como lo atestigua el mismo Credo de Israel... y de la encarnación cristiana... Luego está el <em>espacio</em> que revela la presencia divina tanto en el templo cósmico (cf. Sal 19,104) como en el de Sion (cf. 1 Re 8)... Y, por último, está la <em>palabra</em>, que en su eficacia fecunda la tierra árida de la existencia humana, haciéndola vivir y germinar (cf. Is 55,10-11)».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Un Dios involucrado en los asuntos humanos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puesto que Dios se manifiesta en la historia concreta, en lugares concretos y con palabras concretas, las Escrituras tienen un fuerte interés en los acontecimientos históricos, en la geografía y en el efecto que la Palabra de Dios tiene en el corazón humano. También nos muestran cómo Dios mismo se interesa por el ser humano en su situación precisa, en todo lo que le concierne, revelándose plenamente implicado en una relación de amor «excesivo» y de fidelidad «intachable». A. J. Heschel describe bien este interés privilegiado por la humanidad y la historia por parte del Dios de Israel, contrastándolo con el desinterés y la indiferencia del Dios de los filósofos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El Dios de Israel... es un Dios que ama; un Dios conocido por el hombre y que se preocupa por el hombre. No solo gobierna el mundo con la majestad de su poder y sabiduría, sino que reacciona íntimamente a los acontecimientos de la historia. Él no juzga las acciones de los hombres con impasibilidad y desapego; su juicio está impregnado por la actitud de aquel que íntimamente ha querido dichas acciones. Dios no se queda fuera del alcance del sufrimiento y del dolor humano. Él está personalmente involucrado e incluso influenciado por la conducta y el destino del hombre».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Dios que se revela en las Escrituras a través de los dos atributos de justicia y gracia (que se expresan en su amor misericordioso y tierno) manifiesta una sensibilidad exquisita que lo empuja incluso a una <em>reversibilidad divina</em>, a un cambio sorprendente, a una especie de conversión que, cuando el hombre cambia por el camino de la conversión, lo lleva a pasar de un castigo anunciado a una efusión sorprendente de amor<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. El Dios de la Biblia es un <em>Dios</em> <em>involucrado y que involucra</em>. Como aparece en Ex 3,7-8, el Dios que se presenta a Moisés a través de la Palabra es un Dios que ve, oye, conoce, desciende y libera a su pueblo para conducirlo a la tierra de la libertad, la tierra de los hijos. Es un Dios que toma una posición y se pone del lado del pueblo. Este Dios liberador también quiere involucrar a Moisés en su obra de liberación y lo hace llevando a cabo su propia liberación personal. Liberado de sus espinas personales y habiendo recibido su identidad de hombre ya no sin raíces ni pertenencia, gracias al Dios que lo marcó con la promesa de su eterno Yo-con-ustedes, Moisés puede vivir la sinergia con Dios para sacar a su pueblo de la casa de la esclavitud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El involucramiento de Dios en los asuntos humanos alcanza posteriormente su culmen con la encarnación de su Hijo, que marca la entrada en los tiempos de la nueva alianza, cuando el Amado del Padre se hace cargo de la condición humana y la asume en primera persona. El Dios que viene se hace semejante a nosotros en todas las cosas, excepto en el pecado (cf. Hb 4,15), para convertirse en un sumo sacerdote misericordioso y digno de fe, con el fin de expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2,17), y asume la historia, el espacio y la palabra. Signo de un amor que llega hasta el extremo (cf. Jn 13,1) en duración e intensidad, de un amor pleno, total y visceral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Eficacia de la ruta simbólica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ser conocido como <em>Otro</em> por la criatura humana, pero también muy cercano e involucrado, Dios elige el camino simbólico, instrumento privilegiado en los textos sagrados de todas las religiones para decir Dios. Por eso, la verdad de la Escritura es plenamente solidaria con su medio expresivo, porque «la fe bíblica y los modos de lenguaje concuerdan intrínsecamente»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Para transmitir la fe, de hecho, es importante no solo ofrecer contenido, sino elegir la manera correcta de decir Dios. Por lo tanto, el modo en que el misterio de la revelación y de la encarnación se abre camino en el campo semántico es el símbolo que «consigue unir en sí mismo los extremos de la inmanencia y de la trascendencia divina, consigue producir un sentido que, desde la realidad histórica de la partida, va hacia el Otro y hacia el Más Allá».<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El símbolo se presenta como la forma permanente del conocimiento de Dios, como la manifestación de lo invisible en lo visible. Gracias al símbolo se puede decir: “Dios es <em>como</em>...” (afirmando la inmanencia), y también decir: “Dios <em>no</em> es...” (afirmando la trascendencia). Se puede decir, en efecto, que «en la encarnación, la totalidad del sentido reside en la contingencia, y es precisamente gracias a esta contingencia -los signos- que es posible nombrar y significar la totalidad del sentido».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El símbolo se repite en todo el lenguaje evangélico, especialmente en las parábolas, y el símbolo de la parábola se convierte en «la forma estética dominante del kerigma»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Por esta razón, el símbolo es importante no solo en la Escritura, sino también en la teología y en la predicación, donde es necesario que aquel Dios del que se habla también sea visto.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="aligncenter wp-image-1590 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/PAPA-ENFERMOS.jpeg" alt="" width="750" height="422" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. La teología kerigmática y contextual del Papa Francisco</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La enseñanza del Papa Francisco es rica en imágenes y se expresa a través de una pedagogía triádica y una teología kerigmática. Para entender todo esto, es necesario considerar su tradición histórica y cultural de habitante y pastor de una megápolis del hemisferio sur del mundo (Buenos Aires) marcada por la grandeza, la multiplicidad cultural (gauchos e inmigrantes, especialmente italianos) y la miseria. De aquí se perfila su <em>teología del pueblo</em>, basada en la escucha de la sabiduría popular y en la reconciliación que implica: la atención al contexto como una de las fuentes de la teología para que la fe pueda actuar dentro de su propia cultura (<em>teología contextual</em>), la predilección por el anuncio entendida como una actividad más que como un contenido (<em>teología kerigmática</em>), la sensibilidad por la pluralidad de las culturas, la disponibilidad de la Iglesia para encarnarse en cada cultura (<em>modelo antropológico</em>) para ser un «pueblo de mil rostros» (cf. EG 115-118), y la opción preferencial por los pobres a través de una acción transformadora dentro de cada sociedad (<em>modelo de la praxis</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su enseñanza, el Papa Francisco no parte nunca de la doctrina, sino de la situación concreta para responder, a través de las reglas de discernimiento de los espíritus previstas en los <em>Ejercicios Espirituales</em> de san Ignacio, a la pregunta: «¿Qué quiere el Señor de mí en esta situación concreta?». De este modo, él favorece un <em>conocimiento existencial</em>, es decir, el conocimiento de la voluntad concreta de Dios para cada persona, un conocimiento que implica la totalidad de la persona<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Este es el enfoque de la constitución pastoral <em>Gaudium et spes</em>: partir de los signos de los tiempos para interpretarlos a la luz del Evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto significa que el verdadero teólogo debe tener una mirada profética sobre la humanidad y que su acción teológica sea «un saber discernir, un saber comprender dónde actúa el Espíritu Santo en la humanidad y qué pasos pide la nueva vida para ser realizados en la historia»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Por eso el Papa Francisco recurre a la <em>teología kerigmática</em><a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, que elige como lugar teológico decisivo el kerigma, es decir, el corazón de la predicación cristiana, el anuncio del Evangelio que es «trinitario» (EG 164), invitando a una mayor atención al texto bíblico para reconstruir el sentido del <em>kerigma</em> según la dinámica propia de los textos bíblicos que lo consideran no tanto o no solo como un contenido, sino como <em>la actividad permanente de la comunidad cristiana</em>, y que muestran que el acto de fe se hace posible dentro de este <em>proceso comunicativo</em>. El <em>kerigma</em>, además, «tiene un contenido social ineludible: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los demás. El contenido del primer anuncio tiene una repercusión moral inmediata cuyo centro es la caridad» (EG 177).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class=" wp-image-1586 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/MANOS-235x200.png" alt="" width="593" height="504" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>5. El arte de comunicar a Dios y el lenguaje metafórico</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para comunicar la fe, el Papa Francisco elige un lenguaje sencillo, accesible a todos y original gracias a neologismos y términos recurrentes<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Él privilegia un lenguaje que alcanza el intelecto y los sentimientos y que no necesita la mediación de hermeneutas, advierte contra el nominalismo, y para decir Dios y el hombre elige <em>el lenguaje metafórico</em> capaz de interceptar e implicar fuertemente el sentimiento humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escuchando las palabras del Papa se capta todo el alcance del lenguaje humano, de una palabra que no es simple <em>flatus vocis</em>, sino semilla que cae en el terreno de la historia, que afecta a los hábitos humanos para que se arraiguen en los corazones y den fruto. En la palabra se revela el instrumento más poderoso del que dispone la criatura humana<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, para ser usado con cuidado para interceptar la capacidad volitiva y decisional del otro y para formar conciencias. El lenguaje del Papa Francisco provoca a toda la Iglesia, presbíteros y laicos, a una renovación, a elegir un lenguaje eficaz en el anuncio, una palabra libre e incisiva capaz de liberar el corazón e iniciar procesos de humanización, de identificación, de proximidad, una palabra que refleja el estilo del hombre nuevo que verdaderamente ha realizado el encuentro con el <em>Rostro de la Misericordia</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el prefacio del libro de monseñor Galantino titulado <em>Vivir las palabras</em>, publicado por Piemme, el Papa escribe: «Las palabras no son neutrales, ni dejan las cosas como están […] más bien, dan voz a valores culturales y espirituales arraigados en la memoria colectiva de un pueblo, a los que devuelven un nuevo vigor. Su fecundidad está ligada a un compartir la vida; es proporcional a la voluntad con la que aceptamos ser cuestionados e involucrados por la realidad, las situaciones y las historias de las personas».<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, él no eligió un lenguaje doctrinal abstracto, sino sencillo, comunicativo, dialógico, capaz de cuestionar e involucrar para mostrar que la fe es una fuente fresca y refrescante (cf. EG 11). Eligió el lenguaje metafórico que permite transmitir el amor tierno y misericordioso de Dios, que no es un simple subtema de la justicia, como quisiera la teología escolar, sino lo propio de Dios y el principio hermenéutico para comprender la doctrina y los mandamientos. Para el Papa Francisco, de hecho,</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La manera privilegiada de difundir este calor es <em>la metáfora</em> que se convierte así en una <em>categoría teológica y hermenéutica</em> que expresa dos características de la experiencia de fe: la inmanencia y la trascendencia. Puesto que trasciende la capacidad expresiva del lenguaje, no puede ser traducida a un lenguaje argumentativo, sino que debe ser experimentada para poder comunicar una experiencia precisa de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Escritura se habla de Dios y de sus acciones en la historia usando un lenguaje que procede en imágenes y que se desenvuelve según la cadencia rítmica de la poesía hebrea<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. El Dios de la revelación judeocristiana habla a través de imágenes que tocan las cuerdas profundas de la experiencia humana y cruzan el vasto microcosmos del sentimiento humano. El lenguaje de Jesús también era metafórico. Él hablaba un lenguaje familiar y concreto que tocaba a las personas en su existencia cotidiana: «Si la sal pierde su rasgo específico, ¿cómo recuperará su sabor?» (cf. Mc 9,50).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco también privilegia la metáfora y el lenguaje sencillo y eficaz, e invita a los predicadores a «comunicar a los demás aquello que uno ha contemplado»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a> (EG 150); a comunicar la fe haciendo que el pueblo se sienta como en medio del abrazo bautismal y de aquel abrazo escatológico del Padre (cf. EG 144); a hablar en «dialecto materno» (EG 139); a hablar a través de imágenes<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a> y a utilizar imágenes que expresen belleza.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. El tema bíblico de la ternura en el magisterio del Papa Bergoglio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre los temas queridos por el Papa Francisco encontramos la <em>ternura</em>, ya estudiada de manera pionera en teología<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>, pero nueva en el Magisterio de un Pontífice, entendida como una síntesis del rostro amoroso de Dios involucrado visceralmente en la vida humana, pero también como una <em>cualidad del amor humano, principio dinámico de transformación de la sociedad y de la Iglesia</em> capaz de rediseñar la arquitectura de las relaciones interpersonales e <em>incentivo a la comunión</em> con los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura es un <em>leitmotiv</em> del magisterio de Francisco. Desde el comienzo de su pontificado esta «dimensión antropológica fundamental ha vuelto a la agenda de la pastoral eclesial»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a> para estimular fuertemente a los creyentes a vivirla como <em>una actitud permanente del propio sentir</em>, para que se convierta en un estilo, en <em>la atmósfera relacional de la propia existencia</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, la palabra «ternura» asusta a nuestra sociedad. ¿Por qué? Porque «su energía vital ha terminado disolviéndose en sus entonaciones sentimentales, hasta el punto de arriesgarse a confundirse con la blandura de todas las articulaciones del alma»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. La ternura de hoy, en la era del capitalismo tardío virtual, se considera que es</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«una debilidad imperdonable... Los niños son entrenados desde una edad temprana para hacerse valer, frenando el altruismo y la compasión. Donde la ternura bordea la vulnerabilidad y pone en peligro el ego, incluso representa un peligro... parece completamente desprovista de gloria e intensidad... inofensiva frente a las amenazas generalizadas de la época actual... inadecuada para el espíritu de la época... una versión del ser humano superada por los recursos de la economía y de la técnica».<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso asistimos al crecimiento de «una especie de militancia de la desesperación, que no solo se burla de la ternura, sino que pretende borrarla desde la cuna». Sin embargo, hay una «voz -que desafía impetuosamente los desiertos metropolitanos y las periferias abandonadas del cosmo-capitalismo- decididamente convencida de que la ternura debe salvar a las criaturas de este mundo y de esta época... ahora... para ser simplemente más humanos»<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. Es la voz del Papa Francisco, que dio nueva forma al paisaje simbólico del discurso cristiano invitando a todos a la «revolución de la ternura» (EG 88). Él propone así un estilo que reacciona a cada dureza y rigidez, un dinamismo interior de identificación y compasión que reconoce el precioso don de la alteridad y genera prácticas de proximidad, «un buen ‘existencial concreto’, para traducir a nuestros tiempos el afecto que el Señor tiene por nosotros».<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura es señalada por el Pontífice como un camino de humanización para el tiempo presente y para el futuro, cuyo propósito es «la plenitud de la relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás, evaluada y realizada “según la medida de Dios”, y no según la medida de nosotros mismos y de nuestras ideas»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Por esta razón, a través de referencias implícitas o explícitas (cf. las metáforas de ternura entendida como cuidado y compasión propios de la paternidad, de la maternidad, del cuidado médico y del pastoreo), el Papa Francisco invita a la ternura<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a> para vencer la «rigidez autodefensiva» (EG 45) de un «cristianismo monocultural y monocorde» (EG 117), para <em>generar prácticas de proximidad e iniciar procesos de humanización</em> que empujen al don de sí mismo sin la angustia de los resultados, sino aprendiendo a «descansar en la ternura de los brazos del Padre, en medio de la entrega creativa y generosa» (EG 279). Subraya que la ternura es «una palabra beneficiosa, es el antídoto contra el miedo con respecto a Dios»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>; es una virtud fuerte<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>; es para todos<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>; es el <em>password</em> para acceder al corazón del otro<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>; es lo que asegura la irradiación del Evangelio<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>; es el criterio decisivo en el juicio final<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Enfatizando elementos presentes en las Escrituras desde el Antiguo Testamento, el Papa invita a activar la afectividad en la acción evangelizadora de la Iglesia para despertar la adhesión del corazón. Al misterio de la relación entre Dios y el creyente aplica, por tanto, a la manera de la Escritura, el lenguaje de las relaciones humanas. Para hablar de Dios recurre a la analogía antropomórfica<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a> a través de metáforas parentales (padre y madre) o sociales (médico y pastor). Para decir Dios como la Biblia, Francisco utiliza la simbología teológica antropomórfica. La vida espiritual se expresa así como una realidad simbólica que vive a la manera del símbolo, como unidad de dos mundos unidos en la persona de Cristo: «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Jn 14,9). El símbolo de algo más, «no es una referencia a algo más... sino a la implicación relacional en una presencia»<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><strong><img class="aligncenter wp-image-1591 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/PRODIGO-1.png" alt="" width="548" height="415" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>7. Metáforas bíblicas en la enseñanza del Papa Francisco</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Biblia no nos presenta a Dios como una fórmula o como la explicación más o menos plausible de la existencia del cosmos, sino como el Dios «tierno (<em>ra</em><em>ḥ</em><em>ûm</em>) y misericordioso (<em>ḥ</em><em>annûn</em>)»<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>, como Aquel que pone el sello de su amor en cada página de la historia y canta un canto eterno de amor al ser humano: «Tú eres precioso para mí, tienes valor y yo te amo» (Is 43,4). Este Dios ama gratuitamente a su criatura, se identifica con ella, la cuida, fomenta sus dones y facultades, la orienta hacia la justicia y el amor, ayudándola a luchar contra esa negación del amor que es el pecado, y la impulsa hacia la madurez y la santidad. Para ayudar al pueblo creyente a hacer experiencia de este Dios, el Papa Francisco usa algunas <em>metáforas de ternura</em> tomadas de las Escrituras. Al decir «Dios es como...», se evita reducirlo a la realidad creada y se habla de Él con pudor, sin pretender decirlo todo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las metáforas bíblicas más recurrentes de la ternura son las del padre y de la madre, porque en los textos bíblicos «la unión entre el fiel y su Señor se expresa con rasgos del amor paterno o materno» (AL 28) y porque «el amor de los padres es instrumento del amor del Padre Dios que espera con ternura el nacimiento de todo niño, lo acepta sin condiciones y lo acoge gratuitamente» (AL 170). Para Francisco la ternura «nos revela, junto al rostro paterno, el rostro materno de Dios, de un Dios enamorado del hombre, que nos ama con un amor infinitamente más grande que el de una madre por su propio hijo (cf. Is 49,15)»<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>. Para el Santo Padre, además, «la familia es el lugar de la ternura» y la presencia de Jesús «se manifiesta a través de la ternura, las caricias, el abrazo de una madre, un padre, un hijo».<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7.1 Dios es como un padre</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La imagen del <em>padre</em> representa un espejo de la ternura salvadora del Señor hacia su pueblo. La designación de Dios como padre <em>está</em> presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. El pueblo de Israel siente a Dios como padre y Dios mismo se ofrece como padre de su pueblo: «Yo soy un padre (<em>'āb</em>) para Israel» (Jer 31,9), mientras que la fe judía no se cansa de proclamar: «Tú eres nuestro padre (<em>'ābînû</em>)»<a href="#_ftn40" name="_ftnref40">[40]</a>. Sin embargo, esta designación aparece solo unas veinte veces en el Antiguo Testamento indicando un uso bastante mesurado y tardío. También aparece junto a otras denominaciones, como pastor, mujer/madre, rey, creador, roca, redentor. En los relatos evangélicos Jesús habla siempre de Dios como «el Padre [nuestro/mío/vuestro] que está en el cielo» o «mi Padre», y en sus cartas Pablo habla de Dios como «el Padre de nuestro Señor Jesucristo»<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a> y «nuestro Padre».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A diferencia de las otras deidades del Antiguo Cercano Oriente y de la mitología clásica, el Dios bíblico no es varón y no tiene esposa porque es santo, diferente de la criatura humana, es totalmente Otro. En la revelación bíblica, la paternidad de Dios hacia los hombres, más que una paternidad de generación es, por lo tanto, una paternidad de adopción como se ve en la relectura de la historia de Israel en Dt 32, 9-10. La revelación de la filiación en la Biblia es como si precediera a la de la paternidad: «Así dijo el Señor: Israel es mi hijo primogénito» (Ex 4,22). Para el pueblo de Israel, su filiación divina no tiene nada de mitológico, sino que es la consecuencia de un acto salvífico de Dios. Es el mayor privilegio del cual beneficiarse. Israel no es hijo de Dios por descendencia natural, como en los relatos mitológicos, sino en virtud de un acontecimiento histórico: el éxodo. La elección de Israel y el acontecimiento del éxodo se interpretan como actos de la alianza paterna, pero a veces también como esponsales (cf. Jr 3,19-20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Escritura, por tanto, hay un paso de la figura de Dios como cabeza a la de padre, que tiene lugar gracias a una interiorización gradual de la relación, que también está mediada por el vínculo del matrimonio, muy presente en Oseas. Es una paternidad que mira más hacia el futuro que hacia el pasado: «Él me invocará: Tú eres mi padre, Dios mío, la roca de mi salvación» (Sal 89,27). Dirigirse a Dios como “padre” es, por tanto, visto como una tensión hacia la realización, hacia la maduración plena de la identidad de cada ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este padre que abre al futuro se celebra la ternura: «Como un padre es tierno con sus hijos, así el Señor es tierno con los que le temen» (Sal 103,13). El profeta Oseas vincula la ternura paterna de Dios con la liberación de Egipto y la describe con rasgos conmovedores: «Cuando Israel era niño lo amé, de Egipto llamé a mi hijo […]. Enseñé a Efraín caminar, tomándolo de la mano […]. Lo atraía con cuerdas de bondad, con lazos de amor; era para ellos como alguien que levanta a un niño hasta su mejilla, me inclinaba sobre él para darle de comer» (Os 11,1.3-4).<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La parábola de Lucas 15 pinta el retrato del tiernísimo padre que sabe esperar a quien se aleja de él y dilapida sus bienes. A esta imagen se refiere el Papa Francisco:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Si quieres conocer la ternura de un padre, prueba a dirigirte a Dios. […] El evangelio de Lucas (15, 11-32) “nos dice que el padre vio al hijo desde lejos, porque lo esperaba y todos los días iba a la terraza para ver si volvía su hijo”. El padre, pues, esperaba el regreso de su hijo, y así, “cuando lo vio llegar, salió corriendo y se echó a su cuello”. El hijo, en el camino de retorno, había preparado incluso las palabras que iba a decir para presentarse de nuevo en casa: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero “el padre no lo dejó hablar”, y “con su abrazo le tapó la boca”. La parábola de Jesús nos permite comprender quién “es nuestro Padre: el Dios que nos espera siempre”».<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El padre es también la imagen del amor gratuito, que se convierte en un espacio para el aprendizaje del perdón: «Si aceptamos que el amor de Dios es incondicional, que el cariño del Padre no se debe comprar ni pagar, entonces podremos amar más allá de todo, perdonar a los demás aun cuando hayan sido injustos con nosotros» (AL 108). El arte pedagógico de extraer lo mejor de sus hijos y llevarlos a la madurez también pertenece al padre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«nadie es más paciente que el Padre Dios, que nadie comprende y espera como Él. Invita siempre a dar un paso más, pero no exige una respuesta plena si todavía no hemos recorrido el camino que la hace posible. Simplemente quiere que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a Él lo que todavía no podemos lograr» (EG 153).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto al padre también es importante la imagen de la casa paterna que se encuentra en Lc 15, una casa de la que se puede salir y a la que se puede volver, una «casa con las puertas siempre abiertas». Y es así como el Santo Padre califica a la Iglesia en EG 46-47, contrastándola efectivamente con la imagen de la «aduana» en EG 47. En efecto, la casa se refiere a la densa red de relaciones que hay en su interior: «Lo que predomina en el amor paterno de Dios revelado por Jesús no es […] el control de la correspondencia a ciertas exigencias, sino la solicitud de entrar en relación con la fuente de la vida: la casa paterna».<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="aligncenter wp-image-1583 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/TERNURA.jpg" alt="" width="553" height="442" /></strong></h5>
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<h5></h5>
<h5><strong>7.2 Dios es como una madre</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La imagen de Dios como padre en las Escrituras se conjuga con la de Dios como madre. No hay muchos pasajes bíblicos que hablen de la maternidad de Dios, pero son significativos. El Antiguo Testamento recurre a menudo al simbolismo de las “entrañas” (en hebreo el sustantivo es <em>re</em><em>ḥ</em><em>em</em>, <em>ra</em><em>ḥ</em><em>ămîm</em> y el verbo es <em>rā</em><em>ḥ</em><em>ām</em>) para hablar del amor de Dios. Las entrañas designan el útero, el lugar de gestación, o se refieren a un sentimiento visceral de afecto y solidaridad. Son la sede de las emociones más fuertes, como el <em>pathos</em>, la conmoción y la identificación. A pesar de las constantes rebeliones de Israel, la ternura visceral del Señor no se ha rendido y no ha cesado nunca porque es como una madre que no puede olvidar a sus hijos porque los tiene incesantemente ante sus ojos. Las entrañas maternas de Dios son, por lo tanto, capaces de conmoverse por su pueblo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Pero dice Sion: «El Señor me ha abandonado, el Señor me ha olvidado». ¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque esas llegasen a olvidar, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuado, tus muros están ante mí perpetuamente» (Is 49, 14-16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El término “entrañas” también aparece en el Nuevo Testamento (en griego el sustantivo es <em>splanchna</em> y el verbo <em>splanchnízomai</em>) para hablar de la generación espiritual de los creyentes a través del evangelio (este es el caso de Pablo en Fil 12), para hablar del corazón humano consolado (Fil 7.20) o endurecido (1Jn 3,17), para celebrar, como en el <em>Benedictus</em>, la “bondad misericordiosa” de Dios (literalmente, las “entrañas de la misericordia”) hacia los hombres manifestada a través de la encarnación de su Hijo amado (Lc 1,78) y para dar a conocer su ternura y su amor compasivo hacia los hombres.<a href="#_ftn45" name="_ftnref45">[45]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Is 66,10-13 el profeta se refiere entonces al “seno” (zîz) y al cuidado maternal para indicar la cercanía del Señor a su amado pueblo. El cuidado de su pueblo por Dios se asimila al gesto íntimo de amamantar, de llevar en brazos, de tener al propio hijo sobre las rodillas para acariciarlo: una manera extremadamente sugerente para evocar implícitamente la plenitud mesiánica como <em>el tiempo de un nuevo abrazo de ternura</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Alegraos Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis, llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacías duelo; de modo que maméis y os hartéis del seno de sus consuelos, de modo que chupéis y os deleitéis de los pechos de su gloria. Porque así dice el Señor: Mirad que yo tiendo hacia ella, como río la paz, y como raudal desbordante la gloria de las naciones, seréis alimentados, en brazos seréis llevados y sobre las rodillas seréis acariciados. Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados» (Is 66,10-13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, también en la enseñanza del Santo Padre, junto a la imagen de Dios Padre, aparece la imagen de Dios-Madre<a href="#_ftn46" name="_ftnref46">[46]</a>: «El Señor es padre y dice que será con nosotros como una madre con su hijo, con su ternura: no teman al consuelo del Señor»<a href="#_ftn47" name="_ftnref47">[47]</a>. Comentando el pasaje de Is 66,10-13 habla de una «cascada de consuelo» y de una «ternura materna»<a href="#_ftn48" name="_ftnref48">[48]</a> de Dios hacia su pueblo. El Papa también nos recuerda que Dios es para nosotros como la madre que canta tiernamente a su hijo la canción de cuna y no tiene miedo de parecer ridícula por lo mucho que lo ama; es como una madre que acaricia a su hijo para tranquilizarlo e invitarlo a no tener miedo<a href="#_ftn49" name="_ftnref49">[49]</a>. Este reposo del creyente en los brazos de Dios Madre después de haber sido amamantado se menciona en <em>Amoris laetitia</em> donde, en la parte dedicada a la ternura del abrazo, aparece la referencia al Salmo 131 que relee la relación entre Dios y el orante precisamente a través de la relación madre-lactante.<a href="#_ftn50" name="_ftnref50">[50]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También la Iglesia se nos presenta siempre como una madre que sabe hablar a su hijo en su lengua materna (cf. EG 139) y como “una madre de corazón abierto” (título que introduce EG 46-49).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7.3 Dios es como un médico</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Antiguo Testamento también se describe a Dios como <em>aquel que sana</em> a su pueblo<a href="#_ftn51" name="_ftnref51">[51]</a>, se acerca y alivia sus heridas<a href="#_ftn52" name="_ftnref52">[52]</a>. La sanación física está íntimamente ligada a la sanación interior, que consiste en dar a su pueblo el perdón de sus pecados y la gracia, como se ve en el Salmo 103,3-4: «Él perdona todos tus pecados, sana todas tus enfermedades, salva tu vida del abismo, te rodea de misericordia y de ternura».<a href="#_ftn53" name="_ftnref53">[53]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su ministerio público, Jesús también se dedicó no solo a evangelizar sino también a liberar de la opresión diabólica y a sanar los cuerpos. Conjuga palabras con gestos terapéuticos que confieren la salud. Él manifiesta una especial cercanía a los enfermos dándoles dignidad: incluso antes de curarlos, los escucha mirándolos con amor y dándoles tiempo. Provoca su fe invitándoles a colaborar con el poder divino para decir a cada uno: «Vete, tu fe te ha salvado». En el Evangelio de Mateo Jesús se identifica con un <em>médico</em> cuya tarea es cuidar de los enfermos, explicando que no vino por los sanos (justos), sino por los enfermos (pecadores) (cf. Mt 9,12.13). De esta manera él identifica el pecado como la verdadera enfermedad del hombre. Los pecadores son personas enfermas a quienes él vino a curar y sanar. Por eso opta por acercarse a ellos, por hacer comunión con ellos, como lo hace un verdadero médico con sus pacientes. Es la proximidad lo que posibilita cualquier tipo de terapia. La cercanía de Jesús a los enfermos fue tal que incluso se identificó con ellos: «Estuve enfermo y me visitaste" (Mt 25,36), y Mateo lo identificó con el siervo sufriente de Is 53, afirmando que «tomó nuestras debilidades y asumió el peso de las enfermedades» (Mt 8,17).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco también usa la metáfora del médico. En la entrevista a <em>La Civiltà Cattolica</em> asimiló la Iglesia a un hospital de campaña, sugiriendo que Dios a través de la Iglesia ejerce su oficio médico:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Veo claramente que lo que más necesita la Iglesia hoy es la capacidad de curar las heridas y calentar los corazones de los fieles, la cercanía, la proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña después de una batalla. ¡Es inútil preguntarle a una persona gravemente herida si tiene el colesterol y el azúcar en la sangre altos! Sus heridas necesitan ser sanadas. Entonces podemos hablar de todo lo demás. Tratar las heridas, tratar las heridas... Y hay que empezar por abajo».<a href="#_ftn54" name="_ftnref54">[54]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tarea de cuidar de los demás y sanar sus heridas pertenece, en efecto, a todos los bautizados que deben «reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar» (EG 273) y que, ante un pobre o un enfermo, deben convertirse en «imitadores de Cristo» (cf. 1Co 11,1), es decir, sin temor a «mirarlo a los ojos y de acercarnos con ternura y compasión, y de tocarlo y abrazarlo».<a href="#_ftn55" name="_ftnref55">[55]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Santo Padre también invita a creer que Dios manifiesta su cercanía precisamente en nuestras heridas, llegando incluso a decir que nuestras llagas son «el lugar teológico de la ternura de Dios»<a href="#_ftn56" name="_ftnref56">[56]</a>, que la clave de acceso el corazón de un enfermo es la ternura y que la mejor cura son las caricias:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«No olviden la «medicina de las caricias»: ¡es muy importante! Una caricia, una sonrisa, está llena de significado para el enfermo. Es simple el gesto, pero lo lleva arriba, se siente acompañado, siente cercana la sanación, se siente persona, no un número. No lo olviden. […] Haciéndolo así, el contacto que se establece con los pacientes les da como una reverberación de la cercanía de Dios Padre, de su ternura por cada uno de sus hijos. Precisamente la ternura: la ternura es la «clave» para entender a los enfermos. Con la dureza no se entiende al enfermo. La ternura es la clave para entenderlos y también es una medicina preciosa para su curación. Y la ternura pasa del corazón a las manos, pasa por un «tocar» las heridas lleno de respeto y amor».<a href="#_ftn57" name="_ftnref57">[57]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="aligncenter wp-image-1578 size-full" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/BUEN-PASTOR.jpg" alt="" width="770" height="480" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>7.4 Dios es como un pastor</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Escritura aparece también la metáfora del <em>pastor</em> que hable del cuidado especial con que el Señor guía a su pueblo. YHWH es el que reúne al rebaño disperso y lo guía con gran cuidado<a href="#_ftn58" name="_ftnref58">[58]</a>, a pesar de las pérdidas o peligros encontrados<a href="#_ftn59" name="_ftnref59">[59]</a>. Particularmente sugerente es el texto de Is 40,11: «Como un pastor, pastorea a su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva y trata con cuidado a las paridas».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La imagen del pastor atraviesa toda la Escritura, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Es una de las más queridas de la espiritualidad bíblica, rica en encanto y calidez. Los padres y madres de Israel eran pastores de pequeños bovinos (ovejas y cabras), vivían en tiendas y se movían según las necesidades del rebaño. Formados por su experiencia, comprendieron que Dios se comportaba con ellos como un buen pastor: vigilante, atento y solícito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pastor en la mentalidad semítica es mucho más que un simple guía que sabe señalar el oasis o el pasto o que sabe evitar rutas peligrosas donde hay riesgos mortales. Es sobre todo el <em>compañero de viaje</em> que comparte todo lo que vive su rebaño (cf. Sal 23). Se comprende entonces por qué el simbolismo pastoral en la Biblia es una expresión privilegiada para hablar de Dios, a menudo en disputa con reyes y políticos y con todos los líderes de los pueblos que en Oriente fueron llamados precisamente “pastores” (cf. Ez 34). A diferencia de los gobernantes terrenales, Dios es un pastor justo, atento a las ovejas débiles, un verdadero compañero de viaje de su pueblo y no un dictador impasible y explotador. Decir que «el Señor es mi pastor» (Sal 23,1) es una declaración fuerte, una confesión de fe, una expresión de parentesco cercano, de intimidad especial. El pastor sabe guiar a su rebaño y traer de vuelta a la oveja perdida para que no se pierda en el camino, sino que viva la itinerancia bajo la guía de quien desea su bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Nuevo Testamento utiliza la metáfora aplicándola a Cristo, que en el cuarto evangelio se define a sí mismo como el “Buen Pastor” (Jn 10,11.14), que conoce íntimamente a sus ovejas, una por una, así como ellas lo conocen y lo siguen a él y está dispuesto a dar su vida por ellas. La parábola de la oveja perdida revela el rostro del Señor como el pastor que deja a las noventa y nueve ovejas para ir en busca de la única perdida y, una vez encontrada, la carga sobre sus hombros y la devuelve al redil con el corazón lleno de alegría (cf. Lc 15,4-7). Y esta es su misión: reunir a las ovejas en un solo rebaño<a href="#_ftn60" name="_ftnref60">[60]</a> y salvar a cuantas estén perdidas (cf. Lc 19,10). La cruz elevada en el centro de la historia representa el pleno cumplimiento de esta promesa<a href="#_ftn61" name="_ftnref61">[61]</a>. En los escritos de la Iglesia Apostólica, Jesús será definido como el “gran” pastor (Hb 13,20), el “pastor y protector de nuestras almas” (1P 2,25).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco habla a menudo de la ternura del pastor<a href="#_ftn62" name="_ftnref62">[62]</a>. En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en 2013, destacó como rasgos característicos del pastor la ternura y la cercanía que se manifiestan en el conocer a sus ovejas una por una y en el caminar con ellas<a href="#_ftn63" name="_ftnref63">[63]</a>. En la solemnidad de Cristo Rey en 2014, habló de la cercanía y la ternura como estilo de la realeza de Jesús. Él ha realizado su Reino,</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«con la cercanía y la ternura hacia nosotros. Él es el pastor, de quien habló el profeta Ezequiel en la primera lectura (cf. 34,11-12.15-17). Todo este pasaje está entrelazado por verbos que indican la premura y el amor del pastor hacia su rebaño: buscar, cuidar, reunir a los dispersos, conducir al apacentamiento, hacer descansar, buscar a la oveja perdida, recoger a la descarriada, vendar a la herida, fortalecer a la enferma, atender, apacentar. Todas estas actitudes se hicieron realidad en Jesucristo: Él es verdaderamente el «gran pastor de las ovejas y guardián de nuestras almas» (cf. Hb 13, 20; 1P 2, 25)».<a href="#_ftn64" name="_ftnref64">[64]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La excelencia del liderazgo del pastor divino emerge, según el Pontífice, también en la historia del profeta Jonás, reacio al mandato divino de ir a Nínive (ciudad enemiga); para reconquistarlo Dios despliega todo su cuidado pastoral, para que retome el camino correcto y logre el cumplimiento de su misión<a href="#_ftn65" name="_ftnref65">[65]</a>. Dios, de hecho, es un pastor atento que quiere que sus ovejas recuperen la relación con él y la compasión respecto de los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hablando del pastor, el Santo Padre utiliza la imagen del crisma, el óleo con el que el sacerdote es ungido el día de su ordenación presbiteral y el obispo con ocasión de su ordenación episcopal, y habla de él como el “aceite de cercanía y ternura”: «El pastor es ungido con óleo el día de su ordenación: sacerdotal y episcopal. Pero el verdadero aceite, aquel interior, es el aceite de la cercanía y de la ternura. Al pastor que no sabe ser cercano, le falta algo: tal vez sea un patrón del campo, pero no es un pastor. Un pastor que carece de ternura será rígido, que apalea a las ovejas. Cercanía y ternura: lo vemos aquí. Así era Jesús»<a href="#_ftn66" name="_ftnref66">[66]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el Pontífice el aceite perfumado del crisma no sirve para perfumarse a sí mismo, ni puede volverse rancio, sino que debe llegar al corazón de los pobres, de los enfermos y de los presos. El aceite con el que un pastor es ungido «no se queda perfumando su persona, sino que se derrama y alcanza “las periferias”<a href="#_ftn67" name="_ftnref67">[67]</a>». Por eso el verdadero pastor es aquel que ha sido ungido para servir y que tiene «el olor de las ovejas».<a href="#_ftn68" name="_ftnref68">[68]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. ¿Me amas?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la metáfora del pastor podríamos decir que convergen todas las demás: la ternura del pastor es <em>maternal</em> cuando lleva los corderos en el pecho, <em>paternal</em> cuando protege de los peligros e invita a seguir adelante con valentía, <em>sanadora</em> cuando faja a las ovejas enfermas<a href="#_ftn69" name="_ftnref69">[69]</a>. Nos parece que esta abundancia de ternura en la figura del pastor se puede captar en un texto que pertenece a la tradición de las apariciones post-pascuales de Jesús, Jn 21,15-23, donde Cristo, Buen Pastor, cuida de Pedro, una oveja perdida durante los acontecimientos de la Pasión, para convertirlo en el pastor de su rebaño.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos los discípulos salieron a pescar, en una especie de regresión a la vida del pasado, antes del encuentro con Jesús. Todos ellos han abandonado al Maestro, excepto el discípulo amado. Incluso el discípulo designado para ser «la piedra» (cf. Jn 1,42) ha negado tres veces ser su discípulo (cf. Jn 18,17-25-27). Ahora el Resucitado se acerca, y no para enrostrarle su huida. Se hace cercano para alimentarlo, para curarle las heridas, para llevar a cabo una «rehabilitación»<a href="#_ftn70" name="_ftnref70">[70]</a> y entregarle una misión. Se hace madre, pastor, padre, se convierte en ternura que ahora los discípulos pueden acoger entre sus propios sentimientos, concedidos por el Espíritu recibido la tarde de Pascua (cf. Jn 20,22), para conformarse plenamente con aquellos del Hijo (cf. Flp 2,5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es la Pascua la que manifiesta plenamente la ternura de Dios que amó tanto al mundo que entregó a su Hijo (cf. Jn 3,16). Esta ternura, manifestada a lo largo de todo el acontecimiento de Cristo, fue el estilo de su misión. En Mt 9,36 es precisamente el amor visceral y la capacidad de identificación (manifestada por el verbo <em>splanchnízomai</em>) que Jesús tiene hacia la multitud -que él asimila a un rebaño sin pastores capaces de conducirlo- lo que le lleva a involucrar a sus discípulos en su actividad misionera, invitándolos a orar al Padre y llamándolos consigo para liberar del mal y para sanar (Mt 9,37-10,1). Ahora, gracias a la efusión del Espíritu de Cristo, la ternura puede ser el estilo misionero de los discípulos del Resucitado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La triple pregunta que Jesús dirige a Pedro: «¿Me amas?» (Jn 21,15.16.17) recuerda la triple negación de la noche de la captura, cuando emerge con fuerza «la incompatibilidad entre el camino cada vez más preciso de Jesús y el que Simón Pedro sigue soñando»<a href="#_ftn71" name="_ftnref71">[71]</a>. Este nuevo llamado no es para humillar, sino para sanar el corazón del discípulo. La misión no es una cuestión de reglas a seguir, sino de ternura a acoger para dejarse calentar el corazón y vencer la <em>scklerocardía</em> (endurecimiento del corazón). El triple envío misionero “Apacienta mi rebaño” expresa toda la ternura de Jesús hacia un discípulo que estaba petrificado por el miedo. Así, la ternura desplegada por Cristo vence sus resistencias, lo lleva a una purificación que consiste en volver a tomar conciencia de que Jesús tiene un corazón («Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo», Jn 21,17) y lo invita a cultivar la ternura por las ovejas de su Pastor, a las que debe guiar y por las que, a imitación del Pastor Supremo, debe aprender a dar la vida.<a href="#_ftn72" name="_ftnref72">[72]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco nos enseña así que la tarea pastoral de la Iglesia no consiste en la elaboración compleja de estrategias de ataque o de defensa, sino en la introducción de las semillas de Cristo en la historia. Un discípulo del Señor no es tanto el que hace o da cosas como el que derrama el buen perfume de Cristo, la fragancia de su ternura. Von Balthasar lo explica bien:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«¿Quién es el cristiano? Uno que compromete su vida por sus hermanos, porque él mismo es deudor de su vida al crucificado. Pero, ¿qué puede dar en serio a sus hermanos? No solo cosas visibles; su don -lo que se le ha dado a él mismo- se hunde en las cosas invisibles de Dios [...] Hay cosas que él puede dar y mostrar; pero no se encuentran en el campo en el que se acostumbra a perfilar la iglesia visible: culto, fiestas, sacramentos, oficios sagrados. Más bien, son semillas de vida divina que, canalizadas a través de estos canales, deberían florecer en los cristianos. Es difícil expresarlas en conceptos, porque más que una realidad expresable, son un perfume que respira de Dios. «Somos el perfume de Cristo» (2Cor 2,15). Pablo describe con muchos nombres el jardín del amor que comienza a florecer en la tierra: «Ternura, bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad, paciencia mutua [...], paz de Cristo [...], sobre todo caridad» (Col 3,12-15)»<a href="#_ftn73" name="_ftnref73">[73]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura es parte de las semillas de vida divina que los cristianos pueden hacer brotar en la historia, transformando su esfera de acción y relación en un jardín de amor. Que la ternura sea para nosotros la fragancia que perfuma nuestra vida y la semilla que esparcimos abundantemente cada día, con la certeza de que quien siembra con anchura y ternura prepara una cosecha abundante.<a href="#_ftn74" name="_ftnref74">[74]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Virgen Consagrada, Doctora en Teología Bíblica y docente en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, con diversas investigaciones y publicaciones acerca de la Teología de la Ternura. Esta ponencia fue realizada en el Congreso <em>La Teología de la Ternura en el Papa Francisco</em>, Asís, 14 al 16 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> G. Ravasi, <em>Spiritualità e Bibbia</em>, GdT 404, Queriniana, Brescia 2018, 17.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> A. J. Heschel, <em>Il messaggio dei profeti</em>, Borla, Roma 1981, p. 9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. J. P. Sonnet, «Giustizia e misericordia. Gli attributi di Dio nella dinamica narrativa del Pentateuco», <em>La Civiltà Cattolica</em>, 167/1 (2016), pp. 332-348.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> G. Ravasi, «Caratteristiche generali del linguaggio biblico», en R. Fabris e collaboratori (editor), <em>Introduzione generale alla Bibbia</em>, Corso di studi biblici Logos 1, 2ª edizione rinnovata, Elledici, Leumann (TO) 2006, p. 333.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ibid., p. 332.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> G. Grampa, «Dire Dio. Appunti sulla qualità simbolica del linguaggio religioso», <em>Rivista del Clero Italiano</em> 67 (1986), p. 202.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> G. Ravasi, «Caratteristiche generali del linguaggio biblico», p. 333.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> A propósito de la predicación, recomiendo el estudio de G. Piccolo – N. Steeves, <em>E io ti dico: immagina! L’arte difficile della predicazione</em>, Città Nuova, Roma 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cf. K. Rahner, <em>L’elemento dinamico nella Chiesa. Principi, imperativi concreti e carismi</em>, Morcelliana, Brescia 1970.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> M. I. Rupnik, <em>Secondo lo Spirito. La teologia spirituale in cammino con la Chiesa di papa Francesco</em>, LEV, Città del Vaticano 2017, 31.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> W. Kasper, <em>Papa Francesco. La rivoluzione della tenerezza e dell’amore. </em><em>Radici teologiche e prospettive pastorali</em>, GdT 378, Queriniana, Brescia 2015, p. 20.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Solo por citar algunos ejemplos: «dejarse misericordiar», «oración memoriosa», «primerear» (es decir, «tomar la iniciativa»), «balconear» (en el sentido de «mirar por el balcón», «no involucrarse»), «martalismo» (en el sentido de «afanarse haciendo tantas cosas», como Marta, hermana de María, y perder la mejor parte), «sobrantes urbanos», «inequidad», «Iglesia en salida», «periferias existenciales», «cultura del encuentro», «fraternidad mística».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Al comienzo del Sínodo sobre la Palabra de Dios, Benedicto XVI recordó que «humanamente hablando, la palabra, nuestra palabra humana, no es casi nada en la realidad, un aliento... Pero ya la palabra humana tiene una fuerza increíble. Son las palabras las que crean la historia, son las palabras las que dan forma a los pensamientos, los pensamientos de los que proviene la palabra. Es la palabra que forma la historia, la realidad» (Benedicto XVI, <em>Meditación de la Primera Congregación General, XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos</em>, 6 de octubre de 2008).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> N. GALANTINO, <em>Vivere le parole. Per un vocabolario dell’esistenza</em>, Casale Monferrato (Al), Piemme 2018, 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Francisco, <em>Mensaje para la 50ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Para hablar del poder de Dios, por ejemplo, en el Cántico de Ana se dice que «da la muerte y da la vida, hace descender al <em>sheol</em> y hace subir» (1 Sam 2,6). Para hablar de su obra de liberación, se dice que saca a su pueblo de la casa de la esclavitud «con mano poderosa y brazo extendido» (cf. Dt 5,15). Para hablar de su acción creadora se dice que pone los cimientos de la tierra y cierra el mar entre las compuertas (cf. Jb 38,4.8). Para hablar de su deseo de tener una relación con su pueblo infiel, hablamos del amante rechazado y traicionado (cf. Os 2) y del amor intachable de una madre (cf. Is 49,14-15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Tomás de Aquino, <em>Summa Theologiae</em>, II-II, q. 188, art. 6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> «Las imágenes […] ayudan a valorar y aceptar el mensaje que se quiere transmitir. Una imagen atractiva hace que el mensaje se sienta como algo familiar, cercano, posible, conectado con la propia vida. Una imagen bien lograda puede llevar a gustar el mensaje que se quiere transmitir, despierta un deseo y motiva a la voluntad en la dirección del Evangelio. Una buena homilía […] debe contener “una idea, un sentimiento, una imagen”» (EG 157).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> «La verdad va de la mano de la belleza y del bien. No se trata de verdades abstractas o de fríos silogismos, porque se comunica también la belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien […] toda palabra en la Escritura es primero don antes que exigencia» (EG 142).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> C. Rocchetta, <em>Teologia della tenerezza. Un «vangelo» da riscoprire</em>, EDB, Bologna 2000. Para una teología bíblica de la ternura cf. C. Rocchetta – R. Manes, <em>La tenerezza grembo di Dio amore. Saggio di teologia biblica. Nuova edizione</em>, EDB, Bologna 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> G. Ravasi, «La “Tenerezza” è risorta», <em>Il Sole 24 ore</em> (4 ottobre 2015), p. 33.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> I. Guanzini, <em>Tenerezza. La rivoluzione del potere gentile</em>, Ponte alle grazie, Milano 2017, p. 10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> I. Guanzini, <em>Tenerezza</em>, 11.12.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> I. Guanzini, <em>Tenerezza</em>, 15.16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Francisco, <em>Discurso a los participantes en el Congreso Nacional promovido por el Centro de la Familia “Cassa della Tenerezza” sobre el tema “La teología de la ternura en el Papa Francisco”, </em>13 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Además, esta plenitud de la relación con Dios, con nosotros mismos y con los demás, «brota de una tensión continua que obliga a las relaciones cristianas a una confrontación constante en la perspectiva de la verdad, evitando el riesgo de una acomodación cuyo resultado sería, a lo sumo, el de un buen consorcio humano. Así, Dios es el baricentro y el punto límite de todo sistema relacional construido sobre la ternura». (F. Marcacci, «Tenerezza nella verità per un pensiero umile», <em>Italia francescana</em> 88 (2013), pp. 21-22).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Solo deteniéndonos en las <em>Exhortaciones Apostólicas</em>, el término ternura aparece 6 veces en <em>Gaudete et exsultate</em> (nn. 72.134.151.154.154.155.163); 11 veces en <em>Evangelii gaudium</em> (nn. 3.4 [ternura paterna] 85.88.270.274.279 [ternura paterna] .286[ternura materna] 288[x3]); 20 veces en <em>Amoris laetitia</em> (el título de los nn. 27-30 en el capítulo I <em>La ternura del abrazo</em>; 28.59.60.120 [ternura conyugal como amistad] .123 [ternura conyugal como amistad] .125 [ternura de los esposos] .127 [amor conyugal como amistad] .143.149.164 [ternura conyugal] .170 [amor de los padres como ternura de Dios Padre] .174 [ternura materna] .175 [ternura materna] .222 [ternura conyugal] .283 [ternura conyugal] .287 [ternura materna] .308.310.323).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Francisco, <em>Discurso a los participantes en el Congreso Nacional promovido por el Centro de la Familia “Cassa della Tenerezza” sobre el tema “La teología de la ternura en el Papa Francisco”, </em>13 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> «El preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura». (Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa de Inicio del Ministerio Petrino, 19 de marzo de 2013).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> «Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es <em>inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega</em>» (EG 274).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> La ternura permite «entrar en contacto con la existencia concreta de los otros» (EG 270).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> «La gente de hoy ciertamente necesita palabras, pero sobre todo necesita que seamos testigos de la misericordia, de la ternura del Señor, que calienta el corazón» (Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa con seminaristas, novicios y novicias, 7 de julio de 2013).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> El Evangelio nos dice <em>qué nos pide el reino de Jesús a nosotros</em>: nos recuerda que la cercanía y la ternura son la norma de vida también para nosotros, y a partir de esto seremos juzgados […] Al atardecer de la vida seremos juzgados en el amor, en la proximidad y en la ternura hacia los hermanos. (Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa para la canonización, 23 de noviembre de 2014).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Ver <em>La simbología teológica antropomórfica</em> en G. Ravasi, <em>Spiritualità e Bibbia</em>, GdT 404, Queriniana, Brescia 2018, pp. 30-34.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> M.I. Rupnik, <em>Secondo lo Spirito. La teologia spirituale in cammino con la Chiesa di papa Francesco</em>, LEV, Città del Vaticano 2017, p. 186.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Cf. Ex 34,6; Sal 86,15; 103,8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Francisco, <em>Discurso a los participantes en el Congreso Nacional promovido por el Centro de la Familia “Cassa della Tenerezza” sobre el tema “La teología de la ternura en el Papa Francisco”, </em>13 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Francisco, <em>Discurso a los dirigentes y al personal de la Comisaría de Roma y de la Dirección Central de Salud del Departamento de Seguridad Pública, </em>25 de mayo de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> Is 63,16; 64,7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> Rm 15,6; 2Cor 1,3; Col 1,3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> Esta imagen tan tierna de la paternidad divina es utilizada por el Santo Padre en AL 28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> Francisco, <em>Meditación matutina, </em>Santa Marta, 28 de marzo de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> M. Cruciani, «Lo stile familiare di una evangelizzazione gioiosa» en H.M. Yáñez (editores), <em>Evangelii gaudium: il testo ci interroga. Chiavi di lettura, testimonianze e prospettive</em>, GBPress, Roma 2014, p. 97.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45">[45]</a> Mt 9,36; 14,14; Mc 6,34; Lc 7,13; 10,33; 15,20.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46">[46]</a> «En las Escrituras Dios se muestra como padre, pero también como madre que cuida y se inclina en el gesto de amamantar y de dar de comer» (Francisco, <em>Discurso a los dirigentes y al personal de la Comisaría de Roma y de la Dirección Central de Salud del Departamento de Seguridad Pública, </em>25 de mayo de 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47">[47]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa con seminaristas, novicios y novicias, 7 de julio de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48">[48]</a> «“Festejad… gozad… alegraos”, dice el Profeta (66,10). Es una gran invitación a la alegría. ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo de esta invitación a la alegría? Porque el Señor hará derivar hacia la santa Ciudad y sus habitantes un “torrente” de consolación, un torrente de consolación –así llenos de consolación-, un torrente de ternura materna: “Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán” (v. 12). Como la mamá pone al niño sobre sus rodillas y lo acaricia, así el Señor hará con nosotros y hace con nosotros. Este es el torrente de ternura que nos da tanta consolación. “Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo” (v. 13)». (Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa con seminaristas, novicios y novicias, 7 de julio de 2013).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49">[49]</a> Cf. Francisco, <em>Meditación matutina, </em>Santa Marta, 11 de diciembre de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50">[50]</a> «Aquí aparece la delicada y tierna intimidad que existe entre la madre y su niño, un recién nacido que duerme en los brazos de su madre después de haber sido amamantado. Se trata —como lo expresa la palabra hebrea <em>gamul</em>— de un niño ya destetado, que se aferra conscientemente a la madre que lo lleva en su pecho. Es entonces una intimidad consciente y no meramente biológica. Por eso el salmista canta: «Tengo mi interior en paz y en silencio, como un niño destetado en el regazo de su madre (<em>Sal</em> 131,2)» (AL 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref51" name="_ftn51">[51]</a> Ex 15,26; Sal 147,3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref52" name="_ftn52">[52]</a> Cf. Jr 3,22; 30,11.17; 33,6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref53" name="_ftn53">[53]</a> La Conferencia Episcopal Italiana 2008 traduce como «bondad y misericordia», pero el Texto Masorético dice <em>ḥ</em><em>esed w<sup>e</sup>ra</em><em>ḥ</em><em>ămîm</em>, expresión che alude a la identidad divina de Ex 34,6, donde Dios se autodefine «tierno (<em>ra</em><em>ḥ</em><em>ûm</em>) y misericordioso (<em>ḥ</em><em>annûn</em>)».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref54" name="_ftn54">[54]</a> A. Spadaro, «Intervista a Papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em> 164/3 (2013) 461. Publicada en <em>L’Osservatore Romano</em>, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 (2.333), viernes 27 de septiembre de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref55" name="_ftn55">[55]</a> Francisco, <em>Ángelus, </em>15 de febrero de 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref56" name="_ftn56">[56]</a> Francisco, <em>Meditación matutina, </em>Santa Marta, 14 de diciembre de 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref57" name="_ftn57">[57]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo Padre Francisco a los miembros de la Federación de Colegios Profesionales de Enfermeros, Asistentes Sanitarios, Cuidadoras de Niños (IPASVI), </em>3 de marzo de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref58" name="_ftn58">[58]</a> Sal 23,1-3; 80,2-3; Jr 23,3-4; Ez 34,11-15.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref59" name="_ftn59">[59]</a> Os 4,16; Mi 4,6-7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref60" name="_ftn60">[60]</a> Mt 15,24; Jn 10,16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref61" name="_ftn61">[61]</a> Jn 3,16-18; 19,28-30.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref62" name="_ftn62">[62]</a> En el texto de la Congregación para el Clero de marzo de 2015, titulado <em>La espiritualidad presbiteral según el Papa Francisco</em>, hay un párrafo entero dedicado a la ternura del pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref63" name="_ftn63">[63]</a> Francisco, <em>Meditación matutina, </em>Santa Marta, 7 de junio de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref64" name="_ftn64">[64]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>Santa Misa para la canonización, 23 de noviembre de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref65" name="_ftn65">[65]</a> «Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora» (GE 134).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref66" name="_ftn66">[66]</a> Francisco, <em>Meditación matutina, </em>Santa Marta, 28 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref67" name="_ftn67">[67]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>Misa Crismal, 28 de marzo de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref68" name="_ftn68">[68]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>Misa Crismal, 28 de marzo de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref69" name="_ftn69">[69]</a> Cf. Is 40,11; Ez 34,11-16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref70" name="_ftn70">[70]</a> R. E. Brown, <em>Giovanni. Commento al Vangelo spirituale</em>, Cittadella, Assisi 2005<sup>6</sup>, 1406.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref71" name="_ftn71">[71]</a> A. Marchadour, <em>I personaggi del Vangelo di Giovanni. Specchio per una cristologia narrativa</em>, EDB, Bologna 2007, 51.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref72" name="_ftn72">[72]</a> «No se trata solo de mostrar que Jesús concedió el perdón a Pedro; la escena contiene otros dos hechos importantes sobre la historia de Pedro: el ministerio pastoral que le fue confiado y su muerte a imitación de Jesús. Por su libre bondad y autoridad, el Resucitado asigna una tarea eminente al discípulo, que humanamente ha faltado. Le confirma la profecía de su muerte (Jn 13,36), pero ahora la presenta como un signo de distinción: el discípulo, que ha depuesto el orgullo y la obstinación, puede y debe seguirlo. El Resucitado no solo “rehabilita” a Pedro, sino que lo hace otro hombre, constituido en el ministerio y en la imitación personal» (R. Schnackenburg, <em>Il Vangelo di Giovanni</em>, CTNT IV/3, Brescia 1981, 600).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref73" name="_ftn73">[73]</a> H.U. von Balthasar, <em>Cordula ovverosia il caso serio</em>, Queriniana, Brescia 2016, 135.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref74" name="_ftn74">[74]</a> Cf. Sal 126 (125),5; 2Cor 9,6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Perspectivas bíblicas de la Teología de la Ternura - Stefania De Vito</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/perspectivas-biblicas-de-la-teologia-de-la-ternura-stefania-de-vito/</link>
		<pubDate>Wed, 29 May 2019 09:13:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong>Perspectivas bíblicas de la Teología de la Ternura</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Stefania De Vito</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/STEFANIA-DI-VITO.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><img class="size-large wp-image-1653 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/pastor-800x534.jpg" alt="" width="640" height="427" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Presupuestos de introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A una primera vista incluso superficial, es posible darse cuenta de que muchos de los discursos del Papa Francisco, desde sus homilías diarias en Santa Marta hasta sus pronunciamientos <em>ex cathedra</em>, son ricos en imágenes. Si para las homilías y discursos menos formales, esto puede corresponder a su estilo creativo, en las exigencias mediáticas y en la necesidad de contacto comunicativo, en otros contextos estas motivaciones no son lo suficientemente razonables. Poco se ha escrito sobre esta dimensión “imaginativa” de nuestro Pontífice; sin embargo, es interesante la reflexión del padre Nicolás Steeves s.j., que ve cómo «los gestos y las palabras, poderosas en términos de imágenes, expresan una actitud evangélica del Papa Francisco a la altura de los desafíos actuales».<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta reflexión resume lo que el mismo Papa ha dicho, en varias ocasiones, acerca de una “pastoral de las imágenes”. En particular, en <em>Evangelii Gaudium</em>, manifiesto programático de su pontificado, el papa Francisco afirma que la imagen despierta el deseo y motiva la voluntad en la dirección del Evangelio (EV 157), permitiendo así a los cristianos ampliar sus horizontes (EG 73) y proceder a un discernimiento correcto (EV 96). Posteriormente, en 2017, en su Discurso a la comunidad jesuita de <em>La Civiltà Cattolica</em>, expuso el carácter terapéutico de las imágenes, que pueden hacer ágil y no rígido el pensamiento de quienes las reciben, para que el destinatario esté abierto a la misericordia y proclive a la libertad interior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo esto lleva a una conclusión clara. Si el Pontífice ofrece tanto espacio a las imágenes (bíblicas o no), no lo hace por necesidades mediáticas, sino porque les reconoce la capacidad de hablar del mundo al mundo y de transformarlo. De la misma manera, podemos concluir que las imágenes, utilizadas por el Papa Francisco en toda su práctica pastoral, actúan como imágenes bíblicas por su fuerte eficacia teológica, y esto sucede tanto cuando utiliza imágenes tomadas directamente de la Biblia como cuando crea otras nuevas. De hecho, hay casos en los que el Pontífice utiliza imágenes que, con toda evidencia, provienen de la Biblia; la imagen, por ejemplo, del “Pastor con olor a oveja”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> es un eco evidente y una reelaboración inmediata de la imagen del Buen Pastor, mientras que de la imagen de la Iglesia como hospital de campaña no encontramos ningún rastro directo en el Nuevo Testamento<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Sin embargo, podemos decir que, en ambos casos, el Papa Francisco mantiene vivo y encarna un estilo bíblico, que evidentemente ha contemplado y conocido durante mucho tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un artículo publicado recientemente en <em>La Civiltà Cattolica</em>, Diego Fares reflexiona sobre las imágenes bíblicas utilizadas por el padre Jorge Mario Bergoglio en su obra <em>El mal superior y su imagen</em> (1983), y afirma:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Bergoglio contempla a los personajes bíblicos y actualiza sus actitudes, traduciéndolas en imágenes modernas, en cosas que vemos a diario. La contemplación está orientada al discernimiento práctico, con un deseo apremiante de tener un impacto real en la vida. La “caricatura” que se hace del mal superior trabaja a favor de la verdad: permite neutralizar el poder del espíritu maligno, que se basa principalmente en su ocultamiento, en no ser notado hasta que se ha asentado»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Parece, pues, que el pontífice se convierte en el guardián de una pedagogía divina, cuyos rasgos son evidentes en las Escrituras, en las que las imágenes provocan el conocimiento de la bondad, la belleza y la verdad y su práctica (EG 142). La eficacia teológica de estas imágenes, por lo tanto, pertenece al estatuto ontológico y epistemológico de todas las imágenes bien construidas. Cuando hablamos de una imagen bien construida no nos referimos simplemente a una imagen que es estéticamente bella, agradable de mirar y emocionante de escuchar. Una imagen bien construida es aquella que no traiciona el rasgo comunicativo del lenguaje, capaz de decir la realidad sin huir de ella y de poner en relación de auténtica escucha a quien la “produce” y a quien la acoge.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-large wp-image-1655 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/JESUS-LEPROSO-800x450.jpg" alt="" width="640" height="360" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>2. El uso de imágenes para la teología comunicativa</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La historia de la lingüística y la filosofía del lenguaje en el siglo pasado atestigua cuánto se ha reflexionado sobre el lenguaje mismo<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. Mientras que algunos han desarrollado una visión idealista de este último, considerándolo <em>a priori</em> del mundo, del que se puede juzgar la verdad, según el cálculo de una función de verdad, otros han reflexionado acerca de los <em>speech acts</em> (los actos lingüísticos), considerándolos constitutivos de la realidad y del hombre. En esta perspectiva, el lenguaje ha dejado de ser entendido como un objeto para ser discutido y sobre el cual elaborar teorías abstractas; el lenguaje es “acogido” por aquello que es: acción, instrumentalmente verbalizada, desarrollada en un espacio y en un tiempo, cuyo propósito es dar vida a lo que se dice. Por esta razón, se ha comenzado a hablar de <em>lenguaje ordinario</em>, no para distinguirlo de un <em>lenguaje extraordinario</em> o para contrastarlo con él, sino simplemente para decir lo que el lenguaje debe poseer ordinariamente, para no caer en idealismos falsos e inútiles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Consideraremos, en primer lugar, el lenguaje cotidiano. La lengua cotidiana es la lengua del hogar, de la conversación, de hablar con conocidos, parientes, amigos. Es el lenguaje del aula y del patio de recreo, del comercio y de la industria, de los periódicos, de la radio, de la televisión, de la política y de la oración. En el uso del lenguaje, y particularmente en el uso del lenguaje cotidiano, se pueden distinguir tres componentes, tres vectores, tres dimensiones. En primer lugar, aunque la primera persona no se exprese, el lenguaje suele tener un componente de primera persona; es expresivo de la persona; de alguna manera está en un modo optativo, manifestando sus deseos o sus temores o sus tendencias. Una vez más, el lenguaje está en modo indicativo; expone, propone, expresa no solo el sujeto, sino también algo, propone algo; como esta dimensión tiende a una forma pura, se mueve hacia la tercera persona, lo <em>im</em>personal. Finalmente, el lenguaje <em>im</em>presiona; como expresa al hablante, así impresiona al oyente; se dirige <em>a</em> una segunda persona; tiene el modo imperativo»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El lenguaje, por tanto, expresa al que habla, propone e imprime (da forma) al que escucha; por consiguiente, el lenguaje auténtico es un dinamismo que, por un lado, permite acceder al autor, a su interioridad y a sus pensamientos y, por otro, al convertirse en una propuesta de contenidos vitales compartidos, permite al lector entrar en sí mismo, dejándose moldear por lo que ha leído o escuchado. Esto forma parte del estatuto ontológico del lenguaje, de todas las eras y de todas las culturas; por eso, esta reflexión filosófica sobre el lenguaje no está especialmente alejada de lo que el Papa Francisco afirma en <em>Evangelii Gaudium</em>: acoger la Palabra divina y su lenguaje no significa reconocerle a la Biblia la misma función de verdad de un enunciado científico; significa saber que esa Palabra es capaz de hacernos entrar en la dimensión del autor. Y es precisamente en este auténtico encuentro, en el <em>cor ad cor loquitor</em>, donde el lector toma conciencia de la propia interioridad, construida sobre la capacidad de conocerse a sí mismo y puede, de este modo, avanzar hacia el conocimiento y la práctica del Bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podríamos decir que las imágenes bíblicas y aquellas utilizadas por el Pontífice están inmediatamente a disposición de la propia audiencia; su aparente sencillez no traiciona su función, que es cognitiva, eficiente, constitutiva y comunicativa:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Lo que uno intenta decir se comunica a otro inter-subjetivamente, artísticamente, simbólicamente, lingüísticamente, encarnadamente. Y, así, el significado de un individuo se convierte en un significado común. Pero un rico suministro de significados comunes no es el trabajo de individuos aislados y menos aun de generaciones individuales. Los significados comunes tienen su propia historia. Se originan en mentes individuales. Solo se vuelven comunes a través de una comunicación exitosa y extensa. Se transmiten a las siguientes generaciones solo a través de la formación y la educación. Lenta y gradualmente se hacen más claros, se expresan, se formulan, se definen solo para enriquecerse, profundizarse y transformarse y, no menos a menudo, empobrecerse, vaciarse, deformarse»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8].</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta intervención se me pidió que reflexionara sobre las perspectivas de desarrollo de la teología de la ternura, desde el punto de vista bíblico. En mi opinión, este desafío requiere que caminemos por dos carriles distintos y paralelos. Si, por un lado, es posible ver una nueva vía de investigación sobre el lenguaje bíblico de la ternura, por otro lado, precisamente el conocimiento de este lenguaje en las fuentes bíblicas, y de los significados que transmiten y promueven, nos lleva a nuevos desafíos pastorales, que no solo conciernen a las «prácticas de la ternura», sino a las formas de construir una teología de la ternura, capaz de mover experiencias pastorales y sociales de ternura. El “conocimiento” de la ternura, en su desarrollo bíblico, requiere una actitud narrativa que abra el camino al discernimiento. En la primera fase de nuestro trabajo, aprenderemos que la experiencia bíblica de la ternura requiere ser contada. En la segunda fase de nuestro trabajo, que yo llamaría ético-comunicativo y que nos pone en juego como cristianos creativos, nos preguntaremos ¿Cómo puede esta “narrativa de la ternura” dirigir los corazones y el corazón pastoral de la Iglesia?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="wp-image-1663 size-full aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/LAVADO-PIES.png" alt="" width="597" height="395" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>2.1 Del conocimiento de imágenes bíblicas de ternura hacia una ternura narrada</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No conozco una bibliografía profunda que investigue el lenguaje bíblico de la ternura, que se compone de lexemas, contextos de uso e imágenes. Inaugura esta senda la obra exegética, publicada en 2015, por Carlo Rocchetta y Rosalba Manes, <em>La tenerezza grembo del Dio amore</em> (La ternura del vientre de Dios amor). Se espera, por tanto, un mayor conocimiento del lenguaje bíblico de la ternura, que implica el estudio refinado de los fonemas y lexemas, las recurrencias, el contexto y el modo de uso. En este trabajo de investigación, se pide al teólogo bíblico y al biblista que trabajen con el rigor que los distingue, haciendo uso de todas las habilidades que tienen en hebreo y griego y de sus estructuras gramaticales, sintácticas y semánticas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.2 Una mirada al léxico bíblico</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos estos datos nos proporcionan una imagen bastante completa de la forma en que la comunidad cristiana y, antes que ella, el pueblo de Israel ha percibido y comunicado su fe en Dios. El léxico hebreo <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> y su contraparte griega <em>splánchna</em> corresponden a nuestro término “ternura”, pero a menudo en las traducciones de la Biblia esta expresión ha sido abandonada en favor de otros términos como, por ejemplo, misericordia. En realidad, el término <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em>, junto con muchos otros grupos semánticos relacionados con él, habla de un Dios, experimentado por el autor sagrado, como un Dios “uterino” capaz de salvaguardar la vida y de darla. Es, evidentemente, un “significado” común y compartido que ha estructurado a la comunidad primitiva. La historia de la exégesis, sin embargo, muestra un hecho que debe ser tomado en serio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El término <em>hesed</em>, bien traducido con misericordia, aparece 245 veces en el AT y su contraparte griega <em>tò éleos</em>, junto con el verbo <em>eleéin</em> y el adjetivo <em>eléēmon</em>, aparece 78 veces en el NT. Estos lexemas han sido y siguen siendo el centro de un cuidadoso análisis semántico y léxico, mientras que el sustantivo <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> no ha recibido la misma atención en la historia de la exégesis. Esta es una observación amarga, considerando que solo el término <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> aparece 44 veces en el AT, además de otras 133 veces con los lexemas derivados de él. En el NT, el término griego correspondiente <em>splanchna</em> y el verbo <em>splanchnizomai</em> se repiten mucho menos (22x), pero en contextos significativos: en general, en los Evangelios describe la ternura amante de Jesús (cfr. Mc 1,41; Mt 20,34; Lc 7,13), pero también expresa la acogida generosa del padre hacia el hijo pródigo (Lc 15,20) y del amo hacia el siervo deudor (Mt 18,27), el afecto de Pablo hacia la comunidad de Filipos (Flp 1,8) y la llamada a los cristianos a revestirse de sentimientos de ternura (Col 3,12; Fil 7,12.20)<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, en la historia, sobre el término <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> ha caído un manto de silencio y, pese a ello, ha gozado en la intención de los autores sagrados de una posición privilegiada, no inferior a <em>hesed</em>. El uso del término también está atestiguado en la literatura extra-bíblica, tanto en su significado literal como en su matiz metafórico; en particular, en el texto apócrifo <em>Testamento de los 12 Patriarcas</em>, el sustantivo <em>ta splánchna</em> es predicado de Dios y describe su actitud hacia el hombre pecador. Además, debe considerarse que la raíz del término <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> es <em>rhm</em>, que ha generado otros dos términos: el plural <em>ra</em><em>ḥ</em><em>ămĩm</em> (las entrañas) y el femenino <em>re</em><em>ḥ</em><em>em</em> (útero materno). Por lo tanto, el sentimiento <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> es un sentimiento que se encuentra en las entrañas, en el vientre materno: es un amor que hace crecer la vida, que la nutre y la protege.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es casualidad que el 80% de las repeticiones bíblicas supongan a Dios como sujeto y lo ven en una relación con el acontecimiento de la alianza; y hay muchos pasajes, en los que tanto los sustantivos <em>ra</em><em>ḥ</em><em>ămĩm</em> como <em>hesed</em> aparecen en la misma frase, ambos predicados por Dios<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Considerando el uso sustancial de los dos términos y el hecho de que son esencialmente predicados de Dios, podemos imaginar que las dos expresiones representan de manera complementaria el rostro de Dios. Se trata de un Dios que el pueblo de Israel ha querido narrar como un Dios que tiene los rasgos esenciales de la maternidad y la vida. No es simplemente un Dios apasionado o antropomorfo, sino que es un Dios que encarna el rasgo más singular de la humanidad: la maternidad generadora de vida. Por esta razón, es relevante la comparecencia de los dos términos en el mismo versículo o en la misma perícopa (cf. Sal 25:6; 40:12). Sobretodo, esto demuestra que no son intercambiables y esto es aún más evidente si nos fijamos en las raíces de las dos palabras. Mientras que <em>hesed</em> se origina en <em>ḥ</em><em>ăsad</em> (hacer), <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> encuentra su asonancia en <em>ḥ</em><em>nn</em> (amar de una manera compasiva, de modo instintivo).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Contrariamente a lo que podría pensar nuestra superestructura occidental, la actitud misericordiosa es algo muy concreto, hasta el punto de que el término misericordia cae dentro del campo semántico de “hacer”. Si fuera posible, deberíamos acuñar el término “misericordiar” para decir que la misericordia no es un <em>modus</em> intelectual, un valor agregado a las acciones: la misericordia se hace y se da a conocer a través de acciones concretas. Cuando “misericordia” y la “ternura” son predicadas de Dios en la misma trama narrativa, hablan de un Dios en movimiento hacia el hombre: podríamos incluso decir que juntos, los dos términos representan el preludio de la encarnación. Dios nos muestra que el amor es concreto, visible y manifiesto si viene de las entrañas, del lugar de la vida y de la custodia de la vida. El Dios Amor, que canta San Juan en sus cartas (cf. 1Jn 4), es esa Palabra que viene al mundo, es el Dios que obra y construye misericordia, capaz de ese sentimiento visceral propio de una mamá y de un papá.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.3 Novedad neotestamentaria</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay otro hecho que hay que tener en cuenta. La narrativa de la misericordia y la ternura, tan evidente en el AT, parece perder su relevancia en el NT. Si limitamos nuestra mirada a las recurrencias terminológicas, podemos decir simplemente que las 245 veces del término <em>hesed</em> y las 200 de <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> en el AT se convierten en el NT, respectivamente, en 78 y 22. Entonces, ¿dónde terminó la ternura?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más allá de su aparente banalidad, esta pregunta nos permite mirar una historia de salvación que comienza con el pueblo de Israel y continúa hasta las primeras comunidades cristianas. En este análisis, que pasa por fonemas y lexemas, no constatamos simplemente una relación de continuidad/discontinuidad entre la AT y el NT; miramos cuidadosamente la evolución de la forma de vivir y contar la historia de la fe a lo largo de un amplio periodo, marcado por muchos eventos humanos y sociales. Entre estos últimos, está la experiencia de la Biblia de los Setenta (LXX), que no representa simplemente la traducción de los Escritos de Israel del hebreo al griego. Por un lado, es un gran esfuerzo intelectual que se ha materializado en las elecciones gramaticales, sintácticas y estilísticas del traductor; por otro lado, nos encontramos ante una reinterpretación de los Escritos de Israel, que ha buscado mediar los contenidos de la fe de Israel para una comunidad cuya identidad social era profundamente diferente de la comunidad original de Israel. En una época, mirando las transformaciones lexicográficas y estilísticas realizadas por los traductores de la versión de los LXX, se intentaba “encubrir el engaño”, pensando en un error de los escribas o en una transformación ideológicamente forzada. En tiempos más recientes, gracias a la reflexión de Van der Louw, se ha comprendido que la traducción de los LXX era algo más y diferente de una transposición semántica<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Fue una experiencia de relectura de la fe de Israel, nacida para guiar a los israelitas en tierra extranjera, para renovar y definir su identidad religiosa; se trata de un ejemplo de inculturación, en la que la experiencia religiosa primitiva es mediada en un contexto cultural, social y lingüístico diferente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya nos hemos dicho que el término hebreo ternura, <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em>, toma prestado del universo femenino el atributo de la vida dada y preservada. En la traducción de los Setenta, o en el siglo III a.C., los traductores no siempre parecen respetar la distinción terminológica entre <em>hesed</em> y <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em>; a veces, de hecho, el término “ternura” cede el paso a la misericordia. Así, el término griego correspondiente <em>splánchna</em> (ternura visceral) se repetirá solo 15 veces en la traducción de los LXX. Junto a él encontraremos el término <em>oiktirm</em><em>ό</em><em>s</em>, predicado exclusivamente de Dios, para hablar de su cercanía emocional a quien sufre dolor y dificultad. Este “nuevo” grupo semántico, que aparece unas 70 veces en los LXX, parece abandonar la esfera femenina del término <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em>, para contar una ternura manifiesta. En efecto, el lexema parece ser uno de los muchos empleados para narrar la revelación de Dios al hombre: el Señor de la ternura es el Señor de la revelación, es el Dios que se da a conocer concretamente a los hombres. La ternura es el lugar de la revelación divina; por lo tanto, cuando el hombre experimenta el amor compasivo de Dios, sabe que está ante el verdadero Dios de Israel y no ante una de las muchas divinidades del mundo extra-bíblico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También en el NT, encontramos junto al término <em>splánchna</em>, el lexema <em>oiktirm</em><em>ό</em><em>s</em>. Es un uso exclusivamente paulino, en perfecto estilo de los LXX. Un ejemplo excelente es el de Romanos 9,15, en el que el apóstol Pablo afirma: «Tendré misericordia de los que quiera y tendré piedad de los que quiera tenerla». El texto cita Ex 33,19, según la versión de la LXX: el término original <em>rā</em><em>ḥ</em><em>am</em> se traduce con <em>oiktirm</em><em>ό</em><em>s</em> y tal sigue siendo el uso de Pablo. Los matices “materno” y “uterino”, quizás demasiado complejos para una comunidad exiliada y en contacto con el mundo greco-romano, se incorporan al cuidado manifiesto y concreto de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No podemos reducir nuestra reflexión a contar las recurrencias. Sin embargo, podemos constatar que el lenguaje inmediato de la “ternura” se convierte en auténtico lenguaje teológico, a partir de la experiencia religiosa del pueblo de Israel. No es casualidad que tanto ayer como hoy, en el momento de la dificultad o de la muerte, los judíos reciten <em>Rehàm alei, adonì</em> (Abrázame en tu regazo, Señor). En mi opinión, esta petición de ayuda esconde una profesión de fe; al mismo tiempo, el término “ternura”, cuando es predicado por Dios, habla de un Dios que se convierte en un lugar de acogida. Este es el lugar de nacimiento y del renacimiento; la expresión “ternura” proviene de la jerga cotidiana y atestigua una experiencia común compartida: el útero es el lugar donde se origina la vida y donde se nutre y preserva. Con la experiencia literaria y espiritual de los LXX, esta profesión de fe permanece, aunque declinada en dos modos lingüísticos diferentes, uno que insiste más en la dimensión uterina, y el otro que muestra la cercanía real y concreta de Dios al hombre en dificultad.</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><img class="size-full wp-image-1660 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/samaritano.png" alt="" width="683" height="335" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.4 Ternura, vientre de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos dos modos, aunque no están muy atestiguados en el Nuevo Testamento desde un punto de vista lingüístico, no desaparecen en absoluto. La profesión de fe en el Dios de la Vida tiene sus raíces en las profesiones de fe de Gn 1 y Ex 20. En ambos textos nos enfrentamos al rostro de Dios, que crea a través de la Palabra; es el rostro de un Señor de la Vida que se ocupa y preocupa del hombre, creándolo no solo desde el punto de vista biológico, sino también desde el punto de vista existencial y relacional. La ternura de Dios, que se hace regazo del hombre, es el preludio de la encarnación. De hecho, la palabra que crea se hace útero, se hace carne en el acontecimiento mismo de la Encarnación. Mirando de cerca el NT, uno se da cuenta de que, aunque lingüísticamente la experiencia de la ternura está casi ausente, se ha hecho “carne” en el hombre Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús, el Hijo de Dios, hace milagros, sana de los pecados y sana al hombre en su físico y en su interioridad. ¡Él actúa, entonces, como un Dios de la vida!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde este punto de vista, el milagro del hombre de la mano seca es muy elocuente (cf. Mc 3,1-6): la curación tiene lugar en sábado y esto crea desorientación entre los escribas y fariseos que presenciaron la escena. De hecho, según la tradición de Israel, estaba prohibido trabajar los sábados. La respuesta de Jesús es significativa: «¿Es lícito salvar una vida en sábado o quitarla?». La pregunta del Maestro contiene su “comprensión” del milagro, operado por él, en el sentido de don de la vida y esto implica, por tanto, que Jesús mismo entiende, y es entendido por las primeras comunidades cristianas, como un vientre capaz de generar vida nueva. Particularmente en el Evangelio de Mateo, los milagros de la curación realizados por Jesús se encuentran en el horizonte del verbo <em>splanchizomai</em>: el Jesús que ama con un amor de ternura, obra milagros de curación. El ejemplo de Mt 14,14 es elocuente: «Cuando bajó de la barca, vio una gran multitud y sintió compasión (<em>esplagchnisthê</em>) por ellos y sanó a sus enfermos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tampoco es ajena a la lógica religiosa del NT la experiencia del <em>oiktirm</em><em>ό</em><em>s</em>; si, en efecto, el lexema da testimonio de un Dios capaz de estar cerca del hombre en dificultad, podemos afirmar ciertamente que el título de «comilón y bebedor, amigo de pecadores y prostitutas» (cf. Lc 7,31-35) que Jesús obtiene, profesa su atención y su cuidado por los últimos en la sociedad. Por lo tanto, la profesión de fe en el Dios ternura, simplemente ha cambiado de registro en el NT; esto, quizás, podría deberse al hecho de que en la cultura griega (donde se conciben la LXX y el NT), el término <em>splancha</em> está lleno de ambigüedad. Este designa el lugar de pasiones violentas como la ira y la lujuria<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Es en la Encarnación que el Dios ternura se revela al hombre, mostrándose siempre como el Dios de la Vida. Es Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Palabra creadora hecha carne, quien narra en sus gestos y palabras la ternura con la que los autores del Antiguo Testamento profesaban a Dios. ¡Con Jesús, la ternura se hizo carne!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-full wp-image-1661 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/JESUS-Y-NIÑO.jpg" alt="" width="624" height="415" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>3. Momento ético-comunicativo. «Revístanse de misericordia y ternura» (Col 3,12)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los relatos de sanación y las palabras de poder no son más que ternura en acción, un amor visceral que restaura la vida. Esta dinámica, por ejemplo, es particularmente evidente en la curación de los diez leprosos, relatada por el evangelista Lucas (17,11-19). Detrás de este pasaje, está la visión de la enfermedad, que el pueblo de Israel ya había manifestado en el Antiguo Testamento. La lepra es una marca visible no solo de una enfermedad, sino de la “maldición” divina: es una declaración pública de la pecaminosidad y la culpabilidad del sujeto, que, además de sufrir la enfermedad, debe soportar el peso del juicio y la condena de los demás. Así, el enfermo, presuntamente culpable de una enfermedad que no se ha contagiado, juzgado impuro, se ve obligado a vivir solo fuera del campamento (cf. Lv 13,45-46). En general, los leprosos vivían fuera de los centros habitados, ocupando cuevas y chozas, lejos de cualquier centro de relacionalidad; las heridas de su enfermedad eran de tipo relacional. Esas cicatrices lo expulsaban de sí mismo: las heridas de la lepra a menudo transformaban tanto su fisonomía que incluso era irreconocible. Está excluido de la religión, la familia, el trabajo y de los demás. Por lo tanto, el lugar que ocupa el leproso es un lugar de No-Vida y una vida, privada de sus relaciones fundamentales (con su propia corporeidad, Dios, trabajo y de los demás), se reduce a No-Vida. Por lo tanto, el milagro que Jesús realiza no se refiere a la corporeidad de esos hombres, sino a su dimensión relacional. El evangelista Lucas anota: «En cuanto los vio, Jesús dijo: “Vayan y preséntense a los sacerdotes”. Y mientras iban, fueron sanados» (Lc 17,14). La urgencia de hacer reconocer públicamente la salud recuperada marca el paso de la No-Vida a la Vida: el Jesús que devuelve a la Vida relacional plena es precisamente ese Jesús-vientre, que custodia la Vida y la deja salir a la luz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué puede decir todo esto a la teología y a la práctica pastoral? En efecto, ha llegado el momento de reflexionar sobre la identidad y la misión de la teología y, con ellas, sobre el rostro de la auténtica práctica pastoral. Repitiendo las palabras de B. Lonergan, la teología no representa una conquista perenne, sino que se hace cargo de una teandricidad en la realidad, siendo ella la propuesta de salvación hecha por Dios a la humanidad, en el Hijo encarnado y resucitado. Lonergan subraya, en particular, el papel de mediación de la teología entre una matriz cultural, en continua evolución, y los contenidos de la fe. Pero para que la mediación sea eficaz es necesario un conocimiento adecuado de los contenidos y de la dinámica de la fe, pero también una experiencia profunda del tejido social y cultural en el que se inserta. Es una forma de “sano estrabismo”, que permite reconectar los hilos de la matriz cultural con el dato de la fe, hasta el punto de producir una urdimbre bien tejida, que representa para el hombre una sólida base común, desde la cual plantearse nuevas preguntas. La urdimbre creada, con los hilos de la fe y de la cultura, no es un punto de llegada, sino más bien un punto de partida, que propone nuevos interrogantes, que la teología y la práctica pastoral tienen la tarea de no eludir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La experiencia narrada de la ternura, aunque adopta diferentes formas y sofisticaciones lingüísticas entre el AT, los LXX y el NT, representa la experiencia de una única fe compartida. Ahora bien, de esta narrativa la teología puede ciertamente adquirir contenido, pero también aprender a encarnar un significado<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. El Dios del AT, ahora encarnado en Jesús, es conocido no por la etiqueta de la ternura, sino que él mismo se ha hecho ternura. Las palabras de Jesús a Pedro: «¡Ponte detrás de mí!» (cf. Mc 8,27-35) es la llamada a una forma singular de seguimiento, que no pide una simple relación de subordinación, sino poner los pies en las huellas de Jesús. Por lo tanto, si esto es ternura encarnada, la teología, que toma la forma de una auténtica <em>sequela Christi</em>, puede y debe convertirse en ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, la ternura no debe ser objeto aséptico de una teología o filosofía idealista o idealizada, sino que debe convertirse en ternura en sí misma, capaz de proteger la vida, preservarla y hacerla nacer en su plena y auténtica relacionalidad. Esto exige no solo una conversión religiosa y moral, sino también una conversión intelectual, brillantemente descrita por las palabras del Cardenal Carlo Maria Martini:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Esta le corresponde, de hecho, a la inteligencia que, después de haber vagado entre opiniones y puntos de vista confusos, diferentes y contradictorios, finalmente encuentra un principio por el cual es capaz de decidir y operar, no bajo la influencia del ambiente o la opinión de otros, sino por una iluminación clara y profunda. […] Quisiera subrayar que la conversión intelectual forma parte del camino cristiano, aunque sean pocas las personas que la logran, porque es ciertamente más cómodo, más fácil contentarse con lo que se dice, con lo que se lee, con lo que la mayoría de la gente piensa, con la influencia del ambiente, aunque sea bueno. Sin embargo, el cristiano maduro necesita absolutamente adquirir convicciones personales e interiores para ser un evangelizador serio en un mundo pluralista y marcado por tormentas de opiniones contrastantes. En otras palabras, la conversión intelectual es propia de quien ha aprendido a razonar con la propia cabeza, a captar lo razonable de la fe gracias a un camino, quizás cansador, que lo hace capaz de iluminar a los demás»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La base ideal de la sociedad es la comunidad, y es tarea de la teología partir de la sociedad, entendida como una aglomeración de hombres y mujeres que comparten el mismo espacio, para crear una comunidad. Estas dos, sociedad y comunidad, de hecho, no coinciden:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La comunidad no es simplemente una agregación de individuos dentro de una frontera; tal concepción descuidaría su componente formal que es el significado común. Este significado común requiere un campo de experiencia común y, cuando este falta, los hombres pierden el contacto entre sí. Requiere formas de comprensión comunes o complementarias y, cuando estas faltan, los hombres comienzan a dejar de comprenderse, a no confiar, a sospechar, a tener miedo, a recurrir a la violencia. Requiere juicios comunes y, cuando estos faltan, los hombres viven en mundos diferentes. Requiere valores, objetivos y directrices comunes y, cuando estos faltan, los hombres actúan con fines opuestos»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que una comunidad pueda nacer, por tanto, donde subyace una “mera” sociedad, es necesario ser capaz de hablar un lenguaje común que contenga y salvaguarde los valores comunes. La comunidad tiene dos enemigos silenciosos: el idealismo y la alienación; el primero representa una fuga de la realidad y de las preguntas de investigación que el hombre puede hacerse a sí mismo; el segundo nace de la falta de atención al otro y a la realidad. Para construir una comunidad, por lo tanto, se necesitan teólogos que, una vez convertidos intelectualmente, sean capaces de desenmascarar y denunciar el mal y la fragmentación causados por la alienación y la ideología. Por lo tanto, la teología que, se encarna en la Iglesia, representa una comunidad imperfecta que se entrena en la perfección, cada vez que sale a las periferias existenciales del hombre, anunciando el mensaje cristiano en las culturas y lenguas del hombre mismo. De la Escritura aprendemos que el mensaje cristiano tiene contenidos y praxis de verdad; por lo tanto, el mensaje anunciado es auténticamente cristiano cuando vuelve a proponer los contenidos bíblicos, para sanar al hombre y restaurarlo en su plena relacionalidad vital.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Originalmente, la teología era una ciencia deductiva y se ha convertido en gran parte en una ciencia empírica. Era una ciencia deductiva en el sentido de que sus tesis eran conclusiones que debían ser probadas con premisas proporcionadas por la Escritura y la Tradición. Se ha convertido en una ciencia empírica en el sentido de que la Escritura y la Tradición no son premisas sino datos. Estos datos deben ser vistos en su contexto histórico. […] Su tarea [la de la teología] no se limita a investigar, ordenar, exponer y comunicar la revelación divina. Todo esto es necesario, pero aún queda mucho por hacer. De hecho, la revelación es la irrupción de Dios en la recreación del hombre. Por lo tanto, la teología no solo debe reflejar esta revelación, sino que también debe demostrar la intervención de Dios en todos los asuntos humanos»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia puede llegar a ser un proceso plenamente consciente cuando la teología se une a todas las demás partes de los estudios humanos. Tal como dice Lonergan, una teología dinámica comienza con la conversión, que no es un simple cambio de dirección u orientación, sino una transformación radical que, por íntima y personal que sea, siempre tiene un profundo impacto social. Y la radicalidad reside precisamente en esto: ¡Que la teología deje de hablar de la ternura para volverse “uterina” en el sentido bíblico del término!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Doctora en Teología Bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde se desempeña como profesora encargada del departamento de Teología Fundamental. Casada y madre de dos hijos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> N. Steeves, «A Papa immaginifico, teologia immaginativa», en M. Tenace, <em>Dal chiodo alla chiave</em>, Roma 2017, p. 104.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Francisco, <em>Homilía, </em>Misa Crismal, 28 de marzo de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> A. Spadaro, «Intervista a Papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em> 164/3 (2013). Publicada en <em>L’Osservatore Romano</em>, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 (2.333), viernes 27 de septiembre de 2013. Si leemos con atención esta entrevista, podemos darnos cuenta de que la imagen de la Iglesia como <em>hospital de campaña</em> se muestra como una nueva imagen nacida de la parábola del Buen Samaritano, de la cual conserva el significado, pero con una forma y una estructura completamente nueva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> D. Fares, «Chi è il ‘cattivo pastore’? Le caratteristiche e le immagini bibliche proposte da papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em>, Quaderno 4013/2 (2017) 345-359.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Para profundizar en el tema, cfr. S. DE VITO, <em>La schiavitù via di pace</em>, G&amp;B Press, Roma 2016, p. 27-82.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> B. J. F. Lonergan, «The Analogy of Meaning», in R. C. Crocken – F. E. C. Crowe – R. M. Doran, ed., <em>Philosophical and Theological Papers</em> 1958-1964, Collected Works of B. Lonergan 6, Toronto-Buffalo-London 1996, p. 185.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> B. Lonergan, <em>Metodo in Teologia</em>, pp. 110-111.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Cfr. C. Rocchetta– R. Manes, <em>La tenerezza grembo del Dio Amore</em>, Bologna 2015, p. 35-37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cfr. Sal 25,6; 40,12; 51,3, 103,4;119,156.159; Is 54,10; 63,7; Jr 16,5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cfr. T. A. W. Van Der Louw, <em>Transformations in Septuagint. Towards an Interaction of Septuagint Studies and Translation Studies</em>, LISOR, 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Cfr. K. E. Balley, The Cross &amp; the Prodigal: Luke 15 Through the Eyes of Middle Eastern Peasants, IVP Books, Missouri 1973, p. 68.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> «El significado encarnado reúne a todos o al menos a muchos de los otros portadores de significado. Puede ser al mismo tiempo intersubjetivo, artístico, simbólico y lingüístico. Es el significado de una persona, de su forma de vida, sus palabras o sus acciones. Puede ser su significado solo para otra persona, o para un grupo pequeño, o para toda una tradición nacional, o social, o cultural, o religiosa. Tal significado puede atribuirse a las acciones de un grupo, a las Termópilas o a Maratón, a los mártires cristianos, a una gloriosa revolución». (B. Lonergan, <em>Metodo in Teologia</em>, pp. 104-105).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> C. M. Martini, <em>Incontro al Signore Risorto I</em>, Milano, 2013, pp. 68-70.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> B. Lonergan, <em>Metodo in Teologia</em>, pp. 386-387.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> B. Lonergan, «La teologia nel suo nuovo contesto», en V. Pagani, ed., <em>Teologia del Rinnovamento</em>, Asís, 1969, p. 257; 261.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Comentario al Mensaje de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales - Mons. Lucio Adrián Ruiz</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/05/comentario-al-mensaje-de-la-53a-jornada-mundial-de-las-comunicaciones-sociales-mons-lucio-adrian-ruiz/</link>
		<pubDate>Wed, 29 May 2019 21:14:02 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Mons. Lucio Adrián Ruiz, Secretario del Dicasterio para la Comunicación
Para citar: Ruiz, Lucio Adrián; <em>Comentario al Mensaje del Santo Padre con motivo de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 121-125.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/LRUIZ_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Comentario al Mensaje del Santo Padre con motivo de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales</strong>
<strong>Mons. Lucio Adrián Ruiz</strong>
<strong>Secretario del Dicasterio para las Comunicaciones</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
[caption id="attachment_1678" align="aligncenter" width="455"]<img class="wp-image-1678 " src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/05/PAPA-RUIZ-ZUCKERBERG-203x230.png" alt="" width="455" height="516" /> Acompañado de Monseñor Lucio Adrián Ruiz, el Papa Francisco acogió en la Santa Sede a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, junto a su esposa. 29 de agosto de 2016. (Foto de @VaticanNews)[/caption]
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>1. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La realidad es demasiado contundente e irrefutable: Vivimos en un ambiente determinado cada vez más por las tecnologías de la información, que inciden directamente en los tipos de relaciones entre los diversos actores sociales, ya sean personales o colectivos. Originalmente, las relaciones entre las personas comenzaban por la comparecencia de ambas en un espacio común que permitía un diálogo cara a cara en el que concurrían la presencia física de cada cual, el valor de sus miradas y las imprescindibles alternancias de palabras y silencios. Hoy eso ya no pareciera ser imprescindible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A diferencia del pasado, en la actualidad las relaciones interpersonales pueden comenzar por medio de encuentros virtuales, donde el espacio físico ha cedido lugar al ciberespacio, el mirarse a los ojos se ha sustituido por la contemplación de una pantalla táctil, y ya no se necesita, de modo forzoso, el silencio del otro para expresarse sin ser interrumpido. Desde esto se puede construir una relación intersubjetiva más o menos profunda, más o menos fecunda, más o menos beneficiosa, según aprendamos a utilizarla y a proyectarla también en una presencia física.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y he aquí el desafío maravilloso que nos plantea el Santo Padre en su Mensaje con motivo de la 53ª Jornada de las Comunicaciones Sociales: sin demonizar ni huir de este nuevo escenario existencial, estamos llamados a aprovechar sus beneficios para humanizar la vida y la cultura, pasando del hecho de ser meros individuos de una colectividad para actuar como verdaderas personas que integran una comunidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #ff0000;"><strong>LEER EL MENSAJE DEL SANTO PADRE</strong></span></a></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #ff0000;"><strong><b>« “Somos miembros unos de otros” (<i>Ef</i> 4,25).
De las <i>comunidades en las redes sociales</i> a la comunidad humana »</b></strong></span></a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Una herramienta al servicio del encuentro</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa arranca su reflexión desde “la importancia de nuestro estar-en-relación” como carácter esencialmente social del ser humano. Esto queda de manifiesto en la aplicación primordial -aunque no exclusiva- que el desarrollo tecnológico ha tenido en todo aquello que le permite potenciar dicho rasgo intersubjetivo. De ahí que todo lo que facilite, promueva y fortalezca la comunicación entre las personas y entre las comunidades humanas, ha sido objeto de aplicación para las tecnologías que están cada vez más al acceso de todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, el Santo Padre también es consciente del hecho que vivimos en una cultura global donde el egoísmo, el culto al yo y a los intereses propios, mueven parte importante de los mercados y la política en desmedro del bien común. Por eso, el Papa exhorta a utilizar la red, con su acervo de interrelaciones y de conocimiento compartido, como una herramienta al servicio del encuentro entre las personas, para transitar desde las <em>communities</em> o colectivos virtuales, hacia comunidades humanas sólidas, solidarias y comprometidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al mismo tiempo, Francisco afirma que “es evidente que, en el escenario actual, la <em>social</em> <em>network community</em> no es automáticamente sinónimo de comunidad”. El Papa se refiere concretamente al ámbito digital, muy consciente de que lo comunitario trasciende los bytes e incluso las colectividades particulares. Por eso recuerda que “el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso” y que “si se usa la red como prolongación o como espera de ese encuentro, entonces no se traiciona a sí misma y sigue siendo un recurso para la comunión”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta reflexión nos lleva a recordar que la comunidad virtual no remite necesariamente a una comunidad subyacente de personas, lo que enciende una alerta respecto de la carencia de formación humana. Muchos, por sentirse incapaces de establecer relaciones sanas o de pertenecer a un grupo o a una comunidad de referencia, cubren tal necesidad por medio de una ilusión digital. De aquí que a la base de un uso sano de internet, las personas deberían disponer de sólidas habilidades sociales, y estas solo se adquieren por medio de procesos de socialización que arrancan desde el núcleo familiar. Al igual que en toda acción humana, en el caso de internet estas habilidades funcionan como agentes de prevención ante cualquier riesgo de sufrir un abuso en la red, y también favorecen a la madurez cívica con la cual todos debemos concurrir al ciberespacio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero más allá de identificar algunos riesgos propios de la red, la mirada del Papa Francisco respecto de ella es eminentemente positiva, porque la considera un punto de convergencia que, a través de la coparticipación responsable, redunda en beneficios para toda la comunidad.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Identidad y responsabilidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este fenómeno que el Santo Padre describe como <strong><em>coparticipación</em></strong> ayuda a iluminar y a comprender el rol de todos aquellos que integran la red, que ya no son solo <em>usuarios</em>, sino <em>habitantes</em> del continente digital. Hoy, los mismos que en los inicios solo usaban internet, ahora también producen contenidos de formación, información y entretenimiento, así como opiniones que ponen a disposición de los demás. Internet tiene esa característica esencial de apertura, pues permite que las personas obtengan información y que también la aporten.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco se sirve de las palabras del apóstol san Pablo a los corintios para ilustrar mejor esta dimensión de contribución multilateral, que es también orgánica: “La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad”. Así, la conciencia humana de alteridad se revela como condición de la relación intersubjetiva y como fundamento de la proximidad, y facilita ese encuentro que puede comenzar y/o manifestarse en el intercambio que se da en internet.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, la dinámica de intercambio <em>online</em> se ofrece con una rapidez cada vez más grande. Y es precisamente esa aceleración vivida en la red la que nos exige estar atentos a los fenómenos que ocurren en ella, para prevenir los vicios del sistema, pero, sobre todo, para mejorar cada día el ciberespacio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De ahí que sea necesario tener clara nuestra identidad como miembros activos de la red y, en consecuencia, también la responsabilidad que conlleva nuestro aporte individual o comunitario, siempre bajo una conciencia de ser ciudadanos que buscan el fortalecimiento del tejido social. El mismo Papa se pregunta “¿Cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco responde a esta interrogante haciendo una clara distinción entre comprenderse como individuo o como persona. El individuo dice relación con aquella percepción de sí mismo y de los demás como sujeto de derechos orientados al bienestar, mientras que la persona se auto-comprende como miembro de una comunidad donde se busca el bien común. Para el Santo Padre, esto se revela frente al misterio mismo de Dios Uno y Trino: “La comunión a imagen de la Trinidad es lo que distingue precisamente la persona del individuo. De la fe en un Dios que es Trinidad se sigue que para ser yo mismo necesito al otro”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, solo a través de la relación con los demás, el individuo podrá vivir aquel proceso humanizador para devenir plenamente persona. Es en ese encuentro con otro de carne y hueso, con un <em>alguien</em> que revela su identidad a través de su rostro concreto, que acontece la plenitud de la intersubjetividad. En esa experiencia de entrar en relación, el ser humano descubre que quien está frente a él, más que una amenaza, es un compañero en el viaje de la existencia.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En síntesis, el mensaje que el Santo Padre presenta para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019, invita a asumir de frente la realidad integral en la que no se puede separar vida física de vida virtual, vida dentro de la red y vida fuera de la red. Hoy vivimos en una compenetración de estas dos dimensiones que integran y potencian una sola realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso el Papa insiste en que es enorme la oportunidad que ofrece el nuevo panorama de las tecnologías de la información: “Cuanto más cohesionada y solidaria es una comunidad, cuanto más está animada por sentimientos de confianza y persigue objetivos compartidos, mayor es su fuerza”. Este objetivo, eso sí, necesita tener a la base una disposición permanente de escucha recíproca entre los interlocutores, tal que se constituya un diálogo caracterizado por el uso responsable y respetuoso del lenguaje.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para poder contribuir a una cultura del encuentro entre los seres humanos es necesaria una visión antropológica desde la persona y que supera la simple visión del individuo. Así, quien se reconozca como persona, habitará la red como ciudadano consciente de construir digitalmente la cultura con todo su mundo circundante, tanto a nivel local como global.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El punto de partida, entonces, está en asumir la realidad, porque lo que no se asume no se redime. Asumirla significa también analizarla, no solo para descubrir sus aspectos positivos y creativos, sino también aquellos negativos y controvertidos. Pero no puede ser solo esto, porque no todo es malo y porque no basta solo con descubrir y analizar la realidad, sino que es necesario actuar. Así, nuestro punto de arranque para el cambio de perspectiva de “individuo” a “persona”, está en la formación de niños, jóvenes y adultos en la libertad. Elementos esenciales de esta antropología personalista están en la dedicación sistemática de tiempo y espacios para hacer posible y efectivo el encuentro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Jornada Mundial de las Comunicaciones: Protagonistas de una comunidad verdaderamente humana - Ana María Gálmez Balmaceda</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/protagonistas-de-una-comunidad-verdaderamente-humana-jmcs-2019-ana-maria-galmez-b/</link>
		<pubDate>Sun, 02 Jun 2019 16:58:19 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Ana María Gálmez Balmaceda, periodista
Para citar: Gálmez, Ana María; Protagonistas de una comunidad verdaderamente humana. <em>Comentario sobre la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 126-131.</h6>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><span style="color: #ff0000;"><a style="color: #ff0000;" href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/AGALMEZ_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></span></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #ff0000;"><strong>LEER EL MENSAJE DEL SANTO PADRE</strong></span></a></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/communications/documents/papa-francesco_20190124_messaggio-comunicazioni-sociali.html" target="_blank" rel="noopener"><span style="color: #ff0000;"><strong><b>« “Somos miembros unos de otros” (<i>Ef</i> 4,25).
De las <i>comunidades en las redes sociales</i> a la comunidad humana »</b></strong></span></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Protagonistas de una comunidad verdaderamente humana. Comentario sobre la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2019</strong>
<strong>Ana María Gálmez Balmaceda</strong><a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1"><strong> [1]</strong></a>
<strong>Periodista</strong></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un mundo donde a diario las personas dedican horas a interrelacionarse a través de las redes sociales, no llama la atención que el Papa Francisco centre por segundo año consecutivo su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en el papel que internet ocupa en nuestras vidas y sus desafíos en el contexto comunicativo actual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El año pasado abordó el fenómeno de las llamadas <em>fake news</em> o noticias falsas para ayudarnos a tomar conciencia sobre la responsabilidad que tenemos en el cuidado de la verdad, pero este 2019 el Papa ahonda en algo mucho más profundo. En un mundo donde la mayor pobreza es la soledad, Francisco quiere hacernos tomar conciencia del espejismo que supone pensar que las redes sociales satisfacen completamente el plano relacional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la óptica positiva, la red nos multiplica los momentos en los que entramos en contacto con nuestros seres queridos, amigos o colegas de trabajo. Gracias a las nuevas tecnologías, la frecuencia de la comunicación aumenta: es posible conversar en vivo y en directo con alguien que vive quizá a miles de kilómetros de distancia; seguir conferencias en línea o conocer, como católica, de primera fuente las conferencias y testimonios que se escucharon en la reciente cumbre sobre protección de menores en el Vaticano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero estas mismas alternativas nos hacen plantearnos cómo lograr que esos gestos sean, más que un simple intercambio de información, un medio para establecer relaciones auténticas, con sentido cristiano. Porque la realidad que uno palpa cuando se mira alrededor es que hoy pasamos más tiempo comunicándonos con los que no están y no dándole tiempo y cercanía al prójimo más cercano. Muchas veces al final del día podemos comprobar que hemos gastado un par de horas a navegar por la red o reenviando mensajes, y no hemos tenido un par de minutos para dedicarle a ese padre mayor que está solo o a ese hijo o amigo que requiere nuestro tiempo y cariño.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“El ambiente mediático –dice el Papa- es hoy tan omnipresente que resulta muy difícil distinguirlo de la esfera de la vida cotidiana”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un fenómeno que describió hace algunos años la destacada psicóloga estadounidense Sherry Turkle, en una charla TED que se viralizó mundialmente y cuyo título es <em>¿Conectados, pero solos?</em> La experta aborda ideas desarrolladas en su libro, <em>Juntos en soledad: Por qué esperamos más de la tecnología y menos los unos de los otros</em> (2011), donde alerta sobre el peligro de buscar en la tecnología un sustituto a las relaciones sociales: “Las conexiones digitales y los robots sociales nos dan la sensación de estar en compañía sin las exigencias de la amistad”, asegura allí la investigadora de la facultad de Ciencias, Tecnología y Sociedad del MIT.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora es Francisco quien advierte que este hecho afecta nuestra interioridad y agrieta la centralidad que tiene en la vida de un cristiano la relación personal con el otro. Por ello el Papa invita en este nuevo mensaje a reflexionar sobre la metáfora de la red y que “trasladada a la dimensión antropológica, nos recuerda otra figura llena de significados: la comunidad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Ermitaños sociales</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La red, sostiene el Papa, “constituye una ocasión para favorecer el encuentro con los demás, pero puede también potenciar nuestro autoaislamiento, como una telaraña que atrapa”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco acuña el término “ermitaños sociales” como un posible peligro para los jóvenes, y me atrevo añadir también aplicable al mundo adulto, cuyo mayor riesgo es apartarse completamente de la sociedad. “Esta dramática dinámica pone de manifiesto un grave desgarro en el tejido relacional de la sociedad, una laceración que no podemos ignorar”, afirma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta realidad, continúa el mensaje, “plantea diversas cuestiones de carácter ético, social, jurídico, político y económico; e interpela también a la Iglesia. Mientras los gobiernos buscan vías de reglamentación legal para salvar la visión original de una red libre, abierta y segura, todos tenemos la posibilidad y la responsabilidad de favorecer su uso positivo.”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En virtud de nuestro ser creados a imagen y semejanza de Dios, que es comunión y comunicación-de-sí, llevamos siempre en el corazón la nostalgia de vivir en comunión, de pertenecer a una comunidad y cita a san Basilio que aseguraba que “nada es tan específico de nuestra naturaleza como el entrar en relación unos con otros, el tener necesidad unos de otros”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta preocupación tiene en vilo a creyentes y no creyentes. Byung-chul Han, un famoso profesor y filósofo coreano autor de <em>La sociedad del cansancio</em> denuncia en su reciente libro el <em>Buen entretenimiento</em> que “a la civilización actual le falta, sobretodo, vida contemplativa. Por eso desarrolla una hiperactividad, que le quita a la vida la capacidad de demorarse y recrearse”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta idea toca un punto clave de otra pregunta que lanza el Papa sobre “¿cómo reencontrar la verdadera identidad comunitaria siendo conscientes de la responsabilidad que tenemos unos con otros también en la red?”. Siguiendo la línea del pensador coreano, podemos responder a dicha pregunta afirmando que sin vida contemplativa es muy difícil darse tiempo para los demás, ya que eso requiere trato y tiempo para descubrir y conocer al otro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Soy verdaderamente humano, verdaderamente personal, solamente si me relaciono con los demás. El término persona, de hecho, denota al ser humano como ‘rostro’ dirigido hacia el otro, que interactúa con los demás. Nuestra vida crece en humanidad al pasar del carácter individual al personal. El auténtico camino de humanización va desde el individuo que percibe al otro como rival, hasta la persona que lo reconoce como compañero de viaje”, precisa Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La ecología del silencio</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Whasapps, tuits, alertas… son un ruido permanente e invasivo en nuestra vida diaria. No hay reunión familiar o profesional que no esté contaminada por las alertas de modernos aparatos que nos ofrecen el espejismo de estar al día de todo lo que pasa en nuestro entorno al instante y que distraen y contaminan la riqueza del encuentro personal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El aumento de la información disponible impone a cada uno de nosotros la necesidad de cultivar una actitud reflexiva. Es decir, la capacidad de discernir los datos que son valiosos de los que no lo son. A veces es complicado, pues como ya lo decía el Papa Francisco en su mensaje de 2014: “La velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También lo denunciaba el Papa emérito, Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2012. Entonces hacía ver la importancia de redescubrir y revalorar el silencio como parte del proceso comunicativo, al abrir momentos de reflexión que permitan asimilar lo que se percibe y dar una respuesta adecuada al otro: “Escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, al reflexionar reiterativamente sobre el papel de internet en la cultura actual, el Papa Francisco nos invita a recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma, a desarrollar la arquitectura de la escucha, a tener el genuino deseo de escuchar a los otros para aprender o reaprender a mirar el mundo con ojos distintos. El esfuerzo por formar una actitud personal de escucha y la promoción de espacios de silencio, nos abre a los demás, y de modo especial, a la acción de Dios en nuestras almas y en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es tanto el anhelo de silencio y de interioridad que tiene la sociedad actual, que poco a poco toma fuerza esta sed de calma que ya se ha traducido en una floreciente industria de “desintoxicación digital”. Esta corriente ofrece, entre otras opciones, campamentos de verano, retiros, turismo emocional, terapias, <em>apps</em> que te marcan tus límites de uso de internet, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la vida cristiana, el silencio juega un papel importantísimo, pues es condición para cultivar una interioridad que permite oír la voz del Espíritu Santo y secundar sus mociones. ¿Cómo conseguir entonces esta interioridad para construir comunidad, en un ambiente marcado por las nuevas tecnologías?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una identidad fundada en la comunión y la alteridad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco recurre a imágenes, un recurso siempre presente en sus mensajes, y toma la metáfora del cuerpo y los miembros que usa san Pablo para hablar de la relación de reciprocidad entre las personas, fundada en un organismo que las une.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La metáfora del cuerpo y los miembros nos lleva a reflexionar sobre nuestra identidad, que está fundada en la comunión y la alteridad. Como cristianos, todos nos reconocemos miembros del único cuerpo del que Cristo es la cabeza. Esto nos ayuda a ver a las personas no como competidores potenciales, sino a considerar incluso a los enemigos como personas”, ilustra el Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta afirmación del Santo Padre está en sintonía con lo que sostuvo monseñor Fernando Ocáriz, actual Prelado del Opus Dei, en una entrevista en el diario italiano <em>Avvenire</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante una pregunta del periodista sobre ¿Qué significa hoy para un laico buscar la santidad en la sociedad digital?” responde:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Entre otras cosas, significa sembrar de amistad el mundo digital, superando así el riesgo de la despersonalización. Pues las relaciones auténticas comienzan cuando se ven personas concretas en el centro de toda interacción, aunque a menudo, en las conversaciones digitales, no se las tenga delante”. También significa “compartir contenidos valiosos, sin sustituir la cultura por mera información. Y para eso hace falta estudiar, reflexionar, orar, escuchar. Además, los cristianos hemos de infundir serenidad en el rápido flujo digital”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De la imagen metafórica, el Papa pasa al ejemplo práctico con el que intenta ayudar a buscar modos concretos de hacer vida este mensaje: “La imagen del cuerpo y de los miembros nos recuerda que el uso de las redes sociales es complementario al encuentro en carne y hueso, que se da a través del cuerpo, el corazón, los ojos, la mirada, la respiración del otro”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Del diagnóstico al tratamiento</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Erling Kagge, un famoso explorador noruego, en su libro <em>El silencio en la era del ruido </em>revela hasta 33 formas diferentes de responder a una pregunta básica: ¿Por qué el silencio ahora es más importante que nunca? En su opinión el silencio es una actitud mental. En una entrevista que dio en 2016 al portal ACEPRENSA afirma: “Comencé a buscar respuestas para mí mismo y mis hijas, mientras leía, hablaba y escribía sobre el silencio. Descubrí que cada uno tiene que encontrar su propio silencio, su propio Polo Sur en la vida diaria.”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta sabiduría milenaria a la que llegó este noruego explorando el Polo Sur, desconectándose de cualquier interferencia mediática, es la que quiere rescatar Francisco usando la imagen del cuerpo y de los miembros donde nos recuerda que “si la red me proporciona la ocasión para acercarme a historias y experiencias de belleza o de sufrimiento físicamente lejanas de mí, para rezar juntos y buscar juntos el bien en el redescubrimiento de lo que nos une, entonces es un recurso”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal vez el primer propósito que surge al finalizar la lectura y meditación de este mensaje, es que al igual que todos los bienes materiales, internet se debe emplear con moderación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Retomando la idea de cómo puede un laico santificarse en esta sociedad digital, hace recordar que el ideal de la santidad implica ir más allá de lo que es meramente lícito y preguntarse: ¿Esto me acercará más a Dios?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para buscar este fin el Papa concluye su mensaje planteando un desafío eclesial que debemos tomar en serio: “La Iglesia misma es una red tejida por la comunión eucarística, en la que la unión no se funda sobre los <em>like</em>, sino sobre la verdad, sobre el amén con el que cada uno se adhiere al Cuerpo de Cristo acogiendo a los demás”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y qué mejor ejemplo de silencio e interioridad que la figura de la Virgen María con la que Francisco cerró la reciente Jornada Mundial de la Juventud en Panamá donde aseguró, en lenguaje mediático, que “María de Nazaret no salía en las ‘redes sociales’ de la época, no era una <em>influencer</em>, pero sin quererlo ni buscarlo se volvió la mujer que más influyó en la historia”. Esas palabras durante la vigilia de cierre pueden ser el mejor marco para leer y hacer vida este mensaje de la 53ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales donde se nos invita a ser protagonistas de la reconstrucción de una comunidad verdaderamente humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Periodista, directora del Departamento de Comunicaciones de la Prelatura del Opus Dei en Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Una ética de la ternura hacia las periferias existenciales - Giuseppe Anzalone, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/una-etica-de-la-ternura-hacia-las-periferias-existenciales-giuseppe-anzalone-pbro/</link>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2019 15:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4><img class=" wp-image-1709 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/EZEQUIEL.jpg" alt="" width="547" height="408" /></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Una ética de la ternura hacia las periferias existenciales</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Giuseppe Anzalone, pbro.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/ANZALONE.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para desarrollar mejor nuestro tema en tres etapas, nos guiaremos por la metáfora de Ezequiel 47 sobre la famosa visión del templo como el misterio trinitario de Dios, vientre de la ternura, del que brota el río bautismal que atraviesa los desiertos del alma, hasta rociar el Mar Muerto de las periferias existenciales extremas. Intentaré, por tanto, captar el mensaje de la ética de la ternura en el Papa Francisco a través de la filigrana de palabras y gestos, es más, de los gestos que preceden a las palabras; «encíclica de los gestos» como la define Raffaele Luise<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Mi intervención, dentro de los límites de la exposición, pretende ser una especie de “viaje dantesco” hacia atrás: de la montaña de Dios a los abismos existenciales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El paradigma del <em>Templo</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Los padres de la iglesia -según el biblista Albert Vanhoye, a propósito de Ez 47- reconocieron en este templo el verdadero templo, Jesús: es de la herida del lado derecho de su costado que saldrán sangre y agua»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. El templo-abierto-a la vida es también un icono femenino y una metáfora del vientre trinitario de Dios, fuente de la primera creación y de la nueva creación. En efecto, «Dios es Padre, pero aun más Madre», según la famosa visión de Juan Pablo I<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>, y en virtud de este “vientre trinitario” la Iglesia y el mundo mismo reciben la impronta materna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según Cipriano, «De su vientre nacemos, de su leche nos nutrimos, de su Espíritu somos vivificados»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. La mística Adrienne Von Speyr afirma que «la relación entre las personas divinas es tan amplia que en ella hay lugar para todo el mundo»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.  Los padres de la Iglesia llaman <em>perijóresis</em> trinitaria a la circularidad y compenetración entre las personas divinas, con tal plenitud que rebosan <em>ad extra</em>: «La ternura del Señor se extiende sobre todas las criaturas» (Sal 145,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para comprender este misterio, pensemos en el maravilloso laboratorio químico de la “fotosíntesis”, según el cual «esta prodigiosa actividad está ligada a la energía radiante que el sol hace caer sobre la hoja; sin luz el laboratorio natural no funciona, con luz funciona a toda velocidad. Por esta razón, en los bosques vemos la carrera de las plantas hacia la luz, en un intento por adelantarse unas a otras para capturar la mayor cantidad de energía luminosa posible. En el mundo del espíritu se produce un fenómeno similar: el hombre, dotado de una capacidad increíble para hacer el bien, queda bloqueado si Cristo, el divino sol, no hace llegar sobre él sus rayos. Por lo tanto, con la luz de Cristo, el bien; sin la luz de Cristo, al menos reflejada, no hay verdadero bien. De ahí la búsqueda apasionada de los hombres por Él».<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la vida espiritual, el hombre atravesado por la luz de Dios “da mucho fruto”, mientras que la rama que se poda a sí misma, como en la parábola evangélica de Juan 15, está destinada a morir de inanición. Esta visión que subyace y atraviesa la experiencia pastoral y magisterial del Papa Francisco tiene en cuenta la brecha radical entre la filosofía griega de un dios “motor inmóvil” (Aristóteles) y el dios del <em>pathos</em> de la Biblia<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, que marca el fin de la indiferencia y la imperturbabilidad (<em>ataraxia</em>) de Dios. Hay una categoría bíblica que expresa el cambio de perspectiva: el griego <em>splanchna</em> (vientre, útero), de donde proviene el verbo <em>splanchnizomai</em>; y la correspondiente forma judía <em>rehem</em> (vientre, útero) con el plural de intensidad <em>rahamim</em> (entrañas maternas, entrañas de ternura).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como dice Gianfranco Ravasi: «El sustantivo hebreo <em>rehem</em>, en el plural <em>rahamim</em>, designa el vientre materno, las entrañas generativas femeninas y masculinas para quienes en la Biblia el corazón no es el órgano de la misericordia, como sucede con el italiano (miseri-cordia), sino el útero de la madre»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.  En palabras de Francisco de Asís, “Dios es humildad”; y así como el agua -también humilde- que tiende siempre hacia abajo, así es la Ternura del Señor. Esta es, pues, la debilidad de Dios que se inclina (<em>kenosis</em>) sobre las criaturas heridas por el pecado original; y es la fuerza del hombre, capaz de bajar el puente levadizo del yo para abrirse al mundo y a Dios. Por eso, la ternura no es una <em>opción</em>, ni un adorno del alma, sino la esencia misma del cristianismo, o más bien, la expresión de la naturaleza paterna y materna de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como resultado, la Iglesia, “vientre del vientre trinitario”, avanza hasta llevar la desolada fe de Occidente de vuelta a su centro neurálgico; libre -como dice el Papa Francisco- «de un encuentro con Cristo puramente nominalista» y a favor de la «persona del Cristo vivo».<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El paradigma del <em>Desierto</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ezequiel en su obra literaria de la gran visión del capítulo 47 habla de un agua que fluye desde el lado derecho del templo; al principio un humilde riachuelo que se va transformando a lo largo del camino en un río exuberante que cruza el desierto de Judá, antes de desembocar en el Mar Muerto. Desierto, <em>eremos</em>, lugar geográfico y lugar teológico; área del éxodo donde se vivió la prueba y zona de intimidad y, al mismo tiempo, tierra de bandolerismo donde el hombre (<em>homo quidam</em>) -como en la parábola del Buen Samaritano de Lc 10,25-37- que <em>bajaba</em> de Jerusalén a Jericó, fue despojado por los ladrones y abandonado a una existencia pálida e incolora. Sin la divina “fotosíntesis clorofílica”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Carlo Rocchetta y Rosalba Manes escriben en un denso ensayo de teología bíblica: “La ternura, vientre del Dios amor”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La ruta que conecta Jerusalén (750m) con Jericó (350m bajo el nivel del mar) cubre un desnivel de mil metros y atraviesa una zona desértica, llena de dunas y barrancos, un refugio ideal para los ladrones. Los “bandoleros” de los que habla Lucas podrían ser los zelotes que, viviendo en clandestinidad, se abastecían atacando a los viajeros, como en el caso del protagonista de la historia, dejado herido en el camino».<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro hombre (<em>homo quidam</em>) bajó de su caballo, tuvo entrañas de ternura (de <em>splanchnizomai</em>); se acercó a él, le vendó las heridas, les echó aceite y vino; luego lo cargó en su caballo, lo llevó a una posada y se encargó de cuidar de él. La parábola pone en evidencia toda la historia pastoral del Papa Francisco, empeñado en nuestros días en el trabajo incesante de la “Iglesia del delantal” (Tonino Bello).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En resumen, podemos decir que el hombre occidental ha contribuido a la desertificación geográfica y existencial de la tierra con el colonialismo, el neocolonialismo y la globalización. Es una “Tierra de bandolerismo” que ha despojado a la mayor parte de la humanidad y devastado el ecosistema. En esta «tierra desierta, tierra de aullidos solitarios» (Ex 19,4) fluye el río de Dios, un río bautismal; poca cosa al principio, haciéndose un torrente de gracia. Y la Iglesia, sobre la base del Buen Samaritano-Cristo el Señor, se hace cargo de esta humanidad sufriente, la de los desposeídos en barcazas y la de las periferias urbanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la entrevista con el director de <em>La Civiltà Cattolica</em>, el Padre Antonio Spadaro, el Papa Francisco nos deja la deslumbrante imagen de una “Iglesia, hospital de campaña”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Veo con claridad —prosigue— que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar desde abajo, desde las condiciones en que viven las personas».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otras palabras, el Papa desea subrayar que el cristianismo es ante todo “la historia de la salvación” y de la sanación del hombre integral. No cabe duda de que la lectura de Francisco esconde la filigrana de la teología del Éxodo y la visión del Vaticano II, y todo a través de su historia personal en América Latina, dentro de la llamada “teología del pueblo” abierta a una Iglesia pobre y para los pobres. “Iglesia en salida”, como escribe en <em>Evangelii Gaudium</em> 20: «Salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio». Y de nuevo en Lampedusa, el 8 de julio de 2013, decidido tras un impulso de ir al encuentro de la “Puerta de Europa”, donde la gente desesperada llega en balsas, Francisco lanzó su grito de alarma hablando de la «globalización de la indiferencia [que] ha anestesiado el corazón, nos ha hecho incapaces de llorar». «Palabras aún más fuertes -como sostiene Luise- porque se pronunciaron en ese pobre altar al aire libre, construido con tablas recuperadas de las barcas de los migrantes que se estrellaron contra las rocas de la isla».<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta “carne sufriente”, según el Papa, debe ser tocada, acariciada, amada, sanada; esa “encíclica de los gestos” que toca la experiencia cotidiana de Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. El paradigma del <em>Mar Muerto</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El agua bautismal que emana del Templo-como-vientre de Dios atraviesa, como en el relato de Ezequiel, los “desiertos del alma” (G. Ungaretti) y desemboca en la mayor depresión del globo terrestre: el Mar Muerto, a unos mil metros de desnivel respecto de Jerusalén. El agua está muerta y ningún pez se interpone. No hay forma de vida. Solo sal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La esposa de Lot -como en el relato de Gn 19,26 sobre las ruinas de Sodoma y Gomorra- durante la huida de su familia de la ciudad en llamas, se detuvo a mirar hacia atrás «y se convirtió en una estatua de sal», como en las atmósferas surrealistas de Salvador Dalí. Es una metáfora de un cristianismo cristalizado, paralizado y autista. En este paraje geo-existencial emerge el Crucificado-Señor que desciende a los infiernos de las larvas humanas donde no se filtra la “gloria de Dios”; la luz del amanecer del Resucitado, desconocida en el mundo greco-romano, así como en el descenso al Hades de Ulises y Eneas incapaces de abrazar respectivamente a la madre y al padre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, la luz del Espíritu de Dios llega hasta fondo del <em>Sheol</em>, tal como lo representa la teo-dramática plasmada en los frescos de la “Capilla de los Españoles” de Santa María Novella en Florencia, pintados por Andrea di Bonaiuto entre 1365 y 1367. En el muro del “Descenso a los Infiernos” el artista florentino describe al Resucitado que derriba la puerta de entrada y aplasta al príncipe de los demonios que tiene en sus manos las llaves del poder infernal; libera a los justos-que-buscan-la-luz, rompiendo la pared de la cueva y persiguiendo a los demonios, verdes de bilis.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su extraordinaria visión mística, Adrienne Von Speyr, inspiradora del pensamiento teológico-espiritual de Hans Urs Von Balthasar, sigue los pasos de Cristo hacia los abismos en el descenso a los Infiernos; representación plástica del viaje paradigmático histórico-salvífico de una iglesia que tiende hacia la periferia de las periferias existenciales, donde se esconde el hedor del mal y de las “estructuras de pecado”. Es ese "hedor" del que hablaba Francesco durante su viaje a Nápoles, “tierra de fuego” y de camorra, donde crecen las “flores del mal” (Charles Baudelaire).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las últimas regiones del “Mar Muerto existencial” es la “Sodoma-Gomorra” de las almas perdidas; el estanque social donde las mafias reclutan jóvenes para meterlos en el mercado del hampa. En mi estudio “Ética de la ternura”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a> identifico en la categoría teológico-existencial de la ternura aquella fuerza disruptiva, no violenta, capaz de romper ciertos sistemas titánicos como los de la mafia. Puesto que la lucha contra la mafia por sí sola no ha sido suficiente para contrarrestar el fenómeno, en el plano eclesial solo el Evangelio de la ternura parece capaz de cambiar el curso de las cosas. El icono franciscano del “Lobo de Gubbio” es emblemático. La ternura de Francisco de Asís, que “tiende” -desde el <em>ad tendere</em>- su mano al “hombre-lobo”, tiene el doble efecto de cambiar al mismo tiempo el corazón del “lobo” y de la “ciudad” que se apresura a asistir y alimentar a la “bestia”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta tesis fue apoyada también en la “Carta de los Obispos de Sicilia” del 9 de mayo de 2018 a 25 años del llamamiento de Juan Pablo II en Agrigento del 9 de mayo de 1993. «Como nos enseñaron Juan Pablo II y Benedicto XVI y como Francisco sigue mostrándonos [...] el discurso eclesial corre el riesgo de ser más descriptivo que profético». Y, por lo tanto, incapaz de abrir una brecha en los corazones. Se sugiere, por ende, que el Evangelio «se traduzca en un soplo pedagógico capaz de hacer crecer nuevas generaciones de creyentes».<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su libro “La mujer y la salvación del mundo”, Pavel Evdokimov identifica en la “mujer envuelta en el sol”, es decir, en el “femenino espiritual”, aquel vientre de la ternura que da origen a la “civilización de la ternura”, la carga disruptiva capaz de socavar la actual «civilización de la muerte»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Basta pensar cómo en el mundo de la “Cosa Nostra”, la mujer -a pesar de su importante función vicaria, cada vez más prominente debido al encarcelamiento de los principales jefes de la mafia- se mantiene a una distancia suficiente, porque es capaz de derribar el muro de silencio hermético. Para la mafia, de hecho, el mundo de los sentimientos y, en una palabra, el mundo de lo “espiritual femenino”, constituye el ataque más serio contra el hombre endurecido que huye de la ternura, de las lágrimas y de la emoción. El mafioso usa sexualmente a la mujer, pero es incapaz de enamorarse ni de amar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bajar el puente levadizo de la ternura para el <em>capo</em>, absolutamente encaramado en las <em>turris eburnea</em> de la ideología mafiosa, significaría la pérdida del control y la debilidad de abandonarse a las razones del corazón. Las lágrimas de conversión como don del Espíritu son el signo más elocuente de ello.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una época de “sociedad líquida” y de “pensamiento líquido”, el Papa Francisco invita a los creyentes a “habitar la complejidad” en virtud de una “verdad polifónica” (Romano Guardini). En un tiempo de regurgitación del tradicionalismo y de nostalgia del pasado, la “revolución” de Francisco es aquella de «llevar la fe cristiana, tan cansada y desolada en Occidente, a su centro evangélico, a la radicalidad evangélica, aprovechando la frescura humana y espiritual de América Latina»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertas resistencias psicológicas y ciertas patologías que ensucian el rostro de la Iglesia en nuestro tiempo son, con toda probabilidad, el resultado del bloqueo del Espíritu de Dios como fuente de ternura y de relación. “En el cristianismo tridentino -escribe Leonard Boff- el santo cristiano es un perfecto controlador de todos sus instintos. Castiga y reprime la pasión que se opone a las virtudes. Es perfecto, pero es rígido, duro y a veces sin corazón. No hay ternura en muchos santos modernos»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su discurso a los obispos de Brasil durante su viaje del 22 al 29 de julio de 2013, el Papa Francisco se expresa de esta manera:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Ante este panorama hace falta una Iglesia capaz de acompañar, de ir más allá del mero escuchar; una Iglesia que acompañe en el camino poniéndose en marcha con la gente. […] Se requiere, pues, una Iglesia capaz de redescubrir las entrañas maternas de la misericordia. Sin la misericordia, poco se puede hacer hoy para insertarse en un mundo de «heridos», que necesitan comprensión, perdón y amor».<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura que desborda de la circulación del líquido amniótico trinitario no es una cosa dulzona, sino una ternura robusta. Podríamos decir “testimonia”, como aquella de Francisco de Asís, Lorenzo Milani, así como la de Rosario Livatino y Pino Puglisi. El pensamiento se dirige al icono del samaritano que, haciéndose cargo del herido, se manchó de sangre, llevándose impreso en él el estigma del mártir. Para decirlo con precisión con Von Balthasar: el distintivo de la vida cristiana es el martirio.<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso, así como el eros en el origen brota cálido y en la tarde de la vida se vuelve silencioso, la ternura, como una cualidad del Ágape herido, nace humilde en la fuente y en la tarde de la vida se convierte en un río desbordante. Esto es lo único capaz de sanear los lagos de amargura de las periferias existenciales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Giuseppe Anzalone es sacerdote de la diócesis de Caltanissetta, Italia. Profesor del Instituto Teológico-Pastoral Mons. Guttadauro. Fundador y presidente de la asociación Nuova Civiltà para la prevención y la lucha contra la delincuencia juvenil y la toxicomanía. Este artículo corresponde a la ponencia realizada en el Congreso <em>La Teología de la Ternura en el Papa Francisco</em>, Asís, 14 al 16 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> R. Luise, <em>Con le periferie nel cuore</em>, S.Paolo, Cinisello, Balsamo 2014, p. 11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> A. Vanhoye, <em>Il pane quotidiano della Parola</em>, Piemme, Casale Monferrato 2000, pp. 126.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Juan Pablo I, <em>Discurso durante el Ángelus</em> en L’Osservatore Romano, 21 de noviembre de 1978, p. 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cipriano, <em>Sobre la unidad de la Iglesia Católica</em> 4,5: PL 4,518.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Citado por K. Lehmann – W. Kasper, <em>Hans Urs Von Balthasar</em>, Piemme, Casale Monferrato 1991, p. 347.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> L. Profili, <em>Il mistero di Cristo vissuto con S. Francesco</em>, II, Ed. Porziuncola, Asís 1990, pp. 164-165.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Cfr. A. J. Hescel, Il messaggio dei profeti, Borla, Città di Castello 1981.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> G. Ravasi, <em>Il cuore tenero di Dio</em>, en “Vita pastorale”, n. 1, enero de 2016, p. 39.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cfr. R. Luise, <em>op. cit.</em>, 19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> C. Rocchetta-R. Manes, <em>La tenerezza grembo di Dio amore</em>, Ed. Dehoniane, Bologna 2016, pp. 128-129.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> A. Spadaro, «Intervista a Papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em> 164/3 (2013). Publicada en L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 (2.333), viernes 27 de septiembre de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Cfr. R. Luise, <em>op. cit.</em>, p. 31.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> G. Anzalone, <em>Etica della tenerezza</em>, Centro Studi Cammarata, San Cataldo (Caltanissetta) 1998.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> «Lo extraordinario del lobo de Gubbio no es que haya amansado, sino que los habitantes de Gubbio se hayan hecho mansos, y que hayan ido a su encuentro no con ganchos o hachas, sino con trozos de comida y polenta caliente» (C. Carretto, <em>Io, Francesco</em>, Cittadella, Asís, 1980, p. 143).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> <em>¡Conviértanse! Carta de los obispos de Sicilia a veinticinco años del llamamiento de San Juan Pablo II </em>[Agrigento, 9 de mayo 1993- 9 de mayo de 2018], Il pozzo di Giacobbe, Trapani 2018, pp. 26-27.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> P. Evdokimov, La donna e la salvezza del mondo, Jaca Book, Milano, 1980, p. 190.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cfr. R. Luise, <em>op. cit.</em>, p. 17.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> L. Boff, <em>Francesco d’Assisi. Una alternativa umana e cristiana</em>, Cittadella Editrice, Assisi 1989, p. 192.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Francisco, <em>Discurso del Santo padre al Episcopado Brasileño</em>, Arzobispado de Río de Janeiro, 27 de julio de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Cfr. H. U. Von Balthasar, <em>Cordula ovverosia il caso serio</em>, Queriniana, Brescia, 1993, p. 27.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>¿Esperanza líquida? Atisbos teológicos - Franco Rojas Contreras</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/esperanza-liquida-atisbos-teologicos-franco-rojas-contreras/</link>
		<pubDate>Sat, 08 Jun 2019 17:21:02 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.201 (ENERO- MARZO 2019)
Autor: Franco Rojas, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Para citar: Rojas, Franco; <em>¿Esperanza líquida? Atisbos teológicos</em>, en La Revista Católica, Nº1.201, enero-marzo 2019, pp. 91-101.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/FROJAS_LRC_1201.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
&nbsp;
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>¿Esperanza líquida? Atisbos teológicos</strong>
<strong>Franco Rojas Contreras</strong> <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
<strong>Facultad de Teología UC</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción y motivo del artículo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La razón no puede florecer sin esperanza, la esperanza no puede hablar sin razón»<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, decía Ernst Bloch en su <em>Principio Esperanza</em>. Desde esta sentencia, el panorama de la esperanza, no simplemente como una virtud teologal, sino como un concepto lleno de significación inquietante, movilizadora y fundamental de la existencia humana desde su raíz, no puede no ser tratado sino con la razón que desentraña tanto el acto como el contenido de la esperanza, muchas veces frágil y no fundamentada. Es por ello que el tema de por sí es motivo de múltiples reflexiones del pensamiento crítico e interdisciplinario, más aún cuando el <em>status vitae</em> del ser humano contextualizado denota una <em>crisis</em> o juicio de los principios, tradiciones, estructuras y modos de vida adquiridos, afectando no solamente al individuo en particular, sino también a las colectividades y estructuras orgánicas establecidas en la actualidad que sufren el rotundo vaivén de la incertidumbre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En sintonía con lo anterior, el motivo de este breve artículo es cuestionarse sobre el <em>status </em>de la esperanza, en específico cristiana, desde la siguiente pregunta: ¿la esperanza cristiana ha sufrido los efectos de la liquidez? La pregunta, si bien puede ser un poco “aventurera” en materias teológicas, puede ser de gran ayuda para situar tanto la dinamicidad de la fe cristiana como de la reflexión sobre las ultimidades del mundo y del ser humano en una época contemporánea, llena de incertidumbres e indeterminaciones. Por ello, al ser “aventurera”, este artículo no pretender brindar conclusiones, sino más bien otorgar un espacio abierto de discernimiento crítico sobre un elemento fundamental de la fe, en medio de una época de crisis eclesiales e, incluso, sociales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para efectos metodológicos, se presentará en primer lugar la situación actual de la sociedad, marcada por una liquidez, que determina al ser humano como individuo viviente en una época de incertidumbre y presentismo; desde este escenario, se realizará una exposición breve del concepto “liquidez”, acuñado por el sociólogo Zygmunt Bauman. A partir de ello, en segundo lugar, plantearé las posibles consecuencias de una sociedad líquida para la esperanza cristiana, ofreciendo un posible diagnóstico desde el concepto de disolución, que está a la base de la liquidez, como fenómeno diverso respecto de las anteriores formas de carente <em>docta</em> esperanza (la desesperación y la presunción). Y, finalmente, culminaré este artículo con una “conclusión inconclusa” del análisis sobre la esperanza cristiana hoy, situada en el contexto de crisis eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La esperanza frente a la modernidad líquida</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tanto la experiencia de la esperanza –no solo de las llamadas “esperanzas humanas”, sino también de la esperanza cristiana– en cuanto afecto de una realidad futura individual, colectiva y epocal (<em>spes qua speratur</em>), como su contenido en tanto fin esperado con un alcance infinito referente a lo posible (<em>spes quae speratur</em>)<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, han sido afectados inevitablemente por el fenómeno moderno de la <em>liquidez</em>. La liquidez o fluidez es definida como «la cualidad de los líquidos y los gases […] “no pueden sostener una fuerza tangencial o cortante” y, por lo tanto, “sufren un continuo cambio de forma cuando se los somete a esa tensión»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Esta característica perteneciente a una variedad de fluidos, contrapuestos a los sólidos<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, es utilizada como concepción analógica para la descripción de la situación líquida de la modernidad, la cual encuentra en las épocas premodernas una solidez con estado de putrefacción, requiriendo un descubrimiento de nuevos sólidos que tuvieran duración, confiabilidad y condición de dependencia para un mundo más predecible y controlable<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, un nuevo orden que reemplace al viejo y defectuoso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, este sentido de renovación, en vez traer un nuevo sistema de características sólidas, produjo que la sociedad tuviese un cambio de dirección: la <em>disolución de los sólidos</em>. Esta disolución provocó que las fuerzas sostenedoras del sistema fuesen reemplazadas por la indeterminación e incertidumbre de las pautas y configuraciones ahora individuales<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En otras palabras, la modernidad líquida se puede explicar de la siguiente manera:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[…] el paso de la fase “sólida” de la modernidad a la “líquida”: es decir, a una condición en la que las formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los hábitos, los modelos de comportamiento aceptables) ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas, ocupar el lugar que se les ha asignado. Resulta improbable que las formas, presentes o solo esbozadas cuenten con el tiempo suficiente para solidificarse y, dada su breve esperanza de vida, no pueden servir como marcos de referencia para las acciones humanas y para las estrategias a largo plazo; de hecho, se trata de una esperanza de vida más breve que el tiempo necesario para desarrollar una estrategia coherente y consistente, e incluso más breve que el tiempo requerido para llevar a término un “proyecto de vida” individual»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tales efectos de la liquidez también afectan a la comprensión de utopía<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Según el análisis de Bauman, el ser humano contemporáneo vive en una época de incertidumbre, única certeza de la modernidad, donde «la llegada imprevista de los reveses, su irregularidad, su desagradable capacidad para venir de cualquier parte, los torna imprevisibles y nos deja indefensos»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Los modelos utópicos ortodoxos, los cuales tienen una estructura fontal de expectación a un futuro mejor, ya no tienen lugar, personas dispuestas para tomar en serio sus postulados, ni recursos suficientes y una voluntad fuerte para su realización. Hoy predomina una <em>utopía sin final,</em> en figura comparativa a la de un cazador<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, que «promete […] una solución radical y postrera para las penas y los dolores de la condición humana pasados, presentes y futuros. […] Ha trasladado el escenario de las soluciones y los remedios del “más allá”, al “aquí y ahora”»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. En efecto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Una utopía traída desde un “más allá” remoto y brumoso hasta un “aquí y ahora” tangible, una utopía que <em>se vive</em> en vez de <em>perseguirla</em> se convierte en algo inmune a cualquier examen, y en algo inmortal, ajeno a cualquier ejercicio y propósito práctico. Pero dicha inmortalidad se ha conseguido a costa de la misma fragilidad y vulnerabilidad de todos y cada uno de los que, encantados y seducidos, la viven. A diferencia de las utopías de antaño, la utopía de los cazadores no brinda significado alguno, ya sea genuino o fraudulento, a la vida. Se limita a ofrecer preguntas sobre el significado de la vida que extrae de las mismas mentes vivas»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si para Bauman las estructuras utópicas ortodoxas carecen de sentido y significado para el ser humano contemporáneo, siendo reemplazadas por una “utopía” presentista, individualista y consumista, representada por la figura del cazador, entonces la esperanza axial, fundamento de las llamadas “esperanzas humanas” (como las utopías) y la esperanza cristiana<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, aquellas que tienen insertas el anhelo de un futuro plenificador, sufre las consecuencias inmediatas de la liquidez de la sociedad actual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. ¿Una disolución del acto y del contenido de la esperanza cristiana?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el ser humano y la sociedad, desde la modernidad, sufren los efectos de la liquidez, es posible decir sin titubeos que la esperanza cristiana sufre los mismos efectos en su particular medida. Para una teología sobre la esperanza, los fenómenos que se clasificaban como falta a la esencia de la esperanza eran dos formas: la desesperación (<em>desperatio</em>) y la presunción (<em>praesumptio</em>). Por una parte, la <em>desesperación</em>, anticipación inoportuna y arbitraria del no-cumplimiento de la esperanza de Dios<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, consiste «en último término, en la negación de la redención. Es una opción contra Cristo»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>, afirmando la inexistencia e insignificancia del Camino para la vida eterna. Jürgen Moltmann profundiza sobre la<em> desesperación</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El desesperar de la esperanza no necesita siquiera presentar un semblante desesperado. Puede ser también la simple y silenciosa ausencia de sentido, de perspectiva, de futuro y de objetivos. Puede mostrar el aspecto de la renuncia sonriente: <em>Bonjour tristesse</em>. Lo que queda es una cierta sonrisa de aquellos que han repasado sus posibilidades y no han encontrado en ellas nada que pudiera proporcionar motivo de esperanza. Lo que queda es un <em>taedium vitae</em>, una vida que se acompaña a sí misma ya tan solo un poco»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La desesperación como ausencia de sentido, de perspectiva, de futuros y de objetivos es el fenómeno más frecuente en el ser humano contemporáneo. Es un comportamiento notorio no solo en la sociedad líquida, sino que también en una Iglesia que no tiene miras a su talante escatológico, produciendo el rompimiento de los ideales utópicos y la anulación de un futuro que encarcela al ser humano en un presentismo inmanentista en lo cotidiano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, la <em>presunción</em>, anticipación inoportuna y arbitraria del cumplimiento de la esperanza de Dios<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, consiste «en una condescendencia con la necesidad de seguridad que siente el hombre»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a> (<em>perversa securitas</em>), lo que provoca un infantilismo que le afloja y se entrega a la posesión del objetivo alcanzado. Josef Pieper profundiza al respecto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Que esta anticipación contradice a la realidad se revela en el sentido de la palabra presumir, presunción, que indica una inadecuación frente a la realidad. La resonancia de algo titánico y heroico que vibra en estas palabras puede, por otra parte, tapar e impedir fácilmente la visión del núcleo mismo del ser de la presunción como un pecado contra la esperanza»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si uno observa estas dos faltas a la esperanza, la desesperación –con la profundización de Moltmann– sería aparentemente el contexto de una sociedad líquida, a diferencia de la presunción, donde queda invalidada por la incertidumbre presente. No obstante, ni la desesperación –y mucho menos la presunción– son formas predominantes que delimitan absolutamente la situación de la esperanza cristiana, sino que más bien, desde una ausencia de sentido y una incertidumbre como seguridad, se manifiesta una disolución sobre el acto y el contenido de la esperanza (<em>perspektivlösigkeit</em><a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>), en cuanto fenómeno de la misma esperanza que se disipa por la liquidez epocal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, se puede notar una <em>disolución en el acto </em>de la esperanza, asociada muchas veces al contexto de no-futuro, de no-tender al esperar. Es una disolución que implica una <em>estaticidad líquida</em> de la dinámica escatológica de la esperanza. El acontecimiento fenoménico de la esperanza, comprendido como la dinámica experiencial de tender desde Jesucristo, cumplimiento de las promesas y apertura a las ultimidades del mundo y el ser humano, al Dios consumador de la historia, se ha convertido en una esperanza estática (presentismo) y líquida (sin forma). Si el <em>itinerarium fidei</em>, mediación entre la <em>fides qua </em>y la <em>fides quae</em>, que les relacionaba por el movimiento procesual e itinerante de la experiencia de camino fluido hacia Dios, el cual estaba en consonancia con la virtud de la esperanza, actualmente se encuentra frágil en comunidades que acrecientan una esperanza expectante al futuro y de mejorías. No obstante, ¿es una <em>docta spes</em>, donde la expectación al futuro no sea un mero <em>esperar cambios</em> a corto, mediano e incluso largo plazo, si bien necesarios, pero no absolutos, como nuevo objetivo “utópico” de las posibles reliquias de la doctrina escatológica? Si no existe una orientación cristológica de la esperanza y la escatología, como punto de partida, entonces no habría una experiencia fenoménica y transformadora de la esperanza cristiana en el mundo y en el ser humano como tal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, en ese sentido, se puede denotar una <em>disolución del contenido</em> de la esperanza. No solamente la <em>forma</em> tiene que ser <em>docta</em> para evitar fraudulencias y engaños<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>, sino también el<em> fondo </em>o contenido de esta<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. El contenido de la esperanza en la actualidad se encuentra erosionado transversalmente, a tal punto de mostrarse como complejos e inaccesibles constructos dogmáticos, de los cuales solo cabe un dogmatismo fácil, ahora sin significado al no poder ser interpretados. En ese sentido, cuanto más nos habituamos a las verdades dogmáticas que abarca la esperanza, «tanto más desgatadas están por el frecuente uso, de tal manera que solo queda la parte exterior, banal y casi absurdamente paradójica»<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>. Esa parte exterior, banal y paradójica que Carl Jung menciona se puede extrapolar a la mencionada esperanza formal frágil, vacía de una hermenéutica cristológica. Aquella esperanza cristiana que Pablo, como ejemplo, expresaba con certeza y argumentación sobre la resurrección de los muertos, ya no se presenta en las generaciones actuales frente a la problemática de explicar el Futuro absoluto revelado en Jesucristo y situarse en un misticismo apresurado, provocando que las conclusiones dogmáticas sean permeadas o, incluso rechazadas, en favor de “nuevos constructos” exóticos, extranjeros que, muchas veces son contradictorios con el mismo dogma:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Somos, sin duda, los herederos auténticos de los símbolos cristianos, pero esa herencia, en cierto modo, la hemos malgastado. Hemos dejado que se desmorone la casa que construyeron nuestros padres y ahora intentamos irrumpir en palacios orientales que ellos nunca conocieron»<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En ese sentido, el contenido de la esperanza cristiana se ha centrado en las conclusiones dogmáticas que se han vaciado de significado por las formas que el ser humano espera la acción de Dios y, por ende, no se denota no solo una funcionalidad efectiva frente a la realidad, sino una fundamentación significativa en la persona de Jesucristo como fuente y sentido de las ultimidades de la esperanza cristiana. En otras palabras: ¿resurrección de los muertos? ¿un infierno? ¿un cielo? ¿un purgatorio? ¿un juicio final? ¿una parusía? ¿de qué sirven esas verdades de fe si no dan respuesta frente problemas sociales y eclesiales actuales, tanto particulares como colectivos? La respuesta sobre cuestiones dogmáticas es desencarnadamente impactante: “no sirven de nada”, “no significan mucho”, “se queda en un completo misterio”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Conclusión “inconclusa”: ¿Esperanza cristiana en tiempos de crisis?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hasta el momento, el breve diagnóstico es, en cierta medida, desfavorable para la esperanza cristiana frente a los efectos de una sociedad líquida. La liquidez provoca en la esperanza una disolución tanto del acto como del contenido. No obstante, hay que advertir lo siguiente: la esperanza cristiana sufre los efectos de la liquidez de manera negativa en la medida que el fundamento y sentido total no sea la experiencia con el Resucitado e, incluso, sea una experiencia del Resucitado, carente o frágil de significado respecto a las verdades sobre las ultimidades. Puesto que, por la fe en Jesucristo resucitado (<em>prius</em>), la esperanza no se convierte en una utopía vacía, sino una <em>topía</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«En Jesucristo resucitado se autocomunicó el Futuro absoluto. El Futuro absoluto nos salió al encuentro y comenzó a realizar la plenitud última y definitiva. Jesucristo es el primero de entre muchos hermanos […]. En él la utopía se volvió topía. Lo imposible al hombre, y no obstante ansiado y buscado insaciablemente, se demostró posible para Dios»<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, esa fe cristocéntrica no puede sobrevivir sin la esperanza (<em>primacía</em>), puesto que sin ella «la fe decae, se transforma en pusilanimidad y, por fin, en fe muerta»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Si se toma en serio la sentencia de Moltmann, entonces no solo se manifiesta una crisis de esperanza, sino también una crisis de fe que cubre transversalmente la crisis eclesial hoy, sobre la base de un desaliento no solo por los logros del Concilio Vaticano II socavados y anulados lenta pero rigurosamente, sino también por los escándalos de abuso de conciencia, de poder y sexual; los procedimientos de la Iglesia frente a estos acontecimientos, marcada por una <em>cultura del abuso y encubrimiento</em>; la falta de vocaciones al sacerdocio, la vida religiosa y de mayores espacios protagónicos del laicado, en otras palabras, una renovación horizontal, unitaria y diversa del <em>pueblo ungido por el Espíritu</em><a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, a pesar de que hay muchos motivos para una disolución de la esperanza y una desesperanza como tal, también hay muchos motivos para una nueva oportunidad de renovar la concepción de <em>esperanza cristiana</em> desde una fe cristocéntrica, que implica una preocupación en la historia y en la sociedad. En un tiempo de crisis, entendida como juicio, purificación y decisión, existe la «oportunidad de recorrer caminos inéditos para afrontar los retos complejos y difíciles de la coyuntura actual»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>. Es una oportunidad que solo la crisis otorga, porque des-coloca y con-fronta estructuras, objetivos y perspectivas que necesitan renovación. Decir que la esperanza cristiana se disuelve, no quiere decir que sea aniquilada, sino que queda incorporada en la liquidez de la sociedad, sin forma ni fondo que la sostenga. Incluso, una disolución de la esperanza cristiana puede ser el mejor de los escenarios como oportunidad de renovación dinámica que permita la fluidez de los <em>símbolos de la fe </em>en la historia, en dirección a la consumación del ser humano y del mundo en Dios. Pese a una posible esperanza cristiana líquida, para el cristiano siempre hay posibilidad de esperanza:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Porque nuestra esperanza no se basa en los signos. Nuestra esperanza se basa en Dios y únicamente en Él. Nosotros ponemos toda nuestra esperanza y confianza en Dios o, al menos, tratamos de hacerlo así. […] Significa que, aun cuando hemos de valorar y apreciar la contribución de los poderosos, las instituciones y las ideologías, al fin y al cabo no hemos de tratarlos como si fueran el fundamento absoluto e inquebrantable de nuestras esperanzas de futuro»<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De ahí surgen diversos motivos que manifiestan una esperanza transformadora en Dios, una esperanza cristiana activa y fluida que no es enemiga de las “esperanzas humanas”, sino que es complementaria y superadora de estas<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. Por ello, «la esperanza de lo definitivo no debe debilitar, sino excitar la solicitud para transformar el mundo y la sociedad, porque eso interesa al Reino de Dios, ya misteriosamente presente en la tierra»<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>, por medio de la persona de Jesucristo. Y, a su vez, surge la oportunidad de renovación tanto de las mismas ultimidades reveladas sobre el mundo y el ser humano como de su significado, las cuales surgen de la experiencia tópica de fe en el Resucitado, en que aquellos “constructos dogmáticos” indescifrables para el pueblo de Dios sean motivo tanto de paciencia y vigilancia expectante como de una significativa transformación de las realidades históricas en el Espíritu dinamizador y esperanzador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, ¿una liquidez que afecta las estructuras teológicas y dogmáticas que abarca la esperanza cristiana a tal punto de indeterminar lo antes determinado, en donde peligra la quietud de las verdades sobre las ultimidades, reveladas por Cristo, como símbolos de fe conclusos, que pregona –muchas veces sin el peso adecuado del asunto– la certeza de un futuro consumador en Dios y una espera desencarnada del mundo? O, más bien, ¿una liquidez como oportunidad hermenéutica del cristiano, consciente a las diversas crisis actuales –tanto eclesiales como sociales–, que implique una renovación no solo de las estructuras teológicas y dogmáticas que abarca la esperanza cristiana, sino también de la vivencia personal y colectiva de una conciencia temporal y esperanzada en Dios, teniendo en cuenta la navegación hacia un posible itinerario de incertidumbre e indeterminación, con la acción eficaz y comprometida de Dios en la historia, por medio del Hijo en el Espíritu, como el único faro de certeza?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Bachiller en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Correo: fnrojas2@uc.cl</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Bloch, Ernst; <em>El Principio Esperanza</em>, vol. 3 (Madrid: Trotta, 2007), 500.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Post, Werner; «Esperanza», en <em>Conceptos fundamentales de filosofía</em>, vol. 2, <em>Especulación – Orden</em>, ed. por Hermann Krings, Hans Michael Baumgartner y Christoph Wild (Barcelona: Herder, 1978), 18.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Bauman, Zygmunt; <em>Modernidad Líquida</em> (Ciudad de México: FCE, 2003), 7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cf. Bauman, <em>Modernidad Líquida</em>, 8: «En lenguaje simple, todas estas características de los fluidos implican que los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. <em>Ibíd</em>., 9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Ibíd</em>., 11.13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Bauman, Zygmunt; <em>Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre</em> (Buenos Aires: Tusquets, 2017), 7-8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Bauman, <em>Tiempos líquidos</em>, 138: «Una utopía es ante todo una imagen de otro universo, diferente del que se conoce por experiencia directa o por haber oído hablar de él. La utopía, además, prefigura un universo enteramente creado por la sabiduría y la devoción humanas».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Ibíd</em>., 133-134.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Sobre la figura del cazador, <em>Ibíd</em>., 141: «A diferencia de los dos tipos que prevalecían antes de que este empezara a ejercer [en este caso, el guardabosques y el jardinero], al cazador le da igual el “equilibrio de las cosas”, ya sea este “natural”, premeditado o artificial. Lo único que interesa a los cazadores es “cobrarse” una nueva pieza que llene su morral. La mayoría de ellos, seguro, no considera que la disponibilidad de nuevas presas corriendo por el bosque –tras sus cacerías, o mejor a pesar de ellas– sea algo de su incumbencia. Si los bosques quedan vacíos por culpa de una partida de caza particularmente provechosa, los cazadores se trasladarán a otra espesura aun sin explotar, que todavía albergue futuros trofeos de caza. Tal vez especulen que quizás en algún momento, en un futuro distante y sin definir, el planeta puede quedarse sin nuevos bosques que explotar, pero en tal caso no lo verán como un motivo de preocupación inmediata, y desde luego jamás como algo de lo que ellos tuvieran que preocuparse. Algo así no pondrá en peligro los resultados inmediatos de la partida de caza en que se ven inmersos ahora, ni los de la siguiente, y de esta manera, dado que no hay nada que ahora me obligue, solo uno entre muchos cazadores, o uno de nosotros, o una asociación cinegética entre muchas, se preocupará acaso por las posibles consecuencias, aunque no por ello vaya a hacer nada por remediarlo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Ibíd</em>., 153.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Ibíd</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Martínez Díez, Felicísimo; «Lo teologal de la esperanza cristiana», en <em>Dar razón de la esperanza hoy. XXI Semana de Estudios de Teología Pastoral</em>, ed. por Instituto Superior de Pastoral (Estella: Verbo Divino, 2010), 16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Moltmann, Jürgen; <em>Teología de la esperanza</em>, 7.ª ed. (Salamanca: Sígueme, 2006), 29.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Pieper, Josef; «Esperanza», en <em>Conceptos fundamentales de la teología</em>, ed. por Heinrich Fries, 2.ª ed. (Madrid: Cristiandad, 1979), 466.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Moltmann, <em>Teología de la esperanza</em>, 30.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cf. <em>Ibíd</em>., 29.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Pieper, «Esperanza», 466.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Josef Pieper, <em>Las virtudes fundamentales</em>, 10.ª ed. (Madrid: Rialp, 2012), 400.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Término usado por Adolphe Gesché, <em>Dios para pensar</em>, vol. VII, <em>El sentido</em> (Salamanca: Sígueme, 2004), 133.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Cf. Bloch, Ernst; <em>El Principio Esperanza</em>, vol. 1, 2.ª ed. (Madrid: Trotta, 2007), 28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Entiéndase el <em>fondo </em>o <em>contenido</em> de la esperanza como las verdades reveladas sobre las ultimidades del mundo y del ser humano desde la persona de Jesucristo, a saber, la escatología. Ese contenido sobre las experiencias de lo escatológico, si bien cabe en la experiencia de lo posible, no de lo empírico, no obstante, el rango de posibilidad permite que el contenido dogmático no sea absoluto por la dinámica de la evolución del dogma posibilitado por el Espíritu Santo. No por ello se pone en jaque la certeza confiada de la acción de Dios en la persona de Jesucristo, en que «Dios será todo en todos» (1 <em>Co</em> 15, 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Jung, Carl; <em>Obra Completa</em>, vol. 9/1, <em>Los arquetipos y lo inconsciente colectivo</em>, 2.ª ed. (Madrid: Trotta, 2010), 8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Jung, <em>Obra Completa</em>, 9/1: 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Boff, Leonardo; <em>Hablemos de la otra vida,</em> Alcance 3, 12.ª ed. (Santander: Sal Terrae, 1978), 24-25.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Moltmann, <em>Teología de la esperanza</em>, 26. Considérese la relación intrínseca entre fe y esperanza que J. Moltmann plantea: «Mediante la fe encuentra el hombre la senda de la verdadera vida, pero solo la esperanza le mantiene en esa senda».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Cf. Nolan, Albert; <em>Esperanza en una época de desesperanza y otros textos esenciales</em> (Santander: Sal Terrae, 2010), 23; Francisco, «Carta del Santo Padre al Pueblo de Dios que perergina en Chile» (carta, Vaticano, 31 de mayo de 2018), 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Maccise, Camilo; «Razones para testimoniar la esperanza en medio de la crisis», en <em>Dar razón de la esperanza hoy. XXI Semana de Estudios de Teología Pastoral</em>, ed. por Instituto Superior de Pastoral (Estella: Verbo Divino, 2010), 229.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Nolan, <em>Esperanza en una época de desesperanza…</em>, 24.25.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Cf. Maccise, «Razones para testimoniar la esperanza en medio de la crisis», 237: «<em>En el mundo de hoy</em>: la creciente toma de conciencia de la dignidad de la persona humana, la globalización de la solidaridad, los movimientos de liberación y defensa de la vida, el sentido de responsabilidad en relación con la naturaleza, la búsqueda de una ética mundial, los grupos y personas dedicados al servicio generoso y desinteresado de los demás. <em>En la Iglesia</em>: una participación más activa de los laicos y la fuerza transformadora de las comunidades eclesiales de base y de la religiosidad popular».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> <em>Ibíd</em>., 234.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Fernando Salas]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Me parece bien relacionar la esperanza cristiana con la humana, sin embargo, creo que el autor olvida que una "ilumina a la otra" y desde ese punto de vista, mas que afectada por la liquidez, la esperanza cristiana debe iluminar y fortalecer a la esperanza humana.]]></wp:comment_content>
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		<title>Expiación por el pecado:  Un latido de nuestra liturgia en el culto antiguo - Andrés Ferrada M., Pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/expiacion-por-el-pecado-un-latido-de-nuestra-liturgia-en-el-culto-antiguo-andres-ferrada-m-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 16 Jun 2019 23:17:47 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.180 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2013)
Autor: Andrés Ferrada, pbro., Facultad de Teología UC
Para citar: Ferrada, Andrés; <em>Expiación por el pecado: Un latido de nuestra liturgia en el culto antiguo</em>, en La Revista Católica, Nº1.180, octubre-diciembre 2013, pp. 295-310.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/AFERRADA_LRC_1180.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Expiación por el pecado: Un latido de nuestra liturgia en el culto antiguo
Andrés Ferrada M., pbro.
Facultad de Teología UC</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Constitución conciliar <em>Sacrosanctum Concilium</em> define la liturgia como “el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo” (SC 7). El culto de la Iglesia, por tanto, es expresión de lo que ella es en cuanto Cuerpo Místico de Jesucristo. No se trata de signos sensibles de carácter meramente cultural, incluso valorando su hondo significado antropológico, sino la prolongación en el aquí y ahora del Misterio Pascual: el sacerdocio de Cristo, donde Él es al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar. Ciertamente, los gestos y las palabras usadas en la liturgia tienen una historia, que es preciso conocer para comprender su pleno sentido y eficacia, pero también se abren a un futuro de inculturación y enriquecimiento de nuevos sentidos. Por eso, la tensión entre tradición y actualización lejos de ser comprendida como negativa e incluso ajena al culto, pertenece a su misma esencia que es siempre recuerdo de las gestas de salvación, presencia anticipada de su plena eficacia y profecía de su realización definitiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, comprender nuestra rica tradición litúrgica no persigue hacer arqueología de las formas o de las actitudes cultuales del pasado, sino poner en evidencia los principios permanentes que Dios ha hecho resonar acerca del auténtico sentido de la actualización del Misterio Pascual con apertura al presente y proyectándose al futuro con su significación y eficacia. Esos principios pueden iluminar nuestro modo de vivir la liturgia para vigorizar nuestra existencia creyente (cf. Rm 12,1-2), en el contexto de la nueva evangelización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este ensayo dialéctico nos retrotraeremos al Antiguo Testamento en el convencimiento de que nuestra tradición litúrgica hunde sus raíces en el culto de Israel, desde el cual Jesucristo ejerció su sacerdocio. Este año celebramos 50 años de la inauguración solemne del Concilio Vaticano II y con este horizonte conmemorativo, queremos hacer notar un latido de nuestra liturgia en el culto del Antiguo Testamento, la expiación por el pecado en el ritual levítico. Sin duda, que el principio que está a la base de nuestra reflexión encuentra una formulación sublime en el adagio de san Agustín: <em>Novum in vetere latet. Vetus in novo patet</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un pasado eficaz e iluminador</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se debe advertir que son muchos otros aspectos del culto de la economía antigua que iluminan la liturgia de la economía presente, siempre considerada como anticipación del banquete eterno. Generalmente, se abordan rápido e incluso se pasan de largo las prescripciones cultuales contenidas en el Antiguo Testamento, particularmente en el libro del Levítico. Casi son desconocidas y minusvaloradas, incluso por cristianos de gran cultura. Pesan sobre la consideración del culto antiguo; tendencias teológicas y pastorales que exacerbaron la superación o abolición del culto antiguo, leyendo algunas páginas del Nuevo Testamento –por ejemplo, Hb 7-8– con una hermenéutica reduccionista. La realidad es otra; si bien no se puede negar la discontinuidad del paso de un testamento al otro, no es posible suprimir, sin embargo, la continuidad en lo esencial entre ambos. En efecto, entre el culto de Israel y el culto de Jesucristo, prolongado por la liturgia de la Iglesia como anticipación y participación del culto eterno, hay una continuidad en lo esencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Comisión Bíblica Internacional reflexionando al respecto ilumina enormemente este argumento en una amplia consideración de los grandes cuerpos canónicos de ambos testamentos. Afirma que los escritos neotestamentarios al referirse al culto antiguo lo sitúan en el horizonte de “un vasto símbolo de gracia, expresión de la ‘condescendencia’ (en el sentido patrístico de adaptación benévola) de Dios para con los hombres, puesto que él lo ha fundado para perdonar, purificar, santificar y preparar el contacto inmediato con su presencia (<em>kabôd</em>, gloria)” (Comisión Bíblica Internacional, <em>El pueblo judío y sus escrituras sagradas en la Biblia cristiana</em>, 46).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta relación ha sido estudiada por los grandes teólogos de todos los tiempos. Valdría la pena volver sobre reflexiones ponderadas en mérito como, por ejemplo, las hechas por Santo Tomás de Aquino respecto a las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento en las cuestiones 101-103 de la Suma Teológica (I-IIae). En efecto, el doctor angélico enseña con precisión en qué sentido entiende obsoletas estas prescripciones y en qué sentido tuvieron y siguen teniendo valor salvífico. Naturalmente, el objeto de las cuestiones recién mencionadas se refiere solo a un aspecto del culto, sus normas, pero resulta paradigmático para otras facetas como, por ejemplo, las disposiciones que supone y el efecto de sus frutos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La continuidad discontinua entre el culto antiguo y el actual pone de manifiesto el carácter mistérico de la liturgia, esto es, procede del designio salvífico de Dios que se ha revelado económicamente, en una historia de salvación que hunde sus raíces en el antiguo pacto, e incluso antes, en la creación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El rito como diálogo vivencial y actualizador</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un segundo aspecto con que el culto antiguo ilumina la liturgia cristiana, es su significación eclesiológica. Si consideramos, por ejemplo, las distintas clases de sacrificios en Lv 1-7, descubriremos que ellos responden a las distintas vivencias de las personas y comunidades humanas: “ritual del holocausto, de la oblación, del sacrificio por el pecado, del sacrificio de reparación, del sacrificio de la consagración y del sacrificio de comunión” (Lv 7,37). Si el Señor habita en medio de su pueblo, en la tienda del encuentro (cf. Ex 25,8-9), este le ofrece todo tipo de sacrificios según se van dando las relaciones con su Dios: acción de gracias por los beneficios recibidos en las oblaciones; holocaustos en signo de alabanza por esos mismos dones y, aun más, por la concesión divina de la existencia como nación santa; sacrificios por el pecado en expiación de las faltas que han dañado la relación entre ambos y sacrificios de reparación para restablecer la relación. Estos ritos de la liturgia antigua ponen de manifiesto que ella, de modo estilizado, actualiza una relación vital entre personas y que esta siempre se desenvuelve en la comunidad. Las ofrendas tienen sentido en cuanto significan el reconocimiento sincero de los bienes recibidos por el pueblo de parte de su Señor o el arrepentimiento verdadero ante las ofensas que le ha propugnado a su benefactor. Por lo mismo, subrayan la asimetría de la relación entre quien es el donante de la existencia, de todo bien y, más aun, de su misericordia, el Señor, y quien es el receptor de todos esos beneficios, las personas en el seno de la comunidad creyente. Por otra parte, los ritos ponen en evidencia la naturaleza comunitaria de la liturgia, pues se desarrolla en lugares comunes y a través de signos y personas (sacerdotes) con significación pública (para estas ideas seguimos de cerca a P. Bovati, <em>I rîb profetici</em>, PIB, Roma 2002, 98-103).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las características recién aludidas del culto antiguo se perpetúan, aunque de una manera nueva, en la liturgia cristiana. Ponen de relieve su carácter eclesial. El culto no pertenece al ámbito privado, es público e interesa a la comunión de los creyentes como pueblo con su Dios (cf. LG 1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La Eucaristía máxima expresión del ritual</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Consideremos ahora el culto antiguo para la expiación de los pecados en el Libro del Levítico como latido de nuestra liturgia en el culto judío, en particular de la Eucaristía y del Sacramento de la Reconciliación. Esto nos permitirá aludir a uno de los aspectos menos mencionados en los estudios bíblicos referidos a la liturgia veterotestamentaria y que, además, ilumina una de las importantes facetas de la liturgia cristiana: la remisión del pecado después de la alianza. De paso también, nos consentirá sino rebatir, hacer una fuerte matización de la tesis que sostiene que el Libro del Levítico daría cuenta del estado devaluado de la religión del Israel postexílico, particularmente en el culto en el templo reconstruido (para las consideraciones acerca del Libro del Levítico seguimos a J.-L. Ska, <em>Introducción a la lectura del Pentateuco. Claves para la interpretación de los cinco primeros libros de la Biblia</em>, Estella 2001, especialmente pp. 154-156).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, algunos exégetas postulan que el Libro del Levítico, si bien recoge antiquísimas tradiciones, refleja principalmente el desarrollo del culto en el templo reconstruido en Jerusalén después del regreso desde Babilonia de la deportación de importantes sectores de la sociedad hebrea. Esta contextualización se inserta en una descripción de la historia de la religión de Israel antiguo desde la parábola historicista del crecimiento humano. Ella ve en el culto organizado en relación a la tienda del encuentro y, por lo mismo, principalmente en el libro del Levítico, la senectud de la religión de Israel, en la época de su degeneración cuando se consolidó un nuevo orden socioeconómico y político en la Jerusalén del postexilio, en torno al templo reconstruido. Entonces, la religión de Israel perdió su belleza y espontaneidad original –representada por el culto naïve de los patriarcas– y quedó prisionera y abandonada a la ritualización, que alcanza su cúspide en la observancia instaurada por el sacerdocio postexílico en el santuario reedificado. Lo más nefasto de esta vejez religiosa consistiría en su desvinculación de la vida concreta, se habría hecho pura abstracción vacía, centrada en el pecado –la negatividad humana– y no en la bondad divina –su gracia– (cf. Ibid., 154-155).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es evidente que esta lectura surge de un prejuicio ideológico en contra del culto de Israel y, en general, de toda forma ritual. Supone que el auténtico culto es siempre espontáneo y, por lo mismo, mínimamente ritual. Se deja sentir el peso de la crítica del protestantismo al culto católico, especialmente en tiempos anteriores a la reforma de Pablo VI, personificado en la liturgia desarrollada en el templo de Jerusalén, con su gran aparato ritual. Pero no solo eso, también las críticas más actuales contra el culto, particularmente sentidas en nuestro contexto latinoamericano, a pesar de que la liturgia desde hace décadas es celebrada en lengua vernácula y los ritos se han simplificado y hecho más comprensibles e inculturados. En efecto, el reparo se dirige principalmente a la escasa vinculación de la liturgia con la vida, particularmente en su baja incidencia en la transformación del mundo y en la promoción de los pobres y marginados. Es más, para formularlo se han usado no pocas veces las numerosas críticas que hacen los profetas al culto practicado por Israel (cf., p. ej., Is 1,11-15; 43,22- 24; 58,3-5; Jr 6,20; 7,21-22; 11,15; Os 5,6-7, etc.) y los pasajes evangélicos y otros textos neotestamentarios en ese mismo sentido (cf., p. ej., Mt 9,9-13 y paralelos; Hb 7-10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se debe afirmar que esta crítica desafía nuestra vivencia del misterio de Cristo y nos pone en guardia frente a toda forma de ritualismo evasivo y egoísta, particularmente del intimismo sentimentalista. Pero también, seguidamente, se debe constatar que dichos textos no niegan los ritos, al contrario suponen su absoluta necesidad para que de modo humano, tangible y simbólicamente a la vez, el pueblo creyente experimente tanto la comunicación con Dios, como la liberación de todo aquello que se interpone en la plena comunión con Él. En una palabra el culto hace visible la realización de la alianza entre Dios y el pueblo, la comunión de vida entre ambos, y además la canaliza en la existencia personal y comunitaria de todos los creyentes, quienes las extienden hacia todas las realidades humanas, comenzando por la familia, construyendo un orden social justo y fraterno y abrazando a todas las criaturas en el cuidado del medio ambiente. La promoción humana, social y medioambiental, por tanto, están íntimamente unidas a la liturgia, particularmente a la Eucaristía, en ella encuentran su fuente y su cumbre (cf. LG 11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Debilidad e infidelidad en Israel</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Demos un paso más de lleno en el interés de la actual reflexión: ¿Por qué el Antiguo Testamento prescribe unos ritos para la expiación de los pecados en el Libro del Levítico? El pecado dice relación con aquellas actitudes conscientes y libres que nos dañan a nosotros mismos, a los demás y al entorno, interfiriendo la comunión con Dios y con los demás e impidiendo la paz consigo mismo y la convivencia pacífica, con nefastas consecuencias para la sociedad y el medio ambiente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, en la economía antigua, la alianza del Sinaí es ofrecida a los israelitas sin relación directa con el pecado (Ex 19,3-8). Ellos son inocentes, han sido víctimas del pecado del faraón (cf. Ex 1,8-22). Dios interviene porque ha observado la opresión que los israelitas sufrían y también porque recordó la alianza jurada a los patriarcas, sus antepasados (cf. Ex 2,23-25; 3,7-10). En efecto, Israel es inocente, es víctima de la crueldad de los egipcios (cf. en hebreo <em>perek</em> en Ex 1,13.14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la secuencia narrativa bíblica la expiación por el pecado, en consecuencia, es posterior a la alianza. De hecho, antes de su ratificación en Ex 24,1-11 no se verifica pecado alguno por parte del pueblo. Con todo, en Ex 20,18-21 se anticipa hasta cierto punto su infidelidad, pues se narra el temor que experimentan los israelitas ante la manifestación del Señor en el Sinaí, especialmente por los fenómenos telúricos que la acompañan. Este temor es una de las tantas formas con que se muestra la esencial debilidad del pueblo para perseverar en la alianza: su falta de confianza en el Señor. Así lo pone de manifiesto Moisés al aclarar a los israelitas que la impresionante teofanía es una prueba del Señor, por la cual Él quiere infundirles otra clase de temor –el temor de Dios– que busca que ellos no pequen (cf. Ex 20,18-21), esto es, que se mantengan fieles a la alianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la narración bíblica el primer pecado de Israel –la ruptura de la alianza– se verifica en el episodio del becerro de oro (Ex 32,1-6). En efecto, el primer pecado del pueblo elegido contradice el fundamental precepto de la alianza, “no tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex 20,3). Dios se enfurece y quiere acabar con él, pero Moisés intercede y lo aplaca. Entonces, Dios ofrece al pueblo su misericordia, aunque no deja sin castigo a los rebeldes (cf. Ex 32,31-35). Pero esta solución no conoce la reconciliación de los pecadores, narrativamente se la presentará después.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Valor expiatorio del sacrificio</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, una vez superado este primer quiebre, el Señor viene a habitar en medio de su pueblo en la tienda que Él mismo se mandó construir con este propósito (cf. Ex 25,8-9). Y, seguidamente, establece el modo cómo se llevará a efecto la comunicación entre el pueblo y su Señor fijando el ritual para los distintos sacrificios. Entre ellos están los sacrificios por los que se canaliza la reconciliación de los pecadores con Dios: el sacrificio por el pecado (cf. Lv 4,1-5,13; 6,17-23) y el sacrificio de reparación (cf. Lv 5,14-26; 7,1-6).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este tipo de sacrificios encuentra su máxima expresión en el rito del <em>yom kippur</em> (Lv 16). Es el complejo ritual para la reconciliación de todo el pueblo con su Dios por causa de los pecados cometidos por todos sus miembros. Se verifica un día al año cuando Aarón y después de él sus descendientes sus hijos (que son los antepasados de los sumos sacerdotes del futuro templo de Jerusalén) pueden entrar al lugar santísimo de la tienda del encuentro, tras el velo, donde está el propiciatorio: es decir, el elemento litúrgico previsto precisamente para los ritos relacionados con la remisión de los pecados en el aparataje de la tienda (cf. Ex 25,17-22; 37,6-9). El sacerdote debe vestir unos ornamentos específicamente señalados (cf. Lv 16,4) y realizar unos ritos de rica complejidad. Entre ellos se suceden los siguientes: primero aspersiones de sangre, provenientes de un sacrificio (por el pecado) de un macho cabrío, para expiar “las impurezas de los israelitas y de todas sus rebeldías y pecados” (Lv 16,16). Se aclara que Aarón y sus sucesores expían “por sí mismos, por su casa y por toda la asamblea de Israel” (Lv 16,17; cf. vv.11.24.30). Luego, la imposición de las manos sobre la cabeza de otro macho cabrío vivo, confesando todas las iniquidades, rebeldías y pecados de los israelitas y su envío al desierto con el claro matiz simbólico de apartar los pecados de la comunidad arrepentida (cf. Lv 16,21-22). Finalmente, el holocausto de todos los restos del primer animal, fuera del campamento, precisamente como ulterior sacrificio por el pecado que también tiene valor expiatorio (Lv 16,24-25).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Posibles respuestas a la teología de la alianza</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El rito es claro y también su significado expiatorio. Pero, afinemos la pregunta a la que estamos intentando dar respuesta: ¿Por qué contemplar este rito expiatorio en este momento de la secuencia de la narración bíblica?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con lo ya dicho, es claro que la respuesta no viene de la trama narrativa del Libro del Éxodo y su prosecución en el Libro del Levítico, porque en ella los trasgresores de la alianza han perecido. Así sucedió con los israelitas que se pervirtieron con el becerro de oro mientras aguardaban que Moisés descendiese del monte Sinaí (cf. Ex 32,31-35). Incluso, unos capítulos antes en el Libro del Levítico se relata la muerte de los hijos de Aarón, quienes habían ofrecido fuego profano; es decir, no conforme a lo prescrito por el Señor (cf. Lv 10,1-3), justo después de la solemne inauguración del culto en la tienda del encuentro (cf. Lv 9,1-23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aclaración de la interrogante planteada proviene de la experiencia más cotidiana desde el punto de vista existencial. Diremos de la vida de los destinatarios originales del relato, que ciertamente debieron experimentar que sus meras fuerzas humanas eran incapaces para perseverar en la alianza, en la amplitud de sus prescripciones propuestas a lo largo de la trama narrativa del Pentateuco, entre las que se destacan el Decálogo (Ex 20,1-17) y el Código de la alianza (Ex 20,22-23,33). Menos aun para nosotros, destinatarios cristianos de esas mismas prescripciones, que somos conscientes de ni siquiera poder realizar por nuestras meras fuerzas humanas, el bien que nos proponemos conforme a la luz natural con que nuestra razón lo capta a partir del orden creado (cf. Rm 7,18-20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta respuesta se ilumina al contemplar las teologías de la alianza nacidas en el Israel postexílico, que se plasman e interrelacionan en el Pentateuco. Ciertamente, su individuación proviene del análisis histórico-crítico y, por lo mismo, es hipotética. Ello no impide que esta propuesta dé luz para ir de la Escritura a lo que los hagiógrafos querían decir y Dios quería comunicar a través de ellos (Para las consideraciones acerca de las teologías del Pentateuco seguimos a J.-L. Ska, <em>Introducción a la lectura del Pentateuco. Claves para la interpretación de los cinco primeros libros de la Biblia</em>, Estella 2001, especialmente 258-260).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, algunos especialistas proponen la confluencia de dos teologías de la alianza en el Pentateuco, una deuteronómica y otra sacerdotal, que se sucedieron en el tiempo. La primera postula que la bendición divina depende del cumplimiento de los preceptos de la Ley, así se sostiene en muchos relatos del Deuteronomio. Entre tantos otros, es de viva expresión Dt 30,15-20:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Mira, yo he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal; pues te ordeno hoy amar al Señor tu Dios, andar en sus caminos y guardar sus mandamientos, sus estatutos y sus juicios, para que vivas y te multipliques, a fin de que el Señor tu Dios te bendiga en la tierra que vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, sino que te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y los sirves, yo os declaro hoy que ciertamente pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra adonde tú vas, cruzando el Jordán para entrar en ella y poseerla. Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz y allegándote a Él; porque eso es tu vida y la largura de tus días, para que habites en la tierra que el Señor juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La observancia de la Ley es la manera concreta de amar al Señor (cf. Dt 6,4-9), temerlo y servirlo (cf. Dt 10,12-13). Resulta particularmente sugerente la imagen de seguir el camino que conduce a la vida. A ella se opone una senda que termina en la muerte y destrucción, esto es, el incumplimiento de los mandamientos del Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta visión de la alianza, está contenida en el Libro del Deuteronomio, pero también en otros escritos afines, los más notorios están fuera del Pentateuco, la así llamada historia deuteronomista contenida en la secuencia de libros históricos de Jos a 2Re según en el orden canónico de la Biblia. Pero también en algunos pasajes de los otros libros del Pentateuco, pues es reconocible el cuño o parentesco deuteronomista en textos como, por ejemplo, Gn 15,1-8; Ex 3,16-22, entre otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ambientación histórica que mejor se condice con esta perspectiva es la del exilio en Babilonia (587 a 538 aC) o durante los primeros años del postexilio, cuando Israel valora las causas de la catástrofe nacional y pone las bases de una posible restauración precisamente en el cumplimiento de la Ley –la fidelidad a la alianza–.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A esta visión sigue la otra teología de la alianza, de corte sacerdotal. Ante la frustración de los primeros intentos de restauración del orden independiente judío en la Palestina postexílica y la hostilidad enfrentada para asegurar la consolidación del templo recién reconstruido (cf. Ez 33, Esd 4-6; 9-10; Ne 9-10), los grupos sacerdotales buscan en el pasado de Israel un fundamento más sólido para la empresa de restauración que no estuviese ligado a la frágil fidelidad humana. La teología sacerdotal lo encuentra en la alianza unilateral e incondicionada de Dios con Abraham (e incluso retrotraída en la alianza unilateral con Noé) como leemos en Gn 17,1-11:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Cuando Abram tenía noventa y nueve años, el Señor se le apareció, y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto. Y yo estableceré mi pacto contigo, y te multiplicaré en gran manera. Entonces Abram se postró sobre su rostro y Dios habló con él, diciendo: En cuanto a mí, he aquí, mi pacto es contigo, y serás padre de multitud de naciones. Y no serás llamado más Abram; sino que tu nombre será Abraham; porque yo te haré padre de multitud de naciones. Te haré fecundo en gran manera, y de ti haré naciones, y de ti saldrán reyes. Y estableceré mi pacto contigo y con tu descendencia después de ti, por todas sus generaciones, por pacto eterno, de ser Dios tuyo y de toda tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra de tus peregrinaciones, toda la tierra de Canaán como posesión perpetua; y yo seré su Dios. Dijo además Dios a Abraham: Tú, pues, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti, por sus generaciones. Este es mi pacto que guardaréis, entre yo y vosotros y tu descendencia después de ti: Todo varón de entre vosotros será circuncidado. Seréis circuncidados en la carne de vuestro prepucio, y esto será la señal de mi pacto con vosotros».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este esquema de alianza, el favor divino no está condicionado al cumplimiento de los preceptos. La circuncisión es solo un signo visible de la dispensación divina (así como el arcoíris en la alianza con Noé, Gn 9). Los expertos señalan que lo que esta concepción de la alianza persigue es infundir ánimo, principalmente a los hebreos de la diáspora que vacilan en emprender el retorno a la metrópoli ante las nefastas noticias que oyen de las primeras escaramuzas de restauración en Palestina (cf. Ez 33, Esd 4-6; 9-10; Ne 9-10). A muchos de ellos, tal vez, les resultaba más cómodo su asentamiento en las grandes urbes paganas, no pocas veces pacífico y con cierto bienestar, que el duro regreso a su país (o al de sus antepasados para los nacidos en la diáspora).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Interpretaciones teológicas reconocibles</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si la teología deuteronómica planteó la eliminación de los culpables que no cumplían las disposiciones de la Ley, la teología sacerdotal o no se pronunció suficientemente, o simplemente incorporó ese mismo castigo. En efecto, hay pasajes en que se puede verificar la condena de los infieles en ambas teologías. Por ejemplo en Nm 14: en los vv.20-24, se condena a todos los que habían puesto a prueba al Señor y no habían escuchado su voz por el camino, salvo a Caleb que lo había seguido con fidelidad. A los versículos anteriores se yuxtaponen los vv.26-31 que repiten la condena, aunque la razón es ligeramente diversa, se achaca al pueblo la murmuración contra el Señor y se exceptúan del castigo, además de Caleb, a Josué, igualmente fiel al Señor, y a los menores de edad incapaces de cometer infidelidades que les sean imputables. La yuxtaposición de ambos incisos se interpreta como un claro doblaje bíblico; esto es, delata que el texto ha sido compuesto por la fusión de dos relatos paralelos. Ahora bien, por razones de conexiones de forma y contenido, ambos incisos son atribuidos a sendas líneas narrativas y teológicas que fueron entrelazadas en el relato actual y son claramente reconocibles. El primero (vv.20-24) es vinculado con la teología deuteronómica y el segundo (vv.26-31), con la teología sacerdotal. Sería largo demostrar esta afirmación, que excede el propósito de esta referencia, pero nos contentamos constatando que en ambos casos no se contempla la posibilidad de la expiación por las infidelidades cometidas después de la alianza: los culpables deben morir sin remedio. Esta severa perspectiva además es refrendada en muchos otros pasajes del Libro de los Números, en los cuales se aplica el principio “el que la hace la paga” (Nm 11,1-3; 12,4-10; 16; 25), aunque la adscripción teológica de esos relatos, con todo, no es siempre clara.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La expiación por el pecado</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como dijimos más arriba, la posibilidad de la expiación aparece en el Libro del Levítico en la normativa del <em>yom kippur</em>, asociada a las prescripciones en el mismo libro respecto del sacrificio por el pecado y del sacrificio de reparación. En el Pentateuco, fuera del Levítico, también existen otros pasajes que contemplan la posibilidad de la expiación de los pecados como, por ejemplo, las normas para la expiación por las faltas por inadvertencia (Nm 15,22-31) y en cierta medida también en el ritual de las cenizas de la vaca roja disueltas en agua para la purificación del pecado por medio de las abluciones con el agua lustral (Nm 19,8-9; más bien para purificaciones rituales).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las disposiciones del <em>yom kippur</em> (Lv 16) se regula la posibilidad de restablecer el vínculo de la Alianza de Dios con el pueblo de la alianza una vez al año y, según algunos expertos, están vinculadas con la teología de la Ley de Santidad. Se trata de una teología sintética, postdeuteronómica y postsacerdotal, contenida principalmente en el Libro del Levítico, y en particular en el homónimo cuerpo legal (Lv 17-26). La contextualización histórica de esta teología se acomoda al período tardo persa (siglo V o IV aC) e, incluso, durante la dominación helenista (siglo IV o III aC), cuando ya está consolidada la situación del templo reconstruido en Jerusalén y el Israel postexílico debe afrontar su existencia cotidiana en el desafío constante por ser fiel a las prescripciones de la alianza (la Ley). Su observancia le otorga su distintivo nacional, que es esencialmente religioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La liturgia en el templo restaurado conoce al menos una vez al año la posibilidad comunitaria de restablecer la alianza, expiando los pecados de todos los miembros del pueblo a través de unos ritos, los del <em>yom kippur</em>, que naturalmente aseguran la reconciliación en la medida que realizan efectivamente lo que ellos representan. En consecuencia, la confesión del sacerdote en nombre de todo el pueblo debe expresar el sincero arrepentimiento de “todas las iniquidades y transgresiones de los israelitas, cualesquiera sean los pecados que hayan cometido” (Lv 16,21). El envío del chivo expiatorio al desierto,  refleja el firme propósito de alejar toda forma de infidelidad de la vida del pueblo, incluyendo naturalmente la injusticia y la falta de misericordia (cf. Ex 22,20-23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este rito veterotestamentario laten fuertemente los aspectos expiatorios del culto nuevo, celebrado sobre el ara de la cruz y que se actualiza en la liturgia cristiana, particularmente en la Eucaristía y en el Sacramento de la Reconciliación. En el culto antiguo, los miembros del pueblo eran conscientes de que sus infidelidades provocaban la ruptura de la alianza y que solo el Señor podía restablecerla:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas!</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Porque yo reconozco mis faltas</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>y mi pecado está siempre ante mí.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Contra ti, contra ti solo pequé e hice lo que es malo a tus ojos.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;">(Sal 51,4-6)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El restablecimiento del pacto no solo es una experiencia de una vez y para siempre, como se experimenta vitalmente en el Bautismo en el culto nuevo; sino también, es una vivencia constante a lo largo de un camino de seguimiento que conoce la debilidad y la libertad mal empleada. Es decir, el pecado y la infidelidad. En la liturgia cristiana esta necesidad de reconciliación continua la realiza el Sacramento de la Reconciliación, cuya máxima expresividad comunitaria se da cuando es celebrado en el contexto de una liturgia penitencial. Pero también se verifica en la Eucaristía, pues en ella participamos del verdadero sacrificio de expiación por nuestros pecados y, más aun, se nos da también como alimento, el pan vivo, para vigorizarnos y poder caminar por la senda que lleva a la vida:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga.</em></h5>
<h5 style="text-align: center;">(Sal 51,11-14)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Corolario: víctimas vivas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con lo dicho hasta aquí, queda claro que el sacrificio que expía todos los pecados es el ofrecimiento de Jesucristo en la cruz, del cual los sacrificios por el pecado y los ritos del <em>yom kippur</em> son figura. Con toda claridad la Carta a los Hebreos lo puntualiza, poniendo de manifiesto cómo el culto nuevo supera incomparablemente a su latido en el culto antiguo y, por lo mismo, cómo este adquiere su pleno significado en aquel:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«…Pero al segundo [al santo de los santos], solo entra una vez al año el Sumo Sacerdote, llevando consigo la sangre que ofrece por sus faltas y las del pueblo. El Espíritu Santo da a entender con esto que el camino del Santuario no es accesible mientras subsista el primer recinto. Esto es un símbolo para el tiempo presente: en efecto, allí se ofrecen dones y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica el culto. Solo se trata de prescripciones externas sobre alimentos, bebidas y abluciones diversas, válidas hasta el momento de la renovación. Cristo, en cambio, ha venido como Sumo Sacerdote de los bienes futuros. El, a través de una Morada más excelente y perfecta que la antigua –no construida por manos humanas, es decir, no de este mundo creado– entró de una vez por todas en el Santuario, no por la sangre de chivos y terneros, sino por su propia sangre, obteniéndonos así una redención eterna. Porque si la sangre de chivos y toros y la ceniza de ternera, con que se rocía a los que están contaminados por el pecado, los santifica, obteniéndoles la pureza externa, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente! Por eso, Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida. Porque para que se cumpla un testamento es necesario que muera el testador» (Hb 9,7-16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, el sacrificio de Cristo en expiación por nuestros pecados es agradable al Padre y se actualiza en la liturgia que se ofrece constantemente “desde donde sale el sol hasta el ocaso”. Pero no se trata solo de recibir el perdón de los pecados, su expiación, y, por tanto, ser restituidos en la alianza, acogiendo “la herencia eterna”, sino también en ser transformados en ofrendas vivas, asociadas a la de Jesucristo, participando de su sacerdocio, de su sacrificio y de su ser víctima, aunque de modos diversos según diversidad de vocaciones, carismas y ministerios. Por eso, esta participación consiste en la co-entrega de sí mismo, hacerse víctima con Cristo de un modo que co-envuelva toda la vida y favorezca también la vida de los demás. Así lo sintetiza san Pablo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rm 12,1-2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El apóstol explícitamente enseña que la reconciliación con Dios es fruto de la ofrenda de Cristo considerada como sacrificio por el pecado y que se prolonga en el ministerio de la reconciliación de toda la Iglesia, naturalmente participado de diversas maneras según las distintas vocaciones, carismas y ministerios:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo hizo [sacrificio por] el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él» (2Co 5,18-21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las ofrendas en la liturgia cristiana son otro modo de actualizar que, unidos a Cristo, nos trasformamos en ofrendas vivas para la santificación del mundo. En efecto, nuestra entrega, representada en los dones materiales o espirituales ofrecidos en el culto, se une al sacrificio de expiación del Señor en la cruz para la remisión de los pecados. Así participamos nosotros también en la obra de la redención, como la viuda con su pobreza (Lc 21,4) o como María de Betania con los perfumes (Jn 12,1-7). Nuestras ofrendas litúrgicas ciertamente no tendrían valor alguno si no reflejaran la entrega de nosotros mismos como participación de los padecimientos de Cristo (cf. Ga 2,20; 6,14) y de su misión, así como su Santa Madre a los pies de la cruz (Jn 19,25-27).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: Un sacrificio de dos novillas. Detalle de un fresco en la Cripta de San Magno, Catedral de Santa María, Anagni, Italia, siglo XIII.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Hacia una Iglesia de la Ternura - Mons. Marcello Semeraro</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/hacia-una-iglesia-de-la-ternura-mons-marcello-semeraro/</link>
		<pubDate>Wed, 12 Jun 2019 11:12:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[[caption id="attachment_1741" align="aligncenter" width="640"]<img class="wp-image-1741 size-large" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/JESUS-SANA-800x450.jpg" alt="" width="640" height="360" /> Jesús sana a un leproso. Mosaico de Marko Rupnik.[/caption]
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Hacia una Iglesia de la Ternura</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Mons. Marcello Semeraro</strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/MSEMERARO-1.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes de entrar en el tema que me ha sido asignado, permítanme mencionar un texto conservado entre los <em>Dichos</em> <em>de los Padres del Desierto</em>; un pasaje que nos remonta a un momento muy singular en la vida de la Iglesia, es decir, al florecimiento de esa espiritualidad monástica que se desarrolló en los siglos III-IV, especialmente en Egipto, Siria y Palestina; una tradición que no es desconocida para Bergoglio-Francisco<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>. Lo que estoy a punto de referir es un dicho sobre Poemen, un padre del desierto del siglo IV, que es el más citado de todos. Dice así:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Algunos ancianos fueron a ver al abbá Poemen y le preguntaron: “Si vemos a los hermanos dormitando durante la liturgia, ¿quieres que los sacudamos para que se quedan despiertos durante la vigilia?” Y él les dijo: “En verdad, si veo a un hermano dormitando, pongo su cabeza sobre mis rodillas y lo dejo descansar”».<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es difícil captar en el <em>dicho</em> el gran sentido de atención y ternura por el que Poemen es distinguido entre los padres del desierto. La “ternura” de la que hablamos es aquí el corazón de la relación del padre con el discípulo y significa cuidado y atención al otro, denota reconocimiento y deseo del Otro: una práctica que, según los padres del desierto, coloca a la persona no ante un “hecho”, sino ante una “persona” que necesita cuidado, ternura y misericordia; una persona que necesita la epifanía de ese amor divino, que es mayor que el corazón humano y que sus normas de justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He introducido el tema con este apotegma porque el Arzobispo Bergoglio dirigió un mensaje similar en Buenos Aires el 7 de agosto de 1999 al final de la homilía de la fiesta de san Cayetano, que en Argentina es el patrón <em>del</em> <em>pan y el trabajo</em>, es decir, el santo de los pobres. La imagen, en este caso, no es la de permanecer de rodillas, sino la de ofrecer el hombro del lado del corazón. Él dijo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Y cuando vemos a alguno que está más pobre, menos abrigado, más necesitado, recordamos que para nuestro Padre esa persona es la más importante, la que más ha buscado, la que recibe la mejor caricia. Y así como el buen Pastor carga a la ovejita perdida sobre sus hombros, también nosotros queremos poner el hombro y hacer sentir a Dios que su pueblo está con Él. Que Él no está solo con Jesús en esta tarea de sanar heridas, de llevar de nuevo a casa a los que andan dispersos. Poner el hombro es un gesto de nuestro Padre Dios, y tenemos que imitarlo. Como cuando llevamos a nuestros santos en andas y todos quieren poner el hombro, aunque sea por un rato. Cuando uno pone el hombro -ese hombro que está cerquita del corazón, tan cerca que se siente el peso directamente- uno encuentra su lugar en la vida. Cuando le ponemos el hombro a las necesidades de nuestros hermanos, entonces experimentamos, con asombro y agradecimiento, que Otro nos lleva en hombros a nosotros. Que desde chicos nos ha llevado, que una y otra vez nos ha vuelto a cargar, con alegría, con amor, como un padre lleva a su hijito. […] Cuando así lo hacemos somos un pueblo custodiado por la paz de Cristo que lo supera todo, un pueblo que sabe con certeza y siente que bajo la Cruz de Cristo tiene el mejor lugar en el corazón de su Padre Dios»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la luz de estas palabras es posible comprender mejor estas otras palabras pronunciadas por Francisco durante la primera Misa Crismal (28 de marzo de 2013) en San Pedro: «Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos». Recientemente Francisco reflexionó sobre el mismo tema en la audiencia general del 22 de agosto de 2018:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Desde la cruz de Cristo en adelante, nadie puede despreciarse a sí mismo y pensar mal de la propia existencia. ¡Nadie y nunca! Cualquier cosa que haya hecho. Porque <em>el nombre de cada uno de nosotros está sobre los hombros de Cristo</em>. ¡Él nos lleva! Vale la pena tomar sobre nosotros el nombre de Dios porque Él se ha hecho cargo de nuestro nombre hasta el fondo, también del mal que está en nosotros; Él se ha hecho cargo para perdonarnos, para poner en nuestro corazón su amor. Por esto Dios proclama en este mandamiento: “Tómame sobre ti, porque yo te he tomado sobre mí”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. En los orígenes de un magisterio: la espiritualidad ignaciana</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ir a las raíces de la atención de Bergoglio-Francisco al tema de la “ternura” no es posible ignorar su formación jesuita y su espiritualidad ignaciana. Ignacio, de hecho, puede ser señalado en justicia como el “santo de la ternura”, de cuya espiritualidad el don de lágrimas<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a> es una expresión muy singular, un fenómeno que nos recuerda un corazón que se funde en el deseo de encontrar a Dios; y no solo eso, sino también el de encontrarnos con personas con las que podemos sumergirnos en el agua de la misericordia de Dios.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amor de Ignacio por Dios y por sus hermanos y hermanas era un amor que no se apropiaba, sino que, sostenido e impulsado por el deseo, se movía hacia el amado<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>. La famosa <em>Contemplación para alcanzar amor</em> es un testimonio de ello, que no solo sintetiza los <em>Ejercicios</em>, sino que los perfecciona: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer; Vos me lo distes, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta» (EE 234).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He aquí, pues, un amor que, reconociendo que lo ha recibido todo, no retiene para sí mismo, sino que lo devuelve todo y lo hace porque no quiere poseer al amado. El verdadero amor no se apropia, sino que, como el deseo y la nostalgia, sabe mantener la “distancia”: tiene lugar, de hecho, entre la visión y la peregrinación, consciente de una ausencia que no se aleja, sino que adviene (<em>ad-venit</em>) para convertirse en presencia.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su diálogo con los jesuitas de Myanmar y Blangadesh el 29 de noviembre de 2017, Francisco explicó esta <em>contemplación</em> como un <em>crecimiento en el amor</em>. En el dinamismo de este <em>crecimiento en el amor</em> leemos también la respuesta del Papa a la primera pregunta que se le hizo; una respuesta que puede ser considerada como una fuente importante para nuestra reflexión sobre la Iglesia de la ternura:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Creo que no se puede pensar en una misión -lo digo no solo como jesuita, sino como cristiano- sin el misterio de la Encarnación. Es el misterio de la Encarnación el que ilumina todo nuestro acercamiento a la realidad y al mundo, toda nuestra cercanía a las personas, a la cultura. La cercanía cristiana siempre se encarna. Es una cercanía como la de la Palabra: condescendiente. Les recuerdo el <em>synkatabasis</em>, la condescendencia... El jesuita es el que siempre debe acercarse, como el Verbo hecho carne se ha acercado. Mirar, escuchar sin prejuicios, pero con misticismo. Mirar sin miedo, mirar místicamente: esto es fundamental para la manera en que miramos la realidad»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-full wp-image-1745 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/Epifania_Rupnik.jpg" alt="" width="678" height="381" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>2. La ternura de Dios: en las fuentes de la Iglesia de la ternura </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los textos de Francisco sobre este tema son fácilmente rastreables. Un poco menos, quizás, son las que datan de la época de su episcopado en Buenos Aires. Prefiero, pues, mencionar algunos de estos últimos, también porque pueden instruirnos sobre la coherencia de un pensamiento que tiene sus raíces muy lejanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He aquí, pues, una homilía de la Navidad de 2004. En relación con el misterio de la Encarnación, ofrece muchas ideas precisamente sobre el tema de la ternura. Se trata de la ternura de Dios. La lectura, por lo tanto, es teológica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«En el relato del nacimiento de Jesús, que acabamos de escuchar, cuando los ángeles les anuncian a los pastores que ha nacido el Redentor les dicen: “...y esto les servirá de señal encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre...” Esta es la señal: el abajamiento total de Dios. La señal es que, esta noche, Dios se enamoró de nuestra pequeñez y se hizo ternura; ternura para toda fragilidad, para todo sufrimiento, para toda angustia, para toda búsqueda, para todo límite; la señal es la ternura de Dios y el mensaje que buscaban todos aquellos que le pedían señales a Jesús, el mensaje que buscaban todos aquellos desorientados, aquéllos que incluso eran enemigos a Jesús y lo buscaban desde el fondo del alma era este: buscaban la ternura de Dios, Dios hecho ternura, Dios acariciando nuestra miseria, Dios enamorado de nuestra pequeñez.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy se nos proclama esto: la ternura de Dios. El mundo sigue andando, los hombres seguimos buscando a Dios, pero la señal sigue siendo esta. Contemplando al niño nacido en un pesebre, contemplando a ese Dios hecho niño enamorado de nuestra pequeñez, esta noche cabe la pregunta: ¿qué tal la ternura de Dios con vos? ¿te dejas acariciar por esa ternura de un Dios que te quiere, por un Dios hecho ternura? o ¿sos arisco y no te dejas buscar por ese Dios? –No, yo busco a Dios, podés decir. No es lo más importante que busques a Dios, lo más importante es que te dejes buscar por Él en la caricia en la ternura. Esta es la primera pregunta que este Niño con su sola presencia hoy nos hace: ¿Nos dejamos querer por esa ternura? Y más allá todavía: ¿vos te animás también a hacerte ternura para toda situación difícil, para todo problema humano, para quien tenés cerca, o preferís la solución burocrática, ejecutiva, fría, eficientista, no evangelizadora? Si es así ¿le tenés miedo a la ternura que Dios ejerció con vos? y esta sería la segunda pregunta de hoy. ¿Me hago cargo en mis comportamientos de esa ternura que nos tiene que acompañar a lo largo de la vida, en los momentos de alegría, de tristeza, de cruz, de trabajo, de conflicto, de lucha? La respuesta del cristiano no puede ser otra que la misma respuesta de Dios a nuestra pequeñez: ternura, mansedumbre. […] Cuando vemos que un Dios se enamora de nuestra pequeñez, que se hace ternura para acariciarnos mejor, a un Dios que es toda mansedumbre, toda cercanía, toda projimidad, no nos queda otra cosa que abrir nuestro corazón y decirle: Señor si tú lo hiciste así ayúdanos, danos la gracia de la ternura en las penosas situaciones de la vida, dame la gracia de la projimidad ante toda necesidad humana, dame la gracia de la mansedumbre ante todo conflicto. Pidámoslo, esta es una noche para pedir...y me atrevo a darles una tarea para el hogar: esta noche o mañana, que no termine el día de Navidad sin que se tomen un ratito de silencio y se pregunten ¿Qué tal la ternura de Dios para conmigo? ¿qué tal mi ternura para con los demás? ¿qué tal mi ternura en las situaciones límites? ¿qué tal mi mansedumbre en los trabajos y conflictos? y que Jesús les responda, lo hará. Que la Virgen les conceda esta gracia»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta ternura de la Navidad, que es la más alta expresión histórica de la condescendencia de Dios; que es, en efecto, su manifestación escatológica, encontramos el fundamento de esa revolución de ternura de la que Francisco escribe en su exhortación apostólica <em>Evangelii gaudium</em>: «La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura» (n. 88).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se refleja también la espiritualidad ignaciana propia del Papa, que es cristocéntrica y que lo es precisamente porque está ligada al cristocentrismo de Ignacio de Loyola. A este respecto, algunos han dicho que la cristología de los <em>Ejercicios</em> es una “cristagogía”, una mistagogía a la experiencia de Cristo. Eso es cierto, por supuesto. La primera contemplación en la segunda semana de los Ejercicios Espirituales, en efecto, es sobre la Encarnación y formula la pregunta: «Será aquí demandar conocimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» (EE 104). Luego, el texto de la siguiente contemplación se refiere al nacimiento del Señor. Vale la pena leerlo, porque está lleno de ternura. Ignacio anima al ejercitante a ponerse de frente a María, José y Jesús recién nacido y a convertirse en un «pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible» (EE 114).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La cristología de Ignacio es una cristología de los misterios de la vida de Jesús y en cada uno de ellos «se repetirá la maravilla de la contemplación ignaciana de la Encarnación»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a>. De aquí deriva lo que Francisco escribe en su exhortación <em>Evangelii gaudium</em>: «No haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde» (n. 117). Por lo tanto, es dentro de la perspectiva cristológica que se debe leer también la <em>revolución de la ternura</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con esto también se ofrece la propuesta de una antropología cristiana; una antropología que, como se ha observado, «reacciona a toda dureza y rigidez: es decir, que resiste a todo lo que se levanta como un muro, como un puño, como un diktat, como una superficie irrompible y refractaria a las aberturas, a las modificaciones y a la contaminación de lo humano».<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De ahí también emana la propuesta de la exhortación a «comunicar mejor la verdad del Evangelio en un contexto determinado, sin renunciar a la verdad, al bien y a la luz que pueda aportar cuando la perfección no es posible. Un corazón misionero sabe de esos límites y se hace “débil con los débiles […] todo para todos” (1Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino» (n. 45).<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bergoglio ya había utilizado la expresión <em>revolución de la ternura</em> en su homilía del <em>Te Deum</em> del 25 de mayo de 1999. Este discurso es interesante por varias razones: de hecho, contiene en germen temas que luego se desarrollarán en <em>Evangelii gaudium</em>, incluyendo los «cuatro principios relacionados con las tensiones bipolares propias de toda realidad social» que, a partir de los grandes postulados de la Doctrina Social de la Iglesia, Francisco enuncia y explica en los nn. 222-237 de la exhortación apostólica<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>. He aquí, pues, el texto de 1999:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Nuestro pueblo tiene alma, y porque podemos hablar del alma de un pueblo, podemos hablar de una hermenéutica, de una manera de ver la realidad, de una conciencia. Hoy, en medio de los conflictos, este pueblo nos enseña que no hay que hacerle caso a aquellos que pretenden destilar la realidad en ideas, que no nos sirven los intelectuales sin talento, ni los eticistas sin bondad, sino que <em>hay que apelar a lo hondo de nuestra dignidad como pueblo, apelar a nuestra sabiduría, apelar a nuestras reservas culturales</em>. Es una verdadera revolución, no contra un sistema, sino interior; una revolución de memoria y ternura: memoria de las grandes gestas fundantes, heroicas... y memoria de los gestos sencillos que hemos mamado en familia. Ser fieles a nuestra misión es cuidar este ‘rescoldo’ del corazón, cuidarlo de las cenizas tramposas del olvido o de la presunción de creer que nuestra Patria y nuestra familia no tienen historia o la han comenzado con nosotros. Rescoldo de memoria que condensa, como la brasa al fuego, los valores que nos hacen grandes: el modo de celebrar y defender la vida, de aceptar la muerte, de cuidar la fragilidad de nuestros hermanos más pobres, de abrir las manos solidariamente ante el dolor y la pobreza, de hacer fiesta y de rezar; la ilusión de trabajar juntos y -de nuestras comunes pobrezas- amasar solidaridad. […] Que arda nuestro corazón en deseos de vivir y crecer en este hogar propio sea la petición que acompañe esta acción de gracias al Padre y el compromiso de cumplir con su Palabra; convenciéndonos una vez más que <em>el todo es superior a la parte, el tiempo superior al espacio, la realidad es superior a la idea y la unidad es superior al conflicto</em>»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-large wp-image-1744 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/JESUS-TIERNO-2-800x556.jpg" alt="" width="640" height="445" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>3. Traducción eclesiológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La traducción eclesiológica de esta cristología se encuentra ciertamente en la imagen del “hospital de campaña” de la que Francisco habló por primera vez en la entrevista concedida al padre Antonio Spadaro S. J. en agosto de 2013. En esa ocasión el Papa dijo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad. Veo a la Iglesia como un hospital de campaña tras una batalla. ¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas. Ya hablaremos luego del resto. Curar heridas, curar heridas... Y hay que comenzar por lo más elemental»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Las consecuencias que esta imagen de la Iglesia tiene para nuestro trabajo pastoral son evidentes! En su contexto, por ejemplo, la expresión latina clásica <em>cura animarum</em> adquiere un significado totalmente diferente al del pasado. En el lenguaje clásico del derecho canónico, de hecho, la <em>cura animarum</em> incluye básicamente las tareas del obispo y del párroco de predicar y administrar los sacramentos a los fieles confiados a su gobierno pastoral. Por lo tanto, esta expresión refiere en primer lugar <em>qué cosa</em> debe hacerse en la acción pastoral (catequesis, administración de los sacramentos, misa dominical, organización de la ayuda fraterna, etc.). Hoy, sin embargo, la <em>cura</em> debe decirnos, más bien, <em>cómo</em> debemos hacer todo esto: preservar la relación<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a>, acoger, escuchar, acompañar, saber esperar, con una mirada amorosa hacia la fragilidad...</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, la <em>cura</em> es esencialmente una <em>práctica</em> que ocurre en un contexto de relaciones personales que no pueden ser ignoradas; una praxis motivada por un interés por el otro, que se realiza en la cercanía concreta y en la proximidad amorosa, y que está orientada al <em>bien-estar</em> total del destinatario (paz interior, alegría, plenitud de vida, alivio, aliento...) y que, precisamente por esta razón, se preocupa por algo que <em>para el otro</em> es realmente esencial.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la <em>Evangelii gaudium</em>, Francisco escribió que «La Iglesia tendrá que iniciar a sus hermanos -sacerdotes, religiosos y laicos- en este “arte del acompañamiento”, para que todos aprendan siempre a quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro (cf. Ex 3,5). Tenemos que darle a nuestro caminar el ritmo sanador de projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión pero que al mismo tiempo sane, libere y aliente a madurar en la vida cristiana.» (n. 169). Esto es todo lo que significa la imagen de la Iglesia como <em>hospital de campaña</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta frase, que se repite en boca del Papa, no es en absoluto una figura retórica, sino una imagen auténtica de la Iglesia, en modo alguno ajena a la tradición eclesiológica, oriental y occidental, para la que -como advierte el Concilio Vaticano II- es precisamente a través de diversas imágenes que se nos da a conocer la naturaleza íntima de la Iglesia (cf. <em>Lumen gentium</em>, 6). Eso también es cierto en el caso de la imagen del <em>hospital</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En cuanto a la eclesiología oriental, en ella se aplica a la Iglesia el término <em>iatreîon</em>: está presente dos veces en las homilías de San Juan Crisóstomo. Recientemente lo utilizó Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>[19]</sup></a>. Refiriéndose precisamente al “misterio de la santa confesión”, dijo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El criterio para volver a la Iglesia es la admisión sincera “he pecado” y la confesión ante el “presbítero de la penitencia”, que no tiene la tarea de juzgar, sino la de manifestar la filantropía de Dios “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). La Iglesia es un “hospital” (<em>iatreîon</em>), no un tribunal. La visión legalista y moralista tergiversa el misterio de la confesión y del perdón de los pecados y es ajena a la tradición ortodoxa»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>[20]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Crisóstomo esto se refleja sobre todo la homilía en la que anuncia a los fieles el inicio de la Santa Cuaresma. Al mismo tiempo que se regocija con los muchos presentes deseosos de encontrar una cura para sus enfermedades, el obispo declara que «la Iglesia es una especie de <em>hospital de medicina espiritual</em> (<em>iatreîon pneumatik</em><em>όn</em>)»; es «el lugar del remedio y no el del juicio, el lugar del perdón de los pecados y no el de su castigo». Precisamente por eso es necesario que «los que vienen [a la Iglesia] no regresen a sus casas sin tomar las medicinas necesarias y sin haberlas esparcidos sobre sus heridas».<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>[21]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El otro pasaje, también de Juan Crisóstomo, se encuentra en la Homilía XXXII sobre el capítulo 12 del Génesis. El término utilizado sigue siendo <em>iatreîon </em>y se retoman los mismos anuncios, pero de forma más amplia. Vale la pena traer de vuelta el texto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La Iglesia de Dios es un mercado espiritual y un depósito de medicinas para el alma (<em>iatreîon psycôn</em>): por lo tanto, debemos, imitando a los que asisten a los mercados, no salir de aquí hasta después de haber hecho numerosas compras; o, como los que han ido al hospital (<em>iatreîon</em>), no salir sin las medicinas adecuadas para curar las diversas enfermedades. De hecho, no nos reunimos todos los días para simplemente tener la alegría de estar juntos, sino para recibir una instrucción para la salvación y para obtener la medicina específica apropiada para nuestra condición, antes de regresar a nuestros hogares»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>[22]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, bajo esta perspectiva terapéutica, la eclesiología de Crisóstomo contiene un elemento de reciprocidad que me parece importante subrayar también, y se da en el hecho de que precisamente cuidando espiritualmente de los enfermos la Iglesia misma sale ella siempre curada y sanada y esto se aplica sobre todo al obispo y a los ministros de la Iglesia. No en vano la idea se encuentra en el comentario 1Tim 3,2, donde entre las características del obispo está la de ser “hospitalario”. El texto griego dice <em>philoxenia</em>, que se refiere a la acogida de los que están de paso, que es una manifestación concreta de <em>ágape</em>. Juan Crisóstomo comienza subrayando que esta no debe ser una intención piadosa, sino una acogida concreta: ¡Cristo pide una verdadera <em>filoxenia</em> y no un simple amor! En segundo lugar, advierte que en la hospitalidad se trata de acoger a Cristo. Quien da al pobre, da a Cristo y esto es precisamente lo que significa “hospitalidad”: tender la mano a Cristo. Y es en este punto que Crisóstomo se abre a la interpretación terapéutica, porque explica: cuando los acoges, son precisamente los pobres los que te curan de tus heridas, y mientras los sanas con tu mano, son ellos los que, con su mano, te quitan tus males.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>[23]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, no cabe duda de que la imagen más cercana de la traducción eclesiológica de la <em>synkatabasis</em>/condescendencia es aquella tomada de la parábola evangélica del Buen Samaritano. Es bien sabido que el texto griego de Lucas utiliza el término <em>pandocheion</em> (compuesto por el verbo <em>dechomai</em> = acoger) que indica un lugar de acogida distinto del propio hogar. Silvano Fausti lo traduce literalmente como <em>a todos-acoge</em><a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><em><sup><strong>[24]</strong></sup></em></a>. El Crisóstomo también reconoce en este <em>pandocheion</em> a la comunidad cristiana: «que el <em>pandocheion</em> de Cristo sea nuestro hogar». <a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>[25]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La versión latina de la Vulgata, a su vez, utiliza el término <em>stabulum</em>, que indica una “estación” (lugar donde se detiene) y, por lo tanto, también un lugar de refugio y acogida donde se puede parar (posada). En la patrística latina, que en este caso depende de san Agustín, este refugio donde se puede cuidar a alguien y donde el Samaritano lleva al hombre desafortunado y herido es, sin duda, la Iglesia peregrina en el mundo<a href="#_ftn26" name="_ftnref26"><sup>[26]</sup></a>. Bastará con citar íntegramente un pasaje en el que Agustín vuelve a tratar, contra los pelagianos, la cuestión de la necesidad de la gracia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El hombre, en el momento de la creación, estaba dotado de los grandes poderes del libre albedrío, pero los perdió al pecar. Terminó en las manos de la muerte, se enfermó, fue dejado a medio vivir en el camino por los bandidos; pasando, el Samaritano -nombre al que se le da el significado de “Guardián”-, lo cargó sobre su cabalgadura y lo condujo a una posada. ¿Para qué va a hacerse grande? Todavía está bajo cuidados. Me basta -dice- haber recibido en el Bautismo la remisión de todos los pecados. ¿Se cura la enfermedad por el hecho de que el pecado ha sido destruido? He recibido -dice- la remisión de todos los pecados. Eso es verdaderamente cierto. En el sacramento del Bautismo todos los pecados son destruidos, absolutamente todos los pecados, de palabras, hechos y pensamientos. Todos son destruidos. Esto, sin embargo, corresponde a lo que se infundió a lo largo del camino: aceite y vino. Recordad, queridos amigos, cómo aquel hombre semivivo, herido por ladrones a lo largo del camino, fue reanimado al recibir aceite y vino en sus heridas. Ciertamente ya se le ha dado indulto por su error [del bautizado], pero su estado de debilidad recibe tratamiento en la posada. La posada, si la reconocen, representa a la Iglesia. Una posada en el presente, porque durante nuestras vidas estamos de paso; se convertirá en nuestro hogar, de donde nunca saldremos cuando, sanados, hayamos alcanzado el reino de los cielos. Mientras tanto, dejémonos curar con gusto en la posada; todavía débiles, no nos jactemos de la curación; no hagamos tal que, movidos por la soberbia, mantengamos nuestra salud debilitada, porque no nos dejamos curar»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27"><sup>[27]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente no es el momento de comentar la parábola lucana. Vale la pena, sin embargo, citar a J. Ratzinger-Benedicto XVI, quien en su comentario a la parábola del Buen Samaritano escribe:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Si la víctima de la emboscada es por excelencia la imagen de la humanidad, entonces el samaritano solo puede ser la imagen de Jesucristo, Dios mismo, que para nosotros es el extranjero y el lejano, que se ha propuesto venir a cuidar de su criatura herida. Dios, el lejano, en Jesucristo se ha hecho prójimo. Vierte aceite y vino sobre nuestras heridas -un gesto en el que se ha visto una imagen del don salvífico de los sacramentos- y nos lleva a la posada, la Iglesia, donde nos hace cuidar y también paga el anticipo del costo de la asistencia»<a href="#_ftn28" name="_ftnref28"><sup>[28]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También es interesante añadir la explicación homilética de J. M. Bergoglio, en la Misa del 7 de agosto de 2000, en la fiesta de san Cayetano. El texto reconoce fácilmente temas queridos por el Papa, incluyendo el de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Pero miremos bien: la ternura del buen Samaritano no fue ningún sentimentalismo pasajero. Todo lo contrario; el sentir compasión hizo que el Samaritano tuviera el coraje y la fortaleza para socorrer al herido. Los flojos fueron los otros, lo que -por endurecer su corazón- pasaron de largo y no hicieron nada por su prójimo. Esa ternura y compasión hizo que el Samaritano sintiera que era injusto dejar a un hermano así tirado. La ternura le hizo sentirse solidario con la suerte de ese pobre viajero que podría haber sido él mismo, le hizo brotar la esperanza de que todavía hubiera vida en ese cuerpo exangüe y le dio valor para ponerse a ayudarlo. Sentimiento de justicia, de solidaridad y de esperanza. Esos son los sentimientos del buen Samaritano. Esos son los sentimientos de Jesús para con todos nosotros quienes, muchas veces, estamos como aquel hombre, asaltados por ladrones, despojados, golpeados y malheridos... y sin embargo vivos y llenos de esperanza, con deseos de curarnos y de que se cure toda nuestra sociedad tan enferma, con ganas de mejorar junto con nuestros compatriotas, con ganas de dejarnos ayudar. […] Acercarse. No dar rodeos ni pasar de largo. Acercarse hoy, ahora: ésa es la clave; eso es lo que nos enseña Jesús. Tenemos que acercarnos a todos nuestros hermanos, especialmente al que necesita. Cuando uno se acerca “se le enternece el corazón”. Y en un corazón que no tiene miedo a sentir ternura, (esa ternura que es el sentimiento que tiene el papá y la mamá con sus hijitos) el que está necesitado se convierte como en nuestro hijo, en alguien pequeño que necesita cuidado y ayuda. Entonces, <em>el deseo de justicia, la solidaridad, la esperanza</em> se traducen en gestos concretos. Gestos como el de ese buen Samaritano que unge con vino y aceite y venda las heridas, que se hace cargo del herido llevándolo a la posada en su burrito, que gasta su dinero para que lo cuiden y promete volver a visitarlo. En cambio, cuando no nos acercamos, cuando miramos de lejos, las cosas no nos duelen ni nos enternecen. Hay un refrán que dice “ojos que no ven, corazón que no siente”. Pero también pasa al revés, sobre todo hoy día en que lo vemos todo, pero por televisión: “Corazón que no se acerca, que no toca el dolor, corazón que no siente... y -por tanto- ojos que miran, pero no ven”»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29"><sup>[29]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida de la Iglesia nos ofrece actualizaciones concretas de esta eclesiología terapéutica<a href="#_ftn30" name="_ftnref30"><sup>[30]</sup></a>. Por otra parte, es bien sabido que a partir de la praxis de la acogida y de los cuidados que la Iglesia lleva a cabo desde el Concilio de Nicea en favor de los pobres, de los enfermos y de los peregrinos, el lenguaje se enriquece con nuevos vocablos como <em>xenodochia</em>, <em>hospitalia</em>, <em>nosocomeia</em>, etc., para indicar estructuras equipadas para acoger a los extranjeros (<em>xenios</em>), a los enfermos (<em>nosos</em>: enfermedad, <em>komein</em>: cuidar).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ejemplar fue el complejo para la acogida de los pobres y de los viajeros construido por san Basilio cerca de las murallas de Cesarea de Capadocia -<em>Basiliades</em>- y organizado según las diversas enfermedades<a href="#_ftn31" name="_ftnref31"><sup>[31]</sup></a>. En la mente de san Basilio la concreción de esta obra hospitalaria y asistencial permitía al obispo hacer operativa y eficaz su caridad para que, entretejiendo su alabanza con su poderosa retórica, dijera San Gregorio de Nacianceno:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Qué me parecen en comparación con esta obra Tebas desde las siete puertas y Tebas de Egipto, los muros de Babilonia y el sepulcro de Mausolo en Caria, las Pirámides y el ilimitado bronce del Coloso... Mucho más digno de admiración y, en mi opinión, el camino que pronto conduce a la salvación, la subida que corre más rápidamente al cielo. Ya no está ante nuestros ojos el espectáculo atroz y miserable de aquellos hombres que se convirtieron en cadáveres antes de su fin, con la mayoría de sus cuerpos muertos; que fueron rechazados por las ciudades, las casas, las plazas, el agua, sus amigos más íntimos, que podían ser reconocidos por sus nombres más que por su fisonomía… Pero Basilio, más que nadie, ha convencido a los hombres de que no menosprecien a sus semejantes y de que no deshonren a Cristo, la única cabeza común de todos... y de que den a Dios su propia piedad, necesitados de nosotros mismos de misericordia»<a href="#_ftn32" name="_ftnref32"><sup>[32]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No hay duda de que, en la misma perspectiva de esta eclesiología del <em>hospital de campaña</em>, hay que situar también las afirmaciones de Francisco sobre <em>Ecclesia pauperum</em><a href="#_ftn33" name="_ftnref33"><em><sup><strong>[33]</strong></sup></em></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-large wp-image-1747 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/LAVADO-PIES-RUPNIK-800x450.jpg" alt="" width="640" height="360" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. El modelo teológico: la “paciencia de Dios”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su homilía del 7 de abril de 2013, durante la Misa en San Juan de Letrán por la instalación del Obispo de Roma en la <em>cathedra romana</em>, recordando la parábola del padre y sus dos hijos, Francisco dijo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Pensad en aquel hijo menor que estaba en la casa del Padre, era amado; y aun así quiere su parte de la herencia; y se va, lo gasta todo, llega al nivel más bajo, muy lejos del Padre; y cuando ha tocado fondo, siente la nostalgia del calor de la casa paterna y vuelve. ¿Y el Padre? ¿Había olvidado al Hijo? No, nunca. Está allí, lo ve desde lejos, lo estaba esperando cada día, cada momento: ha estado siempre en su corazón como hijo, incluso cuando lo había abandonado, incluso cuando había dilapidado todo el patrimonio, es decir su libertad; el Padre con paciencia y amor, con esperanza y misericordia no había dejado ni un momento de pensar en él, y en cuanto lo ve, todavía lejano, corre a su encuentro y lo abraza con ternura, la ternura de Dios, sin una palabra de reproche: Ha vuelto. Y esta es la alegría del padre. En ese abrazo al hijo está toda esta alegría: ¡Ha vuelto! Dios siempre nos espera, no se cansa. Jesús nos muestra esta paciencia misericordiosa de Dios para que recobremos la confianza, la esperanza, siempre».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al final de estas consideraciones, Francisco hizo una cita, que también abre una ventana importante para nuestro tema: «Un gran teólogo alemán, Romano Guardini, decía que Dios responde a nuestra debilidad con su paciencia y este es el motivo de nuestra confianza, de nuestra esperanza (cf. <em>Glaubenserkenntnis</em>, Würzburg 1949, 28). Es como un diálogo entre nuestra debilidad y la paciencia de Dios, es un diálogo que, si lo hacemos, nos da esperanza».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El texto citado está dentro de un capítulo sobre el tema de la <em>paciencia de Dios</em> (<em>Gottes Geduld</em>) situado dentro de una pequeña <em>summa theologiae</em> (<em>Glaubenserkenntnis</em>, conocimiento de la fe) que el autor subtitula como “intentos para distinguir y profundizar”<a href="#_ftn34" name="_ftnref34"><sup>[34]</sup></a>. El tiempo de la publicación se refiere a un período en el que Guardini tuvo que interrumpir su enseñanza; sin embargo, por esta misma razón, tuvo la oportunidad de completar varias obras que aun estaban pendientes, incluyendo el volumen citado por Francisco, donde se encuentra el ensayo sobre la <em>paciencia de Dios</em><a href="#_ftn35" name="_ftnref35"><em><sup><strong>[35]</strong></sup></em></a>. En cuanto a Francisco, su referencia a Guardini se justifica por el hecho de que Dios manifiesta su ternura y su amor al hombre precisamente por su “paciencia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Romano Guardini comienza recordando el tema de la contingencia de la creación y preguntando: ¿por qué Dios quiso esta realidad tan limitada e incluso la convirtió en la esfera de la Encarnación de su Hijo? Entonces, ¿cuál es la relación de Dios con el mundo? Para responder a estas preguntas, Guardini desarrolla toda una serie de reflexiones, citando, entre otras cosas, la simbología hindú de Shiva, el dios creador y destructor. Escribe al respecto: «este dios construye un mundo y se alegra de haberlo hecho; sin embargo, después se aburre y quiere disfrutar del placer de la destrucción. Así comienza una danza sobre las piezas restantes del primer mundo y así se forma otro nuevo... Pero Dios no es así; <em>Nein, Gott ist nicht wie dieser</em>».<a href="#_ftn36" name="_ftnref36"><sup>[36]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios abre el espacio y el tiempo al hombre y al mundo con bondad. De modo similar ocurre con el misterio de la Encarnación. Guardini refiere los setenta y siete versículos de Jesús a Pedro (cf. Mt 18,21-22) y comenta: «La paciencia de Dios es la respuesta a nuestra debilidad y la justificación de toda confianza»<a href="#_ftn37" name="_ftnref37"><sup>[37]</sup></a>. Esta es la afirmación a la que aludió el Papa en su homilía del 7 de abril de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Francisco, en efecto, tener paciencia (<em>hypomoné</em>) significa «acompañar los procesos sin maltratar los límites»: estas son las palabras finales de su discurso en el primer Congreso Regional de Pastoral Urbana, celebrado en Buenos Aires el 25 de agosto de 2011<a href="#_ftn38" name="_ftnref38"><sup>[38]</sup></a>. Bergoglio hablaba aquí de la “paciencia” como una mirada de amor al otro y al mundo; una mirada que no discrimina, ni relativiza porque es una mirada misericordiosa, una mirada de amistad, una mirada comunitaria que acompaña e integra, una mirada creativa porque impulsa todo lo que es bueno y transforma el mal en bien y los problemas en oportunidades. ¿No hay muchos anuncios en esto de lo que ahora se lee en <em>Amoris laetitia</em>?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Bergoglio extrae una mirada similar de la espiritualidad ignaciana que nos lleva a las ideas iniciales de mi intervención: «la contemplación de la Encarnación, que San Ignacio presenta en los Ejercicios Espirituales, es un buen ejemplo de la mirada que aquí se propone; una mirada que, desde lo universal, se concreta de inmediato y asume la dinámica del lavatorio de los pies, es decir, “a la acción más humilde, situada y concreta”».<a href="#_ftn39" name="_ftnref39"><sup>[39]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un capítulo dedicado a la <em>paciencia de Dios</em>, Erich Przywara (teólogo jesuita en quien, además de Guardini, Bergoglio-Francisco se inspira en el vínculo entre paciencia y ternura en Dios) aborda el tema desde la filosofía clásica griega, la revelación bíblica y la tradición cristiana. Aquí ocupa un lugar especial Cipriano, que en <em>De bono patientiae</em> indica la paciencia como la virtud que vincula la longanimidad divina con el soportar humano: cuando el hombre es afable, paciente y dócil se convierte en un imitador de Dios.<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><sup>[40]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A través de Benito y Tomás, Przywara finalmente llegó a Ignacio de Loyola y a Teresa del Niño Jesús. Del primero, escribe que «es en la medida cada vez mayor del servicio donde se esconde el misterio de la paciencia». En cuanto a la segunda, recuerda que para ella la paciencia es aquello pequeño, minúsculo, ordinario y habitual, como el sueño de un niño en brazos de su madre, y aquí está el divino misterio de la paciencia, que se pierde y se difunde en el aire como “el buen olor de Cristo para Dios”».<a href="#_ftn41" name="_ftnref41"><sup>[41]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estos misterios se revela <em>la ternura de Dios</em>, fundamento no solo de una Iglesia de la ternura, sino de la teología misma<a href="#_ftn42" name="_ftnref42"><sup>[42]</sup></a>, «llamada a comunicar la concreción del amor de Dios».<a href="#_ftn43" name="_ftnref43"><sup>[43]</sup></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Monseñor Marcello Semeraro, Obispo de Albano, Italia. Es doctor en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense y profesor de Eclesiología. Colabora como asesor y miembro en diversos dicasterios de la Santa Sede.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco conoce los textos de la <em>Filocalia</em> y en los documentos anteriores al episcopado cita, entre otros, a Arsenio el Grande y Doroteo de Gaza, de los que comenta las <em>Instrucciones</em>: cf. Francesco-Jorge Mario Bergolgio, <em>La forza del Presepe. Parole sul Natale</em>, IME, Bolonia 2014, reproducidas parcialmente en “Avvenire” del 23 de noviembre de 2014, p. 21; Papa Francesco - J. M. Bergoglio, <em>Reflexiones espirituales sobre la Vida Apostólica</em>, Mensajero, Bilbao 2013, 118-138 (cap. 18: “La acusación de sí mismo”; cf. Doroteo De Gaza, Comunione con Dio e con gli uomini, Qiqajon-Comunità di Bose, Magnano [Bi] 2014, pp. 147-155).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Poemen 92: L. Mortari (ed.), Vita e detti dei Padri del Deserto, Città Nuova, Roma 1997, p. 395.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Homilías del Card. Jorge Mario Bergoglio, en http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Sobre este don espiritual, cf. en general P. Aadnés, v. <em>Larmes</em>, en “Dictionnaire de Spiritualité”, IX, 287-303; para Ignacio de Loyola, cf. J. De Guibert S.J., <em>La spiritualità della Compagnia di Gesù. Saggio storico.</em>, Città Nuova, Roma 1992, pp. 36-40; S. Thio S. J., v. <em>Lágrimas</em> en “Diccionario de Espiritualidad Ignaciana”, pp. 1100-1105.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> <em>Amor est liquefactivus</em>, repetía a menudo Tomás de Aquino y explicaba: «liquefactio importat quandam mollificationem cordis, qua exhibet se cor habile ut amatum in ipsum subintret»: Summa Theologiae I-II, q. 28 a. 5 ad 1. Una meditación sobre el don de lágrimas se encuentra en J. Tolentino Mendonça, <em>Elogio della sete</em>, Vita e pensiero, Milán 2018, pp. 79-90.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Un ejemplo único de esta espiritualidad rica en ternura es la figura de Pedro Fabro, declarado santo con una “canonización equivalente” por Francisco el 17 de diciembre de 2013. M. de Certeau escribe de él que «su afecto estaba hecho de respeto religioso y de aquel amor de padre y madre que tenía por tantas actividades. Cada vez que partía más lejos, llevando consigo el cuidado de los que había dejado, hubiera querido decir a esos “hijos”, como san Pablo: «nos comportamos afablemente con ustedes como una madre que cuida a sus hijos con amor. Tanto amor les teníamos que ansiábamos entregarles, no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas. ¡A tal punto llegaba nuestro amor por ustedes! (1Tes 2,7-8)», M. De Certeau, <em>Pierre Favre</em>. Saggio introduttivo di Luce Giard, Jaca Book, Milán 2014, p. 6; ver también A. Spadaro (ed.), <em>Pietro Favre. Servitore della Consolazione</em>, Ancora - La Civiltà Cattolica, Milán 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> La referencia no se aplica solo a la vida mística, sino al amor como tal. En su análisis del <em>amor líquido</em> y de la multiplicación de las conexiones humanas en la época de la proximidad virtual, Bauman señaló: «La distancia no es un obstáculo para mantenerse en contacto, pero mantenerse en contacto no es un obstáculo para estar distantes», Z. Bauman, <em>Amore liquido. </em><em>Sulla fragilità dei legami affettivi</em>, Laterza, Roma-Bari 2004, p. 87.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Papa Francisco, “Essere nei crocevia della storia”, en <em>La Civiltà Cattolica</em> 2017/IV (quad. 4020), pp. 520-521.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Homilías del Card. Jorge Mario Bergoglio, en http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html En este final se reconoce el estilo que Francisco conserva también como obispo de Roma, por ejemplo, en las reflexiones dominicales introductorias a la oración del <em>Ángelus/Regina coeli.</em> El tema de la ternura de Dios vuelve infaliblemente en las homilías de Navidad y no falta en los textos marianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> F. Rossi de Gasperis, <em>Sentieri di vita. La dinamica degli Esercizi ignaziani nell’itinerario delle Scritture</em>, 2.2, Paoline, Milano 2007, p. 35. Así en EE 130 se lee: «traer en memoria frecuentemente la vida y misterios de Cristo nuestro Señor, comenzando de su encarnación hasta el lugar o misterio que voy contemplando».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> I. Guanzini, <em>Tenerezza. La rivoluzione del potere gentile</em>, Ponte alla Grazie-Salani, Milano 2017, p. 17.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Según lo informado, el contenido de la palabra <em>rigidez</em>, para Bergoglio es lo contrario de ternura. Podría ser útil -para su referencia al tema de la comunicación- subrayar también el n. 87: «Hoy, que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, sentimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad, en una caravana solidaria, en una santa peregrinación. De este modo, las mayores posibilidades de comunicación se traducirán en más posibilidades de encuentro y de solidaridad entre todos. Si pudiéramos seguir ese camino, ¡sería algo tan bueno, tan sanador, tan liberador, tan esperanzador! Salir de sí mismo para unirse a otros hace bien. Encerrarse en sí mismo es probar el amargo veneno de la inmanencia, y la humanidad saldrá perdiendo con cada opción egoísta que hagamos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Tres de estos principios, J. M. Bergoglio ya los había enunciado en 1974, al inaugurar la XIV Congregación Provincial de los Jesuitas de Argentina. En ese caso, estos eran principios válidos para orientar también la vida de la provincia jesuita. Bergoglio los confió a los superiores locales y a los directores de las obras de la Compañía: la unidad es superior al conflicto; el conjunto es superior a la parte (donde es interesante el recurso al <em>modelo del poliedro</em>, que Bergoglio-Francisco realiza con frecuencia y que también se encuentra en <em>Evangelii Gaudium</em> n.236): J. M. Bergoglio, <em>Meditaciones para religiosos</em>, Ed. Diego de Torres, San Miguel Buenos Aires 1982, 212-216, pp. 49-50 (ed. Mensajero, Bilbao 2014, pp. 48-49). Algunos de estos principios, aunque con una enunciación ligeramente diferente, volverán en un estudio posterior de Bergoglio, que se remonta a 1990 y ahora publicado J. M. Bergoglio – Papa Francisco, <em>Reflexiones en esperanza</em>, LEV -Romana, Madrid 2013, pp. 199-237, pero que apareció por primera vez en CIS, vol. XX, Roma, 63-64, pp. 121-142. Aquí el tema es el de la esperanza entendida como principio y fundamento de la <em>unio animorum</em>. La referencia es claramente ignaciana. Bergoglio, en efecto, se refiere a las <em>Constituciones</em> de la Compañía de Jesús y, recordando las tareas del superior religioso, recuerda su vocación de <em>armonizar la diversidad que plasmando la</em> <em>unidad</em>. Es una tarea difícil, ya que también el Superior tiene la tentación de la acedia, de la pereza, de la incertidumbre, de salvaguardar a toda costa la “paz”: también aquí se anticipan las tentaciones de los agentes pastorales, como se describe en <em>Evangelii Gaudium,</em> nn. 76-109.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Homilías del Card. Jorge Mario Bergoglio, en http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html Estos temas serán retomados, de nuevo en Buenos Aires, en el Discurso del 1 de septiembre de 1999 y reaparecerán en la Conferencia del XIII Día Arquidiocesano de la Pastoral Social 16 de octubre de 2010.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> A. Spadaro, «Intervista a Papa Francesco», <em>La Civiltà Cattolica</em> 164/3 (2013). Publicada en <em>L’Osservatore Romano</em>, edición semanal en lengua española, Año XLV, n. 39 (2.333), viernes 27 de septiembre de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> En <em>Evangelii gaudium</em> n.67 Francisco escribe: «La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales». Para aspectos de teología pastoral, me permito citar M. Semeraro, <em>Il ministero generativo. </em><em>Per una pastorale di relazioni</em>, EDB, Bologna 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Ver para este tema L. Mortari, <em>La pratica dell’aver cura</em>, Bruno Mondadori, Milano 2006; cf. también Semeraro, <em>Il ministero generativo</em>, pp. 95-142.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Bartolomé lo utilizó en su “Mensaje” a la XXVI Conferencia Ecuménica Internacional sobre Espiritualidad Ortodoxa y Discernimiento Cristiano, celebrada en el Monasterio de Bose del 5 al 8 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Para esta lectura de la tradición eclesial típica de la Ortodoxia, cf. H. Vlachos, <em>La Bella eterna. </em><em>Il mistero della Chiesa</em>, Asterios ed., Trieste 2018, 185-189. Para la versión católica, cf. B. Petrà, <em>La penitenza nelle Chiese ortodosse. Aspetti storici e sacramentali</em>, EDB, Bologna 2005, pp. 67-83; Id., <em>La chiesa dei Padri. Breve introduzione all’Ortodossia</em>, EDB, Bologna 2015, pp. 69-77; Id., <em>Fare il confessore oggi</em>, EDB. Bologna 2012. Para una perspectiva más amplia, L. Sandrin, <em>Chiesa, comunità sanante. Una prospettiva teologico-pastorale</em>, Paoline, Milano 2000.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> <em>In</em> <em>Gen. Hom.</em> 1,1: PG 53, 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> <em>In</em> <em>Gen. Hom.</em> 32,1: PG 53, 293.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> <em>In</em> <em>Epist. I ad Timoth</em>., cap.V hom. 14: PG 62, 573-574. La afirmación de Crisóstomo parece hacer eco de un antiguo apotegma de los Padres del Desierto: «Un hermano visitó a un anciano que tenía el don del discernimiento y le imploró con estas palabras: “Ruega por mí, padre, porque soy débil”. El anciano respondió: “Uno de los padres dijo una vez que el que toma aceite en su mano para ungir a un enfermo, se beneficia primero de la unción hecha con sus manos”. Por eso, quien ora por un hermano que sufre, antes de que este se beneficie de ello, él mismo tiene su parte de la ganancia, por su intención de amar»: N 635 en <em>Detti editi e inedti</em>, Qiqajon-Bose, Magnano (Bi) 2002, p. 165.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> S. Fausti, <em>Una comunità legge il Vangelo di Luca</em>, EDB, Bologna 1998, 393, explica: «El albergue que “acoge a todos” es figura de Jesús que, en su camino a Jerusalén, recoge y alberga a todos los excluidos de la Ley y de la vida».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> <em>In Acta Apostolorum Homil.</em> XLV, 4: PG 60, 320.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Cf. <em>In Ev. tract.</em> 41, 13: PL 35, 1700; <em>Quaest. in Ev.</em> II, 19: PL 35, 1310; <em>Enarr. in Ps.</em> 125, 15: PL 37, 1667.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> <em>Serm. </em>131, 6: PL 38, 732.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> J. Ratzinger-Benedetto XVI, <em>Gesù di Nazaret</em>, Rizzoli, Milano 2007, p. 328.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Homilías del Card. Jorge Mario Bergoglio, en http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Referencia inmediata para esta terminología es la eclesiología de Crisóstomo, cf. O. Pasquato, <em>Catechesi ecclesiologica nella cura pastorale di Giovanni Crisostomo</em>, in S. Felici (ed.) «Ecclesiologia e catechesi patristica. “Sentirsi Chiesa”», Las, Roma 1982, 127-128, que concluye su revisión de la siguiente manera: «dispensario de medicamentos para los enfermos, mercado de remedios, baño espiritual, la Iglesia de Dios está abierta y acogedora para todos los pecadores deseosos de recibir la misericordia de Cristo, y de su palabra, la salvación del alma».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> En <em>Epist</em>. 94, el mismo Basilio defendió su obra contra las insinuaciones calumniosas y destacó sus méritos: PL 32, 485-489. De la <em>Basiliades</em> habla Sozomeno, Hist. Eccles. IV, 34: p. 67, 1397. Para la bibliografía esencial ver A. Penati Bernardini, <em>La fede ecclesiale dei Padri cappadoci</em>, en “Dizionario di Spiritualità Biblico-Patristica”, quad. 8, Borla, Roma 1994, 268-269. En la Audiencia General del 4 de julio de 2007, Benedicto XVI recordó la <em>Basiliades</em> con estas palabras: «Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados, una especie de ciudad de la misericordia, que por él tomó el nombre de “Basiliades”. En ella hunden sus raíces los modernos hospitales para la atención y curación de los enfermos».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> <em>Orazione</em> 43, 28: texto, traducción y notas de comentario en Gregorio Di Nazianzo, <em>Tutte le Orazioni </em>editado por C. Moreschi, Bompiani, Milán 2000, 1099. En las primeras expresiones se hace referencia a los leprosos, que encontraron en la Basiliades la hospitalidad y la asistencia necesarias. En la parte final se subraya, sobre todo, que honrar a los enfermos y a los pobres es honrar al mismo Cristo; que la posibilidad que se ofrece a los ricos y a los terratenientes de contribuir con sus aportaciones a la caridad episcopal es como hacer un préstamo a Dios; y, finalmente, que la caridad cubre un gran número de pecados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Me permito referir para este importante capítulo de la <em>Iglesia de la ternura en el Papa Francisco</em> a lo que ya he escrito en, M. Semeraro, <em>«Vorrei una Chiesa povera e per i poveri»</em>, in «Lateranum» LXXXI (2015)/1, 19-35.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> R. Guardini<em>, Glaubenserkenntnis. Versuche zur Unterscheidung und Vertiefung</em>. Werkbund Verlag, Wüzburg 1949. El capítulo <em>Gottes Geduld</em> ya había aparecido en un cuaderno independiente con la misma editorial en 1940. En este volumen la sucesión de capítulos es la siguiente: la adoración; <em>la paciencia de Dios</em> (cfr. pp. 17-32); el señorío de Dios y la libertad del hombre; Cristo como Señor; la providencia; la revelación como historia; la fe como victoria; la historia de la fe y las dudas de la fe; el dogma; los santos; el adversario; el Purgatorio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> El tema de la paciencia será reelaborado varias veces para ser eventualmente insertado (pero con cambios significativos) en el ensayo sobre las virtudes, que aparecerá en 1963. El texto italiano, ya publicado por Morcelliana de Brescia en 1972, está ahora incluido en la sección XVII: <em>Virtù. </em><em>Meditazioni sulle forme della vita</em> etica dell’<em>Opera Omnia</em> IV/1. <em>Scritti sull’etica</em> (editado por D. Vinci, Morcelliana, Brescia 2015). La secuencia de los capítulos de esta edición es totalmente diferente del volumen de 1949. Incluso el capítulo que nos interesa (cf. pp. 391-399) ya no se refiere a “la paciencia de Dios”, sino a la virtud de la paciencia como tal; sin embargo, no faltan referencias al tema de la paciencia de Dios, que debe reflejarse en la vida de la persona como «paciencia hacia lo que se nos ha dado y destinado» y como «paciencia también con nosotros mismos», para concluir con la oración: «Señor, ten paciencia conmigo y dámela a mí mismo...» (p. 399).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> <em>Glaubenserkenntnis</em> cit., 21. La referencia a Shiva también está presente en el próximo ensayo <em>Virtù</em>, cf. <em>o. c.</em> p. 398. Algo parecido, pero al revés, escribe G. K. Chesterton de Dios, que, como un niño que juega, nunca se aburre: «Un niño disfruta golpeando rítmicamente sus piernas por exceso, no por la ausencia de vida... Dios es quizás lo suficientemente fuerte como para disfrutarlo (la monotonía) y puede ocurrir que diga al sol cada mañana: “de nuevo”; y a la luna todas las noches: “de nuevo”»: <em>Ortodossia</em>, Morcelliana, Brescia 2005, pp. 83-84. El tema de la paciencia misericordiosa de Dios en la obra de la creación ya está presente en las tradiciones judías, cf. L. Ginzberg, <em>Le leggende degli ebrei. </em><em>I. Dalla creazione al diluvio</em>, Adelphi, Milano 1995, pp. 66-67 y nota 15 (pp. 249-251).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> «Die Geduld Gottes antwortet auf unsere Schwache und ist die Rechtfertigung aller Zuversicht!»: <em>Glaubenserkenntnis </em>cit., p. 28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Francisco repitió un concepto similar en su homilía en Santa Marta el 12 de febrero de 2018: «En su etimología la palabra significa ‘llevar arriba’, ‘llevar sobre los hombros’. Un comportamiento que “cansa, es cierto: pero el paciente lleva hacia arriba, no deja el problema, no deja el límite, no deja el sufrimiento, lo lleva hacia arriba” y lo hace incluso “con gozo, alegría, ‘gran gozo’, dice el apóstol”. Paciencia, por lo tanto. “significa ‘llevar arriba’ y no confiar a otro que lleve el problema, que lleve la dificultad: ‘La llevo yo, esta es mi dificultad, es mi problema. ¿Me hace sufrir? ¡Claro! Pero lo llevo’. Paciencia es por lo tanto ‘llevar arriba’”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Homilías del Card. Jorge Mario Bergoglio, en http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html Cf. también Papa Francesco, <em>Dio nella città</em>, San Paolo, Milano 2013, pp. 41-48.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> <em>De bono patientiae</em> V: PL 4, p. 625.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> E. Przywara, <em>Umiltà, pazienza e amore</em>, Queriniana, Brescia 2018, pp. 77-80.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> Cf. C. Rocchetta, <em>Teologia della tenerezza. Un «vangelo» da riscoprire</em>, EDB, Bologna 2000.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> Francisco, <em>Discurso a los participantes en el Congreso Nacional promovido por el Centro de la Familia “Cassa della Tenerezza” sobre el tema “La teología de la ternura en el Papa Francisco”, </em>13 de septiembre de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Perspectivas morales de la Teología de la Ternura - Mons. Basilio Petrà</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/perspectivas-morales-de-la-teologia-de-la-ternura-mons-basilio-petra/</link>
		<pubDate>Fri, 21 Jun 2019 13:04:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong><img class="size-full wp-image-1756 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/hijo-profigo.jpg" alt="" width="512" height="512" /></strong></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Perspectivas Morales de la Teología de la Ternura</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Mons. Basilio Petrà<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La teología moral, como tal, no ha dedicado mucha atención a la ternura en su historia. Me parece que esto se puede decir sin miedo a la negación. Basta con echar un vistazo a los diccionarios de teología moral para darse cuenta de la ausencia o marginalidad absoluta de este término.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta poca atención, la teología moral se sitúa en la estela del conocimiento filosófico del que se ha servido principalmente desde el nacimiento de la teología <em>ut scientia</em> hasta el siglo XX, es decir, el conocimiento filosófico aristotélico asumido en la síntesis tomista. Es fácil constatar la irrelevancia de la noción de ternura en esta tradición de pensamiento; una irrelevancia en virtud de la cual la ternura no se convierte en parte de la doctrina y del catálogo de virtudes o no se coloca entre los <em>aretai</em> (las excelencias humanas), lo cual no es sorprendente dado el carácter eminentemente masculino de la doctrina griega de las virtudes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Alguno ha hablado de un “tabú de ternura” dominante en la cultura masculina (norteamericana y no solo en ella) de la primera mitad del siglo XX<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>; tal vez se pueda decir que tal tabú tiene realmente raíces antiguas en la tradición de pensamiento recién mencionada. En dicha tradición la ternura ha aparecido sobre todo como una actitud específicamente femenina<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, es decir, una actitud propia del sexo débil, que ciertamente no puede armonizarse con la imagen prevaleciente de un hombre fuerte capaz de tener dominio de sí mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Modernidad filosófica y ternura: del siglo XVI al XIX</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una cierta atención a la ternura parece acompañar a la modernidad filosófica al menos hasta el siglo XVIII<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. “<em>Tierno</em> -escribe Gabriella Baptist<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> en una síntesis- ciertamente tiene que ver, en primer lugar, con el sentido del tacto y del gusto, por lo tanto, se refiere a aquellas facultades de sentir sensaciones que en la tradición del pensamiento han sido consideradas con muy poca atención teórica -al menos si se comparan con los éxitos filosóficos obtenidos en cambio por los órganos de la vista y el oído. Pero desde los inicios de la modernidad, lo <em>tierno</em> también ha estado ligado a actitudes de comportamiento, con características relativas al género e incluso a costumbres alimentarias y de buenos modales de convivencia [...]. En el campo lingüístico alemán se registra un uso significativo de términos relacionados con la “Zartheit” y la “Zärtlichkeit”, en particular en la época también sentimentalmente marcada por el misticismo y la Reforma; pero una presencia incluso viral se encuentra sobre todo en el siglo XVIII, aunque solo sea a partir de los años cuarenta y cincuenta, todavía caracterizada por la moda rococó, pero ya lista para transmitir las nuevas ideas de la Ilustración a través de las revistas eruditas de la época.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si en los círculos pietistas era evidente el tenor religioso de la ternura, que encontraba su medida en la figura de Cristo<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, las generaciones más jóvenes, preocupadas por una nueva conciencia social y política, expresaban más bien una nueva necesidad de socialización, por la que se exaltaba la amistad, la sinceridad, la franqueza, la virtud y la alegría de vivir, incluso en contraste con la hipocresía de los rituales de la corte y las limitaciones de la <em>politesse</em> aristocrática. A partir del joven Klopstock<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> -el ‘tierno’ poeta e intérprete de una época sensible, que tal vez por proponer la identificación de la ternura con la humanidad podía ser admirador de la Revolución Francesa y convertirse en ciudadano honorario de la República en 1792 - hasta el más maduro Goethe, el siglo de los Lessing, Wieland, Schiller, Hölderlin, los hermanos von Humboldt y los hermanos Schlegel, expresa en la ternura su notoria búsqueda de la dimensión espiritual”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El mismo Kant se refiere a la “ternura de la benevolencia” como indicio de excelencia moral y signo de filantropía en la <em>Metafísica de las costumbres</em> (1797)<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El siglo XVIII muestra cierto interés por la ternura no solo en el contexto alemán.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Encontramos huellas de esto en la obra <em>Príncipes de la Nueva Ciencia</em> de Vico (<em>Principi della Scienza Nuova</em>, 1744) en el que -dice Baptist- “la ternura como despliegue de <em>humanitas</em> y amor por los hijos es el polo positivo que se contrapone a la barbarie, tal vez tejiendo por primera vez en la modernidad la alabanza de la potencia civilizadora de la ternura”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Es interesante notar que casi en los mismos años en que la <em>Scienza Nuova</em> aparece en Nápoles - en 1748 - el <em>Vocabulario</em> de la <em>Academia della Crusca</em> explicaba así la voz <em>Ternura</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Ternura. Abstracción de tierno. Lat. <em>Teneritudo, teneritas</em> Gr. <em>apalot</em><em>ȇs</em> [...].  § I. Por metáfora es válido <em>Pequeño</em> o <em>Joven</em> [...] § II. Y figurativamente vale <em>Afecto</em>, <em>Compasión</em>, <em>Amor</em>. Lat. <em>Affectus</em>, <em>Misericordia</em> [...] § III. También figurativamente para <em>Cuidado</em>, <em>Celo</em> [...]”. Y del adjetivo <em>Tierno</em> señalaba: “<em>De poca dureza, que consiente al tacto, que tiende al líquido, que se comprime o cede fácilmente</em>. Lat. <em>Tener, mollis</em>. Gr. <em>Ter</em><em>ȇn</em>, <em>Apalos</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En los mismos años Luis de Jaucourt (1704-1779) dedicó a <em>Tendre, tenderment, tendresse</em> una breve entrada en la <em>Encyclopedie</em> (1751), en la que destacó el uso figurativo de <em>tendresse</em> (ternura) y su íntima conjunción con la <em>délicatesse</em> (delicadeza) del siglo<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Es una delicadeza que en 1750 es llamada “falsa” por J.J.Rousseau (1712-1778) en su <em>Discurso sobre las ciencias y las artes</em> (1750), considerándola un signo de la decadencia de las costumbres<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Sin embargo, Rousseau -aunque privado tempranamente de la ternura materna- atribuye en su teoría de las pasiones “un rol privilegiado al <em>attendrissement</em> (enternecimiento)”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El siglo XVIII, por lo tanto, muestra una atención significativa a la ternura y su riqueza de significados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algo cambió en el siglo siguiente y también en la primera mitad del siglo XX. Ya en Hegel el cambio es evidente. No solo critica la dificultad kantiana de admitir la objetividad de las antinomías (de la contradicción), atribuyéndola a una especie de “ternura por las cosas del mundo” (<em>Enz</em>. p.84)<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, sino que se lanza duramente en la <em>Fenomenología del Espíritu</em> contra la moralidad de las “almas bellas”, que se escapa de la historia y del mundo, cultivando el jardín de los buenos sentimientos sin ensuciarse las manos<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los nuevos siglos son, de hecho, siglos demasiado duros, siglos guerreros y sangrientos, siglos de espantosas revoluciones burguesas (y no burguesas) para que la ternura ejerza una atracción significativa. Se nota su ausencia o marginación en la filosofía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="size-large wp-image-1758 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/TENEREZZA-2-800x568.jpg" alt="" width="640" height="454" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El regreso filosófico del interés por la ternura en el siglo XX: reflexiones en el campo teológico-moral</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) algo cambia. La filosofía bajo la presión de la fenomenología comienza a dar un espacio considerable al mundo de las emociones, de los sentimientos, de las formas subjetivas de relacionarse con el mundo, a la intersubjetividad. La ternura, aunque sea lentamente, comienza a hacerse algo de espacio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lentamente:  una señal de esta lentitud. Cuando Max Scheler hace referencia a la ternura en su obra de 1923 sobre la simpatía, habla de ella como uno de los muchos “simples <em>modos</em> del amor” - distintos de las especies del amor. De hecho, escribe: “Estos modos de amor se han fijado también en el lenguaje, en palabras particulares, por ejemplo, bondad, benevolencia, inclinación, propensión, predilección y gozo, amabilidad (que lingüísticamente no significa ser digno de ser amado, sino que designa un comportamiento activo), ternura, cortesía, amistad, devoción, apego, confianza, gratitud, reconocimiento, piedad, etc.”<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una atención filosófica más significativa a la ternura se ha encontrado desde los años sesenta, especialmente en Francia. Hay una razón precisa: la nueva atención dedicada a la corporeidad y al lenguaje sexual lleva a algunos pensadores a reparar en la fenomenología de los gestos corporales en las relaciones sexuales, en particular en la caricia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, la ternura recibe una atención particular en la reflexión de François Chirpaz (1930-2017), una atención que atrae el interés de un teólogo moralista reformado como E. Fuchs<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Chirpaz, de hecho, analizando fenomenológicamente la caricia en el contexto del enfoque sexual, observa que la caricia puede asumir dos significados diferentes: la posesiva, que lleva a tocar al otro como un objeto sexual disponible para el deseo; la otra, en cambio, es la de la búsqueda del otro como persona: “En este caso, la caricia calma, acerca, llama. Ella es <em>ternura</em>; revela al otro la intención reconciliadora que lo habita en cuanto ser su pareja, la paz que propone en el seno mismo del placer al que da origen”<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. Fuchs se inspira en estas reflexiones para elaborar una ética sexual que enfatiza el “valor espiritual del placer”, vivido en el “reconocimiento del misterio del otro” y en una relación con el cuerpo del otro no dominado por la concupiscencia<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>, sino por la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay que decir que este renacimiento fucsiano de la ternura en el campo de la ética sexual tuvo un eco limitado como propuesta para una re-comprensión unitaria de la ética sexual, especialmente en el campo católico. Por el contrario, el interés antropológico por la ternura en relación con los gestos sexuales permaneció y se expandió.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde el punto de vista teológico, es significativa la recuperación que Xavier Lacroix hizo de ella en los años noventa en su “fenomenología de los gestos sexuales”<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, como él la llama. Sus consideraciones, sin embargo, están más influenciadas por E. Lévinas (1906-1995) que por Chirpaz. Es precisamente a partir del pensamiento de Lévinas que Lacroix llama la atención sobre el cuerpo como un lugar que revela la debilidad/pasividad, atributo primordial del sujeto. De hecho, refiriéndose a algunas páginas de <em>Totalité et infini</em> (1968) Lacroix escribe: “Esto ocurre cuando surge la ternura, o lo que E. Lévinas podría haber llamado ‘la extraña debilidad de la dulzura’. La ternura es una ruptura con la dureza. El ‘corazón de piedra’ se transforma en ‘corazón de carne’. ‘El modo de la ternura con-movida consiste en una fragilidad extrema, en una vulnerabilidad’<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>. Esta debilidad es acogida como algo precioso. El otro se hace <em>querido</em> para ustedes al hacerse <em>carne</em>, así como él se hace carne haciéndose querido. ‘Amar significa temer por los demás, ayudar a su debilidad’<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. Por lo tanto, la ternura carnal es un reconocimiento mutuo de dos debilidades, dos fragilidades que entran en resonancia”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El contexto fenomenológico ha favorecido, por tanto, a partir de los años sesenta, una reanudación del interés por la ternura, que deja huellas evidentes en los autores que hemos mencionado, huellas que, sin embargo, no tocan la teología moral en sí misma, sino la ética sexual específica (y en sus aspectos más antropológicos que teológicos).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="size-full wp-image-1757 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/TENEREZZA-1.jpg" alt="" width="420" height="372" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La intervención de Karol Wojtyla sobre la ternura (1960)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Precisamente en el contexto de la ética sexual católica hay que señalar algo que hasta ahora ha pasado bastante desapercibido, según mi opinión: el hecho de que el teólogo católico que más ha prestado atención al significado moral de la ternura desde principios de los años 60 del siglo pasado, precisamente considerándola desde el punto de vista de la ética sexual, fue el entonces obispo auxiliar de Cracovia, Karol Wojtyla, o san Juan Pablo II.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, Wojtyla dedicó muchas y consistentes páginas de su <em>Amor y Responsabilidad</em> a la reflexión sobre <em>Ternura y Sensualidad</em><a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>, páginas de antropología racional sobre una base tomista. Tarjeta. En su prefacio a la primera edición italiana de 1968, el cardenal Colombo no escribió por casualidad: “En primer lugar, hay que señalar que procede según una reflexión puramente racional. Sin ignorarlas, hace caso omiso de las enseñanzas bíblicas, aunque al final su razonamiento llega a las mismas conclusiones del Libro Sagrado por su camino. ¿Límite o valor? Pensamos que esto es un mérito, porque su palabra se hace accesible incluso a los que no juzgan la realidad del amor a la luz superior de la Revelación, mientras que ofrece a la fe de los que creen en ella un apoyo racional deseable”<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estas páginas, Wojtyla hace un análisis preciso de la ternura, prestando especial atención a su papel en la sublimación de las relaciones hombre-mujer. Observa que la ternura se basa en una percepción interior de los vínculos (existencia, actividad, sufrimiento) que nos ponen en comunión con el otro y nos abren a la comprensión de su estado de ánimo. Una comprensión que suscita la necesidad de “comunicar al otro nuestra proximidad interior” a través de gestos externos: “el gesto de estrechar al otro contra sí, de abrazarlo o simplemente de cogerlo por el brazo […], ciertas formas de beso”<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>. La ternura “no expresa la concupiscencia, sino más bien la benevolencia y abnegado afecto”, por eso “puede ser completamente desinteresada, sobre todo cuando marca la atención dirigida a la persona y a su situación interior”<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Por supuesto, incluso la ternura puede estar marcada por el límite y la fuerza de la concupiscencia: por eso “existe un problema de educación de la ternura” y “ha de rodearse de una cierta vigilancia”<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El contexto de la reflexión wojtiliana sobre la ternura está ligado principalmente a su papel en la construcción de una relación casta y continente entre hombre y mujer, rica en afecto y llena de percepción del valor de la persona. La ternura juega un papel fundamental en este contexto, que, sin embargo, debe preservarse de una posible decadencia. Wojtyla se pregunta en un momento dado: “¿Puede hablarse de un derecho a la ternura, por el que hay que entender, de un lado, el derecho a aceptar la ternura y, de otro, el de manifestarla?” Nótese la respuesta amplia que sigue: “Hablamos intencionadamente de ‘derecho’ y no de deber también en el segundo caso, aunque esté claro que a veces existe igualmente un deber de ternura para con otro. Así, pues, todos aquellos que tienen particularmente necesidad de ternura, tienen derecho a ella: los débiles, los enfermos, los que padecen física o moralmente. Parece que los niños, para quienes la ternura es un medio natural de manifestar el amor (no solamente para ellos, por otra parte) tienen un derecho particular al cariño. Es, por consiguiente, más necesario aplicar a estas manifestaciones, sobre todo exteriores, una sola y única medida, la del amor de la persona. Hay, en efecto, el peligro de excitar el egoísmo por una ternura exagerada que contribuye a ello -en la medida en que sirve para satisfacer sobre todo nuestra propia afectividad, sin tener en cuenta la necesidad objetiva y el bien del otro. Por esto el verdadero amor humano, el amor de la persona y el amor entre personas, ha de reunir’ en sí dos elementos: la ternura y una cierta firmeza. En otro caso, se convertirá en enternecimiento y debilidad. No se ha de olvidar que el amor humano es también una lucha, lucha por el hombre y por su bien”<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas palabras, que muestran cierta sospecha respecto de una ternura dejada a sí misma y olvidan las imperfecciones éticas del ser humano, especialmente en la relación entre hombre y mujer, están iluminadas por las siguientes páginas en las que Wojtyla muestra cómo “ciertas formas de ternura pueden apartarse del amor de la persona y acercarse al egoísmo de los sentidos o de los sentimientos. Además, las manifestaciones exteriores de cariño pueden crear las apariencias del amor”<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>. También da algunos ejemplos: el seductor, la prostituta; además, observa que la distancia entre los datos objetivos y la tensión subjetiva puede llevar a ensanchar prematuramente de un <em>derecho a la ternura</em>, a exigir su expresión “demasiado pronto, cuando la afectividad y la sensualidad se despiertan, pero cuando todavía el aspecto objetivo del amor y la unión de las personas no están presentes. Semejante ternura prematura en las relaciones entre el hombre y la mujer destruye muchas veces el amor, o por lo menos impide que se constituya en amor verdadero y objetivo”<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El propio autor, sin embargo, después de notar la necesidad de vigilancia<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>, vuelve a subrayar la importancia de la ternura para el amor entre el hombre y la mujer, para el matrimonio y su estabilidad. Las palabras que añade son muy bellas. “Hace falta mucha ternura en el matrimonio, en esa vida común en la que no solamente un cuerpo tiene necesidad del otro cuerpo, sino, sobre todo, un ser humano del otro ser humano. Ahí es donde tiene un gran papel que jugar. Estrechamente ligada a un verdadero amor de la persona, desinteresada, puede salvar al amor de los diversos peligros debidos al egoísmo de los sentidos o a la actitud de placer. La ternura es el arte de ‘sentir’ el hombre todo entero, toda su persona, todos los movimientos de su alma, por escondidos que se supongan, pensando siempre en su verdadero bien”<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-large wp-image-1759 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/guayasamin-800x532.jpeg" alt="" width="640" height="426" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. Los años 70: El interés de la teología bíblica por la ternura motiva al resto de la teología y tiene efectos sobre la teología moral.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los años sesenta fueron, por lo tanto, particularmente significativos en términos de la aparición de un cierto enfoque ético sobre la ternura. Sin embargo, esta atención parece extenderse especialmente al área de la comunicación corporal y sexual. Lo hemos visto en Wojtyla, lo hemos visto en el mundo francófono<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>. Por otro lado, parece ser diferente el campo de atención a la ternura que emerge en la cultura hispana<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>. La consideración de la ternura en la esfera bíblica, por otra parte, es insignificante, y su uso en la teología moral fundamental (principios, virtudes, etc.) es aun menos significativo. A finales de los años 60, sin embargo, algo comenzó a cambiar, al menos en el ámbito bíblico: los biblistas comenzaron a prestar atención a la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos un signo muy preciso de ello en la Nueva Edición (la de 1970) del <em>Vocabulario de teología bíblica</em> dirigido por el P. Xavier Léon-Dufour: entre las cuarenta nuevas entradas introducidas con respecto a la primera edición de 1962, de hecho, está también la entrada <em>Ternura</em> confiada a Pierre-Émile Bonnard. Este texto corto y denso no está exento de críticas. No obstante, tiene el mérito de ofrecer un primer cuadro bíblico-teológico de considerable encanto, resaltando la vasta inclusividad semántica del término ternura. Merece ser tratado en detalle, pero no es posible hacerlo aquí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, cabe señalar algo, precisamente desde el punto de vista teológico moral. La voz de Bonnard pone de relieve, sin tener probablemente la conciencia formal, que la ternura es una dimensión central en cualquier moral que quiera tener una connotación <em>teocéntrica</em> y <em>cristocéntrica</em>, como lo es la moral indicada por el Concilio Vaticano II en el n. 16 del Decreto <em>Optatam totius</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El último punto del texto de Bonnard está dedicado a “<em>la ternura de Dios en el cristiano y a través del cristiano</em>” y dice así: “Dios quiere que esta ternura penetre en el corazón de los hombres (<em>Zac</em> 7,9; Sal 112,1.4; <em>Eclo</em> 28,1-7). Como los hombres son incapaces de apropiársela, él se la da (<em>Zac</em> 12, 10) como un regalo de boda (<em>Os</em> 2, 21), en la alianza nueva sellada por Jesús. La ternura de Dios, venida a ser la del Hijo de Dios hecho hombre, puede, pues, la de los hombres renacidos hijos de Dios en Jesús. San Pablo solo tiene un deseo: apropiarse los sentimientos de Cristo (<em>Flp</em> 1,8; <em>Flm</em> 20). Así puede invitar a los cristianos a “revestirse de las entrañas compasivas” de Dios y de su Hijo (<em>Col</em> 3,12; <em>Ef</em> 4,32; cf. <em>1Pe</em> 3,8). Los evangelistas hablan en el mismo sentido: cerrar las propias entrañas a los hermanos es excluirse del amor del Padre (<em>1Jn</em> 3,17); negar el perdón al prójimo es negarse uno mismo el perdón de Dios (<em>Mt</em> 18,23-35). Todos los hijos de Dios deben imitar a su Padre (<em>Lc</em> 6,36), teniendo como él un corazón movido a compasión para con sus prójimos (<em>Lc</em> 15,20.31), es decir, para con todos los hombres sin excepción, según el amor ejemplar, no solo afectivo, sino también efectivo, del buen samaritano (<em>Lc</em> 10,33). Así es como entran en el movimiento de la ternura divina, que les viene del Padre, por Jesús, gracias al Espíritu de amor (<em>Flp</em> 2,1) y que los lleva a la felicidad sin fin, más allá del pecado y de la muerte, según la esperanza expresada en la oración eucarística del Misal romano: “Y a nosotros, pecadores, que exponemos nuestra esperanza en tu misericordia (en tu ternura) inagotable...”<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En otras partes, en la misma voz, Bonnard entreteje la ternura con el amor paterno y materno en Dios<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>. Lo evidencio sobre todo porque esta textura tiene una especie de paralelismo en la esfera filosófica francesa: pienso en particular en las breves consideraciones sobre la ternura que Roland Barthes presenta en los <em>Fragmentos de un discurso amoroso</em><a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>, a mediados de los años setenta, y en particular en sus cursos contemporáneos en el Collège de France (1977-1978)<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>.  La reflexión muy evocadora de Barthes también ha favorecido una apertura cultural a la ternura no solo en la cultura francesa, sino también más allá de ella. No es casualidad que el colombiano Luis Carlos Restrepo haya colocado en la portada de su famoso y difundido libro de 1994: <em>El derecho a la ternura<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><strong>[40]</strong></a></em>, una cita del fragmento de R. Barthes sobre la ternura (“Là où tu es tendre, tu dis ton pluriel”, es decir, “Ahí donde tú eres tierno, tú dices tu plural)<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No voy más allá en este punto. Solo añado que Bonnard tuvo ciertamente, con su voz en el <em>Vocabulario</em>, un fuerte impacto en la posterior atención bíblica al lenguaje de la ternura, dada la vasta influencia y el uso generalizado del <em>Vocabulario</em>. Para el desarrollo bíblico posterior y contemporáneo sobre la ternura hay que referirse al volumen de Carlo Rocchetta y Rosalba Manes<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La atención bíblica ha favorecido ciertamente la consideración espiritual de la ternura y también el interés teológico, manifestado particularmente en el padre Carlo Rocchetta, a quien debemos el <em>opus magnum</em>, la <em>Teología de la ternura</em>, en la que la ternura se convierte en la categoría interpretativa general de la intimidad divina, de la relación entre Dios y el hombre, de la relación interhumana, en particular, de la relación matrimonial y familiar<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, la ternura ha tenido poco impacto en la teología moral, con la excepción de su eco antropológico en el contexto de la ética sexual. El mismo libro de Giuseppe Anzalone<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a> de 1999, <em>Ética de la ternura</em>, que ve la ternura como el signo de un estilo de vida cristiano radicalmente incompatible con el estilo de existencia mafioso, no procede a una elaboración profunda de la ternura como categoría ético-teológica fundamental.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Inútilmente, por lo tanto, se buscaría una atención a la ternura en la literatura teológico-moral italiana. En particular, no se tiene en cuenta cuando se trata de virtudes morales, no solo en el ámbito teológico, sino también en el filosófico<a href="#_ftn45" name="_ftnref45">[45]</a>. Tampoco me parece que haya muchos textos teológico-morales que hayan recogido las sugerencias de Restrepo al sentido universal, político y ecológico de la ternura<a href="#_ftn46" name="_ftnref46">[46]</a>, las reflexiones pedagógicas y formativas de Cussiánovich, como tampoco hay muchos moralistas católicos que intenten el camino de la <em>civic tenderness</em> (ternura cívica) como lo está haciendo Justin Leonard Clardy<a href="#_ftn47" name="_ftnref47">[47]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente encontramos algo significativo en el libro de Isabella Guanzini con su idea de la “revolución de la poder suave”<a href="#_ftn48" name="_ftnref48">[48]</a>; es uno de los primeros frutos del impulso dado por el magisterio del Papa Francisco, cuya fecundidad está, sin embargo, confiada a la prueba del tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Magisterio, magisterio moral y ternura. Del silencio al Papa Francisco.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien no ha logrado atraer mucha atención de la teología moral, hay que decir que la ternura ni siquiera ha logrado atraer mucha atención del magisterio romano en el siglo XX, en particular del magisterio moral.  Se puede decir pacíficamente que el silencio magisterial fue verdaderamente profundo y pocos indicios del Catecismo de la Iglesia Católica<a href="#_ftn49" name="_ftnref49">[49]</a> no son suficientes para cambiar este juicio. Este silencio magistral parece extraño, sobre todo cuando se recuerda lo que Karol Wojtyla escribió en <em>Amor y Responsabilidad</em>. Sin embargo, es un silencio que no se puede negar. Pero, como todos sabemos, el gran silencio magisterial terminó en 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="size-large wp-image-1760 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/samar-800x598.png" alt="" width="640" height="478" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Papa Francisco: la centralidad de la virtud de la ternura; la revolución de la ternura; la ternura y la encarnación.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el lenguaje del nuevo obispo de Roma, el Papa Francisco, la ternura se ha convertido en un tema central y, de hecho, en <em>una virtud central</em>, tanto en la vida conyugal y familiar<a href="#_ftn50" name="_ftnref50">[50]</a> como en la vida pública y en el gobierno de los asuntos humanos<a href="#_ftn51" name="_ftnref51">[51]</a>. Este último texto debe ser particularmente destacado, porque en él el Papa Francisco indica claramente la ternura como una virtud que puede ser colocada al nivel de las virtudes cardinales: un hecho completamente nuevo y decididamente inusual. La teología moral nunca ha dado espacio a la ternura en la lista de virtudes cardinales (y menos en otras listas, a decir verdad).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La virtud moral, por tanto, o más bien la virtud que corresponde exactamente a la forma de existencia inaugurada por Cristo mismo con su encarnación, es una forma que parece revolucionaria precisamente porque se manifiesta como ternura: “La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación con la carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura” (<em>Evangelii Gaudium</em>, 88).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas palabras muestran claramente que la conexión particular entre ternura y encarnación está particularmente ligada a la “reconciliación con la carne”, al entrar <em>en contacto</em> con el otro, especialmente al contacto <em>con la carne sufriente</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 11 de noviembre de 2016, el Papa Francisco, al recibir al Consejo Internacional de Caritas, dejando de lado el discurso oficial, se dejó llevar por preciosas y poderosas afirmaciones. Tomo estas palabras de un reportaje de prensa: “El Papa dice que ‘hoy necesitamos una revolución de ternura, en un mundo donde predomina la cultura del descarte, y si yo descarto no sé lo que es la ternura’. La ternura ‘es revolucionaria, la ternura es la cercanía, es el gran gesto del Padre hacia nosotros: la cercanía de su hijo, que se ha hecho cercano y uno de nosotros, esta -exclama- es la ternura del padre’”; “Y este momento de ternura -señala- no es una idea, es la esencia, nuestro Dios es Padre y también madre, en el sentido que él mismo dice: ‘si una madre se olvidase de sus hijos, yo no me olvido de ti’, el mayor amor es el de la madre”. El Papa insiste: ‘La ternura es cercanía, y la cercanía es tocar, abrazar, consolar, no tener miedo de la carne, porque Dios ha tomado la carne humana, y la carne de Cristo son hoy los descartados, los desplazados, las víctimas de la guerra’; por eso ‘las propuestas de espiritualidad son demasiadas teóricas, son formas de gnosticismo’. Hoy, ‘en esta <em>cultura del descarte</em>, en esta ideología del dios dinero, creo que la gran enfermedad es la cardioesclerosis’”<a href="#_ftn52" name="_ftnref52">[52]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como el Hijo manifiesta la ternura del Padre haciéndose cercano en la carne, así también el cristiano revela la ternura del Hijo haciéndose cercano a la carne de los descartados, que es la carne de Cristo mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás. Espera que renunciemos a buscar esos cobertizos personales o comunitarios que nos permiten mantenernos a distancia del nudo de la tormenta humana, para que aceptemos de verdad entrar en contacto con la existencia concreta de los otros y conozcamos la fuerza de la ternura” (EG 270).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura se manifiesta en la presencia material y física junto al hermano, especialmente el que sufre y está enfermo. <em>Es decir, pasa del corazón a las manos</em>: “Estando con los enfermos y ejerciendo vuestra profesión, vosotros mismos tocáis a los enfermos y, más que cualquier otro, cuidáis de su cuerpo. Cuando lo hagáis acordaos de cómo Jesús tocó al leproso: de una manera que no fue distraída, indiferente o molesta, sino atenta y amorosa, que le hizo sentirse respetado y cuidado. Haciéndolo así, el contacto que se establece con los pacientes les da como una reverberación de la cercanía de Dios Padre, de su ternura por cada uno de sus hijos. Precisamente la <em>ternura</em>: la ternura es la «clave» para entender a los enfermos. Con la dureza no se entiende al enfermo. La ternura es la clave para entenderlos y también es una medicina preciosa para su curación. Y la ternura pasa del corazón a las manos, pasa por un «tocar» las heridas lleno de respeto y amor”<a href="#_ftn53" name="_ftnref53">[53]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La mano es el órgano principal a través del cual la ternura se hace carne y la carne expresa ternura, como decía el Arzobispo de Buenos Aires al hablar del Señor Jesús como buen samaritano: “se oculta lleno de ternura en esos pequeños gestos, gestos de projimidad, donde toda la palabra está hecha carne: carne que se acerca y abraza, manos que tocan y vendan, que ungen con aceite y restañan con vino las heridas, carne que se acerca y acompaña, que escucha, manos que parten el pan”<a href="#_ftn54" name="_ftnref54">[54]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura se hace carne y la carne se vuelve “llena de ternura”. La ternura no es simplemente una actitud interior, no es el jardín de la satisfacción de un alma hermosa, sino una disposición sólida a la proximidad, al sentimiento de empatía y a la acción por el otro, al cuidado. Hay una especie de intrínseca disposición política en la ternura vivida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que todo esto sea posible, sin embargo, es necesario que la ternura no se detenga en la carne, sino que capte y respete el misterio personal hecho carne, evitando cualquier actitud dominante y posesiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es sobre todo en algunos textos de <em>Amoris Laetitia</em> que el Papa Francisco hace hincapié en el respeto: “En la sociedad de consumo el sentido estético se empobrece, y así se apaga la alegría. Todo está para ser comprado, poseído o consumido; también las personas. La ternura, en cambio, es una manifestación de este amor que se libera del deseo de la posesión egoísta. Nos lleva a vibrar ante una persona con un inmenso respeto y con un cierto temor de hacerle daño o de quitarle su libertad. El amor al otro implica ese gusto de contemplar y valorar lo bello y sagrado de su ser personal, que existe más allá de mis necesidades. Esto me permite buscar su bien también cuando sé que no puede ser mío o cuando se ha vuelto físicamente desagradable, agresivo o molesto” (AL 127). “Alguien se enamora de una persona entera con una identidad propia, no sólo de un cuerpo, aunque ese cuerpo, más allá del desgaste del tiempo, nunca deje de expresar de algún modo esa identidad personal que ha cautivado el corazón. Cuando los demás ya no puedan reconocer la belleza de esa identidad, el cónyuge enamorado sigue siendo capaz de percibirla con el instinto del amor, y el cariño no desaparece. Reafirma su decisión de pertenecerle, la vuelve a elegir, y expresa esa elección en una cercanía fiel y cargada de ternura” (AL 164).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco, por tanto, parece ver la ternura como la clave para comprender el dinamismo mismo de la Encarnación y, al mismo tiempo, en la Encarnación, la forma concreta en que la ternura se manifiesta y está presente concretamente en la historia humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vivir la ternura hace posible la autenticidad del sentimiento de unión con todos los demás seres vivos: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos” (<em>Laudato si’</em> 91). La custodia de la creación está, por lo tanto, particularmente marcada por la ternura. “La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria. Esta conversión supone diversas actitudes que se conjugan para movilizar un cuidado generoso y lleno de ternura” (LS 219.220).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="size-full wp-image-1762 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/Ternura-de-Dios.jpg" alt="" width="603" height="452" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>7. Papa Francisco: ternura, verdadera virtud cardinal, “virtud de los fuertes”. Modelos ejemplares de esta virtud.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura, como hemos visto, es una virtud, una <em>verdadera</em> virtud, aunque en conjunto -por su relación con la forma de existencia inaugurada por Cristo- sea más que una virtud moral: tiende a ser más un <em>habitus</em> del ser que del actuar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se puede decir, a la luz del Papa Francisco, que es una verdadera y propia virtud cardinal, que presenta aspectos de semejanza con la fortaleza. De hecho, desde el comienzo de su magisterio, el Papa Francisco concibió la ternura como virtud de los fuertes. Lo demuestra claramente su primera homilía oficial, la que pronuncia en la solemne celebración con la que abre su pontificado. Es la Santa Misa de la imposición del palio y la entrega del anillo del pescador para el inicio del ministerio petrino del nuevo obispo de Roma el 19 de marzo de 2013, fiesta de San José.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa comienza hablando de la tarea de san José como guardián de Jesús y de María, y de toda la Iglesia: “¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio […] José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como José, por lo tanto, cada cristiano está llamado a guardar a Cristo en su propia vida “para guardar a los demás, para salvaguardar la creación” a su manera. Es un llamado que llega a todos los hombres, no solo a los cristianos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es en este contexto de “riqueza humana” de la guardia que el Papa introduce el discurso de la ternura:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura no es la virtud del débil; al contrario, es una virtud que indica fuerza de espíritu, capacidad de pro-existencia para el otro, capacidad de compasión y de verdadera apertura al otro, capacidad de amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Precisamente porque la ternura es una virtud de los fuertes, es también una “virtud combativa”, capaz de oponerse al mal: “El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal” (EG 85).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es la virtud de todo hombre que quiera ser verdadero guardián de la creación y de la vida humana, cuidándola y apartándola del mal. Una imagen de esto la da san José, el hombre ejemplar de la custodia, el cuidado y la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta presentación de san José como imagen humana ejemplar no se debe simplemente a la coincidencia de la primera misa del Papa Francisco con la fiesta de san José. Vuelve sobre ello en un importante documento dedicado al cuidado de la creación, es decir, en la encíclica <em>Laudato si’</em>: “Junto con ella, en la familia santa de Nazaret, se destaca la figura de san José. Él cuidó y defendió a María y a Jesús con su trabajo y su presencia generosa, y los liberó de la violencia de los injustos llevándolos a Egipto. En el Evangelio aparece como un hombre justo, trabajador, fuerte. Pero de su figura emerge también una gran ternura, que no es propia de los débiles sino de los verdaderamente fuertes, atentos a la realidad para amar y servir humildemente. Por eso fue declarado custodio de la Iglesia universal. Él también puede enseñarnos a cuidar, puede motivarnos a trabajar con generosidad y ternura para proteger este mundo que Dios nos ha confiado” (LS 242).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este texto permite también que surja otra imagen personal de la ternura que el Papa Francisco recuerda a menudo: la Virgen María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. […] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización” (EG 288).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es de extrañar que la ternura sea una virtud que en José y María encuentra imágenes ejemplares. Es una forma de ser y actuar que acompaña en la experiencia humana de modo especial el amor materno y paterno. “La madre, que ampara al niño con su ternura y su compasión, le ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno que lo recibe, y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la capacidad de intimidad y la empatía. La figura paterna, por otra parte, ayuda a percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación, por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al esfuerzo y a la lucha” (AL 175).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ternura manifiesta de alguna manera el hecho de que todo verdadero amor humano, todo “amor amicitiae” o, como dice AL 123, toda “buena amistad” se caracteriza por un carácter materno-paterno<a href="#_ftn55" name="_ftnref55">[55]</a>. Denota también “la unión entre el fiel y su Señor” (AL 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco, como se desprende de lo que se ha dicho hasta ahora, parece por tanto considerar la ternura como un modo de existencia y de relación con el otro, que coincide con el modo de ser cristiano en el mundo, porque es el modo de la manifestación divina al mundo.  Este modo de ser se caracteriza por la cercanía empática, la proximidad, por convertirse en carne entregada y compartida, por el contacto real con el otro y con su sufrimiento, por cuidar de una modo paterno-materno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la medida en que la teología moral tiene por objeto la perspectiva de la autenticidad de la existencia cristiana en los lugares concretos de la vida humana, hay que decir que después de la enseñanza del Papa Francisco ya no es posible hacer una teología moral que prescinda de la posición “cardinal” de la virtud de la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De alguna manera, de hecho, el Papa Francisco introdujo una peculiar virtud cardinal más allá de las cuatro clásicas (prudencia, justicia, fortaleza, templanza), que es precisamente la ternura, una virtud que se extiende a todas las áreas de las relaciones humanas intersubjetivas y sociales, y tiene una íntima consonancia y coherencia con la forma divina de existencia, que es la caridad. En este sentido, el impacto de la ternura en los diversos contextos humanos se convierte en un campo notable de trabajo ético, así como la formación de las generaciones más jóvenes en un estilo de existencia marcado por la ternura se convierte en un compromiso educativo fundamental.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al delinear estas perspectivas, todo lo que se ha desarrollado en las últimas décadas en los distintos ámbitos culturales hispanohablantes -y diría que más limitadamente anglosajones- que hemos mencionado, puede ser de gran utilidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la diócesis de Prato, Italia. Profesor Titular de Teología Moral y Decano de la Facultad de Teología de Italia Central.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cfr. G.MILLER, <em>A Wall of Ideas: The “Taboo on Tenderness” in Theory and Culture </em>en <em>New Literary History</em> 38 (2007) n.4, 667-681, en particular 667 donde recuerda a Ian Dishard Suttie (1889-1935) y su obra <em>The Origins of Love and Hate</em> (1935).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Para ver hasta qué punto esta percepción de la ternura como cualidad femenina ha estado -y sigue estando- profundamente presente en nuestra cultura, referirse a loo que David Maria Turoldo escribió en A.LEVI-M.C.BARTOLOMEI-S.M.TUROLDO, <em>Dialogo sulla tenerezza</em>, CENS, Liscate (Milán) 1984 (1985).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cfr. A. von der LÜHE, <em>Zärtlichkeit</em> in <em>Historisches Wörterbuch der Philosophie</em>, editado por J.Ritter, K.Gründer, G.Gabriel, XII, Schwabe, Basel 2004, columnas 1149-1155; G.BAPTIST, <em>Sulla tenerezza. </em><em>Soltanto consolazioni per anime belle ? </em>en <em>B@belonline/print</em>, Rivista semestrale di filosofia, nn.16-17, anno 2014, 36-39.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Recordando el texto Baptist, no retomo el extenso aparato de las notas excepto en una pequeña parte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Baptist remite a Friedrich Carl von Moser (1723-1798), en el cuarto capítulo de su obra <em>Der Christ in der Freundschaft</em> (1754) titulado: <em>Von der Zärtlichkeit in der Freundschaft des Glaubigens</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Friedrich Gottlieb Klopstock (1724-1803).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> G.BAPTIST, <em>Sulla tenerezza. </em><em>Soltanto consolazioni per anime belle?</em>, p.36-37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> G.BAPTIST, <em>Sulla tenerezza. Soltanto consolazioni per anime belle?</em>, p.37.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> G.BAPTIST, <em>Sulla tenerezza. Soltanto consolazioni per anime belle?</em>, p.36. Baptist alude aquí a los capítulos V, XII,III (<em>Della custodia degli ordini</em>) de la <em>Scienza nuova</em> y remite al libro de R.CAPORALI, <em>La tenerezza e la barbarie. </em><em>Studi su Vico</em>, Liguori, Napoli 2006.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> “<em>Ternura</em> se usa solo figurativamente; y la <em>delicadeza</em> de este siglo ha encerrado esta palabra en el amor y en la amistad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> G.BAPTIST, <em>Sulla tenerezza. Soltanto consolazioni per anime belle?</em>, p.36.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> M.MENIN, <em>Riconoscersi nella riconoscenza: ‘attendrissement’ e normatività dell’emozione in Rousseau</em> en <em>Studi francesi</em> 66 (2012) 268-283, aquí 269. Texto retomado en diversos modos en publicaciones posteriores <em>La forza della tenerezza. </em><em>La teoria “vettoriale” dell’emozione secondo Rousseau</em> in <em>Rivista di storia della filosofia</em> 68 (2015) 5-19; <em>When one heart can speak to another: the role of tenderness in Rousseau’s theory of passions</em> en <em>Intellectual History Review</em> 2017 (28) 1-20.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Ver R.BODEI, <em>“Tenerezza per le cose del mondo”. Sublime sproporzione e contraddizione in Kant e Hegel</em> en V.VERRA (editor), <em>Hegel interprete di Kant</em>, Prismi, Napoli 1981, 179-218.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cfr. <em>La morale, Introduction, Choix de textes, Commentaires, Vade-mecum et Bibliograhie</em> por Éric Blondel, GP Flammarion, Paris 1999, 179-184.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> M.SCHELER, <em>Essenza e forme della simpatia</em>, Città Nuova Editrice, Roma 1980 (ed. original, 1923), 258.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> E.FUCHS, <em>Le désir et la tendresse. Sources et histoire d’une éthique chrétienne de la sexualité et du mariage</em>, 2a edición, Labor et fides, Ginebra 1979, 194-195. Cita la segunda edición de F.CHIRPAZ, <em>Le corps</em>, PUF, París<sup>2</sup> 1969, 72 ss. La primera edición había aparecido en el 1963.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> E.FUCHS, <em>Le désir et la tendresse</em>, p.194.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> E.FUCHS, <em>Le désir et la tendresse</em>, p.200.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> X.LACROIX, <em>Il corpo di carne. La dimensione etica estetica e spirituale dell’amore</em>, EDB, Bologna 1997 (ed. original París 1992), 84.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Aquí cita la áagina 263 de la traducción italiana de <em>Totalité et infini</em>: <em>Totalità e infinito. Saggio sull’esteriorità</em>, Jack Book, Milano 1990<sup>2</sup>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> <em>Ibídem</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> X.LACROIX, <em>Il corpo di carne, </em>59<em>. </em>Sobre la ternura en Lévinas véase G.SALMERI, <em>L’altro e la misericordia. L’itinerario del femminile in Levinas</em> en <em>Dialegesthai</em> 2003 (ISSN 1128-5478):</h5>
<h5 style="text-align: justify;">https://mondodomani.org/dialegesthai/gs03.htm</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Si bien el autor del presente artículo utiliza una edición en italiano para citar esta obra, nosotros optamos por la siguiente traducción al español, de donde se han tomado todas las referencias: K.WOJTILA, <em>Amor y Responsabilidad. Estudio de moral sexual</em>, con prefacio de Henri de Lubac, Editorial Razón y Fe, EAPSA, Madrid 1978, tercera edición.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> G.COLOMBO, <em>Prefazione </em>en C.WOJTYLA <em>Amore e responsabilità. Morale sessuale e vita interpersonale</em>, Marietti, Casale Monferrato 1968,7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> K.WOJTILA, <em>Amor y Responsabilidad</em>, p.102</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> <em>Ídem</em>, p.103</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> K.WOJTILA, <em>Amor y Responsabilidad</em>, p.103-104</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> <em>Ídem</em>, 104</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> <em>Ibídem</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> La posible manipulación de la ternura está bien presente en Wojtyla, como se puede ver. A menudo no se hace referencia a este aspecto. En textos recientes solo encontré en Umberto Galimberti el indicio de “ternura simulada hasta el punto de parecer cierta” (<em>Le cose dell’amore</em>, Opere XV, Feltrinelli, Milano 2013, 148).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> K.WOJTILA, <em>Amor y Responsabilidad</em>, p.105</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX hay importantes autores franceses que tocan la ternura de una manera diferente. Son autores profundamente marcados por el cristianismo. Pienso en particular en Charles Peguy que, según H.U.von Balthasar, descendió “al fondo de su corazón”, un descenso que le permitió “penetrar en la habitación secreta de la caridad, donde ya no se llama ágape, sino ternura”: N.FAGUER, <em>Un approfondissement constante du coeur. L'unité de l'oeuvre de Charles Peguy selon Hans Urs von Balthasar</em>, LIT Verlag, Berlín 2013, 354. También estoy pensando en S. Weil. Véase, S.WEIL, <em>Attesa di Dio</em>, Rusconi, Milán 1972 (ed.original en francés, La Colombe, París 1949), 131: “La belleza de la creación es la sonrisa de ternura que Cristo nos dirige a través de la materia. Él está verdaderamente presente en la belleza del universo. El amor por esta belleza viene de Dios que descendió a nuestra alma y regresa a Dios, que está presente en el universo. Por lo tanto, también es similar a un sacramento”. Puede verse también el texto en francés: “La beauté du monde, c’est le sourire de tendresse du Christ pour nous à travers la matière. Il est réellement présent dans la beauté universelle. L’amour de cette beauté procède de Dieu descendu dans notre âme et va vers Dieu présent dans l’univers. C’est aussi quelque chose comme un sacrement”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> En el contexto hispano, la ternura ha sido objeto de especial atención por parte de Juan Rof Carballo (1905-1994), autor de una obra que ha sido reeditada varias veces, como Violencia y Ternura (1967). La urdimbre original en la que cada ser humano se hace humano es la del amor materno, caracterizado por la ternura. Véase sobre la obra de Carballo: N.BOMBACI,<em> Juan Rof Carballo tra medicina e antropologia filosofica. La tenerezza, «ordito» primario dell’uomo</em>, Morcelliana, Brescia 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> X. LÉON-DUFOUR, <em>Vocabulario de Teología Bíblica</em>, Herder, Barcelona, 1982, p. 885-886. (El texto original cita de la versión italiana del mismo diccionario).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Cuando ofrece la descripción inicial de la ternura, Bonnard escribe lo siguiente: “Las entrañas (<em>rahamim</em>), plural de intensidad de <em>rehem</em>, el seno materno, significan la <em>ternura</em>: de las mujeres para con el fruto de su propia carne (<em>1Re</em> 3,26), de todos los humanos a sus hijos o a sus parientes (<em>Gn</em> 43,30), sobre todo la de Dios mismo para con sus criaturas”. Luego titula el punto 1: <em>La ternura de Dios</em>. El punto comienza con estas palabras: “Dios es, en efecto, padre (Sal 103,13) y madre (Is 49,14; 66,13)…!”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> R. BARTHES, <em>Frammenti di un discorso amoroso</em>, Einaudi, Torino 1979, 201-202.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Véanse estas palabras de R. Barthes: “Quizás sería necesario llegar a esto (creo que mal explorado): no confundir necesariamente madre y mujer. En este caso, ‘el andrógino sería el sujeto en el que se encuentra la madre’. Todavía podemos especificar, derivar, soñar, evocar la figura del padre-madre, el padre materno, el padre provisto de senos: el padre tierno: una figura ausente en nuestra mitología occidental, una carencia significativa. Recuerdo en Japón, en el tren, la ternura de un padre por su hijo de cuatro años. Y Guerra y Paz: la muerte del viejo Bolkonski, su despedida de su hija Marie : escenas muy vívidas, para mí abrumadoras”: R. BARTHES, <em>Le Neutre. Notes de Cours au Collège de France 1977-1978</em>, ed. Thomas Clerc, Seuil/Imec, París 2002, 111. Hay que decir, sin embargo, que en el uso de la lengua francesa, la ternura paterna a menudo se cita junto a la ternura materna. En el <em>Dictionnaire de l’Academie française</em> (edd. 1835,1935), por ejemplo, la ternura se describe así: “Calidad de aquello que es tierno. Se dice solo respecto de la sensibilidad en la amistad, el amor, los afectos de la naturaleza. La ternura de un padre por sus hijos. Ama con ternura. La ternura del corazón. Ternura materna…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> L.C. RESTREPO, <em>El derecho a la ternura</em>, Arango Editores, Bogotà 1994.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> El impacto del libro de Restrepo en el ámbito latinoamericano (y más allá) ha sido notable. Tuvo una influencia particular en el desarrollo de la pedagogía de la ternura del peruano Alejandro Cussiánovich Villarán. Desde 1990 Cussiánovich ha estado prestando atención a la perspectiva de la ternura, pero es sin duda el volumen de Restrepo el que le da un impulso notable. Así habla de ello en su volumen <em>Aprender la condición humana. Ensayo sobre pedagogía de la ternura</em>, Ifejant, Editora Diskcopy S.A.C., Lima 2010 (primera edición, 2007), 63: “No fue hasta 1994 que el psiquiatra colombiano Luis Carlos Restrepo se involucró en un contexto similar de violencia política en su país y en su ciudad que Medellín, que publicó este bello y esclarecedor libro <em>El Derecho a la ternura</em>”. Sobre la pedagogía y la actividad educativa de Cussiánovich en Perú, véase la tesis doctoral en la Universidad de Padua (Departamento de Ciencias de la Educación), presentada en 2011 por Manlio CHIAROT, <em>Cum-munus…Contributi per una comunità orientata pedagogicamente</em>, 177ss. Sobre la pedagogía de la ternura en Bolivia, véase la tesis doctoral presentada en 2013 en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid por Martha CAMARGO GOYENECHE, <em>La intervención educativa en la educación inicial en zonas de riesgo y alto riesgo social en Bogotá, Colombia. Elaboración y aplicación del programa “pedagogía de la tierra y resiliencia para educar jugando”</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> C.ROCCHETTA, R.MANES, <em>La tenerezza. Grembo di Dio amore. Saggio di teologia biblica</em>, EDB, Bologna 2015 (Nuova edizione, 2016). Destacan, sobre la ternura bíblica, las fuertes palabras que Mons. Matteo M. Morfino, obispo de Alghero-Bosa, le dedica: M.M.MORFINO, <em>Panim, un plural muy singular. Rostro de rostros y rostros del rostro humano en la Biblia hebrea y en algunos textos midráshicos</em> en <em>Il volto nel pensiero contemporaneo</em>, editado por Daniele Vinci, Il pozzo di Giacobbe, Trapani 2010, 13-46. En algunas páginas apasionadas escribe entre otras cosas: “El <em>hesed</em> divino, su <em>syn-patheia</em>, que es la ternura, es el núcleo ardiente de la Biblia. En efecto, yo diría que toda la Página Sagrada canta que al rostro humano le compete <em>principal, eminente y definitivamente, la ternura</em>” (40). Cita largamente a Restrepo acerca de la caricia. Morfino retoma y amplía esta referencia a la ternura donde, hablando de los “índices reveladores de la autenticidad de las relaciones”, pone en primer lugar “la <em>capacidad de ternura</em> en las relaciones”; lo hace en el texto publicado por la Conferencia Episcopal sarda: Mauro Maria MORFINO, Obispo de Alghero-Bosa, Delegado para el Clero y la Vida Consagrada, <em>Facciamo come il Signore. </em><em>Pensare una regola di vita del presbitero, </em>[Alghero] 2017, 57-59.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> C.ROCCHETTA, <em>Teologia della tenerezza. Un «vangelo» da riscoprire</em>, Presentazione di G.Ravasi, EDB, Bologna 2000.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> G.ANZALONE, <em>Etica delle tenerezza. Stile di vita cristiana di fronte al fenomeno mafioso</em>, Centro Studi Cammarata, S.Cataldo 1998.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45">[45]</a> Me limito a dos textos. Norberto Bobbio en su bello <em>Elogio de la mansedumbre</em> recuerda muchas virtudes, pero no aparece la ternura: N.BOBBIO, <em>Elogio della mitezza e altri scritti morali</em>, il Saggiatore, Milano 2014, 29-42. El <em>Elogio</em> apareció por primera vez en 1994. 1994 es el año en que se publica también el libro de G.ANGELINI, <em>Le virtù e la fede</em>, Glossa, Milán 1994, en el que se busca inútilmente una llamada a la ternura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46">[46]</a> Cito solo un pasaje de Restrepo: “Somos tiernos cuando abandonamos la arrogancia de una lógica universal y nos sentimos implicados por el contexto, por los otros, por la variedad de especies que nos rodean. Somos tiernos cuando nos abrimos al lenguaje de la sensibilidad, capturando en nuestras entrañas el dolor del otro. Somos tiernos cuando reconocemos nuestras limitaciones y entendemos que la fuerza viene de compartir la con los demás el alimento afectivos. Somos tiernos cuando fomentamos el crecimiento de la diferencia, sin tratar de aplastar lo que nos contrasta. Somos tiernos cuando abandonamos la lógica de la guerra, protegiendo los nichos afectivos y vitales para que no se contaminen por las exigencias de funcionalidad y productividad a ultranza que pululan en el mundo contemporáneo”. Estas son las palabras que extraigo del pequeño capítulo dedicado a la <em>ecoternura</em>: L.C.RESTREPO, <em>El Derecho a la ternura</em>, 91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47">[47]</a> CLARDY, JUSTIN LEONARD,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">https://www.academia.edu/11819041/Civic_Tenderness_A_First_Approximation; Idem, <em>Civic Tenderness: Love's Role in Achieving Justice</em> (2017). <em>Theses and Dissertations </em>[University of Arkansas]. 2399.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">http://scholarworks.uark.edu/etd/2399</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48">[48]</a> I.GUANZINI, <em>Tenerezza. La rivoluzione del potere gentile</em>, Ponte alle Grazie, Firenze 2017</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49">[49]</a> Catecismo de la Iglesia Católica: 239 dice que “Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad”; 1611 recuerda que “Los libros de Rut y de Tobías dan testimonios conmovedores del sentido hondo del matrimonio, de la fidelidad y de la ternura de los esposos”; 2350 alude a los gestos sexuales propios de los novios: “Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal”; 2335 dice que “Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50">[50]</a> “En el horizonte del amor, central en la experiencia cristiana del matrimonio y de la familia, se destaca también otra virtud, algo ignorada en estos tiempos de relaciones frenéticas y superficiales: la ternura. Acudamos al dulce e intenso Salmo 131. Como se advierte también en otros textos (cf. <em>Ex</em> 4,22; <em>Is</em> 49,15; <em>Sal</em> 27,10), la unión entre el fiel y su Señor se expresa con rasgos del amor paterno o materno” (<em>Amoris Laetitia</em>, 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref51" name="_ftn51">[51]</a> El 30 de septiembre de 2017, en un discurso a la <em>ANCI</em> (Asociación Nacional de Municipalidades de Italia), el Papa Francisco enumeró formalmente la ternura como una virtud: “Entonces la ciudad se convertirá en un anticipo y un reflejo de la Jerusalén Celeste. Será un signo de la bondad y de la ternura de Dios en el tiempo de los hombres. El alcalde debe tener la virtud de la prudencia para gobernar, pero también la virtud de la valentía para avanzar y la virtud de la ternura para acercarse a los más débiles”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref52" name="_ftn52">[52]</a> http://www.lastampa.it/2016/11/17/vaticaninsider/il-mondo-ha-la-cardiosclerosi-serve-la-rivoluzione-della-tenerezza-vitcCl773rKEJlHCHx6xnO/pagina.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref53" name="_ftn53">[53]</a> PAPA FRANCISCO, <em>Discurso del Santo Padre a los miembros de la Federación de Colegios de Enfermeros, Asistentes Sanitarios, Cuidadoras de Niños (IPASVI)</em>, 3 de marzo de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref54" name="_ftn54">[54]</a> J.M. BERGOGLIO, Homilía del Arzobispo de Buenos Aires en la Misa de Clausura del Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia, 8 de mayo de 2011. http://www.arzbaires.org.ar/inicio/homiliasbergoglio.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref55" name="_ftn55">[55]</a> Hay un texto de Roland Barthes que nos hace pensar mucho desde este punto de vista: “No es solo necesidad de ternura, sino también necesidad de ser tierno con el otro: nos encerramos en una bondad mutua, nos maternizamos recíprocamente, volvemos a la raíz de toda relación, ahí donde se conjugan necesidad y deseo”: <em>Frammenti di un discorso amoroso</em>, p.201.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La Iglesia “en salida”. Una aproximación teológico-pastoral al concepto Iglesia en Evangelii Gaudium - Mons. Cristián Roncagliolo</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/06/la-iglesia-en-salida-una-aproximacion-teologico-pastoral-al-concepto-iglesia-en-evangelii-gaudium-mons-cristian-roncagliolo/</link>
		<pubDate>Sun, 30 Jun 2019 15:59:49 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.181 (ENERO- MARZO 2014)
Autor: Cristián Roncagliolo, pbro., Vice Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica de Chile
Para citar: Roncagliolo, Cristián; <em>La Iglesia "en salida". Una aproximación teológico-pastoral al concepto Iglesia en Evangelii Gaudium</em>, en La Revista Católica, Nº1.181, enero-marzo 2014, pp. 25-37.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/CRONCAGLIOLO_LRC_1181.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La Iglesia "en salida". Aproximación teológico-pastoral al concepto <em>Iglesia</em> en Evangelii Gaudium
Mons. Cristián Roncagliolo
Obispo Auxiliar de Santiago, Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misión de la Iglesia está íntimamente ligada a cómo ella se entiende a sí misma. Esta auto comprensión no ha de buscar su fundamento en la contingencia histórica, ni en un constructivismo mutable –sin negar que estos factores contribuyan a la mencionada auto comprensión–, sino que en Jesucristo, quien es su Fundador. Por ello, al momento de preguntarnos por la identidad y el sentido de la Iglesia, tenemos que remitirnos a la voluntad “creadora” de Cristo, y a la misión que le quiso confiar a su obra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II, haciéndose cargo de esta problemática, y entendiendo la exigencia que el contexto histórico hacía a la comunidad de los discípulos en vista a transparentar de manera más nítida su ser original, buscó responder a la pregunta acerca de cómo se auto comprende la Iglesia y su consecuente misión. En esta dinámica de la auto comprensión se hace nítida la denominada “eclesiología de comunión” como una matriz que, en sí misma explica, de manera amplia y profunda, la naturaleza de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta “eclesiología de comunión” encuentra una recepción madura y novedosa en <em>Evangelii Gaudium</em>. La Exhortación Apostólica, en efecto, hace una síntesis y, al mismo tiempo, una propuesta integrando las dimensiones propias de la Iglesia: ser una comunidad de fe, esperanza y caridad (de filiación en Cristo), que expresa su misión siendo un signo externo de esa unidad viva (de fraternidad en Cristo), pero que se desarrolla en vista de la misión propia de la comunidad de los discípulos, que es evangelizar (de anuncio de Cristo), porque la comunión “esencialmente se configura como comunión misionera” (EG 23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, la recepción de la “eclesiología de comunión” en <em>Evangelii Gaudium</em>, junto con ser coherente con la interpretación del Vaticano II, resulta una verdadera provocación a la praxis de la Iglesia, que ha vivido un desarrollo eclesiológico post conciliar centrado en la comunión, pero con una creciente tendencia al “enclaustramiento”, a un “hacer” de “auto preservación” y de “vitalización interna”, más que a un desarrollo evangelizador, que sitúe la misión de la Iglesia “fuera de sí misma”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las presentes líneas, junto con hacer una breve exposición de los aspectos centrales de la “eclesiología de comunión”, y de su concreción pastoral, visibilizará de qué manera la reciente Exhortación Apostólica es una contribución novedosa a la auto comprensión de la Iglesia, y de su consecuente acción pastoral, mostrándola con una identidad claramente misionera. No obviaremos poner de relieve que este Documento, en su mirada de la Iglesia, pareciera tener un antecedente genético en Aparecida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La Iglesia: signo e instrumento de comunión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La “eclesiología de comunión” es considerada por muchos como la innovación más trascendente para la eclesiología post-conciliar y para la vida de la Iglesia, especialmente a partir del Sínodo de los Obispos de 1985, que la denominó oficialmente como el concepto clave para comprender todo el acontecimiento conciliar<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Esto es relevante porque el concepto de Iglesia (que explica su naturaleza, el “quién es”) explicita la misión de la misma (el “para qué”). Por ello, el punto de partida es preguntarnos qué se entiende por “eclesiología de comunión” en la <em>Lumen gentium</em><a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Iglesia, sacramento de comunión</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un primer acercamiento permite dilucidar que esta eclesiología expresa el ser sacramental de la Iglesia y comporta una realidad orgánica constituida por lazos teológico-espirituales que la constituyen como una “comunidad de fe, esperanza y amor” (LG 8). Por tanto, cuando hablamos de “eclesiología de comunión” no hacemos referencia a una comprensión eclesial de carácter organizativo o de reparto de funciones o de poderes sino, esencialmente, como una comunión con Dios por Cristo en el Espíritu Santo. La Iglesia es comunión porque hunde sus raíces en la comunión trinitaria<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, siendo una misteriosa extensión de ella en el tiempo (cf. LG 4). De esta manera, la comunión trinitaria “se abre a la historia: al ser recibida por el hombre esa comunión rompe, desde lo más profundo, su soledad haciéndolo hijo de Dios y hermano de los hombres”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Consecuencialmente, la Iglesia comunión no está constituida, en primer lugar, por estructuras, sino que es una realidad mistérica que adquiere concreción en la comunidad viva de los discípulos, quienes no se agrupan por simples razones de afinidad, ni siquiera con vistas a una mayor eficacia apostólica ni funcional, sino porque han sido convocados por Cristo (cf. LG 8) para estar en comunión con Él y por eso es “signo e instrumento de la unión íntima con Dios” (LG 1) [filiación]. Él es su fundador, que crea la Iglesia para que sea el Nuevo Israel de Dios (cf. LG 9) [fraternidad]; y es su fundamento, siendo la cabeza que convoca a la unidad en un solo cuerpo (cf. Col 1,18) (cf. LG 9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Iglesia, ícono de la Trinidad en la historia</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La comunión de Dios y con Dios se vuelve, entonces, en el principio de la unidad entre los hermanos. Así, la comunión trinitaria se despliega en la Iglesia, y a través de ella, presentándose como el fundamento para su orden y para articular de modo correcto la unidad en la diversidad en el cuerpo eclesial. En palabras de Henry De Lubac la Iglesia es “mensajera y artífice de unidad”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Esta comunión se verifica en varios niveles: entre los miembros (cf. LG 4, 13), entre quienes ejercitan diversas funciones (cf. LG 32), entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares (cf. LG 10) y, en modo especial, entre el Sucesor de Pedro y el colegio episcopal (cf. LG 21, 22)<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Porque su fundamento está en la Trinidad, la comunión adquiere una amplitud ilimitada. No se trata solamente de la comunión de los hombres con Dios, sino que también genera la comunión de los hombres entre sí: signo e instrumento “de la unidad de todo el género humano” (LG 1) [fraternidad]. Al mismo tiempo, por ser relacional, la comunión se convierte en misión: “Anunciar y establecer en todos los pueblos el Reino de Cristo y de Dios” (LG 5), abriéndose a un horizonte sin límites, por lo cual la Iglesia naturalmente no puede vivir replegada sobre sí misma, sino que debe atestiguar y comunicar (cf. 1Jn 1, 1-4) el Misterio que la constituye y le da la vida<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. De ahí que esta comprensión eclesiológica también tenga honda repercusión en la misión de la Iglesia en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Sentido relacional y misionero de la Iglesia</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia recibió de los apóstoles el solemne mandato de “anunciar la verdad que nos salva para cumplirlo hasta los confines de la tierra” (LG 17). Mediante la predicación del Evangelio y la comunicación del Misterio de la Salvación, la Iglesia atrae a los oyentes a la fe y a la confesión de la misma; mediante el anuncio de que Cristo es la plenitud de lo humano y es camino de felicidad, la Iglesia ilumina el peregrinar de todos los pueblos y los atrae, más allá de su credo. Esta misión brota de la naturaleza comunional de la Iglesia y, por tanto, no solo implica anunciar sino “atraer” hacia una realidad llena de sentido y que plenifica la vida del hombre. De ahí que la identidad misma de la Iglesia la empuja a servir al mundo buscando hacer viva la unidad que la explica y que la impele a su acción. Así dicho, no es posible comprender esta misión evangelizadora, connatural a la Iglesia, sin una comprensión relacional y pro-existente (misionera) de su ser comunión. Por ello, una mirada completa de la eclesiología develada en la <em>Lumen gentium</em> exige reconocer en la <em>Gaudium et spes</em> un complemento indispensable, “la otra cara de la misma moneda”, que permite explicar la totalidad del ser y quehacer de la comunidad viva de los discípulos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con estos principios rectores, ¿de qué manera <em>Evangelii Gaudium</em> acoge esta “eclesiología de comunión”? ¿Cómo este documento enriquece la comprensión de Iglesia, en cuanto Misterio de comunión?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La Iglesia en Evangelii Gaudium</strong><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su primera Exhortación Apostólica, Francisco proporciona una reflexión pastoral novedosa de la mencionada eclesiología, en sintonía con la comprensión conciliar (cf. LG 1), poniendo el acento en su dimensión “extrovertida”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> y denominando a la Iglesia como “Comunión misionera”. Al respecto señala que “la intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión esencialmente se configura como comunión misionera” (EG 23). Desde este prisma, el Papa entiende a la Iglesia volcada a la evangelización, como una “comunión dinámica, abierta y misionera” (EG 31). Esta comprensión, en plena coherencia con la naturaleza del Cuerpo de Cristo, reclama una revolucionaria “conversión pastoral” (EG 25), que lleve a que todas las estructuras de la Iglesia se transformen en instrumentos adecuados o cauces expeditos para “la evangelización del mundo actual, más que para la auto preservación” (EG 27). En efecto, “fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo” (EG 23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Crítica a un modelo pastoral</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La propuesta de una Iglesia en “dinamismo de salida” (EG 20), junto con ser novedosa, es una crítica al modo como ha sido comprendida, en no pocas ocasiones, la “eclesiología de comunión”, y la consecuente pastoral que de ella brota. La crítica pareciera apuntar a que expresiones de esta eclesiología han sido implementadas pastoralmente en formas de auto realización, con características “narcisas”, “auto preservantes”, con un marcado acento intraeclesial. En efecto, el foco de atención ha estado, con preeminencia, en la organización de la Iglesia misma –en sus estructuras– más que en las personas que la constituyen, en los planes pastorales más que en el Evangelio que se debe anunciar, y pareciera entusiasmar “más la hoja de ruta que la ruta misma” (EG 82) postergando, paradojalmente, el sentido misionero que explica el ser de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La realidad descrita ha favorecido el “enclaustramiento” de los bautizados en los límites internos de las parroquias, movimientos u organizaciones eclesiales, emergiendo como paradigma de cristiano al “agente pastoral”, y como ideario natural de la vocación laical, la participación en las estructuras de la Iglesia (parroquias, comunidades de base, movimientos, etc.). Como señala Francisco “si bien se percibe una participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico” (EG 10), produciendo la contradictoria situación de que los discípulos, muchas veces, “se limitan a tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad” (Ibid.), olvidando que la vida y la acción evangelizadora de la “Comunión misionera” transcurren principalmente en los diversos escenarios de la historia, en los que el discípulo está llamado a ser “atractivo”, a ser “luz”, a ser “sal”. En efecto, pareciera que la Iglesia ha focalizado sus fuerzas en formar discípulos “parroquianos” o de “movimientos”, pero no en formar políticos, científicos, filósofos, artistas insertos, etc. Esto explicaría, al menos en parte, la grave ausencia de cristianos comprometidos en los areópagos de la postmodernidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La “hoja de ruta” y la “ruta misma”</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este desarrollo eclesiológico “introvertido” no es un fruto “veleidoso”, sino que ha tenido como motivación fortalecer la comunión interna de la Iglesia –y la comunión con otras comunidades eclesiales no católicas– y la participación de sus miembros, localizando los lugares de encuentro con Cristo –y con los hermanos–<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> en las “formas” por medio de las cuales se manifiesta la comunidad de los discípulos (en el “cómo” se encarna la Iglesia) en un momento de la historia o en un contexto social determinado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La reminiscencia de esta comprensión “enclaustrada” de la Iglesia, a modo de hipótesis, la ubico en una parcial interpretación de la denominada Pastoral de Conjunto y su relación con la “eclesiología de comunión”. Sin poder detenerme en un tema que requiere de un estudio más profundo, la señalada interpretación hace creer que estar en “comunión” implica, para quienes siguen esta lógica, lograr una sintonía mayor con el plan programático de la diócesis u organización eclesial –con la “hoja de ruta”–, tendiendo hacia un creciente centralismo, en desmedro de la dimensión carismática, y confundiendo el concepto teológico de comunión con el de uniformidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La Iglesia “en salida”</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La reforma de las estructuras requiere una “conversión pastoral” que apunte a que “todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad” (EG 27)<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Esta denominada “conversión pastoral” localiza el “lugar” esencial de la comunión visible no en lo “programático” sino en lo “paradigmático”. Así, lo que constituye la comunión no es el cumplimiento riguroso de un itinerario fraguado por una organización –y que rápidamente queda obsoleto en un mundo que cambia vertiginosamente–, ni es la uniformidad que puede pretender esa estructura –sin desmerecer el valor de orientaciones comunes–, ni en el centralismo de la gestión pastoral –que ubica al Ordenado como “el lugar” de la comunión– sino en la común-misión que brota de la unidad entrañable con el Señor, que se verifica en los “lugares de encuentro” con Cristo (la fe recibida en la Iglesia, la Eucaristía, los otros Sacramentos, la Sagrada Escritura, etc.), y que se fortalece en la medida en que sus miembros, diversos por antonomasia, dirigen la mirada al “corazón del Evangelio” (EG 130)<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como magistralmente se explica: “toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial” (EG 27). Así, este modo de comprender la Iglesia “en salida” hace posible, de manera más “limpia” y “real”, la comunión de los distintos movimientos, parroquias, expresiones religiosas, en la única misión de la Iglesia, que es Evangelizar, y que tiene múltiples modos. Por otro lado, libera a la estructura de una responsabilidad que no tiene. La comunión de la Iglesia, en efecto, no se verifica en las estructuras o en los planes, sin negar su contribución, sino que ocurre en los “lugares de encuentro” con Cristo y, particularmente, en la misión, convocando a los diversos en torno a un objetivo común: la evangelización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>El dinamismo del éxodo y del don</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lejos de todo intimismo, esta propuesta pone el foco de la Iglesia “fuera de sí”, dispuesta a “salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG 20), asumiendo “la dinámica del éxodo y del don, del salir de sí, del caminar y sembrar siempre de nuevo, siempre más allá” (EG 21). Por eso, el Papa afirma, con una audacia inusitada, que prefiere “una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (EG 49), una Iglesia que “salga” a las periferias, más que una temerosa de equivocarse y sometida a estructuras anquilosantes. Emerge progresivamente la comprensión de una Iglesia más “carismática” que “estructural”, que sin desconocer el valor de su necesaria organización interna, se revitaliza no por sus innumerables esfuerzos estructuralistas, ni por sus organizaciones y programas, sino porque la fuerza le proviene del Espíritu Santo, que alienta y unifica la misión común de los diversos, obligándola a “expropiarse”, a desposeerse de sí misma, buscando ser más para el “Otro” y para los “otros”, por que su misión esta “fuera de sí”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La comunión no es uniformidad</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un aspecto relevante y provocativo lo encontramos en el “cómo”, desde la clave de la “Comunión misionera”, se comprende la “unidad” y la “diversidad” de la Iglesia. El anuncio evangélico “se transmite de formas tan diversas, que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo” (EG 129), por lo que una excesiva centralización complica la vida de la Iglesia y la dinámica misionera (cf. EG 32). Considerando lo anterior, desde el discipulado misionero se propone una evangelización que se “concentra en lo esencial” (EG 35), y que no se ve amenazada por la diversidad, al considerar que “esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio” (EG 40). Esta variedad es armonizada por el Espíritu Santo que “suscita una múltiple y diversa riqueza de dones y, al mismo tiempo, constituye una unidad que nunca es uniformidad sino multiforme armonía que atrae” (EG 117). Es el mismo Espíritu quien “enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas […] para renovar y edificar la Iglesia” (EG 130). Así, las diferencias entre personas y comunidades, entre iglesias particulares y movimientos, que a veces resultan incómodas, no son una amenaza para la unidad, porque es el Espíritu Santo –principio de unidad–, quien suscita esa diversidad y, al mismo tiempo, puede convertirla “en un dinamismo evangelizador que actúa por atracción […] Solo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad” (EG 131).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>La comunión no es centralismo</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En consonancia con lo anterior, emerge otra arista del problema, propia de la “introversión eclesial” y que puede ser una verdadera “enfermedad” pastoral: “cuando somos nosotros quienes queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Esto no ayuda a la misión de la Iglesia” (EG 131). Con ello, provocadoramente se pone en discusión el enfoque que se le da a los planes o itinerarios pastorales, tantas veces monolíticos y uniformes, que tienen la pretensión de ser el lugar donde se genera la comunión de la Iglesia. Esa comprensión, ampliamente difundida hoy, puede ser una suerte de “cuello de botella”, porque segrega a los discípulos misioneros, poniendo en cuestión su vínculo de comunión, por el solo hecho de que su carisma no sintoniza con el programa pastoral; y también puede ser un obstáculo a la evangelización porque, tantas veces, persigue un centralismo que no se condice con la naturaleza de la Iglesia. A eso pareciera referir Francisco cuando afirma que “hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (EG 26). Por ello, se hace urgente “ser audaces y creativos en esa tarea de repensar los objetivos de las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades” (EG 33). No parece arriesgado afirmar que detrás de esta renovación misionera de las estructuras esta la convicción de que ellas han de ser, más que centralistas, “subsidiarias” al servicio de la acción evangelizadora de la Iglesia particular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Los bautizados como protagonistas de la evangelización</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La propuesta de la “Comunión misionera” tiene su fundamento en el Sacramento del bautismo (cf. EG 103), de donde proviene “la gran dignidad” (EG 104) del cristiano, y que lo constituye en discípulo misionero. En efecto, “en todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a Evangelizar” (EG 119)<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>, por lo que la vitalidad de la Iglesia está en la fuerza que proviene del bautismo que empuja a los discípulos a anunciar la savia y el fervor del Evangelio “en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en el camino” (EG 127). La nueva evangelización, desde esta perspectiva, implica “un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados” [por lo que] “ya no decimos que somos discípulos y misioneros, sino que somos siempre discípulos misioneros” (EG 120)<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, que sustentan su fuerza evangelizadora en la primacía de la gracia (cf. EG 112).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este protagonismo “bautismal” no conlleva una comprensión secularista, incapaz de reconocer el valor del Sacramento del Orden y marcada por la dialéctica acerca de quien tiene el “poder” en la Iglesia, sino que implica un correcto reconocimiento del insustituible valor de los discípulos “ordenados”, particularmente en su servicio a la santificación “de los miembros del Cuerpo Místico de Cristo” (EG 104), ayudando a que cada bautizado desarrolle la función de anunciar y testimoniar, de mostrar lo “atractivo” del Evangelio, para que muchos crean y se conviertan (cf. Ibid.). También implica el reconocimiento de que el obispo diocesano, en cuanto pastor de la Iglesia particular y primer responsable de fomentar la comunión misionera, está al servicio de la unidad de los diversos, de animar en la fe y en la misión a los discípulos en sus variados lugares de evangelización y resguardando su legítima autonomía (cf. EG 31).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Conclusión: la Iglesia es una “Comunión misionera”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Eclesiológicamente, la óptica conciliar muestra una comprensión sugerente, asumiendo a la Iglesia como Misterio de Comunión, que encuentra su modelo de vida y de realización en la Trinidad. Pero, al mismo tiempo, entiende que esta comunión, lejos de todo intimismo, posee como rasgo esencial ser –como la Trinidad– totalmente abierta “para” participar su vida y su felicidad, “para” darse. Analógicamente a la situación del hombre que se realiza a partir de la “donación de sí”, la Iglesia se plenifica pro-existentemente, en su “extroversión”, sirviendo a los “otros”, “fuera de sí”. Por eso, más precisamente, la Iglesia debe ser comprendida como una “Comunión misionera”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta acentuación resulta original porque permite comprender a la comunidad de los discípulos en un dinamismo de “salida”, de entrega gratuita al mundo; entrega que no es una mera actividad, sino una característica primordial de su ser. Ella sirve porque su misma naturaleza así lo exige. Por tanto, la comunión no es entendida como una experiencia interior o intimista sino, muy por el contrario, como una común-unión que se proyecta en la misión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las consecuencias son evidentes. Una eclesiología de esta naturaleza configura una Iglesia amistosa y dialogante –que no es lo mismo que ingenua–, que discierne críticamente la realidad a la luz del Evangelio con la mirada del discípulo misionero. No es su estructura, ni su funcionamiento –organizaciones, planes pastorales, etc.– los que consumen su vida y explican su comunión –aunque no se desconoce su importancia– sino que el rasgo fundamental que le da sentido a su ser Iglesia es la misión de construir el Reino y de brindar su generoso servicio al mundo para que más hombres conozcan la verdad sobre Jesús y la plenitud de lo humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pastoralmente las consecuencias no se dejan esperar. La prioridad no está en las innumerables reuniones que parecen dar testimonio de la comunión de los miembros de la Iglesia, ni en las permanentes evaluaciones, cuyos resultados suelen ser tardíos frente a un mundo que cambia vertiginosamente, ni en las discusiones acerca de las formas, los estilos las relaciones internas o la participación, que insertan, a la Iglesia en un circuito “narcisista”, sino que la prioridad está en la donación de la vida, que supone una Iglesia no “curvada” sobre sí misma sino abierta al servicio, comprometida toda entera con la evangelización, comprendiendo esta entrega y esta misión como el correlato existencial que explica –y da cuenta– de su misma identidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un ámbito aun más acotado, esta propuesta de una Iglesia “en salida” provoca una revisión de las modos de conducción de la Iglesia, del sentido y los alcances de las curias diocesanas, de las vicarias y los decanatos, y de todas las instituciones eclesiales, cuyo desarrollo, en no pocas ocasiones, las ha llevado a tener estructuras “pesadas”, complejas, con pretensiones monopólicas y uniformadoras. En efecto, en varias ocasiones, estas orgánicas, necesarias para la Iglesia, más que favorecer la evangelización la obstaculizan, especialmente por el ánimo centralista –en vez de subsidiario–, que deriva en una pretensión equivoca de constituirse en los lugares de la comunión, provocando también una uniformidad “no católica”, que limita el sentido evangelizador de la “Comunión misionera”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta comprensión de Iglesia “en salida”, exige una mirada más flexible de los planes pastorales –de lo programático–, de tal forma que los mismos transiten desde “hojas de ruta” rígidas, y con fecha de caducidad temprana, a orientaciones con rasgos amplios, respetuosas de la rica diversidad de la Iglesia y profundamente centradas en relevar los lugares de encuentro con Cristo, de tal forma que los “diversos” (que son miembros de la misma Iglesia), puedan estar unidos en lo esencial y, al mismo tiempo, desarrollen una evangelización de acuerdo a su originalidad discipular, y a las exigencias concretas de su realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta misma lógica, la maduración de los mecanismos de participación de los bautizados en las estructuras de la Iglesia, no deberían comprenderse solo en vista de la organización eclesial, sino para al servicio del “sueño misionero de llegar a todos” (EG 31). El paradigma del cristiano ha de ser el testigo de Cristo que, inserto en la historia, da testimonio, desde su vocación particular, de lo atractivo que es el Evangelio y de la humanización que conlleva el camino que Cristo propone.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con luminosa claridad Francisco nos ha introducido en un dinamismo de “salida”, que exige a la Iglesia un “examen de conciencia pastoral”, y el firme “propósito” de animar la evangelización, favoreciendo la diversidad, provocando la acción misionera de los discípulos y pretendiendo que estos, desde la riqueza y la originalidad de su bautismo, sean sujetos individuales y colectivos del anuncio del Evangelio en los diversos areópagos; también, parece provocar a que el inconsciente colectivo eclesial –como ya lo señaló Aparecida– transite desde un paradigma de discípulo intraeclesial –agente pastoral– a otro donde el paradigma de discípulo sea un testigo que esté inmerso en el transcurrir de la historia, anunciando y dando testimonio de su fe, siendo discípulo misionero en la intemperie de la postmodernidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Cf. Segunda Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Relación final Ecclesia sub Verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi, 7 de diciembre de 1985, en Enchiridion del Sinodo dei Vescovi, Bologna, EDB, 2005. C.1. Como se podrá observar esta investigación comprende a la Iglesia como una “comunión para el servicio”, en el sentido que no se puede entender la dimensión comunional de la Iglesia como “ensimismada” sino, por el contrario, inserta en un dinamismo “extrovertido”, de servicio, de salir de sí misma para dar vida al mundo (cf. S. Dianich, Iglesia en Misión. Hacia una eclesiología dinámica, Salamanca, Sígueme, 1988).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cf. Antón, A., Eclesiología post conciliar: esperanzas, resultados y perspectivas (Sígueme, Salamanca 1989), 181s.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Rigal, J., Descubrir la Iglesia (Secretariado Trinitario, Salamanca 2001), 72.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Bueno, E., Eclesiología (BAC, Madrid 1998), 77.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> De Lubac, H., Meditación sobre la Iglesia (Encuentro, Madrid 1988), 144.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. Pié-Ninot, S., Eclesiología. La sacramentalidad de la comunidad cristiana (Sígueme, Salamanca 2007), 168.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Cf. Rigal, J., Descubrir la Iglesia (Secretariado Trinitario, Salamanca 2001), 72.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> En este capítulo se insertarán notas del Documento de Aparecida referidas a nuestro tema, dada la relevancia de este texto para el concierto latinoamericano. Estas notas revelaran que en el Documento de Aparecida emerge, aunque no de manera orgánica, la comprensión de la Iglesia como una “Comunión misionera”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Aparecida, al respecto, señala que “la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… la comunión es misionera y la misión es para la comunión” (DA 163).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Respecto al tema de los “lugares de encuentro con Cristo”, Aparecida proporciona una interesante óptica, entendiéndolo como una experiencia personal –y también comunitaria– con Dios, particularmente rica y no restringida a un concepto abstracto. Hay aspectos particularmente concretos y sustanciales: que el encuentro es entre personas; que cada uno aporta sus riquezas para ser un don para el otro (un encuentro naturalmente pro-existente donde hay un “otro” hacia donde fluye la existencia); que este encuentro con Cristo da ori- gen a la iniciación cristiana; que el Kerigma será el hilo conductor del proceso que culmina en la madurez humana y espiritual del discípulo (cf. DA 278a); que este encuentro es la raíz de la comunión discipular con Dios Trino, en Jesucristo, y con los otros discípulos; que esta experiencia existencial de encuentro de la persona de Jesucristo –que es todo don– con la persona humana, hace que esta última camine progresivamente hacia una donación vivencial en una doble dirección: hacia Dios y hacia los “otros” (cf. DA 156).</h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Dónde se puede encontrar privilegiadamente a Jesús?, o en otros términos ¿cuáles son los lugares, las personas, los dones que hablan de Jesús, que ponen en comunión con él y permiten ser discípulos y misioneros suyos? De una manera prevalente, aunque no excluyente, y siguiendo la senda trazada por Ecclesia in America, la V Conferencia privilegia una serie de “lugares” de encuentro del Señor con sus discípulos, teniendo como marco básico para su realización la fe recibida, la mediación de la Iglesia, “casa” de los discípulos (cf. DA 246), y la búsqueda de Cristo, que no se puede reducir a algo meramente abstracto (cf. EA 12) sino que debe ampliarse valorando la experiencia personal y lo vivencial, considerando los encuentros también en cuanto éstos sean significativos para la persona (cf. DA 55). Con estos presupuestos los lugares de encuentro concitados por Aparecida son: la fe recibida en la Iglesia (cf. DA 246), la Escritura (cf. DA 247), la Liturgia (cf. DA 250), la Eucaristía (cf. DA 251), el Sacramento de la Reconciliación (cf. DA 252), la oración personal y comunitaria (cf. DA 255), la comunidad (cf. DA 256), los pobres, afligidos y enfermos (cf. DA 257), la piedad popular (cf. DA 258), la Virgen María (cf. DA 270) y la devoción a los apóstoles y santos (cf. DA 273) (Cf. C. Roncagliolo, El discipulado en Aparecida. Estudio de un tema central en la V Conferencia, Credo-Ediciones, Saarbrücken, Alemania, 2013, p. 75s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (DA 370).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> El Documento de Aparecida señala que el confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio “no depende tanto de grandes programas o estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino” (DA 11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Esta expresión se usa análogamente a partir de lo afirmado por H. von Balthasar, quien buscando responder a la pregunta sobre qué significa ser cristiano, y en el contexto de su comprensión de la Iglesia, señala que “el cristiano debe aprender a profundizar en su expropiación. Después de haber sido liberado por Cristo, debe seguir orando para pedir desposeimiento de sí” (von Balthasar, H. U., Quién es cristiano [Sígueme, Salamanca 2000], 122).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> “La vida en el Espíritu no nos encierra en una intimidad cómoda, sino que nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero. Nos vuelve comprometidos con los reclamos de la realidad y capaces de encontrarle un profundo significado a todo lo que nos toca hacer por la Iglesia y por el mundo” (DA 285).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> “En virtud del Bautismo y la Confirmación, somos llamados a ser discípulos misioneros de Jesucristo” (DA 153).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Edición 1.202 de La Revista Católica - ¿Dónde están los confines del mundo?</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/07/edicion-1-202-de-la-revista-catolica-donde-estan-los-confines-del-mundo/</link>
		<pubDate>Mon, 08 Jul 2019 08:09:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5><img class="wp-image-1783 size-large aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/Portada_LRC_1202-670x800.jpg" alt="" width="640" height="764" /></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/SINOPSIS_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.202</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desarrollo tecnológico ya no es un fenómeno extrínseco a la sociedad, sino que es un hábitat en el que nos movemos cotidianamente, gozándonos de las bondades con que nos facilita la vida, pero también pagando las consecuencias de su condicionamiento respecto de muchos ámbitos de la existencia. Esa convivencia y convergencia cada vez mayor con la tecnología ha hecho que esta llegue a lo más profundo de las personas, haciendo factible en la actualidad potenciamientos humanos que ya están causando disrupción en nuestra dignidad. ¿Cuál es el límite ético de la aplicación tecnológica a nuestra naturaleza? Según el transhumanismo y el posthumanismo, no debería haber nada que impidiera un total avance de la tecnología sobre nosotros: brazos biónicos, inteligencia artificial, cyborgs (mezcla de humano y robot), entre otras realidades, exigen una reflexión urgente para no llegar nuevamente tarde y desde la condena con una luz evangelizadora. Por eso, a partir del presente número, iniciamos un itinerario formativo en esta línea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además, continuamos profundizando en una compresión humilde y seria del tema del abuso y el encubrimiento, esta vez desde el punto de vista canónico, a la luz de los últimos documentos del Santo Padre Francisco al respecto. Son contenidos dirigidos especialmente a los obispos del mundo, primeros responsables (pero no únicos) del cuidado de las personas en la Iglesia. Estos y otros temas ofrecemos en la presente edición de La Revista Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><strong>EDITORIAL</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><em><strong>¿Dónde están los confines del mundo?</strong></em></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misión esencial de la Iglesia es el anuncio del Evangelio hasta los confines del mundo. Esos confines que desde los comienzos del cristianismo y hasta hace pocos siglos se comprendían como lejanía territorial, hoy más que nunca debemos entenderlos como lejanía existencial, como “periferias”, en lenguaje del Papa Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los ejemplos de misioneros como san Francisco Javier, san Damián de Molokai o santa Francisca Cabrini, que dejando sus hogares para siempre se aventuraron en latitudes desconocidas del planeta, movidos por la pasión por comunicar a Jesucristo por todos los rincones de la Tierra, hoy ya no nos interpelan desde una perspectiva heroica geográfica, sino más bien cultural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy la tierra de misión, también como lo fue desde el comienzo, es el corazón de cada hombre y cada mujer, necesitados de Cristo para vivir en plenitud. Y así como los primeros misioneros cristianos, lo mismo que los del Medioevo y la Modernidad, enfrentaron las inclemencias climáticas y las enormes distancias geográficas, hoy nuestra misión evangelizadora se enfrenta a una creciente distancia cultural. Las inclemencias que dificultan nuestra misión contemporánea ya no son las tormentas en medio del mar, ni el calor asolador del desierto, sino las brechas de los lenguajes, la falta de empatía, la pérdida de credibilidad de nuestro anuncio y, sobre todo, la incapacidad de sintonizar con las personas que constituyen esos confines.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y, lamentablemente, nos damos cuenta de que como Iglesia, especialmente importante parte de su jerarquía, no hacemos más que alejarnos de aquellos a quienes deberíamos estar sedientos de ir. La desconexión casi escandalosa que percibimos regularmente en el discurso público de conocidos pastores y laicos católicos habla de una incomprensión de la categoría de Iglesia <em>en salida</em> a la que el Santo Padre nos viene urgiendo desde el inicio de su pontificado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sería sano el ejercicio de preguntarnos habitualmente cómo nos paramos frente al mundo, cómo nos dirigimos a aquellos a quienes Dios nos ha llamado a comunicarles el amor que da la plenitud de la vida. ¿Los miramos como receptores ignotos y pasivos de una fe monolítica que transmitir, o los consideramos interlocutores válidos y activos de una fe que comunicar en un diálogo fecundo para todos? ¿Miramos la cultura contemporánea o, mejor dicho, la pluralidad de culturas, como una suerte de masa uniforme que requiere ser formateada en clave de cristiandad, o como una rica diversidad de personas en cuyas vidas debemos descubrir el misterio de la Encarnación de Nuestro Señor?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos se urgen hoy porque creen que la Iglesia padece un problema comunicacional enorme, una carencia en sus habilidades de hablarle apropiadamente al mundo. Es cierto, eso es un problema importante, pero mucho antes hay que abordar una situación de grave disociación respecto de los signos de los tiempos que, eminentemente, se manifiestan ad <em>extra ecclesiae</em> y no ad <em>intra ecclesiae</em>. La autorreferencialidad nos está matando, tal como nos los ha advertido en reiteradas ocasiones el Papa Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los tropiezos ya cotidianos de la vida eclesial en el escenario público nos revela cómo seguimos predicándonos a nosotros mismos, un club de creyentes que necesitan recordar una y otra vez sus leyes fundamentales para no contaminarse con la sociedad a la que hemos sido llamados a evangelizar. Así, los confines del mundo parecieran haber retrocedido y ser hoy, para parte de nuestra Iglesia, aquellos límites que aseguran la aglutinación de la colectividad uniforme, creyente, practicante y condescendiente. Son límites que parece ser mejor no traspasar entrando en diálogo con lo cotidiano. Esto, en consecuencia, lleva a traicionar aquel ideal de <em>Iglesia en salida</em> discernida por los obispos latinoamericanos y presentado por el Santo Padre como modelo pastoral para la actualidad… una actualidad que, al menos, todavía se escandaliza de nuestras incoherencias. Aun es tiempo de reconsiderar los confines de la tierra, antes de que la indignación de la sociedad, católica y no católica, dé paso a una absoluta indiferencia respecto del anuncio cristiano, aquel que constituye la esencia de nuestra misión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em><strong>La Revista Católica</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/SINOPSIS_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.202</a></h5>
&nbsp;

&nbsp;

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Transhumanismo: Disrupción tecnológica y naturaleza humana - Albert Cortina</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/07/transhumanismo-disrupcion-tecnologica-y-naturaleza-humana-albert-cortina/</link>
		<pubDate>Mon, 08 Jul 2019 08:09:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Albert Cortina, Director del Estudio DTUM
Para citar: Cortina, Albert; <em>Transhumanismo: Disrupción tecnológica y naturaleza humana</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 147-156.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/ACORTINA_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Transhumanismo: Disrupción tecnológica y naturaleza humana
Albert Cortina <strong style="text-align: start;"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
Director del Estudio DTUM</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Este es el primero de una serie artículo que el autor escribe especialmente para La Revista Católica, con el fin de conocer las corrientes transhumanista y posthumanista, identificar sus ideologías subyacentes y, a partir de una reflexión desde la fe, ofrecer una respuesta cristiana a este fenómeno que llegó para quedarse.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Futuro, persona y tecnologías exponenciales</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Quién está visionando y construyendo hoy el futuro? ¿Desde qué principios, valores éticos y virtudes morales? ¿Qué tipo de globalización tecnológica se está implementando? ¿Cuál es el modelo de innovación más adecuado para el desarrollo integral de la persona humana? ¿Tenemos un deber moral de mejorar al ser humano biotecnológicamente? ¿Nos hibridaremos con las máquinas? ¿Seguiremos siendo humanos?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En múltiples ocasiones, en los debates científicos, académicos, políticos y económicos no se plantean con suficiente profundidad y visión crítica cuáles son los desafíos y las implicaciones éticas y sociales de la innovación tecnocientífica sobre la naturaleza y la condición humana. La mayoría de las veces no tenemos en cuenta que la convergencia entre las tecnologías emergentes lo está revolucionando absolutamente todo. Las denominadas NBIC - unas siglas que aglutinan la combinación e integración de la nanotecnología, las ciencias de la vida, las técnicas de la información y la comunicación, y las ciencias cognitivas – están cambiando para siempre nuestra forma de vida e incluso nuestra forma de ser humanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tampoco es habitual que en el debate teológico se reflexione suficientemente sobre las implicaciones que va a tener la disrupción tecnológica y los postulados de las ideologías del transhumanismo y del posthumanismo en el conjunto de las tradiciones religiosas, y concretamente, en la espiritualidad cristiana y en nuestra fe católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los ciudadanos muchas veces no pueden decidir sobre el modelo de innovación tecnológica que les conviene, teniendo en cuenta los intereses y necesidades colectivas y el bien común. Comprobamos con demasiada frecuencia cómo los ciudadanos únicamente pueden participar, y no siempre, en las etapas de información sobre la planificación (estrategias), programación (agenda) o implementación económica (innovación en productos y servicios). Sin embargo, al ciudadano muchas veces no se le permite participar de una forma plenamente democrática en la definición del modelo que configura determinada innovación científica o desarrollo tecnológico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En nuestra opinión, la ciudadanía no está participando actualmente en la construcción del llamado Nuevo Orden Mundial (NOM), que en occidente - especialmente en Estados Unidos – se está consolidando a través de la globalización tecnoliberal y en oriente - especialmente en China – parece que se desarrolla a través de una globalización más tecnocomunitarista.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, asociamos frecuentemente la innovación con el bienestar, es decir, simplemente con la satisfacción de nuestras necesidades y aspiraciones materiales y de confort. También de nuestros deseos, muchas veces ilimitados. Sin embargo, las personas también queremos alcanzar mayores cotas de felicidad, pensamos en el sentido de nuestra vida, en lo que de verdad nos importa, en el control sobre las decisiones que afectan a nuestra existencia, y todo ello va incrementando la autoconciencia humana que nos permite un mayor entendimiento de la realidad. Los humanos estamos creados para ser felices.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso somos capaces de plantearnos ciertas preguntas como, por ejemplo, si tenemos un derecho ilimitado a la innovación tecnocientífica. Y desde nuestro punto de vista, la respuesta es negativa. La Ley Natural infundida en el corazón del ser humano, nos ayuda a descubrir esos límites, las líneas rojas, los condicionantes éticos, los principios morales, de modo que nuestras acciones se correspondan a una responsabilidad personal y social que modula dicho derecho con el objeto de que no sea ilimitado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La anterior reflexión resulta pertinente dado que en el presente siglo XXI va a ir configurándose un tipo de innovación específica sobre la persona a través del llamado “mejoramiento humano” (<em>human enhancement</em>). Este pretende acelerar biotecnológicamente la evolución humana alterando la condición y naturaleza de la persona y diseñando biotecnológicamente al “hombre nuevo”, que formaría parte de una “nueva humanidad” compuesta por seres posthumanos con capacidades físicas y cognitivas aumentadas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos ante nosotros una serie de escenarios utópicos y también unos escenarios distópicos que debemos considerar. En ese sentido, la ciencia ficción actúa muchas veces como un oráculo que nos permite avistar nuestras opciones de futuro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por un lado, tenemos un escenario lleno de oportunidades para el progreso del ser humano, la evolución de la vida inteligente, el desarrollo armónico de la biósfera y de la noósfera, e incluso para empezar a habitar de alguna forma el cosmos cercano. No obstante, por otro lado, estamos a punto de cruzar dos líneas rojas: la manipulación genética de la línea germinal para alcanzar un proclamado mejoramiento humano según apuntan los transhumanistas, y la hibridación del cuerpo y la mente humana con la máquina y especialmente con la inteligencia artificial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cruzar dichas líneas rojas, es decir, modificar nuestra naturaleza humana para alcanzar primero la condición de seres transhumanos y posteriormente la de seres posthumanos, puede convertir nuestro futuro en una distopía. En este momento, las generaciones que habitamos el planeta Tierra, mediante el principio de precaución, debemos poner las bases éticas de esa relación con las biotecnologías exponenciales y disruptivas que se nos proponen. Ya que no todo lo que podemos hacer o lo que vamos a poder desarrollar en un futuro inmediato, nos conviene.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desarrollo de la inteligencia artificial, la convergencia de las tecnologías NBIC anteriormente citadas, así como la robotización y la computación cuántica, entre otras realidades, tendrán un impacto directo sobre nuestra esencia como seres humanos que lo abarcará todo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos pues, en el momento más crucial de la historia humana, y lo que se está poniendo en juego no es lo que haremos o dejaremos de hacer con la innovación de servicios y productos, sino lo que seremos de ahora en adelante a partir de la innovación biotecnológica sobre el propio ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La auténtica clave de la cuarta revolución industrial o revolución <em>biodigital</em> y del nuevo orden mundial que se está dirimiendo en estos momentos, no radica únicamente en cómo se organizará económica y geopolíticamente la globalización tecnológica, sino en qué se convertirá la especie humana y qué efectos tendrá esa transformación sobre la conciencia de los individuos y del conjunto de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Transhumanismo y Posthumanismo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según la <em>World Transhumanist Association </em>(Asociación Transhumanista Mundial), podemos entender el transhumanismo como una manera de pensar en el futuro basado en la premisa de que la especie humana en su forma actual no representa el final de nuestro desarrollo, sino más bien una etapa relativamente preliminar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El filósofo Nick Bostrom ha definido formalmente el transhumanismo como <em>“un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y aplicar al hombre las nuevas tecnologías, a fin de que se puedan eliminar los aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e, incluso, la condición mortal”</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con estas premisas, los transhumanistas no dudan en pensarse a sí mismos como una extensión del humanismo, ya que comparten su preocupación por los seres humanos en general y por los individuos en particular. Consideran que, aunque no se logre la perfección, si es posible mejorar las cosas promoviendo un pensamiento racional. Su énfasis está centrado en el potencial de <em>“llegar a ser”</em> del que disponemos. Por ello afirman que es necesario y deseable mejorar la condición humana, y emplear medios racionales para lograrlo. Esa mejora no queda restringida a lo externo y ambiental (la cultura, la educación, los métodos humanistas tradicionales), sino que también se aplica al organismo humano. Y esta aproximación permite pensar en ir más allá del humano actual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, el <em>Manifiesto Posthumanista</em>, en el que se exponen las principales tesis de esta ideología de signo tecnocéntrico, afirma por un lado que “todo progreso de la sociedad humana se articula hacia la transformación de la especie humana tal y como es entendida en estos momentos” y, por otro lado, se arguye que “los cuerpos humanos no tienen límites”. Ante esa cosmovisión se impone la necesidad de hacer un análisis crítico y un debate transversal sobre este relato de alcance global que nos presenta el transhumanismo y que supone una nueva concepción del futuro del ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La <em>Singularity University</em> es una institución académica de referencia de la ideología transhumanista, cuya misión es “reunir, educar e inspirar a un grupo de dirigentes que se esfuerzan por comprender y facilitar el desarrollo exponencial de las tecnologías y promover, aplicar, orientar y guiar estas herramientas para resolver los grandes desafíos de la humanidad”. Para esta organización, ciertamente el desarrollo humano resultará exponencial a partir de la convergencia de las tecnologías emergentes que supondrán cambios disruptivos en la evolución humana y en la biósfera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como podemos ver, el transhumanismo es actualmente una corriente influyente de opinión que interpreta y promueve temas de mejoramiento humano desde posiciones más o menos radicales. Así, el transhumanismo, a través de internet, los medios de comunicación, la publicidad, el cine, la literatura, la música, los juegos <em>online</em>, los mundos virtuales, los metaversos, las comunidades digitales en red, etc., está generando una nueva <em>cultura de la mejora</em>. En consecuencia, como sociedades democráticas y avanzadas, debemos centrar nuestra atención en esta cultura para que de forma crítica y responsable construyamos, a la vez, principios comunes basados en una <em>ética universal </em>que permitan transitar por esta sociedad biotecnológica que estamos construyendo en los inicios del siglo XXI.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los principios rectores y valores de esa ética universal deberían ayudarnos a discernir entre diversos tipos de tecnologías disponibles. Por ejemplo, están aquellas tecnologías emergentes que permiten avanzar en un desarrollo humano integral, es decir, en el perfeccionamiento del proyecto humano y en la mejora de la humanidad en su conjunto. También existen las tecnologías que permiten disminuir o superar legítimamente algún tipo de discapacidad producida por una enfermedad o por un accidente; pero, además, hay otras tecnologías que pretenden aumentar exponencialmente las capacidades de la persona sana para incrementar su rendimiento físico o cognitivo individual. Finalmente, vemos aquellas otras tecnologías cuyos efectos se intuyen claramente como no deseados ni deseables para el ser humano y/o para el conjunto de la humanidad. Hay que distinguir bien estos tipos de tecnologías y su potencial alcance.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es probable que en materia de mejoramiento humano no nos convenga todo lo que científica y tecnológicamente podamos hacer ya en estos momentos, o en un futuro más o menos lejano, más o menos cercano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Singularidad tecnológica y mejoramiento humano</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Singularidad está cerca. Para el ingeniero de Google Ray Kurzweil, nuestra especie está a punto de evolucionar artificialmente y convertirse en algo diferente de lo que ha sido siempre. Según él, la <em>singularidad tecnológica</em> o simple <em>Singularidad</em> será un acontecimiento que sucederá dentro de unos años con el aumento espectacular del progreso tecnológico debido al desarrollo de la inteligencia artificial. Eso ocasionará cambios sociales inimaginables, imposibles de comprender o predecir por cualquier humano anterior al citado acontecimiento. En esa fase de la evolución se producirá la fusión entre tecnología e inteligencia humana. Finalmente, de acuerdo a este autor transhumanista, la tecnología dominará los métodos de la biología hasta llegar a una era en la que se impondrá la inteligencia no biológica de los posthumanos que se expandirá por el universo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Kurzweil pronostica que el siglo XXI marcará la liberación de la humanidad de sus cadenas biológicas y la consagración de la inteligencia como el fenómeno más importante de nuestro universo. Los computadores tendrán una inteligencia que los hará indistinguibles de los humanos. De esta forma, la línea entre humanos y máquinas se difuminará como parte de la evolución tecnológica. Los implantes cibernéticos mejorarán a los seres humanos, dotándolos de nuevas habilidades físicas y cognitivas que les permitirán actuar integradamente con las máquinas. A su vez, estas irán evolucionando al irse produciendo una serie de mejoras que las irán convirtiendo en nuevos organismos tecnológicos, tal vez configuradores de una vida artificial sentiente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal y como lo plantean Kurzweil y otros representantes del transhumanismo, parece como si estuviésemos en plena carrera evolutivo-tecnológica en la cual la inteligencia artificial tuviese muchas posibilidades de ganar a la inteligencia humana. Según esta concepción, la inteligencia artificial se desarrolla ya en estos momentos de modo muy rápido, prácticamente de manera exponencial, y va aprendiendo día a día, ganando progresivamente mayores cuotas de autonomía y adoptando todo tipo de decisiones de forma cada vez más eficaz. En cambio, afirman los transhumanistas, la inteligencia humana es más lenta e ineficaz debido a sus limitaciones biológicas y condicionamientos culturales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La principal solución que se nos ofrece desde el transhumanismo para acompasarnos a esa tendencia irreversible es el mejoramiento humano tal y como ya hemos expuesto en el apartado anterior. La interacción e integración en nuestro cuerpo y mente de las tecnologías emergentes NBIC permitirá, según esta ideología, transformar radicalmente nuestra naturaleza humana, en un primer momento a un estadio transhumano, pero con el tiempo, se avanzará hacia un proceso de fusión irreversible entre ambas inteligencias - algunos piensan incluso en la confluencia entre la conciencia humana y una <em>“conciencia artificial”</em>  - produciéndose así la emergencia de una nueva especie o de unos nuevos organismos tecnológicos a los que denominamos posthumanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, un transhumano sería un ser humano en transformación, con algunas capacidades físicas y psíquicas superiores a las de un humano normal debido a la aplicación de <em>“mejoras”</em> tecnológicas y genéticas. Por otro lado, un posthumano podría ser un organismo tecnológico o un ser cuyas capacidades excediesen de forma excepcional al ser humano actual por lo que no se plantearía ambigüedad entre humano y posthumano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Superinteligencia, Superlongevidad y Superbienestar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ideología del transhumanismo se nos presenta habitualmente de forma sintética a través de tres superlativos: La superinteligencia, la superlongevidad y el superbienestar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.1 Superinteligencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según el transhumanista Marco Santini <em>“</em>hay que tener en cuenta que en los próximos años habrá una red de computación profundamente integrada en el medio ambiente, en nuestros cuerpos y en nuestros cerebros. En última instancia, seremos capaces de escanear todos los detalles más destacados del interior de nuestro cerebro, utilizando miles de millones de <em>nanobots</em> (robots diminutos). A continuación, se podrán realizar copias de seguridad de la información. Utilizando la nanotecnología, podremos recrear el cerebro, o mejor aun, según aspiran los transhumanistas, reinstalarlo en un sustrato de computación más eficaz. Nuestros cerebros biológicos utilizan señales químicas que sirven para trasmitir información en solo unos pocos de cientos de metros por segundo. La electrónica es ya millones de veces más rápida. Una pulgada cúbica de circuitos de nanotubos sería alrededor de cien millones de veces más potentes que el cerebro humano. De este modo, vamos a disponer de medios más potentes que la velocidad extremadamente baja interneuronales de nuestra inteligencia<em>”</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El transhumanismo insiste en que toda esa explosión predictiva de la capacidad de computación con el tiempo alumbrará una inteligencia artificial que tal vez llegue a adquirir incluso una consciencia simulada en silicio. Si al final los humanos nos integrásemos a las tecnologías emergentes podríamos, según ellos, llegar a estar en contacto directo con esa inteligencia artificial siempre que lo eligiésemos. El resultado sería que nos fusionaríamos efectivamente con la inteligencia artificial y sus habilidades se convertirían en las nuestras. Eso impulsaría a la especie humana, en opinión de los transhumanistas, a un periodo de <em>superinteligencia</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.2 Superlongevidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aubrey de Grey, experto en la investigación sobre el envejecimiento sostiene, desde una visión transhumanista, que nuestras prioridades están fundamentalmente sesgadas y que tenemos que empezar a pensar en serio acerca de prevenir la enorme cantidad de muertes debido al envejecimiento, la mayor causa de enfermedades mortales en el mundo occidental.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según este autor, hoy no se está tratando el envejecimiento como una prioridad mundial. ¿Estamos simplemente resignados a la muerte por envejecimiento? Hoy en día tenemos el conocimiento y los equipos técnicos para comenzar a desarrollar las tecnologías para combatir el envejecimiento. Desafortunadamente muchas veces, según él, carecemos de la voluntad y del apoyo financiero para hacerlo. La mayoría de nosotros, dice Aubrey de Grey, estamos acostumbrados a la idea de envejecer, a que el envejecimiento sea una consecuencia normal de la vida. No obstante, el envejecimiento según él es una enfermedad que puede curarse.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo los argumentos del pensamiento transhumanista, si suponemos que la medicina moderna es para mantenernos vivos y sanos durante el mayor tiempo posible, entonces el movimiento anti-edad lleva a la medicina a su conclusión lógica <em>“el mayor tiempo posible” </em>significa <em>“siempre y cuando queramos”.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para ello, por ejemplo, se prevé la utilización de los <em>"killer app"</em> (nano robots destructores). Dichos robots, del tamaño de las células de la sangre, a criterio de los transhumanistas, podrán viajar por el torrente sanguíneo destruyendo patógenos, removiendo desechos, corrigiendo errores del ADN, y revirtiendo los procesos del envejecimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, ¿qué haría un mundo sin envejecimiento?, ¿sería sostenible?, ¿cómo podríamos manejar el enorme crecimiento de la población?, ¿cómo nos repartiríamos los recursos naturales?, ¿quién sería el propietario de las tecnologías que lo hicieran posible?, ¿sería la <em>superlongevidad</em> para toda la humanidad o solo para una élite?, y ¿cómo sería la supervivencia y la ancianidad para el resto de la población?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un ejemplo concreto de la agenda transhumanista en relación a la superlongevidad para alcanzar una “<em>nueva humanidad</em>” es el Proyecto Avatar 2045, impulsado por el magnate ruso Dmitry Itskov, que promueve el desarrollo del primer ciborg de la historia, así como la inmortalidad cibernética.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Es todo esto ciencia ficción? Tal vez, pero eso no impide que los seguidores del transhumanismo se lo tomen muy en serio y tengan como elemento fundamental de su corriente de pensamiento, de sus proyectos y de sus programas de financiación, la superlongevidad, la tranferencia mental (<em>mind  uploading</em>, en terminología anglosajona) y la inmortalidad cibernética.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchas son las preguntas que nos podemos seguir haciendo: ¿qué relación tendrá en el futuro la superlongevidad con la calidad de vida de los seres humanos?, ¿hasta cuándo trabajaremos?, ¿subsistirán los derechos y los servicios sociales del actual Estado de Bienestar?, ¿no sería muy aburrido vivir tanto tiempo? ¿estaremos solos? y ¿Qué papel desempeñarían la ética y el derecho en todo esto?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4.3 Superbienestar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez expuestos dos de los tres elementos clave de los postulados transhumanistas que hemos querido abordar en el presente apartado, cabría preguntarse: ¿en qué medida la superinteligencia y la superlongevidad nos harán más felices, plenos y dichosos, individual y colectivamente? La respuesta del transhumanismo sería la siguiente: en la medida en que nos conduzcan al <em>superbienestar</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El filósofo David Pearce expone en sus trabajos que la línea transhumanista del superbienestar tiene como objetivo, en primer lugar, investigar y eliminar el sufrimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Minimizar nuestro sufrimiento, y el sufrimiento de aquellos que nos importan, efectivamente es una parte fundamental de lo que nos impulsa y preocupa como seres humanos. Por lo tanto, los transhumanistas, que se consideran “abolicionistas”, argumentan que debemos empezar a utilizar las tecnologías modernas para hacer exactamente eso: minimizar y eventualmente abolir el sufrimiento marcando el comienzo de una era del llamado superbienestar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La ideología transhumanista sostiene que si alguna vez esperamos aumentar el bienestar de nuestra especie, tendremos que editar nuestros genes. Hablan incluso del biomejoramiento moral. Para esa corriente de pensamiento, está claro que la selección natural no nos ha diseñado para ser felices, sino que nos ha diseñado para ser buenos para sobrevivir y para la transmisión de los genes. En la actualidad, según los transhumanistas, cada niño es una tirada de dados genéticos. De hecho, David Pearce sostiene que lo menos que podemos hacer es cargar los dados a favor nuestro, para crear seres humanos que vivan más saludables y felices.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM. Coautor y coordinador de la trilogía de   libros <em>¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano</em> (2015), <em>Humanidad infinita. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes (2016)</em> y <em>Singulares. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional (2016).</em>  Autor del libro <em>Humanismo avanzado para una sociedad biotecnológica</em> (2017).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Robotización de la vida: La ética ante los nuevos desafíos - COMECE</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/07/robotizacion-de-la-vida-la-etica-ante-los-nuevos-desafios-comece/</link>
		<pubDate>Mon, 15 Jul 2019 07:07:35 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea, COMECE
Para citar: Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea; <em>La ética ante los nuevos desafíos</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 157-166.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/COMECE_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Robotización de la vida: La ética ante los nuevos desafíos
<a href="http://www.comece.eu/site/en/home" target="_blank" rel="noopener">Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea - COMECE</a> <strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA DE LA REDACCIÓN</strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La irrupción de la robótica como instrumento cada vez más presente en distintos ámbitos de la vida, como la industria, la medicina, la agricultura, entre otros, junto con ofrecer enormes beneficios y potenciar las actividades, plantea un creciente cúmulo de preguntas éticas. </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>¿Qué pasa con el empleo cuando los trabajadores son reemplazados por una industria totalmente robotizada? ¿Que un robot sea autónomo, significa necesariamente también que sea libre y, por ende, responsable de sus acciones? ¿Es legítimo atribuir a los robots “personalidad electrónica” desde el punto de vista de la ley, haciéndolos sujetos de derecho y deberes? ¿Cuánto influye el transhumanismo y el posthumanismo en las agendas legislativas referentes a estas nuevas tecnologías? ¿Cómo se responde a este nuevo escenario?</em><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Los países más desarrollados ya están enfrentando estos temas, no como un adelanto de lo que vendrá, sino como respuesta a las situaciones que ya se están viviendo cada vez con más frecuencia, y que implicará un impacto profundo en la vida social. Los obispos católicos de las iglesias de la Unión Europea, a través de su oficina COMECE, ofrecieron una primera reflexión oficial sobre este tema desde una perspectiva antropológica cristiana, planteando algunos puntos que permiten iniciar una reflexión sobre el fenómeno mismo y las consecuencias que ya está teniendo.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A. Observaciones preliminares </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A.1. Alcance del análisis </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desarrollo de la robotización está ligado a una serie de factores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Dada la complejidad de las tareas que deben realizarse en una sociedad, cada vez se recurre más a herramientas tecnológicas sofisticadas (para la comunicación, el transporte, el tratamiento de la información, etc.). Estas exceden la velocidad y precisión de las acciones y reacciones humanas, así como las capacidades de memoria y percepción. En una sociedad compleja y globalizada de actores cada vez más interconectados, la robotización trasciende los límites físicos y cognitivos humanos en los procesos de toma de decisiones y regulación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. La robotización promueve el objetivo de minimizar los costes de producción y de mano de obra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. La robotización reduce los peligros a los que están expuestos los trabajadores. Este es el caso, en particular, de las industrias potencialmente peligrosas, así como de la policía y el ejército<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. El deseo de aumentar el rendimiento y la rentabilidad de los procesos en una sociedad cada vez más compleja y tecnológicamente mejorada ha llevado (al menos en sociedades que pueden permitirse medios tecnológicos sofisticados) a la sustitución gradual de la persona humana por la máquina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La robotización ya tiene la capacidad de ayudar significativamente al sector de la medicina mediante el reconocimiento y la detección de enfermedades a través de medios rápidos, eficaces y estandarizados. También permite compensar desventajas (por ejemplo, exoesqueletos, prótesis, etc.), administrar tratamientos automáticamente y realizar cirugías con un alto grado de exactitud y precisión, y hacerlo a distancia. A pesar de las ventajas de la robotización, cabe destacar que se ha desarrollado dentro de una cultura que ya no tolera los límites de la persona humana. Los proyectos en los que participan personas asistidas por robots, o personas humanas robotizadas (o “aumentadas”), están motivados por el deseo de liberar a la humanidad de las restricciones biológicas (por ejemplo, resistencia física, capacidades mentales, envejecimiento, etc.) para dominar su ser y su devenir. Es cierto que esto se queda corto con respecto a las filosofías utópicas “trans” o “post-humanistas” que permean ciertas esferas del pensamiento contemporáneo. Sin embargo, la robotización está asociada a, y motivada por la idea de que la persona humana es capaz de transformarse a sí misma para escapar de su condición biológica limitada y frágil, una condición que se considera insoportable y que, por lo tanto, debe ser superada<a style="font-size: 16px;" href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a><span style="font-size: 16px;">.</span></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. La robotización se desarrolla en el contexto de la “crisis antropológica”, entendida como un cuestionamiento radical de la identidad y de la verdadera realidad de la persona humana. La intensificación de la robotización, con la consiguiente redundancia o transformación de la persona humana, tiene implicaciones para determinadas sociedades y para ciertos grupos de población. Algunas sociedades no tienen medios para acceder a una robotización eficiente, mientras que ciertos grupos o clases sociales, ya sea por razones económicas o por discapacidades físicas o mentales, se quedan atrás debido a su falta de acceso a las tecnologías. Por lo tanto, la robotización de la vida debe ser considerada sabia y críticamente como una oportunidad, pero no como una necesidad absoluta (porque está relacionada con ciertos intereses particulares), y con una preocupación por aquellos que potencialmente se quedan al margen. También hay que señalar que, en algunos sectores, la robotización está impulsada por factores que son ellos mismos reforzados por la robotización que han creado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A.2. Aclaración terminológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los sistemas de datos digitales permiten que los procesos inteligentes puedan replicarse de modo cada vez más amplio. El término “inteligencia artificial” se utiliza como término genérico para estos sistemas. El presente documento se centra en los procesos específicos realizados por robots. Un robot es un sistema que normalmente consta de tres componentes: (1) un sensor que recoge información de su entorno; (2) un procesador, que procesa dicha información; y (3) un efector que puede interactuar con el entorno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A.3. Diversidad y especificidad de las cuestiones éticas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las consideraciones éticas que surgen en el contexto de la robotización generalmente son más atingentes a la relación entre ciencia y ética. Hay que reconocer que el desarrollo de la tecnología proporciona un apoyo necesario a los individuos y a la sociedad en el ejercicio de la responsabilidad humana. Para ello, los avances tecnológicos no deben ser demonizados ni rechazados. Lo que se necesita es un análisis ético centrado en el impacto que genera el acelerado y avanzado proceso de robotización sobre el individuo y la sociedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>B. Cuestiones éticas </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>B.1. Primacía de la persona, reconocimiento de la dignidad humana </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos científicos y filósofos contemporáneos afirman que los robots tienen cierto grado de autonomía en el sentido de que son sujetos que actúan. Por lo tanto, pueden ser considerados dentro de ciertos límites como “agentes morales”, en el sentido de que pueden tomar decisiones susceptibles de ser evaluadas como buenas o malas. Esto daría lugar a problemas éticos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante la vida, una persona humana puede encontrarse interactuando con estos agentes robóticos. Ya no se define la relación hombre-robot en términos instrumentales, con el uso del robot reforzando la acción humana. En cambio, si las personas humanas buscan ejercer control sobre su entorno, necesitan conferir poder a otras entidades, en este caso, entidades artificiales. Esto requiere aceptar que, debido a la mayor autonomía y al actuar de dichas entidades, la acción humana es limitada. Al mismo tiempo, aumentan las acciones sobre las que los humanos tienen control. Esto da lugar a una paradoja: cuanto más aumenta el poder humano sobre el medio gracias a las máquinas, más se priva a los seres humanos de la acción y el control.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta paradoja genera una sensación de malestar e impotencia. La dignidad y la centralidad de la persona humana se ponen en tela de juicio. Por lo tanto, es necesario ampliar el principio de las buenas relaciones, que anteriormente regulaba la interacción humana con la naturaleza y otros seres humanos, para incluir a los robots.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A este respecto, se deben dar dos pasos, ambos basados en la idea de la “creaturalidad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, así como las personas humanas en su libertad, en sus procesos de decisión deliberativa y en su autonomía son criaturas de Dios, así los robots, a pesar de su “autonomía”, son construidos y programados por humanos. Una persona humana y una máquina cognitiva tienen capacidades específicas para comenzar procesos; pueden relacionarse e interactuar mutuamente, y lo que es más importante, sus actividades pueden estar sometidas a juicio moral y a la valoración de su bondad o maldad -en el sentido de realizar actividades dañinas o inofensivas-. Sin embargo, la máquina actúa solo de acuerdo con su programación originada por una persona humana. Por ello, incluso si la máquina interactúa con o asiste a personas humanas, no es propiamente un agente moral y la responsabilidad última recae siempre en humanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, y lo más importante, lo que rige la relación entre los seres humanos y las máquinas es la primacía y la dignidad de la persona humana. Aunque creada, la persona humana no solo es capaz de relacionarse por sí misma con otras criaturas (tal como los robots están, hasta cierto punto, también programados para hacerlo), sino que tiene la capacidad de cuestionar los criterios y principios sobre los que toma sus decisiones. Es capaz de reflexionar críticamente y de tomar decisiones éticas, como Adán en el Jardín del Edén (Gn 2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La persona humana es responsable de dar orden y sentido a la creación. La antropología cristiana, arraigada en la sabiduría de la tradición bíblica judeocristiana, articula y desarrolla una visión de la persona humana cuya tarea primordial es preservar y cultivar la naturaleza. Esto fundamenta una ética que no idealiza la naturaleza en un sentido sagrado o romántico. Va más allá de la mera preservación para cultivar, desarrollar e incrementar, en términos prácticos, la creación. Este sentido dinámico del papel de la humanidad en la creación no apoya una ética conservadora, sino una ética orientada hacia el futuro, abierta y responsable de la creación a medida que crece y se desarrolla. Esto promueve una actitud hacia la ciencia y la tecnología que es fundamentalmente confiada y acogedora de la innovación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además, hace hincapié en el valor de la libertad de la persona y en la no dependencia de la tecnología a su disposición. Esto se expresa por medio de una actitud críticamente reflexiva y evaluativa de una persona hacia el uso (o mal uso) de la tecnología.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El robot, al menos en su fase actual de desarrollo, no es capaz de hacer esto. Solo puede seguir los procedimientos para los que ha sido programado. En consecuencia, solo la persona humana puede ser considerada una “persona” en el sentido propio, y en su plena dignidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>B.2 Derechos de los robots </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La amplia y variada gama de desafíos éticos que se derivan del uso de los robots por parte de la sociedad se pone de relieve en el debate en curso sobre si se debe conceder a los robots un estatuto jurídico específico y los derechos correspondientes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Parlamento Europeo lo ha recomendado en su <em>Resolución sobre normas de Derecho civil en materia de robótica<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><strong>[4]</strong></a>. </em>Propone que los robots más sofisticados y autónomos tengan el estatus de “personas electrónicas”, responsables de reparar cualquier daño que causen. Recomienda además que la “personalidad electrónica” se aplique a los casos en que los robots tomen decisiones autónomas o interactúen de otro modo con terceros de forma independiente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay que decir, sin embargo, que la construcción de un estatuto jurídico para los robots no es convincente. La persona humana es el fundamento y el centro de todo ordenamiento jurídico. Para una persona natural, la personalidad jurídica se deriva de su existencia como ser humano. Esa personalidad implica derechos y deberes que se ejercen en un marco que reconoce, respeta y promueve la dignidad humana. Por lo tanto, la equiparación de los robots a los seres humanos es contraria al artículo 6 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que establece que <em>“todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica”. </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La petición de que se amplíe la personalidad jurídica a los robots va en contra y socava el concepto mismo de responsabilidad, tal como surge en el contexto de los derechos y los deberes humanos. La responsabilidad basada en la personalidad jurídica solo puede ejercerse cuando existe la capacidad de libertad, y la libertad es algo más que autonomía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La personalidad jurídica se asigna a una persona natural (como consecuencia natural de su condición de ser humano) o a una persona jurídica (en este caso, aunque una ficción, la personalidad jurídica presupone la existencia de una persona natural o de personas que actúan detrás de la ficción). La personalidad jurídica de los robots rompe las fronteras entre los seres humanos y las máquinas, entre lo vivo y lo inerte, lo humano y lo inhumano<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos sostienen que las normas de responsabilidad podrían extenderse a los robots de manera análoga a las normas que rigen la responsabilidad asociada a los animales. Esto representaría un cambio peligroso hacia el reconocimiento de los robots como parte del mundo de los seres vivos. No obstante, los marcos jurídicos existentes que prevén la personalidad física y jurídica ya tienen a su disposición soluciones jurídicas viables, en particular disposiciones sobre productos defectuosos, así como normas sobre la responsabilidad por daños y perjuicios causados por cosas que se encuentran bajo el cuidado de una persona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>C. Enfoque particular </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>C.1. ¿Cómo cambiará el futuro del trabajo? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los campos de aplicación de la robótica son múltiples y variados. Algunos problemas éticos surgen en relación con determinados ámbitos de aplicación, mientras que otros son básicos y siguen siendo comunes a todos. Como ya se ha señalado, un ámbito que merece especial atención es, sin duda, el mercado laboral y el impacto personal y social de la robotización. El desarrollo del mercado laboral y la perspectiva de un aumento de los despidos humanos lo convierten en un tema controvertido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El uso de robots causará un profundo cambio social. Esto será más evidente en el contexto del mercado laboral, donde es probable que las condiciones sufran cambios radicales. Los robots podrán ampliar, incluso sustituir, el trabajo que antes realizaban las personas. Este fenómeno ha sido descrito como la Cuarta Revolución Industrial y está en curso, configurando de manera significativa los patrones de empleo actuales y futuros<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los estudios también predicen enormes cambios en los perfiles de trabajo. Para integrar a los robots, el entorno de trabajo requiere una reorganización y reestructuración que, a su vez, genera nuevos puestos de trabajo que difieren de los perfiles de empleo existentes. Una ventaja del uso de robots en estos nuevos trabajos es que minimiza la exposición humana a procesos de trabajo peligrosos e inhumanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, también hay que señalar que, si bien los robots en el lugar de trabajo traen consigo oportunidades y ventajas, también afectan (a menudo negativamente) a los grupos más vulnerables de la sociedad, en particular a los jóvenes y a las personas con menos educación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los robots pueden realizar fácilmente secuencias de trabajo simples y automatizadas que tradicionalmente eran realizadas por trabajadores jóvenes que entraban en el mercado laboral o por trabajadores no cualificados. Esto puede dar lugar a una disminución de la seguridad laboral de estos grupos y a una mayor polarización del mercado laboral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las necesidades de la sociedad contemporánea exigen un compromiso renovado con la configuración y regulación del uso de los robots en el lugar de trabajo. Esto requiere que los legisladores estén atentos a una serie de factores: hay que garantizar la seguridad del mercado laboral, hay que respetar el bien común y hay que proteger los derechos de los trabajadores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El marco jurídico europeo existente establece que el trabajo es un derecho humano y que deben proporcionarse condiciones de trabajo favorables. La dignidad humana, la libertad individual y la solidaridad son fundamentales para estos derechos y dan lugar a la obligación de configurar para el futuro una visión acerca del trabajo centrada en el ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>C.2. ¿Cómo la justicia social y el bien común se convierten en criterios éticos decisivos? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo análisis ético debe realizarse teniendo en cuenta tanto las perspectivas individuales como las colectivas. La responsabilidad moral y ética que debe ejercerse en el uso de la robótica se refiere no solo a la primacía de la persona, al respeto de su dignidad y a la salvaguardia de su libre elección, sino también a consideraciones más amplias de justicia social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La justicia social no se refiere únicamente a la meta final del bien común, sino a cuestiones de distribución equitativa y acceso justo a los recursos del mundo, y aquí la robótica tiene un papel que desempeñar. El peligro con el crecimiento y desarrollo de la robótica es que las diferencias sociales ya existentes se estén exacerbando, las injusticias y desigualdades estén aumentando (especialmente para los más vulnerables) y el logro del bien común se esté frustrando.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La visión antropológica cristiana es una visión basada en la solidaridad y en sí misma proporciona una base para minimizar, incluso superar, los impactos negativos de la robótica, especialmente para los pobres. La idea del bien común no es abstracta. Más bien, toma forma histórica concreta en la percepción, según el contexto, de las necesidades y expectativas de individuos y grupos libres que poseen derechos y deberes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, es necesario promover y facilitar un debate abierto sobre el desarrollo de la robótica que considere de manera reflexiva y crítica sus intenciones, aplicaciones y consecuencias<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Este debate requiere una participación amplia y variada que tenga en cuenta adecuadamente los diferentes intereses y responsabilidades de los actores clave. No se debe subestimar la contribución vital de la perspectiva basada en la fe cristiana a esta ética pública en desarrollo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>D. Conclusión </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En vista de las complejas consideraciones que la robótica presenta para la humanidad, las respuestas simples no son útiles. No puede haber una aceptación incondicional o enfática de estas nuevas tecnologías, ni puede haber un rechazo absoluto de las mismas, con todas sus posibilidades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los desafíos del desarrollo científico y tecnológico exigen una revisión del actual horizonte de principios, un nuevo análisis y una reevaluación de lo que antes se consideraban normas “establecidas” de comportamiento y práctica. Esto haría que la humanidad reconsiderase sus opciones y prioridades al dirigir las opciones individuales y sociales, la inversión de recursos, así como las oportunidades presentes y futuras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primacía de la persona humana basada en el reconocimiento de la dignidad humana constituye la parte central de esta revisión. Es esencial un respeto equilibrado de los avances tecnológicos y una visión clara del compromiso de la responsabilidad humana con el bien común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesario estar atentos a este campo en desarrollo de investigación e innovación y acompañar a sus actores y procesos de una manera críticamente reflexiva y constructiva, que busque cultivar una ética pública y promover el bien común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto requiere algo más que un mero análisis de coste-beneficio utilitario de las nuevas tecnologías en sus dimensiones sociales, medioambientales y económicas. Es esencial fomentar el desarrollo de una cultura humanista que discierna los vínculos entre la ciencia y la tecnología y los aspectos antropológicos, culturales y éticos<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Solo esta consideración multidisciplinaria de la robótica puede ayudar a aprovechar el potencial de esas innovaciones científicas y tecnológicas de manera que se respete la dignidad humana y se promueva el bien común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> COMECE, la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (UE), está formada por obispos delegados por las Conferencias Episcopales Católicas de los 28 Estados miembros de la Unión Europea. Su misión es supervisar el proceso político de la UE en todos los ámbitos de interés para la Iglesia, y establecer un diálogo con sus diversos actores. La COMECE está asistida en su misión por una serie de Comisiones y Grupos de Trabajo formados por expertos designados por las Conferencias Episcopales nacionales y por organizaciones católicas que trabajan en los campos pertinentes. Su sede está en Bruselas, Bélgica, junto a la sede de la Comisión Europea, el ente ejecutivo de la UE.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <em>La Humanización de los Robots y la Robotización de la Persona Humana</em>. <em>Perspectivas éticas sobre los sistemas de armas letales autónomos y los soldados aumentados </em>(con una selección de textos del compromiso de la Iglesia con los sistemas de armas letales autónomos), Ginebra, Documentos de trabajo de la Fundación Caritas in Veritate, 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> D. LAMBERT, “Riesgos y esperanzas de un discurso sobre la vulnerabilidad humana” en <em>Fragilidad, cuéntanos tu grandeza</em>, París, Cerf, 2013, pp. 13-30 (Actas de la conferencia: <em>Sentido o sinsentido de la ‘Fragilidad humana’ en la sociedad europea contemporánea</em> - Parlamento Europeo, viernes 21 de octubre de 2011); Id., “¿Debemos liberarnos de la fragilidad? Preguntas a partir de la robotización de las actividades humanas” en: <em>Ibíd</em>., pp. 101-118.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Parlamento Europeo, Resolución sobre las normas de derecho civil en materia de robótica, 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Contribución del COMECE a la consulta pública del Reglamento de Derecho Civil del Parlamento Europeo sobre Robótica, 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> COMECE, Modelando el futuro del trabajo, 2018</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Ver Grupo Europeo de Ética de la Ciencia y de las Nuevas Tecnologías, Declaración sobre Inteligencia Artificial, Robótica y “Sistemas Autónomos”, 2018</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> El término “cultura humanista” tiene que estar conformado por principios fundamentales como: el imperio de la ley, la justicia social, la solidaridad, la responsabilidad y la transparencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Vos estis lux mundi: Una renovada legislación para la protección de menores y personas vulnerables - Davide Cito, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/07/vos-estis-lux-mundi-una-renovada-legislacion-para-la-proteccion-de-menores-y-personas-vulnerables-davide-cito-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 21 Jul 2019 21:29:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Davide Cito, pbro.
Para citar: Cito, Davide; <em>Vos estis lux mundi: Una renovada legislación para la protección de menores y personas vulnerables</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 184-190.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/DCITO_LRC_1202.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><em>Vos estis lux mundi</em>: Una renovada legislación para la protección de menores y personas vulnerables
Davide Cito, pbro. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A pocos meses de la reunión celebrada en el Vaticano del 21 al 24 de febrero, titulada <a href="http://revistacatolica.cl/2019/04/discurso-conclusivo-del-encuentro-sobre-la-proteccion-de-los-menores-en-la-iglesia-santo-padre-francisco/" target="_blank" rel="noopener">“La protección de los menores en la Iglesia”</a>, a la que asistieron los Presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo, se ha añadido un nuevo acto pontificio a los numerosos discursos y documentos que, sobre todo a partir de 2010, los Sumos Pontífices, Benedicto XVI en primer lugar y Francisco en la actualidad, han dedicado una atención creciente y conmovedora al doloroso tema del abuso de menores en la Iglesia por parte de los ministros ordenados. Entre los documentos promulgados (<a href="https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-03/editorial-tornielli-motu-proprio-proteccion-menores-vatiab.html" target="_blank" rel="noopener">VER AQUÍ</a>) poco antes del motu proprio objeto de estas breves notas se encuentran el motu proprio “<a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/it/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio-20190326_latutela-deiminori.html" target="_blank" rel="noopener">Sobre la protección de los menores y de las personas vulnerables</a>”, la <a href="http://www.vatican.va/resources/resources_protezioneminori-legge297_20190326_it.html" target="_blank" rel="noopener">Ley CCXCVII</a> sobre la protección de los menores y de las personas vulnerables del Estado de la Ciudad del Vaticano, y las <a href="http://www.vatican.va/resources/resources_protezioneminori-lineeguida_20190326_it.html" target="_blank" rel="noopener">“Directrices”</a> para la protección de los menores y de las personas vulnerables para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano, todas del 26 de marzo de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El motu proprio del Papa Francisco <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio-20190507_vos-estis-lux-mundi.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Vos estis lux mundi</em> </a>del 7 de mayo de 2019 entró en vigor <em>ad experimentum</em> por tres años el 1 de junio. Así, es una nueva pieza del mosaico que en los últimos años la Iglesia está diseñando para ofrecer a los fieles heridos la acogida y la escucha, junto con un ambiente seguro y evangelizador, a quienes se acercan a las comunidades eclesiales para un encuentro vivo con Jesucristo, con su palabra y su gracia. Es un trabajo que se ha realizado sobre la base de la experiencia adquirida según el desarrollo creciente del fenómeno, con dificultad pero con una decisión cada vez mayor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es difícil ver cómo este documento representa una concretización de lo que el Papa Francisco ya había expresado en su Carta al Pueblo de Dios del 20 de agosto de 2018, en la que subrayaba, entre otras cosas, dos aspectos: “Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura” (n. 2); y un poco más adelante: “Tal solidaridad nos exige, a su vez, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Proemio de <em>Vos estis lux mundi</em> se recuerda una vez más la implicación de toda la Iglesia: “Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles. Para que estos casos, en todas sus formas, no ocurran más, se necesita una continua y profunda conversión de los corazones, acompañada de acciones concretas y eficaces que involucren a todos en la Iglesia”. Ciertamente, hay una gradualidad en la responsabilidad moral y jurídica de los <em>christifideles</em>, como señala el Santo Padre: “Esta responsabilidad recae, en primer lugar, sobre los sucesores de los Apóstoles, elegidos por Dios para la guía pastoral de su Pueblo, y exige de ellos el compromiso de seguir de cerca las huellas del Divino Maestro”. Eso sí, no hay que olvidar esto: “Lo que compete a los sucesores de los Apóstoles de una manera más estricta, concierne también a todos aquellos que, en diversos modos, realizan ministerios en la Iglesia, profesan los consejos evangélicos o están llamados a servir al pueblo cristiano”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este marco trazado por el Santo Padre, se inserta el motu proprio <em>Vos estis lux mundi</em>, que gira en torno al tema de la denuncia de conductas directamente relacionadas con los abusos o su encubrimiento, o con los actos u omisiones realizados para impedir su procesamiento tanto en el ámbito canónico como en el civil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de los años, en efecto, ha surgido un doble problema: la dificultad de poder denunciar eficazmente los abusos sufridos y, al mismo tiempo, una inercia o incluso una negligencia culpable por parte de las autoridades eclesiásticas llamadas a intervenir en presencia de tales actos criminales. Las expresiones de Benedicto XVI en la Carta a los católicos de Irlanda muestran todo el dolor por esta situación: “Muchos habéis experimentado que cuando teníais el valor suficiente para hablar de lo que os había pasado, nadie quería escucharos. Los que habéis sufrido abusos en los internados debéis haber sentido que no había manera de escapar de vuestros sufrimientos” (<a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/letters/2010/documents/hf_ben-xvi_let_20100319_church-ireland.html" target="_blank" rel="noopener">Carta de Benedicto XVI a los católicos de Irlanda, 19 de marzo de 2010, n. 6</a>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Noticias del delito</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, uno de los puntos más importantes, aunque aparentemente elusivo desde el punto de vista de la obligación legal, es facilitar la posibilidad de que las víctimas accedan al informe sin demasiados obstáculos, que ya son muy evidentes en aquellos que han sufrido un abuso debido a la concomitancia de factores (religiosos, familiares, contextuales, etc.). Tales obstáculos tienden a disuadir a una persona de denunciar el abuso, el cual por lo demás es siempre muy difícil de probar. En este sentido, un ejemplo de evolución en esta materia es el vinculado a las llamadas noticias del delito indicadas en el canon 1717 del Código de Derecho Canónico (CIC) que dice: “Siempre que el Ordinario tenga noticia, al menos verosímil, de un delito (<em>notitia saltem verisimilis</em>)”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe envió una carta en 2011 para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de las Directrices para el tratamiento de los casos de abuso infantil por parte de los clérigos, se indicó: “Si la acusación se considera creíble”. En las Orientaciones adoptadas por el Papa Francisco el 26 de marzo de 2019 para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano, n. F6, se dice en cambio: “siempre que la noticia del crimen no sea manifiestamente infundada” y lo mismo ocurre con el motu proprio <em>Vos estis lux mundi</em> en el art. 10 §1: “Excepto que el informe sea manifiestamente infundado, el Metropolitano solicita de inmediato al Dicasterio competente el encargo de iniciar la investigación”. En otras palabras, dado que estos delitos rara vez ocurren en presencia de testigos, solo es necesario descartar la investigación previa en caso de imposibilidad manifiesta del delito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Actitud hacia las presuntas víctimas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto de la actitud hacia los que se presentan como víctimas de abusos, también en este caso podemos notar la evolución desde la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2011 que decía: “La Iglesia, en la persona del Obispo o de un delegado suyo, debe estar dispuesta a escuchar a las víctimas y a sus familiares y a esforzarse en asistirles espiritual y psicológicamente”. Ahora el texto de las Orientaciones de 2019 del Vicariato de la Ciudad del Vaticano (F1) expresa: “Los que afirman haber sido víctimas de explotación, abuso sexual o maltrato en la Iglesia, así como sus familias, tienen derecho a ser recibidos, escuchados y acompañados”. Además, se establece en <em>Vos estis lux mundi</em> (Art. 3) la obligación de informar a los clérigos o a los miembros de un Instituto de Vida Consagrada o de una Sociedad de Vida Apostólica si tienen noticias o razones fundadas para creer que se ha cometido alguno de los hechos a que se refiere el artículo 1 del mismo motu proprio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta obligación, que pesa sobre aquellos que en virtud de su ministerio o consagración están al servicio del Pueblo de Dios (Proemio), tiene su razón de ser en la responsabilidad de la santidad de la Iglesia y, por tanto, debe respetar lo que está relacionado con el ministerio ejercido, que es también la primera responsabilidad de la santidad de la Iglesia. De hecho, el art. 3 recuerda los cánones 1548 §2 CIC y 1229 §2 CCEO (Código de Cánones de las Iglesias Orientales), que no solo dispensan a los clérigos de dar testimonio de lo que les fue manifestado como resultado de su ministerio sagrado, sino que también se refiere a los cánones 1550 §2 n. 2 CIC y 1231 §2 n. 2 CCEO que consideran a los sacerdotes absolutamente incapaces de ser testigos “respecto a todo lo que conocen por confesión sacramental, aunque el penitente pida que lo manifiesten; más aún, lo que de cualquier modo haya oído alguien con motivo de confesión no puede ser aceptado ni siquiera como indicio de la verdad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El informe</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El objeto del informe son dos grupos de conducta: los delitos enumerados en la letra a), que incluyen una gama de causas penales más amplia que la indicada en el c. 1395 §2 CIC y en el motu proprio <a href="http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/la/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_20020110_sacramentorum-sanctitatis-tutela.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Sacramentorum sanctitatis tutela</em></a> art. 6 §1. La mayor parte está dada, en primer lugar, por los sujetos incluidos, que no solo son clérigos, sino también miembros de Institutos de Vida Consagrada o de Sociedades de Vida Apostólica, en cuyo caso se trata de personas de ambos sexos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las víctimas pueden ser adultos en caso de violencia, amenazas o abuso de autoridad (c. 1395 §2 se limita a indicar violencia o amenazas, pero no abuso de autoridad), obligadas a realizar o someterse a actos sexuales (i); también se indican los actos sexuales realizados con un menor o persona vulnerable (ii).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este nuevo documento se distinguen las figuras del menor (de menos de dieciocho años o equiparado por ley) y aquella de la persona vulnerable. Sin embargo, en este último caso no se hace una equiparación directa como aquella del motu proprio <em>Sacramentorum sanctitatis tutela</em>, que equipara al menor solo a la persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón. Así, se adopta la definición legal establecida en la Ley CCXCVII sobre la protección de los menores y de las personas vulnerables del Estado de la Ciudad del Vaticano, de 26 de marzo de 2019, en la que se establece que se debe considerar vulnerable a “cualquier persona en estado de enfermedad, de deficiencia física o mental, o de privación de la libertad personal que, de hecho, aunque sea ocasionalmente, limite la capacidad de comprender o querer o resistirse de alguna otra manera a la ofensa”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, los delitos en el ámbito de la pornografía infantil (iii) son más extensos que los establecidos en el artículo 6, apartado 1, segundo párrafo, del motu proprio <em>Sacramentorum sanctitatis tutela</em>, y en forma resumida se recoge el artículo 10 de la Ley VIII “Reglamento complementario en materia penal” del 11 de julio de 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La obligación de informar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la letra b) del apartado 1 del artículo 1, no se hace referencia expresa a los delitos, sino a la “conducta”, “que consiste en acciones u omisiones destinadas a interferir o eludir las investigaciones civiles o canónicas, administrativas o penales contra un clérigo o religioso en relación con los delitos a que se refiere la letra a) del presente parágrafo”. En este caso, los sujetos activos de tal conducta, que a veces pueden tener las connotaciones precisas de los delitos indicados en el c. 1389 sobre abuso de poder o ministerio, y negligencia culpable en detrimento de otros en el ejercicio de sus funciones, son los indicados en el art. 6 sucesivo, es decir, todos aquellos, desde los Cardenales hasta los Moderadores Supremos de los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica de Derecho Pontificio, que, a título diverso, ejercen el poder eclesiástico directo sobre los fieles o gozan de jurisdicción eclesiástica. En esencia, se trata de una disposición en la línea del artículo 1 del motu proprio <em>Como una madre amorosa</em> del 4 de junio de 2016, que lo precisa y refuerza posteriormente al incluir en él a otros sujetos que gozan de la potestad de gobierno en la conducción de comunidades de fieles. De ello se deduce que la obligación de informar indicada en el artículo 3 incluye no solo los delitos a que se refiere la letra a) sino también la conducta a que se refiere la letra b).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto de la obligación de informar, con todos los problemas que implica en especial la denuncia de la “conducta” indicada en la letra b), se deduce que el motu proprio se presenta sobre todo como una legislación de tipo “procesal” en el sentido disciplinar, con los inevitables límites de una legislación universal, pero destinada a situaciones eclesiales muy diferentes. La dinámica de estos informes, tanto desde el punto de vista de su recepción como desde el punto de vista de su tratamiento posterior, se dirige a que la obligación no quede como una mera declaración de intenciones, aunque importante y encomiable, sino que sea un instrumento eficaz, aunque obviamente perfectible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer punto, relativo a la recepción de los informes, está dedicado principalmente a los artículos 2 a 4 del motu proprio, que se centran principalmente en dos aspectos: la accesibilidad y la exhaustividad del informe; la protección de la persona que presenta la denuncia. En este sentido, el art. 2 establece que: “las Diócesis o las Eparquías, individual o conjuntamente, deben establecer, dentro de un año a partir de la entrada en vigor de las presentes normas, uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar los informes, incluyendo eventualmente la creación de un oficio eclesiástico específico”. Al mismo tiempo: “El informe recoge los elementos de la forma más detallada posible, como indicaciones del tiempo y lugar de los hechos, de las personas involucradas o con conocimiento de los mismos, así como cualquier otra circunstancia que pueda ser útil para asegurar una valoración precisa de los hechos” (Art. 3 §4). Se trata, en efecto, de promover la responsabilidad en la Iglesia, no de fomentar rumores incontrolados que pueden causar graves daños si no se verifican adecuadamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La persona que hace la denuncia está específicamente protegida por el art. 4 para evitar, salvo en el caso de denuncias calumniosas o difamatorias según los cánones 1390 CIC y 1452-1454 CCEO, represalias o discriminación contra ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿A quién entregar el informe?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El artículo 3 del motu proprio presenta un amplio abanico de personas aptas para recibir el informe: el Ordinario del lugar donde se hubieran producido los hechos u otro Ordinario entre los indicados en los cánones 134 CIC o 984 CCEO, o una autoridad eclesiástica indicada en los artículos 8-9, entre los que destaca la figura del Metropolitano, en el caso de un informe relativo a uno de los temas a que se refiere el art. 6, sin perjuicio de la posibilidad de enviar siempre el informe a la Santa Sede, directamente o a través del representante pontificio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando se trata de la denuncia de un delito contemplado en el art. 1, letra a), relativo a un clérigo o a un miembro de un Instituto de Vida Consagrada o de una Sociedad de Vida Apostólica, el procedimiento se lleva a cabo según las normas existentes, sea o no un delito reservado a la Congregación para la Doctrina de la Fe. En cierto sentido, el motu proprio se limita a establecer la obligación de enviar la <em>notitia criminis</em> por los delitos indicados a la autoridad eclesiástica competente, pero no se detiene en el procedimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El caso en que el informe se refiera a uno de los temas mencionados en el artículo 6 del motu proprio es diferente, en cuyo caso, aunque no modifica específicamente ni trata del procedimiento penal o administrativo, se fijan algunos elementos que parecen importantes para su aplicación efectiva, entre los que me parece que hay que subrayar el relativo al calendario indicado en los artículos 10, 12, apartado 9, y 14, en los que se establecen plazos rigurosos y verificables para la realización de las investigaciones, con el fin de evitar que el informe siga sin prosperar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El motu proprio concluye reiterando que su aplicación no prejuzga en modo alguno la validez de las normas civiles sobre la materia establecidas en los distintos lugares, relativas, sobre todo, a la eventual obligación de informar a las autoridades del Estado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, este motu proprio marca un momento importante porque, a través de una ley de indudable impacto en la vida eclesial, apela decisiva e inequívocamente a una responsabilidad y a sus consecuencias ante el esfuerzo que la Iglesia está realizando en su compromiso por la protección de los menores y de las personas vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTA</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, catedrático de Derecho Penal Canónico en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Cuando un obispo predica - Mons. Patrick H. Daly</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/07/cuando-un-obispo-predica-mons-patrick-h-daly/</link>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2019 21:25:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Patrick H. Daly
Para citar: Daly, Patrick H.; <em>Cuando un obispo predica</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 201-209.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/PDALY_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Cuando un obispo predica
Mons. Patrick H. Daly <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco de Sales (1567-1622), Obispo de Ginebra, era de la idea de que la consagración episcopal confería a los obispos una gracia especial que, al margen de cuán eruditos o elocuentes fueran ellos como sacerdotes, dotaba su predicación como obispos con un valor agregado o, para usar una imagen más moderna, promovía sus sermones a una liga superior. El sacerdocio pudo haber sido instituido durante la Última Cena, pero Francisco de Sales sostenía que los primeros obispos fueron consagrados el día de Pentecostés. Como resultado de que el Espíritu Santo tomase posesión de sus corazones, los obispos se inspiraban en la fuente misma, mientras que los demás lo hacían de forma subordinada. La predicación del obispo tenía una cualidad distintiva y específica, relativa y conferida por el orden episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco de Sales, siendo él mismo nada mal predicador, encarnaba las virtudes episcopales puestas en relieve por el Concilio de Trento (1545-63), que insistía en que lo que definía al obispo católico era su predicación y su rol magisterial. Cuando el Concilio Vaticano II propuso una teología más enriquecida y contundente del episcopado con su triple identidad como sacerdote, profeta y rey, el obispo siguió siendo presentado por <em>Lumen Gentium</em> 25 primordialmente como predicador, maestro y <em>doctor fidei</em>. Había una clara indicación, y ese es el <em>leitmotif</em> del presente artículo, que lo que distingue la predicación del obispo es el sello magisterial que lleva. Y, en convicción del autor, hay más todavía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que es muy claro en <a href="http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/apost_exhortations/documents/hf_jp-ii_exh_20031016_pastores-gregis.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Pastores Gregis</em></a>, la exhortación apostólica publicada en 2003 por Juan Pablo II después del Sínodo dedicado a la vocación de los obispos, es la fusión espiritual de identidades entre el obispo que enseña y Cristo Maestro. El obispo habla a la Iglesia con <em>vox sponsae</em>, la voz de la esposa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La predicación de los Padres de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, la mayoría de los cuales fueron obispos, todos vieron la predicación como algo central a su ministerio episcopal. Fue por medio de su predicación, más que en sus órdenes, que establecieron su vínculo con los Apóstoles. La reputación que ellos tuvieron en su propia época y póstumamente fue definida por su talento como predicadores, por la lucidez de su pensamiento y por la profundidad de su enseñanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Juan Crisóstomo, Arzobispo de Constantinopla (c.347-407), fue un predicador tan capaz, que se le conoció como “Boca de Oro”. Ambrosio de Milán (c.339-97) fue admirado por el joven Agustín, primero por el seductor encanto de su elocuencia antes de que lo convenciera la doctrina del Obispo de Milán. Más tarde, cuando él mismo devino obispo, Agustín (354-340) afinó las técnicas de la antigua oratoria romana con un efecto hipnótico al exponer la Palabra de Dios al clero y al pueblo de Hipona. El Arzobispo Bonifacio de Cartago manifestó que nunca escuchó predicar a su vecino Fulgencio, Obispo de Ruspe (c.463-527), sin terminar sumido en un mar de lágrimas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los obispos predicadores del periodo patrístico en sus propios días formaron mentes, conmovieron corazones y trajeron de regreso a la fe a aquellos que estaban en el error. Es más, los Padres dotaron a la Iglesia durante los siglos sucesivos con un legado doctrinal, articulado originalmente a través de homilías, de tal riqueza que el breviario romano reformado está lleno de extractos de sus escritos, y las constituciones dogmáticas del Concilio Vaticano II están repletas de referencias a las fuentes patrísticas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El obispo santo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez que en la Alta Edad Media se reconoció oficialmente la canonización de los santos por parte del Papa como un proceso legal, un gran número de obispos fueron elevados a los altares y honrados con fiestas en el calendario romano. La primera canonización papal “oficial” fue la de un obispo, Ulrico de Augsburgo (+973), canonizado por el Papa Juan XV el 993. Sucesivamente, muchos de aquellos cuya santidad fue reconocida de manera oficial fueron obispos. De la Inglaterra medieval ocho obispos fueron canonizados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los <em>topoi</em> hagiográficos más frecuentemente citados en los registros de los procesos de canonización fue aquel acerca de la santa dedicación del obispo a la predicación. Un ejemplo basta. En el proceso <em>de vita et moribus </em>de Tomás de Cantalupo (Obispo de Hereford entre 1275-82, canonizado en 1320 por el Papa Juan XXII en Aviñón), su sucesor, Ricardo Swinfield, atestiguó cómo su predecesor rezaba, estudiaba metódicamente las Escrituras hasta altas horas de la noche, y así después se dedicaba a escribir los sermones de su propia mano. Ralph de Hengham, uno de los secretarios del difunto obispo, declaró que Cantalupo era un excelso predicador y un excelente teólogo, y que eso lo percibió en cómo la homilía era el punto destacado de sus visitas a las parroquias y comunidades religiosas en su diócesis rural. De muchos otros obispos medievales se afirmó la misma dedicación y capacidad en su predicación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Santos obispos irlandeses y su predicación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dos fueron los obispos irlandeses canonizados en el periodo medieval: Malaquías, Arzobispo de Armagh (canonizado en 1199 por el Papa Clemente III), y Lorenzo O’Toole, Arzobispo de Dublín (canonizado en 1225 por el Papa Honorio III). Ambos tuvieron una reputación no solo de elocuentes predicadores, sino que especialmente dedicados a la predicación. Es importante notar que uno de los más célebres predicadores de la Edad Media fue irlandés. Ricardo Fitzralph, Arzobispo de Armagh (1346-60), predicaba sermones que dejaron una profunda impresión en la corte papal de Aviñón, dada su erudición y la elegancia de su latín escolástico. En Irlanda, junto con predicar en contra de los frailes mendicantes, Fitzralph predicó en Dundalk, Drogheda, Dublín y en diversos lugares en Meath acerca de una variedad de problemas sociales. Reprendió al clero por su indolencia, y a los mercaderes por su extravagancia, su derroche y por el comercio clandestino. Fitzralph fue muy querido por los laicos que, según las fuentes, acogían con entusiasmo sus homilías. En torno a su tumba en la iglesia de San Nicolás en Dundalk se desarrolló un culto, aunque los intentos por canonizarlo no tuvieron éxito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Los sermones del obispo en imprenta</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sermón del obispo continúa despertando interés incluso en nuestros días. Antologías de predicaciones de obispos tienen un alto nivel de lectoría, especialmente desde el Concilio Vaticano II. Las homilías impresas del desaparecido Cardenal Carlo Martini, Arzobispo de Milán, llegaron a una docena de tomos; los sermones del Arzobispo Vincenzo Paglia, padre espiritual de la Comunidad de San Egidio, abarcó todas las lecturas dominicales de los tres ciclos litúrgicos. Las prédicas del fallecido Cardenal Basil Hume fueron transcritas o reelaboradas en una serie de volúmenes, mientras que los libros de Joseph Casidy, Arzobispo de Tuam, que también cubrieron los domingos y fiestas de los años A, B y C, se transformaron en una referencia obligada de trabajo homilético para los esforzados sacerdotes seculares irlandeses durante muchos años.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podría argumentarse que aquellos más reconocidos por su talento como predicadores fueron más fácilmente promovidos al episcopado. Ciertamente, este fue el caso del siglo XVII en Francia donde Bossuet, Fenélon, Fléchier y Massillon (los cuatro conmemorados juntos en un monumento impresionante en la Plaza de San Sulpicio en París) fueron todos hechos y puestos en diócesis precisamente por su elocuencia en el púlpito. Y así nos podemos plantear la pregunta acerca de si, una vez que devinieron obispos, ¿hay algo extra, alguna cualidad especial en la predicación <em>ex ore episcopi</em> que recomiende los sermones de los obispos a un público más amplio del que los escuchó originalmente, o que sugiera que ellos deben ser conservados para la posteridad? ¿Tienen más peso teológico las homilías episcopales, suponen un mayor respeto o exigen un mayor grado de reverencia porque fueron pronunciadas por obispos?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La unicidad del sermón episcopal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una sociedad donde prevalece el rango social o una jerarquía de cualquier tipo, el impacto de la palabra escrita o pronunciada variará según la autoridad que se percibe de su autor. Este principio general se aplica <em>a fortiori</em> cuando se trata de la Iglesia. La reprimenda del director del colegio causa una impresión distinta en un alumno que las mismas palabras dichas como una corrección fraterna por parte de un amigo. Un consejo paternal, un suave reproche de nuestra madre, o el consejo de un hermano nos afectará de modo diverso. Así, por ejemplo, podríamos preguntarnos lo siguiente: si la homilía del Miércoles de Cenizas de nuestro párroco es deficiente, carece de ciertas cualidades, y si, por el contrario, esas cualidades sí se observan en el sermón del obispo en la catedral al inaugurar el tiempo de Cuaresma, entonces, ¿cuáles son dichas cualidades?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pensamiento de la Iglesia acerca de las cualidades que distinguen la predicación de un obispo fueron elaboradas por aquellos textos del Concilio Vaticano II que decían relación con el episcopado. 35 años después, cuando Juan Pablo II condujo a sus hermanos obispos a través del umbral del nuevo milenio, se focalizó una vez más en esos rasgos característicos destacados por los padres conciliares, pero llamando la atención particularmente sobre un elemento original señalado por su primer predecesor (<em>1Pe</em> 3,15) y que se transformó en el selló de su propio ministerio como testigo: la <em>esperanza</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El obispo habla acerca de las verdades de la fe católica con la autoridad de Cristo, profundiza en ellas y las explica con la mentalidad de la Iglesia. Él comparte sus reflexiones sobre la Palabra de Dios con su pueblo, consciente de que está en comunión fraterna con todos los demás obispos católicos que proclaman la misma fe y la comprenden del mismo modo; y en particular, predica de acuerdo con el Obispo de Roma. La verdad de lo que él predica, la ortodoxia de lo que transmite y la coherencia entre lo que propone y la vida que lleva son lo que confiere su singular autoridad a su predicación como obispo católico. El Papa Francisco siguió el ejemplo de su predecesor al insistir que los obispos al predicar inculcasen esperanza en su rebaño. La autoridad del obispo en el ejercicio de su rol magisterial y cuando predica, particularmente en su iglesia catedral y al pueblo encomendado a su cuidado pastoral, reside en su fidelidad al Magisterio Ordinario de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Puede afirmarse, además, que un párroco o cualquier ministro ordenado que predica desde el ambón o desde el púlpito de una iglesia católica, también tiene la ortodoxia y el Magisterio como prueba de su autenticidad como ministro de la Palabra. De hecho, la teología del Concilio Vaticano II acerca del sacerdote ministro como colaborador del obispo diocesano en el ejercicio de <em>su</em> ministerio, ve que la autoridad del sacerdote es <em>derivada</em> de una autoridad poseída propia y plenamente por el obispo. Así,  la singular cualidad sacramental del obispo en cuanto maestro permanece intacta, por lo que su autoridad es compartida pero no disminuida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También se puede preguntar, qué es lo que lo hace específicamente un doctor de la fe. No es su elocuencia como predicador, ni la consistencia de lo que él propone junto a la gran Tradición de la Iglesia y a su comunión con otros obispos católicos y el sucesor de Pedro en particular (ortodoxia). Tampoco es la tradición magisterial sobre la cual se sostiene su comprensión de la fe y la moral, aquello que constituye la particular autoridad del obispo como maestro o su voz como predicador. Es más bien el rol que él encarna como obispo, la identidad que tiene <em>ex officio</em> que lo hace un singular <em>doctor fidei</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La consideración de aquel rol episcopal tradicional y el contexto eclesial en el cual este se ejerce, puede ayudarnos a comprender más claramente qué hace que el sermón del obispo sea diferente de aquel del párroco, del jesuita o del redemptorista predicando en una misión parroquial. Y la mejor forma de ilustrar esa diversidad de roles y la manera en que ellos impactan en el obispo en cuanto maestro-predicador, es analizar lo que ocurre durante la Misa Crismal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La prédica del obispo en la Misa Crismal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En algunas diócesis más pequeñas la Misa Crismal continúa celebrándose cada año el Jueves Santo, pero incluso en diócesis más extensas donde se celebra en un momento más conveniente de la Semana Santa, el vínculo de esta liturgia extraordinaria con la Última Cena y con todo el misterio del Jueves Santo es esencial a su identidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Misa Crismal merece una atención particular y revela mucho acerca del carácter singular de la predicación del obispo, porque la liturgia lo muestra en todos los roles esenciales de su oficio. Es la única celebración litúrgica del año en que la familia diocesana se congrega completa en la catedral, la iglesia local se reúne jerárquicamente, el rol eclesial de todos los participantes se pone en relieve celebrativo, y la tríada de identidades encarnadas por el obispo aparece de manera completa, formal y pública.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al considerar el ministerio del obispo como <em>doctor fidei</em> y su predicación con motivo de la Misa Crismal, queda en evidencia su identidad como maestro y destaca por qué su condición de predicador es única, así como por qué sus enseñanzas sobre fe y costumbres requieren una particular atención.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>Ceremoniale Episcoporum</em> es bastante específico en sus instrucciones para los obispos para la celebración de la Misa Crismal. Para su homilía, debe estar sentado en su sede, tener la mitra en su cabeza y su báculo en la mano. Debe hablar directamente a los sacerdotes, recordarles su vocación de servicio, e invitarlos a comprometerse una vez más a la vocación sacerdotal renovando las promesas hechas a su obispo y a la Iglesia el día de su ordenación. Así, el obispo predica <em>ex cathedra</em>, con la mitra indicando la plenitud del orden y con el báculo destacando su rol de pastor de todo el rebaño de bautizados, que incluye a los sacerdotes. Entremos en esta imagen icónica del obispo, que está llena de significado teológico y eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La sede</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Misa Crismal se celebra en la catedral, iglesia madre de la diócesis, iglesia que es hogar y lugar de reunión por igual de todos los miembros de la familia de la iglesia local. Es el centro de la vida diocesana, es el edificio eclesiástico en que se realiza la iglesia local, con todos sus componentes y miembros. El obispo está sentado en su sede: los dispensadores de conocimiento, justicia y educación habitualmente se sientan en una sede. En esta sede o <em>cathedra</em>, nadie más está autorizado a sentarse, ningún obispo visitante ni cardenal, siendo la única excepción el Obispo de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sede está ubicada en el espacio más sagrado de la catedral, siendo el lugar apropiado para que el obispo imparta la enseñanza sagrada. Decimos de un profesor universitario que lo que ocupa es una “<em>cátedra de filosofía/historia/lingüística</em>”, y la <em>cátedra</em> del obispo juega un rol análogo, pues lo ubica, lo muestra y lo identifica como alguien que <em>profesa</em> la fe con el fin de enseñar a los fieles. Se puede decir más sobre el significado de la <em>cathedra</em>, pero queda clara su importancia en la Misa Crismal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Misa del Crisma, con todos los sacerdotes de la diócesis en el santuario reunidos en torno al obispo, da testimonio de una expresión corporativa de identidad sacerdotal y hace visible la relación entre los sacerdotes y su obispo. Cuando el obispo habla a sus presbíteros en este contexto, es el padre hablando a sus hijos, es el maestro que se dirige a sus discípulos, e incluso podemos decir que es un capitán animando a su equipo. Lo que hace tan especial y significativa la homilía del obispo en la Misa Crismal, única durante el año, es que él habla a sus sacerdotes plenamente consciente de que todos lo están escuchando. Les habla acerca de su ministerio, ejercido en su nombre, en medio del rebaño de bautizados que les ha sido encomendado a su cuidado en las diversas partes de la diócesis. La unidad del presbiterio y la relación de los presbíteros con su obispo es destacada en la homilía y, como ya dijimos, se expresa corporativamente en la consiguiente concelebración de la Eucaristía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El báculo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El obispo, con el báculo recordándoselo, es el pastor y habla por medio de sus colaboradores, los sacerdotes, a aquellos para quienes se trabaja y se sirve, es decir, los fieles, el rebaño. Por supuesto, él puede utilizar la ocasión para hablar del Misterio Pascual que está por celebrarse durante el Triduo Santo, puede abordar otros temas de fe y costumbres, u otro hecho candente de interés cristiano respecto de la sociedad contemporánea, por ejemplo, la migración. Este tema podría desarrollarse más, pero basta con decir que el obispo, como buen pastor, está siempre atento a la voz de sus ovejas y él, a su vez, se dirige a ellas con una voz que ellas reconocen. El obispo, como pastor, se esfuerza en dirigirse a su rebaño respecto de las preocupaciones que tengan, en advertirles acerca del peligro y en protegerles del error. El corazón humano siempre se conmueve con palabras de amor y solicitud provenientes de una voz que les es familiar e inmediatamente reconocible. Ese es el efecto que el obispo celoso espera alcanzar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Consideremos un aspecto final de la asamblea congregada en la Misa Crismal y su relación con el obispo diocesano que la preside, sobre todo porque también constituye la respuesta a las palabras evocadas por el obispo. Todos los bautizados en una familia diocesana tienen una <em>relación</em> eclesial con el obispo, del mismo modo en que los hijos en una familia tienen una relación con sus padres. El clero tiene promesas solemnes de obediencia con su obispo, mientras que a los fieles laicos -por ser el obispo su padre en Dios debidamente designado – se les pide escuchar las palabras del obispo, cuando él les habla en materias de fe o los aconseja en temas éticos o morales, y hacerlo con una sagrada deferencia y una sumisión de la voluntad acorde con la dinámica de una relación parental. Así, el sermón del obispo es escuchado y sus contenidos acogidos con una disposición dócil, basados en la convicción de que un padre siempre querrá lo mejor para sus hijos (<em>Lc</em> 11,11-13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El contexto eclesial de la Misa Crismal en el que el obispo diocesano predica y enseña como doctor, pastor y padre, se revela en su mayor relieve y casi en perfecta simetría, por sobre cualquier otra celebración del año de la Iglesia. La singularidad del rol del obispo determina el carácter único del cual goza su predicación. La identidad cristológica de aquel que está dotado con la plenitud del orden, su posición exclusiva como pastor de la diócesis o iglesia local (que posee todas las características de la Iglesia Universal), y las relaciones que su ordenación episcopal engendra a lo largo de la Iglesia, se combinan para hacer que su predicación esté particularmente en sintonía con la articulación de su triple vocación episcopal como sacerdote, rey y, sobre todo, profeta. Puede ser que san Francisco de Sales no haya usado este lenguaje, pero su comprensión acerca de lo que la gracia del orden le confirió cuando se convirtió en obispo el 8 de diciembre de 1602, fue asombrosamente perceptiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>A modo de conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se puede negar que no todos los obispos son excelsos predicadores, considerando que muchos de ellos lo son y lo han sido desde los tiempos patrísticos. Juan de Ávila, un sacerdote secular, ciertamente fue más efectivo en sus esfuerzos homiléticos que cualquiera de los obispos del siglo XVI de Andalucía. El desaparecido padre Leonard Shield sj, incansable misionero parroquial, fue sin duda más seguro de sí mismo y más elocuente en el púlpito que cualquier obispo de Irlanda de los años 50; o el padre C.C. Martindale sj y Monseñor Ronald Knox lo mismo respecto de los obispos católicos ingleses en el periodo entre guerras. Pero la predicación del obispo, cuando es el diocesano hablando en cuanto <em>doctor fidei</em> a su pueblo, cuando convergen los criterios destacados en esta reflexión sobre cómo su oficio condiciona el alcance de la transmisión y recepción de su mensaje; y cuando él como pastor actúa en la plenitud del orden, merece un respeto y una consideración tal que solo es debida a quienes han recibido el oficio episcopal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTA</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Patrick H. Daly es un sacerdote de origen irlandés perteneciente al clero de la Diócesis de Birmingham, Inglaterra. Es Doctor en Historia Medieval y Licenciado en Teología. El presente artículo fue publicado originalmente en inglés en mayo de 2016 bajo el título “When a Bishop Preaches” en <a href="https://thefurrow.ie/" target="_blank" rel="noopener"><em>The Furrow</em></a>, revista mensual sobre la Iglesia contemporánea editada por el Saint Patrick’s College de Dublín, Irlanda. La traducción es de La Revista Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Un latido en la tumba: Demostración histórica de la Resurrección - Antonio Macaya, diácono</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/08/un-latido-en-la-tumba-demostracion-historica-de-la-resurreccion-antonio-macaya/</link>
		<pubDate>Sun, 11 Aug 2019 19:53:28 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Antonio Macaya Pascual
Para citar: Macaya, Antonio; <em>Un latido en la tumba: Demostración histórica de la Resurrección</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 267-274.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/07/AMACAYA_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARCHIVO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Un latido en la tumba: Demostración histórica de la Resurrección
Antonio Macaya Pascual <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Universidad Abad Oliba - CEU de Barcelona</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si le hubiéramos explicado a María Magdalena todos los problemas en que nos hallamos sumergidos en pleno año 2019, justo unos minutos después de la primera aparición de Jesucristo resucitado, el brillo de sus ojos no hubiera disminuido un ápice. Ella lo había visto. Lo había tocado. Lo había escuchado decir su nombre. Había sentido la mirada amorosa del Señor resucitado. Quizás nos hubiera respondido: «Él puede solucionarlo todo. Él lo va a solucionar todo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Resurrección es nuestra mayor esperanza. El propio Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia afirma que aquello que funda nuestra esperanza en una tierra que habite la justicia es la resurrección de Cristo<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">He tenido la oportunidad de revisar de manera sistemática mucho material que estudia desde el punto de vista histórico ese momento. Fruto de ese esfuerzo nació el libro “Un latido en la tumba” (editorial Voz de Papel), cuyo resumen compartimos a continuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Consenso de mínimos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera parte del libro explora los argumentos a favor de la Resurrección. La segunda, las teorías contrarias. La tercera parte intenta una cronología detallada de lo que sucedió entre el 5 de abril y el 14 de mayo del año 33. Siempre en clave histórica, pues una teología sana parte de aquello que realmente sucedió.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Resurrección es una verdad de fe. Y, sin embargo, profesores universitarios como Michael Licona y Gary Habermas han demostrado que hay un amplio consenso entre cristianos como ellos y otras autoridades académicas judías como Pinchas Lapide, ateas como Paula Friedriksen o agnósticas como Bart Ehrmann acerca de dos hechos que consideran históricos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El cadáver de Jesús no estaba en su sepulcro el 5 de abril del año 33 de nuestra era.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Centenares de simpatizantes y algunos de los enemigos de Jesús le vieron o creyeron verle vivo después de su muerte en la cruz.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto a la fecha concreta, he seguido la hipótesis Waddington y Humphreys<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>. Por un lado, demuestran astronómicamente que el año 33 es el mejor entre los poquísimos en los que la Pascua judía coincidió en sábado. Ese mismo año, poco después de las seis de la tarde del viernes 3 de abril hubo un eclipse lunar que explicaría la “luna de sangre” de la que habla san Pedro en su primera predicación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este cálculo encajaría con los datos bíblicos: el Bautista empezó su actividad el año 15 de Tiberio (Lc 3,1-2), que fue el año 29-30 de nuestra era. Por otro lado, Jesús predicó la primera de sus tres o cuatro Pascuas en Jerusalén a los 46 años de edificarse el Templo (Jn 2, 20; en rigor, la <em>naos</em>, pues el conjunto no fue finalizado hasta los años 60), cosa que por Flavio Josefo se puede datar en el 17 aC (<em>Antigüedades</em> 15.421).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Históricamente hablando, hay un gran número de datos que apuntan a que el cadáver de Jesús jamás apareció. Si el cadáver hubiera quedado en el sepulcro, los cristianos no hubieran podido predicar que Jesús había resucitado, ni los judíos acusarles de haber robado el cadáver, ni los cristianos replicar que esa versión era fruto de un soborno de la guardia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Constan visitas al Santo Sepulcro desde el principio. Eutiques, patriarca de Alejandría, relata el establecimiento de una comunidad judeocristiana en Jerusalén ya en el año 73. Hubo culto en el Calvario desde el siglo I, como sugieren el Testamento de Adán y los grafitos hallados a finales del siglo XX<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>. Si una sola persona hubiera aportado un dato fiable sobre el paradero del cadáver de Jesús, nada de todo esto hubiera sido posible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1951 se halló también, bajo el Cenáculo, una sinagoga del siglo I, probablemente paleocristiana, con el ábside orientado al Sepulcro. La mejor explicación es que ese grupo de judíos consideraban que el Sepulcro era más importante que el Templo<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hallazgo del sudario plegado como cuando fue cubierto el Rostro de Jesús y el resto de los lienzos son incomprensibles si el cadáver fue robado o si el relato es una invención mítica tardía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La historicidad del sepulcro vacío se complementa con la de las apariciones de Jesús. Podríamos decir que las aportaciones recientes más interesantes al respecto son tres: una mejor comprensión de la teología del II Templo, el papel de los testigos oculares y la “explosión” de una Cristología casi totalmente desarrollada anterior al año 40. Estos tres elementos restan peso a las hipótesis del desarrollo tardío de teologías que fueron reelaborando ciertas interpretación de los hechos, por parte de “comunidades de creyentes” (<em>Gesichteforme</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.1 El judaísmo del II Templo</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Teología del II Templo nos ayuda a meternos en la piel de los judíos que vivieron la Pascua del año 33 dC. NT Wright<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a> compara las esperanzas de los judíos del siglo I con cuatro melodías. Lo que resulta fascinante es ver que la Resurrección de Jesús supone que las cuatro melodías quedan unidas en una maravillosa sinfonía. Algo histórico hizo que algunos judíos relacionados con Jesús dijeran que habían escuchado esas melodías, que son: el clímax de la historia, el perdón de los pecados, la llegada del Mesías-Rey<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a> y, con todo ello, el regreso de la Gloria de YHWH.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para mí supuso una gran sorpresa leer que, según Wright, los judíos del siglo I consideraban que la Gloria de YHWH no moraba en el Templo. Y, sin embargo, eso soluciona mil enigmas: ¿Por qué había otro Templo en Elefantina? ¿Por qué hay profetas post-exílicos que anuncian el regreso de YHWH? Si YHWH dice «moraré en medio de ti» (Zac 2,15) o «dentro de poco llenaré de gloria esta casa» (Ag 2, 7), significa que aun no está allí. ¿En qué momento había regresado la Gloria, si no hay rastro alguno de algo tan importante ni en los libros de Esdras, ni en Nehemías, ni en ningún otro?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 2018 se publicó un libro que sintetiza los resultados de las excavaciones en Magdala, la ciudad de donde provenía María Magdalena, a la que podemos llamar verdadera "protomártir" (aunque fuera testimonio de palabra)<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a>. En Magdala se han hallado bañeras rituales o <em>mikvaot</em>, piedras para redes de pescar, un puerto y dos sinagogas. ¿Estuvo allí María Magdalena anunciando la Resurrección? No tenemos constancia. Pero probablemente conocía la piedra sobre la que se proclamaba la Torá, en la que estaba representada la <em>merkabá</em>, el carro de Ezequiel en que la Gloria de YHWH abandonó su Templo. Sabía lo que significaba, y por eso la Resurrección fue para ella y para el resto de primeros cristianos, no una conversión a una nueva religión, sino la plenitud de la suya. Era un nuevo mundo. Un final feliz que cerraba el círculo tras la expulsión del Jardín del Edén, del cual el II Templo era una representación. Mediante la Pascua de Jesucristo, Dios y el hombre habían recuperado una armonía mejorada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.2 Los testigos oculares</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Richard Bauckham ha publicado recientemente la segunda edición de su histórico libro <em>Jesus and the eyewitnesses</em><a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a><em>.</em> Múltiples datos indicarían que los evangelios se han elaborado a partir de testimonios oculares. La presencia de ciertos nombres en Marcos, de los que nada se dice (Bartimeo, Alejandro, Rufo...), y que desaparecen en otros evangelios se explicaría porque son fuentes directas del escritor sagrado o/y personajes a los que los lectores reconocen. En otros casos sucede al revés: hay personajes innominados que aparecen en evangelios tardíos, como el del discípulo que cortó la oreja de Malco. Tal recurso sería el llamado “anonimato protector”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro llamativo recurso es el cambio de sujeto del plural al singular en 22 episodios narrados por Marcos, que escribe, por ejemplo: «fueron a Cafarnaúm y Jesús dijo…». En los paralelos se pierde el plural, y leemos: «Jesús fue y dijo...». La mejor explicación es que, en el primer caso, Marcos está redactando una catequesis predicada oralmente en que Pedro, un testigo ocular, está explicando: «fuimos a Cafarnaúm y Jesús dijo...».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los nombres en los evangelios son los mismos, incluso desde el punto de vista porcentual, en comparación con grandes bases de datos con nombres de principios del siglo I en Palestina. De hecho, los redactores de los evangelios emplean técnicas historiográficas comparables en todo a las mejores biografías de la época, como las de Plutarco, Polibio o Luciano. Papías alude a que él mismo solo ha querido recoger testimonios de testigos oculares directos, que ha recopilado cuidadosamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.3 La Cristología anterior al año 50</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se puede determinar con certeza, históricamente hablando, que la creencia en la divinidad de Jesús apareció antes de los años 40, recurriendo exclusivamente a textos indudablemente muy precoces. Los himnos cristológicos de Flp 2, 6-11 y Col 1, 15-23 son, como el Credo de 1 Cor 15, anteriores al año 40.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">David Capes<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>, por ejemplo, recopila al menos 8 “citas de YHWH” entre las cartas de san Pablo. Son textos del Antiguo Testamento en que el sujeto es YHWH, y san Pablo los aplica a Jesús, cambiando el nombre divino por el título de <em>Kyrios </em>(Señor). Véase Rm 11,33 (cita de Is 40,13) o Rm 10,13 (cita de Joel 2,32).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como es sabido, los judíos no pronunciaban el nombre de YHWH, sustituyéndolo por <em>Adonai </em>en hebreo y <em>Kyrios </em>en griego. Los romanos se maravillaban de que todo niño judío se negaba en redondo a decir, simplemente, que “el César es <em>Kyrios</em>” (Guerra Judía 7.10.1 § 418-9). Por lo tanto, decir que Jesús de Nazaret es el <em>Kyrios </em>es lo mismo que decir que Jesús es YHWH. Esto es algo totalmente espectacular, algo que un judío no puede hacer a menos de que haya presenciado una intervención divina superior incluso a la liberación de Egipto y a la entrega de la Torá.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hecho de confesar que «Jesús es el Señor» es confesar que Jesús es Dios, como dice de forma explícita Rm 9,5 y Tit 2,13. Jesús es uno con Dios Padre, y por eso «el Señor» es introducido en el <em>Shemá </em>y equiparado a Dios Creador en 1 Cor 8,6. Jesús es «Señor» de toda la vida (moral) y de la historia (escatología). «Señor» es un nombre, no solo un título. No es una identidad funcional, sino óntica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Larry Hurtado<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a> ha tenido el acierto de centrarse en un estudio de las actitudes religiosas que se observan entre los primeros cristianos para deducir qué pensaban. Aunque algunos siguen diciendo que los evangelios son de finales del siglo I, es obvio que el tipo de relación entre los primeros cristianos y Jesús es de entrega total, solo equiparable a la que tenían, como judíos, con YHWH. «Si vivimos, vivimos para el Señor. Si morimos, morimos para el Señor. En la vida y en la muerte, somos del Señor» (Rm 14,8-9). Ni hubo, ni hay, ni habrá otro personaje similar en toda la historia del pueblo judío. Ni siquiera en el caso de ángeles principales como Metatrón o Yahoel, o patriarcas exaltados como Moisés o Enoc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si unimos toda esta información y estudiamos las apariciones de Jesús, podemos entender que:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Las apariciones no son atribuibles a ningún trastorno neurológico o psiquiátrico. No existe ningún proceso mental que explique que cientos de personas vieran vivo y tocaran unas once veces en un período de 40 días a alguien que había muerto previamente.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Tampoco son atribuibles a una ficción: los textos sorprenden por su brevedad, por omitir la escena de la Resurrección, por la ausencia de citas bíblicas o fines apologéticos, porque el testimonio principal sea de mujeres, por existir diferencias entre los evangelios que en los relatos ficticios siempre desaparecen. Una ficción o un mito son, por el contrario, relatos tardíos, bien acabados, sin elementos desconcertantes para la cultura de la época, y que nunca entrañan peligros para sus autores.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Las apariciones de Jesús son la mejor explicación de la desaparición del cadáver, de la elevada Cristología que aparece desde el principio, y del hecho de que un grupo de judíos adore a un hombre torturado hasta la muerte arriesgándolo todo. Son la mejor explicación de que interpreten que, mediante la Resurrección de Jesús, la Gloria de YHWH ha regresado junto a los hombres, perdonando sus pecados y reconciliándolos entre ellos.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Las apariciones son la única explicación simple del conjunto de datos. Las explicaciones naturales alternativas no son simples: necesitan de la acumulación de causas diversas e improbables (ladrones de cadáveres que inventan un mito peligroso e incompleto).</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Las apariciones iluminan los casos particulares, como el martirio de Santiago el Menor, la conversión de Pablo, la conversión de Cornelio, la transmisión de la fe a la segunda generación, etc.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Cronología detallada del 5 de abril al 14 de mayo del 33</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En un amplio apéndice, se intenta estudiar detenidamente los textos sobre la Resurrección, buscando el hilo conductor de cada evangelio y saliendo al paso de las aparentes contradicciones. Habría, al menos, doce, de las que aquí destacamos las principales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Los nombres de las mujeres que acuden al sepulcro son distintos porque cada autor invocaba a sus fuentes o a aquellas personas que su audiencia podría reconocer. Cada sinóptico cita a las mismas mujeres tanto en la Cruz, como en el entierro como en el sepulcro vacío. San Juan, por su parte, conoce que fueron varias mujeres, pues aunque el relato se centra en la Magdalena, que parece ir sola, ella misma dice cuando va a avisar: «<em>no sabemos</em> dónde lo han puesto».</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El momento en que compran los aromas (viernes en Lucas, domingo en Marcos) se debería, según Antonio Persili, a la costumbre judía de llevarlos varios días para ungir la puerta y las paredes.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Parecería que san Lucas no sabe que Jesús se apareció a las mujeres. Sin embargo, los discípulos de Emaús dicen que las mujeres les han alborotado, han comprobado el sepulcro vacío, «pero a Él no le han visto». Frase esta última que indicaría que las mujeres afirman haberle visto.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Parecería que san Mateo desconoce las apariciones en Judea. Sin embargo, en Galilea se aparece «en el monte que Él les había indicado», cosa que debe haber hecho en una aparición previa que Mateo no explica.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Es posible que Lucas condense en una aparición la noche del Domingo de Pascua lo que Juan y Marcos desglosan en dos. En efecto: fue al octavo día cuando había <em>once</em> discípulos (antes faltaban Judas y Tomás), y cuando Jesús lamenta su incredulidad, come con ellos y les pide que le miren y le toquen.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. “Este es el misterio de la fe”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gobernador Festo no debía entender bien porqué Pablo llevaba dos años en la cárcel, en Cesarea, e insistía en esa historia. «Pablo decía que estaba vivo» (Hch 25, 19). Pablo insistía porque se trata de “La” historia. La más importante en la historia de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«<em>Todas las verdades, también las más inaccesibles para la mente humana</em>, encuentran su justificación, <em>incluso en el ámbito de la razón</em>, si Cristo resucitado ha dado la prueba definitiva, prometida por Él, de su autoridad divina» (Juan Pablo II)<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección»”, respondemos en la Santa Misa al sacerdote. Estas reflexiones son un resumen de un libro en el que hemos querido proclamar de otra manera, desde un enfoque histórico, aquello que constituye la razón de nuestra esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Dermatólogo, licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Barcelona. Licenciado en Ciencias Religiosas, diácono permanente de la diócesis de Tarrasa (Cataluña) y padre de familia. Autor de “Un latido en la tumba”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> <em>Compendio de la DSI</em>, n.56. El n.170 dice que la Pascua de Jesús «ilumina en plenitud la realización del verdadero bien común de la humanidad».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>[3]</sup></a> CJ. Humphreys. <em>The mystery of the last supper</em>, Cambridge University Press, Cambridge 2011, p. 20. HW Hoehner. The chronology of Jesus. En T. Holmén — SE. Porter (eds). <em>Handbook for the Study of the historical Jesus</em>, Brill, Leyden-Boston 2011, pp. 2350-6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> F. Díez Fernández, <em>El Calvario y la cueva de Adán</em>, Verbo Divino, Estella 2004, pp. 144ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>[5]</sup></a> B. Pixner, <em>Church of the Apostles found on Mount Zion</em>. BAR 1990; 16 (3): 23-30.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>[6]</sup></a> Las citas de este autor serían interminables: véase <em>The resurrection of the Son of God; Paul and the faithfullness of God; Jesus and the victory of God</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> Lo sucedido significó el clímax de la historia, un jubileo de jubileos. El Apocalipsis animal de 1 Enoc 85-90; El Libro de los Jubileos, las Antigüedades Bíblicas, el Testamento de Moisés, los Salmos de Salomón, el documento de Damasco, 41MMT y muchos otros muestran que se esperaba una intervención divina en la historia, a la luz de Dn 9 y especialmente de Dt 30.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>[8]</sup></a> Richard Bauckham (ed.), <em>Magdala of Galilee</em>, Baylor, Waco 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>[9]</sup></a> Richard Bauckham, <em>Jesus and the eyewitnesses</em> (2ª ed). Eerdmans, Cambridge-Grand Rapids 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>[10]</sup></a> David Capes, <em>The divine Christ</em>. Baker, Grand Rapids 2018, pp.24.26.59-70.110.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>[11]</sup></a> Larry Hurtado, <em>How on earth did Jesus became God?</em> Eerdmans, Grand Rapids 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>[12]</sup></a> Catequesis de 9/3/1989 durante la Audiencia General. <em>Creo en Jesucristo</em>, p.421-422. Palabra, Madrid 1997.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>&quot;A mis hermanos presbíteros&quot; - Carta del Papa Francisco a los sacerdotes</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/08/a-mis-hermanos-presbiteros-carta-del-papa-francisco-a-los-sacerdotes/</link>
		<pubDate>Sun, 04 Aug 2019 22:20:24 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong><em>CARTA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS SACERDOTES</em></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/08/PAPA-A-LOS-SACERDOTES.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR CARTA EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A mis hermanos presbíteros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no solo a los párrocos sino también a todos Ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades. A Ustedes que, como el Cura de Ars, trabajan en la “trinchera”, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. <em>Mt </em>20,12) y, expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de Ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la preocupación de que, en no pocas regiones, nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y “culpabilizados” por crímenes que no cometieron y les decía que ellos necesitan encontrar en su obispo la figura del hermano mayor y el padre que los aliente en estos tiempos difíciles, los estimule y sostenga en el camino<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como hermano mayor y padre también quiero estar cerca, en primer lugar para <em>agradecerles</em> en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, <em>animarlos</em> a renovar esas palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y constituyen la fuente de nuestra alegría: «Ya no los llamo siervos…, yo los llamo amigos» (<em>Jn</em> 15,15)<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong>DOLOR</strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;">«He visto la aflicción de mi pueblo» (<em>Ex</em> 3,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados. Sin lugar a dudas es un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como Ustedes saben estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse. No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos. Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este dolor no es indiferente tampoco a los presbíteros. Así lo pude constatar en las diferentes visitas pastorales tanto en mi diócesis como en otras donde tuve la oportunidad de mantener encuentros y charlas personales con sacerdotes. Muchos de ellos me manifestaron su indignación por lo sucedido, y también cierta impotencia, ya que además del «desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Numerosas son las cartas de sacerdotes que comparten este sentir. Por otra parte, consuela encontrar pastores que, al constatar y conocer el dolor sufriente de las víctimas y del Pueblo de Dios, se movilizan, buscan palabras y caminos de esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás (cf. <em>2 Co</em> 12,15) y llevan adelante una paternidad espiritual capaz de llorar con los que lloran; son innumerables los sacerdotes que hacen de su vida una obra de misericordia en regiones o situaciones tantas veces inhóspitas, alejadas o abandonadas incluso a riesgo de la propia vida. Reconozco y agradezco vuestro valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estoy convencido de que, en la medida en que seamos fieles a la voluntad de Dios, los tiempos de purificación eclesial que vivimos nos harán más alegres y sencillos y serán, en un futuro no lejano, muy fecundos. «¡No nos desanimemos! El Señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a Sí. Nos permite experimentar la prueba para que entendamos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía y de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien leer hoy el capítulo 16 de Ezequiel. Esa es la historia de la Iglesia. Esa es mi historia, puede decir alguno de nosotros. Y, al final, a través de tu vergüenza, seguirás siendo un pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece en silencio, en lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, es el comienzo renovado de nuestra santidad»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong>GRATITUD</strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;">«Doy gracias sin cesar por Ustedes» (<em>Ef </em>1,16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor. Es bueno volver una y otra vez sobre esos pasajes evangélicos donde vemos a Jesús rezar, elegir y llamar «para que estén con Él y para enviarlos a predicar» (<em>Mc</em> 3,14).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quisiera recordar aquí a un gran maestro de vida sacerdotal de mi país natal, el padre Lucio Gera quien, hablando a un grupo de sacerdotes en tiempos de muchas pruebas en América Latina, les decía: “Siempre, pero sobre todo en las pruebas, debemos volver a esos momentos luminosos en que experimentamos el llamado del Señor a consagrar toda nuestra vida a su servicio”. Es lo que me gusta llamar “la memoria deuteronómica de la vocación” que nos permite volver «a ese punto incandescente en el que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino y con esa chispa volver a encender el fuego para el hoy, para cada día y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un día pronunciamos un “sí” que nació y creció en el seno de una comunidad cristiana de la mano de esos santos «de la puerta de al lado»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> que nos mostraron con fe sencilla que valía la pena entregar todo por el Señor y su Reino. Un “sí” cuyo alcance ha tenido y tendrá una trascendencia impensada, que muchas veces no llegaremos a imaginar todo el bien que fue y es capaz de generar. ¡Qué lindo cuando un cura anciano se ve rodeado y visitado por esos pequeños —ya adultos— que bautizó en sus inicios y, con gratitud, le vienen a presentar la familia! Allí descubrimos que fuimos ungidos para ungir y la unción de Dios nunca defrauda y me hace decir con el Apóstol: «Doy gracias sin cesar por Ustedes» (<em>Ef</em> 1,16) y por todo el bien que han hecho.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a> fragmentando la mirada, el juicio y el corazón, en esos momentos es importante —hasta me animaría a decir crucial— no solo no perder la memoria agradecida del paso del Señor por nuestra vida, la memoria de su mirada misericordiosa que nos invitó a jugárnosla por Él y por su Pueblo, sino también animarse a ponerla en práctica y con el salmista poder armar nuestro propio canto de alabanza porque «eterna es su misericordia» (<em>Sal</em> 135).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Solo si somos capaces de contemplar y agradecer concretamente todos los gestos de amor, generosidad, solidaridad y confianza, así como de perdón, paciencia, aguante y compasión con los que fuimos tratados, dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión. Dejemos que, al igual que Pedro en la mañana de la “pesca milagrosa”, el constatar tanto bien recibido nos haga despertar la capacidad de asombro y gratitud que nos lleve a decir: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador» (<em>Lc</em> 5,8) y, escuchemos una vez más de boca del Señor su llamado: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres» (<em>Lc </em>5,10); porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, gracias por vuestra fidelidad a los compromisos contraídos. Es todo un signo que, en una sociedad y una cultura que convirtió “lo gaseoso” en valor, existan personas que apuesten y busquen asumir compromisos que exigen toda la vida. Sustancialmente estamos diciendo que seguimos creyendo en Dios que jamás ha quebrantado su alianza, inclusive cuando nosotros la hemos quebrantado incontablemente. Esto nos invita a celebrar la fidelidad de Dios que no deja de confiar, creer y apostar a pesar de nuestros límites y pecados, y nos invita a hacer lo mismo. Conscientes de llevar un tesoro en vasijas de barro (cf. <em>2 Co</em> 4,7), sabemos que el Señor triunfa en la debilidad (cf. <em>2 Co</em> 12,9), no deja de sostenernos y llamarnos, dándonos el ciento por uno (cf. <em>Mc</em> 10,29-30) porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas, mostrando un corazón que con los años luchó y lucha para no volverse estrecho y amargo y ser, por el contrario, cotidianamente ensanchado por el amor a Dios y a su pueblo; un corazón que, como al buen vino, el tiempo no lo ha agriado, sino que le dio una calidad cada vez más exquisita; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios! E inclusive siendo constantes y perseverantes cuando tuvieron que asumir alguna misión áspera o impulsar a algún hermano a asumir sus responsabilidades; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por el testimonio de perseverancia y “aguante” (<em>hypomoné</em>) en la entrega pastoral que tantas veces, movidos por la <em>parresía </em>del pastor<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, nos lleva a luchar con el Señor en la oración, como Moisés en aquella valiente y hasta riesgosa intercesión por el pueblo (cf. <em>Nm</em> 14,13-19; <em>Ex</em> 32,30-32; <em>Dt</em> 9,18-21); porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión hacia la vida nueva que el Señor nos regala a todos. Sabemos que por los escalones de la misericordia podemos llegar hasta lo más bajo de nuestra condición humana —fragilidad y pecados incluidos— y, en el mismo instante, experimentar lo más alto de la perfección divina: «Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Y así ser «capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por ungir y anunciar a todos, con ardor, “a tiempo y a destiempo” el Evangelio de Jesucristo (cf. <em>2 Tm</em> 4,2), sondeando el corazón de la propia comunidad «para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios y también dónde ese diálogo, que era amoroso, fue sofocado o no pudo dar fruto»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola (cf. <em>Lc</em> 10,25-37). Nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente. ¡Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no le huye a las heridas de sus hermanos!<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Reflejo del corazón del pastor que aprendió el gusto espiritual de sentirse uno con su pueblo<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>; que no se olvida que salió de él y que solo en su servicio encontrará y podrá desplegar su más pura y plena identidad, que le hace desarrollar un estilo de vida austera y sencilla, sin aceptar privilegios que no tienen sabor a Evangelio; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias demos, también por la santidad del Pueblo fiel de Dios que somos invitados a apacentar y, a través del cual, el Señor también nos apacienta y cuida con el regalo de poder contemplar a ese pueblo en esos «padres que cuidan con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Agradezcamos por cada uno de ellos y dejémonos socorrer y estimular por su testimonio; porque «eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong>ÁNIMO</strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;">«Mi deseo es que se sientan animados» (<em>Col</em> 2,2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mi segundo gran deseo, haciéndome eco de las palabras de san Pablo, es acompañarlos a renovar nuestro ánimo sacerdotal, fruto ante todo de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Frente a experiencias dolorosas todos tenemos necesidad de consuelo y de ánimo. La misión a la que fuimos llamados no entraña ser inmunes al sufrimiento, al dolor e inclusive a la incomprensión<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>; al contrario, nos pide mirarlos de frente y asumirlos para dejar que el Señor los transforme y nos configure más a Él. «En el fondo, la falta de un reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites es lo que impide a la gracia actuar mejor en nosotros, ya que no le deja espacio para provocar ese bien posible que se integra en un camino sincero y real de crecimiento»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un buen “test” para conocer como está nuestro corazón de pastor es preguntarnos cómo enfrentamos el dolor. Muchas veces se puede actuar como el levita o el sacerdote de la parábola que dan un rodeo e ignoran al hombre caído (cf. <em>Lc</em> 10,31-32). Otros se acercan mal, lo intelectualizan refugiándose en lugares comunes: “la vida es así”, “no se puede hacer nada”, dando lugar al fatalismo y la desazón; o se acercan con una mirada de preferencias selectivas que lo único que genera es aislamiento y exclusión. «Como el profeta Jonás siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos…»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, los cuales lejos de hacer que nuestras entrañas se conmuevan terminan apartándonos de las heridas propias, de las de los demás y, por tanto, de las llagas de Jesús<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta misma línea quisiera señalar otra actitud sutil y peligrosa que, como le gustaba decir a Bernanos, es «el más preciado de los elixires del demonio»<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a> y la más nociva para quienes queremos servir al Señor porque siembra desaliento, orfandad y conduce a la desesperación<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o con nosotros mismos, podemos vivir la tentación de apegarnos a una <em>tristeza dulzona,</em> que los padres de Oriente llamaban acedia. El cardenal Tomáš Špidlík decía: «Si nos asalta la tristeza por cómo es la vida, por la compañía de los otros, porque estamos solos… entonces es porque tenemos una falta de fe en la Providencia de Dios y en su obra. La tristeza […] paraliza el ánimo de continuar con el trabajo, con la oración, nos hace antipáticos para los que viven junto a nosotros. Los monjes, que dedican una larga descripción a este vicio, lo llaman el peor enemigo de la vida espiritual»<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conocemos esa tristeza que lleva al acostumbramiento y conduce paulatinamente a la naturalización del mal y a la injusticia con el tenue susurrar del “siempre se hizo así”. Tristeza que vuelve estéril todo intento de transformación y conversión propagando resentimiento y animosidad. «Esa no es la opción de una vida digna y plena, ese no es el deseo de Dios para nosotros, esa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo Resucitado» y para la que fuimos llamados<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>. Hermanos, cuando esa <em>tristeza dulzona</em> amenace con adueñarse de nuestra vida o de nuestra comunidad, sin asustarnos ni preocuparnos, pero con determinación, pidamos y hagamos pedir al Espíritu que «venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos las costumbres, abramos bien los ojos, los oídos y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado»<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Permítanme repetirlo, todos necesitamos del consuelo y la fortaleza de Dios y de los hermanos en los tiempos difíciles. A todos nos sirven aquellas sentidas palabras de san Pablo a sus comunidades: «Les pido, por tanto, que no se desanimen a causa de las tribulaciones» (<em>Ef</em> 3,13); «Mi deseo es que se sientan animados» (<em>Col</em> 2,2), y así poder llevar adelante la misión que cada mañana el Señor nos regala: transmitir «una buena noticia, una alegría para todo el pueblo» (<em>Lc </em>2,10). Pero, eso sí, no ya como teoría o conocimiento intelectual o moral de lo que debería ser, sino como hombres que en medio del dolor fueron transformados y transfigurados por el Señor, y como Job llegan a exclamar: «Yo te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (<em>Jb</em> 42,5). Sin esta experiencia fundante, todos nuestros esfuerzos nos llevarán por el camino de la frustración y el desencanto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de nuestra vida, hemos podido contemplar como «con Jesucristo siempre nace y renace la alegría»<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Si bien existen distintas etapas en esta vivencia, sabemos que más allá de nuestras fragilidades y pecados Dios siempre «nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría»<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>. Esa alegría no nace de nuestros esfuerzos voluntaristas o intelectualistas sino de la confianza de saber que siguen actuantes las palabras de Jesús a Pedro: en el momento que seas zarandeado, no te olvides que «yo mismo he rogado por ti, para que no te falte la fe» (<em>Lc</em> 22,32). El Señor es el primero en rezar y en luchar por ti y por mí. Y nos invita a entrar de lleno en su oración. Inclusive pueden llegar momentos en los que tengamos que sumergirnos en «la oración de Getsemaní, la más humana y la más dramática de las plegarias de Jesús […]. Hay súplica, tristeza, angustia, casi una desorientación (<em>Mc</em> 14,33s.)»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sabemos que no es fácil permanecer delante del Señor dejando que su mirada recorra nuestra vida, sane nuestro corazón herido y lave nuestros pies impregnados de la mundanidad que se adhirió en el camino e impide caminar. En la oración experimentamos nuestra bendita precariedad que nos recuerda que somos discípulos necesitados del auxilio del Señor y nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas»<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, Jesús más que nadie, conoce nuestros esfuerzos y logros, así como también los fracasos y desaciertos. Él es el primero en decirnos: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre Ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrar alivio» (<em>Mt</em> 11,28-29).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una oración así sabemos que nunca estamos solos. La oración del pastor es una oración habitada tanto por el Espíritu «que clama a Dios llamándolo ¡Abba!, es decir, ¡Padre!» (<em>Ga</em> 4,6) como por el pueblo que le fue confiado. Nuestra misión e identidad se entienden desde esta doble vinculación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La oración del pastor se nutre y encarna en el corazón del Pueblo de Dios. Lleva las marcas de las heridas y alegrías de su gente a la que presenta desde el silencio al Señor para que las unja con el don del Espíritu Santo. Es la esperanza del pastor que confía y lucha para que el Señor cure nuestra fragilidad, la personal y la de nuestros pueblos. Pero no perdamos de vista que precisamente en la oración del Pueblo de Dios es donde se encarna y encuentra lugar el corazón del pastor. Esto nos libra a todos de buscar o querer respuestas fáciles, rápidas y prefabricadas, permitiéndole al Señor que sea Él (y no nuestras recetas y prioridades) quien muestre un camino de esperanza. No perdamos de vista que, en los momentos más difíciles de la comunidad primitiva, tal como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, la oración se constituyó en la verdadera protagonista.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, reconozcamos nuestra fragilidad, sí; pero dejemos que Jesús la transforme y nos lance una y otra vez a la misión. No nos perdamos la alegría de sentirnos “ovejas”, de saber que Él es nuestro Señor y Pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para mantener animado el corazón es necesario no descuidar estas dos vinculaciones constitutivas de nuestra identidad: la primera, con Jesús. Cada vez que nos desvinculamos de Jesús o descuidamos la relación con Él, poco a poco nuestra entrega se va secando y nuestras lámparas se quedan sin el aceite capaz de iluminar la vida (cf. <em>Mt </em>25,1-13): «Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco Ustedes, si no permanecen en mí. Permanezcan en mi amor (…) porque separados de mí, nada pueden hacer» (<em>Jn</em> 15,4-5). En este sentido, quisiera animarlos a no descuidar el acompañamiento espiritual, teniendo a algún hermano con quien charlar, confrontar, discutir y discernir en plena confianza y transparencia el propio camino; un hermano sapiente con quien hacer la experiencia de saberse discípulos. Búsquenlo, encuéntrenlo y disfruten de la alegría de dejarse cuidar, acompañar y aconsejar. Es una ayuda insustituible para poder vivir el ministerio haciendo la voluntad del Padre (cf. <em>Hb</em> 10,9) y dejar al corazón latir con «los mismos sentimientos de Cristo» (<em>Flp</em> 2,5). Qué bien nos hacen las palabras del Eclesiastés: «Valen más dos juntos que uno solo… si caen, uno levanta a su compañero, pero ¡pobre del que está solo y se cae, sin tener nadie que lo levante!» (4,9-10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La otra vinculación constitutiva: acrecienten y alimenten el vínculo con vuestro pueblo. No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas. Esto, en el fondo, asfixia y envenena el alma. Un ministro animado es un ministro siempre en salida; y “estar en salida” nos lleva a caminar «a veces delante, a veces en medio y a veces detrás: delante, para guiar a la comunidad; en medio, para mejor comprenderla, alentarla y sostenerla; detrás, para mantenerla unida y que nadie se quede demasiado atrás… y también por otra razón: porque el pueblo tiene “olfato”. Tiene olfato en encontrar nuevas sendas para el camino, tiene el “<em>sensus fidei</em>” [cf. <em>LG</em> 12]. ¿Hay algo más bello?» <a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. Jesús mismo es el modelo de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. ¡Qué bien nos hace mirarlo cercano a todos! La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo evangelizador que marcó toda su existencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, el dolor de tantas víctimas, el dolor del Pueblo de Dios, así como el nuestro propio no puede ser en vano. Es Jesús mismo quien carga todo este peso en su cruz y nos invita a renovar nuestra misión para estar cerca de los que sufren, para estar, sin vergüenzas, cerca de las miserias humanas y, por qué no, vivirlas como propias para hacerlas eucaristía<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>. Nuestro tiempo, marcado por viejas y nuevas heridas necesita que seamos artesanos de relación y de comunión, abiertos, confiados y expectantes de la novedad que el Reino de Dios quiere suscitar hoy. Un Reino de pecadores perdonados invitados a testimoniar la siempre viva y actuante compasión del Señor; «porque eterna es su misericordia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><strong>ALABANZA</strong></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;">«Proclama mi alma la grandeza del Señor» (<em>Lc</em> 1,46).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es imposible hablar de gratitud y ánimo sin contemplar a María. Ella, mujer de corazón traspasado (cf. <em>Lc</em> 2,35), nos enseña la alabanza capaz de abrir la mirada al futuro y devolver la esperanza al presente. Toda su vida quedó condensada en su canto de alabanza (cf. <em>Lc </em>1,46-55) que también somos invitados a entonar como promesa de plenitud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada vez que voy a un Santuario Mariano, me gusta “ganar tiempo” mirando y dejándome mirar por la Madre, pidiendo la confianza del niño, del pobre y del sencillo que sabe que ahí esta su Madre y es capaz de mendigar un lugar en su regazo. Y en ese estar mirándola, escuchar una vez más como el indio Juan Diego: «¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿qué entristece tu corazón? ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?»<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mirar a María es volver «a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes»<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si alguna vez, la mirada comienza a endurecerse, o sentimos que la fuerza seductora de la apatía o la desolación quiere arraigar y apoderarse del corazón; si el gusto por sentirnos parte viva e integrante del Pueblo de Dios comienza a incomodar y nos percibimos empujados hacia una actitud elitista… no tengamos miedo de contemplar a María y entonar su canto de alabanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si alguna vez nos sentimos tentados de aislarnos y encerrarnos en nosotros mismos y en nuestros proyectos protegiéndonos de los caminos siempre polvorientos de la historia, o si el lamento, la queja, la crítica o la ironía se adueñan de nuestro accionar sin ganas de luchar, de esperar y de amar…  miremos a María para que limpie nuestra mirada de toda “pelusa” que puede estar impidiéndonos ser atentos y despiertos para contemplar y celebrar a Cristo que Vive en medio de su Pueblo. Y si vemos que no logramos caminar derecho, que nos cuesta mantener los propósitos de conversión, digámosle como le suplicaba, casi con complicidad, ese gran párroco, poeta también, de mi anterior diócesis: «Esta tarde, Señora / la promesa es sincera; / por las dudas no olvides / dejar la llave afuera»<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>. «Ella es la amiga siempre atenta para que no falte vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolor de parto hasta que brote la justicia… como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del Amor de Dios»<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, una vez más, «doy gracias sin cesar por Ustedes» (<em>Ef </em>1,16) por vuestra entrega y misión con la confianza que «Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad. La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la “piedra viva” (cf. <em>1 P</em> 2,4): Jesús resucitado. Nosotros, como Iglesia, estamos fundados en Él, e incluso cuando nos desanimamos, cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo»<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dejemos que sea la gratitud lo que despierte la alabanza y nos anime una vez más en la misión de ungir a nuestros hermanos en la esperanza. A ser hombres que testimonien con su vida la compasión y misericordia que solo Jesús nos puede regalar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que el Señor Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fraternalmente,</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>                                 Francisco</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Roma, junto a San Juan de Letrán, 4 de agosto de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Memoria litúrgica del santo Cura de Ars.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Carta ap. <em>Anno Iubilari:</em> <em>AAS</em> 21 (1929), 313.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Conferencia Episcopal Italiana (20 mayo 2019). La paternidad espiritual que impulsa al Obispo a no dejar huérfanos a sus presbíteros, y se puede “palpar” no solo en la capacidad que estos tengan de tener abiertas sus puertas para todos sus curas sino en ir a buscarlos para cuidar y acompañar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. S. Juan XXIII, Carta enc. <em>Sacerdotii nostri primordia</em>, en el I centenario del tránsito del santo Cura de Ars (1 agosto 1959).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. <em>Carta al Pueblo de Dios</em> (20 agosto 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> <em>Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas, </em>Santiago de Chile (16 enero 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. <em>Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em> (31 mayo 2018).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> <em>Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma</em> (7 marzo 2019).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> <em>Homilía en la Vigilia Pascual</em> (19 abril 2014).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> <em>Gaudete et Exsultate</em>, 7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cf. J. M. Bergoglio, <em>Las cartas de la tribulación</em>, Herder 2019, p. 21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cf. <em>Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma</em> (6 marzo 2014).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Retiro con ocasión del Jubileo de los Sacerdotes, Primera Meditación</em> (2 junio 2016).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> A. Spadaro, <em>Intervista a Papa Francesco</em>, “La Civiltà Cattolica” 3918 (19 settembre 2013), 462.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 137.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cf. <em>Encuentro con los sacerdotes de la Diócesis de Roma</em> (6 marzo 2014).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Cf. <em>Evangelii Gaudium</em>, 268.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> <em>Gaudete et Exsultate</em>, 7.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cf. <em>Misericordia et Misera</em>, 13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> <em>Gaudete et Exsultate</em>, 50.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> <em>Gaudete et Exsultate</em>, 134.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Cf. J. M. Bergoglio, <em>Reflexiones en esperanza</em>, LEV 2013, p. 14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> <em>Journal d’un curé de campagne</em>, 135. Cf. <em>Evangelii Gaudium</em>, 83.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Cf. Barsanufio, <em>Cartas</em>; en V. Cutro – M. T. Szwemin, <em>Bisogno di paternità</em>, Varsavia 2018, p. 124.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Cf. <em>El arte de purificar el corazón</em>, Monte Carmelo 2003, p. 60</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> <em>Gaudete et Exsultate</em>, 137.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> <em>Ibíd.,</em> 3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> J. M. Bergoglio, <em>Reflexiones en esperanza</em>, LEV 2013, p. 26.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 94.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> <em>Encuentro con el clero, personas de vida consagrada y miembros de consejos pastorales</em>, Asís (4 octubre 2013).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Cf. <em>Evangelii Gaudium</em>, 268-270.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Cf. <em>Nican Mopohua</em>, 107, 118, 119.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 288.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Cf. A. L. Calori, <em>Aula Fúlgida</em>, Buenos Aires 1946.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> <em>Evangelii Gaudium</em>, 286.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> <em>Homilía en la Vigilia Pascual</em> (20 abril 2019).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Muchos recuerdan a san Lorenzo y casi nadie a Valeriano - José María Álvarez, diácono</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/08/muchos-recuerdan-a-san-lorenzo-y-casi-nadie-a-valeriano-jose-maria-alvarez-diacono/</link>
		<pubDate>Sun, 11 Aug 2019 21:22:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">Homilía de la Fiesta de San Lorenzo</h4>
<h4 style="text-align: center;">10 de agosto de 2019</h4>
<h4 style="text-align: center;">Diácono José María Álvarez <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Celebramos hoy la fiesta de san Lorenzo, patrono de los diáconos. Conviene que nos detengamos algunos minutos en su figura: ¿Por qué es nuestro patrono? Y también preguntarnos cómo hoy puede iluminar nuestro camino diaconal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su historia nos llega por medio de la tradición recogida por algunos Padres, especialmente, san Agustín y san Ambrosio. Nos habla de uno de los siete diáconos de Roma, hombres de confianza en el gobierno de la Iglesia a cargo del Papa san Sixto II, siendo Lorenzo el encargado de administrar los bienes de la Iglesia y de la distribución de las ayudas a los pobres y necesitados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muere mártir en el año 258, junto al Papa y a sus seis compañeros diáconos, víctimas de las persecuciones del emperador romano Valeriano, quien con esta acción brutal estaba convencido de haber erradicado al cristianismo para siempre, vana pretensión que muchos han tenido a través de la historia, y que algunos también tienen hoy en día.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, a Lorenzo le tocaron tiempos muy difíciles, donde la consecuencia con la fe en Jesucristo se pagaba ni más ni menos que con la vida. Hoy día también nos están tocando días muy difíciles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Qué duda cabe, la Iglesia de Jesucristo hecha herida viva en el dolor de tantas víctimas inocentes, sufre hoy los embates de nuestros pecados, de nuestras traiciones y de nuestros olvidos y omisiones, y la realidad diaria parece superarnos una y otra vez.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y surge la pregunta acuciante sobre qué podemos y debemos hacer en estos difíciles tiempos desde nuestro ministerio. No es fácil la respuesta. Si pudiéramos preguntarle a Lorenzo, posiblemente nos daría la misma respuesta que él le dio al Señor hace 18 siglos: Es necesario dar la vida por Él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué significa dar la vida por nuestro Señor hoy día? Ciertamente hoy no nos vemos afectados por ninguna persecución que ponga en riesgo nuestras vidas, pero tal como se vivió en el siglo III, hoy parece igualmente imperioso dar la vida por Él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo podemos dar la vida por Jesús hoy? Con san Pablo podemos afirmar, muriendo al hombre viejo, muriendo a nosotros mismos, a nuestras prioridades, intereses y comodidades, a nuestro egoísmo, entregando nuestro quehacer diaconal fundado en el amor a Dios y en el amor a nuestros hermanos. Haciendo cada servicio que se nos encomiende, por humilde o importante que este sea, de la mejor manera posible, preguntándonos junto a san Alberto Hurtado, cómo lo haría Cristo en nuestro lugar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero inevitablemente otra pregunta acudirá a nosotros. ¿Tiene sentido lo poco y nada que cada uno de nosotros puede hacer en la inmensidad de los dolores que hoy aquejan a nuestra Iglesia? ¿Qué sentido tiene nuestro obrar si somos solo ínfimas gotas de agua en la inmensidad del océano?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Pero, no fue san Lorenzo solo una pequeña gota de agua en medio del poder abrumador del emperador romano de su época? Y, sin embargo, hoy muchos recuerdan a Lorenzo y casi nadie recuerda al emperador Valeriano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿No ha sido la multitud de mártires y santos de nuestra Iglesia pequeñas gotas de agua en las distintas épocas que les tocaron vivir? ¿No fueron los doce apóstoles otras pequeñas gotas de agua en medio del vasto océano del mundo que querían evangelizar? Y más aún, ¿no fue nuestro mismísimo Señor Jesucristo una gota de agua, aparentemente insignificante y perdida en una región marginal del todopoderoso imperio romano de la época?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y, no obstante, esa gota de agua cambió el mundo para siempre. Esa gota nos continúa iluminando, dándonos fuerzas y permitiendo que nuestro aparentemente insignificante aporte diario no solo no se pierda, sino que sumado al de muchos otros hermanos permitirá más temprano que tarde recuperar el rumbo perdido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos, no estamos solos ni abandonados, la promesa de nuestro Señor Jesucristo para estar en medio de nosotros hasta el fin del mundo se sigue cumpliendo. Y junto con el profeta Isaías estamos seguros de que solo Él sigue cargando con nuestros pecados y con nuestras iniquidades. Y sabemos también, por sus propias palabras llenas de consuelo, que hoy y siempre, podemos ir a Él todos quienes estemos cansados y agobiados, porque solo en Él encontraremos el verdadero consuelo y alivio para nuestras vidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pidamos a la Santísima Virgen María, auxilio y socorro de los cristianos, que en esta hora difícil acompañe nuestro caminar diaconal hacia su Hijo amado Jesucristo, a quien damos honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>NOTA</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Diácono de la Arquidiócesis de Santiago de Chile y esposo de Verónica Gaete, con quien tiene dos hijas y dos nietos. Es ingeniero civil y bachiller en Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente sirve pastoralmente en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Providencia y como profesor en la Escuela del Diaconado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Pensar y practicar un nuevo paradigma cultural del desarrollo - Bruno-Marie Duffè, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/08/pensar-y-practicar-un-nuevo-paradigma-cultural-del-desarrollo-bruno-marie-duffe-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 18 Aug 2019 21:30:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Bruno-Marie Duffè, Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral
Para citar: Duffè, Bruno-Marie; <em>Pensar y practicar un nuevo paradigma cultural del desarrollo</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 167-173.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/08/BDUFFE_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;">Pensar y practicar un nuevo paradigma cultural del desarrollo
Bruno-Marie Duffè <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta ocasión hablaré sobre el desarrollo. Un desarrollo que se conjuga con ciertos principios sociales, como la solidaridad, la libertad y la subsidiariedad, y que se enmarca en un nuevo paradigma cultural, una nueva manera de pensar el futuro de la vida humana, de la vida económica, de la vida del planeta y de la vida colectiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pertenezco al Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, una reunión de cuatro Consejos Pontificios que, a partir de agosto de 2016, trabajan en conjunto en un solo dicasterio, prestando un solo servicio y teniendo una sola misión: la de estar al servicio de las iglesias locales, de las pastorales y de los actores que se ocupan de los derechos de las personas que sufren. Los cuatro consejos, cuyas competencias confluyen en este nuevo Dicasterio, son los Consejos Pontificios de Justicia y Paz, el «<em>Cor unum</em>», el Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes y el Consejo para la Pastoral de la Salud. Como Secretario General de este dicasterio, puedo decir que el desafío que tenemos es grande: debemos pensar y actuar por la justicia y la paz enmarcados en una renovada visión de desarrollo humano integral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La prioridad que tenemos es comenzar por el encuentro. El Papa ha dicho en reiteradas ocasiones “empezad por el encuentro”. En el encuentro se puede entender lo que es más importante en la historia de las personas y de los pueblos. Encontrarse. Este encuentro necesita mirar y escuchar, necesita tiempo, necesita una nueva manera de andar en conjunto. Esa es la perspectiva del desarrollo humano integral, que hace referencia a la esperanza que Jesús ha dado anunciando la buena noticia del Evangelio a los pobres, a los cautivos de libertad y a los que carecen la alegría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Del paradigma tecnocrático actual a un nuevo paradigma que abre la mirada al cuidado de la creación y de la relación </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesario pensar y practicar un nuevo paradigma cultural de desarrollo que se ocupe de nuestra Casa Común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me gustaría comenzar estas reflexiones con un texto de <em>Laudato si’</em> que es para nosotros y para la Iglesia, la referencia más importante y central cuando hablamos de desarrollo: “es posible volver a ampliar la mirada, y la libertad humana es capaz de limitar la técnica, orientarla y colocarla al servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. En primer lugar, es necesario mirar y pensar los límites, pues no es posible el desarrollo sin tener a la vista los márgenes de acción. Se debe pensar sobre el papel de la técnica en el progreso, pero sin olvidar que en el centro del debate sobre el progreso debe estar su significación, su fundamento. ¿Progreso para qué? No se trata de un progreso vacío, sino de aquel que pretende lograr un modelo de desarrollo más sano, más humano, más social y más integral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1967 el Papa Pablo VI fue el primero en la historia contemporánea de la Iglesia y de la Doctrina Social en hablar de la necesidad de pensar un desarrollo humano integral. En el número 14 de la Encíclica <em>Populorum progressio</em> señala:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre. Con gran exactitud ha subrayado un eminente experto: “Nosotros no aceptamos la separación de la economía de lo humano, el desarrollo de las civilizaciones en que está inscrito. Lo que cuenta para nosotros es el hombre, cada hombre, cada agrupación de hombres, hasta la humanidad entera”»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este texto nos abre a la posibilidad de pensar en un desarrollo que no es solo económico, sino también cultural, social y espiritual. En el tiempo actual necesitamos desarrollar una ética, como memoria de la vida y como memoria del futuro. Esta es una manera novedosa de presentar la reflexión ética. Necesitamos pensar y traducir en actos una ética que se manifiesta como cuidado de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y <em>Laudato si’</em> continúa:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La liberación del paradigma tecnocrático reinante se produce de hecho en algunas ocasiones. Por ejemplo, cuando comunidades de pequeños productores optan por sistemas de producción menos contaminantes, sosteniendo un modelo de vida, de gozo y de convivencia no consumista. O cuando la técnica se orienta prioritariamente a resolver los problemas concretos de los demás [...] La auténtica humanidad, que invita a una nueva síntesis, parece habitar en medio de la civilización tecnológica, casi imperceptiblemente, como la niebla que se filtra bajo la puerta cerrada. ¿Será una promesa permanente, a pesar de todo, brotando como una empecinada resistencia de lo auténtico?”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es fundamental pensar el encuentro de los seres humanos con su promesa, con la promesa que cada uno lleva, con su talento, con sus capacidades y con su esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La necesidad de una ética, como memoria de la vida y del futuro</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El filósofo francés Paul Ricoeur señalaba que la “visión ética” debe “buscar una vida buena”, una vida donde se desarrollen plenamente las capacidades “con y para el otro” y con “instituciones justas”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Estas son las dimensiones de esta nueva ética del desarrollo, de un desarrollo económico, cultural y espiritual: buscar una vida buena, con y para los otros, en instituciones justas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta ética de la que hablamos consiste, primeramente, en una experiencia de diálogo. El encuentro es precisamente una oportunidad de diálogo, de cruzar los conocimientos y las experiencias y de abrirse a un pensamiento de futuro. La posibilidad de la vida sobre la tierra y la posibilidad de una vida colectiva sobre nuestro planeta son el horizonte del diálogo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una ética que se funda sobre esta antropología, señala el Papa Francisco, es un diálogo entre las personas y entre los saberes. Una ética fundada sobre esta antropología, que mira a la persona en su dignidad, es el primer principio de la Doctrina Social de la Iglesia, el principio de la dignidad de la persona que lleva en su cuerpo y en su vida, la imagen de Dios Padre y Dios Creador. Su dignidad se da en los campos espiritual, cultural, moral, relacional y material, y si queda solo referida al campo económico, la persona es reducida a ser un mero instrumento del desarrollo, un productor o un consumidor. Dice Joseph Folliet, autor francés de la Doctrina Social de la Iglesia: “cuando se falta el respeto de una dimensión de la persona humana, se incuba una revolución”. Es decir, nuestra misión es mantener una atención constante a todas las dimensiones de la dignidad de cada persona y también de las comunidades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Cómo entender la noción de “paradigma”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco nos dice que es necesario un nuevo paradigma cultural de desarrollo. Un “paradigma” es una matriz que contiene la memoria, la consciencia –personal y colectiva– y la aspiración de una comunidad a una vida más entera, más justa, más pacífica, más realizada. Un paradigma es una forma de pensamiento que reúne tanto la memoria, como la conciencia y las aspiraciones de una comunidad. Hablar de paradigma nos da pistas para comprender por qué el encuentro es tan importante: nos debemos encontrar para escuchar la historia de los otros y para imaginar el futuro, para abrir nuevos caminos colectivos. La memoria cultural y moral es aquel tesoro que une una generación y un pueblo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es muy importante escuchar esos valores, esas maneras de vivir de las generaciones del pasado en la perspectiva de las generaciones futuras. Sin embargo, un paradigma, aquel corazón de una cultura colectiva, puede ser perturbado y ensombrecido, y puede desaparecer después de una situación de violencia, de dictadura o de traumatismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La elaboración de este nuevo paradigma de desarrollo debe tomar en consideración las tres preguntas éticas fundamentales que hemos recibido del filósofo Emmanuel Kant: en primer lugar, <em>¿qué podemos decir hoy</em>? ¿Qué podemos decir de la relación que existe entre las personas, de la realidad del desarrollo, qué podemos decir de lo que aprendemos desde los otros? En segundo lugar, ¿<em>qué podemos hacer? </em>Para cambiar, para orientar, para abrir un futuro pacífico y de justicia. Y, finalmente, ¿<em>qué podemos esperar</em>? Para salvar el planeta y la vida, y para salir de un modelo que no tiene límites.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas preguntas nos conducen a un trabajo exigente para entender los efectos de la lógica tecnológica del todavía más, los efectos de una instrumentalización sin límite de las riquezas naturales y la instrumentalización también de las personas que son, muchas veces, más objetos que sujetos y actores de la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquel “grito de la tierra” y aquel “grito de los pobres”, dice el Papa Francisco<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, nos llaman a considerar que la ecología auténtica es también una consideración de la realidad social, y que el desafío hoy es dar cuidado al planeta y a la relación, al encuentro, a la solidaridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Los cuatro principios de la Exhortación apostólica <em>Evangelii Gaudium</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es posible hallar una inspiración para la elaboración de este nuevo paradigma de desarrollo y de esta nueva relación que se da entre encontrar, escuchar y elaborar un desarrollo más justo, a partir de los cuatro principios<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> de la Exhortación Apostólica <em>Evangelii Gaudium</em>, primer texto programático del Papa Francisco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer principio consiste en que “el tiempo es superior al espacio”. ¿Qué quiere decir? Quiere decir que tenemos que habitar, estar en un tiempo, en un nuevo tiempo, con una nueva esperanza de tiempo. La prevalencia del tiempo, del tiempo de la confianza, del diálogo y de la paciencia, quiere decir que el sentido del desarrollo consiste en abrir caminos y procesos. El Papa dice que hace falta abrir nuevos procesos para poder caminar juntos. La prevalencia del tiempo se opone al control del espacio, de la tierra y de las personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El segundo principio consiste en que “la unidad prevalece sobre el conflicto”. Esto quiere decir que el horizonte de un auténtico desarrollo es la paz, la paz como una nueva relación con la tierra, con los otros y con uno mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tercer principio, “la realidad es más importante que la idea” es, para nosotros, un principio de ética social: solo existen hombres, mujeres, niños y ancianos. Solo encontramos la realidad en la vida, en el sufrimiento y en la solidaridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y el cuarto principio, “la totalidad es más importante que la particularidad”, que quiere decir que “el bien común” es más determinante que los intereses particulares. Este bien común consiste en compartir lo bueno para que crezca una sociedad pacífica, abierta a la comunión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Mirar, entender y actuar</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pensamiento de un nuevo desarrollo “humano e integral<strong>” </strong>empieza con la mirada de la realidad y la experiencia del encuentro con y entre los más pobres y de todas las personas que sufren. Dice el Papa que la misión del Dicasterio es una misión que consiste primero y primordialmente en salir al encuentro de las personas que sufren, migrantes, pobres, personas en los hospitales y en las cárceles<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta misión no se queda en un análisis -que es, sin embargo, muy importante-. El texto de la <em>Laudato si’</em> va a proponer condiciones desde el nuevo paradigma a partir de la ecología integral. Pensar a partir de la ecología integral es pensar que la relación de armonía con la Creación tiene la particularidad de poner una relación lógica entre el cuidado de la creación y el cuidado de la vida, el cuidado de la humanidad y el cuidado de la vida en común. No se trata solamente de proteger el medio ambiente y la naturaleza; dar cuidado a la Creación, significa reconocer al Creador, reconocer a los otros, cuidar la vida colectiva y respetar a cada uno y a cada generación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El encuentro es el primer momento para una reflexión sobre este nuevo desarrollo. No es posible continuar reduciendo a las personas a ser únicamente productores o fuerza de trabajo. Tenemos que repensar la importancia del trabajo. La importancia de la contribución de cada uno a la construcción nacional, de un país y de un mundo en común. Este desarrollo, que aparece como una economía ecológica y también como un camino de humanidad, con la inspiración de Dios Creador, no se reduce a preservar la naturaleza. Es determinante pensar y analizar otra manera de habitar la vida en conjunto, de habitar la naturaleza, de habitar la ciudad, de habitar nuestros proyectos económicos y de habitar con la alegría de estar juntos. La relación con los otros y el cuidado de la salud es una condición para el desarrollo de las capacidades, talentos y vida espiritual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Propongo tres referencias o tres desafíos para continuar esta reflexión: Primero, el <em>humanismo personalista</em> del filósofo francés Emmanuel Mounier. Es muy importante decir de nuevo que la persona es para la comunidad y que la comunidad no puede continuar sin cada persona, con los talentos, posibilidades y capacidades de cada uno. En segundo lugar, la <em>teología de los pobres</em>, menciono aquí a mi amigo Gustavo Gutiérrez de Perú quien ha contribuido en el pensamiento de nuestro Papa Francisco. Él dice que los pobres, tal como lo atestigua la Biblia, tienen esperanza y están completamente abiertos al futuro, porque no tienen nada sino la esperanza. ¿Cuál es nuestra riqueza, y cuál es nuestra esperanza? Y por último, la <em>teología de la creación</em>, se encuentra aquí el gran teólogo alemán Jürgen Moltmann, quien ha escrito cuatro libros muy importantes, desde “El Cristo crucificado” hasta “La presencia de Dios en la Creación”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Una manera concreta de vivir la alegría simple, de recibir y de ofrecer</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El paradigma del desarrollo humano integral, pensado a partir de la ecología integral, pensado a partir del encuentro con los otros y del cuidado de la casa común, no es solo una elaboración abstracta, sino también una manera de estar, de mirar, de escuchar, de vivir, de rogar y de celebrar la vida. Este es el paradigma de la reconciliación de todas las dimensiones de nuestra humanidad –que es también la reconciliación entre nosotros, y entre todos–.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es posible construir este nuevo pensamiento sin traducirlo en una manera simple, sobria y modesta de una nueva vida, una nueva manera de vivir como servidor de la vida y amigo de los que encontramos en nuestro peregrinar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es interesante que la Encíclica <em>Laudato si’</em> que comienza con la necesidad de analizar e interpretar los efectos económicos y sociales del desarrollo, continua con la necesidad de la contemplación, contemplación de la Creación recibida, para finalizar con la importancia de la educación, de la vida espiritual y de la celebración, de la dimensión litúrgica de nuestra fe. Hablamos, en efecto, de una vida recibida y de una vida que estamos llamados a ofrecer. Recibir y ofrecer. Dice Jesús a sus discípulos: “vosotros habéis recibido gratuitamente, hace falta dar gratuitamente” (<em>Mt</em> 10, 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la diócesis de Lyon, Francia. Doctor en Filosofía del Derecho y en Ética Social, profesor de Teología Moral y  Doctrina Social de la Iglesia. Cofundador del Instituto de los Derechos Humanos de la Universidad Católica de Lyon. El presente artículo corresponde a una síntesis de su conferencia inaugural durante IV Congreso Social “Patria, un lugar de encuentro”, realizado en octubre de 2018 en la Pontificia Universidad Católica de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <em>Laudato si</em>’ n. 112.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> <em>Populorum progressio</em> n. 14. Cf. L.J. Lebret, dominico francés que ha fundado el movimiento de reflexión y acción “Economía y Humanismo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> <em>Laudato si</em>’ n. 112.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cf. Ricoeur, Paul, <em>Sí mismo como otro</em>. 1996.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> <em>Laudato si</em>’ n.49.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Cf. <em>Evangelii Gaudium</em> nn. 222-237.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Cf. Misión del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.</h5>
<h5></h5>
<h5>IMAGEN DE <a href="https://gradoceroprensa.wordpress.com/2016/09/12/la-importancia-del-desarrollo-sostenible-en-nuestros-dias/" target="_blank" rel="noopener">CERO GRADO PRENSA</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Vos estis lux mundi: Un paso más… hacia adelante - Marcelo Gidi, sj</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/08/vos-estis-lux-mundi-un-paso-mas-hacia-adelante-marcelo-gidi-sj/</link>
		<pubDate>Sun, 25 Aug 2019 20:01:20 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Marcelo Gidi, Profesor de Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma
Para citar: Gidi, Marcelo; <em>Vos estis lux mundi: Un paso más... hacia adelante</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 191-200.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/08/MGIDI_LRC_1202.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><em>Vos estis lux mundi</em>: Un paso más... hacia adelante
Marcelo Gidi, sj <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Pontificia Universidad Gregoriana de Roma</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El día que concluyó el Encuentro “La protección de los menores en la Iglesia”, el 24 de febrero de 2019, el <a href="http://revistacatolica.cl/2019/04/discurso-conclusivo-del-encuentro-sobre-la-proteccion-de-los-menores-en-la-iglesia-santo-padre-francisco/" target="_blank" rel="noopener">Papa expresaba</a>, “Quisiera reafirmar con claridad: si en la Iglesia se descubre incluso un solo caso de abuso —que representa ya en sí mismo una monstruosidad—, ese caso será afrontado con la mayor seriedad”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa, consciente de la necesidad de una nueva normativa eclesiástica en la materia, sabía que debía ser promulgada, pero también era consciente que era más urgente, sin duda alguna, “cambiar la mentalidad”, una mentalidad que había hecho que la ley no fuera aplicada. Primero, era necesario superar esa “actitud defensiva-reaccionaria de salvaguardar la institución, en beneficio de una búsqueda sincera y decisiva del bien de la comunidad, dando prioridad a las víctimas de los abusos en todos los sentidos”. Solo de este modo las nuevas normas que se promulgarían, en un futuro próximo, podían ser efectivas y protectoras de las víctimas y serían, también, acciones jurídicas concretas y eficaces de prevención.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue el mismo Francisco a anunciar, por su parte, que “…ha llegado la hora de colaborar juntos para erradicar dicha brutalidad del cuerpo de nuestra humanidad, adoptando todas las medidas necesarias ya en vigor a nivel internacional y a nivel eclesial. Ha llegado la hora de encontrar el justo equilibrio entre todos los valores en juego y de dar directrices uniformes para la Iglesia, evitando los dos extremos de un justicialismo, provocado por el sentido de culpa por los errores pasados y por la presión del mundo mediático, y de una autodefensa que no afronta las causas y las consecuencias de estos graves delitos”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Era el tiempo, necesario y urgente, de elevar los estándares en la Iglesia y hacer todo lo necesario y posible para ponerle fin a este flagelo, con acciones concretas y ojalá eficaces. Francisco deja hablar, escucha, consulta y, cuando le corresponde, adopta las decisiones que le parecen procedentes. De las palabras y de la reflexión, después de escuchar a las víctimas, se pasaba a las acciones y decisiones en favor de estas, con esta respuesta universal y concreta al fenómeno de los abusos. En tal sentido, concluido el Encuentro, el padre Federico Lombardi, moderador del Encuentro, comunicaba cuáles iban a ser esas medidas concretas. Anunció la publicación de una serie de documentos, legislativos y pastorales, tendientes a regular el modo de prevenir, actuar y sancionar todo tipo de abuso en la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre las iniciativas concretas que podemos esperar en el futuro, en un futuro cercano, dijo el padre Lombardi en esa ocasión, habrá que esperar un nuevo Motu proprio del Papa sobre la protección de los menores y de las personas vulnerables, que tiene por objeto reforzar la prevención. También dijo que, con relación a la lucha contra los abusos en la Curia Romana y en el Estado de la Ciudad del Vaticano, se promulgaría una nueva ley para el Estado de la Ciudad del Vaticano y se darían nuevas directrices para el Vicariato sobre el tema de la protección de los menores y de las personas vulnerables. En la elaboración de todos estos documentos se tuvieron presente los “21 puntos de reflexión” que el mismo Pontífice ofreció a los asistentes durante el Encuentro<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Sin demora, a medida que avanzaban los meses, las comisiones y organismos respectivos se reunieron para trabajar en la elaboración de los documentos anunciados. Los primeros tres documentos, publicados conjuntamente el 26 de marzo de 2019, fueron la Ley N. CCXCVII, el Motu proprio sobre la “Protección de los menores y personas vulnerables”, ambas aplicables al Estado de la Ciudad del Vaticano, y también a la Curia romana y las “Directrices Pastorales (Líneas guías) para el Vicariato de la Ciudad del Vaticano”. Todas son leyes penales y pastorales entrarán en vigor el 1 de junio de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creo necesario, para comprender mejor el <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/motu_proprio/documents/papa-francesco-motu-proprio-20190507_vos-estis-lux-mundi.html" target="_blank" rel="noopener">Motu proprio <em>Vos estis lux mundi</em></a>, referirme al primero de los tres documentos, la Ley N. CCXCVII, que en su primer artículo contiene por primera vez una definición precisa y amplia de la categoría de “adultos vulnerables”, categoría de posible víctima, también presente en la actual ley: “Es vulnerable toda persona en estado de enfermedad, deficiencia física o mental o privación de la libertad personal que, de hecho, incluso ocasionalmente, limite la capacidad de comprender o de querer o de resistirse a quien le ofende” (art.1). Otra de las grandes novedades de esta Ley vaticana es que, con su entrada en vigor, todos los delitos relacionados con el abuso de menores, no solo los de carácter sexual, sino también, por ejemplo, el maltrato, serán “perseguibles de oficio”, es decir, incluso en ausencia de una denuncia (art.2). Otra novedad significativa se refiere a la obligación de denunciar y sancionar al funcionario público eclesiástico que no denuncie ante la autoridad judicial vaticana los abusos de los que haya tenido conocimiento, a excepción de que haya tenido conocimiento de ellos por medio del sacramento de la confesión, porque toda esa información queda asumida por el sigilo sacramental, el que es inviolable (art.3; cf. c.1550 §2, 2°). La falta de denuncia se convierte en un delito del Estado de la Ciudad del Vaticano, con sanciones al menos pecuniarias o de pérdida del oficio. Todas estas novedades forman parte de la nueva ley recientemente promulgada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Habiéndose, entonces, renovado la legislación en el Estado del Vaticano y como modelo a seguir para toda la Iglesia, el Papa y sus asesores se pusieron a trabajar en la redacción de un nuevo Motu proprio, el que contendría directrices uniformes para la Iglesia Católica en el mundo. En línea con el compromiso de la responsabilidad de los líderes (“accountability” en inglés) y de la transparencia, que fueron asumidos durante el Encuentro, Francisco promulgó el 7 de mayo la Carta apostólica en forma de Motu proprio <em>Vos estis lux mundi</em>  (“Ustedes son la voz del mundo”), que contiene las nuevas normas procesales y penales que se deben adoptar para prevenir y combatir los abusos sexuales perpetrados por clérigos y religiosos contra menores de edad y personas vulnerables; y, también, para investigar y sancionar los actos de violencia, amenaza, encubrimiento y negligencia de la autoridad. Las normas de este Motu proprio, que fueron aprobadas <em>ad experimentum</em> por un trienio y que entrarán en vigor el próximo 1 de junio de 2019, especifican nuevos delitos eclesiásticos y tratan acerca del desarrollo de la Investigación previa (c.1717). No son reglas guías o recomendaciones, tampoco normas interpretativas; son normas vinculantes para todos en la Iglesia, porque se deben adoptar “a nivel universal procedimientos dirigidos a prevenir y combatir estos crímenes que traicionan la confianza de los fieles”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Vos estis lux mundi</em>, es una ley eclesiástica que contiene 19 artículos distribuidos en dos títulos. Cada uno da cuenta de las dos materias sobre las que se legisla: I) las investigaciones previas por denuncias de abuso sexual cometidos por clérigos, religiosos y religiosas, y II) las investigaciones por las denuncias de actos sexuales y por negligencia y encubrimiento de parte de la autoridad en relación a esos delitos. La carta apostólica, en esta materia, junto con especificar y/o modificar algunos delitos, ofrece procedimientos e indicaciones para saber qué se debe hacer cuando llega una denuncia de este tipo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teniendo presente, entonces, la necesidad de adoptar en la Iglesia a nivel universal procedimientos dirigidos a prevenir y combatir estos crímenes que causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, perjudican y traicionan la confianza de los fieles, el Papa Francisco promulga <em>Vos estis lux mundi</em>, del cual señalo algunas de sus novedades, las claves de su comprensión y los criterios para su justa aplicación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes de presentar esta nueva ley creo necesario, considerando la situación de la Iglesia en Chile, referirme a un aspecto importante y que demostraría el respeto de la Iglesia por la soberanía de los Estados. El art.19, el último de esta ley pontificia, establece una norma sumamente importante y que dice relación con la autonomía y complementariedad legislativa entre el Estado de Chile y la Iglesia Católica. Afirma el artículo: “<em>Estas normas se aplican sin perjuicio de los derechos y obligaciones establecidos en cada lugar por las leyes estatales, en particular las relativas a eventuales obligaciones de información a las autoridades civiles competentes</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este campo, en relación a la situación legislativa de la Iglesia en Chile, cabe recordar que de acuerdo al artículo 19 N° 6 de la Constitución de 1980, se le reconoce a la Iglesia Católica, la personalidad jurídica de derecho público, el derecho de ejercer su misión apostólica y la garantía del libre y público ejercicio de las actividades que le son propias, en especial las de culto, jurisdicción y magisterio. De este modo, y en lo que nos interesa señalar, se le reconoce a la Iglesia Católica la posibilidad de dictar leyes, independientemente del Estado chileno, pero no en contradicción a la misma y en total respeto de la Constitución. Es decir, el Estado de Chile reconoce a la Iglesia Católica la capacidad legislativa en los ámbitos y materias propias, como por ejemplo, dictar leyes propias, determinar sanciones o medidas disciplinarias internas por delitos eclesiásticos, sin por eso quedar exenta de la ley chilena en las mismas materias (cf. art. 20 Ley 19.638)<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teniendo presente lo anterior, analicemos las nuevas disposiciones eclesiásticas en esa materia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Uno de los principios que se tuvo para la elaboración de esta normativa fue, para garantizar el acceso de las personas a la Iglesia, la de mejorar la <strong>estructura</strong> de recepción de las denuncias. Las Conferencias Episcopales e incluso las diócesis, de acuerdo a su propia realidad, están obligadas a crear las mejores condiciones para implementar la ley. Asumiendo las buenas prácticas y abandonando definitivamente los métodos que no garantizan una objetiva, rápida y coherente recepción y la investigación de las denuncias, se establece la siguiente obligación. Todas las diócesis deben establecer, antes de junio de 2020, “sistemas estables y de fácil acceso público” para informar de los casos de abuso sexual y de encubrimiento de los mismos, entre los cuales puede establecerse una oficina específica (art. 2 §1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Este texto, que está dedicado principalmente a la protección de los menores y a la lucha contra el abuso sexual cometido por clérigos o religiosos, comprende como eventuales <strong>víctimas</strong> de los delitos que considera, no solo a los menores, o personas que habitualmente tengan un uso imperfecto de la razón (art.6 SST), sino también a los adultos vulnerables (art.1 §1, a, II), y a toda persona (“alguien” dice el texto (art.1 §1, a, I), es decir, a los hombres o mujeres, religiosas o religiosos, seminaristas, o novicios o novicias mayores de edad, que sufran actos de naturaleza sexual (art.1 §1, a).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Otra importante novedad es que, por primera vez, para la legislación eclesiástica se describe una nueva tipología de personas que eventualmente puedan ser víctimas, con lo cual se especifica un nuevo delito. Me refiero a la categoría de la <strong>persona vulnerable</strong> que, para los efectos de esta ley y recurriendo a la definición ya presente en la Ley N. CCXCVII, se define en el art. 1 §2, b. Este artículo establece que “«persona vulnerable», es cualquier persona en estado de enfermedad, de deficiencia física o psicológica, o de privación de la libertad personal que, de hecho, limite incluso ocasionalmente su capacidad de entender o de querer o, en cualquier caso, de resistir a la ofensa”. Personas que finalmente no puedan, por esas circunstancias, ser libres o capaces de oponerse al acto en su contra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Otra modificación penal la encontramos en la <strong>especificación</strong> de un delito descrito de modo general en el c. 1395 §2, “quien cometa de otro modo un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo”, pero que puede razonablemente considerarse un nuevo delito. Me refiero a la descripción que hace del art. 1 §1, a, III respecto de la conducta de “producir, exhibir, poseer o distribuir, incluso por vía telemática, material pornográfico infantil, así como recluir o inducir a un menor o a una persona vulnerable a participar en exhibiciones pornográficas”. Este artículo no se refiere a lo establecido en el Motu proprio <em>Sacramentorum sanctitatis tutela</em> (art. 6 §1, 2°), que sigue plenamente vigente en relación a menores de 14 años, sino que se especifica que este delito se comete con personas menores de 18 años y adultos vulnerables.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. De modo determinado y claro el Motu proprio se refiere a los eventuales <strong>reos </strong>de estos delitos. Son posibles sujetos activos de los delitos de los que se ocupa, no solo los clérigos, sino también los miembros de los Institutos Religiosos y Sociedades de Vida Apostólicas, que no son clérigos. De modo específico, también, en relación a los delitos sexuales o de oficio, acciones u omisiones (art. 1 §1, b), cometidos por una serie de autoridades eclesiásticas, expresamente señaladas en el art.6 del Título II.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Considerando la actual legislación eclesiástica, (c. 1389, que tipifica el abuso de potestad eclesiástica y la negligencia culpable), podemos afirmar otra especificación de un delito, o ¿tal vez, una nueva tipificación? Me refiero a la expresa descripción que hace el art.1, del delito de <strong>encubrimiento</strong>. Por primera vez en la Iglesia, se describe, sin duda alguna, este delito, en cuanto conducta llevada a cabo por las autoridades eclesiásticas y que consiste en “<em>acciones u omisiones dirigidas a interferir o eludir investigaciones civiles o investigaciones canónicas, administrativas o penales, contra un clérigo o un religioso con respecto a delitos señalados</em>", (art.1 §1, b). La ley considera como posibles sujetos activos de estas conductas a los cardenales, patriarcas, obispos y nuncios, pero también a superiores religiosos, hombres o mujeres, y abades cuando estaban en el cargo (art. 6): Esto porque ellos tienen la obligación de investigar y/o facilitar este tipo de investigaciones. Con esta norma se explicita, una vez más, que la Iglesia no solo tiene presente el bien de las personas, sino que en ella nadie tiene permitido cometer delitos y que ninguna de sus autoridades está más allá de la ley, por lo que, si cometen crímenes, también deben responder por estos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Otra novedad del texto legislativo la encontramos en lo que establece el art.3 §1: “cada vez que un clérigo o un miembro de un Instituto de vida consagrada o de una Sociedad de vida apostólica tenga noticia o motivos fundados para creer que se ha cometido alguno de los hechos mencionados en el artículo 1, tiene la <strong>obligación</strong> de informar del mismo”. Encubrir el delito de abuso no es aceptable; nunca ha sido aceptable. Por lo mismo, con gran firmeza, el Papa hace que la denuncia de cualquier acto que parezca ser criminal sea obligatoria, teniendo muy claro también el principio de la presunción de inocencia y el respeto inviolable del sigilo sacramental (cc. 983; 1550 §2, 2° y 1548 §2). En este sentido, el Motu proprio, por primera vez en la Iglesia Católica, establece una obligación legal, ya no moral, de denunciar. Pero no solo esto. Es decir, informaciones de esta naturaleza no quedan comprendidas dentro del secreto de oficio eclesiástico. Entonces, desde el 1 de junio del 2019, todo clérigo, religioso o religiosa, deberá informar a quienes se acerquen que, si le entrega noticias propias o de otros sobre alguna materia relacionada con los delitos que trata esta ley (art.1), está en la obligación de informar a la autoridad eclesiástica (art.4 §1). Esta obligación consiste en informar, sin demora, las noticias o los motivos fundados para creer que se ha cometido alguno de los hechos. La misma obligación, lo establece expresamente esta ley, no interfiere, no prohíbe, no sustituye ni modifica ninguna otra obligación de informar y de colaborar con las autoridades civiles que pueda existir en cada país de acuerdo a la ley estatal vigente (art.19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. La nueva ley, que impone la obligación de denunciar, sobre todo, considera y <strong>protege</strong> a quien denuncia eventuales o posibles daños. Establece con total claridad que las víctimas y denunciantes no pueden ser objeto de prejuicios, represalias o discriminación, como muchos lo han sido en otros tiempos. Al contrario de lo que ocurría antes, nunca se les podrá obligar al silencio y podrán hablar de su caso con quienes quieran, incluso con la prensa (art.4). La nueva norma deja muy claro el pleno apoyo a las víctimas y su completa libertad para denunciar ante las autoridades civiles. El Motu proprio, gracias a la mejor comprensión de esta dramática realidad y del aprendizaje a partir de las malas prácticas, pone énfasis “en el <strong>cuidado</strong> de las personas ofendidas” y en la importancia de acogerlas, escucharlas y acompañarlas, ofreciéndoles la asistencia espiritual y terapéutica que necesiten. Las presuntas víctimas no solo deben ser tratadas con respeto, sino que también se les debe ofrecer diversos tipos de asistencia (Art. 5 § 1), y a quienes se les debe garantizar que su información será tratada de modo que se garantice su seguridad, integridad y confidencialidad (art. 2 §2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Este documento se hace cargo, además, de establecer un modo universal y claro de cómo <strong>proceder</strong> delante a una denuncia al momento de realizar la investigación previa (art.1717). Establece formas seguras de abordar informaciones potencialmente criminales y para verificarlas sin demora por medio de una investigación adecuada, y así poder iniciar los procedimientos canónicos. Se trata de proporcionar procedimientos sobre lo que se necesita hacer para denunciar y luego para la investigación. Estableciendo normas claras, la ley señala que, cuando la denuncia es contra clérigos o miembros, varones o mujeres, de Institutos de vida consagrada o Sociedades de vida apostólica, por delitos contra el sexto mandamiento del Decálogo (art.1 §1, a) que consistan en: I) obligar a alguien, con violencia o amenaza o mediante abuso de autoridad, a realizar o sufrir actos sexuales; II) realizar actos sexuales con un menor o con una persona vulnerable; III) producir, exhibir, poseer o distribuir, incluso por vía telemática, material pornográfico infantil, así como recluir o inducir a un menor o a una persona vulnerable a participar en exhibiciones pornográficas), se hace ante el Ordinario propio de ellos o ante otra autoridad, quien lo comunicará sin demora al Ordinario del lugar donde habrían tenido lugar los hechos, así como al Ordinario propio de la persona señalada si ha sido otro quien haya recibido la denuncia. El procedimiento para la investigación previa en estos casos se rige por la normativa ya vigente de acuerdo con lo previsto para el caso específico (art. 2 §3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. También el Motu proprio se hace cargo de establecer todo el procedimiento para realizar las <strong>investigaciones</strong> previas cuando sean denunciados los obispos, cardenales, legados pontificios, clérigos que hayan tenido a su cargo el gobierno pastoral de una iglesia particular o de una prelatura personal, moderadores supremos de Institutos de vida consagrada o de Sociedades de vida apostólica de derecho pontificio, así como de los Monasterios sui iuris, por los hechos cometidos durante el ejercicio de su cargo. Estos hechos son los delitos de naturaleza sexual (art.1 §1, a), pero, sobre todo, los delitos de encubrimiento y negligencia (art. 1, §1, b). Esta ley, complementa y completa el anterior Motu proprio “Como una madre amorosa” (4 de junio de 2016), con el cual se establece la remoción del Obispo por causa de grave negligencia en materia de denuncia de abusos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>11. Vos estis lux mundi</em>, en los artículos 8-18, introduce una serie de normas en relación al procedimiento investigativo y sancionatorio que queda bajo la jurisdicción del Dicasterio respectivo, el que se determina en consideración a la dependencia de la autoridad denunciada (art.7). La realización de la investigación de la denuncia, en esta materia, se confía al Obispo Metropolitano de la Provincia eclesiástica en la que está domiciliada la persona señalada. Una vez recibida la denuncia, tendrá que informar a la Congregación y realizar, bajo su autoridad, la investigación. El Metropolitano se debe hacer asesorar por personas calificadas que lo ayuden a cumplir su tarea (art.13), sin establecer ninguna restricción, sino la sola condición que sean “cualificadas según las necesidades del caso” (c.228). Para garantizar diligencia y transparencia, y una adecuada investigación, la Congregación, si lo considera oportuno porque, por ejemplo, el Obispo Metropolitano no es la persona más idónea para investigar, por cualquier motivo o circunstancia, podrá encargar la investigación a una persona distinta del Metropolitano (att.11 §1). En caso de ser denunciado el propio Metropolitano, será otro Obispo quien deberá cumplir su tarea (Art. 8 §2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Otro aspecto que destacar es que este documento establece que los casos denunciados deberán ser verificados “<strong>prontamente</strong> y se tratarán de acuerdo con el derecho canónico”, y en el caso de las denuncias en contra las autoridades, señala el art. 14 §1 que la investigación debe concluirse dentro del plazo de noventa días o en el plazo indicado en las instrucciones recibidas por la Congregación, plazo que por motivos justificados se puede prorrogar (art. 10 §1-2). Para tener un control más efectivo del estado de la investigación previa, garantizar la agilidad y evitar retrasos innecesarios, el obispo Metropolitano debe informar cada 30 días a la Congregación competente cuál es el estado actual de la investigación: información sobre el estado actual de las investigaciones (Art. 12 § 9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. Finalmente, como lo hemos señalado, el documento establece inequívocamente que las normas que decreta no afectan los derechos y obligaciones definidos por las leyes estatales, en particular las relacionadas con cualquier obligación de informar a las <strong>autoridades civiles</strong> (Art. 19).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las víctimas y el tiempo han permitido que la Iglesia haya tomado conciencia de la real gravedad de cada uno de los aspectos que están involucrados en cada uno de estos delitos. Francisco, con esta nueva ley, que en su aplicación se aclarará en todos sus puntos, ofrece a toda la Iglesia un instrumento de prevención concreto, que garantiza la rapidez, la transparencia y la rendición de cuentas en el tratamiento de estas denuncias, pero también es un paso crítico, hacia adelante, para proteger a todas las víctimas del flagelo del abuso sexual. En esta cruzada todos estamos involucrados para que estos hechos no se repitan nunca más o, si se repiten, nunca más sea permitida la negligencia o el encubrimiento. Finalmente, manifiesta el espíritu de la Iglesia y su Pastor, “La protección de los menores y de las personas vulnerables es parte integrante del mensaje evangélico que la Iglesia y todos sus miembros están llamados a difundir en todo el mundo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote jesuita, doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde actualmente es profesor. Este artículo fue publicado en la Revista Mensaje, edición 679 de junio de 2019, Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html" target="_blank" rel="noopener">http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html" target="_blank" rel="noopener">http://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/february/documents/papa-francesco_20190224_incontro-protezioneminori-chiusura.html</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> <a href="http://www.vatican.va/resources/resources_puntidiriflessione-protezioneminori_20190221_sp.html" target="_blank" rel="noopener">http://www.vatican.va/resources/resources_puntidiriflessione-protezioneminori_20190221_sp.html</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Artículo 20. “El Estado reconoce el ordenamiento, la personalidad jurídica, sea esta de derecho público o de derecho privado, y la plena capacidad de goce y ejercicio de las iglesias, confesiones e instituciones religiosas que los tengan, a la fecha de publicación de esta ley, entidades que mantendrán el régimen jurídico que les es propio, sin que ello sea causa de trato desigual entre dichas entidades y las que se constituyan en conformidad a esta ley”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Christus Vivit: Un tutorial para entender a los jóvenes - Daniel Irarrázaval, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/christus-vivit-un-tutorial-para-entender-a-los-jovenes-daniel-irarrazaval-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 01 Sep 2019 19:17:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Daniel Irarrázaval D., sacerdote y asesor de la Pastoral Juvenil de la Arquidiócesis de Santiago
Para citar: Irarrázaval, Daniel; <em>Itinerario desde la Christus Vivit: Tutorial para entender a los jóvenes</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp. 275-287.</h6>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/08/DIRARRAZAVAL_LRC_1202.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;">Itinerario desde la <em>Christus Vivit</em>: Tutorial para entender a los jóvenes
Daniel Irarrázaval D., pbro. <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos de los jóvenes están aprendiendo más de tutoriales de YouTube <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> que de los libros, del colegio o de sus familias: son nuevas generaciones. Por esta razón he querido hacer un tutorial, por escrito, para entender al joven desde lo que nos ha escrito el Papa Francisco en su <a href="http://revistacatolica.cl/2019/04/exhortacion-apostolica-christus-vivit-un-mensaje-del-papa-francisco-para-los-jovenes-de-hoy/" target="_blank" rel="noopener">exhortación apostólica <em>Christus Vivit</em></a> teniendo en cuenta la realidad chilena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero ¿qué es un tutorial? Es un neologismo inglés de la palabra tutoría o tutela que trata de ser un curso breve y de escasa profundidad para poder entender o utilizar algo con el fin de aprender una cosa nueva. En síntesis, son pequeñas instrucciones que tienen cierto orden lógico, con pasos sencillos, que buscan avanzar hacia algo más complejo. Ciertamente lo escrito por el Papa Francisco pareciera un tutorial dirigido tanto a jóvenes como adultos para crear puentes en nuestra relación con Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este tutorial tiene nueve pasos para poder leer, reflexionar y aplicar de forma progresiva, desde lo más básico a lo más complejo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Primer paso: Cristo vive y te quiere vivo </strong><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a><strong>.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La clave para entender al ser humano en todas sus etapas es saber y experimentar que Cristo está realmente vivo y eso no es cuento para otros sino para todo joven. ¡Cómo cambiaría la vida de tantos jóvenes si supieran dónde encontrar verdadera vida! Chile ocupa el cuarto lugar de mayor cantidad de suicidios juveniles a nivel mundial y, además, es la tercera causa de muerte entre los jóvenes del país. Sin exponer las causas ni el camino para poder resolver el problema, esto nos debería remover el corazón para usar todos los medios posibles con el fin que, en su lenguaje, sepan que la única vida verdadera la encontrarán en Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa propone nuevos pero antiguos <em>influencers </em><a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> jóvenes del Antiguo y Nuevo Testamento como testimonio de jóvenes que tienen vida. Por ejemplo, José, el joven capaz de comunicar cosas grandes; Gedeón, el sincero; Samuel, el de la escucha atenta; David, el joven al que Dios lo conoce de corazón; Salomón, el perdido que encuentra en Dios sabiduría; Rut, la generosa. En todos ellos podemos descubrir un corazón joven, capaz de amar sin importar la edad, que no se irrita ni desanima (cf. Col 3, 21), abierto a respetar y valorar a los ancianos y que crece dando vida al ser bueno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A fin de cuentas, es necesario desafiar al joven a no ser un <em>zombie </em><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a> que vive cansado por las distracciones y superficialidades, sino que está vivo porque experimenta la vida en Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Segundo Paso: Jesús es joven </strong><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de reconocer la vida de Cristo, es necesario preguntarse ¿cómo vivió Jesús? ¿qué sintió o qué pensó? Y lo primero que el Papa nos recuerda es que Jesús es joven porque:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. Vive una vida que crece al entregarse. Es un crecimiento tanto en sabiduría, en espiritualidad sin ser un joven raro o aislado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. Vive una juventud que ilumina a todos con los que se relacionaba: viviendo con su familia de origen -como la gran mayoría de los jóvenes chilenos <a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>-, es capaz de relacionarse con todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto implica que la Iglesia tiene que tener corazón joven porque Jesús es su centro. Esta juventud no es por edad, sino que no podemos quedarnos inmóviles cediendo a lo que diga la moda. Una Iglesia que se atreve a ser distinta por el amor que nos tenemos unos a otros. Una Iglesia que reconoce la necesidad de sus jóvenes para mantenerse activa y que dialoga con ellos, aceptando sus críticas, y que presenta el mensaje de Cristo de forma atractiva. Una Iglesia que es capaz de manifestarse y hacerse escuchar. Una Iglesia que atiende a las reivindicaciones de las mujeres y se deja cuestionar por la sensibilidad de los jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un ejemplo de Iglesia joven es María. La joven que da su sí potente en forma decidida y comprometida. Se la juega por ser portadora de la gran promesa en su acción (sale al encuentro) y en su espiritualidad (guarda todo en su corazón). Ella es la <em>influencer</em> de Dios porque transmite y <em>viraliza </em><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> el mensaje de Dios con su vida de entrega total.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, tenemos jóvenes santos más actuales: Sebastián acepta la muerte sin miedo; Francisco de Asís renuncia a todo; Juana de Arco, a pesar de la incomprensión, sigue luchando; Andrés Phû Yên es asesinado por la fe; Catalina Tekakwitha se enamora por completo de Jesús; Domingo Savio se entrega a los más necesitados; Teresa del Niño Jesús se confió totalmente al amor de Dios; Ceferino Namuncurá se entregó y deseó la misión a sus pueblos, entre otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En resumen, la juventud de Jesús se contagia a su Iglesia. Es el desafío de ser Iglesia joven entregada por completo al Amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Tercer paso: El ahora de Dios </strong><a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Constantemente se dice que los jóvenes son el futuro de la Iglesia, y la verdad es que no. Son el presente. Porque cuando pensamos de ellos como futuro, asumimos que cuando sean adultos van a ser un aporte, cuando ya lo podrían estar siendo ahora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para esto es necesario que los adultos cambien y eliminen prejuicios respecto a los jóvenes:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. No se les puede seguir tratando como niños. Uno de los grandes problemas es que se les infantiliza cuando evitamos que tomen responsabilidades o que aporten con su novedad. Por eso es necesario que no se les dé recetas preparadas de actuación, sino que tenemos que acompañarlos a discernir mostrándoles lo positivo, sus caminos, posibilidades, la tierra sagrada que son cada uno de ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. No tratarlos a todos igual: hay una pluralidad de mundos juveniles que no se puede generalizar. La juventud no existe, sino jóvenes con sus vidas concretas. Y la realidad chilena es de lo más diversa porque un joven de una ciudad es diferente a uno de pueblo u otro de campo, un joven de una comuna es diferente al de otra comuna, un joven de una familia es diferente al de otra familia. Generalizar es un gran error.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c. Lloremos con sus sufrimientos: no podemos acostumbrarnos a sus dolores, ni tampoco anestesiarlos con distracciones y banalidades (internet, juegos, celulares, etc.) <a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Lo que necesita es ser acompañados en sus sufrimientos y que nunca se sientan solos para que puedan hacer el proceso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d. No robarles la juventud: en una cultura donde se desea ser siempre joven para vender, hay que respetar, amar y cuidar a los jóvenes teniendo una relación con ellos tanto en lo afectivo como en lo educativo y cultural, que no sea interesada o condicionada a lo que me puedan dar. Tenemos que sacarnos la idea de buscar jóvenes para renovar la parroquia, porque somos viejos o porque queremos vernos vivos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">e. Deseos y heridas: ellos ven la sexualidad y su cuerpo como algo esencial en su identidad, por lo que les cuesta entender la moral sexual propuesta por la Iglesia muchas veces por prejuicios o ignorancia. Lo cierto es que quieren hablar sobre estos temas, pero tenemos pocos espacios para conversarlos. Hay muchos jóvenes heridos y con deseos de vida diferente que esperan la luz y el estímulo de otros como una forma de vivir mejor <a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">f. Jóvenes digitales: tenemos que asumir que los jóvenes son parte del mundo digital y, por esta razón, les afecta en su consideración del tiempo y espacio (la inmediatez), en la percepción de sí mismos respecto de otros, en la manera de comunicar, de aprender, de informarse y de relacionarse. Privilegian la imagen a la escucha. Por esta razón, lo digital es un lugar irrenunciable para llegar a los jóvenes, pero transmitiéndoles los límites y carencias de no tener un contacto real, junto todas las amenazas de explotación, degradación, manipulación de mentes, <em>fake news </em><a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, relaciones inhumanas, migración digital de las familias y la soledad que el mundo digital puede producir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">g. Jóvenes migrantes: también es necesario, en especial en Chile, tener una preocupación especial por los jóvenes migrantes vulnerables <a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">h. Poner fin a todo tipo de abuso: siendo este uno de los temas principales que tenemos que vivir como Iglesia chilena, es necesario poner medidas rigurosas de prevención a los abusos de poder, económicos, de conciencia, sexual que impliquen formas diferentes de ejercicio de autoridad y el deseo de dominio. Factores de riesgo graves son la falta de diálogo y transparencia, la doble vida, el clericalismo (como actitud contraria a Jesús servidor). El mismo Papa les propone a los jóvenes que se comprometan con la prevención, en especial si ven a un sacerdote en riesgo, sabiendo que no podemos abandonar a quien está herido. Pero la clave de todo esto es que los jóvenes se sientan parte de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">i. No ser fotocopias: es fundamental que los jóvenes puedan discernir la originalidad del camino de su vida. El joven Carlos Acutis decía que “todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. Por eso, la juventud tienen que ser un tiempo de entrega, fecundidad, de renovación, de originalidad, de entusiasmo que contagia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, si lográramos que los jóvenes viviesen como protagonistas de la vida eclesial, dándoles las herramientas, los medios y las precauciones, serían el ahora renovador de toda la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Cuarto Paso: A gran noticia, grandes verdades </strong><a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay tres grandes verdades que tenemos que transmitirle a todo joven para que lo experimenten en su vida:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Dios<em> es amor</em>: no puede ser una frase cliché, sino una realidad que se vive y que tenemos que mostrar desde el corazón de la Iglesia. Dios te ama como un padre o madre que ama desde sus entrañas (cf. Os 11, 4; Is 49, 15). Dios ve nuestra belleza, nuestro valor porque es un amor que no aplasta, sino que da libertad y levanta. Es la primera verdad que transforma la vida de todo joven.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Cristo<em> te salva</em>: el amor de Dios se hace concreto en la entrega radical de su vida que salva. Porque solo lo que se ama puede ser salvado a pesar de nuestras pequeñeces. Es el valor inmenso de cada persona contrastado con la misericordia infinita de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. <em>¡Él Vive!</em>: Jesús no es un personaje de historia, sino que está vivo para invitarte a caminar. Cuando experimentamos esto en nuestra vida, toda ella se transforma porque, parafraseando al papa Benedicto XVI, no se comienza a ser cristiano por una idea, sino por el encuentro con Jesús (<em>Deus caritas est</em>, nº1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por tanto, digámosle a todo joven ¡enamórate! Solo en el amor a Dios encontrarás la verdadera vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Quinto paso: Caminos de juventud </strong><a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos sabemos que la juventud es un tiempo, una etapa de la vida. El problema es que muchas veces no se vive ni se propone como tal. Se vive como si fuera el momento solo para pasarlo bien porque no se toman decisiones ni responsabilidades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesario desafiar a los jóvenes a vivir la juventud “y no morir en el intento”, suponiendo los cuatro pasos que hemos explicado anteriormente. ¿Qué caminos? El Papa propone algunos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un <em>camino de sueños y elecciones</em>: los jóvenes están desafiados a proyectarse a futuro, pero sin cortar con los sueños de sus corazones. Porque, como dice San Agustín, “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti”. Es una promesa de vida que se tiene que vivir con tenacidad porque tiene dificultades. Son muchos los jóvenes que quieren seguir siendo niños o prolongar su adolescencia impidiendo tomar decisiones, a lo cual hay que responder que la juventud no es tiempo de suspenso, sino de decisiones. Otra dificultad es el darse por vencidos ante las frustraciones y fracasos. Para ello, hay que acompañarlos para que perseveren. Otra complicación es la ansiedad que les produce el futuro, porque los sueños, para que no paralicen, se conquistan con esperanza, paciencia y empeño. Por último, el peligro de vivir la vida desde el balcón o el sofá, porque al ser espectadores muestran una jubilación antes de tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Camino que hay que <em>vivir y experimentar</em>: hay en el joven un deseo de vivir el presente y aprovechar al máximo la vida, lo cual no está mal. El cuidado está en que este deseo se haga algo insaciable y lleve a buscar placeres en forma irresponsable dejando a la persona cada vez más vacía. Incluso, es necesario vivir los sufrimientos a fondo, sin anestesia, para experimentar y empatizar con el dolor ajeno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un camino de <em>amistad con Cristo</em>: la amistad es un gran valor entre los jóvenes de hoy, pero se dan cuenta que muchas veces se sienten decepcionados o decepcionan en su relación. Pero si descubrieran que la amistad es un regalo que ayuda a crecer, a abrirse, a cuidar de otros y a salir de sí mismos, que implica fidelidad y la perseverancia en la búsqueda del bien del otro, entonces cobraría verdadero sentido el cultivarla. La amistad con Jesús nos invita a una relación a otro nivel, en la intimidad de la oración y así ponerlo en práctica. Es el amor a Jesús el que puede unir a todos en una verdadera amistad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Camino de <em>crecimiento y maduración</em>: la amistad con Jesús requiere responder con la vida, pero para ello es necesario entrenarse y tomarse en serio el crecimiento espiritual. El desafío es tanto para el joven como el adulto, ya que en el madurar no podemos perder la juventud del sorprenderse por la acción de Dios. La clave de este camino es encontrar y seguir la verdadera originalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Caminos de <em>fraternidad</em>: la vida espiritual se expresa en el crecimiento del amor fraterno, generoso, misericordioso. Es éxtasis porque nos saca de nosotros mismos y nos eleva a Dios reconociendo la belleza del hermano. Desde aquí se ve la necesidad de vivir fraternalmente y expresar el amor en comunidad. Como dice el refrán: “si quieres andar rápido, camina solo. Si quieres llegar lejos, camina con otros”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Camino en el <em>compromiso</em>: es un riesgo muy grande el encerrarse y no comprometerse con la vida del mundo. El compromiso normal del joven es a una vocación laical, es decir, a vivir en medio del mundo para evangelizarlo. Surge así la necesidad de promover en ellos el voluntariado al servicio, pero con buena organización para que la iniciativa no muera <a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Camino de <em>valiente misión</em>: la misión parte como un envío del enamorado que no puede callar aquello que ha experimentado. Por eso el cristiano no puede ser sino testimonio de Cristo. Qué bueno sería motivar y acompañar misiones con jóvenes que, bien acompañados y organizados, transformen la vida al punto de ser un lugar de discernimiento vocacional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al igual que los discípulos de Emaús, Jesús camina con los jóvenes y muestra camino. El desafío siempre será de ayudarlos a reconocer caminos y animarlos a caminarlos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Sexto paso: Jóvenes con raíces </strong><a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como todo árbol necesita de raíces sanas y bien sujetas a la tierra para no morir, del mismo modo todo joven también necesita raíces que le puedan ayudar a proyectarse, a crecer y tener vida. La clave está en ayudarlos a que no rechacen sus raíces, sino en aceptarlas, sanearlas y valorarlas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las siguientes recomendaciones son de tipo campestre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. Que no te arranquen de la tierra: Hoy tenemos el problema de falsos cultos a la juventud donde todo lo que no sea joven o nuevo no sirve, ideologías que destruyen todo lo que sea tradicional y pretenden arrancar las raíces familiares y culturales. Algunos se aprovechan de la juventud para promover la superficialidad y una vida supuestamente feliz que al final nunca llega. En esto el adulto tiene que ayudar a que el joven no pierdan su identidad, a que conozca su historia y aprenda a vivir las tradiciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. Los árboles adultos ayudan a los pequeños: así como los árboles se ayudan compartiendo alimento por medio de las raíces así tendría que ser la relación del anciano con el joven. No se tiene que estar de acuerdo con todo lo que piensan o hacen, pero sí es sano tener siempre una actitud de escucha mutua. Como dice el refrán: “si un joven supiese y el viejo pudiese, no habría cosa que no se hiciese”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c. Que el árbol crezca en altura y follaje: los sueños son la altura y las visiones son el follaje que necesitan los jóvenes aprender de los ancianos. Si los ancianos vuelven a soñar, iluminan el crecer de los jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d. Crecer en los límites del bosque: es la necesidad de arriesgar, pero juntos. Nuestras raíces no nos pueden atar a otra época, sino que tienen que ser el inicio para continuar y adentrarse en nuevos desafíos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">e. La imagen del bosque es sugerente. Un árbol nuevo no crece cuando está ahogado por otros mayores, es necesario que tenga su espacio para recibir la energía solar. Pero un árbol nuevo es difícil que crezca solo, necesita de los demás para hacerlo. La comunicación por medio de las raíces ayuda a que pueda crecer. De la misma manera tiene que ser el crecimiento de los jóvenes para que tengan raíces y puedan arriesgarse a soñar y visionar en relación con todos, en especial, con los ancianos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. Séptimo paso: Pastoral de los jóvenes </strong><a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es un paso ya más maduro, que implica los anteriores para poder formar una pastoral propiamente tal. A veces pensamos que lo primero para mostrar la Buena Noticia a los jóvenes es armar una pastoral que los prepare para los sacramentos y nos equivocamos. La experiencia de muchas parroquias y la mía es que los jóvenes, una vez confirmados, desaparecen porque no se las ha ayudado a hacer camino comunitario al encuentro con Dios. El Papa Francisco es lúcido al proponer algunos consejos que nos pueden ayudar a evaluar nuestras propias pastorales. Les propongo un examen de conciencia eclesial en nuestras pastorales de los jóvenes:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. ¿Es mi pastoral sinodal? Esto se ve en forma evidente si el que toma las decisiones es el asesor o es un consejo juvenil. Hay una necesidad de que se evangelice con nuevos estilos y estrategias, porque los jóvenes no se ven atraídos por los esquemas pastorales. No hay que tener miedo a los eventos, pero que tengan el propósito de compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios y experimentar el encuentro comunitario con Dios. En la medida que trabajamos sinodalmente se pueden implementar nuevas metodologías, lenguajes junto con aquellas antiguas pero buenas prácticas. Para que sea pastoral se necesita la corresponsabilidad de toda la comunidad para hacerla siempre nueva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. ¿La pastoral tiene líneas de acción para convocar jóvenes que no tienen relación con la Iglesia? La búsqueda y convocación de otros jóvenes son cosas que pueden hacer ellos mismos. Para ello es necesario estimularlos y darles libertad, privilegiar el idioma de la proximidad, del amor desinteresado, de lo relacional, lo que toca el corazón. Pero para hablar su lenguaje es necesario escucharlos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. ¿La pastoral tiene líneas de acción para el crecimiento en el encuentro con Cristo? A los jóvenes no les basta solo la formación en temas doctrinales o morales, sino que debe incluir la profundización del encuentro con Jesús muerto y resucitado, el amor fraterno en la vida comunitaria y el servicio. El crecimiento se va a dar en la medida que les ayudemos a experimentar el amor de Dios por medio de testimonios reales, canciones, adoración, reflexión de la Escritura, redes sociales, comunidades de vida y el servicio a los demás.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. ¿Somos acogedores con todo tipo de joven? Hay una necesidad urgente de ser acogedores porque los jóvenes viven, cada vez más, situaciones de orfandad y soledad. Todos podemos ayudar ofreciendo amor gratuito y caminos de afirmación y crecimiento. El mismo Papa Francisco plantea lo bueno que sería tener casas de comunión, que ellos puedan acondicionar a gusto, para vivir su fe. Esta sería una manera concreta para reforzar sus relaciones en lugares donde no se les juzga o evalúa sin que se aíslen de la comunidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. ¿La transmisión de la fe en los centros de educación ayuda al encuentro con Dios o a alejarse de Él? Este puede ser un lugar de encuentro con Dios, pero es necesario que esa experiencia de fe sea perdurable. Se ven tantos lugares donde solo buscan preservar la fe con una inadecuación entre lo enseñado y el mundo que les toca vivir. No podemos separar la formación espiritual de la cultural, como no se puede separar la fe de la razón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. ¿En qué ámbitos les presentamos al Señor? Los jóvenes son capaces y necesitan contemplar, en el silencio, la intimidad con Dios, pero hay que ofrecer más y mejores modalidades que puedan ayudarlos en esta experiencia. También son necesarios momentos sacramentales de vida cotidiana. Otra manera es el crecimiento de la caridad por medio del servicio. Sin excluir las expresiones artísticas como teatro, música, pintura, danza, etc. El deporte también puede ser un lugar de pastoral. De la misma manera, la naturaleza es un lugar de encuentro con Dios que requiere de nuestro cuidado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. ¿Buscamos y animamos liderazgos que se originen y ayuden al pueblo? Una pastoral popular busca que se desarrolle el liderazgo de los jóvenes con libertad, acompañados y estimulados a trabajar por el pueblo y su promoción, que incluya a todos y no a un grupo cerrado. Esto se piensa como un proceso lento, respetuoso, incansable, que se desarrolla en piedades populares y peregrinaciones, atrayendo a quienes no se identifican directamente con la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. ¿La pastoral de jóvenes es misionera? Más que un tiempo de misión, el ser cristiano joven implica ser siempre misioneros. La pastoral juvenil misionera suscita la vocación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. ¿La pastoral es acompañada por adultos preparados y dispuestos a ello? Es preciso tener sacerdotes, consagrados y consagradas, laicos y laicas que acompañen y se preparen para ello. Que sean auténticos cristianos, comprometidos con la Iglesia, que busquen la santidad, que comprendan sin juzgar, que escuchen activamente, respondan con gentileza, bondadosos y conscientes de sí mismos reconociendo sus límites. No deberían llevar a los jóvenes a ser pasivos, sino que, respetando su libertad, confíen en sus capacidades y les den herramientas para que lo hagan bien. Para ello es fundamental la formación permanente en el acompañamiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. Octavo paso: La vocación </strong><a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tutorial se ve largo, pero es precisamente en este paso donde podemos acompañar y ayudar la vocación de cada joven. Es que la palabra vocación está llena de prejuicios y miedos a que se reclute al joven a una vocación sacerdotal o consagrada. Pero si entendemos por vocación el llamado de Dios a la vida, a la santidad y a la amistad con Él, abre puertas para aceptar y responder al llamado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer llamado es a la amistad con Dios. Esta es la puerta de entrada de toda vocación. Un joven que no concibe a Dios como amigo, que no tiene una historia, que no tiene experiencia con Él, entonces no va a poder escuchar el llamado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para entender mejor ese llamado, es necesario saber que es una invitación que implica la donación del propio ser para los demás. Todo llamado es para participar de la obra creadora de Dios sirviendo a los demás. Por esta razón toda pastoral, formación y espiritualidad es vocacional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un tipo de llamado es el del amor en familia. De hecho, para muchos jóvenes es su sueño pero muchas veces inalcanzable o aplazado por la invasión de la cultura de lo provisorio, por las decepciones y sufrimientos de sus propias familias. El matrimonio siempre va a ser un camino de plenitud de la relación donde la sexualidad y el sexo son un don para amarse y generar vida, aun cuando la idea de disfrutar el momento y el no compromiso impide que se pueda responder al llamado en forma plena. Otro tipo de llamado se presenta con la soltería no intencionada como un llamado válido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También el trabajo, aunque no es una vocación, tiene una importancia clave para definir la identidad y su propio discernimiento vocacional. Lo importante es no renunciar a los sueños vocacionales para desarrollar las capacidades por medio del sacrificio, la generosidad y la entrega.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, está el llamado a una consagración especial. Dios no falta a la promesa de regalar pastores a su Iglesia. Si alguno no da buen testimonio, no por eso Dios deja de llamar. Siempre tiene que ser una pregunta que todo joven cristiano se tiene que plantear porque, en este tipo de vida, Dios nos hace plenos. El medio para escucharlo solo puede ser el silencio interior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>9. Último paso: Discernimiento </strong><a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y esto sería lo último del tutorial. El paso más avanzado e importante que engloba todo. Es en el discernimiento donde el joven tiene que entrever el proyecto único e irrepetible que Dios tiene para él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo hacerlo? Los pasos anteriores nos dan la materia prima para hacer un buen discernimiento. Pero, así como en los buscadores de internet se ponen filtros para que aparezca lo que queremos, acá es necesario poner algunos filtros para discernir adecuadamente:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Es necesario la formación de la conciencia para reconocer la propia vocación. Qué es lo que me dice, qué es lo que me muestra, dónde ha pasado Dios, etc. El examen del día es una práctica básica para discernir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Para discernir la vocación es necesario la soledad y el silencio, para así interpretar el significado real de las inspiraciones, no dentro de un aislamiento, sino como un encuentro. Estas preguntas ayudan a dar pasos: primero ¿me conozco? ¿conozco lo que me alegra o entristece? ¿cuáles son mis fortalezas y debilidades? Después, ¿cómo puedo servir mejor? ¿cuál es mi lugar en la tierra? ¿qué podría ofrecer yo a la sociedad? Para luego preguntarse, ¿tengo las capacidades necesarias para ello? ¿podría adquirirlas? Siempre el discernir la vida se tiene que hacer en referencia a los demás: ¿para quién soy yo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Tener confianza del llamado. Así como el amigo siempre regala lo mejor, Dios regala nuestra vocación como el mejor don para ser pleno. Pero esto no significa que no sea exigente y arriesgado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Estar dispuestos a acompañar y dejarse acompañar. Tanto consagrados como laicos pueden acompañar en su discernimiento, pero es necesario tener la cualidades y capacidades para ello. Este acompañamiento tiene que tener 3 atenciones especiales:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. Atención a la persona para que sepa que mi tiempo es suyo, que escucho incondicionalmente, sin ofenderme, sin escandalizarme, sin molestarme, sin cansarme.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. Atención discernidora para distinguir entre la gracia o la tentación, y así ayudar al otro a reconocer la verdad de los engaños o excusas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c. Atención a escuchar los impulsos que el otro experimenta “hacia delante” para reconocer hacia dónde quiere ir verdaderamente, lo que quisiera ser de corazón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De esta manera el discernimiento se convierte en un instrumento esencial para seguir al Señor, como camino de libertad. Esto da una importancia única para suscitar y acompañar procesos y no imponer caminos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En conclusión, este tutorial nos debería animar a renovarnos constantemente en la relación que tenemos con los jóvenes. No hay nada peor que el “siempre se ha hecho así” porque siempre va a impedir que brote lo nuevo. Pero tampoco podemos desechar lo antiguo. Nuestro desafío es ser una Iglesia joven al estilo de Jesús, en cuyo rejuvenecer tema arriesgar por amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago, actualmente vicario de la Parroquia Cristo Resucitado de Maipú.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> YouTube es un portal del Internet que permite a sus usuarios subir y visualizar videos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Exhortación Apostólica Christus Vivit (CV) 1-21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> “Influencer” es un neologismo inglés que se refiere a una personalidad pública que se hizo famosa a través de <a href="https://definicion.de/internet">Internet</a> y que encuentra en el ámbito digital su principal ámbito de influencia social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Un muerto en vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. CV 22-63</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Según la INJUV en la encuesta del 2015, el 73% de los jóvenes (15 a 29 años) residen en la casa de sus padres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> <em>Viralizar</em> es la acción que describe un difusión vertiginosa y masiva de un contenido digital a través de la red.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Cf. CV 64-110</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Según la encuesta del INJUV 2015, el 92% de las y los jóvenes indica conectarse a Internet por medio del teléfono celular o Smartphone. Las actividades que realizan con más frecuencia en Internet son chatear (73%), buscar información relacionada con sus estudios o el trabajo (33%) y enviar/ recibir e-mails (33%).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> La encuesta del INJUV 2015 muestra que el 71% de las y los jóvenes se encuentra sexualmente activos (mismo porcentaje que el año 2012), con una edad promedio de iniciación de 16,6 años.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>F</em><em>ake news</em> o noticias falsas son un tipo de información que consiste en un contenido seudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales y cuyo objetivo es la desinformación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Considerando la encuesta INJUV 2015, 4 de cada 10 jóvenes con nacionalidad extranjera se ha sentido discriminado por su nacionalidad en el último mes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Cf. CV 111-133</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cf. CV 134-178</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Es interesante ver que hay participación en voluntariado pero sigue siendo un desafío. Según la encuesta de la INJUV 2015, en los últimos 12 meses el 10% de la población joven señala haber participado en alguna organización de voluntariado o ayuda a la comunidad. La mayoría lo hizo en agrupaciones que se dedican a la organización de eventos deportivos (9%), al cuidado de niños (8%) y al auxilio en situaciones de emergencia (7%). El 18% de la población joven indica haber participado en una marcha, el 13% en un paro y el 7% en una toma durante los últimos 12 meses.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Cf. CV 179-201</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cf. CV 202-247</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Cf. CV 248-277</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Cf. CV 278-299</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Aborto, excomunión y Comunión Eucarística - Francisco Walker, Pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/aborto-excomunion-y-comunion-eucaristica-francisco-walker-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 14 Sep 2019 10:04:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.188 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2015)
Autor: Francisco Walker, pbro., Tribunal Eclesiástico Metropolitano, Santiago de Chile
Para citar: Walker, Francisco; <em>Aborto, excomunión y Comunión Eucarística</em>, en La Revista Católica, Nº1.188, octubre-diciembre 2015, pp. 311-317.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/06/FWALKER_LRC_1188.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Aborto, excomunión y Comunión Eucarística
Francisco Walker, pbro.
Tribunal Eclesiástico Metropolitano</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con ocasión del próximo Año Jubilar de la Misericordia, el Santo Padre ha concedido a todos los sacerdotes del mundo la facultad de absolver del pecado de aborto. La noticia ha sido bastante publicitada, y no han faltado los medios que han visto en ella una atenuación por parte de la Iglesia del carácter grave del aborto. Por otra parte, es sabido que el aborto comporta la pena de excomunión, pero no siempre está claro, en este tema y en otros, el vínculo entre la pena canónica de la excomunión y la recepción de la Comunión Eucarística. Muchos creen erróneamente que estar excomulgado es sinónimo de no poder comulgar. A lo largo de los párrafos que siguen, intentaremos clarificar los términos para iluminar así algunos temas candentes de la actualidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Gravedad moral del aborto</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II califica el aborto como un crimen abominable (cf. GS 51, 3). Se trata de una enseñanza que ha permanecido invariable a lo largo de toda la vida de la Iglesia. San Juan Pablo II, en la encíclica <em>Evangelium Vitae</em>, luego de explicar, en base a la razón y el testimonio unánime de la tradición cristiana, la particular gravedad moral del aborto (cf. 58-62), concluye de modo solemne: “Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos […], declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se funda en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal” (n. 62). Se trata, por tanto, de una doctrina de carácter infalible, definitiva e irreformable. Quien de alguna manera negara esta doctrina no estaría en comunión plena con la Iglesia Católica (cf. <em>Nota doctrinal sobre la fórmula de la Profesión de Fe</em>, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nn. 6; 8-9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La pena canónica de la excomunión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El c. 1398 del Código de Derecho Canónico establece: “Quien procura el aborto, si este se produce, incurre en excomunión <em>latae sententiae</em>”. Este canon recoge la disciplina canónica de la Iglesia que desde los primeros siglos siempre ha sancionado con penas más o menos graves a quienes son culpables del crimen de aborto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para entender el sentido de la pena de la excomunión, se debe partir por recordar la distinción entre pecado y delito, entre orden moral y orden penal. Pecado es toda transgresión a la ley de Dios, ha sido definido como “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna” (San Agustín, citado en Catecismo de la Iglesia Católica 1849). El pecado hace parte del orden moral. Afecta ante todo a la conciencia del ser humano, en su relación con el bien y la verdad, es decir con Dios, aunque también tiene necesariamente consecuencias en la relación del hombre con los demás y con la creación entera. En la Iglesia, de manera análoga a como sucede en la sociedad civil, algunos pecados son considerados también delitos, en cuanto afectan gravemente al orden social justo de la sociedad eclesial. El delito ha sido definido como una “violación externa y gravemente imputable de una norma que lleva aneja una pena canónica” (cf. c. 1321). Por tanto, el orden penal es más restringido que el orden moral: mientras todo delito es pecado, no todo pecado constituye también un delito. El determinar qué pecados implican en la Iglesia un daño social tal que requieran ser sancionados con una pena, y constituir por tanto un delito, corresponde, a nivel universal, al Santo Padre, supremo legislador en la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia explica muy bien el por qué de la disposición del c. 1398: “Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad” (n. 2272). Esto se ve particularmente urgente en un contexto cultural que tiende a relativizar el valor de la vida del que está por nacer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pena o sanción canónica es siempre la privación de un bien del cual la Iglesia puede disponer. En la Iglesia, las penas tienen siempre una doble finalidad, expiatoria y medicinal, en cuanto van orientadas a “reparar el escándalo, restablecer la justicia y conseguir la enmienda del reo” (c. 1341). Según cuál sea el aspecto que se quiera resaltar más con la sanción, se distingue entre penas expiatorias y penas medicinales (llamadas también censuras). Además, las penas canónicas pueden ser <em>latae sententiae</em>, si la sanción opera de modo automático por la sola comisión del delito, o <em>ferendae sententiae</em>, si ella obliga solo una vez que ha sido impuesta por la autoridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La excomunión hace parte, junto con el entredicho y la suspensión, de las censuras. Al ser una pena medicinal, ella debe ser levantada por la autoridad competente una vez que el afectado se haya enmendado. Excomulgar significa separar a alguien de la comunión con la Iglesia. El Código de 1917 daba una definición que se puede considerar siempre vigente: “la excomunión es una censura por la cual se excluye a alguien de la comunión de los fieles con los efectos que se enumeran en los cánones que siguen y que no pueden separarse” (c. 2257). La excomunión afecta a la comunión externa con la Iglesia, pero no priva del fundamento ontológico de la comunión que está dado por el carácter indeleble del bautismo.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuáles son los efectos concretos de la excomunión? El c. 1331 señala que se prohíbe al excomulgado: “1° tener cualquier participación ministerial en la celebración del Sacrificio Eucarístico o en cualesquiera otras ceremonias de culto; 2° celebrar los sacramentos o sacramentales y recibir los sacramentos; 3° desempeñar oficios, ministerios o cargos eclesiásticos, o realizar actos de régimen”. El segundo párrafo del mismo canon agrega otros efectos cuando la pena ha sido declarada o impuesta, es decir, cuando es conocida en el fuero externo. Si se compara lo señalado por el actual c. 1331 con la disciplina anterior (cf. cc. 2258-2267 del Código de 1917), se puede apreciar que los efectos de la excomunión han quedado bastante mitigados, por lo que más que de una pérdida total de la comunión externa con la Iglesia, habría que hablar de una seria limitación de la misma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante la similitud terminológica, ‘estar excomulgado’ no es lo mismo, sino que es mucho más que ‘no poder comulgar’. Acá debemos volver nuevamente a la distinción entre pecado y delito. Toda persona que tiene conciencia de haber cometido un pecado grave debe abstenerse de recibir la Sagrada Comunión mientras previamente no se confiese y sea absuelta (cf. c. 916). La necesidad del estado de gracia para recibir la Comunión es una doctrina fundada en la Escritura (cf. 1Cor 11, 27-29), definida por el Concilio de Trento (cf. cap. 7, c. 11) y que “está vigente y lo estará siempre en la Iglesia” (Juan Pablo II, <em>Ecclesia de Eucharistia</em>, 36). Por tanto, muchas personas no pueden comulgar porque han cometido un pecado grave y no se han confesado, pero no significa que estén excomulgadas. Pecado grave es toda violación grave de un mandamiento del Decálogo. Similar es la situación de los divorciados vueltos a casar: estos están en una situación objetiva de pecado que les impide recibir la Comunión Eucarística, pero no están excomulgados. Como ya sabemos, el excomulgado tampoco puede recibir la Comunión, pero su situación es mucho peor; su comunión misma con la Iglesia, mientras no se enmiende, está muy afectada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Aborto, excomunión y Comunión Eucarística</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Está claro que el aborto es un pecado grave y además es un delito canónico que comporta la pena de excomunión <em>latae sententiae</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detengámonos a estudiar con precisión la configuración del delito de aborto. En primer lugar, el c. 1398 se refiere a la acción de “procurar” el aborto. Se trata, por tanto, del aborto provocado y directo, quedando fuera el llamado ‘aborto espontáneo’ y el mal llamado ‘aborto indirecto’ (es decir, cuando la muerte del feto es la consecuencia indirecta y no querida, ni como medio ni como fin, de otro acto, de suyo bueno o indiferente). Por lo demás, solo el aborto directo y provocado constituye un mal moral. Ante algunas dudas de interpretación, en el año 1988 la Comisión para la Interpretación Auténtica del Derecho Canónico respondió que por aborto, a tenor del c. 1398, se debe entender no solo la expulsión del feto inmaduro, sino también su muerte procurada de cualquier modo y en cualquier tiempo desde el momento de la concepción (cf. AAS, 80 (1988) pp. 1818 – 1819). La figura abarca, por tanto, todas las modernas prácticas abortivas. Y no hay ninguna distinción en base a la intención o motivación que pueda tener quien procura el aborto, por lo que el delito alcanza a todo tipo de aborto directo, ya sean las motivaciones terapéuticas o eugenésicas o el embarazo haya sido fruto de una violación. El c. 1398 agrega, sí, un alcance importante: para que se configure el delito, el aborto tiene que haberse producido (<em>effectu secuto</em>). Es decir, el delito tiene que haberse consumado; no incurre en la pena si hubo solo una tentativa o el aborto se frustró por cualquier causa, o no existe certeza respecto del hecho de que el aborto se haya efectivamente producido (sería el caso de ciertos medios anticonceptivos, como el dispositivo intrauterino y otros, que pueden tener también un efecto antianidatorio, por tanto microabortivo).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Quiénes incurren en el delito de aborto y en la pena anexa? El procurar el aborto incluye tanto la comisión misma, como autores o coautores, como la complicidad necesaria. El c. 1329 §1 se refiere a los primeros: “Los que con la misma intención delictiva concurran en la comisión de un delito […] quedan sometidos a la misma pena”. Y en cuanto a la complicidad, el párrafo siguiente dice: “Los cómplices […] incurren en la pena <em>latae sententiae</em> correspondiente a un delito, siempre que este no se hubiera cometido sin su ayuda…”. Por tanto, incurren en el delito, además de la madre, y muy habitualmente el padre u otros parientes que hubieren inducido directamente al aborto, el personal médico o de otro tipo que hubiera participado activamente en el mismo. Con todo, hay que considerar la existencia de circunstancias eximentes o atenuantes de la responsabilidad penal que pueden hacer que la persona, sobre todo la madre, no quede sujeta a la pena canónica. Es el caso, de quien al practicarse el aborto era menor de 16 años (cf. c. 1323, 1°; y si tenía entre 16 y 18 años, la pena debe ser atenuada: cf. c. 1324 §1,4° y §3), o de quien – caso bastante habitual – sin culpa ignoraba la existencia de la pena canónica (1324 §1,9°).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Acá debemos recordar una vez más el vínculo entre pecado y delito. El que alguien no incurra en la pena canónica, por concurrir, por ejemplo, en alguna circunstancia eximente o atenuante de responsabilidad penal, no significa que la persona no cometa un pecado grave, como es el aborto. En este sentido, no estará excomulgada, pero no podrá recibir la Comunión mientras no se arrepienta y no acuda al sacramento de la confesión. Es más fácil que se den eximentes de la responsabilidad penal, que de la moral. Estando en juego un valor tan fundamental como el bien de la vida humana, y de la vida más débil e inocente, es difícil, por ejemplo, alegar una ignorancia invencible para pretender eximirse de la responsabilidad moral. Los mismos criterios valen para la cuestión tan actual de la situación de los políticos católicos que están a favor del aborto y que eventualmente dan su voto para aprobarlo en determinados supuestos. Ellos no caen bajo la pena de excomunión en cuanto no consuman directa y materialmente el delito, pero ciertamente tienen una gravísima responsabilidad moral (cf. entrevista a Card. Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor, Aciprensa, 4 Sept. 2015), por lo que en conciencia no pueden acercarse a recibir la Comunión mientras no se arrepientan de su pecado, se confiesen, y dada la investidura pública de que gozan, no manifiesten de algún modo público ese arrepentimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Las disposiciones del Papa Francisco para el Año de la Misericordia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la proximidad del Año de la Misericordia, convocado por el Papa Francisco y que iniciará el día 8 de Diciembre de este año, el Santo Padre ha decidido conceder “a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón” (Carta a Mons. Rino Fisichella, 1° de Septiembre de 2015). Para entender bien el sentido de esta disposición, debemos aclarar previamente algunos términos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo sacerdote que tiene la facultad para oír confesiones (cf. c. 966) puede absolver todo pecado, por grave que sea, en el supuesto que el penitente tenga las debidas disposiciones. Sin embargo, si el penitente ha incurrido en alguna pena canónica que le impide recibir los sacramentos –en concreto, la excomunión o el entredicho– no puede ser absuelto, no en razón del pecado mismo, sino en razón de la pena que lo afecta. La pena le debe ser remitida previamente para poder ser absuelto. La remisión de una pena canónica es un acto de jurisdicción, y, en principio, se realiza en el fuero externo. De ahí que solo quienes detentan la potestad de gobierno en la Iglesia pueden, también en principio, levantar una pena canónica. Hay penas cuya remisión está reservada a la Sede Apostólica; son las menos, y no es el caso de la excomunión por delito de aborto. Esta puede ser remitida por el Ordinario (cf. c. 1355 §2), concepto canónico que abarca, además del Obispo diocesano, a otros como los Vicarios generales y episcopales y ciertos Superiores religiosos (cf. c. 134 §1).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo, al gravar la pena la conciencia del fiel, el ordenamiento canónico tiene la particularidad de que las penas también pueden ser remitidas en el fuero interno, especialmente dentro del sacramento de la penitencia o confesión. Y de hecho, en el caso de una pena <em>latae sententiae</em> que no ha sido declarada por la autoridad competente, es decir, que no se ha hecho pública, lo habitual es que la remisión de la pena se haga en el fuero interno sacramental, ya que es normalmente en el contexto de la confesión que la persona manifiesta el hecho constitutivo de delito. Es justamente el caso de la excomunión <em>latae sententiae</em> anexa a un aborto. Es por ello que por ley universal, cualquier obispo puede levantar esta excomunión dentro de la confesión sacramental (cf. 1355 §2). También lo puede hacer, dentro de la diócesis, el canónigo penitenciario o el sacerdote que cumple su función (cf. c. 508) y el capellán de hospitales, cárceles y viajes marítimos, dentro del ámbito de su capellanía (cf. c. 566 §2). Además, “todo sacerdote, aun desprovisto de facultad para confesar, absuelve válida y lícitamente a cualquier penitente que esté en peligro de muerte de cualesquiera censuras y pecados, aunque se encuentre presente un sacerdote aprobado” (c. 976). Y finalmente, el c. 1357 faculta a todo confesor a “remitir en el fuero interno sacramental la censura <em>latae sententiae</em> de excomunión o de entredicho que no haya sido declarada, si resulta duro al penitente permanecer en estado de pecado grave durante el tiempo que sea necesario para que el Superior provea” (c.1357 §1), cumpliendo las condiciones que los dos párrafos siguientes del canon indican.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como se puede apreciar, es muy difícil, en la práctica, que un penitente que acude arrepentido a la confesión y se acusa de haber sido autor o cómplice directo de un aborto, no pueda ser inmediatamente absuelto. Se puede agregar, además, que al ser la remisión de una pena canónica un acto de jurisdicción, la autoridad competente la puede delegar, según las reglas generales de la delegación. En muchas diócesis del mundo, los obispos han delegado dicha facultad a los párrocos. Es así en la arquidiócesis de Santiago de Chile, desde hace varias décadas. En Santiago, además, se suele conceder dicha facultad a todo sacerdote que tenga un oficio pastoral y que la pida a la autoridad competente. Por tanto, lo estipulado por el Santo Padre para el Año de la Misericordia no es tan novedoso. Es habitual, por lo demás, que con ocasión de grandes peregrinaciones o en tiempos jubilares, estas facultades se concedan ampliamente. El Papa Francisco ha querido extender esta concesión a todos los sacerdotes del mundo, para facilitar así al máximo que en este Año Jubilar muchos puedan hacer la “experiencia viva de la cercanía del Padre”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, no ha faltado alguna opinión superficial que ha querido ver en esta concesión del Santo Padre una cierta mitigación de la postura de la Iglesia respecto del aborto. Basta leer lo dicho por el Papa en el párrafo de la carta citada, para darse cuenta de lo errónea de dicha opinión. El Papa parte deplorando la “pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida”, que hace que “algunos viven el drama del aborto con una conciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo”. Y luego exhorta a los sacerdotes a que sepan “conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera”. En otros términos, en la mente del Santo Padre, la apertura generosa de la puerta de la misericordia no altera ni atenúa la gravedad del pecado; es más, “solo el hecho de comprenderlo [el pecado] en su verdad puede consentir no perder la esperanza”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Mensaje para la V Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación - Papa Francisco</title>
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		<pubDate>Sun, 01 Sep 2019 19:18:46 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong>Mensaje para la V Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Papa Francisco</strong></h4>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/V-JMOCC-1.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR PDF DEL MENSAJE</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Dios vio que era bueno» (<em>Gn</em> 1,25). La mirada de Dios, al comienzo de la Biblia, se fija suavemente en la creación. Desde la tierra para habitar hasta las aguas que alimentan la vida, desde los árboles que dan fruto hasta los animales que pueblan la casa común, todo es hermoso a los ojos de Dios, quien ofrece al hombre la creación como un precioso regalo para custodiar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Trágicamente, la respuesta humana a ese regalo ha sido marcada por el pecado, por la barrera en su propia autonomía, por la codicia de poseer y explotar. Egoísmos e intereses han hecho de la creación —lugar de encuentro e intercambio—, un teatro de rivalidad y enfrentamientos. Así, el mismo ambiente ha sido puesto en peligro, <em>algo bueno</em> a los ojos de Dios se ha convertido en <em>algo explotable</em> en manos humanas. La degradación ha aumentado en las últimas décadas: la contaminación constante, el uso incesante de combustibles fósiles, la intensiva explotación agrícola, la práctica de arrasar los bosques están elevando las temperaturas globales a niveles alarmantes. El aumento en la intensidad y frecuencia de fenómenos climáticos extremos y la desertificación del suelo están poniendo a dura prueba a los más vulnerables entre nosotros. El derretimiento de los glaciares, la escasez de agua, el descuido de las cuencas y la considerable presencia de plásticos y microplásticos en los océanos son hechos igualmente preocupantes, que confirman la urgencia de intervenciones que no pueden posponerse más. Hemos creado una emergencia climática que amenaza seriamente la naturaleza y la vida, incluida la nuestra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. <em>Gn</em> 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que mangonean; fuimos pensados y deseados en el centro de una <em>red de vida</em> compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación. Es el momento de arrepentirse y convertirse, de volver a las raíces: somos las criaturas predilectas de Dios, quien en su bondad nos llama a amar la vida y vivirla en comunión, conectados con la creación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, insto a los fieles a que se dediquen en este tiempo a la oración, que a partir de una oportuna iniciativa nacida en el ámbito ecuménico se ha configurado como <em>Tiempo de la creación</em>: un período de oración y acción más intensas en beneficio de la casa común que se abre hoy, 1 de septiembre, Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y finalizará el 4 de octubre, en memoria de san Francisco de Asís. Es una ocasión para sentirnos aún más unidos con los hermanos y hermanas de las diferentes denominaciones cristianas. Pienso, de modo particular, en los fieles ortodoxos que llevan treinta años celebrando esta Jornada. Sintámonos también en profunda armonía con los hombres y mujeres de buena voluntad, llamados juntos a promover, en el contexto de la crisis ecológica que afecta a todos, la protección de la <em>red de la vida</em> de la que formamos parte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es <em>el tiempo para habituarnos de nuevo a rezar</em> inmersos en la naturaleza, donde la gratitud a Dios creador surge de manera espontánea. San Buenaventura, cantor de la sabiduría franciscana, decía que la creación es el primer “libro” que Dios abrió ante nuestros ojos, de modo que al admirar su variedad ordenada y hermosa fuéramos transportados a amar y alabar al Creador (cf. <em>Breviloquium</em>, II,5.11). En este libro, cada criatura se nos ha dado como una “palabra de Dios” (cf. <em>Commentarius in librum Ecclesiastes</em>, I,2). En el silencio y la oración podemos escuchar la voz sinfónica de la creación, que nos insta a salir de nuestras cerrazones autorreferenciales para redescubrirnos envueltos en la ternura del Padre y regocijarnos al compartir los dones recibidos. En este sentido, podemos decir que la creación, <em>red de la vida</em>, lugar de encuentro con el Señor y entre nosotros, es «la red social de Dios» (<em>Audiencia con guías y scouts de Europa</em>, 3 agosto 2019), que nos lleva a elevar una canción de alabanza cósmica al Creador, como enseña la Escritura: «Cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor, ensálcelo con himnos por los siglos» (<em>Dn</em> 3,76).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es <em>el tiempo para reflexionar sobre nuestro estilo de vida</em> y sobre cómo nuestra elección diaria en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, uso del agua, de la energía y de tantos bienes materiales a menudo son imprudentes y perjudiciales. Nos estamos apoderando demasiado de la creación. ¡Elijamos cambiar, adoptar estilos de vida más sencillos y respetuosos! Es hora de abandonar la dependencia de los combustibles fósiles y emprender, de manera rápida y decisiva, transiciones hacia formas de energía limpia y economía sostenible y circular. Y no olvidemos escuchar a los pueblos indígenas, cuya sabiduría ancestral puede enseñarnos a vivir mejor la relación con el medio ambiente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es <em>el tiempo para emprender acciones proféticas</em>. Muchos jóvenes están alzando la voz en todo el mundo, pidiendo decisiones valientes. Están decepcionados por tantas promesas incumplidas, por compromisos asumidos y descuidados por intereses y conveniencias partidistas. Los jóvenes nos recuerdan que la Tierra no es un bien para estropear, sino un legado que transmitir; esperar el mañana no es un hermoso sentimiento, sino una tarea que requiere acciones concretas hoy. A ellos debemos responder con la verdad, no con palabras vacías; hechos, no ilusiones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestras oraciones y llamamientos tienen como objetivo principal sensibilizar a los líderes políticos y civiles. Pienso de modo particular en los gobiernos que se reunirán en los próximos meses para renovar compromisos decisivos que orienten el planeta a la vida, en vez de conducirlo a la muerte. Vienen a mi mente las palabras que Moisés proclamó al pueblo como una especie de testamento espiritual antes de entrar en la Tierra prometida: «Elige la vida, para que viváis tú y tu descendencia» (<em>Dt</em> 30,19). Son palabras proféticas que podríamos adaptar a nosotros mismos y a la situación de nuestra Tierra. ¡<em>Así que escojamos la vida</em>! Digamos no a la avaricia del consumo y a los reclamos de omnipotencia, caminos de muerte; avancemos por sendas con visión de futuro, hechas de renuncias responsables hoy para garantizar perspectivas de vida mañana. No cedamos ante la lógica perversa de las ganancias fáciles, ¡pensemos en el futuro de todos!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, la próxima Cumbre de las Naciones Unidas para la Acción Climática es de particular importancia, durante la cual los gobiernos tendrán la tarea de mostrar la voluntad política de acelerar drásticamente las medidas para alcanzar lo antes posible cero emisiones netas de gases de efecto invernadero y contener el aumento medio de la temperatura global en 1,5°C frente a los niveles preindustriales, siguiendo los objetivos del Acuerdo de París. En el próximo mes de octubre, una asamblea especial del Sínodo de los Obispos estará dedicada a la Amazonia, cuya integridad está gravemente amenazada. ¡Aprovechemos estas oportunidades para responder al grito de los pobres y de la tierra!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada fiel cristiano, cada miembro de la familia humana puede contribuir a tejer, como un hilo sutil, pero único e indispensable, la<em> red de la vida</em> que abraza a todos. Sintámonos involucrados y responsables de cuidar la creación con la oración y el compromiso. Dios, «amigo de la vida» (<em>Sb</em> 11,26), nos dé la valentía para trabajar por el bien sin esperar que sean otros los que comiencen, ni que sea demasiado tarde.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vaticano, 1 de septiembre de 2019</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La educación católica en una sociedad plural y secular - Alfredo Astudillo C.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/la-educacion-catolica-en-una-sociedad-plural-y-secular-alfredo-astudillo-c/</link>
		<pubDate>Sun, 08 Sep 2019 12:53:43 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong>Identidad, rol y desafíos de la educación católica en una sociedad plural y secular</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Alfredo Astudillo C.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Chile las clases de religión se hicieron obligatorias en el curriculum escolar desde 1° Básico a 4° Medio a través del Decreto 942 de 1983. La libertad de conciencia ayuda a que la clase de religión, aun siendo obligatorio impartirlas en todos los establecimientos, a la vez sea optativa para los padres y estudiantes, quienes deben elegir la asignatura al momento de la matrícula. Eso, hasta ahora, ya que la nueva normativa propuesta por el Consejo Nacional de Educación para 2020, permite que la clase de religión sea ofrecida dentro de las asignaturas electivas para 3° y 4° Año Medio. Esta acción debilita de manera evidente esta clase, toda vez que la hace competir con Educación Física y Salud, Historia y Geografía, Ciencias Sociales y Artes, incorporando dos nuevas asignaturas obligatorias al curriculum: Educación Ciudadana y Ciencias para la Ciudadanía. Ante este escenario, que no favorece la educación religiosa católica, se presenta un gran desafío: posicionarse dentro de otras asignaturas. Por eso, resulta ineludible reflexionar con relación a la identidad, rol y desafíos de la educación católica en el contexto de una sociedad plural y secular como la chilena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Identidad católica </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es posible entender la Iglesia como una comunidad de fieles que cree, es decir, que posee una fe determinada y se reúne para compartir y profundizar en esas creencias, aunque esa concepción podría aplicarse a cualquier comunidad de creyentes, sean cristianos, judíos o musulmanes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De lo anterior nace una pregunta radical respecto de qué y quiénes somos como Iglesia. ¿Qué entendemos por el hecho de ser católico? La respuesta no es fácil, porque la la Iglesia es un ente colectivo distinto a los demás, porque junto con su historia y miembros, posee una concepción divina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Primero, nuestra religión es el cristianismo, es decir, somos cristianos. Luego, antes de preguntarnos qué es ser católico, debemos preguntarnos qué es ser cristiano. La respuesta a ello es relativamente fácil: cristiano es quien cree en Dios Padre, Hijo y  Espíritu Santo (La Santísima Trinidad) y lo acoge mediante el bautismo<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Así, la respuesta se muestra como algo simple, aunque no lo es del todo, como será expuesto más adelante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al plantear la cuestión sobre qué es ser católico, se toma como punto de partida lo anterior: creer en la Santísima Trinidad, recibir el bautismo de la Iglesia y adherir a la figura del Sumo Pontífice, sucesor de san Pedro y Obispo de Roma. Hasta el momento, al igual que con la consulta relacionada con el cristianismo, se ve simple y, al parecer, cualquier persona que acepte lo anterior podría declararse católico. Pero si se cree en todo lo anterior, pero no en la Eucaristía, ¿se es católico? Eso, solo como ejemplo, porque nacen muchas más preguntas relacionadas con la fe católica y su praxis en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una de las preguntas fundamentales con relación a ello es ¿quién es el guía, líder y director de la Iglesia? Es decir, a quién la Iglesia debe tener como referente. Claramente, la respuesta esta vez sí es simple: Jesús. Esto transforma a la Iglesia en Sacramento de Comunión. Es verdad que la Iglesia posee una jerarquía y roles determinados que emanan de la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, pero también es verdad que la figura de Jesús de Nazaret es quien le da vida, sustento y sentido y la invita a vivir esa sacramentalidad en comunión con el otro, con el prójimo y de manera abierta al mundo (Cf. <em>Mt</em> 28, 19), sin discriminar ni excluir (Cf <em>Lc</em> 19, 1-10). Los católicos, además, creemos que la Iglesia es custodia del así llamado Depositum Fidei, al cual se refiere san Pablo en sus dos cartas a Timoteo (1Tim 6,20; 2Tim 1,14), referencia con que valora las enseñanzas de los apóstoles y la tradición cristiana. Es un depósito que debe ser resguardado, por ello, toda institución católica debe protegerlo, hacerlo vida y evangelizar teniendo como norte a Cristo y sus enseñanzas, con el fin de proponerlo como opción válida de vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El Rol nace desde la Identidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Juan Pablo II inicia su Constitución Apostólica <em>Fidei Depositum</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> con la frase «Guardar el depósito de la fe es la misión que el Señor confió a su Iglesia y que ella realiza en todo tiempo». Esta expresión está llena de sentido y posee un peso cronológico potente: “en todo tiempo”. Esto quiere decir que la Iglesia, más allá de su ámbito temporal, posee como misión guardar el depósito de la fe y así poder evangelizar, ya que sería imposible proponer un sentido de vida si ese sentido de vida no es claro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De las instituciones educativas católicas se espera que adscriban a la premisa de Juan Pablo II porque, además, poseen otra misión, la de educar, con un matiz que está muy bien definido: «El corazón de la educación católica es siempre la persona de Jesucristo. Todo lo que sucede en la escuela católica y en la universidad católica debe llevar a el encuentro del Cristo vivo»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Aquí cabe otra pregunta, tan radical como la anterior: ¿Es lícito para una institución educativa que se declara católica educar sin resguardar el <em>Depositum Fidei</em> y sin tener a Jesús como punto de encuentro y comunión? La respuesta es simple: No.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta respuesta posee una fundamentación bastante concreta: ser una institución de educación católica conlleva una <em>identidad</em>, es decir, una forma de ser con ciertos principios intransables. Es verdad que se está viviendo en un mundo globalizado y, como consecuencia, algunos fenómenos permean la sociedad chilena de manera más rápida, como por ejemplo, la secularización, el ateísmo, la ideología de género, la legalización del aborto, etc. No es menos verdad que la Iglesia es hija de su tiempo y, por ende, debe mantener un diálogo efectivo con las minorías de toda índole; ser la voz los oprimidos, acoger a todo ser humano por el solo hecho de ser persona y, sobre todo, ser <em>inclusiva</em>, una característica que emana de las enseñanzas de Jesús y de su tradición. El problema se presenta cuando, por desear más diálogo e integración en nuestra realidad tan secularizada, se pierde la identidad católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Rol de la Universidad y Escuela Católicas</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de las universidades católicas, Juan Pablo II da algunas notas esenciales de lo que deben poseer: «a) una inspiración cristiana por parte, no solo de cada miembro, sino también de la Comunidad universitaria como tal; b) una reflexión continua a la luz de la fe católica, sobre el creciente tesoro del saber humano, al que trata de ofrecer una contribución con las propias investigaciones; c) la fidelidad al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia; d) el esfuerzo institucional a servicio del pueblo de Dios y de la familia humana en su itinerario hacia aquel objetivo trascendente que da sentido a la vida»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este marco no deja mucho a la especulación, más aun al ser solicitado que el mensaje sea fiel a la tradición de la Iglesia. Luego, es presentado un aspecto fundamental y que a veces es olvidado: la fidelidad al mensaje. En una sociedad multicultural, cosmopolita y secular, es fácil perder de vista el mensaje propio, para abarcar y, de tanto en cuanto, agradar al otro. Suele ocurrir que es visto de manera errónea el hecho de poseer una identidad y no renunciar a ella, toda vez que ser de una determinada manera, creer en ciertas cosas o poseer un gusto por algo, ofende a las personas que no poseen dicha identidad o parecer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, una universidad que se dice católica no podría renunciar a su identidad en pro de la aceptación de nuevas identidades, porque estaría dejando de ser lo que es, para ser algo que no es. Lo paradójico de esto es que existen grupos sociales que no pertenecen a la fe católica y exigen que las instituciones confesionales católicas dejen de lado algunas prácticas como, por ejemplo, misas o asignaturas de formación religiosa. También les es requerido que renuncien a su identidad. La universidad que se define como católica puede dejar de lado algunas cosas que son mal llamadas accesorias, pero su misión evangelizadora, forma de presentarse en el mundo y el resguardo del Depósito de la Fe, son cuestiones irrenunciables. Resultaría ilógico, o mejor, incoherente, que una universidad católica, al construir un nuevo campus, no destine un espacio para un oratorio porque no es “bien visto” por la comunidad estudiantil y eso redundaría en una baja de la matrícula, por ejemplo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la escuela católica ocurre lo mismo, porque ella también está llamada a evangelizar por medio de la educación, la que por su naturaleza necesita de la apertura a otras culturas. Al mirar la sociedad chilena actual, marcada por las oleadas migratorias, se percibe la riqueza que aporta la presencia de hermanos de distintas religiones, culturas e historias de vida, y eso trasunta en una riqueza social. De hecho, la escuela católica en Chile se está beneficiando a través de este fenómeno, pero esto debe hacerse sin perder identidad, eso es, sin caer en el relativismo: «Esto es válido en todos los contextos donde se verifica la presencia de la escuela católica […] se les solicita una capacidad de testimonio y diálogo, sin caer en el riesgo de un cómodo relativismo, según el cual todas las religiones son equivalentes y representan manifestaciones de un Absoluto que nadie puede verdaderamente conocer»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La escuela católica posee una identidad nacida de una tradición fundada en los apóstoles que dieron sus vidas por conservar su identidad siendo fieles al mensaje de Jesús. Es decir, la fidelidad a la identidad católica conlleva siempre a una dimensión de sacrificio a imagen de Jesucristo: «[…] el anuncio del Evangelio estará siempre bajo el signo de la cruz: esto es lo que los discípulos de Jesús han de aprender una y otra vez en cada generación. La cruz es y sigue siendo el signo del ‘Hijo del hombre’: a fin de cuentas, la verdad y el amor no tiene otra arma en su lucha contra la mentira y la violencia que el testimonio del sufrimiento»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Margen de actuación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Resumiendo, ¿cómo deberían actuar las instituciones de educación católica frente a los cambios sociales propiciados por la secularización y la pluralidad? En razón a su fe, con máxima apertura, caridad e inclusión, sin perder identidad ya que es imposible que exista pluralidad sin identidad. Es viable renunciar a algunos aspectos de cómo evangelizar, pero no es posible renunciar a evangelizar. Haciendo un símil con la eucaristía, en ella, lo que cambia son las notas esenciales, pero no las accidentales, de esta manera, el pan y el vino saben a pan y vino, huelen a pan y vino; se ven como pan y vino, pero <em>no son</em> pan y vino. Lo que debería cambiar en la adecuación del mensaje cristiano en su versión católica, es lo accidental y no lo esencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sólo como ejemplo, un tema muy complejo es el de género o gender, la Iglesia y la educación católica deben aceptar a la persona que está detrás de esta concepción de vida, pero ¿eso significa ir en contra de lo que la Iglesia piensa y hacer apología de esa concepción? Claramente no, pero ¿cómo actuar? La Iglesia propone una manera de acoger a las personas en el marco de la educación católica: “<em>Un punto de encuentro es la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta. Se trata de una educación a la ciudadanía activa y responsable, en la que todas las expresiones legítimas de la persona se acogen con respeto</em>.”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a> Una manera de actuar bastante coherente con el mensaje cristiano, el respeto y la aceptación de la persona priman por sobre cualquier creencia, pero también hace un llamado a tener cuidado con esta visión: “…<em>la desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural</em>”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. La persona es lo que importa, eso debe ser repetido, pero, ¿da lo mismo la visión de persona que poseemos? Nuestra visión antropológica es la que nos permite amar al prójimo como a uno mismo (Cf. <em>Mt</em> 22, 39), ¿debemos renunciar a ella en pro de la pluralidad o secularidad?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, el rol de las entidades educativas católicas en un mundo plural y secular, más allá de lo definido por el magisterio y la tradición de la Iglesia, es ser un puente, una especie de bisagra que ayude a unir los dos mundos, el terrenal y el divino, la cual, permita una convivencia y comunión plena. Para llegar a eso, es necesario hacer algunas renuncias, la pregunta salta a la vista: “¿a qué renunciar?”, a todo lo que sea necesario para lograr ese objetivo, Jesús mismo no tuvo miedo de ir en contra de la ley (Cf <em>Mc</em> 2, 27), pero no perdió su identidad, la cual, se cree, es la identidad de lo que el ser humano debe ser. Es necesario ceder a cuanto se pueda, en virtud de construir un mundo mejor, dejar que el Reino de Dios actúe, aunque no es posible ceder a los que <em>se es</em> y hay dos  razones muy simples, las que ya han sido expuestas en esta comunicación: a) si todos cedemos en todo y renunciamos al ser y a la identidad, deja de existir la diversidad, ya que no es posible la diversidad sin identidad, b) los fieles cristianos católicos creen que el cristianismo y la catolicidad son opciones válidas de vida, dan sentido a la misma y mejoran la existencia, ¿cómo el cristianismo podría ser una opción de vida si se amalgama con otras creencias, filosofías de vida, pierde identidad y se vacía el contenido? ¿qué contenido podría ofrecerse si este ya no existe?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio Vaticano II enseñó bien al dejar algunas cosas de lado, como, por ejemplo, el desuso del latín por la lengua vernácula. No era esencial para la vida cristiana, lo mismo debe hacerse en las instituciones de educación católica, contemplar la vida, reflexionar y así ver qué es esencial en nuestra propuesta, cuidarlo, mantenerlo vivo, hacerlo vida y de esta manera, lo que no lo es, cabría en lo que puede transarse. Así, el rol de bisagra y puente se cumple y el mandato de resguardar el Depositum Fidei, también.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Desafíos para hoy</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De frente a la creciente pluralidad de la sociedad chilena, junto al agnosticismo, anticlericalismo y desapego por todo lo que represente cualquier tipo de religión institucionalizada, se presentan desafíos y oporunidades para la educación católica local.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer desafío es ser <strong><em>pertinente</em></strong>, es decir, la educación católica debe ser oportuna, vivir el momento y no caer en anacronismos, porque ser tradicionales no es lo mismo que “tradicionalistas”. Otro reto es el de <strong><em>configurar</em></strong>, o sea, construir una imagen de mundo basada en el amor y la aceptación del otro, es decir, desde el encuentro con Dios vivo y, así, educar al encuentro con el prójimo en un clima de sana convivencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También se debe ser <strong><em>dialogante</em></strong>, porque el diálogo permite reflexionar con relación a la propia fe, y a partir de las respuestas que nazcan de la reflexión, oír lo propio de otras creencias sin cuestionamientos superficiales. Es importante que, además, la educación católica posea un acento hacia la <strong><em>trascendencia</em></strong>, ya que en un mundo tan inmediatista como el nuestro, es importante que los estudiantes puedan razonar y meditar sobre el sentido de sus propias vidas y hacia dónde van sus intenciones, cuáles son los alcances de sus propios actos y la categoría de lo divino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra rasgo deseable es que sea <strong><em>fraterna</em></strong>, que piense en el bien común, en lo que le hace bien a la comunidad, que sea capaz de donarse de manera real y concreta, con gestos claros y visibles. Así podrá convertirse en <strong><em>referente</em></strong> valórico. De hecho, el momento que vive la Iglesia chilena es propicio para que vuelva a tomar conciencia que la educación es un lugar favorable para frenar el relativismo moral y propiciar la educación en valores como la dignidad de la persona humana, la justicia, la familia y el matrimonio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, en la escuela se ha de <strong><em>reforzar</em></strong> la clase de religión, distinguiéndola claramente de aquel talante catequístico que ha favorecido que sea cuestionada. ¿Tiene sentido tener pastoral dentro de la escuela si en la clase de religión se hace catequesis? La clase de religión debe dar un golpe de timón hacia una variante más cultural, cercana a materias como filosofía de la religión, sociología de la religión, religiones comparadas o historia de las religiones. Viendo el escenario actual de la clase de religión, no es ya sostenible una clase, solamente, dogmática y doctrinal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, las demandas de la sociedad actual invitan a las instituciones de educación católica a dialogar y revitalizar nuestras prácticas educativas, sin perder identidad y sin vaciar nuestros contenidos, apuntando al desarrollo espiritual de los educandos, lo que conlleva la tarea de repensar la pastoral educativa y transformarse en una comunidad que de verdad vive y celebra la fe en Jesús Resucitado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Profesor de Religión y Moral de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Doctorando en Política y Gestión Educativa en la Universidad de Playa Ancha de las Ciencias de la Educación. Actualmente se desempeña como Profesor de Religión y Moral y miembro del Equipo de Formación en la Escuela San Ignacio de Loyola, Valparaíso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> El Catecismo de la Iglesia en el N°1213 dice: “El santo Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión (cf Concilio de Florencia: DS 1314; CIC, can 204,1; 849; CCEO 675,1): Baptismus est sacramentum regenerationis per aquam in verbo" ("El bautismo es el sacramento del nuevo nacimiento por el agua y la palabra": Catecismo Romano 2, 2,5).”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Constitución Apostólica Fidei Depositum del Sumo Pontífice Juan Pablo II. Para la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. 1992.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Instrumentum Laboris. Educar hoy y mañana. Una pasión que se renueva. Congregación para la Educación Católica. 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae del Sumo Pontífice Juan Pablo II.  Sobre las Universidades Católicas. 1990.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Educar al Diálogo Intercultural en la Escuela Católica. Vivir Juntos para una Civilización del Amor. Congregación para la Educación Católica (de los Instituto de Estudios). 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Joseph Ratzinger-Benedicto XVI, Jesús de Nazaret. Segunda parte. Desde la entrada en Jerusalén hasta la Resurrección. Madrid 2011, Ediciones Encuentro. P. 64.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> «Varón y Mujer los Creó». Para una Vía de Diálogo sobre la Cuestión del Gender en la Educación. Congregación para la Educación Católica (de los Institutos de Estudios).2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Op. Cit. Nota 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Interesante artículo, invita a reflexionar. Un valioso aporte para los tiempos que vivimos.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[El artículo hace una buena descripción de la clase de religión actual  y el protagonismo que debería  tener para enfrentar las ideologías anticlericales, que buscan terminal con ella. La iglesia debe tener claro su rol evangelizadora en estos tiempos, teniendo claro que Cristo fue inclusivo sin marginal, pero quienes imponen las nuevas corrientes son los que más marginan no aceptando visiones distintas.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muchas gracias!]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Qué bueno que le interese!]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente artículo, muy pertinente y coherente con el escenario actual..]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muchas gracias!]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muy buen artículo y de gran aporte.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Interesante artículo. Una mirada actual de la sociedad chilena y donde la educación religiosa escolar está inmersa. Creo que uno de los desafíos es la construcción de la identidad, y poder verla plasmada en nuestra práctica educativa.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Encuentro que muy simplemente se expresa lo que deberían ser hoy las escuelas católicas. Evidentemente hay mucho que ahondar pero da pie a la reflexión de quienes trabajamos en ese tipo de instituciones.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[En un paso rápido por los conceptos analizados en este articulo, me gustaría resaltar que el rol de las entidades educativas católicas debe estar enfocado en ser un puente que propicie la unión de lo terrenal y lo divino. Es este el punto que debe fundar la educación católica, mas aun cuando reconocemos un contexto caracterizado por la individualidad y el éxito económico.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Interensante forma de tocar un tema que está siendo evidentemente evadido por la sociedad actual restándole importancia. Excelente artículo.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Un gran aporte a quienes dedicamos la labor de educar en colegios católicos. Siento que tenemos enormes desafíos en nuestra sociedad con nuestros niños y jóvenes, frente a espacios de reflexión y diálogo en relación a una educación en valores.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente articulo, información propicia a lo que sucede en la actualidad en nuestro país, nos ayuda también a nosotros docentes a generar espacios de reflexión donde nuestros alumnos comprendan la importancia de desarrollar una educación espiritual en nuestra practica educativa.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA["...máxima apertura, caridad e inclusión..." Que potente y actual mensaje. 
Excelente artículo.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente artículo. Gran profesional.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Un excelente artículo un gran aporte de información.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Buen artículo, muy atingente con el escenario actual.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Este artículo es un gran aporte considerando la situación actual de la educación católica. Uno de los planteamientos que más destaco es "repensar la pastoral educativa y transformarse en una comunidad que de verdad vive y celebra la fe en Jesús Resucitado."  Ya que lo manifestado en  esta cita nos plantea un desafío que deberíamos tener claro dentro de los objetivos de una educación católica. 
Excelente artículo Alfredo.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Interesante artículo.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muy buen artículo. Excelente profesional.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Muy entretenida la manera de presentarlo y un tema de interés actual.]]></wp:comment_content>
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			<wp:comment_content><![CDATA[El presente articulo resulta relevante en su análisis respecto al protagonismo que se debe tomar la "educación religiosa" como la posición que deben tomar los "establecimientos" que la impartan, en particular con el reconocimiento de la identidad que los identifique como tal.
En los tiempos de cambio social que vivimos en nuestro país, resulta relevante el análisis que se puede realizar al presente articulo, pues las observaciones y comentarios expuestos en él, se plasman de manera directa en el nuevo debate. Un primer hecho evidente, es la falta de intervención como mediador de la Iglesia frente al conflicto social, debido a que su imagen en los últimos años a sido cuestionada; un segundo hecho, es la falta de principios o valores en las personas, el cual permite cuestionar la educación que se le ha entregado, preguntando que es lo que se enseña; un tercer hecho, la decadencia de cierto principios, debido a que los cambios en la sociedad requiere necesariamente de replantear o derechamente desechar; un cuarto hecho, la falta de amor por el prójimo y tolerancia, en donde observamos el quiebre entre las personas -incluso familias- por el solo hecho de tener una opinion diferente; etc. 
Se podría seguir analizando este articulo, por lo que resultaría relevante que su autor lo pueda complementar recogiendo los cambios que se exigen por la sociedad.]]></wp:comment_content>
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		<title>Discurso del Papa Francisco a los consagrados en su visita Mozambique</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/discurso-del-papa-francisco-a-los-consagrados-en-su-visita-mozambique/</link>
		<pubDate>Sun, 08 Sep 2019 12:53:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;"><strong>Discurso del Santo Padre Francisco</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>a los obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas de Mozambique</strong></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Catedral de Maputo - 5 septiembre 2019</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/PAPA-A-LOS-CONSAGRADOS-MOZAMBIQUE.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR PDF DEL DISCURSO</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos Cardenales, hermanos obispos,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos sacerdotes, religiosas, religiosos y seminaristas,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos catequistas y animadores de comunidades cristianas,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas, ¡buenas tardes!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agradezco el saludo de bienvenida de Mons. Hilário en nombre de todos vosotros. Con afecto y gran reconocimiento, os saludo a todos. Sé que habéis hecho un gran esfuerzo para estar aquí. Juntos, queremos renovar la respuesta al llamado que una vez hizo arder nuestros corazones y que la Santa Madre Iglesia nos ayudó a discernir y confirmar con la misión. Gracias por vuestros testimonios, que hablan de las horas difíciles y los desafíos serios que vivís, reconociendo límites y debilidades; pero también admirándoos de la misericordia de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me alegró escuchar de la boca de una catequista decir: “Somos una Iglesia insertada en un pueblo heroico”. ¡Gracias! Un pueblo que sabe de sufrimientos pero mantiene viva la esperanza. Con ese sano orgullo por vuestro pueblo, que invita a renovar la fe y la esperanza, queremos renovar nuestro “sí” hoy. ¡Qué feliz es la Santa Madre Iglesia al escucharos manifestar el amor del Señor y la misión que os ha dado! ¡Qué contenta está de ver vuestro deseo de <em>volver siempre al «amor primero»</em> (<em>Ap</em> 2,4)! Pido al Espíritu Santo que os dé siempre la lucidez de llamar a la realidad con su nombre, la valentía de pedir perdón y la capacidad de aprender a escuchar lo que Él quiere decirnos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas, nos guste o no, estamos llamados a enfrentar la realidad tal como es. Los tiempos cambian y debemos reconocer que a menudo no sabemos cómo insertarnos en los nuevos tiempos, en los nuevos escenarios; podemos soñar con las “cebollas de Egipto” (cf. <em>Nm</em> 11,5), olvidando que la Tierra Prometida está adelante y no atrás, y en ese lamento por los tiempos pasados, nos vamos petrificando, nos vamos “momificando”. No es algo bueno. Un obispo, un sacerdote, una religiosa, un catequista momificado. No, no está bien. En lugar de profesar una Buena Nueva, lo que anunciamos es algo gris que no atrae ni enciende el corazón de nadie. Esta es la tentación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos encontramos en esta catedral, dedicada a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, para compartir como familia lo que nos pasa. Como familia que nació en ese “sí” que María le dijo al ángel. Ella, ni por un momento miró hacia atrás. Es el evangelista Lucas quien nos narra estos acontecimientos del inicio del misterio de la Encarnación. Quizás en su modo de hacerlo encontremos respuestas a las preguntas que hoy habéis hecho hoy —obispos, sacerdotes, religiosas, catequistas… ¡Los seminaristas no han hecho! [ríen]— y descubramos también el estímulo necesario para responder con la misma generosidad y premura de María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Lucas va presentando en paralelo los acontecimientos vinculados a san Juan Bautista y a Jesucristo; quiere que en el contraste descubramos aquello que se va apagando del modo de ser de Dios y de nuestro relacionarnos con Él en el Antiguo Testamento, y el nuevo modo que nos trae el Hijo de Dios hecho hombre. Un modo, en el Antiguo Testamento, que se extingue, y otro nuevo que Jesús trae.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es evidente que en ambas anunciaciones —la de Juan Bautista y la de Jesús— hay un ángel. Pero, en una, la aparición se da en Judea, en la ciudad más importante: Jerusalén; y no en cualquier lugar, sino en el templo y, dentro de él, en el Santo de los Santos; el ángel se dirige a un varón, y sacerdote. Por el contrario, el anuncio de la Encarnación es en Galilea, la más alejada y conflictiva de las regiones, en una pequeña aldea, Nazaret, en una casa y no en una sinagoga o lugar religioso, y se hace a una laica, una mujer —no a un sacerdote, no a un hombre—. El contraste es grande. ¿Qué ha cambiado? Todo. Todo ha cambiado. Y, en ese cambio, está nuestra identidad más profunda.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vosotros preguntabais qué hacer con la crisis de identidad sacerdotal, cómo luchar contra ella. A propósito, lo que voy a decir relativo a los sacerdotes es algo que todos —obispos, catequistas, consagrados, seminaristas— estamos llamados a cultivar y desarrollar. Hablaré para todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Frente a la crisis de identidad sacerdotal, quizás tenemos que salir de los lugares importantes, solemnes; tenemos que volver a los lugares donde fuimos llamados, donde era evidente que la iniciativa y el poder eran de Dios. Ninguno de nosotros ha sido llamado para un puesto importante, ninguno. A veces sin querer, sin culpa moral, nos habituamos a identificar nuestro quehacer cotidiano como sacerdotes, religiosos, consagrados, laicos, catequistas, con ciertos ritos, con reuniones y coloquios donde el lugar que ocupamos en la reunión, en la mesa o en el aula es de jerarquía; nos parecemos más a Zacarías que a María. «Creo que no exageramos si decimos que el sacerdote es una persona muy pequeña: la inconmensurable grandeza del don que nos es dado para el ministerio nos relega entre los más pequeños de los hombres. El sacerdote es el más pobre de los hombres —sí, el sacerdote es el más pobre de los hombres— si Jesús no lo enriquece con su pobreza, el más inútil siervo si Jesús no lo llama amigo, el más necio de los hombres si Jesús no lo instruye pacientemente como a Pedro, el más indefenso de los cristianos si el Buen Pastor no lo fortalece en medio del rebaño. La debilidad del sacerdote, del consagrado, del catequista. Nadie más pequeño que un sacerdote dejado a sus propias fuerzas; por eso nuestra oración protectora contra toda insidia del Maligno es la oración de nuestra Madre: soy sacerdote porque Él miró con bondad mi pequeñez (cf. <em>Lc</em> 1,48)» (<em>Homilía en la Misa Crismal</em>, 17 de abril de 2014).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas: Volver a Nazaret, volver a Galilea puede ser el camino para afrontar la crisis de identidad. Jesús nos llama, después de su resurrección a volver a Galilea para encontrarlo. Volver a Nazaret, a la primera llamada, volver a Galilea, para resolver la crisis de identidad, para renovarnos como pastores-discípulos-misioneros. Vosotros mismos expresabais cierta exageración en la preocupación por generar recursos para el bienestar personal, por “caminos tortuosos” que muchas veces terminan privilegiando actividades con una retribución garantizada y generan resistencias a entregar la vida en el pastoreo cotidiano. La imagen de esta sencilla doncella en su casa, en contraste con toda la estructura del templo y de Jerusalén, puede ser el espejo donde miremos nuestras complicaciones, nuestros afanes, que oscurecen y dilatan la generosidad de nuestro “sí”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las dudas y la necesidad de explicaciones de Zacarías desentonan con el “sí” de María que sólo requiere saber cómo se va a dar todo lo que le suceda. Zacarías no puede superar el afán de controlarlo todo, no puede salir de la lógica de ser y sentirse el responsable y autor de lo que suceda. María no duda, no se mira a sí misma: se entrega, confía. Es agotador vivir el vínculo con Dios como Zacarías, como un doctor de la ley: siempre cumpliendo, siempre creyendo que la paga es proporcional al esfuerzo que haga, que es mérito mío si Dios me bendice, que la Iglesia tiene el deber de reconocer mis virtudes y esfuerzos. Es extenuante. Es extenuante vivir la relación con Dios como lo hace Zacarías. No podemos correr tras aquello que redunde en beneficios personales; nuestros cansancios deben estar más <em>vinculados a</em> <em>nuestra capacidad de compasión</em>. ¿Tengo capacidad de compasión? Son tareas en las que nuestro corazón es “movido” y conmovido.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas: La Iglesia pide capacidad de compasión. Capacidad de compasión. «Nos alegramos con los novios que se casan —la vida pastoral—, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido» (<em>Homilía en la Misa Crismal</em>, 2 abril 2015). Entregamos minutos y días en pos de esa madre con SIDA, ese pequeño que quedó huérfano, esa abuela a cargo de tantos nietos o ese joven que ha venido a la ciudad y está desesperado porque no encuentra trabajo. «Tantas emociones... Si tenemos el corazón abierto, esta emoción y tanto afecto fatigan el corazón del Pastor. Para nosotros, sacerdotes, las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, se conmueve y hasta parece comido por la gente: “Tomad, comed”. Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: “Tomad y comed, tomad y bebed...”. Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios... que siempre, siempre cansa» (<em>ibíd.</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hermanos y hermanas: La cercanía cansa, cansa siempre. La cercanía al Santo Pueblo de Dios. La cercanía cansa. Es hermoso encontrar un sacerdote, una hermana, un catequista…, agotados por la cercanía. Renovar el llamado muchas veces pasa por revisar si nuestros cansancios y afanes tienen que ver con cierta “mundanidad espiritual”, «por la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor, a las ovejitas que esperan la voz de sus pastores» (<em>Homilía en la Misa Crismal</em>, 24 marzo 2016). Renovar la llamada, nuestra llamada, pasa por elegir, decir sí y cansarnos por aquello que es fecundo a los ojos de Dios, que hace presente, encarna, a su Hijo Jesús. <em>Quiera Dios que</em> <em>en este sano cansancio encontremos la fuente de nuestra identidad y felicidad</em>. La cercanía cansa, y este cansancio es santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que nuestros jóvenes descubran eso en nosotros, que nos dejamos “tomar y comer”, y que sea eso lo que los lleva a preguntarse por el seguimiento de Jesús, que deslumbrados por la alegría de una entrega cotidiana no impuesta sino madurada y elegida en el silencio y la oración, ellos quieran dar su “sí”. Tú, que te lo preguntas o ya estás en camino de una consagración definitiva, has descubierto «que la ansiedad y la velocidad de tantos estímulos que nos bombardean hacen que no quede lugar para ese silencio interior donde se percibe la mirada de Jesús y se escucha su llamado. Mientras tanto, te llegarán muchas propuestas maquilladas, que parecen bellas e intensas, aunque con el tiempo solamente te dejarán vacío, cansado y solo. No dejes que eso te ocurra, porque el torbellino de este mundo te lleva a una carrera sin sentido, sin orientación, sin objetivos claros, y así se malograrán muchos de tus esfuerzos. Más bien busca esos espacios de calma y de silencio que te permitan reflexionar, orar, mirar mejor el mundo que te rodea, y entonces sí, con Jesús, podrás reconocer cuál es tu vocación en esta tierra» (<em>Christus vivit</em>, 277).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este juego de contrastes que plantea el evangelista Lucas —la encarnación en Nazaret y la anunciación a Zacarías en el Templo—, culmina en el encuentro de las dos mujeres: Isabel y María. La Virgen visita a su prima mayor y todo es fiesta, baile y alabanza. Hay una parte de Israel que ha entendido el cambio profundo, vertiginoso del proyecto de Dios: por eso acepta ser visitada, por eso el niño salta en el vientre. En una sociedad patriarcal, por un instante, el mundo de los hombres se retira, enmudece como Zacarías. Hoy también nos ha hablado una catequista, una religiosa, una mujer mozambiqueña que nos ha recordado que nada les hará perder su entusiasmo por evangelizar, por cumplir con su compromiso bautismal. Vuestra vocación es evangelizar; la vocación de la Iglesia es evangelizar; la identidad de la Iglesia es evangelizar. No hacer proselitismo. El proselitismo no es evangelización. El proselitismo no es cristiano. Nuestra vocación es evangelizar. La identidad de la Iglesia es evangelizar. Y en esta hermana nuestra están todos los que salen al encuentro de sus hermanos: los que visitan como María, los que al dejarse visitar aceptan gustosos que el otro los transforme al regalarle su cultura, sus modos de vivir la fe y de expresarla.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La inquietud que expresas nos devela que la inculturación siempre será un desafío, como este “viaje” entre estas dos mujeres que quedarán mutuamente transformadas por el encuentro y el servicio. «Las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación. Lo que debe procurarse, en definitiva, es que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura. Aunque estos procesos son siempre lentos, a veces el miedo nos paraliza demasiado» (<em>Evangelii gaudium</em>, 129). El miedo paraliza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La “distancia” entre Nazaret y Jerusalén se acorta, se hace inexistente por ese “sí” de María. Porque las distancias, los regionalismos y particularismos, el estar constantemente construyendo muros atentan contra la dinámica de la encarnación, que ha derribado el muro que nos separaba (cf. <em>Ef</em> 2,14). Vosotros que habéis sido testigos —al menos los mayores— de divisiones y rencores que terminaron en guerras, tenéis que estar siempre dispuestos a “visitaros”, a acortar las distancias. La Iglesia de Mozambique está invitada a ser la Iglesia de la Visitación. No puede ser parte del problema de las competencias, menosprecios y divisiones de unos con otros, sino puerta de solución, espacio donde sea posible el respeto, el intercambio y el diálogo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pregunta formulada sobre qué hacer ante un matrimonio interreligioso nos desafía en esta tendencia asentada que tenemos a la fragmentación, a separar en vez de unir. Como también lo es el vínculo entre nacionalidades, entre razas, entre los del norte y los del sur, entre comunidades, sacerdotes y obispos. Es el desafío porque, hasta desarrollar «una cultura del encuentro en una pluriforme armonía», se requiere «un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada. Es un trabajo lento, es un trabajo arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo». Es el requisito necesario para la «construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad», para «el desarrollo de la convivencia social y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen en un proyecto común» (<em>ibíd.</em>, 220-221). Así como María fue a la casa de Isabel, como Iglesia tenemos que aprender el camino frente a nuevas problemáticas, buscando no quedar paralizados por una lógica que enfrenta, divide, condena. Poneos en camino y buscad una respuesta a estos desafíos pidiendo la asistencia segura del Espíritu Santo. Él es el Maestro para mostrar los nuevos caminos a transitar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Reavivemos entonces nuestro llamado vocacional, hagámoslo bajo este magnífico templo dedicado a María, y que nuestro “sí” comprometido proclame las grandezas del Señor, alegre el espíritu de nuestro pueblo en Dios, nuestro Salvador (cf. <em>Lc</em> 1,46-47). Y llene de esperanza, paz y reconciliación a vuestro país, a nuestro querido Mozambique.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Os pido que, por favor, recéis y hagáis rezar por mí.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que el Señor os bendiga y la Virgen Santa os cuide.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Encíclica Laudato si’: Hacia una ecología integral de la defensa de la tierra - Fredy Parra</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/enciclica-laudato-si-hacia-una-ecologia-integral-de-la-defensa-de-la-tierra-fredy-parra/</link>
		<pubDate>Sun, 15 Sep 2019 09:51:11 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.187 (JULIO- SEPTIEMBRE 2015)
Autor: Fredy Parra, Facultad de Teología UC
Para citar: Parra, Fredy; <em>Encíclica Laudato si': Hacia una ecología integral de la defensa de la tierra</em>, en La Revista Católica, Nº1.187, julio-septiembre 2015, pp. 224-232.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/FPARRA_LRC_1187.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Encíclica <em>Laudato si'</em>: Hacia una ecología integral de la defensa de la tierra
Fredy Parra
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Lo que está pasando a nuestra casa</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recogiendo los datos más relevantes de la investigación científica actual, el Papa constata, en la primera parte de su encíclica <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Laudato si'</em></a>, los graves signos del deterioro ambiental que se observan en la contaminación atmosférica, en el calentamiento global, en la contaminación de los océanos, en la destrucción sin precedentes de ecosistemas y atentados a la biodiversidad, y en las graves inequidades en el acceso al agua potable que afectan especialmente a los más pobres<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Explica que la degradación ambiental en curso afecta directamente la calidad de la vida humana y degrada igualmente la vida social, la integración y la comunión de las personas<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Con todo, denuncia una extendida inequidad planetaria en todas las dimensiones de la convivencia social<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. «Hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Porque en estos graves maltratos «el gemido de la hermana tierra… se une al gemido de los abandonados del mundo»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Reconoce que sobre la crisis ecológica hay diversidad de opiniones<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> y que ciertamente no hay una única vía de solución y que no corresponde a la Iglesia dar «una palabra definitiva»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Pero -añade -, concluyendo el análisis de lo que está ocurriendo en el planeta, que «basta mirar la realidad con sinceridad para ver que hay un gran de deterioro de nuestra casa común… parecen advertirse síntomas de un punto de quiebre, a causa de la gran velocidad de los cambios y de la degradación» que se advierte a nivel natural, social y financiero y que evidencian que el sistema global ha llegado a ser insostenible<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Contraste entre la visión judeocristiana del mundo y la visión tecnocrática predominante</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo hemos olvidado «que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,27). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Con el fin de superar este olvido, Francisco hace ver cómo la fe bíblica nos enseña que el mundo es criatura, el espacio y tiempo son criaturas y que Dios ha creado libremente y por amor este mundo, y al que estamos llamados a habitar y cuidar. Si somos criaturas, nuestra propia existencia tiene su razón de ser en un acto gratuito y amoroso de Dios. El mundo es y existe por gracia. La totalidad es don divino y solo cabe el asombro y el agradecimiento por esta vida regalada. Si somos creados, somos seres finitos y limitados, ciertamente «No somos Dios. La tierra nos precede y nos ha sido dada»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>, reitera el Papa. Y si no somos dueños de la tierra, estamos llamados a administrar un regalo que hemos recibido, que nos ha sido dado para habitar y compartir responsablemente con todas las criaturas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de estas convicciones, en medio del debate por las causas de la crisis, se hace cargo de una acusación que ha recibido el cristianismo como responsable cultural del grave deterioro padecido por la naturaleza<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. Asumiendo esta crítica, el Papa reitera que en verdad la tradición bíblica nos invita a labrar y cuidar la tierra, lo que implica una relación de cuidado, de preservación y protección de la naturaleza creada<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Luego de analizar diversos pasajes bíblicos, incluyendo la referencia a la importante tradición sabática que propone que tanto el ser humano, como los animales e incluso la tierra tienen derecho al descanso<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>, asevera que la Biblia «no da lugar a un antropocentrismo despótico que se desentienda de las demás criaturas»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Subraya que Jesús «invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas» donde «cada una de ellas es importante a sus ojos»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. En definitiva, «para la tradición judío-cristiana, decir “creación” es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación solo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. La creación pertenece al orden del amor<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Con mucha razón y acierto, «Dante Alighieri hablaba del “amor que mueve el sol y las estrellas”»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La visión recién reseñada se diferencia amplia y claramente de la mirada reductiva propia de la visión tecnocrática de la naturaleza vigente en nuestra cultura<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a> en la cual se destaca la visión de un sujeto que «se despliega en el establecimiento del método científico con su experimentación, que ya es explícitamente técnica de posesión, dominio y transformación», auto convencido, además, de la idea de un crecimiento ilusoriamente infinito y que a la vez es incapaz de reconocer los límites de la misma naturaleza<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. La tecnociencia se ha convertido en un paradigma tecnocrático que «se ha vuelto tan dominante que es muy difícil prescindir de sus recursos, y más difícil todavía es utilizarlos sin ser dominados por su lógica»<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> y es precisamente lo que ocurre en la actualidad con las esferas política y económica<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. Este paradigma tiende a la fragmentación, pierde el sentido de la globalidad y no asume que todo está relacionado<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. Es más, «la falta de preocupación por medir el daño a la naturaleza y el impacto ambiental de las decisiones es solo el reflejo muy visible de un desinterés por reconocer el mensaje que la naturaleza lleva inscrito en sus mismas estructuras. Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad… difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza… No hay ecología sin una adecuada antropología… Un antropocentrismo desviado no necesariamente debe dar paso a un ‘biocentrismo’»<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>. En suma, no se puede negar el valor propio de las criaturas ni el valor peculiar y único de cada ser humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Hacia una ecología integral para defender la tierra</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el reciente discurso a los movimientos populares en Santa Cruz-Bolivia, del 9 de julio de 2015, Francisco propone tres tareas particularmente importantes en el momento histórico que se vive: «poner la economía al servicio de los pueblos», «unir nuestros pueblos en el camino de la paz y la justicia» y añade: «la tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra». Para que esta defensa sea efectiva y plausible y dado que todo está conectado<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a> y que la realidad presenta múltiples aspectos armoniosamente relacionados, Francisco ha propuesto en <em>Laudato si’</em> una ecología integral que abarca todos los aspectos involucrados en la vida y en la crisis que se debate: el ambiental, el económico, el social, el cultural y la vida cotidiana. Subyace en esta mirada una epistemología que motiva un conocer más participativo y menos dominador en relación con la naturaleza, más apto para integrarse lúcidamente en la relacionalidad universal existente y volver a contemplar la naturaleza en sí misma asombrándonos por el hecho de existir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza»<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>. Finalmente, la ecología humana es inseparable del concepto y práctica consecuente del bien común<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a> y de la justicia entre las generaciones. «Ya no puede hablarse de desarrollo sostenible sin una solidaridad intergeneracional»<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>, advierte el Papa. El mundo que hemos recibido como don también pertenece a las generaciones del futuro cercano y lejano. «Además nuestra incapacidad para pensar seriamente en las futuras generaciones está ligada a nuestra incapacidad para ampliar los intereses actuales y pensar en quienes quedan excluidos de desarrollo. No imaginemos solamente a los pobres del futuro, basta que recordemos a los pobres de hoy, que tienen pocos años de vida en esta tierra y no pueden seguir esperando. Por eso, -citando a Benedicto XVI-, «además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional»<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En medio de la profunda crisis ecológica existente no solo es preciso corregir o, mejor, «cambiar el modelo de desarrollo global»<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>, o de redefinir el progreso, sino de cambiar de verdad el rumbo, de «salir de la espiral de autodestrucción en la que nos estamos sumergiendo»<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. Más aun, no se trata solo de reformas, sino -dice el Papa citando la Carta de la Tierra -redactada el 2000- de buscar «un nuevo comienzo»<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>. Por una parte, es insoslayable transformar los sistemas productivos y tecnológicos a fin de que sean adecuados a un desarrollo sostenible tanto a nivel nacional como internacional<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>. Por otra parte, avanzar con decisión hacia una “ciudadanía ecológica” con la consiguiente normativa legal en los diversos niveles de la sociedad es urgente y necesario, pero considera que no es suficiente dada la envergadura del desafío, y por ello propone una auténtica conversión ecológica que hunde sus raíces más profundas en la espiritualidad judeocristiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Un giro en el pensamiento social de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Agregándose al magisterio social de la Iglesia, me parece que <em>Laudato si’</em>, con sus ejes transversales<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a> y contenidos esenciales, manifiesta un giro en el pensamiento social de la Iglesia, al poner como eje central la problemática ecológica y la propuesta de una ecología integral, asumiendo desde esta nueva perspectiva (además interdisciplinar) lo social, lo político (a nivel internacional y nacional), lo económico y lo cultural. Ya no se trata solo del contrato social-político propio de la compleja sociedad industrial moderna, sino de una especie de “contrato” global con la naturaleza; no solo se habla de responsabilidad social, sino de responsabilidad con el conjunto de la naturaleza; no se trata solo de justicia (social-distributiva) intrageneracional, sino de justicia intergeneracional y de responsabilidad con el futuro de la especie y las generaciones del futuro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se apela a una preocupación esencial por la litosfera, la hidrosfera, la atmósfera y, con todo, por la biosfera, por el futuro, en fin, del planeta tierra. Lo ecológico deja de ser un apéndice de la cuestión social, una preocupación más junto a tantas otras, y se convierte en un eje central junto a la necesidad de transformar el paradigma global tecno-económico-político predominante (de dominio, progreso ilimitado y explotación insostenible del planeta). Se establece este giro desarrollando el método<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a> del ver, discernimiento-juicio prudencial y propuestas de acción, incluyendo el desarrollo de una motivación y orientación fundamental (espiritualidad). Se trata del método, con algunos matices, propio del Magisterio social de la Iglesia y también utilizado por el magisterio regional latinoamericano desde Medellín. Como parte del método señalado se aprecia un ejercicio de colegialidad muy amplio<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>, donde retoma las contribuciones de diversas conferencias episcopales y recoge los aportes al tema de los pontífices recientes<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>. Asimismo, destaca y acoge los aportes de pensadores, teólogos, filósofos y místicos<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>. Igualmente, es relevante el diálogo frecuente con Conferencias y convenios mundiales sobre medio ambiente<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>. Con todo, se establece una conversación fluida con la tradición teológica y espiritual, con la filosofía, con las ciencias sociales y con las ciencias de la naturaleza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Propuesta de una espiritualidad ecológica: un desafío al pensar teológico.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En medio de la profunda crisis vivida se impone la necesidad de una nueva actitud ante la naturaleza en su conjunto y Francisco destaca la riqueza de la espiritualidad cristiana, aprendida y vivida durante siglos y la ofrece como camino a seguir. Desde el inicio de su carta ha señalado que propone como modelo la figura notable y visionaria de san Francisco de Asís, en quien «son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior»<a href="#_ftn40" name="_ftnref40">[40]</a>. Más que de ideas, se trata de motivaciones profundas que brotan de nuestra espiritualidad. Esta verdadera conversión ecológica implica y requiere un conjunto de nuevas actitudes de suyo complementarias<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a> y que tienen como horizonte fundamental restablecer la comunión de la creación. Base esencial de esta conversión es la responsabilidad fundada en la Gratitud por el don del mundo recibido y la conciencia de la comunión universal, es decir, «la amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás criaturas»<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo enfoque individualista, desencarnado y de aislamiento del conjunto del cosmos queda descartado. A la vez, es necesario entender la superioridad humana como una capacidad diferente que impone al sujeto una grave responsabilidad con el mundo que se recibe y reconocer que los demás seres vivos tienen un valor propio ante Dios<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a>. Consecuencia inevitable junto con la ética del cuidado es la exigencia de sobriedad y simplicidad en el modo de vivir. En esta última línea, recuerda, además, con énfasis que la espiritualidad cristiana propone modos alternativos de entender la calidad de vida y que hay una vieja enseñanza presente en diversas tradiciones religiosas y bíblicas: se trata de la convicción de que «menos es más»<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a>, se propone la sencillez, valorar lo pequeño en las plurales dimensiones de la vida personal, comunitaria y social<a href="#_ftn45" name="_ftnref45">[45]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En toda esta interesante propuesta de nuevos valores, de un nuevo paradigma ético y antropológico y de alcances políticos, se advierte igualmente un planteo teológico de fondo. Hay una idea, una visión, de Dios y de su relación con el mundo creado que fundamenta el nuevo modelo ético y de espiritualidad que se está proponiendo y que parece urgente y necesario para enfrentar creativa y activamente la crisis ecológica que se vive. Destacaré tres puntos que requieren seguir siendo pensados: a) El valor intrínseco de cada creatura, de cada ser y del conjunto de los seres; b) La inmanencia del Dios transcendente (uno y trino) en la creación; c) Dios ha creado para manifestar su amor y su gloria para que todo se encamine hacia la consumación de esa gloria y felicidad compartida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a) El valor intrínseco de cada creatura, de cada ser y del conjunto de los seres</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A lo largo de toda su encíclica en diversos párrafos ha destacado el valor intrínseco de cada creatura, de cada ser y del conjunto, y de los ecosistemas<a href="#_ftn46" name="_ftnref46">[46]</a>, cuestionando incluso una aproximación meramente antropocéntrica. A propósito de la extinción de múltiples especies como consecuencia de la degradación ambiental, señala con énfasis que «por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho»<a href="#_ftn47" name="_ftnref47">[47]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Francisco retoma así un rasgo central de la fe en la creación. Para la tradición teológica que surge de la Biblia, los seres comparten una cierta capacidad de responder al Dios que “ama a todos los seres y no aborrece nada” de lo que ha hecho<a href="#_ftn48" name="_ftnref48">[48]</a>. Planteamientos teológicos destacan que «todas las criaturas sin excepción disfrutan de una específica ‘capacidad de respuesta’ al amor de Dios. Todas ellas, en efecto, adeudan su existencia desde el principio hasta el final a la Palabra creadora y llena de amor de Dios… Con su mero existir y ser lo que son dan fe de que ‘responden’ a la voluntad de Dios afirmativamente»<a href="#_ftn49" name="_ftnref49">[49]</a>. Las criaturas, seres humanos, animales, astros, todos los seres, se vuelven hacia Dios alabándolo<a href="#_ftn50" name="_ftnref50">[50]</a>. «La alabanza es la alegría de existir que se vuelve a Dios, y esta alegría de existir caracteriza a la Creación como un todo»<a href="#_ftn51" name="_ftnref51">[51]</a>. El Papa Francisco subraya que «El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros, y a través de nosotros hacia el término común, que es Dios<a href="#_ftn52" name="_ftnref52">[52]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b) La inmanencia del Dios transcendente (uno y trino) en la creación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es más, todos los seres creados manifiestan a su modo rasgos de la creación divina, por ello, todos son símbolos de una presencia misteriosa que se revela en el devenir del mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trata de reconocer la presencia del Creador transcendente en su creación. Dios no solo ha creado el espacio y el tiempo, no solo conserva permanentemente el cosmos creado, sino que, por lo mismo, está presente, en las criaturas y sostiene la comunión universal. Al respecto, afirma Francisco, como fundamento del valor del cosmos y sus criaturas que «El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo. Entonces hay mística en una hoja, en un camino, en el rocío, en el rostro del pobre. El ideal no es solo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas»<a href="#_ftn53" name="_ftnref53">[53]</a>. Igualmente la vida sacramental<a href="#_ftn54" name="_ftnref54">[54]</a> cristiana nos ayuda a vivir esta relación con la naturaleza. Ahora bien, esa interrelación de las criaturas encuentra finalmente su fundamento en la misma Trinidad. El creador es Uno y Trino: «Para los cristianos, creer en un solo Dios que es comunión trinitaria lleva a pensar que toda la realidad contiene en su seno una marca propiamente trinitaria»<a href="#_ftn55" name="_ftnref55">[55]</a>, lo que nos conduce a asombrarnos y valorar las múltiples relaciones existentes en el mundo creado y en el conjunto de las creaturas. «Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad», subraya el Papa Francisco<a href="#_ftn56" name="_ftnref56">[56]</a>. Sin olvidar que tal solidaridad no puede desvincularse del bien común ni de la justicia y solidaridad intergeneracional, ni tampoco de la intrageneracional<a href="#_ftn57" name="_ftnref57">[57]</a> al atender al clamor de la tierra y al clamor de los pobres, y a todos los que sufren con el maltrato al planeta en la generaciones del presente y también las del futuro que, sin duda, padecerán las graves consecuencias que ya están a la vista<a href="#_ftn58" name="_ftnref58">[58]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c) Dios ha creado para manifestar su amor y su gloria para que todo se encamine hacia la consumación de esa gloria y felicidad compartidas.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En fin, creer y asumir que el cosmos es creatura es afirmar que la realidad tiene indudablemente sentido, tiene sentido por su bondad original, porque es fruto de un acto de amor y de libertad; porque, en definitiva, Dios ha creado para manifestar su amor y su gloria para que todo se encamine hacia la consumación de esa gloria y felicidad compartidas. En medio de la crisis constatada no nos debe abandonar la esperanza, porque nos estamos inmersos en una irremediable y anónima fatalidad. Por ello, el Papa no solo llama constantemente a un cambio de vida, a un compromiso con el planeta y con cada ser humano, sino que reitera una profunda convicción cristiana: «el destino de toda la creación pasa por el misterio de Cristo, que está presente desde el origen de todas las cosas: “Todo fue creado por él y para él” (Col 1,16)»<a href="#_ftn59" name="_ftnref59">[59]</a>, el mundo, cada uno de nosotros, la creación entera, la humanidad se encaminan hacia una meta de consumación y realización, donde el amor, la alegría y Vida plenas nos esperan, donde Dios mismo nos espera. No solo hay origen común sino un destino común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hacia el final de su bella encíclica, Francisco nos anima citando a Basilio Magno: «si el mundo tiene un principio y ha sido creado, busca al que lo ha creado, busca al que le ha dado inicio, al que es su Creador», y añade: «Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza… En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea”<a href="#_ftn60" name="_ftnref60">[60]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> LS 17-42.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> LS 43-47.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> LS 48-52.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> LS 49.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> LS 53.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> LS 60.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> LS 61.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> LS 61.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> LS 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> LS 67.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Es conocida, por ejemplo, la crítica esbozada por el pensador e historiador americano White, JR., L. , <em>The Historical Roots of Our Ecologic Crisis</em>, Science, vol. 155, n°. 3767 (1967) 1203-1207.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> LS 67.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> LS 68, 71.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> LS 68.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> LS 96.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> LS 76.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> LS 77.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Divina Comedia, Paraíso, Canto XXXIII, 145. Cf. LS 77.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> LS 101-136.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> LS 106.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> LS 108.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> LS 109.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Cf. LS 110-111.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> LS 117-118.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Cf. LS 117, 111, 120.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> LS 139.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> LS 156-158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> LS 159.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> LS 162.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> LS 194.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> LS 163.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> LS 207.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Cf. LS 164-181.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Ejes que atraviesan toda la encíclica: “La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. Estos temas no se cierran ni abandonan, sino que son constantemente replanteados y enriquecidos” (LS 16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> LS 15.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Junto con recoger y dialogar con los Papas que le han precedido: Juan XXIII, Pablo VI, especialmente los más recientes Juan Pablo II y Benedicto XVI, a quienes se refiere con frecuencia. Valora y cita <em>Gaudium et spes</em>, del Concilio Vaticano II, y el documento de Aparecida (CELAM), acoge y hace suyas citando las contribuciones de múltiples Conferencias Episcopales: de Sudáfrica, Filipinas, Bolivia, Alemania, Estados Unidos, Canadá, Japón, Brasil, República Dominicana, Paraguay, Nueva Zelanda, Federación de Conferencias Episcopales de Asia, Portugal, Australia y Obispos de la Región Patagonia-Comahue- Argentina. Y también Comisiones Episcopales: Comisión Episcopal-Pastoral Social de Argentina y la Comisión Episcopal-Pastoral Social de México.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Recuerda que ya Pablo VI se refirió a la problemática ecológica y al riesgo de destruir la naturaleza y de que el mismo ser humano sea víctima de esa degradación (OA, 21). Que por su parte San Juan Pablo II había llamado a una conversión ecológica global y a cultivar una ecología humana (CA, 38) y que más recientemente Benedicto XVI renovó la invitación a “eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente” (CV, 51).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Como Sto. Tomás de Aquino, San Buenaventura, San Francisco de Asís, San Justino, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Lisieux, Vicente de Lerins, Basilio Magno, Dante Alighieri, Teilhard de Chardin, Romano Guardini, Juan Carlos Scannone, del Patriarca Ecuménico de la Iglesia Ortodoxa, Bartolomé, del místico musulmán sufí Ali Al Khawwas, y del filósofo protestante Paul Ricoeur.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Especialmente la Declaración de Río sobre el Medio ambiente y el Desarrollo, Río de Janeiro (14 de junio 1992). Otras: Declaración de Estocolmo (1972), Convenio de Basilea, Convención de Viena, Protocolo de Montreal, Río + 20 (2012); en fin, cita asimismo a La carta de la tierra (2000).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> LS 10; cf. LS 11, 12, 66, 87, 91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> LS 220.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> LS 220. “La interdependencia de (todas) las criaturas es querida por Dios”, Catecismo de la Iglesia Católica, 340 (LS 86). Cf, igualmente LS 111, 117, 120, 240.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> “Hoy la Iglesia no dice simplemente que las demás criaturas están completamente subordinadas al bien del ser humano, como si no tuvieran un valor en sí mismas y nosotros pudiéramos disponer de ellas a voluntad” (LS 69).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> LS 222.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45">[45]</a> Recuerdo entre otros aquel libro señero de E. F. Schumacher, Lo pequeño es hermoso, (Small is beatiful, New York, 1975) quien ya entonces nos ayudaba a entender que la necesidad de un radical cambio humano en relación a la naturaleza no sólo es una exigencia ética, psicológica y religiosa, sino una condición indispensable para la sobrevivencia de la especie humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46">[46]</a> Cf. LS 82, 83, 84, 85, 140, 190.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47">[47]</a> LS 33.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48">[48]</a> Sb 11, 24, texto sapiencial recogido en LS 77.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49">[49]</a> Kehl, M., Y después del fin, ¿qué? (Desclée de Brouwer, Bilbao 2003), 196-197.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50">[50]</a> Cf. Sal 148.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref51" name="_ftn51">[51]</a> Kehl, o. c., 197. Cf. Westermann, C., Teologia do Antigo Testamento (Ed. Paulinas, Sao Paulo 1987), 79-80.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref52" name="_ftn52">[52]</a> LS 83. Ver también LS 92.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref53" name="_ftn53">[53]</a> … como enseñaba san Buenaventura: «La contemplación es tanto más eminente cuanto más siente en sí el hombre el efecto de la divina gracia o también cuanto mejor sabe encontrar a Dios en las criaturas exteriores» [In II Sent., 23, 2, 3]. (LS 233).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref54" name="_ftn54">[54]</a> LS 235-236.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref55" name="_ftn55">[55]</a> LS 239.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref56" name="_ftn56">[56]</a> LS 240.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref57" name="_ftn57">[57]</a> LS 159-160.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref58" name="_ftn58">[58]</a> LS 49, cf. 53.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref59" name="_ftn59">[59]</a> LS 99.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref60" name="_ftn60">[60]</a> LS 244-245.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Newman: La semblanza de un santo, la figura de un genio - Miguel Luis González F., pbro</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/newman-la-semblanza-de-un-santo-la-figura-de-un-genio-miguel-luis-gonzalez-f-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 05 Oct 2019 08:59:48 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Miguel Luis González F., pbro., Facultad de Teología UC
Para citar: González, Miguel Luis;<em> Newman: La semblanza de un santo, la figura de un genio</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.335-343.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/MGONZALEZ_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Newman: La semblanza de un santo, la figura de un genio
Miguel Luis González F., pbro. <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El domingo 13 de octubre el Papa Francisco canonizará al cardenal John Henry Newman (1801-1890), acontecimiento esperado en diversos ámbitos del orbe católico. A través de estas líneas presentamos el recorrido teológico de su conversión y rasgos de su visión sobre la teología que tienen permanente novedad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Newman y su conversión en clave teológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Newman pertenece al siglo de la plena modernidad; ciencia, razón, industrialización y la expansión gradual pero constante del liberalismo en la sociedad europea. Fue el mayor de seis hermanos de una familia de convicciones anglicanas. En 1816 experimenta una conversión, un gran cambio interior a partir del cual comienza a vivir un cristianismo anglicano serio y decidido y, en donde, percibe vitalmente la centralidad del dogma en la vida cristiana: “cuando tenía quince años […] se produjo en mí un gran cambio interior […] recibí en mi intelecto la marca de lo que es un dogma, que gracias a Dios nunca se ha borrado ni obscurecido”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Desde entonces, el dogma, empieza a ser un aspecto fundamental de la religión. Junto con esto, también fija un principio espiritual central; se trataba de un sostenerse vitalmente “en el pensamiento de dos y solo dos seres absoluta y luminosamente autoevidentes: yo y mi creador”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Es una experiencia espiritual, cuyo punto de partida es la interioridad, donde ocurre un encuentro personal con Dios en la conciencia y el corazón. Así, dogma y experiencia espiritual, serán dos principios centrales que integrará en su vida y pensamiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1817 es admitido en el Trinity College de Oxford y en 1822 es elegido miembro del colegio Oriel de la misma Universidad. Oriel era el lugar donde se reunía lo más selecto de Oxford, así como lo más influyente del liberalismo religioso anglicano. Su consolidación y consistencia intelectual, así como su batalla de toda la vida contra el liberalismo religioso es impensable sin Oriel. Tratando de levantar la alicaída iglesia anglicana y luchando por alejarla del influjo liberal, forma el <em>Movimiento Tractiano</em> junto con John Keble y Edward Pusey. Nuestro autor elaborará una teología centrada en la Sagrada Escritura y en la Antigüedad para darle fuerza y consistencia a la renovación del anglicanismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Antigüedad era la teología de los Padres de la Iglesia (que estudió y conoció en sus fuentes) y los primeros concilios de la Iglesia. A esta propuesta la llamó la <em>Vía media</em>; una teología con una fuerte impronta eclesiológica. Se trataba de un camino en donde el anglicanismo se hallaba en la verdad religiosa entre dos extremos y desviaciones: el protestantismo y el catolicismo romano. Por eso, para él, la iglesia de Atanasio y Agustín, era la Iglesia anglicana del siglo XIX. Junto con esto, la Vía media descansaba en el ya conocido principio dogmático y, también, en un fuerte antirromanismo. Newman anglicano reprochaba al catolicismo romano el haber hecho añadidos dogmáticos o doctrinales que no se encontraban en la Antigüedad: supremacía del Papa, el culto a los santos y a la Virgen, el purgatorio. Para él se trataba de corrupciones posteriores a la Iglesia de los primeros siglos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro autor, a los 38 años, en 1839, estaba en su apogeo. Sin embargo, en 1845 se convierte al catolicismo romano ¿Qué ocurrió en ese lapso de seis años? Nos cuenta en su <em>Apología</em>, que será la misma Antigüedad la que le dará la espalda a su teoría de la Vía media. En 1839 estudiando la herejía monofisita y en 1841 la herejía arriana, descubre un patrón común: la intervención de la supremacía del Papa en favor de la auténtica doctrina frente a la herejía. Roma con el Papa era la Iglesia que sostenía la verdad de la fe en el siglo V. Una porción que él creía extrema sostenía la verdad del dogma cristológico. A su vez, los semiarrianos – la vía media entre Roma y los arrianos, que más encima recurrían a la Escritura y a la Antigüedad- era la iglesia anglicana del siglo XIX. Los arrianos eran los protestantes. Así, comprendió que la autoridad de la sede de Pedro había sido decisiva para afirmar las verdades de fe cristológica. No existía solo la sucesión apostólica en la Antigüedad; el Papa tenía una autoridad y prerrogativas en un sentido en la que no las tenían el resto de los obispos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También, en 1841 queda perplejo con la afirmación agustiniana con la que sentenciaba la herejía de Donato: <em>Securus judicat orbis terrarum</em>, es decir, el juicio seguro del mundo católico entero no puede errar. Se trataba de un principio de la universalidad de la fe del pueblo de Dios que sentenciaba a una porción herética. Era la Antigüedad que no recurría a sí misma como criterio para establecer si una doctrina era verdadera o no, sino a la fe universal de la Iglesia (universalidad que los romanos se atribuían). Aquí, nos dirá nuestro autor, su famosa Vía media se viene al suelo. Finalmente, ese mismo año, publica su famoso tracto 90, en donde interpreta desde la catolicidad (que para él se hallaba en la doctrina de la Iglesia antigua) los 39 artículos anglicanos<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Buscaba – entre otras- un acercamiento a Roma. El impacto de la publicación suscitó, entre 1841-1842, el rechazo del mundo anglicano en general, incluyendo las cabezas de Oxford y los obispos anglicanos. Newman se retirará al pueblo campesino de Littlemore y en 1843 renunciará a la parroquia Santa María de Oxford.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter" src="https://www.lebanonews.net/En/wp-content/uploads/2019/03/171385/a-pick-me-up-from-cardinal-newman-to-keep-up-your-lent-822x411.jpg" alt="Resultado de imagen de cardinal newman" width="666" height="333" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Littlemore llevará una vida de estudio, oración y penitencia donde resolverá el último obstáculo teológico que le impedía ir hacia Roma: los añadidos doctrinales posteriores hechos por el catolicismo romano. Planteará su teoría del desarrollo doctrinal, que expondrá en su obra <em>Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina cristiana</em> (1845). En esta obra – verdadera novedad teológica para su tiempo- nuestro santo inglés plantea y demuestra la existencia de un desarrollo de la Revelación y un desarrollo histórico del dogma. Desarrollo que implica cambio y crecimiento, progreso paulatino sin perder la identidad originaria. Desarrollo que es fruto de la mente que se aplica a reflexionar sobre el objeto de la fe que ha recibido como una realidad viva en ella (como realidad o hecho) y que, a la vez, ha anidado con amor en el corazón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para él la Revelación no era un conjunto de proposiciones, sino hechos realizados en la historia, como el misterio de la Encarnación, en donde las formulaciones dogmáticas son a posteriori de recibir los objetos vívidos de la fe en la mente y el corazón<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Señala, además, que la Revelación por sí misma no trae la certeza y seguridad que determine sus auténticos desarrollos y los distinga de las corrupciones. Plantea, entonces, la existencia de una auténtica autoridad infalible y suprema prevista por el mismo autor de la Revelación para custodiar y establecer con seguridad los auténticos desarrollos y señalar oficialmente las posibles corrupciones. Se trataba del sucesor de Pedro, el Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde ahí se aboca a mostrar a partir del dato bíblico y de los Padres la existencia de esta autoridad suprema, prolongación de la infalibilidad de la Iglesia. Finalmente, plantea la necesidad de distinguir cuando un desarrollo verdaderamente lo es y cómo distinguirlo de una corrupción. Para eso establece sus famosas siete notas<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> que aplicadas a cualquier nueva doctrina pueden llevar a establecerla como desarrollo o corrupción. A medida que va aplicando estas notas, va recurriendo - siempre en clave histórica- a la Escritura y a los Padres para sostener como verdaderos desarrollos la doctrina del purgatorio, las obras meritorias, la vida monástica, el culto a los santos y la teología y culto de la Virgen María. Así, los añadidos que, aparentemente eran las corrupciones o desviaciones romanas, en realidad se mostraban como verdaderos desarrollos dogmáticos, expansión de la idea inicial de la Revelación. De este modo, tal despliegue del dogma y de la Revelación suponía un contacto y una continuidad entre la Iglesia de los primeros siglos y el catolicismo romano del siglo XIX.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A esta altura ya estaba en posesión de la certeza personal y racional sobre cuál era la verdadera Iglesia. Se removía el último obstáculo; la Iglesia de Atanasio y Agustín eran la Iglesia Católica romana del siglo XIX, Iglesia a la cual, desde ese momento, nuestro autor denominará “católica” sin más. Faltaba la decisión final; en 1845 deja su cargo en Oriel y el 8 de octubre de ese mismo año es recibido en la Iglesia Católica por el padre pasionista, el beato Domenico Barberi.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Newman como teólogo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Newman, pasado los 60 años, no se consideraba como un teólogo, más bien como un hombre de controversias. En 1869 escribía que realmente él no era un teólogo<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>; pensaba que lo eran aquellos que tenían el grado académico, que enseñaban y exponían sistemáticamente la fe de la Iglesia en los ámbitos universitarios. Sin embargo, escribió sobre la teología e hizo teología.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro cardenal distinguía entre teología natural y sobrenatural, las dos actividades de la razón formal que reflexiona sistemáticamente sobre el misterio de Dios. Considera a ambas teologías bajo el rango de ciencia, lo cual suponía la lógica formal del argumento y el sistema. Sin embargo, solo la segunda tiene como presupuesto la Revelación: la teología propiamente tal es la ciencia de Dios con que la razón creyente investiga, analiza y penetra en la Revelación. Como lo afirma en la <em>Gramática del asentimiento</em> (1870), la teología es la ciencia en la que la razón se aplica a los objetos revelados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Escribió que la teología era uno de los principios definidos y permanentes del cristianismo, interior y necesario al desarrollo mismo de la Revelación<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. No se trataba de una labor reservada a una élite intelectual y de la cual la Iglesia pudiera prescindir. Presupuestas la Revelación y la fe, contribuía a la expansión de ambas, al desarrollo del dogma, a la madurez de la Iglesia. Correspondía a la inteligibilidad intrínseca de la cual es portador el misterio cristiano, por eso escribe: “La razón siempre ha estado despierta y en ejercicio en la Iglesia después de Cristo desde el principio”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> y “La Iglesia tiene […] un claro deber hacia la teología, que es una de las responsabilidades que le han sido encomendadas. Donde está la teología, allí debe estar la Iglesia”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><img class="aligncenter" src="https://www.avvenire.it/c//2019/PublishingImages/3512202ad31e4cb08cd54d667b58325b/Newman.jpg" alt="Resultado de imagen de cardinale newman" width="715" height="476" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el santo inglés la teología estaba subordinada a la fe y, una vez acogida esta última, la teología se aplicaba a investigarla mediante la razón. Pero se trataba de una investigación hecha con devoción – con vida de piedad, diríamos hoy- y con una reflexión envuelta en el amor. Por eso Newman, más de una vez, va a poner a María en la Anunciación como modelo para hacerse entender en este plano: primero ella acoge con fe la Palabra de Dios, luego medita las cosas que guardaba en su corazón. Del mismo modo, el teólogo acoge con fe la Palabra de Dios, adhiere a ella en su interioridad, y luego procede a reflexionar por ella mediante la razón formal. La teología, así, era el ejercicio de la razón creyente, un despliegue intelectual que nace de una fe viva del teólogo que acoge interiormente y como realidades vivas los hechos salvíficos y las verdades de fe.  Él, a su vez, une y alimenta la actividad teológica con la vida de piedad (oración, sacramentos, Palabra de Dios). Esto libraba a la teología de un peligro presente en su tiempo: el racionalismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, junto con la grandeza de la teología, Newman señala sus límites, la que expresa en una breve fórmula: “ella no es directamente devocional”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.  Esto significa que no tiene por objeto realidades, sino conceptos, que son propios del ámbito abstracto. Hacía la distinción entre lo nocional y lo real. Lo real es la realidad singular, el hecho, lo existente concreto, del cual se puede tener cierta experiencia. Lo real impacta a la persona entera y mueve sus afectos, su mente, corazón, conciencia, voluntad y apetitos. Lo nocional, por otra parte, es producto de la razón abstracta, no se refiere inmediatamente a lo real sino a lo conceptual, por lo mismo, mueve directamente solo a esa razón especulativa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Del mismo modo, distingue entre el dogma asentido como una realidad (un hecho) y mediante el cual se puede entrar en comunión con Dios (propio de la religión que implica la devoción), y el dogma asentido como un concepto o noción, que lo investiga, relaciona y analiza mediante la razón formal (propio de la teología). Por eso, para Newman, la teología no engendra por sí misma creyentes, ni mueve a la persona entera por sí misma a Dios, más bien lo hace la devoción y la adhesión a Dios como un ser real a través del asentimiento a los dogmas como hechos concretos, como realidades que nos ponen en cierto contacto real con los objetos de la fe. Ella no tiene la capacidad de mover los afectos ni la estructura apetitiva de la persona. Por eso, puede haber creyentes genuinos que no tengan la menor comprensión del contenido de los libros de teología y, por otro lado, lectores de libros de alta teología con un corazón frío y una fe débil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta visión del cardenal inglés implicaba que el teólogo primero y ante todo debía ser un creyente. Tenía que buscar un encuentro real y vivo con Dios a través de la comunión que se logra por el asentimiento real a los objetos de la fe, necesitaba cultivar mediante la devoción las impresiones de los hechos salvíficos, de la persona de Jesucristo y de la Trinidad anidadas en su corazón, para luego vivir de acuerdo a ellos. Luego correspondía sumergirse en los misterios de la fe y en la comprensión intelectual del dogma mediante la razón, alcanzando el asentimiento nocional a las verdades de la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo, el santo inglés no separa devoción y experiencia religiosa de la actividad teológica. Al contrario, afirma que la teología libra a la devoción de la superstición y de sus excesos, además de educar los afectos y ayudar a profundizar en el misterio de Dios. En ese sentido, entonces, es indirectamente devocional, ya que las nociones intelectuales que se adquieren con el estudio teológico, se hacen vívidas solo en el creyente poseedor de la piedad y experiencia religiosa, ayudándole a comprender más el misterio del Dios viviente como ser real y, en esa línea, cooperando a que la persona entera se dirija hacia Dios. Newman nos ha dejado páginas llenas de lucidez acerca de la relación entre teología y religión: “La teología podría quedar como una ciencia sustantiva sin la vida de la religión, pero la religión no podría mantenerse sin la teología… de esta forma toda devoción religiosa se apoya en el dogma”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Con esto, nuestro cardenal buscaba integrar religión y teología, dogma y devoción, que tendían a separarse e incluso oponerse en su tiempo, cuando en el cristianismo reinaba un excesivo intelectualismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cardenal inglés también nos introdujo en una teología dinámica e histórica. De los Padres alejandrinos nos expuso la idea de una dispensación paulatina de la salvación, la cual se despliega en etapas históricas: la dispensación pagana (donde es central la conciencia), la judía, y la cristiana, en donde Jesucristo se presenta como el culmen de toda la Revelación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comprendió que la Revelación y el dogma no solo tienen historia, sino que, en cierto sentido, son historia. La Revelación como tal tiene un progreso al interior de la misma Sagrada Escritura, el dogma también progresa en su comprensión y aplicación, y lo hace en el encuentro con las distintas sociedades y circunstancias históricas. El desarrollo teológico debe contar con una teología bíblica desde una clave interpretativa de la Sagrada Escritura, que para nuestro autor era el sentido místico de la misma y la que se realizaba al interior de la Tradición viva de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y en el plano del desarrollo del dogma, capital era la interpretación progresiva que los Padres de la Iglesia iban haciendo del misterio revelado. Más aun, nuestro autor afirma un verdadero progreso dogmático al interior de la Iglesia, donde central era el sentido de la fe de los fieles laicos<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Como testimonio viviente y garante de la tradición y universalidad de la fe, había que desentrañar, sacar a la luz esa fe como acto preliminar de alguna definición dogmática. El despliegue y explicitación de la Revelación era, entonces, labor de todo el pueblo de Dios. Con lo recién afirmado, podríamos sostener que Newman piensa en claves teológicas más cercanas al Concilio Vaticano II que a la teología de su tiempo, especialmente en el volver a las fuentes y en la dinámica relación verdad e historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><img class="aligncenter" src="http://www.unavox.it/NuoveImmagini/Articoli_internet/Pecchioli_Card_Newman/Henry-Newman-A-ROMA.jpg" alt="Resultado de imagen de cardinale newman" width="560" height="430" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro santo, situado en el contexto del liberalismo religioso, defendió y justificó la fe de los sencillos; la racionalidad de la fe del campesino o del trabajador de la mina de carbón. Para eso amplió la idea de razón (su inferencia informal y su razón instintiva son un ejemplo de ello) sacándola del circuito estrecho en que la había situado el liberalismo racionalista. Luego, describió la racionalidad del acto de fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su <em>Gramática del asentimiento</em> explicó cómo se podía creer en aquello que no se podía comprender total y claramente (los dogmas en cuanto misterios de fe). Para esto formuló y desarrollo su teología de la imaginación, que despliega tan magistralmente en el capítulo 5 de esta magna y revolucionaria obra. A su vez nos señaló – contra el racionalismo que conducía al escepticismo- que se podía obtener certeza en el acto de fe y que se podía creer en aquello que no se podía demostrar de manera absoluta, al modo como lo exigía la razón filosófica o la evidencia propia de la física o geografía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos describió el proceso racional del acto de fe, al que llamó el <em>método de las probabilidades antecedentes</em>, que presentaba como un modo natural y espontáneo de razonar de todo ser humano para cuestiones concretas de fe, moral y de la existencia diaria (ámbitos a donde el método de la razón abstracta no podía alcanzar) Se trataba de un camino probatorio al que se arribaba por una acumulación de argumentos muy personales que en su conjunto convergían y se integraban adquiriendo gran fuerza para el sujeto, camino al que no se llegaba ni por el silogismo o lógica formal ni por medio de ciencia experimental. Estos argumentos probatorios, a su vez, presuponían disposiciones interiores específicas formadas a partir de una fiel obediencia a la conciencia moral, para así abrir la razón al asentimiento de la verdad religiosa de un modo personal. Se trataba de un proceso racional que iba más allá de una mera lógica del razonamiento silogístico o de la conclusión impecable de una inferencia formal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la línea descubrió, además, el sentido ilativo (<em>illative sense</em>), sentido por el cual el ser humano adquiría la certeza al percibir la “ilación” y convergencia de los argumentos probatorios acumulados en las materias concretas de fe, dándole la fuerza suficiente para originar un asentimiento real con verdadera certeza. Así se producía un asentimiento propio del acto de fe de un modo personal y con base racional. De esta manera, Newman afirmaba que el camino racional utilizado por la futura esposa para adquirir certeza personal sobre la fidelidad de la que iba ser su esposo era, fundamentalmente, el mismo camino racional no formal ni abstracto que tenía el trabajador de la mina de carbón para adquirir certeza de que la Revelación cristiana era verdadera y tenía un origen divino. La segunda parte de su <em>Gramática del asentimiento</em>, especialmente el capítulo 10, lo dedicó a este cometido. Mostraba así que se podía creer racionalmente en aquello que no se podía demostrar por los caminos del método filosófico de la razón moderna o el método experimental de la ciencia. Newman hizo de este método natural un método de investigación teológica, y no solo lo aplicó en la <em>Gramática</em>, sino que también lo utilizó en <em>Ensayo del desarrollo de la doctrina cristiana</em>. Abrió así un vasto campo de estudio sobre las relaciones entre fe y razón, entre Revelación y razón, y allanó caminos para lo que sería la futura teología fundamental.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Newman se adelantó a su tiempo en muchas cuestiones teológicas, baste decir que también se le llama el “doctor de la conciencia”. Es de esperar que su canonización despierte el interés por profundizar más en su pensamiento, especialmente en Latinoamérica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile y Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Católica de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> J.H. NEWMAN, <em>Apologia pro vita sua, historia de mis ideas religiosas</em> (trd. V. García Ruiz y J. Morales) (Madrid: Encuentro, 1996) 31. He preferido tomar como referencia los textos traducidos a la lengua española. Me parece que puede servir de guía lectora al hispano parlante que quiera introducirse en la vida y pensamiento de Newman.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> J.H. NEWMAN, <em>Apologia</em>…p. 32.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Los 39 artículos son unos de los pilares de la confesión anglicana. Son una toma de postura frente a cuestiones doctrinales que son puestas en dudas por la reforma, como por ejemplo, el número de los sacramentos. A mi entender, tienen una impronta que se acerca más a los reformadores que a la Iglesia Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cfr. C.S. DESSAIN, <em>Vida y pensamiento del cardenal Newman</em> (Madrid, Paulinas 1990) p.119.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Las notas son: conservación del tipo, continuidad de los principios, poder de asimilación, continuidad lógica, anticipación de su futuro, acción conservadora de su pasado, vigor permanente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Cfr. Carta a Miss M.R. Giberne, 2/10/1869 en J. H. NEWMAN,  <em>A packet of letters, a selection of correspondence of John Henry Newman </em>(ED. JOYCE SUGG) (Oxford: Clarendon press, 1983) 171.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> J.H. NEWMAN, <em>Ensayo del desarrollo</em>… p.346.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> J.H. NEWMAN, <em>Ensayo del desarrollo</em>… 347.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> J.H. NEWMAN, <em>Discurso sobre el fin y la naturaleza de la educación universitaria </em>(Trad. José Morales) (Pamplona: EUNSA 1996) p. 227.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> J. H. NEWMAN, <em>Ensayo para</em> <em>contribuir</em>… p.129.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> J.H. NEWMAN, <em>Ensayo para contribuir</em>… p.110.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Cfr. J.H. NEWMAN, <em>On Consulting the Faithful in Matters of Doctrine, </em>1859, nn. 1-2, en</h5>
<h5 style="text-align: justify;"> http://www.newmanreader.org/works/rambler/consulting.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Sínodo Panamazónico y COP25: La escucha y el diálogo como método - Román Guridi, sj</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/sinodo-panamazonico-y-cop25-la-escucha-y-el-dialogo-como-metodo-roman-guridi-sj/</link>
		<pubDate>Wed, 09 Oct 2019 17:02:44 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Román Guridi, sj, Facultad de Teología UC
Para citar: Guridi, Román,<em> Sínodo Panamazónico y COP25: La escucha y el diálogo como método</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.308-316.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/RGURIDI_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Sínodo Panamazónico y COP25: La escucha y el diálogo como método
Román Guridi, sj <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El año 2019 será recordado como el año de la asamblea especial del <a href="http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es.html" target="_blank" rel="noopener">Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica</a>, así como el de la realización en Chile de la Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019, conocida como <a href="https://www.cop25.cl/" target="_blank" rel="noopener">COP25</a>. El sínodo busca visibilizar un territorio, sus habitantes y problemáticas específicas; la conferencia sigue la senda de comprometer a los países para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero, y hacer frente colectivamente a los desafíos del cambio climático.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Francisco señaló en su reciente mensaje para la <a href="http://revistacatolica.cl/2019/09/mensaje-para-la-v-jornada-mundial-de-oracion-por-el-cuidado-de-la-creacion-papa-francisco/" target="_blank" rel="noopener">V Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación</a>, que ambos eventos son una gran oportunidad para responder al grito de los pobres y de la tierra<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. Coincidentemente, al igual que en 2015 con la publicación de la encíclica <a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Laudato si’</em></a> y las negociaciones en la ONU que sellaron el acuerdo de París, vuelven a reunirse en un mismo año dos instancias clave – una eclesial y otra civil – que quieren sensibilizarnos y movilizarnos ante la crisis ecológica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos preguntarnos, por lo tanto, ¿cuánto del mensaje sobre la ecología integral ha permeado nuestras prácticas cotidianas, nuestras formas de pensar, y nuestras dinámicas comunitarias? ¿Qué del acuerdo de París ha afectado nuestras interacciones sociales, los patrones de producción y consumo, y el manejo que tenemos de los desechos? ¿En qué sentido lo conversado en el Sínodo de la Amazonia toca nuestra realidad y la desafía? o ¿Por qué la COP25 podría tener algo que ver con el seguimiento de Jesucristo?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Salir de la extrañeza y de la sensación de algo ajeno</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para que estas preguntas resuenen verdaderamente en nosotros es necesario, en primer lugar, hacer frente a la sensación de extrañeza que estos temas pueden producirnos. El calentamiento global, la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos o la deforestación de la Amazonia pueden ser percibidos como temas ajenos, ya sea por su magnitud y envergadura, por la distancia geográfica, o por su desconexión con nuestros circuitos cotidianos. Podemos sentirnos ajenos también de las eventuales soluciones, abrumados ante la información que recibimos, inquietos frente a los pronósticos catastrofistas, impotentes sin saber muy bien qué hacer, y apelando solo a las decisiones de grandes organismos internacionales y gobiernos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otra parte, la sensación de extrañeza puede deberse más bien a la dificultad que experimentamos para conectar los desafíos ecológicos con el corazón de la fe cristiana, y asimilar que el cuidado de la <em>Casa común</em> es inherente al llamado que Jesús nos hace. Podemos sentirnos ajenos porque nos parece que se trata de banderas enarboladas por grupos políticos específicos, con una agenda oculta no siempre reconocida, que puede terminar por desvirtuar elementos centrales de lo que consideramos propiamente cristiano. La sensación de extrañeza puede surgir de la sospecha que nos mantiene a distancia, inquisidores y dubitativos frente a los derroteros reales de las causas ambientales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es clave, por lo tanto, partir reconociendo que estamos inmersos en una crisis sistémica y multidimensional. Ya lo dijo con claridad en 1987 el informe Brundtland de la ONU, al señalar que «no se trata, en efecto, de crisis aisladas: una crisis del medioambiente, otra del desarrollo, otra energética. Son todas una sola crisis»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. La encíclica <em>Laudato si’</em> también propone una comprensión sistémica de la crisis cuando afirma, por ejemplo, que «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza» (<em>LS </em>139). Lo que está en crisis son formas de vivir y de habitar el mundo que están afectando negativamente a las personas, las sociedades y también a la naturaleza. Son prácticas cotidianas, personales y sociales que revelan una dinámica de dominio, explotación y descarte. Es una crisis sistémica porque sus manifestaciones están íntimamente entrelazadas; y es multidimensional, porque está impactando a todas las esferas de nuestra vida personal, nuestra interacción social y nuestra relación con la naturaleza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Una mirada integral de la ecología</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos requiriendo, por lo tanto, una conversión ecológica personal y comunitaria que apunte a la transformación de ciertas estructuras y a la configuración de un nuevo orden mundial. Este llamado aparece de muchas maneras en <em>Laudato si’</em> al, por ejemplo, promover cambios en los sistemas de producción y de consumo (<em>LS</em> 23, 206), invitar a una nueva ética de las relaciones internacionales (<em>LS</em> 51), preguntar por cómo cambiar el modelo de desarrollo global y redefinir el progreso (<em>LS</em> 194), y promover acuerdos internacionales que se cumplan, y marcos regulatorios globales para los bienes comunes universales como los océanos (<em>LS</em> 173-4), el agua (<em>LS</em> 30), o el clima (<em>LS</em> 23). Frente a los desafíos ecológicos no será suficiente que modifiquemos nuestros hábitos personales, ni que emprendamos soluciones cosméticas que no asuman la raíz de los problemas. Hay que repensar la totalidad de los procesos, nos dice <em>Laudato si’</em>, porque no basta con incluir consideraciones ecológicas superficiales mientras no se cuestione la lógica subyacente en la cultura actual (<em>LS</em> 197).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la base de este enfoque hay una comprensión global de la ecología que no la reduce a su acepción científica ni la equipara con la noción de naturaleza o medioambiente. El término <em>ecología integral</em> – utilizado desde hace décadas en la reflexión teológica – comunica justamente la interconexión de los desafíos que estamos enfrentando. <em>Laudato si’ </em>nos dice que la ecología integral hace patente que son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior (<em>LS</em> 10); también, que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social que incorpora la justica en las discusiones sobre el ambiente para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres (<em>LS</em> 49, 53, 117). El hecho de adjetivar la ecología como integral permite insistir, contra las miradas parciales, en su carácter englobante y en la conexión profunda entre las esferas personal, social y ambiental propias de la ecología. Esta perspectiva se ve plasmada también en la definición de los 17 objetivos de desarrollo sostenible por parte de la ONU en 2015, donde se vinculan estrechamente aspectos sociales, personales y ambientales<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, al hablar de crisis ecológica queda claro que la crisis no está aconteciendo meramente en los ecosistemas, en el agua o en el clima. La crisis tiene que ver con la globalidad de nuestras relaciones, incluida nuestra interacción con la naturaleza. Benedicto XVI mostró bien este lazo al afirmar que los “desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Una comprensión integral de la ecología nos ayuda, por lo tanto, a identificar un abanico más amplio de desafíos ecológicos, a auscultar sus causas más profundas, y a proponer soluciones que no se restrinjan solo a los aspectos científicos y tecnológicos de los mismos, sino que incorporen otras variables, menos evidentes, pero igualmente cruciales si queremos llegar al fondo de lo que nos está pasando. La noción de ecología integral nos muestra que no debiéramos sentirnos ajenos o extraños frente a los desafíos ecológicos, ya que estos están íntimamente asociados a formas de pensar, vivir y sentir de las cuales somos parte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Un compromiso inherente a la fe</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora, no parece evidente que todo esto tenga que ver con el seguimiento de Jesucristo y con las opciones religiosas. Pareciera, más bien, que estamos frente a problemáticas extremadamente complejas que deben ser enfrentadas solo con un conocimiento altamente especializado y aplicaciones tecnológicas de punta. Sin embargo, si aceptamos que la crisis ecológica también tiene que ver con formas de pensar, vivir y sentir, comprendemos por qué las religiones tienen un rol importante que jugar en su resolución. De hecho, pueden ser muy relevantes en esta toma de conciencia y transformación de las creencias y prácticas, ya que ellas poseen los arquetipos, los símbolos, los significados, los valores y los códigos morales alrededor de los cuales las personas nos agrupamos y definimos<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso del catolicismo, los últimos papas, desde Pablo VI, han buscado mostrar por qué la <em>cuestión ecológica</em> está inherentemente relacionada con nuestras creencias. Hablando de la crisis ecológica, Juan Pablo II nos dice en 1990, por ejemplo, que «los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador forman parte de su fe»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. <em>Laudato si’</em> señala también que «es un bien para la humanidad y para el mundo que los creyentes reconozcamos mejor los compromisos ecológicos que brotan de nuestras convicciones» (<em>LS </em>64). La promoción de una ecología integral, por lo tanto, no es una opción más entre otras, facultativa y restringida solo para aquellos que poseen una sensibilidad especial hacia la naturaleza. Es una implicancia central de nuestra fe que debemos saber implementar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No es que los católicos tengamos todas las respuestas y todos los elementos necesarios, a partir solo de nosotros mismos, para hacer frente a la crisis ecológica desde una perspectiva religiosa. Sería ingenuo pretender que el catolicismo se ha transformado por un chasquido de dedos en la religión más ecológica entre todas las existentes. Esa creencia nos eximiría erróneamente de revisar algunas de nuestras formas de hablar, valorar y vivir, que se ven cuestionadas en el contexto actual. Sin embargo, y ahora frente a la crítica que sindica a la matriz de pensamiento judeocristiana como parte del problema, es necesario visibilizar los recursos bíblicos, dogmáticos, magisteriales, e históricos – incluida la práctica – que la tradición cristiana nos proporciona como grandes motivaciones para el cultivo de una ecología integral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. La escucha y el diálogo como método</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sabemos que en esta tarea no estamos solos. Muy por el contrario, los cristianos somos conscientes de que en este ámbito se abre ante nuestros ojos un amplio campo de cooperación ecuménica e interreligiosa que debemos saber explorar<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Esto es justamente lo que el Sínodo para la región Panamazónica y la COP25 nos proponen: escuchar y dialogar para activar discernimientos colectivos que nos permitan hacer frente a los desafíos ecológicos de un modo adecuado<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Nos proponen la escucha y el diálogo como método.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y qué es lo que debemos escuchar? Tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres (<em>LS </em>49).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La COP25 es una instancia privilegiada para prestar oído a lo que le está pasando a nuestra casa común. Es el saber científico con su concreción en aplicaciones tecnológicas, el que nos permite entender con precisión qué es lo que está aconteciendo. Se trata, por definición, de un saber de pocos, pero que debe ser escuchado con atención. Hay que dejarse interpelar profundamente por la información científica actual, y así dar una base concreta para la reflexión ética y espiritual. Esto nos pone ante la pregunta de cuáles son mis fuentes de información, y cómo hago frente a las <em>fake news</em> o a las actitudes negacionistas que no terminan por asumir todo lo que ya sabemos. La ciencia nos habla, por ejemplo, de los límites planetarios y de los umbrales de ciertos procesos fundamentales, como la temperatura global o la concentración de gases de efecto invernadero, que no debiéramos sobrepasar si no queremos poner en peligro la habitabilidad del planeta. La información científica es el punto inicial y clave para dar sustento sólido a los acuerdos políticos y jurídicos que necesitamos para la gobernanza de los bienes comunes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sínodo de octubre, por su parte, nos ha propuesto escuchar la voz de la Amazonia, para conocer más profundamente la riqueza y problemáticas de este territorio y sus habitantes. Al igual que los desafíos ambientales, que son globales pero se expresan de un modo particular en cada contexto geográfico, en la Amazonia tomamos contacto con retos universales – ecológicos y eclesiales – pero que adquieren características específicas en este territorio. Ya lo decía el <a href="http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/instrumentum-laboris-del-sinodo-para-la-amazonia.html" target="_blank" rel="noopener"><em>Instrumentum laboris </em></a>al señalar que “la Amazonia representa un <em>pars pro toto</em>, un paradigma, una esperanza para el mundo” (n.37). Ante la extrañeza de algunos de por qué realizar un sínodo sobre un territorio determinado es importante tomar conciencia, por lo tanto, que miramos a la Amazonia para darnos cuenta de cómo ahí se concentran agudamente desafíos que están presentes en muchas otras partes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Y cuáles son estas problemáticas? Son variadas y de distinto orden como, por ejemplo, a) el daño a la naturaleza por un modelo de desarrollo extractivista que supedita todo al interés económico; b) la apropiación y privatización de bienes de la naturaleza, como la misma agua; c) contaminación ocasionada por toda la industria extractiva que produce problemas y enfermedades, sobre todo a los niños y jóvenes; d) deforestación, incendios y cambios en el uso del suelo; e) mega-proyectos: hidroeléctricas, concesiones forestales, tala para producir monocultivos, carreteras y ferrovías, proyectos mineros y petroleros; f) el narcotráfico; y g) los consecuentes problemas sociales asociados a estas amenazas como alcoholismo, violencia contra la mujer, trabajo sexual, tráfico de personas, pérdida de la cultura originaria y de la identidad (idioma, prácticas espirituales y costumbres).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También están los desafíos de la inculturación y la interculturalidad en el encuentro del Evangelio de Jesucristo con tradiciones y cosmovisiones originarias de este territorio que reclaman reconocimiento y deben ser escuchadas. El Papa Francisco insistió, en su encuentro en Puerto Maldonado con los pueblos de la Amazonia en 2018, en la necesidad del reconocimiento y el diálogo como el mejor camino para transformar las históricas relaciones marcadas por la exclusión y la discriminación. Al mismo tiempo, nos recordó que cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio enriquece a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Algunos puntos de atención y reflexión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tanto en el Sínodo como en la COP25 son cruciales la actitud de escucha y la disposición al diálogo, que excluye todo veto <em>a priori</em> de temas a conversar o la manipulación antojadiza de la información. Estamos en un tiempo de discernimiento en el que los acuerdos no vendrán por la imposición a la fuerza de una determinada perspectiva, ni por la defensa unilateral de intereses particulares por sobre el bien común. En este espíritu de escucha, diálogo y discernimiento, es posible identificar algunos puntos a considerar con detención.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En primer lugar, es preciso evitar las narrativas o formas de hablar que desconocen las diferencias, invisibilizan lo específico y homogeneizan lo que es distinto. Esto puede acontecer cuando, por ejemplo, ponemos frente a frente, como si se tratara de oponentes, por una parte a los pueblos originarios, como un genérico carente de especificidades y, por otra, a la cultura occidental, como si esta tuviera una sola expresión monolítica y uniforme. En esta perspectiva, un tanto caricaturesca, son los pueblos originarios y sus cosmovisiones los portadores de todas las soluciones para la crisis ecológica actual, mientras que la cultura occidental es la fuente de todos los males. Al riesgo de idealización, le sigue el de constituir acríticamente como norma prescriptiva de vida a una cultura y cosmovisión específicas. Es necesario reconocer que no todas las formas de vida han colaborado de igual manera a la generación de los problemas ecológicos, y que hay ciertamente responsabilidades diferenciadas. Pero, al mismo tiempo, no deberíamos desconocer que todas las formas de vida deben y pueden preguntarse por cómo avanzar hacia un modo de habitar el mundo que sea ecológicamente más amigable. Es en este encuentro y diálogo sincero donde nociones como el <em>Buen Vivir</em>, concepto característico de las culturas de la Amazonia, tienen un lugar importante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En segundo lugar, debemos poner atención a los discursos que reducen los desafíos ecológicos a problemas meramente científico-técnicos. Esta confianza excesiva en la ciencia y sus desarrollos tecnológicos, no solo dificulta que asumamos la gravedad de algunos problemas, sino que puede llevarnos a generar nuevas consecuencias dañinas. Es preciso tomar conciencia de que esta crisis no se resuelve solo con más ciencia y más técnica, sino que debemos preguntarnos por las ideas, valores, y expectativas que inspiran nuestra vida personal, organizan nuestra interacción social, y enmarcan nuestra relación con la naturaleza. Tal como han repetido insistentemente los últimos tres papas, la crisis ecológica es también un problema moral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En tercer lugar, en la escucha, diálogo y discernimiento, debemos apuntar a la generación de hábitos concretos y cotidianos. <em>Laudato si’</em>, por ejemplo, nos anima a la generación de una ciudadanía ecológica (<em>LS </em>211). Generar nuevos hábitos y prácticas no es fácil, y ciertamente involucra un proceso de desaprender, aprender y reaprender. Sin embargo, en nuestro horizonte debe estar la pregunta por nuevos modos de habitar el mundo. Un punto de encuentro interesante entre las distintas culturas y cosmovisiones es la noción de sabiduría, que es también un tema bíblico importante. El <em>instrumentum laboris </em>del Sínodo, por ejemplo, hace mención en distintos pasajes a la sabiduría propia de los pueblos originarios. <em>Laudato si’ </em>también afirma que «si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje» (<em>LS </em>63). Hay que intervenir no solo nuestras formas de pensar y sentir, sino que también nuestras prácticas y hábitos. La sabiduría apunta a una forma concreta de vida. Nuestro diálogo y discernimiento debieran apuntar hacia ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, es necesario tener en cuenta que la búsqueda de nuevas formas de vida y de acuerdos globales se da un contexto de conflictividad. Así como no todos los países, culturas o individuos hemos colaborado de la misma manera a la generación de los desafíos ecológicos, no todos estamos comprometidos de la misma manera con las potenciales soluciones. Esto queda claro no solo por lo difícil y largas que han sido históricamente las negociaciones en el marco de la Conferencia de las Partes, sino que también en un sinnúmero de conflictos socioambientales locales, que han supuesto incluso la muerte violenta de Dian Fossey, Berta Cáceres, Dorothy Stang y muchos otros. La Amazonia abunda en estos conflictos. Así como nuestras narrativas no deben ocultar las diferencias ni homogeneizar las particularidades, tampoco sería bueno olvidar que el discernimiento de nuevas formas de vida se da en un escenario de conflicto donde es importante identificar todos los intereses involucrados, así como las inercias y fuerzas que prefieren el <em>statu quo</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Doctor en Teología, School of Theology and Ministry (STM), Boston College, EEUU. Magíster en Teología y Filosofía, Centre Sèvres, Paris.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mensaje emitido el 1 de septiembre de 2019. http://w2.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2019/documents/papa-francesco_20190901_messaggio-giornata-cura-creato.html</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, <em>Nuestro Futuro Común</em> (Alianza, 1987), n.11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Ver https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Benedicto XVI, <em>Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino</em> (24 abril 2005): <em>AAS </em>97 (2005), 710.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ernst Conradie, «Towards an Agenda for Ecological Theology: An Intercontinental Dialogue», <em>Journal for the Study of Religion, Nature and Culture</em> 10, n.<sup>o</sup> 3 (24 de febrero de 2007): 286.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Juan Pablo II, «Mensaje para la celebración de la XXIII jornada mundial de la paz. Paz con Dios creador, paz con toda la creación», 1990, n.<sup>o</sup> 15, https://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/peace/documents/hf_jp-ii_mes_19891208_xxiii-world-day-for-peace.html.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Juan Pablo II, n.11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Esto mismo es acentuado en <em>Laudato si’</em>: […] esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de res­peto y de fraternidad. Es imperioso también un diálogo entre las ciencias mismas, porque cada una suele encerrarse en los límites de su propio lenguaje, y la especialización tiende a convertir­se en aislamiento y en absolutización del propio saber. […] La gravedad de la crisis ecológica nos exige a todos pensar en el bien común y avanzar en un camino de diálogo que requiere paciencia, ascesis y generosidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">IMAGEN: VATICAN NEWS</h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Mauricio López, Repam: El Sínodo y los nuevos caminos para la Iglesia y la ecología</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/09/mauricio-lopez-repam-el-sinodo-y-los-nuevos-caminos-para-la-iglesia-y-la-ecologia/</link>
		<pubDate>Fri, 27 Sep 2019 13:42:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Felipe Herrera Espaliat, pbro.
Para citar: Herrera, Felipe,<em> Mauricio López, Repam: El Sínodo Panamazónico y los nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.317-324.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/FHERRERA_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Mauricio López, Repam: El Sínodo Panamazónico y los nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral
Felipe Herrera Espaliat, pbro. <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Arquidiócesis de Santiago, Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Será un ejercicio de comunión eclesial después de dos años de intenso trabajo y preparación. La Asamblea del Sínodo para la Amazonía que se vivirá entre el 6 y el 27 de octubre en la Santa Sede es solo una parte -ciertamente importante- de un proceso mucho más largo. De hecho, ha involucrado a más de 87 mil personas consultadas en los nueve países que conforman la región latinoamericana conocida como Panamazonia: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando el Papa Francisco visitó Perú en enero de 2018, afirmó que “probablemente los pueblos originarios amazónicos nunca hayan estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora. La Amazonia es tierra disputada desde varios frentes”. De hecho, son en total 390 las diferentes etnias que conviven en el territorio de la Amazonia, donde habitan más de 34 millones de personas, y que son testigos de los conflictos que a diario laceran tanto la vida de las comunidades locales como su hábitat natural. Con cientos de ellas ha compartido Mauricio López, secretario ejecutivo de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), ente colegial que articula y coordina a diversas organizaciones de Iglesia que sirven en dicho territorio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Asentado en Ecuador, pero habituado a recorrer los diversos rincones de la cuenca amazónica, López asegura que allí “la presencia de la Iglesia Católica es de carácter profético, es quizás la institución que tiene mayor presencia, mayor legitimidad, mayor referencia histórica y mayor perspectiva de largo plazo”. Sin embargo, reconoce que la enorme extensión y la inaccesibilidad a diversas áreas ha generado una gran fragmentación de la presencia eclesial. Se trata de una brecha que la Repam ha ayudado a cerrar, mientras actúa como uno de los principales órganos coordinadores de este sínodo especial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué un Sínodo dedicado particularmente a la Amazonía? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como lo ha dicho el Papa Francisco, este sínodo es hijo de la <em>Laudato si’</em>, y el corazón de la <em>Laudato si’</em> es la categoría de <em>ecología integral</em>. Este concepto articula distintas dimensiones del proceso de la vida humana y las pone en diálogo para responder a una realidad compleja, diversa y esencial para el futuro del mundo: ecologías política, económica, social, ambiental, cultural y espiritual; además de justicia entre las generaciones y el principio del bien común. Por otro lado, es un sínodo que apela a las tres conversiones prioritarias en el itinerario del pontificado de Francisco: pastoral, sinodal y socioambiental. La conversión pastoral está claramente presentada en la exhortación apostólica <em>Evangelii Gaudium</em>, promoviendo una Iglesia en salida, misionera, para una pastoral desde la alegría del Evangelio y para una evangelización de lo social. La conversión desde la sinodalidad la encontramos en la constitución apostólica <em>Episcopalis Communio</em>, que expresa un modo mucho más amplio y abierto de gobierno, más descentralizado, y donde el Papa plantea escuchar mucho más atento al pueblo de Dios para poder ejercer su rol como pastor de la Iglesia. Finalmente, la conversión socioambiental aparece en la encíclica <em>Laudato si’</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, este es un sínodo sobre nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral, pero no como dos elementos separados, sino como uno solo: los nuevos caminos para la Iglesia tienen que tener implicaciones para la ecología integral, a la vez que las opciones esenciales por la ecología integral deben expresar y encaminar a nuevos caminos para la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo se han involucrado los pueblos originarios directamente en el Sínodo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Repam ha acompañado todo el proceso de preparación sinodal, con una escucha que llegó directamente a 22 mil personas, y de manera preparatoria al menos a otras 65 mil. Los pueblos originarios participaron de manera activa y amplia, fuertemente asociados a espacios concretos de escucha territorial, tanto en sus propios territorios como por medio de las organizaciones regionales y nacionales. Hubo una representación de al menos 171 comunidades o nacionalidades indígenas distintas, es decir, más del 40% de todos los pueblos originarios. En esta perspectiva, se ha hecho una opción prioritaria de trabajar con ellos en clave de diálogo con la presencia de obispos, misioneros, religiosos, pero no con una tónica de evangelización tradicional ni de elaboración de proyectos, sino que escuchándolos, creando agendas en común a partir de sus gritos, esperanzas y horizontes y de sus pedidos concretos para la propia Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cuáles son los rasgos más propios de dichas comunidades?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo más característico de estas entidades indígenas es su visión de “buen vivir”, es decir, una visión que integra las relaciones entre ellos como sujetos, el mantener su identidad cultural, sus prácticas, sus tradiciones, su lengua, sus modos de vida y, por otro lado, todo lo que tiene que ver con sus espiritualidades, con las cuales también queremos entrar en diálogo en este proceso sinodal. En los casos de comunidades católicas, para reforzar su pertenencia a nuestra Iglesia, hemos realizado un proceso mucho más cuidado de inculturación, pero también reconociendo y respetando los aportes que ellos hacen. Con quienes no son católicos, entramos en una dinámica de interculturalidad, es decir, de diálogos transparentes, fraternos y horizontales, para poder trabajar juntos en la defensa de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Son ellos realmente protagonistas o solo participan de un sínodo pensado desde el Vaticano?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para la Repam ellos son definitivamente los protagonistas. De hecho, sus voces están fuertemente expresadas en el <em>Instrumentum laboris</em> (instrumento de trabajo preparado para el Sínodo). La Repam hizo una síntesis muy intensa y pormenorizada de todas las expresiones aportadas por los pueblos originarios, y que plasma toda la diversidad de comunidades amazónicas, incluyendo las periferias urbanas o los habitantes de las ciudades. Eso sí, los pueblos indígenas sí son los principales protagonistas, pues hay una opción preferencial por la defensa de sus territorios y de sus derechos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿En qué ámbitos están siendo vulnerados los habitantes de la Panamazonia y quiénes los vulneran?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los que más están vulnerando sus territorios son las industrias extractivas, petroleras y mineras. Por ejemplo, la minería legal de alto impacto a cielo abierto, tiene tremendos resultados negativos en el territorio; mientras que la minería ilegal o “garimbo” también está terminando con amplísimas extensiones, sobre todo de reservas naturales o de territorios indígenas, con gravísimas consecuencias en el medioambiente por el uso de metales pesados que dañan la salud y ponen en riesgo la vida. Las personas también son vulneradas por algunos gobiernos que, de alguna manera, dan marcha atrás y hacen procesos de regresión en materia de derechos sociales, territoriales y ambientales. Luego, está la responsabilidad de las sociedades de los propios países amazónicos, que viven con una cierta distancia respecto de estos pueblos, de sus identidades, sin preocuparse por el futuro del planeta y el cuidado de estos espacios ecosistémicos. En muchos casos estas poblaciones expresan racismo y rechazo a esta diversidad cultural de los pueblos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia quiere acompañarlos y defender sus derechos, pero no como una entidad ajena, sino que caminando con ellos y, sobre todo, tratando que sean ellos mismos los protagonistas y sujetos de su propia historia. Esto implica proveerles las herramientas necesarias para defender sus propios derechos por medio del acompañamiento de organizaciones, eclesiales o no, que les permita estar cada vez más empoderados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cuáles son los ejes temáticos que abordará el Sínodo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se trabajará fundamentalmente en tres partes. Primero, la voz de la Amazonia, es decir, el ver y escuchar la realidad, la composición de esta realidad, la diversidad de sus pueblos, las amenazas, la visión de las comunidades originarias o indígenas, su propuesta de buen vivir, su espiritualidad. Esta primera parte está organizada desde cuatro palabras: vida, territorio, tiempo-<em>kairós</em> y diálogo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La segunda parte, que dice relación con el discernir y actuar juntos, es sobre ecología integral. Esto implica abordar la situación particular de riesgo y amenaza por la crisis climática mundial, su impacto cotidiano en los territorios amazónicos, su importancia para el futuro del planeta, y el llamado a la Iglesia para responder toda ella frente a estos rasgos de pecado estructural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, la tercera parte es sobre los caminos para una Iglesia más profética y samaritana, que tiene que ver con reflexiones sobre el modo en que la Iglesia está organizada, sobre cómo debe responder antes las situaciones particulares que se viven ahí, la necesidad de cambios concretos, nuevas modalidades también de presencia, nuevos ministerios y un largo etcétera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo se elaboró el Instrumento de Trabajo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El <em>Instrumentum laboris</em> se preparó sobre la base de dos vías de insumos prioritarios. La primera y tradicional fue la vía de las conferencias episcopales, que respondieron a un cuestionario o documento preparatorio. La otra vía fue la de la Repam, que se hizo presente en los nueve países de la Panamazonia a través de aproximadamente 260 puntos de escucha sinodal, 180 ruedas de conversación, entre 60 y 80 asambleas territoriales y cerca de 30 foros temáticos panamazónicos. Luego, se hizo una síntesis de todos estos resultados, con una amplísima participación de la diversidad de pueblos, comunidades y organizaciones, y junto con las diversas instancias eclesiales. Además, se contó con los aportes del 90% de los obispos panamazónicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todos estos insumos se integró un grupo de expertos, cinco del territorio amazónico propuestos por la Repam y otros cinco del Vaticano. Este equipo redactó un primer borrador del <em>Instrumentum laboris</em>, que fue finalmente aprobado por el consejo presinodal, instituido por el Papa Francisco y compuesto por obispos de la Amazonia, instancias especializadas del Vaticano y miembros de la Repam.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cuál es y qué caracteriza a la teología que sustenta la reflexión de este sínodo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aquí hay una teología dogmática fuertemente trabajada, junto con una teología sistemática muy arraigada en la tradición eclesial. Además, se hace presente la teología latinoamericana, incluyendo la teología india, que es parte del corpus teológico de la región, avalado incluso por el Celam. Además, se aprecian los aspectos teológicos que sugiere la encíclica <em>Laudato si’,</em> y que tienen que ver con una teología de la Creación y teología de la Encarnación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué el <em>Instrumentum laboris</em> ha generado tantas resistencias en algunos ámbitos eclesiales? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo no creo que haya demasiadas resistencias en los distintos sectores de la Iglesia. Creo que las pocas resistencias expresadas al <em>Instrumentum laboris</em> están presentadas por voces estridentes que descalifican de una manera muy sorprendente todo un camino, donde el propio Papa Francisco ha expresado un modelo de colegialidad y amplísima participación de gente absolutamente competente, con un amor profundo por la Iglesia y un conocimiento profundo de la realidad. Creo que esas reacciones responden a dos ámbitos. Primero, al absoluto desconocimiento de la realidad particular de la Panamazonia y una desconexión total de ella. Segundo, la necesidad de resistir a cualquier tipo de cambio sobre el modo de proceder y de ser de la Iglesia. En la sinodalidad que plantea el Papa Francisco esto genera nuevos caminos de diálogo, de escucha y, evidentemente, se tienen que dar cambios en un proceso de discernimiento. Es necesario decir a todas estas personas que el discernimiento está en marcha, que no ha concluido, que hay un documento que ayudará el proceso de discernimiento y que al final del día, es decisión última del Papa Francisco en su calidad de presidente del Sínodo, impulsar elementos de Magisterio según lo que haya sido discutido en este espacio. Así que la invitación es a discernir, a escuchar atenta y absolutamente orientados en un sentido de unidad, fraternidad y paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo se está trabajando para que el Sínodo no se transforme en un acto de acción política y mantenga su cualidad evangelizadora?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No tiene cabida ninguna que el Sínodo se convierta en un acto de acción política. Son las reacciones de algunos gobiernos las que están queriendo darle ese matiz, pero en materia de discernimiento eclesial hay un cuidado absoluto de escucha al territorio, de respeto al proceso pastoral y de construcción conjunta con la secretaría del sínodo, con el fin de animar un proceso colegial y cuidar el discernimiento. Es inevitable, por la importancia de la Amazonía para el planeta, por la situación particular de los pueblos originarios y de la violencia y amenazas que ahí se viven, que haya reacciones externas o de algunos pocos representantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Yo aseguro que en los procesos de la Repam se han vivido caminos de absoluta comunión, de profunda oración, de un sentir con la Iglesia de gran calidad, y que todo está encaminado a un discernimiento eclesial que también tendrá implicaciones sobre la realidad más amplia de este territorio. Eso implica, por supuesto, abordar también materias sociales y de derechos humanos. Pero el sínodo como tal está cuidado y encaminado como un proceso absolutamente eclesial y, en ese sentido, es necesario ayudar a cuidar esto. Habrá reacciones, resistencias, incluso rechazo a ciertas cosas, porque lo que está en juego es muy importante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia debe y quiere permanecer con los más vulnerables y vulnerados, con los más excluidos, para que su vida pueda ser una vida más plena, y para que pueda haber un futuro para toda la humanidad en esta absoluta crisis climática. Esa opción, por supuesto, incomodará a muchos grupos de poder, y ya lo está haciendo, pero no es en confrontación con ellos, sino por una opción particular por la vida de los más pequeños y por la vida futura del planeta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Por qué se ha vuelto tan relevante la propuesta del instrumento de trabajo de evaluar la posibilidad de proveer ministros casados para la celebración de la Eucaristía?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el instrumento de trabajo hay alrededor de 120 propuestas concretas para el proceso eclesial en el Sínodo. El tema de la evaluación de ministros casados es solo una de esas propuestas. En cuanto objeto de discernimiento, tiene igual importancia que todas las otras. Son los medios de comunicación, que en muchas ocasiones tienen una agenda preestablecida o buscan vender una nota o pierden el sentido de lo pastoral, quienes le han dado un peso completamente desproporcionado a esta situación. Incluso, la reflexión sobre este tema parte de la realidad concreta de la comunidad, de sus necesidades, de la ausencia de eucaristía por períodos prolongados, a veces por más de un año en algunas comunidades y por lo cual no pueden vivir plenamente la comunión con su Iglesia. Y la reflexión sobre qué respuestas dar sobre eso, eso viene después. La preocupación fuerte es sobre estas comunidades, a veces abandonadas, que no tienen posibilidad de ejercer su derecho como católicos de vivir en plenitud los sacramentos. La reflexión sobre cómo responder a eso se dará en un ambiente de discernimiento sereno desde quienes conocen la realidad, desde quienes la viven cotidianamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La posibilidad de discutir este otro tema es totalmente secundaria. El Papa también lo ha dicho, es un punto dentro de más de cien otros puntos, y es un elemento que es apenas secundario. Lo prioritario es la comunidad, su situación particular y la posibilidad de vivir el centro, porque la Eucaristía edifica a la comunidad, y sin eucaristía estas comunidades se sienten abandonadas, son comunidades de la Palabra y no de la comunión, y entonces tenemos que preguntarnos cómo acompañarlas de manera adecuada, pero quitándonos de encima la presión de los medios de comunicación o de algunos grupos extremistas, de un lado y de otro, tanto de los que resisten cambios como de aquellos que quieren impulsarlos de cualquier modo. Es todo un proceso de discernimiento cuidado, y los miembros de la Repam que estamos en el consejo presinodal y los que estarán en la asamblea del Sínodo, tendrán una actitud contemplativa, orante, elementos esenciales para poder entender la realidad de la comunidad y luego buscar los caminos más adecuados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Qué resultados y fecundidad se espera del Sínodo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En lo personal, mi esperanza para después del Sínodo es poder volver al territorio a mirar a la cara a tantísimas personas que aman a la Iglesia, que viven y caminan con ella, que sufren situaciones realmente indecibles en tantos niveles, y que podamos mirarlos a los ojos y decirles que su voz desde el amor por la Iglesia, y sus necesidades desde la situación tan urgente, han sido abrazadas y acogidas, y en el discernimiento hemos logrado plantear caminos que permitan responder a esto. Que podamos honrar estas vidas, estas voces de miembros de la Iglesia, que la aman, pero que también están en una situación de profundo dolor y sufrimiento, de amenazas. Que podamos realmente encontrar caminos para que ellos tengan vida y vida en abundancia. Si esto tiene implicaciones para la Iglesia Universal, eso no es el interés prioritario para este sínodo, no podemos perder el foco. El Papa Francisco nos lo dijo muy claramente en una audiencia con el cardenal Hummes, el cardenal Barreto y mi persona, “no perdamos el foco, no diluyamos el Sínodo”. Por eso, ahí está nuestra convicción y vendrán los nuevos caminos que sean pertinentes, se sembrará también para que otros nuevos caminos se puedan ir configurando paulatinamente. Y respecto de aquellos caminos para los que no estamos listos o no es tiempo aún -porque esto es un <em>kairós</em>, un tiempo de Dios-, pues que se registren en el corazón de la Iglesia y que un día, eventualmente, podamos generar algún cambio y alguna novedad en esa dirección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si esto es un <em>kairós</em> de Dios, y no tengo duda de que es así, tenemos que confiar en el Espíritu, hacer lo que nos toca y lo que nos corresponde, sin pretensiones particulares, sin obsesiones, sin forzar y sin romper, y sembrando semillas que posiblemente producirán árboles bajo cuya sombra nunca nos sentaremos, es para otras generaciones, y ese es un elemento de profunda esperanza y libertad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La importancia de la oración en la encíclica Spe salvi - Hno. Rodrigo Álvarez G., OSB</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Sep 2019 19:39:31 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.174 (ABRIL- JUNIO 2012)
Autor: Hno. Rodrigo Álvarez, OSB, Monasterio Benedictino de Las Condes, Santiago de Chile
Para citar: Álvarez, Rodrigo; <em>La importancia de la oración en la encíclica Spe salvi (32-34)</em>, en La Revista Católica, Nº1.174, abril-junio 2012, pp. 160-169.</h6>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/RALVAREZ_LRC_1174.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La importancia de la oración en la encíclica Spe salvi (32-34)
Hno. Rodrigo Álvarez G., OSB
Monasterio Benedictino de Las Condes</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;

<strong> </strong>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Preámbulo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Benedicto XVI dio a conocer el año 2007 su segunda encíclica. Su nombre: «<a href="http://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html" target="_blank" rel="noopener">Spe salvi</a>». Ella está dedicada a profundizar en la experiencia cristiana de la virtud de la esperanza. El Pontífice trata el tema desde una perspectiva histórico-especulativa y desde su práctica concreta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en 1984 había pronunciado una conferencia titulada: “<em>Sobre la esperanza</em>”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>, en la cual se tratan casi los mismos temas que aborda la encíclica. Es conocido su tratado sobre escatología<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, donde la virtud teologal queda inserta en una disciplina teológica. Finalmente, cabe recordar el texto publicado bajo el título: “<em>El futuro del mundo pasa por la esperanza del ser humano</em>”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, el cual constituye una explicación a la Constitución Pastoral <em>Gaudium et spes</em> del Concilio Vaticano II, desde esta dimensión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tema pareciera ser un tópico recurrente no solo en la enseñanza teológica del Pontífice, sino en su magisterio ordinario. En la audiencia general del 13 de agosto de 2008, este afirma: “<em>Quien ora no pierde nunca la esperanza, aun cuando se llegue a encontrar en situaciones difíciles e incluso humanamente desesperadas. Esto nos enseña la sagrada Escritura y de esto da testimonio la historia de la Iglesia. En efecto, ¡cuántos ejemplos podríamos citar de situaciones en las que precisamente la oración ha sido la que ha sostenido el camino de los santos y del pueblo cristiano!</em>”. Este texto nos presenta una relación entre el ejercicio carismático de la oración y la esperanza. La vida interior de todo hombre requiere de ese diálogo asiduo con la divinidad, pues es un ser del deseo. Por ello, Benedicto XVI afirma: “<em>El hombre lleva en sí mismo una sed de infinito, una nostalgia de eternidad, una búsqueda de belleza, un deseo de amor, una necesidad de luz y de verdad, que lo impulsan hacia el Absoluto; el hombre lleva en sí mismo el deseo de Dios. Y el hombre sabe, de algún modo, que puede dirigirse a Dios, que puede rezarle</em>”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Es así como la oración se inscribe en la dimensión más profunda del ser humano, diríamos que lo constituye como tal, ya que plantea el problema de la gratuidad del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante su visita apostólica a Francia, (12 de septiembre 2008) nuevamente se refirió a este tema. Profundizando en la relación oración-trabajo; afirmó que el objetivo de la vida monástica es el: “<em>quaerere Deum, buscar a Dios. En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es solo y verdaderamente importante y fiable. Se dice que su orientación era «escatológica». Que no hay que entenderlo en el sentido cronológico del término, como si mirasen al fin del mundo o a la propia muerte, sino existencialmente: detrás de lo provisional buscaban lo definitivo. Quaerere Deum: como eran cristianos, no se trataba de una expedición por un desierto sin caminos, una búsqueda hacia el vacío absoluto. Dios mismo había puesto señales de pista, incluso había allanado un camino, y de lo que se trataba era de encontrarlo y seguirlo</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Benito, en el cuarto capítulo de su <em>Regla</em>, señala un medio para lograr el progreso espiritual: Poner la propia esperanza en Dios. Además refuerza lo anterior con la siguiente máxima: <em>Desear con todo anhelo espiritual la vida eterna</em><a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Es así como la vida del monje se articula en dos experiencias que se funden en el desarrollo de la vida cenobítica. La primera busca el control de los pensamientos o pasiones por medio de la virtud de la <em>apatheia</em><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>. De allí la importancia de poner la esperanza en Dios y dejar de lado todo aquello que nos aleja de Él. La segunda hace presente la realidad escatológica del Amado, en quien se deposita toda esperanza<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Sin esta segunda dimensión, el monje caería en un ascetismo sin sentido. Solo en el pleno conocimiento de Cristo como <em>spes mea</em><a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>, se accede al misterio de su Pascua y de su Resurrección. En conclusión, el hombre intenta vivir la esperanza, desde su ser finito y creatural<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. De allí la relevancia de la oración. El cristiano hace suyo el ser en el mundo: <em>spe gaudentes</em>. Así, pues, quienes se alegran en la esperanza son capaces de la eternidad<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida cristiana busca restituir en el hombre la imagen de Dios, de forma que fortalece la fe, dilata el amor y da sentido a la esperanza. Por ello, lo propio de cada hombre, en palabras de Guillermo de Saint Thierry, es saborear, conocer y gozar del mismo Dios<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>; sin embargo, todo aquello adquiere consistencia en la esperanza vivida cada día al modo del mismo Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todas estas ideas se ven reflejadas en los apartados referidos a la oración en la encíclica de Benedicto XVI.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La esperanza y su vinculación con la oración en la encíclica<em> Spe Salvi </em>(nn. 32-34).</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos números nos presentan el tema de la oración cristiana. El Santo Padre sin querer abordar qué es la oración o los distintos tipos de oración o su fin, nos ofrece pistas sobre el ejercicio de la misma, unida a la virtud teologal de la esperanza. En definitiva, ¿cómo la esperanza es configurada en la vida de oración? En otras palabras, el hombre que espera, ora, y la oración no se comprende sin el ejercicio de la esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta temática no es nueva en la enseñanza de Joseph Ratzinger. Este, como teólogo, al abordar el tema de la crisis de la escatología, señala que esta se debe, en gran parte, a una pérdida del sentido de “la esperanza confiada y comunitaria de la cercana salvación del mundo”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Lo anterior se expresa en una tensión espiritual dentro de la vida de oración: “<em>podemos decir que en la oración de la Iglesia (…) puede verse una tensión escatológica. Pero inmediatamente hay que añadir que esta esperanza escatológica tiene que ver con la tensión espiritual de la oración y con el poder comunitario de la fe dentro de la unidad de la Iglesia. Esa esperanza está unida también a la experiencia de la presencia de lo definitivo en la celebración de la eucaristía. Esto quiere decir, al mismo tiempo, que no se puede hablar de la esperanza cristiana como algo de mañana o de pasado (…) la esperanza está personalizada (…) en la relación con la persona de Jesucristo y el ardiente deseo de su presencia</em>”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Es así como la esperanza juega un papel muy importante dentro de la vida de oración de todo cristiano, pues manifiesta la tensión por el Amado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los párrafos antes citados nos muestran un interés recurrente del teólogo y del pastor. Intentaremos esclarecer en estas líneas esa preocupación. Para ello, profundizaremos en el uso de las fuentes utilizadas por Benedicto XVI en la escritura de los mismos. Estas sostienen su argumentación y ofrecen claves de reflexión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.1. Oración y esperanza desde la vida cotidiana.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Pontífice en el nº 32 de la encíclica afirma un principio: “<em>Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración</em>”. Inmediatamente, describe una situación vital que contextualiza lo anterior: “<em>Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme</em>”. La relación esperanza, vida y oración es entendida en la radicalidad de la existencia humana. Es la propia indigencia personal cuyo ejemplo más palpable es el sentimiento de abandono.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El principio transcrito nos remite al nº 2657 del Catecismo de la Iglesia Católica. Este afirma: “<em>El Espíritu Santo nos enseña a celebrar la liturgia esperando el retorno de Cristo, nos educa para orar en la esperanza. Inversamente, la oración de la Iglesia y la oración personal alimentan en nosotros la esperanza</em>”. Por un lado, la acción del Espíritu que enseña al cristiano a orar y, por otra parte, el ejercicio personal y comunitario de la oración nutren la esperanza en el creyente. Sin embargo, la comprobación no es meramente especulativa, sino concreta. Por lo cual, el Pontífice da un paso más. Ha formulado una máxima, le ha dado un sustento intelectual y ahora se abocará a presentar un fundamento existencial. Para ello recurrirá al ejemplo de un obispo para sustentar la radicalidad de lo afirmado. Este prelado es Francisco Javier Cardenal Van Thuan<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. El Papa alude a las oraciones escritas por el obispo, pero tiene presente un antecedente literario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El año 2000, el prelado vietnamita predicó al Papa y a la Curia Romana los ejercicios espirituales. Posteriormente, estos fueron publicados con el título: <em>Testigos de esperanza</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El purpurado en la Meditación XIII de dicho retiro plantea que el verdadero camino de la oración es la vida. Allí, el cardenal Van Thuan narra una experiencia personal que ejemplifica esto: “<em>Ha habido largos períodos de mi vida en los que he sufrido por no lograr rezar. He experimentado el abismo de mi debilidad física y mental. Más de una vez he gritado como Jesús en la cruz: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Pero Dios no me ha abandonado. En la cárcel, entre policías, algunos aprendieron latín para poder leer los documentos eclesiásticos. Un día uno de ellos me preguntó: ¿puede enseñarme un canto latino? Sí, pero hay muchos, a cuál más hermoso. Usted cante, yo escucho y elegiré. Canté el Ave maris stella, Salve Mater, Veni Creator… y él eligió el Veni Creator</em>”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos encontramos ante una situación extrema, como la vida en una prisión; donde la esperanza desaparece por completo. Pero es la oración confiada la que sostiene e incrementa la esperanza. La oración está vinculada a la vida y no puede desprenderse de ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.2. Oración y esperanza a luz del Deseo de Dios.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El año 416 san Agustín se encontraba comentando a su grey el Evangelio de San Juan, cuando interrumpió su comentario y comenzó la exposición de la I epístola de san Juan (In 1 Joannis 4, 6: PL 35) que expuso a sus fieles en diez sermones. El cuarto sermón desarrolla la idea de Cristo como justo y veraz, el cual nos hace a nosotros justos y veraces por medio del amor que nos profesa. Dentro de ese contexto desarrolla el tema del <em>Desiderium Dei: “Toda la vida del hombre cristiano es un santo deseo. Lo que deseas aún no lo ves, pero deseando te harás capaz de verlo, para que, cuando venga lo que has de ver, seas saciado (…) así Dios, retardando extiende el deseo, haciendo desear dilata el ánimo, y ampliando le hace capaz (…) Esta es nuestra vida: que nos ejercitemos por el deseo. Pero en tanto nos ejercita el santo deseo en cuanto apartamos nuestros deseos del amor del siglo</em>”<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Siendo el tema del deseo de Dios un tópico recurrente en la obra de Agustín y su uso diverso, el Papa en el n. 33, lo utiliza para profundizar en el tema de la práctica de la oración a la luz de la esperanza: solo orando aprendemos a orar. La práctica ensancha la oración, dilata su profundidad y amplia su órbita. El deseo es relevante en la pedagogía del hombre que aprende a orar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Benedicto XVI al recurrir a Agustín y a su definición de oración como un <em>ejercicio del deseo</em>, destaca tres elementos que van concatenados en el nº 33:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. “<em>El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser colmado por Él</em>”. Esta vocación requiere ser purificada. La oración es un modo de vivir la esperanza y de purificarla. Por ello, requiere de una preparación divina y de la vida de la gracia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. “<em>El modo apropiado de orar es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás</em>”. La oración es una búsqueda no solo individual de Dios, sino comunitaria. Por ello, el rezar implica un aprendizaje de ambas dimensiones. ¿Cuál es el fin de esto?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. “<em>El encuentro con Dios despierta mi conciencia para que esta ya no me ofrezca más una autojustificación ni sea un simple reflejo de mí mismo y de los contemporáneos que condicionan, sino que se transforme en capacidad para escuchar el Bien mismo</em>”. La vida de oración presenta ciertos peligros. Uno de ellos es transformar la oración en un reflejo de nosotros mismos, de nuestras falsas esperanzas y de nuestros falsos amores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El salmo 19 (18) utilizado por el Papa, refuerza el sentido purgativo de la oración: “<em>También a mí me instruyen: observarlos es muy provechoso. Pero ¿quién advierte sus propios errores? Purifícame de las faltas ocultas. Presérvame, además, del orgullo, para que no me domine: entonces seré irreprochable y me veré libre de ese gran pecado</em>”<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. El catecismo en su nº 2657 afirma: “<em>Los salmos muy particularmente, con su lenguaje concreto y variado, nos enseñan a fijar nuestra esperanza en Dios: “En el Señor puse toda mi esperanza, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor” (Sal 40, 2). “El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo</em>” (<em>Rm</em> 15, 13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La práctica de la oración descubre al hombre su verdad más íntima: su condición de hijo de Dios. Solo en la verdad de la filiación es posible dejar el hombre viejo y sus falsas esperanzas. La recitación continua de los salmos confronta al ser humano con su realidad más profunda y a la vez más trascendente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1.3. Oración, esperanza y liturgia</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa en el nº34 retoma dos fuentes utilizada anteriormente: el catecismo en su n. 2657 y las obras del cardenal Van Thuan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fuerza purificadora de la oración no solo requiere del encuentro personal hombre-Dios para lograr su fin. Necesita también de la tradición orante de la Iglesia: “<em>La oración interioriza y asimila la liturgia durante su celebración y después de la misma. Incluso cuando la oración se vive “en lo secreto” (Mt 6, 6), siempre es oración de la Iglesia, comunión con la Santísima Trinidad</em>” (n. 2655). De allí el componente comunitario de la oración. Solo así llegamos a ser capaces de Dios y servidores de nuestros hermanos: “<em>Así nos hacemos capaces de la gran esperanza y nos convertimos en ministros de la esperanza para los demás: la esperanza en sentido cristiano es siempre esperanza para los demás. Y es esperanza activa, con la cual luchamos para que las cosas no acaben en un «final perverso». Es también esperanza activa en el sentido de que mantenemos el mundo abierto a Dios. Solo así permanece también como esperanza verdaderamente humana</em>”<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. Hasta ahora, la oración unida a la esperanza se abordaba desde el hombre individual, pero ¿qué sucede con la dimensión eclesial de la oración? La Iglesia vive del ser orante de cada hombre. Ella la vivifica, la plenifica y la fortalece en su camino a la Jerusalén celeste.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Benedicto XVI dedica los nn. 13, 14 y 15 a la siguiente interrogante: ¿Es individualista la esperanza cristiana? Y en el tema de la oración como ejercicio de la esperanza, desarrollará el mismo tópico (<em>Spe Salvi</em> 33). Una clave de esta dicotomía está en la siguiente frase que se refiere al juicio como lugar de aprendizaje y de ejercicio de la esperanza: “<em>La parte central del gran <strong>Credo de la Iglesia</strong>, que trata del misterio de Cristo desde su nacimiento eterno del Padre y el nacimiento temporal de la Virgen María, para seguir con la Cruz y la resurrección y llega hasta su retorno, se concluye con las palabras: «de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos»</em>” (<em>Spe Salvi</em> 41). Benedicto XVI dice: el <strong>Credo de la Iglesia</strong>. Cuando nos referimos al pensamiento de lo uno y de lo múltiple, de lo individual o de lo colectivo, del ser y del ente, tendemos a un pensamiento dual<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>. En cambio, Benedicto XVI articula su pensamiento eclesialmente, es decir, la oración hace posible pensar ambos términos. Son realidades inseparables y complementarias. De forma que no se oponen, sino se necesitan. Revisemos la estructura de los nn. 32, 33 y 34. Allí se explica esquemáticamente el alcance de estas ideas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Componente individual:</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>El Pontífice en el nº32 de la encíclica describe una experiencia personal o individual: “<em>Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno, ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme –cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar–, Él puede ayudarme</em>”.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Componente comunitario</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>En el nº33, Benedicto XVI da un salto en la tónica del deseo de Dios: “<em>El modo apropiado de orar es un proceso de purificación interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces también para los demás</em>”. La oración es una búsqueda no solo individual de Dios, sino comunitaria<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Dimensión eclesial</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Finalmente en el nº34, ambas categorías se unen en una sola mirada: “<em>Para que la oración produzca esta fuerza purificadora debe ser, por una parte, muy personal, una confrontación de mi yo con Dios, con el Dios vivo. Pero, por otra, ha de estar guiada e iluminada una y otra vez por las grandes oraciones de la Iglesia y de los santos, por la oración litúrgica, en la cual el Señor nos enseña constantemente a rezar correctamente</em>”.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Solo en la paradoja eclesial es posible articular estos dos polos: lo individual y lo comunitario. Por ello, la encíclica está dirigida a todos los fieles laicos, a la jerarquía y a los religiosos. Cada uno desde su especificidad en la Iglesia, vive la esperanza como un don y un desafío. El desarrollo especulativo de la oración es un ejemplo de esta dinámica de complementariedad de Benedicto XVI.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Benedicto XVI, en su encíclica, la cual también es nuestra, nos enseña que la esperanza es posible de ser vivida por cada uno de nosotros. El hombre que vive una existencia teologal<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a> es un hombre de fe, esperanza y caridad. El hombre espera encontrarse con Cristo, su esperanza. Somos criaturas limitadas, pero abiertas a la “Spes Vere”<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>, como los santos; quienes lograron comprender y saborear la esperanza. El Papa, consciente de la falta de atractivo de la vida eterna, nos plantea la crisis de esta virtud. Un enfoque individualista de la esperanza nos ha conducido a una oferta de muchas esperanzas. La experiencia teologal de las virtudes se ha transformado en banalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así pues, al reflexionar teológicamente sobre la esperanza, no hacemos otra cosa que adentrarnos en un atisbo de respuesta. Ella se encuentra en Cristo, la verdadera esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos estudiado la segunda parte de la encíclica, la cual describe “los lugares de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza”. Se distinguen tres “lugares”:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">I. La oración como escuela de la esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">II. El actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje de la esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">III. El juicio como lugar de aprendizaje y ejercicio de la esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, hemos pasado de lo teórico a lo práctico. La utilización de las fuentes por parte del Papa es indistinta. Todas se complementan. Así pues, cuan- do habla del valor de lo comunitario, no solo alude al Catecismo, sino a la experiencia del cardenal Van Thuan y desde san Agustín salta al servicio de los demás. Podríamos afirmar que cada una remite a la otra en un continuo diálogo. Su uso no es ingenuo. Se complementan la tradición con la existencia concreta. La oración no es un mero ejercicio intimista, sino una realidad fundante.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida cristiana se nos muestra en una de sus facetas más características: el diálogo del hombre con Dios. La oración es un camino por recorrer, es buena, es loable y necesaria. Pero Benedicto XVI se interesa por el hombre que ora y espera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué sucede en esa tensión entre el hombre que desea y el objeto deseado, que es el mismo Dios? ¿Cómo se entiende la realidad temporal y la esperanza? ¿Qué papel juega el hombre en ello? Son interrogantes que quedan por responder. Juan Alfaro nos ofrece una luz en este tema: “<em>El hombre vive, en cuanto aspira y proyecta, es decir, en cuanto espera; en lo más profundo de sí mismo está llamado a realizarse en el futuro. La esperanza está presente en todas las dimensiones fundamentales de la existencia humana, a saber: en la conciencia del hombre, en su libertad (…) En ella se revela el misterio del hombre como «espíritu finito» (espíritu encarnado)</em>”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. El hombre es un ser de la esperanza, ella constituye parte de la estructura fundamental del hombre. No se puede pensar a la humanidad sin ella. El Cardenal Ratzinger con motivo del 50 aniversario de la Facultad Antoniana pronunció una conferencia titulada: <strong>Sobre la esperanza</strong>. En ella, comentando Efesios y Tesalonicenses, afirma: “<em>De estos dos pasajes puede concluirse que, según Pablo, la esperanza es el distintivo del cristiano y que, por el contrario, la desesperanza es lo que caracteriza a los ateos. Ser cristiano es esperar, entrar en la dinámica de la esperanza auténtica; según estos textos, la esperanza no es simplemente un artículo entre otros muchos, sino precisamente la definición de la existencia cristiana</em>”<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>. Todo hombre vive con esperanza o con muchas esperanzas, pero no todos viven en “la esperanza”. La existencia cristiana es teologal, no se comprende, sino desde la esperanza. Esa esperanza es Cristo. Desde esta perspectiva es posible entender “viven sin esperanza”. Ya que viven sin Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pareciera ser que la esperanza es uno de los nexos que explican esa tensión. Solo cuando esa esperanza tiene nombre se resuelve el ejercicio de la misma, tiene coherencia y un fin. Jesucristo es esa esperanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Ratzinger, Joseph; <em>Sobre la esperanza</em>; Revista internacional Communio, edición española; Julio-Agosto, año VI, Nº IV, Madrid, 1984, 325-336.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Ratzinger, Joseph; <em>Escatología</em>, Curso de Teología Dogmática, Herder, Barcelona, 1984.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Ratzinger, Joseph; <em>Fe y futuro</em>, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2007.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Benedicto XVI; <em>Audiencia general</em>, 11 de mayo de 2011.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> San Benito: <em>La regla de los monjes</em>; Introducción y comentarios por García M. Colombás y traducción y notas por Iñaki Aranguren; BAC, Madrid, MM, Pp. 83-84.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Evagrio Póntico en su obra <em>Las Bases de la vida monástica</em> señala que la finalidad de la vida monástica es alcanzar la <em>hesychía</em>, o estado de perfecta tranquilidad en la que debe encontrarse el monje, libre de las preocupaciones del mundo, para dedicarse -con total disponibilidad- a la contemplación. Esta nos conduce a la <em>apatheia</em> o paz interior; en la cual la dinámica ascética se da contra los vicios o los <em>logismoi</em>. Ser monje es, pues, esencialmente: vivir en la <em>hesychía</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> «<em>Notre espérance d´une vie sans fin va au-delà de toute histoire. Elle plonge dans l´impossible et le divin. La joie de notre espérance este celle du Christ ressuscité, premier-né d´entre les morts, avec lequel nous serons pour toujours</em>». Cf. De Vogüe, Adalbert; <em>Désirer la vie éternelle : l´espérance hier et aujord’hui </em>; Vie monastique, N. 32, Abbaye de Bellefontaine, 1995, p. 15.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Secuencia de Pascua: <em>Victimae Paschali Laudes</em>. Se canta durante la Octava de Pascua, des- pués del Aleluya.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> «<em>Espérer, c´est aimer ce vouloir de Dieu, c´est désirer que s´accomplisse ce plan divin, dans lequel tous, mes frères, ces autres fils de Dieu son inséparablement inclus avec moi-même</em>». Cf. De Vogüe, Adalbert, Loc. Cit.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> San Bernardo; <em>In Cant</em>, 80, 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Guillermo De Saint-Thierry; <em>Carta de Oro</em> 2, 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Ratzinger, Joseph; <em>Escatología</em>, Curso de Teología Dogmática, Herder, Barcelona, 1984, 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Ídem.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> François-Xavier Nguyen van Thuan (Hue, Vietnam. 17 de abril de 1928 – 16 de septiembre de 2002). Ordenado sacerdote en 1953 y doctor en Derecho Canónico en 1959. Fue durante ocho años obispo de Nhatrang (1967-1975). En 1975 Pablo VI le nombró arzobispo coadjutor de Saigón, pero fue arrestado a los pocos meses con la llegada del régimen comunista al poder de Vietnam. Pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento. Juan Pablo II le nombró presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz y posteriormente le creó cardenal. Falleció el 16 de septiembre de 2002.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Nguyen Van Thuan, François-Xavier; <em>Testigos de esperanza</em>; Ciudad Nueva, 2000, 135.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> San Agustín; <em>Obras</em>, Tomo XVIII: Exposición de las Epístolas a los Romanos y a los Gálatas. Exposición de la Epístola a los Partos, BAC, Madrid, MCMLIX, 254.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Ps 19 (18), 13: “<em>Errores quis intellegit? Ab occultis munda me</em>”: Elogio de la Ley de Dios: El salmo presenta a Yahvé como sol de justicia. Se gloría en sus perfecciones y en sus obras. Una de ellas es la ley.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> <em>Spe Salvi</em> 34.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> El autor que estoy investigando en vista a una tesis de licencia, desarrolla este tema al referirse al tema del ser y del ente. Este señala: “<em>Desgraciadamente, se trata aquí en una perspectiva que, en primer análisis, puede decirse dualista. Por »dualismo« no quiero aludir en este caso a un tipo de pensamiento que captaría la dualidad en lo real; efectivamente, lo real a lo que tenemos acceso es dual y cualquiera aprensión del mismo está normalmente marcada por ello. Existe el «dualismo» cuando los datos así obtenidos siguen siendo contradictorios o irreconciliables</em>”. Cf. Lafont, Ghislain; Dios, el tiempo y el ser, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1991. 114-116.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Cf. Guissani, Luigi; <em>Moralidad: memoria y deseo</em>; Ediciones Encuentro, Madrid, 1983, 31: “<em>Una condición humana que la plegaria asume es la expresión comunitaria</em>”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Cf. Del Cura Elena, Santiago; <em>La esperanza hoy: performativa y teologal</em>; Revista Burgense: Collectanea Científica, Facultad de Teología del Norte de España: sede Burgos, 48/2, 2008. 6-11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Cf. De Prada, Juan Manuel; <em>Esperanza de la Parusía</em>; L’Osservatore Romano: versión española, nº 25, 20 de junio 2008, 348 (8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Alfaro, Juan; <em>Las esperanzas intramundanas y la esperanza cristiana</em>; Concilium: Revista internacional de Teología, Nº59: La esperanza, Madrid, 1970, 352.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> Sobre la esperanza; p. 325. Es indudable que el parecido entre este documento y la encíclica hace pensar en un primer esbozo del tema, por parte del teólogo Ratzinger, quien en ella concentró varios documentos. Además se debe considerar que Hans Urs von Balthasar posee un artículo llamado “la esperanza entre la fe y la caridad” donde comenta los mismos textos de Ratzinger y en el mismo sentido. Cfr. Urs Von Balthasar, Hans: <em>La esperanza entre la fe y la caridad</em>. En: Communio, N. 3, Vol 3, 1996, Pp. 5-16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>P. Luis A. Zamorano:  “Una persona que se atreve a denunciar tiene mucho que perder&quot; - Milene Alhambra</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/p-luis-a-zamorano-una-persona-que-se-atreve-a-denunciar-tiene-mucho-que-perder-milene-alhambra/</link>
		<pubDate>Fri, 18 Oct 2019 07:01:49 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Milene Alhambra, periodista y abogada
Para citar: Alhambra, Milene,<em> Padre Luis Alfonso Zamorano: "Una persona que se atreve a denunciar tiene mucho que perder y muy poco que ganar"</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.370-378.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/MALHAMBRA_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Padre Luis Alfonso Zamorano: "Una persona que se atreve a denunciar tiene mucho que perder y muy poco que ganar"
Milene Alhambra
Periodista y Abogada</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em><strong>El sacerdote y misionero español-chileno acaba de lanzar su libro "Ya no te llamarán «abandonada»", un texto que recoge su experiencia como acompañante psico-espiritual de supervivientes de abuso sexual. El volumen, que revela cómo estos crímenes hipotecan cruelmente la vida de las víctimas, también ofrece herramientas para apoyarlas en el largo y tortuoso itinerario de sanación personal. En esta entrevista, además, cuenta cómo vive su sacerdocio en medio del cuestionamiento social.</strong></em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5><img class=" wp-image-1969 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/MALHAMBRA_LRC_1203C.png" alt="" width="522" height="450" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Su experiencia no ha sido bella, sino dura y difícil de contar, porque Luis Alfonso Zamorano ha optado por estar junto a quienes han sufrido los deleznables delitos de abuso sexual. Su relato envuelve tanto que es casi imposible no sumergirse en este mundo paralelo de dolor y de una lucha por intentar sanarlo. Este misionero y sacerdote del Verbum Dei tiene 44 años, es palentino y nacionalizado chileno. Vive y trabaja en Madrid donde hace poco lanzó su libro <em>Ya no te llamarán «abandonada»</em>, fruto de su tesis para obtener el Master en Psicología. A través de este documento, en forma clara y didáctica, revela detalles del duro proceso que implica el acompañamiento a víctimas, y lo hace con una mirada profunda para entender mejor el complejo escenario de la humanización del drama de los abusos sexuales. Se trata de una obra que puede ser muy útil para quienes trabajan en la prevención y protección de menores de edad en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- Usted estuvo casi 20 años sirviendo en Chile. ¿Cómo fue su llegada al país y cuáles eran sus expectativas?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Llegué a Chile en octubre de 1996, con apenas 22 años. Junto con otros tres compañeros, fuimos destinados a iniciar la comunidad Verbum Dei en Chile, concretamente en Valparaíso, donde viví dos años maravillosos. Mis expectativas eran simplemente las de un joven misionero lleno de entusiasmo por entregarme a este pueblo chileno y ayudar a que la mayor cantidad de personas pudieran tener una experiencia del Amor de Dios, que les revolucionara la vida y les convirtiera en misioneros, allí donde Dios los necesitara.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cuándo y cómo se enteró por primera vez de los abusos de miembros del clero de la Iglesia chilena?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin duda, el primer caso que marcó el inicio de nuestra pérdida de credibilidad como Iglesia fue el de José Andrés Aguirre, más conocido como el “Cura Tato”. Después, como la gran mayoría de los chilenos, me enteré de más casos y detalles a través de los programas Informe Especial y Tolerancia Cero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿En qué momento pasó a convertirse en acompañante de las víctimas? ¿Pensó alguna vez tener este rol?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aun recuerdo perfectamente la expectación con la que vimos en comunidad aquellos programas. Un año antes yo había terminado un magister de la Universidad Alberto Hurtado, precisamente con una tesis sobre el acompañamiento a víctimas de abuso sexual infantil. Al terminar de escuchar el testimonio de Hamilton, Cruz y Murillo, no tuve ninguna duda. En ese mismo momento supe que sus testimonios eran absolutamente verídicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aproximadamente desde el año 2002 acompañaba sobre todo a jóvenes que habían sido víctimas de abuso en el seno de sus familias. Me impactó, siendo un joven sacerdote constatar una y otra vez, con gran tristeza, la gran cantidad de víctimas anónimas y silentes. Las estadísticas nos dicen que aproximadamente una niña o adolescente de cada tres, y un niño menor de 18 años de cada cinco, han sufrido algún tipo de abuso sexual en el seno de sus familias. No crees esas estadísticas hasta que empiezas a constatarlo. En muchas ocasiones he sido la primera persona a la que las víctimas cuentan su experiencia de “supervivencia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además, con el paso del tiempo, y después de acompañar a algunas personas durante años, me iba dando cuenta de que el abuso no era un trauma como otros. Es impresionante cómo lo vivido en la infancia en muchos casos “<em>hipoteca</em> cruelmente el futuro”. Esto me llevó a la necesidad de estudiar más a fondo este tema. Para ser acompañante no basta solo la buena intención, ni la capacidad de escucha y compasión, ni el cariño hacia las personas, ni que seas una persona de mucha fe y oración. Hace falta, además, una formación seria y especializada sobre este tema.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué es lo más complejo y difícil que ha tenido que escuchar de las víctimas? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta es una pregunta difícil. No hay ninguna historia igual a otra. Tal vez lo más doloroso es constatar su sufrimiento, su impotencia, su desesperación, sus deseos de <em>desaparecer de este mundo</em>, sobre todo cuando atraviesan por largos periodos de depresión y oscuridad en los que parece que nunca va a amanecer. Esos momentos me han conectado con mi propia impotencia, y me han enseñado que acompañar muchas veces es simplemente<em> estar</em> ahí, <em>al pie de su cruz</em>, alentando, asegurando el apoyo incondicional. También en muchos momentos tienes que estar dispuesto a recibir toda su rabia, todo su odio, hacia la persona que los dañó o a la institución que los revictimizó. No todas las víctimas sienten la necesidad de contar los terribles detalles del abuso, pero muchas sí lo hacen y ahí hay que lidiar con relatos a veces muy crudos y descarnados, que inevitablemente impactan sobre nosotros. Por lo mismo, también los acompañantes necesitamos supervisión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>-¿Por qué los llama “supervivientes? ¿Qué es lo que hace que las víctimas de este tipo de delitos tengan un grado de connotación tan fuerte, como si se tratara de una guerra?  </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso es un delito tan grave que es imposible predecir cómo cicatrizará el psiquismo ante semejante herida. Un porcentaje muy alto de víctimas atraviesan lo que se llama el <em>síndrome de estrés post-traumático</em>. Este síndrome, que el mundo de la psiquiatría usó por primera vez para los supervivientes de la guerra de Vietnam, es perfectamente aplicable a muchas víctimas de abuso. Ya de adultos es posible que experimenten pesadillas, imágenes y pensamientos intrusivos que reactualizan el trauma, acompañado en muchos momentos de crisis de manifestaciones somáticas: dificultad para respirar, sudoración extrema, palpitaciones. En muchos casos deriva en verdaderas crisis de pánico y ansiedad que se repiten otra y vez. A todo esto hay que sumarle la angustia de vivir en un estado de hipervigilancia y desconfianza radical. He conocido casos en el que los síntomas del estrés post-traumático se han manifestados siendo ya la persona bastante adulta: al escuchar un testimonio, o en el cumpleaños de una de sus hijas y recordar que a esa edad comenzó su infierno… En muchos casos el hecho de haber superado tantas veces la tentación del suicidio ya les hace supervivientes. Cuando veo cómo muchas víctimas han salido adelante, cómo han sacado su profesión y formado sus familias, etc., solo puedo sentir profunda admiración por todo lo que han logrado en la vida. Son verdaderos <em>héroes de la vida</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>-Usted afirma que el abuso sexual “es el Everest de todos los traumas”, citando al pianista James Rhodes, esto de acuerdo a la experiencia del artista en el daño causado. ¿Por qué hace esta comparación? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El abuso es un trauma diferente a los otros. Muchas experiencias traumáticas – como un accidente, un asalto, que maten a alguien delante de ti, perder repentina o trágicamente a un ser querido– aun siendo terribles, suelen ser eventos únicos. Sin embargo, generalmente el abuso es una experiencia que en muchos niños no es única y se extiende en algunos casos incluso por años. El trauma que aquí se produce es terrible, porque el daño, además, está provocado por alguien de confianza, alguien que supuestamente tendría que cuidar y proteger, y que, en el caso de la Iglesia, representa a Dios. Ante la ley del silencio que impone el abusador, con amenazas implícitas o explícitas, el niño se encuentra en una situación de cautividad extrema, de la que siente que no puede escapar. El único mecanismo que le queda para sobrevivir es “huir” a través de la disociación, es decir, irse con su mente a <em>mundos maravillosos</em> mientras su cuerpo es profanado. Esto puede dar lugar en el futuro a trastornos disociativos en la personalidad. También el abuso puede ocurrir en una sola ocasión; aun así, conozco casos que aun habiendo sufrido solo una única experiencia abusiva, les ha marcado la vida de forma muy dolorosa.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><img class="size-full wp-image-1967 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/09/MALHAMBRA_LRC_1203B.jpg" alt="" width="340" height="480" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La revictimización y las cicatrices del dolor</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>-  ¿Cómo se enfrenta el dolor de la víctima? ¿Es posible la sanación y el olvido con el transcurso de los años y en medio de la revictimización?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soy un convencido de que la sanación es posible, siempre y cuando entendamos bien a qué nos referimos con sanación y no la identifiquemos con olvido del pasado. A pesar de que haya cicatrices que puedan abrirse a lo largo de la vida, eso no significa que la curación no sea una realidad. De hecho, mi libro intenta ser un grito de esperanza. El abuso marca la vida, pero no la define ni determina. Eso sí, tiene que haber una opción por dejar de ser víctima.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cómo afecta a las víctimas que no les crean sus relatos, que los cuestionen por el largo tiempo transcurrido antes de denunciar, o que los acusen de querer “lucrar con la Iglesia”?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 95% de las denuncias que se hacen en la Iglesia son verídicas. No podemos tener una actitud de entrada de sospecha ante las víctimas. Todavía muchos católicos – y autoridades eclesiásticas – revictimizan a las personas con comentarios como «solo buscan dinero y dañar a la Iglesia» o «para qué venir a contar algo así después de tanto tiempo». Una persona que se atreve a denunciar tiene mucho que perder y muy poco que ganar. Piensa en lo desgastante y angustiante que es sumergirse en los recuerdos, tener que contarlos, escribirlos, además del riesgo que supone exponerse ante los amigos, hijos, familiares, y correr el riesgo de que te llamen de todo, que te hagan la vida imposible, etc. He conocido casos en los que incluso han llegado a ser echados de sus trabajos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El difícil camino de acompañar al que sufre</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- En el libro expone el caso de “Estrella”, una de las tantas víctimas de abusos en el mundo. ¿Por qué es tan crucial en estas historias de acompañamiento?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estrella es un nombre ficticio. Es la principal protagonista del libro y muchas víctimas que lo han leído me han llegado a decir que les ha ayudado mucho sentirse reflejadas en la historia y el proceso que ella hace. Les ayuda a poner palabras a su propia experiencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿En qué consiste este proceso de acompañamiento a las víctimas? ¿Es crucial la confidencialidad y confianza? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El acompañamiento pretende ser un espacio seguro de confidencialidad y confianza donde la persona sienta que <em>no está sola</em> a la hora de atravesar los diferentes desafíos que presenta el camino de la sanación. Entre estos desafíos se encuentra la reparación de la autoestima, la liberación de los sentimientos de culpabilidad, elaborar el duelo por esa infancia perdida, recuperar la capacidad de confiar en sí misma, en los demás, y también en Dios. Quiero dejar claro que en el caso de las víctimas de la Iglesia, el principal objetivo del acompañamiento será la sanación y el bienestar de la persona, y no tanto “reparar” sus sentimientos hacia Dios o hacia a la Iglesia. Esto puede darse como añadidura. Además, en algunos casos como acompañantes también nos implica el comprometernos en una búsqueda de verdad, justicia y reparación, por ejemplo, discernir si hacer o no la denuncia, cómo y cuándo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- En el caso Karadima la Iglesia tuvo que indemnizar económicamente a las víctimas. ¿Marca esto un precedente para otros casos? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ojalá marque un precedente. Soy un convencido de que la indemnización es parte fundamental del proceso de reparación. Mínimo, debiéramos hacernos cargo de todos los gastos de la terapia; de hecho conozco gente que lleva muchos años de psicólogos y psiquiatras. En otros casos, también puede ser de justicia el pagar un salario ético de por vida, sobre todo pensando en aquellos casos en los que el estrés post-traumático y la depresión impidió sacar adelante una carrera, tener una vida laboral normal, etc. Sea lo que sea, no dejará de ser un aporte simbólico y, como dije antes, nada de lo que se haga será suficiente para devolver una infancia robada y profanada. Junto con este aporte económico está el brindar el oportuno acompañamiento pastoral no solo a las víctimas directas, sino también a las víctimas secundarias, como lo son sus familias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿El perdón de la Iglesia y las medidas adoptadas como condenas eclesiásticas, quitar el estado clerical, son castigos suficientes?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nada de lo que hagamos será nunca suficiente para reparar tanto daño. En cuanto a los castigos que la Iglesia impone a los sacerdotes abusadores, hay que ver caso por caso. No en todos los casos la expulsión del sacerdocio es lo más eficiente para prevenir nuevos abusos. Sea lo que sea, como Iglesia nos falta pedagogía para transmitir y explicar al pueblo de Dios por qué a unos se los envía a una vida de oración y penitencia (esto a mucha gente le suena irrisorio) y por qué a otros se les expulsa del sacerdocio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué le parece que en Chile exista ahora una Ley de Imprescriptibilidad de delitos sexuales contra menores? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque genera algunos problemas a los jueces y fiscales a la hora de demostrar la verosimilitud de la denuncia, - teniendo en cuenta sobre todo el tiempo pasado - y que podrían darse abusos y acusaciones injustas, me parece una medida justa y necesaria. Para muchísimas víctimas llegar a romper su silencio y atreverse a denunciar es una gran hazaña, y la experiencia nos muestra que muchas lo logran hacer después de bastantes años.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Ser sacerdote en el contexto actual</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- <strong>Ante el escenario que vivimos, ¿se puede creer en un sacerdote hoy? ¿cómo logran mantener ese ministerio?  </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es muy comprensible la gran crisis de confiabilidad que hoy en día sufre la Iglesia y nuestro ministerio. Con el caso de Karadima todavía había quienes decían que estas conductas abusivas eran típicas de una Iglesia más conservadora o tradicional, pero después del caso de Precht y sobre todo de Renato Poblete,  ¿cómo demostrar que tal o cual sacerdote no lleva una doble vida? ¿Estamos dispuestos a soportar esta <em>cultura de la sospecha</em>? Tengo amigos sacerdotes que no han soportado el hecho de ser calificados como pedófilos solo por ser sacerdotes. Otros, han querido dar un paso al lado (han dejado el ministerio) para no sentirse cómplices de una institución que en algunas partes y casos sigue privilegiando al abusador sobre las víctimas. Los entiendo y no los juzgo. Por mi parte, intento no olvidar que fue Dios quien me llamó y me metió en este bendito lío, y que hay que intentar cambiar las cosas desde adentro, aunque no sea nada fácil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, no dejo de agradecer el hecho de que a pesar de todo, haya mucha gente que sigue confiando en nosotros y apoyándonos. Un sacerdote amigo me contaba entre lágrimas el asombro y estupor que le produjo el que un grupo de padres le llevaran a sus hijos para que los formara como monaguillos. Gracias a Dios hay personas que siguen confiando, y creo que si algo positivo puede sacarse después de tanto escándalo, es que la gente ha logrado desarrollar cierto olfato para percibir si está ante un verdadero pastor o ante un lobo con piel de pastor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Cómo le ha afectado a usted personalmente el hecho de escuchar tantas historias y acompañar a las víctimas? ¿Eso impacta en la salud?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si no te cuidas, obvio que afecta a la salud, sobre todo la “salud espiritual”: la propia fe es puesta a prueba una y otra vez; historias tan dolorosas afectan mucho al estado de ánimo. Hay que aprender a cuidarse, a descansar, a poner en manos de Dios cada rostro y cada historia, las propias impotencias, las rabias y angustias, no creyéndose salvador de nadie. Y, por supuesto, contar con un buen acompañamiento espiritual y una buena supervisión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿Qué le pasa a usted al saber y comprobarse que muchos abusadores son sus pares, sacerdotes con una doble vida?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues un primer momento experimento desconcierto, para pasar a la rabia e indignación. En un segundo momento, con más oración y elaboración, aprendes a no juzgar a nadie y a tener una mirada también de misericordia para el abusador. Esta mirada no significa minimizar el daño que han causado ni mucho menos justificarlo o defenderles. Significa que también para ellos tiene que haber una puerta abierta de misericordia. No sé qué historia han tenido para vivir algo así y hacer tanto daño. En este sentido hago mías las palabras de papa Benedicto cuando escribió a los católicos de Irlanda. Invitaba a los abusadores a «reconocer abiertamente sus delitos, entregarse a la exigencias de la justicia civil y canónica, y a no desesperar de la misericordia de Dios».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- ¿El celibato es el problema o es la falta de formación sacerdotal?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal vez en algún caso el celibato pueda haber potenciado la perversión y la conducta abusiva, pero es un error grande pensar que si se suprimiera el celibato se evitarían los abusos. De hecho, la gran mayoría de los abusos, sobre todo intrafamiliar, están cometidos por gente que lleva una vida sexual activa y que no han hecho ninguna promesa de castidad. Aunque no tengo ningún problema en que el celibato fuera optativo, en mi opinión, creo que es más necesario y urgente que nunca.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Las heridas del alma nunca prescriben </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- En su libro habla de dos viejos conocidos: Iglesia y Pedofilia. ¿A qué atribuye el silencio al interior de la Iglesia y las víctimas? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa Benedicto, y por supuesto también el Papa Francisco, han explicado muy bien los motivos de tanto encubrimiento: por un lado, ha habido ignorancia, es decir, obispos que ni siquiera conocían cómo proceder en estos casos desde el derecho canónico; otras veces, negligencia por la falta de prontitud y por querer evitar el escándalo, con una preocupación desmedida por el buen nombre de la Iglesia. Por otro lado, está el tema del clericalismo. Quiero decir aquí, que el problema de los abusos no es “un problema de <em>algunos o muchos casos por aquí o por allí</em>… pero al fin y al cabo <em>casos aislados</em>”. ¡No! Aquí hay un problema estructural y espero que esta crisis nos ayude a hacer una revisión muy profunda de nuestra eclesiología y de nuestras relaciones dentro de la Iglesia. Decir no al abuso es decir no a cualquier tipo de clericalismo. Es urgente desvincular el poder del sacramento del orden y desterrar el machismo que impera en tantos lugares. La gran cantidad de religiosas abusadas y manipuladas en su conciencia por sacerdotes es una realidad sangrante y clama al cielo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>- “Las heridas del alma nunca prescriben” sostuvo el Papa Francisco en su carta al Pueblo de Dios. ¿Lo puede ratificar a través de su experiencia? </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo ratifico totalmente. Aunque insisto, eso no significa que la sanación no sea posible. Si tuviera que sintetizar en una frase el mensaje del libro sería aquella del profeta Jeremías: «El futuro está lleno de esperanza». Dios mismo promete no descansar ni bajar sus brazos hasta transformar la tierra <em>devastada</em> por el abuso y <em>abandonada</em> por el encubrimiento y la negligencia en su tierra <em>desposada, en su favorita</em> (<em>Is</em> 62,1-5). Nuestra misión es hacer que esta <em>palabra-promesa</em> de Dios se haga realidad en la vida de mucha gente.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Alicia Veloso]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente entrevistas, repuestas claras y sinceras. Dios bendga al Padre Luus Alfonso, lo proteja y acompañe siempre.]]></wp:comment_content>
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		<title>Edición 1.203 de La Revista Católica - El clima no es una moda, es una urgencia</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/edicion-1-203-de-la-revista-catolica-el-clima-no-es-una-moda-es-una-urgencia/</link>
		<pubDate>Sun, 06 Oct 2019 09:37:21 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5><img class="size-full wp-image-1980 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/PORTADA_LRC_1203-1.png" alt="" width="567" height="673" /></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/SINOPSIS_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.203</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tema de la situación medioambiental se ha tomado las agendas políticas y mediáticas cada vez más los últimos meses, tanto por la urgencia de los problemas de larga data, como por eventos como los incendios que asolaron los bosques amazónicos. Se trata de un asunto de máxima gravedad, porque más allá de la manipulación que algunos pueden hacer de esta situación, resulta perentorio asumir los desafíos sociales y ambientales que se imponen por la fuerza de los hechos. Mientras la Iglesia Universal por medio de un sínodo mira a la Amazonia como uno de los lugares teológicos que aguijonean la conciencia cristiana, la comunidad internacional se prepara para una nueva cumbre climática que se llevará a cabo en Chile. Ambos temas son abordados en profundidad en la presente edición de La Revista Católica.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este tiempo también la Iglesia se alegra por la canonización del Cardenal John Henry Newman, un ferviente anglicano que, ávido por la verdad, fue capaz de convertirse al catolicismo y dedicar su vida a estudiar, anunciar y testimoniar a Cristo según la enseñanza de la Iglesia unida al Papa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la perspectiva de la permanente revisión y conversión de las estructuras eclesiales para prevenir los abusos y la cultura del encubrimiento, ofrecemos una entrevista al sacerdote y psicólogo Luis Alfonso Zamorano, quien recientemente ha lanzado un libro en que relata tanto su dura experiencia acompañando a víctimas, como su propia vivencia sacerdotal de cara a este flagelo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Un saludo fraterno y esperamos que los artículos de nuestros autores sean muy fecundos para ustedes y sus comunidades!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>EDITORIAL</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><em><strong>No es una moda, es una urgencia</strong></em></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pareciera ser un tema de moda, pero no es así. La crisis ecológica que afrontamos como humanidad y como sociedad global es una realidad amenazante de la que recién estamos tomando conciencia, y tal vez, lo hacemos solo por los desastres naturales que arrecian cada vez con más frecuencia y que afectan a los más desprotegidos del mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como dice el Papa Francisco en su encíclica <em>Laudato si’</em>, hay que escuchar tanto «el clamor de la tierra como el clamor de los pobres» (<em>LS</em> 49), porque no hay dos crisis separadas, sino una degradación social y ambiental que van de la mano. Ese grito al cual alude el Santo Padre se hace rostro, herida y gemido en personas concretas, que padecen muchas veces injustamente las consecuencias de estilos de vida que amenazan el futuro de del planeta y, por ende, de nosotros, sus habitantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El debate público, frecuentemente desinformado e ideologizado, se toma los medios de comunicación, que dan cuenta de cómo la discusión está jalonada por múltiples intereses -muchos de ellos sensatos, justos y honestos- que convergen en esta coyuntura. Las discusiones políticas destempladas a nivel nacional e internacional que se apropian del discurso ambientalista, así como la Cumbre de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático a realizarse en Chile (COP25), y especialmente Sínodo para la Amazonia, son una ocasión privilegiada para tomar la temperatura y valorar la madurez de este tema a nivel civil y eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una buena noticia ver que, a diferencia de otros ámbitos del quehacer social global, esta vez la Iglesia ha llegado a tiempo para afirmar con aplomo que este drama ambiental tiene raíces antropológicas y no meramente biológicas. Y, por eso, como cristianos estamos constreñidos a formarnos para responder a este signo de los tiempos, porque la preocupación ecológica dejó de ser una opción alternativa o un rasgo diferenciador de un sector social o eclesial particular. Hoy ser cristiano exige una clara conciencia ambiental.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cuidado de la <em>Casa común</em>, neologismo con que Francisco se refiere al planeta Tierra, es un imperativo moral, una urgencia, una oportunidad para vivir coherentemente nuestra fe en un Dios que, lo mismo que creó a la raza humana, creó nuestro hábitat, aquel entorno natural que lleva al salmista a proclamar: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te fijes en él, el ser humano, para darle poder?» (<em>Salmo</em> 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em><strong>La Revista Católica</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/SINOPSIS_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.203</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La acción política (1947) - San Alberto Hurtado, SJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/la-accion-politica-1947-san-alberto-hurtado-sj/</link>
		<pubDate>Mon, 21 Oct 2019 10:46:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">La acción política
<em>Extracto del capítulo 12 del libro "Humanismo Social", 1947</em>
Alberto Hurtado Cruchaga, SJ</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra época necesita afirmar fuertemente la responsabilidad de cada hombre en los intereses comunes. Entre los deberes de justicia, el cumplimiento de los deberes cívicos es una obligación grave de todo ciudadano. La política mira al bien común, está destinada a crear las instituciones de justicia social que traen el bien general.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Cuántos bienes dependen de las leyes! La educación, bienestar, libertad, el respeto a la conciencia, la organización de la vida económica, la defensa de la patria. A nadie, por tanto, le es lícito desinteresarse de una causa en que se juegan intereses tan importantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La colaboración de cada cual será diferente según su edad, preparación, independencia económica. En la juventud el aspecto formación es el más importante, pues mientras mayor sea esa formación mayor será su influencia en los destinos nacionales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Países jóvenes como el nuestro necesitan especialistas bien preparados que puedan dar una orientación bien definida a sus problemas. Y eso no se improvisa. Por eso conviene que desde el colegio se forme a los niños en contacto con las necesidades nacionales, aprendan a discutirlas y adquieran conciencia de que en ellos descansa el futuro del país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La formación política de la juventud debe inculcar la primacía de los intereses nacionales sobre los partidistas, la sinceridad, la abnegación y disciplina en el servicio del partido pero, más aún, en el servicio de la nación; no debe fomentar el odio a los otros partidos y debe hacer posible el espíritu de comprensión para llegar a entenderse cuando haya intereses superiores en juego. Ahondar divisiones en la familia nacional es crimen de lesa patria; acortar distancias es trabajar por la grandeza del país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La autoridad es absolutamente necesaria; hay una inmensa falta de respeto al poder establecido que es necesario afirmar. Las sanciones eficaces son indispensables y hace falta que sean en verdad eficaces frente a los grandes como a los pequeños, y más frente a los grandes, porque su responsabilidad es aun mayor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Acabar con la miseria es imposible, pero luchar contra ella es deber sagrado. Que el país vea que sus políticos no buscan intereses personales, sino los de la nación y que ponen todas sus energías para dar bienestar no a un grupo sino a la masa de sus conciudadanos; que si no se obtiene todo lo que se desea es porque la pobreza de la nación, la falta de medios humanos y técnicos no permiten llegar más lejos. Eso convence.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos de desear un orden social cristiano. Un Estado es cristiano no solo cuando establece el nombre de Dios en sus juramentos, sino cuando el sentido del Evangelio domina su espíritu. Colaborar a un orden social así concebido es realizar la mayor obra de caridad social.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img src="http://static.t13.cl/images/sizes/1200x675/1564698852-padre-hurtado.jpg" alt="Resultado de imagen de alberto hurtado" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Citas sobre Justicia Social de San Alberto Hurtado</strong>
<strong>Fuente: <a href="https://www.padrealbertohurtado.cl/sociedad-y-justicia-social/" target="_blank" rel="noopener">Fundación Padre Hurtado</a></strong></h4>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. Hay dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y deber nuestro es recordar que somos hermanos y que en toda verdadera familia la paz y los sufrimientos son comunes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. Hay quienes llegan a erigir en sistema su indiferencia; se cruzan de brazos; nada les interesa la justicia social, el bien común. ¿Quién les ha ordenado preocuparse de sus hermanos? Y si después de ellos viene el diluvio, ¡qué importa! Esta actitud es criminal, es un eco de la respuesta que Caín dio al creador cuando le preguntó por su hermano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Se había prometido un mundo nuevo y ¿qué tenemos? Nuestra sociedad sufre hoy un dolor sin precedentes…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. El pecado del mundo actual es, como en tiempos antiguos, la idolatría, ¡la idolatría del hombre! La civilización ha convertido a la vida moderna en un aparente paraíso cuya llave de entrada se llama dinero. Nuestra época sufre la horrenda tentación del placer sin tasa ni medida. Se busca gozar a cualquier hora, a cualquier precio. La vida del hombre oscila entre dos polos. La adoración de Dios o la adoración de su “yo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Estos desmedidos gastos que origina una vida social artificial, son causa también de que, con frecuencia, no se mejore la situación del pobre, porque el tren de vida de quienes poseen el capital cuesta demasiado caro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Enorme es el escándalo de quienes ven gozar un sector de la sociedad de todas las delicias de la vida, mientras ellos carecen de todo. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. ¿Qué tengo que ver con la sangre de mi hermano?, afirmaba cínicamente Caín, y algo semejante parecen pensar algunos hombres que se desentienden del inmenso dolor moderno. Esos dolores son nuestros, no podemos desentendernos de ellos. Nada humano me es ajeno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Odio e inaudita matanza es lo que uno lee en las páginas de la prensa cotidiana; odio es lo que envenena el ambiente que se respira. Somos solidarios con la infinidad de hombres, mujeres y niños que sufren como quizás nunca se ha sufrido sobre la tierra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. El mundo hace pecadores a los hombres, pero luego que los hace pecadores, los condena, los escarnece, y añade al fango de sus pecados el fango del desprecio. Fango sobre fango es el mundo: el mundo no recibe a los pecadores. A los pecadores no los recibe más que Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">11. El choque más vehemente entre el espíritu de Cristo y el espíritu del “mundo” se realiza en el terreno de las riquezas. Sus puntos de vista son irreconciliables. El uno pone su confianza y su amor en las riquezas de la tierra, a las que aspira como al supremo bien; el otro aspira a los bienes eternos y se sirve de los bienes de esta tierra como de medios para alcanzar los eternos, como de un instrumento de colaboración con Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">12. Toda educación social comienza por valorar la justicia. La justicia parece una virtud desteñida, sin brillo, porque sus exigencias son a primera vista muy modestas, por eso no despierta entusiasmos. Su cumplimiento no acarrea gloria. Es la más humilde de las virtudes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">13. La resignación sólo es legítima cuando se ha quemado el último cartucho en defensa de la verdad, se ha dado hasta el último paso que nos es posible para obtener el triunfo de la justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">14. Hay muchos que están dispuestos a hacer la caridad, pero no se resignan a cumplir con la justicia; están dispuestos a dar limosna, pero no a pagar el salario justo…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">15. Aunque parezca extraño, es más fácil ser caritativo que justo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">16. Es más fácil ser benévolo que justo. …Benevolencia sin justicia no salvará el abismo entre el patrón y el obrero, entre el profesor y el alumno, entre marido y mujer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">17. La caridad comienza donde termina la justicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">18. La injusticia causa enormemente más males que los que puede reparar la caridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">19. Nuestro país tiene una inmensa urgencia de que un mínimo, al menos, de bienestar sea extendido a gran número de ciudadanos que hoy carecen de una vida que se pueda llamar humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">20. Hay quienes llegan a erigir en sistema su indiferencia: innumerables son los que, al menos, en la práctica, se cruzan de brazos, indolentes ante el porvenir, desinteresados del bien común, del progreso de la justicia social, del bienestar de sus hermanos. Poseen bienes y los gozan… Muchos así proceden no por malicia, sino por desconocimiento de los hechos y por falta de reflexión de la doctrina. Hay en ellos más ignorancia que malicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">21. Ser testigo de Cristo significa cumplir con todas mis obligaciones de justicia frente al prójimo. De justicia en primer lugar y luego superarlas con una espléndida caridad que vaya a llenar lo que la justicia no ha podido colmar…. Justicia que el cristiano debería amar casi diría con rabia. Jesús dijo con hambre y sed que son las pasiones más devoradoras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">22. Hay un hambre ardiente, atormentadora de justicia, de honradez, de respeto a la persona; una voluntad resuelta a hacer saltar el mundo con tal que terminen explotaciones vergonzosas; hay gentes, entre los que se llaman mis enemigos, que practican por odio lo que enseño por amor…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">23. Con claridad meridiana aparece que si queremos una acción benéfica, hay que atacar en primer lugar la reforma misma de la estructura social, para hacerla moral. No podemos aceptar una sociedad en que todo esfuerzo de generosidad, de abnegación tenga que dirigirse a socorrer a seres miserables. Dándole a la sociedad una estructura adaptada al hombre, a sus dimensiones reales, las miserias serán menos frecuentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">24. En la construcción de un orden social cristiano la primacía corresponde a lo sobrenatural… El primer elemento de restauración social no es la política, sino la reforma del espíritu de cada hombre según el modelo que es Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">25. Buscar el dinero para hacer el bien, sí, pero con tal que se comience cumpliendo con la justicia. Hacer la caridad faltando a la justicia es reírse de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Pamela Cruz]]></wp:comment_author>
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" Contento Señor Contento "]]></wp:comment_content>
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		<title>El gozo de ser pueblo de Dios - Eduardo Pérez-Cotapos, SSCC</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/el-gozo-de-ser-pueblo-de-dios-eduardo-perez-cotapos-sscc/</link>
		<pubDate>Fri, 25 Oct 2019 16:43:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Eduardo Pérez-Cotapos, SSCC
Para citar: Pérez-Cotapos, Eduardo,<em> El gozo de ser pueblo de Dios</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.355-369.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/EPEREZ_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">El gozo de ser pueblo de Dios
Eduardo Pérez-Cotapos, SSCC <strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser parte del Pueblo de Dios es una experiencia gozosa y alegre; es un don, no un problema ni una dificultad. Por eso, como punto de partida, considero que necesitamos renovar la conciencia de que la Iglesia es un misterio, un espacio en el cual se manifiesta el estilo más propio del actuar de Dios. Un misterio no es algo incomprensible, sino un espacio en el cual se nos revela la acción de Dios. Si comprendiéramos plenamente el modo de actuar que tiene Dios, estaríamos haciéndonos dueños de su acción. En lugar de esto, el misterio nos va a dejar siempre sorprendidos y desbordados, y mientras más entremos en él, mejor entenderemos los caminos del Señor. Por eso mismo, para abordar este misterio es conveniente hablar por medio de imágenes más que con conceptos elaborados, que nos limitan demasiado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Ser Pueblo de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comencemos con un texto de la <em>Lumen Gentium</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«En todo tiempo y en todo pueblo es agradable a Dios quien le teme y practica la justicia (cf. <em>Hch</em> 10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí» (<em>LG</em> 9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Concilio comienza con una afirmación muy radical: En todo tiempo el que practica la justicia es agradable a Dios. Él elige a un pueblo al que se le manifiesta en su intimidad personal, “revelándose a sí mismo”. Dios no forma un pueblo dándole órdenes ni tareas concretas, no es un pueblo de esclavos al servicio de un proyecto divino. Por el contrario, Dios nos invita a todos a entrar en su intimidad. Así, viviendo y compartiendo con Él sabremos qué es lo que debemos hacer, cumplir, vivir, porque aprendemos un estilo de vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La primera consecuencia pastoral de esto es que Dios ama a toda persona que practica la justicia en el trato con sus hermanos, con la naturaleza y que respeta a Dios. Por lo mismo, la Iglesia no posee la exclusividad de la salvación, no somos los únicos que tenemos la salvación, no somos dueños de ella, sino que la salvación es de Dios, no de la Iglesia.  Necesitamos considerar como “compañeros de camino” a muchos no creyentes. En el camino de ser personas de bien hay muchos no creyentes que nos pueden ayudar, ya sea con su palabra, con su ejemplo o con su cuestionamiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otra consecuencia pastoral es que Dios quiere salvarnos “como pueblo” y no aisladamente.  Y para eso hace una alianza con Israel. La alianza en el sentido bíblico no es un contrato, un compromiso mutuo, donde yo hago algo a cambio de que tú hagas algo en compensación. La alianza es la decisión que tiene Dios de hacernos su pueblo, de darnos la experiencia de vivir con Él y de aprender a ser pueblo con Él: «Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios. Les daré un corazón íntegro y una conducta íntegra, a fin de que me respeten constantemente, para su propia felicidad y la de sus hijos después de ellos. Estableceré con ellos una alianza eterna, por la cual nunca dejaré de seguirlos para hacerles el bien, y pondré mi temor en sus corazones, para que nunca se aparten de mí» (<em>Jr</em> 32,38-40). Esta es la alianza: hemos sido elegidos por Dios y nos quiere de una manera definitiva, nos ama, nos cuida, nos hace crecer como personas, nos regala un corazón íntegro y una conducta íntegra, nos acompaña permanentemente para hacernos bien, para enseñarnos a respetar la voluntad de Dios. Es una experiencia muy intensa de la alianza, y eso fundamenta la experiencia de pueblo, que no ha sido elegido para cumplir una tarea, sino que ha sido elegido para ser, en primer lugar, Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una tercera consecuencia pastoral es que Dios forma y hace madurar a su Pueblo invitándolo a entrar en la intimidad con Él. La maduración humana es el regalo de vivir con Él: «Decidió Dios en su bondad y sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad… por medio de esta revelación Dios invisible, a causa de la abundancia de su amor, les habla a los hombres en calidad de amigos y conversa con ellos a fin de invitarlos a una alianza con Él y a acogerlos en ella» (<em>DV</em> 2). Somos Pueblo de Dios porque somos invitados a ser amigos de Dios, a compartir su intimidad, como dice el texto del evangelio: «Ya no los llamo siervos, sino que los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre» (<em>Jn</em> 15,15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, una cuarta consecuencia pastoral es que el Pueblo de Dios no puede adueñarse de la salvación, pero sí tiene una misión fundamental frente a ella, tal como le señala Dios a Abraham: «El Señor dijo a Abram: ‘Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré… y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra’» (<em>Gn</em> 12,1-3). Como dice el Papa Francisco, la Iglesia no es la que tiene la “llave de la salvación”, pero sí tenemos un rol fundamental en el camino de la salvación, porque estamos invitados a ser bendición para la humanidad entera. Esto es lo que también podemos escuchar del Concilio Vaticano II: «La Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (<em>LG</em> 1). Así, comprendemos que somos un signo eficaz, un sacramento de la unión íntima con Dios, de conocerlo y de ser tratados como amigos por Él y, en segundo lugar, de la unidad del género humano. Por eso, la Iglesia tiene que ser semilla de unidad y de comunión para la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Somos un pueblo <em>nómade</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Somos un pueblo, pero un pueblo nómade, que transita desde la esclavitud a la libertad. El camino que siguió el Pueblo de Israel fue difícil, montañoso. A veces nos imaginamos que el desierto es una planicie de arena, sin embargo, es más bien un camino complicado. El pueblo es numeroso, enorme, con rostros que no se pueden identificar fácilmente como los de mis amigos, porque es un pueblo más amplio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Pueblo de Dios es la imagen preferida del Concilio Vaticano II para describir el misterio de la Iglesia. Esta imagen hace referencia al pueblo de Israel que, después de haber sido maravillosamente liberado por Dios de la esclavitud en Egipto, peregrina por el desierto hacia la Tierra Prometida. Es un peregrinar en el cual Dios los conduce y cuida diariamente, y lo hace con una columna de nubes que los guía y los protege del sol en el día, y una columna luminosa y protectora durante la noche. Es decir, somos un pueblo de Dios peregrino, no un pueblo instalado, sedentario, acomodado, sino un pueblo caminante desde la esclavitud a la libertad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De aquí podemos comprender que la condición de los creyentes es una condición de personas liberadas de la esclavitud del pecado y peregrinos hacia la patria definitiva prometida por Dios. Esta es la condición más maravillosa del Pueblo de Dios, porque venimos de una experiencia de ser liberados y de caminar hacia una patria prometida que es más grande que todo lo que estamos viviendo por el momento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Características del Pueblo de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Este pueblo mesiánico <strong>tiene por cabeza a Cristo</strong>, ‘que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación’ (<em>Rm </em>4,25), y teniendo ahora un nombre que está sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos. <strong>La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad</strong> de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo. <strong>Tiene por ley el nuevo mandato de amar</strong> como el mismo Cristo nos amó a nosotros (cf. <em>Jn</em> 13,34). Y tiene en último lugar, <strong>como fin, el dilatar más y más el reino de Dios</strong>, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos Él mismo también lo consume, cuando se manifieste Cristo, vida nuestra (cf. <em>Col</em> 3,4), y ‘la misma criatura sea libertada de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de los hijos de Dios’ (<em>Rm</em> 8,21)» (<em>LG</em> 9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este pasaje de la <em>Lumen Gentium</em> nos ofrece cuatro rasgos fundamentales que nos permiten comprender qué implica para nosotros ser Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hecho que este pueblo mesiánico tenga por cabeza a Cristo es un hecho crucial, porque si deja de estar encabezado por el mismo Jesús, el pueblo pierde su sentido y vitalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Somos un pueblo digno y libre. No somos un pueblo sometido, de esclavos; discriminándonos unos a otros; con autoridades que tendrían derecho a tiranizar a aquellos que son sus súbditos. En este pueblo todos tenemos igual dignidad, todos hemos recibido el bautismo, y todos somos peregrinos hacia la patria prometida por Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra única ley es amar, y haciéndolo como Cristo. Esto implica hacerse servidores, porque es el amor lo que lleva a Cristo a ser servidor y a entregarse en la cruz, haciéndose cargo de nuestras fragilidades. En consecuencia, amar como Cristo es aprender a ser servidores como Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tarea del Pueblo de Dios es ampliar, dilatar más y más el Reino de Dios; nuestra misión es hacer presente ese Reino de Dios. Estamos al servicio del reinado de Dios, lo que implica que Dios sea todo para todos, es decir, que Dios esté en el corazón de cada persona humana y le dé sentido a la vida de cada una de esas personas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El gozo de ser Pueblo de Dios que peregrina</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia perdería su sentido si se transforma en una comunidad sedentaria, instalada cómodamente en una realidad bien conocida. A todos nos encanta aquella casa que hemos conocido siempre y la cama propia, pero el Pueblo de Dios es un pueblo peregrino y, metafóricamente, podemos decir que cada semana tiene una cama distinta, un lugar distinto en el cual vivir. Eso nos va desajustando, pero al mismo tiempo es muy hermoso. Según los profetas bíblicos, el tiempo del noviazgo de Israel con Dios fue aquel tiempo transcurrido en el desierto. El lugar del noviazgo de Dios no es la Tierra Prometida, porque una vez llegados allí el Pueblo se instaló y se acomodó. De hecho, el Deuteronomio advierte constantemente: «No se olviden de que vienen de la esclavitud de Egipto y pasaron por el desierto» (cfr. <em>Dt</em> 8, 2-6), porque, de hecho, después se van a olvidar, se van a instalar y se van a acomodar. Recuperar la desinstalación es una tarea permanente de la Iglesia y del Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo tanto, necesitamos permanecer como pueblo nómade al modo del Pueblo de Israel; un pueblo que camina alejándose de la esclavitud de Egipto y acercándose a la libertad de la tierra nueva prometida y regalada por Dios. Caminando desde una situación de esclavitud, que todos nosotros en alguna medida conocemos, hacia la libertad que Dios nos promete y que todavía no conocemos en plenitud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero en este caminar nadie puede ir solo, porque es un pueblo el que camina por el desierto, lugar en el cual si alguien se queda solo, se muere. Dejar a una persona abandonada en el desierto es matarla. Si nosotros caminamos solos como creyentes nos morimos. O estamos integrados en un pueblo en el que solidariamente nos vamos apoyando en el caminar, o estamos condenados a desaparecer.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por lo mismo, es una Iglesia en permanente camino hacia lo desconocido, atenta a vencer la tentación de volver atrás, a lo ya conocido. Esta es una condición fundamental para enfrentar la novedad de los cambios culturales. Por el influjo de las películas se puede pensar que el Pueblo de Israel vivía un sufrimiento permanente en Egipto, y que salen felices hacia la libertad del desierto para llegar a la Tierra Prometida. Pero si leemos los textos bíblicos, sobre todo el libro de los Números, nos damos cuenta de que no es así. El pueblo siempre está pensando “en Egipto estábamos mejor”, “éramos esclavos, pero estábamos mejor”. Incluso, están a punto de entrar en la Tierra Prometida y le dicen a Moisés “para qué nos trajiste para acá, volvámonos, allá teníamos comida, estábamos seguros”. Y era verdad, estaban mandados, obligados, haciendo ladrillos, pero estaban seguros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y es que la novedad nos asusta mucho, y así ocurre en la comunidad eclesial. Y ya que estamos en tiempos que cambian, tenemos que imaginar ministerios nuevos, y eso nos asusta muchísimo, y la tentación de volver atrás está a la puerta, como estuvo a la puerta del camino de Israel en el desierto. Si Israel caminando en el desierto es imagen de la asamblea eclesial, no nos olvidemos de que esa asamblea del desierto siempre pensó que, aunque lo que vivían en Egipto era esclavitud, “no era tan mala al final de todo y lo pasábamos mejor”. Esa tentación nos acecha hasta el día de hoy, y nos ha acechado a lo largo de toda la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desierto es un lugar duro, de peligros y dificultades. Pero la experiencia del Éxodo es que vamos caminando a lo desconocido, pero cuidados por Dios, acompañados y dinamizados por el Espíritu. Son muy lindas las imágenes que usa el Éxodo. Por ejemplo, en el día el calor terrible del desierto es protegido por una nube que los cubre, para no padecer el calor intenso. Y esta columna, que va delante del pueblo, guiándolo, en la noche es luminosa para que no tengan miedo y los defienda de los enemigos. En el desierto también hay problemas con la comida y la bebida, porque no es nada fácil conseguirlas y, por eso, Dios cada día les regala el maná y hace surgir el agua de la roca. Se podría entender que surja el agua de una caverna o de un pequeño pantano, pero no de una roca. Así, de donde menos se podía esperar que surgiera la vida, de ahí surge. Y por eso el pueblo camina tranquilo, seguro, porque se sabe permanentemente cuidado por Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En síntesis, es fundamental que como Iglesia recuperemos la condición de nómades, no nos asustemos de la novedad y sabernos siempre cuidados por Dios. Eso nos hará Pueblo de Dios mientras caminamos desde la esclavitud a la libertad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Otras imágenes de la Iglesia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a la imagen de Pueblo de Dios, hay otras que nos ayudan a comprender el misterio de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>Cuerpo de Cristo. </em>La imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo tiene dos vertientes, una sociológica y otra mística. En la aproximación sociológica del Cuerpo, todos somos Iglesia (<em>1Co</em> 12,12-30; <em>Rm</em> 12,3-8), y allí uno es mano, otro es pie, otro es ojo y otro es oído; y cada uno tiene una función, un ministerio para el bien común del Pueblo de Dios. La imagen mística (<em>Col</em> 1,17-18; 1,24; 2,19; <em>Ef</em> 1,22-23) comprende a la Iglesia como el cuerpo y Cristo es la cabeza; así, si el cuerpo se separa de la cabeza, se muere, porque esa cabeza no somos nosotros, sino que es Cristo. Por ende, nosotros como cuerpo tendremos vida si estamos unidos a la cabeza.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>El redil y el Buen Pastor (Jn 10).</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>La Viña del Señor, labranza y campo de Dios, olivo santo (Is 5; Jn 15).</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>Edificación de Dios: piedras vivas que construimos el Templo de Dios con Cristo como cimiento y piedra angular (1Pe 2,4-10).</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>Jerusalén Celestial, o de arriba, o nuestra madre, esposa de Cristo (Ap 21).</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5><em>Barca de la salvación, el arca de Noé, la Familia de Dios (Gn 6-9; Mt 8,23-27).</em></h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Cómo ser Pueblo de Dios hoy?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El desafío que tenemos por delante es aprender a ser Pueblo de Dios, caminante, peregrino, capaz de anunciar la misericordia de Dios. Y para fortalecer el gozo de ser Pueblo de Dios, quiero proponer tres características.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Primero, debemos <strong>asumir el desafío de la sinodalidad, es decir, aprender a caminar juntos, reconociendo la unción de todo el Santo Pueblo de Dios</strong>, la radical igualdad de todos los creyentes, como nos lo enseña la teología bautismal. Esto implica recuperar la condición de Pueblo de Dios en el cual caminamos todos integrados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Segundo, hay que <strong>aprender el gusto espiritual de ser pueblo</strong>. Este es un aporte específico de la teología argentina, la que recoge el Papa Francisco y que se conoce como <em>Teología del Pueblo de Dios</em>. En Chile y en otros países de América Latina trabajamos más la <em>Teología de la Liberación</em>, con un enfoque más intenso en el tema de la libertad, mientras que en Argentina se trabajó más la idea de ser pueblo, pueblo solidario, pueblo que comparte, pueblo que se integra. Por eso el aporte del Papa recoge mucho su propia tradición eclesial. Esta aproximación es una advertencia en contra de los elitismos y mesianismos, en contra de sentirnos superiores a los demás. De hecho, creo que este es un pecado chileno, porque tendemos a sentirnos superiores a otros, y eso nos hace un daño horrible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El elitismo, por ejemplo, nos lleva a experimentar que si no somos superiores a alguien de afuera, al menos, somos superiores a otro grupo: “mi parroquia es mucho mejor que la vecina”, “mi grupo, mi espiritualidad es la mejor de todas las que hay”, y así nos vamos poniendo elitistas. Respecto del mesianismo, hay uno de tipo <em>activo</em> que ocurre, por ejemplo, cuando un sacerdote piensa: “Ahora que llegué yo, la parroquia sí que va a funcionar bien”, “llegué yo y vamos a cambiar las cosas”, “los anteriores no lo hacían bien”. También está el <em>mesianismo pasivo</em>, que se da cuando una persona o comunidad se somete a alguien que le gusta mandar. En estas circunstancias se suele afirmar: “Tal sacerdote es un genio, por ende, hay que hacerle caso en todo lo que diga, hay que obedecerle”. Esto refleja que la persona o la comunidad no pasa su experiencia por un tamiz crítico. Sin embargo, el Señor nos quiere críticos, escuchándolo solo a Él y recibiendo las palabras de cualquier persona que nos parezca importante, pero discerniendo. “¿Será esto la voluntad de Dios o no? ¿Es o no apropiado lo que dice aquella persona?”. Y ese es el camino fundamental para evitar los mesianismos. En Chile, desgraciadamente, hemos tenido mesianismos de todos los colores y en todos los sectores, y eso nos ha hecho mucho daño, porque no hemos puesto a Cristo en el centro de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En tercer lugar, tomando expresiones del Papa Francisco, <strong>debemos reconocer las propias heridas que tenemos como Iglesia, y aprender que las heridas son un camino de aprendizaje de lo que verdaderamente significa la misericordia</strong>. Aprendemos misericordia cuando necesitamos misericordia. Aprendemos a cuidar a los demás, cuando hemos necesitado que nos cuiden a nosotros. Hoy estamos heridos, lo pasamos mal, todos sufrimos la situación que está viviendo la Iglesia en este momento. Pero la sufriremos bien si comprendemos que vivimos un proceso de renovación, porque estamos siendo sanados de una herida que está enrarecida, y que al ser escarbada produce un dolor enorme. Esto hay que asumirlo como un tiempo de aprendizaje de misericordia, un camino de purificación que es una gracia de Dios, y que nos va a enseñar una cosa hermosísima: ser más misericordiosos, menos mesiánicos, menos orgullosos, menos elitistas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El desafío de aprender a caminar en común</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La carta que el Papa Francisco dirigió <em>al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em>, el 31 de mayo de 2018, nos decía lo siguiente:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo; por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, <strong>debemos estar muy atentos a esta unción</strong>. Cada vez que como Iglesia, como pastores, como consagrados, hemos olvidado esta certeza erramos el camino. Cada vez que intentamos suplantar, acallar, ningunear, ignorar o reducir a pequeñas elites al Pueblo de Dios en su totalidad y diferencias, construimos comunidades, planes pastorales, acentuaciones teológicas, espiritualidades, estructuras sin raíces, sin historia, sin rostros, sin memoria, sin cuerpo, en definitiva, sin vidas. <strong>Desenraizarnos de la vida del pueblo de Dios nos precipita a la desolación y perversión de la naturaleza eclesial</strong>».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es crucial comprender que todo el Pueblo de Dios tiene la unción del Espíritu. Así, cuando queremos reflexionar, pensar, evaluar, discernir, tenemos que tener conciencia y mucha atención de esta Unción Santa del Pueblo de Dios. La Regla de san Benito manda que cuando el abad consulte a su monasterio, ha de escucharlos a todos, incluso al que viene llegando, porque de modo no infrecuente, Dios habla por medio del más pequeño de todos. Por eso, no debemos escuchar solo a las cabezas, que evidentemente hay que escucharlas, sino hasta el último de los hermanos, porque también en él puede estar la Palabra de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa usa expresiones muy duras, pero también muy verdaderas, para hacernos ver que cada vez que anulamos las diferencias que hay en la Iglesia, destruimos su vida. La Iglesia somos todos, los de un lado y los del otro, los de un ángulo y los del otro. Se puede caer en la tentación de querer construir una Iglesia en la que todos estén en mi mismo lado y todos vean la realidad desde mi propio ángulo, pero si nuestra mirada de Iglesia no integra con la misma dignidad todos los ángulos, estamos corrompiendo la vida eclesial. Y todos tendemos a esta actitud, buscando que todos tengamos un pensamiento uniforme y queriendo llevar las aguas para nuestro propio molino. Actuar así no es riqueza, sino pobreza. Como decía san Pablo: «No puede el ojo decir a la mano: ‘¡No te necesito!’ Ni la cabeza a los pies: ‘¡No los necesito!’» (<em>1Co</em> 12,21). Si todos fuéramos oído, seríamos una oreja grande y no un ser humano; si todos fuéramos ojo, seríamos una pelota ridícula que solo mira; si todos fuéramos pie, no sabríamos para dónde caminar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Papa nos advierte acerca del peligro de «desenraizarnos de la vida del pueblo de Dios», es decir, desenraizarnos de la vida de toda la gente. Con todos tenemos que trabajar juntos y caminar integrados: desde el arzobispo y el Papa hasta el último recién bautizado; con el más simple, elemental y rudimentario, y con el más pecador; con el más de derecha y el más de izquierda; con el más espiritual y con el más materialista. Si no caminamos integrados, discerniremos mal, haremos mal las cosas. Si ninguneamos a alguien, destruimos el misterio de la Iglesia, porque Dios nos supera y sus ideas son más grandes que las nuestras, y eso a veces se nos ha olvidado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como lo hizo el año pasado con la Iglesia en Chile, recientemente el Papa dirigió una <em>Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania</em> (29 junio de 2019), que contiene elementos relevantes para la presente reflexión, y que comentaremos a continuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«…se trata de un <em>synodos</em> bajo la guía del Espíritu Santo, es decir, caminar juntos y con toda la Iglesia bajo su luz, guía e irrupción para aprender a escuchar y discernir el horizonte siempre nuevo que nos quiere regalar. Porque la sinodalidad supone y requiere la irrupción del Espíritu Santo» (n.3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Espíritu Santo sopla donde quiere, no donde nos gusta, ni donde planificamos. Podemos tener lindas orientaciones pastorales, pero el Espíritu Santo va a soplar donde quiera… ojalá a través de las orientaciones, pero también puede soplar por otros lados, y eso nos desconcierta. De hecho, a los alemanes, que son muy ordenados, los exhorta a caminar siempre bajo la luz del Espíritu y no a caminar bajo los propios criterios y planificaciones. El Espíritu siempre trae novedad, a la cual debemos estar abiertos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La perspectiva sinodal no cancela los antagonismos o perplejidades, ni los conflictos quedan supeditados a resoluciones sincretistas de “buen consenso” o resultantes de la elaboración de censos o encuestas sobre tal o cual tema. Eso sería muy reductor» (n.11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser fieles al Espíritu no nos va a hacer a todos hermanos, yuntas y amigables unos con otros. De hecho, en muchos lugares vamos a estar en antagonismo, y es ahí precisamente donde tenemos que ser fieles al Espíritu. Así, el desafío será, desde nuestro antagonismo, valorar lo que vemos de Dios en cada uno de nosotros. El hecho de evitar soluciones sincretistas implicaría arreglarnos entre nosotros con una especie de solución promedio que no moleste a nadie, pero que tampoco deja contento a nadie. Eso sería reducir y matar al Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Asumir y sufrir la situación actual no implica pasividad o resignación y menos negligencia, por el contrario supone una invitación a tomar contacto con aquello que en nosotros y en nuestras comunidades está necrosado y necesita ser evangelizado y visitado por el Señor. Y esto requiere coraje porque lo que necesitamos es mucho más que un cambio estructural, organizativo o funcional» (n.5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Necesitamos aprender a servir de una manera nueva, a sacar de nosotros aquello que se ha muerto, aquello que a lo mejor tuvo sentido en algún momento, pero que hoy ya no lo tiene, y que queda como un lastre que nos aplasta. Entonces, asumir la situación no es pasividad ni resignación, como si dijésemos “hemos actuado mal, qué le vamos a hacer, tenemos que aguantarnos, no tenemos vuelta”. Por el contrario, esto implica buscar activamente el don del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El <em>Sensus Ecclesiae</em> [sentido de la pertenencia eclesial] nos libera de particularismos y tendencias ideológicas para hacernos gustar de esa certeza del Concilio Vaticano II, cuando afirmaba que la Unción del Santo (<em>1Jn</em> 2, 20.27) pertenece a la totalidad de los fieles. La comunión con el santo Pueblo fiel de Dios, portador de la Unción, mantiene viva la esperanza y la certeza de saber que el Señor camina a nuestro a lado y es Él quién sostiene nuestros pasos. Un sano caminar juntos debe traslucir esta convicción buscando los mecanismos para que todas las voces, especialmente la de los más sencillos y humildes, tengan espacio y visibilidad» (n.9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hecho de que el Papa nos exhorte a que todas las voces, especialmente la de los sencillos y humildes, tengan espacio y visibilidad, nos tiene que llevar a un análisis de conciencia. Eso surge porque hay esperanza y certeza de que el Señor nos acompaña cuando somos capaces de escuchar todas las voces, porque a veces nuestra voz personal está gastada o en problemas. Puede ser que nuestra voz nos tenga desilusionados, o la de aquellos mesías que nos hemos hecho cada uno a nuestra medida. Tenemos que abrirnos a escuchar a todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«‘Hoy estamos llamados a gestionar el desequilibrio. Nosotros no podemos hacer algo bueno, evangélico si le tenemos miedo al desequilibrio’. No podemos olvidar que hay tensiones y desequilibrios que tienen sabor a Evangelio y que son imprescindibles mantener porque son anuncio de vida nueva» (n.5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No pretendamos un equilibrio, aquel de la tranquilidad mortal del cementerio, porque eso mata la vida. Si queremos anunciar vida nueva, aquella del Evangelio, tenemos que gestionar el desequilibrio, gestionar que somos diversos y complicados, que tenemos horizontes distintos, sensibilidades dispares y que estamos en desacuerdo en algunos puntos. Sin embargo, somos hermanos en el caminar para buscar la fidelidad a Dios. Y si yo no soy capaz de valorar lo que opina mi hermano que piensa distinto de mí, y simplemente lo descalifico y lo ninguneo, estoy matando la Vida Nueva del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El gusto espiritual de ser pueblo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el <strong>gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente</strong>, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, pero allí mismo, si no somos ciegos, empezamos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y se dirige llena de cariño y de ardor hacia todo su pueblo. Así redescubrimos que Él nos quiere tomar como instrumentos para llegar cada vez más cerca de su pueblo amado. <strong>Nos toma de en medio del pueblo y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esta pertenencia</strong>» (<em>EG</em> 268).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre quienes tenemos un ministerio estable y ordenado hay una tentación muy fuerte de sentirnos superiores a los demás. Solemos pensar: “Yo era del común de la gente, pero ahora soy cura. Por favor, tráiganme un estrado sobre el cual pararme, porque el presbiterio está más alto, no estamos al nivel de la base de la gente”. Si soy diácono o catequista puedo hacer lo mismo y, así, nos separamos de la vida concreta del Pueblo de Dios, lo que termina matando la Unción Santa del Espíritu. Por ejemplo, el Papa Francisco, siendo arzobispo de Buenos Aires tenía la costumbre de trasladarse en transporte público, en bus o en metro, donde se conoce la realidad de la gente cotidiana. Si hubiese llegado en su auto arzobispal, muy bien protegido cada día, tal vez no hubiese conocido la realidad de la gente. La pregunta es cómo podemos hacer signos de comunión con la vida concreta del Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Escapar de la mundanidad espiritual</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Quien ha caído en esta mundanidad [de sentirse superior al resto] mira de arriba y de lejos, rechaza la profecía de los hermanos, descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia. Ha replegado la referencia del corazón al horizonte cerrado de su inmanencia y sus intereses y, como consecuencia de esto, no aprende de sus pecados ni está auténticamente abierto al perdón. Es una tremenda corrupción con apariencia de bien. Hay que evitarla poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres. ¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales! Esta mundanidad asfixiante se sana tomándole el gusto al aire puro del Espíritu Santo, que nos libera de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una apariencia religiosa vacía de Dios. ¡No nos dejemos robar el Evangelio!» (<em>Evangelii Gaudium</em> 97).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si yo juzgo todo desde arriba y desde lejos, y no escucho a mis hermanos, quiere decir que los estoy mirando en menos. Además, me repliego en mí mismo y no soy capaz de aprender de mis errores, porque nadie me los va a decir, y tampoco soy capaz de ser perdonado. Hay laicos que, en momentos complejos de nuestra Iglesia, me han dicho: “Padre, ustedes los sacerdotes han actuado mal como curas, pero la culpa la tenemos nosotros los laicos, porque nunca les dijimos lo mal que lo estaban haciendo”. Muchas veces las personas se quedan calladas por aprecio, reverencia, por atención, y omiten manifestarnos cómo los consagrados podríamos actuar de mejor modo. Esa actitud, que nace de una reverencia al sacerdote se termina transformando en una verdadera corrupción. Por eso, no debemos dejarnos robar la libertad y la novedad del Evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Que nuestras heridas nos enseñen misericordia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Aceptar los aciertos, así como los límites personales y comunitarios, lejos de ser una noticia más se vuelve el puntapié inicial de todo auténtico proceso de conversión y transformación. Nunca nos olvidemos que <strong>Jesucristo resucitado se presenta a los suyos con sus llagas</strong>. Es más, precisamente desde sus llagas es donde Tomás puede confesar la fe. Estamos invitados a no disimular, esconder o encubrir nuestras llagas» (<em>Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tras su encuentro con Jesús resucitado, el apóstol Tomás termina diciendo «Señor mío y Dios mío», y esto lo logra cuando es capaz de tocar las llagas del Resucitado. Jesús aparece resucitado, tiene la vida de Dios, es glorificado, pero no ha borrado sus heridas. A nosotros nos encanta borrarnos las heridas y presentarnos limpios. Quizás la herida es lo que nos hace creíbles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«<strong>Una Iglesia llagada es capaz de comprender y conmoverse por las llagas del mundo de hoy</strong>, hacerlas suyas, sufrirlas, acompañarlas y moverse para buscar sanarlas. <strong>Una Iglesia con llagas no se pone en el centro</strong>, no se cree perfecta, no busca encubrir y disimular su mal, sino que pone allí al único que puede sanar las heridas y tiene un nombre: Jesucristo». (<em>Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile</em>).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia que vivimos en este momento, herida, frágil, medio avergonzada, es capaz de conmoverse de las llagas del mundo y de poner a Jesús como su centro. Por eso no hay que tratar de cubrir las heridas, los problemas por medio de acciones caritativas que quieren proyectar con urgencia una buena imagen eclesial. No se trata de eso. Cuando “no tenemos ni oro ni plata” -como dice Pedro en los Hechos de los Apóstoles (<em>Hch</em> 3,1-10)-, ni poder ninguno para actuar, es cuando tenemos que anunciar con más claridad a Jesucristo, y ciertamente Él nos salvará mejor que lo que podríamos haber hecho nosotros. La salvación que Dios le dio al hombre tullido por medio de la acción de Pedro es mucho mejor que la que nosotros le hubiésemos podido dar en un buen hospital. No significa esto que no debemos hacer obras de caridad, pero lo esencial es el acercamiento a Jesús. Las heridas que sufrimos actualmente nos pueden ayudar a tomar conciencia de esta realidad, y eso tiene un valor gigantesco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Salir de las redes de la muerte</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«[Jesús] Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!» (<em>EG </em>3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡No nos declaremos muertos! La vida de Dios, pase lo que pase, nos lanza hacia adelante, y nada puede más que eso. Esta convicción de fe la aceptamos de verdad cuando nos sabemos heridos y un poco agónicos, porque cuando estamos en plena salud no le tomamos el peso a este hecho. Cuando nos sabemos débiles, somos capaces de experimentar esto en hondura. Por eso, la experiencia que estamos viviendo hoy puede ser un camino maravilloso de sanación espiritual para nuestra Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Quiero terminar con una reflexión sobre la parábola del Buen Samaritano, no leída desde la tradición exegética actual, sino desde la tradición eclesial que estuvo tan vigente hasta mitad del siglo XIX. En ella el Buen Samaritano siempre fue Jesús, y el herido somos cada uno de nosotros, que somos sanados por Él. Nosotros nos hemos creído “los buenos samaritanos”, aquellos que tenían que ayudar a otros, pero ha llegado el momento de reconocer que los heridos somos nosotros mismos, que estamos botados al borde del camino. Por eso, malheridos como estamos, necesitamos ser sanados por Jesús y por la comunidad eclesial, y por un Jesús que es, aparentemente, el más alejado de nosotros: un samaritano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Texto de la charla del 27 de julio, en la Semana Teológico Pastoral de la Arquidiócesis de Santiago. En la transcripción del texto se ha conservado el estilo oral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>¿Quieres paz?, trabaja por la paz. - Homilía del Papa Francisco en Santiago de Chile</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/10/quieres-paz-trabaja-por-la-paz-homilia-del-papa-francisco-en-santiago-de-chile/</link>
		<pubDate>Sat, 26 Oct 2019 13:55:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><strong>Homilía del Santo Padre Francisco </strong>
<strong>Santa Misa por la Paz y la Justicia</strong>
<strong>Parque O'Higgins (Santiago de Chile)</strong>
<strong>Martes 16 de enero de 2018</strong></h5>
<h5></h5>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Homilía publicada en la edición Nº 1.196-7 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2017 / ENERO-MARZO 2018)</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/HOMILIA-PAPA-SANTIAGO.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR HOMILÍA EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;">«Al ver a la multitud» (<i>Mt</i> 5,1). En estas primeras palabras del Evangelio que acabamos de escuchar encontramos la actitud con la que Jesús quiere salir a nuestro encuentro, la misma actitud con la que Dios siempre ha sorprendido a su pueblo (cf. <i>Ex</i> 3,7). La primera actitud de Jesús es ver, mirar el rostro de los suyos. Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús… son los rostros, son las personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al ver a la multitud, Jesús encuentra el rostro de la gente que lo seguía y lo más lindo es ver que ellos, a su vez, encuentran en la mirada de Jesús el eco de sus búsquedas y anhelos. De ese encuentro nace este elenco de bienaventuranzas que son el horizonte hacia el cual somos invitados y desafiados a caminar. Las bienaventuranzas no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estadísticas de lo que acontece. No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un «clic», en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón compasivo y necesitado de compasión de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando «se te mueve el piso» o «se inundan los sueños» y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón apela Jesús; para que ese corazón reciba las bienaventuranzas!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las bienaventuranzas no nacen de actitudes criticonas ni de la «palabrería barata» de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza «es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa» (Pablo Neruda, <i>El habitante y su esperanza</i>, 5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús, al decir bienaventurado al pobre, al que ha llorado, al afligido, al paciente, al que ha perdonado... viene a <i>extirpar la inmovilidad</i> paralizante del que cree que las cosas no pueden cambiar, del que ha dejado de creer en el poder transformador de Dios Padre y en sus hermanos, especialmente en sus hermanos más frágiles, en sus hermanos descartados. Jesús, al proclamar las bienaventuranzas viene a sacudir esa <i>postración negativa</i> llamada resignación que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los demás; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante (cf. Exhort. ap. <i><a href="http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html">Evangelii gaudium</a></i>, 2). Esa resignación que nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las bienaventuranzas son ese <i>nuevo día</i> para todos aquellos que siguen apostando al futuro, que siguen soñando, que siguen dejándose tocar e impulsar por el Espíritu de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Qué bien nos hace pensar que Jesús desde el Cerro Renca o Puntilla viene a decirnos: bienaventurados… Sí, bienaventurado vos y vos;  a cada uno de nosotros. Bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el Espíritu de Dios y luchan y trabajan por ese <i>nuevo día</i>, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el reino de los cielos. «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (<i>Mt</i> 5,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y frente a la resignación que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división. De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No puedo dejar de evocar a ese gran pastor que tuvo Santiago cuando en un <i>Te Deum</i> decía: «“Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre» (Card. Raúl Silva Henríquez, <i>Homilía en el Te Deum Ecuménico</i>, 18 septiembre 1977).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Sembrar la paz a golpe de proximidad, de vecindad! A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar. El trabajador de la paz sabe que muchas veces es necesario vencer grandes o sutiles mezquindades y ambiciones, que nacen de pretender crecer y «darse un nombre», de tener prestigio a costa de otros. El trabajador de la paz sabe que no alcanza con decir: no le hago mal a nadie, ya que como decía san Alberto Hurtado: «Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien» (<i>Meditación radial</i>, abril 1944).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Construir la paz es un proceso que nos convoca y estimula nuestra creatividad para gestar relaciones capaces de ver en mi vecino no a un extraño, a un desconocido, sino a un hijo de esta tierra.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Encomendémonos a la Virgen Inmaculada que desde el Cerro San Cristóbal cuida y acompaña esta ciudad. Que ella nos ayude a vivir y a desear el espíritu de las bienaventuranzas; para que en todos los rincones de esta ciudad se escuche como un susurro: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (<i>Mt</i> 5,9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Reacción cristiana ante la angustia - San Alberto Hurtado, SJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/reaccion-cristiana-ante-la-angustia-san-alberto-hurtado-sj/</link>
		<pubDate>Sun, 03 Nov 2019 20:53:47 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">Reacción cristiana ante la angustia
<em>Reflexión personal. París, noviembre de 1947</em>
Alberto Hurtado Cruchaga, SJ</h4>
<h6 style="text-align: center;">Texto del libro "Un fuego que enciende otros fuegos. Páginas escogidas del Padre Alberto Hurtado"</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma que se ha purificado en el amor con frecuencia es atormentada por la angustia. No la angustia de su propia suerte: tiene demasiado amor, espera profundamente, como para detenerse en la consideración de sus propios males. Él se sabe pequeño y débil, pero buscado por Dios y amado de Él…</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es la miseria del mundo la que le angustia. La locura de los hombres, su ignorancia, sus ambiciones, sus cobardías, el egoísmo de los pueblos, el egoísmo de las clases, la obstinación de la burguesía que no comprende, su mediocridad moral, el llamado ardiente y puro de las masas, la vista tan corta, a veces el odio de sus jefes. El olvido de la justicia. La inmensidad de ranchos y pocilgas. Los salarios insuficientes o mal utilizados. El alcoholismo, la tuberculosis, la sífilis, la promiscuidad, el aire impuro. El espectáculo banal, el espectáculo carnal, tantos bares, tantos cafés dudosos, tanta necesidad de olvido, tanta evasión, tanto desperdicio de las formas de la vida. Tanta mediocridad en los ricos como en los pobres. Una humanidad loca, que se aturde con música barata y que luego se bate.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El alma se siente sobrecogida por una gran angustia. La miseria del mundo, que se ha ido a vivir en su alma, tortura el alma. El corazón va como a estallar. Ya no puede más. Las entrañas se aprietan, la angustia sube del corazón y estrecha la garganta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué hacer, Señor? ¿Hay que declararse impotente, aceptar la derrota, gritar: sálvese quien pueda? ¿Hay que apartarse de este arroyo mal oliente? ¿Hay que escaparse de este delirio?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No. Todos estos hombres son mis hermanos queridos, todos sin excepción alguna. Esperan que se los ilumine. Necesitan la Buena Nueva. Están dispuestos a recibir la comunicación del Espíritu, con tal que se les comunique; con tal que haya alguien que por ellos haya pensado, haya llorado, haya amado; con tal que haya alguien que esté cerca de ellos muy cerca para comprenderlos y echarlos a caminar; con tal que haya alguien que, antes que nada, ame apasionadamente la verdad y la justicia, y que las viva intensamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con tal que haya alguien que sea capaz de liberarlos, de ayudarlos a descubrir su propia riqueza, la que está oculta en su interior, en la luz verdadera, en la alegría fraternal, en deseo profundo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con tal que quien quiera ayudarlos haya reflexionado bastante para captar todo el universo en su mirada, el universo que busca a Dios, el universo que lleva el hombre para hacerlo llegar a Dios, mediante la ayuda mutua de los hermanos, hechos para amarse, para cooperar en el reparto equitativo de las cargas y de los frutos; mediante el análisis de la realidad sobre la cual hay que operar, por la previsión de los éxitos y de las derrotas, por la intervención inteligente, por la sabiduría política en fin reconquistada, por la adhesión a toda verdad; por la adhesión a Cristo en la fe. Por la esperanza. Por el don pleno de mí mismo a Dios y a la humanidad, y de todos aquellos a los cuales voy a llevar el mensaje y a encender la llama de la verdad y del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Armonía de la vida cotidiana - Wenceslao Vial, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/armonia-de-la-vida-cotidiana-wenceslao-vial-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 03 Nov 2019 21:42:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.202 (ABRIL- JUNIO 2019)
Autor: Wenceslao Vial, pbro.
Para citar: Vial, Wenceslao,<em> Armonía de la vida cotidiana</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, abril-junio 2019, pp.229-244.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/10/RGURIDI_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Armonía de la vida cotidiana<strong style="text-align: start;"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
Wenceslao Vial, pbro. <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>
Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a otros»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una reunión de psicólogos católicos sobre la imagen de Dios en el hombre, planteamos una breve pregunta: ¿qué esperas encontrar en un sacerdote? Las respuestas no tardaron en llegar, agudas y prácticas: que no se proyecte ni se disocie, que su personalidad esté integrada, que esté en contacto consigo mismo, que sea flexible, capaz de viajar en el tiempo, integrando el pasado, el presente y el futuro… Una madre de familia contestó: «Que vea el ser sagrado del otro, confirmándolo en su valor».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta última afirmación servirá de fundamento para nuestras reflexiones sobre la figura del sacerdote, su identidad y su misión. Ayudar a otros –ser cura o cuidador–, ser capaz de compadecerse de ellos, resulta imposible sin un buen conocimiento propio. El sacerdote está llamado a encontrar a sus semejantes en las diversas etapas de sus itinerarios individuales y únicos. Recibe el poder de perdonar, de curar heridas, de llenar soledades, sabiéndose él mismo pecador y, en ocasiones, herido y solo. No se espera de él que sea un funcionario –ni siquiera el mejor de los funcionarios– que resuelva problemas, aplique las reglas, extienda certificados y conceda descuentos por trámites o gestiones. Está llamado a acompañar a los demás a lo largo de un camino común.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote, como cualquier ser humano, ha de buscar y encontrar el sentido de su vida. Y este sentido no se adquiere con el sacramento de la ordenación. Lo hallará con esfuerzo si sitúa a Cristo al centro de cuanto hace, escucha su palabra y se empeña en practicarla. Así, poco a poco, día a día, realizará su proyecto: llegará a ser quien Dios quería que fuera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuatro binomios servirán en este artículo para ilustrar los temas, desde una perspectiva psicológica. La madurez como armonía, la identidad y misión propia, la integridad del sacerdote y sus necesidades básicas, y finalmente las actitudes adecuadas para la salud global.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="size-full wp-image-2052 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/1.png" alt="" width="448" height="397" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. “Te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pasan los años. Se acaba el tiempo del Señor en la tierra y sus seguidores no terminan de comprender quién es. Buscan un triunfo humano. Discuten porque la madre de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, ha pedido que uno se siente a su derecha y otro a la izquierda. Los discípulos, como nosotros, tienen evidentes miserias y no siempre actúan con rectitud de intención. Pero Jesús, con infinita paciencia se encarga de sacarlos de nuevo del error: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos» (<em>Mt</em> 20, 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos ahora las notas de madurez y las capacidades personales que se estructuran en una sublime unidad. Es frecuente encontrar personas para las que lo único importante es el equilibrio: la homeostasis imperturbable del medio interno, la tranquilidad o estado fisiológico de bienestar, para el que se recurre al yoga y a diversas fórmulas de relajación y de meditación. Algunas religiones orientales atraen especialmente al prometer este equilibrio: la paz interior que todo el mundo anhela. El punto de referencia es el propio yo. Pocos quieren oír hablar de tensión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vida cristiana va más allá del equilibrio. Supone tensión, pues la meta, lo que unifica el actuar, es el amor. Cualquiera que ame sabe que el amor verdadero, que no usa al otro, requiere sacrificio, capacidad de darse, una sana tensión hacia los demás, que lleva a salir del propio yo. Jesucristo lo expone en el sermón de la montaña, con las bienaventuranzas. Vivir las bienaventuranzas es una tarea espléndida, que requiere esfuerzo, dar la tensión justa a cada cuerda, para producir la sinfonía deseada. Se pasa de una búsqueda desesperada del equilibrio, a la búsqueda esperanzada de la armonía. Cada ser humano es imagen de Dios, que se refleja en su alma y en su cuerpo. El sacerdote está llamado a serlo de un modo muy particular, cuidando también de su alma y de su cuerpo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class=" wp-image-2053 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/2.png" alt="" width="599" height="258" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Toda persona que quiera a otras de verdad experimenta la necesidad de renunciar a su comodidad. Un padre, cuando llega a su casa, habitualmente tendrá que prestar atención a su mujer y a sus hijos. Tendrá que trabajar, a veces también su mujer, para sostener a la familia, para comer y ganarse la vida. Si un padre cumple su deber de padre, no se puede esconder. El sacerdote está llamado a hacer lo mismo: tampoco él se puede esconder ni aprovecharse de las circunstancias en que vive. Es curioso observar cómo el padre de familia no puede dejar de trabajar, si quiere comer. El sacerdote, en cambio, podría hacer lo mínimo, en ocasiones ni celebrar la misa, y continuar comiendo. Tiene un margen de libertad muy amplio y mayor que el de muchos trabajadores. Es bueno que sea consciente de ello y lo aproveche precisamente para darse, para servir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por este camino, encontrará una soledad constructiva sin estar nunca solo. Cada hora del día será marcada por el deseo de servir. La oración, la contemplación, la actividad y el descanso, se entrelazarán en una armonía serena que despertará a otros de su letargo y tristeza. Qué valiosos resultan los consejos de san Pablo a Timoteo. Le habla de comida y bebida, de ejercicios de piedad, más importantes que el ejercicio físico, de rechazar los chismes y poner la esperanza en Dios, para terminar afirmando: «Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (<em>1Tm</em> 4,16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fuerza de la repetición conseguirá tal vez que grabemos bien esta idea: si queremos ayudar a otros en su vida cristiana, hemos de comenzar por cuidar la nuestra. En los miles de aviones que surcan los cielos cada día, se oye siempre lo mismo: ajuste usted su propia máscara de oxígeno, antes de ayudar a otros. Para la propia misión, para que el sacerdote pueda ser guía y maestro, debe cuidarse.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Soledad acompañada: realidad de comunión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se habla mucho de la soledad del sacerdote. Hay quienes la consideran buena y otros mala, necesaria para la misión o perjudicial, inevitable o accesoria y remediable. Nos hemos encontrado con algunos que parecen formados especialmente para sobrevivir en lugares aislados. A veces les cuesta llegar a la amistad, pues les parece mejor protegerse y no generar vínculos de amistad y dependencia que luego se pueden romper con un traslado. Lo primero será saber a qué nos referimos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si nos fijamos en algunos sinónimos de la palabra soledad, no parece que haya mucho espacio para lo positivo: aislamiento, incomunicación, destierro, encierro, clausura, retraimiento, separación, alejamiento, apartamiento, desamparo, añoranza, etc. Los términos opuestos refuerzan esta idea: compañía, comunicación, trato, diálogo, alegría. Estos últimos aparecen como algo más humano y deseable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay, sin embargo, un tipo de soledad que llamaremos alegre, que sí tiene cabida en el sacerdote. Es una soledad llena de sentido, que permite saborear la renuncia a algunos tipos de compañía, por una compañía más elevada. Es capaz de enriquecer el mundo interior, ayuda al examen, a oír la voz de Dios, es entretenida, libre y para Dios y los demás. Está llena de esperanza y es algo querido. Se da a lo largo del día en múltiples situaciones, en la oración, y se reserva para ella algunos espacios más amplios, como son los ejercicios o retiros espirituales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La soledad triste es de otro estilo. No tiene sentido, empobrece y deja a oscuras, no da luz sino oscuridad. Es aburrida y cansa pues se oye solo la voz del propio yo. No hay diálogo sino monólogo. Lleva a la desesperación y tal vez a considerar, como el filósofo alemán Arthur Schopenhauer, que la vida no es más que un péndulo entre el aburrimiento y la desesperación. Este tipo de soledad no es para Dios y no es libre pues no nace del amor, se acompaña de rutina. La soledad alegre se refleja más en la palabra inglesa <em>solitude</em>, la soledad triste, en <em>loneliness</em>, o aislamiento y melancolía. En la primera uno es consciente de una vocación; en la segunda, esa conciencia se nubla o se pierde: falta el empeño por corresponder, no se oye ni se ve, es como un viaje al fin del mundo en solitario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pregunta que surge espontánea es: ¿me siento solo?, ¿estoy solo? Un sacerdote que cuide su ministerio, se dé a los demás y busque el encuentro con otros hermanos suyos, nunca estará solo. La responsabilidad es de todos, buscando formas de acompañar a los mayores y enfermos, a los más necesitados, en primer lugar entre los propios sacerdotes. Pero también los jóvenes se enriquecen compartiendo con otros. En muchos lugares se organizan con éxito encuentros de oración, momentos de estudio, puestas en común de ideas para homilías, etc.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un medio para dejar de lado la soledad triste es el acompañamiento espiritual, necesario también al sacerdote: «Teniendo como fin la <em>docibilitas</em> al Espíritu Santo, el acompañamiento espiritual representa un instrumento indispensable de la formación»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>. Dando a conocer nuestras alegrías y tristezas, desvelos y preocupaciones; preguntando y dejándonos guiar se consigue mayor libertad interior, se advierten mejor las señales del camino y es más fácil recorrerlo sin extraviarse. La dirección espiritual es fundamental sobre todo en los primeros años de la vocación sacerdotal<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como en la vida de cualquier cristiano, el sacerdote necesita estrellas que le guíen en la noche y en medio de las tormentas. Alguien que, a través de su vida y su conducta le muestre la imagen de Cristo: «También para los presbíteros vale –recordaba Benedicto XVI– lo que escribí en la encíclica <em>Deus caritas est</em>: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es en esta persona, Cristo, en quien el sacerdote ha de buscar especialmente la compañía. Sus otras relaciones interpersonales, su trato de pastor, sus amistades, su vivir en el mundo, quedarán marcados por esta huella. Así, nunca permanecerá aislado y se realizará plenamente, la mayoría de las veces pasando oculto. El Papa Francisco lo explica citando a santa Teresa Benedicta de la Cruz: «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>. Esta importante filósofa profundizó en la importancia de fomentar la propia responsabilidad y libertad, afirmando que una persona aislada no sería ella misma.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El tema tratado tiene que ver con la comunión de los santos. Todos tiramos para arriba o para abajo a los demás. Una fruta en mal estado perjudica a las otras. Pero, por la gracia de Dios, cuando hacemos el bien, tiramos más para arriba que todo lo que podamos tirar para abajo. Esto nos llena de esperanza: la esperanza de no estar solos.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la vez, como trataremos en el siguiente apartado, «esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso, pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios?»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>[8]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Oración, contemplación, actividad y descanso</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es un hecho que los sacerdotes, sobre todo los párrocos, suelen tener muchas actividades. La soledad de la que hablamos a veces la desean, para estar en paz. Resulta muy necesario dedicar tiempos, como dijimos, a la oración y a la contemplación. Es lo que vimos reflejado en el estado de whatsapp de un sacerdote que hacía unos días de retiro: «Temporalmente cerrado por manutención espiritual», escribió. Todos necesitamos esa manutención, ver por dónde ha entrado el polvo, qué cuerdas se han desafinado.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es lógico que el sacerdote busque la compañía de aquel a quien quiere imitar y mostrar a otros. Al Cura de Ars le preguntaron «¿Qué es la fe señor cura?». «Tener fe es hablar con Dios, como estamos hablando tú y yo», respondió. La oración y la contemplación, la búsqueda de la gracia en los sacramentos, son los acordes fundamentales para que la vida resulte armónica.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La oración es dirigirse al creador y reconocerse como creatura limitada. El mayor grado es la adoración. Lleva a aceptar los propios límites y mirar al futuro con esperanza. Rezar en cristiano no es introspección. Los creyentes no se miran solo a sí mismos, sino que se fijan en un modelo, que es Cristo. Es el mejor camino para conocerse a uno mismo, teniendo, como aconsejaba san Agustín, siempre presentes las verdades de fe: «Que tu símbolo sea para ti como un espejo. Mírate en él: para ver si crees todo lo que declaras creer. Y regocíjate todos los días en tu fe»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>[9]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Todos, y en especial el sacerdote, necesitamos mirar mucho a Cristo y escucharle. El Evangelio será la fuente donde encontrar las respuestas que surgen sobre nosotros mismos y los demás. Solo si conocemos a Jesucristo sabremos en profundidad quiénes somos y cómo se estructura nuestro ser<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>[10]</sup></a>. Por contraste, quien hiciese una oración tipo monólogo, estaría rezando quizá ante sí mismo: su espejo sería su <em>yo</em>, que fácilmente engaña. Un ejemplo nos lo da el fariseo de la parábola, que supuestamente reza, pero no es capaz de darse cuenta de las necesidades de los demás ni de los propias culpas (cfr. <em>Lc</em> 18, 10-14). Esta vía la transitan quienes, con apariencia de oración y de piedad, se dejan llevar por sus tendencias desordenadas, llegando a cometer crímenes. Hacen tal vez examen, pero el propio <em>yo </em>se defiende negando, miente y no admite que haya algo malo en su modo de actuar.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Mucha gente sin fe busca sucedáneos de la oración y del Evangelio. Recurren a ejercicios de relajación, hacen minutos de silencio e intentan ser empáticos con las necesidades de los demás. Ante el sufrimiento ajeno, ante la necesidad de una palabra de comprensión y aliento, a veces solo pueden recurrir a un vago: «Estamos haciendo fuerza con el pensamiento». El que tiene la suerte de ser cristiano reza, pide a Dios por sí mismo y por los demás. Abandona en él sus necesidades y las ajenas, sin dejar de poner esfuerzo humano por resolver los problemas. Se mira a la meta: «Aunque parezca obvio, recordemos que la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración»<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>[11]</sup></a>. Cuando se olvidan estos conceptos, es fácil caer en el victimismo, en la desesperación, en la ausencia de sentido de la propia entrega.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La oración permite salir de uno mismo, en una actitud de diálogo. La fe presupone que hay un <em>Tú </em>que nos escucha y se interesa por lo nuestro. Alguien que no solo no ha dado una misión, sino que espera una respuesta. Por este camino se toma distancia de cuanto nos sucede, de las dificultades externas e internas. Como leemos en un santuario a la Virgen, cerca de Roma: «Dichosos los que piensan antes de actuar, y más dichosos los que rezan antes de pensar».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La oración abre las puertas incluso del inconsciente. Permite llegar a las posibles heridas o emociones que, como han dicho algunos psicólogos, han quedado <em>sepultadas vivas</em>: sentimientos de culpa, autoestima baja, no sentirse queridos ni reafirmados en el propio valor. La luz de la gracia ilumina las heridas más profundas y difíciles de curar: las heridas de los pensamientos, que mencionaba san Gregorio Magno. Quien hace oración y adora, está más protegido ante incoherencias vitales, ante acciones criminales, ante sus instintos desorbitados. Sin necesidad de recurrir a técnicas orientales o métodos alternativos, la oración cristiana produce relajación, disminuye la tensión mala, da paz y tranquilidad. Nos une a Cristo en cuerpo y alma. Y esta es la fuente más segura de consuelo, de compañía. En él encontramos la luz para aceptar el dolor físico y psíquico, que en su misterio nos pueden llevar a descubrir o volver al amor de Dios si lo hemos dejado, a cortar con lo que aleja de la felicidad: «a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>[12]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hablando de oración, surge también la pregunta: ¿Un sacerdote se confiesa? La mayoría dirá que sí. Lo necesita como todo cristiano. Y en ese encuentro con el médico divino se fortalece y adquiere experiencia para ayudar a curar a otros. El sacerdote no ha de rezar para que lo vean, pero qué bueno es que lo vean. Nunca pasará de moda apreciar la figura de un hombre que lo ha dejado todo, y se arrodilla ante Dios en la Eucaristía, o ante otro hombre, que es Cristo como él, en el confesionario. Aquí obtiene misericordia, para repartir a manos llenas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">San Josemaría solía repetir, «mi oficio es rezar». Y Santa Teresa decía que quien no hace oración, no necesita demonio que le tiente. Atrae ver a un hombre leyendo con serenidad un libro de oraciones, la liturgia de las horas que le marca el curso de la jornada. Es bueno que la oración ocupe todo el día, como reveló Dios ya en el Antiguo Testamento. La <em>Shemá</em>, oración que todo hebreo piadoso reza dos veces al día, dice así: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es Uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Que estas palabras que yo te dicto hoy estén en tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en casa y al ir de camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano como un signo, servirán de recordatorio ante tus ojos. Las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portones» (<em>Dt</em> 6, 4-9).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">No significa esto que la única actividad que haya que realizar sea la de orar, o que solo sea posible rezar con entusiasmo, como enseñaban los monjes Euquitas (entusiastas), del siglo cuarto. El consejo de los santos es otro: «Se me ha pasado el entusiasmo, me has escrito. -Tú no has de trabajar por entusiasmo, sino por Amor: con conciencia del deber, que es abnegación»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>[13]</sup></a>. Y si no sabemos de qué tratar en la oración, tampoco nos faltan sus sugerencias: «Me has escrito: "orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?" -¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio. En dos palabras: conocerle y conocerte: "¡tratarse!"»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>[14]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Transformando el día en oración, el sacerdote ha de tener también momentos de descanso. Muy importante resulta aprender a descansar, con un descanso saludable. La más antigua referencia bíblica al descanso es: «Terminó Dios en el día séptimo la obra que había hecho, y descansó en el día séptimo de toda la obra que había hecho» (<em>Gn</em> 2, 2). De aquí surgirá el deber de respetar el sábado que Dios impone a su pueblo.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En un próximo artículo mencionaremos el agotamiento o <em>Burnout</em>, al que se puede llegar si no se cuida. Pero no todo tipo de descanso previene los problemas o de verdad descansa.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La primera característica de un descanso saludable es que sea en el Señor y con el Señor. Es experimentar esa compañía continua del que prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cfr. <em>Mt</em> 28, 20). Es abandonar nuestras miserias en las manos de Dios, y poner también en esas manos las preocupaciones y miserias ajenas, que el sacerdote conoce bien y pueden robarle la paz.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El descanso eficaz es coherente con la propia identidad. No todos los medios son igualmente adecuados para todo tipo de personas. Es fácil comprender que sería poco apropiado que un sacerdote descansara asistiendo a bailes, pero también daría tristeza verle en actividades como el juego en los casinos, o en apuestas, o apurando hasta la última gota de trago en una fiesta. Cada uno ha de descubrir si es apropiado a su condición aquello que en teoría le descansa, aunque sea en sí bueno. Por ejemplo, ver si y cuándo es apropiado ir al cine: ¿no sería preferible ver una película con otros, en la propia casa?</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Otra nota del descanso saludable es hacerlo por los demás y con los demás. No suele ser apropiado el descanso en solitario, la búsqueda exclusiva del propio bienestar. Esto no significa que no se pueda leer un libro solo, o escuchar música solo, o hacer deporte solo. En estas y cualquier otra actividad, sin embargo, se tendrá en cuenta por qué se hace, intentando que sea por deseos de servir a Dios y los demás.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El mejor modo de cuidar este tema es integrarlo a lo largo del día: descansar en la vida normal, sin convertirlo en una obsesión. Descansar incluso con el trabajo habitual lleno de sentido, entretenerse con las labores, como preparar una homilía, atender a alguien, intentar resolver una dificultad de otro, hacer el bien. Hay que buscar, además, momentos de pausa y cambios de actividades a lo largo de la jornada. Y no dejar para última hora del día asuntos muy complejos que quiten el sueño, como seguiremos viendo en el siguiente apartado.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para el sacerdote resuenan más fuertes las palabras que el Papa Francisco ha propuesto en alguna ocasión a los jóvenes: repetir con frecuencia, como un santo y seña: «¿Qué haría Cristo en mi lugar?»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>[15]</sup></a>. Como resumen, qué útil le será volver de continuo a pensar en la misa, como su mayor fuente de inspiración, de orgullo, de grandeza. El santo Cura de Ars, contemplaba especialmente al Señor en la Eucaristía, y decía a sus fieles: «Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Hábitos y aficiones saludables</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Junto a la oración y al descanso, numerosos hábitos y aficiones forman parte de la armonía de la vida diaria. Contribuyen a que el sacerdote sea más feliz y refleje esa felicidad. En una óptica sobrenatural, el trabajo, la atención de personas que buscan consejo, la administración de los sacramentos, las prácticas de piedad a lo largo del día, se ven como oportunidades para crecer, son las alas que permiten volar y no un peso que oprime. A cada sacerdote toca descubrir, como dijimos, qué es lo adecuado a su condición, cuáles son los placeres sanos que no desdicen de su misión, y cuáles las ataduras que le impiden volar.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En cada actividad estará presente su identidad de sacerdote. No podría ser de un modo diverso, pues su ministerio empapa toda su vida y cada una de sus actividades. Hay muchos campos que sirven a un sano descanso. El ejercicio, por ejemplo, hecho con regularidad y tranquilidad de acuerdo a la propia edad y condición física. Dar un paseo, contemplar la naturaleza, escuchar música, etc. Son signos de salud no buscar el placer a toda costa, la moderación, también en la bebida y en la comida, y saber esperar.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">C.S. Lewis, en su libro <em>Cartas del diablo a su sobrino</em>, hace útiles observaciones sobre el descanso y los placeres buenos. El diablo mayor, que está formando a un diablillo joven en el arte de tentar, le reprocha especialmente haber dejado a su “paciente” (un joven converso al que está tratando de alejar de la fe), dar un paseo a un lugar bonito que le atraía, disfrutar de un momento de contemplación. También le regaña por haberle dejado leer un libro entretenido, que le gustaba: tendría que haberle recordado y puesto en su mente –dice el diablo experimentado–, que tenía que ocuparse en lecturas solo interesantes, jamás entretenidas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es posible y muy recomendable que el sacerdote sepa entretenerse y que cultive aficiones sanas. El entonces cardenal Ratzinger llegó a afirmar: «Un teólogo que no ame el arte, la poesía, la música, la naturaleza, puede ser peligroso. Esta ceguera y sordera a la belleza no es secundaria, se refleja necesariamente también en su teología»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>[16]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo es ocasión para vivir de acuerdo a la propia condición, para cuidar la salud. Un momento clave son las comidas, pues como seres espirituales, no solo alimentamos el cuerpo. Cuando se come, se alimenta el cuerpo y de algún modo también el espíritu. Qué importante es cuidar esos momentos, en torno a una mesa, donde se reponen fuerzas y se comparte.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Somos humanos y sobrenaturales. Bien lo comprendió san Josemaría, cuando escribió: «Nunca se ha reducido la vida cristiana a un entramado agobiante de obligaciones, que deja el alma sometida a una tensión exasperada; se amolda a las circunstancias individuales como el guante a la mano, y pide que en el ejercicio de nuestras tareas habituales, en las grandes y en las pequeñas, con la oración y la mortificación, no perdamos jamás el punto de mira sobrenatural. Pensad que Dios ama apasionadamente a sus criaturas, y ¿cómo trabajará el burro si no se le da de comer, ni dispone de un tiempo para restaurar las fuerzas, o si se quebranta su vigor con excesivos palos? Tu cuerpo es como un borrico -un borrico fue el trono de Dios en Jerusalén- que te lleva a lomos por las veredas divinas de la tierra: hay que dominarlo para que no se aparte de las sendas de Dios, y animarle para que su trote sea todo lo alegre y brioso que cabe esperar de un jumento»<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es bueno que el sacerdote, como todos, viva sereno. El estrés, o ansiedad, cuando se mantiene en el tiempo, provoca irritabilidad, somatización, temor, estados depresivos o ansiosos, adicciones, problemas de sueño y alimentación, etc. Todo esto reduce las defensas del organismo, aumenta las infecciones y las enfermedades crónicas y disminuye las expectativas de vida.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Conviene fomentar un estilo de vida de sano, que se puede resumir en: alimentación equilibrada, moderación que no lleve a adicciones (tabaco, alcohol, etc.), cuidado del sueño, deporte, variar actividades, y prevenir accidentes actuando con prudencia según la edad. El cuidado del sueño es uno de los aspectos más relevantes para la estabilidad psíquica, desde el punto de vista fisiológico. Hay que estar atentos a dormir las horas apropiadas (entre siete y ocho cada noche), y en su calidad. Durante el sueño el cerebro descansa, se fijan de algún modo las ideas y se prepara el terreno para un mejor funcionamiento de los procesos psicológicos conscientes. Si no se ha podido descansar de noche, puede ayudar algún breve periodo, en ocasiones minutos, de sueño diurno.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La vida exterior y la vida interior de la persona sana están bien estructuradas y se relacionan sin conflictos. Todo lo que se hace busca estar lleno de sentido, hay serenidad en el obrar, en el actuar, y en las necesidades básicas, como la alimentación. Se tienen actividades variadas, predomina la alegría y se consigue comunicar las propias emociones y pedir ayuda cuando hace falta. La vida interior se enriquece con la oración, el pensamiento frecuente de que hay un Dios que es nuestro Padre y nos quiere, y con una sana tensión que empuja a amar. Esta armonía exterior e interior se sustenta y produce a la vez una vida buena o virtuosa. El sacerdote busca estar sano para servir mejor; y, si llega la enfermedad, la acepta como otra forma de servir.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Hemos hablado de hábitos saludables, y es lógico que terminemos con una referencia a las virtudes. Son esos hábitos positivos, fuerzas interiores que ayudan a las potencias a obrar bien: una «disposición habitual y firme a hacer el bien», que «permite a la persona no solo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Con todas sus fuerzas sensibles y espirituales, la persona virtuosa tiende hacia el bien, lo busca y lo elige en acciones concretas»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>[18]</sup></a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Veremos la relación entre algunos conceptos de madurez psicológica y las virtudes. Tomamos como premisa que la virtud nos hace libres, perfeccionando las potencias en su actuar. El vicio, por el contrario, desafina nuestras potencias, altera los procesos mentales y esclaviza, como Aristóteles puso de manifiesto, con el ejemplo del alcohólico: no consigue dejar de beber, aunque lo desee; quien se esfuerza por ser templado, permanece libre incluso para emborracharse, si quisiera.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Estas fuerzas que facilitan obrar bien y que llamamos virtudes no están completamente separadas entre sí, sino interrelacionadas; unas tiran para arriba de las otras. En cuanto a las virtudes cardinales, que se llaman así porque de ellas se desprenden todas las demás, se descubren algunos paralelismos con los rasgos de la personalidad madura.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La prudencia dispone a la razón para discernir cuál es el verdadero bien y escoger los medios adecuados para alcanzarlo. Se asocia en cierto modo a la autonomía, que permite obrar con independencia, a la seguridad para decidir en cada momento, y a la coherencia que mantiene en el tiempo la decisión hecha, sin cambiar de rumbo, sin volver atrás. La prudencia necesita de otras virtudes y a su vez las guía a todas, pero requiere conocer: saber los particulares o circunstancias concretas, para dar un juicio práctico.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La justicia lleva a dar a los demás lo que es debido. Se relaciona por tanto con las características que nos hacen salir de nosotros: la sociabilidad, el diálogo, la tolerancia y una sana autoestima que es fuente del amor al prójimo. Cuando es a Dios a quien nos referimos, no hablamos de justicia, sino de religión. Y el primer paso de la religiosidad, psicológicamente hablando, es la búsqueda del sentido de la existencia.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fortaleza asegura la constancia y la firme voluntad en la búsqueda del bien, con valentía y sacrificio. Es fácil por esto vincularla al equilibrio, a la perseverancia, y a la meta de la identidad personal.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La templanza, por último, modera los placeres y las fuerzas más instintivas. Nos une como la fortaleza al equilibrio, y también al autodominio, al sentido del humor, a la creatividad y espontaneidad. Nos llena de alegría y nos aleja del mundo animal y de sus reglas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><img class=" wp-image-2054 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/3.png" alt="" width="664" height="351" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es evidente que las virtudes hacen atractiva la vida humana, aunque el sujeto no tenga fe. Sabemos que sobre ellas construye Dios, y que la gracia que las facilita, las convierte en virtudes cristianas. Es clara la conclusión: «Las emociones y los sentimientos pueden ser asumidos por las virtudes, o pervertidos en los vicios»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>[19]</sup></a>. Y es un buen panorama lo que nos dice san Josemaría, refiriéndose a la Santísima Virgen: «la vida sobrenatural comporta siempre la práctica atractiva de las virtudes humanas: María lleva la alegría al hogar de su prima, porque “lleva” a Cristo»<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>[20]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote llamado a ser otro Cristo, no olvida que Jesús era perfecto hombre y perfecto Dios. Era claramente hombre, que come, se cansa, llora, duerme, se angustia, etc. Nace y muere en un momento concreto y bien documentado de la historia. Sus enseñanzas son elevadas, su generosidad y valentía quedan de manifiesto. Pero si solo hubiese sido un hombre, se nos presentaría como una persona sabia tal vez, pero extraña: un arrogante, o un impostor. Decía que era necesario comer su carne, que no había que preocuparse por qué comer y vestir; y resucitaba muertos, al menos en apariencia. Afirmó de él mismo que era Dios y que quien creyera en él tendría la vida eterna. Ningún otro personaje célebre de la Antigüedad llegó a decir este tipo de cosas. Por esto, algunos han intentado negar su existencia terrena, lo que es más coherente quizá que negar su divinidad, pero resulta imposible<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>[21]</sup></a>. Santo Tomás apóstol, viendo a ese hombre resucitado, creyó y confesó su divinidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creer y confesar esa divinidad nos eleva a una vida que nos supera, la vida sobrenatural. Es esta la vida que el sacerdote debe mostrar y buscar, la vida que vale la pena. Si usamos la imagen de una pirámide, que hemos llamado pirámide de la madurez cristiana<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>[22]</sup></a>, en la base tenemos la fe, que permite una identidad fuerte y reconocer que somos creaturas limitadas, con un alma inmortal. Es el <em>humus </em>o el terreno que nos sustenta y del que brota la humildad para seguir construyendo. Es claro, por otra parte, que si falta la fe en el sacerdote, tiembla toda su estructura y su identidad: su relación esencial con lo sagrado se esfuma, al desaparecer lo sagrado. En el bloque central podemos ver la esperanza, clave para seguir construyendo el propio proyecto y sustento de la autonomía: solo si se espera alcanzar una meta se buscan y ponen los medios para llegar a ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la cúspide de la pirámide encontramos la caridad, que fundamenta la autoestima. Quien ama a Dios y se sabe amado por él posee una fuerte autoestima o amor de sí mismo: sabe que vale mucho, que ha sido confirmado en ese valor, antes inclusos de existir. Desde la cima de la pirámide se puede mirar hacia fuera y ver a tanta gente que desea encontrarse con Cristo, a tantos hijos de Dios como nosotros que esperan nuestra entrega. Se puede mirar también hacia dentro, y ver los puntos de incoherencia, las fallas o grietas que es preciso reparar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="size-full wp-image-2055 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/4.png" alt="" width="394" height="365" /></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se abre un mundo de relaciones interpersonales y un amplio panorama para mejorar, para rectificar el rumbo si se había torcido. Qué bueno es comenzar con los propios hermanos en el sacerdocio, ver cómo nos llevamos con ellos, qué más podemos hacer para estrechar lazos de fraternidad. De ahí la pregunta ¿cómo me llevo con los demás sacerdotes?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y surge otra cuestión: ¿cómo es mi casa? El viejo refrán: «entra en la casa del sabio y, aunque no esté, siempre saldrás enriquecido», convendría aplicarlo al hogar de un sacerdote. Al ver dónde vive, cuáles son sus bienes y su modo de acoger, se notará dónde tiene el corazón. Y ¿cuántos teléfonos, televisores, computadoras, coches tener? Serviría aquí ese otro lema del arquitecto Mies: «menos es más». El desprendimiento de lo propio y el buen gusto se reflejará además en cómo cuida la casa de su Señor, la casa de Cristo, la belleza y limpieza del templo y lo que se refiere al culto, donde todo esplendor es poco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El mejor modo de alcanzar la armonía en la vida cotidiana, será mantener la sorpresa ante la grandeza del sacerdocio, que «se ejerce sobre la tierra, pero pertenece al orden de las instituciones celestes»; y recordar que fue el Espíritu Santo el que «hizo que hombres vestidos aun de carne pudieran ejercer oficio de ángeles»<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>[23]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos sirve de conclusión para este artículo, lo que Cardenal van Thuân vivió en la cárcel, donde pasó 13 años, de los cuales nueve en aislamiento: «Renunció a desgastarse esperando su liberación. Su opción fue “vivir el momento presente colmándolo de amor”; y el modo como se concretaba esto era: “Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria”»<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>[24]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Este artículo pertenece al curso “Hacia la madurez psicológica y espiritual”, efectuado el 7 y 8 de mayo de 2019. Fue organizada por la Vicaría para el Clero de la Arquidiócesis de Santiago junto al Centro de Encuentros Sacerdotales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Sacerdote y médico, Doctor en Filosofía y profesor de Psicología y Vida Espiritual en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Documento de Aparecida, 2007, cit. en FRANCISCO, Exhortación apostólica <em>Evangelii gaudium</em>, 24 de noviembre 2013, n. 10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Congregación para el Clero, <em>Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, El don de la vocación presbiteral</em>, 8 de diciembre de 2016, n.45.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cfr. Ibid., n.83.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> BENEDICTO XVI, <em>Audiencia</em>, 1 de julio 2009; la cita interna es de <em>Deus Caritas est</em>, n. 1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Francisco, Exhortación apostólica <em>Gaudete et exsultate</em>, n. 8.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> <em>Ídem</em>, n. 29.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> SAN AGUSTÍN, <em>Serm</em>. 58, 11, 13: PL 38,399, cit. en <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, 1064.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cfr. <em>Gaudium et Spes</em>, n. 22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> <em>Gaudete et exsultate</em>, n. 147.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, n. 1501.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> JOSEMARÍA ESCRIVÁ, <em>Camino </em>994.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Ibid.</em>, 91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cfr. FRANCISCO, <em>Discurso a los jóvenes</em>, viaje a Chile, 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> JOSEPH RATZINGER, VITORIO MESSORI, <em>Informe sobre la fe, </em>BAC, Madrid 1985, p. 143.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> JOSEMARÍA ESCRIVÁ, <em>Amigos de Dios</em>, 137, 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, n. 1803.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> <em>Ibid.</em>, n. 1774.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> JOSEMARÍA ESCRIVÁ, <em>Surco</em>, n. 566.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Cfr. GEORGES CHEVROT, <em>Simón Pedro</em>, Rialp, Madrid 2001 (21).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Para profundizar, cfr. WENCESLAO VIAL (ed.), <em>Ser quien eres. Cómo construir una personalidad feliz</em>, Rialp 2016, y Logos 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> SAN JUAN CRISÓSTOMO, <em>De Sacerdotio</em>, <em>Libro III, 4</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> <em>Gaudete et exsultate</em>, n. 17</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>El Cuerpo Místico: Distribución y uso de la riqueza - San Alberto Hurtado, SJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/el-cuerpo-mistico-distribucion-y-uso-de-la-riqueza-san-alberto-hurtado-sj/</link>
		<pubDate>Mon, 11 Nov 2019 17:35:13 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">El Cuerpo Místico: Distribución y uso de la riqueza
<em>Conferencia en la Concentración Nacional de Dirigentes del Apostolado económico-social. Enero de 1950, Cochabamba, Bolivia.</em>
Alberto Hurtado Cruchaga, sj</h4>
<h6></h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Texto del libro "Un fuego que enciende otros fuegos. Páginas escogidas del Padre Alberto Hurtado"</h6>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5>La espiritualidad cristiana en nuestro siglo se caracteriza por un deseo ardiente de volver a las fuentes, de ser cada día más genuinamente evangélica, más simple y más unificada en torno al severo mensaje de Jesús. La espiritualidad contemporánea se caracteriza también por la irradiación de sus principios sobrenaturales a todos los aspectos de la vida, de modo que la fe repercute y eleva no solo las actividades llamadas religiosas, sino también las llamadas profanas. Por haber redescubierto, o al menos por haber acentuado con fuerza extraordinaria el mensaje gozoso de nuestra incorporación a Cristo con la consiguiente divinización de nuestra vida y de todas sus acciones, nada es profano sino profundamente religioso en la vida del cristiano.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, al buscar a Cristo es necesario buscarlo completo. Basta ser hombre para poder ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, esto es, para poder ser Cristo (cf. <em>1Co</em> 12,12-27). El que acepta la encarnación la debe aceptar con todas sus consecuencias, y extender su don no solo a Jesucristo sino también a su Cuerpo Místico. Y este es uno de los puntos más importantes de la vida espiritual: desamparar al menor de nuestros hermanos es desamparar a Cristo mismo; aliviar a cualquiera de ellos es aliviar a Cristo en persona. Tocar a uno de los hombres es tocar a Cristo. Por esto nos dijo Cristo que todo el bien o el mal que hiciéramos al más pequeño de sus hermanos a Él lo hacíamos (cf. <em>Mt</em> 25). El núcleo fundamental de la revelación de Jesús, “la Buena Nueva”, es pues nuestra unión, la de todos los hombres, con Cristo. Luego, no amar a los que pertenecen a Cristo, es no aceptar y no amar al propio Cristo.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué otra cosa sino esto significa la pregunta de Jesús a Pablo cuando se dirige a Damasco persiguiendo a los cristianos: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues…?”. No dice la voz “¿por qué persigues a mis discípulos?”, sino “¿por qué me persigues? Soy Jesús a quien tú persigues” (<em>Hch</em> 9,4-5).</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cristo se ha hecho nuestro prójimo, o mejor, nuestro prójimo es Cristo que se presenta a nosotros bajo una u otra forma: preso en los encarcelados; herido en un hospital; mendigo en la calle; durmiendo, con la forma de un pobre, bajo los puentes de un río. Por la fe debemos ver en los pobres a Cristo, y si no lo vemos es porque nuestra fe es tibia y nuestro amor imperfecto. Por esto san Juan nos dice: Si no amamos al prójimo a quien vemos, ¿cómo podremos amar a Dios a quien no vemos? (cf. <em>1Jn</em> 4,20). Si no amamos a Dios en su forma visible ¿cómo podremos amarlo en sí mismo?</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La comunión de los santos, dogma básico de nuestra fe, es una de las primeras realidades que se desprende de la doctrina del Cuerpo Místico: todos los hombres somos solidarios. Todos recibimos la Redención de Cristo, sus frutos maravillosos, la participación de los méritos de María nuestra Madre y de todos los santos, palabra esta última que con toda la verdad puede aplicarse a todos los cristianos en gracia de Dios. La comunión de los santos nos hace comprender que hay entre nosotros, los que formamos la “familia de Dios”, vínculos mucho más íntimos que los de la camaradería, la amistad, los lazos de familia. La fe nos enseña que los hombres somos uno en Cristo, participantes de todos los bienes y sufriendo las consecuencias, al menos negativamente, de todos nuestros males.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soluciones al problema de la injusta distribución de los bienes. El primer principio de solución reside en nuestra fe: Debemos creer en la dignidad del hombre y en su elevación al orden sobrenatural. Es un hecho triste, pero creo que tenemos que afirmarlo por más doloroso que sea: La fe en la dignidad de nuestros hermanos, que tenemos la mayor parte de los católicos, no pasa de ser una fría aceptación intelectual del principio, pero que no se traduce en nuestra conducta práctica frente a los que sufren y que mucho menos nos causa dolor en el alma ante la injusticia de que son víctimas. Sufrimos ante el dolor de los miembros de nuestra familia, ¿pero sufrimos acaso ante el dolor de los mineros tratados como bestia de carga, ante el sufrimiento de miles y miles de seres que, como animalitos, duermen botados en la calle, expuestos a las inclemencias del tiempo? ¿Sufrimos acaso ante esos miles de cesantes que se trasladan de punto a punto sin tener otra fortuna que un saquito al hombro donde llevan toda su riqueza? ¿Nos parte el alma, nos enferma la enfermedad de esos millones de desnutridos, de tuberculosos, focos permanentes de contagio porque no hay ni siquiera un hospital que los reciba?</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿No es, por el contrario, la cómoda palabra “exageración”, “prudencia”, “paciencia”, “resignación”, la primera que viene a sus labios? Mientras los católicos no hayamos tomado profundamente en serio el dogma del Cuerpo Místico de Cristo que nos hace ver al Salvador en cada uno de nuestros hermanos, aun en el más doliente, en el más embotado minero que masca coca, en el trabajador que yace ebrio, tendido física y moralmente por su ignorancia, mientras no veamos en ellos a Cristo nuestro problema no tiene solución.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesaria la cooperación inteligente de los técnicos que estudien el conjunto económico–social del momento que vive el país y proponga medidas eficaces. Ha llegado la hora en que nuestra acción económico–social debe cesar de contentarse con repetir consignas generales sacadas de las encíclicas de los Pontífices y proponer soluciones bien estudiadas de aplicación inmediata en el campo económico–social. Tengo la íntima convicción de que si los católicos proponen un plan bien estudiado que mire al bien común, encontrará el apoyo de buenas voluntades que existen en todos los campos y se convertirá este plan en realidad.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para terminar hagamos nuestro el pensamiento de Pío XII en su mensaje de Navidad de 1939 cuando dice que “las reglas, aun las mejores, que puedan establecerse jamás serán perfectas y estarán condenadas al fracaso si los que gobiernan los destinos de los pueblos y los mismos pueblos no se impregnan con un espíritu de buena voluntad, de hambre y sed de justicia y de amor universal, que es el objetivo final del idealismo cristiano”. Esta hambre y sed de justicia en ninguna otra realidad puede estimularse más que en la consideración del hecho básico de nuestra fe: por la Redención todos somos uno en Cristo; Él vive en nuestros hermanos. El amor que a Él le debemos hagámoslo práctico en los que a él representan. “Lo que hicierais al menor de mis pequeñuelos a mí lo hacéis” (<em>Mt</em> 25,40).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Humanismo avanzado: Persona, custodia de la creación y sociedad biotecnológica - Albert Cortina</title>
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		<pubDate>Mon, 11 Nov 2019 21:28:59 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Albert Cortina, abogado y urbanista
Para citar: Cortina, Albert,<em> Humanismo avanzado: Persona, custodia de la creación y sociedad biotecnológica</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.325-334.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/ACORTINA_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;"><em>Humanismo avanzado</em>: Persona, custodia de la creación y sociedad biotecnológica
Albert Cortina
Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Humanismo avanzado: La defensa de la naturaleza humana</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué es el hombre? De la respuesta que se dé a esta pregunta dependerá de forma relevante cuál vaya a ser nuestro futuro, tanto a nivel individual, como social. De la cosmovisión sobre el ser humano que tengamos entenderemos a la persona como singular, exclusiva y diversa o bien como un simple artefacto material, un cuerpo y una mente que pueden mejorarse con las biotecnologías exponenciales y diseñarse morfológicamente de forma libre y sin ningún tipo de límites.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De nuestra visión del mundo veremos a la humanidad como una familia generadora de vida, que ocupa el planeta Tierra, nuestra <em>Casa común</em> - tal y como la denomina el Papa Francisco en la encíclica <em>Laudato si’- </em>sostenida por un Dios creador, o bien, como una especie más entre las existentes, sin propósito ni sentido, lanzada por el azar a la inmensidad del universo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La gran virtud de la especie humana es que su determinación en tanto que especie natural no es cerrada, sino que compete a su propio modo de ser ir más allá de su determinación biológica. El proyecto humano es abierto, tal y como señala el monje cisterciense del monasterio de Santa María de Poblet (Catalunya- España), Fra Lluc Torcal en su artículo <em>“Cristo versus Prometeo: un debate renovado”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a></em>. Mucho peso tiene en nuestro ser aquello que no somos, pero que queremos ser. En definitiva, somos una esencia abierta. Aspiramos a lo largo de la historia al perfeccionamiento del proyecto humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, no podemos hacer cualquier cosa de nosotros, simples seres materiales a merced de las antropotécnicas. Tal y como señalan los filósofos Alfredo Marcos y Moisés Pérez en su libro <em>Meditación de la naturaleza humana, </em>no todo vale, no todo da igual en lo que tiene que ver con nosotros. No podemos hacer con nuestra especie lo que se nos antoje, por mucho que se nos quiera agradar con un futuro prometeico.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante las utopías-distopías del paradigma tecnocrático debemos reivindicar nuestro carácter vulnerable y dependiente, fieles a una tradición que trate de recuperar nuestra dimensión corpórea como una nota más de la unidad psicofísica que es nuestra personalidad. No se trata de demonizar todo aquello que vaya en beneficio de la persona y de nuestra especie, sino de reflexionar la oportunidad de aquello que nos lleva más allá de nosotros mismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este modo, mi propuesta es transitar por esta sociedad biotecnológica que emerge en pleno siglo XXI desde un humanismo avanzado que conecte nuestra mente con nuestro corazón, que esté abierto a la trascendencia y que se sustente en nuestra inteligencia espiritual centrada en el amor a nuestros semejantes y a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Transhumanismo: La transformación biotecnológica de la naturaleza humana </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde una perspectiva radicalmente distinta, entre otros pensadores contemporáneos, el filósofo alemán Peter Sloterdijk hace suyo el transhumanismo/posthumanismo, ideología que niega la naturaleza humana fija e inmutable y la considera politizable y maleable. Dicho autor centra en la antropotécnica, es decir, en las nuevas perspectivas de la ingeniería genética, la posibilidad de controlar la tendencia a la barbarie presente en la contemporaneidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por su parte, el profesor Dalmacio Negro, en su obra <em>La politización de la naturaleza humana</em>, trata de forma extensa las consecuencias de la negación por parte de la postmodernidad de la existencia de la naturaleza humana. En su libro <em>El mito del hombre nuevo </em>Negro profundiza en los antecedentes, rasgos y tendencias de este transhumanismo/posthumanismo que, entiende, implica una autentica religión secular, basada en la fe en el poder del conocimiento. Esta fe no significa confianza en el hombre; al contrario, es una ideología que solo tiene en cuenta el poder. Según esta creencia científico-técnica únicamente la utilización del conocimiento puede salvar al hombre, impulsando la transformación radical de la naturaleza humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para el autor, esta nueva religión secular, que no es una simple secularización de la religión cristiana, sustituye a la religión en sentido estricto. Cambia la relación de lo divino por la relación con el poder del conocimiento, al que sacraliza. Su ámbito es la temporalidad, rechaza la trascendencia, y su referente es el futuro terrenal, no la eternidad. Explica la realidad a través de la certeza racional y ofrece la salvación del hombre mediante la superación de lo natural. Según este filósofo, la idea fuerza de esta religión secular es el hombre nuevo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para dicho autor se da en la actualidad un paso decisivo de la política a la biopolítica, de las ideologías a las bioideologías: mientras las ideologías esperan cambiar al hombre indirectamente, transformando los mecanismos o estructuras sociales, las bioideologías aspiran a transformar directamente la naturaleza humana, y secundariamente las estructuras sociales. Lo que plantea la biopolítica, entiende Negro, no es tanto la consecución del poder político en sí mismo para transformar la sociedad globalmente, cuanto la construcción a la carta de la identidad humana. De ahí, quizás, su poder de penetración. El sujeto ha desaparecido. Para la biopolítica todo es objeto, también el hombre. La política se hace, por tanto, totalizante. Es la política orientada a la organización total de la vida, desde su origen hasta la muerte. Es el poder integral sobre la vida, es decir, la biopolítica. La naturaleza humana resulta, de este modo, politizada, objeto de una política totalizadora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La transformación de la política en biopolítica, su ansia de colonizar ya no territorios, sino al hombre, la sustitución de la <em>polis</em> por lo personal, es clara. La actuación de nuestros gobernantes se refiere de manera principal al hombre, la vida o el sexo. A la vez y consecuentemente, la política actúa como moral o religión secular. En este sentido para Richard Stith, profesor de Derecho de la Universidad de Valparaiso en Indiana (EEUU),  los derechos humanos, cuya interpretación es orientada no pocas veces por la biopolítica, funcionan como religión mundial interpretada por los nuevos “sacerdotes” seculares: los jueces.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Efectivamente, los jueces se están convirtiendo en los nuevos sacerdotes de la sociedad civil, porque tienen que tomar decisiones muy grandes sobre asuntos controvertidos y de contenido y connotaciones morales sobre la persona. Esto ocurre sobre todo al tener que interpretar los principios generales del Derecho, como por ejemplo, el principio de precaución, ante aspectos como la modificación genética en la línea germinal y el diseño biotecnológico de la condición humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se abre, pues, una brecha profunda entre el afán de mejorar al hombre según su naturaleza y la pretensión de transformarlo, negando dicha naturaleza humana, e incluso pretendiendo superarla. Se expande la cultura de la maleabilidad del hombre postmoderno. Sin embargo, cabe tener muy presente el alcance y la trascendencia de la actual abolición de la naturaleza humana y sus consecuencias para el conjunto de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Las identidades de género y la diversidad transespecie: La creación de una naturaleza posthumana</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los transhumanistas promueven la idea de que las tecnologías de mejoramiento humano (<em>human enhancement technologies</em>) deberían estar ampliamente disponibles; que los individuos deben tener amplia discreción sobre cuál de estas tecnologías se aplican a sí mismos (libertad morfológica), y que los padres normalmente deberían decidir a qué tecnologías reproductivas deben recurrir al tener niños (libertad reproductiva).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, los transhumanistas creen que si bien existen riesgos que deben ser identificados y evitados, las tecnologías de mejoramiento humano ofrecen un enorme potencial para usos profundamente valiosos y beneficiosos para la humanidad. En última instancia, es posible que esos mejoramientos puedan hacernos a nosotros o a nuestros descendientes “posthumanos”, seres con una longevidad indefinida, facultades intelectuales mucho mayores que las de cualquier ser humano actual (y tal vez sensibilidades o modalidades completamente nuevas), así como la capacidad de controlar sus propias emociones. El más sabio enfoque frente a estas perspectivas, argumentan los transhumanistas, es “abrazar el progreso tecnológico, defender vigorosamente los derechos humanos y la elección individual” según el filósofo Nick Bostrom, profesor de la Universidad de Oxford y director del <em>Future of Humanity Institute<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a>.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la misma dirección, el filósofo futurista y transhumanista libertario Max More en 1995 explico que “los transhumanistas buscan la continuación y aceleración de la evolución de la vida inteligente más allá de su forma humana actual y sus limitaciones por medio de la ciencia y la tecnología, guiados por principios y valores de la promoción de la vida”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde una visión de post-genero, la bióloga y filósofa estadounidense Donna Haraway en su ensayo <em>El Manifiesto Ciborg</em>, publicado en 1985 y revisado en 1991, propone erradicar el género buscando una alternativa al sistema patriarcal y al feminismo esencialista. Para ello, la idea del ciborg le resultó ad hoc al contexto que pretendía mostrar. Un ser fusionado-confundido entre hombre-máquina que no necesita distinciones. Y es que en el pensamiento de Haraway existe la creencia de que no hay diferencias entre vida natural y máquinas artificiales hechas por el hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo las propuestas pioneras de Haraway, actualmente algunos movimientos ideológicos pretenden acabar con la cosmovisión de la Ley Natural que establece que solo hay hombres y mujeres, introduciendo la idea de que también hay personas intergénero, transgénero, transexuales y, así, hasta 37 tipos distintos de género. Atrás quedó también, según estas corrientes ideológicas, el tener que elegir entre seguir una condición heterosexual, homosexual o bisexual. Ahora ya plantean el ser pansexual, demisexual o <em>queer</em>, entre otras muchas opciones que ofrecen.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dentro del género trans, personas que se cambian de sexo, existen según esta ideología, varias categorías: transgénero, hombre trans, persona trans, mujer trans, <em>female to male</em>, <em>male to female</em>, transfemenino, transmasculino, transexual, mujer transexual, hombre transexual y persona transexual. Algunos pueden parecer lo mismo, pero se definen por este movimiento ideológico como distintos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero la cosa no se queda ahí, también se puede ser andrógino (mezcla entre mujer y hombre), neutrosis (género neutro, ni hombre ni mujer), personas de sexo no ajustado (no quieren calificarse ni como hombres ni como mujeres) y <em>berdache</em> (personas que se visten con ropa asociada al sexo opuesto). Finalmente, para el movimiento ideológico descrito, existen otras identidades como no-binario, agénero, bigénero, género fluido, pangénero, poligénero o intergénero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, la disolución de la naturaleza humana, su abolición para crear otra condición no humana, una nueva naturaleza posthumana, no se queda en las identidades de género yendo más allá, hasta concebir la noción de <em>transespecie</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La <em>Transpecies Society</em> es una asociación con sede en Barcelona (España) que da voz a las identidades no humanas. Según sus impulsores, dicha comunidad “aumenta la conciencia sobre los retos a los que los transespecie se enfrentan, aboga por la libertad de autodiseño y ofrece el desarrollo de nuevos sentidos y órganos”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según Manel Muñoz, uno de los fundadores de la <em>Transpecies Society</em>, “el movimiento transespecie se inspira en una visión no jerárquica de la naturaleza y en la voluntad de percibirla de otra manera, lo que supone, por ende, modificar la propia identidad. He cambiado la conciencia que tengo de lo que me rodea, la manera en cómo entiendo el mundo. Y también he adquirido una conciencia más medioambiental, percibo el entorno como un ente vivo”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este joven barcelonés se define a sí mismo como transespecie, lleva un explante que le permite sentir la atmósfera: parecido a un implante coclear, el barómetro está conectado a sus orejas, dándole la oportunidad de asociar los cambios de presión con pequeñas vibraciones en sus lóbulos. “Siento que soy un poco la atmósfera, tengo una conexión con ella: cuando ella se mueve, mi cuerpo se mueve. Siento más que estamos en un mar de aire, ya no veo mi entorno como un vacío. Pero quiero ir más allá y estoy elaborando el siguiente prototipo. Serán unas orejas barométricas para notarlo con más precisión. Será el primer implante sensorial orgánico, y me encantaría que tuviera forma de aletas”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estamos, pues, ante la expansión de este movimiento con connotaciones transhumanistas/posthumanistas, y que empezaron los ciborgs Neil Harbisson y Moon Ribas, devenidos ahora transespecie. Según ellos, tú eliges qué y cómo quieres sentir y lo que quieres ser. Lo cual no solo permite dotarte de otra identidad, sino que también adquieres otro lenguaje, otro discurso<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, y para concluir, en nuestra opinión el derecho al propio cuerpo debemos entenderlo en el sentido en que ha sido establecido en ciertos textos jurídicos (por ejemplo, en la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de la Unesco de 2005). De dichos textos se deduce que la identificación e interpretación de esos derechos no puede hacerse al margen de una teoría moral. Más en concreto, los derechos son algo más que posiciones normativas (expectativas positivas y negativas) en las que se sitúan ciertos sujetos; son también – sobre todo- los bienes y valores que trata de satisfacerse a través de esa articulación normativa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de los derechos de la personalidad, se trata obviamente del valor que solemos designar como dignidad, de manera que para valorar ese derecho al mejoramiento humano desde las biotecnologías, necesitamos entrar necesariamente a analizar el concepto de persona y el de dignidad. En definitiva, tenemos que posicionarnos sobre nuestra cosmovisión sobre la naturaleza humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Ecosistemas naturales: La belleza de la Creación de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la cosmovisión del humanismo avanzado, el verdadero perfeccionamiento humano es integral, trascendente, solidario y se desarrolla custodiando los ecosistemas naturales y siguiendo la Revelación divina a través de la creación. A nuestro entender, el mejoramiento humano pretendido por la ideología del transhumanismo, en ecosistemas digitales, de vida sintética y con un dominio absoluto de la inteligencia artificial respecto a la persona humana puede llevarnos a una posthumanidad que no nos conviene.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la intervención pronunciada por Benedicto XVI durante la audiencia general del miércoles 9 de noviembre de 2005 dedicada a meditar sobre el Salmo 135, 1-9, “Himno Pascual”, el Papa emérito recordaba cómo el primer signo visible de la misericordia divina hay que buscarlo en la belleza de la Creación. La mirada, llena de admiración y maravilla, se detiene ante todo al contemplar la Creación: los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas. Los ecosistemas naturales de nuestro planeta Tierra y el universo entero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de la humanidad, se da la revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador, “Dios de los dioses” y “Señor de los señores” (Cf. Salmo 135, 2-3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como se recita en el Salmo 18, “el cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos”. Existe, por tanto, un mensaje divino grabado misteriosamente en la Creación, signo de la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Benedicto XVI en la citada meditación nos recuerda que es necesario tener ojos limpios para contemplar esta manifestación divina, tal y como expresa el Libro de la Sabiduría al recordar que “de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor” (Sb 13, 5; Cf. Rm 1,20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De las obras creadas - de esos ecosistemas naturales de los que los seres humanos formamos parte y de los que somos custodios - se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia. El hombre puede así descubrir el amor de Dios contemplando la belleza de la creación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es interesante ver cómo san Basilio Magno, uno de los padres de la Iglesia del siglo IV, en su primera homilía sobre el <em>Hexamerón</em>, en el que comenta la narración de la Creación según el primer capítulo del Génesis, se detiene a considerar la sabia acción de Dios, y acaba reconociendo en la bondad divina el centro propulsor de la creación. Tenemos grabado en nuestra alma el nombre de Dios, es decir, tenemos impresa en nuestro corazón esta Verdad: “En el principio creó Dios”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, en la actualidad son muchos los que desde una cosmovisión meramente cientificista, racionalista, agnóstica, atea o simplemente con una actitud indiferente respecto a Dios y a su creación natural y sobrenatural, ven el universo, la biosfera, los ecosistemas naturales, e incluso al ser humano, carente de una guía y de un orden, sin propósito ni sentido, como si todo ello estuviera a la merced de la casualidad o del azar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, desde la cosmovisión cristiana, entendemos que al inicio la Palabra creadora – esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el Cosmos – puede definirse como el Dios-Amor. Cuando nuestra mente se despeja e ilumina por la gracia, percibimos el mensaje de la Creación, inscrito en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora, y esta Sabiduría es amor y bondad: “es eterna su misericordia”. Y es entonces cuando la persona humana experimenta una plenitud y una felicidad que da sentido a su vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Partiendo de esta visión, se comprende mejor la encíclica <em>Laudato si’</em> del Papa Francisco cuando nos invita a una conversión ecológica, a un cambio en nuestra filosofía y estilo de vida, a un desarrollo humano integral, a la custodia de la Creación desde una ecología integral para hacer frente al paradigma tecnocrático que puede hacernos infelices e incluso acabar con nuestra esencia humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la contemplación de la belleza de la Creación estamos llamados a la conservación de los ecosistemas naturales y a la preservación de la naturaleza y condición humana tal y como Dios la ha proyectado desde el principio, esto es, a imagen y semejanza suya (<em>imago Dei</em>) para alcanzar, de este modo, nuestro pleno desarrollo integral como personas y el perfeccionamiento del proyecto humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Ecosistemas digitales: La incertidumbre de la globalización tecnológica</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Seréis como dioses” (Gn 3,5) fue el argumento decisivo que utilizó el demonio para que el primer hombre cayera en la tentación y en la ambición. No obstante, el error humano no consistió en querer ser igual a Dios. En sí mismo esto no está mal; es más, Jesucristo nos invita a imitar a Dios y a ser perfectos como Él (cf. Mt 5,48). El error fue en el concepto que el primer hombre tuvo del creador como dueño y gobernador de toda la Creación. En esa concepción reduccionista radicó su error. Los primeros humanos no reconocieron que Dios era en primer lugar y sobre todo Amor. No supieron descubrir que la creación no era solo un acto de poder y dominio inigualables, sino ante todo un acto de amor gratuito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchos siglos después de este relato bíblico, el ser humano no ha cambiado mucho y seguimos tropezando con la misma piedra. Queremos ser como dioses, pero dioses poderosos, controladores de las leyes naturales y de la moral a merced de nuestra arbitrariedad y extravagancia. Queremos tener en nuestras manos la decisión sobre la vida y la muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra ambición se reduce a suplantar a Aquel que, visto de modo erróneo, sería poseedor, dueño de todo, alguien que rige el mundo a su antojo, un ente totalitario y globalizador. No hemos entendido todavía que la actitud auténticamente humana es amar. Conectarnos a esa fuente del Creador. Ese es el camino trazado para ser felices como personas: “Amad y seréis como dioses, como Dios. Entonces seréis plenamente hijos suyos” (cf. Mt 5, 45-46).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, en pleno siglo XXI seguimos siendo tentados por nuestra ceguera y ambición como lo fuera la humanidad en tiempos bíblicos de la Torre de Babel. Ahora queremos construir un Nuevo Orden Mundial basado en un biopoder totalitario que ansía el control absoluto de la vida. Queremos una globalización tecnológica basada en los ecosistemas digitales y en los ciberpaisajes virtuales que estamos diseñando desde nuestra lógica de “co-creadores” humanos. Nuestra tecnología y pensamiento van tejiendo alrededor de la biosfera y de los ecosistemas naturales una tecnoesfera y una noosfera que pronto será controlada por la inteligencia artificial y la biología sintética.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aspiramos incluso a ser posthumanos, es decir, a superar nuestra naturaleza y condición humana producto de la evolución biológica y cultural, para liberarnos así de las cadenas del sufrimiento, la enfermedad y la muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la ideología del transhumanismo y desde la nueva religión secular científico-racional, se nos promete el advenimiento de la Singularidad y de la inmortalidad cibernética. Sin embargo, desde el humanismo avanzado, con esperanza y sin miedo al futuro, proponemos una ética universal basada en la Ley Natural, un desarrollo integral de la persona abierto a la trascendencia, y una preservación de la naturaleza humana de acuerdo a la voluntad del Creador.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Coautor y coordinador de la trilogía de libros <em>¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano</em> (2015), <em>Humanidad infinita. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes</em> (2016) y <em>Singulares. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional</em> (2016).  Autor del libro <em>Humanismo avanzado para una sociedad biotecnológica</em> (2017).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Revista Temes d’Avui, “<em>Grandes retos de la humanidad: inteligencia artificial y transhumanismo. </em>Número 56 (2017).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Bostrom, N. “Transhumanist Values”. <em>Review of Contemporary Philosophy</em>. Vol. 4, mayo de 2005.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> https://web.archive.org/web/20051029125153/http://www.maxmore.com/transhum.htm</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> https://www.transpeciessociety.com/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> http://barcelones.com/talento/activismo-transespecie/2018/02/</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Ídem</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Ibídem</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>El audiovisual: Una oportunidad para rescatar el valor social de la familia - Juan Camilo Díaz B.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/el-audiovisual-una-oportunidad-para-rescatar-el-valor-social-de-la-familia-juan-camilo-diaz-b/</link>
		<pubDate>Sun, 17 Nov 2019 21:34:31 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Juan Camilo Díaz, Universidad de La Sabana
Para citar: Díaz, Juan Camilo,<em> El audiovisual: Una oportunidad para rescatar el valor social de la familia</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.402-411.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/JDIAZ_LRC_1203.pdf">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">El audiovisual: Una oportunidad para rescatar el valor social de la familia
Juan Camilo Díaz B. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Instituto de la Familia, Universidad de La Sabana, Colombia</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el presente artículo describiremos los fundamentos y el desarrollo del curso “Familia, cine y televisión” impartido por el Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana, Colombia, a más de 200 estudiantes cada semestre. Se trata de una experiencia formativa electiva que congrega a estudiantes de diversas carreras, quienes analizan noticias, programas y películas en donde la singularidad de la persona humana y la importancia y rol de la institución familiar son abordados desde las pantallas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="aligncenter" src="https://www.slantmagazine.com/wp-content/uploads/2009/10/naturalbornkillers.jpg" alt="Resultado de imagen de Natural born killers" width="266" height="380" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las nuevas generaciones, que nacen, crecen y se desarrollan en un entorno en donde prevalece lo digital, se mueven más por imágenes que por textos. En otras palabras, acuden más al cine y a la televisión que a los libros. Y aunque el audiovisual tiene un potencial pedagógico enorme, ya que “conceden un nuevo sentido al proceso educativo”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, aun persiste cierta resistencia a usarlo en la sala de clases. Sin embargo, es una óptima herramienta para cautivar, motivar y ayudar a los estudiantes a comprender temas de relevancia social y cultural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sociedad actual se caracteriza por una serie de factores que influyen y determinan incluso nuestro estilo de vida, intereses personales y proyectos. «La obsolescencia de las instituciones, la velocidad con la que se vive, los cambios vertiginosos en los estilos de vida, la información contenida, además de los hechos de diversa naturaleza acaecidos mundialmente, la cantidad de conocimiento producido, que es cada vez más pródiga y también más accesible»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>, entre otros, son algunos de los aspectos a considerar para comprender el contexto actual. Junto a esto, tampoco resulta fácil adaptarse a los cambios individuales y sociales que se presentan ya que son vertiginosos y silenciosos, pero profundos y sensibles, y afectan profundamente a la persona y la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por ejemplo, en la actualidad el concepto de familia se encuentra muy deteriorado entre los adolescentes por múltiples razones culturales e ideológicas, por lo que ya no quieren participar de la vida familiar, casarse, tener hijos, ni conformar su propia familia.  Sin embargo, y como lo demuestran diferentes estudios, «los jóvenes confían en su familia de origen, la consideran como fuente de apoyo […] y sigue siendo el eje de apoyo en sus vidas»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si tenemos en cuenta que la familia, al ser unidad básica social, representa los valores culturales de una sociedad, configura sus aspectos económicos, políticos, de división del trabajo, responsabilidades y su relación con el entorno, es claro que, sin importar el momento y la manera, es necesario que las personas se formen acerca del rol que esta cumple, para así revalorarla, darle el lugar que se merece en nuestras vidas y en la sociedad, y generar conciencia sobre la importancia de cuidarla, fortalecerla y promoverla.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al respecto, Conen afirma que «la primera estructura básica de ecología humana es la familia, en cuyo seno se aprende a amar y a ser amado, es decir, a ser persona»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, destacando además que «la realidad familiar de nuestro tiempo, -al menos en la cultura occidental- tiene indudables aspectos positivos que no se resaltan con suficiencia»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>, por lo que se deben hacer los esfuerzos necesarios para recobrar su valor estratégico para la persona y la sociedad. Además, debemos tener en cuenta que la familia es por su naturaleza la educadora número uno de los hijos. De hecho, «si la familia no cumple con su función educativa, otros lo harán, como por ejemplo los medios de comunicación»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué, entonces, no aprovechar ese “riesgo” de los medios de comunicación, como el cine y la televisión, para ayudar en la tarea educativa de conceptos básicos para mejorar el conjunto de la sociedad? Una de las múltiples opciones que se puede utilizar hoy para acercar, conocer, sensibilizar y comprender con mirada reflexiva y crítica lo que ha sucedido y sucede con la institución familiar es el audiovisual, que desde sus orígenes ha implicado cambios radicales. Desde su aparición, el cine (1895) y la televisión (1926), han facilitado al mundo conocer sus logros y fracasos. Además, han permitido que se generen nuevos procesos creativos, el desarrollo de espacios de uso del tiempo libre, de manejo del ocio, del entretenimiento y el placer. Así, tanto el cine como la televisión han hecho parte de la historia de nuestro tiempo y de nuestras vidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos tener en cuenta, como lo afirma González Gaitano, que «cada nuevo medio de comunicación introduce una ganancia cultural y conlleva simultáneamente una pérdida, como mostró McLuhan. Así, por ejemplo, la imprenta extendió la lectura a todos los estratos sociales y posibilitó la enseñanza universal obligatoria; a su vez, oscureció toda una cultura oral con su enorme riqueza. La televisión ha cambiado el modo de imaginar, de aprender y de razonar de la generación audiovisual; así como Internet está cambiando los hábitos de consumo de medios y los circuitos mentales de la generación digital»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Por eso, a pesar del impacto negativo que puede tener sobre otros aspectos, debemos aprovechar al máximo lo mejor de ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tanto el cine como la televisión son documentos/testimonio que involucran los más variados aspectos simbólicos e imaginarios individuales y colectivos. Todo lo anterior, gracias a la capacidad humana de crear, re-crear, asombrarnos, imaginar y explorar, realizando permanentemente una interpretación de lo que captan nuestros sentidos. «El ser humano desde los inicios de la humanidad ha coexistido con elementos considerados como valiosos: el bien, el mal, la belleza, la felicidad, la verdad»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>, y una de las herramientas de las cuales se ha valido para dicha coexistencia es el audiovisual, que representa al hombre y al mundo, definiendo nuevas formas de vivir y sentir.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><img class="aligncenter" src="https://http2.mlstatic.com/los-ninos-del-cielo-majid-majidi-pelicula-dvd-D_NQ_NP_614722-MLM28911053283_122018-F.jpg" alt="Resultado de imagen de los niños del cielo" width="323" height="455" /></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el caso de la televisión, por ejemplo, en las últimas décadas se ha transformado en un instrumento poderoso que se ha instalado en la vida de las sociedades en general y, con gran fuerza, en la vida de las personas<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Escapar de su influencia es muy complicado. Si bien televisión significa visión a distancia, es claro que nos hemos acercado mucho a ella y le permitimos que de alguna manera marque una pauta en nuestras vidas<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. La televisión da ejemplo, modelos a seguir, soluciones, por lo que en cierto modo se ha ganado nuestra confianza, que no está mal cuando hacemos buen uso de esos mensajes, pero cuando estamos sometidos al régimen de la televisión las cosas comienzan a complicarse. «A la televisión se le achacan todos los males de la sociedad, pero debemos aprender a usarla, a trabajarla a nuestro favor»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y ese impacto hoy día tiene más fuerza, pues ya han pasado diversas décadas desde que el televisor llegó a los hogares y nuestras vidas. No obstante, estos últimos años ha surgido tecnológicamente una gran diversidad de dispositivos para acceder a los medios televisivos: desde el clásico televisor hasta un ordenador, un teléfono móvil o una tableta, los cuales sirven como aparato de televisión para acceder a diferentes contenidos, que gracias a los avances de la web 2.0 y la versatilidad de Internet ha fortalecido uno de los medios de comunicación y ha permitido que los ciudadanos elijamos no solo qué ver, sino cuándo y dónde. «La televisión, como consecuencia de los avances tecnológicos, se ha convertido en un recurso para la interacción y participación, donde sus límites trascienden de la pantalla televisiva para ser accedida a través de las ventajas que ofrece el uso de la web, donde se proyecta de forma efectiva la capacidad de estos servicios para que los espectadores y usuarios frecuentes los utilicen de una forma eficaz, eficiente y satisfactoria»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y aunque se reconoce el valor del audiovisual en diferentes ámbitos y se aprecian sus ventajas como recurso, los profesores rechazan su uso en el aula por su desconocimiento<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Para Fombona, el audiovisual «se ha convertido en un recurso didáctico desaprovechado. Su elevada capacidad comunicacional, eficazmente utilizada en otros sistemas de relación humana, está infrautilizada en los ámbitos educativos»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo anterior nos lleva a tomar conciencia de una realidad: no sabemos leer las imágenes porque no estamos alfabetizados audiovisualmente y los profesores se forman, en muchos casos, al margen, con rechazo y temor al audiovisual. Las videotecas no están organizadas, por ejemplo, con un criterio de oportunidad educativa, sino simplemente por títulos y temas. Y los más pequeños, niños y adolescentes, simplemente ven, pero están lejos de comprender los mensajes del lenguaje audiovisual. Debemos dejar el temor y dar paso a las grandes oportunidades que la imagen y el sonido nos ofrece. Por eso, es necesario conocer las razones que llevan a que el audiovisual sea utilizado como herramienta pedagógica y como una oportunidad de transmisión de conocimientos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para Ramos, Botella y Gómez, «la utilización de los medios audiovisuales en la educación está ampliamente documentada y especialmente desde la implementación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Desde su incorporación se han desarrollado multitud de metodologías y recursos tanto para el estudio como para el desarrollo de destrezas y habilidades»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Así, el audiovisual, en sus diferentes formas y narrativas, es una poderosa herramienta pedagógica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la misma línea, Area Moreira afirma que el factor fundamental para mantener la motivación hacia el aprendizaje depende no tanto del tiempo de uso de las tecnologías de la información, sino de la calidad y naturaleza de las actividades de aprendizaje que se desarrollan con las mismas. Así, el audiovisual forma parte integrante del área del lenguaje. Su mensaje intuitivo es captado con agrado por los alumnos, favoreciendo un marco globalizado ante la cambiante sociedad<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Por eso, el autor insiste en que «el audiovisual debería incorporarse al aula como motor reflexivo de procesos culturales transnacionales y lingüísticos de nuestro tiempo, y urge formar para que sea selectiva y eficaz en el uso de estos mensajes de naturaleza icónica»<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Barros sostiene que «los medios, son siempre educativos, en la medida en que influyen sobre lo que el joven aprende y sobre la manera en que aprenden, es decir, sobre sus saberes y sobre su relación con el saber, sobre el proceso donde se mezclan razón y emoción, información y representación. Los estudiantes aprenden, aunque con frecuencia se niegue o ignore este potencial»<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>. Así, el autor hace un llamado a incorporar los medios en la educación para integrar, revalorizar y resignificar la cultura cotidiana de los alumnos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También desde la psicología se ha puesto en evidencia las ventajas que conlleva la utilización del audiovisual en los procesos de enseñanza y aprendizaje, ya que su mezcla imagen – sonido facilita que los estudiantes asimilen una mayor cantidad de información simultánea gracias a los sentidos del oído y la vista. Sin embargo, si bien el uso de películas y series facilita el acercamiento a experiencias más allá de la realidad personal, es necesario tener en cuenta que el solo material, sin un sentido pedagógico claro y específico, no garantiza la apropiación del conocimiento. En consecuencia, es necesario tener claro qué se quiere transmitir, qué se espera del estudiante y definir cuáles son los mejores recursos para hacerlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El curso “Familia, cine y televisión” tiene como componente central el estudio de obras audiovisuales que, por su temática y concepto narrativo, sean idóneas para el trabajo dentro y fuera del aula y, al mismo tiempo, faciliten la apropiación del conocimiento que se busca. Sobre la base de una selección acuciosa de este material, se estructuró un itinerario formativo que describimos a continuación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="aligncenter" src="https://m.media-amazon.com/images/M/MV5BMDIzODcyY2EtMmY2MC00ZWVlLTgwMzAtMjQwOWUyNmJjNTYyXkEyXkFqcGdeQXVyNDk3NzU2MTQ@._V1_.jpg" alt="Resultado de imagen de the truman show" width="264" height="392" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Medios de comunicación, ficción e información</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta parte de la materia se muestra cómo funcionan los medios de comunicación, cuáles son las reglas que rigen la creación de información (por ejemplo, Agenda setting y Teoría del framing) y la ficción como estrategia creativa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las sesiones inician con la película “<strong>Poder y conspiración</strong>” (2005, EE.UU.), con la cual se da un primer vistazo a la forma como los medios de comunicación responden, como un actor social más, a las dinámicas e intereses de particulares y colectivos, y todo ese se ve reflejado en el tipo de información que transmiten y cómo lo transmiten.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después nos encontramos con “<strong>Natural born killers</strong>” (1994, EE.UU.), una película que, de forma satírica, invita a reflexionar sobre cómo los medios de comunicación crean y recrean falsos ídolos. El objetivo de ver y analizar esta película es tener conciencia de que los medios son espacios en donde la realidad se confunde con la ficción, y que debemos tener los sentidos atentos para saber diferenciarlos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Seguimos con “<strong>The Truman show</strong>” (1999, EE.UU.), en donde la vida de una persona hace parte de un reality show desde que nace. Sin imaginárselo, todo lo que Truman cree, hace, come, piensa, usa, rechaza, hace parte de una estrategia mediática de gran impacto en la audiencia. Con esta película se analiza y comprende la influencia que tienen las historias en nuestras vidas, ya sean de ficción o de información, y que todos los temas son susceptibles de ser mediados según necesidades, incluidos los temas de familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalizamos con “<strong>El Rey León</strong>” (1994, EE.UU.), película animada de Disney, que es uno de los grandes ejemplos de transmisión de ideología política y cultural. Siendo una adaptación de “Hamlet” de Shakespeare, la divertida historia de Mufasa, Simba, Timón y Pumba, muestra claramente cómo el poder y los valores de libertad, respeto y justicia social se ven amenazados por fuerzas externas (los migrantes), quienes representan una amenaza al ciclo natural del reino, a sus valores y principios, y deben vivir marginados en las periferias. Con esta realización se comprende que una película, independientemente de su formato o técnica, es un acto comunicativo que tiene una intencionalidad, un mensaje claro, que se complementa con relatos similares (películas, series, libros, comics, noticias, etc.) que refuerzan el mensaje principal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="aligncenter" src="https://img.over-blog-kiwi.com/3/77/91/60/20191016/ob_7ed68f_ziw0oigrp6kimtsnl9xbcnrrhzy.jpg" alt="Imagen relacionada" width="418" height="235" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La persona humana, sus virtudes y desafíos</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya con los aspectos básicos de funcionamiento y rol social de los medios de comunicación, partiendo de un criterio reflexivo, entramos de lleno a una serie de proyectos audiovisuales centradas en asuntos propios de la persona y la familia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, iniciamos esta segunda etapa con “<strong>Wonder</strong>” (2017, EE.UU.), una gran película en donde la persona es el centro de la historia. ¿Quiénes somos? ¿Cómo nos vemos? ¿Cómo nos ven los demás? ¿Qué tengo de extraordinario para dar a los demás? ¿Qué tienen de extraordinario lo demás para mí? Aquí lo inédito e irrepetible de la persona humana, su singularidad, creatividad y capacidad de asombro son los principales aspectos que se abordan para que unos a otros nos reconozcamos como lo que somos: ¡maravillosos!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Continuamos con “<strong>Los niños del cielo” </strong>(1997, Irán), una hermosa película, basada en hechos reales, en donde dos hermanos viven en medio de la desolación en un pequeño barrio de Teherán y tienen que compartir un par de zapatos pues sus padres no tienen dinero para que cada uno tenga los propios. La generosidad, la humildad, el servicio, el sacrificio, pero especialmente la empatía y el amor, son grandes reflexiones que se busca dejar en los estudiantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero claro, también como personas nos vemos inmersos en difíciles situaciones de autoestima, amor propio, necesidad de reconocimiento, que con la ayuda de la tecnología nos ha llevado a exponer nuestras vidas, de forma irreal en muchos casos, en las redes sociales. Así, “<strong>Caída en Picada</strong>” (2016, Netflix), es de gran ayuda para analizar este tema, puesto que narra cómo la vida de las personas depende del estatus en las redes sociales. ¿Soy lo que soy o lo que los demás esperan de mí? ¿Mil <em>likes</em> valen más que mi realidad, de aquello que soy como persona?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya fortalecido el aspecto personal, desde lo emocional, debemos tocar un tema sensible: el cuerpo y su sexualidad. Para ello se visualiza “<strong>Easy A</strong>” (2010, EE.UU.), película que narra la historia de una joven que decide fingir que lleva una vida promiscua, creyendo que así obtendrá algún tipo de recompensa como ser “popular” en su escuela. Sin embargo, las circunstancias se volverán en su contra, y tratar de reconstruir su verdadera imagen resulta más complicado de lo imaginado. Así, discutimos qué es realmente lo importante, quién soy y cómo proyecto una imagen real, basada en la honestidad y los valores personales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5><strong><img class="aligncenter" src="https://brendaforever.files.wordpress.com/2013/04/isi1.jpg?w=760" alt="Resultado de imagen de easy a" width="287" height="309" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5><strong>4. El matrimonio y la familia: instituciones de bien común</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para nadie es un secreto que el matrimonio es una institución que ha perdido protagonismo, fruto de un mal entendido concepto de lo que es, para qué es y cuáles son sus funciones. Para contrarrestar esa tendencia, y con el objetivo de evidenciar que el matrimonio y la familia son bienes comunes que históricamente han demostrado su beneficio para la humanidad, recurrimos a dos películas animadas. La primera de ellas es “<strong>Los Increíbles</strong>” (2004, EE.UU.), divertida historia en donde un superhéroe, retirado a la fuerza, y muy aburrido, decide volver a la aventura y tratar de salvar el mundo de una amenaza. A lo largo de la historia, y siguiendo de cerca los momentos del matrimonio entre Mr. Increíble y Elastic Girl, se evidencia que el acto más heroico que logran es formalizar su relación, mantenerse unidos y sacar a su familia, juntos, adelante. Y así, logran salvar el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente llegamos a “<strong>Intensa-mente</strong>” (2015, EE.UU.), película animada que es una joya. La historia es muy interesante: Rydle es una adolescente que vive a diario, de forma positiva y negativa, muchos sentimientos fruto de su edad y de algunos cambios en su vida. La alegría, la tristeza, la ira, el miedo, entre otros, hacen parte de su día a día, en donde muchas cosas inician y acaban, pero existe algo que jamás puede finalizar: la familia, los momentos en familia, los recuerdos de familia. A todas luces, la familia, lo primero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al final de las clases, los estudiantes deben preparar un proyecto audiovisual en donde aborden una temática definida sobre la familia, el respeto por la vida, la tecnología y las relaciones personales, los desafíos de la persona y la familia en los tiempos actuales, entre otros, en donde expresan su postura y mensaje utilizando el audiovisual como puente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="aligncenter" src="https://occ-0-1068-92.1.nflxso.net/dnm/api/v6/0DW6CdE4gYtYx8iy3aj8gs9WtXE/AAAABV2h-v6WMMhH_GrDjrN7NY7Vr9tYQ49N530KCmHERwJZBqUmUQF4I9vW6vaCPjCoHTzmG8pyOAuFeQ5nCJ6LF6ICyyNEldd4vg.jpg?r=dbc" alt="Resultado de imagen de intensa-mente" width="423" height="238" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Resultados del itinerario formativo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estos años de trabajo con la materia, algunas de las experiencias que se han podido recoger son:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">a. Los estudiantes reconocen que no cuentan con herramientas para valorar mejor una pieza audiovisual. Consideran, además, que después de finalizar la materia poseen las competencias necesarias para comprender con criterio más reflexivo no solo una serie o película, sino además las noticias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">b. Se toma conciencia de que, sin importar la ciencia de estudio, todos somos ciudadanos que nos vemos impactados por los mensajes que a diario nos llegan desde diferentes canales. Y que es necesario ser más críticos y confrontar la información.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">c. ¿Quién soy? ¿Cuál es mi proyecto de vida? ¿Qué me caracteriza? Estas son preguntas que se plantean después de un par de clases y que buscan dar respuesta siendo más conscientes de una maravilla: cada uno de ellos es un ser inédito, único e irrepetible en la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">d. Hay mayor conciencia de que las producciones audiovisuales no representa la realidad del matrimonio y la familia. Los celos, las peleas, las infidelidades y el desamor son los relatos más comunes y, según los alumnos, eso no es así, no se puede generalizar. Con la clase aprenden a diferenciar la realidad de la ficción y a encontrar relatos que sí realizan una construcción narrativa más realista y positiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En definitiva, “Familia, cine y televisión” es una propuesta académica que tiene como objetivo estudiar la realidad antropológica de la persona y la familia, siendo extensión de un proyecto educativo institucional centrado en la persona, y con la responsabilidad social que hoy nos llama con urgencia para abordar estos temas apegados a la verdad. Todo de la mano de los mismos medios y plataformas que criticamos porque pueden desinformar o abordar erróneamente un tema, pero que aprovechamos a nuestro favor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Profesor y Asesor Estratégico de Comunicaciones del Instituto de la Familia, Universidad de La Sabana, Colombia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Mercader Martínez, Y. (2012). <em>El cine como espacio de enseñanza, producción e investigación</em>. REencuentro. Análisis de Problemas Universitarios, (63), 47-52.a</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Martínez Sancho, S. (2003). <em>Recursos audiovisuales y educación</em>. Diálogos Revista Electrónica de Historia, 3 (4), 0.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Giraldo Zuluaga, G. (2014). La familia para los y las jóvenes de Caldas, Colombia. Reflexiones, 93 (1), 103-111.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Conen, C. (2018). <em>Ecología de la familia</em>. Universidad de La Sabana, Chía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ídem</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Díaz, J.C. (2018). <em>Los desafíos de la familia en la era digital</em>. Universidad de La Sabana, Chía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> González, N. (2009). <em>Familia y medios de comunicación social</em>. Recuperado de https://es.catholic.net/op/articulos/6621/cat/159/norberto-gonzalez-gaitano-familia-y-medios-de-comunicacion-social.html#modal</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Sanabria, H. (2009). <em>El ser humano y lo valioso del ser</em>. Educere, 13 (47), 907-917.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cf. Ramírez, María del Mar (2007): <em>La importancia de la televisión como espacio para la construcción de la sociedad</em>, en Global Media Journal, Vol. 4, Número 8; 4-6 Disponible en Internet (19.01.2012):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cf. Díaz, J. C. (2012). <em>La familia y la infancia frente a los contenidos televisivos</em>. Revista Comunicación, Nº10, Vol.1, año 2012, PP.1495-1504</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Díaz, J.C. (2014). Televisión, familia e infancia: estrategias y planes de acción. Universidad de La Sabana, Chía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Madrid, Zorileimy y Marcos, Mari-Carmen La televisión en un mundo conectado e interactivo: hacia una TV centrada en el espectador. Enl@ce: Revista Venezolana de Información, Tecnología y Conocimiento. 2013;10(3 [fecha de Consulta 7 de septiembre de 2019]. ISSN: 1690-7515. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=823/82329477007</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Cf. Vidal Puga, María Jesús (2006). <em>Investigación de las TIC en la educación</em>. Revista Latinoamericana de Tecnología Educativa, 5 (2), 539‐552.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Fombona Cadavieco, Javier (1999). Análisis de documentos audiovisuales para el aula. Comunicar. [fecha de Consulta 31 de agosto de 2019]. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=158/15801336</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Ramos Ahijado, S., Botella, A. y Gómez Jiménez, M. <em>El audiovisual como recurso didáctico en el aula: Creación de dibujos animados con Muvizu</em>. El Artista. 2016; (13). [fecha de Consulta 31 de agosto de 2019]. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=874/87449339006</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Cf. Area Moreira, Manuel. (2010). <em>El proceso de integración y uso pedagógico de las TIC en los centros educativos. Un estudio de casos</em>. Revista de Educación, 352, pp. 77-97.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Ídem.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Barros Bastida, Carlos, &amp; Barros Morales, Rusvel. (2015). <em>Los medios audiovisuales y su influencia en la educación desde alternativas de análisis</em>. Revista Universidad y Sociedad, 7(3), 26-31. Recuperado en 31 de agosto de 2019, de http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S2218-36202015000300005&amp;lng=es&amp;tlng=es.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La Sangre del Amor - San Alberto Hurtado Cruchaga, SJ</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/la-sangre-del-amor-san-alberto-hurtado-cruchaga-sj/</link>
		<pubDate>Sun, 17 Nov 2019 21:34:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">La Sangre del Amor
<em>Congreso de los Sagrados Corazones, 1944.</em>
Alberto Hurtado Cruchaga, sj</h4>
<h6></h6>
<h6></h6>
<h6 style="text-align: center;">Texto del libro "Un fuego que enciende otros fuegos. Páginas escogidas del Padre Alberto Hurtado"</h6>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tres palabras parecen remover el mundo contemporáneo y están en el fondo de todos los sistemas que se ofrecen como solución a los males de nuestra época: colectividad, solidaridad, justicia social. Nuestra Santa Madre Iglesia no desprecia esas palabras, sino muy por el contrario las supera con infinita mayor riqueza y con un contenido inmensamente más revolucionario y elevándose sobre ellas habla de unidad, fraternidad, amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas tres palabras son el fondo de toda la enseñanza de la Iglesia, de su enseñanza de siempre, pero especialmente renovada en nuestros días que han presenciado un desarrollo insospechado en la riqueza de sus aplicaciones de las doctrinas más sociales y revolucionarias que jamás se hayan pronunciado sobre la tierra. ¡Cristianos no sois máquinas, no sois bestias de carga, sois hijos de Dios! Amados por Cristo, herederos del Cielo… Auténticamente hijos de Dios; sois uno en Cristo; en Cristo no hay ricos ni pobres, burgueses ni proletarios; ni arios ni sajones; ni mongoles ni latinos, sino que Cristo es la vida de quienes quieren aceptar la divinización de su ser.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las grandes devociones que llenan nuestro siglo, las que brillan como el sol y la luna en nuestro firmamento son la fe honda en Cristo, camino para el Padre; y la ternura filial para María, nuestra dulce Madre camino para Cristo. El amor a María hace crecer en los fieles la comprensión de que María es lo que es por Cristo, su Hijo. “¡Id a Jesús!” es la palabra ininterrumpida de María, es el consejo que cada noche resuena en el mes de María. Y los fieles van a Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y este ha sido el sabio designio de nuestro Venerado Pastor al congregar a este Congreso de los Sagrados Corazones. En este momento en que el mundo se desangra, cuando estamos en vísperas no diría yo de celebrar, sino de lamentar que durante seis Navidades consecutivas no pueda resonar con verdad la palabra Paz sobre los hombres, y aún quizás durante cuánto tiempo tronará el cañón y los hermanos seguirán despedazándose y odiándose; en estos momentos en que vemos a nuestra Patria penetrar en una de las etapas más difíciles de la historia cuando la cesantía está rondando nuestros grandes centros industriales y comenzamos a ver fábricas que paran y obreros que se sumen en la desesperación de la miseria, en estos momentos en que naturalmente se agudizarán las palabras de odio, fruto de la amargura y del hambre, quiere nuestro Obispo que levantemos los ojos a ese símbolo de un amor que no perece, de un amor que no se burla de nosotros, de un amor que si prueba es por nuestro bien, de un amor que nos ofrece fuerzas en la desesperación, de un amor que nos incita a amarnos de verdad, y nos urge a hacer efectivo este amor con obras de justicia primero, pero de justicia superada y coronada por la caridad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En medio de tanta sangre que derrama el odio humano, la codicia de poseer, la pasión del honor, quiere nuestra Madre la Iglesia que miremos esa otra sangre, sangre divina derramada por el amor, por el ansia de darse, por la suprema ambición de hacernos felices. La sangre del odio lavada por la sangre del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En estos momentos hermanos, nuestra primera misión ha de ser que nos convenzamos a fondo que Dios nos ama. Hombres todos de la tierra, pobres y ricos, Dios nos ama; su amor no ha perecido, pues, somos sus hijos. Este grito simple pero mensaje de esperanza no ha de helarse jamás en nuestros labios: Dios nos ama; somos sus hijos… ¡Somos sus hijos! ¡Oh vosotros los 50.000.000 de hombres que vagáis ahora fuera de vuestra Patria, arrojados de vuestro hogar por el odio de la guerra, ¡Dios os ama! ¡Tened fe! ¡Dios os ama! ¡Jesús también quiso conocer vuestro dolor y tuvo que huir de su Patria y comer pan del destierro! Vosotros obreros los que estáis sumergidos en el fondo de las minas arrancando el carbón, a veces debajo del mar para ganar un trozo de pan, ¡Dios os ama! ¡Sois sus hijos! ¡El Hijo de Dios fue también obrero! Vosotros enfermos, que yacéis en lecho de dolor devorados por atroz enfermedad ¡sois hijos de Dios! Dios os ama, Jesús vuestro hermano comprende vuestro sufrimiento, el que tomó sobre sí el dolor del mundo. Vosotros mendigos, vosotros los que carecéis de todo, hasta de un techo que os cubra, los que vivís debajo de estos puentes o acurrucados en miserables chozas… ¡Dios os ama! ¡Sois hijos de Dios! Los pájaros tenían nido, las zorras una madriguera, pero Jesús vuestro hermano no tenía donde reclinar su cabeza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vosotros los que valientemente defendéis los derechos de los oprimidos, los que pedís que se dé al trabajador un salario que concuerde con su dignidad de hombre, vosotros los que clamáis, a veces como Juan en el desierto, que haya más igualdad en el trabajo, más equidad en el reparto de las cargas y en el goce de los beneficios, que la palabra amor deje de ser una palabra vacía para cargarse de profundo sentido divino y humano, no ceséis, no temáis; no estáis haciendo obra revolucionaria, sino profundamente humana, más aún, divina, pues Dios ama a sus hijos y quiere verlos tratados como hijos y no como parias. Si padecéis persecución por la justicia, no os desalentéis, Él la padeció primero, Él murió por dar testimonio de la verdad y del amor, pero tened confianza, Él es el vencedor del mundo y vosotros venceréis si no os separáis de sus enseñanzas y de sus ejemplos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si Dios nos ama ¿Cómo no amarlo? y si lo amamos cumplamos su mandamiento grande, su mandamiento por excelencia: Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado; en esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis los unos a los otros. La devoción a los Sagrados Corazones, no puede contentarse con saborear el amor de Dios, sino que ha de retribuirlo con un amor efectivo. Y la razón magnífica que eleva nuestro amor al prójimo a una altura nunca sospechada por sistema humano alguno, es que nuestro prójimo es Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que el respeto del prójimo tome el lugar de las suspicacias: que en cada hombre por más pobre que sea veamos la imagen de Cristo y lo tratemos con espíritu de justicia y de amor, dándole sobre todo la confianza de su persona que es lo que el hombre más aprecia, la estima debida al hermano más que la fría limosna; que el salario le sea entregado entero y cabal, tal que baste para una vida en verdad humana, como yo la quisiera para mí si tuviera que trabajar en su lugar; que el salario venga envuelto en el gesto de respeto y agradecimiento de quien comprende que jamás trabajo humano alguno puede ser suficientemente compensado con dinero y que en este sentido quedamos siempre deudores de los obreros que riegan con sus sudores nuestros campos y arrancan de la tierra los bienes que nos traen comodidad y bienestar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La mirada que dirigiremos estos días al Corazón Sagrado de quien nos mandó amarnos como hermanos nos hará avergonzarnos si nos sorprendemos con demasiada comodidad y regalo mientras muchos de nuestros hermanos carecen de lo más indispensable: ¿qué hacéis por mis pequeñuelos?, oiremos de labios del Maestro. Al levantar nuestros ojos y encontrarnos con los de María nuestra Madre, nos mostrará Ella a tantos hijos suyos, predilectos de su corazón que sufren la ignorancia más total y absoluta; nos enseñará sus condiciones de vida en las cuales es imposible la práctica de la virtud, y nos dirá: hijos, si me amáis de veras como Madre haced cuanto podáis por estos mis hijos los que más sufren, por tanto los más amados de mi corazón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Vosotros, cristianos, los que tenéis una posición desahogada mirad aquellos que se ahogan en su posición; los que tenéis, dad a los desheredados: dadles justicia, dadles servicios, el servicio de vuestro tiempo, poned al servicio de ellos vuestra educación, poned el servicio de vuestro ejemplo, de vuestros medios. Que el fruto de este Congreso sea un incendiarse nuestra alma en deseos de amar, de amar con obras, y que esta noche al retirarnos a nuestros hogares nos preguntemos ¿qué he hecho yo por mi prójimo? ¿qué estoy haciendo por él? ¿qué me pide Cristo que haga por él?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cristianismo se resume entero en la palabra amor: es un deseo ardiente de felicidad para nuestros hermanos, no sólo de la felicidad eterna del cielo, sino también de todo cuanto pueda hacerle mejor y más feliz esta vida, que ha de ser digna de un hijo de Dios. Todo cuanto encierran de justo los programas más avanzados el cristianismo lo reclama como suyo, por más audaz que parezca, y si rechaza ciertos programas de reivindicaciones no es porque ofrezcan demasiado, sino porque en realidad han de dar demasiado poco a nuestros hermanos, porque ignoran la verdadera naturaleza humana, y porque sacrifican lo que el hombre necesita más aún que los bienes materiales, los del espíritu, sin los cuales no puede ser feliz quien ha sido creado para el infinito.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El hombre necesita pan, pero ante todo necesita fe; necesita bienes materiales, pero más aún necesita el rayo de luz que viene de arriba y alienta y orienta nuestra peregrinación terrena: y esa fe y esa luz, sólo Cristo y su Iglesia pueden darla. Cuando esa luz se comprende, la vida adquiere otro sentido, se ama el trabajo, se lucha con valentía y sobre todo se lucha con amor. El amor de Cristo ya prendió en esos corazones… Ellos hablarán de Jesús en todas partes y contagiarán a otras almas en el fuego del amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Sexualidad integrada - Wenceslao Vial, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/11/sexualidad-integrada-wenceslao-vial-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 24 Nov 2019 02:53:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Wenceslao Vial, pbro.
Para citar: Vial, Wenceslao,<em> Sexualidad integrada</em>, en La Revista Católica, Nº1.202, julio-septiembre 2019, pp.386-401.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/11/WVIAL_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;">Armonía de la vida cotidiana
Wenceslao Vial, pbro. <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[1]</a>
Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftn1" name="_ftnref1"></a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;">«Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios» (Mt 5, 8)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es clara la enseñanza del Señor en la sexta bienaventuranza: solo los limpios de corazón verán a Dios. Si falta esa limpieza del centro más profundo de nuestro ser, de los afectos y deseos, no se consigue ver al creador. Esta limpieza no se refiere solo ni principalmente a temas de sexualidad. Más importante y necesario es sacudir la soberbia y despejar el yo del polvo de sí mismo. Es conocida, sin embargo, la relación entre ambos tipos de suciedad, que ha cuajado en un lema de origen agustiniano: «Lujuria oculta, soberbia manifiesta». La impureza de algún modo enturbia la vista y hace incapaces de preguntarse por el sentido último de las cosas, por la belleza del mundo, por las reglas del universo. Se cierra una puerta a la trascendencia. Los psicólogos, los profesores, los médicos, los padres…, y también los sacerdotes en su campo, confirman cómo se empequeñece la persona que centra su vida en la satisfacción del placer sexual. Muchos que podrían volar, permanecen pegados a la tierra, pues se «cortan las alas del espíritu» <a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cosimo Roselli, cuando pinta el fresco de las bienaventuranzas en la capilla Sixtina, incluye la curación de un leproso. El Señor es quien limpia, quien abre los ojos. Al afrontar este tema, es preciso hacer mención de la esperanza, recordando que las fuerzas fundamentales para crecer y vencer vienen de Dios. Él es quien nos cura. Él está interesado en que le veamos, en que podamos volar. La sexualidad vivida en modo humano abarca la dimensión espiritual y corporal, armónicamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sexualidad se integra en toda la persona, también en los llamados al celibato. No es algo que pueda subsistir reprimido o aplastado. La visión positiva que tiene la Iglesia de esta dimensión queda bien reflejada en el Catecismo: «La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer vínculos de comunión con otro» <a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Además, esta sexta bienaventuranza va en paralelo con la primera: bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos. Esto también significa la palabra “integrada”. No cabe una limpieza de corazón, sin vivir bien la pobreza. Buscar los últimos modelos de autos, de teléfonos o gastar innecesariamente en lo propio, empaña el corazón. Lo mismo podría decirse de no ser pacífico, justo o misericordioso… De no vivir, en definitiva, las otras bienaventuranzas. Esas bienaventuranzas que fueron blanco de la crítica de Nietzsche, como vimos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios ha creado al ser humano con cuerpo y dotado de sexualidad, que va más allá del acto y de la capacidad de reproducirse. Estos elementos se ven unidos por un complejo mecanismo hormonal a un placer sensitivo elevado, al bienestar, a la relajación psíquica y física. Los flujos químicos que se derivan fomentarían incluso mirar el futuro con más optimismo y con menos agobio. Por esto, algunos han pensado que el uso de la sexualidad es una necesidad irrenunciable, y que el sacerdote se enferma o comete crímenes al no emplearlos. Esta observación contradice la evidencia. Aparte de que la actividad sexual no es la única ni la principal fuente de relajación, la mayoría de los crímenes en la materia los cometen personas que no ponen límites, y no los que dejan de usarla. Quien solo busca el bienestar cae fácilmente en abusos, también dentro del matrimonio. Los actos y el placer que lo acompañan son necesarios para la subsistencia de la especie, pero cabe individualmente renunciar, por un amor más alto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote maduro tiene en cuenta su ser corporal, conoce sus instintos y, con la gracia de Dios, cuida que su voluntad los sostenga de un modo ordenado. Al preguntar a un grupo de mujeres, cómo esperaban que las tratara el sacerdote, una de ellas nos contestó: «No con mucha familiaridad… y con respeto al mismo tiempo». Es de algún modo lo que se espera de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Qué importante es cuidar el corazón. Dice el Papa de la sexta bienaventuranza: «Se refiere a quienes tienen un corazón sencillo, puro, sin suciedad, porque un corazón que sabe amar no deja entrar en su vida algo que atente contra ese amor, algo que lo debilite o lo ponga en riesgo» <a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. Este es el método para integrar la sexualidad. El sacerdote, como todo cristiano, sabe que ha sido comprado a gran precio, y hace suyo el consejo de san Pablo: «Glorificad, por tanto a Dios, en vuestro cuerpo» (1 Co 6, 20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Del amor humano al amor divino</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La castidad, virtud que designa la sexualidad bien integrada, es necesaria para una vida lograda, sea en el matrimonio como en el celibato. La castidad permite una navegación serena y llegar a buen puerto. Pablo VI dijo de ella: «No es un yugo, es una liberación. No es un complejo de inferioridad, es una elegancia, gallardía del espíritu; no es una fuente de ansiedad y de escrúpulos, es una madurez de criterio y de dominio de sí; no es ignorar la realidad de la vida, es un conocimiento desinfectado de todo posible contagio, más lúcido y penetrante que aquella opacidad propia de la experiencia pasional y animal» <a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mantener el amor requiere un empeño de la inteligencia y la voluntad, que se manifiesta en multitud de detalles. Para actuar humanamente no cabe fijarse solo en la reacción emotiva, poco controlable, poco libre y fugaz del me gusta o no me gusta, lo siento o no lo siento, propias de la fascinación inicial, de un deseo pasional seductor y ciego que arrastra o deja de arrastrar: es preciso distinguir psicológicamente el amor del enamoramiento <a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El amor verdadero considera al otro en su dignidad única e irrepetible. Por esto, es capaz de esperar el momento justo para las manifestaciones justas de afecto; y respeta el lenguaje del cuerpo. Así se consigue la sana tensión de la que hemos hablado. Quien solo estuviera atento a buscar el placer, termina por agotar el mismo placer y usar del otro como un objeto. Es la paradoja del hedonismo: mientras más se ansía lo placentero, más parece huir, pues no es un fin sino un medio para la felicidad. Este camino hedonista es el del egocentrismo y ese otro concepto tan íntimamente relacionado: el egoísmo. Los que lo emprenden solo quieren un equilibrio autorreferencial, que resulta peligroso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante la coherencia y los testimonios. Recuerdo a María Luce Gamboni, una chica italiana de 18 años, elegida como protagonista de un famoso musical, que se presentaría en Roma: Romeo y Julieta. Cuando faltaba poco para el estreno, le dijeron que necesitaban una escena en que ella aparecería medio desnuda. Intentó explicar que eso no estaba en el contrato, pero ante la insistencia de los productores, y su deseo de no ser usada, no tuvo más remedio que renunciar al papel. Escribió después a sus compañeros de escuela:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Me sentí un objeto en las manos de quienes querían utilizarme a mí y a mi feminidad para su propio éxito. He perdido, porque no conseguí lo que quería, pero gané mucho más, también ante mí misma, porque al dinero y a un gran sueño, antepuse y preferí mi intimidad».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se refleja un hecho bien documentado en psicología: la estrecha relación entre la identidad y la intimidad. Cuando se desprecia o se pierde una, se pierde la otra. Una falta de pudor muestra el interior desgarrado de la persona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sexualidad mal entendida produce daño en el amor humano y en el amor a Dios. «No podemos tratar los vínculos de la carne con ligereza, sin abrir alguna herida duradera en el espíritu» <a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. La psicología demuestra, por ejemplo, que una relación sexual deja una huella imborrable en los participantes; y que el inicio precoz de la actividad sexual puede llevar a la esterilidad del amor, y a extinguir incluso el placer que se buscaba, como se dijo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por esto, es necesario educar la entera esfera de la afectividad. No se trata de estar siempre pendientes de afectos o sentimientos que se deben cortar, sino de conseguir sentir del modo adecuado. El lugar más apropiado para esta educación es la familia, como han dicho muchos psicólogos. La psicología del desarrollo recuerda que «la satisfacción de la sexualidad sin amor, implica una grave carencia» <a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Y son numerosos los profesionales de la salud que confirman cómo el uso precoz de la sexualidad fuera del matrimonio es capaz de causar malestar psicológico serio.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Ciertas se demuestran las palabras de Gustave Thibon: «El amor coloreado en el comienzo por una perfección ilusoria, debida al deseo y a la imaginación, no podrá durar sin la voluntad» <a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>. Ese amor no auténtico lleva a la ruina de unos y otros: «se vuelve muy riesgoso que la sexualidad sea poseída por el espíritu venenoso del usa y tira» <a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Cuando se comprende el amor, se entiende que un amor exclusivo no es perder libertad, sino usarla bien. Muchas veces, el vicio consigue esclavizar a las personas no solo en su cuerpo, sino también en su psique y en su espíritu. Hace algún tiempo, me contó un sacerdote de un país donde los cristianos son minoría, que vino un joven interesado en la religión. Comenzaron a hablar y el hombre le mencionó de pasada que tenía tres novias. El sacerdote intentó hacerle notar que era una situación al menos compleja, no muy buena. Con delicadeza le preguntó si ellas lo sabían… Y aquel chico dijo que no. «Y, ¿si tienes un accidente, por ejemplo, y van las tres a verte al hospital? ¿Qué les dirás?» Fue la siguiente pregunta. A la que siguió un largo silencio de un hombre dudoso y cabizbajo, interrumpido al fin con una exclamación: «¡Es que ser católico es muy difícil!». Y se retiró enfadado. Ya vimos en el primer artículo cómo la incoherencia descarrila el tren del pensamiento, en creyentes o no creyentes.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es útil hacerse de vez en cuando preguntas. Ver si somos coherentes, qué buscamos con aquella relación, a qué tipo de amistad aspiramos. Del amor verdadero nace la castidad, que se traduce en fidelidad. Y, en el caso del sacerdote, el centro de la relación es Cristo. Hay que también distinguir entre amor y deseo, que son, como aparece en boca del Quijote, dos cosas bien diferentes, pues «no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Obstáculos sicológicos</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La buena integración de la sexualidad encuentra múltiples obstáculos psicológicos, que muchas veces están relacionados con la incoherencia. La falta de control voluntario puede llevar a ser esclavos de las fuerzas instintivas y a la falta de libertad. La patología psíquica se caracteriza precisamente por una enfermedad de la libertad, que puede no estar exenta de responsabilidad personal, por no haber querido poner freno o cortar las cadenas cuando eran aun finas. El instinto sexual dejado a su antojo es capaz de despertarse con muchos objetos impropios: una manguera, un animal, un niño. Hechos lamentables y crímenes como la pedofilia o el abuso de adultos vulnerables tienen raíces similares.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Las heridas y recuerdos del pasado hacen daño. En particular los abusos sexuales, y también de otro tipo, tienen consecuencias graves, especialmente cuando suceden en la infancia. Llevan a confundir los afectos: no se sabe qué es amor, de quién confiar o a quién acudir, y se despiertan sentimientos de culpa patológicos. Los actos impuros también van marcando la personalidad. También por esto, hay que conocer el pasado de los aspirantes al sacerdocio: las experiencias negativas hacen más difícil la integración de las tendencias.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Otras causas de problemas son la falta de virtud, sea porque no se aprecie, o porque se afronta el tema de un modo voluntarista, sin humildad; y la inmadurez, tal vez por una etapa del desarrollo no superada, en particular la adolescencia. No es cierto, sin embargo, que en la adolescencia no se pueda vivir la castidad. En esos años se aprende a amar y a adquirir autocontrol, que es clave incluso desde el punto de vista humano. Caben también alteraciones más importantes de la personalidad, y fijaciones patológicas en algunas etapas.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Las excesivas preocupaciones por estos asuntos tampoco son recomendables, pues generan obsesión y más dificultades. Pueden ir unidas a una visión negativa de toda la esfera sexual, a la ignorancia, o a una curiosidad malsana. El nerviosismo o ansiedad es también capaz de desencadenar reacciones emotivas en la esfera sexual. Puede ser algo normal, o ir seguido de una fuerza irresistible a actuar de determinada manera, o compulsión. La tristeza, finalmente, es también una aliada de la lujuria. Puede estar relacionada a un temperamento o modo de ser, o estar unida a la tibieza.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">«A los siete años un compañero me puso un vídeo pornográfico», me contaba un seminarista de dieciocho años preocupado por sus deseos homosexuales. «Sí, a los quince años comencé a mirar imágenes», me refería en la consulta otro hombre en sus treinta, que se sentía y era esclavo. «Al principio era pornografía normal, de la que ve todo el mundo en YouTube, ahora veo la más violenta entre varones», me comentaba aquel que pasaba los cincuenta y llevaba años sufriendo. Una mención especial en el tema que estamos tratando merece la pornografía, que conduce por una desgraciada pendiente a importantes carencias de identidad.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Los riesgos del consumo de pornografía son conocidos: facilita una adicción patológica al sexo, lleva a disfunciones o patologías médicas en el uso de la capacidad generativa, altera instintivamente el deseo, siendo frecuente desencadenante de atracción sexual por el mismo sexo, está en estrecha relación con la criminalidad y la explotación de hombres, mujeres y niños. Es, además, una negación de la capacidad de responder a la sociedad o a un trascendente: una fuente de falta de responsabilidad. Crea conflictos importantes en los niños, actuando en ellos como un verdadero abuso sexual.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Con bastante fundamento médico, se la ha llamado la nueva droga. Actúa liberando sustancias a nivel cerebral (especialmente a nivel de la amígdala cerebral), relacionadas con el placer y la recompensa. En concreto dopamina. Estas sustancias o neurotransmisores van dejando una huella en la estructura anatómica del cerebro. Al final, como las drogas, se produce una alteración que esclaviza. Es ilustrativo el dicho acerca de la pornografía y otras drogas: «se consuman con los sentidos y se guardan en el cerebro».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Todas las adicciones tienen en común el deseo de unos paraísos artificiales o falsos. La persona vacía busca llenarse de lo primero que encuentra a mano. La tóxico-dependencia a cualquier droga, el alcoholismo y las dependencias sexuales tienen mecanismos similares. Se persigue una disminución de la ansiedad y un aumento de la euforia. A veces se intenta cortar una ansiedad patológica, y se obtiene algo que va más allá de la alegría o paz: un estado de excitación peligroso, exagerado, que puede llevar a una impulsividad perjudicial, a malas acciones de todo tipo, con gran perjuicio para la salud global.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El mecanismo que encadena a la sustancia o a la actividad nociva es el mismo: un no querer dar respuesta (no querer ser responsable) al inicio, y un no poder hacerlo, en la medida en que se instaura la dependencia. En la adicción a internet, la persona cede y satisface tendencias que en el mundo real no aceptaría. Un caso emblemático es el de la pornografía.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Tres factores hacen que internet sea hoy el principal escenario de este tipo de dificultades: lo fácil que es acceder a ella y sus contenidos, que esté al alcance de cualquier persona en cuanto al dinero, y que se trate de una actividad anónima. Son las tres “A” descritas por Cooper <a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Quien quiere de verdad salir de una alergia pone todos los medios: consulta al alergólogo, busca qué substancias provocan la reacción…, qué medicamentos o vacunas aplicar… Quien desea superar la adicción, identifica el problema, se aleja de él, usa lo que está a su alcance para no seguir haciéndose daño a sí mismo y a su entorno. Si uno sabe que internet le perjudica, se cuida más. Un consejo eficaz es no acceder a internet al estar cansado, pues son momentos de defensas más bajas; y terminar el día dirigiéndose a un Tú real, a Dios y a quien queremos, y no a la masa anónima de las redes. Es también recomendable no tener los accesos a las plataformas sociales en el teléfono móvil.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Muchos rasgos de personalidad pueden favorecer conductas alteradas. Como caldo de cultivo suele estar presente el egocentrismo, unido a un concepto semejante, el egoísmo, del que santo Tomás escribió: «Es evidente que el amor de sí mismo es la causa de todo pecado» <a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Tenemos una tendencia en esa dirección, a causa del pecado original. Aparece ya en la infancia, y psicológicamente se puede acentuar por cierto tipo de educación en la que el niño se pone en el centro de todo y de todos. No es irreparable y cabe reorientarlo. Genera personas excesivamente centradas en sí mismas, incapaces de descubrir nada bueno en los demás o en el mundo; que se ponen nerviosas por muchas circunstancias y por modos de ser –“no me gusta cómo viste o cómo habla o come”–; juzgan con irritabilidad –“por qué hace esto así”, que en el fondo quiere decir: “por qué no hace esto como yo”–; ven todo en modo autorreferencial y pesimista.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Como sucede frecuentemente, los defectos arraigados son como una caricatura de la persona. Una señora escribió una vez al director de una revista, describiendo sus síntomas: «cuando mi marido se afeita con máquina, no puedo soportar el ruido; cuando llegan mis amigas con sus perfumes, tengo que ventilar; cuando alguien ve la televisión y no me gusta, me siento obligada a cambiar de canal… He ido al médico y me ha dicho que tengo hiperestesia nerviosa, quisiera saber qué es». Responde el director de la revista: «Señora, lo que usted tiene es un carácter que da pena».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Cualquier rasgo o característica del modo de ser que sea demasiado estridente o exagerado, por exceso o por defecto, constituye un riesgo. Solo mencionaremos algunos, a partir del perfeccionismo. A estas personas les viene bien aceptar la imperfección, alegrándose al descubrir sus errores, fomentando una contrición alegre. Se les puede proponer “ejercicios” para atenuar las características perjudiciales. A quien se agobie porque debe corregir inmediatamente, cabe aconsejarle que espere unos días antes de comentar nada. A quien no termina un trabajo porque no lo considera perfecto, se le puede recordar que lo mejor es enemigo de lo bueno, o sugerir que haga a propósito algo menos bien. A quien cree que no tiene nunca tiempo para divertirse o descansar, que incluya en su horario actividades recreativas. A quien piense que solo él tiene razón o hace las cosas bien, que deje obrar a los demás; que aprenda a buscar ayuda y consejo. Si tiene tendencia a los juicios negativos, que haga el esfuerzo diario por decir y pensar bien, sin rápidas y muchas veces equivocadas apreciaciones: dar gracias por la gente que le rodea, querer aprender.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Otro rasgo peligroso del carácter es la tendencia al pesimismo y a la tristeza. Se da en personas que tienden a complicarse, que son introvertidas, con autoestima baja. Habitualmente son inseguras. El estado de ánimo bajo y la falta de autoestima pueden llevar a la agresividad o la ira o a la lujuria. Para mejorar, se les puede inculcar el esfuerzo por ser optimistas, invitándolas a esforzarse por sonreír: «No me olvides que a veces hace falta tener al lado caras sonrientes» <a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Se sabe que algo exterior como la sonrisa puede elevar el estado de ánimo de los otros, pero también el propio. La gente lo nota y muchas veces corresponde con otra sonrisa. Significa, aunque pueda ser algo inconsciente: tú me haces feliz, te quiero, estoy contento de verte…, que es algo que a cualquier persona le gusta sentir.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La inseguridad puede aumentar con los años, al constatar los propios límites. Los traumas o limitaciones físicas o intelectuales la favorecen. Lleva al aislamiento, por miedo de quedar mal o equivocarse. Paradójicamente, las personas inseguras pueden ser testarudas y rígidas en sus propias opiniones, y dejarse llevar por cosas que les dan seguridad, como la ropa de marca, el aspecto exterior o la competitividad. Pueden sufrir escrúpulos. A ellas cabe hacerles entender que un hijo de Dios decide en cada momento, sabiendo que puede equivocarse.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Cuanto antes se descubran los rasgos peligrosos del carácter, mejor, porque la personalidad es más moldeable. Siempre con delicadeza, se ha de definir el problema, dar esperanza y apoyar estrategias de cambio. Muchas veces lo primero es ayudar a aceptar que vivimos en un mundo imperfecto, rodeado de personas imperfectas. Con visión sobrenatural es posible no dejarse arrastrar por un conflicto continuo entre la realidad y lo que “me gustaría”, que desgasta y produce tensiones ‒primero, interiores‒ e incluso alteraciones.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">La normalidad de la personalidad, del modo de ser, no es un punto claro, sino una dimensión. Hay una anomalía más evidente cuando nos hacemos esclavos del sentimiento y falta el dominio voluntario en las reacciones emotivas o en el llevar las riendas de la vida. Kurt Schneider, un psiquiatra alemán, en los años treinta definió la patología de la personalidad, de personas que llamó psicopáticas, como aquellas que «sufren y hace sufrir».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Existe un lema útil para afrontar los desafíos de la personalidad propia o ajena: «Aceptar es comenzar a cambiar/cambiar es comenzar a aceptar». Muestra que la actitud fundamental es reconocer, ser consciente del problema para buscar el remedio. Otro, de un psicólogo francés, nos habla de llegar al fondo de lo que ocurre, sin quedarse en las apariencias superficiales: <em>Tout comprendre c’est tout corriger</em> (“Entender todo es corregir todo”).</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Es clave comprender, para ayudar. Por esto, y especialmente en el tema de la dimensión sexual, hay que tener en cuenta los datos científicos. Por ejemplo, que ser hombre o mujer viene dado por la biología, por los cromosomas y las hormonas sexuales. En cuanto a la orientación, se sabe que no se nace con un deseo sexual fijo o innato basado solo en la biología: depende también de la educación. No hay ningún gen que determine forzadamente la modalidad o género, aunque, como en muchas otras situaciones, lo heredado pueda influir. Es claro y demostrado que existe una variación del tipo de deseos a lo largo del desarrollo individual. Hay estudios que muestran que el 80% de los chicos, que en la adolescencia experimentan atracción sexual por personas del mismo sexo, ya no la tienen cuando son adultos <a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es además conocido que este fenómeno de atracción por el mismo sexo, modernamente llamado homosexualidad, aumenta cuando no hay personas del sexo contrario, como en las cárceles, o antiguamente en viajes largos en barco. En los animales se ven actitudes sexuales con ejemplares del mismo sexo en situaciones aisladas o circunstanciales, desde una tortuga hembra que actúa como el macho, cuando está por poner los huevos, a un perro joven que no encuentra una compañera. En circunstancias ambientales normales, sin embargo, los animales dirigen el instinto hacia individuos del sexo contrario.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Volviendo al ser humano, en ocasiones, en los varones que experimentan deseo sexual por personas del mismo sexo, la figura paterna ha estado poco presente<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. A veces coincide que la madre, que ha llevado al hijo nueve meses en su seno, no ha sabido separarse del niño varón y orientarle en la búsqueda del modelo masculino. Existen también los trastornos de identidad de género infantiles, que pueden comenzar precozmente y en muchos casos se superan con una reafirmación de los roles femeninos o masculinos, por parte de padres o familiares y puede requerir el apoyo psicológico de expertos. En la adolescencia, no es raro que se observe el fenómeno como algo transitorio, porque el instinto está despertando. En los últimos años ha aumentado el número de jóvenes que dudan de su identidad, porque se les da información parcial o errónea, afirmando que no tienen otras opciones, que están obligados a seguir sus deseos, y que cualquier tipo de deseo o práctica sexual es buena y gratificante. Este tipo de incrementos se vio ya en los años treinta en Europa, al difundirse ideas similares sobre la sexualidad, del médico alemán Magnus Hirschfeld.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Las manifestaciones de la homosexualidad son muy distintas en hombres y mujeres. Los primeros son más llevados a la acción, a la búsqueda del placer en modo más agresivo e instintivo, lo que supone una razón más para que –también por su bien–, se les desanime a emprender un camino como el del sacerdocio<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. Las mujeres se dejan llevar más por elementos distintivos de su carácter, como la ternura y muestras de afectos positivos. En teoría, podría existir un amor homosexual que no dependiera únicamente de la esfera sexual. En la práctica es difícil, al menos en los varones. Algunos sin duda intentan ese tipo de “amor”, o deseo de una amistad intensa; pero, al mezclarla con los aspectos propios de la complementariedad hombre – mujer, desvirtúan la relación y pierden de ese modo la amistad y el amor que persiguen.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El deseo sexual por personas del mismo sexo es entre cinco y once veces más frecuente en hombres que en mujeres. Diversos estudios demuestran que un porcentaje variable de estas personas lo consigue modificar. Depende especialmente de la edad que tengan, pues a los jóvenes les resulta más fácil, de la motivación y de las consecuencias prácticas o conductas que hayan mantenido hasta entonces. También cabe, y la experiencia es amplia, la abstinencia sexual aun experimentando este tipo de atracciones. Para hacerlo, es imprescindible ser consciente de las propias emociones y querer vivir en un determinado modo, poniendo las medidas apropiadas. Si se inician las prácticas homosexuales, es más fácil que intervengan los mecanismos del acostumbramiento, arraiguen unos modos de actuar y se encienda el instinto.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Para vivir libremente ante las propias inclinaciones, son de gran utilidad la gracia y las virtudes. Entre ellas la castidad, que se demuestra necesaria incluso para la estabilidad psicológica, como explicaba Vallejo-Nágera: «Nos ha ayudado muchísimo a superar los problemas unidos a la edad. En cambio, la presunta libertad sexual que hoy se predica, ciertamente llena las salas de espera de los psiquiatras» <a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>. Pero «¿quién habla hoy de estas cosas? –se pregunta el Papa Francisco– ¿Quién es capaz de tomarse en serio a los jóvenes? ¿Quién les ayuda a prepararse en serio para un amor grande y generoso? Se toma demasiado a la ligera la educación sexual» <a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote, por su ministerio, muchas veces escucha relatos o sucesos que pueden avivar su emotividad en el terreno de la sexualidad. También por esto ha de estar más unido a Cristo y pedir la gracia. Como sus tareas son sobrenaturales, el recurso a la oración es lo primero. La Iglesia pone a su disposición una antigua plegaria para después de oír confesiones, que transcribo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Señor Jesucristo, dulce santificador de las almas, te ruego que limpies mi corazón, por la infusión del Espíritu Santo, de todo afecto y pensamiento perverso. Lo que en mi ministerio te haya ofendido, por negligencia o por ignorancia, lo supla tu infinita piedad y misericordia. Encomiendo en tus amorosísimas llagas a todas las almas que has atraído a la penitencia y que purificaste con tu preciosísima sangre. Te ruego que las libres de todo pecado, las conserves en tu temor y en tu amor, las hagas avanzar y crecer en la virtud hasta alcanzar la vida eterna. Tú, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Le ayudará además, querer vivir bien, ser limpio, rezador, mortificado, custodiar la vista y la imaginación, cultivando intereses variados. Los remedios eficaces se mueven en tres dimensiones: la fisiológica, con el cuidado del sueño y del descanso; la psicológica, con la comprensión del problema y la reducción de la ansiedad, la obsesión o el estado de ánimo alterado; y la espiritual, con la oración y la adoración. Procurara tener una actitud abierta al cambio personal y ambiental que sea preciso.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como vimos, el instinto no controlado produce dependencias que esclavizan. Para romper con las adicciones en la sexualidad o de otro tipo, si se dieran, lo más importante es la motivación. Junto a lo que hemos dicho de la complicidad en crímenes, los abusos y la pérdida de otros intereses, está el deseo de no ser esclavos. En el alcoholismo, por ejemplo, la enfermedad más difundida y perjudicial, la técnica que da mejores resultados médicos sigue siendo la de los doce pasos de Alcohólicos anónimos, de 1935. Estos pasos se emplean también en otras adicciones, cambiando los conceptos. Enuncian unas propuestas de contenido moral que comienzan así: «Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol…». Más adelante, añaden: «sin miedo hicimos un minucioso inventario moral de nosotros mismos»; «Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros defectos»; para terminar animando a llevar este mensaje a otros, «habiendo obtenido un despertar espiritual».</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dejar de lado el caldo de cultivo egocéntrico da más libertad y capacidad de juzgar acertadamente las situaciones y a las personas. Despierta la dimensión más profunda. «A veces, precisamente porque está liberado del egocentrismo, alguien puede atreverse a discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen» <a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Paternidad espiritual y custodia de un carisma</strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;">En este proceso de salir de uno mismo, una persona puede sentir la llamada a darse a Dios en el celibato. No pierde con ello nada de lo humano. Las notas esenciales de masculinidad o feminidad brillan de un modo nuevo. El varón célibe desea una fecundidad espiritual, que llena su aspiración a la paternidad <a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, que no significa tener numerosos seguidores.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;">Las características de la paternidad espiritual en el sacerdote se descubren en Jesús. Están radicadas en su oficio del buen pastor que toma a las ovejas descarriadas, perdidas, pequeñas,  y llega incluso a dar su vida por ellas. Tiene otras muchas manifestaciones, como el interés por las multitudes, su deseo de remediar las necesidades materiales, de dar alimentos para el alma y para el cuerpo. Significa cercanía y afirmar el valor del otro, que es clave para el desarrollo psicológico sano. Es también el servicio del maestro que lava los pies a sus discípulos y les dona a su propia madre; y el del Señor resucitado que prepara unos peces en la orilla del lago, para que coman los apóstoles. De esta paternidad, que sabe incluir características maternas como la ternura o el consuelo, participa todo sacerdote, desde el recién ordenado hasta el Papa que, con Gregorio Magno, se comenzó a llamar siervo de los siervos de Dios.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La mujer célibe también realiza su deseo de maternidad espiritual. Así se expresaba san Josemaría: «Hay mujeres solteras que difunden a su alrededor alegría, paz, eficacia: que saben entregarse noblemente al servicio de los demás, y ser madres, en profundidad espiritual, con más realidad que muchas que son madres solo fisiológicamente» <a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El celibato se entiende como un don, que permite ser padre y madre de muchos, renunciando a unos hijos en sentido material. Proteger este don no consiste solo ni principalmente en cerrar puertas, bloquear o decir que no a impulsos y sentimientos. Hay que aprender a sentir y desear lo que es bueno y está de acuerdo con un ideal de vida y de amor. Aquí hay una prueba más de coherencia, que permitirá vivir felices, volcado hacia los demás. Los sacerdotes han de ser especialmente cuidadosos para proteger la maravilla del celibato, que tan útil se ha demostrado en la historia y les identifica con Cristo de un modo particular. Han de estar atentos a las medidas de prudencia, como el uso de confesionarios, que no solo tienen esta función, sino que también ayudan al penitente a comprender que se encuentran en presencia de Dios, a solas con Él. En las mujeres procurarán ver hermanas, y sabrán mantener la necesaria distancia no solo física, sino también afectiva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es bueno para todos, casados y solteros, conocer algunas pautas de comportamiento, los límites que no se deben sobrepasar en las relaciones interpersonales. Son, podríamos decir, como las banderas rojas, red <em>flags</em>, que indican peligro. En el cine, parecería que estas red <em>flags</em> no existen, y que todo vale desde el primer encuentro. Sin embargo, un tipo de mirada, una caricia, un beso, los modos de vestir, no son indiferentes y pueden disparar una reacción emocional poco controlable, más instintiva. Hay que estar atentos también a las banderas amarillas, cuando las olas y remolinos comienzan a notarse, cuando la sensualidad se despierta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al comenzar la profesión médica recibí el consejo –en una universidad laica del estado– de esmerar la delicadeza con las pacientes mujeres, y que hubiese alguna enfermera u otra persona presente en la mayoría de las visitas clínicas. Después de algunos años, he visto a colegas con dificultades incluso legales, por no haberlo puesto en práctica. Es una orientación acertada que en modo análogo se aplica a los sacerdotes. Es recomendable que no se queden solos con una mujer, que las reciban en salas de paso o con puertas de cristal; y que se hablen de temas espirituales o de vida interior preferentemente solo en el confesionario. No es miedo o desconfianza, sino conocimiento de la naturaleza humana, que conviene adquirir ya en el seminario. Señoras y señoritas, por su peculiar afectividad, pueden, sin buscarlo o buscándolo, formar lazos al modo de una tela de araña: un hilo y otro hilo. Su motivación puede ser buena, querer más seguridad, ideas claras, apoyo, fortaleza… o menos buena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sacerdote permanecerá libre y seguirá siendo Cristo, si está atento a las banderas rojas y amarillas, sin excusarse en una supuesta naturalidad, disfrazada tal vez de motivos apostólicos, de compasión y deseos de ayudar. De este modo, no será arrastrado por olas y corrientes escondidas. «Si hubiese sabido esto antes…, si hubiese cortado el primer hilo…», me decía entre lágrimas un sacerdote joven.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para defender de modo adecuado el don del celibato, se requiere una antropología correcta que permita comprender y valorar la sexualidad: integrarla, como dijimos. Esto, en el ser humano implica una educación apropiada, que lleve a aumentar la capacidad de amar y el valor del sacrificio. Tiene una serie de manifestaciones prácticas, como huir de las ocasiones que se presentan para no ser fieles, para malvender un tesoro. En una perspectiva positiva, sin inquietudes o miedos amenazadores, es más fácil y eficaz este esfuerzo; se logra la distancia adecuada, el buen humor o el heroísmo para cortar con lo que hace daño y renovar las disposiciones de donación. Por supuesto que no es solo una autodefensa egoísta. El sacerdote que cuida las medidas de prudencia en el trato con otras personas, protege también a esa otra persona de falsas expectativas, especialmente a la mujer. De este modo, no transmite ni siquiera inconscientemente, señales del tipo: «estoy sin compromiso y disponible».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es clave que el sacerdote quiera ser lo que es. Es decir, un sacerdote al 100%, no un animador social, un político o un psicólogo. Solo con su identidad clara, que lo une de un modo especial a Jesucristo, sabrá valorar el celibato. Este don requiere una elección convencida y una correspondencia total, para conseguir una vida llena de sentido. El sacerdote célibe no se casa, porque tiene un amor más grande que lo llena por completo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tibieza, ese «escaso y lento amor por el verdadero bien», como la llama Dante, es un poderoso enemigo. Fácilmente lleva por la pendiente resbaladiza de las compensaciones y las dobles vidas, hasta la incoherencia y la ruina psíquica. Las fuerzas del Yo se ven empujadas hacia la ruptura. Estas dobles vidas pueden ser en parte inconscientes, pero muchas veces se descubren los motivos de fondo y se conocen en el plano consciente. En ocasiones corresponden a una elección: la de alguien que no desea de verdad comprometerse y mantiene dos velas encendidas, o quiere servir a dos señores. Puede darse también que las dobles vidas se originen o al menos estén influenciadas por trastornos psicológicos. El remedio es intentar hacer consciente aquello que motiva conductas o deseos inadecuados. Después, decidirse a cambiar por amor a Dios; y todo con sinceridad, mirando a Jesús en cualquier tarea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Concluimos pidiendo para todos los sacerdotes la castidad que conviene a aquel que ha de tocar a diario, con sus manos, la Eucaristía. Así se dirigía Benedicto XVI a los sacerdotes, tomando como modelo al santo Cura de Ars: «También su castidad era la que se pide a un sacerdote para su ministerio. Se puede decir que era la castidad que conviene a quien debe tocar habitualmente con sus manos la Eucaristía y contemplarla con todo su corazón arrebatado y con el mismo entusiasmo la distribuye a sus fieles. Decían de él que “la castidad brillaba en su mirada”, y los fieles se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario con los ojos de un enamorado» <a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. Cuidar el don del celibato está relacionado con tener la mirada en la Eucaristía. El sacerdote que procura dormirse pensando en la Misa del día siguiente, y se levanta preparándose para ese encuentro con el Señor, tiene mucho terreno ganado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote y médico, Doctor en Filosofía y profesor de Psicología y Vida Espiritual en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma. Este texto corresponde al segundo artículo de un total de cuatro, y se desprenden de las ponencias del curso “Hacia la madurez psicológica y espiritual”, realizado entre el 7 y 8 de mayo de 2019, y organizado por la Vicaría para el Clero de la Arquidiócesis de Santiago junto al Centro de Encuentros Sacerdotales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> HEINS REMPLEIN, <em>Tratado de psicología evolutiva. El niño, el joven y el adolescente</em>, Barcelona: Labor, 1971, 564.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2332.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> <em>Gaudete et exsultate</em>, n. 83.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> PABLO VI, <em>Audiencia general</em>, 31 de marzo 1971.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cfr. MAURO LEONARDI, Como Jesús. La amistad y el don del celibato apostólico, Palabra, Madrid 2015, 36-63.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> FRANCISCO, <em>Audiencia</em>, 27 de mayo 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> CHARLOTTE BÜHLER, <em>Psicologia e vita quotidiana</em>, Garzanti, Milano 1970, p. 191.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> GUSTAVE THIBON, Entre el amor y la muerte. Conversaciones con Christian Chabanis, Rialp, Madrid 1977, p. 59.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> <em>Amoris Laetitia</em>, n. 153.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> En inglés: <strong><em>A</em></strong><em>ccess</em>, <strong><em>A</em></strong><em>ffordability</em>, <strong><em>A</em></strong><em>nonymity</em>; cfr. A. COOPER, <em>Sexuality and the Internet: Surfing into the new millennium</em>, en Cyber Psychology and Behavior, 1, 1998, pp. 181–187.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> TOMÁS DE AQUINO, <em>Summa Theol</em>., I-II, q. 77, a 4.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> JOSEMARÍA ESCRIVÁ, Surco, n. 57.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Para este y otros datos, ver el estudio de revisión científica: LAWRENCE MAYER, PAUL MCHUGE, <em>Sexuality and Gender. </em><em>Findings from the Biological, Psychological, and Social Sciences</em>, en «The New Atlantis», Nº 50, agosto 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cfr. JOSEPH NICOLOSI, <em>Como prevenir la homosexualidad: los hijos y la confusión de género</em>, Palabra, Madrid 2009.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Diversos informes técnicos mencionan que hasta el 80 o 90 % de los abusos sexuales atribuidos a clérigos, en varios países, han sido actos homosexuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> JOSÉ LUIS OLAIZOLA y J.A. VALLEJO- NÁGERA, <em>La puerta de la esperanza</em>, Barcelona: Planeta, 1992, 64.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> <em>Amoris Laetitia</em>, n. 284.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> <em>Gaudete et exsultate</em>, n. 119.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Sobre este tema: WENCESLAO VIAL, <em>Psicología y celibato</em>, en «Scripta Theologica» 50 (2018) 139-166.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> JOSEMARÍA ESCRIVÁ, <em>Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer</em>, 21 ed., Madrid: Rialp, 2003, n. 106.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> BENEDICTO XVI, <em>Carta para la convocación de un año sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del dies natalis del santo Cura de Ars</em>, 16 de junio 2009.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>&quot;El hermoso signo del pesebre&quot; - Carta apostólica del Papa Francisco</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/12/el-hermoso-signo-del-pesebre-carta-apostolica-del-papa-francisco/</link>
		<pubDate>Mon, 02 Dec 2019 09:26:28 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">Carta apostólica
<em>El hermoso signo del pesebre</em>
del Santo Padre Francisco
Sobre el significado y el valor del belén</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/12/ADMIRABILE-SIGNUM.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR <em>ADMIRABILE SIGNUM</em> EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">1. El hermoso signo del pesebre, tan estimado por el pueblo cristiano, causa siempre asombro y admiración. La representación del acontecimiento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar el misterio de la encarnación del Hijo de Dios con sencillez y alegría. El belén, en efecto, es como un Evangelio vivo, que surge de las páginas de la Sagrada Escritura. La contemplación de la escena de la Navidad, nos invita a ponernos espiritualmente en camino, atraídos por la humildad de Aquel que se ha hecho hombre para encontrar a cada hombre. Y descubrimos que Él nos ama hasta el punto de unirse a nosotros, para que también nosotros podamos unirnos a Él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con esta Carta quisiera alentar la hermosa tradición de nuestras familias que en los días previos a la Navidad preparan el belén, como también la costumbre de ponerlo en los lugares de trabajo, en las escuelas, en los hospitales, en las cárceles, en las plazas... Es realmente un ejercicio de fantasía creativa, que utiliza los materiales más dispares para crear pequeñas obras maestras llenas de belleza. Se aprende desde niños: cuando papá y mamá, junto a los abuelos, transmiten esta alegre tradición, que contiene en sí una rica espiritualidad popular. Espero que esta práctica nunca se debilite; es más, confío en que, allí donde hubiera caído en desuso, sea descubierta de nuevo y revitalizada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">2. El origen del pesebre encuentra confirmación ante todo en algunos detalles evangélicos del nacimiento de Jesús en Belén. El evangelista Lucas dice sencillamente que María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (2,7). Jesús fue colocado en un pesebre; palabra que procede del latín: <em>praesepium</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Hijo de Dios, viniendo a este mundo, encuentra sitio donde los animales van a comer. El heno se convierte en el primer lecho para Aquel que se revelará como «el pan bajado del cielo» (<em>Jn</em> 6,41). Un simbolismo que ya san Agustín, junto con otros Padres, había captado cuando escribía: «Puesto en el pesebre, se convirtió en alimento para nosotros» (<em>Serm</em>. 189,4). En realidad, el belén contiene diversos misterios de la vida de Jesús y nos los hace sentir cercanos a nuestra vida cotidiana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero volvamos de nuevo al origen del belén tal como nosotros lo entendemos. Nos trasladamos con la mente a Greccio, en el valle Reatino; allí san Francisco se detuvo viniendo probablemente de Roma, donde el 29 de noviembre de 1223 había recibido del Papa Honorio III la confirmación de su Regla. Después de su viaje a Tierra Santa, aquellas grutas le recordaban de manera especial el paisaje de Belén. Y es posible que el <em>Poverello</em> quedase impresionado en Roma, por los mosaicos de la Basílica de Santa María la Mayor que representan el nacimiento de Jesús, justo al lado del lugar donde se conservaban, según una antigua tradición, las tablas del pesebre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las <em>Fuentes Franciscanas</em> narran en detalle lo que sucedió en Greccio. Quince días antes de la Navidad, Francisco llamó a un hombre del lugar, de nombre Juan, y le pidió que lo ayudara a cumplir un deseo: «Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno»<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>. Tan pronto como lo escuchó, ese hombre bueno y fiel fue rápidamente y preparó en el lugar señalado lo que el santo le había indicado. El 25 de diciembre, llegaron a Greccio muchos frailes de distintos lugares, como también hombres y mujeres de las granjas de la comarca, trayendo flores y antorchas para iluminar aquella noche santa. Cuando llegó Francisco, encontró el pesebre con el heno, el buey y el asno. Las personas que llegaron mostraron frente a la escena de la Navidad una alegría indescriptible, como nunca antes habían experimentado. Después el sacerdote, ante el Nacimiento, celebró solemnemente la Eucaristía, mostrando el vínculo entre la encarnación del Hijo de Dios y la Eucaristía. En aquella ocasión, en Greccio, no había figuras: el belén fue realizado y vivido por todos los presentes<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así nace nuestra tradición: todos alrededor de la gruta y llenos de alegría, sin distancia alguna entre el acontecimiento que se cumple y cuantos participan en el misterio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer biógrafo de san Francisco, Tomás de Celano, recuerda que esa noche, se añadió a la escena simple y conmovedora el don de una visión maravillosa: uno de los presentes vio acostado en el pesebre al mismo Niño Jesús. De aquel belén de la Navidad de 1223, «todos regresaron a sus casas colmados de alegría»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">3. San Francisco realizó una gran obra de evangelización con la simplicidad de aquel signo. Su enseñanza ha penetrado en los corazones de los cristianos y permanece hasta nuestros días como un modo genuino de representar con sencillez la belleza de nuestra fe. Por otro lado, el mismo lugar donde se realizó el primer belén expresa y evoca estos sentimientos. Greccio se ha convertido en un refugio para el alma que se esconde en la roca para dejarse envolver en el silencio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué el belén suscita tanto asombro y nos conmueve? En primer lugar, porque manifiesta la ternura de Dios. Él, el Creador del universo, se abaja a nuestra pequeñez. El don de la vida, siempre misterioso para nosotros, nos cautiva aún más viendo que Aquel que nació de María es la fuente y protección de cada vida. En Jesús, el Padre nos ha dado un hermano que viene a buscarnos cuando estamos desorientados y perdemos el rumbo; un amigo fiel que siempre está cerca de nosotros; nos ha dado a su Hijo que nos perdona y nos levanta del pecado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La preparación del pesebre en nuestras casas nos ayuda a revivir la historia que ocurrió en Belén. Naturalmente, los evangelios son siempre la fuente que permite conocer y meditar aquel acontecimiento; sin embargo, su representación en el belén nos ayuda a imaginar las escenas, estimula los afectos, invita a sentirnos implicados en la historia de la salvación, contemporáneos del acontecimiento que se hace vivo y actual en los más diversos contextos históricos y culturales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De modo particular, el pesebre es desde su origen franciscano una invitación a “sentir”, a “tocar” la pobreza que el Hijo de Dios eligió para sí mismo en su encarnación. Y así, es implícitamente una llamada a seguirlo en el camino de la humildad, de la pobreza, del despojo, que desde la gruta de Belén conduce hasta la Cruz. Es una llamada a encontrarlo y servirlo con misericordia en los hermanos y hermanas más necesitados (cf. <em>Mt</em> 25,31-46).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">4. Me gustaría ahora repasar los diversos signos del belén para comprender el significado que llevan consigo. En primer lugar, representamos el contexto del cielo estrellado en la oscuridad y el silencio de la noche. Lo hacemos así, no sólo por fidelidad a los relatos evangélicos, sino también por el significado que tiene. Pensemos en cuántas veces la noche envuelve nuestras vidas. Pues bien, incluso en esos instantes, Dios no nos deja solos, sino que se hace presente para responder a las preguntas decisivas sobre el sentido de nuestra existencia: ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? ¿Por qué nací en este momento? ¿Por qué amo? ¿Por qué sufro? ¿Por qué moriré? Para responder a estas preguntas, Dios se hizo hombre. Su cercanía trae luz donde hay oscuridad e ilumina a cuantos atraviesan las tinieblas del sufrimiento (cf. <em>Lc</em> 1,79).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Merecen también alguna mención los paisajes que forman parte del belén y que a menudo representan las ruinas de casas y palacios antiguos, que en algunos casos sustituyen a la gruta de Belén y se convierten en la estancia de la Sagrada Familia. Estas ruinas parecen estar inspiradas en la <em>Leyenda Áurea </em>del dominico Jacopo da Varazze (siglo XIII), donde se narra una creencia pagana según la cual el templo de la Paz en Roma se derrumbaría cuando una Virgen diera a luz. Esas ruinas son sobre todo el signo visible de la humanidad caída, de todo lo que está en ruinas, que está corrompido y deprimido. Este escenario dice que Jesús es la novedad en medio de un mundo viejo, y que ha venido a sanar y reconstruir, a devolverle a nuestra vida y al mundo su esplendor original.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">5. ¡Cuánta emoción debería acompañarnos mientras colocamos en el belén las montañas, los riachuelos, las ovejas y los pastores! De esta manera recordamos, como lo habían anunciado los profetas, que toda la creación participa en la fiesta de la venida del Mesías. Los ángeles y la estrella son la señal de que también nosotros estamos llamados a ponernos en camino para llegar a la gruta y adorar al Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Vayamos, pues, a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (<em>Lc</em> 2,15), así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida precisamente a nuestra religión y constituye su singular belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">6. Tenemos la costumbre de poner en nuestros belenes muchas figuras simbólicas, sobre todo, las de mendigos y de gente que no conocen otra abundancia que la del corazón. Ellos también están cerca del Niño Jesús por derecho propio, sin que nadie pueda echarlos o alejarlos de una cuna tan improvisada que los pobres a su alrededor no desentonan en absoluto. De hecho, los pobres son los privilegiados de este misterio y, a menudo, aquellos que son más capaces de reconocer la presencia de Dios en medio de nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los pobres y los sencillos en el Nacimiento recuerdan que Dios se hace hombre para aquellos que más sienten la necesidad de su amor y piden su cercanía. Jesús, «manso y humilde de corazón» (<em>Mt</em> 11,29), nació pobre, llevó una vida sencilla para enseñarnos a comprender lo esencial y a vivir de ello. Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. El palacio de Herodes está al fondo, cerrado, sordo al anuncio de alegría. Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con frecuencia a los niños —¡pero también a los adultos!— les encanta añadir otras figuras al belén que parecen no tener relación alguna con los relatos evangélicos. Y, sin embargo, esta imaginación pretende expresar que en este nuevo mundo inaugurado por Jesús hay espacio para todo lo que es humano y para toda criatura. Del pastor al herrero, del panadero a los músicos, de las mujeres que llevan jarras de agua a los niños que juegan..., todo esto representa la santidad cotidiana, la alegría de hacer de manera extraordinaria las cosas de todos los días, cuando Jesús comparte con nosotros su vida divina.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">7. Poco a poco, el belén nos lleva a la gruta, donde encontramos las figuras de María y de José. María es una madre que contempla a su hijo y lo muestra a cuantos vienen a visitarlo. Su imagen hace pensar en el gran misterio que ha envuelto a esta joven cuando Dios ha llamado a la puerta de su corazón inmaculado. Ante el anuncio del ángel, que le pedía que fuera la madre de Dios, María respondió con obediencia plena y total. Sus palabras: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (<em>Lc</em> 1,38), son para todos nosotros el testimonio del abandono en la fe a la voluntad de Dios. Con aquel “sí”, María se convertía en la madre del Hijo de Dios sin perder su virginidad, antes bien consagrándola gracias a Él. Vemos en ella a la Madre de Dios que no tiene a su Hijo sólo para sí misma, sino que pide a todos que obedezcan a su palabra y la pongan en práctica (cf. <em>Jn</em> 2,5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a María, en una actitud de protección del Niño y de su madre, está san José. Por lo general, se representa con el bastón en la mano y, a veces, también sosteniendo una lámpara. San José juega un papel muy importante en la vida de Jesús y de María. Él es el custodio que nunca se cansa de proteger a su familia. Cuando Dios le advirtió de la amenaza de Herodes, no dudó en ponerse en camino y emigrar a Egipto (cf. <em>Mt</em> 2,13-15). Y una vez pasado el peligro, trajo a la familia de vuelta a Nazaret, donde fue el primer educador de Jesús niño y adolescente. José llevaba en su corazón el gran misterio que envolvía a Jesús y a María su esposa, y como hombre justo confió siempre en la voluntad de Dios y la puso en práctica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">8. El corazón del pesebre comienza a palpitar cuando, en Navidad, colocamos la imagen del Niño Jesús. Dios se presenta así, en un niño, para ser recibido en nuestros brazos. En la debilidad y en la fragilidad esconde su poder que todo lo crea y transforma. Parece imposible, pero es así: en Jesús, Dios ha sido un niño y en esta condición ha querido revelar la grandeza de su amor, que se manifiesta en la sonrisa y en el tender sus manos hacia todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El nacimiento de un niño suscita alegría y asombro, porque nos pone ante el gran misterio de la vida. Viendo brillar los ojos de los jóvenes esposos ante su hijo recién nacido, entendemos los sentimientos de María y José que, mirando al niño Jesús, percibían la presencia de Dios en sus vidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La Vida se hizo visible» (<em>1Jn</em> 1,2); así el apóstol Juan resume el misterio de la encarnación. El belén nos hace ver, nos hace tocar este acontecimiento único y extraordinario que ha cambiado el curso de la historia, y a partir del cual también se ordena la numeración de los años, antes y después del nacimiento de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El modo de actuar de Dios casi aturde, porque parece imposible que Él renuncie a su gloria para hacerse hombre como nosotros. Qué sorpresa ver a Dios que asume nuestros propios comportamientos: duerme, toma la leche de su madre, llora y juega como todos los niños. Como siempre, Dios desconcierta, es impredecible, continuamente va más allá de nuestros esquemas. Así, pues, el pesebre, mientras nos muestra a Dios tal y como ha venido al mundo, nos invita a pensar en nuestra vida injertada en la de Dios; nos invita a ser discípulos suyos si queremos alcanzar el sentido último de la vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">9. Cuando se acerca la fiesta de la Epifanía, se colocan en el Nacimiento las tres figuras de los Reyes Magos. Observando la estrella, aquellos sabios y ricos señores de Oriente se habían puesto en camino hacia Belén para conocer a Jesús y ofrecerle dones: oro, incienso y mirra. También estos regalos tienen un significado alegórico: el oro honra la realeza de Jesús; el incienso su divinidad; la mirra su santa humanidad que conocerá la muerte y la sepultura.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Contemplando esta escena en el belén, estamos llamados a reflexionar sobre la responsabilidad que cada cristiano tiene de ser evangelizador. Cada uno de nosotros se hace portador de la Buena Noticia con los que encuentra, testimoniando con acciones concretas de misericordia la alegría de haber encontrado a Jesús y su amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los Magos enseñan que se puede comenzar desde muy lejos para llegar a Cristo. Son hombres ricos, sabios extranjeros, sedientos de lo infinito, que parten para un largo y peligroso viaje que los lleva hasta Belén (cf. <em>Mt</em> 2,1-12). Una gran alegría los invade ante el Niño Rey. No se dejan escandalizar por la pobreza del ambiente; no dudan en ponerse de rodillas y adorarlo. Ante Él comprenden que Dios, igual que regula con soberana sabiduría el curso de las estrellas, guía el curso de la historia, abajando a los poderosos y exaltando a los humildes. Y ciertamente, llegados a su país, habrán contado este encuentro sorprendente con el Mesías, inaugurando el viaje del Evangelio entre las gentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">10. Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia. No es importante cómo se prepara el pesebre, puede ser siempre igual o modificarse cada año; lo que cuenta es que este hable a nuestra vida. En cualquier lugar y de cualquier manera, el belén habla del amor de Dios, el Dios que se ha hecho niño para decirnos lo cerca que está de todo ser humano, cualquiera que sea su condición.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queridos hermanos y hermanas: El belén forma parte del dulce y exigente proceso de transmisión de la fe. Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad. Que en la escuela de san Francisco abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>                           <em>FRANCISCO</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Dado en Greccio, en el Santuario del Pesebre, 1 de diciembre de 2019.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em> </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Tomás de Celano, <em>Vida Primera</em>, 84: <em>Fuentes franciscanas (FF)</em>, n. 468.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cf. <em>ibíd</em>., 85: <em>FF</em>, n. 469.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> <em>Ibíd.</em>, 86: <em>FF</em>, n. 470.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Predicación de Adviento: &quot;¡Dichosa tú que creíste!&quot; - Raniero Cantalamessa, ofmcap</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/12/predicacion-de-adviento-dichosa-tu-que-creiste-raniero-cantalamessa-ofmcap/</link>
		<pubDate>Fri, 06 Dec 2019 17:07:51 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">"¡Dichosa tú que creíste!"
María en la Anunciación
Primera Predicación de Adviento (06-12-2019)
Raniero Cantalamessa, ofmcap (Predicador de la Casa Pontificia)</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada año la liturgia nos prepara a Navidad con tres guías: Isaías, Juan Bautista y María: el profeta, el precursor y la madre. El primero lo anunció desde lejos, el segundo lo señaló presente en el mundo, la madre lo llevó en su seno. Por esto para Adviento de 2019 he pensado de confiarnos enteramente a la Madre de Dios. Nadie mejor que ella puede predisponernos a celebrar espiritualmente el nacimiento de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ella no ha <em>celebrado</em> el Adviento, sino que lo ha <em>vivido</em> en su carne. Como cada mujer embarazada, ella sabe qué significa estar “en la espera” y puede ayudarnos a esperar, en sentido fuerte y existencial, la venida del Redentor. Contemplaremos a la Madre de Dios en los tres momentos en los cuales la misma Escritura la presenta en el centro de los acontecimientos: la Anunciación, la Visitación y la Navidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>“Heme aquí, yo soy la esclava del Señor…”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Comenzamos con la Anunciación. Cuando María llega a la casa de Isabel, esta la acoge con gran alegría y, “llena del Espíritu Santo”, exclamó: <em>¡Dichosa tú que creíste! Porque se cumplirá lo que el Señor te anunció. </em>(Lc 1, 45). El evangelista Lucas se sirve del episodio de la Visitación como medio para mostrar lo que se había cumplido en el secreto de Nazaret y que solo en el diálogo con una interlocutora podía manifestarse y asumir un carácter objetivo y público.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo grandioso que había ocurrido en Nazaret, después del saludo del ángel, es que María “ha creído” y así se convirtió en “Madre del Señor”. No hay dudas de que este haber creído se refería a la respuesta de María al ángel: <em>Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra</em> (Lc 1, 38). Con estas simples y pocas palabras se consumó el acto de fe más grande y decisivo en la historia del mundo. Esta palabra de María representa “el vértice de todo comportamiento religioso delante de Dios, porque ella expresa, de la manera más elevada, la disponibilidad pasiva unida a la prontitud activa, el vacío más profundo que se acompaña con la plenitud más grande”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>. Con esta respuesta –escribe Orígenes- es como si María dijera a Dios: “Heme aquí, soy una tablilla para escribir: que el Escritor escriba lo que desea, que el Señor haga en mí lo que él quiera”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>. Él compara a María con una tablilla encerada que se usaba, en su tiempo, para escribir. Hoy diríamos que María se ofrece a Dios como una página en blanco, sobre la cual él puede escribir lo que quiera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“En un instante que no se desvanece nunca más y que permanece válido para toda la eternidad, la palabra de María fue la palabra de la humanidad y su “sí”, el amén de toda la creación al “sí” de Dios” (K. Rahner). En él es como si Dios interpelara de nuevo la libertad creada, ofreciéndole una posibilidad de redención. Es este el sentido profundo del paralelismo: Eva-María, querido a los Padres y a toda la tradición. “Lo que Eva unió con su incredulidad, María lo deshizo con su fe”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>[3]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De las palabras de Isabel: “Dichosa tú que creíste”, se ve cómo ya en el Evangelio, la maternidad divina de María no es entendida solo como maternidad física, sino mucho más como maternidad espiritual, fundada en la fe. En eso se basa san Agustín cuando escribe: “La Virgen María dio a luz creyendo, lo que había concebido creyendo… Después de que el ángel hubiera hablado, ella, llena de fe (<em>fide plena</em>), concibiendo a Cristo primero en el corazón que en el seno, respondió: <em>Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra</em>”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>. A la plenitud de la gracia por parte de Dios, corresponde la plenitud de la fe de parte de María; al “gracia plena”, la “fe plena”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="size-full wp-image-2114 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/12/annonciation.jpg" alt="" width="365" height="442" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Sola con Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A primera vista, lo de María fue un acto de fe fácil e incluso que se podía dar por descontado. Convertirse en madre de un rey que reinaría eternamente sobre la casa de Jacob, ¡madre del Mesías! ¿No era lo que toda jovencita hebrea soñaba ser? Sin embargo, esto es un modo de razonar humano y carnal. La verdadera fe no es un privilegio o un honor, sino que es siempre un morir un poco, y así fue sobre todo la fe de María en este momento. Primero que nada, Dios no engaña nunca, no tironea nunca a las creaturas a un consenso solapadamente, escondiéndole las consecuencias, lo que van a encontrar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo vemos en todos los grandes llamados de Dios. A Jeremías preanuncia: <em>Lucharán contra ti</em> (Jr 1, 19) y sobre Saulo, le dice a Ananías: <em>Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre</em>. (Hch 9, 16). Solo con María, para una misión como la suya, ¿habría actuado de modo diverso? A la luz del Espíritu Santo, que acompaña el llamado de Dios, ella ciertamente vislumbró que también su camino no sería diferente al de todos los demás llamados. Pronto Simeón pondrá en palabras este presentimiento, cuando le dirá que una espada atravesará su alma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, ya sobre el plano simplemente humano, María se encuentra en una soledad total. ¿A quién puede explicarle lo que le sucedió? ¿Quién le podrá creer cuando diga que el niño que lleva en su seno es “obra del Espíritu Santo”? Esto nunca ocurrió antes de ella y no ocurrirá nunca después de ella. María conocía ciertamente lo que estaba escrito en el libro de la ley: que si la jovencita, al momento de la boda, no fuera encontrada en estado de virginidad, debería ser sacada a la puerta de su casa paterna y apedreada por la gente de la ciudad (cfr. Dt 22, 20s)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la actualidad, hablamos del riesgo de la fe, entiendo, por lo general, con eso, el riesgo intelectual; pero ¡para María se trató de un riesgo real! Carlo Carretto, en su libro sobre la Virgen, narra cómo llega a descubrir la fe de María. Cuando vivía en el desierto, se había enterado de parte de algunos de sus amigos Tuareg que una muchacha del campamento había estado prometida a un joven, pero que no había ido a vivir con él, siendo demasiado joven. Había ligado este hecho con lo que Lucas dice de María. Así es cómo después de dos años, al volver a pasar por el mismo campamento, pide noticias sobre la muchacha. Notó una cierta inquietud entre sus interlocutores y más tarde uno de ellos, acercándose con gran secreto, hizo una señal: pasó una mano sobre la garganta con el gesto característico de los árabes cuando quieren decir: “Ha sido degollada”. Se había descubierto que estaba embarazada antes del matrimonio y el honor de la familia exigía ese fin. Entonces, volvió a pensar en María, ante la mirada despiadada de la gente de Nazaret, a los guiños, entendió la soledad de María, y esa misma noche la eligió como compañera de viaje y maestra de su fe<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ella es la única que creyó en “situación de contemporaneidad”, es decir, mientras las cosas iban sucediendo, antes de cualquier confirmación y de cualquier convalidación por parte de los eventos y de la historia<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>. Creyó en total soledad. Jesús dijo a Tomás: <em>¡Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto!</em> (Jn 20, 29): María es la primera de aquellos que creyeron sin haber todavía visto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una situación similar, cuando también se había prometido a Abrahán un hijo aunque estaba en edad tardía, la Escritura dice, casi con aire de triunfo y de estupor: <em>Abrahán creyó al Señor y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación</em> (Gn 15, 6). ¡Cuánto ahora se dice más triunfalmente de María! María tuvo fe en Dios y eso le fue acreditado como justicia. El acto de justicia más grande jamás realizado en la tierra de parte de un ser humano, después del de Jesús, que, de todos modos, era también Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Pablo dice que Dios ama a quien da con alegría (2 Cor 9, 7) y María dijo su “sí” a Dios con alegría. El verbo con el cual María expresa su consenso, y que se traduce con “fiat” o con “se haga”, en el original, está en un modo optativo (<em>génoito</em>); esto no expresa una simple aceptación resignada, sino un vivo deseo. Como si dijera: “Deseo también yo, con todo mi ser, lo que Dios desea; se cumpla rápidamente lo que él quiere”. En verdad, como decía san Agustín, antes incluso que en su cuerpo, María concibió a Cristo en su corazón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, María no dijo “fiat” que es una palabra latina; no dijo ni siquiera “génoito” que es una palabra griega. ¿Qué dijo entonces? ¿Cuál es la palabra que, en la lengua hablada por María, corresponde de modo más cercano a esta expresión? ¿Qué decía un hebreo cuando quería decir “así sea”? Decía “¡amén!” Si es lícito remontarse, con una reflexión devota, a la <em>ipsissima vox</em>, a la palabra exacta salida de la boca de María –o al menos a la palabra que había, en este punto, en la fuente judaica usada por Lucas-, esta debe haber sido propiamente la palabra “amén”. Amén –palabra hebraica, cuya raíz significa solidez, certeza- era usada en la liturgia como respuesta de fe a la palabra de Dios. Cada vez que, al final de ciertos Salmos, en la Vulgata se lee “fiat, fiat” (en la versión de los Setenta: <em>génoito, génoito</em>), el original hebraico, conocido por María, dice: ¡Amén, amén!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con el “amén” se reconoce lo que ha sido dicho como palabra estable, válida y vinculante. Su traducción exacta, cuando es una respuesta a la palabra de Dios, es la siguiente: “Así es y que así sea”. Indica fe y obediencia juntas; reconoce que lo que Dios dice es verdadero y uno se somete. Es decir “sí” a Dios. En este sentido, lo encontramos en la misma boca de Jesús: “Sí amen, Padre, porque esa ha sido tu elección…” (cfr. Mt 11, 26). De hecho, él es el Amén personificado: <em>Así dice el Amén… </em>(Ap 3, 14) y es por medio de él que cada “amén” pronunciado sobre la tierra sube entonces a Dios (cfr. 2 Cor 1, 20). Como el “fiat” de María anticipa al de Jesús en el Getsemaní, así su “amén” anticipa al de su Hijo. También María es una “amén” personificado a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class=" wp-image-2115 aligncenter" src="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/12/anunciacion-por-que-hoy.jpg" alt="" width="507" height="338" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>En la estela de María</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como la estela de un bello barco va ensanchándose hasta desaparecer y perderse en el horizonte, pero que comienza con una punta, que es la punta misma del barco, así es la inmensa estela de los creyentes que forman la Iglesia. Esta comienza con una punta y esta punta es la fe de María, su “fiat”. La fe, junto con su hermana la esperanza, es lo único que no comienza con Cristo, sino con la Iglesia y por lo tanto, con María, que es el primer miembro, en orden de tiempo y de importancia. Nunca el Nuevo Testamento atribuye a Jesús la fe y la esperanza. La carta a los Hebreos nos da una lista de aquellos que tuvieron fe: <em>Por fe Abel… Por fe, Abraham… Por fe, Moisés…</em> (Hb 11, 4 ss).  Sin embargo, esta lista no incluye a Jesús. Jesús es llamado “autor y consumador de la fe” (Hb 12, 2), no uno de los creyentes, aunque pudiera ser el primero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por el solo hecho de creer, nos encontramos entonces en la estela de María y queremos ahora profundizar qué significa seguir realmente su estela. Al leer lo que respecta a la Virgen en la Biblia, la Iglesia ha seguido, hasta el tiempo de los Padres, un criterio que se puede expresar así: “Maria, vel Ecclesia, vel anima”, María, o sea la Iglesia, o sea el alma. El sentido es que lo que en la Escritura se dice especialmente de María, se entiende universalmente de la Iglesia y lo que se dice universalmente de la Iglesia se entiende singularmente para cada alma creyente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ateniéndonos también nosotros a este principio, vemos ahora lo que la fe de María tiene para decir primero a la Iglesia en su conjunto y después a cada uno de nosotros, es decir a cada alma individual. Aclaramos primero las implicancias eclesiales o teológicas de la fe de María y después las personales o ascéticas. De este modo, la vida de la Virgen no sirve solo para acrecentar nuestra devoción privada, sino también nuestra comprensión profunda de la Palabra de Dios y de los problemas de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">María nos habla primero de la importancia de la fe. No existe sonido, ni música allí donde no hay un oído capaz de escuchar, por cuanto resuenan en el aire melodías y acordes sublimes. No hay gracia, o al menos la gracia no puede operar, si no encuentra la fe que la acoge. Como la lluvia no puede hacer germinar nada hasta que no encuentra la tierra que la acoge, así es la gracia sino encuentra la fe. Es por la fe que nosotros somos “sensibles” a la gracia. La fe es la base de todo; es la primera y la más “buena” de las obras para cumplir. Obra de Dios es esta, dice Jesús: que crean (cfr. Jn 6, 29). La fe es así importante porque es la única que mantiene a la gracia su gratuidad. No busca invertir las partes, haciendo de Dios un deudor y del hombre un acreedor. Por esto, la fe es tan querida a Dios que hace depender de ella prácticamente todo, en sus relaciones con el hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Gracia y fe: son puestos, de este modo, los dos pilares de la salvación; se da al hombre los dos pies para caminar y las dos alas para volar. Sin embargo, no se trata de dos cosas paralelas, casi como que de Dios viniera la gracia y de nosotros la fe, y la salvación dependiera así, en partes iguales, de Dios y de nosotros, de la gracia y de la libertad. Sería una problema que alguno pensara: la gracia depende de Dios, pero la fe depende de mí; ¡juntos, yo y Dios hacemos la salvación! Habremos hecho de Dios, de nuevo, un deudor, alguien que depende de algún modo de nosotros y que debe compartir con nosotros el mérito y la gloria. San Pablo disipa todas las dudas cuando dice: <em>Ustedes han sido salvados por la fe</em> (es decir el creer, o más globalmente, el ser salvos por gracia mediante la fe, que es la misma cosa) <em>no por mérito propio, sino por la gracia de Dios; y no por las obras, para que nadie se gloríe</em> (Ef 2, 8s). Incluso en María el acto de fe fue suscitado por la gracia del Espíritu Santo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo que ahora nos interesa es resaltar algunos aspectos de la fe de María que pueden ayudar a la Iglesia de hoy a creer más plenamente. El acto de fe de María es extremadamente personal, único e irrepetible. Es un confiar en Dios y un confiarse completamente a Dios. Es una relación de persona a persona. Esto se llama fe <em>subjetiva</em>. El acento está aquí en el hecho de creer, más que en las cosas creídas. Sin embargo, la fe de María es también extremadamente <em>objetiva</em>, comunitaria. Ella no cree en un Dios subjetivo, personal, aislado de todo, y que se revela solo a ella en secreto. Por el contrario, cree en el Dios de los Padres, el Dios de su pueblo. Reconoce en el Dios que se le revela, al Dios de las promesas, al Dios de Abraham y de su descendencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ella se incluye humildemente en el grupo de los creyentes, se convierte en la primera creyente de la nueva alianza, como Abraham fue el primer creyente de la antigua alianza. El Magnificat está lleno de esta fe basada en las Escrituras y de referencias a la historia de su pueblo. El Dios de María es un Dios de características típicamente bíblicas: Señor, Poderoso, Santo, Salvador. María no le habría creído al ángel, si le hubiera revelado un Dios diferente, que ella no hubiera podido reconocer como el Dios de su pueblo Israel. Incluso externamente, María se adecua a esta fe. De hecho, se comporta sujeta a todas las prescripciones de la ley; hace circuncidar al Niño, lo presenta en el templo, se somete ella misma al rito de la purificación, sube a Jerusalén para la Pascua.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora, todo esto es para nosotros de gran enseñanza. También la fe, como la gracia, ha estado sujeta, a lo largo de los siglos, a un fenómeno de análisis y de fragmentación, para lo cual hay especies y subespecies de fe innumerables. Los hermanos protestantes, por ejemplo, valorizan más el primer aspecto, subjetivo y personal de la fe. “Fe –escribe Lutero- es una confianza viva y audaz en la gracia de Dios”; es una “firme confianza”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. En algunas corrientes del protestantismo, como en el Pietismo, donde esta tendencia está llevada al extremo, los dogmas y las llamadas verdades de fe no tienen casi ninguna relevancia. El comportamiento interior, personal, hacia Dios es lo más importante y casi exclusivo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por el contrario, en la tradición católica y ortodoxa, desde la Antigüedad, ha tenido una importancia grandísima el problema de la recta fe o de la ortodoxia. Prontamente, el problema de las cosas a creer adquiere una posición de gran ventaja sobre el aspecto subjetivo y personal del creer, es decir sobre el acto de la fe. Los tratados de los Padres, intitulados “Sobre la fe” (<em>De Fide</em>) no mencionan ni siquiera la fe como acto subjetivo, como confianza y abandono, sino que se preocupan de establecer cuáles son las verdades que creer en comunión con todas la Iglesia, en polémica contra los herejes. Después de la Reforma, en reacción al hincapié unilateral de la fe-confianza, esta tendencia se acentúa en la Iglesia católica. Creer significa principalmente adherir al credo de la Iglesia. San Pablo decía que <strong><sup> </sup></strong>“con el corazón creemos para ser justos, con la boca confesamos” (cfr. Rm 10, 10): la “confesión” de la recta fe ha tomado prontamente una posición de ventaja sobre el “creer con el corazón”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">María nos lleva a redescubrir, también en este campo, “la totalidad” que es tanto más rica y más bella que cada una de las partes. No basta con tener una fe solo subjetiva, una fe que sea un abandonarse a Dios en la intimidad de la propia conciencia. Por este camino, es tan fácil reducir a Dios a la propia medida. Esto sucede cuando se hace una idea propia de Dios, basada sobre una propia interpretación personal de la Biblia, o sobre la interpretación del propio grupo restringido, y después se adhiere a ella con toda la fuerza, incluso también con fanatismo, sin darse cuenta de que para ese entonces se está creyendo en sí mismo más que en Dios y que toda aquella confianza incontrolable en Dios, no es más que una confianza en sí mismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, no basta siquiera una fe solo objetiva y dogmática, si esta no realiza el contacto íntimo y personal, de yo a tú, con Dios. Esta se convierte fácilmente en una fe muerta, un creer por medio de otra persona o de la institución, que colapsa apenas entra en crisis, por cualquier razón, la relación con la institución que es la Iglesia. De este modo, es fácil que un cristiano llegue al final de la vida, sin haber nunca hecho un acto de fe libre y personal, que es el único que justifica el nombre de “creyente”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesario, entonces, creer personalmente, pero en la Iglesia; creer en la Iglesia, pero personalmente. La fe dogmática de la Iglesia no mortifica el acto personal y la espontaneidad del creer, sino que lo preserva y permite conocer y abrazar a un Dios inmensamente más grande que el de mi pobre experiencia. De hecho, ninguna creatura es capaz de abrazar, con su acto de fe, todo lo que de Dios se puede conocer. La fe de la Iglesia es como el gran angular que permite ver y fotografiar, de un panorama, una porción mucho más vasta del simple objetivo. En el unirme a la fe de la Iglesia, hago mía la fe de todos los que me han precedido: de los apóstoles, de los mártires, de los doctores. Los Santos, al no poder llevarse consigo la fe la cielo –donde no sirve más-, la dejaron en herencia a la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay una fuerza increíble contenida en aquellas palabras: “Yo creo en Dios Padre Todopoderoso…”. Mi pequeño “yo”, unido y fusionado con lo enorme de todo el cuerpo místico de Cristo, pasado y presente, forma un grito más potente que el fragor del mar que hace temblar desde los fundamentos al reino de las tinieblas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><img class="aligncenter" src="https://matermundi.tv/wp-content/uploads/2019/06/Pentecostes-ElGreco-09062019.jpg" alt="Resultado de imagen de PENTECOSTES" width="577" height="321" /></strong></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¡Creamos también nosotros!</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pasamos ahora a considerar las implicancias personales y ascéticas que surgen de la fe de María. San Agustín, después de haber afirmado, en el texto citado anteriormente, que María “llena de fe, dio a luz creyendo a quien había concebido creyendo”, trae una aplicación práctica diciendo: “María creyó y en ella se cumplió lo que creyó. Creamos también nosotros, para que lo que se cumplió en ella pueda ser beneficioso también para nosotros”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Creamos también nosotros! Contemplar la fe de María nos mueve a renovar sobre todo nuestro acto de fe personal y de abandono en Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué se debe hacer entonces? Es simple: después de haber orado, para que no sea una cosa superficial, decir a Dios con las palabras mismas de María: “¡Heme aquí, soy el esclavo, o la esclava, del Señor: hágase en mí según tu palabra!”. Digo amén, sí, mi Dios, a todo tu proyecto, ¡me cedo a mí mismo!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos recordar que María dijo su “fiat” en un modo optativo, con deseo y alegría. Cuántas veces nosotros repetimos aquellas palabras con un estado de ánimo de resignación mal escondida, como quien, inclinando la cabeza, dice con sus dientes apretados: “Si no se puede prescindir, ¡que se haga tu voluntad!” María nos enseña a decirlo de modo diverso. Sabiendo que la voluntad de Dios es infinitamente más bella y más rica de promesas, que cada proyecto nuestro; sabiendo que Dios es amor infinito y que tiene para nosotros “designios de prosperidad y no de desgracia” (cfr. Jr 29, 11), nosotros decimos, llenos de deseo y casi con impaciencia, como María: “¡Que se cumpla rápido sobre mí, oh, Dios, tu voluntad de amor y de paz!”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con esto se realiza el sentido de la vida humana y su más grande dignidad. Decir “sí”, “amén”, a Dios no humilla la dignidad del hombre, como piensa a veces el hombre de hoy, sino que la exalta. Por lo demás, ¿cuál es la alternativa a este “amén” dicho a Dios? Justamente el pensamiento contemporáneo que ha hecho del análisis de la existencia su objeto primario, demostró claramente que decir “amén” es necesario y sino se le dice a Dios que es amor, se lo debe decir a cualquier otra cosa que es una necesidad fría y paralizante: al destino, a la suerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>“El justo vivirá por la fe”</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todos deben y pueden imitar a María en su fe, pero en modo particular debe hacerlo el sacerdote y cualquiera que esté llamado, de alguna manera, a transmitir a otros la fe y la Palabra. “El justo –dice Dios- vivirá por la fe” (cfr. Hab 2, 4: Rm 1, 17): esto vale, especialmente, para el sacerdote: Mi sacerdote –dice Dios- vivirá por la fe. Él es el hombre de la fe. El peso específico de un sacerdote está dado por su fe. Él influirá en las almas en la medida de su fe. La tarea del sacerdote o del pastor en medio del pueblo, no es solo la de ser distribuidor de los sacramentos y de los servicios, sino también la de suscitar y testimoniar la fe. Él será verdaderamente el que guía, que lleva, en la medida en que crea y haya cedido su libertad a Dios, como María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gran signo esencial, el que los fieles captan inmediatamente en un sacerdote y en un pastor es si “cree”: si cree en lo que dice y en lo que celebra. Quien busca en el sacerdote sobre todo a Dios, lo nota rápidamente; quien no busca en él a Dios, puede ser engañado fácilmente y llevar a engaño al mismo sacerdote, haciéndolo sentir importante, brillante, actualizado, mientras que, en realidad, él también es, como se decía en el capítulo anterior, un hombre “vacío”. Incluso el no creyente que se acerca al sacerdote con un espíritu de búsqueda, entiende la diferencia rápidamente. Lo que lo provocará y que podrá hacerlo entrar en crisis beneficiosamente, no son en general las más eruditas discusiones de fe, sino la simple fe. La fe es contagiosa. Así como no se adquiere un contagio, escuchando hablar de un virus o estudiándolo, sino poniéndose en contacto, así sucede con la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La fuerza de un servidor de Dios es proporcionada a la fuerza de su fe. A veces se sufre e incluso se lamenta en la oración con Dios, porque la gente abandona la Iglesia, no deja el pecado, porque hablamos y no sucede nada. Un día los apóstoles intentaron expulsar el demonio de un pobre muchacho pero sin lograrlo, se acercaron a Jesús y a parte le preguntaron: <em>¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? Él les contestó: Porque ustedes tienen poca fe</em> (Mt 17, 19-20). Cada vez que, delante de un fracaso pastoral o de un alma que se alejaba de mí sin lograr ayudarla, sentí aflorar en mí aquella pregunta de los apóstoles: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?, escuché responderme también yo en lo más íntimo: “¡Porque tienes poca fe!”. Y callé.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como habíamos dicho, el mundo está surcado por la estela de un bello barco, que es la estela de fe abierta <em>por</em> María. Entremos en esta estela. Creamos también nosotros para que lo que se actualizó en ella se actualice también en nosotros. Invoquemos a la Virgen con el dulce título de <em>Virgo fidelis</em>: ¡Virgen creyente, ruega por nosotros!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> H. SHÜRMANN, <em>Das Lukasevangelium, </em>Friburgo en Br. 1982, ad loc. (trad. ital. <em>El Evangelio de Lucas</em>, Paideia, Brescia 1983, p. 154)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> ORÍGENES, <em>Comentario al evangelio de Lucas, </em>fragmento 18 (GCS, 49, p 227)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> S. IRENEO, <em>Contra las herejías, </em>III, 22, 4 (SCh 211, p. 442 s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> S. AGUSTÍN, <em>Discursos </em>215, 4 (PL 38, 1074).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> C. CARRETTO, <em>Beata tú que has creído</em>, Ed. Paulinas 1986, pp. 9 ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> S. KIERKEGAARD, <em>Ejercicio del cristianismo</em> I (ed. ital. por C. FABRO, <em>Obras</em>, Sansoni, Florencia 1972, pp. 693 ss).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> LUTERO, <em>Prefacio a la Epístola a los Romanos</em> (ed. Weimar, Deutsche Bibel 7, p. 11) y <em>De las buenas obras</em> (ed. Weimar 6, p. 206).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> S. AGUSTÍN, <em>Discursos</em> 215, 4 (PL 38, 1074).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>FUENTE: http://www.cantalamessa.org/</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>El deseo en san Buenaventura: Itinerario de una búsqueda - Fernando Valdivieso, pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/12/el-deseo-en-san-buenaventura-itinerario-de-una-busqueda-fernando-valdivieso-pbro/</link>
		<pubDate>Sun, 08 Dec 2019 21:26:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.203 (JULIO- SEPTIEMBRE 2019)
Autor: Fernando Valdivieso, pbro,
Para citar: Valdivieso, Fernando,<em> El deseo en san Buenaventura: Itinerario de una búsqueda</em>, en La Revista Católica, Nº1.203, julio-septiembre 2019, pp.344-354.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2019/12/FVALDIVIESO_LRC_1203.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h4 style="text-align: center;">El deseo en san Buenaventura: Itinerario de una búsqueda
Fernando Valdivieso, pbro. <a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En mayo pasado ha sido presentado del libro <em>El deseo de Sumo Bien. La noción de deseo en la antropología de san Buenaventura y su relevancia actual para la teología moral<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><strong>[2]</strong></a></em>, publicado en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile en su colección Anales de la Facultad de Teología, número 110. Este libro contiene los principales resultados de mi investigación doctoral, realizada en la Pontificia Universidad Gregoriana entre 2014 y 2017. En estas páginas ofrezco una breve presentación de mi ella, esperando que anime a la lectura del libro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Por qué el deseo? ¿Por qué san Buenaventura?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada vez que comparto la materia de mi estudio encuentro reacciones de interés por el tema del deseo. En ámbito universitario me han preguntado con frecuencia «¿te dedicas a la espiritualidad? ¿a la filosofía? A la moral, dices, ¿será a moral sexual?» Pero también en otros ámbitos el tema suscita siempre inquietudes vivenciales: «¿de qué deseo hablas? ¿deseos instintivos o espirituales? ¿existen diversos deseos? ¿Qué pasa con los malos deseos? ¿qué se puede hacer con ellos? ¿cómo controlarlos? ¿puede saciarse el deseo?»</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muchas de estas preguntas han sido mis propias preguntas, con las cuales he afrontado un tema que me parece fascinante desde su mismo nombre. Quizá el mismo lector se preguntará también de qué trata un libro de moral sobre el deseo, qué será lo que puede decir san Buenaventura a la teología moral, hoy, sobre el tema; o, en un plano más personal y existencial, qué dirá este libro que pueda tener que ver con mis deseos e inclinaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El tema del deseo es algo muy nuestro, personalmente experimentado desde un lugar interior muy íntimo, que reclama una respuesta a preguntas como las arriba enunciadas. El deseo tiene la capacidad de motivar nuestras decisiones y, de hecho, es el responsable de muchas de nuestras elecciones, sobretodo de las más profundas opciones que marcan nuestra vida. Dicho así, ya se intuye por qué una investigación de teología moral puede tratar el deseo desde una perspectiva de moral fundamental. Ahora bien, junto a este carácter <strong>práctico</strong>, me parece importante destacar también en el deseo una nota <strong>dramática</strong>, porque el deseo, por su misma naturaleza, exige ser atendido. Los deseos se viven como una inclinación que pide ser saciada, ya sea cuando se experimenta como necesidad básica (como hambre o sed), ya cuando se expresa como búsqueda de sentido de vida. En sus diversas manifestaciones siempre se puede hablar de un cierto dramatismo del deseo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este doble carácter práctico y dramático de los deseos - razón por la cual el título de mi investigación suele suscitar en mis interlocutores un vivo interés- es el motivo de que me haya dedicado durante los últimos años de mi vida a este tema. Primero, porque yo mismo he sentido la necesidad de profundizar el significado y la vocación de mis propios deseos. También, porque ellos me permiten un espacio de diálogo, una provocación respetuosa a mis interlocutores a través de la cual he encontrado un camino para plantear la riqueza del Evangelio y de sus exigencias morales, desde una perspectiva positiva que se hace interesante/significativa al hombre de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En efecto, ya en los primeros años de mi ministerio sacerdotal, acompañando a mis hermanos en el camino de la fe en la querida parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes de Puente Alto, la cuestión del deseo resultó ser un tema recurrente de mi conversación. Allí, acompañando especialmente a los jóvenes, comprobé el interés que el tema suscita y descubrí que es un modo privilegiado para la evangelización. Pensando en ellos, y en mi iglesia de Santiago en general, he trabajado buscando elaborar una teología que sea significativa, capaz de interpelar al hombre de hoy, y de ayudarlo a caminar hacia el bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué san Buenaventura? Descubrí al autor a través de un curso sobre la historia de la teología moral, dado por el profesor Diego Alonso-Lasheras, en el primer semestre de mi licencia en Roma (año 2012).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Buenaventura me ofreció la posibilidad de penetrar en un sistema de pensamiento desconocido para mí, a la vez que célebre por su profundidad intelectual y sólido en su autorizada interpretación de la Revelación. Hablamos del primer pensador que lleva a la teología la intuición espiritual de san Francisco de Asís. Fraile franciscano de la segunda hora, Buenaventura llegará a ser el séptimo sucesor del Pobre de Asís a la cabeza de la orden. Con su teología franciscana se constituye como uno de los grandes de la historia del pensamiento, doctor de la Iglesia y autor de un auténtico sistema teológico, que ha marcado la historia del pensamiento cristiano<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. Un dato para graficar su relevancia: san Buenaventura ha sido citado por todos los Concilios después de su muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En san Buenaventura he encontrado a un «maestro», cuya teología tiene mucho que decir en el mundo de hoy. Intentaré resumirla en tres notas: una teología afectiva, una teología práctica centrada en el bien y una teología que es sabiduría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Teología afectiva</em>. Para el Doctor Seráfico la teología es cuestión también afectiva porque es cuestión de relación con Dios. No son solo conocimientos, aunque estos son necesarios: la primacía la tiene la relación de amistad con Dios. Por eso en sus enseñanzas, los afectos tienen un lugar importante. Todavía más, para Buenaventura los afectos son los que tienen el papel principal, ya que, tratándose de una cuestión de amor, su consumación es cosa del afecto. Así lo afirma, en efecto, en su <em>Comentario a las Sentencias</em>: “el acto del don de la sabiduría tiene una parte cognitiva y una parte afectiva; de manera que en la cognición se inicia y en la afección se consuma”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Teología práctica</em>. El maestro franciscano rechaza la elucubración vacía de sentido existencial o el conocimiento como mera erudición. Su pensamiento se desarrolla con el objeto de «hacernos buenos y ser salvados»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Aquí hay un desafío particularmente significativo para la teología moral, a la cual se le recuerda, como una advertencia, su centralidad en el bien y su deber de conducir a ese bien. No basta una teología moral ocupada de lo práctico — práctico es, por ejemplo, la reivindicación de las normas morales, o el estudio de circunstancias que justifiquen una excepción a esas normas —: todo esto ha de ser incorporado en el estudio de la moral, pero ella no puede olvidar que su principal tarea es llevarnos al bien. De aquí se desprende un rechazo a la moral de mínimos aceptables, y el reclamo por apuntar a lo mejor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Teología como sabiduría</em>: nuestro autor entiende que existe un orden en las ciencias humanas, según el cual todo conocimiento se ordena hacia la sabiduría. Buenaventura valora cada ciencia particular, pero las pone en relación con una Sabiduría superior. La propuesta del Seráfico para las ciencias (para las distintas disciplinas humanas, desde las técnicas hasta las filosóficas, pasando por las científicas) es la <em>reductio artium ad theologiam</em>. Es decir, el ordenamiento de todo el saber hacia un conocimiento vivencial de Dios. Desde esta perspectiva, el saber humano se entiende en el contexto de un sentido de vida marcado por la santidad. El mismo san Buenaventura desarrolló esta propuesta, sintetizando teología y santidad en su propia vida, cosa que ha sido característica de largos siglos de la Iglesia, con muchos santos teólogos de distintas épocas y que, sin embargo, de un tiempo a esta parte – como advierte Von Balthasar – parece haberse perdido<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Animado por este modo de hacer teología, comencé a dedicarme al autor en mis estudios de magíster. Quería identificar su manera de entender al ser humano para desprender desde ahí las consecuencias morales. Fue en la investigación del «modelo antropológico bonaventuriano» que el tema del deseo despuntó como un elemento central en el pensamiento del autor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces se juntó mi inquietud original por la centralidad del deseo con la enseñanza de san Buenaventura. El doctor Seráfico tenía un modo de entender al ser humano desde sus deseos, con el que yo podía profundizar en mi intuición de anunciar «la grandeza de la vocación de los fieles en Cristo» y sus exigencias<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>, desde el deseo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. ¿Cuál es esa comprensión bonaventuriana de deseo?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al finalizar el itinerario del alma a Dios, Buenaventura interpela al lector con una serie de provocaciones de tipo poético entre las que se lee “si quieres comprender cómo se realizan estas cosas (...) pregunta al deseo no al intelecto”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Una afirmación así no me sonó ni a mis clases de dogmática ni de moral. La afirmación exigía una comprensión del deseo en el pensamiento del autor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De manera que me embarqué en la empresa, busqué un método – la lexicografía -, lo adapté a mi investigación y comencé el trabajo. Ya desde los primeros resultados sorprendió el cuidado con que el autor trataba el término, sin encontrar prácticamente ninguna afirmación bonaventuriana en la cual el deseo fuera considerado algo negativo. Un minucioso estudio de las referencias al deseo a lo largo de la obra del autor permitió llegar a una definición bonaventuriana del deseo, objetivo inicial de la investigación. En el pensamiento de san Buenaventura el deseo es: una inclinación positiva inscrita en el espíritu humano, por la cual este se ve orientado al bien en multitud de expresiones, ninguna de las cuales satisface plenamente la inclinación original, llamada a dilatarse y elevarse para dirigirse al único destino de todos los deseos, Dios mismo, el Sumo Bien, al cual el hombre accede por Jesucristo<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Multitud de expresiones, un solo deseo, siempre orientando al bien, nunca saciado, dilatado y elevado hacia el Sumo Bien ¿Qué significa esto? Un ejemplo más cotidiano puede facilitar la comprensión: La cerveza es buena, atrae mi inclinación y si hace calor una tarde de verano y el trabajo ha sido arduo, el deseo de cerveza es cosa seria. Deseo el bien que esa cerveza fresca constituye para mi cuerpo y que es reflejo (vestigio) del Sumo Bien, que dejó por el mundo las huellas de su paso al crear. Ahora bien, esa cerveza fresca una tarde de verano no es un bien en sí mismo, está referido a otros bienes: Al bien del encuentro entre los amigos y el compartir (desaconsejo tomar solo). Por supuesto que si abrazo la cerveza como destino de todo mi deseo entraré en una dinámica deshumanizante que se llama borrachera. Eso no quiere decir que el deseo por la cerveza es malo. Es un reclamo del deseo de bien. Muestra un bien más grande al amante de la cerveza y llegará incluso a dejar la apreciada bebida por abrazar un bien mayor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volviendo a Buenaventura, un elemento de particular importancia para la teología moral es la pedagogía del deseo. La identificación de esta pedagogía es uno de los resultados importantes de esta investigación. Quizá es el más significativo si se juzga desde la teología moral, ya que, si toda teología debiera tener un carácter práctico que procure llevar al hombre al bien, esto vale especialmente para la teología moral. En realidad, tendría poco sentido dedicarse al estudio moral sobre el deseo si este trabajo no fuera capaz de conducir al hombre hacia el bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recomiendo vivamente la lectura de este capítulo sobre la pedagogía. En él descubrirán que en el itinerario los deseos deben ser <em>inflamados</em>, término con que nuestro autor expresa la necesidad de agrandar y elevar los deseos hacia un objeto siempre mayor. Esta dinámica — que incluye la participación del intelecto, y la ayuda de la gracia — conduce el deseo hacia Dios, el Sumo Bien. La enseñanza bonaventuriana no es la de una lucha interior por el control de los deseos, sino la de su elevación hacia un bien mayor, respecto al cual otros bienes menores dejan de aparecer atrayentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2.1 Etapas del trabajo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La definición bonaventuriana del deseo es el núcleo de la investigación. Ahora bien, un estudio teológico moral exige desplegar las consecuencias de este pensamiento, así como la posibilidad de plantearlo en el mundo contemporáneo de manera significativa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos desafíos organizan las etapas de la investigación estructurada en cuatro partes: I. Cuestiones Introductorias; II. El deseo en san Buenaventura, según un análisis lexicográfico; III. La doctrina bonaventuriana del deseo y IV. El deseo bonaventuriano en la teología moral contemporánea. Veamos brevemente cada una de estas etapas, con sus principales características y resultados.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>2.1.1 Parte I. Cuestiones Introductorias</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La investigación comienza con una primera parte de carácter introductorio organizada en dos capítulos. En el capítulo I se presenta san Buenaventura y su obra. De esta presentación vale la pena destacar la identificación de los principales conflictos que afrontó nuestro autor en su vida y ministerio: la defensa de las órdenes mendicantes, la unidad de la familia franciscana y el riesgo de los filósofos que olvidan la teología. Al respecto es interesante notar que la obra de un autor siempre está marcada por sus motivos para escribir. Por eso, identificar las preocupaciones que inquietaron a un autor es un modo acertado de penetrar en sus escritos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el capítulo II se presenta el método de trabajo. Esta cuestión es un punto importante de toda investigación porque define las herramientas y las etapas con las que se trabajará. En este caso la definición del método ha necesitado de un capítulo específico porque el doble objetivo — digamos de estudio medievalístico y de relevancia contemporánea — así lo exigía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Destaca en esta etapa la presentación del método lexicográfico computacional elaborado por el padre Roberto Busa y su adecuación para la investigación de la familia lingüística del concepto <em>desiderium</em> en Buenaventura. El padre Busa fue académico de la Universidad Gregoriana, y elaboró el <em>index thomisticus</em>, para el cual ideó un método informático<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Este ha sido mi instrumento principal para la segunda parte de la investigación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>2.1.2 Parte II: El deseo en san Buenaventura</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez establecido el itinerario de trabajo, en la segunda parte se realizó un completo análisis lexicográfico. Sus resultados ofrecen un fundamento sólido sobre el que levantar, como un edificio, el trabajo posterior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El estudio incluyó la organización de la <em>opera omnia</em> en grupos de textos para su análisis, la identificación de la familia lingüística «-<em>desider</em>-» en los escritos del autor, el examen morfológico y sintáctico, el estudio del adjetivo <em>desiderabilis</em>, etc. Entre los resultados de este trabajo puede mencionarse, por ejemplo: una fuerte preferencia por el uso del singular «deseo» sobre el plural, la identificación del sujeto de ese deseo con el ser humano, especialmente en su parte más espiritual, y un extraordinario cuidado por hablar siempre del deseo de objetos positivos, con una marcada preferencia por el deseo de Dios. Esta investigación permitió obtener la definición bonaventuriana de deseo arriba citada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El estudio estrictamente lexicográfico ha sido complementado, en el capítulo IV, con el análisis de las citas que están influyendo en la noción bonaventuriana, que son sobre todo textos del Antiguo Testamento. Lo mismo se ha realizado con la comprobación de nuestra definición en dos textos teológicos destacados del autor: el <em>Breviloquium</em> y el <em>Itinerarium mentis in Deum</em>. También se ha estudiado el desarrollo de la noción de deseo en el pensamiento del autor, comparando una obra inicial: <em>El Comentario a las Sentencias</em> (libro III) y una obra de madurez, las <em>Collationes in Hexaemeron</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>2.1.3 Parte III: doctrina bonaventuriana del deseo</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tercera parte estudia la doctrina bonaventuriana sobre el deseo. Si en la parte lexicográfica se ha analizado el uso lingüístico del concepto en los escritos, ahora, en esta parte III, se revisan las enseñanzas del maestro franciscano sobre el ser humano y sobre Dios, estudiando dónde se ubica el deseo en el panorama de la teología y cómo actúa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La estructura de este trabajo doctrinal se estableció sobre la base de los resultados anteriores. En primer lugar está el ser humano, el sujeto del deseo; en el capítulo V se estudiará la antropología bonaventuriana, ubicando en ella el deseo. En segundo lugar, en el capítulo VI, se estudia el objeto de los deseos, que es Dios, el Sumo Bien, a quien el hombre accede por Jesucristo. En el capítulo VII se presenta la pedagogía a través de la cual es posible conducir al sujeto del deseo hacia el Sumo Bien, Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Destaca en esta parte la propuesta pedagógica del doctor Seráfico arriba explicada. Este es un capítulo que no estaba previsto en el plan original y que resulta ser una confirmación del carácter práctico del pensamiento bonaventuriano. También el estudio antropológico es significativo, porque ofrece una forma de entender al ser humano desde la fe cristiana, en la cual se insiste en la integración de todos los elementos: corpóreos y espirituales, afectivos e intelectivos. Buenaventura rechaza toda sombra de dualismo o intelectualismo e insiste en la unidad del sujeto, para lo cual justamente el tema del deseo resulta ser un elemento unificador, en torno al cual se integran desde las inclinaciones más básicas e instintivas hasta aquellas más espirituales. Todas ellas se orientan al bien y se elevan al Bien más grande dirigiendo al ser humano hacia su destino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>2.1.4 Parte IV: El deseo bonaventuriano en la teología moral contemporánea</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una investigación clásica sobre un autor antiguo podría terminar aquí sacando algunas conclusiones derivadas de la noción de deseo en Buenaventura. Sin embargo, nuestro doble objetivo, exigido por la Teología Moral, implicaba no solo comprender la noción bonaventuriana de deseo, sino también demostrar su relevancia actual. Este segundo objetivo plantea un problema: con el paso del tiempo y el desarrollo del pensamiento los conceptos sufren modificaciones y se cargan de nuevos contenidos. Concretamente, nuestro concepto «deseo» ha sido tratado por la filosofía, por la psicología, y últimamente también por la neurociencia, adquiriendo nuevos matices en su contenido. Así, no debe suponerse sin más que un discurso del siglo XIII sobre el deseo pueda ser asumido por la comunidad académica contemporánea. Es necesario verificar su significación actual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tarea ha sido llevada a cabo a través de una confrontación de la noción bonaventuriana del deseo con la noción de un autor de la filosofía contemporánea. Se trata de Sergio Tenenbaum, profesor de filosofía de la Universidad de Toronto. Este autor me permitió una confrontación con el ámbito norteamericano, el cual puede considerarse una de las principales ágoras de la cultura contemporánea, lo que se sitúa en la línea de mi preocupación por entrar en diálogo con el hombre de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta confrontación me permitió profundizar en la descripción del fenómeno del deseo y situar la propuesta bonaventuriana en el panorama actual de la cuestión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez verificada la validez de la noción bonaventuriana, estamos en condiciones de concretar consecuencias teológico-morales de la investigación. El último capítulo desarrolla esta relevancia actual de las enseñanzas del Seráfico para la teología moral en cinco puntos: la exigencia de una antropología integral que considere al hombre como una unidad (estructural y temporalmente); la valoración del rol de los afectos en la teología moral y especialmente el rol del deseo; el planteamiento de una teología moral en relación con la espiritualidad, centrada en el seguimiento de Cristo y al mismo tiempo con proyección universal; y el llamado a la elaboración de una teología moral orientada al bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Contribución de la investigación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La principal contribución de esta investigación es dar relevancia al tema del deseo en la teología moral. Es un tema importante en el actuar humano y, con demasiada frecuencia, ausente del discurso teológico moral<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>. San Buenaventura aporta a la teología contemporánea un modo de entender el deseo como inclinación unificadora del ser humano que se orienta siempre al bien, y que, a través de una pedagogía adecuada, puede ser liberado y debe ser inflamado, de manera que impulse al sujeto moral hacia el Sumo Bien en el seguimiento de Jesucristo, el <em>todo deseado</em>. Esta noción de deseo y la pedagogía a ella asociada constituyen la contribución principal de esta investigación a la teología moral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El método también es un importante aporte. Los instrumentos utilizados y las etapas desarrolladas para este estudio quedan disponibles para futuros investigadores interesados en el estudio de un autor histórico, y la relevancia de su pensamiento en la actualidad. Investigadores que, como el buen escriba del Evangelio, busquen sacar de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas (<em>Mt</em> 13,52).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al concluir, quisiera ofrecer una pequeña muestra entre los resultados obtenidos por la lexicografía, que se presta bien para una conclusión. Estudiando en las obras de Buenaventura las palabras relacionadas con nuestro vocablo <em>desiderium</em>, aparece un neologismo latino ideado por nuestro autor: el verbo <em>sursumactio</em>. Traducible como “sobreelevar”, la <em>sursumactio</em> expresa una elevación pasiva del alma y de todo el ser humano hacia la contemplación de Dios<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Esta sobreelevación, considerada en el proceso del camino espiritual, es el nivel más alto de plenitud humana, nivel alcanzado por san Francisco de Asís y nivel propuesto a todo fraile franciscano en la regla<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pues bien, Buenaventura relaciona el deseo con esta <em>sursumactio</em>, afirmando tres veces la necesaria sobreelevación del deseo humano; la <em>sursumactio desideriorum<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><strong>[14]</strong></a></em>. El análisis diacrónico muestra que esta idea aparece en una etapa madura del autor, hacia el año 1263, cuando ya lleva seis años como ministro general de la orden. En las tres apariciones de deseo como objeto de la <em>sursumactio</em> Buenaventura conserva el sentido técnico de la sobreelevación, caracterizado por una nota pasiva (el deseo es elevado) y por un contenido espiritual, místico. Nunca se define el lugar de esa elevación, como si fuera redundante un complemento de lugar: la elevación es hacia arriba (<em>sursum</em>), hacia Dios. Por último, en dos de las apariciones referidas se habla de deseos sobreelevados (plural); si bien Buenaventura prefiere hablar de deseo en singular, con el uso del plural en esta expresión parece indicar que la multitud de deseos humanos ha de elevarse, unificándose, hacia el Sumo Bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El sintagma <em>sursumactio desideriorum</em> sintetiza bien la doctrina bonaventuriana sobre el deseo: ella enseña que los múltiples deseos experimentados por el ser humano han de ser elevados, o sobre-elevados, para dirigirse — unificados como un solo deseo — hacia el bien más grande, el Sumo Bien.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Este texto corresponde a la presentación que realizó del volumen que contiene su tesis doctoral en Teología Moral, obtenida en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Valdivieso, F., <em>El deseo de Sumo Bien. La noción de deseo en la antropología de san Buenaventura y su relevancia actual para la teología moral, </em>en <em>Anales de la Facultad de Teología </em>vol. LXVII, N°110, Santiago de Chile 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Para más datos bibliográficos sobre Buenaventura ver Corvino, F. <em>Bonaventura da Bagnoregio: francescano e pensatore</em>, Roma 1980.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> «<em>Actus doni sapientiae partim est cognitivus et partim est affectivus: ita quod in cognitione inchoatur et in affectione consummatur</em>», Buenaventura, <em>Commentarius in </em><em>III librum Sentiarum</em> d.35, ar.un. q.1 (III 774).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> «<em>ut boni fiamus et salvemur</em>», Buenavenutra, <em>Breviloquium</em> prol. 5,2. (V, 206).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> El punto ha sido señalado por H.U. Von Balthasar, «Teología y santidad», Communio 9 (1987) 486-493.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto <em>Optatam totius</em>, 16.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Buenaventura, <em>Itinerarium Mentis in Deum</em>, VII, 6. (V 313).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Valdivieso, F., <em>El deseo de Sumo Bien</em>, 105.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> BOLOGNESI, G. - DADDA, L. - DI MAIO, A. - GREGORY, T., «The Work of Roberto Busa SJ: Open Spaces between Computation and Hermeneutics», en <em>Anuario Filosofico </em>(Navarra) 39/2 (2006) 465-476.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Una prueba de esta ausencia es que el deseo no aparece como vocablo en los principales diccionarios de teología moral: M. VIDAL , <em>Diccionario de ética teológica</em>, Navarra 1991; F. COMPAGNONI <em>et al.</em>, <em>Nuevo Diccionario de Teología moral</em>, Madrid 1992; A. FERNÁNDEZ , <em>Diccionario de teología moral</em>, Burgos 2005. Sí se encuentra, en cambio, en diccionarios de lengua francesa, con un marcado acento psicológico J. BRUGUÈS, D<em>ictionnaire de morale catholique</em>, Paris 1989; L. LEMOINE <em>et al.</em>, <em>Dictionnaire encyclopédique d’éthique chrétienne</em>, Paris 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Matula, B. “Sursumactio”, en Dizionario Bonaventuriano, 787-788.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> La regla invita al fraile a “desear (<em>desiderare</em>) el espíritu del Señor [Buenaventura agrega que esto se hace a través de la <em>sursumactio</em>], a orar siempre a Dios con corazón puro y a tener humildad y paciencia en la tribulación y la enfermedad”, Buenaventura, <em>Apologia pauperum </em>3,10. El texto cita la regla de los menores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Buenaventura, <em>Collationes in Hexaemeron </em>19,27; Buenaventura, <em>Sermones de temore</em> 211, 2 y 277,1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La sexta petición del Padre Nuestro: «Ne nos inducas in tentationem» - Mons. Felipe Bacarreza R.</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Dec 2019 11:59:39 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">La sexta petición del Padre Nuestro: «<em>Ne nos inducas in tentationem</em>»
Monseñor Felipe Bacarreza Rodríguez <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Obispo de Santa María de los Ángeles, Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 6 de junio pasado los medios de comunicación difundieron la noticia de que el Papa Francisco había cambiado el Padre Nuestro en su sexta petición, que actualmente dice: «No nos dejes caer en la tentación» y que habría sugerido decir, más bien: «No nos dejemos caer en la tentación». De esta manera, se produjo desinformación en los fieles, como suele ocurrir en estos temas. En este espacio trataremos de explicar lo que verdaderamente aprobó el Papa Francisco y lo que nos enseña Jesús que pidamos a Dios realmente en esa sexta petición del Padre Nuestro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. La nueva versión italiana del Padre Nuestro</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su 72ª Asamblea Plenaria (12-15 noviembre 2018), la Conferencia Episcopal Italiana aprobó una nueva edición del Misal Romano. En esa edición se incluye una modificación en la sexta petición del Padre Nuestro. Hasta entonces, la versión italiana de esa petición al Padre era la traducción literal del latín y decía así: «<em>Non ci indurre in tentazione</em>» (No nos induzcas a la tentación). En esa Asamblea fue aprobada la versión: «<em>Non abbandonarci alla tentazione</em>» (No nos abandones a la tentación). Esa versión fue aprobada por el Papa Francisco y entró en vigor, junto con el nuevo Misal Romano en italiano, durante la última Asamblea Plenaria de los Obispos italianos, el 22 de mayo de este año 2019. Esta es la noticia que los medios difundieron con titulares como este: «Un hecho histórico: El Papa Francisco modificó el Padre Nuestro». Es la habitual desinformación de los medios de comunicación cuando transmiten noticias relacionadas con la Iglesia Católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya antes, el 3 de diciembre de 2017, la Conferencia Episcopal francesa había modificado esa petición del Padre Nuestro. La versión anterior decía: «<em>Ne nous soumets pas à la tentation</em>» (No nos sometas a la tentación); y ahora se recita: «<em>Ne nous laisse pas entrer en tentation</em>» (No nos dejes entrar en tentación).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un medio de nuestro país comentó el cambio aprobado por el Papa Francisco para el Misal Romano italiano diciendo: «El líder católico cambió la frase: “No nos dejes caer en la tentación”, por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y agrega que el Papa lo explicó a las emisoras italianas diciendo: «Soy yo el que cae; no es Dios el que me está empujando a la tentación para ver cómo caí… Un Padre no hace eso, un Padre te ayuda a levantarte inmediatamente. Es Satanás quien nos lleva a la tentación; ese es su departamento». Otro medio escribe: «Se informó que el Sumo Pontífice aprobó reemplazar la frase: “No nos dejes caer en la tentación” por: “No nos dejemos caer en la tentación”». Y esto lo han seguido repitiendo otros medios, sin ninguna verificación, más allá del vago: «Se informó». No hay ninguna constancia de que el Papa Francisco haya propuesto ese cambio en la versión española. La traducción: «No nos dejemos caer en la tentación» es obviamente imposible, porque en el Padre Nuestro nos dirigimos a Dios y no a nosotros mismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La versión española de la sexta petición</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En todo caso, la versión española de esa sexta petición del Padre Nuestro sigue sin ninguna modificación: «No nos dejes caer en la tentación».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué es lo que pedimos a Dios con esas palabras? Le pedimos que, sometidos a la tentación –ciertamente, por Satanás o por cualquier otro que nos induzca a pecar–, Dios no deje que nosotros caigamos, sino que nos dé la fuerza para resistir y rechazar esa tentación. Es decir, le pedimos que, siendo tentados a cometer el mal, no deje que nosotros cedamos. Entendida así, es una petición muy oportuna y digna de incluirse entre las otras peticiones del Padre Nuestro, como de hecho se hace desde hace mucho tiempo en su versión española.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hay, sin embargo, un problema: <strong>¡Eso no es lo que Jesús nos enseña que oremos al Padre en esa sexta petición!</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. La oración que Jesús nos enseñó</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Evangelio tenemos dos versiones del Padre Nuestro, la de Mateo y la de Lucas. Copiamos a continuación ambas tomadas de la Biblia de Jerusalén:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Mt</em></strong><strong> 6,</strong> <strong>9-13:</strong> «Ustedes oren así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y <strong>no nos dejes caer en tentación</strong>, mas líbranos del mal».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong><em>Lc</em></strong><strong> 11, 2-4:</strong> «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y <strong>no nos dejes caer en tentación</strong>».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ambas versiones de la oración que Jesús nos enseñó difieren. La versión que nos transmite Lucas no podría llamarse: «Padre Nuestro», porque comienza llamando a Dios simplemente: «Padre». Pero la petición que nos ocupa, que en Mateo es la sexta, en ambos Evangelios es idéntica. Y es un texto que no tiene variación textual, es decir, en este punto no hay diferencias entre los manuscritos antiguos que contienen esos textos del Evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. ¿Cuál es la traducción del texto original griego?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El texto original griego, que, como dijimos, no tiene variación, suena así: «<em>me eis-enénkes hemás eis peirasmón</em>». No hay ninguna otra traducción literal posible que la siguiente: «No nos induzcas hacia tentación». En el texto griego se repite dos veces el prefijo «<em>eis</em>» que expresa «movimiento hacia». Jesús nos enseña entonces que, al orar, entre otras cosas, pidamos a Dios que no nos lleve a «tentación».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como hemos visto, la traducción española «<strong>no nos dejes caer en la tentación</strong>» es una buena petición; pero no es lo que Jesús nos enseña a orar. ¿Cuál es la traducción que la Iglesia respalda con su autoridad? Pensemos que se trata de la Palabra de Dios y en un texto emblemático ‒el Padre Nuestro‒, tal vez el más repetido de todo el Evangelio. Interesa, entonces, saber cuál es la interpretación que la Iglesia hace suya. Esa interpretación es la que propone la versión así llamada «Neo Vulgata», promulgada por el Papa san Juan Pablo II como versión típica y oficial. Dada la importancia del asunto, reproducimos las palabras normativas de la Constitución Apostólica <em>Scripturarum thesaurus</em> de fecha 25 abril de 1979, con la que el Sumo Pontífice promulga esa versión de la Biblia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Nosotros, con la fuerza de esta Carta, declaramos y promulgamos la Neo Vulgata de los Libros Sagrados, como edición “típica”, sobre todo, para ser usada en la sagrada Liturgia; pero también, como dijimos, acomodada a los otros ámbitos [se refiere a los estudios bíblicos, de los cuales habla más arriba].</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Queremos, por último, que esta Constitución Nuestra sea siempre firme y eficaz y que sea religiosamente observada, por todos aquellos a quienes corresponde, sin que nada obste en contrario» (<strong>Constitución Apostólica <em>Scripturarum thesaurus</em></strong>)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"> ¿Cuál es la versión del Padre Nuestro que leemos en la Neo Vulgata y que, por tanto, la Iglesia hace suya como norma para las traducciones? La trascribimos en la versión de Mateo 6, 9-13:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pater noster, qui es in caelis,</h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>sanctificetur nomen tuum,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>adveniat regnum tuum,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie;</h5>
</li>
 	<li>
<h5>et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;</h5>
</li>
 	<li>
<h5>et <strong>ne inducas nos in tentationem</strong>,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>sed libera nos a Malo.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La sexta petición en esa versión oficial es esta: «Ne inducas nos in tentationem».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como verificación transcribimos también la versión de Lucas en la Neo Vulgata:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pater,</h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>sanctificetur nomen tuum,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>adveniat regnum tuum;</h5>
</li>
 	<li>
<h5>panem nostrum cotidianum da nobis cotidie,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>et dimitte nobis peccata nostra, si quidem et ipsi dimittimus omni debenti nobis,</h5>
</li>
 	<li>
<h5>et <strong>ne nos inducas in tentationem</strong>.</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Mateo y Lucas la petición, traducida literalmente del latín, es: «No nos induzcas hacia tentación». ¿Cómo puede enseñarnos Jesús que pidamos eso a Dios, como si fuera Él quien nos lleva a la tentación y nosotros tuviéramos que pedirle que no lo haga? Tiene razón el Papa Francisco cuando dice: «Un Padre no hace eso».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero no podemos cambiar una frase del Evangelio, que es igualmente clara en su versión original griega (repetida en Mateo y Lucas) y en su versión oficial latina. El problema se resuelve si se da a esa frase su correcta interpretación. Y, para esto, debemos estudiar el significado de la palabra griega que se traduce por «tentación».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. El significado del término griego «<em>peirasmós</em>» (tentación)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si consultamos un diccionario griego, encontramos para el término «<em>peirasmós</em>», que es hacia donde Dios nos induciría, los siguientes significados en este mismo orden:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Prueba, ensayo, experiencia</h5>
</li>
 	<li>
<h5>Tentación</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La traducción «tentación» no es la primera acepción de ese término griego. La primera acepción es la prueba o verificación de alguna cosa o la prueba de la fidelidad de una persona. De ese término griego procede nuestra palabra «ex‒periencia».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Asimismo, el verbo griego correspondiente: «<em>peiradso</em>» tiene las siguientes acepciones, en este orden:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<ul style="text-align: justify;">
 	<li>
<h5>Hacer la prueba o la experiencia de</h5>
</li>
 	<li>
<h5>(negativo) Tentar, tratar de seducir o corromper</h5>
</li>
</ul>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entonces, lo que pedimos a Dios es que Él no nos ponga a prueba. Jesús incluye esta petición en el Padre Nuestro, para que todos los cristianos la dirijamos a Dios, como un hijo a su Padre, porque esta petición distingue la oración cristiana de la oración que dirigía a Dios un fiel del Antiguo Testamento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por qué pedimos a Dios que no nos pruebe? Porque tenemos conciencia de ser pecadores y, por tanto, tememos no pasar bien la prueba, tememos no responder como Dios espera. Esa petición es un reconocimiento de nuestra debilidad e insuficiencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús no quiere que nosotros seamos ante Dios como Pedro, cuando le dijo: «Señor, aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré» (Mt 26,33). Era como decirle a Dios: «Ponme a prueba y verificarás mi fidelidad». Sabemos que Dios lo puso a prueba y esa noche, antes de que cantara el gallo, terminó negando a Jesús –incluso conocerlo– tres veces. Estamos seguros de que Pedro se acordó siempre de esa noche, cada vez que, en adelante, oraba: «Padre nuestro, no nos sometas a prueba, sino líbranos del mal». Es como un alumno que pide al profesor que no lo examine, porque tiene conciencia de que puede pasar mal esa prueba.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La novedad esencial de la oración que Jesús nos enseñó en relación con la oración del Antiguo Testamento, es que ha mediado la Encarnación del Hijo de Dios y ahora quien ora es un hijo de Dios. La novedad esencial de la oración que Jesús nos enseñó consiste en llamar a Dios «Padre». En esto difiere la oración cristiana de la oración que dirigía a Dios un fiel del Antiguo Testamento. Pero no es solo algo nominal, sino que corresponde a una realidad, que hace posible el Espíritu Santo. Es el Espíritu del Hijo, que Dios ha enviado a nuestro corazón, quien clama en nosotros: «Abbá, Padre» (cf. <em>Gal</em> 4,6; <em>Rm</em> 8,15). Movidos por el Espíritu, oramos como lo hacía el Hijo de Dios (cf. <em>Mc</em> 14,36). Para que entendamos la novedad y la inmensidad de este modo de llamar a Dios, consideremos que ese fue el motivo por el cual los judíos pedían a Pilato la condena a muerte de Jesús: «Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios» (<em>Jn</em> 19,7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. La oración del fiel en el Antiguo Testamento</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Antiguo Testamento el judío fiel pide a Dios que lo pruebe, porque está seguro de su justicia, gracias a su fiel cumplimiento de la Ley. Antes de examinar la oración del justo en el Antiguo Testamento, veremos algunos relatos de la historia de Israel en los cuales se usa el concepto de «poner a prueba». En todos los textos del Antiguo Testamento que veremos revisaremos la versión griega de los LXX, porque esta es la que usaron los evangelistas. Ellos escribieron en griego y cuando citan el Antiguo Testamento recurren generalmente a esa versión.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Génesis 22,1-2 </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Después de estas cosas sucedió que <strong>Dios tentó a Abraham</strong> y le dijo: “¡Abraham, Abraham!”. Él respondió: “Heme aquí”. Le dijo: “Toma a tu hijo, el amado, al que amas, a Isaac, vete a la tierra elevada y ofrécelo allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El verbo que se ha traducido por «tentar» es el verbo griego «<em>peiradso</em>». En este caso, el sujeto es Dios. Pero Él no está induciendo a Abraham a pecar, que es lo que nosotros entendemos por «tentar». Por eso, la traducción correcta al español es: «Dios <strong>puso a prueba</strong> a Abraham». La obediencia de Abraham fue total y, en el momento en que iba a inmolar a su hijo, Dios mandó a su ángel a detenerlo: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que <strong>ahora ya sé que tú temes a Dios</strong>, ya que no me has negado tu hijo, tu amado» (<em>Gn</em> 22,12).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este hecho es uno de los más dramáticos de la historia sagrada y mereció a Abraham la promesa y el título de «padre en la fe (fidelidad)». Muchos años más tarde, el Sirácide lo comenta así: «Abraham, padre insigne de una multitud de naciones… En su carne grabó la alianza, y <strong>en la tentación (<em>peirasmós</em>) fue hallado fiel</strong>. Por eso Dios le prometió con juramento bendecir por su linaje a las naciones…» (Sir 44,19.20.21). Dado que quien prueba a Abraham es Dios, también aquí el término griego «<em>peirasmós</em>» debe ser traducido por «prueba»: «<strong>En la prueba</strong> fue hallado fiel».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya en el Nuevo Testamento, la Epístola a los Hebreos comenta el hecho así: «Por la fe, Abraham, <strong>sometido a la prueba </strong>(lit. habiendo sido tentado, <strong>verbo <em>peiradso</em></strong>), presentó a Isaac como ofrenda, y el que había recibido las promesas, ofrecía a su unigénito, respecto del cual se le había dicho: “Por Isaac tendrás descendencia”. Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró para que Isaac fuera también figura» (<em>Hb</em> 11,17-19). En este caso la Biblia de Jerusalén traduce correctamente el verbo griego «<em>peiradso</em>» por «someter a prueba». Y explica la fidelidad de Abraham como fe en el poder de Dios que, si hubiera sido necesario, habría resucitado a Isaac.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En todos los textos en que el sujeto del verbo «<em>peiradso</em>» es Dios, debe traducirse a nuestras lenguas modernas por «poner a prueba»; y el sustantivo «<em>peirasmós</em>» por «prueba». No podemos traducir ese verbo por «tentar», porque en nuestras lenguas este verbo ha adoptado el significado de «inducir a pecar por engaño o seducción» y esto está excluido, cuando el sujeto es Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Éxodo 15,25-26</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En su camino por el desierto, después de su salida de Egipto, el pueblo pasó tres días sin encontrar agua para beber. Llegaron a un lugar donde el agua era amarga. El pueblo murmuró contra Moisés y él invocó al Señor. El Señor mostró a Moisés un madero que él echó en el agua y se volvió dulce. El texto del Éxodo agrega: «Allí el Señor dio a Israel decretos y normas, y allí <strong>lo puso a prueba </strong>(lit: lo tentó, verbo <em>peiradso</em>). Y dijo: “Si de veras escuchas la voz del Señor, tu Dios, y haces lo que es recto a sus ojos, dando oídos a sus mandatos y guardando todos sus preceptos, no traeré sobre ti ninguna de las plagas que envié sobre los egipcios; porque yo soy el Señor, el que te sana”» (<em>Ex</em> 15,25-26). En la versión griega de los LXX se usa el verbo griego: «<em>peiradso</em>». El sujeto de este verbo es Dios: ¡Dios pone a prueba al pueblo! Dios lo somete a la «<em>peirasmós</em>», a la prueba.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Éxodo 16,4</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Más adelante, nuevamente el pueblo murmura contra Moisés y Aarón en el desierto por falta de pan y añoran las ollas de carne que comían hasta hartarse en Egipto. Entonces: «El Señor dijo a Moisés: “Mira, yo haré llover sobre ustedes pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada día la porción diaria; así <strong>lo pondré a prueba</strong> (verbo <em>peiradso</em>: lo tentaré) para ver si anda o no según mi ley”» (<em>Ex</em> 16,4). Es Dios quien somete a prueba al pueblo, prueba su fidelidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Éxodo 20,20</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando Dios le dio a su pueblo el Decálogo, el pueblo se mantenía a distancia por los truenos, relámpagos y sonido de la trompeta y por el monte humeante y dicen a Moisés que no sea Dios quien les hable, sino él. Moisés respondió: «No teman, pues <strong>Dios ha venido para ponerlos a prueba</strong> (lit. tentarlos, verbo <em>peiradso</em>), para que su temor esté ante los ojos de ustedes, y no pequen» (<em>Ex</em> 20,20).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Deuteronomio 8,2</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se podrían proponer otros textos semejantes, pero citaremos el resumen que hace Moisés de esos cuarenta años que el pueblo pasó en el desierto antes de entrar en la tierra prometida: «Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho andar durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, <strong>ponerte a prueba</strong> (lit. tentarte, verbo <em>ek-peiradso</em>) y conocer lo que había en tu corazón: si ibas o no a guardar sus mandamientos» (<em>Dt</em> 8,2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pueblo pasó mal la prueba y ese tiempo en el desierto fue una sucesión de infidelidad y murmuración contra Dios y contra Moisés, hasta el punto de que Dios juró que ninguno de los que habían salido de Egipto vería la tierra prometida, la tierra del descanso de Dios, «que mana leche y miel», como lo resume el Salmo 95: «Durante cuarenta años aquella generación me repugnó y dije: “Son un pueblo de corazón torcido, que no conoce mis caminos. Por eso en mi cólera juré: ¡No entrarán en mi descanso!”» (<em>Sal</em> 95,10-11).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Veamos ahora cómo ora un fiel del Antiguo Testamento que cumple fielmente todos los preceptos de la ley.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Salmo 17,3-5 (LXX, 16,3-5)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Has sondeado mi corazón, de noche me has visitado;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">me has examinado al fuego y no has encontrado en mí injusticia;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">mi boca no habla las obras de los hombres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">He guardado las sendas trazadas</h5>
<h5 style="text-align: justify;">por las palabras de tus labios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">He ajustado mis pasos a tus veredas</h5>
<h5 style="text-align: justify;">y mis pasos no vacilan».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque no se usa el verbo «<em>peiradso</em>», se usa el concepto de probar con el fuego. El orante se dirige a Dios y le presenta su justicia intachable. Dios no ha encontrado en él injusticia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Sal 26,2-6 (LXX, 25,2-6)</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Escrútame, Señor, <strong>ponme a prueba</strong> (<em>péirason me</em>: tiéntame),</h5>
<h5 style="text-align: justify;">pasa al crisol mi conciencia y mi corazón;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">está tu misericordia delante de mis ojos,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">y en tu verdad camino.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">No voy a sentarme con los falsos,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">no ando con hipócritas;</h5>
<h5 style="text-align: justify;">odio la asamblea de malhechores,</h5>
<h5 style="text-align: justify;">y al lado de los impíos no me siento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;">Mis manos lavo en la inocencia</h5>
<h5 style="text-align: justify;">y rodeo tu altar, Señor».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El que así ora pide a Dios «que lo ponga a prueba», que lo tiente, porque está seguro de su justicia e inocencia y de que Dios no encontrará en él algo que reprochar. Un cristiano, en cambio, como hemos visto, pide a Dios, su Padre: «No nos conduzcas a <em>peirasmós</em>». Considerando el uso del verbo «<em>peiradso</em>» en el Antiguo Testamento, cuando tiene a Dios como sujeto, que es lo que tienen en mente los evangelistas, deberíamos expresar esa petición a Dios diciendo: «No nos pongas a prueba». Con esta petición tomamos distancia de la mentalidad que basa su justicia en el cumplimiento fiel de la Ley. Para el cristiano «el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino solo por la fidelidad de Jesucristo» (<em>Gal</em> 2,16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Sabiduría 3,1.5b-6</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno… <strong>Dios los sometió a prueba</strong> (lit. los tentó) y los halló dignos de sí; como oro en el crisol los examinó y como holocausto los aceptó». (<em>Sb</em> 3,1.5b-6)</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos textos en que el justo se declara inocente ante Dios, hasta el punto de pedir a Dios que lo someta a la prueba, parecen contradecir otros en que se declara la culpa de todo hombre, como lo hace el Salmo 130: «Si tienes en cuenta las culpas, Señor, Señor, ¿quién podrá resistir?» (<em>Sal</em> 130,3), o como afirma el orante en el Salmo 143: «Señor, no sometas a juicio a tu siervo, pues ningún viviente es justo ante ti» (<em>Sal</em> 143,2). ¿Cómo se explica que en un Salmo el orante declare su justicia, en tanto que en otro se declara que ningún hombre es justo ante Dios? Podemos decir que esos salmos y textos bíblicos en que se declara la justicia de un hombre, se refieren al único hombre en que esto es verdad, el único que puede pedir a Dios que lo someta a la prueba en la certeza de que resultará justo y Dios se complacerá en su justicia. Esos textos están dichos en forma de profecía como anuncio de un hombre que había de venir, sobre quien, después de la prueba a que fue sometido, un testigo, declaró: «Verdaderamente, este hombre era justo» (<em>Lc</em> 23,47). Jesucristo es el que hace verdad aquellos textos en que el orante pide a Dios que lo someta a la prueba, porque verificará su total fidelidad y justicia. Todos los demás seres humanos hacemos verdad los textos en que se declara que ningún ser humano es justo ante Dios. De esa manera, no hay contradicción entre esos textos bíblicos que son Palabra de Dios: se refieren a sujetos distintos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. San Pablo: «En cuanto a la justicia de la Ley, intachable»</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ciertamente, el que mejor puede entender esa sexta petición del Padre Nuestro, que Jesús pone en nuestra boca al orar, es san Pablo. En efecto, antes de conocer a Jesús, él se presenta como irreprochable en el cumplimiento de la Ley y, por tanto, justificado ante Dios. El expone su curriculum diciendo: «Circuncidado el octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable» (<em>Fil</em> 3,5-6). La justicia que se obtiene por el cumplimiento de la ley es la única que conoce un judío fiel, como era san Pablo. Según su convicción mientras estaba en el judaísmo, si Dios lo sometía a la prueba, iba a resultar irreprochable y, por tanto, justificado. Esta es la opinión que tiene de sí mismo también el fariseo, en una parábola sobre la oración que expone Jesús. Erguido ante Dios, él oraba así: «¡Oh, Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias…» (<em>Lc</em> 18,11-12). Era intachable en cuanto a la ley. Pero no pasó la prueba, como declara Jesús: «Les digo que este no bajo a su casa justificado». En cambio, el publicano suplicaba a Dios que no lo pusiera a prueba; le decía: «¡Oh, Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!». Este bajó a su casa justificado. ¿Justificado por quién? Justificado no por sus obras, que eran malas, sino por la fidelidad de Otro, que, sometido a la prueba, fue hallado fiel.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando san Pablo se convirtió al cristianismo, le fue concedido comprender, por revelación, que el ser humano no se justifica por su propio cumplimiento de una ley, aunque sea intachable, sino por un don de la gracia, que se recibe por la fe en Cristo. Y así lo declara: «Conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino solo por la fe en Jesucristo, también nosotros (san Pedro y él mismo) hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación <strong>por la fe en Cristo</strong>, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley <strong>nadie será justificado</strong>» (<em>Gal</em> 2,16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La traducción: «La fe en Cristo» es ya una opción nuestra (de la mayoría de las Biblias). Pero es una opción que ‒nos atrevemos a afirmarlo‒ <strong>san Pablo no habría aprobado</strong>. La expresión griega dice: «<em>Pistis Xristou</em>». Literalmente: «La <em>pistis</em> de Cristo». Pero el sustantivo «<em>pistis</em>» tiene una doble acepción: «fidelidad» y «fe» y, al traducir al español, hay que optar por una. La acepción «fidelidad» se puede aplicar a Cristo en modo genitivo, como en el original griego (y también la traducción latina: <em>fides Christi</em>): «La fidelidad de Cristo». En cambio, la acepción «fe» no se puede aplicar en modo genitivo a Cristo, porque no leemos que Él tenga fe. Si se opta por la acepción «fe», entonces hay que traducir: «La fe en Cristo» y designa el acto nuestro de «creer», aunque siempre es un don de Dios. Por tanto, estando ambas cosas presentes en la expresión «<em>pistis Xristou</em>», a saber, «la fidelidad de Cristo» y «la fe en Cristo», podemos afirmar que la justificación acontece por el encuentro de dos cosas simultáneas, que están contenidas en la misma expresión griega «<em>pistis Xristou</em>» (se dice que es una expresión «preñada»): <strong>la fidelidad de Cristo</strong> (literal), que ofrece un apoyo seguro, que no defrauda; y <strong>la fe en Cristo</strong>, que lo toma a Él como la roca en que fundar la vida en la certeza de no quedar defraudado. Este es el concepto bíblico de fe, que se expresa por la palabra hebrea «amén» (es fundamento firme, que no defrauda) y se representa por una roca (<em>Sal</em> 19,15; 28,1; 62,6-8; 73,26; 89,27; <em>Is</em> 26,4; 44,8 y <em>passim</em>). Es seguro que san Pablo, debiendo optar por una traducción en español, habría elegido: «El ser humano es justificado solo por la fidelidad de Jesucristo». Como medio de justificación, en lugar de la Ley, san Pablo pone una Persona, Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tenemos en el Evangelio de Mateo una imagen plástica de todo esto, cuando Pedro camina sobre el agua (<em>Mt</em> 14,25-32). La Palabra de Jesús, que le dijo: «Ven», es firme y ofrece un apoyo seguro; puede hacer que el agua sustente a Pedro. Mientras Pedro creyó, el agua, de hecho, era firme bajo sus pies; pero, cuando su fe decayó, el agua ya no lo sustentaba. El reproche de Jesús fue: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». Para que Pedro caminara sobre el agua tenían que encontrarse la fidelidad de la Palabra de Jesús, que la hace digna de ser creída, y la fe de Pedro, que de hecho cree en esa Palabra. La caída se produce siempre por nuestra falta de fe, nunca porque la Palabra de Dios falle, ¡impensable! Jesús asegura: «El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica es como el hombre prudente, que edificó su casa sobre la piedra» (<em>Mt</em> 7,24).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús es el único que es llevado por Dios a la prueba, a la tentación, durante cuarenta días en el desierto, y permanece fiel, dando plena satisfacción a su Padre y, de esa manera, reparando los cuarenta años de murmuración e infidelidad de su pueblo, cuando fue sometido a la prueba durante cuarenta años en el desierto. Así entendemos que Jesús sea llevado por el Espíritu Santo al desierto para enfrentar esa prueba, como leemos en el Evangelio: «Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, tentado por el diablo, durante cuarenta días» (<em>Lc</em> 4,1-2). El resultado de esta prueba lo expresa Lucas diciendo: «Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno» (<em>Lc</em> 4,13). Jesús sufrió toda tentación (<em>peirasmós</em>) y permaneció fiel. La prueba suprema será su muerte en la cruz y también allí se reveló como el Justo. Nosotros somos justificados por su justicia, por su fidelidad. Es un puro don.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esto es lo que san Pablo llama: «Mi Evangelio». Él se aparta del judaísmo al escribir: «Ya demostramos que tanto judíos como griegos están bajo el pecado, como dice la Escritura: “No hay quien sea justo, ni siquiera uno”. No hay un sensato, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se corrompieron; no hay quien obre el bien, no hay siquiera uno» (<em>Rm</em> 3,11-12). ¿Cómo son justificados, entonces? Escuchemos lo que él responde: «Ahora, independientemente de la Ley, la justicia de Dios se ha manifestado, –atestiguada por la Ley y los Profetas–, justicia de Dios por la fidelidad de Jesucristo (fe en Jesucristo), para todos los que creen –pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y están privados de la gloria de Dios– y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe… ¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse (la <em>káuchesis</em>)? ¡Queda eliminado!» (<em>Rm</em> 3,21-25.27).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes, san Pablo se presentaba ante Dios diciéndole: «Ponme a prueba (tiéntame) y no encontrarás injusticia en mí, porque cumplo la ley de modo intachable». Como dijimos, es la actitud del fariseo, que Jesús reprueba. Eso es «gloriarse». Eso quedó eliminado y ahora san Pablo ora diciendo: «Señor no me sometas a prueba», pues ningún viviente es justo ante ti y «bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne» (<em>Rm</em> 7,18).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es el sentido de la sexta petición del Padre Nuestro: «No nos pongas a prueba, sino líbranos del mal». Jesús nos enseña a orar como el publicano que quedó justificado: «No nos pongas a prueba, sino ten misericordia de nosotros que somos pecadores».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para corroborar el sentido que hemos dado al sustantivo griego «<em>peirasmós</em>» en la sexta petición del Padre Nuestro, vemos en el Evangelio que, no solo el Padre es sujeto del verbo «<em>peiradso</em>», sino también Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Juan 6, 5-6 </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Alzando Jesús los ojos y viendo que una gran multitud venía hacia Él, dice a Felipe: “¿Dónde compraremos panes para que coman estos?”. Esto lo decía <strong>probándolo</strong> (<em>peirádson auton</em>), porque Él sabía lo que iba a hacer».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El evangelista explica que, si Jesús hace esa pregunta a Felipe, no es porque ignore algo, sino para ponerlo a prueba (tentarlo). Felipe no salió aprobado: «Le respondió Felipe: “Panes por el valor de doscientos denarios no bastan para que cada uno reciba un pedazo"» (<em>Jn</em> 6,7). Podemos suponer que, viendo la multiplicación de los panes, consciente de su falta de fe y de su debilidad, Felipe en adelante orará así: «Señor, no me pongas a prueba, sino líbrame de mi incredulidad».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se puede decir que, también a Pedro, Jesús lo puso a prueba, como se lo advirtió: «Me negarás tres veces». Luego, lo examinó otras tres veces: «¿Me amas?» (<em>Jn</em> 21,15-17). Si Pedro hubiera estado consciente de su debilidad, le habría pedido: «Señor, créeme que mi deseo es ir hasta la muerte contigo; pero no me pongas a prueba».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por último, también se repite el verbo «<em>peiradso</em>» en el sentido de poner a prueba, cada vez que son los hombres el sujeto, con relación a Jesús: «Se levantó un legista y tentándolo (<em>ek-peiradson auton</em>) le dijo: Maestro, ¿qué tengo que hacer…?» (<em>Lc</em> 10,25). No lo está induciendo al mal, sino verificando la enseñanza de Jesús, para ver si es conforme a la Ley o no.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así lo usa también Jesús en el caso del tributo al César: «Conociendo Jesús la malicia de ellos, dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tientan (<em>peiradsete me</em>)?"» (<em>Mt</em> 22,18). En este caso, se trata de una trampa que le ponen, para «sorprenderlo en alguna palabra» (<em>Mt</em> 22,15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>8. Propuesta de solución</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La dificultad en la comprensión de la sexta petición del Padre Nuestro se origina por la traducción del término «<em>peirasmós</em>». En nuestras lenguas modernas –español, italiano, francés, inglés– ese término griego ha sido traducido por: «tentación». Pero esta palabra en nuestras lenguas tiene un solo significado: «inducción al pecado por medio de seducción o engaño». Así entendido, es una acción que se reserva a Satanás que es el «padre de la mentira» (<em>Jn</em> 8,44) o a otro agente suyo. La tentación es, como bien dice el Papa Francisco, «el departamento de Satanás». En este sentido no puede ser, de ninguna manera, una acción de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero en la Escritura la acción que designa el término griego «<em>peirasmós</em>» tiene como sujeto, generalmente, a Dios mismo, como hemos visto en los textos del Antiguo Testamento que hemos analizado. Pero también es una acción del hombre, más aun, en relación con Dios, como leemos en el Salmo 95: «No endurezcan su corazón, como en la exasperación (<em>Meribah</em>), según el día de <strong>la prueba</strong> (gr. <em>peirasmós</em>, hebr. <em>Massah</em>) en el desierto, donde <strong>me pusieron a prueba</strong> (verbo: <em>peiradso</em>) los padres de ustedes; me examinaron, aunque habían visto mis obras» (<em>Sal</em> 95,8-9, traducido de la LXX, 94,8-9).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Obrando de esa manera, violan un mandamiento de la ley: «No tentarás (verbo <em>ek-peiradso</em>) al Señor tu Dios, como lo tentaste en la Tentación (sust. <em>peirasmós</em>)» (<em>Dt</em> 6,16 LXX). En este texto la palabra de la LXX «<em>peirasmós</em>» traduce el hebreo «<em>massah</em>», que da el nombre a ese lugar: Massah. Hay que traducir: «No pondrás a prueba al Señor tu Dios, como lo pusiste a prueba en Massah».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando el sujeto es Satanás, en el Antiguo Testamento su acción no se expresa con el verbo «<em>peiradso</em>», ni con el sustantivo «<em>peirasmós</em>». Vemos a Satanás hacer caer a Eva. Pero allí su acción es descrita por Eva con el verbo «engañar»: «La serpiente <strong>me engañó</strong> y comí» (<em>Gn</em> 3,13). Ya en el Nuevo Testamento, cuando san Pablo recuerda esa caída en su segunda carta a los Corintios, lo hace en estos términos: «Temo que, al igual que la serpiente <strong>engañó</strong> a Eva con su astucia, se perviertan las mentes de ustedes apartándose de la sinceridad con Cristo» (<em>2Cor</em> 11,3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Volviendo al Antiguo Testamento, es notable la acción de Satán en el libro de Job. Pero allí nunca se usa el verbo «<em>peiradso</em>» ni el sustantivo «<em>peirasmós</em>», y quien autoriza a Satán para que golpee a Job es Dios mismo: «Dijo el Señor a Satán: “Ahí tienes todos sus bienes en tus manos; cuida solo de no poner tu mano sobre él”» (<em>Jb</em> 1,12). A pesar de haber perdido todos sus bienes, Job permanece fiel, de manera que Dios reprocha a Satán diciendole: «Job aun persevera en su entereza, y tú sin razón me has incitado contra él para perderlo» (<em>Jb</em> 2,3). Por segunda vez dice Dios a Satán, esta vez permitiéndole herir a Job en su carne: «Y dijo el Señor a Satán: “Ahí lo tienes en tus manos; pero respeta su vida”» (<em>Jb</em> 2,6). En el extremo de la prueba, Job entiende que esto es algo que proviene de Dios y reprocha a su mujer que lo induce a maldecir a Dios, diciéndole: «“Hablas como una estúpida. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no hemos de aceptar el mal?”. En todo esto no pecó Job con sus labios» (<em>Jb</em> 2,10). Job, en realidad, fue probado por Dios. Aunque la acción de Satán no se expresa con el verbo «tentar», tiene, sin embargo, como finalidad hacer que Job reniegue de Dios. No lo logra, porque Job se mantiene fiel.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el libro del Apocalipsis se identifica Satanás con la serpiente antigua y con el diablo, pero es llamado «seductor» y «acusador» y no se le atribuye la acción de «tentar»: «Fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, <strong>el seductor</strong> del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él. Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado <strong>el acusador</strong> de nuestros hermanos, el que <strong>los acusaba</strong> día y noche delante de nuestro Dios”» (<em>Ap</em> 12,9-10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿De dónde proviene, entonces, que la acción de Satanás la llamemos nosotros «tentación» y que esta acción se reserve a él? Proviene del Evangelio y del episodio en que el Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, es llevado a la prueba. El agente de esta prueba es Satanás y su acción se describe como «<em>peirasmós</em>»: «El Espíritu impulsa a Jesús al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, <strong>siendo tentado</strong> (verbo: <em>peiradso</em>) por Satanás» (<em>Mc</em> 1,12-13). La acción de Satanás tiene como objeto hacer que Jesús sea infiel a su condición de verdadero hombre, induciéndolo a usar de su poder divino para satisfacer sus necesidades humanas. Aquí está el origen de que esa acción, que aquí se llama «tentación», se atribuya a Satanás y se reserve a él. Mateo y Lucas agregan el detalle de esas insidias de Satanás. Lucas las llama «tentaciones»: «Acabada toda <strong>tentación</strong>, el diablo se alejó» (<em>Lc</em> 4,13); y Mateo llama a su agente «el tentador»: «Acercándose <strong>el tentador (<em>ho peirádson</em>)</strong>, le dijo: “Si eres Hijo de Dios…”» (<em>Mt</em> 4,3). Pero notemos que en esos mismos relatos la acción de tentar no se reserva a Satanás; se dice también del hombre en relación con Dios en el texto bíblico con que Jesús rechaza una de las incitaciones de Satanás: «Está escrito: “No <strong>tentarás</strong> al Señor, tu Dios”» (<em>Mt</em> 4,7; <em>Lc</em> 4,12. La cita es de <em>Dt</em> 6,16, en un texto visto más arriba). Dado que se usa el mismo verbo «tentar» de la acción de Satanás, esa respuesta de Jesús suele entenderse mal, como si estuviera diciendo a Satanás: «No me tentarás a mí, que soy el Señor tu Dios». El verdadero sentido se deduce de la tentación: «El diablo lo llevó consigo a la Ciudad Santa, lo puso sobre el alero del Templo, y le dijo: “Si eres Hijo de Dios, lánzate abajo, porque está escrito: A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna”». Lanzarse abajo habría sido «poner a prueba» a Dios, es decir, obligarlo a cumplir su palabra de enviar a sus ángeles para que lo reciban en sus manos. Jesús no lo hace en obediencia a lo escrito: «No pondrás a prueba al Señor tu Dios».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Observemos que Mateo llama al diablo «<strong><em>ho peirádson</em></strong>» (<em>Mt</em> 4,3), es decir, lo llama con el participio activo del verbo «<em>peiradso</em>» (el que tienta). Pero Juan usa idéntica palabra para referirse a Jesús cuando pone a prueba a Felipe: lo dijo «<em>peirádson auton</em>» (<em>Jn</em> 6,6). Demuestra que idéntico verbo, según el contexto, debe traducirse en un caso por «el tentador» y en el otro caso «poniéndolo a prueba».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos decir que el sujeto principal y más frecuente en la Biblia del verbo «<em>peiradso</em>» es Dios. Pero, cuando Él es el sujeto de ese verbo, no podemos traducirlo en nuestras lenguas por «tentar», porque en nuestras lenguas ese verbo se reserva a la acción de incitar a pecar y su sujeto es el diablo u otro agente suyo. Por tanto, la «tentación» no puede atribuirse a Dios. Cuando Dios es el sujeto, el mismo verbo se traduce siempre por «poner a prueba». Y así debemos hacerlo con el sustantivo que se deriva de esa acción en la traducción española de la sexta petición del Padre Nuestro. Esa petición adquiere su verdadero sentido cuando se traduce: «<strong>No nos pongas a prueba</strong>»<strong>. </strong>No podemos presumir de responder como Abraham o como Job y ciertamente no lo haremos como Jesucristo, nuestro Señor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>9. Verificación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En nuestra versión española las dos últimas peticiones del Padre Nuestro están unidas por la conjunción «y», es decir, están puestas una junto a la otra sin ninguna relación entre ellas: «No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal». En la versión griega original, en cambio, es clara la conjunción adversativa «allá», que une ambas peticiones, estableciendo entre ellas una relación de oposición: «No esto… sino esto otro». Esa relación se mantiene correctamente en la versión latina: «Ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo». En la traducción española actual la conjunción adversativa se perdió, porque esa traducción no lo permite. Una buena traducción debe mantener esa relación entre ambas peticiones, que se mantiene con la traducción propuesta: <strong>«No nos pongas a prueba, sino líbranos del mal»</strong>. Es como decir: «Si nos pones a prueba no podrás complacerte en nosotros como te complaces en tu Hijo, porque encontrarás en nosotros algo de mal; no lo hagas, <strong>sino</strong> más bien líbranos de ese mal, que habrías encontrado en nosotros». Somos hijos de Dios. Por eso Jesús nos enseña que llamemos a Dios «Padre». Pero no podemos presumir de estar a la altura de «el Hijo».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pedimos al Padre que no nos ponga a prueba, «porque nada bueno habita en nosotros» (cf. <em>Rm</em> 7,18), sino que nos libre del mal. Exclamamos con san Pablo: «¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?» (<em>Rm</em> 7,24). Esa liberación es lo que pedimos a nuestro Padre, en lugar de que nos ponga a prueba. Y, como confiamos en que Él nos escucha, respondemos con san Pablo: «¡Gracias sean dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor!» (<em>Rm</em> 7,25). Esto se ve confirmado por la afirmación de san Juan: «Si decimos: “No tenemos pecado”, nos engañamos y la verdad no está en nosotros» (<em>1Jn</em> 1,8). Sin ir más lejos, en la misma oración que Jesús nos enseñó, según Lucas, pedimos: «Perdónanos nuestros pecados» (<em>Lc</em> 11,4. Mateo dice: «nuestras deudas»). La petición: «No nos pongas a prueba» es una confesión humilde de nuestro pecado y debilidad y un reconocimiento de que basta con que Dios haya encontrado plena complacencia en su Hijo para que nosotros gocemos de la filiación divina en Él y podamos llamar a Dios «Padre» con plena verdad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una última verificación: es muy raro que en una oración que Jesús nos dice que dirijamos a Nuestro Padre Dios, no haya ninguna petición de misericordia. Esta sexta petición –«No nos pongas a prueba»– es un reconocimiento de nuestro pecado y, por tanto, una petición de su misericordia con nosotros que somos pecadores. Es como la oración del publicano que Jesús tanto recomienda en la «parábola del fariseo y el publicano», que subieron al templo «a orar». Así oraba el publicano, que fue agradable a Dios: «¡Oh, Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!» (<em>Lc</em> 18,13-14). Ese publicano habría entendido bien la sexta petición del Padre Nuestro. Nosotros lo pedimos miles de veces a la Madre de Dios en el Ave María: «Ruega por nosotros, pecadores».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la traducción de la sexta petición (y séptima) que se ha propuesto se mantienen dos cosas: 1) Fidelidad el texto original del Evangelio, que no tiene crítica textual y que se dirige a Dios, llamándolo «Padre», y 2) Visto que cada vez que Dios es sujeto del verbo «<em>peiradso</em>» se traduce por «poner a prueba», hace eso también en el Padre Nuestro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es cierto que la traducción propuesta requiere una catequesis bíblica más profunda. Pero no podemos prescindir de hacerlo, porque así mantendremos la fidelidad a lo que Jesús nos enseñó.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Expreso, por tanto, el ferviente deseo que algún día no lejano podamos orar verdaderamente como Jesús nos enseñó: «<strong>No nos pongas a prueba, sino líbranos del mal</strong>».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Predicación de Adviento: &quot;¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!&quot; - Raniero Cantalamessa, ofmcap</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/12/predicacion-de-adviento-proclama-mi-alma-la-grandeza-del-senor-raniero-cantalamessa-ofmcap/</link>
		<pubDate>Tue, 17 Dec 2019 07:16:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<description></description>
		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">"¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!"
María en la Visitación
Segunda Predicación de Adviento (13-12-2019)
Raniero Cantalamessa, ofmcap (Predicador de la Casa Pontificia)</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta meditación subimos con María “a la montaña”, a la casa de Isabel. Allí la Madre de Dios nos hablará directamente y en primera persona con su cántico de alabanza, el <em>Magníficat</em>. Hoy el sucesor de Pedro celebra los 50 años de su sacerdocio y el cántico de la Virgen es la oración que más espontáneamente brota del corazón en una ocasión como esta. Será entonces una pequeña manera de participar espiritualmente de su Jubileo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para entender el <em>Magníficat</em> es preciso decir algo sobre el sentido y la función de los cánticos evangélicos en el Evangelio de la infancia de Lucas. Estos himnos –el <em>Benedictus</em>, el <em>Magníficat</em> y el <em>Nunc dimittis</em> - tienen la función de explicar pneumáticamente lo que sucede, es decir, poner de relieve, con palabras, el sentido del acontecimiento, confiriéndole la forma de una confesión de fe y de alabanza. Indican el significado escondido del acontecimiento que debe ser puesto de manifiesto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como tales, son parte integrante de la narración histórica; no constituyen un entreacto ni se trata de pasajes separados, porque todo acontecimiento histórico está constituido por dos elementos: por el hecho y por el significado del hecho. Los cánticos introducen ya la liturgia en la historia. «La liturgia cristiana —se ha escrito— tiene sus comienzos en los himnos de la historia de la infancia»<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>[1]</sup></a>. En otras pa­labras, tenemos en estos cánticos un embrión de la liturgia navideña. Realizan el elemento esencial de la liturgia que es ser celebración festiva y creyente del acontecimiento de salvación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Según los estudiosos, muchos problemas acerca de estos cánticos permanecen abiertos: los autores verdaderos, las fuentes, la estructura interna… Afortunadamente, podemos prescindir de todos estos problemas críticos y dejar que con­tinúen siendo estudiados con provecho por aquellos que se ocupan de este tipo de problemas. No debemos esperar a que se resuelvan todos estos puntos oscuros para dejarnos edificar ya por estos cánticos. No porque dichos problemas no sean importantes, sino por­que existe una certeza que relativiza todas esas incertezas: Lucas ha acogido estos cánticos en su evangelio y la Iglesia ha acogido el evangelio de Lucas en su canon. Estos cánticos son «palabra de Dios», inspirada por el Espíritu Santo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Magníficat es de María porque a ella lo ha «atribuido» el Espíritu Santo, ¡y esto hace que sea más «suyo» que si lo hubiese escrito ma­terialmente de su puño y letra! En efecto, no nos interesa tanto saber si el Magníficat lo compuso María, cuanto saber si lo compuso por inspiración del Espíritu Santo. Incluso, si estuviéramos segurísimos de que fue compuesto por María, el cántico no nos interesaría por esta razón, sino porque en él habla el Espíritu Santo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con estas premisas y con estos sentimientos, nos acercamos aho­ra al primero de nuestros cánticos, el Magníficat, considerándolo ante todo como cántico de María y, luego, como cántico de la Iglesia y del alma.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cántico de María contiene una mirada nueva sobre Dios y sobre el mundo: en la primera parte, que comprende los ver­sículos 46-50, en consonancia con lo que ha tenido lugar en ella, la mi­rada de María se dirige a Dios; en la segunda parte, que comprende los restantes versículos, su mirada se dirige al mundo y a la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una nueva mirada sobre Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer movimiento del Magníficat es hacia Dios; Dios tiene el primado absoluto sobre todo. María no se demora en responder al saludo de Isabel; no entra en diálogo con los hombres, sino con Dios. Ella recoge su alma y la abisma en el infinito que es Dios. En el Magníficat se ha «fijado» para siempre una experiencia de Dios sin precedentes y sin comparaciones en la historia. Es el ejemplo más sublime del lenguaje llamado numinoso. Se ha señalado que el hecho de que la realidad divina se asome al horizonte de una criatura produ­ce, normalmente, dos sentimientos contrapuestos: uno de temor y otro de amor. Dios se presenta como «el misterio tremendo y fascinante», tre­mendo por su majestad y fascinante por su bondad. Cuando la luz de Dios brilló por primera vez en el alma de Agustín, él confiesa que «se estremeció de amor y de terror» y, más adelante, dice también que el contacto con Dios le hacía «tiritar y arder» a la vez<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>[2]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Encontramos algo parecido en el cántico de María, expresado de modo bíblico, a través de los títulos. Dios es visto como «Adonai» (que dice mucho más que nuestro «Señor» con el que se traduce), como «Dios», como «Podero­so» y, sobre todo, como Qãdōsh, «Santo»: ¡Su nombre es Santo! Una palabra que envuelve todo de silencio estremecedor. Al mismo tiempo, sin embargo, este Dios santo y poderoso, es visto, con infinita confianza, como «mi Salvador», como realidad benévola, amable, como mi «propio» Dios, como un Dios para la criatura. Es sobre todo la insistencia de María sobre la misericordia de Dios (¡la única palabra repetida dos veces en cantico!) que pone de relieve este aspecto de “fascinante” benevolencia del Dios bíblico. “Su misericordia de generación en generación”: estas palabras sugieren la idea de una rivera majestuosa que recorre toda la historia humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El conocimiento de Dios provoca, por reacción y contraste, una nueva percepción o conocimiento de uno mismo y del pro­pio ser, que es el verdadero. El yo no se capta más que delante de Dios. En presencia de Dios, pues, la criatura se conoce finalmente a sí misma en la verdad. Y vemos que así sucede también en el Magníficat. María se siente «mirada» por Dios, entra ella misma en esa mirada, se ve como la ve Dios. ¿Y cómo se ve a sí misma bajo esta luz divina? Como «pequeña» («humildad» aquí significa real pequeñez y bajeza, ¡no a la virtud de la humildad!) y como «sierva». Se percibe como una pequeña nada a la que Dios se ha dignado mirar. María no atribuye la elección divina a su humildad, sino únicamente a la gracia de Dios. Pensar diversamente sería destruir la humildad de la Virgen, pues la humildad tiene un estatuto muy particular: la posee quien no cree poseerla; no la posee quien cree poseerla.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De este reconocimiento de Dios, de sí y de la verdad se li­bera la alegría y el júbilo: «Mi espíritu se alegra...». Alegría inconteni­ble de la verdad, alegría por el obrar divino, alegría de la alabanza pura y gratuita. Ma­ría glorifica a Dios en sí mismo, aunque lo glorifique por aquello que ha obrado en ella, es decir, a partir de la propia experiencia, como ha­cen todos los grandes orantes de la Biblia. El júbilo de María es el jú­bilo escatológico por el obrar definitivo de Dios y es el júbilo de la criatura que se siente amada por el Creador, al servicio del Santo, del amor, de la belleza, de la eternidad. Es la plenitud de la alegría. San Buenaventura, que tenía experiencia direc­ta de los efectos transformantes de la visita de Dios al alma, habla de la venida del Espíritu Santo a María, en el momento de la Anuncia­ción, como de un fuego que la inflama por completo:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Descendió en ella —escribe— el Espíritu Santo como un fuego divino que inflamó su mente y santificó su carne, confiriéndole una pureza perfectísima... ¡Ojalá fueras capaz de sentir, en alguna medida, cuál y qué grande fue el incendio bajado del cielo, cuál el refrigerio causado...! ¡Si pudieras oír el canto jubiloso de la Virgen...!»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Incluso la exégesis científica más rigurosa y exigente se da cuenta de que aquí nos en­contramos ante palabras que no se pueden comprender con los medios normales del análisis filológico, y confiesa: «Quien lee estas líneas, está llamado a compartir el júbilo; solo la co­munidad concelebrante de los creyentes en Cristo y de sus fieles está a la altura de estos textos»<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es un hablar «en el Espíritu» que no se puede comprender sino en el Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una nueva mirada sobre el mundo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Magníficat —decía— se compone de dos partes. En el paso de la primera a la segunda parte, lo que cambia no es ni el medio expresivo ni el tono; desde este punto de vista, el cántico es un continuo fluir que no presenta cesuras; continúa la serie de verbos en pasado que na­rran lo que Dios ha obrado, o mejor, «ha comenzado a hacer». Lo que cambia es solo el ámbito del obrar de Dios: de las cosas que ha realizado «en ella», se pasa a observar las cosas que ha realizado en el mundo y en la historia. Se consideran los efectos de la manifesta­ción definitiva de Dios, sus reflejos sobre la humanidad y sobre la his­toria. Aquí observamos una segunda característica de la sabiduría evangélica que consiste en unir a la embriaguez del contacto con Dios la sobriedad en la forma de mirar el mundo, y en conciliar entre sí el ma­yor éxtasis y abandono en relación con Dios, con el mayor realis­mo crítico en relación con la historia y con los hombres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con una serie de potentes verbos en aoristo, María describe, a partir del versículo 51, un vuelco y un cambio radical de las partes entre los hombres: Derribó-exaltó; colmó-despidió sin nada. Un giro repentino e irreversible, porque es obra de Dios que no cambia ni vuelve atrás, como hacen, en cambio, los hombres en sus asuntos. En este cambio emergen dos categorías de personas: por una parte la categoría de los soberbios-potentes-ricos; por otra, la categoría de los humildes-hambrientos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es importante que comprendamos en qué consiste dicho vuelco y dónde se produce, porque, de lo contrario, existe el riesgo de malin­terpretar todo el cántico y con él las bienaventu­ranzas evangélicas que están anticipadas aquí, casi con las mismas palabras. Observemos la historia: ¿qué ha ocurrido, de hecho, cuan­do ha empezado a realizarse el acontecimiento cantado por María? ¿Acaso ha habido una revolución social y visible a los ojos de to­dos por la que, de repente, los ricos se han empobrecido y los hambrientos se han saciados de alimento? ¿Ha habido, acaso, una distribución más jus­ta de los bienes entre las clases? No. ¿Acaso los potentes han sido derribados materialmente de sus tronos y los humil­des ensalzados? No. Herodes continuó siendo llamado «el Grande» y María y José tuvieron que huir a Egipto por su causa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así pues, si lo que se esperaba era un cambio social y visible, la historia se ha encargado de desmentirlo totalmente. Entonces, ¿dónde ha sucedido ese cambio radical? (¡Porque lo cierto es que éste <em>ha </em>ocurrido!). ¡Ha tenido lugar en la fe! El reino de Dios se ha manifestado y esto ha provocado una revolución silenciosa, pero ra­dical. Como si se hubiera descubierto un bien que, de golpe, devaluara la moneda corriente. El rico aparece como un hombre que ha ahorrado una ingente suma de dinero, pero durante la noche ha habido una devaluación del cien por cien y al levantarse por la ma­ñana era un pobre miserable. Por el con­trario, los pobres y los hambrientos, tienen ventaja porque están más dispuestos a acoger la nueva realidad, no temen el cambio; tienen el corazón preparado. El cambio radical cantado por María es del mismo tipo —decía— que el proclamado por Jesús en las bie­naventuranzas y en la parábola del rico epulón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">María habla de riqueza y pobreza a partir de Dios; una vez más, habla coram Deo, toma como medida a Dios, no al hombre. Establece el criterio «definitivo», escatológico. Decir, pues, que se trata de un cambio que ha tenido lugar «en la fe», no significa decir que es menos real y radical, menos serio, sino que lo es infini­tamente más. Esto no es un dibujo creado por la ola en la arena del mar y que es borrado por la ola siguiente. Se trata de una ri­queza eterna y de una pobreza igualmente eterna.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El Magníficat, escuela de evangelización</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Ireneo, comentando la Anunciación, dice que «María, llena de júbilo, gritó proféticamente en nombre de la Iglesia: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”...»<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. María es como la voz solista que entona en primer lugar un aria que después debe ser repetida por el coro. Esto quiere decir la expresión «María es figura de la Iglesia» (typus ecclesiae), usada por los padres y acogida por el Concilio Vaticano II<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>. Decir que María es «figura de la Iglesia» sig­nifica decir que es su personificación, la representación en forma sensible de una realidad espiritual; significa decir que es modelo de la Iglesia. Ella es figura de la Iglesia también en el sentido de que en su persona se realiza, desde el principio y de manera perfecta, la idea de Iglesia; que ella constituye, bajo la cabeza que es Cristo, su miembro principal y su primicia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero ¿qué quiere decir aquí «Iglesia» y en lugar de qué Iglesia dice Ireneo que María entona el Magníficat? No en lugar de la Iglesia de nombre, sino de la Iglesia real; es decir, no de la Iglesia en abs­tracto, sino de la Iglesia concreta, de las personas y de las almas que componen la Iglesia. El Magníficat no es solo para recitarlo, sino para vivirlo, para que cada uno de nosotros lo haga propio; es «nues­tro» cántico. Cuando decimos: «Proclama mi alma la grandeza del Señor», ese «mi» hay que tomarlo en sentido directo, no como una cita. «Que en todos esté —escribe san Ambrosio— el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios... Porque si según la carne no hay más que una ma­dre de Cristo, según la fe, todas las almas generan a Cristo; en efecto, cada una acoge en sí al Verbo de Dios»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>[7]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A la luz de estos principios, tratemos ahora de aplicar el cántico de María a nosotros mismos —a la Iglesia y a cada alma—, viendo qué debemos hacer para «asemejarnos» a María no solo en las palabras, sino también en los hechos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la segunda parte, allí donde María proclama ese cambio radical de los potentes y de los soberbios, el Magníficat recuerda a la Iglesia cuál es el anuncio esencial que debe proclamar al mundo. Le enseña a ser también ella «profética». La Iglesia vive y realiza el cántico de la Virgen cuando repite con María: ¡Derribó a los poten­tados, despidió a los ricos sin nada!; y lo repite con fe, distinguiendo este anuncio del resto de pronunciamientos que también tiene derecho a hacer en materia de justicia, de paz y de orden so­cial, en cuanto intérprete cualificada de la ley natural y depositaria del mandamiento de Cristo del amor fraterno.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si las dos perspectivas son distintas, no están, sin embargo, sepa­radas ni carecen de influjo recíproco. Por el contrario, el anun­cio de fe de lo que Dios ha hecho en la historia de la salvación (que es la perspectiva en la que se sitúa el Magníficat) se convierte en la mejor indicación de lo que el hombre debe hacer, a su vez, en la propia historia humana; y, más aun, de lo que la Iglesia misma tiene la tarea de realizar, en virtud de la caridad que debe tener también hacia el rico, de cara a su salvación. Más que una «incita­ción a derribar a los poderosos de sus tronos para ensalzar a los hu­mildes», el Magníficat es una saludable admonición dirigida a los ri­cos y a los poderosos acerca del tremendo peligro que corren, igual que en las intenciones de Jesús lo será la parábola del rico epulón.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El modo en que el Magníficat afronta el problema no es el único, hoy tan sentido, de riqueza y po­breza, hambre y saciedad; hay también otros modos legítimos que parten de la historia y no de la fe, y a los cuales, justamente, los cristianos ofrecen su apoyo y la Iglesia su dis­cernimiento. Pero este modo evangélico es el que la Iglesia debe pro­clamar siempre y a todos como su mandato específico y con el que debe sostener el esfuerzo común de todos los hombres de buena vo­luntad. Es universalmente válido y siempre actual. Si como hi­pótesis (¡remota, por desgracia!) se dieran un tiempo y un lugar en el que ya no hubiera injusticias y desigualdades sociales entre los hombres, sino que todos fueran ricos y estuvieran saciados, no por esto la Iglesia debería cesar de proclamar, con María, que Dios despi­de a los ricos con las manos vacías. Más aun, allí debería proclamar­lo con mayor fuerza todavía. El Magníficat es actual en los países ri­cos, no menos que en los países del tercer mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Existen planos y aspectos de la realidad que no se captan a primera vista, sino solo con el auxilio de una luz especial: con rayos in­frarrojos o con rayos ultravioletas. La imagen obtenida con esta luz especial es muy distinta y sorprendente para quien está acostumbrado a ver ese mismo panorama con luz natural. La Iglesia posee, gracias a la palabra de Dios, una imagen distinta de la realidad del mundo, la única definitiva, porque se obtiene con la luz de Dios y porque es la misma que Dios tiene. La Iglesia no puede ocultar dicha ima­gen. Es más, debe difundirla sin cansarse nunca, darla a conocer a los hombres, porque va en ella su propio destino eterno. Es la imagen que quedará al final, cuando haya pasado «la imagen de este mundo». Darla a conocer, a veces, con palabras sencillas, directas y proféticas, como las de María, como se dicen las cosas de las que se está íntima y firmemen­te persuadido. Y esto, a costa de parecer ingenua y fuera del mun­do, frente a la opinión dominante y al espíritu del tiempo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El Apoca­lipsis nos da un ejemplo de este lenguaje profético, directo y valiente, en el que la verdad divina se contrapone a la opinión humana: <em>«</em>Tú dices» (y este «tú» puede ser una persona concreta o una sociedad entera): «Soy rico, me he enriquecido; nada me falta». Y no te das cuenta de que tú eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo» (Ap 3,17). En una célebre fábula de Andersen, se habla de un rey al que unos timadores hacen creer que existía una tela maravillosa que tenía la propiedad de hacerse invisible a los ojos de los estúpidos y necios, y visible solo a los sabios. Él el primero, naturalmente, no la ve, pero tiene miedo de decirlo, por temor a pasar por uno de esos necios y así hacen también todos sus ministros y el resto del pueblo. El rey desfila por las calles sin nada encima, pero todos, para no delatarse, fingen admirar su bellísimo vestido, hasta que se oye la vocecilla de un niño que grita entre la multitud: ¡«Pero si el rey está des­nudo!», rompiendo el encanto, y todos, finalmente, tienen el valor de admitir que aquel famoso vestido no existe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia debe ser como la vocecilla de aquel niño, que se dirige a ese mundo que está orgu­lloso de sus propias riquezas y que induce a considerar necio y estúpido a quien demuestra que no creer en ellas, repitiendo con las palabras del Apocalipsis: «¡No te das cuenta de que estás desnudo!» Vemos aquí cómo María, en el Magníficat, «habla proféticamente para la Iglesia»: ella, en primer lugar, partiendo de Dios, ha pues al descubierto la gran pobreza de la riqueza de este mundo. El <em>Magníficat</em> justifica en pleno el título de “Estrella de la evangelización”  que san Pablo VI atribuye a la Virgen en su carta “Evangelii nuntiandi”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>El <em>Magníficat</em>, escuela de conversión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, sería malinterpretar completamente esta parte del Magníficat que habla de los soberbios y de los humildes, de los ricos y de los hambrientos, si la re­legáramos solo al ámbito de las cosas que la Iglesia y el creyente deben predicar en el mundo. Aquí no se trata de algo que se debe solo predicar, sino de algo que se debe, ante todo, practicar. María puede proclamar la bienaventuranza de los humildes y de los pobres, porque ella misma está entre los hu­mildes y los pobres. El cambio radical manifestado por ella debe suceder ante todo en la intimidad de quien repite el Magníficat y ora con él. Dios —dice María— dispersó a los soberbios «en su propio corazón». De golpe, el discurso es trasladado de afuera hacia dentro; de las discusiones teológicas en las que todos tienen ra­zón, a los pensamientos del corazón, en donde todos nos equivocamos. El hombre que vive «para sí mismo», cuyo Dios no es el Señor, sino el propio «yo», es un hombre que se ha construido un trono y se sienta en él dictando leyes a los demás. Ahora bien Dios —dice María— derriba a estos de sus tronos; pone en evidencia su no-verdad e injusti­cia. Existe un mundo interior, hecho de pensamientos, voluntad, deseos y pasiones, del cual —dice Santiago— provienen las guerras y las contiendas, las injusticias y los abusos que hay entre nosotros (cf. Sant 4,1) y hasta que nadie empiece a sanear esta raíz, nada cambia­rá verdaderamente en el mundo, y si algo cambia es para repro­ducir, en breve, la misma situación anterior.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Cómo nos toca de cerca el cántico de María, cómo nos escruta a fondo y cómo pone de verdad «el hacha en la raíz». Qué estupidez e incoherencia sería la mía, si cada día, en las Vísperas, repitiera, con María, que Dios «ha derribado a los poderosos de sus tronos» y mien­tras continuara anhelando el poder, un puesto más alto, una promo­ción humana, un progreso profesional y perdiera la paz si tardara en llegar; si cada día proclamara con María que Dios «ha rechazado a los ricos con las manos vacías» y entre tanto anhelase sin descanso enriquecerme y poseer cada vez más cosas y cosas más refinadas; si prefiriera estar con las manos vacías delante de Dios, antes que tener las manos vacías ante el mundo, vacías de los bienes de Dios, en lugar de vacías de los bienes de este mundo. Qué estupidez sería la mía si con­tinuara repitiendo con María que Dios «mira a los humildes», que se acerca a ellos, mientras mantiene a distancia a los soberbios y a los ri­cos de todo, y después yo fuera de los que hacen exactamente lo contrario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Todos los días —escribe Lutero comentando el Magnífi­cat— debemos constatar que cada uno se esfuerza por elevarse por en­cima de sí mismo, a una posición de honor, de poder, de riqueza, de dominio, a una vida acomodada y a todo aquello que es grande y sober­bio. Y cualquiera quiere estar con dichas personas, corre tras ellas, les sirve con gusto, cualquiera desea participar de su grandeza... Nadie quiere mirar hacia abajo, donde hay pobreza, oprobio, necesi­dad, aflicción y angustia; más aun, todos apartan la vista ante una condición semejante. Normalmente se evita a este tipo de personas, se las esquiva, se las deja solas, nadie piensa en ayudarlas, ni en asis­tirlas o en hacer que también ellas puedan llegar a ser algo: deben permanecer debajo y ser despreciadas».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dios —dice María— hace lo contrario de esto: mantiene a distancia a los soberbios y eleva hasta sí a los humildes y pequeños; está más a gusto con los hambrientos y necesitados que le importunan con sus súplicas y peticiones que con los ricos y saciados que no tienen necesidad de él ni le piden nada. Al obrar de este modo, María nos exhorta, con dulzura materna, a imitar a Dios, a hacer nuestra su opción. Nos enseña los caminos de Dios. El Magníficat es verdaderamente una escuela maravillosa de sabiduría evangélica. Una escuela de conversión continua.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por la comunión de los santos en el cuerpo místico, todo este in­menso patrimonio se une ahora al Magníficat. Es bueno rezarlo así, en coro, con todos los orantes de la Iglesia. Dios lo escucha así. Para en­trar en este coro que trasciende los siglos, basta con que nosotros tra­temos de presentar de nuevo ante Dios los sentimientos y elevación de María que fue la primera en entonarlo «en nombre de la Iglesia», de los doctores que lo comentaron, de los ar­tistas que lo musicalizaron con fe, de los piadosos y de los humildes de corazón que lo vivieron. Gracias a este maravilloso cántico, María continúa glorificando al Señor durante todas las generaciones; su voz, como la de un corifeo, sostiene y arrastra a la de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un oran­te del salterio invita a todos a unirse a él, diciendo: «Alabad al Señor conmigo» (Sal 34,4). Ma­ría repite a sus hijos las mismas palabras. Si puedo atreverme a interpretar sus sentimientos, pienso que también el Santo Padre, en el día de su Jubileo sacerdotal, nos dirige la misma invitación: “¡Alabad al Señor conmigo! Y nosotros prometemos de hacerlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Traducción de Pablo Cervera Barranco</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>[1]</sup></a> H. Schürmann, Das Lukasevangelium, I (Friburgo i. B. 1982).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>[2]</sup></a> Cf. S. Agustín, Confesiones, VII, 16; XI, 9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> S. Buenaventura, Lignum vitae, I, 3: trad. esp. Obras Completas (BAC, Madrid 1949).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>[4]</sup></a> H. Schürmann, O.c.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> San Ireneo, Adv. Haer., III, 10, 2: SCh 211,118.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup><strong>[6]</strong></sup></a> Lumen gentium, 63.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>[7]</sup></a> S. Ambrosio, In Luc., II, 26: CCL, 14,42.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Predicación de Adviento: &quot;¡Dio a luz a su hijo primogénito!&quot; - Raniero Cantalamessa, ofmcap</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2019/12/predicacion-de-adviento-dio-a-luz-a-su-hijo-primogenito-raniero-cantalamessa-ofmcap/</link>
		<pubDate>Fri, 20 Dec 2019 17:48:29 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align: center;">"¡Dio a luz a su hijo primogénito!"
María en Navidad
Tercera Predicación de Adviento (20-12-2019)
Raniero Cantalamessa, ofmcap (Predicador de la Casa Pontificia)</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los “pasos” que estamos siguiendo sobre las huellas de María corresponden, bastante fielmente, al desarrollo histórico de su vida, como resulta de los Evangelios. La meditación sobre María “llena de fe” nos ha llevado al misterio de la Anunciación; la del Magníficat al misterio de la Visitación, y ahora la de María “Madre de Dios” a la Navidad. De hecho, fue en la Navidad, en el momento en el cual <em>dio a luz a su hijo primogénito </em>(<em>Lc</em> 2, 7), no antes, que María pasa a ser verdadera y plenamente Madre de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al hablar de María, la Escritura destaca constantemente dos elementos, o momentos fundamentales, que corresponden a aquellos que también la experiencia humana común considera esenciales para que haya una maternidad verdadera y plena. Ellos son: concebir y dar a luz. <em>Mira </em>–dice el ángel a María- <em>concebirás y darás a luz un hijo </em>(<em>Lc</em> 1, 31). Estos dos elementos están presentes también en la narración de Mateo: La criatura que ha “concebido” es obra del Espíritu Santo y ella “dará a luz” un hijo (cfr. <em>Mt</em> 1, 20s). La profecía de Isaías, en la cual todo esto había sido preanunciado, lo expresaba del mismo modo: <em>La joven está embarazada y dará a luz un hijo</em> (<em>Is</em> 7, 14). Esta es la razón por la que decía que únicamente en la Navidad, cuando da a luz a Jesús, María se convierte, en sentido pleno, en Madre de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De los dos momentos, el título que se usa en la Iglesia latina “Madre de Dios” (<em>Dei Genitrix</em>) resalta el primer momento, el relativo a la concepción; el título <em>Theotókos</em>, que se usa en la Iglesia griega, resalta más el segundo momento, el dar a luz (<em>tikto</em>, de hecho, significa en griego dar a luz). El primer momento, excepto el caso de la Virgen, es común tanto al padre como a la madre, mientras que el segundo, el dar a luz, es exclusivo de la madre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Madre de Dios: un título que expresa uno de los misterios y, para la razón, una de las paradojas más altas del cristianismo. Madre de Dios es el título dogmático más antiguo e importante de la Virgen, que fue definido por la Iglesia en el Concilio de Éfeso en el 431, como verdad de fe que todos los cristianos deben creer. Es el fundamento de toda la grandeza de María. Es el principio mismo de la mariología; por esto es que María no es, en el cristianismo, solo objeto de devoción, sino también de teología; es decir, entra en el discurso mismo sobre Dios, porque Dios está directamente implicado en la maternidad divina de María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Una mirada histórica en la formación del dogma</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Nuevo Testamento no encontramos explícitamente el título “Madre de Dios” dado a María. Sin embargo, encontramos afirmaciones que ya contienen, como <em>in nuce</em>, tal verdad que se mostrará después con una reflexión cuidadosa de la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo. Como habíamos visto, de María se dice que concibió y generó un hijo, que es el Hijo del Altísimo, santo e Hijo de Dios (cfr. <em>Lc</em> 1, 31-32.35). Por lo tanto, de los Evangelios resulta que María es la madre de un hijo, del que se sabe que es el Hijo de Dios. De modo corriente, a María se la llama en el Evangelio: la madre de Jesús, la madre del Señor (cfr. <em>Lc</em> 1, 43), o simplemente “la madre” y “su madre” (cfr. <em>Jn</em> 2, 1-3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Será necesario que la Iglesia, en el desarrollo de su fe, aclare quién es Jesús, antes de saber de quién es madre María. Es cierto que María no empieza a ser Madre de Dios en el Concilio de Éfeso en 431, como Jesús no empieza a ser Dios en el concilio de Nicea en 325, que lo define como tal. Ya lo era antes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este es, en efecto, el momento en el cual la Iglesia, en el desarrollo y explicitación de su fe, bajo la influencia de la herejía, toma plena conciencia de esta verdad y toma posición para resguardarla. Sucede como con el descubrimiento de una nueva estrella: no nace en el momento en el que su luz llega a la tierra y el observador la ve, sino que existía ya de antes, quizás desde miles de años luz antes. La definición conciliar es el momento en el cual la lámpara es puesta sobre el candelabro que es el credo de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este proceso que lleva a la proclamación solemne de María, Madre de Dios, podemos distinguir tres grandes fases que ahora mencionaré. Al comienzo del período dominado por la lucha contra la herejía gnóstica y docetista, y durante todo este período, la maternidad es vista casi solamente como <em>maternidad física</em>. Estos herejes negaban que Cristo tuviera un verdadero cuerpo humano, o, si lo tenía, que este cuerpo humano hubiera nacido de una mujer, o, si hubiera nacido de una mujer, dudaban que hubiera derivado verdaderamente de la carne y de la sangre de ella. En contra de estas herejías era necesario, por lo tanto, afirmar con fuerza que Jesús era hijo de María y “fruto de su vientre” (<em>Lc</em> 1, 42), y que María era Madre de Jesús verdadera y natural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La maternidad de María, en esta fase más antigua, sirve, más que en otra, para demostrar la verdadera humanidad de Jesús. Fue en este período y en este clima que se formó el artículo del credo: “Nacido (o encarnado) del Espíritu Santo y de María Virgen”. Esto, al comienzo, quería decir simplemente que Jesús es Dios y hombre: Dios, en cuanto generado según el Espíritu, es decir de Dios, y es hombre en cuanto generado según la carne, es decir de María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta fase más antigua, hace su primera aparición (ya con Orígenes en tercer siglo) el título de <em>Theotókos</em>. De ahora en más, será justamente el uso de este título que conduzca a la Iglesia al descubrimiento de una maternidad divina más profunda, que podremos llamar <em>maternidad metafísica</em>. Sucede durante la época de las grandes controversias cristológicas del siglo V, cuando el problema central, en torno a Jesús, no era ya el de su verdadera humanidad, sino el de la <em>unidad</em> de su persona. La maternidad de María no es ya vista solo en referencia a la naturaleza humana de Cristo, sino, como es más justo, en referencia a la única persona del Verbo hecho hombre. Debido a que esta única persona que María genera según la carne no es otra que la persona divina del Hijo, como consecuencia, ella aparece verdadera “Madre de Dios”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre María y Cristo no existe solo una relación de orden físico, sino también de orden metafísico, y esto la coloca en una altura vertiginosa, creando una relación singular incluso entre ella y el Padre. Con el Concilio de Éfeso, esto pasa a ser para siempre una conquista de la Iglesia: “Si alguno –se lee en un texto aprobado allí- no confiesa que Dios es verdaderamente el Emanuel y que, por lo tanto, la Santa Virgen, habiendo engendrado según la carne al Verbo de Dios hecho carne, es la <em>Theotókos</em>, sea anatema”<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue un momento de gran júbilo para todo el pueblo de Éfeso, que esperó a los Padres fuera del aula conciliar y los acompañó, con antorchas y cantos, a sus hogares. Tal proclamación determinó una explosión de veneración hacia la Madre de Dios que no disminuyó más, ni en Oriente ni en Occidente, y que se tradujo en fiestas litúrgicas, íconos, himnos y en la construcción de innumerables iglesias dedicadas a ella.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, esta meta no era definitiva. Había otro nivel para descubrir en la maternidad divina de María, después del físico y metafísico. En las controversias cristológicas, el título de <em>Theotókos</em> era valorado más en función de la persona de Cristo que de la de María, aun siendo un título mariano. De tal título, no se llegaba todavía a las consecuencias lógicas respecto de la persona de María y, en particular, de su santidad única. Se corría el riesgo de que <em>Theotókos</em> se convirtiera en un arma de batalla entre corrientes teológicas opuestas, en lugar de la expresión de la fe y de la piedad de la Iglesia hacia María.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue este el gran aporte de los autores latinos y en particular de san Agustín. La maternidad de María es vista tanto como una maternidad en la fe, como maternidad también espiritual. Estamos en la epopeya de la fe de María. A propósito de la palabra de Jesús: <em>Quién es mi Madre…,</em> Agustín responde atribuyendo a María, en grado sumo, la maternidad espiritual que viene de hacer la voluntad del Padre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“¿Podría ser que la Virgen María no hizo la voluntad del Padre, que por fe creyó, por fe concibió, que fue elegida para que de ella naciera para los hombres la salvación, que fue creada por Cristo, antes de que en ella fuera creado Cristo? Ciertamente que santa María hizo la voluntad del Padre y por eso es que es más grande para María haber sido discípula de Cristo, que Madre de Cristo”<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La maternidad física de María y la metafísica están ahora coronadas por el reconocimiento de una <em>maternidad espiritual</em>, o de fe, que hace de María la primera y la más santa hija de Dios, la primera y la más dócil discípula de Cristo, la creatura que – escribe incluso san Agustín –“por el honor debido al Señor, no se debe ni siquiera mencionar cuando se habla del pecado”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. La maternidad física o real de María, con la relación única y excepcional que crea entre ella y Jesús y entre ella y la Trinidad toda entera, es, y permanece, desde un punto de vista objetivo, la cosa más grande y el privilegio inigualable. Es así porque encuentra una comparación subjetiva en la fe humilde de María. Para Eva constituía ciertamente un privilegio único ser la “madre de todos los vivientes”; sin embargo, como no tenía fe, esto no la benefició en nada y, en lugar de santa, se vuelve desafortunada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¡Hija de su Hijo!</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">María es la única, en el universo, que puede decir, dirigiéndose a Jesús, lo que le dice a él el Padre celeste: “¡Tú eres mi hijo; yo te he engendrado!” (cfr. <em>Sal</em> 2, 7; <em>Hb</em> 1, 5). San Ignacio de Antioquía dice, con toda simpleza, casi sin darse cuenta en qué dimensión está proyectando una creatura, que Jesús es “de Dios y de María”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>. Casi como nosotros decimos de un hombre que es hijo de tal y de tal. Dante Alighieri ha contenido la doble paradoja de María que es “Virgen y Madre” y “madre e hija”, en un solo verso: “¡Virgen Madre, hija de tu Hijo!”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El título “Madre de Dios” basta por sí solo para fundar la grandeza de María y para justificar el honor a ella tributado. Se reprenderá a veces a los católicos por exagerar en el honor y en la importancia atribuida a María y a veces es necesario reconocer que esto era justificado, al menos por el modo con el cual esto sucedía. Sin embargo, no se piensa nunca en lo que ha hecho Dios. Dios se ha adelantado completamente en el hecho de honrar a María haciéndola Madre de Dios, que nadie puede decir nada más, aunque tuviera –dice el mismo Lutero- tantas lenguas como hojas de hierba hay”<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>[6]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El título de “Madre de Dios” es incluso hoy el punto de encuentro y la base común a todos los cristianos, desde la cual retomar para reencontrar el acuerdo entorno al lugar de María en la fe. Este es el único título ecuménico, no solo de derecho, porque fue definido en un Concilio ecuménico, pero también de hecho por que es reconocido por todas las Iglesias.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos escuchado lo que pensaba Lutero. En otra ocasión, él escribió: “El artículo que afirma que María es Madre de Dios está vigente en la Iglesia desde los inicios y el Concilio de Éfeso no lo definió como nuevo, porque es ya una verdad sostenida en el Evangelio y en la Sagrada Escritura… Estas palabras [es decir <em>Lc</em> 1, 32 y <em>Gal</em> 4, 4] sostienen con mucha firmeza que María es verdaderamente la Madre de Dios”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>. Otro impulsor de la Reforma escribe: “María es justamente llamada, a mi juicio, Madre de Dios, <em>Theotókos</em>”, y en otro lugar llama a María “la divina Theotókos”, elegida incluso antes de tener la fe”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. A su vez, Calvino escribe: “La Escritura nos declara explícitamente que aquel que deberá nacer de la Virgen María será llamado Hijo de Dios (<em>Lc</em> 1, 32) y que la Virgen misma es Madre de nuestro Señor”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Madre de Dios, <em>Theotókos</em>, es por lo tanto el título al cual es necesario regresar siempre, distinguiéndolo, como hicieron justamente los ortodoxos, de toda la serie infinita de otros nombres y títulos marianos. Si eso hubiera sido tomado en serio por todas las Iglesias y valorizado de hecho, más allá que reconocido de derecho en sede dogmática, bastaría para crear una unidad fundamental en torno a María y ella, en lugar de ser ocasión de división entre los cristianos, se convertiría, después del Espíritu Santo, en el factor más importante de unidad ecuménica, la que ayuda maternalmente a “reunir a los hijos de Dios que están dispersos” (cfr. <em>Jn</em> 11, 52).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>“Madres de Cristo”: la imitación de la Madre de Dios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestro modo de proceder, en este camino sobre las huellas de María, consiste en contemplar los “pasos” individuales realizados por ella para después imitarlos en nuestra vida. ¿Pero cómo se puede imitar esta característica de la Virgen de ser Madre de Dios? ¿Puede María ser “figura de la Iglesia”, es decir su modelo, incluso en este punto? No solo esto es posible, sino que ha habido hombres, como Orígenes, san Agustín, san Bernardo, que llegaron a decir que, sin esta imitación, el título de María sería inútil para mí: “¿En qué me beneficia –decían- que Cristo haya nacido una vez de María en Belén, si no nace también por fe en mi alma?”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Debemos recordar que la maternidad divina de María se realiza sobre dos planos: sobre un plano físico y sobre un plano espiritual. María es Madre de Dios no solo porque lo ha llevado físicamente en su seno, sino también porque lo concibió primero en el corazón con la fe. Naturalmente, no podemos imitar a María en el primer sentido, generando de nuevo a Cristo, pero podemos imitarla en el segundo sentido, que es el de la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El mismo Jesús inició en la Iglesia este uso del título de “Madre de Cristo”, cuando declaró: <em>Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica</em>.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>En la tradición, esta verdad conoció dos niveles de aplicación complementarios entre ellos. En un caso se ve realizada esta maternidad, en la Iglesia en su conjunto, en cuanto “sacramento universal de salvación”; en el otro, tal maternidad se ve realizada en casa persona o alma individual que cree. El Concilio Vaticano II se coloca en la primera perspectiva cuando escribe:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“La Iglesia… se vuelve ella también madre, porque con la predicación y con el bautismo engendra una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios”<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo todavía más clara, en la tradición, es la aplicación personal a cada alma: “Cada alma que cree, concibe y engendra al Verbo de Dios… Si según la carne una sola es la Madre de Cristo, según la fe, todas las almas generan a Cristo cuando acogen la palabra de Dios”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Otro Padre se hace eco del Oriente: “Cristo nace siempre místicamente en el alma, tomando la carne de aquellos que son salvados y haciendo del alma que lo engendra una madre virgen”<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nos concentramos sobre la aplicación del título Madre de Dios que nos concierne particularmente. Buscamos ver cómo se pasa a ser, en concreto, madre de Jesús.   ¿Cómo nos dice Jesús que se pasa a ser su madre? A través de dos operaciones: escuchando la Palabra y poniéndola en práctica. Para entender, volvemos a pensar cómo se convierte en madre María: concibiendo a Jesús y dándolo a luz. Existen dos maternidades incompletas o dos tipos de interrupciones de maternidad. Una es la del aborto, antigua y conocida. Esta sucede cuando se concibe una vida pero no se da a luz, porque, en el transcurso, ya sea por causas naturales o por el pecado de los hombres, el feto muere. Hasta hace poco este era el único caso que se conocía de maternidad incompleta. En la actualidad se conoce otro que consiste, por el contrario, en dar a luz un hijo sin haberlo concebido. Así sucede en el caso de los hijos concebidos en probeta e implantados, en un segundo momento, en el seno de una mujer, y en el caso triste y funesto del útero dado en préstamo para hospedar, a veces mediante pago, vidas humanas concebidas en otro lado. En este caso, lo que la mujer da a luz, no viene de ella, no es concebido “primero en el corazón y después en el cuerpo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desafortunadamente, también en el plano espiritual existen estas dos tristes posibilidades. “Hay almas –dice san Ambrosio – quienes antes de dar a la luz hacen abortar al Verbo…Son muchos los que han concebido a Cristo, pero que nunca lo han dado a la luz”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>. Engendra a Jesús sin darlo a luz quien acoge la Palabra, sin ponerla en práctica, quien hace un aborto espiritual uno tras otro, formulando propósitos de conversión que sistemáticamente después se olvidan y abandonan a mitad de camino; quien se comporta hacia la Palabra como observador impaciente que mira su rostro en el espejo y después se va olvidando rápidamente de cómo era (cfr. <em>St</em> 1, 23-24). En resumen, quien tiene la fe pero no tiene las obras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por el contrario, da a luz a Cristo sin concebirlo quien hace tantas obras, incluso buenas, pero que no vienen del corazón, del amor por Dios y de una recta intención, sino de la costumbre, de la hipocresía, de la búsqueda de la satisfacción que da el hacer. En resumen, quien tiene las obras pero no tiene la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Dos fiestas del Niño Jesús</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos considerado el caso negativo de la maternidad incompleta por falta de fe o por falta de obras. Consideramos ahora el caso positivo de una maternidad verdadera y completa que nos hace parecer a María. San Francisco de Asís tiene una palabra que resume bien lo que me apremia resaltar:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Somos madres de Cristo –dice- cuando lo llevamos en el corazón y en el cuerpo nuestro por medio del divino amor y de la pura y sincera conciencia; lo engendramos a través de las obras santas, que deben resplandecer a los otros en ejemplo… ¡Oh, cómo es santo y cómo es querido, agradable, humilde, pacífico, dulce, amable y deseable por sobre cada cosa, tener un hermano y un hijo semejante, el Señor Nuestro Jesucristo<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nosotros –dice el santo- concebimos a Cristo cuando lo amamos con sinceridad de corazón y con rectitud de conciencia y lo damos a la luz cuando cumplimos obras santas que lo manifiestan al mundo. Es un eco de las palabras de Jesús: <em>Brille igualmente la luz de ustedes ante los hombres, de modo que cuando ellos vean sus buenas obras, glorifiquen al Padre de ustedes que está en el cielo</em> (<em>Mt</em> 5, 16).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Buenaventura, discípulo e hijo del Pobre de Asís, desarrolló este pensamiento en un librito titulado “Las cinco fiestas del Niño Jesús”. En ello explica como el alma devota, por gracia del Espíritu Santo y el poder del Altísimo, puede concebir espiritualmente el bendito Verbo e Hijo Unigénito del Padre, dar a luz, darle el nombre, buscar adorarlo con los Magos y presentarlo felizmente a Dios Padre en su templo<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De estas cinco fiestas del Niño Jesús que el alma debe revivir, nos interesan sobre todo las primeras dos: la concepción y el nacimiento. Para san Buenaventura, el alma concibe a Jesús cuando, insatisfecha con la vida que lleva, estimulada por santas inspiraciones y encendiéndose de santo ardor, en fin alejándose con resolución de sus viejas costumbres y defectos, es fecundada espiritualmente por la gracia del Espíritu Santo y concibe el propósito de una vita nueva. ¡Sucede la concepción de Cristo! Una vez concebido, el bendito Hijo de Dios nace en el corazón, cuando, después de haber hecho un sano discernimiento, pedido consejo oportuno, invocado la ayuda de Dios, el alma pone inmediatamente en obra su santo propósito, comenzando a realizar lo que desde hacía un tiempo estaba madurando, pero que siempre había pospuesto por miedo de no ser capaz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo es necesario insistir sobre una cosa: este propósito de vida nueva debe traducirse, sin demora, en algo concreto, en un cambio, posiblemente también externo y visible, en nuestra vida y en nuestras costumbres. Si no se pone en acto el propósito, se concibe a Jesús pero no se lo da a luz. Es uno de los abortos espirituales. ¡No se celebrará nunca “la segunda fiesta” del Niño Jesús que es la Navidad! Es una de las tantas prórrogas que han marcado nuestra vida y que son una de las razones principales por la cual tan pocos se hacen santos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si decides cambiar el estilo de vida y comenzar a ser parte de la categoría de los pobres y humildes que como María buscan solo encontrar gracia junto a Dios, sin buscar gustarles a los hombres, entonces debes armarte de coraje, porque será necesario. Deberás enfrentar dos tipos de tentaciones. Dice san Buenaventura que se te presentarán primero los hombres carnales de tu ambiente a decirte: “Es muy arduo lo que emprendes; no lo lograrás nunca, te faltarán las fuerzas, tendrás problemas de salud; estas cosas no se corresponden a tu estado, compromete tu buen nombre y la dignidad de tu carga…”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Superado este obstáculo, se presentarán otros que tienen fama de ser y, quizás lo son también de hecho, personas pías religiosas, pero que no creen verdaderamente en el poder de Dios y de su Espíritu. Estos te dirán que, si comienzas a vivir de este modo –dando tanto espacio a la oración, evitando las charlatanerías inútiles, haciendo obras de caridad-, serás considerado rápidamente un santo, un hombre devoto, espiritual, y porque tú sabes muy bien que todavía no lo eres, terminarás engañando a la gente y siendo un hipócrita, atrayendo sobre ti la ira de Dios que escudriña los corazones. A todas estas tentaciones, es necesario responder con fe: ¡la mano del Señor no se queda corta para salvar! (<em>Is</em> 59, 1) y casi enojándose con sí mismo, exclamar con Agustín en la vigilia de su conversión: “¿Si estos lo hicieron por qué no también yo? <em>Si isti et istae, cur non ego</em>?”<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos intentado en las tres meditaciones de Adviento de prepararnos a Navidad a la escuela de la Madre de Dios. Ahora que hemos llegados al final no nos queda que unirnos a ella en una contemplación silenciosa y adoradora del Dios hecho hombre por nosotros. La liturgia bizantina en la víspera de Navidad contiene una oración llena de santo orgullo, que podemos hacer nuestra frente al pesebre:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué podemos ofrecerte como regalo, oh, Cristo nuestro Dios, por haber aparecido en la tierra asumiendo nuestra propia humanidad? Cada una de las criaturas moldeadas por tus manos te ofrece algo para darte gracias: los ángeles te ofrecen su canción, los cielos la estrella, los magos sus dones, los pastores su maravilla, la tierra una cueva, el desierto un pesebre. ¡Pero nosotros te ofrecemos una Madre virgen!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> S. Cirilo Alejandrino, <em>Anatematismo I contra Nestorio</em>, en <em>Enchiridion Symbolorum</em>, nr. 252.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> S. Agustín, <em>Discursos</em> 72 A (=Denis 25), 7 (Miscelánea Agustiniana, I, p. 162).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> S. Agustín, <em>Naturaleza y gracia</em> 36, 42 (CSEL 60, p. 263 s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> S. Ignacio de Antioquía, <em>Carta a los Éfesos</em> 7, 2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Dante Alighieri, <em>Paraíso</em> XXXIII, 1.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Lutero, <em>Comentario al Magníficat</em> (ed. Weimar 7, p. 572 s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Lutero, <em>De los concilios de la Iglesia</em> (ed. Weimar, 50, p. 591 s).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> H. Zwingli, <em>Expositio fidei</em>, en ZWINGLI <em>Hauptschriften, der Theologe III</em>, Zurigo 1948, p. 319.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Calvino, <em>Instituciones de la religión cristiana</em> II, 14, 4 .</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cfr. Orígenes, <em>Comentario al Evangelio de Lucas</em> 22, 3 (Sch 87, p. 302).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Lc 8, 21; cfr. Mc 3, 31 s; Mt 12, 49</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Lumen gentium 64.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> S. Ambrosio, <em>Exposición del Evangelio según Lucas</em> II, 26 (CSEL 32, 4, p. 55).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> S. Máximo Confesor, <em>Comentario al Padrenuestro</em> (PG 90, 889).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> S. Ambrosio, <em>Exposición del Evangelio según Lucas,</em> X , 24-25.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a>  S. Francisco de Asís, <em>Carta a los fieles</em> 1 (Fuentes Franciscanas nr. 178).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> S. Buenaventura, <em>Las cinco fiestas del Niño Jesús</em>, prólogo (ed. Quaracchi 1949, pp. 207 ss).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> S. Agustín, <em>Confesiones</em> VIII, 8, 19</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Pornografía: Comprender y luchar contra una contaminación antropológica - Tebaldo Vinciguerra</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/pornografia-comprender-y-luchar-contra-una-contaminacion-antropologica-tebaldo-vinciguerra/</link>
		<pubDate>Mon, 06 Jan 2020 01:33:39 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Tebaldo Vinciguerra
Para citar: Vinciguerra, Albert,<em> Pornografía: Comprender y luchar contra una contaminación antropológica</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.508-516.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/TVINCIGUERRE_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTICULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Pornografía: Comprender y luchar contra una contaminación antropológica</strong>
<strong>Tebaldo Vinciguerra<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
<strong>Asociación <a href="http://www.puridicuore.it/integrita/" target="_blank" rel="noopener"><em>Puri di Cuore</em></a> (<em>Puros de Corazón</em>)</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Por cuál razón vincular la pornografía con la doctrina social de la Iglesia? En primer lugar, es importante tener en cuenta que el Magisterio católico se ha pronunciado no solo sobre los conocidos temas de la sexualidad, la familia y la bioética, sino también sobre la pornografía. Es una cuestión muy delicada, muy actual, compleja y cambiante. Y ninguna cuestión que afecte significativamente a los acontecimientos de la humanidad puede dejar indiferente a la Iglesia<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>. En cuanto a la pornografía, los Papas han propuesto una enseñanza articulada que ha evolucionado con el tiempo a medida que la pornografía también ha evolucionado; además de ser actualizada y precisa (hasta el punto de evocar el <em>sexting</em> y la <em>sextorsión<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><strong>[3]</strong></a></em> y el caso extremo de “la trata de personas”<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>), esta enseñanza, al menos en el caso de Pablo VI, es profética. Además de los textos de los Papas, es útil consultar los documentos de la Diplomacia y de los Dicasterios de la Santa Sede, así como los textos producidos por los episcopados de algunos países.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pornografía suele entenderse como una representación de escenas explícitamente sexuales con el propósito de excitar, una representación obscena e incompatible con la decencia o la buena moral. Esta representación puede ser una fotografía, un dibujo, una estatua, una película o incluso un texto. El propósito, es decir, excitar, permite distinguir, por ejemplo, entre los órganos genitales representados por la pornografía y los representados en un tratado de anatomía para estudiantes (que no debe considerarse pornográfico). Dicho esto, a menudo hay controversia y áreas de incertidumbre en un momento en que alguna autoridad está a punto de decidir si una determinada representación es pornográfica o no.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pensamiento de san Juan Pablo II nos lleva a un nivel completamente diferente. Él explica que la pornografía “se realiza cuando se rebasa el límite de la vergüenza, o sea, de la sensibilidad personal respecto a lo que tiene conexión con el cuerpo humano, con su desnudez, cuando en la obra artística o mediante las técnicas de la reproducción audiovisual <em>se viola el derecho a la intimidad</em> del cuerpo en su masculinidad o feminidad, —y en último análisis— cuando se viola la profunda <em>regularidad del don y del darse recíproco</em>, que está inscrita en esa feminidad y masculinidad a través de toda la estructura del ser hombre”<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pornografía, en definitiva, se opone a la verdad sobre el cuerpo humano, es una parodia del amor y de ese don de Dios que es la sexualidad humana. Existe una visión católica del cuerpo humano, perfeccionada en las últimas décadas y en parte conocida como “teología del cuerpo”, y que en parte también se ha combinado con el concepto de “ecología humana”. Pablo VI, observando la difusión de la pornografía, preguntó precisamente ¿dónde está la ecología humana?<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a> En 2015, el Papa Francisco retomó la ecología humana como uno de los pilares interconectados de la ecología integral (<em>Laudato si’</em>, n.155). Ahora bien, la pornografía -por lo que representa, por lo que inculca y promueve a nivel individual y social, por lo que causa a espectadores y actores- contradice totalmente esta visión católica del cuerpo humano. Si la ecología humana existe, entonces la pornografía es contaminación humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pornografía es ontológicamente un problema antropológico: cualquier tipo de pornografía es incompatible con la dignidad humana, aunque por supuesto existen diferentes grados de incompatibilidad, perversión y nocividad. Con la evolución tecnológica -y con el consiguiente acceso a material pornográfico cada vez más fácil, generalizado, precoz y trivializado- este problema se ha convertido en un gigantesco tsunami. Los sacerdotes (y otros agentes pastorales), los padres, los educadores, los jóvenes<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a> y los cónyuges son muy conscientes de ello. En el pasado, para los sacerdotes, el problema de la pornografía era relativamente sencillo de tratar, esencialmente en el confesionario. Ahora este problema asume una complejidad creciente porque se ha configurado en diferentes niveles, como una adicción.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Contaminación humana v/s ecología humana</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por medio de la siguiente tabla podemos observar de modo sintético las profundas contradicciones humanas que introduce la pornografía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<table>
<tbody>
<tr>
<td width="326">
<h5>Pornografía y contaminación humana</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Ecología y desarrollo humano integral<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a></h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Presenta la superficialidad, la irresponsabilidad, lo temporal y el libertinaje como modelos de comportamiento: hacer de todo con cualquier persona, tener muchas parejas sexuales, incluso sin conocerse.</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Propone la perseverancia para una relación llamada a madurar, y un compromiso de fidelidad y responsabilidad.</h5>
<h5></h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Rechaza cualquier límite, porque a través del “zapping constante” <a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a> se obtiene todo y a todos/as los que se desea. Así, se responde inmediatamente a un deseo, pero nunca apaciguado, lo que construye una cultura del derroche, sustentada en una búsqueda temporal y enfermiza de placeres superficiales<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Acepta los propios límites y busca lo que realmente ayuda al propio desarrollo integral y armonioso, lo que da sentido a la vida. Apunta a “ser” más que a “tener”.</h5>
<h5></h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Se produce un eclipse del tiempo, que impide la profundización del conocimiento, de la sana seducción y de la reflexión. Promueve la multiplicación de actores-productores (<em>sexting</em>, porno amateur), promueve una sexualidad de riesgo desde el punto de vista social y de la salud, y también comportamientos de riesgo <em>on line</em> (efecto de la desinhibición en un contexto de presunto anonimato).</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Educa al pudor<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, a la fidelidad, al discernimiento<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>, a una sexualidad que respete los ritmos naturales<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Reduce a una visión técnica de la sexualidad: el acto sexual se convierte en una cuestión de números y/o performance, a menudo ansiosa (también porque la industria pornográfica recurre a diversas estrategias para hacer de las imágenes algo espectacular).</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Propone una sexualidad inscrita en el “fin unitivo” <a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a> del matrimonio, con sus facetas de sentimientos, ternura, afecto, seducción, complicidad, perdón y comunión.</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Hace que personas anónimas aparezcan como un bien de consumo, que tienen valor solo porque sirven para el placer individual, con un interés centrado solo en el cuerpo (convertirlo en objeto de narcisismo e hipersexualización). Esto se da a menudo de forma violenta<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>, porque la violencia, la humillación y la violación se presentan como algo sexy y “normal”.</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Respeta siempre la dignidad de cada persona. “Aprender a acoger el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados” <a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>. “Darse y recibirse”, que es precisamente una de las fórmulas de consentimiento utilizadas durante la celebración del sacramento del matrimonio.</h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Promueve la libertad sexual total que, paradójicamente, conduce a la esclavitud de la adicción y la dependencia<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>, a la inmadurez<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>, a las heridas de la inconstancia y el aislamiento.</h5>
<h5>La sexualidad de las pantallas, el cibersexo, podrá excitar pero, al final del día, es el rechazo del contacto de los cuerpos, de la Encarnación. Así, las redes sociales se convierten en “una amenaza para la verdadera red de relaciones de carne y hueso, aprisionándonos en una realidad virtual”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5>Causa dificultades en la capacidad de establecer relaciones saludables en la “vida real”. Este aislamiento progresivo causado por la pantalla y por encerrarse en una sexualidad virtual termina idiotizando a la persona<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, hace que uno sea “moral y personalmente insensible a los derechos y a la dignidad de los demás”<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>. Estamos insensibilizados, avanzamos hacia “una globalización de la indiferencia” <a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. La pornografía es una anestesia social en la época de “un individualismo libertino, hedonista, consumista, sin horizonte ético ni moral”<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Se esmera en buscar y encontrar la libertad en la unión. Propone la santidad de los matrimonios: “La santificación es un camino comunitario, de dos en dos”<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5>Comprende la vocación de la persona humana a la relacionalidad<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>: somos seres en relación, todos colocados en un entorno que exige nuestra solidaridad, nuestra responsabilidad, con vistas al bien común de la sociedad.</h5>
<h5></h5>
</td>
</tr>
<tr>
<td width="326">
<h5>Avala una sexualidad antifamiliar<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a> (promoción del adulterio, incesto, prostitución y enlaces a sitios de citas) y anti-vida (rechazo de la fertilidad).</h5>
</td>
<td width="326">
<h5>Promueve una sexualidad de pareja abierta a la vida. Hace de la sexualidad uno de los factores de “durabilidad” de la pareja.</h5>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pornografía es, por tanto, un obstáculo para el desarrollo humano integral: la persona no se desarrolla plena, pacífica y armoniosamente si se es herida, sufriendo de pornografía, porque “todo está íntimamente relacionado”<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. Añadamos también que la ecología y los estilos de vida dependen de la antropología<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>, y es precisamente esto lo que es amenazado por la pornografía. La trampa de la adicción<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a> implica riesgos crecientes, como lo experimentan, por ejemplo, quienes terminan viendo videos pornográficos en la oficina. Todo esto tiene un lado subjetivo (muchos quieren detenerse y hacen buenos propósitos, pero luego caen de nuevo), un lado fisiológico (conectado a la fuerte excitación provocada por las imágenes pornográficas, a la masturbación, al funcionamiento hormonal) y/o un lado emocional (a veces conectado con traumas, abusos, heridas insuficientemente enfrentadas). Esta adicción puede ser muy dolorosa incluso entre cónyuges, quizás especialmente si son cristianos: la persona que todavía consume más y más pornografía se siente cada vez más indigna de ser amada e indigna de ser perdonada, finalmente, indigna del cónyuge.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Un obstáculo para el desarrollo integral</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El obstáculo para el desarrollo humano integral no se limita únicamente a los consumidores (y especialmente a los menores de edad), sino que también debe tenerse en cuenta la producción y la promoción, así como las múltiples implicaciones para la sociedad en su conjunto. A medida que la pornografía configura las creencias y el comportamiento, hay quienes la emulan, quienes la aprueban y quienes minimizan sus daños y riesgos; quienes producen y comparten la pornografía amateur. Están aquellos que se vuelven progresivamente insensibles, y aquellos que caen en la adicción de la que acabamos de hablar. Incluso afecta a aquellos que no quieren ver pornografía, pero aun así encuentran esas imágenes en la pantalla debido a algún engaño en línea.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El daño causado por la pornografía es similar al efecto de “una presa que, poco a poco erosionada, puede romperse y desbordar las piedras angulares de la honestidad individual, de la familia, de la moral pública; […de modo que la pornografía acaba por] privar a la sociedad de sus defensas naturales, de sus ideales puros, de sus recursos espirituales”<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>. No olvidemos que la Santa Sede ha subrayado repetidamente los vínculos entre la pornografía, la pedofilia, la trata de seres humanos y la prostitución. Benedicto XVI observó que “existe un mercado para la pornografía infantil.”<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>. Esta cita puede aplicarse a dos realidades: la primera, el mercado que concierne a los niños para producir pornografía; la segunda, el mercado que trata de convertirlos en consumidores de pornografía. Se puede acceder a la pornografía desde la escuela, como ya pudo observar Pablo VI<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>. La industria pornográfica está buscando todas las formas de llegar a los jóvenes desde la infancia, para seducirlos y formarlos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Cuando las imágenes (…) tienen como único objetivo inducir al consumo o manipular a la gente para aprovecharse de ella, estamos ante un asalto (…). Es la sensación que se tiene muchas veces ante el bombardeo de imágenes seductoras (…). Sentirse bombardeado, invadido, conmocionado, impotente para hacer algo positivo… son sentimientos equivalentes a los que se tiene en un asalto, en un acto de violencia, en un secuestro. Y precisamente detrás de una estética desintegradora que instala la desesperanza de poder descubrir la verdad y de poder hacer el bien en común, es necesario saber discernir y poder desenmascarar la existencia de intereses políticos y económicos de algunos sectores que no apuntan al bien común”<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De hecho, no es “solamente” una cuestión antropológica o ideológica: la pornografía es un negocio gigantesco<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>. Ya Pablo VI denunciaba la cínica invasión organizada por una industria ávida, inescrupulosa e ignominiosamente servil al dinero<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>, sabiendo que sus “bajos cálculos de viles ganancias” <a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a> contribuían a la fácil y rápida extensión del mercado pornográfico. Se quejó, entonces, del trabajo de aquellos medios de comunicación que, destacando la depravación, “presionaban a la opinión pública para que levantara aspiraciones insaciables, engañosas y finalmente inalcanzables”<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 2020, la pornografía está muy extendida y a menudo sin límites, y es aceptada por los medios de comunicación. Son síntomas de una sociedad atrapada en el relativismo y que vive la “época más fuerte del reduccionismo antropológico”<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>, en el que se tiende a dar menos importancia al desarrollo y a la felicidad de las personas, a su dignidad y a sus derechos. Jóvenes de América Latina que asistieron a una conferencia mía, me explicaron que en sus países la pornografía incluso está asociada a una cultura que glorifica el estilo de vida de los narcos: ¡Un doble peligro y una doble amenaza para la sociedad! Además, la pornografía contribuye a este reduccionismo, a este colapso antropológico, modelando a la gente inclinada a aceptar más fácilmente una sociedad “pornotizada”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pornografía ha afectado parcialmente (especialmente en los países occidentales e industrializados) a la generación que ya es adulta, y está abrumando en masa (progresivamente incluso en los países que antes se encontraban rezagados de la difusión de Internet y de la impresión pornográfica) a los más jóvenes de hoy, que aun no han madurado un sentido crítico, lo que afecta seriamente su evolución.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este fenómeno nos interpela: Muchas voces se han alzado durante muchos años para combatir este mal. Algunas antes y otras después, algunas con más credibilidad y consistencia y otras con menos, otras con hechos y compromisos que han seguido a las palabras , mientras que algunas se han limitado a simples declaraciones. Entre esas voces están las de padres y madres, jóvenes, esposos, psicólogos, sexólogos, educadores de diversos tipos, políticos, juristas y, por supuesto, también sacerdotes, víctimas, ex productores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Donde hay una estructura de pecado<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>, se necesita una estructura de gracia y solidaridad. Lo que se requiere es una acción de amplio alcance que implique y aglutine a todos los actores comprometidos con el bien común de toda la familia humana, a la luz del principio de subsidiariedad. En primer lugar, las familias; el Estado (que también actúa a nivel internacional) con sus responsabilidades en materia de educación, salud, seguridad y detección del delito, la legislación<a href="#_ftn40" name="_ftnref40">[40]</a>; la sociedad civil, con su variado tejido asociativo; los individuos, con su conciencia, sus elecciones, su compromiso y posiblemente su testimonio; los medios de comunicación<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a> y entretenimiento que deben “sensibilizar sobre los riesgos inherentes de un desarrollo tecnológico incontrolado en todos los sectores de la sociedad”<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a>, la cultura y los diversos sectores de la industria y la inversión que deben actuar éticamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es necesario que se dé una sinergia en el desarrollo de las distintas tareas que deben llevarse a cabo: <strong>Prevención</strong> (en particular, educación en la afectividad y la sexualidad adaptada a la edad del niño y respetuosa de la antropología sana); <strong>información</strong> (sobre las posibilidades de recibir ayuda y asesoramiento, sobre los daños y los vectores de la pornografía); <strong>lucha</strong> (legal, policial e informática) contra las formas más nocivas de pornografía; <strong>recepción y apoyo</strong>; <strong>las propuestas de recuperación y difusión de grupos de autoayuda y de intercambio</strong>; <strong>el espacio dado a los testimonios y a la promoción de manuales y folletos sobre el tema</strong>; <strong>la reinserción de los heridos por el consumo o la producción </strong>(incluso las víctimas de chantajes y engaños). Se requiere también del <strong>desarrollo progresivo de un ambiente o una cultura refractaria</strong>, es decir, una sociedad en la que el consumo de pornografía (o material <em>border line</em>) no sea una fuente de orgullo. En resumen, ¡el tema no puede ser tabú!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia misma acompaña (por ejemplo, con formación, publicaciones, oraciones, y ciertamente con la disponibilidad de confesores, educadores y sus asociaciones y escuelas) y estimula esta tendencia. Si la Iglesia trabaja como un hospital de campaña, para asumir una elocuente metáfora del Papa Francisco, debe estar interesada en las heridas -en este caso de la pornografía- antes de analizar el colesterol.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">San Pablo VI analizó todo esto con clarividencia en una Audiencia general dedicada a la dignidad humana y cristiana. En dicha ocasión repasó los desafíos para la Iglesia y las fuerzas necesarias para que el bien triunfe sobre el mal. Pasando al tema de la dignidad humana, que defendió y definió como “valor supremo”, insistió acerca de la cosa “más grave y la más insidiosa”, es decir, “la amenaza, hecha epidémica y agresiva, del erotismo impulsado a expresiones desenfrenadas y repulsivas, públicas y publicitadas”<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a>. ¿Visionario? Sin duda, ya que en 1969 no había Internet. Sin embargo, él, que sabía bien que todo está conectado, sintió que la pornografía era una grave amenaza para el ser humano y para la sociedad en su conjunto, una amenaza antropológica que perturba los espíritus, que se opone a la ecología humana, aludiendo precisamente a la necesidad de combatir la “contaminación” causada por la “inmoralidad ambiental”<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a>. 50 años después, estas son palabras que resuenan fuerte y muy actuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Cientista político ítalo-francé, diplomado en ambos países. Casado y padre de tres hijos, es autor del libro <em>Pornografía. </em><em>¿Qué dice la Iglesia?</em> (<em>Pornografia. Cosa ne dice la Chiesa</em> - ed. San Paolo), y uno de los fundadores de la Asociación <em>Puri di Cuore</em> (puridicuore.it). Esta entidad opera en Italia para crear conciencia de la complejidad y de las repercusiones del fenómeno en permanente expansión de la pornografía por medio de encuentros, testimonios, seminarios de formación, publicaciones, eventos públicos para escuelas, universidades, asociaciones y parroquias. Además, promueven caminos de recuperación para personas dependientes de la pornografía con apoyo de profesionales, difundiendo el conocimiento de grupos de ayuda y momentos de sanación. Finalmente, también se abocan a explicar cómo protegerse de este riesgo, por ejemplo, por medio de instrumentos informáticos, nociones conductuales e instrumentos legislativos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cf. Constitución pastoral <em>Gaudium et spes</em>, n.1; Benedicto XVI, Carta apostólica <em>Intima Ecclesia natura</em>, Proemio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Cf. Francisco, <em>Discurso a los participantes del Congreso sobre la dignidad de los niños en la esa digital, </em>6 de octubre de 2017.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Francisco, <em>Discurso a los Participantes en el Congreso “Promoting Digital Child Dignity”</em>, Ciudad del Vaticano, 14 de noviembre de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> juan Pablo II, <em>Audiencia general,</em> 22 de abril de 1981. A propósito de la vergüenza, la desnudez y la sexualidad, cf. Id., <em>Audiencia general</em>, 28 de mayo de 1980. También el Catecismo de la Iglesia Católica propone una definición (cf. § 2354) y el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, en el documento <em>Pornografía y violencia en los medios de comunicación, </em>7 de mayo de 1989, n.9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Cf. Pablo VI, <em>Audiencia general</em>, 7 de noviembre de 1973.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Como lo ha claramente evidenciado el Sínodo para los jóvenes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Acerca de la Ecología integral, cf. Francisco, encíclica <em>Laudato si’</em>, cap. 4. Acerca del desarrollo humano integral, cf. Benedicto XVI, encíclica <em>Caritas in veritate</em>, n.8; Pontificio Consejo Justicia y Paz, <em>Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.</em>373.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Francisco, Exhortación apostólica <em>Gaudete et exsultate</em>, n.167.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Francisco, Exhortación apostólica <em>Evangelii gaudium</em>, n.2.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Cf. Francisco, Carta encíclica <em>Amoris laetitia</em>, n.282.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Cf. <em>Gaudete et exsultate</em>, n.167.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> <em>Amoris laetitia</em>, n.22.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> <em>Amoris laetitia</em>, n.36.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Cf. <em>Pornografía y violencia en los medios de comunicación</em>, n.13.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> <em>Laudato si’</em>, n.155.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Cf. Francisco, <em>Discurso a los participantes del Congreso sobre la dignidad de los niños en la esa digital</em>, 6 de octubre de 2017. La cuestión de la adicción a la pornografía se debatió de nuevo el 29 de diciembre de 2018 en una conferencia internacional celebrada en el Vaticano. También es objeto de numerosas asambleas y publicaciones de la Iglesia y de la sociedad civil.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Cf. <em>Informe final del Sínodo de los Obispos al Santo Padre</em>, 24 de octubre de 2015, n.32; <em>Amoris laetitia</em>, n.284.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Francisco, <em>Discurso durante la Fiesta de la familia</em>, Dublín, 25 de agosto de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> Francisco, <em>Discurso durante la vigilia de oración con los jóvenes</em>, XXXI Jornada Mundial de la Juventud, Cracovia, 30 de julio de 2016.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> <em>Pornografía y violencia en los medios de comunicación</em>, n.14.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> <em>Evangelii gaudium</em>, n.54.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Cardenal Jorge Mario Bergoglio, <em>Noi come cittadini noi come popolo</em>, LEV, Jaca Book, marzo 2013, pp. 35 y 36.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> <em>Gaudete et exsultate</em>, n.141.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> Cf. <em>Laudato si’</em>, n.155.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Cf. <em>Pornografía y violencia en los medios de comunicación</em>, n.10.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a><em>Laudato si’</em>, n.137.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Cf. <em>Laudato si’</em>, nn.118 e 202.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Analizado por muchos expertos, pero es difícil en este artículo abordar el tema por razones de espacio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Pablo VI, <em>Discurso a los representantes de la “Unión Internacional de Agentes para la Distribución de Prensa y Publicaciones”</em>, 13 de septiembre 1970.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Benedicto XVI, <em>Discurso a la Curia Romana para la presentación de los saludos navideños</em>, 20 de diciembre 2010.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Cf. Pablo VI, <em>Audiencia general</em>, 1 de octubre de 1969.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Cardenal Jorge Mario Bergoglio, intervención <em>"Comunicador: ¿quién es tu prójimo?"</em> en el <a href="https://www.arzbaires.org.ar/inicio/homilias/homilias2002.htm#Comunicador">Tercer Congreso de Comunicadores, 10 de octubre del 2002.</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> En un texto tan breve es imposible proponer una lista de los elementos de este volumen de negocios rentables y planetarios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Cf. Pablo VI, <em>Discurso a los representantes de la “Unión Internacional de Agentes para la Distribución de Prensa y Publicaciones”</em>, 13 de septiembre 1970.; <em>Discurso a los «Foyers des Equipes Notre-Dame»</em>, 4 de mayo de 1970, n.4.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Id., <em>Angelus domini</em>, 26 de agosto de 1973.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Id., <em>Mensaje para la IX Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales</em>, 19 de abril de 1975.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Francisco, <em>Palabras al final del almuerzo con los participantes en el Seminario Internacional "Por una economía cada vez más inclusiva" organizado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz</em>, Casina Pio IV, Ciudad del Vaticano, 12 de julio de 2014.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Cf. <em>Catecismo de la Iglesia Católica</em>, n.1869.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> Vale la pena considerar el compromiso del Gobierno del Reino Unido (desde la época del Primer Ministro Cameron) acerca de la pornografía (por ejemplo, con respecto a la responsabilidad de los proveedores de Internet), y también vale la pena señalar la decisión del Senado de Utah (en 2016) de considerar la pornografía como una amenaza para la salud pública.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> Cf. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, intervención <em>“Comunicador: ¿quién es tu prójimo?”</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> Francisco, <em>Discurso a los Participantes en el Congreso “Promoting Digital Child Dignity”</em>, 14 de noviembre de 2019.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> Pablo VI, <em>Audiencia general</em>, 1 de octubre de 1969.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> Cf. Id., <em>Audiencia general</em>, 13 de septiembre de 1972.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>¿Falta de curas o estructura inadecuada? - José Ignacio Fernández S., pbro</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/falta-de-curas-o-estructura-inadecuada-jose-ignacio-fernandez-s-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 11 Jan 2020 16:56:19 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: José Ignacio Fernández S., pbro.
Para citar: Fernández, José Ignacio,<em> ¿Falta de curas o estructura inadecuada?</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.492-496.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/JIFERNANDEZ_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">¿Falta de curas o estructura inadecuada?
José Ignacio Fernández S., pbro. <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me ha parecido oportuno mirar, desde la reflexión eclesiológica, la cada vez más frecuente inquietud acerca de la escasez de presbíteros, al menos, en las iglesias particulares de vieja y mediana edad, producto de la disminución de personas en los seminarios y el consecuente menor número de ordenaciones. Las afirmaciones al respecto suelen expresarse bajo forma de quejas por aquello que se hace (o no se hace) en la pastoral vocacional-presbiteral, o por los “pocos frutos” de una diócesis en particular. Estas son manifestaciones que se acompañan habitualmente de un lamento doloroso ante la evidente disminución de ministros ordenados que, lejos de detenerse, avanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ahora bien, aparejada a esta mengua de sacerdotes, se genera también un aumento de la carga pastoral de cada uno de ellos. En matemática simple, si se mantiene la misma estructura organizacional de la Iglesia, donde los presbíteros siguen desempeñando el mismo tipo y cantidad de tareas, es natural que a cada sacerdote le corresponda un número mayor de actividades que realizar. Es decir, a la misma persona, se le asignan progresivamente más labores y más responsabilidades, y se debe gestionar su presencia en distintos lugares y ambientes eclesiales, exigiendo una capacidad de respuesta y adaptación cada vez mayor. Algunos consideran que este esfuerzo de mantener las mismas estructuras con menos presbíteros es verdaderamente «hacer ingeniería».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A su vez, se presenta la tentación de circunscribir el ejercicio del ministerio sacerdotal a la mera presidencia de la Eucaristía y a la administración de los demás sacramentos. Esto implica una comprensión reduccionista del ministerio al <em>munus sanctificandi</em>, en desmedro de los <em>munus docendi</em> y <em>munus regendi</em>. Esta reducción –considerada como forzosa por las circunstancias–, desprovee el contexto integral en el cual el Concilio Vaticano II sitúa el ministerio ordenado, que reconoce que los presbíteros «quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza, a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (cf. <em>Hb</em> 5,1-10; 7,24; 9,11-28), para anunciar el Evangelio a los fieles, para dirigirlos y para celebrar el culto divino». (Constitución dogmática <em>Lumen Gentium</em> 28).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De cara a esta realidad, los presbíteros experimentan un detrimento en su capacidad de servicio de conducción-cuidado de la comunidad y de anuncio de la Palabra, junto con una percepción de aumento del estrés y riesgo de <em>burnout </em>en ellos mismos. De hecho, la opción de mantener la actual estructura de funcionamiento pastoral con cada vez menos sacerdotes, lleva inevitablemente a la desazón por parte de la comunidad cristiana y a un ejercicio menos gozoso del ministerio por parte de los presbíteros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. ¿Pocos presbíteros?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Detrás de las circunstancias que han generado este escenario actual, parece revelarse la tesis de que la estructura organizacional ordinaria actual, tal y como funcionan nuestras parroquias y diócesis, no pudiera ser modificada. Aceptando esta tesis, evidentemente los sacerdotes son pocos. Pero también podemos abrirnos a la pregunta, si acaso la estructura organizacional no será la inadecuada para el número de sacerdotes actuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El primer camino asume la estructura pastoral como algo rígido, para la cual los ministros son pocos, y se lamenta por la realidad y sus consecuencias. De modo diferente, un segundo camino podría asumir la realidad –incluso acogerla– para abrirse a buscar nuevos modelos estructurales de organización. ¿Cuál de estas actitudes dispondrá mejor a cada iglesia particular a atender a las mociones que el Espíritu le suscita hoy?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando hablamos de cambios estructurales en la organización, nos referimos a aquellas formas que no se pueden modificar sin generar impactos profundos en los demás elementos del ensamblaje organizacional. Por el contrario, al referirnos a formas no-estructurales, aludimos a aquellas que pueden ser reformadas sin que afecten esencialmente los demás elementos de la estructura. Cuando intentamos que los presbíteros re-ordenen sus tareas, sin afectar al resto de los elementos de la organización, permanecemos en las formas no-estructurales. Al contrario, cuando pensamos en nuevas formas, que implican una modificación de otros elementos de la vida eclesial e implican las relaciones con los demás miembros, estamos hablando de cambios estructurales de nuestra organización eclesial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando intentamos hacer cambios no-estructurales, al momento que la realidad exige otra cosa, bien nos podríamos aplicar la parábola del vestido viejo que se parcha con el recorte de uno nuevo, de modo que «lo añadido tira del vestido, y se produce un desgarrón peor» (<em>Mt</em> 9,16). Seguir solo lamentándonos, puede llevarnos a la tristeza y a la desolación, que ya se perciben en algunos círculos. Recordemos que el Papa Francisco nos animó en Chile a «no rumiar la desolación»<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, porque sabemos que eso no es del Espíritu. En cambio, acoger nuestra realidad como un don, antes que vivir lamentándonos o acrecentando nostalgias del pasado, puede ayudarnos a abrirnos a la voz del Espíritu que nos habla y por medio del cual el Señor hace nuevas todas las cosas (cf. <em>Ap</em> 21,5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. Discernimiento sinodal</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Sería, entonces, posible responder a los desafíos de los tiempos por medio de una reforma de las estructuras pastorales, con el objetivo que estas se adapten a la realidad del número de presbíteros en cada iglesia particular? Un camino así podría adentrarnos en la escucha del Espíritu, y hacer de la «falta de sacerdotes» una oportunidad. En el contexto de la reforma sinodal que avanza en la Iglesia, el modo cómo se busquen las respuestas no es indiferente. Necesitamos todos juntos ponernos a la escucha de lo que «el Espíritu dice a las Iglesias» (<em>Ap</em> 2,11), activando la sinodalidad desde las estructuras más pequeñas, pero no menos significativas, de nuestra comunidad. La habilitación de espacios de discernimiento acerca de elementos estructurales de nuestra vida eclesial, y no solo de elementos organizacionales secundarios, puede jugar una función crucial en nuestra disponibilidad a la acción del Espíritu.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El proceso sinodal permanente de escucha y discernimiento, en los consejos pastorales parroquiales y diocesanos, así como en aquellos de las pastorales ambientales, se encuentra ante la posibilidad de volverse altamente significativo en este aspecto concreto de una estructura no adecuada al número de presbíteros de cada iglesia particular. La participación activa de los diversos miembros de la comunidad, por medio de representantes válidos, puede ayudarnos a evitar que una revisión de la estructura organizacional quede sujeta al discernimiento de pequeños grupos o elites dentro del Pueblo de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el discernimiento tendremos que ser cautelosos para no caer en la tentación de la queja nostálgica por la falta de presbíteros, que puede deteriorar nuestra respuesta y encerrarnos sobre nosotros mismos. Hacer camino juntos, «uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a> no consiste solo en «hacer ingeniería», propiciando innovaciones para que cada presbítero pueda responder a más tareas. Recordando que la Iglesia como sujeto colectivo es la responsable de la misión, a menos presbíteros habrá que preguntarse acerca de un modo nuevo de ser «comunidad evangelizadora» (Exhortación apostólica <em>Evangelii Gaudium </em>24), y será objetivamente necesario pensar una estructura pastoral de todo el Pueblo de Dios que reduzca el número de actividades que ellos hoy realizan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Posibles puntos de partida</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se pretende aquí ofrecer soluciones, pero sí presentar algunos nudos, que pueden servir de ejemplo o punto de partida para la pensar de forma situada y sinodalmente el futuro ejercicio del ministerio presbiteral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El clericalismo</em>. Sin lugar a dudas la comprensión piramidal de la comunidad parroquial y de las pastorales ambientales, junto con dañar la vida del Pueblo de Dios, es causa de un desgaste innecesario de los ministros ordenados, que multiplican sus tareas para ocupar todos los espacios. La apertura a que otros asuman responsabilidades en algunos servicios, como consejos pastorales donde realmente se comparta la responsabilidad misionera en el ejercicio del sacerdocio común –al servicio del cual está el sacerdocio ministerial<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a> (<em>Lumen Gentium</em> 10)– podrían ayudar en esta necesaria des-clericalización.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esta misma línea se puede plantear una mayor profundización en la comprensión de la función del diaconado permanente, cuyo proceso de restitución iniciado por el Concilio Vaticano II sigue en progreso. En efecto, si se asume plenamente la consideración de que los presbíteros están destinados <em>ad-sacerdotium</em> y los diáconos <em>ad-ministerium</em> al interior de cada iglesia particular<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>, ¿no podremos revisar el hecho que sea un diácono y no un presbítero quien represente al obispo en los ámbitos directivos de las instituciones de caridad o educacionales diocesanas?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La organización pastoral en las ciudades en rápido crecimiento</em>. Existen ciudades en las cuales su centro antiguo (centro comercial, “casco viejo”) cada vez está menos habitado, pero se mantienen estructuras parroquiales o de santuarios que requieren un alto número de presbíteros y misas dominicales. Paradójicamente, esas mismas ciudades ven crecer la densidad poblacional de sus barrios periféricos, pero no así la disponibilidad de misas dominicales, que resulta considerablemente menor respecto de las áreas menos habitadas. ¿Qué decisiones respecto a la estructura pastoral de estas ciudades se podrían tomar en función de la misión, antes que de la mantención? Seguro que el consejo pastoral de una diócesis que enfrente una realidad así será capaz de ayudar en un maduro discernimiento al respecto, en un proceso en el que puedan participar activamente las parroquias involucradas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La organización pastoral de las parroquias con gran extensión rural</em>. Fue común en Chile que, parroquias con un amplio territorio rural y ante las posibilidades de un número mucho mayor al actual de presbíteros, consideraran oportuno una estructura pastoral que multiplicaba las capillas en diversas localidades para la celebración de la Eucaristía. En ese entonces, ante los dificultosos caminos y las menores posibilidades de movilización de las personas, se trató de una bella y eficiente respuesta el hecho que los sacerdotes se desplazasen hacia estas pequeñas comunidades para ofrecerles la Eucaristía.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, hoy en día, en muchos lugares los caminos y los medios de movilización han mejorado sustancialmente, de modo que los miembros de varias de estas comunidades rurales acceden ordinariamente durante la semana al pueblo donde se encuentra la sede parroquial, o se pueden mover en cuestión de minutos de una a otra capilla. Ante esto, y la creciente migración hacia los núcleos urbanos, ¿no será oportuno revisar esa estructura pastoral, con un delicado discernimiento entre una y otra comunidad, cuando hoy hay un presbítero, donde antes había dos y hasta tres?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya al inicio de los años 70 del siglo pasado Karl Rhaner, mirando la realidad alemana, advertía que los tiempos para hacernos cargo de los cambios no son indiferentes:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«La planificación del futuro ha de hacerse a tiempo. Si se sabe, por ejemplo, que dentro de diez años quizá solo la mitad de las actuales parroquias estarán ocupadas por un sacerdote propio, entonces hay que tomar ya hoy medidas realmente perentorias para poder afrontar esta situación próxima. La planificación a tiempo es precisa, porque ahora se dan todavía posibilidades y condiciones para lo que después será necesario, las cuales desaparecerán si se sigue sin más como hasta ahora, porque nunca habrán sido probadas y experimentadas en la práctica»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos y otros tantos nudos de la estructura organizacional se van haciendo progresivamente más evidentes en las iglesias particulares, un fenómeno que nos desafía a acoger la realidad como lugar teológico donde escuchar el soplo del Espíritu. En efecto, la llamada «falta de sacerdotes» puede transformarse en una oportunidad para la vida de la Iglesia, especialmente en el proceso de conversión sinodal y de transformación misionera de la pastoral, abandonando los implícitos criterios de mantención. Asumir la realidad, situadamente, como punto de partida en nuestro discernimiento, nos puede ayudar a salir de las lamentaciones, para no vivir parchando, sino buscando utilizar el vestido nuevo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La vía que asume la inadecuación de la estructura pastoral de una parroquia o diócesis no niega el legítimo deseo de las iglesias particulares a tener más presbíteros, pero nos ayuda a no absolutizar este deseo, al contraponerlo con la posibilidad de discernir cambios estructurales en nuestra organización, que se adecuen a la realidad tal y como es hoy. Avanzar en esta vía, también puede conducirnos como Pueblo de Dios, incluidos los obispos, a vivir de modo agradecido por los presbíteros que hemos recibido y, por otro lado, a preservar el gozo de quienes participamos en la misión desde el ministerio presbiteral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Diócesis de Talca, Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Responsable Diocesano de Pastoral Vocacional.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, <em>Discurso con motivo del encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas</em>, Catedral de Santiago de Chile, 16 de enero de 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Francisco, <em>Discurso en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos</em>, 17 de octubre de 2015, en Acta apostolicae sedis, CVII, Vaticano 2015, 1138-1144.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Cf. Vitali, D., «Sacerdozio comune e sacerdozio ministeriale o gerarchico: rilettura di una questione controversa», <em>Rassegna di Teologia</em> 52 (2011) 39-60.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cf. Vitali, D., <em>Diaconi. Che fare?</em>, Milano 2019, 156-157.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Rahner, K., <em>Cambio estructural de la Iglesia</em>, Madrid 2014, 73.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Edición 1.204 de La Revista Católica - ¿Quién te ha dado esa autoridad?</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Jan 2020 22:03:17 +0000</pubDate>
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<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/SINOPSIS_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.204</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El estallido social que ha afectado la vida de Chile los últimos tres meses se da a la par de la preparación de la celebración del centenario de la pascua de Santa Teresa de Los Andes. Se trata de dos realidades que parecen contrapuestas, pero que miradas a la luz de la fe encuentran un eco en el corazón de la Iglesia: así como nos regocijamos por el testimonio juvenil de una mujer que amó locamente a Cristo, también nos cuestionamos por las heridas sociales que han llevado a una nación que se creía exenta de problemas a un profundo terremoto institucional. En esa dinámica, la vida de la Iglesia también sufre sus convulsiones, propias y ajenas, y está desafiada a responder a los signos de los tiempos desde su misión de hacer presente el Reino de Dios en medio del acontecer histórico.</h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos dos temas, entre otros, se abordan profundamente en la edición 1.204 de La Revista Católica, última en estar dirigida desde el Seminario Pontificio Mayor de Santiago, y que ahora pasa a prepararse desde la Vicaría para el Clero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Al comenzar este 2020 les deseamos un año lleno del Amor y la Misericordia de Dios, seguros de que si nos dejamos empapar por su gracia, podermos encontrar renovados caminos para ser Iglesia servidora para un Chile nuevo!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4></h4>
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><strong>EDITORIAL</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><em>¿Quién te ha dado esa autoridad?</em></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Han pasado casi tres meses desde el estallido social que cambió el rumbo de Chile. Las manifestaciones ciudadanas masivas de los primeros días, que evidenciaron un malestar transversal en la población y el justo deseo de una mayor dignidad de vida para todos, dieron paso a olas de violencia que se tomaron tanto las calles del país como su debate público. La incontrolable irracionalidad que se verificó en cientos de acciones de frenesí destructivo también se instaló en amplios ámbitos de la discusión política.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tan escandalosa como la inequidad y tan vergonzosa como la delincuencia desatada, resultaron (y siguen haciéndolo) las batallas verbales que ocuparon las cámaras del Congreso, los medios de comunicación y las redes sociales. Así, nos hemos visto expuestos al desfile permanente de una pléyade de figuras, muchas de ellas sin más autoridad que la de una opinión de origen gutural, carentes de empatía y asertividad, que han configurado un escenario de diálogo cívico más parecido a un ring de box que a un areópago donde resuenen las ideas constructivas y no los gritos demoledores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como sociedad y como individuos, pasivos o activos, nos hemos ido intoxicando en un ambiente humano repleto de actores políticos y sociales sin temperancia ni prudencia, que a fuerza de descalificaciones cruzadas y/o de <em>fake news</em>, han tratado de arrogarse la representatividad de “la calle” o “el pueblo” y, de paso, sacar una tajada de beneficio político. Esta irracionalidad ostensible ha sido también un saqueo a nuestra convivencia social y a nuestra frágil amistad cívica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sería injusto desconocer los muchísimos aportes que, pese al escenario caótico, se abren un espacio y, al menos, logran ser escuchados y validados. Provienen sobre todo de representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil que heroicamente se han aventurado a entrar en la arena pública con propuestas lúcidas, con deseos de avanzar hacia una Patria fraterna, caracterizada por la justicia y la dignidad... y sin intereses alternativos, sin miedo a perder capital político de ningún tipo. Ellos son bienaventurados, porque tienen hambre y sed de justicia y porque son artesanos de paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y en medio de este tráfago, muchos critican que la voz de la Iglesia Católica no se ha sentido. Y es cierto, no se ha escuchado, pero no porque no se haya pronunciado, sino por la evidente pérdida de legitimidad social en que nos encontramos como testigos de Cristo. Hoy la voz de la jerarquía no tiene eco en los medios masivos y pocos han dado el paso de buscar vías alternativas para difundir sus posturas. Las declaraciones emanadas de la Conferencia Episcopal y aquellas que cada obispo y comunidades religiosas han realizado hasta ahora, lamentablemente, no pasan de ser una voz más en medio de la jauría. Quienes las han respondido por medio de las redes sociales, sin considerar el fondo evangélico y propositivo de ellas, han refutado la calidad moral de la Iglesia para proponer cualquier tipo de salida a una crisis de la cual también es responsable. En el fondo, como se lo preguntaron alguna vez a Jesús en el templo, hoy lo hacen con nosotros como discípulos suyos: <em>¿Quién te ha dado esa autoridad?</em> (Mt 21,23).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué hacer? Perseverar, seguros de la vocación que hemos recibido de proclamar la Palabra a tiempo y a destiempo (cfr. 2Tm 4,2). Y esto nos exigirá vivir nuestra identidad cristiana profundamente, no dejándonos llevar por las pasiones del debate público que obnubilan cualquier razón. Y aun eso no basta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De cara a este escenario en que nos percibimos desde la impotencia de nuestra poca relevancia social, se debe renovar el compromiso por ser una Iglesia servidora, que colabora en la reconstrucción del tejido social, primordialmente, desde su vivencia testimonial y coherente de la radicalidad evangélica. Esto ha de traducirse en un compromiso firme con la promoción humana, que busca la dignificación de cada persona y el respeto inalienable de sus derechos fundamentales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero junto a ese empeño que ha de ser efectivo y concreto, es necesario ver y juzgar la realidad desde la razón y con mirada sobrenatural. La aproximación racional permitirá una ponderación de los abundantes hechos y opiniones que se sobreponen vertiginosamente, a veces, precarizando la calidad del discernimiento personal y comunitario. Es necesario no caer en las soluciones fáciles, los análisis simplistas y, por sobre todo, no responder desde las ideologías de ningún color político. Ojo que la Iglesia también corre el riesgo del populismo. Pero junto a esto, que es una línea de base para un actuar cívico constructivo, como cristianos debemos siempre integrar la mirada sobrenatural que nos da nuestra fe en Jesucristo, tanto en el escrutinio de los signos de los tiempos como en la respuesta evangélica que estamos llamados a dar. Eso sí, sin ceder a la tentación efectista de querer resultados inmediatos, porque no los habrá.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hoy es tiempo de sembrar nuevas semillas del Reino de Dios, ciertos de que su plenitud solo nos aguarda en un futuro escatológico, pero no menos ciertos de que ese Reino puede y debe adelantarse, y de que es nuestra misión entregar la vida para que eso suceda hoy. La legitimidad de la voz de la Iglesia será entonces, no un activo político que custodiar a cualquier precio, sino la consecuencia natural de una fe vivida con radicalidad, y que podrá ser fermento en una masa que necesita crecer para el bien de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><em><strong>La Revista Católica</strong></em></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/SINOPSIS_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR AQUÍ SINOPSIS DE LA EDICIÓN 1.204</a></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Siete claves para leer la Carta apostólica Aperuit illis - Andrés Ferrada M., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/siete-claves-para-leer-la-carta-apostolica-aperuit-illis-andres-ferrada-m-pbro/</link>
		<pubDate>Sat, 18 Jan 2020 21:47:33 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Andrés Ferrada M., pbro.
Para citar: Ferrada, Andrés,<em> Siete claves para leer la Carta apostólica Aperuit illis</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.469-474.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/AFERRADA_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Siete claves para leer la Carta apostólica <em>Aperuit illis</em>
Andrés Ferrada M., pbro. <strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El lunes 30 de septiembre, memoria litúrgica de san Jerónimo, el Santo Padre Francisco ofreció una nueva Carta Apostólica bajo forma motu proprio. Este documento, titulado <em>Aperuit illis</em>, instituyó el <em>Domingo de la Palabra de Dios</em>, que se celebrará universalmente en la Iglesia Católica el tercer domingo del tiempo litúrgico ordinario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. El nombre: <em>Aperuit illis</em></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Aperuit illis</em> (AI) corresponde a las primeras palabras del texto de la carta apostólica, que arranca con una cita en latín del tercer evangelio: <em>«Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» (Lc 24,45). </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este título dice relación con uno de los últimos gestos de Cristo Resucitado antes de su Ascensión, el cual posibilita que sus discípulos puedan acceder al sentido de la Sagrada Escritura, comprendiendo que «es necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos» (Lc 24,44), sobre todo que «el Mesías debía padecer para entrar en su gloria» (Lc 24,26). Esto es, llegar a entender profundamente el centro neurálgico de la existencia humana y de la misión del Maestro, así como de la historia de la salvación; que hasta ese momento no les había sido posible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La Biblia, por tanto, en cuanto Sagrada Escritura, habla de Cristo y lo anuncia como el que debe soportar los sufrimientos para entrar en la gloria (cf. v. 26). No solo una parte, sino toda la Escritura habla de Él. Su muerte y resurrección son indescifrables sin ella... Es profundo el vínculo entre la Sagrada Escritura y la fe de los creyentes. Porque la fe proviene de la escucha y la escucha está centrada en la palabra de Cristo (cf. Rm 10,17), la invitación que surge es la urgencia y la importancia que los creyentes tienen que dar a la escucha de la Palabra del Señor tanto en la acción litúrgica como en la oración y la reflexión personal </em>(AI 7).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El gesto del Resucitado de abrir el entendimiento a sus discípulos se prolonga en la historia hasta nuestros días. Por eso, el título escogido resume también la idea de fondo que impulsa al Santo Padre a brindar un nuevo documento pontificio: la Palabra de Dios está destinada a todo el Pueblo de Dios y, por lo mismo, es patrimonio común de todos los bautizados y, en sentido más amplio, de toda la humanidad, llamada ser iluminada con su resplandor. Esta es la senda abierta por <em>Dei Verbum</em> y continuada por el magisterio postconciliar, especialmente por <em>Verbum Domini</em>, escritos a los que explícitamente hace referencia, cita y actualiza:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La Biblia no puede ser solo patrimonio de algunos, y mucho menos una colección de libros para unos pocos privilegiados. Pertenece, en primer lugar, al pueblo convocado para escucharla y reconocerse en esa Palabra... La Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los convierte en un solo pueblo</em> (AI 4; cf. <em>Ne</em> 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Por tanto, es bueno que nunca falte en la vida de nuestro pueblo esta relación decisiva con la Palabra viva que el Señor nunca se cansa de dirigir a su Esposa, para que pueda crecer en el amor y en el testimonio de fe</em> (AI 2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. El propósito de la carta:</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La finalidad de la misiva es explícita en los números 2 y 3:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Dedicar concretamente un domingo del Año litúrgico a la Palabra de Dios nos permite, sobre todo, hacer que la Iglesia reviva el gesto del Resucitado que abre también para nosotros el tesoro de su Palabra para que podamos anunciar por todo el mundo esta riqueza inagotable... Por tanto, con esta Carta tengo la intención de responder a las numerosas peticiones que me han llegado del pueblo de Dios, para que en toda la Iglesia se pueda celebrar con un mismo propósito el Domingo de la Palabra de Dios</em> (AI 2).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Así pues, establezco que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios... Domingo de la Palabra de Dios (</em>AI 3<em>).</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por eso no se debe entender este domingo como un evento que se suma a una serie de otras efemérides o recuerdos anuales, si no que debe ayudar a que durante todo el año se vivencie una cercanía vital y renovadora con la Palabra de Dios:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el Pan en la comunidad de los creyentes</em> (AI 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En fin, este propósito es antiguo, contemporáneo a los textos bíblicos mismos:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Que el domingo dedicado a la Palabra haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra «está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas» (Dt 30,14)</em> (AI 15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. Espíritu de unidad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El III Domingo del Tiempo Ordinario, si no coincide, siempre es cercano a la semana de oración por la unidad de los cristianos, que en casi todo el mundo se celebra del 18 al 25 de enero. Se trata de la iniciativa gestada por el entonces pastor episcopal Paul Watson que, en 1908, propuso un «octavario de oración» para impulsar el ecumenismo en torno a la fiesta de la iluminación de san Pablo, que en el encuentro con Jesucristo Resucitado alcanzó la plenitud de la fe.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La experiencia de Pablo, que esa fiesta conmemora, no solo dice relación con la unidad de todos los cristianos, sino también con nuestros hermanos mayores, los judíos, y, en realidad, también con todos los creyentes y quienes buscan a Dios con sinceridad, aun sin saberlo. De ahí el valor dialogal del Domingo instituido por el Papa, ecuménico e interreligioso:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Domingo de la Palabra de Dios </em><em>esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios. Este se colocará en un momento oportuno de ese periodo del año, en el que estamos invitados a fortalecer los lazos con los judíos y a rezar por la unidad de los cristianos. No se trata de una mera coincidencia temporal: celebrar el Domingo de la Palabra de Dios expresa un valor ecuménico, porque la Sagrada Escritura indica a los que se ponen en actitud de escucha el camino a seguir para llegar a una auténtica y sólida unidad </em>(AI 3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Medios</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La celebración del Domingo de la Palabra de Dios supone la realización de algunas actividades para que el Pueblo de Dios pueda revivir el gesto de Cristo Resucitado que abre a los creyentes el entendimiento profundo de las Escrituras. El Papa propone varias:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>...que en la celebración eucarística <strong>se entronice el texto sagrado</strong>, a fin de hacer evidente a la asamblea el valor normativo que tiene la Palabra de Dios... destacar su proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace a la Palabra del Señor... celebrar el rito del Lectorado o confiar un ministerio similar para recordar la importancia de la proclamación de la Palabra de Dios en la liturgia... encontrar el modo de entregar la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia de seguir en la vida diaria la lectura... con una particular consideración a la lectio divina</em> (AI 3).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Entre todas ellas, ciertamente, la predicación y actualización cobra especial valor, sobre todo porque los pastores «<em>deben sentir con fuerza la necesidad de hacerla accesible a su comunidad</em>» (AI 4), especialmente en la homilía, dado que «<em>de hecho, para muchos de nuestros fieles esta es la única oportunidad que tienen para captar la belleza de la Palabra de Dios y verla relacionada con su vida cotidiana</em>» (AI 4).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta realidad conlleva una serie de consecuencias pastorales ineludibles respecto de la homilía (AI 5):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Dedicar el tiempo apropiado para prepararla.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Evitar la improvisación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Esfuerzo de no alargarla desmedidamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Que provenga de la oración y meditación personal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">- Que alcance los corazones de las personas que escuchan.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Respecto del ministerio eclesial de los catequistas se puede decir algo semejante, sobre todo que tengan «<em>familiaridad</em>» y «<em>estudien</em>» las Sagradas Escrituras, «<em>para favorecer un verdadero diálogo entre quienes los escuchan y la Palabra de Dios</em>» (AI 5).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>5. Palabra de Dios y Eucaristía</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Concilio Vaticano II se reflexionó con profundidad la relación y presencia de la Palabra de Dios en la liturgia, particularmente en la Eucaristía. En efecto, ha puesto de manifiesto las dos facetas del Pan de vida (cf. <em>Jn</em> 6) que la Iglesia ofrece en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. <em>Dei Verbum</em>, 21; <em>Sacrosanctum Concilium</em>, 56).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como a los discípulos de Emaús (cf. <em>Lc</em> 24), el Señor en la Eucaristía nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan. Así enciende nuestros corazones del ardor de su presencia y del sentido de su pasión; así como nos dispone a la misión, poniéndonos de camino para ir a alentar a los hermanos y hermanas que están desorientados y/o desalentados. Por eso mismo, la Palabra de Dios celebrada en la liturgia nos lleva a una vivencia profunda de la comunión entre los miembros del Santo Pueblo de Dios:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El contacto frecuente con la Sagrada Escritura y la celebración de la Eucaristía hace posible el reconocimiento entre las personas que se pertenecen... Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera... La Sagrada Escritura y los Sacramentos no se pueden separar</em> (AI 8).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>6. Acción del Espíritu Santo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La celebración de un domingo dedicado a la Palabra de Dios dice relación con la finalidad de la Iglesia misma. «<em>Ella existe para evangelizar</em>» (Pablo VI, <em>Evangelii Nuntiandi</em> 14) y, por lo mismo, portar la salvación de Dios a todos las mujeres y los hombres, precisamente en la comunicación íntima con el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. El Señor Resucitado, Palabra viva de Dios, actúa por medio de su Espíritu y comunica la salvación. Este dinamismo se aprecia en las Sagradas Escrituras, que inspiradas por el Espíritu Santo, comunican y enseñan la verdad para nuestra salvación» (cf. <em>2Tm </em>3,15; <em>Dei Verbum</em>, 11) y, por lo mismo, deben ser leídas bajo el influjo del Espíritu Divino (<em>Dei Verbum</em>,<em> </em>12):</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>La acción del Espíritu Santo no se refiere solo a la formación de la Sagrada Escritura, sino que actúa también en aquellos que se ponen a la escucha de la Palabra de Dios... «se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita» (Const. dogm. </em><a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"><em>Dei Verbum</em></a><em>, 12). Con Jesucristo la revelación de Dios alcanza su culminación y su plenitud; aun así, el Espíritu Santo continúa su acción... Por tanto, es necesario tener fe en la acción del Espíritu Santo que sigue realizando una peculiar forma de inspiración cuando la Iglesia enseña la Sagrada Escritura, cuando el Magisterio la interpreta auténticamente (cf. </em><a href="http://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html"><em>ibíd</em></a><em>., 10) y cuando cada creyente hace de ella su propia norma espiritual </em>(AI 10).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Cuando la Sagrada Escritura se lee con el mismo Espíritu que fue escrita, permanece siempre nueva. El Antiguo Testamento no es nunca viejo en cuanto que es parte del Nuevo, porque todo es transformado por el único Espíritu que lo inspira. Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra. Jesús mismo lo afirma claramente al comienzo de su ministerio: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Quien se alimenta de la Palabra de Dios todos los días se convierte, como Jesús, en contemporáneo de las personas que encuentra; no tiene tentación de caer en nostalgias estériles por el pasado, ni en utopías desencarnadas hacia el futuro</em> (AI 12).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>7. Caridad</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Sagrada Escritura en cuanto Palabra de Dios, por la acción del Espíritu Santo que la anima, conduce a quien la escucha y la acoge a producir frutos de amor y caridad, especialmente de reconciliación y misericordia. En efecto, quien acoge de verdad la Palabra que da vida en su existencia, entra necesariamente en una dinámica personal y comunitaria de comunicación de los dones que ha recibido de Dios con todos los hermanos y hermanas, sin distinción y sin condiciones de ningún tipo; portando la paz, el perdón y la ternura en las distintas dimensiones de la vida humana, la familia, la sociedad y el medio ambiente:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Otra interpelación que procede de la Sagrada Escritura se refiere a la caridad. La Palabra de Dios nos señala constantemente el amor misericordioso del Padre que pide a sus hijos que vivan en la caridad... Escuchar la Sagrada Escritura para practicar la misericordia: este es un gran desafío para nuestras vidas. La Palabra de Dios es capaz de abrir nuestros ojos para permitirnos salir del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad</em> (AI 13).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Virgen María es la más fiel y auténtica oyente de la Palabra y, por lo mismo, ícono de quien está a su servicio, anunciándola profética y principalmente a través de una vida totalmente iluminada por ella. Por eso, ella es la bienaventurada por excelencia:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>En el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho (cf. Lc 1,45). La bienaventuranza de María precede a todas las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús para los pobres, los afligidos, los mansos, los pacificadores y los perseguidos, porque es la condición necesaria para cualquier otra bienaventuranza. Ningún pobre es bienaventurado porque es pobre; lo será si, como María, cree en el cumplimiento de la Palabra de Dios</em> (AI 15).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">NOTAS</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Oficial de la Congregación para el Clero de la Santa Sede.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_author><![CDATA[Diácono Permanente Manuel Chávez]]></wp:comment_author>
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			<wp:comment_date><![CDATA[2020-01-20 23:28:32]]></wp:comment_date>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Excelente. Muchos fieles no están familiarizados con la Sagrada Escritura. Es una muy 
buena ocasión para que lo hagan. Es muy importante que sea un hecho permanente y no de un día como dice el Santo Padre]]></wp:comment_content>
			<wp:comment_approved><![CDATA[1]]></wp:comment_approved>
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		<title>OPINIÓN. Los vínculos y la pertenencia - Francisca Lewin O.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/opinion-los-vinculos-y-la-pertenencia-francisca-lewin-o/</link>
		<pubDate>Sat, 18 Jan 2020 21:47:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">http://revistacatolica.cl/?p=2194</guid>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Francisca Lewin O.
Para citar: Lewin, Francisca,<em> Los vínculos y la pertenencia</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.419-420.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/FLEWIN_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Los vínculos y la pertenencia
Francisca Lewin O. <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Fundación Paternitas</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Me es imposible soñar un Chile del futuro sin aproximarme a los distintos Chiles que he vivido en mi historia y en sus rincones: por un lado el Chile de la prosperidad económica, de exorbitantes tasas de crecimiento que por años ha liderado los más diversos rankings numéricos y que se autoproclama como el  “jaguar de América”… Por otro lado, el Chile de mi infancia. Del campo profundo. Aun huelo con la distancia del tiempo el polvo de las calles de tierra y recorro mentalmente sus pasajes con personas sentadas en la parte delantera de sus casas, familias que sonreían, gratuitamente, a todos los que pasábamos delante de ellas. Abuelos, padres y nietos juntos construyendo su historia e identidad en torno a un pan amasado recién sacado del horno. No existía el apuro sino más bien las ganas de vivir intensamente, compartiendo los detalles más insignificantes de la vida: el Chile de los vínculos y la confianza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siento, con cierta tristeza, que nuestro país creció expansivamente a costa y muchas veces en contraposición a su esencia. El apuro, las “oportunidades” y la vorágine llegó a llenar todos los espacios de nuestra cotidianidad generando distancia entre quienes habitamos esta geografía. Un individualismo exacerbado en el que pareciera que entre padres e hijos hay cinco generaciones de distancia y es que, apostando por la calidad y, sobre todo, la cantidad, sacrificamos nuestra esencia, perdimos nuestros rincones y lo que es más triste aun, dejamos de darnos el tiempo para estarnos; vivirnos y cohabitar en este país de contrastes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El resultado: un país que pareciera que por surgir debe renegar a su pasado humilde llenando sus casas de “marcas” pues supuestamente ahí estaría un mejor futuro para sus hijos. Chile ha crecido desde la contradicción y no desde la complementariedad y quizás sea esa nuestra mayor herida, porque aun con todas las oportunidades del mundo a nuestros pies, nuestro origen nos interpela a buscar lo más constitutivo de nuestra patria: los vínculos y la pertenencia. El alma y el hogar perdidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Qué ganas que nos produjeran orgullo todas nuestras tradiciones! Valorar el huaso, el gaucho magallánico, el atacameño y nuestra artesanía que es fruto de una dedicación y trabajo silencioso y de horas; en vez de transformarlas en estereotipos o prejuicios. Y que por muy lejos que lleguemos en lo productivo, siempre vistamos de lo que somos sin renegar de lo mucho que nos pudo haber costado llegar a donde estamos. Lamentablemente, hemos querido esconder quiénes somos atrás de uniformes y he ahí muchas veces la deslegitimidad de las instituciones. Hemos sobrevalorado el poder que nos da un uniforme, por sobre a la humanidad de quien lo habita, y así, hemos atropellado a otros, creyéndonos superiores no por ser mejores, si no por tener poder.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creímos que el futuro se podía comprar y gracias a Dios, nos hemos defraudado. El futuro no se compra por más tarjetas de crédito, uniformes y disfraces que podamos tener. El futuro se conquista paso a paso. Estando, construyendo, decidiendo, equivocándonos: siendo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sueño en tal sentido con un país que se re-construya desde estos pilares: vínculos, pertenencia, confianza y libertad. Alas que no son un bien de consumo si no que se forjan en el núcleo del hogar a través de vínculos incondicionales donde al sentirme amado, puedo volver y desde donde puedo conquistar con fuerza mi futuro. Refugio seguro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con este Chile es el que sueño: en el que todos sus habitantes se sientan protagonistas del cambio, interpelados por los tiempos a ser mejores personas, más conscientes de sus derechos pero también de sus responsabilidades. Personas libres. Libertad que depende de mí y no de lo que otros me den o de las instituciones. Complementar las oportunidades del presente y del desarrollo con lo esencial de nuestra historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En suma: un país no puede crecer sin incorporar su historia y esencia. Tanto porque a ella pertenecemos como porque solo desde ella satisfacemos nuestros mayores anhelos. Lo lejos que podamos llegar depende de cada uno de nosotros, y dejaremos de culpar o exigírselo al resto, en la medida que creamos en nosotros mismos. Solo así seremos libres y auténticos, solo así creceremos en armonía y confianza, y sentiremos que todos formamos parte de este Chile de contrastes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Trabajadora social, coordinadora general de proyectos en Fundación Paternitas, donde hace más de nueve años lidera programas de reinserción socio laboral. Actualmente, además, junto a sus responsabilidades como madre, es alumna del magíster de políticas públicas de la Universidad Católica de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Transhumanismo: Inmortalidad y trascendencia - Albert Cortina</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/transhumanismo-inmortalidad-y-trascendencia-albert-cortina/</link>
		<pubDate>Sun, 26 Jan 2020 13:53:48 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Albert Cortina
Para citar: Cortina, Albert,<em> Transhumanismo: Inmortalidad y trascendencia</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.497-507.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/ACORTINA_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;"><em>Transhumanismo</em>: Inmortalidad y trascendencia
Albert Cortina <strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
Abogado y urbanista. Director del Estudio DTUM</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>1. Vivir para siempre</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Probablemente desde su origen, desde que tuvo conciencia de sí mismo y de su propia vida, el ser humano descubrió su vulnerabilidad, su fragilidad, su mortalidad y su caducidad como individuo ante un inmenso mundo ignoto. Tal vez por eso siempre ha ansiado la inmortalidad. Pues bien, ya existe al menos una empresa que ofrece poder vivir para siempre como un avatar digital.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La empresa Eternime (<a href="http://eterni.me/">http://eterni.me/</a><u>)</u> ofrece sus servicios para que las personas en el futuro puedan interactuar con los recuerdos, historias, ideas y voz de una persona ya fallecida casi como si estuvieran hablando con ella en el presente. La citada empresa, que publicita sus servicios bajo el eslogan “Vuélvete virtualmente inmortal” recopila dichos, pensamientos, historias y recuerdos y crea un avatar inteligente que se parece a la persona fallecida. Ese avatar, anuncian, vivirá para siempre y permitirá que otras personas en el futuro accedan a los recuerdos de sus personas queridas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Parece que Eternime quiere preservar para la eternidad los recuerdos, las ideas, las creaciones y las historias de miles de millones de personas. Según ellos, sería como una gran biblioteca que tendría personas en lugar de libros, o una historia interactiva de las generaciones actuales y futuras. “Un tesoro invaluable para la humanidad”, afirma dicha corporación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero, realmente, ¿Quién quiere vivir para siempre? En estos inicios del siglo XXI, el transhumanismo se presenta como una utopía cuyo propósito último es vencer a la muerte por medios científicos y tecnológicos. Lo mismo promete el cristianismo a través de la Resurrección de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, el transhumanismo promete romper las limitaciones biológicas y rediseñar radicalmente a la humanidad, transformando biotecnológicamente la naturaleza y la condición humana hasta alcanzar en un futuro no muy lejano una nueva condición posthumana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El transhumanismo no aspira, pues, a transfigurar a la persona y al conjunto de la humanidad según el espíritu del Creador. Más bien, entre las pretensiones de sus defensores están extender la esperanza de vida o llegar a una superlongevidad, aumentar y potenciar los sentidos y las capacidades físicas,  incrementar la memoria y las capacidades cognitivas, y usar, en general, la tecnología para mejorar las condiciones humanas biológicas. Para este neognosticismo materialista y tecnológico el cuerpo humano es defectuoso y habría que sustituirlo por otro soporte no biológico preservando la mente y lo que ellos llaman la “conciencia”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si el humanismo puede verse como una especie de religión laica, el transhumanismo definiría su escatología. Esta escatología presupone una determinada comprensión de la naturaleza humana y de su destino. ¿Es esta visión totalmente incompatible con la que ofrece el cristianismo? ¿Puede haber un transhumanismo cristiano? ¿En qué términos? ¿En qué consiste la mejora que llevará al hombre más allá de sí mismo a este estado posthumano o suprahumano del que hablan algunos de los representantes de este movimiento?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La profesora Miriam Fernández en su ponencia “<em>¿Un transhumanismo cristiano? Vladimir Soloviev y el cosmismo ruso” </em>presentada en el Curso de verano de la Universidad Complutense (UCM) y la Universidad Eclesiástica San Dámaso (UESD) titulado <em>El humanismo a debate en el siglo XXI</em>, celebrado en Madrid del 8 al 10 de julio de 2019, argumentó detalladamente cómo a su entender el cosmismo ruso es un precedente claro y reconocido de las tesis transhumanistas. Me basaré en su magnífico análisis para abordar la relación entre transhumanismo e inmortalidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cosmismo fue un movimiento utópico que se consolidó a fines del siglo XIX para ofrecer una interpretación del fenómeno de la vida sobre nuestro planeta y de la actuación y misión del hombre como su manifestación más compleja. Entre los temas característicos del cosmismo puede citarse el papel del ser humano en su propia evolución y en la evolución cósmica, la creación de nuevas formas de vida incluyendo un nuevo nivel de humanidad, una extensión ilimitada de la longevidad humana hasta llegar a la inmortalidad, la resurrección física de los muertos o la exploración y colonización del cosmos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cosmismo, según explicó la profesora Fernández, es un movimiento difuso y variopinto en lo que hace a sus representantes. Se consideran afines al cosmismo escritores de la talla de Dostoievski o Tolstoi, o a filósofos como Soloviev, Florenski, Bulgakov o Berdiáev. En los primeros años de la Unión Soviética se desarrolló una variante científica a la que pertenecieron entre otros, el físico Konstantin Tsiolkovski, quien fuera impulsor de la carrera espacial soviética, o Vladímir Vernadski, al que se debe el concepto de noosfera que en Occidente tomó y desarrolló el antropólogo y jesuita Teilhard de Chardin.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Simplemente atendiendo a los temas característicos del cosmismo mencionados anteriormente, queda patente su proximidad a los temas transhumanistas. No obstante, si exceptuamos la rama científica que se desarrolló en la Unión Soviética, la inmensa mayoría de representantes del cosmismo eran cristianos convencidos, algo que, probablemente, no sea uno de los rasgos característicos de los transhumanistas y posthumanistas actuales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>2. La belleza es la medida de la perfección de la Creación, de su espiritualidad, su bondad, verdad y plenitud.</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El filósofo cosmista Nikolai Fiodorov proclamaba ser un ferviente cristiano, y veía la esencia del cristianismo en Cristo, quien trajo con su resurrección la novedad de la posibilidad de una victoria frente a la muerte. Durante toda su vida y a lo largo de su obra Fiodorov mantuvo la convicción de que esta victoria debe producirse y se producirá con la participación de las fuerzas creativas y el trabajo de la humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señala MiriamFernández, Fiodorov sostenía que el proceso evolutivo se dirige hacia un incremento de la conciencia y la inteligencia y del papel de estas en el desarrollo de la vida. La humanidad es la culminación de la evolución natural, puede y debe dirigir el proceso evolutivo en la dirección que le dicta su razón, pero también su moralidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El mundo no es algo dado, debemos contemplarlo también desde una perspectiva deontológica, vislumbrar cómo debería ser, y también desde la perspectiva de su desarrollo teoantropológico a través del ser humano. No debemos ver la historia objetivamente, esto es, sin implicarnos en ella, ni subjetivamente, sino proyectivamente, esto es, transformando nuestro conocimiento del mundo en el proyecto de un mundo mejor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Inmerso en esta perspectiva evolutiva Fiodorov entiende al ser humano como un ser intermedio, en proceso de desarrollo, muy lejos de la perfección, pero llamado a transformar, consciente y creativamente, el mundo exterior y su propia naturaleza. Puesto que el principal rasgo de la imperfección humana es la muerte, la lucha contra ella debe ser la causa común que unifique a toda la humanidad. Fiodorov pensó que la muerte y la existencia tras la muerte deberían ser sujeto de una investigación científica profunda, y la consecución de la inmortalidad y la resurrección los principales objetivos de una ciencia, que debe abandonar los laboratorios para ser propiedad común de todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal y como expuso en el curso antes citado la profesora Fernández, conseguir la inmortalidad y la resurrección de todos aquellos que estuvieron con nosotros son dos fines inseparables para Fiodorov. La inmortalidad es imposible ética y físicamente sin la resurrección de los que nos dejaron. No podemos permitir que nuestros ancestros, aquellos que nos dieron la vida permanezcan enterrados ni que nuestros familiares y amigos deban morir. Que el individuo alcance la inmortalidad para sí mismo y para futuras generaciones es solo una victoria parcial sobre la muerte, solo es el primer estado, la victoria definitiva se alcanzará cuando todos hayan resucitado y se hayan transformado para disfrutar de una vida inmortal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La resurrección de los que vivieron en el pasado no puede ser solo la recreación de su forma física pasada, porque es imperfecta y se centra en una existencia mortal. La idea de Fiodorov es transformarla en una forma autocreadora, controlada por la razón y capaz de renovación infinita. Aquellos que no han muerto deben pasar por la misma transformación, deben convertirse en creadores y organizadores de sus propios organismos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, el filósofo ruso es consciente de que se ha perdido el sentido de unidad con la naturaleza. Hemos olvidado que un ser humano no actúa de manera aislada, sino como parte orgánica de la naturaleza, de la Creación, y que esta es una obra divina. Hemos olvidado, en resumidas cuentas, que somos hijos de Dios hechos a su imagen y semejanza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para la cosmovisión cristiana, el Dios Trinitario que es el mismo Dios-Amor, creó al ser humano como un ser destinado a hacerse libre de la necesidad natural gracias a su propio esfuerzo. A través de la humanidad, Dios actúa en la historia para dar cumplimiento a la promesa del cristianismo: la transfiguración de la naturaleza y la resurrección de los muertos. La historia es el lugar en el que culminará la Creación, el punto de encuentro entre la energía creadora humana y la divina. El ser humano es, así, parte del proceso evolutivo pero, a la vez, es un factor capaz de incidir en la evolución, en el mundo circundante y en su propio ser. De ahí que en su estado actual, para el filósofo cosmista Fiodorov, el ser humano sea un ser intermedio, imperfecto pero a la vez creativo, consciente y con vocación transformadora.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este modo de entender la naturaleza creativa del ser humano propio del cosmismo es también uno de los rasgos definitorios de su utópica propuesta teórica. Puesto que para el cosmismo el ser humano es un <em>homo creator</em>, no es sorprendente que la relación del hombre con el cosmos sea ante todo una relación estética. Lo que se espera del hombre no es una contemplación pasiva y estática de la belleza de este mundo, sino una contribución activa que haga del mundo un cosmos, se espera un acto creativo que supere los elementos oscuros y caóticos de la naturaleza, de la monstruosidad resultante de su estado de caída que se manifiesta en la muerte, la descomposición y la voracidad imperantes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señala la profesora Miriam Fernández, la belleza en la filosofía del cosmismo más que una categoría estética es una categoría ontológica. Es la medida de la perfección de la Creación, de su espiritualidad, su bondad, verdad y plenitud.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El ser humano como máxima expresión de esta propiedad es también extremadamente sensible a su ausencia y aspira a aumentar la armonía en todas las esferas de la vida. La belleza de este mundo actúa como regulador del comportamiento humano, es una guía para el hombre en la realización de su propósito evolutivo, que no es otro que conquistar el caos, vencer la entropía y hacer de este universo ilimitado un cosmos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la visión del cosmismo cristiano, la ciencia en sí misma debe cambiar radicalmente para transformarse moralmente. Debe ir más allá de los experimentos y observaciones de laboratorio y salir al mundo, debe trabajar no al servicio de la destrucción mutua, no en nombre de una sociedad de consumo, no en beneficio de unos pocos elegidos y privilegiados, no persiguiendo fines egoístas, sino al servicio de la salvación y la regulación de la vida de todos y cada uno de los seres humanos y de la vida en nuestro planeta.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>3. El ser humano aspira a la trascendencia</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para algunos autores transhumanistas de aquí a pocas décadas morir será opcional. Sueñan con lograr “la muerte de la muerte”. Los profetas de este movimiento afirman que gracias a los avances tecnológicos a mediados de este siglo seremos capaces de parar el proceso de envejecimiento y extender indefinidamente la esperanza de vida, incluso hasta poder alcanzar la inmortalidad. Algunos biogerentólogos transhumanistas como Aubrey de Grey están ya empezando a hablar por primera vez en la historia de que el envejecimiento es una enfermedad curable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En esa línea tecno-entusiasta, la empresa biotecnológica de Google denominada Calico, acrónimo de <em>California Life Company </em>( <a href="https://www.calicolabs.com/">https://www.calicolabs.com/</a>) fue fundada en el año 2013 con el objetivo de alargar la vida humana mediante la tecnología. La empresa estudia los mecanismos y las causas de los procesos degenerativos para desarrollar herramientas que permitan tratar diferentes enfermedades asociadas a la edad. Para ello, cuenta con un equipo científico multidisciplinar que comprende especialidades como la medicina, la genética o la biología nuclear. La científica Cynthia Kenyon, vicepresidenta de Calico cree fervientemente que su corporación encontrará respuestas a uno de los misterios más grandes de la humanidad: el envejecimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, cabe preguntarse sinceramente si la tecnología logrará proporcionarnos la inmortalidad como promete el transhumanismo. ¿Deberemos aprender a vivir para siempre en un flujo de datos con conciencia de sí mismos?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Max More, CEO de<em> Alcor Life Foundation</em> lanzó en los años 90 la idea optimista sobre la posibilidad de mejorar la condición humana mediante la tecnología. Tanto More como posteriormente los defensores de la corriente transhumanista creen sinceramente que la especie humana puede ampliar su potencial a través de una integración biotecnológica, acelerar el proceso evolutivo y convertirse en una especie inmortal. Por ello, apuestan por “favorecer la libertad morfológica, el derecho a modificar y mejorar el propio cuerpo, la cognición y las emociones”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las premisas de las que parten los transhumanistas son básicamente desde una cosmovisión del ser humano atea o secular. “La religión lo envenena todo”, declaró hace algún tiempo Christopher Hitchens - miembro del movimiento ateo radical <em>New Atheist</em> –  “y solo puede ser considerada, como mucho, el primer y peor intento de la humanidad de resolver las cuestiones existenciales”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, recientemente, algunos ateos empiezan a darse cuenta de que la Ilustración solo pudo tener éxito en Occidente porque influyó en una sociedad cristiana. En una sociedad verdaderamente secular, en la que los hombres viven alejados del Dios-Amor y en la que tan solo esperan ser reciclados o descartados por obsoletos, o bien, modificados genéticamente para ser mejorados en lugar de esperanzados por la promesa de la resurrección para la vida eterna, posiblemente en ese tipo de sociedad no haya una base sólida moral que permita distinguir de forma cierta entre el bien y el mal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cabría pues preguntarse si el proyecto ateo o secular que se ha ido desplegando en nuestras sociedades da algún tipo de esperanza al ser humano individual y a la humanidad frente al hecho inapelable de la muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señaló la profesora Miriam Fernández en su ponencia “<em>Un transhumanismo cristiano? Vladimir Soloviev y el cosmismo ruso”, </em>antes citada, el pensador religioso y místico Vladimir Soloviev, integrante de la corriente cosmista rusa conoció a Fiodorov en 1881, cuando las líneas de su filosofía ya estaban establecidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una de sus cartas dirigidas al citado filósofo, Soloviev pone el acento en que “el camino hacia el Reino de Dios tiene un carácter religioso y no científico” y debe apoyarse, ante todo, en una humanidad unida por la fe y no solo en el trabajo humano de científicos e intelectuales. El proyecto de Fiodorov, según Soloviev, corre el riesgo de “perder de vista a Dios tras los logros humanos”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soloviev entiende la naturaleza humana en sentido dinámico, la verdadera esencia humana existe solo como posibilidad. Potencialmente los seres humanos son formas capaces de albergar un contenido absoluto, esto es, a Dios. La concepción del ser humano de Soloviev, según Miriam Fernández es inseparable de la de Dios, al que también entiende dinámicamente y que se manifiesta, según este pensador, como el “héroe y protagonista del drama universal de la historia del cosmos, un drama que conducirá al ser humano a la salvación y la liberación de la muerte”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así, la esencia de la humanidad es más bien un proyecto orientado al futuro. La humanidad está implicada, según Soloviev, en el movimiento de perfilar a través de la historia los contornos de la humanidad ideal del fin de los tiempos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como apunta en <em>La belleza en la naturaleza</em> la evolución es un proceso gradual y creciente de encarnación de la luz divina en la materia amorfa y caótica, de espiritualización de la materia. Este proceso de interacción entre la luz y la materia es gradual: primero se produce en la esfera inorgánica creando el reino mineral, después en el reino vegetal. Seguido del animal hasta que, por último, aparece en el reino humano. Con él, el proceso de evolución orgánica natural culmina y llega a su fin, pero no es el fin del proceso cosmogónico. Queda un último reino por venir, el Reino de Dios, cuya llegada sí supondría el fin de la historia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La profesora Fernández señala que un cambio fundamental se produce en la cosmogonía con la aparición del ser humano, pues es ya un organismo perfecto, lo máximo que la vida orgánica puede crear por sus medios. Su aparición es un suceso sin precedentes en el desarrollo evolutivo del cosmos y marca una discontinuidad radical. Tras su aparición la cosmogonía se transforma en historia. La novedad que introduce la humanidad y que causa esa discontinuidad es la conciencia y la razón humana, una razón que Soloviev entiende como <em>ratio</em>, como poder de relacionarse en sí mismo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al ser un tipo de relación demanda un contenido que no produce por sí misma. Lo que el hombre por su naturaleza y en esencia está llamado a relacionar es lo divino y lo material. El papel del ser humano en el drama cósmico es, así, el de intermediario o mediador entre lo divino y lo natural.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como bien señaló Miriam Fernández en su magnífica ponencia presentada en el curso de verano antes citado, para Soloviev, esta tarea común para la humanidad no consiste en derribar algo viejo, ni en construir nada nuevo, no se trata de crear el Reino de Dios en la tierra, pues ya existe y, como repite en numerosas ocasiones Soloviev, no es de este mundo, sino poner en marcha el proceso histórico que permita que el Reino venga a nosotros. No es una creación humana en sentido estricto pues es también objeto de revelación. La posibilidad de que el Reino venga yace en la convicción propia de toda la filosofía religiosa rusa de la inexistencia de una división ontológica entre este mundo y el divino, convicción esencial en la visión de Soloviev.  Lo espiritual habita en lo material y en esto reside la plenitud de ambos, en su unión y en su separación al mismo tiempo como principios independientes. Para Soloviev, lo espiritual está presente en lo terreno, al margen, y, a veces, a pesar e independientemente de las acciones humanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong> </strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>4. Muerte, transfiguración y resurrección</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El ser humano está llamado a ser copartícipe de Dios, y es, en este sentido, rey de lo creado. Pero su reinado deriva del de Cristo y no debe olvidarlo. Si la aparición del ser humano supuso una discontinuidad radical en el proceso cosmogónico, la encarnación de Cristo es, por sus implicaciones para la humanidad y el mundo, el fenómeno histórico decisivo y central del despliegue y desarrollo del cosmos. Soloviev, como hiciera Fiodorov, entiende que el significado del cristianismo más que en sus dogmas está en la persona de Cristo mismo. Su encarnación es un nuevo paso en la evolución de la creación, una discontinuidad aun más radical que la aparición del ser humano y la culminación de todo el proceso cosmogónico. En Él, Dios materializa el espíritu y Cristo espiritualiza la materia. Si la naturaleza aspiraba al hombre, el ser humano aspira a Cristo, el Logos encarnado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Cristo la naturaleza humana trasciende los límites de su finitud, la interioridad del Reino que el hombre descubre en su interior como ideal se dispara hacia Dios. Cristo se diviniza no a pesar de su humanidad, sino precisamente por ella. Él fue capaz de modelar su humanidad para albergar a Dios. La encarnación no es un descenso estático. Al igual que la humanidad, Cristo también tenía una misión que cumplir: la de adecuar su humanidad a Dios, haciéndola una forma apta para recibirle. La culminación de ese proceso es la victoria sobre la muerte, la transfiguración y resurrección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cristo conforma su humanidad a Dios por un acto libre de su voluntad racional y humana. Lo divino solo se realiza dentro de la humanidad de Cristo en la medida en la que su conciencia renuncia voluntariamente a sí misma y se hace obediente a la voluntad absoluta de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El reinado del ser humano sobre el orden creado deriva del de Cristo y éste en sí mismo emana del autovaciamiento voluntario hasta la muerte en la cruz. Si lo que el ser humano quiere es un auténtico reinado sobre el mundo material, debe entrar en la <em>kénosis</em> de Cristo, renunciar a su deseo desenfrenado de dominar la naturaleza, de usar y abusar de ella, de elevarse sobre ella para fines puramente materiales o sensibles persiguiendo deseos egoístas y subjetivos. En cierto sentido, la actividad que se exige y espera del ser humano es, de hecho, una pasividad activa y conscientemente adquirida, un tipo de retirada, un rechazo consciente a objetivar en este mundo, nuestros deseos y dominarlo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La humanidad para Soloviev debe abandonar esa mirada objetivadora y dominadora sobre el mundo material, dejarlo ser, y con esta retirada obtener una conexión más profunda, pero no a través de la voluntad o la razón, sino a través del sentimiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No obstante, el ser humano no es creador en sentido absoluto pues su creatividad supone la recepción de poderes creativos más elevados. La auténtica creatividad humana más que una actividad orientada a un fin concreto, es una radical apertura al ser divino y puede que tenga más de receptividad que de creatividad tal y como se entiende habitualmente. Es esta receptividad la que es capaz de crear belleza verdadera.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señala la profesora Fernández, para Vladimir Soloviev la belleza es signo del grado de plasmación de la idea divina en el mundo material, de espiritualización de la materia y el ser humano la criatura más bella y también el ser dotado de más conciencia, lo que le hace no solo portador de la belleza sino también un sujeto agente llamado a acelerar e impulsar la espiritualización y la divinización del mundo, envolviéndolo en belleza e incorruptibilidad.  La creación humana debe continuar la tarea artística que comienza en la naturaleza, pero en un nivel más elevado y perfecto, pues la belleza natural solo cubre con su manto luminoso a las fuerzas caóticas que dominan el mundo material, pero no “las vence”.  El ser humano debe introducir el principio ético en la realidad material para hacer de este mundo un cosmos verdadero, en el que el bien y la verdad se realicen efectivamente en la belleza.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este sentido, recuperar y dar nueva vida a la humanidad como un todo es de crucial importancia. El Papa Francisco, en su encíclica<em> Laudato si’ </em>acude a la idea de parentesco, de pertenencia a una familia. La familia humana que custodia la creación, nuestra casa común, mediante la unión libre de personas que se funden sin perder su individualidad como sucede por ejemplo en un coro.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se constata de este modo la existencia de una conciencia colectiva portadora de un conocimiento que solo puede alcanzarse así. El individuo puede contactar con ese conocimiento o no, y lo mismo una sociedad que puede portar esa conciencia y saber colectivos o ser expresión del individualismo. Esto último, según Soloviev, es lo que ha sucedido en Occidente donde se ha impuesto una tradición individualista que rompe con la conciencia colectiva, que transfiere el centro de gravedad de la vida al mundo subjetivo, una ruptura que tiene implicaciones éticas, pues se pierde con ella el sentido de unidad con otros seres humanos y el de responsabilidad ante todos y cada uno de ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La humanidad entendida como organismo colectivo es el nuevo sujeto de la historia tras la encarnación de Cristo. Aparece bajo varios nombres en la obra de Soloviev, es el cuerpo de Cristo y es también la Iglesia universal. En su estado ideal definitivo es la Divino-Humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El acontecimiento central en la historia y vida del universo es Cristo pero su muerte y resurrección no son el punto final sino el comienzo de un nuevo proceso en el que la humanidad deberá implicarse activa y creativamente.  El tiempo para Soloviev, avanza en círculos concéntricos. Cristo salvó el mundo en su mismo centro, pero no en la periferia. Cualitativamente es el centro de la salvación universal, cuantitativamente esa salvación debe extenderse progresivamente a todo el ser.  Él transformó su cuerpo en expresión directa de su vida interna y al hacerlo transfiguró su parte material. La tarea de la humanidad es expandir la onda de salvación que trajo Cristo desde el centro a la periferia del ser.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una vez analizada la visión de Soloviev de la mano de la experta en su pensamiento, la profesora Miriam Fernández, nos volvemos a hacer la siguiente pregunta: ¿se puede hablar de un transhumanismo cristiano? Desde mi punto de vista, no es posible conciliar la utopía, o mejor dicho, la distopía transhumanista/posthumanista con la cosmovisión y antropología cristiana, en especialmente la católica.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como hemos visto anteriormente, Soloviev percibe al ser humano como un ser que busca la perfección infinita, pero ésta es tarea para la humanidad como organismo colectivo, el ser humano debe ir más allá de sí mismo y desplegar todo su potencial creativo, pero para actuar coordinadamente con el resto de los seres humanos y transformar la realidad en su conjunto. El fundamento es supraindividual y la consecución del fin, la transfiguración de la realidad, depende únicamente de la voluntad de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Coautor y coordinador de la trilogía de libros <em>¿Humanos o posthumanos? Singularidad tecnológica y mejoramiento humano</em> (2015), <em>Humanidad infinita. Desafíos éticos de las tecnologías emergentes</em> (2016) y <em>Singulares. Ética de las tecnologías emergentes en personas con diversidad funcional</em> (2016).  Autor del libro <em>Humanismo avanzado para una sociedad biotecnológica</em> (2017).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>OPINIÓN. Un Chile integral y sostenible - Pablo Vidal</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/01/opinion-un-chile-integral-y-sostenible-pablo-vidal/</link>
		<pubDate>Sun, 26 Jan 2020 14:28:16 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Pablo Vidal
Para citar: Vidal, Pablo,<em> Un Chile integral y sostenible</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.421-423.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/01/PVIDAL_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Un Chile integral y sostenible
Pablo Vidal <a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>
Gerente general de Sustenta+ y Vocero de <em>Voces Católicas</em></h4>
&nbsp;
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 18 de octubre trajo para muchos una reflexión profunda sobre el Chile que tenemos y el que queremos tener, aunque para nosotros adquirió un tinte especial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Viajamos a la playa con mi señora e hijos, con el objeto de cerrar de la forma más natural un ciclo de varios meses desde que decidimos ser familia de acogida, figura a través de la cual un niño que fue vulnerado en sus derechos puede vivir bajo el cuidado de otra familia mientras el tribunal define un mejor futuro. Es una experiencia que nos había ya permitido ahondar profundamente en el Chile real que se hizo sentir fuerte esa misma noche y las semanas posteriores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ese día nos despedimos de nuestro “hijo de corazón” para dejarlo en manos de quienes, con mucho amor, cuidan ahora de él. Y por eso fue el mar y la naturaleza el escenario propicio para refugiarnos y acompañar a nuestros hijos en ese duro y especial momento del adiós. Entrega, amor, entorno y desprendimiento fueron las palabras que resonaban, sin saber que adquirirían un sentido mas profundo en el tiempo venidero.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ser familia guardadora, junto a una larga historia matrimonial de servicio, nos mostró lo mucho que Dios nos quiere, lo mucho que tenemos y lo frágil que somos. Nos regaló la oportunidad de conocer el dolor y la pobreza en sus formas más conmovedoras, pero también revisar el valor que le asignamos a todo lo que hacemos y tenemos; y así como lo menciona el Papa Francisco en su encíclica <em>Laudato si’</em>, ahondar profundamente lo que está pasando en nuestra <em>Casa común</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y es que el estallido social, al menos para mí, se explica en un marcado desequilibrio sostenible, en donde muchas veces las definiciones económicas no fueron congruentes del todo con la solución de grandes y abundantes problemáticas sociales y ambientales que aquejan a nuestro país, dejando en evidencia que en Chile no hemos alcanzado aun esa Ecología Integral de la que habla Francisco, y que tanto anhelamos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Largas horas de trayecto a los trabajos en un sistema público de transporte precario y saturado, salarios que no logran cubrir los ingresos mínimos para una vida digna; discriminación y segregación por razones socioeconómicas, ideológicas o de otros tipos; falta de áreas verdes, una crisis hídrica inminente y montañas de basura; un sistema de salud que no logra resolver a tiempo las dolencias, una educación que no alcanza para asegurar igualdad de oportunidades y finalmente miles de niños, como “el nuestro de acogida”, que esperan en centros de asistencia del Sename que les devuelvan su dignidad y niñez arrebatadas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estas son solos algunas de las brechas sustentables que sufre hoy nuestra <em>Casa común</em> y justamente por eso, este es el momento para soñar, repensar soluciones, articular acciones y construir un mejor Chile para el presente y el futuro. Esto nos permitirá plantearnos el desafío de mirar el desarrollo en un equilibrio orgánico entre lo social, lo económico y lo ambiental; óptica desde la cual los deseo convidar a anhelar y soñar nuestro país.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En lo social, soñemos con nuevas formas de relacionarnos, comunicarnos y vernos; migrando de miradas verticales y asistenciales, a formas horizontales y cercanas, donde los vínculos y la dignidad sean prioritarios. Soñemos con que nos reconozcamos como hijos de Dios, sin importar el lugar donde nacimos, estudiamos o vivimos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soñemos que para resolver nuestras diferencias optaremos preferentemente por el respeto y el diálogo.  Soñemos con la superación de la pobreza, con un sistema educativo que saque lo mejor de nuestros niños; y con salarios, trabajos y pensiones dignas que devuelvan a los padres a pasar más tiempo con sus hijos. Soñemos con una sociedad inclusiva, donde las diferencias sean nuestra mayor riqueza, donde la nacionalidad, la etnia, el género y/o la discapacidad no sean impedimento para disfrutar de nuestra <em>Casa común</em>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En lo económico, soñemos con muchas más personas atreviéndose a estilos de vida más sencillos y simples, disfrutando de “lo poco” y compartiendo “lo mucho”. Soñemos con modelos que avancen desde lo individual a lo colectivo, reinventando el objetivo de la acumulación de recursos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">También soñemos con nuevas formas de consumo, donde privilegiemos los productos y servicios no por sus precios, sino por el bien que le hacen a nuestra <em>Casa común</em>, apoyando a los pequeños y medianos emprendedores, en especial aquellos que están en nuestras localidades, o aquellos que promueven el comercio justo y el triple impacto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soñemos también que nuestras decisiones económicas sean siempre salvaguardadas por una mirada ética, especialmente centrada en la dignidad humana; y con que la transparencia y la rendición de cuentas sea un estándar mínimo para nuestro actuar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y en lo ambiental, sueño mucho últimamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Primeramente, soñemos con que lograremos alcanzar un gran acuerdo para enfrentar los efectos devastadores del Cambio Climático incorporando tecnologías limpias y bajas en carbono que eviten el aumento de la temperatura y así salvaguardar las vidas de millones de personas en el mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Soñemos que en nuestros colegios, trabajos y familias promovamos el cuidado del entorno y la naturaleza; incorporando en nuestros hábitos, la reducción del consumo y la gestión de nuestros desperdicios, favoreciendo su reutilización y/o reciclaje.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y, finalmente, soñemos con un mayor cuidado del ecosistema, tanto terrestre como marino, cuidando el consumo y las fuentes de agua, evitando su desperdicio y velando porque a ningún ser humano le falte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra <em>Casa común</em> es una sola; todo y todos somos parte fundamental de ella. Transformemos juntos esta crisis sustentable en una oportunidad Integral, para que lo que construyamos de ahora en adelante, no sea un sueño sino realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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			<wp:comment_content><![CDATA[Estoy plenamente de acuerdo con Pablo pero  falta soñar con un Chile dialogante, en el que no queramos matar, asesinar al que piensa diferente. Soñar, en que nosotros que nos decimos cristianos, seamos capaces de vivir como Él. Amar como Él, que nuestros colegios católicos lleven a sus alumnos a jugársela por la equidad, por la dignidad, por el valor de cada ser humano ... en fin, hay aún tanto por soñar]]></wp:comment_content>
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		<title>OPINIÓN. Llegó la hora de sacarnos la venda - Ingrid Saavedra T.</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Feb 2020 17:39:53 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Ingrid Saavedra T.
Para citar: Saavedra, Ingrid,<em> Llegó la hora de sacarnos la venda</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.424-426.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/02/ISAAVEDRA_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">Llegó la hora de sacarnos la venda
Ingrid Saavedra T.
Periodista de Caritas Chile</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Han pasado casi tres meses desde ese viernes 18 de octubre, día que marca un hito en la historia de Chile, que será tema de estudio para las nuevas generaciones y que nos tiene de cabeza reflexionando y trabajando en la búsqueda de caminos que conduzcan a la tan anhelada justicia social, dignidad para toda persona y la paz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siendo parte de la familia Caritas por muchos años, mi labor diaria es por los más vulnerables y excluidos, en la lucha por lograr un desarrollo humano, justo, solidario y sostenible. Desde mi rol de periodista y comunicadora, he tenido la fortuna de conocer muchas historias de personas, familias y comunidades que me han abierto las puertas de su casa y junto con ello compartido su vida. Cómo duele, cuando ante tus ojos te golpea una realidad que a nadie podría dejar indiferente y te preguntas ¿Cómo es posible que haya gente viviendo en esas condiciones de pobreza, exclusión, vulnerabilidad y, sobre todo, abandono? Me han contado sus problemas, llorado su impotencia y frustración al verse desamparados ante tanta injusticia y no encontrar respuestas a sus legítimas demandas. Entonces, cuando este octubre de 2019 “Chile despertó” y se empezaron a relatar situaciones que para muchos fueron sorpresa, me costó entender la tremenda venda que había en los ojos de quienes parecían estar enterándose de una tremenda revelación. ¡Llegó la hora de sacarnos la venda!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En medio de este despertar social, donde se pide mayor igualdad ante una serie de temas que han tenido a miles de personas bajo total exclusión, Chile se quebró o quizás lo que realmente pasó es que salieron a flote las divisiones existentes, pero que estaban escondidas, dormidas, silenciadas. He leído, escuchado conversaciones, participado en reuniones, revisado redes sociales y preguntado a la gente cómo están, qué sienten, qué esperan. Y es triste el constatar que en medio de esta lucha social se han separado familias, amigos, vecinos y se han generado fricciones en los ambientes de trabajo; apareciendo con ello nuevas brechas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se me ha pedido que escriba cuál es el Chile que sueño, luego de vivir esta gran crisis social y es en esta reflexión donde me doy cuenta que teníamos tanto trabajo por hacer y que ahora el desafío es aun mayor, porque está pendiente todo lo no hecho, sumado a lo que afloró con este despertar.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Primero que todo, sueño con un Chile donde todos nos respetemos y aprendamos a reconocernos,  entendiendo que todos valemos por quienes somos y que tenemos mucho para aportar, más allá de cuál sea nuestro apellido y el saldo en la cuenta corriente. Que, de una vez, seamos capaces de entregar una verdadera  educación de calidad para todos, que se centre en la persona, en potenciar su desarrollo y no en seguir un patrón absolutamente obsoleto y muy poco humanista que premia la competencia y el repetir lo aprendido casi robóticamente. Que termine con el envío de jóvenes a la calle desperdiciando sus talentos porque no tuvieron cómo costear los estudios superiores.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sueño con un Chile donde los trabajadores reciban un salario digno y sean tratados en igualdad, no importando el cargo. Que por fin se termine con el castigo a la trayectoria y edad, empezando a premiar y valorar la experiencia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sueño con que salgamos fortalecidos de esta crisis y caminemos hacia erradicar la violencia en todas sus formas, violencia que hoy parte en las cuatro paredes de nuestras casas y sale a las calles en distintos niveles, dando cuenta de una rabia y dolor contenidos, de una profunda falta de amor y cuidado entre nosotros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que se termine con el abuso en todas sus formas, abuso que duele, que destruye vidas y marca caminos. Abusos que también son parte de una triste y oscura historia en nuestra iglesia y que nos ha dejado una gran cicatriz. Sueño con un país donde se restablezcan las confianzas perdidas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sueño con que este despertar nos ilumine y enseñe a mirar al otro con los ojos del alma, que nos empuje a reconocer las injusticias y dolores, para que el abandono, soledad y pobreza que viven miles de chilenos, adultos mayores, madres solteras y enfermos, deje de ser el “problema” o la “situación” del otro y nos hagamos cargo de lo que nos corresponde, para contribuir a mejorar sus condiciones de vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Que el valor de la solidaridad sea la base para cada una de nuestras acciones. En ese sentido, sueño también con que los chilenos aprendamos a ser solidarios todos los días, sin esperar campañas especiales. Desde ese horizonte, sueño también con que los chilenos aprendamos a dejar el individualismo a un lado, salir de nuestras casas al encuentro con la familia, vecinos y comunidades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Finalmente, sueño con que este momento histórico que vivimos los chilenos, sea un verdadero aprendizaje que nos lleve a cambiar la forma de relacionarnos, valorarnos, nos enseñe a sacar la voz, dar a conocer nuestra opinión con respeto, participar de las decisiones y aprender a caminar juntos teniendo siempre como meta que toda persona goce de una vida digna y plena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>OPINIÓN. ¿Chile despertó? - Manuel Reyes D., pbro.</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/02/opinion-chile-desperto-manuel-reyes-d-pbro/</link>
		<pubDate>Mon, 03 Feb 2020 17:48:12 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Manuel Reyes D.
Para citar: Reyes, Manuel,<em> ¿Chile despertó?</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.427-428.</h6>
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<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/02/MREYES_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;

&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">¿Chile despertó?
Manuel Reyes D., pbro.<a style="font-weight: 400; text-align: start;" href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¡Oh, Chile despertó, despertó, despertó, Chile despertó! Este ha sido uno de los cánticos más coreados en todo nuestro país desde que comenzó este “estallido social” hace ya más de dos meses. Ante este cántico, resulta interesante preguntarse, ¿de qué despertó Chile?, ¿cuánto tiempo llevaba dormido? ¿alguien lo adormeció o se produjo naturalmente? Son muchas las preguntas que nos surgen hoy y son pocas las respuestas que se pueden dar, ya que al parecer durante muchos años Chile vivió una paradoja propia de situaciones oníricas, por una parte, solicitando demandas justas y, por otra, viviendo con privilegios propios de un país de primer mundo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un posible diagnóstico de este despertar es reconocer que la sociedad chilena ha vivido por más de 30 años con demandas sociales, que una y otra vez no han sido resueltas, y por tanto, el pueblo de Chile se cansó de que siempre los dejaran al final, y que nuevamente, como en toda la historia, los privilegiados, que acá es sinónimo de adinerados, siempre tengan la preferencia en todo, especialmente en salud, educación y vivienda. Es decir, Chile se cansó de que las villas o poblaciones sociales se construyan sobre un basural o que la gente se muera esperando ser atendida en un hospital o que existan profesionales de primera y segunda categoría. ¡Que Chile haya despertado significa también que la desigualdad y los privilegios para algunos ya no van más!</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero cómo se entiende esta desigualdad tan radical si hasta el 17 de octubre Chile vivía en un progreso económico sin igual en Latinoamérica, donde las metas de desarrollo económico cada vez eran más auspiciosas, donde la gente se daba lujos y viajaba recurrentemente al extranjero. En este punto me parece clave volver a preguntarse, como lo hizo el Papa Benedicto XVI, ¿qué es el desarrollo y el progreso? y cambiar la pregunta de san Alberto Hurtado: ¿Es Chile un país desarrollado?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ante esto es clave reconocer que el desarrollo no es igual al crecimiento, ya que el primero apunta a los aspectos cualitativos del crecimiento, donde serían sostenibles y tienden a “enriquecer” a las personas y los pueblos, en cambio el crecimiento apuntaría a los valores cuantitativos que podría llevar a un individualismo consumista. Por lo tanto, Chile ha tenido un gran crecimiento, pero muy bajo desarrollo. Entonces ¿qué falto? o ¿qué falló?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“<em>De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su vida</em> “(Mt 16,26) Creo que estas palabras del Señor, logran explicitar de buena forma lo que nos pasó y lo que nos está pasando como sociedad chilena. Todo crecimiento y toda reforma económica han sido insuficientes, ya que no se ha puesto a la persona humana en el centro. Al pensar las reformas se tiene que considerar al hombre y a la mujer en su integralidad y dignidad, donde puedan tener apertura a la trascendencia y a la inmanencia de los hermanos. Esto implica considerar que la justa distribución de los bienes y recursos no se asegura solo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino que se ha de priorizar el valor de la solidaridad que está cimentada en el destino universal de los bienes a toda la creación. Es por eso que necesitamos la fuerza del amor que vence al mal con el bien y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad. Es decir, no basta con cambiar estructuras económicas de un país, también hay que cambiar el corazón humano.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y es en este punto donde como Iglesia tenemos un desafío maravilloso, ya que nosotros y todas las instituciones donde exista espacio para formar y acompañar a los hombres y mujeres de hoy, tenemos que ser capaces de comprometernos en la formación de valores que ayuden a mirar a nuestro alrededor y ver que hay hermanos y hermanas que no solo necesitan de bienes materiales, que son fundamentales, sino también que los vean como personas que merecen respeto y dignidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es por eso que sueño con una Iglesia que coopere y dialogue en el tejido social de nuestro país, que no “balconee” la historia, sino que se involucre en el quehacer de nuestra nación, inyectando la adrenalina de la solidaridad, del bien común y del amor al prójimo, y así ayudar a “despertar” verdaderamente de lo que nos tenía adormecidos: el consumo excesivo, el materialismo y el individualismo. Si no lo hacemos, continuaremos, viviendo aletargados y obnubilados, privilegiando lo económico por sobre la persona humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTA</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sacerdote de la Arquidiócesis de Santiago de Chile.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>¿Quién es Jesucristo para Teresa de los Andes? - Juan Manuel Varas, pbro.</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Mar 2020 09:08:07 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Juan Manuel Varas, pbro.
Para citar: Varas, Juan Manuel,<em> ¿Quién es Jesucristo para Teresa de los Andes?</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.429-448.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/03/JMVARAS_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;">¿Quién es Jesucristo para Teresa de los Andes?
Juan Manuel Varas, pbro.</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Introducción</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cómo una mujer de 19 años pudo llegar a la santidad? ¿Cómo esta misma joven logró calar tan profundamente en la vida de todo un país, Chile? ¿Cómo llegó Teresa de los Andes a ser la santa que todos conocemos hoy? La respuesta la encontramos, sin lugar a dudas, en Jesús: Teresa de los Andes fue una enamorada del Señor y eso le llevó a entregarse a Dios; a vivir intensamente sus once meses en el convento y a entregar su vida tan joven.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las siguientes páginas trataré de explicar quién es Jesús para esta santa chilena, para concluir con algunas consideraciones pastorales que nos pueden ayudar al seguimiento de Cristo, con la intercesión de santa Teresa de los Andes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Desarrollo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El pensamiento y sentir de santa Teresa de los Andes nos llega a través de dos fuentes: su Diario (D, en las notas al pie) y las cartas (C, en las notas al pie) que escribió a su familia y amigas, antes y después de entrar al Carmelo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra santa escribió mucho sobre Jesucristo. Podemos afirmar que todos los temas que tocó en sus escritos estuvieron, de alguna manera, referidos a la figura de Jesús: lo central de su diario y cartas gira en torno a la Persona y obra de Jesucristo. Su doctrina —porque creemos que sí se puede hablar de doctrina— está ungida de Cristo y su experiencia espiritual fue fundamentalmente experiencia de Cristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Trataremos de exponer a continuación cómo brota de la espiritualidad de Teresa de los Andes una visión particular del Señor; cómo vio ella, desde su experiencia, las grandes afirmaciones cristológicas. Sirva de premisa para este desarrollo una verdad innegable: nuestra santa intentó presentar la figura de Jesucristo de tal manera que —nos referimos, en este caso, a sus cartas— el lector de sus escritos se decidiera a una verdadera conversión, a una entrega a Dios sin condiciones, a una amistad verdadera con Él. Por tanto, su cristología —si es que se puede utilizar este término— es más existencial que ontológica, más praxis que pensamiento.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cabe notar que el lugar más citado por Teresa de los Andes en sus escritos fue el Calvario. Y, coherentemente, los fragmentos más meditados fueron los de la Pasión del Señor. Así las cosas, podemos afirmar que la Pasión fue una de las bases de la visión cristológica de nuestra santa. De la comprensión de ese misterio —entre otros— nació en Teresa la devoción a la Humanidad Santísima del Señor y en ella intuyó que el Padre se revela en Cristo Hombre y en Él se da el punto de convergencia entre Dios y los hombres.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra santa captó el alcance de los acontecimientos de la vida de Jesús: su nacimiento, infancia, vida pública, etc. Desde esa misma perspectiva captó —y utilizó— el significado de los diversos títulos de Cristo: Señor, Maestro, Esposo, Rey, etc. La dimensión de Cristo como Dios la percibió juntamente con la dimensión humana.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos afirmado que la doctrina de santa Teresa respecto a Cristo  es una realidad más bien vivida que pensada. Por tanto, es lógico que en ella tenga especial relevancia las distintas presencias de Cristo: en la Iglesia, en las personas — los fieles corrientes, en cuya alma en gracia habita Dios<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>—, en los sacramentos, etc. Dentro de estos últimos, resaltó de manera especial la presencia de Cristo en la Eucaristía, tema al que dedicaremos un estudio más profundo posteriormente. En sus escritos se echa en falta un elemento: la figura de Cristo resucitado. Solo en una oportunidad<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a> lo cita explícitamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Jesús Hombre</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Considerando lo que hemos afirmado anteriormente —la cristología teresiana fue más praxis que pensamiento— nos parece lógico comenzar el estudio de la figura de Cristo por aquello que Teresa contempló y consideró más frecuentemente: la Humanidad Santísima del Señor<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de constatar que la experiencia espiritual de nuestra santa se basó —y se corrobora— en distintos pasajes bíblicos, podemos afirmar que para ella la Humanidad de Cristo es el lugar donde se realiza el encuentro con Dios<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a>. En su faceta humana, Cristo es su objeto de contemplación y el medio a través del cual llega a Dios<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para entender de manera cabal la importancia que nuestra santa dio a la Humanidad del Señor es necesario tener presente que a ella le pareció evidente la necesidad de la presencia de Cristo —Dios y hombre en todas sus manifestaciones— para tener vida espiritual. Si es imprescindible Cristo, y la Humanidad es una parte constitutiva en el Ser del Señor, entonces la Humanidad Santísima es indispensable para el proceso espiritual de toda persona.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Creemos que son tres los ámbitos en los cuales Teresa de los Andes tuvo especiales intuiciones cristológicas: en la consideración de la Pasión del Señor; en la contemplación de la Encarnación de Jesús y, por último, en una serie de títulos que dio a Jesucristo. A continuación desarrollaremos cada uno de estos puntos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>a) La Pasión del Señor </strong><a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya hemos afirmado que la Pasión y muerte del Señor es el pasaje de la Escritura que más meditó Teresa de los Andes. Es significativo que esta meditación no solo se circunscribió al comienzo de la vida espiritual de la santa, sino que continuó a lo largo de los años —pocos— de desarrollo que tuvo. Así, con el paso del tiempo, pudo afirmar sin ninguna duda: “la Pasión de Jesucristo es lo que mejor me hace para mi alma”<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>1º Significado</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Sacrificio aquí en el destierro, gloria sin fin en la patria. Y ¿qué es el sacrificio, qué es la cruz sino cielo cuando en ella está Jesucristo? (…) Vivamos en la cruz. La cruz es la abnegación de nuestra voluntad. En la cruz está el cielo, porque allí está Jesús”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>. Estas palabras de nuestra santa nos pueden servir para percatarnos del significado que tuvo la Pasión y la Cruz del Señor en la vida de Teresa de los Andes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra autora consideró que la Pasión fue la expresión más elocuente del amor de Dios por sus criaturas. A través del sufrimiento de Jesús, el amor de Dios se revela al hombre de una manera totalmente inteligible. Y como siempre trató de llevar a la práctica lo que consideraba en su interior, los sufrimientos de Jesús tuvieron algunos significados concretos en la vida de Teresa:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Negarse activamente</em>: Murió a sí misma y a todo lo que constituía un obstáculo para que Dios ocupase en su vida el lugar que le correspondía. Citamos algunos pasajes de sus cartas para corroborar lo anterior: “respecto a las mortificaciones, siempre sigo sus consejos y he tomado la resolución de negarme en todo”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>; “pero ya le he prometido a N. Señor volver con todo ahínco a negarme en todo y a vivir solo para El”<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>; “trato, pues, de negarme en todo para llegar a poseer al Todo (…) Siempre quiero negarme y renunciarme en todo, para así unirme más a Dios”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Aceptar gustosamente </em>todo aquello que representaba dolor, sufrimiento, contradicción. Y lo hizo por amor a Dios, con el fin de unirse a la Pasión<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>. Basta pensar en su frágil salud y la serie de enfermedades que le sucedieron durante su vida, para darse cuenta de cuánto sufrió y cuánto ofreció al Señor. Todo lo anterior, sin considerar aquellos sufrimientos internos —no por eso menos profundos— al percatarse que parte de su familia vivía alejada de Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Pero no se ha de pensar que esta aceptación fue una cuestión meramente pasiva, sino que nuestra santa también buscó activamente la unión con la Pasión del Señor. A este respecto, algunas expresiones que usó Teresa de los Andes reflejan de manera acertada lo que hemos dicho anteriormente: “portadores de la cruz de Jesús”; “acostados en la cruz de Jesús”<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>. Sabía que en el Calvario había soledad y la buscó, aunque supiera que allí encontraría el abandono más absoluto<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>. Por último, tuvo siempre muy presente que todo aquello obedecía a una razón sobrenatural: ofreció todo por los pecados<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>2º Efectos </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teresa de los Andes fue consciente de que la Redención se llevó a cabo por la muerte del Señor<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a> y que, por tanto, el primer gran fruto de la Pasión del Señor fue la Redención. Y como carmelita, se sentía verdadera corredentora. Lo anterior le llevó a una consecuencia lógica: sufrir y ofrecer ese sufrimiento por las almas<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se quedó en una consideración meramente teórica, sino que trató de sacar propósitos concretos para su vida. El primero, su continuo afán por convertirse interiormente. En este aspecto, es significativo darse cuenta de la estrecha relación que tuvo en su vida la meditación de la Pasión y su ánimo por realizar en su vida una constante conversión<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De la meditación de la Pasión proviene también su visión respecto al pecado y el dolor que siente al percatarse de los pecados propios y ajenos. Para Teresa de los Andes el hombre debe responder a la llamada que Cristo le hace desde la Cruz. Si la respuesta es negativa —una interrupción voluntaria en el diálogo que debe haber entre Jesucristo y el hombre—, entonces hay pecado.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Y al constatar la realidad de la negativa a Dios, brotó otro efecto lógico: su dolor por los pecados y su afán reparador. Es este último efecto el que más le caracterizó, también porque uno de los fines de las carmelitas es pedir por la conversión de los pecadores (junto con la santificación de los sacerdotes).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La meditación de la Pasión avivó ese dolor<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>. Al mismo tiempo, al darse cuenta de los pecados propios y ajenos, ese sufrimiento se acrecentó<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>. Con todo, no desesperó ni desanimó; antes bien, procuró realizar un amplio apostolado con el fin de que sus amigas se unieran a ese dolor y a esa reparación<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo lo anterior lo podemos resumir afirmando que nuestra santa fue consciente —fruto de su cercanía al Señor en la Pasión— de la maldad del pecado<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>; sufrió por esto, pero trató de poner todo de su parte para reparar esas faltas e impulsó este desagraviar entre mucha gente. Las citas que confirman nuestra afirmación son numerosas<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para concluir este apartado respecto a los efectos que la meditación de la Pasión del Señor tuvo en nuestra santa, queremos referirnos a un aspecto paradójico: el amor sacrificado de Teresa de los Andes —fruto de la consideración del sufrimiento de Cristo— tuvo la señal de identidad de la alegría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Alegría en medio del dolor y del sufrimiento: Teresa de los Andes supo encarnar en su propia vida esta realidad. Porque, frente a su frágil salud, los problemas familiares que la rodeaban, las dudas que la embargaban para tomar su decisión de entrega, nuestra santa siempre tuvo la misma respuesta: serenidad y alegría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya a los quince años escribió en su diario: «Jesús me dijo que quería que sufriese con alegría. Esto cuesta tanto, pero basta que Él lo pida para que yo procure hacerlo (…) Me dijo que Él había subido al Calvario y se había acostado en la Cruz con alegría por la salvación de los hombres. “¿Acaso no eres tú la que me buscas y la que quieres parecerte a Mí? Luego ven conmigo y toma la Cruz con amor y alegría”»<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conforme pasaron los años, nuestra santa hizo aun más suyas estas ideas: su amor por Cristo crucificado fue creciendo, y ella amó el sufrimiento pues sabía que en él encontraba a Jesús. Así lo afirmó en una de sus cartas: “mas el sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra a Jesús y El es amor. Y ¿qué importa sufrir cuando se ama?”<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teresa de los Andes conoció desde muy pequeña el dolor: físico —pues no gozó de buena salud, antes bien, tuvo que soportar constantes enfermedades desde sus primeros años de vida—; espiritual, al ver que parte de su familia —su padre y sus hermanos— se alejaba de Dios; y de contrición, por sus pecados y los de otra gente. Supo ofrecer todo eso con alegría<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Cuál es la razón que explica la alegría de nuestra santa en medio del dolor y del sufrimiento? La respuesta es la misma que expresa el sentido de la existencia de Teresa de los Andes: el amor. Ella comprendió —y así lo vivió— que un sufrimiento no producía alegría directamente, sino que debía pasar por la purificación de la caridad. Así, ese dolor —entendido y asumido por amor, amor a Dios— produjo alegría en su vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No podemos afirmar con certeza de quién aprendió nuestra santa a vivir este binomio —humanamente inexplicable— dolor-alegría, pues no consta explícitamente en sus escritos. Sin embargo, sí sabemos que san Juan de la Cruz trató este tema en sus obras. Considerando que en la Suma espiritual que Teresa leyó<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a> pocos meses antes de entrar al Carmelo se trata el tema de los grados de amor, de los que el místico carmelita escribió en “Noche oscura”, podemos aseverar que nuestra santa maduró el tema a la luz de los escritos del maestro de Fontiveros.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>3º Conocimiento de Cristo a través de la Pasión</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fue en la reflexión y contemplación de la Pasión donde el rostro de Jesús se mostró a Teresa de los Andes de forma más diáfana. Esto le ayudó, sin lugar a dudas, a hacerse una visión concreta de la persona y del misterio de Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a lo anterior, la meditación constante de la Pasión hizo que nuestra santa la reviviese de una manera especial. No fue solo una consideración de algo lejano, sino que verdaderamente trató de hacerlo como si ella estuviese presente en la escena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una carta dirigida a una amiga, sin fecha, nuestra santa nos dejó algunas descripciones —tomadas de un texto de santa Teresa de Ávila— respecto a la forma en que debe proceder una persona en ciertos momentos de la vida espiritual, y anotó los sentimientos de su alma al acercarse a este misterio de la vida de Cristo: “Contemplémosle —dice santa Teresa— alegre como en el Tabor, si estamos alegres; triste como en el Huerto si estamos tris­tes; y así en todo. Contemplémosle en las criaturas. Así nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por Él. Si somos alabadas, lo somos por Él. Si servimos, servimos a Él; y así en todo”<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Contempló a Jesús en los distintos pasos de su Pasión: en la oración en el huerto<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>; en la flagelación<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>; en la subida al Calvario<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>; en la crucifixión y muerte<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a>, y en la espera de su Resurrección<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En ocasiones, esta contemplación la llevó a cabo de manera tan viva, que sorprende la viveza del relato que nos dejó por escrito: “Hace tres días que estoy sumida en la agonía de N. Señor. Se me representa a cada instante moribundo. Con el rostro en el suelo. Con los cabellos rojos de sangre. Con los ojos amorata­dos. Sin facciones. Pálido. Demacrado. Tiene la túni­ca hasta la mitad del cuerpo. Las espaldas están cubiertas de una multitud de lancetas, que entiendo son los pecados. En las pale­tas, tiene dos llagas que permiten verle los huesos blancos, y en­clavados en los huecos de estas heridas, lancetas que llegan hasta penetrar en los huesos. En la espina dorsal tiene lancetas que le duelen horrible­mente. Por ambos lados corre la sangre a torrentes e inunda todo el suelo. La Sma. Virgen está a su lado de pie, llo­rando y pidiendo al Padre misericordia. Esta imagen la veo con una viveza tal que me produce una especie de agonía”<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Para culminar este apartado, podemos afirmar que la Pasión del Señor fue el soporte donde se apoyó toda la ascética de nuestra santa. Cristo en la Cruz le dejó diversas enseñanzas y fue el fundamento de una serie de virtudes y actos concretos de su vida<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>b) La Encarnación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La espiritualidad de Teresa de los Andes se centra en el misterio de la Encarnación. Dios se ha encarnado, se ha hecho hombre, y ha convivido con la humanidad. Y la historia que nace del hecho que Dios esté presente entre los hombres fue fundamental para nuestra santa y su experiencia espiritual.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La meditación de este misterio, por parte de nuestra santa, fue un elemento recurrente en su oración. Fueron muchos los ratos que dedicó a este tema<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>. En numerosas ocasiones se sirvió de la ayuda del Evangelio<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a> y de él sacó consecuencias concretas para su vida interior<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de la consideración de este misterio, Teresa se sintió tan cerca de Jesús, que se dirigió a Él con términos semejantes a los que una persona emplea para tratar a sus iguales: Jesús mío, Esposo, rey, amigo, amor, prisionero, etc. Junto a lo anterior, tiene especial relevancia el trato que le da a Cristo: como “Hijo de la Virgen” —muchas veces, dirigiéndose a la Virgen se refirió a Cristo como “tu Hijo”—, pues con ello resalta la Humanidad de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la Encarnación nuestra santa detectó no solo el abajamiento de Cristo, al hacerse uno más entre los hombres, sino también el amor de Dios Padre para con nosotros, que nos entregó lo que Él más amaba: su propio Hijo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La contemplación del Dios-Hombre tuvo un siguiente paso en la vida de Teresa de los Andes: la infancia de Jesús. Aunque en sus escritos no hizo especiales referencias a los primeros años de vida del Señor, no quiere decir que no le haya dado importancia, sino que lo vio como un eslabón más en la cadena de acontecimientos que expresan la Humanidad de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Podemos afirmar que nuestra santa consideró siempre la niñez de Jesús en vinculación estrecha con la Pasión. Al mismo tiempo, contempló esa infancia desde la perspectiva del asombro: Dios no solo se hizo hombre, sino que asumió lo más débil de este: la infancia<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El seguimiento de la vida de Jesús continuó con los años de oscuridad de Nazaret —a los que ya nos hemos referido anteriormente—; su vida pública —que hemos tratado al estudiar los personajes y lugares del Nuevo Testamento más citados  por Teresa—, y su Pasión, muerte y Resurrección.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>c) Los títulos de Jesucristo</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siguiendo lo que hicieron los autores del Nuevo Testamento, nuestra santa aplicó a Jesús una serie de títulos a través de los cuales expresó su pensamiento sobre su misterio. Recogeremos aquí los que, de acuerdo a nuestro criterio, consideramos más importantes y significativos para su espiritualidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dos características fundamentales pueden hallarse en estos títulos que Teresa de los Andes dio a Jesús. Por una parte, aplicó al Señor los títulos desde la revelación, pues estaba convencida de que eran —y son— reales: reflejan alguna de las cualidades de Jesucristo y expresan los contenidos de su ser. Por otra parte, confirió esos títulos —por decirlo de alguna manera— desde el corazón, pues antes de pronunciarlos o escribirlos ya habían pasado por el tamiz de su existencia: los había vivido y por eso los plasmó en sus escritos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Hijo</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal como la dejó trazada en sus escritos, la palabra “Hijo” en Teresa de los Andes y dirigida a Jesucristo encierra diversos significados. Dentro de ellos, hay uno que es primordial: significa, por una parte, el amor —encarnado y accesible— de Dios al hombre y, por otra, el gozo del “Hijo” al cumplir ese designio de amor, pues es Él el enviado del Padre para llevar a término la obra de la salvación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cada vez que escribe la palabra Hijo, nuestra santa la vincula estrechamente al Padre, aunque en otras ocasiones lo haga refiriéndose a la Virgen<a href="#_ftn40" name="_ftnref40">[40]</a>. Insiste así en que este Hijo de Dios no fue una idea, sino una Persona concreta, que fue enviada para darnos a conocer al Padre y sus designios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es interesante constatar que la experiencia espiritual de Teresa de los Andes llegó al misterio trinitario. No solo supo diferenciar las divinas Personas<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a>, sino que profundizó especialmente en el misterio filial de Cristo: captó que Cristo es el Hijo natural de Dios, que se manifestó en el tiempo, como enviado del Padre<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Muy unidas a la palabra “Hijo”, nuestra santa resaltó algunas virtudes de Jesús. La primera, la obediencia: vio claramente que Jesús es modelo de obediencia al Padre, pues cumplió el designio de salvación que le fue encomendado<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a>. Y —muy unida a la obediencia— la humildad, especialmente en lo que respecta a Cristo como modelo de sumisión a la voluntad del Padre<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“Hijo”, por tanto, tuvo distintos significados para nuestra santa: desde la consideración de Jesucristo como Hijo de Dios en la eternidad hasta el hecho de considerar a Jesús como el Hijo de una determinada persona, que ejerce esa función en favor nuestro. Podría parecer que la forma concreta de revelarse como Hijo contradice su ser de Hijo natural de Dios, pues a Él le corresponde toda la gloria y la alabanza y, en cambio, vive sin ninguna gloria humana y se viste totalmente de ignominia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo lo anterior, podemos concluir que para Teresa de los Andes el término Hijo supuso una bipolaridad esencial en Jesús: fue Dios, pero siendo Hombre; y fue Señor, haciéndose Siervo de todos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Maestro</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Maestro fue, para nuestra santa, uno de los títulos que mejor definen a Jesús. Ella consideró que Jesucristo es por antonomasia quien enseña a los hombres el camino que conduce a Dios.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesús fue para nuestra santa el verdadero maestro de su oración, pues solo pudo tener una verdadera oración cuando le fue enseñada por Él. Jesucristo se la comunicó a Teresa; Él le enseñó; Él fue el objeto y el término de esa enseñanza. Todo lo anterior es fundamental para comprender qué significó el término Maestro en la vida de Teresa de los Andes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos de partir de la base que, para Teresa, Jesús es Dios. Por eso, lo denominó frecuentemente “Divino Maestro”<a href="#_ftn45" name="_ftnref45">[45]</a>. Esto puede tener una doble lectura: maestro en cuanto que, como Dios, es la fuente del ser; y maestro en cuanto que se nos hace accesible en la naturaleza humana, pues su magisterio llega a nosotros mediante su Humanidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Uno de los vocablos más frecuentemente usados por nuestra santa para caracterizar a la Divinidad es la de la sabiduría: Teresa lo entendió, bien como atributo de la Divinidad, bien como don sobrenatural comunicado por esa Divinidad al hombre<a href="#_ftn46" name="_ftnref46">[46]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Jesucristo es, como persona divina, la misma sabiduría. En este aspecto nuestra santa no insistió mucho. Se puede decir que lo dio por supuesto. Lo que sí remarcó fue que esa sabiduría increada se hace sabiduría en el tiempo, al hacerse hombre. Por tanto, Jesús se mostró como sabiduría no solo cuando hablaba o predicaba, sino que lo era radicalmente en todo su ser hombre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En este último aspecto, Teresa pensó que Jesús era el Maestro de la sabiduría, entendiendo este último como un atributo divino que se nos manifiesta para revelarnos los designios de Dios. Al considerar a Cristo como Maestro, nuestra santa parte del presupuesto básico que Él es, como Dios, la misma sabiduría.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a lo anterior, Teresa de los Andes se dio cuenta que esa sabiduría se nos hacía accesible en el tiempo, en cuanto que Cristo también era hombre. La Humanidad del Señor fue para nuestra santa el medio por el que la sabiduría llegaba a los hombres. Por tanto, Jesús-Hombre fue maestro en todo lo que un hombre puede aprender de otro. Fue un verdadero maestro de humanidad<a href="#_ftn47" name="_ftnref47">[47]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Esposo</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Hemos de aclarar, en primer lugar, qué significado tiene el amor esponsal en la teología espiritual: el sentido más utilizado tiene que ver con la virginidad consagrada. Es decir, una entrega total a Jesucristo por amor, y que es utilizado especialmente por las órdenes religiosas femeninas de clausura; otra acepción se refiere al celibato; también aparece al referirse a los últimos grados de la mística y, por último, se utiliza para describir la relación de cualquier alma con Dios<a href="#_ftn48" name="_ftnref48">[48]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conforme a lo que hemos afirmado anteriormente, es claro que nuestra santa utilizó la palabra esposo para designar a Jesús como consecuencia de su entrega total por amor. En efecto, se sintió esposa de Él y utilizó esa palabra aplicada a Jesucristo en variadas ocasiones, especialmente en las invocaciones y exclamaciones.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿De dónde aprendió nuestra santa este título? Lo más probable es que lo haya leído en los escritos de santa Teresa de Jesús<a href="#_ftn49" name="_ftnref49">[49]</a>, quien lo meditó frecuentemente —baste pensar en su comentario al Cantar de los cantares— y que lo dejó como legado para sus Carmelos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si bien es cierto que el vocablo que estamos analizando tiene un contenido teológico muy profundo, Teresa de los Andes lo redujo casi exclusivamente a su voto de virginidad, que ella consideró como un verdadero desposorio con Cristo. El primer voto solemne, aunque privado, lo hizo nuestra santa cuando tenía 15 años, el 8 de diciembre de 1915: «Es mañana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús. ¿Quién soy yo y quién es Él? [El] todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una pobre pecadora. ¡Oh Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo y alegría, mi todo! ¡Mañana seré tuya! ¡Oh, Jesús, amor mío! Madre mía, mañana [8.12.1915] seré doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido Él. Mi confesor me dio permiso para hacer voto de castidad por nueve días y después me seguirá indicando las fechas. Soy feliz. Tengo mi fórmula escrita: “Hoy, ocho de diciembre de 1915, de edad de quince años, hago el voto delante de la Sma. Trinidad y en presencia de la Virgen María y de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a mi Señor Jesucristo, a quien amo de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida. Hecho por la novena de la Inmaculada para ser renovado con el permiso de mi confesor”»<a href="#_ftn50" name="_ftnref50">[50]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este primer voto privado lo fue renovando por temporadas, hasta su muerte, de acuerdo con sus directores espirituales. Lo que comenzó como una decisión en un momento determinado, dio paso a un sentimiento y un modo de vivir que caló profundamente la vida de Teresa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Obviamente, un paso de gran importancia en este aspecto lo constituyó su ida al Carmelo. Años antes de su entrada al convento, ya soñaba con ese momento: “Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir solo para Él. ¡Qué dicha, qué placer! Es el Cielo en la tierra. Pero entre tanto, qué siglos son los años que se esperan pa­ra darle el dulcísimo nombre de Esposo”<a href="#_ftn51" name="_ftnref51">[51]</a>. Y con el transcurso de los años, creció el sentimiento de saberse escogida por Dios para ser su esposa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Todo lo anterior tuvo consecuencias prácticas en la vida de Teresa de los Andes: en primer lugar, la decisión firme de cumplir siempre y en todo la Voluntad de su esposo<a href="#_ftn52" name="_ftnref52">[52]</a>; después, el propósito decidido de seguir a Jesús en una mayor unión<a href="#_ftn53" name="_ftnref53">[53]</a>;  la intención de estar con Él en todos lados, también en el momento de la prueba, de la Cruz<a href="#_ftn54" name="_ftnref54">[54]</a>; la determinación de amarle más y de asemejarse más a Él<a href="#_ftn55" name="_ftnref55">[55]</a>; la finalidad de tener un único querer<a href="#_ftn56" name="_ftnref56">[56]</a> y de pertenecer completamente a su Esposo<a href="#_ftn57" name="_ftnref57">[57]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Rey</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teniendo presente que el título Rey explica perfectamente la dignidad de Jesucristo, podemos analizar el uso que le dio nuestra santa a este término: en primer lugar, afirmar que Teresa de los Andes utilizó esta palabra —Rey— como un verdadero título cristológico. Pero no solo eso, sino que supo conjugar de manera admirable las ideas de gloria y soberanía —propias de un Rey— con las de cercanía y proximidad<a href="#_ftn58" name="_ftnref58">[58]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque no escribió nada al respecto, la influencia de la santa reformadora del Carmelo —también en este aspecto— es innegable. Baste pensar en lo que la santa de Ávila escribió en su comentario al Cantar de los cantares<a href="#_ftn59" name="_ftnref59">[59]</a>, para darnos cuenta de que Teresa de los Andes aprendió de ella el uso del término que estamos analizando.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Nuestra santa dio a Jesús el nombre de Rey, teniendo presentes dos conceptos fundamentales: el de creación y el de redención. Jesús, Rey de la creación, tiene soberanía sobre todo lo creado. Al postular lo anterior, Teresa no hizo sino afirmar y confirmar la divinidad de Jesucristo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Junto a lo anterior, insistió en la realeza de Cristo como redentor y salvador de los hombres. En este sentido, consideró a Jesucristo como Rey de su propia alma y del alma de todos los hombres; quien da unidad al ser del hombre, quien atrae hacia Sí todas las potencias humanas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esa cercanía se tradujo, en la vida de Teresa de los Andes, en una amistad tan íntima, que le exigió una entrega incondicionada y una unión total con su Rey<a href="#_ftn60" name="_ftnref60">[60]</a>. Al mismo tiempo, fue consciente de su indignidad para ser objeto de ese amor de predilección<a href="#_ftn61" name="_ftnref61">[61]</a>; se sintió elevada por ese amor<a href="#_ftn62" name="_ftnref62">[62]</a> e hizo todos los esfuerzos para propagar el Reino de ese Rey, sin descuidar el estar muy cerca de Él<a href="#_ftn63" name="_ftnref63">[63]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><em>El Juez </em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este título es el que nuestra santa utilizó, para referirse a Jesús, en menos ocasiones a lo largo de sus escritos. Al igual que al utilizar el título de Rey, Teresa dio un doble significado al término Juez: junto a la lejanía que podría darse en él, destacó la proximidad que conlleva.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Lo anterior se explica teniendo presente la amistad existente entre Dios y el hombre y, junto a ello, el hecho de que al final de los tiempos Él exigirá una respuesta<a href="#_ftn64" name="_ftnref64">[64]</a> a esa condescendencia divina: Cristo Juez, que juzgará al final de los tiempos, pero que también lo hace cada vez que un alma acude al sacramento de la confesión. Esta realidad también la tuvo presente nuestra santa, especialmente al momento de hacer apostolado<a href="#_ftn65" name="_ftnref65">[65]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las repercusiones que este título cristológico tuvo en la vida interior de Teresa de los Andes fueron variadas, pero ante todo, le produjo un temor de amistad —por llamarlo de alguna manera—: de no agradar al amigo, de ver su rostro airado. Nada más lejos de la espiritualidad de nuestra santa que la de caer en un temor servil<a href="#_ftn66" name="_ftnref66">[66]</a>, pues ella consideró a Cristo como un Juez de amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al concluir esta exposición sobre los diversos títulos que Teresa dio a Jesucristo, queremos hacer notar la peculiar perspectiva que utilizó para estos términos: captó la hondura del misterio de Cristo no solo desde una base teórica, sino también desde la experiencia de su propia alma. Se acercó a Él para encontrar una respuesta a su vida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la primera catequesis, se nos ha enseñado que Dios es Amor. Y que la primera y más importante de las virtudes que hemos de vivir es el amor: a Dios y, por Dios, a todas las criaturas. Esto fue Jesús para Teresa de los Andes: puro Amor. Y sobre esta base, lo trató y amó hasta el punto de dar su vida por Él.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A ese Jesús lo conoció en los evangelios y lo trató en la oración y en la Eucaristía. Muchas horas frente al Tabernáculo de su parroquia y, después, en el convento. Ratos de oración contemplando a Jesús en su vida, pasión, muerte y resurrección. Y tan enamorada estaba, que vivió una corta pero intensa vida interesada en que los que la rodeaban también participaran de ese amor.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">¿Qué nos enseña todo esto? Pienso que nos ayuda a vivir la vida mirando a Jesús, sin tener miedo de lo que nos pueda pasar: alegres siempre, también cuando el dolor y el sufrimiento puedan ser compañeros de camino; creyendo firmemente que –pese a las dificultades- Jesús sigue siendo el mismo Dios que lo puede todo; y que hemos de ser cristianos esperanzados, porque el mismo Jesús al que amamos y en el que creemos nos sostiene.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Cfr. D 58, anotación del 21 de noviembre de 1919: “Considerar que (…) mis hermanitas son hostias donde Jesús mora escondido” y C 108, del 12 de junio de 1919, dirigida a su hermana Rebeca: “Fíjate, se ha rebajado más aun que el hombre, ha tomado forma de cosa, de pan, porque encuentra sus delicias en habitar con los hijos de los hombres”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cfr. C 137, del 4 de octubre de 1919, dirigida a Graciela Montes y Clara Urzúa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> En este sentido, no podemos olvidar que hay manuales contemporáneos de cristología que dedican capítulos completos a este tema. Cfr. AMATO, ANGELO, <em>Jesús, el Señor</em>, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2002, pp. 113-158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> La influencia de santa Teresa de Jesús en este aspecto es patente: basta considerar una cita de la santa reformadora del Carmelo para percatarse de esta realidad. Cfr. Santa Teresa de Jesús, VIDA 22, 6: “Y veo yo claro, y he visto después, que para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cfr. D 53, anotación del 4 de abril de 1919: “vivir constantemente contemplando a Dios, sobre todo a Jesucristo, pues la Humanidad es la puerta que hay que franquear para entrar en la Divinidad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Una aparente contradicción se da en este aspecto de la vida interior de nuestra santa: cómo conjugó de manera admirable la contemplación de la Pasión del Señor, el sufrimiento, con el no perder jamás la alegría. Al respecto se puede confrontar ALAIN MARIE DE LASSUS, <em>Dieu est joie infinie, Joie de Dieu et joie du chrétien chez Sainte Thérèse des Andes</em>, en “Carmel” 119 (2006), 35-43.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> C 143, sin fecha, dirigida a su madre.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> C 40, sin fecha, dirigida a Elena Salas González.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> C 29, del 18 de junio de 1918, dirigida al Padre José Blanch, C.M.F.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> C 72, del 15 de marzo de 1919, dirigida al Padre Julián Cea, C.M.F.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> C 116, del 20 de julio de 1919, dirigida al Padre Artemio Colom, S.J.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Sorprende lo que escribió en D 16, correspondiente a la carta que escribe a su hermana Rebeca el 15 de abril de 1916. «Él viene con una Cruz, y sobre ella está escrita una sola palabra que conmueve mi corazón hasta sus más íntimas fibras: “Amor” ¡Oh, qué bello se ve con su túnica de sangre! Esa sangre vale para mí más que las joyas y los diamantes de toda la tierra».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Cfr D 15, anotación sin fecha: «Me dijo que El había subido al Calvario y se había acostado en la Cruz con alegría por la salvación de los hombres. “¿Acaso no eres tú la que me buscas y la que quieres parecerte a Mí? Luego, ven conmigo y toma la Cruz con amor y alegría”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Cfr. D 34, anotación del 5 de octubre de 1917. “Hoy he tenido más fervor. Yo creo que mi poca devoción proviene de que estoy muy apegada a todo lo terreno, a las vanidades. Quiero renunciar a todo lo terreno. Quiero vivir en la cruz. Allí hay abandono, soledad”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> D 23, anotación del 19 de junio de 1917: “Me he ofrecido a Él por la conversión de esas personas. Cuánto sufro al pensar que dentro de esas almas está el diablo y no Dios”; D 31: anotación del 20 de agosto de 1917: “Jesús mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores”; C 66, del 27 de febrero de 1919, dirigida al Padre Julián Cea, C.M.F.: “Ofrézcame como víctima de reparación y acción de gracias en la Sta. Misa”, y C 162, del 18 de febrero de 1920, dirigida a su madre: “Con la Sma. Virgen he arreglado que sea mi sacerdote, que me ofrezca en cada momento por los pecadores…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> C 137, del 4 de octubre de 1919, dirigida a Graciela Montes y Clara Urzúa: “nuestro Redentor que ha derramado hasta la última gota de la sangre de su corazón”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> C 135, del 30 de septiembre de 1919, dirigida a su madre: “somos, por lo tanto, corredentoras del mundo. Y la redención de las almas no se efectúa sin cruz. Animémonos, hermanita, para sufrir todo lo que Dios quiera”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> A modo de ejemplo, citamos una parte de los apuntes que realizó en su último retiro —D 56, anotación sin fecha: “La cruz ha sido bien pesada. Primero tuve que acompañar a N. Señor en la agonía”; D 57, anotación sin fecha: “Debo tratar de (…) fijar mi atención en el amor que me demuestra en la Cruz…”, y D 58, anotación sin fecha, correspondiente a las resoluciones de su vida de carmelita: “La carmelita sube al Calvario, allí se inmola por las almas. El amor la crucifica, muere para sí misma y para el mundo”— para que puedan ser comparados con lo que escribió pocos días después de terminar ese retiro: C 134, del 29 de septiembre de 1919, dirigida a Herminia Valdés Ossa: “Estuve en retiro 10 días. ¿Qué te parece? Se me pasaron volando (…) Me he propuesto convertirme”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> D 51, anotación del 21 de febrero de 1919: “En la tarde. Medité en la Oración del Huerto. N. Señor me acercó a Él. Vi su rostro moribundo. Lo sentí helado (…) Sentí fervor y dolor de ofenderlo”</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> C 96, del 12 de mayo de 1919, dirigida a su hermano Luis: “siento el más vivo dolor al ver cómo Dios, en su majestad y grandeza, se preocupa del hombre, desciende al tabernáculo y se constituye nuestro amigo íntimo, nuestro médico amoroso, nuestro Todo adorado y, sin embargo, permanece allí cautivo sin que los hombres piensen siquiera en Él; antes, al contrario, solo piensan en pecar. ¡Qué ingratitud más execrable!”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> C 139, sin fecha, dirigida a una amiga: “Fíjate si después quedas acordándote de Dios; si tienes dolor por haberlo ofendido; si tienes más fuerzas para vencerte; si te humillas, en una palabra, si notas tú que esas palabras te hacen mejor, y esto le dirás al padre sin ocultarle nada”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> D 17, sin fecha, correspondiente a las anotaciones del retiro de 1916: “El pecado es un monstruo. Los dos primeros pecados. Luzbel en el cielo, por un solo pecado de pensamiento, es convertido en demonio. Y yo ¿cuántos pecados he cometido en mi vida? Y Dios no me ha castigado; antes por el contrario, me ha colmado de gracias. ¡Cuántas veces me ha perdonado! Y arrojó por una sola desobediencia a nuestros primeros padres. ¿Con qué te pagaré, Dios mío? Apártate, oh pecado, de mí. Te aborrezco con terrible odio. Quiero ser de Dios. Quiero morir antes que cometerte. Perdón, Dios mío, perdón, bondad y misericordia infinita. Antes prefiero morir que ofenderte, aun con la más ligera falta. Te amo y el pecado me aparta de Ti”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> D 32, anotación del 27 de agosto de 1917: “pues sufro y sufro con Jesús para consolarlo y para reparar mis pecados y los de los hombres”; D 34, anotación del 17 de octubre de 1917. “Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores”; D 53, anotación del 4 de abril de 1919: “Le pedí perdón por mis pecados. Me sentí tan pecadora que me eché a sus pies y le pedí curara mis llagas”; C 12, sin fecha, dirigida a Graciela Montes Larraín: “hagámosle compañía ofreciéndole nuestro amor, consolándolo y reparando nuestros pecados y los del prójimo”; C 46, del 1º de enero de 1919, dirigida a la Madre Angélica Teresa: “quiere que viva unida a El, para reparar los pecados del mundo”, y C 162, del 18 de febrero de 1920, dirigida a su madre: “Podemos hacer tan poco para reparar tanto pecado (…) Sin embargo, no me desconsuelo, pues he encontrado un tesoro y es el ofrecer la santa Misa, es decir, la santa Hostia, para reparar”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> D 15: la anotación no tiene fecha, pero la datamos en 1915 pues la anotación anterior es del 24 de septiembre de 1915, y la siguiente es del 7 de diciembre de 1915.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> C 14, del 5 de septiembre de 1917, dirigida a la Madre Angélica Teresa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> Cfr. D 21, anotación sin fecha: “Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ¡Felicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ¡Qué felicidad más grande…”, y D 15: anotación sin fecha: “Hoy desde que me levanté estoy muy triste. Parece que de repente se me parte el corazón (…). Sufro, pero estoy feliz sufriendo. He quitado la Cruz a mi Jesús. El descansa. ¿Qué mayor felicidad para mí?”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Libro con textos de San Juan de la Cruz.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> C 65, sin fecha, dirigida a una amiga.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> Cfr. D 13, anotación del 12 de septiembre de 1915: “porque así puedo unirme mejor a mi Jesús en el Huerto y consolarlo un poco”; D 18, anotación del 2 de enero de 1917: «Jesús mío, quiero acompañarte en el huerto en tu agonía. Quiero consolarte y decir contigo: “Señor, si es posible, que pase de mi este cáliz amargo, mas no se haga mi voluntad sino la tuya”», y D 51, anotación del 21 de febrero de 1919: “Medité en la Oración del Huerto. N. Señor me acercó a El. Vi su rostro moribundo. Lo sentí helado…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Cfr. C 146, sin fecha, dirigida a una amiga: «Jesús azotado en la columna. Entonces figúrate que lo tienes allí en tu alma y que estás muy cerca de El para recibir su sangre. Tú eres el verdugo con tus pecados. Mira cómo sus miradas se fijan en ti para decirte: “¿Cómo quieres que te demuestre más mi amor? Ven. Cúbreme con tus lágrimas, pídeme perdón y prométeme que nunca más lo harás. Consuélame tú al menos que vas a ser mi esposa”. Arrójate entonces a sus pies y prométele en qué le vas a demostrar tu amor aquel día. Dile que ya no lo quieres ofender; que te perdone. Abrázalo para que su sangre divina te purifique».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Cfr. D 17, anotación sin fecha: “Jesús querido, te miraré en tu subida al Calvario y ayudada por Ti me levantaré”, y D 33, anotación del 11 de septiembre de 1917: “Jesús quería que fuera su Cireneo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> Cfr. C 132, del 28 de septiembre de 1919, dirigida a su padre: «…encontrar el consuelo junto a la Cruz. A su sombra, todas las amarguras desaparecen. Nadie sufrió tanto como Jesús y desde ella nos enseña a soportar todos los dolores en silencio y con resignación. El desde la Cruz convida a sus criaturas con los brazos extendidos, diciéndoles: “Venid a Mí los que estáis cargados por el peso de los dolores, que yo os aliviaré”», y D 31, anotación del 20 de agosto de 1917: “¿Dios mío, por qué me habéis abandonado? (…) Jesús mío (…) Me uno a tu abandono en el Calvario”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> Cfr. C 86, del 20 de abril de 1919, dirigida a la Madre Angélica Teresa: “Después de presenciar la escena horrible del Calvario el viernes, con cuántas ansias espera el alma que ama presenciar el domingo la escena del triunfo más completo de N. Señor sobre la muerte y sobre el pecado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> D 55, anotación del 26 de mayo de 1919.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Cfr. D 35, anotación del 30 de octubre de 1917: «La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante. 2° Mortificar su voluntad, negándose todos los gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al prójimo. 3° El sufrimiento del espíritu, del abandono de nuestro Jesús en la oración, en las luchas del alma, etc. Como Jesús que dijo en la cruz: “Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado?”. La vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la oblación del amor».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Cfr. C 45, del 13 de diciembre de 1918, dirigida al Padre José Blanch, C.M.F.: “Este tiempo de Adviento lo tengo dedicado a la oración. Trato de tener una hora de meditación por la mañana, en la que medito el gran misterio de la Encarnación, por el cual siento notable devoción”, y C 56, del 29 de enero de 1919, dirigida al Padre Artemio Colom, S.J.: “He tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre todo aquellas que se manifiestan en el misterio de la Encarnación. El otro día me pasó algo que nunca había experimentado. N. Señor me dio a entender una noche su grandeza y al propio tiempo mi nada”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> C 136, del 2 de octubre de 1919, dirigida a una amiga: “Las [palabras] del Evangelio (…) Allí ve en magníficos cuadros representado al Salvador, el Verbo Encarnado. Ella ve a su Dios soportando las miserias humanas: sintiendo el frío allá en la cuna, sufriendo el destierro en Egipto, obedeciendo a sus criaturas Él que es todopoderoso. Ve llorar a ese Niño en los brazos de su pobre Madre; y ese llanto son los gemidos del que es la Alegría infinita”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> D 42, anotación del 7 de agosto de 1918: «Entro al retiro: “Hablad, Señor, que vuestra sierva escucha”. Quiero decir con la Sma. Virgen: “Fiat mihi secundum Verbum tuum”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> Cfr. C 149, sin fecha, dirigida a Elisa Valdés Ossa: «Mi Dios eterno, infinito, espíritu puro, naciendo niño en un pobre portal. ¡Qué misterio de amor, qué éxtasis sería el de la S. Virgen y de nuestro Padre S. José! ¡Qué pureza, qué belleza se reflejaría en la frente de Jesús! Algo más que angélico, algo divino... Amemos y adoremos y escuchemos al Verbo... que dice de humildad, de silencio, de pobreza. Escuchemos: “Ecce venio”: “Vengo, oh Padre, a hacer tu voluntad”», y C 156, del 8 de enero de 1920, dirigida a Herminia Valdés: “Al verlo en la cuna en pobres pajas, calentado por animales, desechado por los hombres, llorando de frío, ¿podré tomar en cuenta todos los sacrificios del mundo?”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40">[40]</a> Cfr. D 15, anotación sin fecha: “Ven Tú [la Virgen] con tu Hijo y mi felicidad será completa”; D 19, anotación del 12 de febrero de 1917: “Si es afligido, Tú [la Virgen], con tus miradas lagrimosas, le muestras la Cruz y en ella a tu divino Hijo”, y C 79, del 26 de marzo de 1919, dirigida a la Madre Angélica Teresa: “mi Madre Santísima a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadero toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José —a quien he cobrado gran devoción—, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> Cfr. D 20, anotación sin fecha: “Vivir en unidad de pensamientos, en unidad de sentimientos, de acciones, y así, al mirarme el Padre, encontrará la imagen de su Hijo. Y el Espíritu Santo, al ver residir al Padre y al Hijo, me hará su esposa y las Tres Personas vendrán a morar en mí”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> Cfr. C 121, del agosto de 1919, dirigida a Inés Salas Pereira: “Amemos al Amor eterno, al Amor infinito, inmutable. Amemos locamente a Dios, ya que Él en su eternidad nos amó. Sin necesidad de nosotros nos creó. Toda la obra de su poder fue dirigida para el hombre. Todo lo puso a disposición de nosotros. Continuamente nos sostiene y alimenta. Y para no separarse de nosotros en la eternidad, nos dio su Unigénito Hijo. Dios se hizo criatura. Padeció y murió por nosotros. Dios se hizo alimento de sus criaturas. ¿Has profundizado alguna vez esta locura infinita de amor?”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> Cfr. C 13, sin fecha, dirigida a Graciela Montes Larraín: «Por medio de la obediencia, imitando a Jesusito que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. El hizo la voluntad de su Padre todos los momentos de su vida. “Heme aquí, Oh Padre, para hacer tu voluntad”»; C 65, sin fecha, dirigida a una amiga: “del Crucificado, del Obediente hasta la muerte…”; C 82, sin fecha, dirigida a Elena Salas: “…obedece inmediatamente, sin examinar si son inferiores o superiores, si tienen razón o no, sino como obedecía Jesús: porque era la voluntad de Dios”, y C 141, de octubre de 1919, dirigida a Amelia Montt: “Mira a Jesús en los oprobios, y aprenderás a humillarte. Míralo obediente hasta la muerte y aprenderás a obedecer”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> Cfr. D 17, anotación sin fecha: “Estar dispuestas a seguir a Jesús donde Él quiera. Él elige la pobreza, las humillaciones, la Cruz y exige para mí todos estos dones”; D 24, anotación del 22 de junio de 1917: “Quiero ser humilde con Cristo crucificado; D 45, anotación del 25 de agosto de 1918: “Hoy, N. Señor, en la meditación, me hizo ver su gran amor: cómo se humilló y rebajó hasta parecer loco, pecador, blasfemo, impuro, ladrón”, y un trozo de la ya citada C 149, sin fecha, dirigida a Elisa Valdés Ossa: «Mi Dios eterno, infinito (…) Amemos y adoremos y escuchemos al Verbo... que dice de humildad, de silencio, de pobreza. Escuchemos: “Ecce venio”: “Vengo, oh Padre, a hacer tu voluntad”».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45">[45]</a> Cfr. D 16, correspondiente a la carta del 15 de abril de 1916, dirigida a su hermana Rebeca: «El Divino Maestro se ha compadecido de mí. Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo: “Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme”»; C 90, del 28 de abril de 1919, dirigida al Padre José Blanch, C.M.F.: “Verán la bondad del Divino Maestro que tanto me ha amado siendo yo tan ingrata y pecadora”; C 101, del 14 de mayo de 1919, dirigida a Elisa Valdés Ossa: «ya que nuestro divino Maestro se lo dijo a Magdalena: “Has escogido la mejor parte”», y C 111, del 23 de junio de 1919, dirigida a su tía Juana Solar: “pero en el Carmen no hay tiempo, si no es para estar como Magdalena a los pies de Jesús. Cuando estoy a los pies de mi Divino Maestro, no la olvido jamás”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46">[46]</a> Cfr., por ejemplo, D 49, anotación del 27 de enero de 1917: “Las perfecciones de Dios se me presentaron una a una: la Bondad, la Sabiduría, la Inmensidad, la Misericordia, la Santidad, la Justicia…”; D 15, anotación sin fecha: “¿Quién soy yo y quién es El? [El] todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una pobre pecadora”; D 29, anotación del 8 de agosto de 1917: “ese Ser que es la misma Sabiduría, el mismo Poder y que es la misma Bondad (…) Tú, Jesús la Sabiduría Infinita”; C 109, del 13 de junio de 1919, dirigida a Elisa Valdés Ossa: “¿Quién sabrá decirle algo al Verbo, a la Palabra eterna, a la Sabiduría divina e increada?”, C 136, del 2 de octubre de 1919, dirigida a una amiga: “¿Cómo no amar a ese Jesús con toda nuestra alma? Él, que es la Belleza increada; Él, la Sabiduría eterna”, y C 138, sin fecha, dirigida a una amiga: “Mas dime, ¿hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté, no ya en un grado superior, sino infinito? Sabiduría, para la cual no hay nada secreto…”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47">[47]</a> Jesús fue para nuestra santa maestro de vida: cfr, por ejemplo, C 16, del 8 de noviembre de 1917, dirigida a la Madre Angélica Teresa: “Pues sé que hasta que no modele mi amor y gusto con los del Corazón de mi Maestro, no podré llegar, a la unión con Dios dentro de mi alma”; fue, además, quien le enseñó a vivir el sufrimiento: cfr. C 14, del 5 de septiembre de 1917, dirigida a la Madre Angélica Teresa “Rda. Madre, mi Jesús me ha enseñado desde chica estas tres cosas. ¡Cuánto debo agradecer a mi Divino Maestro las lecciones que da a una miserable como yo!”; C 143, sin fecha, dirigida a su madre: “Me excita en la confianza de ese mi Maestro adorado, que sufrió tanto por amarme”, y C 135, del 30 de septiembre de 1919, dirigida a su madre: “y es para aceptar con alegría y santa conformidad las cruces que nuestro Divino Maestro se digne enviarnos”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48">[48]</a> Los libros más utilizados para ejemplificar de manera adecuada este tipo de amor han sido los salmos y, de manera especial, el Cantar de los Cantares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49">[49]</a> Cfr. C 109, del 13 de junio de 1919, dirigida a Elisa Valdés Ossa: “N. Santa Madre recomienda esta mirada amorosa al Esposo de nuestra alma”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50">[50]</a> D 15, anotación del 7 de diciembre de 1915.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref51" name="_ftn51">[51]</a> D 11, anotación sin fecha.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref52" name="_ftn52">[52]</a> Cfr, por ejemplo, D 18, anotación del 25 de enero de 1918: “Hoy he prometido a mi Jesús el cumplir su Divina Voluntad, aceptando con alegría lo que Él mande. La esposa ha de unir su voluntad a la del esposo y someterse a Él”, y D 23, anotación del 19 de junio de 1917: “Jesús mío, Esposo de mi alma, me ofrezco a Ti. Haz de mí lo que quieras”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref53" name="_ftn53">[53]</a> Cfr. D 28, anotación del 15 de julio de 1917: “Amando con un amor puro a Dios. Entregándome a Él sin reserva. Viviendo en una comunión íntima con el Esposo de mi alma”; C 138, sin fecha, dirigida a una amiga: “¿Cuál es lo esencial en la vida religiosa? La unión, o sea, la semejanza con Jesús, el esposo del alma”, y C 141, de octubre de 1919, dirigida a Amelia Montt: “solo te recomiendo una cosa, y es que consideres que, si vas a ser monja, vas a ser esposa de Jesucristo, y que el Esposo con la esposa deben ser tan unidos que solo formen un solo corazón”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref54" name="_ftn54">[54]</a> Cfr. D 21, anotación sin fecha: “¡Qué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz!”, y C 90, del 28 de abril de 1919, dirigida al Padre José Blanch, C.M.F.: “yo quiero beber hasta las heces el cáliz que mi Divino Esposo me presenta (…) Quito mi mirada y se me presenta Jesucristo, mi Esposo adorado con su cruz”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref55" name="_ftn55">[55]</a> Cfr. . D 22, anotación sin fecha: “Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío”; D 29, anotación del 8 de agosto de 1917: “Madre mía, enséñame a imitar a mi Divino Esposo”, y C 87, del 24 de abril de 1919, dirigida al Padre Antonio Falgueras, S.J.: “pues quiero conocer a mi Divino Esposo, a fin de amarle cada día más”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref56" name="_ftn56">[56]</a> Cfr. D 18, anotación del Enero 25 de 1917:”Hoy he prometido a mi Jesús el cumplir su Divina Voluntad, aceptando con alegría lo que Él mande. La esposa ha de unir su voluntad a la del esposo y someterse a Él”; D 29, anotación del 8 de agosto de 1917: “Tú, Jesús la Sabiduría Infinita, despreciaste todo esto. Luego tu esposa ingrata quiere con tu ayuda despreciarlo”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref57" name="_ftn57">[57]</a> Cfr. D 34, anotación del 2 de octubre de 1917: «Quiero que mis acciones, mis deseos, mis pensamientos, lleven este sello: “Soy de Jesús”»; D 29, anotación del 8 de agosto de 1917: “Desde hoy quiero que mi inteligencia no conozca sino a Él; que mi voluntad no se incline sino a Él; que mi corazón y todo mi ser no pertenezca sino a Él”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref58" name="_ftn58">[58]</a> Refiriéndose a la Eucaristía, Teresa de los Andes escribió respecto a esta intimidad. Cfr. C 114, del 12 de julio de 1919, dirigida a su hermana Rebeca: “Y es que contiene a Jesús como víctima inmolada, como Rey del mundo, como alimento del alma”, y C 117, sin fecha, dirigida a Elisa Valdés Ossa: “Cuando comulgues reflexiona sobre lo que vas a hacer (…) Entre tantas personas que existen en el mundo eres honrada tú con la visita de ese gran Rey”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref59" name="_ftn59">[59]</a> Cfr. Santa Teresa de Jesús, CONCEPTOS DEL AMOR DE DIOS 6, 2: “Dice la Esposa: Metióme el Rey. Y ¡qué bien hinche este nombre, Rey poderoso, que no tiene superior, ni acabará su reinar para sin fin! El alma que está así a buen seguro que no le falta fe para conocer mucho de la grandeza de este Rey, que todo lo que es, es imposible en esta vida mortal”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref60" name="_ftn60">[60]</a> Cfr. C 146, sin fecha, dirigida a una amiga: «El Rey de los reyes te llama para unirse contigo, para que imites sus divinas perfecciones (…) Él nos llama para sacarnos del mundo, para ponernos en un lugar donde se le ame, donde no se le ofenda, donde están aquellas personas por quienes ruega Cristo para librarnos de la tiranía del demonio y para hacernos sus esposas. “Ven, ven, esposa mía, ven del Líbano, amiga mía, porque el Rey se ha prendado de tu hermosura”. Qué bueno es nuestro Dios. ¿Cómo no llorar, cómo no morir ante tanto amor?»</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref61" name="_ftn61">[61]</a> Cfr. D 10, anotación del 13 de julio de 1915. “¿Qué he hecho yo para agradar a ese Rey omnipotente? (…) ¡Oh! cuánto amo a este Rey Poderoso”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref62" name="_ftn62">[62]</a> Cfr. C 73, del 25 de marzo de 1919, dirigida a su padre: “Fíjese a qué dignidad me eleva: a ser esposa del Rey del cielo y tierra, del Señor de los señores”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref63" name="_ftn63">[63]</a> Cfr. C 141, de octubre de 1919, dirigida a Amelia Montt: “pues mientras otras almas sirven al Rey en el apostolado de la acción, yo -como reina- me estoy a su lado escuchándolo, contemplándolo, rogando junto con Él”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref64" name="_ftn64">[64]</a> Cfr. D 29, anotación el 8 de agosto de 1917: «¡Madre mía, “Spes única”, cuando comparezca ante mi Juez, dile que soy tu hijita!»</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref65" name="_ftn65">[65]</a> Cfr. C 137, del 4 de octubre de 1919, dirigida a Graciela Montes y Clara Urzúa: “Viene a ti Jesús (…) tu Juez, que viene para perdonar tus pecados”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref66" name="_ftn66">[66]</a> Cfr. C 45, del 13 de diciembre de 1918, dirigida al P. José Blanch, C.M.F.: “Pero lo que me atemoriza, Rdo. Padre, es que no me mantenga unida a Dios, tratando mucho con las criaturas. Pues lo he experimentado: que tratando un poco más con ellas, yo me enfrío más en el amor de Dios”; C 104, de mayo de 1919, dirigida a su madre: “es sed insaciable la que siento porque las almas busquen a Dios. Pero que le busquen no por el temor, sino por la confianza ilimitada en su Divino Amor”, y C 116, del 20 de julio de 1919, dirigida al Padre Artemio Colom, S.J.: “Siento ansias de morirme por poseerlo sin temor de perderlo por el pecado”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Los fenómenos místicos en la vida de Santa Teresa de los Andes - Alain-Marie de Lassus, csj</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/03/los-fenomenos-misticos-en-la-vida-de-santa-teresa-de-los-andes-alain-marie-de-lassus-csj/</link>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2020 15:23:03 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Alain-Marie de Lassus, csj
Para citar: De Lassus, Alain,<em> Los fenómenos místicos en la vida de Santa Teresa de los Andes</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.449-455.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/03/ALASSUS_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4></h4>
<h4 style="text-align: center;">Los fenómenos místicos en la vida de Santa Teresa de los Andes
Alain-Marie de Lassus, csj</h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El centenario de la muerte de santa Teresa de Los Andes es una oportunidad para profundizar su vida mística. Sin embargo, la expresión “vida mística” puede ser interpretada de dos maneras. En primer lugar, de modo muy común la vida de un cristiano es llamada “mística” cuando incluye fenómenos extraordinarios y más o menos espectaculares, como la levitación, la bilocación, los milagros, la ciencia infusa, los estigmas, etc. En segundo lugar, podemos considerar la “vida mística” como la simple vida de la gracia bajo la moción del Espíritu Santo, sin que ello implique fenómenos extraordinarios. De hecho, cada cristiano en estado de gracia tiene los siete dones del Espíritu Santo que le permiten ser conducido por él para vivir plenamente su vida de hijo de Dios, según lo que san Pablo escribe a los Romanos: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios» (<em>Rm</em> 8,14). Cierto, el ejercicio de los dones, a diferencia de las virtudes teologales, cabe enteramente al Espíritu Santo, pero se considera algo “ordinario”, aunque pueda llegar a una intensidad muy grande, como sucede en la vida de los santos<a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ya que hicimos dos estudios sobre la vida de la gracia en el alma de Teresa, una sobre la acción del Espíritu Santo y otro sobre la gracia del 27 de enero de 1919<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>, quisiéramos estudiar aquí los fenómenos místicos extraordinarios en la vida de Teresa. De hecho, podemos observar en ella tres fenómenos de este tipo que son conocidos en la historia de la Iglesia: las locuciones interiores, las visiones y la levitación. Los dos primeros son mencionados por Teresa en sus escritos y el tercero es referido por testigos. Los veremos a continuación, empezando por los más frecuentes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Las locuciones interiores</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de su primera comunión (10 de septiembre de 1910), Teresa fue gratificada con locuciones interiores por parte de Cristo, o sea, ella oía claramente la voz de Cristo en su corazón:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez»<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al inicio, ella creía que era algo normal y pensaba que les sucedía a todos, pero cuando refirió un día una palabra de Cristo a su madre, entendió que no era el caso. Su madre le dijo que hablara sobre eso con el padre Artemio Colom, pero Teresa tenía vergüenza de hacerlo<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>[4]</sup></a>. Teresa tuvo también locuciones de la Virgen, aunque sea delicado especificar cuándo empezaron por razón de los testimonios divergentes del Diario (§7) y de las Cartas (carta 87) al respecto.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las locuciones interiores son una gracia extraordinaria que tiene sus peligros<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>[5]</sup></a>. Lo vemos varias veces en la vida de Teresa. Veamos cómo ella cuenta haber oído un día una voz bastante rara:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Muy bien distinguía la voz de mi Madre Sma. y la de mi buen Jesús. Una vez tenía una duda; se la pregunté a la Sma. Virgen, pero oí otra voz muy diferente a las que oía, que siempre me ha quedado grabada. Esta voz no me aconsejó bien y me dejó muy turbada. Entonces invoqué con toda mi alma a la Sma. Virgen y Ella me contestó que el demonio me había respondido y que, en adelante, siempre le preguntara si era Ella la que me hablaba. Pero nunca más sucedió lo dicho»<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En el Carmelo de Los Andes tuvo una prueba combinando visión y locuciones:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Al día siguiente se me presentó N. Señor no ya en agonía, sino con el rostro muy triste. Le pregunté qué tenía, pero no me contestó, dándome a entender que estaba enojado conmigo. Pero después, como yo insistiera en preguntarle, me dijo que no quería hablar conmigo, y que era una pecadora, y me dijo en un momento todos los pecados de mi vida y siguió muy triste. Quedé con una pena negra y confusa con mis pecados. Pero no podía creer que estuviera tan enojado, pues Él me ha dicho que me ha perdonado. Y además, Él es todo Bondad y Misericordia»<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En ambos casos, el demonio intentó engañar a Teresa, tratando de presentarse como si fuera María o Cristo. Sin embargo, Teresa tuvo el reflejo justo de comparar el contenido de las palabras oídas con su fe y entendió que había una incoherencia: María y Jesús no podían hablar así, en absoluto; entonces, no debían ser ellos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Otro peligro es la curiosidad. Cristo corrigió a Teresa al respecto:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«N. Señor me habla, pero mucho menos. Y ahora nunca me dice nada que no sea solo para mi alma, pues una vez le principié a preguntar muchas cosas, que no se relacionaban con mi alma. Entonces me dijo que nunca le preguntara, sino que me contentara con lo que Él me decía»<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la carta 139, escrita a una destinataria que, según parece, tenía locuciones interiores, Teresa se refiere a <em>Subida del Monte Carmelo</em> de san Juan de la Cruz para advertirla con relación al peligro de la ilusión:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Casualmen­te he leído en Ntro. Padre San Juan de la Cruz este modo de oración, pero no me atrevo a decirte nada. Lo único que te aconsejo: que te humilles mucho; que no creas que porque eres buena Dios te hace este favor, pues puede ser porque te ve muy imperfecta y te quiere traer a mayor unión con Él. No hagas nin­gún caso de esas palabras, pues no sabes si eres tú misma o Dios. Dile al padre lo que oyes y qué efecto es el que producen en tu alma. Fíjate si después quedas acordándote de Dios; si tienes dolor por haberlo ofendido; si tienes más fuerzas para vencerte; si te humillas, en una palabra, si notas tú que esas palabras te hacen mejor, y esto le dirás al padre sin ocultarle nada».</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las locuciones interiores perduraron hasta el fin de la vida de Teresa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Las visiones</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Teresa tuvo visiones varias veces. Por ejemplo, ella cuenta la visión que tuvo en la capilla del Colegio del Sagrado Corazón en Santiago en noviembre de 1917:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«El año pasado N. Señor se me representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración y los ojos levantados al cielo y con la mano sobre su Cora­zón. Me dijo que rogaba incesantemente a su Padre por los peca­dores y se ofrecía como víctima por ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me aseguró que en adelante viviría más unida a Él. Que me había escogido con más predilección que a otras almas, pues quería que viviera sufriendo y consolándolo toda mi vida. Que mi vida sería un verdadero martirio, pero que Él estaría a mi lado. Su imagen quedó ocho días en mi alma. Lo veía con una viveza tal que pasé constantemente unida a Él en su oración. A los ocho días no la vi más, y aunque después quise re­presentármela tal como era, no pude»<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos días después de su entrada en el Carmelo, tuvo otra visión:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«26 de mayo 1919. Hace tres días que estoy sumida en la agonía de N. Señor. Se me representa a cada instante moribundo. Con el rostro en el suelo. Con los cabellos rojos de sangre. Con los ojos amoratados. Sin facciones. Pálido. Demacrado. Tiene la túnica hasta la mitad del cuerpo. Las espaldas están cubiertas de una multitud de lancetas, que entiendo son los pecados. En las paletas, tiene dos llagas que permiten verle los huesos blancos, y enclavados en los huecos de estas heridas, lancetas que llegan hasta penetrar en los huesos. En la espina dorsal tiene lancetas que le duelen horriblemente. Por ambos lados corre la sangre a torrentes e inunda todo el suelo. La Sma. Virgen está a su lado de pie, llorando y pidiendo al Padre misericordia. Esta imagen la veo con una viveza tal que me produce una especie de agonía»<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Refiriéndonos a la clasificación de las visiones hecha por san Juan de la Cruz<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>, podemos considerar estas visiones como visiones imaginarias. Sin embargo, podemos observar una experiencia mística que parece ser una visión intelectual:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Una vez sentía un deseo horrible de morirme por ver a N. Señor y, siendo hora de dormirme, no podría hacerlo porque llo­raba sin poderme contener, cuando de repente sentí a N. Señor a mi lado, llenándome de suavidad y de paz, e inmediatamente me sentí consolada. Estuve un rato con Él, y después como que se fue y dejé de sentir esa suavidad»<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>La levitación</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Observamos también en la vida de Teresa de Los Andes el fenómeno excepcional de la levitación que consiste en la elevación del cuerpo de una persona encima del suelo sin ninguna fuerza física conocida que pueda explicarla. La levitación es atestada en la vida de varios santos del Carmelo, como santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz y santa María de Jesús Crucificado. En el caso de Teresa de Los Andes, tenemos el testimonio del padre Henle:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Eso pasaba poco tiempo antes de su entrada al Carmelo de Los Andes. […] Era en el fundo de Huape de Cunaco, cerca de la estación de Cunaco. Érase en noviembre de 1918. […] Ahora bien he aquí el hecho. Un día, después de medio día, hacia las dos, cuando todo el mundo hacía la siesta, entré silenciosamente al oratorio sin sospechar que ella estaba allí. Pero ¿qué veo? La señorita Juana elevada en el aire, más o menos treinta centímetros, sin que ni sus rodillas ni sus brazos se apoyaran en el reclinatorio, las manos juntas, adorando al Santísimo. El rostro estaba todo encendido, los ojos fijos en el Sagrario. Habitualmente era más bien de cara pálida. Era siempre muy alegre en la mesa; pasaba largos ratos en el oratorio. […] ¿Cuánto tiempo duró eso? No lo sabría decir; pues, al momento me retiré en silencio, con la emoción que Ud. puede imaginarse»<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No existe otro caso de levitación de Teresa atestado en un testimonio escrito, pero hemos recogido en Chacabuco en 2013 una tradición oral diciendo que una persona empleada de la hacienda vio a Teresa en levitación en la capilla de Chacabuco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Tal vez sea bueno recordar que este tipo de gracia es destinado no para la persona que la recibe (en general, ella no se da cuenta, ya que se encuentra en éxtasis), sino para el testigo, para atestar una presencia particularmente fuerte del Señor en la persona en levitación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>¿Otros fenómenos?</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">No se nota otros fenómenos místicos extraordinarios en la vida de Teresa de Los Andes. En particular, ella no hizo milagros durante su vida. Una historia un poco rara fue contada por sor Isabel de la Trinidad, que fue su compañera de noviciado:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Recuerda la testigo que en cierta ocasión que arreglaba el altar de Sta. María Niña, en la novena preparatoria a su fiesta el 8 de septiem­bre, por un gesto poco afortunado se le cayó de las manos la ima­gen de la Virgen y se quebró, la testigo le hizo señas a sor Teresa que como santa, hiciera la señal de la cruz para que se pegaran los pedazos rotos; la Sierva de Dios, apenada, no le agradó que la consi­deraran como santa y hacedora de milagros»<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque Teresa hubiera rechazado hacer este milagro, la sugerencia de su compañera era bastante elocuente con relación a su fama de santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos testigos hablaron de profecías, en el sentido común de anuncios de acontecimientos futuros:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«Añade en lo que respecta a profecías que se despidió de mí, el día anterior del viaje definitivo al Carmelo, diciéndome: que no nos veríamos hasta el cielo. Al día siguiente me aprestaba para ir a la estación, para acompañarla en el viaje, me fue imposible por una terrible tormenta y no me dieron permiso para salir. Tenía proyectado ir a la toma de hábito, cuando ya se vistiera de carmelita, tampoco pude ir. Fue, sin duda, una inspiración profética de Juanita, cuando me dijo: “Hasta el cielo”, como lo espero en la misericordia de Dios»<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, este conocimiento venía sin duda de lo que Cristo decía a Teresa en las locuciones interiores. Es probablemente de este modo que debemos interpretar el anuncio por Teresa de su próximo fallecimiento un mes antes de que sucediera, cuando nada parecía indicar una muerte tan rápida.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Conclusión</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Los fenómenos extraordinarios que hemos observado en la vida de Teresa (locuciones, visiones, levitación) no son por ellos mismos una garantía absoluta de santidad. La santidad es juzgada directamente según la heroicidad de las virtudes teologales y de las virtudes morales. Teresa misma lo entendía:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">«También [Jesús] me dio a entender que no en ese recogimiento sensible estaba la unión divina, sino en la perfección de mi alma; en imitarlo y en sufrir con Él. No en las locuciones, pues de estas no debía hacer caso, sino en ser verdaderamente santa, teniendo sus perfecciones»<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">De modo general, Teresa se apoyó mucho más sobre las orientaciones de los sacerdotes a los que abría su alma que sobre las locuciones que oía<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>[17]</sup></a>, mostrando al mismo tiempo su prudencia y su humildad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es interesante notar la diversidad que encontramos entre las santas del Carmelo. Algunas, como Teresa de Ávila y María de Jesús Crucificado, experimentaron muchos fenómenos místicos extraordinarios. En otras, como Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad e Edith Stein, casi no vemos fenómenos semejantes. La razón es, probablemente, la diversidad muy grande entre los miembros del cuerpo místico de Cristo, incluso dentro de la misma Orden (el Carmen) y la misión particular de cada miembro<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. El Señor nos presenta un camino de santidad único para cada uno de nosotros, pero debemos acordarnos siempre de la advertencia de san Pablo a los Corintios (<em>1Co</em> 13): lo más grande en la vida cristiana es la caridad. Es probable que nunca experimentaremos durante nuestra vida los fenómenos místicos extraordinarios que Teresa tuvo en su vida, pero estos fenómenos no son la parte esencial de la vida cristiana; son solo medios excepcionales. Lo más importante es que todos nosotros somos llamados a la santidad<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Sobre las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo, ver nuestro libro: de Lassus, Alain-Marie, <em>Las virtudes teologales</em>, Editorial Palabra, Madrid, 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Cf. <em>Dieu est joie infinie. Études sur sainte Thérèse des Andes</em>, Éditions du Carmel, Toulouse, 2014, capítulo 7 : « “Me laisser guider entièrement par l’Esprit Saint”. Thérèse des Andes et l’Esprit Saint » ; capítulo 3 : « “Je me sentais en Dieu.” Avec Moïse et Jean de la Croix sur le mont Sinaï ». Una edición española está en preparación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a> Diario §6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a>  Cf. carta 87 al P. Falgueras.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Cf. las advertencias de San Juan de la Cruz en <em>Subida del Monte Carmelo</em>, II, 19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Carta 87.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Diario §56.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Carta 87.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Carta 87.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Diario §55.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a> Visiones sensibles, visiones imaginarias, visiones intelectuales (cf. San Juan de la Cruz, <em>Subida del Monte Carmelo</em>, II, 10). Juan de la Cruz subraya (II, 16) que el demonio puede suscitar visiones imaginarias. Ver también : María-Eugenio del Niño Jesús, <em>Quiero ver a Dios</em>, Quinta parte, capítulo II (los favores extraordinarios).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Carta 145.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Carta del P. Félix Henle al P. Rafael Housse, 28 de julio de 1951 (conservada en el archivo del Carmelo de Auco).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Testimonio de S. Isabel de la Trinidad, <em>Positio super virtutibus</em>, Rome, 1985, p.151.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Testimonio de Carmen de Castro Ortúzar, <em>Positio super virtutibus</em>, p.146.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Diario §52.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> “Le consulté [se trata del P. Julio Cea, encontrado durante una misión] acerca de mi oración y me dice que no haga ningún caso de las locuciones interiores sino de los efectos que hacían estas en mi alma. Que dijera todo al confesor lo que N. Señor me decía” (Diario §50). Teresa menciona varias veces que siguió este consejo (cf. cartas 116 y 139).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> En el caso de Teresa de Lisieux es fácil entender la razón: no era conveniente que la vida del líder del camino de la infancia espiritual incluyese fenómenos extraordinarios; de otro modo muchas almas hubieran sido asustadas. En la vida de Teresa de Lisieux, todo debía parecer sencillo e imitable.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> “Una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios” (Concilio Vaticano II, <em>Lumen gentium</em>, 41).</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>La huella de Teresa de los Andes: Devoción popular en el Santuario de Auco - Alexandrine de la Taille</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/03/la-huella-de-teresa-de-los-andes-devocion-popular-en-el-santuario-de-auco-alexandrine-de-la-taille/</link>
		<pubDate>Mon, 23 Mar 2020 09:14:40 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h6 style="text-align: center;">Artículo publicado en la edición Nº 1.204 (OCTUBRE- DICIEMBRE 2019)
Autor: Alexandrine de la Taille-Trétinville
Para citar: de la Taille, Alexandrine,<em> La huella de Santa Teresa de los Andes a cien años de su muerte: Presencia y devoción popular en el Santuario de Auco</em>, en La Revista Católica, Nº1.204, octubre-diciembre 2019, pp.456-468.</h6>
&nbsp;

&nbsp;
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/03/ATAILLE_LRC_1204.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5></h5>
&nbsp;
<h4 style="text-align: center;">La huella de Santa Teresa de los Andes a cien años de su muerte: Presencia y devoción popular en el Santuario de Auco
Alexandrine de la Taille-Trétinville U. <strong><a href="#_ftn1" name="_ftnref1">[1]</a></strong>
Instituto de Historia - Universidad de los Andes</h4>
<h4 style="text-align: center;"></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pregunta por la presencia y devoción popular en torno al santuario de Auco en honor a Teresa de Los Andes (1900-1920) cobra especial relevancia a cien años de su muerte. El fervor transversal que ha generado la primera santa del país y su propio camino a los altares, junto con la construcción del santuario en la Quinta Región, dedicado especialmente a ella luego de su beatificación en 1987; permite estudiar empíricamente el concepto de la religiosidad popular durante las últimas décadas del siglo XX en Chile. Para comprender dicho fenómeno en el caso chileno desde una perspectiva histórica, este artículo se basa, tanto en la interpretación de las aproximaciones teóricas a la religiosidad popular, así como en las propias manifestaciones de una audiencia pía en múltiples niveles que se conservan en dicho santuario.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde su elección en 2013, el Papa Francisco ha dado especial importancia a la religiosidad popular, planteándola como un tema clave en sus escritos. Así lo expresa en la exhortación apostólica <em>Evangelii gaudium. Sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual</em>:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las formas propias de la religiosidad popular son encarnadas, porque han brotado de la encarnación de la fe cristiana en una cultura popular. Por eso mismo incluyen una relación personal, no con energías armonizadoras sino con Dios, Jesucristo, María, un santo. Tienen carne, tienen rostros, son aptas para alimentar potencialidades relacionales y no tanto fugas individualistas (90)<a href="#_ftn2" name="_ftnref2">[2]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La religiosidad popular, a partir del Concilio Vaticano II, en los años que le siguen del siglo XX y en el mundo contemporáneo, ha cobrado una vigencia evidente en múltiples niveles. Se trata de una materia que ha sido abordada desde los más diversos puntos de vista, como también desde una interpretación multidisciplinaria<a href="#_ftn3" name="_ftnref3">[3]</a>. En este artículo consideramos específicamente los aportes al respecto por parte del Magisterio de la Iglesia Católica, la teología y las ciencias sociales.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La aproximación histórica al caso del Santuario chileno de Auco en la Quinta Región, dedicado a la primera santa del país, la carmelita descalza Teresa de los Andes, inaugurado en 1988 con motivo de su beatificación por el Papa Juan Pablo II el año anterior; permite comprender empíricamente la presencia de la religiosidad popular en Chile. Este es el propósito del artículo que presentamos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Aspectos teóricos: Teología y ciencias sociales<a href="#_ftn4" name="_ftnref4">[4]</a></strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Constitución dogmática <em>Lumen Gentium </em>(n. 9), ha enfatizado que en la Iglesia no hay cristianos de categorías inferiores y no podemos calificar peyorativamente, ni juzgar la forma en que ejercen el culto unos u otros<a href="#_ftn5" name="_ftnref5">[5]</a>. Este es el fundamento que valida la religiosidad popular, a pesar de la desconfianza que provocó en los años anteriores al Concilio, especialmente por las distorsiones que sufriría el rito en ese contexto<a href="#_ftn6" name="_ftnref6">[6]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es por esto que distintos Papas del siglo XX han llamado a rescatar y valorar especialmente las manifestaciones de la religiosidad popular. Claro es el llamado del pontífice Pablo VI en <em>Evangelii nuntiandi</em> al señalar:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La religiosidad popular [...], tiene ciertamente sus límites. […]. Pero cuando está bien orientada, […] refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad. […] Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente ‘piedad popular’, es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad (48)<a href="#_ftn7" name="_ftnref7">[7]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Las palabras de Pablo VI son retomadas y actualizadas por el Papa Francisco en su ya aludida exhortación apostólica: “Mas cerca de nuestros días, Benedicto XVI, en América Latina, señaló que se trata de un ‘precioso tesoro de la Iglesia católica’ y que en ella ‘aparece el alma de los pueblos latinoamericanos’”<a href="#_ftn8" name="_ftnref8">[8]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Esta urgencia por rescatar y poner en valor la religiosidad popular ha impulsado también a la sociología a abordar el tema, como es el caso de Pedro Morandé, quien sostiene que la figura de la Virgen María y la devoción suscitada por ella, han sido centrales no solo en la historia de América sino también en su cultura actual. Es entonces, en clave mariana que comprende e interpreta la religiosidad popular latinoamericana, ejemplificando con su culto una “experiencia de catolicidad que recoge tanto la tradición indígena como la española, interrelacionando a ambas”<a href="#_ftn9" name="_ftnref9">[9]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde la perspectiva histórica, la religiosidad popular es una pregunta ineludible para quien se dedique a Historia de la Iglesia y de la religión, y esta se vincula estrechamente a la devoción a María y los santos, asociada generalmente a la fiesta. En el caso particular de Chile, la celebración de este tipo más antigua es la de san Santiago Apóstol que data de 1556, según consta en las Actas del Cabildo<a href="#_ftn10" name="_ftnref10">[10]</a>. Dado el fervor y aparato que suscita esta fiesta como otras, es necesario regularlas con el concurso de la autoridad civil. Esta situación se volverá una constante en la Colonia. El atractivo de celebrar a los santos mediante grandes fiestas que involucran a toda la sociedad se hace propio entonces de la historia de la religiosidad popular chilena. En palabras de la historiadora del Arte Isabel Cruz: “En sus orígenes la fiesta fue sagrada. Así lo señalan la historia de las religiones y la antropología. Porque ha sido la dimensión trascendente del hombre la que se ha expresado en la fiesta a lo largo de los siglos, insertándose como una ruptura y a la vez como un enaltecimiento de lo cotidiano”<a href="#_ftn11" name="_ftnref11">[11]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A partir de la Independencia, las fiestas de los santos, como el conjunto de las celebraciones religiosas, experimentan restricciones por parte de la autoridad, pero no hay antecedentes que permitan suponer un abandono de las prácticas festivas de los santos por parte del pueblo. Por el contrario, los testimonios de los viajeros y sobre todo, la pervivencia del folclor, las costumbres y la religiosidad popular muestran la vigencia de la devoción a los santos hasta nuestros días.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En las zonas rurales se mantiene con especial fuerza el culto a los santos como “patronos”, siendo objeto de mandas, peregrinaciones, como es el caso de san Sebastián, santa Rosa, san Pedro, a pesar de las normativas de la Iglesia. Bernardo O’Higgins, en su intento de incorporar nuevos hábitos republicanos cuando comienza el siglo XIX, al ejercer sus funciones como Director Supremo de la naciente nación (1817-1823), lucha contra esta tradición y prohíbe construir ramadas en las festividades de los patronos de los pueblos<a href="#_ftn12" name="_ftnref12">[12]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Durante el siglo XIX, al desarrollarse un cambio en la espiritualidad, más interiorizada, más sensible, carente de las manifestaciones propias del Barroco; en Chile se siguen celebrando y venerando a los santos de acuerdo a los nuevos tiempos<a href="#_ftn13" name="_ftnref13">[13]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este cambio de siglo y mentalidad permite entonces abrirse a la devoción de otros santos y así, algunas más propias del periodo anterior como la del Apóstol Santiago, van perdiendo fuerza al tomar un carácter más simbólico que religioso.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El siglo XX concita otro tipo de adhesión de parte de los fieles, sintiéndose coterráneos del santo. Con las figuras de santa Teresa de Jesús de Los Andes canonizada en 1993 y de san Alberto Hurtado declarado santo el año 2005, los chilenos han podido experimentar una devoción diferente, más propia, más cercana y también más fervorosa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Teresa de Los Andes: fervor, milagros y santuario</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En 1920 a los 19 años moría en el Carmelo de Los Andes Teresa de Jesús, en el mundo Juanita Fernández Solar, una joven chilena perteneciente a una familia de élite que había tenido una vida absolutamente normal. Sorpresivamente la noticia de su muerte –en un monasterio de absoluta clausura− se propaga rápidamente entre sus familiares, amigos y, lo más notable entre muchos desconocidos, incluso publicándose en los periódicos necrologías sobre esta joven carmelita<a href="#_ftn14" name="_ftnref14">[14]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Recién fallecida, una cronología publicada en el <em>Diario Ilustrado</em> la compara incluso con Teresa de Lisieux, ad portas de ser canonizada:</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">“No envidiemos a la Francia que en el Carmen de Lisieux canta al mundo su gloria de ser cuna de <em>Thérèse de l’enfant Jésus</em>. Teresa de Jesús se llamó a Juanita Fernández seis días antes de expirar… quienes duden de sus heroísmos y santidad… oigan a sus padres… e interroguen a las religiosas del Convento de Los Andes”<a href="#_ftn15" name="_ftnref15">[15]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Una realidad tan cotidiana como la muerte de una mujer abre un importante capítulo en la historia de Chile y específicamente en la historia de la Iglesia y de la devoción popular.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La veneración de los santos es una pieza fundamental en la religiosidad popular y enraizado en ella se encuentra otro fenómeno: el milagro. También estudiado ampliamente por el magisterio de la Iglesia, la teología y las ciencias sociales, el poder taumatúrgico de los santos ha sido desde el siglo XVI (1588) decisivo para señalar quiénes merecen llegar a los altares de los múltiples candidatos a la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es relevante que en el caso chileno sea una mujer, carmelita, mística, de élite, que muere con tan solo 20 años sin haber realizado ningún hecho extraordinario, la primera en recibir el título de santa. Si bien su proceso se inicia en 1947, se conservan en el Monasterio carmelita del Espíritu Santo de Los Andes −hoy emplazado en el santuario de Auco− convincentes testimonios de distintas personas que han recibido gracias especiales de la Teresa chilena, ya apodada Teresita, desde el momento de su muerte.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El milagro, que como señala la experta historiadora italiana Sofia Boesch Gajano, se encuentra en la frontera de la experiencia individual, de los sentimientos religiosos colectivos, de las prácticas rituales, del control institucional, como asimismo en la compleja relación entre fe, razón y ciencia; ha pasado a ser parte de las necesidades materiales y espirituales de la sociedad y afirma que aun hoy se puede constatar cómo en comparación a los pocos milagros “comprobados” por la Iglesia, es decir, para los cuales no se ha logrado encontrar una explicación científica; se pueden contrastar  infinitos otros acontecimientos percibidos por cada uno de los fieles y comunidades enteras, como fruto indudable de una intervención divina<a href="#_ftn16" name="_ftnref16">[16]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La gran devoción que ha despertado Teresa de Los Andes desde su muerte hasta nuestros días, en gran parte se debe a los múltiples hechos milagrosos que los fieles atribuyen a su intercesión. Siguiendo la línea de Sofía Boesch, si bien solo dos han sido reconocidos por la jerarquía eclesiástica, valiéndole uno la beatificación y el otro la canonización, son miles las personas de todo Chile y del extranjero que están seguros de la intervención de la llamada familiarmente Teresita en múltiples gracias y favores concedidos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Como señalábamos, en la década de 1920, ya se deja constancia en el Monasterio de los Andes de estas situaciones sobrenaturales. Desde Rebeca Fernández, hermana de Juanita, hasta personas que no sabían de su existencia, conmueven con sus testimonios y por lo mismo mueven a otros a pedir y por ende a creer.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algunos ejemplos: su hermana Rebeca, dice haber sido curada de un “debilitamiento nervioso”. Al morir Juanita, estaba muy mal física y espiritualmente, sin embargo, su partida le habría devuelto la paz y la salud en todo sentido. Tan clara vio su intercesión, que ingresó al Carmelo para tomar su lugar […]”<a href="#_ftn17" name="_ftnref17">[17]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Diferente es el caso de una mujer, cuyo nombre no se revela, quien el 25 de diciembre de 1921 escribe a la comunidad carmelita su testimonio personal, señalando que no puede especificar la cantidad de gracias que le ha conferido la mediación de Teresa de Los Andes, apuntando todas al bien del alma<a href="#_ftn18" name="_ftnref18">[18]</a>. Años después, en marzo de 1927 otra devota constata que, habiendo sufrido su marido en julio de 1925 “un fuerte ataque al cerebro”, ella se encomendó a sor Teresa, agradeciéndole su pronta muerte: “Cierto que para mí era triste su pérdida, pero de consuelo al fin […]. Ahora doy por escrito esta gracia para que las personas piadosas y creyentes se encomienden a la angelical criatura, Sor Teresa de Jesús, pues ella les alcanzará lo que pidan”<a href="#_ftn19" name="_ftnref19">[19]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En la segunda edición de <em>Un lirio del Carmelo </em>(1931), primera biografía de la santa (1926)<a href="#_ftn20" name="_ftnref20">[20]</a>, en 1931, se apunta: “Desde que apareció la primera edición de este libro, la fe en la eficacia y poder de la intercesión de Sor Teresa de Jesús ha ido en aumento. Constantemente vienen a nuestro Monasterio a dar gracias por los favores que se le atribuyen”<a href="#_ftn21" name="_ftnref21">[21]</a>. Se relatan varios favores concedidos a personas de todo Chile y también del extranjero.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así siguen multiplicándose los favores y los devotos hasta que en 1947 se inicia oficialmente el proceso diocesano conducente a su beatificación que comprende varias etapas<a href="#_ftn22" name="_ftnref22">[22]</a>. En 1978 se clausura la llamada “<em>cognitionis</em>” remitiéndose las actas a Roma. Pablo VI, un mes antes de morir, dispone que se abra el proceso de sor Teresa de Los Andes. Mientras este transcurre en el Vaticano, la prensa nacional en las décadas de 1970 y 1980 da a conocer la vida de Juanita Fernández. Por ejemplo, <em>Las Últimas Noticias</em> publica en 1974 una serie de 29 artículos sobre su vida<a href="#_ftn23" name="_ftnref23">[23]</a>. Asimismo, los periódicos demuestran la ansiedad nacional por lograr su beatificación. En abril de 1980 aparecía en el <em>Diario Austral </em>de Temuco el titular: “Sor Teresa de Los Andes: Diecinueve años bastan para vivir en santidad”<a href="#_ftn24" name="_ftnref24">[24]</a> y en <em>El Mercurio</em> de Santiago por su parte: “Sor Teresa de Los Andes próxima a ser beatificada”<a href="#_ftn25" name="_ftnref25">[25]</a>; en julio de ese año dice <em>La Estrella</em> de Valparaíso: “La Santa de Los Andes a la espera de un altar”<a href="#_ftn26" name="_ftnref26">[26]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 3 de diciembre de 1985 se pronuncian favorables a la heroicidad de las virtudes de Juanita nueve teólogos que estudian el caso en El Vaticano. Al día siguiente ocurre un incendio en Santiago que permitirá la beatificación de Teresa, pues se atribuye la curación milagrosa por su intercesión del bombero Héctor Uribe Carrasco, luego de recibir una descarga eléctrica y ser diagnosticada su “muerte cerebral”<a href="#_ftn27" name="_ftnref27">[27]</a>. En el mes de marzo, el Papa Juan Pablo II firma el decreto de reconocimiento y aprobación de la heroicidad de sus virtudes y Teresa pasa a ser “venerable”. Casi un año después, en febrero de 1987, son exhumados sus restos en presencia del Obispo de San Felipe Manuel Camilo Vial y el milagro del bombero es aprobado para conceder la beatificación, cerrándose el proceso el 1 de marzo de 1987<a href="#_ftn28" name="_ftnref28">[28]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"><strong>La visita papal y el nuevo santuario </strong></h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En abril de 1987 por primera vez visita nuestro país el Obispo de Roma. Es en ese contexto que Juan Pablo II beatifica a Teresa de Los Andes. La ceremonia se lleva a cabo el 3 de abril en el Parque O’Higgins durante una misa a la que asisten más de 500.000 personas<a href="#_ftn29" name="_ftnref29">[29]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Dada la relevancia de este hecho y la devoción de los fieles que crece con los años, surge la necesidad de construir un santuario dedicado a la nueva beata. El Monasterio del Espíritu Santo ubicado en Los Andes no poseía las condiciones necesarias para acoger a los miles de peregrinos de todo el país que acuden a ella desde su muerte.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Siendo los santuarios “una muestra de que la Iglesia es un acontecimiento público, de que la fe es una experiencia de encuentro, abierta a los distintos pueblos y a las distintas personas”, como afirma Pedro Morandé, era imperante buscar el lugar más idóneo para erigirlo, pues se esperaba que muchos se sintieran acogidos allí; no solo los creyentes, sino que todos quienes se sintieran llamados a visitarlo<a href="#_ftn30" name="_ftnref30">[30]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El santuario de Auco tenía una doble finalidad, estar consagrado a la Virgen del Carmen y custodiar los restos de Teresa de Los Andes.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El cuerpo de Juanita había sido sepultado tras su muerte en el huerto del monasterio para ser trasladado al interior del coro conventual en 1940. Al igual que en los primeros tiempos de la Iglesia<a href="#_ftn31" name="_ftnref31">[31]</a>, los fieles chilenos quisieron venerar sus restos y de ahí las innumerables visitas al Carmelo de Los Andes. El santuario dedicado a ella ya se preveía necesario a comienzos de la década de 1980<a href="#_ftn32" name="_ftnref32">[32]</a> y solo fue una realidad luego de la beatificación.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El lugar elegido fue un sector llamado “la cuesta”, en la comuna de Rinconada de Los Andes, en la confluencia de los caminos de Los Andes a Santiago y a San Felipe. Se escoge este sitio, según señala el arquitecto Raúl Irarrázaval, autor del proyecto, a <em>El Mercurio,</em> porque se privilegió “un lugar cercano al camino internacional a Mendoza”, “ubicado en una especie de ramal de la carretera a Argentina. Luego se pensó en un santuario a ‘media altura’ [… que] debiera dar el ejemplo yéndose a las alturas’. […] Se buscó también un lugar alejado de las ciudades porque las carmelitas ya no podían realizar con tranquilidad su vida contemplativa en la ciudad de Los Andes”<a href="#_ftn33" name="_ftnref33">[33]</a>. En palabras de las carmelitas: “Auco es el lugar concreto elegido para este fin: valle silencioso, rodeado de cerros, con la majestuosa cordillera de los Andes al frente y a escasos kilómetros de la misma ciudad de Los Andes. Sabemos que es un terreno límite de la hacienda Chacabuco, perteneciente a don Eulogio Solar Quiroga, abuelo materno de Teresa”<a href="#_ftn34" name="_ftnref34">[34]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En octubre de 1987 se trasladan las carmelitas al nuevo monasterio, llevando con ellas la urna que contiene las reliquias de la beata. Entre aclamaciones son acompañadas por miles de fieles. En la inauguración señaló Monseñor Angelo Sodano, Nuncio de Su Santidad, proféticas palabras: “Este santuario está llamado a ser la capital espiritual de Chile”<a href="#_ftn35" name="_ftnref35">[35]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 11 de diciembre de 1988, luego de una Eucaristía presidida por el entonces cardenal Arzobispo de Santiago Juan Francisco Fresno y concelebrada por varios obispos y sacerdotes, con una concurrencia de al menos 50.000 peregrinos según anotan las religiosas<a href="#_ftn36" name="_ftnref36">[36]</a>, los restos de Teresa de los Andes –bajo la inscripción “Hija predilecta de la Iglesia”− fueron depositados definitivamente en la cripta bajo el templo recientemente construido en honor a Nuestra Señora del Carmen. La urna fue llevada simbólicamente por un carro de bomberos que recorrió lentamente todo el santuario<a href="#_ftn37" name="_ftnref37">[37]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Al día siguiente, en la fiesta de la Virgen de Guadalupe, es consagrado el templo a Nuestra Señora del Carmen, siendo representada la Iglesia chilena con la presencia de 32 obispos, los dos cardenales (Raúl Silva y Juan Francisco Fresno) y el Nuncio Apostólico. En la homilía señaló Monseñor Manuel Camilo Vial: “Todo santuario tiene su historia y en su origen siempre hay un acontecimiento extraordinario de la gracia. En este santuario es la beata Teresa de Los Andes… esa joven, esa religiosa carmelita modelo de virtud”<a href="#_ftn38" name="_ftnref38">[38]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Desde ese momento la masiva afluencia de fieles al santuario ha sido una constante, especialmente incrementada gracias la peregrinación “De Chacabuco al Carmelo” de los jóvenes en el mes de octubre, iniciada en 1990 y que se mantiene hasta hoy como una tradición. Esta caminata de 27 kilómetros fue organizada por la Pastoral del Arzobispado de Santiago, incluyendo durante los tres primeros años también una vigilia de sábado a domingo en la explanada del santuario. Notable resulta la inmediata acogida por la juventud de todo el país. Al comienzo eran aproximadamente 35.000 los peregrinos<a href="#_ftn39" name="_ftnref39">[39]</a>, cifra que aumenta con el tiempo hasta llegar a 100.000 jóvenes en 2004, número que no ha descendido según consta en los registros del santuario<a href="#_ftn40" name="_ftnref40"><sup>[40]</sup></a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La muestra de fervor, de fe y de entusiasmo de estos chilenos va de la mano con la importancia atribuida por la Iglesia a este tipo de manifestaciones de la religiosidad popular. Dicen los obispos en Aparecida en 2007: “El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador”<a href="#_ftn41" name="_ftnref41">[41]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Evidentemente la canonización de Teresa el 21 de marzo de 1993 atrae aun a más devotos al santuario, se trata de la primera santa chilena y la primera carmelita americana en llegar a los altares.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este hito final del proceso se debió al milagro concedido a Marcela Antúnez, una niña de 11 años, quien sufrió asfixia por inmersión al caer a una piscina en un paseo escolar en Santiago. Dice el periódico <em>La Estrella</em> que ya en el hospital, “la dejaron en una sala para conducirla a la morgue. Grande fue la sorpresa de una enfermera cuando a los pocos minutos entró a la salita y observó que la niña respiraba lentamente”<a href="#_ftn42" name="_ftnref42">[42]</a>. La niña se recupera completamente sin existir explicación médica de por medio. Este caso tan especial es reconocido por la Santa Sede en 1992 y el 11 de diciembre de ese año el Papa Juan Pablo II firma el decreto de canonización, anunciando que la ceremonia se llevará a cabo en marzo del año siguiente en Roma<a href="#_ftn43" name="_ftnref43">[43]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La canonización suscita también a los fieles a peregrinar, más de cinco mil chilenos acuden a Roma para la ocasión<a href="#_ftn44" name="_ftnref44">[44]</a> y al santuario de Auco 160.000<a href="#_ftn45" name="_ftnref45">[45]</a>. Chile, fiel a su tradición barroca y a su historia, se viste de fiesta para agradecer el reconocimiento de la primera santa de nuestra tierra.  La provincia de Los Andes se abandera por tres días “como una manera de honrar la canonización de Sor Teresa”<a href="#_ftn46" name="_ftnref46">[46]</a>. En la explanada de Auco, animados con cantos y bailes religiosos, 40.000 madrugadores devotos, entre los que se cuentan también extranjeros demostrando que la devoción traspasa las fronteras, se reúnen en una vigilia a las 4:30 horas esperando el momento de la canonización, que debía ser avisado por los bomberos con el “ulular de sus sirenas”, junto con el repicar de las campanas de todas las parroquias y capillas<a href="#_ftn47" name="_ftnref47">[47]</a>. Muchos templos y capillas de Santiago, Valparaíso y Viña del Mar están abiertos a los devotos para las vigilias; asimismo la tecnología permite múltiples instalaciones de pantallas gigantes a fin de que todos los chilenos puedan estar presentes en El Vaticano<a href="#_ftn48" name="_ftnref48">[48]</a>. Por su parte, el intendente de la Región Metropolitana ante la consulta de los ciudadanos, autoriza para ese día el izamiento voluntario del emblema patrio tanto en los domicilios particulares como en los edificios públicos<a href="#_ftn49" name="_ftnref49">[49]</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La misa solemne del domingo en Auco cuenta excepcionalmente con la presencia de las religiosas de los monasterios de Los Andes y Viña del Mar; una santa carmelita permite una excepción a la clausura teresiana<a href="#_ftn50" name="_ftnref50">[50]</a>.</h5>
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<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En Roma es bendecida por el Papa la imagen policromada de la santa que luego viaja a Chile en comitiva oficial para presidir la cripta, siendo recibida a su llegada por “millares de personas, incluidas delegaciones con trajes típicos”<a href="#_ftn51" name="_ftnref51">[51]</a>. La fiesta continúa, pues visita varias parroquias hasta llegar a la Catedral Metropolitana donde se celebra una Eucaristía de acción de gracias. Jaime Ravinet, alcalde de Santiago la declara “Hija ilustre” y “Protectora de la ciudad”. Antes de partir a Los Andes, la imagen de la santa pasa por lugares emblemáticos como el Monasterio del Carmen de San José, primero de la Orden en Chile; el Colegio del Sagrado Corazón de Apoquindo, en el que se había educado Juanita en la Alameda con Maestranza; el Colegio Clara Estrella de la Cisterna, a cargo de las religiosas del Sagrado Corazón; como también por las comunas de Vitacura  y Lo Barnechea; finalmente se detiene en el Templo Votivo de Maipú, dedicado a Nuestra Señora del Carmen, inspiradora de la Orden Carmelita hasta detenerse en Los Andes el 11 de abril<a href="#_ftn52" name="_ftnref52">[52]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Aunque el santuario comienza otro capítulo de su historia pues cuenta con una santa, los fieles lo han sentido así desde antes del pronunciamiento de la Santa Sede. Ellos, desde la inauguración de Auco en 1987 han acudido incesantemente con objetivos muy claros: rezar, agradecer y pedir. Esta audiencia pía ha dejado plasmados los testimonios desde 1920, demostrando una fe y una cercanía a la santa, conmovedores en medio de una sociedad secularizada como la de hoy.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El archivo del Monasterio además de custodiar los escritos originales de Teresa, hoy reliquias, conserva miles de otros documentos (sesenta volúmenes) que constituyen ricas fuentes históricas para constatar la devoción suscitada en la población hacia Teresa de Los Andes. En su mayoría se trata de manuscritos o textos dactilografiados en los que los fieles han dejado voluntariamente constancia de sus peticiones, mandas y sobre todo favores concedidos<a href="#_ftn53" name="_ftnref53">[53]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A pesar de los datos sobre la disminución del número de católicos en Chile que entregan las estadísticas -según consta en la Conferencia Episcopal<a href="#_ftn54" name="_ftnref54">[54]</a> y en las publicaciones del INE<a href="#_ftn55" name="_ftnref55">[55]</a> el número de bautizados en relación al número de habitantes habría bajado en un 13% entre 1970 y 2000-, una atenta lectura de estos testimonios y una interpretación del número de peregrinos al santuario de Auco, permite sostener desde una mirada cualitativa y también cuantitativa, que la religiosidad popular se mantiene viva en Chile<a href="#_ftn56" name="_ftnref56">[56]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Algo parecido ha ocurrido en Lourdes, Francia, uno de los centros religiosos más concurridos del mundo. Al iniciarse el siglo XX el país vive la separación de la Iglesia y el Estado (1905) que demuestra el laicismo imperante. Sin embargo, las procesiones organizadas en 1908 a los santuarios de Lourdes que conmemoran los 50 años de las apariciones de la Virgen a la humilde Bernadette Soubirous, según la estudiosa del tema Chantal Touvet, toman proporciones “nunca antes vistas”, ascendiendo el número de peregrinos que llegan vía ferrocarril a 2.300.000; los trenes de peregrinación se elevan a 602 para el año del cincuentenario en comparación a los 244 del año anterior<a href="#_ftn57" name="_ftnref57">[57]</a>.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Así como en Francia y otros santuarios religiosos, los fieles en Auco tienden a sentirse siempre beneficiados. Como ya apuntáramos, es común en el caso de la intercesión de Teresa de Los Andes esta sensación. Al tomar una muestra aleatoria de 205 casos de manifestaciones de los fieles de los años 1987 y 1988<a href="#_ftn58" name="_ftnref58">[58]</a> es relevante comprobar que el 75% de ellas corresponde a agradecimientos, es decir, se trata de personas que se sienten beneficiadas “milagrosamente” según sus propias necesidades. El resto de las manifestaciones se refiere en un 17% a peticiones, un 4% a una combinación del agradecimiento y el favor y solo 3,5 % a testimonios y un 0,5 % a exculpaciones (0,5%). Por lo tanto, un 92% cree en el poder taumatúrgico de la santa al agradecer o pedir, indistintamente.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>Conclusión</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La pervivencia de la figura de Teresa de Los Andes, primera santa chilena, en una sociedad secularizada como la actual, se vincula estrechamente con la devoción popular. Esta última ha sido reconocida y valorada, tanto por las ciencias sociales en cuanto objeto de estudio, como por la Teología en tanto camino válido de aproximación a lo divino, especialmente desde la década de 1960 hasta hoy. Por lo mismo, la aproximación a la historia efectual del proceso de santidad de Teresa, requiere la comprensión de dicho fenómeno a través de las fuentes directas e indirectas que rodean su camino a los altares. La puesta en valor, relectura y clasificación de los manuscritos que custodia el Monasterio del Espíritu Santo en Auco, la aproximación multidisciplinaria al concepto de la devoción popular, el estudio histórico del personaje y de la santidad; nos permite concluir que, paradójicamente, la devoción transversal a la santa por parte de los chilenos, no se ha visto afectada ante la disminución de los católicos en el país. Justamente la dimensión popular de dicha devoción permite afirmar desde una mirada cuantitativa y cualitativa, que la audiencia pía se mantiene cercana a la santa y a su santuario a través de múltiples manifestaciones que atestiguan su creencia en el milagro y la santidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>NOTAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1">[1]</a> Este artículo es una versión resumida de otro que publicamos con anterioridad: “Teresa de Los Andes y la devoción popular en el santuario de Auco. Aproximación histórica 1987-1993”, <em>Intus Legere- Historia</em>, ISSN 0718-5456, EISSN 0719-8949, año 2017, vol. 11, Nº1, pp. 99-119.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2">[2]</a> Francisco, Papa 2013,  <em>Evangelium Gaudium. Exhortación apostólica</em>. vatican.va.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3">[3]</a>  Johansson Friedemann, Cristián. <em>Religiosidad popular entre Medellín y Puebla: antecedentes y desarrollo.</em> Santiago: Pontificia Universidad Católica de Chile, 1990.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4">[4]</a> Existen muchas publicaciones sobre el tema. Destacamos: Santaló, Carlos et al. <em>La religiosidad popular. </em>Barcelona: 2003; Un estudio de casos ilustrativo es Piñuel y Raigada, José Luis, “Un análisis de contenido de devociones populares”, <em>Revista española de Investigaciones sociológicas, </em>N°3, (Julio-septiembre, 1978): 135-164.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5">[5]</a> Congar, Yves. <em>Le Concile de Vatican II. </em><em>Son Église. Peuple de Dieu et corps du Christ.</em> París: Beauchesne, 1984, 13 y ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6">[6]</a> Ver: Cristián Johansson Friedmann, <em>Religiosidad popular entre Medellín y Puebla: antecedentes y desarrollo, Pontificia Universidad Católica, Santiago, 1990.</em> Señala el autor: “El descubrimiento de lo que en Latinoamérica se ha dado en llamar religiosidad popular es un proceso cuyo inicio es posible ubicar con una cierta precisión en la década de 1960”, 33.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7">[7]</a> Pablo VI, Papa. <em>Evangelii nuntiandi. </em><em>Exhortación apostólica.</em> Roma, 1975.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8">[8]</a> Francisco, Papa. <em>Evangelium Gaudium</em>, 100.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9">[9]</a> Morandé, Pedro. <em>“Rol de la Religiosidad Popular Mariana en la Nueva Evangelización”, en Iglesia y Cultura en América Latina</em>. Lima, 1989, 85-86.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10">[10]</a> Cruz, I. <em>La Fiesta. Metamorfosis de lo cotidiano.</em> Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile, 1995, 158.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11">[11]</a>  Ibid., 21.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12">[12]</a> Ibid., 233.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13">[13]</a> Ver: estudio preliminar, Serrano, Sol (ed.). <em>Vírgenes viajeras. Diarios de religiosas francesas en su ruta a Chile 1837.1874</em>. Santiago: Ediciones UC, 2000. La autora retrata con claros ejemplos cómo las religiosas francesas intentan cambiar la piedad de tipo barroca por una más interiorizada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14">[14]</a> Carmelitas Descalzas. <em>Lirio del Carmelo.</em> 1931, 423.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15">[15]</a> Ibid., 419.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16">[16]</a> Boesch Gajano, Sofia. <em>La santità.</em> Roma: Laterza, 1999, 24 y ss.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17">[17]</a> Carmelitas Descalzas. <em>Lirio del Carmelo.</em> 1931, 448.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18">[18]</a> Ibid., 452.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19">[19]</a> Carmelitas Descalzas, 1931, 460-461.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20">[20]</a> La primera edición de <em>Un Lirio del Carmelo</em> es de 1926 y la segunda, corregida, de 1931.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21">[21]</a> Carmelitas Descalzas, 1931, 466.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22">[22]</a> Las etapas son: siervo de Dios, venerable, beato y santo. Luego de la beatificación es permitido el culto público, de ahí la expresión “llegada a los altares”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23">[23]</a> Muñoz, Anamaría. <em>“Presencia de Santa Teresa de Los Andes en la prensa chilena 1972-2010. El Mercurio de Santiago y La Estrella de Valparaíso” Tesis para obtener el título de Licenciada de Historia, Universidad de los Andes.</em> Santiago: Inédita, 2013.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24">[24]</a> <em>Diario Austral</em>, Temuco, Suplemento, 6 de abril de 1980, 8-9.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25">[25]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 15 de abril de 1980, p.s/n.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26">[26]</a> <em>La Estrella</em>, Valparaíso, 21 de julio de 1980, 5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27">[27]</a> Risopatrón, Ana María. <em>Teresa de Los Andes. Teresa de Chile</em>. Santiago: Paula, 1988. Sanctorum, Congregatio Pro Causis.<em> Sancti Philippi Canonizationis Servae Dei Teresiae a Iesu (“de los Andes”). </em><em>Positio Supervirtutibus</em>. Roma, 1985.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28">[28]</a> Risopatrón, Ana María. <em>Teresa de Los Andes. Teresa de Chile,</em> 214.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29">[29]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 4 de abril de 1987, p. A1, foto y pie de foto: “Medio millón de personas en el Parque O’Higgins”; “casi un millón de personas”, en <em>La Estrella, </em>Valparaíso, 4 de abril de 1987, 2 y 3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30">[30]</a> Morandé, Pedro. <em>“Rol de la Religiosidad Popular Mariana en la Nueva Evangelización”, </em>90-91.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31">[31]</a> Bouchard, Francois. <em>Les reliques des saints. </em><em>Une source des miracles.</em> París: Salvator, 2013, 17.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32">[32]</a> <em>La Segunda</em>, La Gaceta, 4 de abril de1983, p. 6-7. Se señala en esta fuente que ya se recaudan fondos para este fin.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33">[33]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 21 de marzo de 1993; Muñoz, Anamaría, <em>“Presencia de Santa Teresa de Los Andes en la prensa chilena 1972-2010”, </em>2013, 61.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34">[34]</a> Orden del Carmelo Descalzo. <em>Santa Teresa de Los Andes. </em>Revista Paula, Taller Uno y Cochrane, S.A. ^sin año registrado, pero la publicación es de 1993], 171.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35">[35]</a> Ibid., 169.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36">[36]</a> Ibid., 171.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37">[37]</a> Ibid., 169.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38">[38]</a> Ibid., 171.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39">[39]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 24 de octubre de 2004, C12: “Santuario de Auco: 100.000 jóvenes inician hoy su peregrinación”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40"><sup>[40]</sup></a> Registros del Santuario de Auco a cargo de Nancy Oyaneder.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41">[41]</a> <em>Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Documento conclusivo.</em> Aparecida, 2007.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42">[42]</a> <em>La Estrella, </em>Valparaíso, 20 de marzo de 1993, 28</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43">[43]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 21 de marzo de 1993, E28.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44">[44]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 20 de marzo de 1993, A1,A23,C3; <em>Revista Santuario Teresa de Los Andes</em>, nº 73/2, 2010, 18-19.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45">[45]</a> <em>La Estrella</em>, Valparaíso, 22 de marzo de 199, portada.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46">[46]</a> <em>El Mercurio</em>, 20 de marzo de 1993, Santiago, A1 y A23.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47">[47]</a> Ibid<em>.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48">[48]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 17 de marzo de 1993, C6.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49">[49]</a> “En Santiago: autorizan izar la bandera chilena”, <em>El Mercurio</em>, Santiago, 21 de marzo de 1993, A5.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50">[50]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 22 de marzo de 1993, C3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref51" name="_ftn51">[51]</a> <em>El Mercurio</em>, Santiago, 22 de marzo de 1993, A1 y A11.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref52" name="_ftn52">[52]</a> <em>El Mercurio, </em>Santiago, 21 de marzo de 1993, A12, E16 y E17; 23 de marzo de 1993, C3.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref53" name="_ftn53">[53]</a> Estos documentos se encuentran en proceso de catalogación y digitalización gracias al Proyecto proyecto FAI: “Un archivo en riesgo: el legado de Santa Teresa de Los Andes” (2013-2015), financiado por el Fondo de Ayuda a la investigación de la Universidad de los Andes.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref54" name="_ftn54">[54]</a>  <em>Statical Yearbook of The Church</em>, 1995.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref55" name="_ftn55">[55]</a> <em>Chile: proyecciones y estimaciones de población 1990-2020. País y regiones.</em> Santiago: CEPAL, sin fecha.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref56" name="_ftn56">[56]</a> Dado que el Censo de la República de 1982 no proporciona la información referente a la religión (INE), hemos recurrido a los datos de la Conferencia Episcopal para aproximarnos al número de católicos. Debido a que no podemos medir las prácticas de piedad en general, hemos optado por confrontar el número de chilenos con las cifras de los bautizados en diferentes fechas, a fin de lograr acercarnos al número de católicos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref57" name="_ftn57">[57]</a> Touvet, Chantal. <em>Histoire des sanctuaires de Lourdes 1870-1908. La vocation de la France.</em> Lourdes: NDL Éditions, 2005, 650-651.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"><a href="#_ftnref58" name="_ftn58">[58]</a> Archivo del Monasterio del Espíritu Santo, Auco.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Superar el grave déficit de confianza - Cristián Parker Gumucio</title>
		<link>https://revistacatolica.ecrm.cl/2020/04/superar-el-grave-deficit-de-desconfianza-cristian-parker-gumucio/</link>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2020 14:11:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[pfherrera]]></dc:creator>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><em>Las redes de confianza, fundadas en la amistad constituyen capital social, elemento fundamental en la construcción de la sociedad civil.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Superar el grave décifit de confianza</strong>
<strong>Cristián Parker Gumucio</strong>
<strong>Doctor en Sociología. Universidad de Santiago</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: center;"><a href="http://revistacatolica.cl/wp-content/uploads/2020/04/CRISTIAN-PARKER.pdf" target="_blank" rel="noopener">DESCARGAR ARTÍCULO EN PDF</a></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5></h5>
<h5></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>CONFIANZA EN CRISIS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">El 18 de octubre del año pasado hubo un estallido social en Chile. Un hecho inesperado que ha marcado la vida de los chilenos desde entonces. Se ha dicho que una de sus principales causas han sido las desigualdades sociales; que la gente se cansó de tanto abuso y busca recuperar su dignidad; que las pensiones son un grave problema que aqueja a las familias chilenas; que las demandas por una salud y educación dignas han quedado sin soluciones satisfactorias... En fin, se han señalado varias otras causas. Lo cierto es que los problemas mencionados forman parte de una verdad indiscutible.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Sin embargo, se ha insistido menos en una causa de fondo: ¡la grave crisis de confianza en las instituciones! En una encuesta nacional del Consejo para la Transparencia de fines de 2019, cuyos resultados se publicaron a comienzos de febrero de 2020, un 84% de los ciudadanos considera al Estado “distante”; un 76% considera que “tiene un mal trato” y un 71% dice que “discrimina”. Solo dos de cada diez personas confían en el Estado. La encuesta CEP de noviembre de 2019 reveló un bajísimo porcentaje de ciudadanos que aprueban a la Presidencia de la República y al Congreso, y muy bajos niveles de confianza en las autoridades.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con todo, estos son los niveles de confianza posteriores al estallido social de octubre 2019. ¡La pérdida de confianza era muy anterior! Una mirada a los datos de las encuestas previas revela que los niveles de confianza en las instituciones habían descendido ya de manera alarmante durante las últimas décadas. La encuesta que realiza la Universidad Católica de Chile en conjunto con Adimark, de fines de 2015, indicaba que la confianza en las Fuerzas Armadas (FFAA) había descendido de 37% en 2006 a 26% en 2015; en las empresas de 16% en 2013 a 8% en 2015; en los partidos políticos de 6% en 2006 a 2% en 2015; en los parlamentarios de 5% en 2006 a 1% en 2015.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La encuesta CEP, a su vez, nos mostraba a fines de 2019 que la confianza en Carabineros, la institución en la que la gente más confiaba en 2015 con un 57% de confianza, había descendido a 37% en 2017; que la confianza en la Policía de Investigaciones (PDI) había descendido desde 51% en 2015 a 37% en 2017, y en las Fuerzas Armadas desde 50% en 2015 a 40% en 2017. Los Tribunales de Justicia y el Ministerio Público habían ascendido levemente entre 2015 y 2017 desde 7% a 12% y 11% a 14%. Las empresas privadas se habían mantenido, pero bajas en confianza: 12% en 2015 y 13% en 2017; y el Gobierno había descendido de 15% a 11%; el Congreso se había mantenido bajo en 6% y los partidos políticos habían ascendido levemente de 3% a 6%. Es de notar que, en todos los casos referidos a instituciones del Estado, como poder judicial, ejecutivo o legislativo, el piso inicial era ya muy bajo.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Con el estallido social todos estos niveles de confianza se han ido a los suelos: en diciembre de 2019 la gente confiaba en Carabineros solo un 17%; en la PDI, 25%; FFAA, un 24%; Tribunales de Justicia, 8%; Ministerio Público, 6%; empresas privadas, 7%; Gobierno, 5%; Congreso, 3% y partidos políticos, solo 2%.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Por otro lado, la crisis ha mostrado también un rostro negativo de la protesta inspirada en una rabia incontenida: la violencia destructiva por una parte, la violación a derechos de las personas, por otra; la destrucción de bienes públicos, los saqueos, en fin, la intolerancia y la polarización. Grupos exaltados y fuerzas del orden han sobrepasado los límites de una sana expresión de descontento o de restablecimiento del orden. No solo el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), sino que también organismos internacionales han denunciado violación de los derechos humanos. En la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) un 64% de los encuestados indicó que Carabineros “violaron los derechos humanos durante la crisis frecuentemente” y un 24% adicional señaló que esto ocurrió “a veces”.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>AMISTAD Y RELACIONES AFECTIVAS</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Antes del estallido la convivencia social, en general, se había deteriorado mucho. La encuesta PUC-Adimark señala que la gente en Chile había perdido la confianza en su entorno inmediato y que incluso se habían debilitado los lazos de amistad entre las personas. La gente declaraba tener un promedio de 4,3 amigos cercanos en 2006; 3,6 en 2013 y 2,5 en 2015. En 2006 la gente conocía por su nombre a 10,7 vecinos cercanos, en 2013 solo a 7,9. En 2015 un 68% declaraba vivir en un vecindario donde cada uno desarrolla su vida independientemente y “nunca hacen cosas juntos”. En 2015, un 23% de las personas creía que “se puede confiar en la mayoría de las personas” (encuesta PUC-Adimark) y, según encuesta Latinobarómetro, un 15,4% creía lo mismo en 2018.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Demás está decir lo relevante que resultan las relaciones afectivas para el desarrollo personal y social. La amistad y el afecto son centrales en la vida de las personas. Las redes de confianza, solidaridad e intercambio constituyen capital social, elemento fundamental de construcción de la sociedad civil. Es decir, ya mucho antes del estallido social, se había evidenciado un déficit de amistad, de relaciones comunitarias y de confianza interpersonal y en las instituciones. Era un signo que como sociedad estábamos funcionando mal.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Se insiste que “Chile despertó”, lo que evidencia un hecho real: el estallido social ha posibilitado sacar a luz demandas y quejas que estaban escondidas; para muchos ha significado tomar consciencia de realidades que estaban ocultas y, para todos, una nueva consciencia social que marca un país distinto hacia el futuro. Por otra parte, las manifestaciones y protestas han revitalizado a las organizaciones sociales y han posibilitado, además, una movilización de energías comunitarias antes dormidas. En todas las localidades, hasta en las más apartadas ha habido movilizaciones, los cabildos se han generalizado y las organizaciones vecinales se han mostrado activas. Un nuevo sentido de solidaridad colectiva se ha despertado entre los ciudadanos. Todo parece indicar que el capital social se comienza a reconstruir. Con todo, se asoman nuevas tormentas que con cierta seguridad se nos vienen, porque los problemas de fondo no han sido resueltos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Si hay signos negativos en estos tiempos, los hay también positivos. Uno de los más significativos fue la amplia participación voluntaria en la Consulta Ciudadana organizada por la Asociación de Municipalidades en diciembre de 2019. Esta consulta se efectuó en más de 225 municipios del país y votaron más de 2 millones 425 mil electores, en algunas comunas hubo incluso más votantes que en las últimas elecciones municipales. El resultado general mostró que una inmensa mayoría de chilenos consultados aprueba la idea de que se redacte una nueva Constitución (más del 92%), que el voto sea obligatorio (más del 85%) y que el mejor mecanismo para la labor constituyente es una Convención con delegados elegidos para tal efecto (72%). Asimismo, en cuanto a las demandas sociales, plantearon mayoritariamente el siguiente orden de prioridades: a) pensiones dignas, b) salud pública y c) educación pública.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"><strong>IGLESIA, CONFIANZA Y AMISTAD</strong></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Frente a esta situación la Iglesia y los cristianos no podemos permanecer indiferentes. Siguiendo una larga tradición de compromiso social desde los valores evangélicos, los cristianos y la Iglesia deben asumir un rol protagónico en buscar la paz que es fruto de la justicia. Nos referimos a la Iglesia en su acepción sociológica (no eclesiológica), es decir, agentes pastorales (consagrados o no) y laicado activo en comunidades, pastorales, movimientos y parroquias. La Iglesia no puede ni debe asumir roles que no le corresponden, como suplir funciones propias del Estado relativas al orden público o al orden político constitucional, pero sí debe ejercer su función y misión social en cuanto a la promoción y práctica de los valores evangélicos y de los derechos humanos en la convivencia social chilena.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia es una de las instituciones más relevantes en la conformación de la sociedad civil y ella debe ejercer un rol consecuente. En una sociedad donde la comunidad y la solidaridad están amenazadas y existe una grave crisis de confianza es imperioso promover las semillas de la amistad y las virtudes de la confianza y la solidaridad a varios niveles.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">A nivel interpersonal se trata de promover relaciones amistosas en la familia, entre parejas, hermanos y parientes, y adicionalmente, revitalizando los compadrazgos. Se debe buscar restablecer la confianza entre personas promoviendo las amistades cercanas, las relaciones amables entre vecinos y compañeros de trabajo. A nivel social, estimular las comunidades, la participación en organizaciones y los lazos de solidaridad en la lucha por la justicia. A nivel sociopolítico, promover relaciones de respeto en la diversidad a través de la amistad cívica: aquella que se basa en el mutuo reconocimiento conciudadano. A nivel cosmológico, promover la amistad y el cuidado con la naturaleza y con los seres vivos, la amistad con el planeta y con el cosmos, es decir, la amistad ecológica. A nivel trascendente, promover la amistad con Dios, con Jesús, la Virgen, los santos, así como con los seres difuntos. Hablo de un gran plan de restablecimiento de confianzas sobre la base de la amistad en todos los ámbitos de la vida personal, social y existencial.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La Iglesia, pues, podría asumir un rol activo en la reconstrucción de la sociedad civil. El orden político democrático dañado y su grave crisis de confianza no son tarea directa de ella, pero sí puede contribuir proponiendo valores para reconstruir la cultura cívica. La denuncia de la violencia de la a-narco-delincuencia debiera ir de la mano de la denuncia de la cultura del abuso y de la corrupción. La lucha por la justicia y la paz pasan ahora, en los signos de los tiempos que vive Chile, por la denuncia de las desigualdades, el mal trato y la falta de respeto por los derechos humanos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">En una época en que la sociedad se predispone a resolver cuestiones fundamentales para su destino en un plebiscito, la Iglesia puede proponer al país valores sobre los cuales basar la futura institucionalidad democrática: la cultura de la convivencia, del respeto, de la justicia y equidad, de la solidaridad y de la probidad. Es tarea de los cristianos laicos insertos en las diversas ocupaciones y espacios de la política preocuparse de que esos valores se plasmen en la futura Constitución y en las leyes, para que los fundamentos del nuevo Chile estén inspirados en el evangelio.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Es una propuesta paradojal, pues también la Iglesia ha sido una de las instituciones cuya alta confianza histórica se ha desplomado. Es sabido que esta crisis se origina principalmente en los abusos y crímenes sexuales del clero, pero también en la falta de transparencia, el encubrimiento y la despreocupación por las víctimas. El Papa Francisco y las nuevas directivas eclesiales están tomando medidas para reformar la Iglesia en este aspecto. Por lo mismo, la actual crisis que se vive en Chile podría tomarse como una oportunidad para resituar a la Iglesia toda, al clero y los fieles, poniendo al centro a Jesús. La gente se da cuenta que los responsables de la corrupción sexual son unos cuantos y no todo el clero, ni toda la jerarquía. Por ello, todos en la Iglesia misionera, pastores, agentes y laicado, debieran mostrar que, más allá de esta mácula, la Iglesia permanece firmemente asociada a los valores evangélicos y a su doctrina social en la búsqueda de un nuevo Chile, más justo, más democrático e igualitario, ese que esperamos que surja en estos tiempos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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		<title>Edición 1.205 de La Revista Católica - Iniciamos una nueva etapa</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Apr 2020 14:41:40 +0000</pubDate>
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		<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: center;"><em>A partir de este número, el primero de 2020, La Revista Católica es asumida en su edición y publicación por la Vicaría para el Clero, cuyo servicio de comunión al clero se extiende hoy también a los Diáconos Permanentes y servirá también a laicas y laicos que colaboran con la misión de Jesús.</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Editorial</strong></h4>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Ilusiones, esperanzas, polémicas, testimonios, enseñanzas y así, 177 años de La Revista Católica forman parte de la historia de nuestro país. Se inició gracias al empeño de don Rafael Valentín Valdivieso a mediados del siglo XIX y, en los últimos tiempos, se mantuvo producto del invaluable trabajo del Seminario Pontificio de Santiago, que ha estado a cargo de su publicación durante casi cuatro décadas. Desde sus inicios, La Revista Católica ha querido promover la unidad del clero y orientar su servicio en comunión de principios con los pastores y el resto de la Iglesia.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Cuando apareció el primer ejemplar el 1 de abril de 1843, Chile recién comenzaba a salir de la larga crisis provocada por la guerra independentista. Eran días de incertidumbre, divisiones sociales y tensiones políticas entre conservadores y liberales. Con poco más de un millón de habitantes y cerca de 85.000 en Santiago, la mayoría de las personas vivía pobremente en las barriadas periféricas surgidas de las migraciones de quienes llegaban a la capital buscando una vida más dichosa. Se había estrenado hacía diez años una nueva Constitución de la República, cuya implementación el gobierno intentaba desarrollar a partir del respeto del orden republicano y el rechazo a los caudillismos militares. Hacía cuatro años que había finalizado la guerra contra la Confederación Perú-boliviana y el país se reponía de sus efectos.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Un año antes se había creado la Arquidiócesis de Santiago y la evangelización no estaba exenta de dificultades. El liberalismo intentaba marginar a la Iglesia de la vida pública y el positivismo filosófico, en nombre de la ciencia, buscaba arrebatarle el derecho de educar a las personas. En este contexto nació La Revista Católica, la que mostró a través de sus páginas, polémicas y apologéticas, el derecho y el deber de la Iglesia de intervenir en la vida social de un pueblo mayoritariamente cristiano. De esta forma, quedó en el ADN de la revista la necesidad de impulsar la comunión de ideas y sentimientos del clero considerando sus necesidades y nunca de espalda a los procesos sociales. La lúcida conciencia de sus fundadores –y de quienes tomaron el relevo– de la esencial unidad de la experiencia creyente y el compromiso por la construcción de una patria grande, hizo que desde los orígenes la publicación pusiera atención a “los rayos de luz que la marcha progresiva del presente esparce por todas partes”.  Esta convicción perfiló la misión de la revista y señaló el derrotero para una mirada atenta, crítica y esperanzadora de la realidad.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Después de casi cuatro décadas a cargo del Seminario Pontificio, la revista vive hoy otro momento de cambios en medio de un cambio de época y de importantes procesos sociales. A partir de este número, el primero de 2020, es asumida en su edición y publicación por la Vicaría para el Clero, cuyo servicio de comunión al clero se extiende hoy también a los Diáconos Permanentes y servirá también a laicas y laicos que colaboran con la misión de Jesús.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La tan anhelada unidad del clero se ha resquebrajado producto de los últimos acontecimientos eclesiales y hace que este propósito de la revista cobre hoy una relevancia mayor. ¿Cómo contribuimos a sanar las heridas provocadas por nuestros errores y pecados?, ¿cómo acompañamos mejor, especialmente a los que han sufrido más por causa de los abusos?, ¿cómo prestamos atención a las nuevas preocupaciones, incertidumbres y sueños de sacerdotes, diáconos y laicos? Y, sobre todo, ¿cómo contribuimos a poner a Jesús al centro para que su luz brille a través nuestro en los tiempos actuales?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Porque no habrá unidad del clero y comunión de principios si las heridas no sanan, si la confianza no se rehace, si no dejamos que el Señor, con nuestra colaboración, construya la casa.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Este primer número a cargo de la Vicaría para el Clero aparece en medio de otra crisis social. La voz de la Iglesia se escucha en las comunidades. Muchas han organizado diálogos ciudadanos favoreciendo el debate, pero, sobre todo, buscan acompañar y consolar a quienes sienten miedo producto de la violencia, angustia por la incertidumbre del futuro, incluso una rabia cotidiana al ver que el manejo político de la crisis es ambiguo y no escucha a todos los actores sociales. En las comunidades encuentran apoyo quienes han perdido sus trabajos o cuyas pequeñas empresas están en riesgo. Ahí habla la Iglesia, y si hay algo que produce comunión en el clero, es el deseo de acompañar a quienes sufren, en cualquier sector social, pues eso está en el corazón de la vocación a la que han sido llamados. Especialmente hoy al pueblo pobre y a las víctimas del estallido. Hay una Iglesia no silenciada, una Iglesia cuya voz se expresa más en gestos que en palabras. La voz institucional también se ha hecho oír y, aunque hay que reconocer que no tiene hoy la relevancia de antaño, no renuncia al rol profético que tiene la Iglesia en la denuncia de aquello que se opone al Reino y en el anuncio de que Dios quiere una vida digna para todos y todas.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Fiel a su misión histórica y en el actual contexto social, La Revista Católica dedica este número al estallido social y al anuncio del Evangelio de Jesús. En relación a lo primero, trata sobre sus causas, desafíos, signos de esperanza y rol evangélico de la Iglesia. Nos aproximamos a ello desde las ciencias sociales, las reflexiones y testimonios de sacerdotes, religiosas y laicas. No somos espectadores, sino partícipes de estos acontecimientos y, como tales, tenemos algo que proponer a la sociedad, mejor dicho, alguien, Jesús y su oferta de vida plena en la verdad, la justicia y el amor. Esto nos llevó a un segundo tema, mirar algunos aspectos de <em>Evangelii gaudium</em>, a seis años de su publicación, pues, como nos recuerda el papa Francisco en este número, el llanto se convierte en alegría, la soledad en consuelo “después de encontrar en Jesús el amor que nunca defrauda, que nunca abandona ni siquiera ante la muerte, que da la fuerza para encontrar lo mejor de sí mismo”. Las preguntas actuales sobre el dolor, violación de derechos, la rabia, las muertes, el futuro democrático de Chile, son inquietudes para las que no bastan las recetas. Hace falta hacerse compañeros de viaje de los hombres y mujeres de nuestra patria.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">Estos y los otros elementos de este número buscan aportar al desarrollo humano, espiritual, intelectual y pastoral del clero. Asumimos esta tarea como esencial a la revista en adelante, de manera que siempre encuentren en estas páginas ayuda para un desarrollo integral.</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;">La histórica primera editorial de la revista hablaba de “un país que comienza a organizarse”, hoy hablamos de un país que “despertó”, un <em>kairós</em> en la historia chilena que esperamos que nos revuelva las entrañas y nos mueva a reencantarnos con nuestra vocación, preguntándonos ¿qué haría Cristo en mi lugar?</h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>+ Mons. Alberto Lorenzelli Rossi</em></h5>
<h5 style="text-align: center;"><em>Obispo Vicario para el Clero</em></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>]]></content:encoded>
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